ARBOR Ciencia, Pensamien o y Cul u a
Vol. 187 - 747 ene o- eb e o (2011) 143-168 ISSN: 0210-1963
doi: 10.3989/a bo .2011.747n1015
HUELLAS DE LA CIUDAD.
REFLEXIONES SOBRE LA
RELACIÓN ENTRE CIUDAD,
MONUMENTO Y FOTOGRAFÍA
A PARTIR DE WALTER
BENJAMIN1
Ana Ma ía Rabe
In es igado a, Ins i u o de Filoso ía (CCHS/CSIC)
c/ Albasanz 26-28, 28037 Mad id
ana. [email protected]
ABSTRACT:
The e is a deep ela ionship be ween monumen and
pho og aphy which is p ac ically insepa able in he case o a own’s
landma k. The monumen and mo eo e he own’s landma k needs o
be ep oduced, and ha means i s ly: sho . Bu do we eally see he
own when we a e con empla ing monumen s o hei ep oduc ion?
Cu en li e o a own p esen s i sel in housand ways. Bu no hou-
sand pic u es a e able o compose he ace o a own. I one seeks o
e lec i , one has o do mo e han o ep oduce ha wha p esen s
i sel wi h os en a ion; one has o ca ch in ligh wha appea s di-
sappea ing in a ugacious momen . Fo his, i ’s necessa y o ca ch
he acciden al ace behind he in en ional aces. Holding a dialogue
wi h Wal e Benjamin as well as wi h Al ed Döblin, his ex e lec s
on he ela ionship be ween pic u e and ememb ance as well as he
di e en dimensions o ime, and in his connec ion on possibili ies
and limi s in ep esen ing li e and cha ac e o a own.
KEY WORDS:
Town; monumen ; pho og aphy; ememb ance; ime;
pic u e; ace.
RESUMEN: Hay una elación es echa en e monumen o y o o-
g a ía, que es p ác icamen e insepa able en el caso del símbolo de
la ciudad. El monumen o y más el símbolo de una ciudad necesi a
se ep oducido, lo cual quie e deci en p ime luga : o og a iado.
¿Pe o emos ealmen e la ciudad cuando con emplamos los monu-
men os o bien la ep oducción de los mismos? La ida ac ual de la
ciudad se mani ies a de mil mane as. Pe o no son mil imágenes las
que componen el os o de la ciudad. Pa a e leja lo, no bas a con
ep oduci lo que se p esen a os ensi amen e; hay que a apa al
uelo lo que apa ece desapa eciendo en un momen o ugaz. Pa a
ello hace al a a apa las huellas casuales as aquellas in encio-
nales. En diálogo con Wal e Benjamin y ambién con Al ed Döblin
se e lexiona en es e ex o sob e la elación de la imagen con el
ecue do y las di e en es dimensiones del iempo, y en es e con ex o
sob e posibilidades y lími es de la ep esen ación de la ida y el
ca ác e de una ciudad.
PALABRAS CLAVE: Ciudad; monumen o; o og a ía; ecue do;
iempo; imagen; huella.
TRACES OF THE CITY.
REFLECTIONS ON THE
RELATIONSHIP BETWEEN CITY,
MONUMENT AND PHOTOGRAPHY
BASED ON WALTER BENJAMIN’S
WORK
1. LA CIUDAD Y EL VESTUARIO DEL LEGADO
En el p e acio de un lib o de o og a ías de Be lín de 1928
comen a el esc i o alemán Al ed Döblin:
Be lín es una ciudad nada poé ica, de poco colo , pe o muy
e dade a. Cuando los g andes au obuses salen con los o-
as e os del Ja dín Zoológico, de la Plaza de Po sdam, desde
Un e den Linden, pueden es a segu os de que el chó e
y el guía que explica conducen los coches bajo una alsa
ilusión poé ica. Ya lo eo desde lejos, an a conduci los
coches en una alsa di ección, pues an a a a esa ... Pa ís,
pe o no Be lín. Van a c uza el pa que del Tie ga en, an
a mos a la Columna de la Vic o ia, luego se p esen a la
indes uc ible Siegesallee [A enida de la Vic o ia], apa ece la
Pue a de B andenbu go, luego la A enida Un e den Linden,
los palacios, el Zeughaus [a senal], los museos y qué más. Se
con empla el ayun amien o, la Casa Municipal, se a a iesa
la Plaza de Po sdam, se sigue po la ibe a de Lü zow has a la
Gedäch niski che [Iglesia de la Memo ia], se a ambién más
lejos, a Sanssouci, se en unos g andes almacenes u o os. Y
el o as e o con empla odo es o, y si es in eligen e ep ime
el pensamien o: Es o odo lo encon amos mejo en o o
lado, en Pa ís, en Lond es. El o as e o ambién encuen a
un puñado de locales de di e sión, pe o si iene expe iencia,
bos eza allí, o le sal an las lág imas po nos algia. A in de
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cuen as, piensa el o as e o, no pasa mucho en es a ciudad.
Cons a a, sin sabe lo, que se ha equi ocado de di ección: Es
una ciudad g ande, abu ida e inquie a. No iene colo . Un
día en el pasado, algunas pe sonas llama i as, con ganas
de cons ui , deben de habe a a esado la ciudad dejando
a ás alguna cosa: Uno un palacio, el o o un museo, el
e ce o Sanssouci, quizás ue on los eyes. Aho a, odo eso
es á allí, son egalos con los que la gen e no sabe hace
nada, y la gen e pasa po ahí, hace, indi e en e, sus nego-
cios como en o as ciudades: Be lín, pues, no se plani icó
sis emá icamen e.
Sí, es o es co ec o. Be lín consis e en p ime luga del le-
gado de un núme o de gen e que ha mue o y en segundo
luga de lo que hace la gen e de hoy.
La p ime a pa e es accesible a cualquie a en o ma de una
isi a de cemen e io ( isi a u ís ica), cada pieza indi idual
del es ua io del legado y los edi icios se dejan, cie amen e,
o og a ia bien. La mayo pa e de la segunda pa e, sin
em ba go, no se puede o og a ia , o no me ece la pena o o-
g a ia . Con o as palab as: Be lín es mayo men e in isible.
Cosa cu iosa: En el caso de F anc o del Meno, Múnich,
es o no es así, ¿o me equi oco? ¿Puede que acaso odas las
ciudades mode nas sean en el ondo in isibles, [...] y que lo
que es isible de ellas es sólo el es ua io del legado? Se ía
magní ico. Pe o se ía un buen símbolo pa a odo lo espi i ual
de hoy. Pues con nues as ideas y nues os pensamien os no
ocu e o a cosa, son mayo men e de aye y an esdeaye , y
con in ini a len i ud, el hoy a pene ando en nues os pensa-
mien os. Y así, poco a poco, se an e o mando las ciudades,
quizás pod á e se Be lín en e 50 y 100 años de aho a en
adelan e, desde luego: el de hoy ( on Buco ich, 1992, s. p.).
Pa a empeza a desa olla la elación en e ciudad, mo-
numen o y o og a ía que nos hemos p opues o p esen-
a aquí, cabe esal a es pun os esenciales del ex o
que acabamos de ci a . El p ime o es la ca ac e ización
–cla amen e i ónica– de la Siegesallee (A enida de la
Vic o ia), que conduce a la Columna de la Vic o ia, como
“indes uc ible” ( igs. 1 y 2). El segundo pun o esencial del
ex o de Döblin es la denominación, igualmen e i ónica,
de la isi a u ís ica como “ isi a de cemen e io” y en ese
con ex o de los monumen os como “piezas indi iduales
del es ua io del legado” de un “núme o de gen e que
ha mue o”. Y el e ce pun o es la a i mación de que el
p esen e a pene ando con in ini a len i ud en nues os
pensamien os, mien as se an e o mando las ciudades,
de mane a que den o de 50 o incluso 100 años se á
posible e Be lín, aunque, desde luego, el Be lín que se
e á, se á en onces una ciudad del pasado. Con es os es
comen a ios se ab e el pano ama empo al en el que se
inse an las ciudades con sus monumen os: p ime o el
u u o, que encon amos en la p omesa de la indes uc i-
bilidad de una a enida emblemá ica de Be lín – enía que
se la a enida co onada con el nomb e de la “ ic o ia” que
sugie e un u u o glo ioso, más que una gue a pasada–,
luego el pasado, que se conc e iza en el cemen e io, los
Figu a 1. Siegesallee (A enida de la Vic o ia), Be lín, hacia 1910.
