UNIVERS1DADE
DE
SANTIAGO
DE
COMPOSTELA
se
UNIVERSIDADE
DE
SANTIAGO
BIBLIOTECA
UNIVERSITARIA
DE
SANTIAGO
00234791
INFLUENCIA
DEL
DERECHO
ROMANO
EN
EL
CANÓNICO,
DISCURSO
LEIDO
EN
LA
■SIDÁD
Limil
DE
S llMO
POR
EL
DOCTOR
9.
Aligue!
ancisco
(BIciícgu
Bua e,
CATEDRÁTICO
DE
INSTITUCIONES
DE
DERECHO
CANÓNICO.
*
•
en
la
INAUGURACION
DE
LAS
ACADEMIAS
DE
DERECHO
EL
DIA
4
DE
NOVIEMBRE
DE
1888
SANTIAGO:
IMPRENTA
DE
JOSÉ
M.
PAREDES,
Vi gen
de
la
Ce ca,
30.
1S88.
se
UNIVERSIDAD!
DE
SAN
TIAGO
DE
COMAOS
,
El
A
u
—
11
—
cons i uyen
la
b illan e
y
complicada
ama
de
su
his o
ia.
En
ella
emos
al
De echo
Romano
some ido
á
las
leyes
de
la
ida,
como
oda
legislación,
oda
ciencia,
oda
a e
y
oda
li e a u a.
Pa a
con ence se
de
es a
e dad,
es
su icien e
eco
da
que
el
De echo
omano
u o
una
in ancia
uda,
aus
e a
y
somb ía
en
la
que
se
nos
p esen an
sus
ac os
ju
ídicos
odeados
de
ce emonias
eligiosas
y
ó mulas
sim
bólicas.
Tu o
una
ju en ud
igo osa
y
lozana
en
la
que
luchó
po
emancipa se
de
esas
ó mulas
y
símbolos
y
emon a se
á
los
ele ados
p incipios
de
jus icia.
Tu o
una
i ilidad
pe ec a
des inada
á
ecoge
el
u o
de
sus
con inuas
luchas,
a monizando
en
muchas
ma e ias
el
de echo
p imi i o
aus e o
y
esclusi is a
con
la
equidad
*
na u al
y
adqui iendo
el
ca ác e
cien í ico
que
ha
inmo
alizado
á
la
ju isp udencia
omana.
Tu o,
en
in,
una
ejez
len a
y
hon osa,
en
la
que
si
bién
decae
como
ciencia
el
de echo
del
pueblo
ey,
p og esa
no
obs an e
en
su
con enido,
espi i ualizándose
y
ace cándose
mas
al
ideal
del
de echo
c is iano;
y
en
cuya
época
se
o ma
on
los
códigos
que
habían
de
asmi i le
á
la
pos e i
dad
y
.conquis a le
el
impe io
legal
del
mundo;
Inmensa
ha
sido
Ja
in luencia
del
De echo
Romano,
y
no
ya
en
las
as as
egiones
some idas
al
ce o
de
los
Césa es
an es
de
la
des ucción
del
Impe io
de
Occiden e,
ni
an
solo
en
el
Impe io
O ien al
ó
G iego,
egido
po
el
De echo
Romano
jus iniáneo
y
bizan ino
has a
la
Joma
u
se
UNIVTRS1DADE
DE
SANTIAGO
lECOMPOSIEIA
—
12
—
de
Cons an inopla
po
los
Tu cos;
sino
ambién
en
las
naciones,
que,
con
los
es os
del
Impe io
de
Occiden e,
cons i uye on
las
ibus
ge mánicas
y
demás
azas
in a-
so as.
Es
po
demás
sabido
que
es as
espe a on
las
leyes
de
los
encidos
y
que
el
de echo
pe sonal
ó
de
cas as
ué
du an e
algún
iempo
la
ley
gene al
adop ada
en
esas
naciones,
gobe nándose
aquellos
po
las
leyes
omanas
y
los
encedo es
po
las
suyas
p opias
y
po
sus
adi
ciones
y
cos umb es.
Consecuencia
de
es e
espe o
á
las
ins i uciones
ju
ídicas
de
los
pueblos
conquis ados
ue on
los
códigos
de
leyes
omanas
dados
á
luz
du an e
ese
iempo
en
Occiden e.
El
De echo
Romano
con inuó
igiendo
en
Es
paña
á
los
encidos
po
medio
del
Código
de
Ala ico,
'y
á
los
mismos
y
sus
encedo es
po
medio
del
Fue o
Juz
go,
en
el
que
se
encuen an
no
pocas
leyes
omanas
amaD
gadas
con
las
ge mánicas
y
gó icas
y
las
elabo adas
en
los
concilios
"de
Toledo.
En
F ancia
gozó
d
’
e
au o idad
en
i ud
de
la
Ley
Romana
de
los
Bo goñones
y
del
mismo
Código
de
Ala ico
que
es u o
,en
obse ancia,
bajo
los
eyes
de
la
p ime a
aza,
en
las
p o incias
conquis
adas
á
los
Visigodos.
En
la
época
del
Impe io
de
Ca io
magno
emos
los
Capi ula es
comp endiendo
no
pocas
máximas
y
p incipios
ju ídicos
del
De echo
ci il
de
Ro
ma
y
espe ado
es e
De echo
como
cos umb e
en
los
pueblos
en
donde
gozaba
de
ese
ca ác e .
El
einado
del
mismo
en
ninguna
pa e
ué
an
ge
—
13
—
ne al,
pe manen e
é
in imo
como
en
I alia,
de
que
son
i e agable
p ueba
el
Código
de
Teodo ico
bajo
el
impe io
de
los
Os ogodos;
las
compilaciones
legales
de
Jus i-
niano,
mandadas
obse a
en
I alia
después
de
la
con
quis a
de
Belisa io
y
Na sés;
la
au o idad
que
conse
a on
las
leyes
omanas
aún
en
los
pueblos
some idos
á
los
Lomba dos;
el
espe o
que
se
las
ibu ó
como
De echo
consue udina io;
la
p o ección
dispensada
al
De echo
Romano
po
la
Iglesia,
que
lo
p e e ía
al
de
las
naciones
ge mánicas;
las
escuelas
de
ese
de echo
exis en es
en
Roma
y
en
Rá ena;
y
inalmen e
las
ó
mulas
basadas
en
el
mismo
que
se ían
de
no ma
pa a
ealiza
en
la
p ác ica
los
ac os
ju ídicos,
como
cons a
de
a ios
monumen os
de
esa
época.
Más,
cuando
la
in luencia
del
De echo
Romano
en
Occiden e
llegó
á
su
apogeo
ué
en
los
siglos
que
han
ascu ido
desde
su
enacimien o,
e i icado
en
el
siglo
XII,
y
que
debió
su
o igen,
no
al
e dade o
ó
supues o
hallazgo
de
las
Pandec as
en
Amal i,
sino
á
la
g ande
ac i idad
desa ollada
en
ese
iempo
con
mo i o
de
las
C uzadas,
al
es udio
que
enia
haciéndose
de
aquel
De
echo,
ya
p i adamen e
en
algunos
monas e ios,
ya
de
una
mane a
pública
en
las
modes as
escuelas
de
Roma
y
Rá ena,
y
á
las
nue as
necesidades
de
la
ida
social,
me can il
é
indus ial,
que
no
podían
sa is ace las
in
comple as
colecciones
legisla i as
que
en onces
egían
en
los
pueblos
eu opeos.
se
UNIVCRSIDADE
DE
SANTIAGO
u
Enseñado
po
I ne io
en
Rá ena
y
Bolonia,
y
po
sus
discípulos
y
suceso es
en
es a
uni e sidad
y
en
las
de
Pisa,
Fe a a,
Pe usa,
Nápoles,
Mompelle ,
O leans,
Ox o d,
Falencia,
Salamanca
y
o as
muchas,
el
es u
dio
del
De echo
Romano
se
di undió
po
odas
pa es
con
una
apidez
y
en usiasmo
inc eibles,
pudiendo
a i
ma se
sin
exage a
que
hubo
en onces
en
Eu opa
una
e dade a
in asión
de
Romanismo.
Los
Sumos
pon í ices,
asimilando
no
pocas
leyes
omanas
y
omen ando
y
p o egiendo
las
uni e sidades
en
que
se
es udiaban
esas
leyes:
los
Mona cas,
edac
ando
Códigos
basados
en
las
compilaciones
legales
de
Jus iniano,
más
ó
menos
bien
en endidos
po
los
Glosa
do es
y
Comen a is as:
los
ju isconsul os
y
magis ados
con
sus
dic ámenes
y
sen encias,
inspi adas
en
esas
com
pilaciones:
los
esc i o es
de
ju isp udencia
con
sus
es en-
sas,
p o undas
y
magis ales
ob as
sob e
el
De echo
ci il
de
Roma:
odos
han
con ibuido
á
odea
es e
de echo
del
p es igio
y
au o idad
con
que
apa ece,
no
solo
en
el
úl imo
pe iodo
de
la
edad
media,
sino
aún
en
la
época
mode na,
haciéndole
adqui i
ese
ca ác e
uni e sal
y
cos
mopoli a,
que
le
dis ingue
y
que
es
una
de
sus
más
impe ecede as
glo ias.
No
puede
nega se
que
la
g ande
in luencia
del
De e
cho
Romano
e a dó,
en
algunas
naciones,
el
p og eso
de
su
de echo
indígena
y
p opio,
más
con o me
con
sus
usos
y
cos umb es
que
las
leyes
de
Roma;
pe o
am
—
15
—
poco
puede
pone se
en
duda,
que,
al
elabo a se
los
códigos
con
que
se
en anece
nues o
siglo,
hubo
que
ene
p esen e
las
máximas
de
e e na
jus icia
aducidas
en
leyes
que
esplandecen
en
las
inmo ales
compila
ciones
de
Jus iniano,
sin
cuyo
es udio
es
imposible
mu
chas
eces
in e p e a
el
de echo
ci il
mode no
y
que
algunas
de
aquellas
leyes
aun
conse an
en
a ios
pue
blos
el
ca ác e
de
uen e
suple o ia
de
su
De echo.
An es
que
el
De echo
Romano
llegase
como
ciencia
á
la
al u a
á
que
lo
ele a on
los
ju isconsul os
de
la
edad
de
o o
de
su
his o ia;
y
cuando
oda ía
se
ha
llaba
muy
lejana
la
época
en
que
ese
De echo
debía
ad
qui i
el
ca ác e
espi i ualis a
y
uni e sal
que
b illa,
en
las
compilaciones
legales
de
Teo.dosio
y
Jus iniano,
en
sus
Códigos,
Ins i uía,
Pandec as
y
No elas;
apa eció
en
medio
de
la
Sociedad
omana
la
Iglesia
Ca ólica,
asocia
ción
undada
po
Jesuc is o
pa a
ein eg a
al
homb e
en
el
o den
sob ena u al
en
que
había
sido
cons i uido
y
asmi i
los
bene icios
de
la
Redención
al
géne o
hu
mano
has a
la
consumación
de
los
siglos.
Tan
an igua,
en
su
esencia,
como
el
p ime
homb e
y
simbolizada
en
la
Religión
mosaica,
p esén ase
la
Iglesia
en
odo
su
esplendo
con
la
enida
de
Jesuc is o,
que
la
o ganizó
undándola
sob e
cimien os
indes uc ibles,
la
en iqueció
con
inap eciables
do es
y
p e oga i as
y
la
concedió
el
iple
pode
de
enseña
la
e dad
eligiosa,
san i ica
las
almas
y
egi se
y
gobe na se
á
sí
misma
se
UNIVERS1DADE
DE
SANTIAGO
con
independencia
de
odos
los
pode es
de
la
ie a.
En
cumplimien o
de
su
di ina
misión,
la
Iglesia
enseña
las
e dades
e eladas,
des e ando
de
las
in eligencias
la
igno ancia
y
los
e o es;
adminis a
sac amen os,
ins
i uidos
pa a
comunica
la
g acia
que
ele a
al
homb e
al
o den
sob ena u al
y
lo
conse a
y
es ablece
en
ese
o den;
y
legisla,
adminis a,
juzga
y
cas iga,
eje ciendo
odas
las
a ibuciones
inhe en es
á
la
po es ad
de
ju is
dicción,
de
que
goza
la
Iglesia
como
sociedad
e dade a
y
pe ec a.
Consecuencia
na u al
del
eje cicio
de
ese
iple
pode ,
es
el
De echo
canónico,
conjun o
de
leyes
dadas
po
la
Iglesia
pa a
su
égimen
y
gobie no
en
i ud
de
la
po es ad
que
le
ha
concedido
su
di ino
undado .
Po
medio
de
esas
leyes
la
po es ad
eclesiás ica
ejecu a,
ex
plica
y
de iende
el
dogma
ca ólico;
di ige
las
cos umb es
de
los
c is ianos
pa a
que
puedan
alcanza
su
in
úl imo;
odea
de
sag adas
ce emonias
la
adminis ación
de
Sa
c amen os
y
p esc ibe
las
condiciones
pa a
adminis a los
y
ecibi los
álida
y
lici amen e:
a egla
el
cul o
y
li
u gia,
esp esión
del
dogma
y
la
mo al
en
a monía
con
los
más
nobles
y
delicados
sen imien os
del
co azón
hu
mano
y
desen uel e
los
p incipios
de
gobie no,
admi
nis ación
y
ju isdicción
inhe en es
á
la
Iglesia
según
su
cons i ución
di ina,
pe pé ua
é
inmu able.
