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Efecto del incremento del ordeño sobre la capacidad productiva de vacas lecheras. Aplicación al uso "Robots de Ordeño"

Deiros Rodríguez, Jesús

Abstract

El principal objetivo de este trabajo ha sido comprobar el efecto del incremento del número de ordeños de 2 a 4, en una explotación con un tamaño importante (100 animales en ordeño), sala de ordeño convencional y manejo habitual, en la que se emplearon 2 raciones con diferente concentración de energía, sobre la producción y calidad de la leche y el rendimiento reproductivo. El diseño experimental consistió en seleccionar a 4 grupos de animales con unas características productivas y reproductivas similares, alimentándolos con 2 raciones distintas (ración 1 –menos concentración energética-, ración 2 –mayor concentración energética-). A dos de los grupos se le incrementó la frecuencia de ordeño de 2 a 4 veces al día, grupos tratamiento (T1 -alimentado con ración 1-, T2 –alimentado con ración 2) y los otros dos actuaron como controles (C1 y C2). Cada animal fue sometido a una pauta concreta de muestreos (sangre, leche, condición corporal y datos reproductivos) con el fin de determinar la evolución de sus perfiles metabólicos en el posparto, el reinicio de la actividad ovárica cíclica y la producción y calidad de la leche. Una vez finalizado el estudio disponíamos de los perfiles metabólicos y datos reproductivos de 66 animales y de las cifras de producción y calidad de leche de 51. Tras el análisis estadístico de los resultados comprobamos que las situaciones de balance energético negativo se agudizaban en los animales sometidos a 4 ordeños repercutiendo negativamente en su producción de leche y rendimiento reproductivo. La explicación a este hecho hay que buscarla en el manejo de los animales. Si la granja, como fue nuestro caso, no adapta el manejo al incremento en la frecuencia de ordeño se incrementa la actividad de los animales y se reduce el tiempo del que disponen para alimentarse y descansar, aumentando su estrés. En las condiciones en las que se desarrolló este estudio, el incremento de 2 a 4 ordeños en los primeros meses del postparto no es rentable, ya que no se incrementa la producción e incluso empeora ligeramente la reproducción. No obstante, adecuando las instalaciones, el manejo y la alimentación los resultados podrían mejorar.

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Universidade de Santiago de Compostela Departamento de Patoloxía Animal Facultade de Veterinaria de Lugo Efecto del incremento del ordeño sobre la capacidad productiva de vacas lecheras. Aplicación al uso “Robots de Ordeño” Jesús Deiros Rodríguez Lugo, Febrero 2011 ISBN 978-84-9887-791-5 (Edición digital PDF) Dr. Luis Ángel Quintela Arias, Dr. Pedro García Herradón y Dr. Juan J. Becerra González, Profesores do Departamento de Patoloxía Animal da Universidade de Santiago de Compostela Informan: Que a Tese Doutoral titulada: Efecto del Incremento del ordeño sobre la capacidad productiva de vacas lecheras. Aplicación al uso de “Robots de Ordeño”, da que é autor o Licenciado en Veterinaria D. Jesús Deiros Rodríguez, foi realizada no Departamento de Patoloxía Animal da Universidade de Santiago de Compostela, baixo a nósa dirección e, na opinión dos abaixo firmantes, este traballo reúne as condicións legais precisas para optar ó Título de Doutor en Veterinaria. E para que conste ós efectos oportunos, asinamos a presente en Lugo a 1 Febreiro de 2011 . Fdo. Luis A. Quintela Arias Fdo. Pedro García Herradón Fdo. Juan J. Becerra González ABREVIATURAS ACC: CoA carboxilasa FAS: Ácido graso sintetasa GT: Galactosil transferasa FIL: Factor retroinhibidor de lactación ZO: Zonula occludens PTHrP: Paratohormona AMS: Automatic milking sistems (sistemas de ordeño automático) LH: Hormona luteinizante FSH: Hormona folículo estimulante IGF-I: Factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 BEN: Balance energético negativo BHB: Beta-hidroxibutirato NEFA: Ácidos grasos no esterificados IGFs: Factores de crecimiento similares a la insulina CC: Condición corporal TAG: Triacilglicerol BEP: Balance energético positivo NPY: Neuropéptido Y GnRH: Hormona liberadora de gonadotropina POMC: Pro-opi-omelanocortin GH: Hormona del crecimiento T3: Hormona tiroidea tipo 3 T4: Hormona tiroidea tipo 4 RIA: Radioinmunoanálisis IA: Inseminación artificial ELISA: Enzimoinmunoanálisis Agradecimientos: A los Directores de este trabajo, Dr. Luis Ángel Quintela Arias, Dr. Pedro García Herradón y Dr. Juan José Becerra González, por sus consejos, apoyo y estímulo en los momentos difíciles, sin ellos este estudio no sería realidad. Hago extensible este agradecimiento al resto de profesores de Obstetricia y Reproducción. A mis compañeras y compañeros de Departamento, Mónica, Carmen y Álex, por haber compartido tantos años de trabajo y amistad. A Germán Alonso, veterinario especialista en nutrición animal, por habernos ayudado en el enfoque de los resultados y en la elaboración de las raciones de los animales. A Venancio Iglesias Mourelle y su familia, propietarios de la explotación en la que se tomaron muestras de sus animales, por permitirnos el uso de los mismos para este estudio y por las facilidades que me brindaron para el uso de sus instalaciones y la recogida de muestras. A la Xunta de Galicia por haberme concedido una beca predoctoral que me permitió llevar a cabo este estudio. A Ledi, a mi madre y a mi hermano Juan por ser los estímulos constantes que me han permitido culminar este trabajo. A todos los que han colaborado, en mayor o menor medida, para que este trabajo salga a la luz: GRACIAS. A Uxía y Ledi A mis padres Índice I. Introducción ...............................................................................................5 II. Revisión Bibliográfica ..................................................................................9 I. Frecuencia e intervalo entre ordeños .................................................. 10 II. Modificación de la frecuencia de ordeño ............................................. 10 1. Reducción de la frecuencia de ordeño ...................................... 11 2. Incremento de la frecuencia de ordeño .................................... 11 III. Efectos de la frecuencia de ordeño sobre la funcionalidad mamaria ...... 14 1. Factor retroinhibidor de la lactación (FIL) ................................. 15 2. Modificaciones en la permeabilidad de las zonulas óccludens ...... 16 .- Frecuencia de apoptosis ......................................................... 17 IV. Efectos de la modificación de la frecuencia de ordeño ......................... 18 1. Sobre la composición de la leche ............................................. 18 2. Sobre la reproducción ............................................................ 19 3. Sobre la persistencia de la lactación ........................................ 19 4. Sobre el recuento de células somáticas y la salud de la ubre ...... 20 5. Sobre la longevidad ............................................................... 20 V. Sistemas de ordeño automático (robot de ordeño) .............................. 20 1. Ventajas e inconvenientes de los AMS ..................................... 21 2. Robots de ordeño en España .................................................. 22 VI. Producción de leche y reproducción .................................................. 23 1. Factores fisiológicos............................................................... 23 2. Factores genéticos ................................................................ 26 3. Factores de manejo ............................................................... 26 4. Factores nutricionales ............................................................ 27 4.1. Balance energético ................................................... 27 4.1.1. BEN previsto ............................................... 28 4.1.2. Condición corporal ....................................... 29 4.1.3. Concentraciones de NEFA y de TAG ................ 31 VII. Evaluación de la actividad ovárica durante el posparto ...................... 37 1. Progesterona en leche frente a progesterona en sangre ............. 38 2. Perfiles de progesterona......................................................... 38 III. Objetivos ............................................................................................... 41 IV. Material y Métodos .................................................................................. 43 1. Animales ........................................................................................ 44 2. Diseño experimental ........................................................................ 44 2.1. Ordeños ............................................................................ 45 2.2. Alimentación ...................................................................... 45 3. Toma de muestras .......................................................................... 46 3.1. Sangre .............................................................................. 46 3.2. Condición corporal .............................................................. 46 3.3. Datos reproductivos ............................................................ 46 3.4. Leche ................................................................................ 47 4. Metodología analítica ....................................................................... 47 5. Tratamiento estadístico .................................................................... 48 V. Resultados ............................................................................................... 49 I. Reproducción .................................................................................. 50 1. Parámetros reproductivos ...................................................... 50 1.1. Involución uterina..................................................... 50 1.2. Intervalo parto celo .................................................. 51 1.3. Intervalo parto-primera inseminación .......................... 51 1.4. Intervalo parto-gestación .......................................... 51 1.5. Número de inseminaciones ........................................ 51 2. Actividad ovárica ................................................................... 51 2.1. Primera ovulación ..................................................... 51 2.2. Reinicio de la actividad ovárica ................................... 52 2.3. Número de ovulaciones ............................................. 53 2.4. Tipos de retraso en el reinicio de la actividad ovárica .... 53 Índice II. Metabolismo .................................................................................. 54 1. Metabolismo energético ......................................................... 54 1.1. Glucosa ................................................................... 54 1.2. Colesterol total ......................................................... 56 1.3. Triglicéridos ............................................................. 58 1.4. Ácidos grasos no esterificados (NEFA) ......................... 60 1.5. Condición corporal .................................................... 62 1.6. Ganancia de condición corporal .................................. 65 2. Metabolismo proteico ............................................................. 67 2.1. Albúmina ................................................................. 67 2.2. Proteínas totales....................................................... 69 2.3. Urea ....................................................................... 71 3. Metabolismo mineral ............................................................. 73 3.1. Calcio ...................................................................... 73 3.2. Fósforo .................................................................... 75 3.3. Relación Calcio/Fósforo ............................................. 77 3.4. Magnesio ................................................................. 79 III. Producción y calidad de la leche ...................................................... 81 1. Producción mensual de leche (9 meses) ................................... 81 2. Porcentaje de grasa existente en la leche ................................. 83 3. Porcentaje de proteína existente en la leche ............................. 85 4. Porcentaje de lactosa existente en la leche ............................... 87 5. Recuento de células somáticas en la leche ................................ 89 VI. Discusión ................................................................................................ 92 I. Metabolismo ................................................................................... 94 1. Metabolismo energético ......................................................... 94 1.1. Glucosa ................................................................... 94 1.2. Colesterol ................................................................ 95 1.3. Triglicéridos ............................................................. 95 1.4. NEFA ...................................................................... 95 1.5. Condición corporal/Ganancia de condición corporal ....... 96 2. Metabolismo proteico ............................................................. 97 2.1. Albúmina ................................................................. 97 2.2. Proteínas totales....................................................... 98 2.3. Urea ....................................................................... 99 3. Metabolismo mineral ........................................................... 100 3.1. Calcio .................................................................... 100 3.2. Fósforo .................................................................. 100 3.3. Relación Calcio/Fósforo ........................................... 101 3.4. Magnesio ............................................................... 101 II. Producción y calidad de la leche ..................................................... 101 1. Producción mensual de leche ................................................ 101 2. Porcentaje de grasa en leche ................................................ 103 3. Porcentaje de proteína en la leche ......................................... 104 4. Porcentaje de lactosa en la leche .......................................... 104 5. Recuento de células somáticas .............................................. 105 III. Reproducción .............................................................................. 105 1. Parámetros reproductivos .................................................... 105 1.1. Involución uterina................................................... 105 1.2. Intervalos reproductivos .......................................... 106 2. Reinicio de la actividad ovárica ............................................. 108 VII. Conclusiones ........................................................................................ 111 VIII. Referencias bibliográficas ..................................................................... 113 IX. Anexo Tablas ........................................................................................ 146 X. Resumen ............................................................................................... 166 XI. Summary……………………………………………………….. ........................................... 