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mue os y el legado, y inalmen e el p esen e que siemp e
se escapa, bien al u u o, en la an icipación, o bien al
pasado, en el ecue do.
Pa a nues o ema, que se cen a en la elación en e
monumen o, ciudad y o og a ía, es os es aspec os son
undamen ales. Los monumen os, al menos los “in encio-
nados” que el his o iado de a e aus iaco Alois Riegl di-
e encia de los monumen os his ó icos “no in encionados”,
conlle an una dimensión u u a esencial, en el sen ido de
que ienen el in de pe du a y pasa de gene ación en
gene ación pa a da es imonio de pe sonajes y sucesos
impo an es de la his o ia. En su ex o El cul o mode no de
los monumen os, de 1903, Alois Riegl, a i ma que
[P]o monumen o, en el sen ido más an iguo y p imigenio, se
en iende una ob a ealizada po la mano humana y c eada
con el in especí ico de man ene hazañas o des inos indi-
iduales (o un conjun o de és os) siemp e i os y p esen es
en la conciencia de las gene aciones enide as” (Riegl, 2007,
51).
Con su in, que señala al u u o, los monumen os apun an
ambién al pasado, que es la segunda dimensión empo al
que hemos des acado an es. En es e con ex o es in e esan e
señala el ínculo del é mino “monumen o” con la palab a
monumen um que signi ica sepulc o. Con ello, la asociación
con el cemen e io, que nos sugi ió Döblin, no p esen a
sólo un comen a io i ónico con espec o al ca ác e de los
monumen os y al cul o que se les inde, un cul o úneb e,
sino que ambién iene una e ien e e imológica.
Finalmen e es á la dimensión complicada del p esen e que
siemp e se escapa, a di e encia de de e minadas imágenes
que c eamos pa a compensa esa cons an e uga y que
p oyec amos sob e el pasado y el u u o. Pues, aunque el
in de los monumen os es pe du a , lo cie o es que am-
bién pe ecen, igual que el homb e. Tal ez lo hagan con
más len i ud, pe o al inal sucumben ambién a la ley del
iempo; las ciudades se an e o mando, se des uyen, los
monumen os quedan en uinas, se con ie en en hué anos
aislados o sepa ados de su con ex o y luga o iginal, si no
se desmo onan del odo ( igs. 3-6).
También la Siegesallee que Döblin apelaba como “indes-
uc ible” ha desapa ecido del mapa be linés. No exis en
Figu a 2. Monumen o a Bisma ck y Columna da la Vic o ia,
Be lín, 1915.
Figu a 3. El edi icio del Reichs ag (Pa lamen o), Be lín, hacia 1930. Figu a 4. El edi icio des uido del Reichs ag, Be lín, 1945.
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ya ni la a enida ni las es a uas que la ado naban po
ambos lados; y el Ángel de la Vic o ia, al que conducía en
o os iempos, se ha desplazado a o o luga . ¿Qué queda
en onces del pasado? Tendemos a pensa que lo único que
ealmen e queda de él, es el ecue do.
2. LA IMAGEN Y EL TIEMPO DEL RECUERDO
Pa iendo del hecho de que no hay ecue do sin ol ido,
sea o ui o o sea o zado, que emos des aca en lo si-
guien e la conexión que hay en e ecue do e imagen.
En muchas ocasiones el ecue do e oca imágenes en la
pe sona pa icula . Las imágenes, sin emba go, ambién se
pueden independiza del ecue do indi idual y con ello de
la pe sona que, al eco da , las e ocó. Es p ecisamen e es e
hecho el que hace posible que el ecue do aya pasando,
median e la imagen ansmi ida, de una pe sona a o a y
de una gene ación a la siguien e.
Como mues a Wal e Benjamin en su ensayo El na a-
do , la ansmisión de ecue dos, imágenes e his o ias se
ealizaba en o os iempos median e un p ocedimien o
esencialmen e a aigado en el p esen e: la na ación
o al que pasaba de boca en boca o mando un único
uni e so que cub ía odo con un elo au á ico y man-
enía así las cosas más pequeñas y las más g andes,
las más ce canas y las más lejanas en una unidad que
anscendía los dualismos an o on ológicos como epis-
emológicos2 (Benjamin, 1991a, 111-134). Esos iempos,
sin emba go, han pasado. La mode nidad no es una época
p opicia pa a cub i las cosas con un elo au á ico que
sugie e la expe iencia única de una lejanía ce cana. La
agmen ación ha supe ado la o alidad. En su ensayo
sob e La ob a de a e en la época de su ep oduc ibilidad
écnica Benjamin con on a el mago de en onces –el
pin o que obse aba “una dis ancia na u al pa a con
su da o” pa a c ea una imagen “ o al”– con el ci ujano
de hoy, el cáma a que “se aden a hondo en la ex u a
de los da os” c eando una imagen agmen ada cuyas
pa es deben uni se según una nue a ley (Benjamin,
1973a, 43). Cine y o og a ía ep esen an pa a Benjamin
los medios a ís icos que mejo co esponden a la ac ua-
lidad ca ac e izada po el deseo de ace ca las cosas a
las masas y supe a el ideal de lo i epe ible, lo singula
(“Einmaliges”). En ese sen ido, Benjamin a i ma en su
Pequeña his o ia de la o og a ía:
Día a día cob a una igencia más i ecusable la necesidad
de adueña se del obje o en la p oximidad más ce cana, en la
imagen o más bien en la copia [Abbild]. Y esul a innegable
que la copia, al y como la disponen las e is as ilus adas
y los no icia ios, se dis ingue de la imagen. La singula idad
[”Einmaligkei ”, A. M. R.] y la du ación es án an es echa-
men e imb icadas en és a como la ugacidad y la posible
epe ición lo es án en aquélla (Benjamin, 1973b, 75).
Aho a bien, ¿qué signi ica la apa ición de las nue as éc-
nicas ep oduc i as pa a el conocimien o y ecue do de la
Figu a 5. M. Missmann, is a hacia la Pue a de B andenbu go
desde la F iedensallee, Be lín 1910.
Figu a 6. La Pue a de B andenbu go, Be lín, as la Segunda Gue a
Mundial.
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ciudad? Con la apa ición de la o og a ía en el siglo XIX
se ab e la posibilidad de que las ciudades con sus calles,
plazas y monumen os sean conocidas a masas de pe so-
nas sin limi ación espacial. Y aunque no puedan ence
oda limi ación empo al, las ep oducciones o og á icas
pueden ansmi i el aspec o de los luga es emblemá icos
de la ciudad a las gene aciones enide as ambién en el
caso de que se des uyan o desapa ezcan sus monumen os
y edi icios. Eso sí, cuan a más idelidad se pe sigue en la
o og a ía, mayo es el p ecio que se paga. Pues la copia
que a a de mos a al máximo el aspec o isible de la
ciudad y ija lo pa a siemp e sólo conse a agmen os
congelados del pasado; le al a la dimensión del p esen e,
de un iempo i o en el que se compene an p esencia
y ausencia. Con ello se obs aculiza un ecue do ac i o,
a sabe , una his o ia no concluida, abie a a p egun as
inespe adas y descub imien os ac uales. Lo dicho nos lle-
a a di e encia dos ipos de o og a ía elacionadas con
el ecue do. Uno a a de ce a y ija una his o ia del
pasado, el o o busca la his o ia inconclusa que es an
p esen e como ausen e.
