La gale na de So ileza, de J. M. de Pe eda,
como modelo de o men a clásica
SANTIAGO FERNÁNDEZ MOSQUERA
(Uni e sidade de San iago de Compos ela)
Pa a José Manuel, que con iesa en palab as de Pe eda su o ma
de e el mundo: «mi a, So ileza, yo no engo icios; soy a imao
al abajo; no sé que e mal a naide; es oy hecho a poco».
En el con o e ido p ólogo que José Ma ía de Pe eda i mó en 1884 pa a la p ime a
edición de So ileza, el esc i o sub aya la p ocedencia di ec a de los ma e iales de su ob a
omados de la imi ación de la na u aleza, lejos de adop a o os elemen os y écnicas que
en aquel momen o echazaba. La no ela se c eó con «lo que da el es udio del na u al, no
lo que se oma de los p ocedimien os de nadie» (Pe eda 1996: 65). Su concepción del
ealismo, apegada al cos umb ismo más adicional y al ez lejos del na u alismo que él
denos aba, no siemp e pa ece encaja con cie os «p ocedimien os» he edados, no ya de
la adición ancesa coe ánea, sino de la más adicional li e a u a uni e sal.
Así se demues a con la desc ipción de la o men a con que cie a climá icamen e su
ob a. Pe o al mismo iempo, las e lexiones un an o ex empo áneas de Pe eda en su
p ólogo nos ace can a un concep o de ealismo cie amen e no edoso, como ha
explicado cla amen e Da ío Villanue a:
Pe eda nos ha dejado en es e p ólogo un es imonio in ui i o -y cla amen e a an la
le e- del uncionamien o p agmá ico del ealismo li e a io como esul ado de la
c eación, a pa i de las expe iencias de un au o , de un mundo in ensional, o campo
de e e encia in e no, que solo cob a á pleno sen ido cuando se p oyec e
in encionalmen e sob e él un in e p e an e -mejo que e e en e- ex ensional del
lec o lo más ce cano posible al del p opio no elis a (Villanue a 2004: 132).
Se a a de un concep o de ealismo que apela di ec amen e a un ecep o compe en e, que
sea capaz, al iempo, de soslaya la dislocación empo al implíci a que supone la na ación:
La di icul ad mayo que aca ea el ealismo pos ulado po Pe eda en So ileza iene
dada po una de las ca ac e ís icas esenciales del lenguaje li e a io: que es á « ue a
de si uación». La dis ancia empo al en e la si uación que co esponde al emiso y
al ecep o exis e, incluso, en e con empo áneos, y el p oblema -el « uido» en
é minos de la eo ía de la in o mación- se ag a a po la ausencia de con ac o en e
ambos y la imposibilidad de que ope e la unción me alingüís ica que el p ólogo
pe ediano insinúa. Todo queda al a bi io de la unción he menéu ica del lec o , que
es indi idual, espacial y empo almen e lib e y a iable (Villanue a 2004: 132-133).
247
Y es e p ocedimien o, que puede se más e ec i o en la medida que el lec o se
ace que al modelo pensado po el au o , queda á o almen e diluido cuando los
e e en es de la imi ación no es án p óximos a la ealidad ep esen ada. En ese sen ido,
no hab á nada más alejado de un lec o conc e o que el desa ollo de un ópico li e a io
ances al y has a desgas ado.
Po odo ello, la p esencia de una o men a, en los é minos supues amen e ealis as
que la pin a Pe eda en So ileza, es á más lejos del ecep o ideal que cualquie o o
elemen o de la na ación; la desc ipción de la o men a en sí misma, no las consecuencias
y las e ocaciones que el au o incluye en el ex o y que apela án di ec amen e a la
expe iencia y los sen imien os de los lec o es compe en es que eclama Pe eda.
La impo ancia del capí ulo XXVIII de So ileza ha sido sub ayada en múl iples
ocasiones; si an, empe o, como ejemplo las palab as de An hony H. Cla ke (1969: 165)
como a i mación más signi ica i a y au o izada: la o men a « ep esen a el pun o
máximo, el ápice na a i o, de la cu a g á ica de la no ela; has a di íase que So ileza
uese esc i a y edi icada en o no a la bo asca».