A
la
mane a
que
de
un
p incipio
salen
las
conse
cuencias,
y
de
la
aiz
y
onco
de
un
á bol
las
amas,
—
17
—
las
hojas,
las
lo es
y
el
u o;
asi
b o an
del
iple
pode
que
Jesuc is o
ha
concedido
á
su
Iglesia
la
mul i ud
de
leyes
que
comp ende
el
inmenso
y
ondoso
á bol
del
De echo
canónico.
Concíbese'
pe ec amen e,
po
lo
que
lle amos
indicado,
que
es e
De echo
es
muy
supe io
al
omano
y
al
se
cula
de
las
naciones;
ya
po
el
o igen
di ino
de
la
po es ad
de
quien
dimana,
ya
po
el
ele ado
in
á
que
iende,
ya
po
su
an igüedad,
que
se
emon a
al
iempo
de
los
Após oles,
ya
po
su
es ensión,
que
ab aza
á
odos
los
pueblos
y
no
econoce,
bajo
es e
.
concep o,
más
limi es
que
los
del
o be,
ya
po
la
sabidu ía
y
p u
dencia
que
b illa
en
las
leyes
eclesiás icas,
concebidas,
elabo adas
y
edac adas
po
a ones
eminen es
en
cien
cia
y
i ud
y
p o undos
conocedo es
del
co azón
hu
mano
y
de
las
e dade as
necesidades
de
la
Iglesia
y
la
Sociedad,
ya
en
in,
po
la
inmu able
ijeza
de
p in
cipios
en
que
es á
basado
el
De echo
eclesiás ico
y
la
opo una
lexibilidad
con
que
sabe
acomoda se
á
las
ci cuns ancias
de
luga
y
iempo,
buscando
como
1101-
e
de
sus
aspi aciones
el
bien
espi i ual
de
las
almas.
Más,
si
Ja
Iglesia,
al
eje ce
el
magis e io,
sace
docio
y
gobie no
de
que
se
halla
in es ida,
llenó
cum
plidamen e
su
misión
di ina,
condenando
mul i ud
do
e o es
eligiosos,
ilosó icos,
mo ales
y
sociales,
p es
cindiendo
de
no
pocos
i os
de
la
Religión
Mosaica,
que
p e igu aban'la
enida
de
Jesuc is o,
y
desa ollando
su
2
se
UNIVKKSIDADH
DE
SANTIAGO
u
gobie no
y
legislación
como
sociedad
independien e
y
sin
conside a se
obligada
á
adop a
las
leyes
omanas;
ambién
supo
con
g ande
acie o
asimila se
algunas
e
dades
de
la
Filoso ía
an igua,
a ias
ce emonias
y
sím
bolos
de
la
Sinagoga
judaica,
y
bas an es
p esc ipciones
del
De echo
ci il
de
Roma,
que
juzgó
adecuadas
pa a
el
desen ol imien o
de
sus
ins i uciones
ju ídicas.
Asi
la
emos
depu a
y
c is ianiza
la
Filoso ía
de
Pla ón
y
A is ó eles
en
los
inmo ales
esc i os
de
los
Pad es
de
la
Iglesia,
poniendo
de
ese
modo
los
cimien os
al
magni ico
edi icio
de
la
Filoso ía
escolás ica.
Asi
la
e
mos
aumen a
la
belleza
de
las
e dades
eligiosas
con
las
más
icas
galas
de
la
o a o ia
y
poesía
g iega
y
la i
na.
Asi
la
emos
in undi
en
los
inmu ables
p incipios
del
a e
pagano
los
pu os
y
ele ados
sen imien os
del
idealismo
c is iano,
uniendo
en
es echo
lazo
la
belleza
de
la
o ma,
undada
en
la
es é ica
acional,
con
la
belleza
de
la
idea
desconocida
ó
adul e ada
po
los
g an
des
a is as
de
G ecia
y
de
Roma.
Asi
la
emos
eal
za
la
mages ad
del
cul o
ca ólico
con
i os
solemnes
y
bendiciones
simbólicas
semejan es
á
las
que
p esc ibía
el
i ual
del
pueblo
heb eo.
Asi
en
in,
la
emos
consig
na
en
las
colecciones
canónicas
mul i ud
de
leyes
o
madas
de
los
Códigos
de
Teodosio
y
Jus iniano,
ú iles
á
la
Iglesia
pa a
eje ce
su
po es ad
legisla i a,
admi
nis a i a,
judicial
y
coe ci i a.
Y
es a
asimilación
del
De echo
Romano
po
el
cañó-
—
19
—
nico
en
nada
se
opone
á
la
índole
de
es e
De echo,
ni
á
la
na u aleza
del
pode
eclesiás ico.
Aunque
la
Iglesia,
en
cuan o
á
la
po es ad
de
o den,
ins i uida
pa a
san i ica
las
almas,
no
iene
semejanza
con
ninguna
o a
socie
dad;
iénda
no
obs an e
y
muy
g ande
en
lo
que
se
e
ie e
á
la
po es ad
de
ju isdicción;
pues
que,
siendo
a i
bu o
de
es a
el
égimen
y
gobie no
de
una
asoci^qión
pe ec a,
lo
mismo
incumbe
á
la
Iglesia
que
á
las
so
ciedades
ci iles,
sal a
la
di e encia
de
o igen,
obje os
y
ines
espec i os.
Si
las
sociedades
humanas
pe ec as
é
independien es
legislan,
gobie nan,
juzgan
é
imponen
penas;
ambién
la
Iglesia,
ins i ución
di ina,
p omulga
leyes
y
las
ejecu a,
decide
con o e sias
y
cues iones
y
cas iga
los
deli os
some idos
á
su
ue o,
exis iendo
no
poca
semejanza
en e
la
po es ad
de
ju isdicción
ecle
siás ica
y
la
ci il;
nó
en
la
es e a
en
que
se
mue en
ambas
ju isdicciones,
sino
en
la
na u aleza
de
las
mis
mas,
en
el
modo
de
eje ce se
y
en
las
ó mulas
y
leyes
necesa ias
pa a
su
desen ol imien o.
Y
hé
aquí
la
cla e
pa a
comp ende
y
esplica
po
que
la
Iglesia
adop ó
a ias
leyes
omanas,
sin
menos
cabo
de
la
co ección
y
ep obación
de
o as
muchas
que
con enía
el
De echo
público
y
p i ado
de
Roma.
Puede,
como
consecuencia
a i ma se,
que
la
coexis encia
de
la
Iglesia
con
el
Impe io
Romano
y
con
o as
na
ciones
que
adop a on
sus
leyes:
la
semejanza
que
me
dia
en e
la
po es ad
de
ju isdicción
eclesiás ica
y
la
u
se
UMVEKSlDADh
DE
SANTIAGO
—
20
—
ci il:
el
espí i u
que
animó
siemp e
á
la
Iglesia
de
asi
mila se
lo
e dade o,
lo
bueno
y
lo
jus o
en
donde
quie
a
que
se
encuen e:
la
insu iciencia
del
De echo
Canó
nico
en
algunas
ma e ias
y
la
ap i ud
del
mismo
pa a
adop a
las
leyes
secula es
con
el
obje o
de
supli
aquella;
y
la
mu ua
conco dia
es ablecida
en
Roma
en e
la
Igle
sia
y
el
Impe io
son
las
e dade as
causas
del
in lujo
eje cido
po
el
De echo
Romano
en
el
Canónico.
Ellas
cons i uyen
la
azón
ilosó ica
de
ese
hecho,
que,
según
ya
dejamos
indicado
en
el
exo dio
de
es e
discu so,
ué*
lib e
y
olun a io
de
pa e
de
la
Iglesia.
II.
Pasando
aho a
á
ocupa nos
en
la
exposición
his ó
ica
de
la
in luencia
del
De echo
Romano
en
el
Canó
nico,
debemos
mani es a ,
que
aspasa íamos
los
limi es
p e ijados
á
es e
discu so,
si
hubiésemos
de
hace la
con
la
ex ensión
que
exije
su
impo ancia
y
la
abundan e
copia
de
da os
que
la
jus i ican.
Nos
conc e a emos
po
" an o
á
aza
esa
’
his o ia
á
g andes
asgos.
Du an e
los
es
p ime os
siglos
de
la
Iglesia
apenas
se.
concibe
la
in luencia
del
De echo
Romano
en
el
Ca
nónico.
Pe seguida
aquella
de
mue e
po
los
Empe a
do es
é
imposibili ada
de
hecho
de
desen ol e
su
po
es ad
ju isdiccional
con
la
os ensión
que
le
es
p opia,
-27-
ué
quién
aplicó
á
la
clasi icación
de
las
leyes
eclesiás
icas
el
sis ema
adop ado
po
Jus iniano
en
su
Ins i uía,
de
di idi
los
obje os
del
De echo
en
pe sonas,
cosas
y
acciones
ó
juicios.
El
ué
quien
in odujo
en
el
De echo
Canónico
el
mé odo
escolás ico
pa a
concilia
los
cánones
disco dan es,
y
el
o ense,
in en ando
casos
ju ídicos
p ác icos,
que
esol ió
median e
cues iones
deducidas
de
los
mismos,
ilus ándolas
con
opo unos
monumen os
canónicos.
Sepa ado
el
De echo
Canónico
de
la
Teología
y
uni
do
al
Romano,
aumen ó
cada
ez
más
el
in lujo
de
es e
en
el
De echo
Eclesiás ico.
Muchas
ue on
las
causas
que
han
con ibuido
desde
esa
época
ú
desa olla
la
in luencia
del
De echo
Romano
en
el
Canónico,
ó
más
bien
á
que
la
Iglesia
se
asimilase
a ias
leyes
omanas
y
las
in il ase
en
su
De echo.
Con ibuyó
en
p ime
luga
la
necesidad
en
que
se
hallaba
la
Iglesia,
en
los
siglos
XII
y
XIII,
de
desen
ol e
su
po es ad
de
ju isdicción
pa a
a moniza
la
disciplina
eclesiás ica
con
las
nue as
ci cuns ancias
en
que
se
encon aban
la
Iglesia
y
la
Sociedad.
El
pode
pon i icio,
descen alizado
en
su
eje cicio,
empezaba
á
concen a se
en
manos
de
los
Papas;
pues
que
así
lo
exigía
el
debe
que
pesa
sob e
los
mismos
de
co egi
los
abusos
de
clé igos
y
legos
é
impedi
las
in usio
nes
de
la
po es ad
ci il
en
asun os
eclesiás icos.
A
las
peni encias
canónicas,
que
habían
caído
en
desuso,
de-
se
UNIVERS1DADE
DE
SANTIAGO
DF
COMPOSTHA
u
—
28
—
bia
eemplaza las
un
sis ema
ijo
y
o ganizado
de
censu as
eclesiás icas.
Juicios
más
solemnes
que
los
an iguos
e an
necesa ios,
ya
pa a
da
mayo
ga an ía
á
los
li igan es
que
en ilaban
cues iones
en
los
ibunales
episcopales,
ya
po que
asi
lo
exigían
los
p og esos
de
la
ciencia
jú idica.
Los
bene icios
eclesiás icos,
sepa ados
de
la
colación
de
las
o denes,
lle aban
consigo
de echos
y
debe es
que
e a
p eciso
ija ,
después
de
o ganizados
debidamen e.
Es os
y
o os
cambios
en
la
disciplina,
eclamados
po
las
ci cuns ancias
especiales
en
que
se
encon aban
la
Iglesia
y
la
Sociedad,
no
podian
lle a se
á
e ec o
sin
la
publicación
de
leyes
que
in odujesen
esas
inno aciones
y
sancionasen
y
desen ol iesen
las
que
ha
bían
enido
ya
obse ándose
po
la
cos umb e;
que
suele
en
la
Iglesia,
como
en
oda
sociedad
amiga
de
la
a
dición,
an icipa se
muchas
eces
á
la
olun ad
esp esa
de
los
legislado es,
y
se i los
de
guia
y
no ma
pa a
la
elabo ación
y
p omulgación
de
nue as
disposiciones
legales.
Conociendo
los
Romanos
Pon í ices
las
exigencias
de
la
nue a
disciplina
y
la
necesidad
de
desen ol e
la
po
es ad
de
ju isdicción
pa a
sa is ace las,
publica on
mul
i ud
de
leyes,
adop ando
algunas
omanas
po
juzga las
ú iles
pa a
supli ,
comple a
y
desa olla
el
De echo
Canónico.
Fa o eció
en
g an
mane a
esa
asimilación
el
ca ác e
p ác ico
y
o ganizado
de
muchos
de
los
Papas
que
gobe na on
la
Iglesia
en
los
siglos
XII
y
XIII
y
-29
—
los
p o undos
conocimien os
ju ídicos
que
ado naban
á
nó
pocos
de
aquellos
an es
de
ascende
á
la
cá ed a
de
San
Ped o.
Alejand o
III
gozaba
ama
de
g an
ju
isconsul o
an es
de
se
nomb ado
Romano
Pon í ice.
Inocencio
III
había
en
su
ju en ud
enseñado
públi
camen e
el
De echo
y
me ecido
el
epí e o
de
ju is
consul o
a e ido
y
p o undo.
G ego io
IX
ambién
e a
-
e sadísimo
en
ambos
De echos
Ci il
y
Canónico.
Ino
cencio
IV,
discípulo,
en
Bolonia,
de
Azon,
Acu sio
y.
Balduino,
que
le
enseña on
el
De echo
Romano,
no
solo
ué
ca ed á ico
de
esa
acul ad
sino
que
adqui ió
g an
nomb e
po
sus
as os
conocimien os
en
la
Ju isp u
dencia
Ci il
y
Canónica,
me eciendo
que
se
le
llamase
mona ca
del
De echo
y
las
leyes
y
lumb e a
b illan e
de
los
dec e os.