Si aplicamos el é mino benjaminiano de “copia” (Abbild) a
la o og a ía, enemos, po an o, que hace una dis inción
que no apa ece en el ex o ci ado. Tenemos que habla ,
po un lado, de la ep oducción que in en a ija el pasado
como si se a a a de algo que se puede posee y conse a
como al, y, po o o lado, de la copia que a a de inco -
po a la p esencia y ausencia de un pasado p esen e, es o
es, la chispa que cen ellea en un ins an e pa a desapa ece
en el siguien e, dando paso, en e un momen o y o o, al
pasado en el p esen e. La di e enciación que acabamos
de hace apa ece implíci a en las así llamadas Tesis de
Benjamin que se publica on pós umamen e bajo el í ulo
Sob e el concep o de his o ia. En es e sen ido Benjamin
a i ma en la esis V:
El e dade o os o de la his o ia se aleja al galope. Sólo
e enemos el pasado como una imagen que, en el ins an e
mismo en que se deja econoce , a oja una luz que jamás
ol e á a e se. “La e dad ya no se nos escapa á”: es as
palab as de Go ied Kelle ca ac e izan con exac i ud, en
la imagen de la his o ia que se hacen los his o icis as, el
pun o po el que pasa el ma e ialismo his ó ico. I ecupe a-
ble, en e ec o, es cualquie imagen del pasado que amenace
desapa ece con cada ins an e p esen e que, en ella, no se
haya dado po aludido3 (Löwy, 2003, 71).
Y en la siguien e esis VI dice:
A icula his ó icamen e el pasado no signi ica conoce lo “ al
como ue en conc e o”, sino más bien adueña se de un ecue do
semejan e al que b illa en un ins an e de pelig o. Co esponde
al ma e ialismo his ó ico e ene con i meza una imagen del
pasado al como és a se impone, de imp o iso, al suje o his ó-
ico en el momen o del pelig o [...] (Löwy, 2003, 75).
Aunque Benjamin hable en sus Tesis de “imagen” y no de
“copia”, es á cla o que cuando usa en es e ex o el é mino
de “imagen”, no es á e i iéndose a la imagen i epe ible,
singula , au á ica que di e encia, en su Pequeña his o ia
de la o og a ía y en su esc i o sob e la ob a de a e, de
la copia, es o es, de la imagen epe ible y ep oduc ible.
Lo que le in e esa en sus Tesis es, más bien, esal a la
di e encia en e la ijación es á ica median e una imagen
que p e ende descub i el “ e dade o” pasado pa a posee -
lo y conse a lo “ al como ue”, y la cap u a al uelo de
un p esen e en el que epe cu e el pasado, y a la ez, de
un pasado que llega al p esen e4. Con es a di e enciación
Benjamin saca a luz dos mane as dis in as de elaciona se
con la his o ia y, con ello, dos ipos di e en es –has a se
pod ía deci opues os– de imágenes del ecue do y de la
memo ia. Encon amos el p ime ipo en la imagen olcada
a una segu idad inmó il que ija el pasado, el segundo en
la imagen a en a al “pelig o” que, leyendo las huellas del
pasado en el p esen e, se ab e a las condiciones ac uales
y los acon ecimien os inminen es.
No podemos deja de hace e e encia aquí al “ángel de la
his o ia” que apa ece en las Tesis. En la amosa in e p e a-
ción que Benjamin hace del Angelus No us de Paul Klee, el
ángel de la his o ia es á p esenciando la acumulación de
los escomb os que an quedando en la his o ia. La si uación
desc i a en la esis IX, en la que apa ece la e e encia al
cuad o de Klee, ompe con la idea que nos solemos hace de
la linealidad unidi eccional del iempo. En la imaginación
co idiana, la mi ada se uel e hacia a ás cuando se di ige
al pasado. Benjamin da la uel a comple a a es a imagen
in i iendo y lle ando al absu do la idea de que “delan e”
es á el u u o y “de ás” el pasado, quedando en emedio
el p esen e, en algún luga no iden i icable ni localizable.
El ángel de la his o ia no se uel e hacia a ás pa a e el
pasado, pues la ci a en alemán dice cla amen e: “E ha
das An li z de Ve gangenhei zugewende ” (“Ha di igido su
mi ada hacia el pasado”) (Benjamin, 1991b, 697). El p e ijo
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“zu” del e bo alemán “zuwenden” iene un sen ido que se-
ñala hacia adelan e5. Si Benjamin hubie a que ido deci que
el ángel se ha uel o hacia a ás, hab ía u ilizado el e bo
“zu ückwenden”, cuyo p e ijo “zu ück” signi ica “a ás”. El
sen ido que apun a hacia adelan e se man iene ambién
en la siguien e ase en la que Benjamin dis ingue en e lo
que e el ángel y aquello que apa ece “an e” noso os (“ o ”
uns), y en la que dice que los escomb os de la his o ia son
lanzados “delan e” de los pies (“ o ” die Füße) del ángel:
Allí donde apa ece una cadena de acon ecimien os an e
noso os, él e una sola ca ás o e que amon ona incesan-
emen e escomb o sob e escomb o lanzándoselos delan e de
sus pies (Benjamin, 1991b, 697).
En la imagen que p esen a Benjamin se concede odo p o-
agonismo al p esen e, un p esen e que iene en en e un
pasado que a c eciendo y decayendo con inuamen e, lo
cual implica, a su ez, un cons an e de eni y des anece .
¡Cuán as uel as se dan en es a imagen! El ángel quie e pa-
a el iempo, “quie e queda se” pa a “despe a a los mue -
os y ecompone lo que se ha o o” (Benjamin, 1991b, 697).
Pe o el p esen e con su pasado y su de eni y des anece
con inuo sigue adelan e, lo cual signi ica, a la ez, que sigue
hacia a ás, pues el “ u u o” se encuen a de ás del ángel
que le “da la espalda” (Benjamin, 1991b, 698). El ángel es
lle ado con a su olun ad, median e el enda al que llega
del pa aíso, hacia a ás, es o es, hacia el u u o que queda
comple amen e ue a del campo isual. Mas, ¿qué es ese
u u o que no se puede e ? Al e ela nos que el ien o,
esa ue za ciega e incon olable que nos empuja hacia una
di ección indeseada, no es o a cosa que el p og eso, Ben-
jamin mues a que el u u o, en la concepción común del
iempo lineal p og esi o, no es más que una me a p omesa
acía e u ada cons an emen e po la his o ia. Pe o pa a
e lo hay que sali se ue a de la lógica del iempo lineal
y sus p omesas de p og eso. Hay que da la uel a, como
el ángel de la his o ia, y mi a hacia aquello que se iene
en en e, delan e de los ojos; ahí es á odo lo que el iempo
o ece: sus apa iciones y desapa iciones6.
3. EL ROSTRO DE LA CIUDAD
Nada nos impide aplica la dis inción que hemos hecho
en e la imagen que ija el pasado y aquélla que se ab e
al p esen e al caso especí ico de la imagen ep oducida y
ep oduc ible. Vamos a conside a en lo siguien e con más
de ención la ep oducción que in en a ija el pasado “ al
como ue en conc e o”. A es e ipo de copia pe enecen
las p ime as o og a ías que in en an ep oduci los mo-
numen os de la ciudad pa a conse a la memo ia de los
mismos. En elación con la copia que in en a acili a un
“ iel” ecue do del pasado podemos eco da las palab as
de Döblin en el ex o que hemos ci ado an es, donde decía
que cada pieza indi idual del es ua io del legado “se deja
o og a ia bien” indicando con ello la ín ima elación que
exis e en e el monumen o y (cie o ipo de) o og a ía.
Con iene hace aquí algunas obse aciones sob e los ini-
cios de la o og a ía de a qui ec u a, en los que F ancia y
Alemania juegan un papel impo an e. Los encon amos en
F ancia en el año 1837, cuando se c eó allí la “Commission
des Monumen s his o iques” cuya unción e a egis a
odos los monumen os de in e és a ís ico e his ó ico y
ocupa se de la conse ación de los monumen os ípicos
pa a las épocas y su sucesión, pa a que “de es a mane a
se conse en pa a odos los iempos las ob as modelo
que deben se o og a iadas po a qui ec os anceses”7
(Wol , 2002, 350). Dicha comisión edi ó una ob a i ulada
A chi es de la comisión des monumen s his o iques. Poco
después, en e 1840 y 1844, Noel Paymal Le ebou s edi ó
en Pa ís las Excu sions dague iennes. Vues e monumen s
les plus ema quables du globe en las que apa ecían mo-
numen os a ís icos dague o ipi icados en o ma de li o-
g a ías. En su p ime a edición ya se u ilizó en F ancia el
medio de la o og a ía como mues a ilus a i a pa a la
p opagación de monumen os.