168 -5- Introducción Revisión Bibliográfica -12- McFadden, 2008). No obstante, la respuesta de los animales al incremento de la frecuencia de ordeño está condicionada por las prácticas de manejo y las instalaciones. Así, la alimentación deberá satisfacer la mayor demanda de nutrientes, evitando repercusiones negativas sobre la salud del animal. Además, la distancia que deben recorrer las vacas hasta la sala de ordeño no debe superar los 200 metros y las dimensiones de esta instalación deberán ser las adecuadas para permitir que el proceso se complete en memos de 1 hora. Si no se respetan estas condiciones el incremento productivo obtenido será sensiblemente inferior al esperado (Knigt, 1994; Armstrong y Daugherty, 1997; Stelwagen, 2001; VanBaale y col., 2005). Existen algunos trabajos en los que se observa que la respuesta al incremento de la frecuencia de ordeño está condicionada por otros factores. Así, algunos autores indican que el incremento de la producción está condicionado por el número de lactaciones, señalando que la respuesta es mayor en las primíparas que en las multíparas (Ludwin, 1942; DePeters y col., 1985; Allen y col., 1986; Gisi y col., 1986; Barnes y col., 1990). Por el contrario otros autores no apreciaron diferencias en función del número de lactaciones (Erdman y Varner 1995). Un hallazgo muy interesante tanto desde el punto de vista científico como comercial, es el hecho de que el momento en que se realizaba el incremento en la frecuencia del ordeño condicionaba la respuesta. Así cuando se incrementa la frecuencia del ordeño en mitad o al final de la lactación se produce un aumento en la producción, pero este aumento desaparece en el momento que volvemos al régimen de ordeño anterior (Elliot, 1961; Morag, 1973; Svennersten y col., 1990). Sin embargo, incrementar la frecuencia de ordeño al comienzo de la lactación (durante un corto período de tiempo) provocaba un efecto a largo plazo y persistente en lo que restaba de lactación. Originalmente este efecto fue observado en vacas nodrizas. Así, Everit y Phillips (1971) en un diseño experimental en el que empleaban vacas gemelas idénticas, descubrieron que las vacas en las que se producía el amamantamiento de los terneros, junto con el ordeño mecánico, en las primeras 8-10 semanas de lactación, tenían una mayor producción de leche tras el destete, y este aumento de producción se mantenía a lo largo de toda la lactación (tanto en novillas primíparas como en vacas multíparas). Tras este artículo se publicaron varios estudios que confirmaban esta teoría (Edmunds, 1977; Moss y O’Grady, 1978; Thomas y col., 1978; Fulkerson, 1981). En un intento por minimizar los costes asociados al aumento en la frecuencia del ordeño, se han planteado diferentes experiencias tratando de reducir la ventana durante la cual era necesario aumentar la frecuencia del ordeño (Bar-Peled y col., 1995; Sanders y col., 2000; Hale y col., 2003, Dahl y col., 2004). En resumen, es ampliamente Revisión Bibliográfica -13- aceptado que aumentar la frecuencia del ordeño aumenta la producción de leche, y que incrementar esta frecuencia en las primeras etapas de la lactación puede producir un aumento de la producción el resto de la lactación. Otro factor que condicionaba la respuesta al incremento de la frecuencia del ordeño era la raza de los animales, observándose una respuesta mayor en la raza Holstein que en la Jersey (Campos y col, 1994). En algunos casos se han empleado frecuencias de ordeño superiores, y existen datos bibliográficos en los que se analizan sus efectos. En la década de los 30 se realizaron diversos estudios para demostrar la respuesta productiva a 4 ordeños diarios (Morgan y Davis, 1931; Copeland, 1934; Garrison y Turner, 1936). Estos trabajos señalaban incrementos de producción de entre un 5 y un 12%. No obstante, las producciones medias obtenidas en aquellos años no son comparables a las actuales. Hoy en día estas frecuencias de ordeño solamente se utilizan durante la primera mitad de la lactación (Hale y col., 2003; Dahl y col., 2004). En algunos estados de Norteamérica (Washington, Idaho, Nueva York y Arizona) se practican 4 ordeños al día durante cortos periodos de tiempo, coincidiendo con las épocas del año en los que el precio de la leche es elevado (Armstrong, 1997), lo que permite rentabilizar esta práctica. Armstrong (1997) cuantifico el aumento de producción obtenido mediante este sistema en el mes posterior a su introducción, que cifró en un incremento del 29-30%, frente al sistema de 2 ordeños, y del 9- 14% frente al de 3 ordeños. Elevar la frecuencia de ordeño de 3 a 6 veces al día, supone una mejora productiva del 6 al 14% (Bar-Peled y col., 1995; Sanders y col., 2000; Dahl y col., 2004). Sin embargo, este aumento no siempre se observa cuando el cambio se introduce en la mitad de la lactación (Van der Iest y Hillerton, 1989; Bar-Peled y col., 1995). Así, se ha podido comprobar que realizando 6 ordeños al día durante las 6 primeras semanas posparto, se consigue un aumento la producción, que no queda restringido al periodo de aplicación, sino que se mantiene cuando la frecuencia retorna a 3 ordeños al día durante el resto de la lactación (Bar-Peled y col., 1995; Sanders y col., 2000; Dahl y col., 2004). No obstante, la aplicación de esta elevada frecuencia de ordeño produce un notable incremento en el consumo de materia seca y grandes pérdidas de peso y de condición corporal en los animales. Algunos estudios recientes demuestran que una vaca emplea 21 h/día en alimentarse y rumiar (Grant, 2003), al aumentar la frecuencia de ordeño, se reduce el tiempo disponible para desarrollar estas actividades y el animal puede ser incapaz de satisfacer sus necesidades energéticas, entrando en una situación de balance energético negativo. Revisión Bibliográfica -14- El principal problema del incremento de la frecuencia de ordeño es que supone un considerable aumento de la carga de trabajo. No obstante, aplicando una buena planificación del ordeño, el tiempo necesario para ordeñar un rebaño 3 veces al día puede llegar a ser inferior en un 8 a un 10%, al utilizado para ordeñar el mismo rebaño 2 veces diarias (Smith y col., 1996). Esta planificación resulta más fácil de aplicar en explotaciones de gran tamaño, respecto a las de tipo familiar. La reciente introducción de los sistemas de ordeño automatizado ofrece la posibilidad de incrementar la frecuencia de ordeño sin necesidad de intervención humana. En la mayor parte de los sistemas de ordeño automático es la propia vaca la que determina la frecuencia con la que es ordeñada, aunque se establecen intervalos mínimos entre ordeños, generalmente de 4-6 horas. III. - Efectos de la frecuencia de ordeño sobre la funcionalidad mamaria Las modificaciones en la frecuencia de ordeño repercuten en la funcionalidad mamaria a través de diversos mecanismos reguladores de naturaleza local. Este hecho ha sido comprobado mediante diversos experimentos en los que cada mitad de la ubre de un mismo animal era sometida a diferentes frecuencias de ordeño. Así, ambas mitades eran sometidas a los mismos factores sistémicos, por lo que las diferencias en la respuesta únicamente podían deberse a factores intramamarios locales (Linzell y Peaker, 1971; Stelwagen y Knight, 1997; Wall y McFadden, 2007). El potencial productivo de una glándula mamaria dependerá del número de células secretoras que contenga y de la actividad metabólica de las mismas. Así, se ha comprobado en cabras que la cantidad de leche producida antes de alcanzar el pico de lactación está condicionada por la actividad secretora de las células, mientras que después del pico dependerá de su número (Knight y Wilde, 1987). Sin embargo, en los roedores, es el número de células el que condiciona la producción a lo largo de toda la lactación (Knight y Wilde, 1987). Los cambios en la capacidad secretora de las células mamarias suelen ser consecuencia de las variaciones en la actividad de ciertos enzimas como la acetil CoA carboxilasa (ACC), ácido graso sintetasa (FAS) y la galactosil transferasa (GT). El incremento en la frecuencia de ordeño provoca un aumento de la actividad secretora de las células mamarias, observándose un incremento de la actividad de estos enzimas, tanto en cabras (Wilde y col., 1985, 1987; Wilde y Knight, 1990), como en vacas (Hillerton y col., 1990; Knight y col., 1992). Igualmente se ha comprobado que la disminución de la frecuencia de ordeño origina una reducción de las actividades de la ACC, FAS y GT tanto en vacas (Farr y col., 1995; Stelwagen y Knight 1997), como en cabras (Wilde y Peaker, 1990). Revisión Bibliográfica -15- Sin embargo, cuando el ritmo de 3 ordeños diarios se aplica durante periodos prolongados el incremento de la actividad celular no se mantiene, a pesar de que se incrementa la producción (Wilde y Hendrson, 1985). Esto implica que, a largo plazo, la mayor producción no es consecuencia de un incremento en la actividad celular, sino de otros mecanismos, concretamente del aumento de la cantidad de parénquima mamario, como consecuencia del aumento del número de células secretoras (Wilde y col 1987). En resumen, los efectos a corto plazo de la modificación de la frecuencia de ordeño son debidos al aumento o descenso de la actividad celular, mientras que los observados a largo plazo dependen de cambios en el número de células (Stelwagen, 2001). No obstante, los primeros efectos de la modificación de la frecuencia de ordeño se producen de manera casi inmediata, comenzando a apreciarse a las 24 horas de introducir la variación, mucho antes de que se produzcan cambios en la actividad secretora de las células o en su número (Stelwagen, 2001). Por ello, existe una clara evidencia de la intervención de otros factores durante esta etapa inicial, entre ellos se han señalado el factor retroinhibidor de lactación (Linzell y Peaker, 1971; Wilde y col., 1995) y las modificaciones en la permeabilidad de las zonulas ocludens y de la frecuencia de apoptosis (Wilde y col., 1995; Knight y col., 1998; Delamaire y Guinard-Flament, 2006). 1.- Factor retroinhibidor de la lactación (FIL: Feedback inhibitor of lactation) A comienzos de la década de los 70, Linzell y Peaker (1971) apuntaron la posibilidad de que la producción de leche pudiese autorregularse a través de una sustancia presente en la misma, capaz de ejercer un retrocontrol negativo (FIL). Desde entonces, se han realizado numerosos estudios con la finalidad de aislar dicha sustancia en las distintas fracciones de la leche y se han propuesto diferentes modos de actuación. En la actualidad sabemos que se trata de una proteína con capacidad inhibidora y acción autocrina (Wilde y col., 1995) y que al incrementar la frecuencia de ordeño se reduce su concentración intramamaria, lo que al disminuir su acción inhibidora determina una mayor secreción láctea por unidad de tiempo (Knight, 1994). Esta proteína se sintetiza en las células secretoras del alveolo y se han propuesto dos teorías para explicar su mecanismo de acción (Stelwagen, 2001). La primera de ellas señala que el FIL se va acumulando en la leche almacenada en la glándula, hasta alcanzar una concentración suficiente para inducir su efecto inhibidor. La segunda teoría propone que el FIL está siempre presente en la leche, pero solamente se une a su receptor cuando la leche acumulada en el alveolo provoca la expansión del mismo, exponiendo los receptores del FIL. Revisión Bibliográfica -16- Independientemente de su mecanismo de acción, la acumulación de leche en el interior de la glándula reduce la síntesis de componentes no lipídicos y favorece la degradación de la caseína (Wilde y col., 1987; Wilde y Peaker, 1990; Wilde y col., 1995). Para aclarar el modo de acción del FIL es necesario aislar el gen que lo codifica, medir sus concentraciones en leche y establecer su cinética en relación con la frecuencia de ordeño. 2.- Modificaciones en la permeabilidad de las zonulas occludens La zonula occludens (ZO) es la región de los complejos de unión entre las células epiteliales situada en la parte más apical y desempeña una doble función. Así, actúa como una barrera, que separa dos dominios de la membrana celular (el apical y el vasolateral) y regula el paso de iones y/o de pequeñas moléculas entre dos células adyacentes (Schneeberger y Lynch, 1992). Por ello, el paso de iones no constituye un proceso pasivo, sino que las ZO intervienen activamente en la regulación del transporte paracelular (Madara, 1988; Schneeberger y Lynch, 1992). Algunos experimentos realizados en cabras (Stelwagen y col., 1994a) y vacas (Stelwagen y col., 1997, 1998) indicaban que los cambios en la permeabilidad de la zonula occludens estaban condicionados por la frecuencia de ordeño. Así, se pudo comprobar que, dependiendo de la especie, las ZO se hacen permeables transcurridas de 17 a 20 horas del último ordeño (Stelwagen y col., 1994a, 1997, 1998), coincidiendo con un descenso en la producción de leche (Davis y col., 1998). Otra evidencia que permite relacionar la permeabilidad de las ZO y la secreción de leche se obtuvo mediante estudios en los que se provocó el aumento de permeabilidad de las ZO de forma experimental (Allen, 1990; Stelwagen y col., 1995). Así, al inducir un incremento de la permeabilidad se provocaba un descenso de producción próximo al 15%, cifra muy similar a la observada al reducir el número de ordeños diarios de 2 a 1 (Stelwagen y col., 1995). En la actualidad se desconoce el mecanismo que relaciona la permeabilidad de las ZO con la producción de leche, aunque Stelwagen (2001) ha propuesto un posible modelo. La disminución de la frecuencia de ordeño determina un descenso en la secreción de prolactina y un aplanamiento de las células secretoras alveolares como respuesta al incremento de la presión intramamaria. Ambas circunstancias regulan la secreción de un péptido relacionado con la paratohormona -PTHrP- (Thiede, 1989; Daifotis y col., 1992; Yamamoto y col., 1992), provocando un descenso en su concentración, lo que activa el bloqueo de los canales apicales de calcio (Bacskai y Friedman, 1990). Esta circunstancia impide el reaprovisionamiento de las reservas intracelulares de calcio, fundamentales para el mantenimiento de las ZO (Jovov y col., 1994). Además, se ha comprobado que la concentración de Revisión Bibliográfica -17- PTHrP en la leche se reduce cuanto mayor es la frecuencia de ordeño (Thompson y col., 1994). Por otra parte algunos estudios realizados in vitro, con células epiteliales mamarias de ratón, indican la existencia de un efecto directo del PTHrP sobre la formación de ZO (Stelwagen, 2001). Así mismo, se ha demostrado que la prolactina ejerce un efecto directo en la expresión de la ocludina, uno de los principales constituyentes las ZO (Stelwagen y col., 1999). Este mecanismo de acción permitiría explicar el efecto del incremento de la frecuencia de ordeño, puesto que la concentración de lactoalbúmina, buen indicador de la permeabilidad de las ZO (Stelwagen y col., 1997), se reduce cuando aumenta la frecuencia de ordeño (se sustentaría también en el caso de un incremento en la frecuencia de ordeño) (McFadden y col., 1987). 3.- Frecuencia de apoptosis La apoptosis es un proceso de muerte celular programada que sucede en todos los tejidos corporales y durante todas las etapas del desarrollo de los seres vivos. Este procedimiento ha sido desarrollado por los organismos vivos para eliminar las células innecesarias, sin que exista una reacción inflamatoria como ocurre en los procesos necróticos. El tejido mamario no es una excepción y la apoptosis forma parte de los procesos normales de remodelación del tejido mamario (Walker y col. 1989; Strange y col. 1992). El destete y el secado ocasionan un descenso en la concentración de hormonas lactogénicas, que va seguido de la involución de la glándula mamaria. Este proceso de involución es reversible en su inicio, primeras 30-36 horas y posteriormente se transforma en irreversible (Jaggi y col., 1996). A las 24 horas del destete suceden numerosos cambios en las células mamarias: aumento en la actividad de la Protein Kinasa A y del factor de trascripción del activador de la proteína I, un aumento en la expresión de los genes de respuesta temprana c-Fos, junD, c-Jun, glucoproteína sulfatada–2, bcl-x y bax (Strange y col., 1992; Jaggi y col., 1996; Li y col., 1997), procesos íntimamente relacionados con la apoptosis. Los procesos de apoptosis han sido descritos, también, durante la involución de las glándulas mamarias de cabras y vacas (Quarrie y col., 1994; Wilde y col., 1997). Cuando se prolonga el intervalo entre ordeños se inicia el proceso de apoptosis, aunque se revierte parcialmente cada vez que se ordeña. El sistema de la plasmina también está implicado en la involución del tejido mamario (Politis, 1996). Así, los incrementos de la concentración láctea en plasmina, plasminógeno y factor activador del plasminógeno, observados en las vacas ordeñadas solamente una vez al día, coinciden con los cambios preapoptóticos derivados de la activación de ciertos genes (Knutson y col., 1993; Stelwagen y col., 1994b; Kelly y col., 1998). Revisión Bibliográfica -18- Por el contrario, al incrementar la frecuencia de ordeño se evitarían los cambios asociados con la apoptosis temprana. No obstante, carecemos de datos en los que apoyar esta última afirmación, ya que la información disponible en relación a la actividad de plasmina, en relación con la frecuencia de ordeño, es muy limitada. Únicamente sabemos que cuando la extracción de leche se realiza con mucha frecuencia, cada 2 horas, se reduce la actividad de la plasmina en la leche (Kaartinen y col., 1990). El efecto de la frecuencia de ordeño sobre la producción está condicionado, también, por las características anatómicas de la glándula mamaria, sobre todo cuando se reduce la frecuencia. La leche secretada por la glándula entre dos ordeños consecutivos se almacena en unos senos elásticos, denominados cisternas. Por lo tanto, las dimensiones de la cisterna determinarán la respuesta del animal a diferentes ritmos de ordeño. Así, las vacas con cisternas de gran volumen tolerarán mejor largos intervalos entre ordeños y viceversa (Dewhurst y Knight, 1992; Knight y Dewhurst, 1994; Davis y col., 1987; Stelwagen y Knight, 1997). Sin embargo, otros autores indican que esta relación es poco acusada (Carruthers y col. 1993). La capacidad de la leche para drenar libremente desde el alveolo hasta la cisterna parece ser un factor determinante de la magnitud del descenso de la producción en respuesta a la reducción de la frecuencia de ordeño. La repleción del alveolo se produce a las 16 horas del ordeño (Davis y col., 1999), coincidiendo con el momento en el que se incrementa la permeabilidad de las ZO (Stelwagen y col., 1997). Obviamente, cuando la leche se mantiene en el interior del alveolo alcanzado este punto, se activan diversos mecanismos intramamarios que reducen la secreción (Stelwagen, 2001). La funcionalidad de los alvéolos mamarios y su número se incrementan al aumentar la frecuencia de ordeño (Shorten y col, 2002). No obstante, la magnitud de dicho aumento se reduce a medida que la frecuencia de ordeño se incrementa. IV- Efectos de la modificación de la frecuencia de ordeño 1.- Sobre la composición de la leche El precio que percibe el ganadero por litro de leche está supeditado a su calidad, y en su determinación intervienen, entre otros factores, las cantidades de grasa y de proteína. Sin embargo, existen opiniones contrapuestas en cuanto al efecto del incremento de la frecuencia de ordeño sobre la composición química de la leche. Algunos autores indican que el contenido en grasa y proteínas no se modifica en función de la frecuencia de ordeño (Amos y col, 1985; DePeters y col, 1985; Gisi y col, 1986), otros señalan que aumenta (Allen y col, 1986; Campos y col, 1994; Klei y col, 1997) y otros que disminuye (Erdman y Varner, 1995). Revisión Bibliográfica -19- Cuando la leche se encuentra en el interior de la glándula mamaria se producen dos procesos metabólicos que es necesario tener en cuenta: la lipólisis y la proteolisis. Ambos procesos, además de reducir la calidad de la leche (Murphy y col, 1989), afectan a la producción de queso y de lacto derivados (Barbano y col, 1991). El incremento de la frecuencia de ordeño provoca un incremento del contenido en ácidos grasos de cadena corta en la leche, (Lynch y col, 1992), que son más sensibles a la lipasa y, por tanto, aumenta el riesgo de lipólisis. La degradación de las proteínas lácteas afecta sobre todo a la caseína, que se transforma de β-caseína a γ-caseína, y es consecuencia de la acción de la plasmina (Polistis y col, 1989). Esta situación se produce en el interior de la glándula mamaria, y a la temperatura de 38,5ºC (a la que se encuentra leche), resulta óptima para la actuación de la plasmina. Al aumentar la frecuencia de ordeño se reduce la proteolisis de la caseína. 