Galicia moderna: revista quincenal ilustrada, n. 10 (1897)
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OTL4M© TEXTO La quincena, por Beppo. — Cantares Jocosos, por Emilio Alvarez Giménez. — Manuel Murguia, por Víctor Said Armesto . - La Gallega, por G. A. Limases. — Trangallada, por Jesús Rodríguez López. — El Segador,por Lisardo Barreiro. — Un retrato, por José Algnero Penedo. — Galicia en Madrid, por Camilo de Cela. — ¿Qué veria?, por Enrique Labarta. — La Huerta de los pobres, por Eafael Torromó. — Galicia al dia, por Javier Valcarce Ocampo. — Los Gallegos en Cuba, por X. — Preguntas; por Elepé. FOTOGRABADOS Portada, por A. Sonto. —Galicia pintoresca: Un Ubrreo. — Manuel ¡f argüía: su retratoPontevedra en el siglo XV: Puerto y Castillo de la Puente. — Carabela Santa María (La Gallega). — ZTowiím felices: Trangallada. — Segador: seis grabados. —Un retrato.-Corum, Lugo, Orense, Pontevedra: cuatro estátuas. — Retrato do Castor Elices. — Instantánea: Un lavadero. — Zos Gallegos en Cuba; Darío Fernández Va.rela,. — llnstracioties. viP. LA OLIVA
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I Pontevedra 15 de Septiembre de 1897 NUM GALICIA^PINTORESCA' UN HÓKREO
No lia llegado San Miguel, ese santo que según el dicho vulgar viene tarde y dura poco, pero ya las uvas comien zan á pintar entre las verdes hojas de los parrales, brindándonos sabrosos ra cimos de apiñadas uvas, negros unos, coloraditos otros, que á la luz del sol, aparecen hermosos, excitando la codi cia de los glotones y de los apasiona dos por el bendito fruto, que para con suelo de nuestras penas ha plantado en remotos tiempos el previsor Noé. En los mercados ya se han visto des de hace tiempo algunas canastillas de uvas, que se venden á precios exagera dos ¿pesar «ie lo avanzado déla estación, efecto sin duda deque esa fruta viene de otras comarcas, en las cuales maduran más pronto que en nuestra región. Los adoradores de Baco, los que por una 'pinga son .capaces de cometer cualquier atrocidad y no se beben los vientos, sino el oscuro líquido hoy en cerrado en la uva de los racimos que enden airosos entre las hermosas ho jas de diferentes formas, 'os catadores de cubas, esos no son partidarios de sa borear los racimos, quieren mejor el vino y protestan contra los aficionados á comer uvas. No es extraño, ios infelices creen que es echar á perder el fruto y es posible que si no se hiciese tanto consumo de uva, los vinos fuesen mejores, menos aguados y más fuertes por consiguien te hoy que una enfermedad terrible ha destruido las viñasy abundan los vinos falsificados, escaseando de inereible
manera el legítimo, el bueno, el puro, aquel que en otros tienipos bebíamos sia criatinnar, sin haber recibido el agua bautismal que no los almacenis tas, los cosecheros mismos mezc ’ au ahora, no sé si condoliéndose de la hu manidad borracha ó con objeto acaso de desprestigiar la.merpancía para que el vicio no cunda y tenga menor núme ro de adeptos la taberna. Si hoy estuviese de texto en las escue'as aquélla cartilla llamada de bue na crianza, sería preciso suprimir lo de «poco vino y bien aguado», porque echando al vaso que ocupa un lugar en nuestra mesa gran cantidad de agua, resultaría poca agua y poco vino, y además, de dos líquidos buenos haría mos uno muy malo, ingrato al paladar y tal vez noci-vo á. la salud. Es tal el vino qué por ahí se expen de que,'en verdad, no se explica como GAJStrABES Tus' ojos son dos 1 uc < t - s D ice tu amanta, y á mi Me parecen sólo luces De un velón ó un candil. Yo no temo á las mu ge res Que son doctoras en ciencias, Temo á las que sin cursar Llegan á ser bachilleras, todavía subsiste la costumbre de embo rracharse, á no ser que la pésima cali dad del