scieee Open visual document viewer

Sermón que con motivo de la solemnidad celebrada el 27 de agosto en la Santa Iglesia Catedral de Lugo por ... el obispo diocesano ... para dar gracias á Dios por haber superado N.S.P. Papa Pio IX los días de San Pedro en su pontificado / predicó el Obispo de la Habana

Martínez y Sáez, Jacinto María, Obispo de la Habana

Full text

Qsx. - CoV M-¿ SOLI DEO HONOR ET GLORIA. AMEN. SERMON QUE, CON MOTIVO DE LA SOLEMNIDAD CELEBRADA EL 27 DE AGOSTO EN LA SANTA IGLESIA CATEDRAL DE LUGO POR EL EXCMO. É ILMO. SEÑOR OBISPO DIOCESANO, SU ILUSTRISIMO CABILDO Y CUERPO BENEFICIAD DE LA MISMA, pa a da g acias á Dios po habe supe ado N. S. P. PAPA PIO IX LOS DIAS DE SAN PEDRO EN SU PONTIFICADO, PREDICÓ EL EXCMO, E ILMO. SR. OBISPO DE LA HABANA. LUGO: IMPRENTA DE SOTO FREIRE. Calle de San Ped o núm. 31. 1871. se UNIA'ERSIDADE DE SANTIAGO DI. nMFC S nA DE SANTIAGO Q UJS ha. o SAN IIA( i ) n compon ■ ia u R. Timebun me (ludien es eges ho - endi, in mul Uudine idebo bonus, e in bello o is. Teme án al oi me los eyes ho ibles, en el pueblo pa ece é bueno, y en la gue a ue e. Sap. c. 8, . 15. E x c mo . e I l mo . S e ñ o : 1. Como las ases de la ida humana son an as y an a iadas: como el modo de nues a exis encia consis  e p ecisamen e en una mo ilidad incesan e que cambia nues a posición: como al e nan sin in e upción en la ca e a de nues a pe eg inación sob e la ie a los mo i  mien os inhe en es á la sociedad; y como apenas hay un solo homb e, que no enga dias de is eza y de aleg ía, de ad e sidad y de p ospe idad, de menosp ecio y de hono , y de alguna glo ia y alguna humillación, es di ícil, y aun pa ece imposible, que nues o se an ágil, an delezna  ble y an imp esionable, se man enga siemp e se eno, cons an e y uni o me. Y asi ha de sucede , cuando e uno pasa jun o á sí mismo an as cosas con a ias en e sí, y cuando el co azón i e en doble al e na i a, o a ane  gado, y como nau agando, en e espuman es olas de 4 ama gu a, o a emb iagado po los apo es que lo en uel  en, de paz, de dulzu a, de encan o, ó bien, has a de li  sonjas y de adulaciones. La emp esa es á dua: man ene se inmó il como una columna de má mol, y se eno como la luz del cielo, al e que á de echa é izquie da an y ienen olas enc es  padas, agi adas po u ioso enda al, y que neg os nu  ba ones amenazan con ayos de uego y o men a de  g anizo, apenas pa ece que cabe en nues a cabeza, p o  pensa á des anece se y á pe de el sen ido, an p on  o como ad ie e el bamboleo de los cimien os, y apenas sien e la balumba de una g an mole que le amenaza. Me  nos posible pa ece, que, en el ó den mo al, conse e el homb e se enidad, calma y es abilidad cons an e, cuan  do se le an an con a él pe secuciones a oces, y lo o  dean enemigos pode osos y o midables: y es oy po deci que se aumen a conside ablemen e la di icul ad de conse  a se impe u bable, cuando a luyen las elicidades, se aglo  me an las iquezas, se oyen las p opias alabanzas, y se e  ciben los homenajes de la muchedumb e: po que en e  dad, emos que un Manases, en ilecido en sus abe a  ciones, se uel e g ande en las cadenas del cau i e io: (1) y ambién, que un Salomón, g ande en su sabe , se de  g ada en los place es que la opulencia le p opo ciona. (2) II. Pe o es o que pa ece di ícil, y aun imposible á las luces de la azón, no lo es, cuando el homb e posee la sabidu ía e dade a, la sabidu ía que baja del cielo, como nos lo demues a esa u ba, ya innume able, de homb es san os que han seguido las inspi aciones de la g acia de Dios, y ap endido en la escuela de C is o á se g andes en la ad e sidad, g andes en la p ospe idad,. (1) Pa . c. 33. . 