2.- Sobre la reproducción Existen datos contrapuestos en cuanto a la influencia de la frecuencia de ordeño sobre la eficiencia reproductiva, que probablemente sean debidos al bajo número de animales empleados. Algunos autores indican que la frecuencia de ordeño no afecta a los intervalos parto-1ª inseminación, parto-gestación, ni al nº de inseminaciones/gestación (Barnes y col., 1990), otros indican que sólo provoca un alargamiento del intervalo parto-gestación (Amos y col, 1985), mientras que otros investigadores señalan que empeora sensiblemente los resultados reproductivos (DePeters y col, 1985; Allen y col, 1986). 3.- Sobre la persistencia de la lactación Debido a que la mayoría de estudios sobre los efectos del aumento de la frecuencia de ordeño son de corta duración, unas semanas a lo sumo, es difícil determinar si los efectos sobre la funcionalidad mamaria son permanentes. Desde un punto de vista teórico, el aumento de la frecuencia de ordeño podría prolongar la persistencia de la lactación, salvo en situaciones de restricción nutricional (Shorten y col., 2002), si bien no ha sido demostrado (Knight y Wilde, 1993). El término persistencia se utiliza para definir la velocidad con la que se reduce la cantidad de leche producida al día tras alcanzarse el pico de lactación. En las vacas, se ha comprobado que la reducción de la frecuencia de ordeño de 3 a 2 veces al día (Poole, 1982) o de 6 a 3 veces al día (Bar-Peled y col., 1995) origina una disminución de la cantidad de leche producida, pero los valores alcanzados son siempre superiores a los del grupo control. Este hecho parece sugerir que la mayor frecuencia de ordeño incrementa la cantidad de parénquima mamario. Contrariamente a lo que cabría pensar, el aumento de parénquima mamario no se Revisión Bibliográfica -20- traduce en una mayor persistencia de la lactación, puesto que se ha comprobado que la tasa de descenso de la producción tras el pico de lactación era similar en los grupos sometidos previamente a diferentes frecuencias de ordeño (DePeters y col. 1985). No obstante, cuando las vacas son ordeñadas una vez al día la velocidad de regresión mamaria aumenta (Carruthers y col., 1993) y cuando se realiza un ordeño incompleto de forma continuada, dicha regresión se acelera todavía más provocándose lactaciones más cortas (Davis y col., 1985; Ziesack y col., 1986). 4.- Sobre el recuento de células somáticas y la salud de la ubre La mayor parte de los estudios realizados señalan que el incremento de la frecuencia de ordeño tiene escasas repercusiones sobre la salud de la ubre (DePeters y col., 1985; Gisi y col., 1986; Hale y col., 2003; Patton y col., 2006; Wall y McFadden, 2007). Sin embargo, algunos trabajos indican que la práctica de tres ordeños reduce el recuento de células somáticas (Klei y col., 1997; Dahl y col., 2004) y la incidencia de mamitis (Pearson y col., 1979). Además, Hogeveen y col. (2001) observaron que el incremento en la frecuencia de ordeño provocaba una disminución del recuento de células somáticas en tanque y reducía el porcentaje de vacas con recuentos superiores a 250.000 células/ml. Smith y col. (2002) y Dahl y col. (2004) obtuvieron resultados similares, ambos grupos de investigación encontraron que al incrementar la frecuencia de ordeño, independientemente de que se mantuviese durante toda la lactación o se aplicase únicamente al principio, se producía un descenso en los recuentos de células somáticas. 5.- Sobre la longevidad Las referencias bibliográficas que abordan la influencia de la frecuencia de ordeño sobre la longevidad (entendida como la duración de la vida productiva del animal) son escasas y contradictorias. Así, mientras que Allen y col. (1986) y Gisi y col. (1986) concluyen que el incremento de la frecuencia ordeño no repercute negativamente sobre la longevidad. Sin embargo, Smith y col. (2002) observaron que los porcentajes de vacas eliminadas en los rebaños donde se practicaban 3 ordeños eran mayores. V.- Sistemas de ordeño automático (robot de ordeño)/Automatic milking sistems (AMS) Los primeros intentos de automatizar completamente el proceso de ordeño surgieron a mediados de los años setenta (Koning y van de Vorst, 2002). La principal razón que llevó a desarrollar métodos de ordeño automático fue el creciente coste de la mano de obra observado en numerosos países. La mayor dificultad a superar, fue el desarrollo de sistemas automatizados de colocación de pezoneras, lo que provocó que se tardara más de una década en desarrollar un Revisión Bibliográfica -21- AMS totalmente integrado y con plenas garantías en cuanto a su funcionamiento (Ipema y Benders, 1992). Los primeros sistemas de ordeño robotizado se instalaron en 1992 en granjas lecheras comerciales de Holanda (Halachmi, 1999). Pero, su verdadera expansión no se produjo hasta finales de la década de los 90 y el inicio del nuevo siglo, así a finales del año 2001 existían en el mundo unas 1150 granjas que ordeñaban de forma totalmente automática (Koning, 2002). Los robots de ordeño no constituyen un método universal aplicable en el futuro a todas las explotaciones de vacuno lechero. Pero resulta evidente que han dejado de ser una utopía o una posibilidad lejana, para pasar a ser una opción de manejo para un importante segmento de explotaciones en las condiciones productivas europeas y españolas (Caja y col., 2002). En la mayoría de los casos, lo que motiva el interés de su posible empleo en una explotación no es la situación económica o la disponibilidad de mano de obra. Así, cobran importancia otros conceptos como: la profesionalización y modernización del trabajo, la mayor dedicación a la gestión técnico-económica o a otras actividades profesionales (diversificación productiva, agricultura y ganadería a tiempo parcial, etc.), la mejora de la calidad de vida, el relevo generacional, etc., (Buxadé, 2002). En la práctica, el actual robot de ordeño resulta un sofisticado equipo que materializa la antigua aspiración del ganadero de que las vacas se ordeñen solas. Además, constituye un complejo sistema de gestión de las explotaciones de vacuno lechero en las que, la operación rutinaria del ordeño diario es automatizada y repartida a lo largo del día, permitiendo el máximo aprovechamiento del potencial productivo de cada animal y facilitando la recogida y análisis de sus datos productivos. Como resultado de su empleo los ganaderos reducirán y flexibilizarán sus horarios de trabajo y mejorarán su calidad de vida, sin que ello suponga una reducción de sus resultados productivos y económicos (Caja y col., 2002). 1.- Ventajas e inconvenientes de los AMS El principal beneficio del ordeño automático debería ser un incremento en la producción de leche, como resultado del aumento de la frecuencia de ordeño. La información recogida en explotaciones holandesas que lo utilizan, indica que la producción diaria de leche se incrementa alrededor del 11.4%, respecto a sistema de 2 ordeños diarios previos a su instalación (Koning, 2002). Los datos franceses señalan un aumento de producción de un 9-13% de media, en aquellas granjas que llevan utilizando el robot durante un mínimo de 2 años (Billón, 2001; Veysset y col., 2001). Revisión Bibliográfica -28- predecir la severidad y la duración del BEN, se ven afectadas por otros factores como la composición de los alimentos (Van der Honing y col., 1977; Bruinenberg y col., 2002). Durante el balance energético negativo se producen diversos cambios metabólicos: la disminución de las concentraciones de glucosa e insulina, la elevación de los valores de beta-hidroxibutirato (BHB) y de los ácidos grasos no esterificados (NEFA) (Canfield y Butler, 1990). En aquellos casos en los que el BEN es muy severo puede producirse el síndrome de hígado graso (Andrews y col., 1991; Van der Top y col., 1995). Los cambios en el perfil bioquímico, van acompañados, además, de una modificación en el equilibrio endocrino de las vacas. Así, observamos disminuciones en la concentración de leptina (Ehrhardt y col., 2000; Block y col., 2001), hormonas tiroideas (McGuire y col., 1991) y factores de crecimiento similares a la insulina (IGFs) (Lucy y col., 1991). Todos estos cambios son indicativos de la activación de un proceso de adaptación, que pretende adecuar las necesidades energéticas al aporte de energía. Dada la gran complejidad de este proceso de adaptación y del elevado número de metabolitos implicados, parece imposible determinar el momento exacto en el que se inicia, y si se está produciendo con éxito. Además, la adaptación es un fenómeno gradual, que difiere de unos animales a otros. Es obvio que la mayoría de las vacas logran adaptarse y superan el BEN, por lo que carece de sentido establecer una clasificación puntual del grado de adaptación de las vacas al BEN (Jorritsma y col., 2003). Sin embargo, resulta de gran utilidad emplear indicadores (bioquímicos, hormonales y sintomatológicos) del grado de riesgo, que combinados de forma adecuada y analizados antes del parto, permitan evaluar la extensión del BEN y la capacidad del animal para superarlo (Jorritsma y col., 2003). Entre los indicadores más comúnmente empleados para predecir situaciones de riesgo se incluyen: el BEN calculado o previsto, la condición corporal (CC) y las concentraciones de ácidos grasos no esterificados (NEFA) en sangre y de triacilglicerol (TAG) en hígado. 4.1.1.- BEN previsto Existen diferentes evidencias de que el BEN se mantiene hasta los 72 días del posparto y de que el mayor desequilibrio, suele producirse entre los 2,5 y 12 días del mismo (Canfield y Butler, 1990; De Vries y col., 1999). Por lo tanto, cuando la duración del desequilibrio o su intensidad son mayores, podemos predecir que los mecanismos necesarios para superarlo no funcionan de manera adecuada. Por lo tanto, todos los factores que prolonguen y/o agraven el BEN previsto, como la producción de leche y la baja ingesta de alimentos, son a su vez Revisión Bibliográfica -29- factores de riesgo en la adaptación al BEN. Sin embargo, algunos autores han comprobado que la cantidad de alimento ingerida tiene mayor repercusión en el BEN previsto que la producción láctea (Villa-Godoy y col., 1988; Zurek y col., 1995). Además, Butler y Smith (1989) comprobaron que la relación existente entre el BEN previsto y la producción de leche no era tan estrecha como inicialmente se suponía. Las vacas de elevada producción tienen mayor riesgo de padecer un BEN más severo, pero las diferencias en el BEN están condicionadas por el manejo alimentario (Butler y col., 1981; Villa-Godoy y col., 1988, Beam y Butler, 1999; Heuer y col., 2001). En conclusión, tanto la producción de leche como la ingesta de alimentos actúan como factores de riesgo en la falta de adaptación al BEN, pero el segundo tiene más importancia que el primero. Las diferencias observadas en individuos entre el BEN previsto y real, pueden estar ocasionadas por diferencias en la utilización de la energía. Así, Veerkamp (1998) observó que la distribución de la energía entre las distintas funciones vitales variaba de unos animales a otros. Este hecho determinaba que vacas con una producción láctea similar y que recibían la misma cantidad de energía, mostraban diferencias en cuanto a la duración e intensidad del BEN. En principio podría ser consecuencia de diferencias genéticas (Verkamp y col., 1995), no obstante, cabe la posibilidad de que influyesen otros factores (Veerkamp, 1998). En cualquier caso, y con independencia de su origen, los procesos de redistribución de energía que se activan en el posparto, juegan un papel destacado en la respuesta al BEN. 4.1.2.- Condición corporal La evaluación de los cambios en la condición corporal (CC) constituye un método sencillo y útil para conocer las reservas energéticas y la situación nutricional de las hembras bovinas de aptitud láctea (Wildman y col., 1982; Hady y col., 1994). El método de valoración consiste en observar y palpar la cantidad de grasa subcutánea y musculatura del animal (Wildman y col., 1982; Wagner y col., 1988; Edmonson y col., 1989; Houghton y col., 1990). La técnica aplicada al vacuno lechero es una adaptación de la previamente utilizada en el ganado de carne. La condición corporal de las vacas suele cifrarse utilizando una escala de 5 puntos (con incrementos de 0,25): de manera que va desde el 1, muy delgada, hasta el 5, muy gorda (Edmonson y col., 1989). No obstante, en aquellos casos en los que la palpación de los animales resulta muy complicada, la determinación de la condición corporal se realiza únicamente de forma visual (Wildman y col., 1982; Edmonson y col., 1989). La CC varía de forma paralela a la etapa del ciclo reproductivo en que se encuentra la vaca, produciéndose los cambios más Revisión Bibliográfica -30- marcados en torno al parto y durante el inicio de la lactación (Kim y Suh, 2003). La perdida de CC y su posterior recuperación, reflejan los cambios del equilibrio energético y pueden relacionarse con la aparición de enfermedades durante el posparto y con el rendimiento reproductivo. Las vacas con altos valores de CC durante la etapa de secado muestran un brusco descenso de la ingesta de materia seca después del parto y el incremento de la misma durante las primeras semanas del posparto es más lento (Garnsworthy y Topps, 1982). El valor máximo en cuanto a la ingesta de materia seca se alcanza entre las 12 y 16 semanas del posparto (Garnsworthy y Topps, 1982; De Vries y col., 1999). Por el contrario, aquellas vacas a las que se les restringe la ingesta durante el periodo seco y que presentaban menores valores de CC, muestran una menor reducción de la ingesta después del parto (Kunz y col., 1985; Garnsworthy y Jones, 1987). Estos resultados indican que los animales con mayor CC durante el periodo de secado están predispuestos a padecer un BEN más acentuado y de mayor duración. La evaluación de la CC puede realizarse, también, durante inicio de la lactación (Gearhart y col., 1990; Ehrhardt y col., 2000), a pesar de que su baja sensibilidad, dificulta la apreciación de pequeños cambios en la CC. Además, se trata de un procedimiento muy subjetivo, por lo que pueden variar notablemente los resultados obtenidos por distintos observadores (Heuer y col., 2000). No obstante, presenta una ventaja considerable sobre el BEN previsto, dado que la perdida de CC permite conocer la situación en que se encuentra cada individuo (Jorritsma y col., 2003). Se ha establecido una correlación entre la CC y el rendimiento reproductivo. Así, Markusfeld y col. (1997) demostraron que la perdida de condición corporal durante el secado incrementaba la duración del anestro posparto y la incidencia de las patologías reproductivas. Otros autores han demostrado que las pérdidas de CC acontecidas durante el inicio de la lactación determinaban una reducción del rendimiento reproductivo (Domecq y col. 1997; Gillund y col. 2001; López-Gatius y col 2003). No obstante, algunos investigadores señalaban que no existe tal efecto (Ruegg y Milton, 1995; Heuer y col., 1999; Loeffler y col., 1999). Todos los estudios citados con anterioridad consideraron de forma separada los efectos de los cambios de CC en uno de los periodos, secado o inicio de lactación, pero ninguno de ellos analizó las variaciones de la CC en ambos periodos de manera simultánea. En un estudio realizado por Kim y Suh (2003), se demostraba que cuando se observaba un marcado descenso de la CC desde el secado hasta el inicio de la lactación, se producía un incremento en la frecuencia de patologías metabólicas y Revisión Bibliográfica -31- reproductivas, un descenso de las concentraciones séricas de colesterol y un alargamiento del intervalo parto-primera inseminación. 4.1.3.