Clemen e
IV
y
Boni acio
VIII
supie on
uni
el
es udio
de
las
leyes
Romanas
al
do
las
Eclesiás icas,
g anjeándose
el
concep o
de
excelen es
ju is as.
Y
no
se
con en a on
los
Romanos
Pon í ices
con
adop
a
a ias
leyes
omanas,
asc ibiéndolas
en
sus
dec e
ales
é
in o mando
á
es os
con
los
p incipios
ju ídicos
con enidos
en
aquellas;
sino
que
algunos,
como
Lucio
III,
p esc ibie on
que
el
De echo
Romano
si iese
de
no ma
pa a
decidi
cues iones
que
e sasen
sob e
ma e ias
ace
ca
de
las
cuales
nada
se
hallaba
dispues o
en
el
De echo
Eclesiás ico.
Consul ado
esc
Pon í ice
po
el
Obispo
do
Padua
sob e
el
alo .de
un
in e dic o
de
denuncia
do
ob a
nue a,
in e pues o
con a
la
cons ucción
de
una
se
UNIVERSIDADE
DE
SANTIAGO
DF
COMPOS
I
HA
u
—
30
—
cipillaque
pe judicaba
á
una
iglesia
pa oquial,
le
con
es a,
en
1181,
aplicando
á
dicha
cues ión
la
doc ina
del
De echo
Romano
ela i a
á
esa
clase
de
in e dic os
y
añade.
—
Sicu
legos
non
dedignan n
sac os
cánones
imi-
a i,
i a
e
sac o um
s a a a
canonum
p incipum
cons i a-
ionibus
adju an u .
Aunque
la
in eligencia
de
es a
Dec e al,
inse a
en
el
capí ulo
1.°
i ulo
32
Lib o
5.°
de
la
Colección
de
G e
go io
IX,
ha
dado
o igen
á
di e sas
in e p e aciones,
exis
iendo
canonis as
que
es ienden
su
sen ido
de
una
ma
ne a
pe judicial
á
libe ad
é
independencia
eclesiás ica,
es
indudable
que
solo
se
e ie e
al
caso
en
que
no
haya
ley,
cos umb e,
p ác ica
ó
doc ina
canónica
aplicable
al
mismo
y
que
la
cues ión
e se
sob e
ma e ia
p o ana.
Asi
opinan
eólogos
y
canonis as
an
espe ables
como
Sua ez,
Engel,
Fagnano,
Benedic o
XIV,
Bouix,
Soglia,
Vecchio i
y
o os
muchos;
siendo
po
an o
opinión
co
mún
y
seguida
en
la
p ác ica,
que
el
De echo
Romano
solo
iene
au o idad
en
la
Iglesia
en
cuan o
és a
lo
ha
acep ado
incluyendo
las
leyes
de
Roma
en
las
colec
ciones
canónicas,
ó
si iéndose
de
ellas
pa a
in e p e
1
a
el
De echo
Eclesiás ico,
ó
cuando
se
a a
de
ma
e ias
p o anas
y
ace ca
de
las
cuales
nada
se
hallo
p osc ip o
en
-es e
De echo.
Las
Uni e sidades,
e igidas
en
esa
época
pa a
po
ne
en
a monía
la
g ande
ac i idad
in elec ual
desa o
llada
en
los
siglos
XII
y
XIII
con
la
mul i ud
de
ideas
—
--------------
—
31—
que
abundaban
en
la
sociedad
eu opea,
han
con ibuido
ambién
á
conse a
y
di undi
la
unión
en e
el
De
echo
Romano
y
el
Eclesiás ico,
ealizada
en
el
Dec e o
de
G aciano,
en
las
Dec e ales
de
G ego io
IX
y
demás
colecciones
del
De echo
Canónico
nue o.
Exis iendo
en
esos
es ablecimien os
li e a ios
la
enseñanza
de
las
dos
acul ades
de
Leyes
y
Cánones,
como
en onces
se
las
llamaba,
y
hallándose
p osc ip o
en
muchos
de
aquellos
es ablecimien os
el
es udio
del
De echo
Romano,
como
p elimina
del
Canónico,
hízose
cada
ez
mas
ín ima
la
unión
de
ambos
De echos;
no
pudiendo
concebi se
e dade os
canonis as
que
no
uesen
al
mismo
iempo
omanis as
más
ó
menos
ins uidos.
Y
como
la
in luencia
de
las
Uni e sidades
en
el
p o
g eso
del
De echo
Eclesiás ico
ha
sido
inmensa,
an o
en
el
úl imo
pe íodo
de
la
edad
media,
como
en
la
época
mode na,
pues
que
en
ellas
se
o ma on
las
g an
des
lumb e as
de
la
ciencia
canónica
y
de
ellas
sa
lie on
los
emi ien es
ju isconsul os,
que,
con
sus
p o
undos
dic ámenes
y
sus
bien
medi adas
sen encias,
han
ilus ado
la
cu ia
pon i icia
y
los
episcopales;
de
aquí
el
encon a se
las
ob as
de
aquellos
esc i
o es
y
los
dic ámenes
y
sen encias
de
es os
ju iscon
sul os,
imp egnadas
de
ecundos
p incipios,
máximas
ju ídicas
y
abundan es
eglas
del
De echo
Romano.
Al
que
pusie e
en
duda
la
e dad
de
lo
que
acabamos
de
a i ma ,
le
aconseja íamos
que
consul ase
los
esc i os
-32-
de
los
Glosado es
y
Comen a is as
del
De echo
Canónico
en
aquel
pe iodo
y
'las
ob as
magis ales
ace ca
de
esa
ciencia
dadas
á
luz
en
es os
cua o
úl imos
siglos,
en
g an
pa e
de
las
naciones
de
Eu opa,
especialmen e
en
Espa
ña,
I alia,
F ancia,
Bélgica
y
Alemania,
y
se
con ence á
muy
p on o
de
que
no
puede
da se
un
paso
en
la
lec u a
de
muchas
de
esas
ob as,
sin
opeza ,
digámoslo
asi,
con
ci as
y
ex os
de
la
Ins i u a,
Código,
Pandec as
y
No elas
de
Jus iniano,
con
pasajes
de
los
Ju isconsul os
clásicos
de
Roma
y
con
opiniones
y
doc inas
de
los
que
in e p e a on
con
más
ó
menos
cie o,
su
De echo
después
del
enacimien o.
Idén ico
esul ado
p oduce
la
lec u a
de
las
ac as
de
las
Cong egaciones
pon i icias
y
en
especial
de
la
Sag ada
Cong egación
del
Concilio
de
T en o,
y
de
los
esc i os
en
que
se
exponen
a ias
de
cisiones
y
sen encias
de
la
Ro a
Romana.
(1)
III.
Nada
más
ap opósi o
pa a
conoce
la
in luencia
eje cida
po
el
De echo
Romano
en
el
Canónico
que
la
exposición
del
mismo
bajo
su
aspec o
p ác ico;
exposi
ción
que
pasamos
á
hace
de
una
mane a
b e e
y
con
cisa,
sin
en a
en
minuciosas
compa aciones
en e
ambos
De echos,
agenas
al
in
que
nos
hemos
p o
pues o
en
es e
discu so.
Más
an es
de
ocupa nos
en
esa
exposición,
debemos
se
UMVKRSlDADk
DC
SANTIAGO
DE
COMPOSTUA
u
—
33
—
ad e i ,
que
el
De cho
Romano
público
nó
eje ció
ninguna
in luencia
en
el
Canónico,
ni
la
Iglesia
se
asimiló
las
leyes
que
comp ende
aquel
De echo,
po
media
en e
la
cons i ución
di ina
de
la
Iglesia
y
la
o ganización
polí ica
de
Roma
un
g ande
an agonismo,
al
menos
en
muchos
de
sus
p incipios
y
bases
unda
men ales.
La
exis encia/de
ese
an agonismo
es
innegable.
La
sociedad
c is iana
iene
una
cons i ución
y
o ma
de
go
bie no
di ina,
inmu able
y
pe pé ua;
el
pueblo
omano
u o
cons i ución
elabo ada
po
homb es
y
hallóse
some
ido
á
una
iple
o ma
de
gobie no,
la
mona quía,
la
epública
y
el
impe io.
El
pode
eclesiás ico,
conociendo
su
o igen
di ino,
su
ele ado
in
y
la
es e a
de
sus
a i
buciones,
jamás
ha
incu ido
en
la
i anía
y
cesa ismo;
el
pode
ci il
-en
Roma,
al o
de
aquel
conocimien o,
incu ió
muchas
eces
en
ese
abuso,
ya
bajo
el
mando
de
los
eyes,
ya
du an e
la
epública
dominada
es
pec i amen e
po
los
pa icios
y
plebeyos,
ya
cuando
los
Empe ado es
se
a oga on
la
sobe anía
acumulando
y
euniendo
en
su
pe sona
odas
las
magis a u as
y
sus
múl iples
a ibuciones.
Ni
aún
es
posible
a moniza
el
De echo
Romano
público
con
el
que
la
iglesia
hizo
eina
en
las
socie
dades
c is ianas;
pues
que
es e
p oclama
el
o igen
di
ino
del
pode ,
sean
cuales
ue en
la
pe sona
ó
ins i
uciones
que
lo
eje zan,
la
obligación
que
pesa
sob e
3
•
ÜN1VERSIDADE
DE
SANTIAGO
DE
COMPOSTH..
los
súbdi os
de
obedece
y
cumpli
los
manda os
de
las
au o idades
legi imamen e
cons i uidas,
la
indi e encia
de
odas
las
o mas
de
gobie no
examinadas
en
abs
ac o,
y
la
bondad
y
jus icia
de
las
mismas
conside
adas
en
conc e o,
que
solo
exis e
cuando
son
el
e lejo
de
la
cons i ución
in e na
de
la
sociedad
y
se
es ablecen
de
una
mane a
legi ima.
El
De echo
público
de
Roma,
unido
en
su
o igen
á
una
Religión
alsa
y
supe s
iciosa
y
más
a de
con
escuelas
ilosó icas
que
igno a
ban
la
e dade a
doc ina
ace ca
de
la
na u aleza
del
pode
ci il,
ni
conoció
el
o igen
di ino
de
es e,
ni
el
un
damen o
de
la
obediencia
debida
al
mismo,
ni
la
legi
imidad
de
odas
las
o mas
de
gobie no
que
me ezcan
ese
nomb e
y
sé
plan een
sin
al a
á
la
jus icia.
La
iglesia
no
pudo
asimila se
la
o ganización
polí ica
de
Roma,
no
solo
po que
se
oponía
á
la
eo ía
c is iana
del
pode
ci il,
sino
ambién
po que
den o
de
ella
caben
más
a iedad
de
o mas
de
gobie no
que
las
plan eadas
en
el
pueblo
omano.
Y
éngase
en
cuen a
que,
al
exp esa nos
de
es e
modo,
es amos
muy
lejos
de
cali ica
de
cesa is a
y
aún
de
acionalis a,
como
quie en
algunos,
la
céleb e
ase
de
Jus iniano.
Quidquid
p incipi
placui ,
legis
ha-
be
Digo em.
Es a
ase
no
hace
más
que
consigna
el
hecho
de
que
en
iempo
de
Jus iniano
no
había
en
Roma
o o
pode
legisla i o
*que
el
de
los
Empe ado es;
pe o
no
se
dice
en
ella
que
las
leyes
no
hayan
de
se
con
—
35
—
o mes
con
el
De echo
di ino
na u al
y
posi i o,
ni
que
los
Empe ado es
se
han
de
c ee
emancipados
de
ose
De echo.
Además,
el
sen ido
de
esa
ase,
do
que
an o
se
escan
dalizan
cie os
publicis as
debe
in e p e a se
a monizán
dolo
con
aquella
cons i ución
en
que
dice
Jus iniáno.
Dos
g andes
bene icios
ha
hecho
Dios
al
homb e
al
ins i ui
el
Sace docio
y
el
Impe io,
aquel
pa a
el
égimen
de
las
cosas
di inas
y
es e
pa a
las
humanas;
p oce
diendo
ambos
de
un
mismo
p incipio
ado nan
la
ida
humana.
Quien
econoce
el
o igen
di ino
del
pode
que
eje ce,
no
puede
con
jus icia
se
cali icado
de
cesa is a
y
semi
a eo.
(2)
Desca ado
de
nues o
examen
el
De echo
Romano
público,
nos
limi a emos
á
expone
el
in lujo
eje cido
en
el
Canónico
po
el
Romano
p i ado,
penal,
p o
cesal
y
aún
el
adminis a i o,
adop ando
en
es a
ex
posición
el
mé odo
'seguido
po
la
gene alidad
de
los
au o es
de
De echo
Canónico
al
di idi
las
ma e ias
que
comp ende
en
pe sonas,
cosas,
deli os
y
p ocedimien os.
■
Comenzando
po
el
a ado
ela i o
á
las
pe sonas
y
á
los
p elimina es
de
la
ciencia
canónica,
encon amos
copiadas
de
las
compilaciones
legales
de
Jus iniáno,
la
di isión
del
de echo
en
esc i o
y
nó
esc i o;
la
di e encia
en e
las
cons i uciones
y
esc ip os
y
a ias
leyes
ace ca
de
la
na u aleza
de
es a
uen e
del
de echo;
el
ca ác e
especial
de
los
p i ilegios
y
eglas
á
que
se
hallan
so
me idos;
la
noción,
equisi os
y
especie
de
cos umb e,
UN1VERSIDADE
DE
SANTIAGO
DE
(
OMPOSTEI
.A
el.
iempo
necesa io
pa a
que
adquie a
ue za
de
ley
y
sus
e ec os;
la
necesidad
de
la
in e p e ación
y
má
ximas
ju ídicas
que
deben
obse a se
al
e i ica la.