En P usia, po su lado, se c eó en 1833 el ca go de con-
se ado pa a monumen os a ís icos. Uno de los p ime os
conse ado es ue el seño on Quas al que se di igió el
a qui ec o Alb ech Meydenbaue pa a p esen a le su mé-
odo de medición aplicable a g andes edi icios: la o og a-
me ía8. La nue a écnica ue bien ecibida y se p ac ica ía
a pa i de 1883. Dos años después, Meydenbaue undó
la Ins i ución Real de Fo og ame ía y empezó a c ea un
a chi o de o og a ías a qui ec ónicas de monumen os.
Con el iempo se ue on c eando g andes omos de o o-
g a ía cuyos ejempla es se exponían en el Minis e io de
Cul u a y los conse ado es de las p o incias p usianas9.
En odos los abajos que se ealiza on en la ins i ución
de Meydenbaue se p e endía log a una ep oducción que
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pudie a sus i ui la con emplación di ec a de los monu-
men os en su luga o iginal. Los mé odos y las di ec ices
que se seguían pa a cumpli es e obje i o se e lejaban
ambién en la o og a ía a qui ec ónica alemana que
su gió ue a de la ins i ución y que lo eció en las úl i-
mas décadas del XIX y las p ime as del XX. En odos los
cen os alemanes de o og a ía del siglo XIX, en Múnich,
Hambu go, D esde y Be lín, se ab ie on es udios donde
se p oducían o og a ías a qui ec ónicas pa a pos ales,
ilus aciones de lib os, deco aciones case as, obje os de
colección o ma e iales documen ales pa a ins i uciones
públicas, la indus ia o el come cio.
Vol amos a nues a dis inción an e io en e la o og a ía
que ija el pasado y aquella que se ab e al p esen e. Pode-
mos di e encia aho a la o o que in en a ija y conse a
un agmen o del pasado o bien algo que, pa a las gene-
aciones enide as, pe enece á al pasado, de la o og a ía
en la que pene an mu uamen e pasado, p esen e y u u o,
p esencia y ausencia, apa ición y desapa ición. El p ime
ipo lo encon amos ep esen ado en las o og a ías que
hacía la Ins i ución Real de Fo og ame ía y los o óg a os
de a qui ec u a de inales del XIX y p incipios del XX. Fo o-
g a ías de es e ipo se cen an en un de e minado obje o,
lo aíslan o lo des acan con la in ención de “ace ca lo”
al con emplado , mejo dicho, a masas de con emplado-
es, es én donde es én. De es a mane a, los monumen os
ep oducidos no sólo pueden sob e i i y pe du a en el
iempo, sino que, disminuidos y aplanados, pueden iaja
ambién en el espacio y llega a miles de pe sonas. En lo
que se e ie e a la elación de es as o og a ías con la
his o ia se obse a que cob an pa adójicamen e un ai e
más ahis ó ico cuan o mayo sea su empeño de ija y
conse a la his o ia.
A es e espec o es in e esan e compa a las o os ealiza-
das po los p o esionales de la o og a ía a qui ec ónica
que acabamos de menciona con las imágenes de Be lín
que omó el au o del lib o pa a el que esc ibió Döblin la
in oducción que ci amos al p incipio ( igs. 7-16). El lib o
es uno de los dos omos de o og a ía publicados en 1928
bajo el lema “El os o de la ciudad”, que p e endían e a a
dos g andes ciudades eu opeas, Pa ís y Be lín, al y como
e an en su momen o, es o es, en los años ein e. El o ó-
g a o enca gado e a el ba ón aus iaco Ma io on Buco ich,
nacido en 1884 y a incado en e 1926 y 1930 en Be lín.
Apa e de las o os, ambos lib os con enían ex os b e es
de esc i o es impo an es: el de Be lín lo in oducía Al ed
Döblin y el de Pa ís con aba con un ex o de Paul Mo and10.
Los omos ep esen a i os de un o ma o de 22 × 30 cen-
íme os con más de 250 imágenes ealizadas po un solo
o óg a o suponían en aquel en onces, al menos pa a Be lín,
Figu a 7. Pos al del edi icio del Pa lamen o (Reichs ag) al e mina se de
cons ui en 1894.
Figu a 8. Ma io . Buco ich, is a al Reichs ag desde el ío
Sp ee, 1928.
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Figu a 9. M. Missmann, is a de la Plaza Belle-Alliance, 1904. Figu a 10. M. . Buco ich, is a de la Plaza Belle-
Alliance, 1928.
una no edad. En la capi al alemana no había habido has a
ese momen o ningún lib o de o og a ías de Be lín que
hubie an sido omadas exp esamen e pa a se publicadas
como lib o. En el con ex o de la endencia de la “nue a o-
og a ía” in luenciada po la escuela del Bauhaus, Buco ich
in en ó mos a la ciudad desde pe spec i as nue as que
se di e enciaban de las is as y eglas es ablecidas pa a la
o og a ía a qui ec ónica al ededo de 1900. El abajo de
Buco ich, que me eció comen a ios elogiosos po pa e de
Benjamin, puede habe se inspi ado ambién en la película
Be lín. Sin onía de una ciudad de Wal e Ru mann que se
había es enado en sep iemb e de 192711.
Figu a 11. M. Missmann, Plaza de Kempe y Siegesallee (A enida de la Vic o ia). Figu a 12. M. . Buco ich, is a de la Siegesallee, 1928.
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ANA MARÍA RABE
El lib o de Be lín al que nos que emos e e i aquí, no
se compone sólo de o og a ías de plazas emblemá icas,
edi icios y monumen os conocidos de la ciudad. Al con-
a io, el “ es ua io de legado”, como había apellidado
Döblin esos luga es, o ma la pa e más pequeña del
lib o, y cuando apa ece, se mues a casi siemp e en pe s-
pec i as y is as poco ep esen a i as, agmen adas o
co adas, dejando como p o agonis a la dinámica ac ual
de la ciudad. Compa ando algunas o og a ías suyas de
monumen os conocidos con o os de los mismos monu-
men os ealizados po o os o óg a os p o esionales de
la época, uno se pe ca a de que Buco ich in en a in eg a
Figu a 13. Pos al del Palacio de los Hohenzolle y del Puen e del Palacio,
hacia 1930, Be lín.
Figu a 14. M. . Buco ich, Palacio de los Hohenzolle y
Puen e del Palacio, 1928.
Figu a 15. Pos al del monumen o a Fede ico Guille mo IV y de la Ca ed al,
Be lín.
Figu a 16. M. . Buco ich, Es ación de F ied ichs aße, al
ondo: is a de la Ca ed al, 1928.
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oda Alemania. En su ex o El eg eso del lanêu , esc i o con
mo i o de la publicación del lib o de Hessel, Benjamin iene
la espe anza de que los be lineses hayan cambiado y que su
“p oblemá ico o gullo undacional de la capi al” haya cedido
a la a ición a Be lín como pa ia (Benjamin, 1991d, 194). Los
monumen os de los eyes no si en pa a los que mi an hacia
abajo ni ampoco pa a los niños. Pues és os no se dejan ma-
nipula an ácilmen e; en ez de alza la is a y ep oduci en
la men e la idea glo iosa que el monumen o quie e ansmi i ,
empiezan a en e ene se con de alles. Quizás se de ienen más
con el zócalo que con la igu a ic o iosa que se le an a sob e
él, y inalmen e lo llenan odo de ida, sueños y deseos. A es e
espec o es in e esan e señala cómo comienza Benjamin sus
ecue dos de in ancia de un Be lín de p incipios del siglo XX.