- Concentraciones de NEFA y de TAG Las concentraciones de los ácidos grasos no esterificados (NEFA) en sangre (Cameron y col., 1998) y de triacilglicerol (TAG) en hígado, determinadas a través de biopsias hepáticas (Jorritsma y col., 2000), pueden utilizarse para valorar la capacidad de adaptación al BEN. Al ser métodos objetivos, permiten detectar pequeñas diferencias entre animales y reflejan con precisión la situación en la que se encuentra cada individuo. Además, nos proporcionan una información muy valiosa sobre la actividad metabólica del hígado y de la intensidad de movilización de las reservas grasas. Así, cuando las concentraciones de NEFA son elevadas y se mantienen en esta situación durante un periodo prologado, indican que el hígado es incapaz de metabolizar las grasas movilizadas. En estas circunstancias el hígado recibe grandes cantidades de NEFA, que son transformados en TAG (Drackley., 1999; Jorritsma y col., 2001). Cuando la producción de TAG supera la capacidad hepática para transformarlo en lipoproteínas de muy baja densidad y excretarlo, esta sustancia se acumula en el órgano. Así, la presencia de elevadas concentraciones hepáticas de TAG indica una alteración en el metabolismo de los NEFA. La acumulación de TAG en hígado es un proceso anabólico, difícil de comprender dada la situación catabólica que padece la vaca en ese momento (Herdt y col., 1988). Los procesos de lipólisis, el transporte de los NEFA hasta el hígado y la síntesis y acumulación de TAG suponen un considerable gasto energético y, además, a medida que el TAG se acumula en el hígado la capacidad funcional del órgano disminuye (Strang y col., 1998a, 1998b; Rukkwamsuk y col., 1999a, 1998b; Zhu y col., 2000). Por tanto, la presencia de elevadas concentraciones de TAG en hígado y de NEFA en sangre, ponen de manifiesto la existencia de serias dificultades de adaptación a la elevada demanda energética del inicio de la lactación. Durante esta situación se observan, también, bajas concentraciones de glucosa e insulina en sangre, hecho que se mantiene en el tiempo (Jorritsma y col., 2003). Por todo ello, la valoración de los parámetros metabólicos indicados (NEFA, TAG, glucosa e insulina) permite conocer la evolución del proceso de adaptación al BEN (Jorritsma y col., 2003). Revisión Bibliográfica -32- Así, la adaptación al desequilibrio energético existente al comienzo de la lactación es un proceso fisiológico complejo, con un notable componente individual. Durante esta situación intervienen procesos metabólicos muy diversos: la gluconeogénesis, la glucogenolisis, el metabolismo de las proteínas, la lipólisis y la cetogénesis. La adaptación se logra cuando la vaca es capaz de equilibrar sus necesidades energéticas, hecho que consiguen todas las vacas más tarde o más temprano, de manera que solamente mueren algunos animales que se encuentran en situaciones muy severas. Por ello, no es posible clasificar a los animales como adaptados o no adaptados en un momento puntual, sino que debemos tratar de predecir la evolución de la adaptación valorando los efectos de los factores de riesgo. Diversos estudios han analizado la asociación entre el BEN posparto y la capacidad reproductiva de las hembras bovinas (Villa-Godoy y col., 1988; Butler y Smith, 1989; Spicer y col., 1990; Staples y col., 1990; Butler, 2000). Así, se ha comprobado que diversos valores séricos están correlacionados con la eficiencia reproductiva (Spicer y col., 1990; Andersson y col., 1991; Beam y Butler, 1999; Reist y col., 2000; Spicer y col., 2001) y que algunas hormonas y metabolitos, que intervienen en la regulación del metabolismo energético, están también implicados en la regulación de la dinámica de crecimiento folicular (Lucy y col., 1992a y b; Spicer y Echternkamp, 1995; Ahmad y col., 1996; Decuypere y col., 1999; Spicer y col., 2000). Sin embargo, las conexiones existentes entre la homeostasis energética y la reproducción no están plenamente aclaradas. Una vez concluido el parto, se inicia la recuperación estructural y funcional de diversos órganos y tejidos, que han sufrido modificaciones en el transcurso de la gestación (hipotálamo/hipófisis, ovario, útero, etc.). Sin embargo, este proceso de recuperación está influido negativamente por el BEN existente durante este mismo periodo (Butler, 2003). El BEN, actuando a través de la combinación de diferentes señales metabólicas (bajos niveles de glucosa e insulina y elevadas concentraciones de NEFA, etc.), retrasa el incremento de los pulsos de LH y FSH necesarios para la estimulación de las oleadas de crecimiento folicular (Butler y col., 2006). Además, los bajos niveles de insulina provocan una reducción de la secreción hepática de IGF-I, lo que reduce la respuesta ovárica a las gonadotropinas. Los bajos niveles de LH y de FSH constituyen un factor limitante para el reinicio de la actividad ovárica en el posparto (Lamming y col., 1981; Stagg y col., 1998). Sin embargo, el eje hipotálamo-hipófisis-ovario puede verse afectado por otra serie de factores neuroendocrinos. Los péptidos opioides de origen endógeno, Revisión Bibliográfica -33- relacionados con situaciones de estrés, alteran la secreción pulsátil de la LH en las vacas, y pueden intervenir en el retraso de la recuperación de la actividad ovárica posparto (Ahmadzadeh y col., 1998). Algunos estudios realizados en ratones a mediados de la década de los 90, pusieron de manifiesto la existencia de un posible mediador entre la función ovárica y la situación metabólica de los animales. Este mediador era la leptina, cuya concentración basal guardaba una estrecha correlación con las reservas de grasa corporal. Algunos estudios posteriores realizados en vacas han permitido comprobar que los cambios en el equilibrio energético tienen un claro reflejo en las concentraciones basales de leptina, aumentando la concentración de esta sustancia en situaciones de balance energético positivo (BEP) (Block y col., 2001). La insulina y los glucocorticoides provocan un aumento de concentración sanguínea de leptina y disminuyen la eliminación del neuropéptido Y (NPY) (Houseknecht y col., 1998). El NYP es un potente estimulador de la ingesta, pero a su vez también puede servir como punto de conexión de la leptina con las neuronas productoras de GnRH. Además, algunos estudios sugieren la existencia de una acción directa de la leptina sobre secreción de GnRH a través del pro-opi-omelanocortin (POMC) (Cunningham y col., 1999). Sin embargo, son muy escasos los estudios realizados en la especie bovina para analizar el papel de la leptina en la regulación de la secreción de gonadotropinas. No obstante, se ha comprobado que la inyección de NPY en el tercer ventrículo cerebral de vacas ovarioectomizadas ocasionaba un descenso en la amplitud de los pulsos de LH (Thomas y col., 1999). También se ha comprobado que los efectos de la inyección de NPY sobre la frecuencia de pulsos de la LH era dosis-dependiente y que estaba precedido de cambios en la concentración de GnRH en el líquido cefalorraquídeo (Gazal y col., 1998). Sin embargo, en las ovejas ovariectomizadas sometidas a una alimentación deficitaria, que presentaban bajas concentraciones de NPY en líquido cefaloraquideo y elevadas concentraciones de NEFA en plasma, la administración de leptina mediante inyección en el ventrículo cerebral no modificó la frecuencia de pulsos de la LH (Henry y col., 1999). Esto parece indicar que la leptina no tiene un efecto directo sobre el sistema neuroendocrino cuando se mantienen las concentraciones de glucosa e insulina, indicando la compensación del BEN (Henry y col., 1999). Por ello, algunos investigadores señalan que el efecto modulador de la leptina y el NPY sobre la descarga pulsátil de la LH, solamente se detecta en situaciones de BEN. Otro dato a tener en cuenta en relación a los efectos del balance energético negativo sobre la secreción de gonadotropinas, es que a medida que el balance Revisión Bibliográfica -34- energético cambia hacia valores positivos en el transcurso del posparto, se incrementa la frecuencia de los pulsos de LH (Canfield y Butler, 1990). La insulina y el IGF-I actúan como reguladores de la función ovárica. La primera ejerce un efecto estimulador sobre la secreción de progesterona de células de la granulosa porcinas y bovinas cultivadas in vitro (Poretsky y Kalin, 1987). Por su parte el IGF-I estimula el crecimiento folicular, jugando un papel mediador entre la función reproductiva y el estatus metabólico de la vaca (Jorritsma y col., 2003). Como hemos señalado previamente, las vacas que sufren un severo BEN durante el posparto presentan bajas concentraciones de insulina (Van der Top y col., 1995) y ello provoca una menor secreción hepática de IGF-I (Lucy y col., 1992a; Yung y col., 1996). Esta situación es especialmente marcada en los animales seleccionados por su elevada producción láctea y, por tanto, con un mayor riesgo de padecer un BEN severo (Bonczek y col., 1988). Por otra parte es necesario tener en cuenta la existencia de un vínculo entre el sistema leptina/NPY y el IGF-I. Así, en la especie bovina, en la que la hormona del crecimiento (GH) estimula la producción de IGF-I, se ha comprobado también que las concentraciones de GH se ven afectadas de forma positiva por una elevada concentración de NPY (Lucy, 2000). Así, se ha comprobado que la inyección de NPY en el tercer ventrículo cerebral provoca un incremento en la secreción hipofisaria de GH (Thomas y col., 1999). Durante el BEN momento en el que la concentración de insulina está disminuida y, en consecuencia, se reduce la producción de GH, se ve reducido, también, el efecto estimulador de la GH sobre la producción de IGF-I (McGuire y col., 1995). Algunos estudios han comprobado la existencia de receptores para la insulina y el IGF-I en diferentes tipos celulares presentes en el ovario. Sin embargo, su número varía en función de la etapa del ciclo ovárico y del tamaño de los folículos (Spicer y Echternkamp, 1995). El mecanismo a través del cual interviene la insulina en la regulación de la secreción de esteroides no está plenamente aclarado, aunque parece variar en función de la especie (Damario y col., 2000). Por lo que respecta al IGF-I, parece tener una acción sinérgica con la FSH y la LH (Damario y col., 2000), comprobándose que tiene mayor importancia los niveles ováricos que los sistémicos (Lucy, 2000). Diversos estudios realizados en hembras bovinas han demostrado la existencia de una estrecha relación entre la concentración plasmática de la insulina y el intervalo parto-primera ovulación (Canfield y Butler, 1990; Gong y col., 2002), así como con el porcentaje de folículos dominantes, procedentes de la primera oleada de crecimiento folicular, capaces de ovular (Beam y Butler, 1997). Esto Revisión Bibliográfica -35- sugiere que las concentraciones de IGF-I y de insulina intervendrían, principalmente, en la regulación del proceso final de maduración folicular (Armstrong y col., 2001). No obstante, Meikle y col. (2004) no encontraron ninguna relación entre las concentraciones de insulina y el reinicio de la actividad ovárica cíclica. La concentración sérica de hormonas tiroideas disminuye durante los periodos en los que los animales son sometidos a restricción de alimentos (McGuire y col., 1991). Algunos estudios epidemiológicos, sugieren que las hormonas tiroideas podrían jugar un papel en el restablecimiento de la actividad ovárica. Así, los animales que muestran inactividad ovárica tienen menores concentraciones de T3 y T4 (Suriyasathaporn, 2000). Además, cuando la concentración sérica de T3 es inferior a 1.4 nM, existen menores concentraciones de β-estradiol y disminuye la expresión de los signos de celo (Suriyasathaporn, 2000). Algunos estudios en los que se evaluaba el efecto de las hormonas tiroideas, sobre las células bovinas de la teca y de la granulosa cultivadas in vitro, revelaron que, tanto la T3 como la T4, ejercían un efecto estimulador sobre dichas células, siendo éste mayor en presencia de insulina o de FSH (Spicer y col., 2001). Reist y col. (2003) observaron también que la existencia de elevados niveles de T3 y T4 se asociaban con un reinicio más temprano de la actividad ovárica cíclica. A la vista de estos resultados parece lógico pensar que las hormonas tiroideas forman parte del complejo mecanismo hormonal que regula el reinicio de la actividad ovárica posparto. El BEN no repercute, únicamente, en el reinicio de la actividad ovárica posparto, sino que también afecta a la calidad del ovocito y a la capacidad secretora del cuerpo lúteo. Algunos estudios indican la posibilidad de que los ovocitos queden marcados por algunos factores deletéreos cuando el desarrollo de los folículos que los contienen tiene lugar durante una situación de BEN. El periodo necesario para evolucionar desde folículo primordial a ovulatorio es, aproximadamente, de 180 días (Campbell y col., 1995). En casos de BEN severo disminuye la competencia para el desarrollo de los ovocitos, circunstancia que ha sido atribuida al efecto tóxico de las elevadas concentraciones de NEFA (Kruip y col, 2001). Otro estudio reciente ha comprobado que los embriones procedentes de vacas de elevada producción, obtenidos al inicio de la lactación son de menor calidad y viabilidad, respecto a los obtenidos en otras etapas (Sartori y col, 2002). No obstante, aún se desconoce cómo se relacionan las concentraciones de NEFA en plasma y con las del fluido folicular (Rabiee y col., 1997). Revisión Bibliográfica -36- El IGF-I y sus proteínas transportadoras juegan un importante papel en cuanto a la calidad del ovocito. Así, ciertas experiencias en los que se provocaba un incremento de la concentración de moléculas de bajo peso molecular de IGFBP, inhibidores del IGF-I, se apreciaban anomalías en el crecimiento folicular (van der Leemput, 1998). Durante el proceso de adaptación al BEN puede producirse la movilización de las reservas proteicas, ocasionando una elevación de las concentraciones plasmáticas de urea. En estos animales es también frecuente un elevado aporte proteico y un desequilibrio entre la energía y proteína en el rumen. Además, la acumulación de triacilglicerol en el hígado, provoca un incremento en las concentraciones de amoníaco, al encontrarse inhibida la ureagénesis (Zhu y col., 2000). Como consecuencia de todas estas situaciones, al inicio de la lactación es habitual encontrar elevadas concentraciones de urea y amoniaco. Existen referencias bibliográficas que describen los efectos negativos de las elevadas concentraciones de urea y amoniaco sobre la calidad ovocito en las distintas etapas de su desarrollo (Jorritsma, 2003). Además, estos metabolitos repercuten negativamente sobre la fecundación, el desarrollo del blastocisto y la implantación (Jorritsma, 2003). La exposición del ovocito a elevadas concentraciones de amoniaco durante su permanencia en un folículo antral, afecta a su capacidad posterior para ser fecundado y desarrollarse hasta blastocisto y a la implantación del embrión (Hammon y col. 2000; Sinclair y col. 2000). Por otro lado, los efectos de las elevadas concentraciones de urea sobre el porcentaje de ovocitos fecundados, descritos por los diferentes autores, son contradictorios (De Wit y col., 2001; Fahey y col., 2001). Sin embargo, existe un acuerdo en que la urea repercute negativamente en el desarrollo hasta blastocisto y la implantación (Fahey y col., 2001; De Wit y col., 2001). Otro posible vínculo entre el BEN y la reducción de la fertilidad son los cambios en las concentraciones de progesterona en sangre (Butler 2000), dado que esta hormona juega un papel destacado en la fisiología reproductiva de las hembras bovinas. Las variaciones de los niveles de progesterona pueden afectar a la dinámica de crecimiento folicular, la fecundación, el transporte embrionario y la supervivencia embrionaria (Garrett y col., 1988; Mee y col., 1991). Los menores niveles de progesterona observados en las vacas de alta producción, parecen ser consecuencia de la alimentación que reciben estos animales (Rabiee y col, 2002). Estas vacas ingieren una mayor cantidad de nutrientes y presentan un metabolismo muy elevado, especialmente al inicio de la lactación (Huntington, 1990; Butler, 2000). Esta alta tasa metabólica podría ser Revisión Bibliográfica -37- responsable de una mayor degradación hepática de la progesterona. El hígado posee un sistema enzimático propio, capaz de metabolizar grandes cantidades de progesterona en los microsomas de los hepatocitos (Kaddouri y col., 1992). Por ello, la menor concentración de progesterona en sangre sería debida a la eliminación/metabolización en lugar de a la menor producción ovárica (Rabiee y col., 2001). Algunos estudios realizados “in vitro” sobre cultivos de células de la granulosa, demuestran que los NEFA, sustancias que se encuentran elevadas durante el BEN, provocan una disminución de la secreción de progesterona (Jorritsma y col., 2004). Además, las vacas con elevadas concentraciones de NEFA presentaron una reducción de la concentración de progesterona, así como cuerpos lúteos de menor tamaño (Yung y col., 1996). No obstante, otros autores señalan que únicamente se produce una reducción del tamaño del cuerpo lúteo, sin que la concentración de progesterona se vea afectada (Rhodes y col 1995). VII.- Evaluación de la actividad ovárica durante el posparto Para controlar el reinicio de la actividad ovárica durante el posparto puede utilizarse la detección del celo. La eficacia de éste depende de la capacidad del ganadero para identificar el celo de sus animales y de su constancia en el momento de anotar sus observaciones. Además, los primeros celos que aparecen durante el posparto son silentes, es decir que el animal no muestra signos clínicos. Ambas circunstancias determinan que la observación del celo no resulte un procedimiento adecuado para conocer el momento en el que se reinicia la actividad ovárica posparto. Otro procedimiento, utilizado de forma habitual, es la exploración del tracto genital mediante palpación rectal. Este método, realizado de forma adecuada, proporciona mayor eficacia en el control rutinario del restablecimiento de la actividad ovárica. Sin embargo, en ocasiones no permite diferenciar con precisión la situación funcional del ovario, ni establecer un diagnóstico diferencial en algunas situaciones patológicas. El desarrollo de la ecografía y su aplicación a la reproducción bovina, ha aportado considerables ventajas respecto a la exploración rectal, especialmente en el diagnóstico diferencial de los quistes ováricos, en el diagnostico precoz de gestación y en el análisis de la dinámica del crecimiento folicular (Pieterse y col., 1990; Quintela y col. 2006). El reinicio de la actividad ovárica va rápidamente seguido por la formación de un cuerpo lúteo funcional, por lo que numerosos investigadores han utilizado la determinación de los niveles de progesterona como método de evaluación de la actividad ovárica. Así, cuando la concentración plasmática de esta hormona supera Material y Métodos -44- 1.- Animales. Para el desarrollo de este trabajo se han utilizado 66 vacas de raza Frisona, entre el segundo y cuarto parto, pertenecientes a una explotación lechera situada en el ayuntamiento de Pastoriza (Lugo, España). La explotación contaba con calificación sanitaria y estaba en control lechero. Ninguno de los animales escogidos para este estudio tenía antecedentes de problemas reproductivos y se encontraban en un buen estado de carnes. Se seleccionaron vacas con producciones de leche y número de lactaciones similares. La explotación elegida estaba dotada de un sistema informático que gestionaba la administración del concentrado, mientras que el resto de los alimentos se mezclaban en un carro mezclador justo antes de su distribución en los comederos. De los 66 animales que se incluyeron inicialmente en el estudio, 56 completaron los cinco meses de muestreos (muestras de sangre y condición corporal), mientras que las restantes 10 vacas, fueron eliminaron por distintos motivos: 7 como consecuencia de desplazamientos de abomaso, 2 vacas se vendieron por elevados recuentos celulares y 1 debido a un accidente en el establo. 