Representación que el...arzobispo de Santiago y obispos de Galicia dirigieron a S.A. la Regencia del reyno, solicitando suspendiese la execución de los decretos de abolición de Inquisición
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REPRESENTACION que el Excmo. é Illmos. Sres. arzolispo de San* lingo y obispos de Galicia dirigieron á S, ^1. la Regencia del reyno^ solicitando suspendiese la execucion de los decretos de abolición de Inquisición. SERENISIMO SEÑOR: El arzobí-po de Santiago y demas prelados que subscri ben , se arrev. a á dirigir á V. A. con el mas profundo res peto esta Inunii. e exposición, dictada por su celo por nues tra santa ReíJgion, por el interes que toman en que se conserve ileso el honor del Congreso nacional, y por sus ar dientes deseos de evitar desobediencias , escándalos y cismas que amenazan á los pueblos de nuestra católica monarquía. Cuando en los papeles públicos se anunció la abolición del Sto. tribunal de la Fé y la subrogación de otros nue vos protectores de la Religión acordados sin la anuencia de S. S. ni conocimiento de los obispos, vieron y entendieron por informes nada sospechosos el general descontento de los pueblos, tanto de las suyas como de las demas diócesis de los : países libres y de los ocupados por los enemigos. Dolíanse
de que la preocupación ó la ignorancia pretendieran man cillar el honor del mismo católico nacional Congreso , atri buyéndole los sentimientos de algunos Sres. diputados estam pados en los papeles públicos, y que no eran ni podían ser los de la mayoría del. Congreso. Dolíanse aun mas al ver la algazara con que ciertos hombres bien conocidos del púbüco, ¿caso por su irreligión é inmoralidad, celebraban aque llos decretos como un triunfo conseguido contra la iglesia, contra sus ministros , contra el papa su cabeza y contra todos los fieles amantes de la Religión católica ; y recrecía su dolor al leer los insultos que con tan plausible motivo, y como para solemnizar aquel triunfo vomitaban los perio distas, redoblando su audacia , erigiéndose osadamente en órganos é intérpretes de los soberanos decretos y celadores únicos de nuestra ilustrada Constitución , y creyéndose con esta salvaguardia autorizados á denostar lo mas sagrado y divino de nuestra Religión, como si por aquellos decretos se les huviera otorgado la licencia de pensar, decir y escri bir cuanto se ha pensado, dicho y escrito contra la iglesia de Jesucristo, y tomando por divisa el sentiré qute velis, et qute sentías dicere licet de Tácito, no solo en materias polí ticas, y sí también y con mas desafuero en materias reli giosas, En tan triste coyuntura huvieran elevado su respetuosa voz al Congreso nacional y á V. A. si huvieran podido lisongearse de que su eco sería ahora mas afortunado que el de treinta obispos sus hermanos. Se consolaban sin em bargo con la esperanza de que informado V. A. por otros - conductos que se creyeran mas imparciales de los terribles males que irremediablemente amenazaban á la Religión y á la patria, suspendería la execucion de aquellos soberanos decretos, siquiera hasta tanto que obtenida la anuencia de S. S. ú oyendo á los obispos , pudieran . tomarse las provi dencias oportunas para llevarlos á efecto sin comprometer su dignidad, ni aventurar la pública tranquilidad y la con cordia de sentimientos , hoy mas que nunca tan necesaria para expeler al cruel enemigo que nos agovia. Pero ¡cual fué su sorpresa al recibir los soberanos decretos de iz de u
febrero con el Mdhi/ieíto á los españoles, que deberá leerse al ofertorio de la misa por tres domingos consecutivos! y ¡cual su amargura al saber la aflicción de casi todos los fieles de sus diócesis exacerbadas también é irritadas por las injurias é impudencia de los malévolos que , en eáta oca sión parecían querer provocar á la sedición , á la guer ra civil y á la anarquía! Combatidos en este instante de los encontrados sentimientos de obediencia á los decretos de S. M. y celo por la tranquilidad pública , bien espiri tual de sus diocesanos , y horror no á la guerra entre el sacerdocio y el imperio, y sí al cisma religioso y política que veían anunciarse, huvieran arrimado sus báculos pasto rales y retirádose á una isla desierta del Occeano por na ser testigos de los males de sus iglesias, y de los furores anárquicos del pueblo, sí huvieran creído que esta medida fuera conducente para evitarlos, Pero .... se detuvieron í níeditaron , consultaron á sus cabildos y á los hombres mas respetables de dentro y de fuera de sus diócesis; explora ron con la mas rígida imparcialidad los sentimientos de los Súbditos en tan funesta crisis, y se persuadieron á que no mcurririan en la indignación de V. A. suspendiendo la execucion de los soberanos decretos, mientras que exponen los terribles males que de su publicación se seguirían. El solo rumor de haber llegado los decretos enuncia dos y la lectura del Manifiesto á los españoles , que inoportu namente y quizá con siniestras miras se atrevieron á publi car los periodistas, han causado en el público una conster nación universal é inexplicable y una efervescencia con to dos los horribles síntomas de inobediencia, de cisma y de escandalosas divisiones, que á ningún poder humano es, da do evitar si no se obstruye la fuente de donde nacen. Nos llegan á cada paso representaciones de los pueblos , súpli cas y aun quexas que nos abruman y hacen temer con so brados fundamentos que al leerse en los púlpitos el Manifies to y referidos decretos, veremos en las iglesias aquellas es cenas de horror que se vieron en el Oriente en los acia gos tiempos del Arrianismo, se oirán los gritos mofadores y sacrilegos de los malvados contra los buenos, sin que pue