También
es
de
o igen
omano
la
di isión
de
las
pe
sonas
en
lib es
y
escla os,
que
la
Iglesia,
á
pesa
de
sus
doc inas
opues as
á
la
escla i ud,
u o
que
ene
en
cuen a
al
legisla
ace ca
del
ma imonio,
la
ecep
ción
de
las
ó denes,
y
la
p o esión
eligiosa;
la
eo ía
del
domicilio
y
cuasi
domicilio,
de
inmensa
ascendencia
pa a
la
alidez
del
mismo
ma imonio,
la
adminis ación
líci a
de
los
demás
sac amen os
y
la
jus a
in e ención
en
las
exequias
y
ac os
úneb es;
y
las
bases
adop adas
pa a
ija
la
mayo
edad,
la
edad
de
la
pube ad
y
la
de
la
in ancia,
exigidas
en
la
Iglesia
á
in
de
adqui i
ó
eje ce
de echos
según
la
na u aleza"
espec i a
de
los
mismos.
A
imi ación
del
De echo
Romano,
nadie
puede
desempeña
en
la
Iglesia
ca gos
que
lle en
aneja
la
ju isdicción
o dina ia,
sino
iene
la
edad
de
ein e
y
cinco
años;
siendo
su icien e
pa a
con ae
ma imonio
la
de
la
pube ad
y
la
de
sie e
años
pa a,
celeb a
es
ponsales.
De
ecuen e
aplicación-
en
el
De echo
Canónico
es
la
doc ina
del
Romano,
e e en e
á
las
pe sonas
in
capaci adas
de
.
ealiza
algunos
ac os
ju ídicos,
ya
po
halla se
insc ip as
en
la
milicia,
ya
po
es a
obligadas
á
endi
cuen as
en
i ud
de
la
adminis ación
de
ne
gocios
agenos;
y
aún
lo
es
más
eces
la
ela i a
á
la
con
elación
á
los
seño es
que
los
habían
manumi ido.
Y
no
os
an
solo
en
la
pa le
e e en e
á
las
pe sonas
y
cosas
eclesiás icas
en
donde
se
é
la
acción
asimila
do a
de
la
Iglesia
con
elación
al
De echo
Romano;
sino
que
ambién
la
hallamos
cu
las
leyes
que
e san
Sob e
los
deli os"
eclesiás icos
y
sus
penas.
Aunque
la
legislación
penal
Romana
haya
sido
muy
impe ec a,
po
es a
undada
en.
un
igu oso
y
an i i
losó ico
socialismo
y
desconoce
la
impo ancia
del
ele
men o
indi idualis a,
que
debe
a monizá se
con
el
so
cial
al
ele a
á
la
ca ego ía
de
deli os
las
"in acciones
olun a ias
opues as
al
o den
mo al
y
público
y
apli
ca les
las
penas
opo unas
pa a
co egi
al
delin
cuen e
y
conse a
y
es au a
eso.
o den;
la
Iglesia
in
cluyó
a ias
leyes
omanas
sob e
deli os
y
su
penalidad
en
el
De echo
c iminal
eclesiás ico,
sin
pe juicio
do
in o
ma lo
en
p incipios
más
espi i ualis as
y
humani a ios
que
los
del
De echo
penal
de
Roma,
y
que
e elan
un
p o undo
conocimien o
de
la
na u aleza
y
co azón
hu
mano
y
del
e dade o
ca ác e
y
ines
de
la
pena.
Que
la
Iglesia
inse ó
en
sus
colecciones
de
Cá
nones
algunos
deli os
penados
en
el
De echo
Romano,
es
una
e dad
innegable,
que
solo
puede
se
descono
cida
del
que
igno a
las
ideas
más
elemen ales
de
la
ciencia
canónica
y
no
haya
siquie a
alguna
ez
leído
los
í ulos
que
comp ende
el
lib o
5.°
de
las
Dec e ales
de*G ego io
IX,
del
Sex o
de
Boni acio
VIII
y
de
las
Cíe-
u
se
UNIVERSIDADE
DE
SANTIAGO
DFCOMPOSIH
—
44
—
men i ías.
G an
pa e
de
las
disposiciones
del
De echo
Romano
sob e
la
noción
del
in an icidio
y
el
pa icidio:
las
especies
de
homicidio
y
su
impu abilidad
espec i a:
el
adul e io
y
el
es up o:
la
di e encia
en e
el
obo
ó
apiña
y
el
hu o:
la
usu a,
la
alsedad
y
sus
di e
sas
o mas:
las
inju ias
y
el
daño
causado
en
la
p o
piedad
agena
sin
ánimo
de
ob ene
luc o:
es as
y
o as
doc inas
espec o
á
deli os
consignadas
en
el
Diges
o
de
Jus iniano,
en
su
Código
é
Ins i uía
han
sido
asc ip as,
con
más
ó
menos
modi icaciones,
en
los
espec i os
' í ulos
de
las
enunciadas
compilaciones
ca
nónicas.
Y
po
lo
que
se
e ie e
á
la
penalidad
omana,
am
poco
puede
duda se
de
que
la
Iglesia,
en
i ud
de
la
po
es ad
coe ci i a
que
la
compe e
de
cas iga
los
deli os
some idos
á
su
ue o,
no
solo
con
penas
espi i uales,
sino
ambién
con
las
empo ales
que
juzgue
necesa ias
pa a
conse a
el
o den
en
la
sociedad
c is iana
y
consegui
el
in
eligioso
pa a
que
ha
sido
ins i uida;
se
asimiló
al
gunas
de
las
penas- empo ales
con enidas
en
el
De echo
Romano,
cas igando
a ios
de
aquellos
deli os
con
las
pe
nas
de
eclusión,
adición
á
la
cú ia,
des ie o,
in amia,
pé dida
de
hono es
y
de echos,
mul as
y
o as
análogas.
Dos
penas
exis ían
en
Roma
que
jamás
la
Iglesia
con
signó
en
sus
Códigos,
á
sabe :
la
pena
de
mue e
y
la
de
mu ilación
de
miemb os.
La
au o idad
eclesiás ica
no
se
ha
c eido
con
a ibuciones
pa a
impone las:
lejos
de
—
45
—
eso,
las
conside ó
opues as
á
la
ca idad
y
mansedum
b e
c is iana
y
á
la
na u aleza
del
Sace docio
de
la
nue a
Ley,
ins i uido,
según
el
insigne
San o
Tomás
de
Aquino,
pa a
cosas
mejo es
que
las
mue es
co
po ales.
(4)
El
p ocedimien o
canónico,
úl imo
pun o
en
que
de
bemos
ocupa nos
pa a
e mina
es a
b e e
exposición
de
la
in luencia
del
De echo
Romano
en
el
eclesiás ico,
consi
de ada
p ác icamen e,
apa ece,
en
muchas
ma e ias,
un
dado
en
el
sis ema
p ocesal
que
exis ia
en
Roma
desde
que
se
in odujo
el
llamado
de
los
juicios
ex ao dina ios.
Pa a
con ence se
de
es a
e dad,
bas a
eco da
algu
nas
de
las
leyes
de
esc
sis ema,
adop adas
po
la
Igle
sia
en
la
o ganización
del
p ocedimien o
canónico,
iján
donos
especialmen e
en
los
unciona ios
que
cons i uyen
las
cú ias
eclesiás icas,
y
en
la
ami ación
de
los
juicios
ci iles
y
c iminales-seguida
an e
las
mismas.
La
Iglesia,
á
imi ación
de
lo
que
se
hizo
en
Roma
y
po
exigi lo
así
la
ace ada
adminis ación
de
jus icia,
quiso
que
en
las
cú ias
y
ibunales
eclesiás icos,
ade
más
de
los
jueces
enca gados
de
sus ancia
y
alla
las
causas
ci iles
y
c iminales,
hubiese
los
iscales
pa a
igila
la
exac a
obse ancia
de
los
cánones,
los
no a ios,
ins i uidos
pa a
da
é
de
las
ac uaciones
e i icadas
an e
ellos,
abogados
y
p ocu ado es
cuya
misión
.
uese
de ende
y
ep esen a
á
los
li igan es
en
los
casos
que
p esc ibe
ó
pe mi e
el
de echo.
u
-46
—
Todas
es as
pe sonas,
que
con ibuyen
á
la
ec a
ad
minis ación
de
jus icia,
ienen,
en
las
Dec e ales
de
G e
go io
IX
y
demás
colecciones
canónicas,
designada
la
na u aleza
de
sus
ca gos
espec i os,
lo^
equisi os
ne
cesa ios
pa a
ob ene los
y
los
debe es
y
de echos
in
he en es
á
esos
ca gos,
de
una
mane a
muy
semejan e
á
la
que
enían
en
Roma
y
que
apa ece
en
las
compi
laciones
legales
de
Jus iniano.
De
ellas
ha
omado
la
Iglesia
la
di isión
de
los
jui
cios
en
plena ios,
suma ios
y
suma ismos:
el
juicio
es
pecial
de
a bi os:
la
clasi icación
de
es os
en
olun a ios,
necesa ios
y
sus
a ibuciones
espec i as:
el
p ocedimien
o
que
debe
segui se
en
el
juicio
de
es i ución
in
in,*
eg um
y
en
el
de
nulidad
po
habe se
dic ado
sen encia
que
adolece
de
ese
de ec o.
Del
mismo
De echo
p ocesal
omano
se
ha
se ido
la
Iglesia
pa a
desen ol e
y
pe ecciona
el
p ocedi
mien o
canónico;
pues
que
es e,
como
aquel,
p incipia
po
la
demanda,
que
debe
hace se
po
esc i o,
excep o
eií
los
juicios
suma ios
y
suma isimos,
en
los
que
bas a
la
pe ición
o al:
iene
la
in
jas
oca io
ó
emplazamien o
del
demandado,
pa a
que
se
p esen e
al
juicio:
admi e
ambién
las
ci aciones
simples
y
la
pe en o ia:
eco
noce
en
g an
pa le
las
doc inas
del
De echo
Romano
ace ca
de
la
con umacia,
excepciones
dila o ias
y
pe
en o ias,
li is-con es ación,
ju amen o
de
calumnia
y
los
e ec os
de
la
ci ación
y
con es ación
á
la
demanda.
UNIVERSIDAD!
DE
SANTIAGO
u
—
47
—
Re léjase
ambién
la
in luencia
de
ese
de echo
en
las
disposiciones
canónicas
e e en es
á
la
p ueba,
sus
es
pecies,
medios
do
e i ica la
y
ámi es
de
es e
pe íodo
del
p ocedimien o.
La
con esión
judicial,
que
equi ale
á
una
sen encia
cuando
a o ece
al
demandan e:
las
a
ias
especies
de
p ueba
ins umen al:
no
pocos
de
los
equisi os
exijidos
en
los
que
han
de
depone
como
es igos
en
los
plei os
eclesiás icos:
sus
decla aciones
e i icadas
p e ia
ci ación
de
la
pa e
con a ia:
el
ju a
men o
suple o io
en
cie os
casos:
la
inspección
ocula
y
das
p esunciones:
ales
son
algunas
de
las
leyes
p o
cesales
omanas
que
la
Iglesia
se
asimiló,
concep uán
dolas
muy
opo lunas
pa a
halla
la
e dad
ju ídica
y
hace
que
eine
la
equidad
y
jus icia
en
las
sen encias
que
dic en
sus
jueces
y
ibunales.
1
po
lo
que
se
e ie e
á
esas
sen encias,
el
De e
cho
Canónico,
inspi ándose
en
el
Romano,
exige
en e
o os
equisi os
que
los
jueces
eclesiás icos
den
sus
allos
po
esc i o,'los
lean
en
la
audiencia
pública
y
ci en
á
los
li igan es
pa a
que
se
p esen en
á
oi los.
También
siguió
al
mismo
de echo
en
la
designación
de
los
é minos
pa a
conclui
la
ins ancia
de
juicio,
in
e pone
el
ecu so
de
apelación,
pedi
los
apos ólos
ó
le as
emiso iales,
segui
aquel
ecu so
y
da
in
al
plei o.
Además,
las
doc inas
sob e
la
e ocación
de
las
sen encias
in e locu o ias
y
de ini i as
y
de
los
e ec os
suspensi o
y
de olu i o
en
ma e ia
de
apelaciones
há-
u
llanse
undadas
en
a ios
pasages
del
De echo
Romano
jus inianeo.
Igual
o igen
econocen
algunos
de
los
ámi es
que
cons i uyen
el
p ocedimien o
c iminal
eclesiás ico,
y
en e
los
cuales
deben
menciona se:
la
acusación,
sus
equi
si os
y
a ias
pe sonas
incapaci adas
pa a
hace la:
la
in
o mación
suma ia,
cualidades
que
han
de
ado na
á
los
es igos
y
nó
pocos
de
los
que
no
pueden
se lo
á
lidamen e:
la
ci ación
del
p esun o
eo
y
su
ap ehensión
en
cie os
casos:
la
decla ación
indaga o ia:
la
a i
icación
de
los
"
es igos
en
el
plena io'
y
p e ia
la
ci a
ción
de
aquel:
la
mane a
de
e i ica
la
acusación
y
la
de ensa:
la
sen encia
a o able
al
eo
cuando
no
cons a
con
ce eza
el
deli o
que
se
le
impu a;
y
o as
disposi
ciones
del
juicio
c iminal
eclesiás ico,
que
juzgamos
ih-
necesa io
e e i ;
pues
que
su
me a
enunciación
nos
lle a ía
muy
lejos
del
in
que
nos
hemos
p opues o
en
es e
esc i o.