2.- Diseño Experimental Para desarrollar los distintos experimentos, los animales fueron divididos en 4 grupos: Control-Dieta 1 (C1), Control-Dieta 2 (C2), Tratamiento-Dieta 1 (T1), Tratamiento-Dieta 2 (T2), considerando como grupo Control los animales sometidos a dos ordeños, mientras que el grupo Tratamiento comprendía a los animales ordeñados 4 veces al día. Inicialmente se pretendió que todos los grupos estuvieran formados por el mismo número de individuos. Sin embargo, como consecuencia de las bajas y dificultades técnicas producidas a lo largo del estudio, cada grupo quedó formado por un número distinto de animales (Tabla 1). GRUPO ORDEÑOS RACIÓN N T1 4 1 10 C1 2 1 11 T2 4 2 14 C1 2 2 21 Tabla 1.- Distribución de los animales en los distintos grupos experimentales Material y Métodos -45- 2.1.- Ordeños. La distribución de los ordeños en los distintos grupos experimentales quedó diseñada de la siguiente forma: • Grupos T1, T2: Inmediatamente tras el parto, las vacas asignadas a estos grupos comenzaron ordeñándose 4 veces al día (7:00 h, 13:00 h, 19:00 h y 24:00 h) durante los tres primeros meses de lactación, 3 veces al día (7:00 h, 13:00 h y 19:00 h) desde el cuarto al sexto mes de lactación y 2 veces al día (7:00 h y 19:00 h) a partir del séptimo mes de lactación y hasta el final de la misma. • Grupos C1, C2: Los animales de estos grupos se emplearon como controles ordeñándose 2 veces al día (7:00 h y 19:00 h) durante toda su lactación. La pauta empleada en los grupos T1 y T2 se escogió por su similitud con el manejo del vacuno lechero sometido a ordeño automático, si bien, existen ciertas diferencias, ya que en el caso del ordeño automático es la propia vaca quien elige el momento del ordeño y en nuestro caso la frecuencia estaba prefijada de antemano. 2.2.- Alimentación. A lo largo del periodo de estudio se emplearon 2 raciones (1 y 2), que se administraron a todos los animales que participaron en el trabajo, independientemente de la rutina de ordeño. La ración 1 se empleó durante la primera lactación, la 2, más rica en energía, se empleó en la segunda lactación. Las concentraciones porcentuales de ambas raciones se muestran en la tabla adjunta: RACIÓN 1 2 MS En función de la producción y calidad de la leche En función de la producción y calidad de la leche FB 16%MS 17% MS UFL 1.2 UFL/Kg MS 0.95 UFL/Kg MS PDIN PDIE 9.8 <10 PB 17.4% MS 17% MS ALMIDÓN 20.7% MS 21.5% MS GRASA BRUTA 4.3% MS ≤7% MS FND 33.4% MS 28% MS FND forraje 17.3% FND 75% FND FAD 33% MS 15% MS FORRAJE 38% MS 37.5% MS Tabla 2.- Composición de las raciones empleadas en el estudio Material y Métodos -46- 3.- Toma de Muestras 3.1.- Sangre. Su recogida se inició a partir del parto (0+2 ó 3 días), realizando 2 muestreos por semana (martes y viernes) hasta los 2 meses y medio del posparto. A partir de ese momento, la toma de muestras continuó con extracciones puntuales en el tercer, cuarto y quinto mes del posparto. La toma se realizó mediante punción en los vasos coccígeos, previa limpieza y desinfección de la zona, empleando tubos de vacío con activador del coagulo (Venoject-Terumo, Leuven, Bélgica). Tras su identificación, las muestras fueron transportadas hasta el laboratorio, donde se centrifugaron a 450 g durante 20 minutos. El suero obtenido de este modo se dividió en alícuotas de 1 ml, que fueron congeladas y almacenadas a -20°C hasta el momento de su análisis. En las muestras de suero correspondientes a los días del parto, 1º mes, 2º mes, 3º mes, 4º mes y 5º mes, se determinaron: triglicéridos, NEFA, colesterol, urea, proteínas totales, albúmina, calcio, fósforo y magnesio; con el fin de establecer el estatus metabólico de los animales en el posparto. En las procedentes de las muestras realizadas 2 veces por semana desde el parto hasta los dos meses y medio del posparto, se determinaron las concentraciones séricas de progesterona, para establecer el momento del reinicio de la actividad ovárica cíclica. 3.2.- Condición Corporal. Para evaluar la condición corporal de los animales de este estudio, se asignaron los valores numéricos que se estimaron más ajustados a la situación de cada animal, tomando como referencia la escala de graduación descrita por Edmonson y col. (1989). La valoración fue realizada siempre por el mismo observador una vez por semana (viernes) hasta el segundo mes y medio del posparto, posteriormente se determinó a los tres, cuatro y cinco meses del posparto. 3.3.- Datos Reproductivos. El viernes de cada una de las semanas que duró el estudio se realizó una exploración rectal de todos los animales, con el fin de comprobar el estado del aparato genital. En el transcurso de ese examen se prestaba especial atención en observar la involución uterina, así como la presencia de estructuras fisiológicas o patológicas en los ovarios. Las exploraciones finalizaban cuando se consideraba que la involución uterina había concluido, considerando que ésta se producía en el momento en que no se apreciaba una reducción del tamaño del útero, con respecto a la exploración anterior. Material y Métodos -47- A lo largo de todo este proceso se tomó registro de las alteraciones reproductivas que padecían los animales (si era el caso) y de las fechas de celos, inseminaciones y diagnóstico de gestación. Con estos datos se procedió al cálculo de los parámetros reproductivos (número de IA por gestación, intervalo parto-celo, intervalo parto-1ªIA, Intervalo parto-gestación). 3.4.- Leche. Inicialmente, la producción de leche de cada animal se anotaba diariamente. No obstante, como consecuencia de la perdida de algunos datos por motivos ajenos a nuestra voluntad y a la del ganadero, se optó por utilizar las cifras de producción mensual recogidas por el Control Lechero de Galicia. De la misma forma, se emplearon como parámetros de calidad (porcentajes de grasa, proteína, lactosa y número de células somáticas) los datos mensuales extraídos del control lechero. A la hora de proceder al análisis de los resultados y debido a los problemas propios de la diferente duración de la lactación en cada animal, nos vimos en la necesidad de tomar como límite el noveno mes de producción. De ahí que el número de animales a los que se evaluó su lactación (producción y calidad) fuera de 51. 4.- Metodología Analítica. Las técnicas analíticas empleadas en este estudio aparecen reflejadas en la tabla 3 Grupo Parámetro Técnica Analítica Metabolitos Séricos Proteínas Totales Refractometría (Refractómetro portátil PG50303010) Albúmina Espectrofotometría (BioSystems, Barcelona, España) NEFA Enzimático-Colorimétrico (Randox, Barcelona, España) Triglicéridos Enzimático-Espectofotometría (BioSystems, Barcelona, España) Colesterol Enzimático-Espectofotometría (BioSystems, Barcelona, España) Glucosa Enzimático-Espectofotometría (BioSystems, Barcelona, España) Urea Enzimático-Espectofotometría (BioSystems, Barcelona, España) Minerales Calcio Espectofotometría (BioSystems, Barcelona, España) Fósforo Espectofotometría (BioSystems, Barcelona, España) Magnesio Espectofotometría (BioSystems, Barcelona, España) Progesterona ELISA competición (DRF Instruments GMBH, Alemania) Tabla 3.- Técnicas analíticas empleadas en este estudio. Material y Métodos -48- 5.- Tratamiento Estadístico. Para el análisis estadístico de los datos se utilizó el programa informático SPSS 15.0 (SPSS Inc, Chicago, Illinois, EEUU). Inicialmente se calcularon los estadísticos descriptivos de todas las variables. Posteriormente se aplicaron los siguientes tratamientos estadísticos en función de la variable estudiada: • Reinicio de la actividad ovárica. Se realizaron curvas de supervivencia y regresión de Cox para comprobar el efecto del número de ordeños (2 vs. 4) y de la ración (1 vs.2) sobre los intervalos entre el parto y la primera ovulación, la primera fase luteínica y el restablecimiento de la actividad ovárica cíclica. • Parámetros reproductivos. Se utilizó un modelo lineal general (GLM) univariante para determinar el efecto del número de ordeños (2 vs. 4) y la ración (1 vs. 2). • Parámetros bioquímicos y condición corporal. Se empleó un modelo lineal general (GLM) de medidas repetidas para determinar el efecto del número de ordeños (2 vs. 4) y la ración (1 vs. 2). • Producción y calidad de la leche. Empleamos un modelo lineal general (GLM) de medidas repetidas para determinar el efecto del número de ordeños (2 vs. 4) y la ración (1 vs. 2). • Patologías posparto. En estos casos se analizó la influencia del número de ordeños (2 vs. 4) y la ración (1 vs. 2) mediante la elaboración de tablas de contingencia y la prueba de chi 2 . En todos los casos se consideraron diferencias significativas cuando el valor de p fue menor de 0.05. -49- Resultados Resultados -50- I.- Reproducción 1.- Parámetros Reproductivos. 1.1.- Involución Uterina Puede comprobarse la existencia de un efecto significativo de la dieta sobre la involución uterina. La involución es más rápida con la dieta 2. Sin embargo, el número de ordeños no mostró ningún efecto sobre este parámetro (Tabla 4). Grupo Dieta Invol. Ute. (N) P.-celo (N) P.-1ºIA (N) P.-gestación (N) Nº IA (N) 2 Ordeños 1 34,18±6,09 (11) 82,09±33,61 (11) 82,09±33,61 (11) 134,11±74,94 (9) 2,55±1,74 (9) 2 24,43±4,94 (21) 72,50±30,56 (20) 81,40±41,28 (20) 127,20±67,78 (15) 1,80±0,86 (15) Total 27,78±7,06 (32) 75,90±31,46 (31) 81,65±38,16 (31) 129,79±69,01 (24) 2,08±1,28 * (24) 4 Ordeños 1 38,00±10,62 (10) 63,40±20,59 (10) 102,60±28,44 (10) 182,10±61,56 (10) 3,50±1,26 (10) 2 25,57±6,46 (14) 70,36±22,81 (14) 70,36±22,81 (14) 147,07±87,27 (14) 2,64±1,61 (14) Total 30,75±10,34 (24) 67,46±21,73 (24) 83,79±29,57 (24) 161,67±78,09 (24) 3,00±1,61 * (24) Total 1 36,00±8,55 ** (21) 73,19±29,10 (21) 91,86±32,23 (21) 159,37±70,69 (19) 3,05±1,54 (19) 2 24,89±5,54 ** (35) 71,62±27,28 (34) 76,85±34,88 (34) 136,79±77,04 (29) 2,20±1,42 (29) Total 29,05±8,66 (56) 72,22±27,73 (55) 82,58±34,39 (55) 145,73±74,66 (48) 2,54±1,51 (48) Tabla 4.- Parámetros reproductivos (media ± desviación típica) en función de la dieta y del nº de ordeños (*): Diferencias significativas P<0,05 entre los valores marcados (**): Diferencias significativas P<0,001 entre los valores marcado Este efecto significativo de la dieta se evidenció también en la prueba de regresión de Cox (Gráfica 1). Gráfica 1.- Regresión de Cox para la involución uterina en función de la dieta. 0 10 20 30 40 50 60 Involución uterina (días) 0,0 0,2 0,4 0,6 0,8 1,0 Uno menos la supervivencia acum. dieta 1 2 Resultados -51- 1.2 Intervalo Parto Celo. No hemos apreciado diferencias significativas entre el número de ordeños, ni entre las dietas (Tabla 4). No obstante, los animales sometidos a 4 ordeños mostraron un intervalo parto celo más corto que el resto, tal y como puede verse en la gráfica 2. Gráfica 2.- Regresión de Cox para el intervalo parto-celo en función del grupo de ordeño. 1.3.- Intervalo Parto-Primera Inseminación. Al igual que en el caso anterior no se apreció ningún efecto, ni del número de ordeños, ni de la dieta, sobre la duración de este intervalo (Tabla 4). 1.4.- Intervalo Parto-Gestación. Nuevamente no se encontró influencia ni del número de ordeños, ni de la dieta, sobre este intervalo (Tabla 4). 1.5.- Número de Inseminaciones. En este estudio apreciamos la existencia de diferencias significativas en función del número de ordeños. Así, los animales que fueron sometidos a un régimen de 4 necesitaron, prácticamente, una inseminación más, para quedar gestantes (Tabla 4). 2.- Actividad Ovárica 2.1.- Primera Ovulación El análisis de supervivencia realizado demostró que no existía ninguna influencia ni del grupo de ordeño, ni de la dieta, aunque, en el grupo de 4 ordeños la primera ovulación fue más tardía como puede verse en la gráfica 3. 0 50 100 150 200 Parto-celo (días) 0,0 0,2 0,4 0,6 0,8 1,0 Uno menos la supervivencia acum. grupo 2ordeños 4 ordeños Resultados -52- Gráfica 3.- Regresión de Cox para la primera ovulación en función del número de ordeños. 2.2.- Reinicio de la actividad ovárica. Nuevamente los análisis de supervivencia no mostraron ningún efecto significativo ni de la dieta, ni del número de ordeños sobre el momento del reinicio de la actividad ovárica (Gráficas 4, 5 y 6). Eso sí, se evidencia que con 4 ordeños (Gráfica 4) el reinicio se produce más tarde (es probable que la diferencia no sea significativa debido a la disminución en el número de datos). Así, a los 80 días del posparto no habían reiniciado actividad ovárica un 63,64% de los animales del grupo C1, un 61,90% del C2, un 80,00% del T1 y un 85,71% del T2 respectivamente Gráfica 4.- Regresión de Cox para el reinicio de la actividad ovárica en función del número de ordeños. . 0 20 40 60 80 Primera ovulación (días) 0,0 0,2 0,4 0,6 0,8 1,0 Uno menos la supervivencia acum. ordeños 2 4 0 10 20 30 40 50 60 Reinicio de la actividad ovárica (días) 0,0 0,1 0,2 0,3 0,4 Uno menos la supervivencia acum. ordeños 2 4 Resultados -53- Gráfica 5.- Regresión de Cox para el reinicio de la actividad ovárica con dieta 1 en función del número de ordeños. Gráfica 6.- Regresión de Cox para el reinicio de la actividad ovárica con dieta 2 en función del número de ordeños. 2.3.- Número de Ovulaciones Pese a no existir diferencias significativas, puede asumirse la existencia de una diferencia en cuanto al número de ordeños (P=0,052). Así, se produjeron más ovulaciones en el grupo de 2 ordeños (Tabla 5). Grupo Dieta Media ± Desv. Tip. N 2 Ordeños 1 2,09±0,53 11 2 1,81±0,98 21 Total 1,91±0,85 32 4 Ordeños 1 1,10±1,28 10 2 1,71±0,99 14 Total 1,46±1,14 24 Total 1 1,62±1,07 21 2 1,77±0,97 35 Total 1,71±1,00 56 Tabla 5.- Número de ovulaciones en función de la dieta y del nº de ordeños 2.4.- Tipos de retraso en el reinicio de la actividad ovárica. Tomando como referencia la clasificación de los diferentes tipos de reinicio de la actividad ovárica que realizan Shrestha y col. (2004), su distribución con relación a la dieta (Gráfica 7) muestra que, a excepción del retraso tipo IV (similar con ambas dietas), cualquiera de los restantes tipos de retraso, incluido el reinicio normal, son más frecuentes con la dieta 2. Si atendemos a su distribución con relación al número de ordeños (Gráfica 8) comprobamos que tanto el reinicio normal como los retrasos tipo I y IV son más frecuentes con 2 ordeños, mientras que los tipos II y III lo son con 4 ordeños. 10 20 30 40 50 60 70 80 Reinicio de la actividad ovárica (días) 0,0 0,2 0,4 0,6 0,8 1,0 Uno menos la supervivencia acum. ordeños 2 4 2-censurado 4-censurado Dieta 1 10 20 30 40 50 60 70 80 Reinicio de la actividad ovárica (días) 0,0 0,2 0,4 0,6 0,8 1,0 Uno menos la supervivencia acum. ordeños 2 4 2-censurado 4-censurado Dieta 2 Resultados -60- Gráfica 19.- Evolución de las concentraciones de triglicéridos en función de la dieta empleada (ver tabla 8). Finalmente, al estudiar la posibilidad de una interacción entre el grupo de ordeños-dieta, tampoco mostraron ninguna influencia significativa sobre los niveles de triglicéridos (Gráfica 20). Gráfica 20.- Evolución de las concentraciones de triglicéridos en función de la dieta y del grupo de ordeño (ver tabla 8). 1.4.- Ácidos Grasos no Esterificados (NEFA) La evolución de los niveles de NEFA en el periparto podemos observarlos en la Gráfica 21. Sus valores descienden desde el parto hasta el 2º mes posparto. Desde ese punto inician una recuperación progresiva hasta el 3º mes posparto y mantenerse así hasta el final del estudio. 5 11 17 23 29 35 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Triglicéridos (mg/dl) Momento del muestreo Dieta 1 Dieta 2 5 12 19 26 33 40 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Triglicéridos (mg/dl) Momento del muestreo C1 T1 C2 T2 Resultados -61- Gráfica 21.- Evolución de la concentración de NEFA, del total de los animales, a lo largo del estudio (ver tabla 9). Tras el análisis estadístico comprobamos que, aunque no llega a ser significativa (p=0,084), existe un cierto efecto del grupo de ordeño (Gráfica 22) sobre la concentración de NEFA. Así cuando los animales eran sometidos a 4 ordeños presentaban valores más bajos de NEFA que los que sólo se ordeñaban dos veces al día. Gráfica 22.- Evolución de las concentraciones de NEFA en función del grupo de ordeño (ver tabla 9). Por otro lado, la dieta no mostró ninguna influencia significativa (Gráfica 23) sobre los valores de los ácidos grasos no esterificados. 0,3 0,5 0,7 0,9 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes NEFA (mmol/l) Momento del muestreo NEFA 0,3 0,5 0,7 0,9 1,1 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes NEFA (mmol/l) Momento del muestreo C T Resultados -62- Gráfica 23.- Evolución de las concentraciones de NEFA en función de la dieta empleada (ver tabla 9) . Cuando estudiamos la influencia de la interacción del grupo de ordeño y de la dieta, comprobamos que existía una influencia significativa sobre los valores de NEFA. Así, se comprobaba que los animales que eran alimentados con la dieta 2 tenían valores más elevados de NEFA cuando sólo se ordeñaban en dos ocasiones (Gráfica 24). Gráfica 24.- Evolución de las concentraciones de NEFA en función de la dieta y del grupo de ordeño (ver tabla 9). . 1.5.- Condición Corporal. Tal y como se esperaba, la evolución de la condición corporal en el postparto sigue la curva típica. Tras un primer descenso, inmediatamente después del parto, se produce una recuperación progresiva de la condición corporal (Gráfica 25). 0,2 0,4 0,6 0,8 1 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes NEFA (mmol/l) Momento del muestreo Dieta 1 Dieta 2 0,2 0,4 0,6 0,8 1 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes NEFA (mmol/l) Momento del muestreo C1 T1 C2 T2 Resultados -63- Gráfica 25.