da adivinarse sí éstos podrán contenerse en ios límites de la moderación cristiana y mansedumbre avangélica. Nada exageramos , Señor , V. A. oprimido con la muchedumbre de negocios importantísimos para la salud de la patria, alexado de nosotros á tan larga distancia, no puede fácilmente saber cual es el estado de los pueblos en tan críticas cir cunstancias ; y las noticias que se envian á Cádiz por hom bres acostumbrados á vender como voluntad general la pe culiar suya, y los periódicos conductos todavía mas vicio sos, no pueden dar una justa idea del cómo se piensa, del choque de opiniones y de sentimientos, y de las inmi nentes desgracias que deben temerse. Por decontado casi no dudaremos decir que cuando no todos á lo menos una gran parte de los expecradores asombrados con esta novedad , imi tarán el exemplo de aquel otro Sr. diputado que aseguró francamente á la faz del Congreso nacional sería el primea ro en salirse de la iglesia por no oir leer allí semejante Manifiesto , que sería el mas grande desayre de las mismas Cortes y formal irrisión de sus órdenes. Además que con dificultad se prestarían los párrocos y otros sacerdotes á leer en público el expresado Manifiesto con el decreto de aboli ción, porque el clero y pueblo en general se muestran po co inclinados á ello; ni nuestra autoridad sería bastante pa ra obligarlos á unos actos en su sentir sonrojosos. Amenaza, Señor, (lo decimos con toda la sinceridad á que nos obli ga y excita el augusto carácter de nuestra dignidad ) ame naza, y repetimos con dolor y con lágrimas, y el disimu lar en esta ocasión, decía el grande Ambrosio, sería no pe queño delito (a)*, amenaza un cisma religioso y político; y no son los buenos los que lo promueven , no : ni es el clero, él clero tan sumiso y respetuoso á la voluntad é insinua ciones mas leves de V. A. y que con una firmeza profética puede decir á la faz del Cielo y de la tierra no yo he tur bado á Israel : son sí los desordenados facciosos , quienes re* pitiendo estudiadamente que habiendo sido desatendida la (a) In causa Del ubi communionis periculum est, dissimulare peccatum est non leve. S. Ambr, de Offic. lib. i, c. 24. u
voz de treinta obispos, espiró la tiranía sacerdotal , se per suaden y quieren persuadir á los demas, que ya el episco pado no podrá reprimir su osadia: que c.rcularán impune mente los libros venenosos , y que no ya los cléngos dic tarán las leyes de los que deban prohibirse. , Efectivamente son los facciosos a quienes, no contienen las protestas del augusto Congreso "de no traspasar un ápice los límites de la autoridad civil ni eclesiástica; ni aquellas palabras dignas de un Constantino o de un Leodosio "ni permita Dios que las Cortes usurpen jamas la autoridad de la iglesia, ” los que se persuaden y quieren persuadir á los demas que ya está aniquilada la autoridad pontificia, porque las Cortes abolieron el tribunal engido por los pontífices: que ya estos perdieron su influencia en España, y que no hay que temer mas los formidables ra yos del Vaticano. ¡Pueden oirse injurias mas atroces, bi, Señor, lo afirmamos sin recelo; ellos son los que truncan, alteran y corrompen las mismas palabras del Congreso, alar mando así las conciencias de los buenos católicos. Ellos os que pregonan que hoy mas deberá mirarse como .un ho nor el haber sido procesado por el. santo Oficio, porque también lo fueron los Leones y Carranzas; como si, por que alguna vez un inocente fuese conducido por sorpresa al tribunal por las cabalas é intrigas de la iniquidad, mal de que ningún tribunal humano estuvo jamas ni estará exento, se huviera de canonizar á insignes malvados, que tan jus tamente y en nuestros mismos dias han sido arrestados ó procesados. Ellos los que predican , abusando del manifiesto, que la ' Religión cortando el vuelo á los ingenios impedía, los progresos de la agricultura , de las artes y del co-. mercio; y que abatido ya el despotismo religioso que te nia la España degradada, renacerán las ciencias, y con ellas la libertad de pensar y escribir cuanto se quiera. Ellos los que se prometen una deliciosa tolerancia, á pesar de estar sancionada en nuestra Constitución la intolerancia civil y religiosa. Ellos . Nosotros no queremos afligir mas á V. A. con los horrores de un cuadro demasiadamente animado en tantos pestilentes folletos como impunemente