Pues bien, eniendo en cuen a la impo ancia de esa desc ipción, de su alo
es uc u al, pe o ambién de su ue za desc ip i a y de la impo ancia capi al que supone
pa a la pin u a de los pe sonajes y la esolución de la ama, c eo que me ece una mayo
a ención. Esos alo es, po cie o, ascienden el ámbi o ce ado de la p opia na ación
po que, como ha señalado Pe e A. Bly (1998), pa ecen in lui en el capí ulo IV de Lo
p ohibido de Galdós.
Es e penúl imo capí ulo no solo se p esen a como elemen o omado de la ealidad
his ó ica, sino como modelo cons uc i o que ilus a un ópico ances al como es la
desc ipción de la o men a
1
, mien as que pa a o os ambién con iene una ue e ca ga
ideológica:
En el capí ulo pe ediano es cues ión de una ayec o ia espi i ual simple y
equilib ada: a una salida hacia ma aden o hecha en un es ado de cegue a mo al,
con apesa una uel a a ie a, milag osamen e ealizada en un es ado de iluminación
mo al (Bly 1998: 104).
Es bien conocido el acon ecimien o his ó ico que si ió de base pa a la composición
de es e capí ulo XXVIII de So ileza. No es, con odo, el único luga de la ob a pe ediana
en que an in aus o hecho cob a p o agonismo, ni siquie a el p ime o. En e ec o, en el
ela o «El in de una aza» (1880), ecogido más a de en sus Escenas mon añesas
(1885), Pe eda e oca di ec amen e la misma desg acia, y al ez lo haga impelido po
la necesidad ci cuns ancial de o ece un homenaje a los allecidos po que el ex o, o
pa e de él, pa ece que ue leído con mo i o de la conmemo ación de la gale na.
El suceso, bien conocido po La gale na del Sábado de Glo ia, ocu ida en 1878,
causó, como no podía se de o a o ma, un g an impac o en la sociedad san ande ina y
española del momen o. Debido a los más de escien os ma ine os mue os y el
desampa o que es a si uación gene ó, ue un sucedido que ma có la ida social
san ande ina po muchos años y que gene ó no poca li e a u a ci cuns ancial. Es muy
1
Pa a una e isión del ópico, sus ca ac e ís icas y su uncionalidad, éase Fe nández Mosque a (2006). A
es a monog a ía emi o pa a la bibliog a ía pe inen e y pa a la base eó ica de es a p opues a.
248
p obable que el p ime a isbo de uen e del cuen o «El in de una aza» hubie a enido su
impulso en alguna de es as conmemo aciones, incluso conc e amen e la de elada
bené ica del 10 de mayo 1878 en la que in e inie on los p óce es de la cul u a mon añesa
de su iempo, incluidos Menéndez Pelayo y, na u almen e, José Ma ía de Pe eda. Así lo
in uye Ignacio Aguile a, quien ambién señala algunas posibles azones en con a:
Tengo pa a mí que D. José Ma ía de Pe eda esc ibió y leyó en aquella ies a su
magní ica es ampa «El in de una aza». Hay en e dad una se ie de azones en con a
de es a hipó esis. Pe eda publicó po p ime a ez -al menos en un lib o- esa na ación
ma ine a en 1881, den o de Esbozos y asguños. Y, además, echa el cuad o en
1880. Y, en e las que se me alcanzan, hay aún o a azón opues a a mi conje u a:
pa ece imposible que diese lec u a a una pieza li e a ia que ocupa 35 páginas, es
deci , que sólo la in e ención de D. José Ma ía hab ía ocupado más de una ho a
(Aguile a 1962: 199).
No son áciles de en ende los a gumen os que el p opio es udioso con apone a su
conje u a: apa ece años más a de en un lib o no in alida la c eación an e io y al ez
la p udencia de Pe eda no obligase a escucha el cuen o comple o (si es que es aba
comple o en esa echa y no e a un simple esbozo), sino unos pá a os signi ica i os, al
ez el IV, es deci , la na ación de T emon o io, como p opone Aguile a. Po idén ica
causa, es deci , la dis ancia empo al en e el suceso y la p oducción li e a ia de i ada,
Aguile a niega que la gale na de 1878 sea la uen e his ó ica de la o men a de So ileza:
Pe o es el hecho que si en la ob a pe ediana buscamos alusiones a la agedia de
1878, sólo encon amos la de «El in de una aza», ya que no cabe pensa en la de
So ileza, pues o que es a no ela no apa ece has a 1885 y sabemos po ca as de
Pe eda que la esc ibía el año an e io (Aguile a 1962: 199).