- Evolución de la condición corporal, del total de los animales, a lo largo del estudio (ver tabla 18). Al evaluar la influencia del grupo de ordeño sobre la condición corporal en el postparto, comprobamos que existían diferencias significativas. De tal forma que los animales que sólo eran ordeñadas dos veces tenían una menor caída de la condición corporal y se producía una más rápida recuperación de la misma (Gráfica 26). Gráfica 26.- Evolución de la condición corporal en función del grupo de ordeño (ver tabla 18). Por su parte, también se demostró una influencia significativa de la dieta sobre la evolución de la condición corporal en el postparto. De forma que, los 2,85 2,95 3,05 3,15 Momento del posparto Condición Corporal 2,7 2,85 3 3,15 Condición corporal Momento del posparto C T Resultados -64- animales alimentados con la dieta 2 tenían una menor caída de la condición corporal y una más rápida recuperación (Gráfica 27). Llama poderosamente la atención la brusca caída de condición corporal que se produce en los animales alimentados con la dieta 1. Gráfica 27.- Evolución de la condición corporal en función de la dieta empleada (ver tabla 18). Finalmente, intentamos evaluar la posible influencia de la interacción del grupo de ordeño y la dieta, sobre la evolución de la condición corporal en el postparto. Sin embargo, no hemos apreciado que exista ninguna influencia, estadísticamente significativa, de esta interacción (Gráfica 28). 2,2 2,5 2,8 3,1 Condición corporal Momento del posparto Dieta 1 Dieta 2 Resultados -65- Gráfica 28.- Evolución de la condición corporal en función de la dieta y del grupo de ordeño (ver tabla 18). 1.6.- Ganancia de condición corporal. Otro de los parámetros evaluados en nuestro estudio fue la “Ganancia de condición corporal”. Tal y como se esperaba, la condición corporal de los animales se recupera a lo largo del postparto (Gráfica 29). Gráfica 29.- Evolución de la ganancia de condición corporal, en el total de animales, a lo largo de estudio (ver tabla 17). Tal y como se puede ver en la Gráfica 30, la evolución de la ganancia de la condición corporal no se vio afectada por el grupo de ordeño. 2,4 2,65 2,9 3,15 3,4 Condición corporal Momento del posparto C1 T1 C2 T2 -0,1 0 0,1 0,2 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Ganancia condición corporal Posparto Ganancia de condición corporal Resultados -66- Gráfica 30.- Evolución de la ganancia de condición corporal en función del grupo de ordeño (ver tabla 17). En la Gráfica 31, se representa la evolución de la ganancia de la condición corporal en función de la dieta. No se observó ninguna influencia significativa de la dieta sobre la esta característica. Gráfica 31.- Evolución de la ganancia de condición corporal en función de la dieta empelada (ver tabla 17). Finalmente, tampoco hemos podido encontrar ningún efecto de la interacción grupo de ordeño y de la dieta, sobre la ganancia de la condición corporal (Gráfica 32). -0,2 -0,15 -0,1 -0,05 0 0,05 0,1 0,15 0,2 0,25 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Ganancia condición corporal Posparto C T -0,1 0 0,1 0,2 0,3 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Ganancia condición corporal Posparto Dieta 1 Dieta 2 Resultados -67- Gráfica 32.- Evolución de la ganancia de condición corporal en función de la dieta y del grupo de ordeño (ver tabla 17). 2.- Metabolismo Proteico. 2.1.- Albúmina. Uno de los parámetros empleados para evaluar el metabolismo proteico ha sido la concentración sérica de Albúmina. En nuestro estudio pudimos comprobar que, desde el momento del parto se produce un descenso en los valores séricos de la Albúmina, alcanzando su nivel más bajo en el 2º mes del postparto. Superado ese momento, este parámetro se recupera progresivamente hasta el 5º mes del postparto (Gráfica 33). Gráfica 33.- Evolución de la concentración sérica de Albúmina a lo largo del estudio (ver tabla 11). El análisis estadístico evidenció la existencia de un efecto significativo del grupo de ordeño (Gráfica 34), de tal forma que, la concentración de albúmina era más baja en el colectivo de animales que eran ordeñadas 4 veces al día. -0,2 0 0,2 0,4 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Ganancia condición corporal Posparto C1 T1 C2 T2 33 35 37 39 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Albúmina (mg/dl) Momento del muestreo Albúmina Resultados -68- Gráfica 34.- Evolución de la concentración sérica de albúmina en función del grupo de ordeño (ver tabla 11). También se comprobó la existencia de un efecto significativo de la dieta empleada (Gráfica 35). Así, los niveles de albúmina eran más bajos en los animales alimentados con la dieta 2 que en los mantenidos con la dieta 1. Gráfica 35.- Evolución de la concentración sérica de albúmina en función de la dieta empleada (ver tabla 11). Finalmente, no se ha encontrado ninguna influencia significativa de la interacción grupo de ordeño-dieta, sobre los valores séricos de albúmina (Gráfica 36). 32 34 36 38 40 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Albúmina (mg/dl) Momento del muestreo C T 30 34 38 42 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Albúmina (mg/dl) Momento del muestreo Dieta 1 Dieta 2 Resultados -69- Gráfica 36.- Evolución de la concentración sérica de albúmina en función de la dieta y del grupo de ordeño (ver tabla 11). 2.2.- Proteínas Totales. Cuando analizamos la evolución de la concentración sérica de las proteínas totales en el periparto, comprobamos que se producía un aumento progresivo desde el parto hasta el final del estudio (Gráfica 37). Gráfica 37.- Evolución de la concentración sérica de Proteínas totales a lo largo del estudio (ver tabla 12). Tras realizar el análisis estadístico, comprobamos la existencia de un efecto significativo del grupo de ordeño (Gráfica 38). La concentración sérica de proteínas totales era mayor en el grupo animales que tenían una mayor frecuencia de ordeños. 30 34 38 42 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Albúmina (mg/dl) Momento del muestreo C1 T1 C2 T2 6 6,5 7 7,5 8 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Proteínas totales (g/l) Momento del muestreo Proteínas totales Resultados -76- Gráfica 50.- Evolución de la concentración sérica de fósforo en función del grupo de ordeño (ver tabla 14) Sin embargo, al estudiar el posible efecto de la dieta sobre la evolución de este parámetro, comprobamos que los animales alimentados con la dieta 1 tenían niveles de fósforo significativamente más bajos que los alimentados con la dieta 2 (Gráfica 51). Gráfica 51.- Evolución de la concentración sérica de fósforo en función de la dieta empleada (ver tabla 14). En nuestro estudio no encontramos ninguna influencia significativa de la interacción grupo de ordeño-dieta, sobre la evolución de los niveles séricos de fósforo a lo largo del período de estudio (Gráfica 52). 3,5 4,5 5,5 6,5 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Fosfóro (mg/dl) Momento del muestreo C T 3,5 4,5 5,5 6,5 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Fosfóro (mg/dl) Momento del muestreo Dieta 1 Dieta 2 Resultados -77- Gráfica 52.- Evolución de la concentración sérica de fósforo en función de la dieta y del grupo de ordeño (ver tabla 14). 3.3.- Relación Calcio/Fósforo. En este trabajo también hemos considerado la evolución de la relación Ca/P en el periparto. Tal y como se refleja en la Gráfica 53, el cociente se incrementa de una forma progresiva desde el momento del parto hasta el 2º mes de puerperio. Sufre una ligera caída en el tercer mes, para ascender nuevamente el 3 y 4º mes. Finalmente, se produce una bajada en el último mes del estudio. Gráfica 53.- Evolución de la relación Calcio/Fósforo a lo largo del estudio (ver tabla 15). Tras realizar el análisis estadístico, no hemos podido encontrar ningún efecto significativo del número de ordeños sobre la evolución del cociente Ca/P (Gráfica 54). 3,5 4,5 5,5 6,5 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Fosfóro (mg/dl) Momento del muestreo C1 T1 C2 T2 1,5 1,75 2 2,25 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Relación Ca/P Momento del muestreo Relación Ca/P Resultados -78- Gráfica 54.- Evolución de la relación calcio/fósforo en función del grupo de ordeño (ver tabla 15). Sin embargo, pudimos poner en evidencia la existencia de un efecto significativo del tipo de dieta administrada a los animales, sobre la evolución de la relación Ca/P a lo largo del periparto. De tal forma que, el cociente Ca/P era significativamente más bajo en los animales a los que se les suministraba la dieta 2 (Gráfica 55). Gráfica 55.- Evolución de la relación calcio/fósforo en función de la dieta empleada (ver tabla 15). Finalmente, no se apreció ninguna influencia de la interacción grupo de ordeño-dieta sobre la evolución del cociente Ca/P a lo largo del estudio (Gráfica 56). 1,5 1,75 2 2,25 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Relación Ca/P Momento del muestreo C T 1,25 1,5 1,75 2 2,25 2,5 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Relación Ca/P Momento del muestreo Dieta 1 Dieta 2 Resultados -79- Gráfica 56.- Evolución de la relación calcio/fósforo en función de la dieta y del grupo de ordeño (ver tabla 15). 3.4.- Magnesio. Al estudiar la evolución del Magnesio a lo largo del Periparto, se observa que la concentración sérica de este elemento experimenta un incremento progresivo desde el parto hasta el final del estudio (Gráfica 57). Gráfica 57.- Evolución de concentración sérica de magnesio a lo largo del estudio (ver tabla 16). No hemos podido encontrar ninguna influencia del número de ordeños realizados sobre la evolución de este mineral a lo largo del período de estudio (Gráfica 58). 1,2 1,55 1,9 2,25 2,6 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Relación Ca/P Momento del muestreo C1 T1 C2 T2 1,7 1,9 2,1 2,3 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Magnesio (mg/dl) Momento del muestreo Magnesio Resultados -80- Gráfica 58.- Evolución de la concentración sérica de magnesio en función del grupo de ordeño (ver tabla 16). El tipo de dieta administrado a los animales, tampoco tuvo una influencia significativa sobre la evolución de este parámetro, a lo largo del período de muestreo (Gráfica 59). Gráfica 59.- Evolución de la concentración sérica de magnesio en función de la dieta empleada (ver tabla 16). Finalmente, la interacción grupo de ordeño-dieta, tampoco mostró ningún tipo de influencia sobre la evolución de la concentración sérica del Magnesio, a lo largo del período analizado (Gráfica 60). 1,5 1,7 1,9 2,1 2,3 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Magnesio (mg/dl) Momento del muestreo C T 1,7 1,9 2,1 2,3 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Magnesio (mg/dl) Momento del muestreo Dieta 1 Dieta 2 Resultados -81- Gráfica 60.- Evolución de la concentración sérica de magnesio en función de la dieta y del grupo de ordeño (ver tabla 16) . III.-PRODUCCIÓN Y CALIDAD DE LA LECHE 1.- Producción mensual de Leche (9 meses). Al evaluar la producción total de leche de los animales estudiados confeccionamos la curva de lactación típica. Así, se produce un aumento progresivo hasta alcanzar su máximo entorno al 2º mes de lactación. Posteriormente, se inicia un lento descenso (con una fase de meseta entre el 3º y 6º mes), que se hará mucho más marcado en el último tercio de la lactación (Gráfica 61). Gráfica 61.- Evolución de la producción mensual de leche a lo largo del estudio (ver tabla 19). Curiosamente, al analizar la influencia del número de ordeños sobre la producción total de los animales, comprobamos, sorprendidos, que los animales que sólo se ordeñaban en dos ocasiones producían más leche. Además este efecto era más marcado en la primera mitad de la lactación, mientras que se corregía, en parte, en cola de lactación (Gráfica 62). 1,3 1,7 2,1 2,5 Parto 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes Magnesio (mg/dl) Momento del muestreo C1 T1 C2 T2 650 850 1050 1250 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes 6º mes 7º mes 8º mes 9º mes Leche (litros) Meses lactación Producción Resultados -82- Gráfica 62.- Evolución de la producción mensual de leche en función del grupo de ordeño (ver tabla 19). También encontramos una influencia significativa en función de la alimentación que se les suministraba a los animales (Gráfica 63). De forma que los animales alimentados con la dieta 2 tenían mayor producción a lo largo de toda la curva de lactación. Gráfica 63.- Evolución de la producción mensual de leche en función de la dieta empleada (ver tabla 19). Sin embargo, no hemos encontrado ninguna influencia de la interacción grupo de ordeño-dieta, sobre la evolución de la producción total de los animales del estudio (Gráfica 64). 550 700 850 1000 1150 1300 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes 6º mes 7º mes 8º mes 9º mes Leche (litros) Meses lactación C T 600 750 900 1050 1200 1350 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes 6º mes 7º mes 8º mes 9º mes Leche (litros) Meses lactación Dieta 1 Dieta 2 Resultados -83- Gráfica 64.- Evolución de la producción mensual de leche en función de la dieta y del grupo de ordeño (ver tabla 19) 2.- Porcentaje de Grasa existente en la leche. La evolución del porcentaje de grasa existente en la leche, mostró un incremento paulatino y continuado a lo largo de la lactación, de tal forma que el porcentaje era más elevado en la cola que en el pico de lactación (Gráfica 65). Gráfica 65.- Evolución del porcentaje mensual de grasa en leche a lo largo de la lactación (ver tabla 20). En este estudio, no apreciamos ningún tipo de influencia del número de ordeños, al que sometíamos a las vacas, sobre el porcentaje de grasa que presentaba la leche (Gráfica 66). 550 750 950 1150 1350 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes 6º mes 7º mes 8º mes 9º mes Leche (litros) Meses lactación C1 T1 C2 T2 3,4 3,7 4 4,3 4,6 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes 6º mes 7º mes 8º mes 9º mes % de grasa en leche Meses lactación % Grasa Resultados -84- Gráfica 66.- Evolución del porcentaje de grasa en leche en función del grupo de ordeño (ver tabla 20). En cambio, el tipo de alimentación que recibían los animales (dieta 1 vs dieta 2), mostró una influencia marcada sobre el porcentaje de grasa que contenía la leche. Al contrario que en el caso de la producción total de leche, aquellos animales que se habían alimentado con la dieta 1 tenían leche con mayor porcentaje de grasa (Gráfica 67). Gráfica 67.- Evolución del porcentaje de grasa en leche en función de la dieta empleada (ver tabla 20). Finalmente, no se demostraron influencias de la interacción grupo de ordeño-dieta, sobre el porcentaje de grasa presente en la leche a lo largo de la curva de lactación (Gráfica 68). 3,4 3,7 4 4,3 4,6 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes 6º mes 7º mes 8º mes 9º mes % de grasa en leche Mes de lactación C T 3,4 3,8 4,2 4,6 5 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes 6º mes 7º mes 8º mes 9º mes % de grasa en leche Mes de lactación Dieta 1 Dieta 2 Resultados -85- Gráfica 68.- Evolución del porcentaje de grasa en leche en función de la dieta y del grupo de ordeño (ver tabla 20). 3.- Porcentaje de Proteína existente en la leche. La evolución del Porcentaje de Proteína presente en la leche experimentó una evolución similar al porcentaje de grasa. Así, encontramos que los valores del porcentaje de proteína aumentaban según avanzaba la lactación (Gráfica 69). Gráfica 69.- Evolución del porcentaje mensual de proteína en leche a lo largo de la lactación (ver tabla 21). El análisis estadístico evidenció que el número de ordeños a los que eran sometidos los animales, influía de forma significativa sobre el porcentaje de proteína presente en la leche a lo largo de la lactación (Gráfica 70). Comprobando que el porcentaje de proteína era mayor en los animales que se ordeñaban 4 veces al día. 3,2 3,7 4,2 4,7 5,2 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes 6º mes 7º mes 8º mes 9º mes % de grasa en leche Mes de lactación C1 T1 C2 T2 3,19 3,29 3,39 3,49 3,59 1º mes 2º mes 3º mes 4º mes 5º mes 6º mes 7º mes 8º mes 9º mes % de proteína en leche Meses lactación % Proteína -92- Discusión Discusión -93- Antes de proceder a la discusión detallada de los resultados de nuestro estudio, consideramos necesario realizar una pequeña explicación de cómo ciertas circunstancias del manejo de la explotación, no contempladas en el diseño experimental de los experimentos, condicionaron la alimentación de los animales y, por lo tanto, su situación metabólica. Al incrementar la frecuencia de ordeño (en la primera de las lactaciones), se pusieron de manifiesto una serie de deficiencias estructurales, tanto en las instalaciones como en el manejo de la granja. Así, las modificaciones introducidas en la frecuencia de ordeño provocaron un notable aumento del tiempo que los animales pasaban en ordeño y en la espera. Esto provocó una reducción de las horas dedicadas a la alimentación y al descanso, incrementando el estrés de los animales y empeorando su estado de bienestar. Este hecho ya había sido puesto de manifiesto por varios autores quienes concluían que el control del manejo y la alimentación eran indispensables a la hora de incrementar la frecuencia de ordeño (Knigt, 1994; Armstrong y Daugherty, 1997; Stelwagen, 2001; VanBaale y col., 2005). Durante la primera lactación se administró a los animales una ración (dieta1) con una elevada concentración de nutrientes, con la intención de cubrir una mayor producción de leche mediante la ingesta voluntaria en pesebre de la ración unifeed. Como consecuencia de la situación descrita en el párrafo anterior, las vacas comenzaron a competir por la comida en pesebre. Los animales dominantes empezaron a comer de un modo selectivo, desequilibrando la ración ingerida (de una manera similar a la descrita por Bach y col., 2003 y Kononoff y col., 2003). De este modo, la ración que quedaba a disposición de los animales menos competitivos era más rica en forraje, pero a su vez, dentro de este grupo, se competía nuevamente por el alimento. Todos estos desequilibrios nutricionales se manifestaron con un elevado número de desplazamientos de abomaso y en un incremento del BEN. Una vez detectado el problema, y dado que estábamos trabajando con una granja comercial, decidimos replantearnos la estrategia nutricional de cara a la segunda lactación (dieta2). Para solucionar el problema derivado de la dominancia decidimos cubrir una menor producción de leche con la ración unifeed (que sería más rica en forraje) y le prestaríamos especial atención al picado y al tamaño de la partícula para minimizar los fenómenos de selección (Bach y Calsamiglia, 2006) y aumentamos el aporte de pienso de una forma controlada y ajustada a cada animal. De este modo, conseguiríamos un mayor aporte de energía que en teoría ayudaría a reducir la severidad del BEN, mejoraría la salud de los animales y podría Discusión -94- permitir un incremento en la producción de leche. Esto provocó que a pesar de que, desde un punto de vista teórico, la dieta 2 no era nutricionalmente mejor que la dieta 1, en la práctica sí lo era. I.