Debemos,
no
obs an e,
deja
consignado,
que,
si
bien
-
el
De echo
Romano
p opo cionó
al
Canónico
bas an es
leyes
p ocesales,
los
Romanos
Pon í ices
lian
sabido
de
al
modo
desen ol e
esas
leyes,
co egi las
y
supli
sus
de iciencias
con
o as
nue as
dadas
po
los
mismos,
'
qu_e
el
p ocedimien o
eclesiás ico,
con enido
en
el
Li
b o
2.o
de
las
Dec e ales
de
G ego io
IX,
ha
sido
ca
li icado
de
monumen o
insigne
de
la
sabidu ía,
celo
y
p udencia
de
la
Iglesia
ca ólica;
habiéndolo
acep ado,
1
—
49
—
como
código
p ocesal,
g an
pa e
de
las
naciones
de
Eu opa,
y
especialmen e
España,
como
lo
p ueban
nues
as
céleb es
leyes
de
las
Pa idas.
(5)
IV.
Aunque
sea
e iden e
la
in luencia
del
De echo
Ro
mano
en
el
Canónico,
c eemos
no
se á
inú il
ocupa nos
en
e u a
algunas
objeciones
que
pudie an
hace se
con
a
esa
in luencia,
ya
negándola,
ya
concep uándola
pe
judicial
á
las
sanas
doc inas
que
debe
conse a
y
di
undi
el
De echo
Eclesiás ico.
¿Cómo
se
nos
di á,
como
puede
sos ene se
el
in lujo
del
De echo
Romano
en
el
Canónico,
exis iendo
publi
cis as
dis inguidos,
que
han
dado
á
luz
ob as
p o undas
que
demues an
cumplidamen e
el
ca ác e
pagano
del
de echo
ci il
de
los
Romanos,
y
lo
cali ican
de
e o
luciona io,
acionalis a
y
semi-a eo?
¿Pudo
la
Iglesia,
de enso a
acé ima
de
la
e dad
y
la
jus icia,
asimi
la se
un
de echo
que,
desde
que
la
io
nace ,
se
ocupó
en
comba i la
y
más
la de
en
mina
sub ep iciamen e
el
de echo
c is iano
que
ella
hizo
in il a
en
las
naciones
eu opeas?
He
aquí
la
p ime a
objeción
que
amos
á
examina ;
pues
si
uese
cie a
esa
enemis ad
pe manen e
en e
la
Iglesia
y
el
De echo
Romano,
cae ía
po
su
base
cuan o
hemos
dicho
ace ca
del
in lujo
de
aquella
en
es e
de echo
4
-50-
y
no
pod ía
esplica se
como
la
Iglesia
se
asimiló
unas
leyes
inspi adas
en
p incipios
opues os
á
los
dogmas
y
mo al
del
C is ianismo,
de
que
es
iel
deposi a ía
é
in
e p e e
in alible.
Po o
no
es
p eciso
admi i
semejan e
suposición,
como
amos
á
demos a ,
examinando
y
eba iendo
las
inexac as
azones
en
que
se
undan
algunos
exage ados
censo es
del
De echo
Romano,
en e
los
cuales
puede
coloca se
al
dis inguido
publicis a
G.
de
Monleón,
po
su
ob a
i ulada
L
‘
Eglise
e
le
D oi
Romain.
Es
es a
ob a
un
p ecioso
abajo,
esc i o
con
as os
conocimien os
en
la
his o ia
de
aquel
de echo,
ec a
in ención,
g ande
celo
po
de ende
la
e dad
ca ólica
y
abundan e
en
ace
adas
ap eciaciones
sob e
el
an agonismo
que
exis ió
siemp e
en e
el
De echo
Romano
público
y
el
c is iano;
pe o
escasa,
en
nues o
humilde
juicio,
de
segu o
c i e io
al
juzga
el
mé i o
del
de echo
p i ado
y
no
exen a
de
cie a
pa cialidad,
que
se
asluce
en
la
omisión
de
mu
chos
da os
his ó icos
opues os
á
a ias
a i maciones
del
au o
y
que
demues an
la
p o ección
dispensada
pol
los
Romanos
Pon í ices
á
la
enseñanza
del
De echo
Ro
mano
y
su
unión
con
el
Canónico.
(6)
Según
C.
de
Monleón,
la
Iglesia
ha
is o
el
enaci
mien o
de
ese
de echo
con
g ande
emo ,
con
g ande
descon ianza
y
con
g andes
ala mas:
I ne io
y
sus
dis
cípulos
hicie on
enace
el
cesa ismo
y
lo
di undie on
po
odas
pa es:
el
mismo
y
los
cua o
Doc o es,
Búlga o,
—
51
—
Ma in,
Jacobo
y
Hugo
adula on
á
En ique
V
de
Alema
nia:
la
Uni e sidad
de
Bolonia
se
doblega
á
las
exi
gencias
cesa is as
de
Fede ico
II:
en
esa
Uni e sidad
exis ió
una
doble
enseñanza
del
De echo
Romano;
á
sabe :
la
pública
some ida
á
la
au o idad
de
la
Iglesia
y
la
p i
ada
emancipada
de
la
misma:
el
De echo
Romano,
en
in,
me ece
el
nomb e
de
acionalismo
esc i o,
más
bien
que
el
de
azón
esc i a,
con
que
suele
ensalzá selo.
Es as
y
o as
p oposiciones
consignadas
en
la
ob a
de
C.
de
Monleón,
ep oduciendo
algunas
de
las
emi
idas
con a
el
De echo
Romano
po
el
Aba e
Gaume
y
o os
esc i o es,
en
nada
se
oponen
á
cuan o
lle amos
dicho
ace ca
del
in lujo
de
ese
de echo
en
el
eclesiás
ico,
ni
disminuyen
el
mé i o
del
de echo
p i ado
de
Ro
ma,
que
no
es
esponsable
del
abuso
que
haya
podido
hace se
de
sus
disposiciones.
Que
la
Iglesia
adop ó
muchas
leyes
omanas,
no
solo
en
su
mé odo
y
o ma,
sino
en
su
con enido,
es
un
hecho
e iden e,
que
se
demues a
co ejando
el
Co pus
Ju is
ci
ilis
con
el
Co pus
Ju is-canonici;
y
con a
la
e idencia
de
los
hechos
nada
alen
-
a i maciones
g a
ui as
ó
exage adas.
También
conside amos
a i inación
g a ui a,
ó
al
me
nos
exage ada,
la
g ande
ala ma
que
p odujo
en
la
Iglesia
el
enacimien o
del
De echo
Romano",
una
ez
que
los
Sumos
Pon í ices,
como
luego
di emos,
ap o
ba on
y
hon a on
con
p i ilegios
á
mul i ud
de
Uni
se
UNIVERSIDADL
DE
SANTIAGO
DE
COMPOS
I
EIA
u
—
52
—
e sidades
en
que
se
enseñaba
ese
De echo.-
Los
Papas,
es
cie o,
se
ala ma on
iendo
á
muchos
eclesiás icos
dedica se
al
es udio
del
De echo
Romano
y
pos e
gando
el
de
la
Teología;
pe o
no
concibie on
ningún
emo
al
e
á
los
legos
consag ados
á
ese
es udio
p opio
de
su
clase.
Tampoco
puede
a ibui se
á
I ne io
y
demás
es
au ado es
del
es udio
del
De echo
Romano
el
enaci
mien o
del
an iguo
cesa ismo;
pues
que
es e
ya
exis ía
en
Eu opa
an es
de
que
se
undase
la
Escuela
de
Bolonia
y
las
demás
Uni e sidades-
en
que
se
enseñaba
aquel
de echo.
¿Había
po
en u a
enacido
el
mismo
cuando
Cá los
Ma ebyCá los
el
Cal o
se
en ome ian
en
asun
os
eclesiás icos,
el
Empe ado
Lo a io
I
de
Alemania
lle aba
á
mal
la
elección
del
Papa
Se gio
II,
e i icada
sin
su
consen imien o,
y
En ique
IV
ambién
de
Alema
nia
ya
había
dado
p incipio
á
sus
cues iones
con
San
G ego io
IX,
desplegando
en
ellas
un
espí i u
eminen e
men e
cesa is a?
El
cesa isnio
no
iene
ni
u o
necesidad
de
las
doc inas
del
De echo
Romano
pa a
eje ce
su
unes o
impe io.
Donde
quie a
que
exis a
un
sobe ano
ó
pode
ci il
ambicioso,
desconocedo
del
De echo
Di
ino
na u al
y
posi i o
y
que
in ada
los
de echos
de
la
Iglesia,
alli
se
encuen a
un
ep esen an e
del
cesa
ismo,
sin
que
sea
p eciso
achaca
al
De echo
Romano
el
nacimien o
de
ese
icio,
an
pe judicial
á
la
sociedad
c is iana
como
al
buen
égimen
del
Es ado.
(7)
—
5d
—
indica
la
mul i ud
de
uni e sidades
undadas
ó
ap oba
das
po
los
Romanos
Pon í ices
an o
en
el
pe iodo
de
la
Edad
Media,
como
en
la
época
mode na.
(8)
'
Hallándose
es ablecida
en
g an
pa e
do
esos
cen os
li e a ios
la
enseñanza
del
De echo
Romano,
si
es e
uese
acionalis a,
como
a i man
sus
impugnado es,
hab ían
si
do
aquellos,
no
e dade os
ocos
de
ilus ación
y
de
sanas
doc inas
ju ídicas,
sino
de
e o es
sumamen e
pe judicia
les,
di undidos
á
la
somb a
de
la
ap obación
])on i icia;
lo
que
no
se
a iene
con
la
ciencia,
p e isión
y
celo
de
los
Papas
que
e igie on
ó
ap oba on
dichos
es ablecimien os.
Además,
siendo
una
máxima
de
la
E e na
Sabidu ía,
que
el
á bol
malo
no
puede
da
buenos
u os,
una
ez
admi ida
la
exis encia
de
ese
espí i u
acionalis a
en
el
De echo
Romano,
no
es
ácil
explica
como
hubo
an os
Doc o es
en
De echo
ci il
que
b illasen
po
sus
he oicas
i udes,
me eciendo
po
ellas
cul o
público
en
la
Iglesia.
G aduados
en
De echo
ci il,
en
las
es
pec i as
uni e sidades
de
Bolonia,
Ox o d,
Lé ida,
Pádua,
Valladolid,
San iago,
Pe ugia,
F ibu go
y
Nápoles,
han
sido
ios
San os
Tomás
Can ua iense,
Raimundo
de
Pe-
ña o ,
Ped o
de
A bués,
Tomás
A zobispo
de
Ex o d,
José
de
Calasaaz,
F ancisco
de
Sales,
To ibio
do
Mo-
g o ejo,
Juan
Capis ano,
Fidel-
de
Sima inga,
And és
A elino,
Al onso
de
Ligo i
y
o os.
¿Fué
obs áculo
el
De
echo
Romano
á
esos
dis inguidos
ju is as
pa a
que
llega an
á
la
cumb e
de
la
pe ección
e angélica"-
UKIVERSIDADL
DE
SANTIAGO
DE
COMI'OS
H
.A
-60-
Si
las
a i maciones
g a ui as
y
exage adas
que
aca
bamos
de
comba i
se
oponen
¿í
cuan o,
hemos
dicho
ace ca
del
in lujo
del
De echo
Romano
en
el
Canónico,
no
son
menos
opues as
á
la
exis encia
de
esa
acción
in luyen e
las
c i icas
lanzadas
con a
la
Iglesia
po
al
gunos
ju isconsul os
y
publicis as,
suponiéndola
enemiga
de
la
enseñanza
del
De echo
Romano.
¿Pod á
a i ma se,
con
e dad,
que
la
Iglesia
se
haya-asimilado
en
muchas
ma e ias
el
de echo
de
Roma
cuando
emos
á
los
con
cilios
y
Papas
p ohibi
á
los
eclesiás icos
el
es udio
de
ese
de echo,
des e a lo
de
la
Uni e sidad
de
Pa ís,
é
in en a
que
desapa ezca
de
o as
uni e sidades?
Ahí
es án
los
concilios
de
Reims,
de
Le án
y
de
Tou s
y
las
dec e ales
de
Alejand o
III,
Hono io
III
é
Inocencio
IV,
es igos
ehacien es
de
la
a e sión
de
la
Iglesia
hácia
el
de echo
consignado
en
las
compilaciones
legales
de
Jus iniano.
Asi
se
exp esan
mul i ud
‘
de
ju is as"
poco
a ec os
á
la
San a
Sede
ó
al
menos
deslumb ados
de
buena
é
con
las
alsas
in e p e aciones
dadas
á
aque
llos
monumen os
canónicos.
El
sábio
Decano
de
la
Facul ad
de
De echo
de
León
M,
C.
Cailleme
en
su
Memoi e
sui'
1
‘
enseignemen
du
d oi
cioil
en
F ance,
ue s
k
Jln
du
XIII
siecle,
dice
que,
aunque
los
Papas
y
la
Iglesia
no
echaza on
el
se icio
de
las
leyes
secula es,
no
han
que ido
sin
emba go
que
se
di undiese
su
es udio,
como
lo
p ueba
el
hecho
de
habe
p ohibido
Hono io
III
la
enseñanza
del
De echo
Romano
en
Pa ís
y
ciudades
u
-61
—
ecinas.