11.13. (2) 3.° Reg. c. 11. . 3. 4 5 y siemp e ue es en el comba e. Po que la ida del hom  b e, como dice Job, es una ida de soldado sob e la ie  a (1): y el único que puede llama se he oico y alien e, es aquel que se a ma del escudo de Dios, y no eme los da dos del enemigo, diciendo con Da id que, po muchos con a ios que engan, no eme su co azón (2). El único que puede llama se gue e o sabio y buen soldado de C is o, es el que sabe comba i con a la p ospe idad, no dejándose a as a de sus halagos emen idos. Es o es lo que nos enseñan con su ejemplo los san  os: y si no u ié amos esa imponen e nube de es igos de es a e dad, nos bas a la el es imonio público, solem  ne y uni e sal, que es á dando al mundo hoy dia el glo  ioso Pon í ice, quien pa ece que ha sido en iado de Dios, pa a que sea el monumen o animado de su pode , y el he aldo de sus glo ias. ¿No eis lo que es á sucediendo con es e homb e singula y admi able? Semejan e á Aquel, cuyo Vica io es en la ie a, es á pues o, hace ein iséis años, como blanco de los i os que le di igen los pode es de la ie a (3): y sin emba go ellos le a ojan los da dos, emblando al p opio iempo po que emen su oz: i- mebun me eludien es eges ho endi - . es os mismos po  de es han hecho cuan o han podido, pa a as o na las ideas de la muchedumb e con el in de que es a se apa  ase de la enseñanza de su Pad e, de su Maes o y de su Doc o ; y lejos de hace caso es a de los alsos pedago  gos, se ag upa cada dia mas al ededo de su Cá ed a, y p oclama al Vica io de C is o, llamándole el bueno, el sabio, el clemen e, el g ande: in mul i udine -uidebo bo- mis: casi odos esos mismos pode es han aglome ado cuan os medios ienen en su mano, pa a hace le una gue - (I) Cap. 7. . 1. (á) Ps. 36. . 3. (3) T en c. 3. . 12. 2 se UNIVhKSlDADh u 6 a sin egua, c eyendo que se las enían con un homb e débil y me iculoso, y es á iendo el mundo en e o que Pió IX, es mas ue e que ellos en ese comba e: c m bello o is. III. Es o es como un po en o, del cual oy á ha  bla en es e dia, ap o echando la ocasión de e os eu  nidos delan e del Seño , pa a da le g acias po o o, que iene ya odas las azas de se lo, y es el de habe supe  ado Pió IX, en longe idad pon i icia, no ya á sus dos  cien os cincuen a y seis p edeceso es, ninguno de los cua  les había is o los dias de Ped o, sino al mismo San Ped o T pues desde el dia ein icua o de Agos o, ha empezado á i i en su Cá ed a mas que él. Os di é po an o, que el G an Pió IX, po en o de los Pon í ices en su p odigiosa longe idad, se p esen a como el e o de los pode es mundanos, como el pad e digno del amo de los pueblos po su bondad; y como el hé oe in ic o de las ba allas de Dios. Timebun me auclien es eges ho endi, in mulli- hidine idebo bomis, e in bello o is. Voso os sabéis, amados oyen es, que odo don pe  ec o desciende de Dios, que es Pad e de la luz: oso os c eeis, que po la in e cesión de los San os nos en ía Dios desde el cielo sus bendiciones, y que especialmen e pol  los uegos de su Mad e, o o ga Dios mise ico dia y g a  cia á los que se la piden, llenos de é y de espe anza. Vues os co azones es án animados de es as dulces ins  pi aciones de la eligión, y c eo que es áis pe suadi  dos de que es la Vi gen Ma ía, quien ha ob enido de su Hijo pa a el G an Pon í ice, que ado nó sus