El cu ioso azonamien o de Aguile a de que no se jus i ican las uen es po la lejanía
del suceso eco dado no deja de se muy endeble. An es al con a io, en un cla o
eje cicio de in e ex ualidad au o e e encial, Pe eda u iliza á la base de las mismas
e e encias his ó icas pa a al menos es as dos ob as, p ime o pa a «El in de una aza»
(leído o no en la elada de 1878) y años más a de pa a So ileza. Es e hecho, nada
ex año en la c eación pe ediana, con i ma el impac o que ambién sob e el esc i o u o
la gale na de 1878 y, sob e odo, la inculación de la desg acia con la ida que Pe eda
quie e pin a de la sociedad san ande ina de ese iempo: muchos acon ecimien os,
g andes o no, de la ida de la ciudad es án de ás de las na aciones del esc i o . Lo
ex año hubiese sido que la g an agedia de La gale na del Sábado de Glo ia no u iese
su p o agonismo, den o, además, de la pin u a del San ande ma ine o que So ileza
quie e e leja . Y, po añadidu a, los da os que Aguile a ecoge sob e el ema de la
lec u a del ela o de T emon o io jun o con o as coincidencias con in o maciones
pe iodís icas del momen o hacen más que plausible que sea ese ex o, o pa e de él, el
leído po Pe eda en esa elada.
En su edición de las Ob as Comple as de José Ma ía de Pe eda, Sal ado Ga cía
Cas añeda (Pe eda 2009: 309) señala que el ex o de «El in de una aza» se edac ó en
1880 y se publicó en es en egas sucesi as en el pe iódico in eg is a El Siglo Fu u o:
el jue es 10, el ie nes 11 y el sábado 12 de eb e o de 1881. Pe eda lo incluyó
inmedia amen e después en una de sus ecopilaciones cos umb is as, Esbozos y
249
asguños (1881), y de ahí pasó a la e ce a edición de Escenas mon añesas, como pa e
del omo V de sus Ob as Comple as (1885), inco po ación que no deja de se ele an e
ya que coincide con el año de la p ime a publicación de So ileza. Po o o lado, es e
cambio de Esbozos y asguños a Escenas mon añesas obedece a que «El in de una aza»
es ela o p óximo -en emá ica, ambien ación, pe sonajes, in ención-, si no gemelo, del
i ulado «La le a»
2
, que igu aba en aquel su p ime lib o.
Pe o más allá de las uen es di ec as del ela o y de las ci cuns ancias his ó icas que
induje on su composición, lo que in e esa aho a es explica la composición de So ileza
y «El in de una aza» ya que sin duda ambos ela an los mismos sucesos.
En p ime luga , lo que llama la a ención, a endiendo a los dos conjun amen e, es el
cambio del pun o de is a na a i o pa a la desc ipción. En «El in de una aza», el
na ado es el pe sonaje T emon o io, quien ela a lo sucedido desde el pasado y que
puede supone se emi e a una in o mación más o menos di ec a ob enida po el esc i o .
El cos umb ismo del cuen o se ado na con el lenguaje local del ma ine o y con alguna
o a no a ambien al, además del léxico supues amen e p opio del pescado san ande ino.
Además, la na ación se amplía a la desc ipción de la o men a en ie a, así como la
eacción de los pe sonajes que con emplaban la desg acia en el ma .
En es a desc ipción, de ie a hacia el ma , des aca e ó icamen e la calma inicial,
p esagio de la gale na:
-¡He moso día! -exclamaban las gen es de ie a, encaminándose a con inua los
suspendidos negocios, o o ándose las manos a la pue a del almacén, o
con emplando la na u aleza desde las en eabie as id ie as del gabine e (Pe eda
1989: 245).
El na ado localiza abie amen e la echa pa a que las coo denadas espacio-
empo ales no dejen luga a la duda del homenaje conmemo a i o que supone el ex o:
«aquel inol idable Sábado de Glo ia de 1878».