El lema que an epone a la ob a es una alusión a uno de los
monumen os más emblemá icos de la capi al alemana. Ya lo
conocemos: se a a de la “Columna de la Vic o ia” o “Columna
T iun al”16. Mas, ¿cómo se e ie e Benjamin a ella?
O, Columna T iun al os ada
Con azúca de in ie no de los días de la in ancia17.
(Benjamin, 1991e, 236)
La solemne columna iun al, c eada pa a se admi ada,
con emplada y ep oducida a dis ancia, se con ie e en
algo no sólo angible, sino incluso comes ible18. En el e-
cue do de Benjamin ob iene, pues, el colo ma ón y el
dulce sabo de las pas as que niños y adul os comen en
Alemania en iempos na ideños19.
Pe o ol amos a la huella ugaz que ab e la sospecha del
c imen. El me o ecelo que susci a es e ipo de huella no
sólo despie a la a ención y hace epa a en de alles o as-
pec os que an es no se habían is o, sino que lle a ambién
a eje his o ias a pa i de esos de alles, i en busca de des-
cub imien os, encon a y p oduci conexiones inusuales.
De nue o en el lib o In ancia en Be lín hacia 1900 nos
pe ca amos de que es el niño quien conoce la p omesa,
es o es, el eno me po encial signi ica i o que se halla en la
huella cap ada al uelo. En el ex o Acciden es y c ímenes
de ese lib o dice Benjamin:
La ciudad me los p ome ía cada mañana de nue o y po la
noche quedaba debiéndomelos. Cuando ocu ían, desapa e-
cían an p on o como yo llegaba al luga de los sucesos, al
igual que los dioses que sólo disponen de un ins an e pa a
los mo ales. Una i ina obada, una casa de la que habían
sacado un mue o, el luga de la ía donde caye a el caballo,
me plan aba allí pa a sacia me de la ugaz esencia que los
sucesos deja on, pe o en el mismo ins an e se ue es umán-
dose, dispe sada y lle ada po la mul i ud de cu iosos que
acaba on de disg ega se (Benjamin, 1990, 118).
Benjamin nos mues a un niño que sien e ascinación po
esa “ ugaz esencia” que dejan los sucesos: las huellas ca-
suales que se p esen an en un ins an e pa a es uma se en
el siguien e. Pe plejo an e el hecho de que apa ecen an
súbi amen e como desapa ecen, el niño se queda con la
duda y la sospecha. La misma sensación le p o ocan unos
ehículos “muy ex años” que “gua daban su sec e o con la
misma enacidad que los ca os de los gi anos” (Benjamin,
1990, 118). Lo que le hace an asea al niño son los ba o es
de hie o que p o egían las en anas y que le lle aban a
sospecha que lo que anspo aban esos coches no e a o a
cosa que “malhecho es y c iminales”. Sólo años después, ya
de adul o, sabe que se a aba de unos coches que ans-
po aban expedien es. Los mis e iosos ehículos con los
p esun os c iminales, los puen es y íos con sus supues as
his o ias de suicidios, los posibles sucesos no mues an su
ca a al niño. Como esal a Benjamin en el mismo ex o,
[T]odos es os ac os se man enían an lejos de mí como
los gue e os de pied a del Museo de Pe gamon (Benjamin,
1991e, 292, ad. de la ci a: A. M. R.)20.
No impo a que los ac os queden an lejos del niño como
las es a uas gigan escas y los demás monumen os de la
ciudad. Lo impo an e es segui buscando, a apando y is-
lumb ando huellas casuales pa a segui ejiendo his o ias.
¿Quién sabe qué his o ias oscu as, pe iciones, injus icias o
ilusiones es aban, de hecho, gua dadas en los expedien es
que se anspo aban en los ehículos? ¿Cuán os asun os
pendien es queda on ence ados pa a siemp e as aque-
llos ba o es de hie o, en aquellas apa iciones ugaces que
el niño cap aba al uelo in e p e ándolas como huellas de
sucesos que había que descub i e indaga .
También el a is a busca y eje his o ias abie as. No es,
desde luego, el caso del o óg a o que pe sigue una his o ia
concluida, un ozo del pasado que se puede ija y conse -
a “ al como es”. Pe o sí concie ne el o óg a o a ís ico
que se a en u a en el p esen e, descub e y mues a huellas
casuales, huellas que, como aquéllas elacionadas con la
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sospecha de un c imen, hacen islumb a lo ausen e en
el p esen e. Así, en su Pequeña his o ia de la o og a ía,
Benjamin dice de las o og a ías de Eugène A ge ( igs.
29-36) al que el Gobie no ancés enca gó o og a ia el
iejo Pa ís a inales del XIX:
No en balde se ha compa ado cie as o os de A ge con las
de un luga del c imen (Benjamin, 1973b, 82).
Y sigue diciendo con espec o a odos los luga es de la
ciudad y sus o óg a os:
¿Pe o no es cada incón de nues as ciudades un luga del
c imen?; ¿no es un c iminal cada anseún e? ¿No debe el
o óg a o –descendien e del augu y del a úspice– descub i
la culpa en sus imágenes y señala al culpable? (Benjamin,
1973b, 82).
Figu a 29. E. A ge , Boule a d Sain -Denis, Pa ís, 1926. Figu a 30. E. A ge , Cou du D agon, Pa ís, 1913.
Figu a 31. E. A ge , Calle Sain -Méda d, Pa ís, 1899. Figu a 32. E. A ge , Passage du g and Ce , Pa ís, 1907.
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Mas, ¿cómo puede descub i el o óg a o esa “culpa”, es o
es, esas huellas ugaces que conducen al c imen? A ge ,
po ejemplo, pasaba, como a i ma Benjamin, casi siemp e
de la go “an e las g andes is as y an e las que se llaman
señales ca ac e ís icas [Wah zeichen]”; no así an e una la ga
ila de ho mas de zapa os; ni ampoco an e los pa ios pa i-
sinos en los que desde la noche has a la mañana se en ilan
los ca os de mano; ni an e las mesas oda ía empan anadas
y pla os sin o dena que es án allí po cien os a la misma
ho a; ni an e el bo del de la calle..., núme o 5, ci a és a que
apa ece gigan esca en cua o si ios di e sos de la achada.
Pe o es cu ioso que casi odas es as imágenes es én acías.
Vacía la Po e d’A cueil de los paseos de onda, acías las
Figu a 33. E. A ge , Collège de Chanac, Pa ís, 1900. Figu a 34. E. A ge , Ve sailles, Pa ís, 1903.
Figu a 35. Ca é “A l’Homme A mé”, Pa ís, 1900. Figu a 36. Ma ché des Ca mes, Pa ís 1910-11.
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as uosas escale as, acíos los pa ios, acías las e azas de
los ca és, acía, como es debido, la Place du Te e (Benja-
min, 1973b, 75-76).
Si Benjamin hubie a conocido las o og a ías de Zille,
hab ía descubie o en muchas de sus ins an áneas los
mismos momen os que pe cibe en las imágenes de A ge :
escena ios acíos que pa ecen ocul a una his o ia inau-
di a y le an an la sospecha de un c imen ( igs. 26-28)21.
Aho a bien, ¿cuál es el po encial ín imo que Benjamin e
en las o og a ías de A ge que ompen con el canon clá-
sico de la is a y ep oducción de los luga es de la ciudad?
Según Benjamin, la o og a ía de A ge p epa a un
ex añamien o salu í e o en e homb e y mundo en o no.
A la mi ada polí icamen e educada le deja lib e el campo
en que odas las in imidades a o ecen la cla i icación del
de alle (Benjamin, 1973b, 76).