sienes i  ginales con la co ona mas b illan e de sus glo ias, la po en osa longe idad á que ha llegado. Yo con ieso hu  millado, que necesi o los auxilios del cielo pa a a a dig  namen e de lo que signi ica esa longe idad, y os uego qu- 7 pa a alcanza los, saludéis á es a excelsa Reina, epi iendo la salu ación que, humilde y e e en e, la di igió el An  gel, diciendo: AVE MARIA. IV. El que c ea, que los que se encuen an in es i  dos en la sociedad de alguna dignidad, son los mas e  lices de los homb es, no conoce lo que es esa dignidad, ni lo que es la sociedad humana. El sabe es po su p opia na u aleza una dignidad e dade a, que ele a al que lo posee sob e el ni el del ulgo que es siemp e igno an e, y aun sob e o o ni el mas al o, cual es el de los homb es que no quie en pe  enece al ulgo, quienes en gene al, si bien saben algo, no se ele an sin emba go á las egiones sublimes de la ciencia, pues es o es concedido á pocos. Y ¿qué dice el Espí i u San o del homb e que a c eciendo en sabe ? El que c ece en ciencia, dice, c ece en abajo (1) Y si es a dignidad, que es pu amen e in elec ual, no solo es un abajo pa a el sabio, pues cuan o mas sabe, mas se pe  suade de su igno ancia, sino que suele se ocasión de en idias, y de pe secuciones de pa e del ulgo y de los semi-sabios ¿cuál se á la sue e de los que poseen esas dignidades, que se mani ies an en apa a o ex e io de g andeza, que a as an las mi adas del pueblo, y exci  an la en idia de los ambiciosos? La dignidad mas g ande que se ha is o en la ie a , es la del Hijo de Dios, y bien sabemos cual ue el egido de su ida; po que, desde Be hlehen has a el Cal a io, no encon amos sino pe secuciones, en idias y enco es (l) Eccli. c. 1. . 18. se I.NIVPRSIOAIJK 1)1. SANTIAGO u 8 de pa e del ulgo, de la de los sabios y de la de los po  de los de la ie a. Da id lo había dicho: los eyes de la ie a se jun a on, y los p incipes se eunie on con a el Seño y con a su Ungido (1). Y es digno deno a se, que en el p ime cong eso de los pode es del siglo, que se ce leb ó pa a hace la gue a al Hijo de Dios, se dispuso que el a aque uese audulen o, solapado, hipóc i a y aido , y que se simulase amo , espe o, y aun deseos de ado a lo y econoce lo, pa a da el golpe con acie o, y acaba con aquella al ísima dignidad. Las palab as de He edes á los Magos son una demos ación e iden e de lo insidioso y aimado de su polí ica (2), y el degüello de los inocen es la p ueba de sus in en os, an en idiosos como sanguina ios y c ueles (3). Después de es a dignidad, única é incomunicable en su na u aleza, iene o a, y es la de su Vica io en la ie a, á quien el mismo C is o comunicó en la pe sona de San Ped o los o icios que quiso comunica le: cuales e an el de po es ad, pa a ene en su mano las lla es del cielo, y ab i lo ó ce a lo según iese que con enia en jus icia (4): el de au o idad, pa a enseña la é á sus he manos y con i ma los en ella (5), el de magis e io, pa a apacen a con su doc ina á es os mismos he manos y á odos los ieles (6), y po in, la dignidad que lo encumb a mas allá de lo que podían pensa los mismos ángeles, cual es, el de cons i ui lo undamen o isible de la Iglesia que El undaba con su sang e, haciéndolo po consiguien e Vi ey del san o mon e de Sion, del cual es El el Rey, Lu  ga enien e de su misma pe sona, Seño sob e los seño  es de la ie a, y Rey sob e los eyes del mundo. Pen  (-1) Ps. 2. . 2. (4-) Ma . c. 16. . 19. (2) Ma . c. 2. . 9. (5) Lúe. c 22. . 32. (3) Ma . o. 2. . 