líquido produzca mareos... Hay que disentir del parecer de los discípulos del dios Baco y entre las uvas y el vino debe optarse por aquellas que no es de creer sean artificiales. Aprovechémonos, pues, de San Mi guel; encendamos una vela ante su al tar y esperemos mejores tiempos para los vinos, que si hasta el presente eran flojos, producidos en cualquier fábrica, ya que las vinas están atacadas de epi démica enfermedad, mientras dure el impuesto transitorio creado por el se ñor Navarro-Reverter serán peores. Los taberneros se quejan de la exce siva contribución y al pagar el diez por ciento del nuevo tributo, sonrien maliciosamente y exclaman: ¡Hay que echar más agua al pellejo! Boppo JOCOSOS Me robaste el corazón Y en pago de tu delito Yo te condeno á cadena Perpetua... de amor conmigo. Á la puerta de tu casa Siempre estoy de centinela. ¿Cuándo me dirás que pase A tu cuarto de banderas? E milio AL Y ARE Z GIMENEZ
MANUEL MURGUÍA I A despecho _de todas las almas ruines que fingieron nó verle, hé aquí que hoy es Murguía el jefe indiscutible de nuestro movimiento regional. ¿Quien, desde los hervores de su juven tud luchó tan sin descansos ni treguas, como el autor de $7 Foro, contra los ene migos natos de la pequeña patria? Es píritu voluntarioso y tenaz, con la cons tancia inquebrantable y resuelta de los que combaten por las causas nobles, Mur guía es el primero de cuantos, buscando la rehabilitación de un pueblo sin fortuna, pelearon con fruto en su nombre y 4 su sombra. Duro como el roble sagrado do los'antiguos celtas, su voluntad de hierro no conoció desmayos. El exploró como ninguno los misteriosos orígenes de nues tra raza. Y al desentrañar todo un obscu ro pasado de olvidadas qlorias, Murguía, más feliz que la caduca falange de histo riadores que reprodujeron la letra sin penetrar en su verbo, acertó á leer en el pensamiento de la nacionalidad cautiva con clarividencias de elegido. Incansable y laborioso, rebelde al yugo y penetrado de su gran destino, nadie co mo él consagró tan por entero 4 Galicia su esfuerzo, y sus amores. De ese esfuerzo, son claro testimonio El Diccionario, la Historia, El Arte en San tiago, Galicia y El Foro: obras admirables por lo que en ellas resucita y evoca y por la grandeza del espíritu que las fecunda. Y de esos amores, hablen por mi todas las sublimes insolencias, hermosas auda cias é inspiradas iras que hierven como lava en I qs artículos polémicos del que, 4 la manera de los viejos templarios, tuvo por precepto aceptar siempre el combate. II ¡Cu4n noble, y grande, y entusiasta, la juventud de entonces! Fué en aquellos dias de prueba y de de sesperanza, all4 por los años 55 ó 56, cuando nuestros jóvenes soñaron con una p4tria libre y autonómica, digna de po nerse al lado de las grandes naciones que todo lo fían 4 su propio esfuerzo. Habíase enarbolado la bandera del pro vincialismo literario, y agrupados en tor no de la esclavina azul de Aurelio Aguirre y del turbante blanco de Pondal, nues tros vates diéromse 4 buscar su inspiración en las entrañas vivas de la nacionalidad gallega. En el banquete de Conjo, al pié de las encinas centenarias cuyag frondas rumoreaban agitadas por el sopío de los vientos nuevos, la gloriosa pléyade brindó por la patria redimida pon apasionado arranque. iAun conservan los troncos de los robles, los símbolos y cifras grabados en aquella tarde por la dorada legión!... Sin embargo, todo lo que entonces nues tros jovenes pensaban y sentían no era más que anhelo confuso, presentimiento indeciso y esperanza vaga. Murguía fué el primero, y acaso el único, que formuló el dogma de un modo claro y exclusivo, pre ciso y terminante; en tal manera, que pue de decirse que Galicia solo conoció bien su !