La p esen ación de la o men a en ie a es muy p ecisa:
Así llegó el sol a la mi ad de su ca e a, el a án de los homb es al descanso del medio
día. En onces se alza on súbi amen e emolinos de pol o en las calles de la ciudad;
azo ó la ca a de los anseún es una á aga de ien o húmedo y ío; oyóse el
chasquido de algunas id ie as sacudidas con a la pa ed; cub ió los ce os del Oes e
un elo achubascado; nublóse epen inamen e el sol; omó la bahía un colo e doso
con ajas blanquecinas y izadas, y comenzó a es ella se con a las achadas ase as
de la población una llu ia g uesa y ía.
-Un gale nazo -dijo la gen e con mucho sosiego-. Después del Su , e a de espe a
(Pe eda 1989: 245).
Es a desc ipción a iende muy pun ualmen e los elemen os p opios de la gale na en
ie a: emolinos, á agas de ien o húmedo y ío, o u a de c is ales, ocul ación del sol,
cambio de colo del ma y ue es aguace os. Pe o la pin u a de las consecuencias
humanizan y ca gan de pa e ismo los e ec os que p o oca la empes ad en el ma :
2
Bone (1970: 24) en su an ología pe ediana, que compa a sagazmen e ambos ex os, conside a «El in de
un aza» como una con inuación de «La le a».
250
No icias de él ue on los ala idos que comenza on a oí se luego po las calles en e
la gen e ma ine a: mad es clamando po sus hijos; esposas po sus ma idos; hijos po
sus pad es; he manas po sus he manos. Aquello e a una desolación, y sus clamo es
a a esaban el alma como un puñal. Co ían los des en u ados, pálidos los os os y
los ojos sin lág imas, po que pa a los g andes dolo es no exis e el consuelo de ellas,
buscando en los ojos de los demás una espues a que nadie podía da les, y el
con is ado espec ado se ag egaba a ellos y los seguía como si el mismo in o unio
le empuja a (Pe eda 1989: 246).
El na ado deja á la desc ipción p opia de la o men a ma í ima al pe sonaje
p o agonis a, a T emon o io, quien explica lo imposible de su p e ención y, eque ido
po una p egun a di ec a («-Bien; pe o ¿qué sucede allí en esos momen os e ibles?»)
el pe sonaje se explica con ese lenguaje cos umb is a y supues amen e local con que
Pe eda egionaliza la na ación:
-Y ¿lo sabe anguno, po si acaso?... ¡Re iña! al an ojos y iempo pa mi a lo... Es á
us é en un ji o de espuma, que za andea la lancha como si ue a cásca a de nuez;
ese ji o se le an a, se le an a... y uel e a baja ; y al baja , cae sob e us é; y al
cae , us é no sabe si caen peñas o qué cae, po que queb an a y ajoga al mesmo
iempo; y al ab i us é los ojos, ¡ iña! ni homb e, ni lancha, ni emo, ni cos a, ni cielo,
ni ná. ¡Allí no hay más que es uendo y golpes, y espuma y desampa o!... ¡ni oz
pa a clama a Dios, po que en aquella emolina no se oye uno a sí mesmo! Un
as azo le echa a pique, y o o le saca a lo e; la cabeza se a on ece, y el que mejo
sabe anada , a a de ol ida lo pa acaba cuan o an es (Pe eda 1989: 249).
No hubiese sido e osímil, ni « ealis a», que un pe sonaje como T emon o io pin ase
la o men a en los é minos li e a ios habi uales, aunque se dejan en e e algunos
elemen os ecu en es en es e ipo de si uaciones, si bien ma izados po el obligado
cos umb ismo: el he o del ma , la espuma, el subi y baja de la ba ca, la mezcla de
agua y a ena, el uido, los golpes, las plega ias… Se a a de elemen os cons i u i os de
la desc ipción ópica de la o men a.
No enemos que acudi a Vi gilio pa a encon a nos elemen os simila es, que lo son.
Más ce cana es á la muy i giliana desc ipción de E cilla en La A aucana (1993: 454):
Áb ese el cielo, el ma b ama al e ado,
gime el sobe bio ien o emb a ecido;
en es o un mon e de agua le an ado
sob e las nubes con un g an uido
embis ió el galeón po un cos ado
lle ándolo un g an a o sume gido,
y la gen e agó del emo ue e
a uel as de agua, la espe ada mue e.
Se pod á a gumen a que los asgos comunes en e ambas desc ipciones p oceden de
los hechos comunes, es deci , que en las o men as y en las gale nas suceden es as cosas.