16. (6) .loa. c. 21. . 15. se UNIVCRSID. )E DCSANTIA' ) u 9 sa , po an o, que quien he edaba po de echo de con  cesión del digna a io la dignidad que le es p opia, no ha  bía de he eda lo que odeó siemp e á aquella en e los homb es, es no conoce á C is o, sino en el sen ido g o  se o que enia el judio, délo que había de se el Mesías. El pa imonio de es e en e los homb es ué la en idia de los g andes y la pe secución de los pode es del siglo, y es e había de se ambién el de quien lo ep esen ase en la ie a. Po o a pa e, es o es una e dad de é, que Jesu  c is o nos enseña con es as palab as que di igió á sus Após oles: no es mayo , les dijo, el sie o que su Seño (1): si me han pe seguido á mi, ambién os pe segui án á oso os (2). Y en e ec o, la pe secución con a los Su  mos Pon í ices y con a los Obispos empezó en Je usalen, y con inuó después en odo el o be, y sigue hoy, con la di  e encia de se es a mas desalmada po que es mas hipó  c i a, y mas c uel, po que hace íc imas sin de ama sang e, y con inua á has a la consumación de los siglos. Y á quien c eye e o a cosa, le di emos lo que dice San Agus ín, comen ando las palab as de San Sis o á San Lo  enzo, cuando al i al ma i io, es e se quejó de que lo abandonaba: «no le dice Sis o á Lo enzo, la pe secución cesa á y queda ás sal o; sino, consuéla e, y no e a lijas, que de aquí á es dias mo i ás má i , como yo oy á mo i aho a (3).» He aquí lo que es y se á la Iglesia. Empezó, pues, la conspi ación de los eyes con a el Vica io de C is o en la misma pe sona del Sal ado : pe o, no nos equi oquemos en la in eligencia de esa pa  lab a con que el Espí i u San o señala con el dedo á los pe seguido es. Los llama eyes, designando en esa pala- (1) Jo. e. 13 . 16. (2) Jo. c. 15. . 20. (3) Di . Augus . ac . 27 in Joan. 3 u 16 me opoli anas que eng andeciesen la ge a quia epis  copal, y di undiesen con abundancia la luz de la é, y los a do es de la piedad. Ni pa ó aqui el celo de es e nue o Ped o, el pescado de la Galilea: Dios había bendecido las egiones se en ionales del Occiden e descubie o po la inmo al Isabel de Cas illa, asladando á ellas á un pueblo, má i de es cen u ias, y allí ambién e igió el Pon í ice ocho me ópolis, y ce ca de cincuen a su a  gáneas, o mando allí una Iglesia lo ecien e, espe anza del pueblo de Washing hon. Veian es o los eyes, y se asomb aban: eíanlo los hei eges, y se les helaba la sang e: eíanlo los e olucio  na ios, y se ca comían de abia: eíanlo los hijos de la e dad, y llenos de aleg ía se p egun aban unos á o os: ¿quién pensáis que se á es e, pues la mano de Dios es á con él? (1) ¿Es acaso un nue o Moisés, á quien Dios po su . é y su mansedumb e lo san i icó, q lo escogió de en e oda ca ne? (2) ¿Es quizás un nue o Josué, g ande segun su nomb e, máximo en sal a á los escogidos de Dios, y en de o a los enemigos? (3) Todo es o se es u o dicien  do en el pueblo ca ólico, c eciendo an o el enomb e del Vene able Pon í ice, que se ha llegado á deci ace ca de él, lo que en o o iempo se dijo de Elias y de Salomón: biena en u ados son los que e ie on, y ue on, hon a  dos con u amis ad (4): Dichosas us gen es, y dichosos us sie os, que es án siemp e delan e de i, y oyen u sabidu ía (5). Y en e ec o, apenas hay hoy dia un hom  b e de algún ale , que no cuen e como la mayo de sus glo ias, el habe is o y saludado al G an Pió IX y ha  be ecibido pe sonalmen e su bendición, siendo aun mas (1) Luc. cap. 1. . 66. (2) Eccli. cap. 45. . 4. (3) Eccli.cap. 46. . 