propio pensamiento cuando Murguía lo hi zo suyo y lo estampó en sus obras. ¡Y hé aquí como la regeneración de Gralicía recibió su agua lustral en el entusias mo de sus vates, y su fuerza toda en la la bor robusta del Cronista insigne! III A la aparición de la Historia, de Galicia acompañaron todos los encomios de la fa ma. Es ese un libro soberano que represen ta el fruto de una vida completamente de vorada por el trabajo y el combate ¿Quien será el coloso que algún dia se atreva á señalar süs puntos débiles? Así como en Los Precursores es en don de resplandecen todas las altas prendas que son nota y honor del eb-vado corazón de Murguía, y en El Foro es en donde se destacan sus dotes de pensador y de soció logo. y en sus artículos polémicos es en donde se revelan todos los lados varoniles de su carácter, asi en La Historia de Ga licia aparece toda su personalidad en una pieza. La simpatía es el alma de la histo ria, dijo Agustin Thierry. Y nada compa rable á ese calor de alma con que Murguía, penetrando en lo inexplorado de nuestros orígenes, se remonta á las épocas en que el celta nps dió sus dioses, el romano sus colonias y el suevo sus monarcas; ó bien buceando entre el polvodeaqnellossiglos sin renombre, tan pronto estudia con admira ble reposo un hacha de bronce, un dolmen ó una cifra, como, en una escapatoria sú • bita del pensamiento al ensueño, hace re vivir un héroe Yo no sé que género de sorpresas reser vará el porvenir á los historiadores que hayan de proseguir la dificil labor de sa car á la pequeña patria de su largo y duro cautiverio. Pero aunque otros mis afortu nados logren mañana redimirnos - de una servidumbre de ocho siglos, creo que nadie volverá á sentir como Murguía, por la re gión madre, ese amor inmortal que ni se cansa ni se acaba. Y como amar es comprender, cuales quiera que sean las conquistas de la histo ria venidera, de la obra de Murguía no se podrá prescindir nunca. IV Fiel á la idea de que la centralización es régimen de conquista y no de sociedad, Murguía quiere que Galicia llegue al ple no desenvolvimiento de su sér y se mue va en su mundo, para que, á su hora, pue da ocupar un puesto legítimo en el con cierto de los pueblos. Condenador de nues tra política uniformadora á la francesa, Murguía cree que las individualidades nacionales de fisonomía fuertemente acu sada como la nuestra, solo hallarán su centro de engarce en la vida general de la gran patria, cuando una descentralización total les permita girar en su órbita Los combates reñidos en pró de estas 'ideas, d-fendidas por él con empuje de sectario, hicieron suyo el cetro de nuestro movi miento regional por derecho de conquista. Historiador, crítico, arqueólogo, nove lista y poeta, el autor del Diccionario , de la 'Historia, de El Arte en Santiago y de Los Precursores, es el combatiente más ilustre de cuantos, embarcados en una misma esperanza y celosos de la regenera ción de un pueblo que se ignora, señalaron su piso por Galicia con rastro de luz. Ha dicho hace . algún tiempo un jóven escritor que con Murguía bajó Galicia del Gólgota desús infortunios y comenzó á subir la áspera falda de su 'Tabor glorioso. Esa obra de justicia y redención será vis ta á los ojos de la posteridad como exclu sivamente suya. Y la patria redimida no olvidará jamás al que, con la tenacidad indomable de la raza celta, esa gran ven cida de la historia, empleó todas las so berbias de su alma grande y ’ todas las ter nuras de su corazón de niño, en provecho de la patria soñada y de sus hijos sin ven tura. vieron SAID ARMESTO