En La ob a de a e en la época de su ep oduc ibilidad écni-
ca Benjamin esal a con espec o a las o og a ías de A ge
la ac i ación del con emplado que ya no se puede deja
cae en una con emplación lib e y pasi a. Al con a io,
el ecep o que se incomoda an e las imágenes de calles
acías o og a iadas po A ge sien e que iene que busca
po sí mismo el camino que le lle an a és as. Es es a ac-
i ación del espec ado la que supe a el alo cul ual que
dominaba en o os iempos e in en aba seduci y ascina
al espec ado . Con espec o a A ge y las calles pa isinas
que o og a ió, Benjamin a i ma que
[c]on mucha azón se ha dicho de él que las o og a ió
como si uesen el luga del c imen. Po que ambién és e es á
acío y se le o og a ía a causa de los indicios. Con A ge
comienzan las placas o og á icas a con e i se en p uebas
en el p oceso his ó ico. Y así es como se o ma su sec e a
signi icación his ó ica. Exigen una ecepción en un sen ido
de e minado. La con emplación de uelos p opios no esul a
muy adecuada. Pues o que inquie an has a al pun o a quien
las mi a, que pa a i hacia ellas sien e ene que busca un
de e minado camino (Benjamin, 1973b, 31).
El shock, desconcie o, la incomodidad, inquie ud y cu-
iosidad son pa a Benjamin ías é iles que lle an a
in ui , den o de lo isible, lo in isible, aquello que
apa ece desapa eciendo: his o ias abie as con sus p o-
mesas y pelig os, que no se p esen an de mane a di ec a
ni se dejan cap a una ez po odas. El o óg a o que
a apa huellas ugaces hace en e e his o ias, mis e-
ios y des inos de la ciudad y sus habi an es, que no
se pueden ija de mane a uní oca y es á ica. Pueden
se es a egias dis in as las que lle an a ello. Así, po
ejemplo, se pueden hace mon ajes que p opo cionan
una supe posición de pe spec i as y con ello una simul-
aneidad de dimensiones espacio- empo ales, como hizo
el o óg a o alemán Umbo en los años ein e ( ig. 37).
O o o óg a o, el uso Alexande Ródchenko, empleaba
pe spec i as asomb osas, inusuales y has a abismales,
del Moscú de los años ein e y ein a, en las que
se islumb a una sociedad inse ada en un impo an e
cambio, una ealidad en comple o mo imien o ( ig. 38).
El alemán He be Lis , a su ez, p esen aba imágenes
que cues ionan la solemnidad de los monumen os y
obs aculizan su isibilidad pa a da paso a la duda y
la sospecha, pe o ambién a una mi ada humo ís ica
libe ado a ( igs. 39, 40).
6. REFLEXIONES FINALES
Más que ab i una pue a del pasado, y desde luego más
que del p esen e, las huellas in encionales, y en especial
los monumen os conmemo a i os c eados pa a se con-
emplados de mane a aislada, omen an una ac i ud en la
que p edomina la epe ición y el hábi o.
Si Döblin hablaba de los monumen os como el legado
de los mue os, no sólo se e e ía a los di un os de o as
épocas, sino a la ausencia de ida que hay en ellos. Y
como hemos is o, su insis en e isibilidad obs aculiza una
ac i ud p opicia pa a el descub imien o. El que busca la
ida y sus his o ias abie as –pasadas y p esen es– end á
que a apa los momen os ugaces, las huellas casuales:
en plazas acías, en monumen os o en o os luga es, del
ipo que sean. Como un de ec i e en el luga del c imen,
end á que busca las huellas disc e as o sec e as de his-
o ias desconocidas.
El que busca la dinámica ac ual de la ciudad iene que
a apa las huellas de un p esen e-pasado- u u o que se
escapa en e las apa iencias isibles y econocibles. Las
his o ias ocul as no se pueden posee ni p epa a pa a la
me a ep oducción; sólo se puede a apa al uelo lo que se
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Figu a 37. Umbo, Noche en la pequeña ciudad
(Salzbu go), 1930.
Figu a 38. A. Ródchenko, Des ile de depo is as en la Plaza Roja,
Moscú, 1930.
Figu a 39. H. Lis , Alemania ma cha, Pa ís 1937. Figu a 40. H. Lis , Clocha d bajo un monumen o, Pa ís, 1936.
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ANA MARÍA RABE
es á escapando con inuamen e, lo que es á en cons an e
mo imien o, pe o no en una sola di ección sino en in ini as
di ecciones. Pues el iempo que ae y se lle a las his o ias
no es lineal. El o óg a o conscien e de la alsa ilusión de
la causalidad lineal busca las huellas en ins an áneas de
apa iciones ugaces, en somb as, e lejos, apa iencias am-
biguas, calles acías y escenas chocan es, en pe spec i as
so p enden es o is as apa en emen e insigni ican es. Hay
muchas mane as en las que puede a apa o in en a a a-
pa las huellas del p esen e, pasado y u u o de la ciudad
y sus pe sonajes.
Mas, después de odo, ¿dónde es á el os o de la ciudad? O
dicho con Benjamin: ¿Cuál es la culpa en las imágenes que
el o óg a o debe descub i , quién el culpable al que se debe
señala ? En el caso del e a o de la ciudad el culpable no
es un c iminal indi idual, no es ninguna pe sona, sino más
bien aquello que p oduce la dinámica de la ciudad, aquello
–pe enecien e al p esen e y p o enien e del pasado– que
es esponsable de un de e minado ipo de con i encia de
múl iples se es, de un es ado de conciencia gene al, de la
p oduc i idad y los quehace es de los homb es que o man,
jun os y po sepa ado, el undamen o y eng anaje de la
ciudad, del i mo y de las múl iples di ecciones hacia las
que se mue e la me ópoli. El “culpable” puede se una
de e minada ideología que p edomina en una época y un
luga , como aquélla que ha ido ab iéndose camino en el
siglo XIX pa a pisa ue e en el siglo XX: la ideología del
p og eso de la humanidad asociada, sin más, con la del
p og eso écnico. Es una ideología que con ie e al homb e
indi idual en una pieza anónima den o de una gigan esca
maquina ia que en su au oma ización y anonima o puede
se u ilizada po los que oman el imón no sólo pa a ines
p oduc i os, sino ambién des uc i os.
El o óg a o que busca las his o ias abie as, igen es en
el p esen e, a a de e i a la ijación es á ica, la inmo i-
lización de la huella que descub e. In en a hace habla
– ia nega ionis– las huellas casuales y con e i huellas
in encionales, como los monumen os y las imágenes co-
nocidas de la ciudad, en apa iciones ugaces, do a las de
un signi icado dinámico y saca las de su inmo ilidad, su
a empo alidad es á ica, de la me a epe ición. Si lo log a,
puede que apa ezca en un momen o ugaz el os o de
la ciudad, ese sus a o de an as his o ias desconocidas,
escondidas en e las masas.
Recibido: 2 de diciemb e de 2010
Acep ado: 23 de diciemb e de 2010
NOTAS
1 Es e a ículo ha su gido de una in-
es igación pe enecien e a los p o-
yec os Memo ia cul u al e iden ida-
des on e izas: en e la cons ucción
na a i a y el gi o icónico, e e encia:
FFI2008-05054-C02-01 y Filoso ía
después del Holocaus o: igencia
de sus lógicas pe e sas, e e encia:
FFI2009-09368. Quie o ag adece la
buena colabo ación con el P o . Ri-
ca do Pinilla en el cu so “Los espacios
de la memo ia en la ob a de Wal e
Benjamin” que impa imos jun os en
el año 2009 en la Uni e sidad P. de
Comillas y que me p opo cionó mu-
cha inspi ación pa a los emas a a-
dos en es e a ículo.