- Metabolismo 1.- Metabolismo Energético. A la vista de los resultados obtenidos y realizando un primer análisis global y preliminar, se puede constatar la existencia de un balance energético negativo (BEN), al inicio de la lactación en todos los animales, con independencia del grupo de ordeño y de la dieta que hayan recibido. A medida que vayamos detallando el comportamiento de los diferentes parámetros englobados dentro de este apartado, comprobaremos la respuesta de los animales a la situación de desequilibrio energético y veremos si la misma se ve o no influenciada por el grupo de ordeño y la dieta. 1.1.- Glucosa. Las concentraciones séricas obtenidas en nuestro trabajo se encuentran dentro de los rangos considerados como fisiológicos por la mayoría de autores (Rosenberger, 1983; Plonait, 1984; Sato y col., 1988). Sin embargo, su evolución a lo largo del posparto difiere de lo descrito en algunos trabajos anteriores, éstos afirman, que su concentración permanece prácticamente estable a lo largo del posparto y únicamente describen un ligero descenso a su inicio (Rutter y Manns, 1987; Villa-Godoy y col., 1990; Miettinem, 1991). En nuestro caso la concentración de glucosa desciende claramente entre el parto y el primer mes del puerperio para posteriormente recuperarse de forma paulatina. Este mismo tipo de evolución ha sido descrito por Ling y col. (2003). Entendemos que este descenso de la concentración de glucosa es un reflejo de una situación de BEN; coincidimos así, con trabajos que establecen la existencia de una correlación entre la concentración sérica de glucosa y el BEN al inicio del posparto, de tal forma que las concentraciones de glucosa descienden en una situación de BEN (Canfield y Butler 1990; Forshell y col., 1991, Clark y col., 2000; Ling y col., 2003). Teniendo en cuenta lo anterior, si nos centramos ahora en los efectos del grupo de ordeño, podemos afirmar que la diferencia significativa encontrada, obedece a una mayor severidad del BEN en los animales del grupo de 4 ordeños. De igual modo comprobamos que, con una dieta en la que los animales seleccionaron partes de la ración potenciando una situación de BEN, las diferencias en las concentraciones de glucosa se agudizan entre los 2 grupos de ordeño. Discusión -95- 1.2.- Colesterol. Sus concentraciones séricas se encuentran dentro de los valores considerados como fisiológicos por la bibliografía consultada (Meyer y col., 1992; Bösö y col., 2000). Su evolución marcadamente creciente a lo largo del posparto, como consecuencia de un incremento en la movilización de lípidos y en la síntesis de esteroides, coincide con lo anteriormente descrito por Quintela (1995); Bösö y col. (2000); Pysera y Opalka (2000) y Ling y col. (2003). Se comprobó que el número de ordeños afectaba de forma significativa a la concentración sérica de este metabolito. De forma que los animales que sólo se ordeñaban dos veces al día tenían valores más altos de colesterol. Esto podría deberse a que las mayores necesidades energéticas de las vacas que tenían aumentada la frecuencia de ordeño se traduciría en una menor concentración sérica de colesterol. En un estudio realizado por Kim y Suh (2003) se afirmaba que las concentraciones de colesterol sérico (durante el primer mes posparto) eran más bajas en las vacas que tenían una marcada perdida de condición corporal, en respuesta a una mayor demanda energética. 1.3.- Triglicéridos. Los valores séricos observados en nuestro estudio, tanto en cifras como en evolución a lo largo del posparto, coinciden con los descritos anteriormente por Kim y Suh (2003) y Ling y col. (2003). El efecto significativo de la dieta sobre este parámetro (mayores concentraciones con la dieta 1, obedecería, sin duda, a la mayor severidad del BEN en este grupo de animales. Nos gustaría comentar en este punto que autores como Kim y Suh (2003) no encuentran correlación entre las concentraciones de triglicéridos y la demanda energética. Es probable que este hecho condicione el que, en nuestro estudio, no apreciemos diferencias en la concentración de triglicéridos en función del grupo de ordeño. 1.4.- NEFA Los valores plasmáticos medios de Ácidos Grasos No Esterificados (NEFA) observados en este estudio se aproximan a los valores de referencia mencionados por Rosenberger (1983). En cuanto a su evolución, observamos un descenso en sus concentraciones entre el parto y el 2º mes posparto para posteriormente recuperarse paulatinamente. Este patrón en la evolución de los valores de NEFA coincide con las observaciones de Holtenius (1989) y Ling y col. (2003), quienes Discusión -96- describen una ligera elevación de sus niveles séricos en las semanas previas al parto, para posteriormente elevarse de forma brusca el día del parto y descender hasta la 6ª-8º semana del posparto para recuperarse paulatinamente a partir de ese momento. Estos autores justifican esta evolución como consecuencia de las modificaciones hormonales inducidas por el parto, así como por el descenso en la ingesta de energía, posteriormente, y como consecuencia de la recuperación en el equilibrio energético, sus valores se recuperarían. Coincidiendo con esta idea, Marcos y col. (1990) explicaron la presencia de elevados valores de NEFA al inicio de la lactación como consecuencia del incremento en la movilización de reservas corporales al incrementarse las necesidades energéticas. Otros investigadores difieren en cuanto al momento en el que se dan los mayores niveles circulantes de NEFA. Así, para Cseh y col. (1984) esos valores se alcanzan a las 2 semanas posparto, mientras que para Margolles (1983), los mayores niveles los encuentra durante la gestación y no en la lactación, achacándolo a la alimentación que recibían los animales en su estudio. En un estudio llevado a cabo en Australia (Toharmat y col., 1999) se afirmaba que los valores máximos de NEFA se observaban en el primer día del posparto. Coincidiendo con esta idea, Wathes y col. (2007) ratifican que el pico en la concentración de NEFA se produce inmediatamente después del parto. En cuanto a los efectos del grupo de ordeño, contrariamente a lo que cabria esperar, vistos los apartados anteriores, encontramos valores más altos de NEFA en el grupo de 2 ordeños. Esta diferencia pude deberse al tipo de dieta empleada. Así, mientras que con la dieta 1 observamos que la concentración de NEFA es mayor (sin ser una diferencia significativa) con 4 ordeños. En el caso de la dieta 2 la relación se invierte llegando a existir una interacción grupo dieta (valores de NEFA más altos con dieta 2 en el grupo de 2 ordeños). Puede que la explicación a este hecho tengamos que buscarla en la mayor producción de leche, al inicio de la lactación, con la dieta 2 y en particular en el grupo C2.Una mayor producción de leche unido a un menor aporte energético en la dieta obligaría a una mayor movilización de grasas elevando la concentración de NEFA circulante 1.5.- Condición corporal/Ganancia de condición corporal. Con respecto a la condición corporal sus valores medios variaron desde los 2,65 hasta los 3,20 puntos. Su evolución fue la esperada, produciéndose un descenso desde el parto hasta la 2º semana posparto, para posteriormente recuperarse. Este patrón es similar al descrito por Gallo y col. (1997) y por Bittante y col. (1999). En ambos trabajos se describe la existencia de una correlación entre la condición corporal y el estadío de lactación. Así, describen un descenso en la Discusión -97- condición corporal de los animales desde el momento del parto hasta los 100-120 días de lactación (Gallo y col., 1997; Bittante y col., 1999), para posteriormente recuperarse, mediada la lactación o en su tercio final. En nuestro caso, la recuperación se inicia en torno a la 3º semana posparto, aproximándose a los resultados observados por Kim y Suh (2003) y Meikle y col. (2004), para los que la recuperación se inicia en torno a la 4º-5º semana del posparto. En todos estos trabajos se justifica la evolución de la condición corporal como consecuencia de la movilización de reservas que exige el inicio de la lactación, así como de la restauración del equilibrio energético que se produce a mitad de la lactación, lo que se traduce en una recuperación de la condición corporal. En cuanto al efecto del grupo de ordeño, se observa claramente como la evolución de la condición corporal es más favorable con 2 ordeños que con 4. Cuando se incrementaba la frecuencia de los ordeños, la pérdida de condición corporal, además de ser más acentuada, se prolongaba hasta la 5º semana del posparto. Coincidimos en este punto con los resultados descritos por Kim y Suh (2003), quienes indican que los animales que sufren una pérdida de condición corporal más marcada, pierden más condición corporal durante el primer mes posparto, y la recuperan de una forma más lenta, comparándolos con los que tienen una pérdida de condición corporal moderada. Sin embargo, nuestros resultados no coinciden con los de Patton y col. (2006), quienes no encontraron ningún efecto de la frecuencia de ordeño sobre la condición corporal. En cuanto al efecto del tipo de alimentación, la evolución de la condición corporal es mejor con la dieta 2. Recordemos que la dieta 2 es, a nivel práctico, más energética, que puede ser la razón por la que los animales alimentados con esta dieta experimentaban una mejor evolución en su condición corporal. En este punto discrepamos nuevamente de los resultados de Patton y col. (2006), para quienes no existe una influencia de la concentración de energía sobre la condición corporal. 2.- Metabolismo Proteico 2.1.- Albúmina. El valor medio de su concentración sérica de este metabolito, se sitúa próximo al que se ha descrito como fisiológico por Holter y col. (1990), y a los valores descritos por Reist (2001). En cuanto a su evolución, coincidimos con la que describían Aeberhard y col. (2001) y Reist (2001). No obstante, Reist (2001) afirmaba que la recuperación de sus valores séricos se producía a partir de la semana 20 del posparto, mientras Discusión -98- que, en nuestro caso, ésta se recupera antes, en torno al segundo mes posparto. El aumento progresivo de la concentración sérica de la Albúmina es consecuencia del incremento de la síntesis proteica en el hígado, lo que podría ser un reflejo de una mejora en el estatus nutricional y hepático de los animales. El efecto significativo del grupo de ordeño podría ser consecuencia de la peor situación energética de los animales del grupo de 4 ordeños (si observamos su evolución comprobamos que la diferencia se aprecia sobre todo en los 3 primeros muestreos). En cuanto al efecto de la dieta, es probable que las diferencias observadas sean simplemente reflejo de los procesos de selección de alimento que se dieron con la dieta 1. 2.2.- Proteínas Totales. Los valores séricos de este metabolito oscilaron dentro del rango considerado como fisiológicos según (Moore e Ishler, 1997; Knowles y col., 2000). Con respecto a la evolución de las Proteínas totales en el periparto, observamos que sus valores aumentaban desde el momento del parto. Así, las concentraciones más bajas, observadas en el parto, podrían ser atribuidos al estado de anorexia que esta situación induce en el animal. Esta observación coincide con las afirmaciones de Gadhave y col. (2000), quienes tras haber realizado un seguimiento del perfil de proteínas séricas durante la última fase de la gestación e inicio del posparto, apreciaron la existencia de un descenso significativo del nivel de proteínas totales y de globulinas el día del parto. Un comportamiento similar fue descrito por Zvorc y col. (2000), realizando un estudio comparativo entre proteinogramas de vacas preñadas y no preñadas. Así, encontraron que las vacas preñadas (9º mes de gestación) presentaban un valor de proteínas totales significativamente más bajo que los animales vacíos. Por otra parte, el ascenso que se aprecia a partir del parto es comparable al descrito por Quintela (1995). Otros investigadores (Nicoletti y col., 1981; Holter y col., 1990) también han descrito valores de proteínas totales más elevados durante la lactación. Sin embargo, también hemos encontrado estudios (Ghergariu y col., 1984; Macovei 1986; Hernández, 1991) en los que no se han demostrado modificaciones en los valores de proteínas totales, asociados al estado fisiológico del animal. El hecho de que exista un efecto significativo de la dieta sobre este parámetro (mayores valores de proteínas totales con la dieta 1) podría ser debido nuevamente a la selección de alimento. En el caso del número de ordeños, a pesar Discusión -99- de mostrar una diferencia estadísticamente significativa, esta diferencia es muy pequeña para considerarla relevante. 2.3.- Urea. Los valores de urea sérica observados en el presente estudio se encuentran dentro del rango considerado como fisiológico (Medway y col., 1980; Roussel y col., 1982 y Plonait, 1984), aunque próximos al límite superior, tal y como se evidencia en otros estudios más recientes Reist (2001), Ling y col. 2003, Wathes y col. (2007). Son muchos los factores que influyen en las concentraciones séricas de urea en los rumiantes desde las últimas fases de gestación hasta la primera parte de la lactación: El incremento del catabolismo de ácidos grasos en músculo esquelético con el fin de cubrir las necesidades del feto (gestación) y glándula mamaria (lactación) (Bell, 1995; Moore y Varga, 1996). La propia alimentación, así, la cantidad y tipo (según sea o no degradada en el rumen) de proteína en la dieta y su relación con la energía, determinan sus concentraciones séricas; si a esto se le suma una situación de BEN, la concentración de urea puede elevarse (O´Callahang y col. 2001). En nuestro caso entendemos que puede existir una tendencia a maximizar el aporte de proteína, debido a que, de esta forma, los ganaderos incrementan la producción láctea de sus vacas (Grings y col., 1991). Otras posibles explicaciones a este hecho serían la existencia de fallos en la formulación de las raciones, como consecuencia de emplear valores tabulados para predecir los aportes de cada alimento (Calsamiglia, 1998), o la falta de información acerca de las necesidades reales de aminoácidos por parte de los animales, lo que conduciría a incrementar los aportes proteicos de las raciones (Bach, 2002). En lo que respecta al efecto del número de ordeños, a pesar de no encontrar una diferencia significativa, si nos centramos en la primera parte del posparto, vemos niveles más altos en el grupo de 4 ordeños. Podría ayudarnos a comprender ese hecho, recordar que la situación energética de los animales que tenían la frecuencia de ordeño aumentada (glucosa, colesterol, condición corporal) era peor que el de los animales que sólo se ordeñaban 2 veces al día. En el caso de la dieta el efecto es más evidente, y creemos que es debido a un desequilibrio energía/proteína en la dieta como consecuencia de la selección de alimento. Como ya hemos mencionado, existe una relación entre energía y proteína. Por una parte, las elevadas concentraciones de urea, debidas a aportes excesivos de proteína bruta en la ración, tienden a incrementar el BEN, como consecuencia del elevado coste energético de la eliminación de la urea (Canfield y col. 1990; Calsamiglia 1998). Además del gasto energético asociado a su Discusión -100- eliminación, el proceso de ureogénesis que se lleva a cabo en el hígado supone también un gasto energético importante, ya que la transformación de 1g de nitrógeno en urea requiere 7.3 kcal. A esto debemos sumar que la ureogénesis compite con la gluconeogénesis por el oxalato, lo que incrementa el estrés metabólico de los animales de alta producción (Bach 2002). Por otra parte, raciones con deficiencias en energía impiden la síntesis de proteína microbiana en rumen, incrementando los niveles de amoniaco y urea en sangre, a pesar de que el aporte proteico de la ración sea el adecuado (Calsamiglia 1998). 3.- Metabolismo Mineral. 3.1.- Calcio. Las concentraciones séricas de calcio observadas en este estudio se encuentran dentro de los valores de referencia descritos por Boyd (1984). Valores y evolución de calcemias similares han sido descritos por Reist (2001) y Rodríguez y col. (2004). A pesar de no haber realizado un control de este parámetro durante las semanas previas al parto, es muy probable que alrededor de ese momento, se haya producido un descenso en la calcemia como consecuencia de la producción de calostro y del inicio de la lactación. El incremento que observamos en el primer mes posparto es el reflejo de la recuperación en la homeostasis del calcio (Riond y col., 1995; Kamgarpour y col., 1999). 3.2.