Tal es el'título de una interesantísima obra, que el ilustrado hijo de Ponte vedra, D. Celso G-arcía de la Riega, acaba de dar á luz, y en la cual aporta datos basta abora desconocidos á la historia de Galicia, en general, y más especial mente á la de esta provincia. El distinguido pontevedrés, que hace muchos años vivía alejado de su que rida patria, y iinicamente podía permitirse el placer de visitarla breves dias, de tarde en tarde, residió abora por espacio de dos años en esta Capital y su estan cia en ella durante ese tiempo ba proporcionado á los buenos bijos de Pontevedra boras de legítima satisfacción y ba sido grandemente beneficiosa para la histo ria de su ciudad natal. Amante y apasionado de ella, dedicó nuestro paisano sus dias de descanso á investigar ó inquirir antecedentes, para el conocimiento de nuestras pasadas glorias; consultó documentos; revolvió archivos; y fruto de sus estudios y trabajos fueron sus obras, importantes en extremo y que merecen el aplauso más entusiasta, como gozan ya de justa fama y bien ganada popularidad. PONTEVEDRA EN EL SIGLO XV CASTILLO Y PUERTO DE LA PUENTE Con la pluma y con el pincel prestó García de la Riega grandes servicios á nuestro pueblo; y ahí están, demostrando la importancia de sus trabajos, los her mosos cuadros que donó al Museo Arqueológico, uno de los cuales reproducimos, con sumo gusto en el presente número, y los que revelan un detenido es
tudio de la Pontevedra antigua, la Pontevedra de nuestras glorias'y nuestros triunfos en el mundo. Represéntán estos cuadros, que constituyen una completa colección, á nuestra ciudad en los pasados siglos, con sus sólidas murallas sus almenas y puertas, sus numerosos muelles, sus castillos y su famoso puente so bre el Lérez: y son notables, por la verdad histórica que encierran, así como por la sencillez de su dibujo, en el cual no han tenido cabida exageraciones ni fanta sías. Eran lo suficiente estos trabajos para que el señor García de la Riega fuese ya acreedor á nuestras alabanzas; y'con su última obra, las ha ganado tan por completo, que no vacilamos en otorgárselas como justa compensación á sus afa nes y desvelos. ■ El libro á que nos referimos es un concienzudo estudio acerca de La Gallega la capitana de la pequeña flota que al mando del inmortal Colón, descubrió ig norados horizontes y echó la primera ancla en. las vírgenes ensenadas de las tierras nuevas. Se plantean en él cuestiones tan importantes; encierra tales datos; y copia documentos de tal valor histórico, que puede afirmarse, que es de lo mejor y más acabado que se ha escrito acerca de la carabela banta María.' >' - Combate el autor en sus páginas, las infundadas afirmaciones del Sr. Fer nández Duro sobre la construcción de dicha nave en algún puerto de la costa cantábrica; hace patente la importancia de la marina de Galicia en aquel enton ces, que nada tenía que envidiar á la marina de Oantábria, siuó que mas bien la superaba; refiere la historia de su fundación y desarrollo y demuestra que como su complemento había llegado á tal grado de perfección la construcción de naves en Pontevedra, que los carpinteros que.á esto se dedicaban estaban eximidos del pago del impuesto de la alcabala. Y aduce tales datos; emplea argumentos de tanto peso; que no deja duda alguna al ánimo menos crédulo, de que la impor tancia de esta industria, arte, ó como quiera llamarse, llegó á adquirir en Ga licia tan poderosos vuelos que de los astilleros de Pontevedra, Noya, Corana, Vivero, y Bayona de Mignor salieron las primeras escuadras, base y ci miento del poderío naval de España; en gran parta debido al fundador de la marina castellana, D. Diego Gelmirez, Arzobispo de Compostela en el siglo XI. Ya particularizando, refiriéndose