1. 2. (4) Eccli. cap. 48. . 11. (5) 3. Rcg. cap. 10. . 8. u 17 no able, que milla es y milla es de homb es de odas las- clases y condiciones engan es a glo ia, en la cual ienen pa e las p incesas, y has a u bas de niñas inocen es. Descub i é po an o una e dad, mis amados oyen es. ¿Sabéis quien e a Pió IX en los consejos de Dios? No os sob ecojáis, alabad si, al Seño po los po en os de su amo . Es e Pon í ice e a como un nue o p ecu so , co  mo un he aldo que p ecedía á la apa ición de una g an luz del cielo: el nomb e que lle aba, e a la signi icación de su misión en la ie a: es e nomb e, admi able po su coincidencia, signi ica, que quien lo lle aba e a como un asun o de aquel, que ilé en iado de Dios, ij enia po nomb e Juan (1), pues en e ec o, es e e a el nomb e de Pío IX, an es de subi á la Cá ed a Apos ólica. VIL Y asi es, mis amados oyen es; es e Pon í ice es aba des inado á señala con el dedo á dos pe sona  jes g andes y admi ables, cada uno en su géne o, di  ciendo al mundo lo que e an: debía señala á la Vi gen Ma ía, y deci á los homb es: «Hé ahí la Co de a de Dios; he ahí la que no u o pa e en el pecado del mun  do (2)»: debía señala con su mano á Ped o sen ado en la Cá ed a, que C is o le dió, de Maes o uni e sal de la é y de la doc ina, y deci á los c eyen es: «he ahi el que siendo homb e alible po su na u aleza, es in alible po la g acia de C is o, siemp e que enseña á la Iglesia uni  e sal la é y la doc ina de su undado .» Tal e a la mi  sión á que es aba des inado Pió IX en los consejos di i  nos. P o esa hoy ya es os dos dogmas la Iglesia Ca ólica, (1) Jo. cap. 1. . 6. (2) Asi llama on á la Vi gen los Pad es de la Iglesia de los iempos p imi i os. ’ Véase loquedecia San Ta asio Pa ia ca de Cons anlinopla: (se mo. de P esen a ione Deipa .) e hono o agnam immacula am: e ene o co de a de Dios sin mancilla se LNIVCRSIDADi: DE SANTIAGO u 18 dogmas con enidos bajo la co eza de la le a en las sa  g adas esc i u as, dogmas que no quiso Dios e ela con oda cla idad po al ísimos ines de su p o idencia. Y ¿cuá  les e an es os ines? ¡O bondad, ó amo , ó condescenden  cia de Dios pa a con los que son sus hijos! No a i mo, mis amados oyen es, pues como dice el Após ol ¿quién en endió la men e de Dios? ¿ó quién ué su conseje o? (1) Pe o, aun en medio de mi pequeñez, casi me a e o á deci , que Dios que ía que los hijos de la Iglesia ca ó  lica, que son odos hijos de su Mad e, descub iesen con su amo lo que debía se su Mad e ie na y ca iñosa: no nos había dicho Jesuc is o, que su Mad e ué siemp e mas pu aque los Angeles, ni que odos los hijos de Adan enían al mundo con el ea o de su p ime pad e, excep o su Mad e, á quien El había p ese ado: pe o la piedad de sus hijos ilus ada po la e les decía, que la Mad e de Dios, la que engend ó al san o, al inocen e, al inma  culado, enia que habe sido san a, inocen e, inmaculada desde el p ime momen o de su se na u al. ¡Oh qué san  a, qué sabia, y qué con o me á la men e di ina, e a es a piedad! z . Y sucedía espec i amen e lo mismo ocan e á la in  alibilidad del suceso de San Ped o. Al cons i ui Jesu  c is o á es e Maes o de los Após oles y Pas o de oda su g ey, no le había dicho con exp esión ma e ial, que se ia in alible en el Eje cicio de su minis e io: pe o le había di  cho lo equi alen e, y e a que había ogado especialmen e po él, pa a que su é no al ase jamás (2): le había di  cho, que él e a la Pied a, sob e la cual unda ía su Iglesia, y que jamás p e alece ían con a esa pied a los pode es del in ie no (3). La in alibilidad del magis e io de Pedio (1) Rom. cap. 11. . 