2 Sob e es a unidad e ocada po la na-
ación, que ab e un escena io de la
memo ia comple amen e dis in o al
que pueda ab i , p. ej., un a chi o,
museo o monumen o, éase el en-
sayo de Be nha d Lypp, p esen ado
po p ime a ez como con e encia
en el cu so al que se hace e e en-
cia en la no a an e io , en pa icula ,
el siguien e pá a o: “El na ado se
o ien a en una si uación p o enien e
de una adición o al o iginal y un in-
e cambio de expe iencias simé ico
en e hablan e y oyen e. Hay que en-
ende lo que in en a pone en ob a
como una sue e de es i ución, una
ememo ación de una unidad en la
que con luyen sin dis inción ecue -
do y ol ido, las aguas del ecue do y
aquéllas del ol ido. Los escena ios de
la memo ia han de en ende se aquí
como mani es aciones de es a indis-
inción. Y sus edi icaciones a i icia-
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HUELLAS DE LA CIUDAD
les son edi icaciones de ingenuidad
épica. El na ado se p esen a aquí
como una sue e de p o e a que se
uel e hacia a ás, oma el oyen e de
la mano y e oca la unidad de una ex-
pe iencia, hace su gi un mundo p i-
mi i o que se p esen a an es de que
nues o es a en el mundo empieza
a di idi se y sepa a se en dualismos,
especialmen e an es de aquella di-
isión que conocemos como up u a
en e c eencia y sabe . En la ingenui-
dad épica oma la palab a una sabi-
du ía que no iene que legi ima se
an e nada y nadie” (Lypp, 2010, 183,
ad. de la ci a: A. M. R.).
3 La ci a ep oduce esencialmen e la
aducción española ealizada po M.
Löwy, aunque hemos co egido algu-
nas imp ecisiones. La aducción de
Löwy dice: “El e dade o os o de
la his o ia se aleja al galope. Sólo
e enemos el pasado como una ima-
gen que, en el ins an e mismo en
que se deja econoce , a oja una luz
que jamás ol e á a e se. ‘La e dad
[ya] no se nos escapa á’: es as pala-
b as de Go ied Kelle ca ac e izan
con exac i ud, en la imagen de la
his o ia que se hacen los his o icis-
as, el pun o en que el ma e ialismo
his ó ico, a a és de esa imagen, se
ab e paso. I ecupe able, en e ec o,
es cualquie imagen del pasado que
amenace desapa ece con cada ins-
an e p esen e que, en ella, no se
haya dado po aludido” (Löwy, 2003,
71).
4 Reyes Ma e ecalca en su ensayo so-
b e las Tesis que el pasado que llega
al p esen e es el de aquéllos que no
han sido escuchados, es o es, de los
encidos, los “sin-nomb e”, cuyas
his o ias aún no han sido na adas.
Pa iendo de es as ideas, Ma e e-
clama en su lib o: “Si la his o ia es
con a hechos, como quie e el his o-
icismo, que los cuen e odos y que
lo cuen e odo.” “El pasado iene ida
p opia, so p ende a la conciencia p e-
sen e, oma la inicia i a. [...] Se a a
de lee el pasado como un ex o que
incluso nunca ue esc i o. [...] Ol ido
es desp ecio he menéu ico de los sin-
nomb e” (Ma e, 2006, 45, 46). C . en
la misma línea ambién el a ículo de
Ma ía Te esa de la Ga za Camino que
esal a que eco da “es hace p e-
sen es las p egun as sin esponde ,
los de echos piso eados, las injus i-
cias come idas con a las íc imas”
(de la Ga za Camino, 2007, 183).
5 Es impo an e esal a es e pun o,
pues o que “zuwenden” suele a-
duci se al cas ellano como “ ol e se
hacia”, lo cual da pie a que se in il e,
con el e bo “ ol e ”, p ecisamen e
el sen ido con a io al que apun a
la ci a.
6 Mosès, que ambién pone el én asis
–como lo hemos hecho aquí– en el
p esen e de la mi ada del ángel de la
his o ia, di e encia el ipo de p esen e
a e ado al que se en en a el án-
gel –una “p esencia de la epe ición,
maldición, del en umecimien o sin
salida”– de o o p esen e más espe-
anzado que hace posible la “ eno-
ación e in ención” (p. 151). En es as
dos e ien es del p esen e se e lejan
las o as dos dimensiones empo a-
les: el pasado y el u u o. En es e
pun o es donde Mosès encuen a el
aspec o más undamen al del “Je z -
zei ” –“ iempo-aho a”– que consis e
en que el p esen e sea “ i ido como
una e-ac ualización pe manen e del
pasado, como un in en o e omado
una y o a ez de llena lo igno ado
de an año, lo desp eciado, sac i ica-
do con nue a ida”. Es o signi ica,
según Mosès la “an icipación de la
u opía en el p esen e”, una u opía
que Benjamin en iende como una
“ unción de la memo ia” (p. 153). La
cons an e in e sión de pasado, p e-
sen e y u u o, a la que hemos apun-
ado mos ando los gi os empo ales
que implica la igu a del ángel de
la his o ia, p opo ciona ambién la
base de la in e p e ación de Mosès.
Como a i ma el au o , “Benjamin...
o ece una concepción de la his o ia
en la que nada en la his o ia queda
sac i icado o pe dido pa a siemp e.
Si odo momen o del pasado pue-
de e-ac ualiza se, desen ol e se de
nue o bajo o as condiciones, en un
escena io nue o, en onces no hay
nada en la his o ia del homb e que
no se pueda epa a . Y así, al mismo
iempo, no hay nada ine i able en el
u u o” (Mosès, 1994, 158, ad. de
las ci as: A. M. Rabe).
7 La ci a pe enece a un a ículo de
He a Wol en el que la au o a anali-
za la o og a ía como a chi o de mo-
numen os. El ex o o ma pa e de un
olumen edi ado po la misma au o-
a, que ecoge una se ie de es udios
sob e el pa adigma de la o og a ía y
la c í ica o og á ica a inales de la
e a o og á ica (Wol , 2002).
8 En 1958, Meydenbaue , en onces di-
ec o de la O icina Es a al de Cons-
ucciones, había ecibido el enca go
de medi en We zla la al u a de la
achada de la ca ed al. Meydenbaue
casi se ma ó en el in en o al usa
sogas y apa ejos. Se le ocu ió en-
onces ecu i a o og a ías y usa las
igonomé icamen e deduciendo de
allí las medidas exac as del edi icio.
De es a mane a se in en ó la o og a-
me ía que hacía posible medi a dis-
ancia sin la necesidad de expone se
a la llu ia, el ien o y el pelig o.
9 La ins i ución de Meydenbaue eali-
zó has a el año 1907 1.050 o og a-
ías de g an amaño en 225 ciudades,
y en 1909/10 ob u o el enca go de
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ANA MARÍA RABE
los gobie nos de G ecia y Alemania
de c ea un in en a io en imagen y
medida de monumen os a qui ec ó-
nicos g iegos de la an igüedad y la
Edad Media.
10 Von Buco ich había comenzado en
1928 en la edi o ial Albe us con
una se ie de lib os i ulada “El os o
de las ciudades” (“Das Gesich de
S äd e”), de los que inalmen e sólo
apa ecie on los dos lib os mencio-
nados.
11 T as los dos lib os de Be lín y Pa ís,
Buco ich siguió e a ando g andes
me ópolis. En 1935 apa eció el omo
“Pho og aphs” de Lond es. A pa i
de 1936, Buco ich i ió en Nue a
Yo k y p odujo el omo “Washing on
D.C.: Ci y Beau i ul”. En 1937 apa e-
ció en Nue a Yo k el úl imo lib o que
se conoce de él: “Manha an Magic.
A Collec ion o Eigh y-Fi e Pho o-
g aphs”. En 1937 hizo un iaje en la
“Queen Ma y” donde esc ibió el p e-
acio de su lib o sob e Manha an,
as ese iaje se pie de la pis a de
Buco ich.
12 Como comen a Flügge, en 1908 Zille
u o en su casa un a chi o de casi
500 o og a ías p opias que o ma-
ban, jun o con sus dibujos, la base
de su ob a. Según Flügge pasa ían
casi 60 años has a que se conocie an
públicamen e (Flügge, 2008, 9).
13 La ci a en e a es: “‘Sólo emos lo
que nos mi a. Sólo somos capaces de
aquello de lo que no enemos la es-
ponsabilidad’. Nunca se ha en endido
la iloso ía del laneû con más p o-
undidad que con es as palab as que
usó Hessel” („‘Nu was uns anschau
sehen wi . Wi können nu - ‚o ü wi
nich s können’ Man ha die Philoso-
phie des Flaneu s niemals ie e e -
ass als es Hessel mi diesen Wo en
ge an ha ”) (Benjamin, 1991c, 198,
ad. de la ci a: A. M. R.).