Tal ez. Lo cie o es que Pe eda, que se sepa, no co ió ninguna o men a pe sonalmen e
y en es e caso cuen a lo que, en el mejo de los casos, le con a on, aunque lo ado na de
cos umb ismo localis a. Y en más de una ocasión, Pe eda eco dó su base li e a ia g eco-
la ina, el es udio de los clásicos y sus conocimien os de e ó ica.
251
Algo simila sucede con la gale na, la misma gale na e ocada del Sábado de Glo ia
de So ileza. Dado que se supone que Pe eda omó «del na u al» el ma e ial pa a la
o men a y ese na u al p ocede de sus con e saciones con los p o agonis as más o menos
di ec os y ambién del ico seguimien o que la p ensa local hizo del acon ecimien o, se
pod ía has a de ende cie o ealismo obje i is a o incluso, exage ando, una endencia
na u alis a po la búsqueda sis emá ica de da os. Sin emba go, pesa á más, a mi
en ende , la elación di ec a de es e capí ulo con la his o ia de la li e a u a española y
uni e sal, lo cual demues a que Pe eda, conscien e o inconscien emen e, más allá de
las co ien es exi osas, desa olla uno los mo i os más adicionales, in empo ales y
alocales como puede se la desc ipción de una o men a. La empes ad de So ileza es un
ejemplo de dis az cos umb is a de un asun o que no lo es y esa adecuación local se
mues a ya desde su misma denominación: la gale na. Tal ez sea es e un modelo de
que los p ocedimien os li e a ios pa a la composición de la ob a sean de o igen
cos umb is a, pe o el esul ado no lo es en es e caso conc e o, o al menos, ansciende
la pin u a local de la ida ma ine a de San ande . Se a a de una mues a cla a de los
«elemen os p e ios» que an bien de ine González He án al explica la cons ucción de
la no ela:
Al econs ui en el apa ado inicial de es e capí ulo el p oceso de elabo ación de
So ileza u imos ocasión de no a en el mé odo del esc i o la he encia de su «o icio»
cos umb is a: el a gumen o de la no ela, su desa ollo y, en consecuencia, odo el
plan del lib o, cons i uye el hilo ensa ado de unos elemen os p e ios (si uaciones,
escenas, ipos...) de cla a aíz cos umb is a (González He án 1983: 241).
Una de las di e encias en e la o men a desc i a en «El in de una aza» y el capí ulo
XXVIII de So ileza es su na ado y el iempo de su ela o: mien as que T emon o io
ealiza su desc ipción desde el pasado, el na ado de So ileza lo hace en p esen e y su
p o agonis a no es un iejo pescado , sino un jo en de una clase social di e en e y que
i e po ez p ime a la aumá ica expe iencia del gale nazo. La econs ucción de
Pe eda, es a ez desde el pun o de is a de un pe sonaje que pa a muchos es su al e ego,
le pe mi e en es e caso no es a an apegado a los localismos desc ip i os del ma ine o
y solo los ese a pa a aquellos elemen os que da án p oximidad a la na ación, que
egionalizan el ela o, desde la denominación gale nazo has a los nomb es de las ba cas,
a boladu as, elas (la unción, el alla ien os…). En ese sen ido, su desc ipción se
ace ca á más a los modelos clásicos.
El desa ollo de la na ación en So ileza pe mi e ya una mayo ampli ud en la p opia
desc ipción que, po cie o, ambién se ab e a denominaciones clásicas: además de
gale nazo y gale na, Pe eda emplea o men a, hu acán y empes ad, como é minos
sinónimos. Y esul a sin omá ico que el é mino local ceda el p o agonismo a las
denominaciones no ma cadas: empes ad se u iliza en cua o ocasiones, mien as que
o men a, hu acán y gale nazo y gale na, en una sola
3
. Sin duda es un anuncio de que
los elemen os cos umb is as al ez sean meno es y el peso de la na ación enga
in e eses más li e a ios, es deci , un mayo de enimien o en la desc ipción de unos
hechos agamen e « econs uidos» y, sob e odo, la u ilización del acciden e
3
«El gale nazo, o sea la i azón epen ina al No oes e», « an insupe ables aquellas o men as», «Pe o és as
eng osaban a medida que el hu acán las e ol ía», «a as ados al cap icho de la empes ad», «Y la
empes ad seguía desen enada», «no podía esis i los azo es de la empes ad», «la espesa y blanca
cabelle a e uel a po el ai e de la empes ad».