á La Gallega únicamente, son excelentes sus indicaciones; profundos sus razonamientos; notables los documentos' en que los fundamenta. No basta el nombre de Xa Gallegi, para creer que dicha nave fuese cons truida en Galicia, apesar dé que hubo otras naves que recibieron el nombre de los puntos donde se hicieron, La India, por ejemplo, construida en 14Jb en la Isabela; no es lo suficiente el saber que la industria de construcción de naves era industria arraigada de antiguo en Pontevedra, como demuestra el senoi la Riega* pero es casi decisivo el contrato de flete celebrado en esta villa en 14bJ, tres años antes del descubrimiento del nuevo mundo, por cuyo contrato el mer cader Aveiro fleta el navio «la.g a », La Gallega sin duda alguna, apareciendo en él como testigos, de Foronda y García Ruiz, tripulantes de la Capitana en el pri mer viaie de Colón. Y r por si esto no bastase, hay aún otro documento, según in dicios de la misma fecha que el citado contrato de flete, en el cual figuran como testigos Lopo de Montenegro y Juan de la ca , Juan de la Cosa, indudable mente.
va destrozando el bloque y dando forma á su genial idea. Surge al fin, misteriosa, una mujer inmensamente hermosa; soberana cual Palas Athenea y como una cariátide graciosa. Y él, de entusiasmo en un febril acceso, al ver que su cincel no le dió vida quiso dársela, ¡loco! con un beso... mas ¡ay! la estatua continuó dormida. II Pasaron muchos siglos y no en vano. El hombre, al fin, estaba redimido; Europa, había ceñido sobre el-griego laurel casco romano. Una gloria del arte... el Tizí'auo que sabía la fórmula secreta de amasar carne humana en la paleta, encontró, no sé donde ni sé como, —sin duda alguna guiado por un gnomo en un antro de duendes y vestiglos — la hermosa estatua aquella - encubierta toda ella con el manto de polvo de los siglos. Al mirarla tan bella hallóla digna del pincel de Apeles. Sus mágicos pinceles impregnó en celestiales resplandores y las carnes hermosas cubrió, como las carnes de sus diosas, de siiaves colores amasados con lirios y azucenas y pótalos de rosas... Y cuentan los artistas y los sabios que, al contemplarla, vieron por sus venas óorrer sangre caliente y azulada,
y vieron mover húmedos sus labios y bajar, pudorosa, su mirada... ¡Ilusión de un momento ..... ! Engañosa ficción de los sentidos... un' espejo en su boca... ¡sin aliento! una mano en su pecho... ¡sin latidos! III Y otra vez por los hombres olvidada quedó la estatua, hasta, que Dios un dia al lanzar á la Tierra su mirada, vió aquella mujer inanimada que, hermosa, aparecía por entre los girones de una nube... Contemplóla con plácido embeleso y un beso le envió por un querube y un alma en aquel beso... jüsú ALQUERO PENELO jU/njüS del -autor de la poesía)
O O Iri TJ rv -A. ' ; k'Y Hace ahora un año. se celebró en Pontevedra una imponente manifestación en honor del ilustre gallego Exorno. Sr. D. Eugenio Montero R íos á cuyo esfuer zo ±ue debido que no triunfase la ley del monopolio de la sal. Entonces se acordó aoni una suscripción popular para hacer al eminente hombre -público un modes-
JU XJ oo to obsequio que expresase la gratitucTque G-ahcia sentía. Este obsequio, que con siste en cuatro estatuas representativas de las cuatro provincias gallegas, le na sido entregado al Sr. Montero R íos hace unos dias, por la comisión entonces designada.
Son obra los modelos cuyas fotografías publicamos hoy, del distinguido escultor gallego I). Francisco Yklal y Castro, autor también de otros mucho-* trabajos verdaderamente inspirados que han dado sólida fama al notable artista gallego, al cual felicitamos por su nueva obra.