14 En su in e esan e análisis de la i-
gu a de la len i ud y desacele ación,
que se encuen an en las e lexiones
benjaminianas sob e la o og a ía en
cáma a len a, el laneû y el ángel de
la his o ia, Koepnick deja cla o que
no se puede des incula el sen ido
que Benjamin le da a es a igu a del
con ex o de la elocidad de la mode -
nidad, es o es, de la elación dialéc-
ica en e a ención y dis acción, ni
ampoco de sus posibilidades cogni-
i as. En es e sen ido esal a Koepnik:
“Vi i una ida mode na de c ecien-
e acele ación equie e del a e de
es a a en os y dis aídos al mismo
iempo.” El au o esume la “posi-
ción de Benjamin sob e la len i ud y
el mo imien o len o” de la siguien e
mane a: “Ni su laneu del siglo XIX,
ni su melancólico ángel de la his o ia
pueden se adecuadamen e desc i os
como p ac ican es del a e de la des-
acele ación compensa o ia. En ez de
hui de los ápidos pulsos de la em-
po alidad mode na y encon a des-
canso en algún imagina io más allá,
ellos huyen hacia ellos como pa a
edi igi sus ene gías. En ez de da le
la espalda a la acele ación mode na,
se in oluc an en ella como pa a ab i
espacios al e na i os de expe iencia”
(Koepnik, 2007, 186, 199).
15 Ca ol Be ns ein, que in e p e a los
espacios acíos y las calles desie as
de la ciudad en el con ex o de la
“pé dida de lo humano” (p. 42), es o
es, el “des anece ” del “ os o hu-
mano” (p. 44) en el “ enómeno inhu-
mano” de la mul i ud (p. 43), apun a
ambién a las his o ias abie as que,
señaladas po el acío de mane a ne-
ga i a, se encuen an a la espe a de
se con adas. En es e sen ido a i ma:
“Aquí, en onces, enemos o a o ma
de in e sión en la que el acío, lejos
de se el signo de la nada, señala una
his o ia que oda ía es á po ecupe-
a se” (Be ns ein, 1993, 45).
16 Una in e p e ación de la me á o a
y pe cepción benjaminiana del án-
gel y la “Columna de la Vic o ia” en
elación con los demás ángeles de
Be lín, así como en elación con el
camino que Benjamin emp ende del
“Ángel de la Vic o ia” al “Ángel de
los Vencidos” o ece el suge en e a -
ículo de José Ma ía González Ga cía,
2010, 6-17.
17 La ci a o iginal es: “O b aungebac-
kne Siegessäule mi Win e zucke
aus den Kinde agen” ( aducción de
la ci a po la au o a). En es e lema
Benjamin ci a un e so que él mismo
había c eado unos años a ás bajo la
in luencia del hachís.
18 Sob e el impo an e papel que la sen-
sibilidad juega en la poé ica benjami-
niana del ecue do y la memo ia, he-
cho que se mani ies a con bas an e
cla idad en los esc i os de Benjamin
sob e su in ancia en Be lín, éase el
inspi ado a ículo de Rica do Pinilla
(Pinilla, 2010).
19 En su a ículo sob e la “ciudad an as-
ma” de Benjamin, Ka l Heinz Boh e
elaciona la “me á o a del pas ele o”
en el lema de In ancia con el mé odo
benjaminiano de in e i “a ue a” y
“aden o”, un p ocedimien o que se
man iene, según Boh e , ambién en
la ob a de los Pasajes. En el caso de
la Columna T iun al es in e esan e
des aca la ans o mación del mo-
numen o p oducida median e es a
in e sión, que Boh e desc ibe de la
siguien e mane a: “Como lema si e
la me á o a del pas ele o que ya ha-
bía apa ecido en el ex o de Moscú:
la amenaza a qui ec ónica del mo-
numen o conmemo a i o de una ic-
o ia his ó ica de P usia que p o ocó
un cambio polí ico en Eu opa queda
ans o mada en una an asía pa -
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166
HUELLAS DE LA CIUDAD
icula de la imagen de la in ancia.
El a ue a más ex emo se con ie e
en un aden o más p o undo. Y de
es a mane a, es signi ica i o, pa a
el pode del in e io , que el in e io
p edomine incluso allí donde hab ía
ocasión de ep esen a un Be lín ex-
e io ” (Boh e , 1999, 485, ad. de
es a ci a: A. M. R.).
20 La aducción española de Klaus
Wagne es aquí de icien e.
21 Es o mismo lo obse a Ranke a i man-
do que los comen a ios de Benjamin
ace ca de las o og a ías de A ge se
pueden aplica ambién a las o og a-
ías de Zille (Ranke, 1975, 36-37).
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desde la F iedensallee, Be lín 1910 (Klünne , 2001, 65).
6. La Pue a de B andenbu go, Be lín, as la 2ª Gue a
Mundial (Colección Eickemeye , Be lín).
7. Pos al del edi icio del Pa lamen o (Reichs ag) al e -
mina se de cons ui en 1894 (bpk Be lin, publicon
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8. Ma io . Buco ich, is a al Reichs ag desde el ío
Sp ee, 1928 ( . Buco ich, 1992).
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(Klünne , 2001, 61).
10. M. . Buco ich, is a de la Plaza Belle-Alliance, 1928
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12. M. . Buco ich, is a de la Siegesallee, 1928 ( . Bu-
co ich, 1992).
13. Pos al del Palacio de los Hohenzolle y del Puen e
del Palacio, hacia 1930, Be lín (Colección Eickemeye ,
Be lín).
14. M. . Buco ich, Palacio de los Hohenzolle y Puen e del
Palacio, 1928 ( . Buco ich, 1992).
15. Pos al del monumen o a Fede ico Guille mo IV y de la
Ca ed al, Be lín (Wie zo ek, 128).
16. M. . Buco ich, Es ación de F ied ichs aße, al ondo:
is a de la Ca ed al, 1928 ( . Buco ich, 1992).
17. M. . Buco ich, masas saliendo del me o, Be lín, 1928
( . Buco ich, 1992).
18. M. . Buco ich, en la plaza de la es ación del Zoológi-
co, Be lín, 1928 ( . Buco ich, 1992).
19. M. . Buco ich, gen e buscando cobijo de la llu ia,
Be lín, 1928 ( . Buco ich, 1992).
20. M. . Buco ich, somb as en la calle, Be lín, 1928 ( .
Buco ich, 1992).
21. H. Zille, ecolec o as de chasca, is a al puen e de
Knobelsdo , Be lín, o oño de 1898 (Flügge, 2008,
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22. H. Zille, es homb es ol iendo a casa, Sopie-Cha -
lo en -S aße, al ondo: Knobelsdo s aße. Be lín,
o oño de 1898 (Flügge, 2008, 83).
23. H. Zille, Pa ochials aße 23 y 24, en e Jüden- y Klos-
e s aße, Be lín, 1902/1903 (Flügge, 2008, 143).
24. H. Zille, ibe a del Sp ee, al ondo: o e del S ad haus,
Be lín, 1910 (Ranke, 1975, 119).
25. H. Zille, en la pue a del Palacio de Cha lo enbu g,
Be lín (Ranke, 1975, 114).
26. H. Zille, somb a en una casa, Be lín, hacia 1890 (Ranke,
1975, 62).
27. H. Zille, esquina de una casa y mu o en el “K ögel”,
Be lín, 1902 (Flügge, 2008, 141).
28. H. Zille, “K ögel”, is a desde el segundo pa io al p i-
me o, Be lín, 1896/1897 (Flügge, 2008, 179).
29. E. A ge , Boule a d Sain -Denis, Pa ís, 1926 (Adam,
2000, 70).
30. E. A ge , En ada de la cou du D agon en la ue du
D agon, Pa ís, 1913 (Adam, 2000, 98).
31. E. A ge , Calle Sain -Méda d, Pa ís, 1899 (Eugène A -
ge , 2007, 12).