252
me eo ológico con su alo uncional: la desc ipción del pe sonaje And és, de su alo ,
de su con e sión.
Veamos cuáles son los elemen os in a ian es de una o men a que ecoge Pe eda en
es a desc ipción de la gale na.
En p ime luga , el umo lejano con e ido en ugido de la empes ad: «un pa o oso
umo lejano» (Pe eda 1996: 382), «con su empuje en ol ió la lancha en e ugien es
o bellinos» (Pe eda 1996: 383), «¿No lo llenaban odo, no espondían a odo cuan o
pudie a p egun a allí la míse a oz humana, los b amidos de la gale na?» (Pe eda 1996:
384), «cuando la popa ocaba la cima de la mon aña ugien e» (Pe eda 1996: 390) que
e iden emen e emi en a E cilla, po ejemplo:
Áb ese el cielo, el ma b ama al e ado,
gime el sobe bio ien o emb a ecido;
en es o un mon e de agua le an ado
sob e las nubes con un g an uido. (E cilla 1993: 445)
O o de los elemen os ópicos en el desa ollo clásico del mo i o de la o men a es la
espuma de las olas, el he i el ma con la espuma:
oda la cos a e a una sola cene a de mugido as espumas que he ían y epaban, y se
asían a los acan ilados, y ol ían a cae pa a in en a de nue o el asal o, al empuje
inconcebible de aquellas mon añas líquidas que iban a es ella se u iosas, sin pun o
de sosiego, con a las inconmo ibles ba e as (Pe eda 1996: 387).
el he o de la espuma que la asal aba po odas sus aspe ezas (Pe eda 1996: 383).
Igualmen e, la ba ca que sube po las mon añas de agua y baja a los abismos es
ambién o o elemen o in a ian e cons i u i o del ópico:
Y la lancha seguía enca amándose en las c es as espumosas, y cayendo en los
abismos, y ol iendo a e gui se animosa pa a cae en seguida en o a sima más
p o unda, y ganando siemp e e eno, y p ocu ando, al hui , no p esen a a las ma es
el cos ado (Pe eda 1996: 384).
los sal os e iginosos de la lancha, y la isión de su sepul u a en e los pliegues de
aquel abismo sin lími es (Pe eda 1996: 384).
Cuando la popa ocaba la cima de la mon aña ugien e, y la débil emba cación iba a
ecibi de ella el úl imo impulso a o able […] la lancha comenzó a desliza se po
la pendien e de un nue o abismo (Pe eda 1996: 390).
Pa a odos es os elemen os emi o, de nue o, a mi abajo sob e la o men a
(Fe nández Mosque a 2006: 17-31), pe o con iene eco da , sin emba go, po su
ce canía, la aducción exi osa de Vi gilio ealizada po He nández de Velasco (1555):
Así decía, y una g an bo asca,
que ino e onando de hacia el no e,
hie e la ela con ehemencia ho ible
253
y sube al cielo las b a osas olas;
hácese cada emo mil pedazos,
as ó nase la p oa y pone el lado
de la nao a la u ia de las ondas;
álzase en es o de agua un al o mon e
y embis e en ella con u ioso golpe.
Penden algunos en las al as olas
y en el hinchado ma andan subidos;
a o os el agua del ma hondo abie a
les mues a po en e ola y ola el suelo.
Hie e la a ena y el agua emb a écese...
(Eneida, I, . 103-110)
Y, en in, o o de los elemen os esenciales del mo i o de la o men a es la apelación
a los dioses, p esen e ya en Vi gilio y que se anspone a las apelaciones a la Vi gen (de
A ocha, del Ca men…) en la adición de nues o Siglo de O o, así como las plega ias
y p omesas ealizadas en un momen o de angus ia:
No ó que, pues os de odillas y ele ando los ojos al cielo, hacían la p omesa de i al
día siguien e, descalzos y ca gados con los emos y las elas, a oi una misa a la
Vi gen, si Dios ob aba el milag o de sal a les la ida en aquel iesgo e ible. And és
ele ó al cielo la misma o e a desde el ondo de su co azón c is iano (Pe eda 1996:
385-386).