I > OIVTÉVE¡J>E*.Á ¡Lástima grande que estas cuatro estatuas, ño hayan podido ser fundidas en Galicia!... Lamentemos nuestro atraso industrial y consolémonos fes triunfos de puestros artistas. de él con los brillan
, La coloma g al lega es la más numerosa en la capital de España. Unos lo, mas, se consagran al trabajo; otros, los menos, se dedican á pasear. A los prime ros solo se les velos días festivos, después de Misa; á los segundos se les enmientra por tarde y noche en todas partes. Aquellos hablan y gastan pocoés tos charlan y gastan más. . ^ Pero los verdaderos gallegos, los qae alientan el fuego sagrado de las oreenci.s, de las tradiciones y de los quereres galaicos, son los que viven de la labor ciaua, os que no aceptan las ocho horas de trabajo, proclamadas y defendidas por el socialismo contemporáneo, por parecerles escaso tiempo para su robusta naturaleza; los que practican la virtud del ahorro y-pueden presentarse como mo delos de frugalidad, de honradez y de ciudadanía. La familia gallega en Madrid es digna de estudio. Como se constituye como se agranda y como se adinera, he ahi un tema socorrido para todas las clases y para todas las inteligencias. J * * * El autor de estas lineas leyó, hace ya días, la tan conocida y popularizada poesía gallega FoU,, Seca,. Y a! terminar la lectura, con aquel deje mimoso propio déla tom*., la mayoría, de losoyeutes recofa , ron, con lágrimas en los ojos, a poeta muerto, á Castor Ellees. Bastó que uno de los paisanos propusiera la publicación de la obra poética y del retrato del trovador para que todos se asociasen con alma y vida á la iniciativa del humilde hijo de Galicia, que en ueiza de laboriosidad, llegó á alcanzar una posición desahogada en el comercio Y dicho y hecho. La poesía esta imprimiéndose y el retrato del autor á punto de terminarse. ¡Laudable iniciativa que sugirió el pensamiento de enaltecer la memoria de un poeta sentimental, tan-sentimental como Aurelio Aguirre, ' Aüon, Camino y Pastor Díaz! J ¡Feliz consorcio de honradas voluntades para conmemorar á un cantor de nuestras tristezas y de nuestras plegarias! * * * No hay nada que supere en afectos y en gratitudes yen entusiasmos á la gente trabajadora gallega. Su aldea, sus eidos, sus. omos, tes-cruce, de los cami - nos, !a campana de su iglesia; te follatcim de sít lugar, las midas de las eirá,,, las
veredas de los mtiiños, la lozanía de los millos, la profusión de cultivos, la alga zara de losla melancolía de los Ala-ladaáás, el eco de las gaitLs, la lucería de loa foguetes, la subasta de las andas, el regocijo de la alborada, los atrac tivos de la mniiieirá, los encantos de los fiadeiros, las distracciones de los magosRETRATO DE CASTOR ELIGES tos, los amorios en las carballeiras, el ruido de la zanfona, la nota aguda de los aturuxos, los cantares de los vendimiadores ..... no se olvida nunca ¡Que ha de ol vidarse! Los gallegos trabajadores viven por y para Galicia. ¡Benditos sean! oamílo DE CELA