- Fósforo. La concentración sérica de este mineral se encuentra dentro del rango considerado como fisiológico (Boyd, 1984; Holter y col. 1990). En cuanto a su evolución, la escasa variabilidad encontrada en nuestro estudio coincide con lo observado por Gómez-Tagle-Zárate (1993) y Reist (2001). Estos estudios no encontraron diferencias significativas en la concentración sérica de fósforo en cuanto al estado reproductivo, edad, número de inseminaciones, número de partos, otros minerales (Gómez-Tagle-Zárate, 1993) o con la concentración energética de la ración (Reist, 2001). Hemos encontrado un efecto significativo para el factor dieta (valores más bajos de fósforo con la dieta 1). Este resultado no coincide con los resultados del estudio antes mencionado de Reist (2001). Dicho autor concluía que la concentración de fósforo no se veía afectada por la concentración energética de la ración. Debemos de tener en cuenta que, en su estudio, las raciones comparadas eran similares, pero diferían en la cantidad de concentrado, mientras que en nuestro caso la dieta 1 y la 2 están formuladas de manera diferente. Discusión -101- 3.3.- Relación Calcio/Fósforo. Atendiendo a las recomendaciones del NRC (2001), la relación óptima del cociente Ca/P debería situarse alrededor de 2:1. En nuestro caso, observando la grafica de evolución de este parámetro, comprobamos que se sitúa (con excepción de los momentos posteriores al parto) en torno a este valor. En los últimos años, como consecuencia de la creciente preocupación por el medio ambiente, hay una tendencia a adecuar los aportes nutricionales de fósforo y nitrógeno a las necesidades reales de los animales. A esto debemos añadir el hecho de que incrementar los aportes de fósforo por encima de las necesidades no mejora ni la producción de leche, ni el rendimiento reproductivo (López y col. 2004). El efecto significativo observado para la dieta (la relación es más alta para la dieta 1), probablemente sea debido a la diferente formulación de las mismas. 3.4.- Magnesio. En nuestro estudio, los valores séricos de este mineral se encuentran del rango fisiológico descrito por Boyd (1984) y Sato y col. (1988). En cuanto a su evolución creciente a lo largo del posparto, coincidimos con los resultados descritos previamente por Riond y col. (1995) y Reist (2001). No obstante, otros investigadores (Mayer y col., 1984; Quintela, 1995) afirman que sus concentraciones permanecen constantes a lo largo del posparto. II.- Producción y Calidad de la leche. 1.- Producción mensual de leche. Tras analizar detenidamente la evolución de la producción de leche a lo largo de la lactación y tras haber evaluado el metabolismo energético, proteico y mineral, podemos confirmar la existencia de un efecto significativo tanto del número de ordeños al que sometíamos a los animales, como de la dieta que se les suministraba. Cuando evaluábamos el efecto del incremento de la frecuencia del ordeño, nuestros resultados contradecían a los del mayoría de investigadores, que afirman que existe un efecto positivo del incremento en el número de ordeños sobre la producción láctea (Amos y col., 1985; Van der Iest y Hilerton, 1989; Barnes y col., 1990; Jurjanz y col., 1993; Erdman y Varner, 1995; Kruip y col., 2000; Hale y col., 2003; Dahl y col., 2004; Wall y McFadden, 2007). No obstante, también existen algunos estudios recientes que no apreciaron ese incremento (Fernades y col., 2004; VanBaale y col., 2005). A la hora de justificar sus resultados, estos 2 estudios coinciden en citar diferencias de diseño y de manejo con estudios previos, en los que si se apreciaba el efecto positivo. Así en el trabajo de VanBaale y col. Discusión -108- reproductivos (Wathes y col., 2007). Los efectos negativos de una elevada concentración de urea sobre la reproducción se centran en 2 puntos: ovario y útero. Sobre el ovario, Sinclair y col. (2000) sugieren la existencia de un efecto negativo sobre el desarrollo del ovocito. En el útero, Butler (2001) postula que una elevada concentración de urea puede modificar el ambiente uterino al elevar su pH, generando una situación hostil tanto para los gametos masculino y femenino como para un embrión. No obstante, estos efectos negativos de la urea pueden reducirse si el estatus energético se controla de una forma adecuada (Laven y col., 2007). Una marcada pérdida de condición corporal al inicio de la lactación incrementa los riesgos de padecer alteraciones metabólicas y reproductivas (Kim y Suh, 2003). López-Gatius y col. (2002) indicaban que una caída de 1 punto en condición corporal (usando una escala de 1-5 puntos) durante los primeros 30 días del posparto aumentaba las probabilidad de fallo en la concepción, resultados similares fueron descritos por Silke y col. (2002) y Rutigliano y Santos (2005). En cuanto a la influencia de la dieta sobre los intervalos reproductivos y el número de inseminaciones, no hemos encontrado diferencias significativas. Coincidimos así con los resultados de Patton y col. (2006). No obstante, los datos reproductivos son peores con la dieta 1 (pensamos que las diferencias no llegan a ser significativas debido a la dispersión de los resultados). Como hemos podido ver en el apartado de metabolismo, la evolución del estatus metabólico fue mejor con la dieta 2 que con la 1 (en los párrafos anteriores analizamos como las situaciones de BEN repercutían sobre el rendimiento reproductivo). Es fácil entender que si los animales que recibieron la dieta 1 sufrieron un mayor estrés metabólico, su rendimiento reproductivo este más comprometido. 2.- Reinicio de la actividad ovárica. La alteración de la actividad ovárica posparto afecta negativamente al rendimiento reproductivo de los animales (Nakao y col., 1992; Lamming y Darwash, 1998). De ahí que, una recuperación temprana de la actividad ovárica cíclica sea crucial. En nuestro trabajo, el porcentaje de reinicio normal de la actividad ovárica fue de un 28,57%, eso supone que más de un 70% de las vacas objeto de estudio (71,43%), padecieron algún tipo de alteración en su funcionalidad ovárica. Coincidimos así con los resultados descritos por Shrestha y col. (2004). En su estudio, más de dos tercios de los animales presentaron este tipo de alteraciones. Tanto nuestro porcentaje de alteraciones en la funcionalidad, como el de Shrestha y col. (2004), son mayores que los descritos en estudios anteriores (Opsomer y col., 1998; Lamming y Darwash., 1998). Discusión -109- En nuestro caso la distribución de los distintos tipos de retraso fue la siguiente: Tipo I 30,36%, Tipo II 33,93%, Tipo III 3,57% y Tipo IV 3,57%. El retraso Tipo I (la fase lútea prolongada) presentó una distribución muy similar al 31,5% reflejado en el trabajo de Shrestha y col. (2004), siendo éste más elevado que lo descrito en trabajos previos (Opsomer y col., 1998; Lamming y Darwash, 1998; Nakao y col., 1992). La incidencia del retraso tipo II (retraso en la primera ovulación) fue superior a la observada en trabajos anteriores (Shrestha y col. 2004; Lamming y Darwash, 1998; Nakao y col., 1992). La frecuencia de presentación de los retrasos Tipos III (fase lútea corta) y IV (cese de la ciclicidad), fue muy similar a la observada por Shrestha y col. (2004) y Opsomer y col. (1998) y sensiblemente menor a la que describen Lamming y Darwash (1998) y Nakao y col. (1992), que los sitúan en torno al 10%. Debemos destacar que en el caso de los estudios de Opsomer y col. (1998) y Lamming y Darwash (1998) el manejo de los animales era de tipo semiextensivo, en el que se combinaba el pastoreo durante el verano y la estabulación permanente a lo largo del invierno. Sin embargo, tanto en nuestro estudio como en el de Shrestha y col. (2004) el manejo fue intensivo. Este tipo de manejo puede considerarse como un factor de riesgo para la aparición de alteraciones en la funcionalidad ovárica, en comparación con el manejo en extensivo (Opsomer y col., 2000). Otro factor de riesgo es la elevada producción de leche (Shrestha y col., 2004). Dado que en nuestro estudio también están presentes estos dos factores de riesgo, es probable que su combinación sea la responsable del elevado número de disfunciones ováricas encontradas. El retraso en el reinicio de la actividad ovárica cíclica afecta negativamente al intervalo pato-1ºIA y al porcentaje de gestación, aumentando el intervalo partogestación. La concentración de progesterona durante la fase lútea de la primera ovulación posparto, es baja, y se incrementa gradualmente durante los 2 o 3 ciclos posteriores (Villa-Godoy y col., 1988; Staples y col., 1990). Los animales que logran quedar gestantes al inicio del postparto tienen mayor concentración de progesterona en el ciclo estral que precede al celo (Folman y col., 1973; Fonseca y col., 1983), e incluso en el ciclo siguiente (Butler y col., 1996), frente aquellos otros que no lo logran. Un reinicio normal de la actividad ovárica permite a la vaca tener 2 o más ciclos antes del celo, lo que aumenta la probabilidad de quedar gestante (Shrestha y col., 2004). El retraso Tipo I se debe, normalmente, a alteraciones en el proceso de luteolísis. La luteolísis se origina por la liberación de PGF 2α generada en el Discusión -110- endometrio. Cualquier circunstancia que prevenga o retrase la liberación de prostaglandinas por parte del útero y su transporte local hacia el ovario, puede detener o ralentizar la luteolísis. Algunos autores sugieren que una insuficiente concentración de estradiol, como consecuencia de una baja secreción por parte de los folículos maduros, o a un incremento de su metabolismo, retrasa o interfiere la activación de los receptores de oxitocina del endometrio uterino, necesarios para la liberación de la PGF 2α (Roche y col., 2000; Lucy, 2001). Enlazando con esta hipótesis está el hecho de que, el tamaño de los folículos de vacas que padecen una situación severa de BEN es menor (Lucy y col., 1991; Beam y Butler, 1997) y producen menores cantidades de estradiol. Otro de los factores que puede interferir una luteolísis normal, es la inflamación del endometrio (Olson y col., 1984). En el caso del trabajo de Shrestha y col. (2004), aceptan este segundo postulado como el principal responsable del elevado porcentaje de retraso Tipo I que observaron. En nuestro caso, a pesar de tener registrado casos de metritis, creemos que tiene un mayor peso el BEN sobre la elevada frecuencia de aparición no sólo del retraso Tipo I, sino también del tipo II. El balance energético (diferencia entre la energía que se ingiere y la energía utilizada para el mantenimiento y la producción de leche) es muy crítico durante el inicio del posparto y está altamente correlacionado con el intervalo desde el parto hasta la primera ovulación (Lucy y col., 1991; Beam y Butler, 1998). Inmediatamente después del parto se establece e incrementa la producción de leche, aumentando, en consecuencia, la demanda energética. No obstante, su ingesta permanece constante o incluso disminuye. Todo esto conduce a una situación de BEN. La duración y la severidad del BEN en el posparto, afecta a la primera ovulación (Beam y Butler, 1999). Las vacas que padecen un BEN más elevado tienen menores concentraciones periféricas de IGF-I y de LH, estas 2 hormonas actúan de un modo sinérgico, promoviendo el desarrollo folicular (Lucy, 2000). El BEN afecta negativamente al número y tamaño de los folículos ováricos más grandes (Lucy y col., 1991; Beam y Butler, 1997), interfiere con la ovulación (Beam y Butler, 1997) y disminuye las concentraciones de progesterona en plasma (Spicer y col., 1990). -111- Conclusiones Conclusiones -112- 1.- En este estudio, el incremento en el número de ordeños no supuso un aumento en la producción de las vacas, al contrario, la producción disminuyó en los animales ordeñados 4 veces. 2.- El efecto sobre el contenido en grasa, proteína y lactosa de la leche tan solo varió, según lo esperado, en función de la producción, de forma que los animales que producían menos leche mostraron porcentajes superiores de grasa y proteína. 3.- No hemos encontrado un efecto significativo del incremento del número de ordeños sobre el contenido en células somáticas, lo que indica que no tienen porque producirse más mamitis por ordeñar más veces. 4.- No se ha podido demostrar un efecto negativo del incremento del número de ordeños sobre la involución uterina o el restablecimiento de la actividad ovárica postparto, sin embargo, en este último caso, el porcentaje de animales que han reiniciado la actividad ovárica a los 60 días en el grupo de 4 ordeños es mucho más bajo que en el de 2. 5.- Aunque las diferencias en los intervalos postparto en función del número de ordeños no fueron estadísticamente significativas, si lo fue la diferencia en el número de inseminaciones necesarias para conseguir una gestación, siendo muy superior en el grupo de 4 ordeños. 6.- En las condiciones en las que se desarrolló este estudio, el incremento de 2 a 4 ordeños en los primeros meses del postparto no es rentable, ya que no se incrementa la producción e incluso empeora ligeramente la reproducción. Esta situación se debe a que, sin una adaptación de la granja al nuevo sistema de manejo, los animales están continuamente en actividad, lo que incrementa su estrés y reduce el tiempo del que disponen para alimentarse, todos estos factores se traducen en un mayor balance energético negativo y, como consecuencia, en una reducción de la producción de leche y de la eficacia reproductiva. Esto no quiere decir que, adecuando las instalaciones y la alimentación a la nueva situación, los resultados no puedan ser mejores. En definitiva, incrementar el número de ordeños sin otros cambios en la explotación puede ser incluso perjudicial para la rentabilidad económica de la granja. -113- Referencias Bibliográficas Referencias Bibliográficas -114- Aeberhard, K.; Bruckmaier, R.M.; Blum, J.W. (2001). Metabolic, enzymatic and endocrine status in high-yielding dairy cows-Part 2. Journal of Veterinary Medicine, Series A. 48(2): 111-127. Ahmad, N.; Beam, S. W.; Butler, W. R.; Deaver, D. R.; Duby, R. 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Veterinarski Arhiv. 29(1): 21-30. -146- Anexo: Tablas Anexo: Tablas -147- Grupo Dieta Media ± sd N Parto 2 Ordeños 1 56,39±12.08 11 2 54,55±14,63 21 Total 55,36±13.66 32 4 Ordeños 1 40,62±13,17 10 2 48,75±15,51 14 Total 45,36±14,85 24 Total 1 49,16±14,85 21 2 52,23±15,04 35 Total 51,08±14,91 56 1º Mes 2 Ordeños 1 50,03±7,65 11 2 48,70±6,38 21 Total 49,16±6,75 32 4 Ordeños 1 41,43±10,54 10 2 47,29±9,66 14 Total 44,85±10,25 24 Total 1 45,93±9,93 21 2 48,14±7,75 35 Total 47,31±8,61 56 2º Mes 2 Ordeños 1 57,94±7,05 11 2 52,45±6,90 21 Total 54,34±7,33 32 4 Ordeños 1 47,40±11,78 10 2 44,82±7,89 14 Total 45,90±9,55 24 Total 1 52,93±10,79 21 2 49,40±8,14 35 Total 50,72±9,28 56 3º Mes 2 Ordeños 1 59,29±4,04 11 2 61,44±9,96 21 Total 60,70±8,38 32 4 Ordeños 1 43,98±11,20 10 2 42,65±4,81 14 Total 43,20±7,91 24 Total 1 52,00±11,22 21 2 53,92±12,43 35 Total 53,20±11,92 56 4º Mes 2 Ordeños 1 67,30±8,41 11 2 56,81±6,14 21 Total 60,41±8,53 32 4 Ordeños 1 55,44±8,46 10 2 52,56±6,10 14 Total 53,76±7,15 24 Total 1 61,65±10,21 21 2 55,11±6,39 35 Total 57,56±8,75 56 5º Mes 2 Ordeños 1 59,25±3,39 11 2 55,98±6,71 21 Total 57,10±5,93 32 4 Ordeños 1 48,11±8,25 10 2 59,77±8,42 14 Total 54,91±10,06 24 Total 1 53,94±8,30 21 2 57,50±7,56 35 Total 56,16±7,96 56 Tabla 6.- Concentraciones de glucosa (media ± sd) y valores n en los diferentes momentos del muestreo en función de la dieta y del número de ordeños. Anexo: Tablas -148- Grupo Dieta Media ± sd N Parto 2 Ordeños 1 131,94±28,02 11 2 79,12±29,57 21 Total 97,28±38,30 32 4 Ordeños 1 113,29±22,73 10 2 73,95±15,01 14 Total 90,34±26,87 24 Total 1 123,06±26,76 21 2 77,05±24,64 35 Total 94,31±33,77 56 1º Mes 2 Ordeños 1 180,51±35,39 11 2 162,57±35,13 21 Total 168,74±35,71 32 4 Ordeños 1 171,13±35,77 10 2 126,87±26,09 14 Total 145,31±37,18 24 Total 1 176,05±35.00 21 2 148,29±36,07 35 Total 158,70±37,86 56 2º Mes 2 Ordeños 1 247,81±36,26 11 2 171,11±80,08 21 Total 197,47±77,02 32 4 Ordeños 1 211,70±39,51 10 2 170,99±37,13 14 Total 187,95±42,55 24 Total 1 230,61±41,25 21 2 171,06±65,57 35 Total 193,39±64,21 56 3º Mes 2 Ordeños 1 271,27±40,26 11 2 213,72±51,77 21 Total 233,50±54,99 32 4 Ordeños 1 265,10±51,88 10 2 198,19±51,29 14 Total 226,07±60,62 24 Total 1 268,33±45,07 21 2 207,51±51,40 35 Total 230,32±57,05 56 4º Mes 2 Ordeños 1 217,27±77,87 11 2 256,59±46,10 21 Total 243,07±60,72 32 4 Ordeños 1 234,58±24,42 10 2 192,76±50,41 14 Total 210,19±45,97 24 Total 1 225,51±58,13 21 2 231,06±56,81 35 Total 228,98±56,84 56 5º Mes 2 Ordeños 1 229,87±55,72 11 2 261,10±75,26 21 Total 250,37±69,88 32 4 Ordeños 1 240,33±42,64 10 2 204,79±49,66 14 Total 219,60±49,25 24 Total 1 234,85±48,98 21 2 238,58±71,12 35 Total 237,18±63,27 56 Tabla 7.- Concentraciones de colesterol (media ± sd) y valores n en los diferentes momentos del muestreo en función de la dieta y del número de ordeños. Anexo: Tablas -149- Grupo Dieta Media ± sd N Parto 2 Ordeños 1 23,57±10,40 11 2 18,34±8,10 21 Total 20,14±9,14 32 4 Ordeños 1 36,43±26,42 10 2 16,71±6,35 14 Total 24,92±19,86 24 Total 1 29,69±20,28 21 2 17,69±7,39 35 Total 22,19±14,76 56 1º Mes 2 Ordeños 1 15,25±7,78 11 2 8,44±7,10 21 Total 10,78±7,93 32 4 Ordeños 1 14,87±6,02 10 2 8,22±4,27 14 Total 10,99±5,98 24 Total 1 15,07±6,83 21 2 8,35±6,05 35 Total 10,87±7,10 56 2º Mes 2 Ordeños 1 20,12±8,87 11 2 10,44±10,42 21 Total 13,77±10,83 32 4 Ordeños 1 20,62±10,54 10 2 9,12±7,78 14 Total 13,91±10,54 24 Total 1 20,36±9,45 21 2 9,91±9,35 35 Total 13,83±10,61 56 3º Mes 2 Ordeños 1 13,77±3,82 11 2 12,54±9,10 21 Total 12,97±7,65 32 4 Ordeños 1 10,80±4,83 10 2 15,07±3,37 14 Total 13,29±4,49 24 Total 1 12,36±4,48 21 2 13,55±7,39 35 Total 13,11±6,43 56 4º Mes 2 Ordeños 1 24,52±19,55 11 2 15,99±11,97 21 Total 18,92±15,25 32 4 Ordeños 1 14,09±7,46 10 2 15,42±6,41 14 Total 14,86±6,74 24 Total 1 19,55±15,64 21 2 15,76±10,00 35 Total 17,18±12,42 56 5º Mes 2 Ordeños 1 12,72±5,80 11 2 13,56±10,92 21 Total 13,27±9,38 32 4 Ordeños 1 19,91±6,33 10 2 6,02±3,53 14 Total 11,80±8,46 24 Total 1 16,14±6,95 21 2 10,54±9,43 35 Total 12,64±8,95 56 Tabla 8.- Concentraciones de triglicéridos (media ± sd) y valores n en los diferentes momentos del muestreo en función de la dieta y del número de ordeños.