-¡Adelan e, Vi gen del Ma ! - epe ían con oz i me los eme os al compás de su
a iga (Pe eda 1996: 387).
Añádase, además, la lec u a p o idencialis a que es común a oda la adición clásica
g eco-la ina y ambién española (y mundial, se pod ía adi ina ) que es os in o unios
p o ocan:
y le espan a on de nue o los pelig os que co ía en aquel ins an e y emió que Dios
hubie a dispues o a ancá sela de aquel modo, en cas igo de su pecado (Pe eda 1996:
385).
Pues bien, el cos umb ismo, el ealismo cos umb is a de Pe eda, an apegado a los
sucesos eales como en es e caso a La gale na de Sábado de Glo ia de 1878, pa ece que
debe mucho a la adición li e a ia. Tal ez po que la adición li e a ia se asien e sob e
acciones comunes an e es os sucesos, pe o no deja de se in e esan e que la desc ipción
de Pe eda es é an p óxima a Vi gilio, sob e odo cuando la pin u a cos umb is a no le
obliga a pone en boca de un pescado como T emon o io la desc ipción de unos hechos
que él mismo nunca padeció di ec amen e. Y éngase en cuen a que en e La Eneida y
la li e a u a de Pe eda ha anscu ido oda la li e a u a uni e sal que hab á modi icado
y en iquecido el mo i o, con a ian es de colo , al ez mínimas, pe o que jus i ica ían
aun más cla amen e la esc i u a pe ediana.
Po muy apegado a la ie uca que quie a es a Don José Ma ía de Pe eda, po muy
ce cano a los hechos que ela a, po mucho que lo haya esc i o de «lo que da el es udio
del na u al», nada hay más cie o en su ealismo que la p opia li e a u a.
254
Bibliog a ía
AGUILERA Y SANTIAGO, Ignacio. (1962). «Ras o li e a io de una agedia». Bole ín de la
Biblio eca Menéndez Pelayo. 38. 191-211.
BLY, Pe e A. (1998). «Escenas ma í imas en Lo p ohibido y So ileza». Ac as de la XII
cong eso de la Asociación In e nacional de Hispanis as: 21-26 de agos o de 1995,
Bi mingham. Bi mingham. Depa men o Hispanic S udies/Uni e si y o
Bi mingham. 100-106.
BONET, Lau eno (ed.). (1970). La le a y o os cuen os. Mad id. Alianza Edi o ial.
CLARKE, An hony H. (1969). Pe eda paisajis a: el sen imien o de la na u aleza en la no ela
Española del siglo XIX. San ande . Ins i ución Cul u al de Can ab ia.
FERNÁNDEZ MOSQUERA, San iago. (2006). La o men a en el Siglo de O o. Va iaciones
uncionales de un ópico. Mad id/F ank u am Main. Uni e sidad de
Na a a/Ibe oame icana/Ve ue .
GONZÁLEZ HERRÁN, José Manuel. (1983). La ob a de Pe eda an e la c í ica li e a ia de su
iempo. San ande . Delegación de Cul u a.
PEREDA, José Ma ía de. (2009). Ob as Comple as X. Miscelánea (III). Edición, ano ación
de Sal ado Ga cía Cas añeda. San ande . Tan ín.
PEREDA, José Ma ía de. (1989). Ob as comple as I. Escenas mon añesas. Tipos y paisajes.
Edición, in oducción y no as de Sal ado Ga cía Cas añeda. San ande . Tan ín.
——. (1996). Ob as Comple as VI. So ileza. Edición de An hony H. Cla ke. In oducción y
no as de F ancisco Caude . La Mon ál ez. Edición de José Manuel González He án.
In oducción y no as de Lau eano Bone . San ande . Tan ín.
VILLANUEVA, Da ío. (1992). Teo ías del ealismo li e a io. Mad id. Ins i u o de
España/Espasa Calpe. Ci o po la edición de 2004, Mad id, Biblio eca Nue a.
ALONSO DE ERCILLA. (1993). La A aucana, edición de Isaías Le ne . Mad id. Cá ed a.
VIRGILIO. (2000). La Eneida. T aducción de G ego io He ández de Velasco (1555).
Edición, in oducción y no as de Vi gilio Beja ano. Ba celona. Plane a.