Cierto astrónomo profundo, sabio excéntrico y notorio, % en un alto observatorio á cien metros sobre el mundo, treinta años justos hacía que de otras ansias exento, observaba el firmamento con tenacidad sombría. Junto al líltimo sillar de aquel coloso de piedra se arrimó como la yedra á la torre secular; y en meditación sumido lejos del trato del hombre, al fin, carcomió su nombre la polilla del olvido. Allí estaba, año tras año, sin hambre, ni sed, ni sueño, tan solo por el empeño de cumplir un gusto extraño; pues cifraba su fortuna en rea'izar la esperanza de ver, allá en lontananza, lo que pasa por la Luna. ¡Treinta años, sellado el labio y resolviendo el problema! ¡se necesita la flema y la cachaza de un sabio! • «Por mis cálculos seguros, — exc'amaba con anhelo — trozo es la Luna de un cielo que habitan ángeles puros.» Y en pos del supremo bien que en su cerebro forjó, toda su ciencia agotó... y su paciencia también! Por fin, surgió de su mente el pensamiento grandioso del invento prodigioso de un telescopio potente con el qué, desde su estancia, sin esfuerzo y á placer, ¡podría la Luna ver... á diez metros de distancia! Tras de vigilias sin cuento y de diversas reveses, pudo.al cabo de seis meses terminar el instrumento. ¡Quien tanto acechara en vano la Luna noch s y dias, estaba ya casi en vías de tocarle con la mano! Satisf cho su amor propio, con faz de contento loca, dirigió al cielo la boca del enorme telescopio;
y puesf-.o de tal manera, rebosando gozo el alma, esperó-con salta calma á que la luna saliera. Era de noche: las diez sonaron con voz quejosa, cuando la púdica diosa de la amarillenta tez, detrás del lejano monte su faz mostrando argentina, cautelosa la cortina hirguió del negro horizonte. Gruesa como unAjamona bien conservada y rellena, traía la Luna llena una sonrisa burlona. Miróla el sabio, extasiado, palpitante el corazón, y tanta fue su emoción... ¡que se puso colorado! Después, con planta insegura, acercóse lentamente, puso la vista en la lente. . ¡y vió... á diez metros de altura, por la espalda y de cuclillas un ser de extraños matices con la mano en las narices, que lo miraba á hurtadillas! Y junto á tan raro ser se pusieron otros dos. d lo mismo y... ¡vive Dios! ¡la cosa no era de ver! Apartóse con recato el sabio del mirador, lleno de santo rubor trizas hizo el aparato, de tres en tres escalones de la torre al pié bajó, de aquel sitio se alejó marchitas sus ilusiones, y arrancando sus guedejaí!, dijo, furioso en exceso: «¡TJf! ¡diablo! para ver eso, treinta años quemé las cejas! ¿Qué vería? no hay testigo que lo oyera de su labio, porque su secreto el sabio llevó á la tumba consigo; pero otro sabio profundo escribió poco ^después dos volúmenes ó tres, para demostrar al mundo: «que aunque la cosa se tapa, él sabe sin duda alguna ¡¡que los niños de la Luna meriendan todos... jalapa//»
T f. __ AáMMM4-MáéáMtó4MáMMMMM4itóááMááMM-tó __ 'H Acadsniia preparatoria; para el ingreso en el Cuerpo 46 Correos BAJO LA DIKECOIÓX DE D. DIONISIO DOBLADO JEFE DE NEGOCIADO DEL CUERPO Y ABOGADO Honorarios mensuales: 25 ^eícías. — Aspirantes terceros, carteros, hijos ó hermanos de empleados de Correos, 15 pesetas. ABIERTA LA MATRÍCULA EN EL COLEGIO SAN MIGUEL. — Montera', 61, 2.°, MADRID VIUDA E HIJOS DE CEA Elduayen 6. — Pontevedra MDALLA » ORO ,« >a Exposición Universal de París, J8?9 Sombreros ingleses distin tas marcas, de 10 á 20 pesetas. Idem flexibles de variadas formas y tamaños, de 2 ‘ 50 á 11 pesetas. Especialidad en formas cordovesas, como Lagartijos. Gue rra, etc. Ultimos figurines de som breros de felpa para caballero. Sombreros castor y felpa para los-Sres. Sacerdotes, de 13 á 30 pesetas. Infinidad de gorras de ve rano para niños y caballero. Id. ciclistas de 2 á 6 pesetas.
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