(9)
Que
ue za
engan
las
azones
aducidas
po
ese
ilus e
esc i o
y
los
que
opinan
como
él,
y
si
es
cie a
ó
no
la
an ipa ía
que
o os
desa ec os
á
la
silla
apos ólica
a ibuyen
á
la
Iglesia
con
elación
al
De echo
Romano,
es
lo
que
amos
á
examina
b e emen e,
dando
la
debida
in e p e ación
á
los
cánones
y
dec e ales
en
que
opiezan
los
que
suponen
á
la
po es ad
eclesiás ica
más
ó
menos
enemiga
del
es udio
de
ese
de echo.
A
es
g upos
pueden
educi se
las
disposiciones
adop adas
po
los
Papas
y
Concilios
ace ca
de
la
ma
e ia
que
examinamos.
Comp ende
el
1.°
los
cánones
y
dec e ales
que
p ohibie on
al
p incipio
á
los
mongos
y
canónigos
egula es'
y
después
á
o os
clé igos
el
es u
dio
del
De echo
Romano:
el
2.
ó
la
Dec e al
que
eda
la
enseñanza
de
ese
de echo
en
la
Uni e sidad
de
Paii^
y
ciudades
ecinas:
y
el
3.°
la
Bula
dada
pa a
sup i
mi
dicha
enseñanza
en
a ias
naciones
siemp e
que
lo
consin iesen
sus
sobe anos.
Expongamos
lige amen e
el
con enido
y
ex ensión
de
esas
disposiciones
canónicas.
Ya
queda
dicho
en
las
páginas
an e io es,
que
los
clé igos
y
monges
se
habían
dedicado
al
es udio
de
las
ob as
del
De echo
Romano
conse adas
en
las
escuelas
episcopales
y
monas e ios,
en
el
p ime
pe íodo
do
la
edad
media
y
an es
qüe
se
e iñease
el
enacimien o
de
es e
de echo.
Realizado
ese
céleb e
acon ecimien o
y
e i
gidas
las
uni e sidades,
dedicá onse
algunos
eclesiás icos
y
monges
con
el
mayo
en usiasmo
á
la
ju isp udencia
se
UMVERSIDADH
DE
SANTIAGO
DE
(
OMPQSTE
A
u
—
62
—
ci il,
abandonando
los
cláusl os
é
Iglesias
ca ed ales,
ol idándose
de
la
ciencia
eológica,
an
necesa ia
pa a
el
desempeño
de
los
debe es
eclesiás icos
y
si iéndose
á
e
ces
de
los
conocimien os
ju ídicos
pa a
luc a se
con
ellos.
Es os
abusos,
que
mencionan
los
esc i o es
de
aquella
época
y
de
que
habla
San
Be na do
en
su
ob a
De
Conside a ione,
llama on,
como
no
podiañ
menos,
la
a en
ción
de
los
Romanos
Pon í ices;
los
que
a a on
de
opone les
e icaz
co ec i o
p ohibiendo
á
algunos
clé igos
la
asis encia
á
las
cá ed as
de
De echo
Romano
que
había
en
Bolonia
y
o as
uni e sidades.
El
Concilio
de
Reims,
celeb ado
en
1131
bajo
la
p esidencia
del
Papa
Inocencio
II,
p ohibió
á
los
monges
y
canónigos
egu
la es
dedica se
al
es udio
del
De echo
Romano,
po
cuan o
abandonaban
el
cuidado
de
sus
iglesias
y
la
ida
monás ica,
y
se
consag aban
á
esos
es udios
con
ánimo
do
ob ene
luc o
si iendo
de
abogados
en
las
causas
ci iles.
Idén ica
p esc ipción
apa ece
consignada
en
el
Cánon
IX
del
Concilio
2.»
de
Le an,
p esidido
po
el
mismo
Pon í ice
Inocencio,
el
cual,
con i ió
en
■
p ecep o
obliga o io
á
oda
la
Iglesia,
la
p ohibición
im
pues a
en
el
concilio
de
Reims.
Como
no
pocos
monges
in en asen
a ios
sub e u
gios
pa a
eludi
las
disposiciones
an e io es,
el
Papa
Alejand o
III
las
eno ó
en
el
Concilio
eunido
en
Tou s,
en
1163,
edando
á
los
monges
y
canónigos
egu
la es
el
es udio
del
De echo
y
la
abogacía,
ne
ocasione
—
63
—
scién ioe
spi i uales
üi i
múndanis
u sas
ac ionibus
iu-
olüan u ,
y
obligándoles
bajo
se e as
penas
á
eg e
sa
á
los
claus os
en
el
é mino
do
dos
meses.
Bien
uese
po que
el
mal
iba
en
aumen o,
bien
pa a
p e eni
o os
abusos
en
es a
ma e ia,
el
mismo
emi
nen e
Pon í ice,
al
celeb a
el
Concilio
3.°
de
Le an,
año
1179,
en
su
canon
XII,
ex endió
las
enunciadas
p o
hibiciones,
en
lo
que
se
e ie en
al
eje cicio
de
la
abo
gacía
an e
jueces
secula es,
á
los
o denados
in
sac is,
y
á
odos
los
de
meno es
qué
posean
bene icios,
sal o
en
cie os
casos
que
exp esa
el
misino
canon;
y
cu
1180
ep odujo
en
una
dec e al
lo
que
había
dispues o
en
el
Concilio
de
Tou s.
Pe o
la
p esc ipción
más
gene al
ace ca
del
es udio
y
enseñanza
del
De echo
Romano
en
lo
que
a añe
á
los
eclesiás icos,
la
hallamos
en
una
Dec e al
publicada
po
Hono io
III,
en
1220.
Encuén ase
es e
documen o
pon i icio
di idido
cu
es
pa os
en
las
Dec e ales
do
G ego io
IX.
cons i uyendo
dos
de
ellas
los
capí ulos
10
.
50
Lib o
3.°
y
el
5.°,
.
5.«
Lib o
5.°
de
esa
Co
lección.
En
el
p ime o
de
esos
capí ulos,
después
de
eco da
Hono io
las
p ohibiciones
impues as
á
los
monges,
deseando
da
más
ex ensión
á
los
es udios
de
Teología,
á
in
de
c ea
un
ejé ci o
de
espe os
de
enso es
de
la
e dad,,
manda
que
dichas
p ohibiciones
se
es iendan
á
los
A cedianos,
Plebanos,
P epósi os,
Can o es
y
o os
clé igos
que
engan
pe sonado
así
como
u
.
—
64
—
ambién
á
los
p esbí e os.
El
segundo
capi ulo
concede
algunos
p i ilegios
á
los
Maes os
de
Teología
que
debia
habe
en
las
Me opoli anas
ó
sea
a
los
Loc o ales.
Es
innegable
que,
según
los
monumen os
canónicos
que
hemos
expues o,
los
Romanos
Pon í ices
p ohibie
on
el
es udio
del
De echo
Romano
á
muchos
eclesiás
icos,
especialmen e
á
odos
los
p esbí e os;
pe o
no
se
sigue
de
esa
p ohibición
que
la
Iglesia
hu iese
sido
opues a
á
aquel
es udio
e i icado
po
los
segla es.
¿Exis
e
en
las
enunciadas
dec e ales
alguna
ase
o ensi a
al
De echo
de
Jus iniano
ó
que
mande
ó
al
menos
acon
seje
á
los
legos
á
abandona
las
aulas
de
la
acul ad
de
De echo
que
haya
en
las
uni e sidades?
No
exis iendo
semejan e
manda o,
ni
aún
el
consejo,
p oceden
con
ha a
lige eza-los
que
cali ican
de
enemigos
de
aquel
de echo
á
los
Papas
Alejand o
III
y
Hono io
III
po que
co igie on
el
espí i u
leguleyo
de
algunos
monges
y
clé igos,
y
a a on
de
omen a
el
cul i o
del
De echo
Canónico
y
la
Teología.
Es a
y
no
la
exis
encia
de
mezquinas
i alidades
y
pue iles
emo es
ué
la
causa
que
mo ió
á
la
Iglesia
á
impone
á
sus
mi
nis os
el
sac i icio
de
sus
a iciones
ju ídicas.
Y
no
puede
cali ica se
de
injus a
es a
conduc a
obse ada
po
la
Iglesia;
pues
que
los
clé igos,
en
i ud
de
las
o
denes
que
han
ecibido,
quedan
asc ip os
de
una
ma
ne a
especial
á
la
Iglesia,
suje os
á
su
disciplina
mas
es echamen e
que
los
legos
y
obligados
á
obedece la
IINIVTRSiDADK
DE
SANTIA
,0
DE
COMEO
I
El
A
u
se
—
65
—
en
cuan o
se
e ie e
al
bien
de
aquella
y
á
consag a se
á
los
es udios
do
Teología,
Mo al
y
De echo
Canónico,
que
son
los
más
necesa ios
pa a
san i ica
las
almas
y
egi
la
Iglesia.
Tan
cie o
es
que
la
po es ad
eclesiás ica
no
ha
sido
desa ec a
á
la
enseñanza
del
De echo
ci il
de
Roma,
que,
aún
después
de
la
e e ida
dec e al
de
Hono io
III,
emos
á
los
Papas
pe mi i
en
casos
pa icula es
á
los
eclesiás icos,
ya
la
asis encia
á
las
cá ed as
de
aquel
de echo,
ya
que
lo
enseñasen
públicamen e
en
las
uni e sidades.
El
es udio
p i ado,
según-a i man
los
más
p o undos
canonis as,
jamás
es u o
p ohibido
á
nin
guna
clase
do
clé igos,
siemp e
que
se
dedicasen
á
él
con
ánimo
de
ilus a se
pa a
cumpli
mejo
sus
debe es
y
no
abandona an
los
es udios
eológicos.
Además,
o ga
nizada
la
acul ad
de
cánones
y
unido
ese
de echo
al
omano,
ya
se
pe mi ió
su
es udio
á
los
que
cu saban
aquella.
Po
o a
pa e,
los
Romanos
Pon í ices,
en
su
celo
po
di undi
las
ciencias,
au o iza on
á
a ios
ju
isconsul os
pa a
que
enseñasen
el
De echo
Romano
á
los
eclesiás icos
y
o o ga on
á
muchas
uni e sidades
]) i ilcgios
que
dejaban
sin
e ec o
las
p ohibiciones
que
lle amos
mencionado.
Pa a
con ence se
de
la
e dad
de
es a
a i mación,
bas e
eco da
que
Rindo
de
Sena
enseñó
el
De echo
Remano
en
Roma,
habiendo,
en
1285,
pe mi ido
el
Papa
H<
no io
IV
oi
las.
lecciones
de
ese
ju isconsul o
á
odos
5
se
UNIVFRSlDADK
DE
SANTIAGO
DF
COMPOSTELA
u
los
eclesiás icos
á
menos
que
uesen
obispos,
abades
ó
monges;
y
que
una
dispensa
semejan e,
pe o
sin
e
se as,
ué
aco dada
en
a o
de
la
Escuela
de
Bolonia,
en
1310,
y
eno ada
en
1321
y
1419.
De
idén icos
p i i
legios
goza on
o as
uni e sidades,
y
has a
del
impo
an ísimo
de
que
los
bene iciados,
que
egen aban
las
Cá ed as
de
De echo
ó
asis ían
á
ellas
como
alumnos,
se
-
conside asen
esidiendo
en
sus
espec i^s
Iglesias.
Véase
como
los
Romanos
Pon í ices
sua iza on
el
igo
de
los
Cánones
de
los
Concilios
de
Reims,
Le an
"
y
Tou s
y
de
la
Dec e al
de
Hono io
III
cuando
cesó
el
pelig o
de
que
los
clé igos
abandonasen
los
es udios
eo
lógicos
y
cánonicos.
No
ienen
po
an o
azón
alguna
M.
C.
Cailleme ,
ni
los
que
siguen
en
es a
ma e ia
sus
doc inas,
pa a
censu a
la
conduc a
adop ada
po
la
Iglesia
con
es
pec o
al
es udio
del
De echo
Romano.
Tampoco
iene
ue za
el
a gumen o
deducido
de
la
e ce a
pa e
de
la
ci ada
Dec e al
de
Hono io
III
y
que
se
halla
en
el
capí ulo
28,
.
33
y
Lib o
5.°
de
las
de
G ego io
IX.
Dispone
dicho
Papa
que
no
se
es udie
el
De echo
Romano
en
la
uni e sidad
de
Pa ís
y
pueblos
p óximos,
po que
allí
los
legos
no
usan
las
leyes
im
pe iales
y
pocas
causas
eclesiás icas
pueden
ocu i
que
no
se
esuel an
po
los
cánones,
y
además
po que
con iene
que
los
es udian es
no
abandonen
la
Teología.
¿Qué
es
lo
qué
hizo
Hono io
III
al
publica
esa
dec e
—
67
—
al?
¿Acaso
condena
el
es udio
del
De echo
Romano?
De
ninguna
mane a.
La
p esc ipción
de
dicho
Papa
es
local
y
undada
en
azones
muy
plausibles,
cuales
e an
las
de
da
impulso
á
la
Teología
y
p escindi
de
un
De echo
que
ca ecía
de
aplicación
en
los
ibunales
ci
iles
de
Pa is
y
ciudades
ecinas
y
sin
el
que
pudie an
ambién
da se
allos
jus os
en
los
plei os
eclesiás icos.
Además,
la
Uni e sidad
de
Pa is
ué
en
su
o igen
una
escuela
eminen emen e
eológica
y
ilosó ica:
ense
ñábase
en
ella
la
Teología
y
A es
libe ales,
an es
de
que
se
in oduje a
en
su
seno
el
De echo
Romano.
Los
Papas
c eye on
opo uno
que
esa
Uni e sidad
conse
ase
su
ca ác e
p imi i o,
y
los
Reyes
secunda on
sus
deseos.