24. (2) Luc. cap. 22. . 32. (3) Mal. cap. 16. . 18. 19 es aba ence ada en esas p omesas, aunque no apa ecie  se e elada con palab as e minan es. Pe o, ni los San os Pad es habían dudado de que si el Maes o de odos podía e a , ya no podía con i ma á sus he manos, ni apacen  a oda la g ey; ni los ieles embebidos en el sen ido uni e sal de la Iglesia, sospechaban, que pudiese cae en e o el que e a el undamen o de la misma Iglesia, y la Pied a, en que es ibaba es a, su doc ina, los Obispos, los sace do es y el pueblo. Sin emba go, Dios pe mi ió que, no ya del seno de los he eges solamen e, sino del de la misma Iglesia, se le an asen homb es, y homb es algunos, an sabios como piadosos, que negasen lo que la piedad c eía, y lo que la sana azón ilus ada po la e dic aba. ¡Qué o os di igían al cielo los pueblos! ¡Qué deseos de que se decidiese esa e dad exp esa on los eyes, los p incipes y los ieles! ¡Qué suspi os en ia on al cielo los Obispos po espacio de cinco siglos! Y lo di é pa a glo ia de la noble y ca óli  ca nación de San Fe nando, an g ande en los iempos de su an igua piedad, y an desg aciada en las dos épo  cas memo ables de la decla ación dogmá ica de las dos e dades, que ella de endió y p opagó mas que las demás. Ninguna ué mas e ien e en desea que la c eencia pia  dosa uese decla ada dogma de é, y ninguna lo pidió an es que ella; pues en iempo del ilus e Domingo de Guzman se pedia ya es a g acia, y al poco hubo eyes que mani es a on á sus súbdi os, que si que ían conse a su g acia, habían de p o esa es a c eencia piadosa, y ju a de ende la. Pe o Dios había des inado al g an Pió, pa a que uese él quien, guiado po el Espí i u San o, en  señase al mundo, que es as dos e dades es aban con eni  das en las esc i u as san as, que debían se c eídas y p o  esadas como dogmas de e, y que, quien o a cosa e e- se UNiVLRSlDADC u 20 yese y enseñase, no enia pa e en el eino de Dios y se condenaba al ana ema e e no. Hé ahí, pues, el homb e en iado de Dios, pa a mos a al mundo con su dedo una g an luz. Y ¿quién puede desc ibi lo que ha sucedido des  pués? ¿Pod ía yo mismo desc ibi lo que he is o y sen  ido en la basílica Va icana, en aquel dia de memo ia im  pe ecede a, en el cual ué decla ado con oda solemnidad el dogma de la in alibilidad del Romano Pon í ice, cuan  do enseña á la Iglesia uni e sal la é y la doc ina como el Maes o y Pas o de oda ella? Cincuen a mil ieles á la ez aplaudie on con sus almas, con sus co azones, con sus labios y con sus manos, al San o Pon í ice, y unidos á los Obispos de odo el o be eunidos allí, en ona on el himno de alabanzas al Seño , dándole g acias po que po el minis e io del inmo al Pió de amaba an os bene i  cios sob e los homb es. Pues bien: es a emoción celes ial, y es epi osa como el agua de cien íos caudalosos, esonó en los cielos y en la ie a, empezando á cae sob e el suceso de Ped o ben  diciones sin in. Pió IX, ha sido bendecido po la Mad e de Dios: lo han bendecido los ángeles, lo ha bendecido la Igle  sia, lo ha bendecido odo el apos olado en sus miles de su  ceso es, y lo han bendecido millones de ieles. Hé ahí, han dicho los ieles, el escogido po Dios, pa a publica sus ma a illas, hé ahí el Pon í ice p edilec o de Ma ía, hé ahí el nue o Juan de nues os iempos, hé ahí el pío, el san  o, el amable, el ca iñoso, el magnánimo Pon í ice, que ha