Pe o
esos
Papas,
que,
po
una
medida
pu a
men e
eglamen a ia,
p ohibie on
el
es udio
del
De echo
Romano
en
la
Uni e sidad
de
Pa is,
espe a on
la
en
señanza
de
ese
de echo
en
las
escuelas
de
Mon pelle
y
O leans
y
las
que
había
en
"o as
naciones.
¿No
de
mues a
es o
concluyen emen e
que
la
Dec e al
de
Ho
no io
III
no
ué
publicada
pa a
des e a
la
in luencia
del
De echo
Romano,
ni
pa a
censu a
ese
de echo,
sino
po que
así
lo
exigían
las
especiales
ci cuns ancias
en
que
se
hallaba
Pa is
y
sus
ciudades
ecinas?
¿Es
lo
mismo
impedi
el
es udio
de
una
ciencia
en
de e minada
Es
cuela,
po
c ee lo
allí
innecesa io,
que
impedi lo
un
dándose
en
las
doc inas
e óneas
ó
peligiosas
que
com
p enda
esa
ciencia
ó
po
inmo i ada
a e sión
á
la
misma?
UMVHRSlDADh
DE
SANTIAGO
—
68
—
La
objeción
más
ue e
que
puede
hace se
con a
el
De echo
Romano,
y
po
an o
á
su
unión
con
el
Canónico,
es
la
que
se
in ie e
de
la
Dec e al
publicada
en
1254
po
Inocencio
IV,
en
la
que
ese
eminen e
Pon í ice,
des
pués
de
lamen a se
de
la
mul i ud
de
eclesiás icos
que,
ol idándose
de
los
es udios
ilosó icos
y
eológicos,
se
dedicaban
al
es udio
de
las
leyes
secula es,
y
de
la
con
duc a
obse ada
po
a ios
obispos,
que
p e e ían
pa a
las
dignidades
y
bene icios
á
los
clé igos
que
habían
sido
p o eso es
de
las
ciencias
secula es,
ó
abogados,
cuando
po
es o,
á
no.
media
o as
condiciones
debían
se
excluidos;
mandó
que
ningún
p o eso
de
leyes
se
cula es
ó
abogado,
po
más
p eeminencias
que
gozase,
uese
nomb ado
pa a
ninguna
dignidad
ó
bene icio,
sino
es aba
ins uido
en
las
a es
libe ales
y
no
e a
digno
po
su
buena
ida
y
cos umb es.
Y
añadió,
«que
una
ez
que
en
los
Reinos
de
F ancia,
Ingla e a,
Escocia,
Galles,
España
y
Hung ía
se
deciden
las
causas
de
los
legos,
no
po
las
leyes
impe iales,
sino
po
las
cos umb es,
que
las
causas
eclesiás icas
pueden
e mina se
po
las
cons
i uciones
de
los
San os
Pad es
y
que
las
leyes
si en
más
pa a
con undi ,
á
los
cánones,
y
á
las
cos umb es,
que
pa a
auxilia las,
p incipalmen e
po
la
malicia
humana,
es ablecemos
que
no
se
enseñen
las
leyes
se
cula es,
en
dichos
einos,
si
asi
lo
consien e
la
olun ad
de
los
Reyes
y
P incipes.»
(10)
Pos
son
las
p esc ipciones
con enidas
en
es a
Dee e-
-75-
ió
á
esol e ,
po
no
disgus a
á
los
eólogos
ó
á
los
canonis as,
di emos,
que
examinándola
his ó icamen e,
pa ecen
deci
e dad
los
que
sos ienen
que
la
sepa a
ción
del
De echo
Canónico
y
la
Teología
y
su
unión
al
omano,
en
nada
pe judicó
ú
la
pu eza
de
doc inas
de
aquel
de echo.
Si
en
algunas
épocas
se
dejó
sen i
la
in luencia
del
jansenismo
en
la
ciencia
del
De echo
eclesiás ico,
no
ue
debido
á
su
unión
con
el
Romano
y
di o cio
de
la
Teología;
sino
á
la
acción
del
pó ido
jansenismo
en
es a
ciencia
y
á
su
necesa io
in lujo,
po
"
medio
de
ella,
en
el
canónico.
Cuando
hubo
au o es
de
Teología
y
de
Mo al,
imbuidos
en
los
e o es
de
Jan-
senio,
nada
iene
de
pa icula
que
exis iesen
esc i o es
do
ob as
canónicas
en
es e
soplido.
A
esa
misma
causa
debe
a ibui se
ambién
el
cesa ismo
eclesiás ico,
undado
en
alsas
in e p e aciones
de
ex os
de
la
Sag ada
Esc i u
a
y
San os
Pad es
y
no
en
las
compilaciones
legales
de
Jus iniano,
como
sos ienen
los
que
apenas
las
conocen.
Examinada
la
cues ión
en
la
ac ualidad
y
dado
el
umbo
que
deben
lle a
los
es udios
eclesiás icos
en
a
monía
con
las
necesidades
de
la
Iglesia
y
el
Es ado
en
nues a
época,
c eemos
que
la
ciencia
del
De echo
Ca
nónico
debie a
o ganiza se
haciéndola
p ecede
de
los
conocimien os
necesa ios
de
Teología
y
De cdio
Romano,
una
ez
que
es
hija
de
aquella
y
ha
su ido
el
saludable
in lujo
de
ese
de echo
en
la
medida
que
iD
’
.ugo
a
la
Iglesia
al
asimilá selo.
(11)
se
UN1VERSIDADE
DE
SANTIAGO
—
76
—
Tiempo
es
ya
de
que
pongamos
in
á
es e
la go
é
inco ec o
discu so.
Más
an es
de
e mina lo,
sóanos
pe mi ido
llama
la
a ención
de
la
ju en ud
es udiosa,
que
p esencia
es e
ac o
solemne,
hacia
una
e dad
que
luye
na u almen e
de
la
doc ina
expues a;
á
sabe :
la
necesidad
é
impo ancia
del
es udio
del
De echo
Romano
pa a
el
Canónico,
si
es
que
es e
ha
de
hace se
con
u o
y
como
lo
exigen
de
consuno
los
in e eses
de
la
Iglesia,
la
Sociedad
y
la
Ciencia.
Siendo
la
ju isp udencia
eclesiás ica
una
ciencia
de
ca ác e
mis o,
que
pa icipa
de
la
Teología
y
el
De echo
secula ,
especialmen e
el
Romano,
es
imposible
da
un
paso
en
su
es udio
sin
acudi
á
las
e dades
dogmá
icas
consignadas
en
la
Teología
y
á
muchas
leyes
del
De echo
ci il
de
Roma.
Sin
conocimien os
exac os
y
p o undos
en
es e
de echo,
hácense
incomp ensibles
en
muchas
ma e ias
las
ob as
de
los
más
au o izados
in
é p e es
del
Canónico.
¿Qué
pe sona,
sin
p é ias
nociones
del
De echo
Ro
mano
y
su
his o ia,
pod á
maneja
y
en ende
los
es
c i os
magis ales
del
Ca denal
de
Lúea,
de
Ba bosa,
de
Fagnano,
de
Pi onio,
de
Rein es uel,
de
Be a di,
de
Macha
y
o a
mul i ud
de
canonis as,
y
que
se
hallan
sem
b ados
de
ex os
de
la
Ins i uía,
el
Código,
los
Pandec as
y
las
No elas?
Po
o a
pa e,
si
hemos
de
conse a
las
-77
—
-
adiciones
cien í ico-eclesiás icas
de
nues a
pa ia,
es
p eciso
no
enuncia
á
la
unión
del
es udio
del
De echo
Romano
con
el
Canónico,
pues o
que
las
g andes
lum--
b e as
de
la
ju isp udencia
eclesiás ica
en
España
han
sido
ambién
omanis as
eminen es.
G andes
omanis as
é
ins uidos
en
esa
ju isp udencia
ue on,
en
la
España
Goda,
los
Obispos
que
edac a on
el
Código
de
Ala ico,
y
los
que
oma on
pa e
en
la
elabo ación
del
Fue o
Juzgo,
y
especialmen e
el
insigne
San
Isido o
de
Se illa,
según
apa ece
de
sus
esc i os
y
de
ex os
consignados
en
el
Cue po
del
De echo
Canónico.
G andes
omanis as,
al
pa
que
canonis as,
ue on
en
la
edad
media,
los
edac o es
de
las
leyes
de
Pa ida,
y
San
Raimundo
de
Peña o ,
compilado
de
las
Dec e
ales
de
G ego io
IX,
y
el
Ca denal
To quemada,
que
e undió
el
Dec e o
de
G aciano
acomodándolo
al
sis ema
seguido
en
las
Dec e ales
de
ese
Pon í ice.
G andes
omanis as
ue on,
en
la
época
mode na,
los
canonis as
españoles
que
oma on
pa e
en
la
co ec
ción
de
G aciano,
y
los
que
b illa on
po
su
ciencia
en
el
Concilio
de
T en o,
y
adqui ie on
ama
inmo al
en
las
uni e sidades
españolas
y
ex anje as.
Ped o
Chacón,
F ancisco
Peña,
Azpilcue a
Na a o,
D.
Diego
Co a u-
bias,
D.
An onio
Agus ín,
González
Tellez
y
o os
muchos
supie on
uni
á
sus
conocimien os
en
el
De echo
Canó
nico
la
ciencia
del
Romano,
en
la
cual
se
hallaban
muy
e sados.
se
UK1VERSIDADE
DE
SANTIAGO
-78-
Desp ecia ,
pues,
el
es udio
del
De echo
Romano
ó
conside a lo
inú il
pa a
el
Canónico,
no
solo
es
des
conoce
su
ecip oca
in luencia,
sino
g angea se
y
con
jus icia
el
dic ado
de
canonis a
á
medias;
asi
como
am
bién
me ece
ese
nomb e
el
canonis a
que
igno a
la
ciencia
eológica,
en
la
que
se
hallan
las
bases
y
p incipios
in
mu ables
del
De echo
eclesiás ico.
HÉ
DICHO.
UN1VERSIDADE
DE
SANTIAGO
DE
COMPOSTFj
.
-
NOTAS.
(1)
Véanse:
•
A.
Las
His o ias
del
De echo
Romano
de
Hugo,
O olán,
Gi aud,
Be-
ia
Sain -P ix,
las
in oducciones
his ó icas
de
Makeldey,
Mainz
y
o as,
y
la
his o ia
de,
Roma
po
Momscn.
B.
Las
ob as
elemen ales
de
Wal e ,
Phillips,
Bouix,
Douja ,
Sa-
laza ,
Manjón
Wechio i
y
demás
ins i ucionis as
del
De echo
Canónico.
C.
His oi e
du
D oi
Romain
au
Moyen-Age
po
M.
de
Sa igni.
L*
Enseignemen
du
D oi
Romain
e
la
Papan e,
a ículo
publicado
po
Hen i
Bcaune
en
la
Re ue
Ca holique
des
Ins i u ions
e
de
D oi ,
16."*
Yolúmc.
(2)
El
an agonismo
en e
el
De echo
Romano
público
y
el
Canónico,
de
que
se
habla
en
es e
discu so,
se
e ie e
al
De echo
Romano
an iguo,
an e io
á
los
Empe ado es
c is ianos;
sin
que
po
es o
dejemos
de
econoce
que
en
el
nue o
y
no ísimo
aún
hay
algunas
eminiscencias
y
aspi aciones
cesa is as.
Se ia
al a
á
la
e dad
his ó ica,
ol ida se
de
las
leyes
p o ec o as
de
la
Iglesia
que
exis en
en
los
Códigos
de
Teodo-
sio
y
Jus iniano
y
de
las
me amen e
ci iles
en
que
se
econoce
el
o igen
di ino
del
pode
y
su
dependencia
del
Sup emo
Au o
de
odas
las
cosas.
(3)
Véanse
los
capí ulos
16
y
18.
T.
26,
Lib.
3.°
de
las
Dec e ales
de
G ego io
IX.
La
ase
legi ima
po io
ju e
na u cé
¿lébi c
no
debe
en ende se
en
el
sen ido
de
que
el
De echo
na u al
exija
que
el
Es
ado
c ee
las
legí imas
y
la
can idad
en
que
han
de
consis i ,
sino
en
el
de
que,
una
ez
es ablecida
esa
ins i ución,
po
habe la
aquel
juzgado
opo una,
ienen
6
se
de
de echo
na u al
en
cuan o
po
ellas
los
as
cendien es
y
descendien es
cumplen
el
debe
que
les
impuso
la
na u a
leza
de
p ocu ai
su
mú ua
subsis encia
y
conse a
su
posición
social
se
UNIVERSIDADE.
DE
SANTIAGO
-80-
espec i a.
Dando
una
in e p e ación
es echa
á
las
ases
consignadas
en
esas
Dec e ales,
pod ía
c ee se
que
se
oponían
á
ellas
las
legislaciones
que
desconocen
las
legí imas,
si
bien
ienen
adop ados
o os
medios
de
cumpli
el
debe
que
según
el
De echo
na u al
pesa
sob e
los
as
cendien es
y
descendien es
de
auxilia se
en
sus
mú uas
necesidades
y
suminis a se
los
medios
necesa ios
pa a
sa is ace las
y
conse a se
en
la
posición
que
ocupa on
en
el
seno
de
la
amilia.
El
au o
de
es e
discu so
c ee
que
la
ins i ución
de
las
legí imas
es
muy
con o me
con
el
De echo
na u al,
que
no
pe judica
á
la
au o i
dad
del
je e
de
la
amilia,
ni
supone
una
usu pación
del
Es ado
en
los
de echos
de
ese
je e.
Si
como
opinan
los
insignes
Libe a o e
y
Tapa elli,
el
Es ado
es á
obligado
á
espe a
y
ga an i
las
sucesiones
en
el
seno
de
la
amilia,
po
exigi lo
así
el
dé echo
na u al;
ambién
debe
eco
noce
el
que
iene
cada
uno
de
sus
indi iduos
á
goza
de
los
bienes
de
aquella
y
el
debe
de
los
pad es
de
no
p i a
á
sus
hijos
de
dichos
bienes
sin
jus a
causa,
que
puede
ap ecia
el
Es ado
como
p o ec o
do
las
a ibuciones
ju ídicas
y
de echos
na u ales,
no
sólo
de
las
amilias,
sino
ambién
de
odos
y
cada
uno
de
los
indi iduos
que
las
cons i uyen.
Y
no
se
diga
que
el
pad e
es
el
mejo
juez
espec o
á
sus
hijos,
ni
que
el
ca iño
ha á
que
no
abuse
de
su
po es ad;
po que
con a
es as
a i maciones
es á
la
espe iencia
y
la
p ác ica.
El
je e
de
la
amilia
puede
ene
sus
pasiones,
cap ichos
y
eleidades;
y
los
hijos
in lui
en
el
pa a
que
los
ins i uya
he ede os,
escluyendo
á
sus
he manos.
Las
i
alidades,
las
in igas
y
la
al a
de
a monía
en
el
seno
de
la
amilia,
se ía
la
consecuencia
necesa ia
de
la
sup esión
de
las
legí imas
y
de
la
libe ad
concedida
al
pad e
pa a
deja
odos
sus
bienes
á
uno
solo
de
sus
hijos.
El
Es ado,
al
c ea
las
legí imas,
impide
que
el
Pad e
abuse
de
su
au o idad,
y
la
hace
más
espe able;
e i a
las
i alidades
de
los
he manos
y
el
que
es os
ompan
con
una
amilia
de
la
que
nada
espe an;
y
e is e
de
más
p es igio
á
la
misma,
no
en ando
en
el
san ua
io
de
la
ida
domés ica,
como
end ía
que
hace lo
si
debie a
da
oidas
á
los
hijos
deshe edados
áci amen e,
quizás
po
la
p esión
de
uno
de
sus
he manos
eje cida
sob e
pad es
débiles
ó
en e mos.
•
Lo
di emos
en
una
palab a:
ó
el
Es ado
deja
abandonados
los
hijos
á
olun ad
de
los
pad es
é
in igas
de
sus
he manos,
ó
los
ampa a
en
cada
caso
pa icula
pene ando
en
las
in e io idades
de
la
amilia,
ó
es ablece
las
legí imas
median e
las
cuales
quedan
los
hijos
ase
gu ados,
el
pad e
con
acul ad
pa a
dispone
de
pa e
de
su
hacienda
en
a o
de
ex años
ó
descendien es
benemé i os
ó
necesi ados,
y
la
amilia
exen a
de
en o
me imien os
innecesa ios
de
pa e
del
Es a
lo.
—
SI
LOS
au o es
de
De echo
na u al
que
niegan
al
Es ado
la
acul ad
de
c ea
las
legí imas
pa ecen
desconoce
el
mundo
eal
y
o ma se
un
mundo
eó ico,
muy
bello
pa a
p esen a lo
en
los
lib os,
pe o
que
no
gua da
elación
con
lo
que
pasa
en
la
ida
p ác ica.
La
p ueba
más
e iden e
de
la
jus icia
de
las
legí imas,
la
encon
amos
en
el
hecho
de
halla se
consignadas
en
la
mayo
pa e
de
los
códigos
de
las
naciones
ci ilizadas;
siendo
una
g ande
inexac i ud
cali ica las
de
paganas
ó
e oluciona ias,
según
hacen
algunos
esc i o es.
¡Como
si
la
legí ima
española,
o ganizada
en
el
Fue o
Juzgo,
no
uese
hija
de
un
de echo
eminen emen e
c is iano
y
espi i ualis a,
cual
es
el
que
elabo a on
en
g an
pa e
los
Concilios
de
Toledo!
¡Como
si
Inocencio
III
y
G ego io
IX
y
a ias
sen encias
de
la
Ro a
Romana,
al
denomina
á
las
legí imas
de
los
descendien es
po io
ju e
na u ®
debi a
no
hubiesen
conocido
mejo
lo
que
exige
el
De echo
na u al
en
es a
ma e ia
que
mu
chos
publicis as
F anceses,
Alemanes
y
aún
I alianos;
alucinados
los
unos
con
la
exage ada
libe ad
de
es a ,
los
o os
con
la
in ulne able
é
in ali
ble
au o idad
de
los
je es
de
la
sociedad
domés ica
y
algunos
con
sus
eo ías
an
aniquilado as
de
los
de echos
del
Es ado,
que
casi
lo
con.
ie en
en
un
se
ideal
y
mí ico,
que
debe
c uza se
de
b azos
aunque
ea
que
los
hijos
inocen es
y
de
amilias
pode osas
queden
educidos
á
la
indigencia
po
las
in igas
de
sus
he manos
y
las
eleidades
de
sus
pad es!
....
Bas a
y
si a
es o
de
lige o
comen a io
á
las
dos
Dec e ales
ya
ci adas.
(4)
La
doc ina
de
San o
Tomás
que
niega
á
la
Iglesia
el
de echo
de
impone
la
pena
capi al
puede
e se
su
Sunima
Teológica,
secundce,
secunda,
ques io
64,
a .
4«
Esa
doc ina
es
la
más
común
y
seguida
en
las
escuelas
ca ólicas.
La
opues a
ha
sido
ambién
de endida
po
a ios
eólogos
y
canonis as
de
g an
nomb adla.
La"
Iglesia
ha
ab a
zado
la
p ime a,
como
lo
p ueba
el
hecho
de
no
halla se
consignada
esa
pena
en
el
Co pus
Ju is
canónici,
ni
habe la
impues o
nunca
la
po es ad
eclesiás ica,
limi ándose
á
en ega
al
b azo
segla
á
los
eos
de
deli os
g a ísimos
pa a
que
su an
el
cas igo
ma cado
en
las
leyes
secula es.
Es
po
an o
es a
cues ión
ma e ia
lib e
en
las
escuelas
ca ólicas,
y
ace ca
de
la
que
cada
uno
puede
opina
como
le
plazca;
econociendo
siemp e
la
exis encia
de
la
i egula idad
p o enien e
del
de ec o
de
lenidad,
ya
deba
su
o igen
á
la
mue e,
ya
á
la
mu ilación
de
miemb os.
.
(5)
Véanse
en
el
Co pus
Ju is
Ci ilis
y
en
el
Co pus
Ju is
Canónici
los
í ulos
e e en es
á
las
ma e ias
espues as
en
el
Discu so,
pues
nos
pa ece
inopo uno
el
llena lo
de
no as.
6
u
—
82
—
(6)
La
ob a
del
Monleón
pa ece
habe
sido
inspi ada,
en
a ias
de
sus
ap eciaciones,
po
la
escuela
ul a- adicionalis a,
muy
dominan e
en
F ancia,
y
que
dió
luga ,
en
Filoso ía,
á
as
céleb es
polémicas
en e
el
11
áulica
y
el
Pad e
Cha el
sob e
el
alo
de
la
azón
humana;
en
li e a u a,
á
la
no
menos
uidosa
cues ión
ace ca
del
es udio
de
los
clásicos
paganos,
ep obado
al
p incipio
de
una
mane a
absolu a
po
el
aba e
Gaume,
hi iendo
inconscien emen e
á
la
Iglesia
y
á
a ias
Co po aciones
eligiosas,
que
cul i a on
la
li e a u a
g iega
y
la ina;
en
De echo
polí ico,
á
cie as
eo ías
que
an o
dep imen
las
a ibucio
nes
del
Es ado,
que
casi
lo
con ie en
en
un
o ganismo
iluso io;
y
en
De echo
público
eclesiás ico,
á
una
endencia
in aso a
de
los
de e
chos
pon i icios
y
episcopales,
que
in en a
di igi
á
la
Iglesia
y
enseña
á
Papas
y
Obispos,
como
si
ella
uese
la
deposi a ía
de
las
sanas
doc inas
canónicas
y
es os
igno an es
ó
débiles
de enso es
de
la
e
dad
e elada.
El
ul a- adicionalismo,
á
mane a
de
nube
p eñada
de
g andes
o
men as,
se
ha
es endido
desde
F ancia
á
o as
naciones,
co ompiendo
á
las
in eligencias
más
sanas
é
in il ando
sus
exage adas
doc inas,
en
muchas
ob as
ca ólicas,
á
la
mane a
que
el
acionalismo
ha
in
il ado
las
suyas
en
o os
esc i os.
No
desconocemos
los
g andes
se icios
jn-es ados
á
la
causa
de
la
e dad
po
Káulica,
Gaume
y
o os;
pe o
hab ían
sido
mayo es
si
se
hubiesen
iden i icado
más
con
el
c i e io
de
la
San a
Sede
en
la
mane a
de
a a
algunas
cues iones.
A
semejanza
de
íos
caudalosos,
esos
esc i o es
de
as a
capacidad,
e udición
inmensa
y
ciencia
p o
unda,
aspasa on
algunas
eces
los
cauces
de
la
doc ina
más
exac a
y
segu a,
a as ando
en
sus
desbo damien os
algunas
e dades
que
no
se
plegaban
á
sus
p econcebidas
eo ías
ilosó icas,
his ó icas
y
so
ciales,
y
eemplazándolas
con
o as
menos
sólidas
y
po -
an o
de
es é il
in luencia.
Esos
alen os
ascina on
á
muchos;
pe o
no
es
lo
mismo
la
ascinación
que
la
con icción
sé ia,
eposada
y
cons an e:
aquella
p o
duce
adhesiones
apa en es:
és a
ideas
cla as,
exac as
y
de
bené icos
esul ados.
(7)
Véase
la
His o ia
eclesiás ica
de
Hen ión
y
o os.
(8)
Tomo
3.o
de
la
ci ada
ob a
de
Sa igni,
y
el
ambién
ci ado
a ículo
de
Hen i
Beaune.
His o ia
.de
las
Uni e sidades,
Colegios
y
demás
Es ablecimien os
de
enseñanza"
en
España
po
D.
Vicen e
de
la
I*
ien e
.
l.°
(9)
.
Memoi e
V
enseignemen
du
d oi
ci il
en
F ance
e s
la
in
du
Xlllsiecle
po
M.
E.
Cailleme
doyen
de
la
Facul é
de
D oi
de
Lión
(Nou elle
Ke oue
de
D oi
F ancais
e
E ange .)
T.
4
o
1879,
página
599.
—
83
—
Las
ap eciaciones
de
es e
dis inguido
esc i o ,
en
la
ma e ia
que
examinamos,
son
opues as
á
las
de
Fagnano,
Tomasino,
Benedic o
I
,
Be a di,
Philips
y
la
gene alidad
de
los
canonis as
y
á
los
de
o os
muchos
publicis as
que
ci a
el
insigne
Beaune
en
el
ya
anunciado
a í
culo;
en
el
que
b illan
una
selec a
e udición;
abundancia
de
p uebas,
solidez
en
los
azonamien os,
c i e io
impa cial
y
sensa o,
y
celo
en
la
de ensa
del
Pon i icado
sin
ala des
in e ppes i os,
ni
exage aciones
in
necesa ias.
(10)
Véase
la
Dec e al
de
Inocencio
IV
en
la
no a
l.
11
página
34
del
enunciado
a ículo
de
Beaune.
(11)
Si
desapa eciese
la
indi e encia
con
que
se
mi a
en
España
el
es udio
del
De echo
Canónico,
y
se
a a a
de
o ganiza
la
acul ad
de
Cánones,
es ableciéndola
al
menos
en
una
ó
dos
uni e sidades,
de
bie a
o ganizá sela
haciendo,
que,
á
las
asigna u as
pu amen e
ecle
siás icas
en
odas
sus
amas,
p ecediesen
los
cu sos
necesa ios
de
Lu
ga es
Teológicos,
Teología
dogmá ica,
De echo
Romano,
Ci il,
P ocesal
y
o os,
pa a
que
la
enunciada
Facul ad
de^Cánones
e leja a
en
su
cons i ución
el
ca ác e
eológico-ju ídico
que
la
dis ingue.
De
es e
modo
no
e íamos
canonis as
jú is as
agenos
á
los
cono
cimien os
de
Teología,
como
lo
son
los
Licenciados
en
De echo
ci il
y
canónico
de
las
Uni e sidades;
ni
canonis as
eólogos
sin
las
debidas
nociones
del
De echo
Romano,
Ci il
y
P ocesal,
como
sucede
á
los
g aduados
en
Cánones
po
los
semina ios
Concilia es.
Tan
cie a
es
la
necesidad
de
uni
el
es udio
del
De echo
ci il
omano
y
español
al
Canónico,
que
no
hace
mucho
que
en
el
Semina io
Cen al
de
es a
Ciudad
exis ían
las
asigna u as
de
aquellos
de echos
como
auxilia es
del
Canónico.
Aún
nos
a e e íamos
á
añadi ,
sinó
se
cali icasen
de
u ópicos
nues os
deseos,
que,
una
ez
o ganizada
la
Facul ad
de
Cá
nones
de
la
mane a
dicha
ú
o a
mejo ,
debe ían
se
g aduados
en
esa
nue a
acul ad
los
que
aspi asen,
así
á
las
cá ed as
de
la
misma,
como
á
las
de
De echo
Canónico
que
exis en
ac ualmen e
en
España.
8
V
■a
UNIVTRSJDADL
DE
SANTIAGO