pues o á la Reina de los Angeles la mejo co ona, y al P incipe de los Após oles su mas b illan e diadema. Y, bien lo saben ya hoy dia odos los homb es, los bá  ba os, los ci ilizados, los he eges, los ca ólicos, los que ben  dicen y los que blas eman, los que aman á Pió, y los que, 21 con un cinismo, que no iene cali ica i o en las lenguas humanas po se demasiado mons uoso, lo abo ecen. Jamás, desde que hay mundo, se ha is o semejan e es  pec áculo; oda la ie a se ha conmo ido; odas las na  ciones se han dispu ado la glo ia de e al g an Pió, de o ece le sus dones, de oi sus palab as, y de ecibi su bendición. ¿Hay algún ey ó empe ado del mundo, que haya is o como él, pos ados á sus pies á odos los pue  blos? ¡Ah! Esa glo ia es únicamen e pa a el g an ey, que no sabe sino se clemen e, ca iñoso y bondadoso pa a con su pueblo; y pa a el excelso Pon iíice, que ha eng ande  cido an o la glo ia de Dios, ha co onado á su Mad e, y ha pues o á San Ped o la b illan e au eola, que Sa anás mismo, conju ado con odos los pode es de la ie a, nun  ca pod á qui a le. In mul i iidine idcbo bomis. VIH. Hemos llegado al pun o mas culminan e, en que- amos á e al g an Pon í ice, y po cie o engo que de  ci , que no bas an los; lími es de un discu so, pa a desc i  bi lo que ha ocu ido has a el día p esen e: ab e ia é en obsequio de los que me oyen, aunque p ome o que di é en poco la e dad de las cosas. Pió IX es á dando hoy una de las ba allas mas alien es y he oicas, que se han dado en la ie a con a el pode del in ie no. Tened pa  ciencia, mis amados oyen es, y oídme con benignidad: oídme, que os oy á e e i cosas inc eíbles, y algunas que os pa ece án una pa adoja. En lo que lle amos de es e siglo, ya casi anciano, no se había is o una sabidu ía mas bené ica que la de Pió IX. Po e ec o de esa ho o osa libe ad de esc ibi , que los pode es humanos han concedido, el mundo ha sido inun  dado de un e dade o dilu io de doc inas, no solo ene  migas de Dios, sino des uc o as de la au o idad de los eyes, demoledo as de sus onos, y aun de la misma so- se UNIVERSÍDADE DE SANTIAGO 22 ciedad. Las he egias mode nas son asi: pa ece que los homb es pe e sos, desespe ados al e que pe dían el iempo en a aca á C is o y á su Iglesia, se han decidido á a a de aniquila la sociedad, publicando dogmas so  ciales an abominables que, si se les deja oma cue po, lle an aza de con e i la sociedad humana en sociedad de ig es. Hoy dia, ya no comba en los e oluciona ios con a el de echo di ino, sino con a el na u al y de gen  es: es a es la g an he egía del siglo. El enca gado de Dios pa a man ene in ac os los p incipios de de echo, de jus  icia, de la ley na u al, y la é y la doc ina de Jesuc is o, p incipios que des uían esas doc inas, las examinó, una po una, y las condenó odas, a isando á los g andes de la ie a, que mi asen po el bien de los pueblos que Dios les había enca gado, y po sus p opios onos, que cae  ían á los golpes de esos p incipios disol en es (1). ¿Quién lo c eye a? Los g andes del mundo, á quienes su p opia conse ación debia inspi a amo y g a i ud, al que condenaba los e o es que ponían una mina á sus onos, ue on los que mi a on con mas encono la e dad que se les descub ía, y á quien condenaba los absu dos que, adop ados po los pueblos, los lle a ían á mo i en ie a ex aña, sin ce o y quizás sin hon a, como habían ¡le ado ya en es décadas á una docena de sus he manos de pú pu a y ce o. Una gue a so da se decla aba al elen  co de los e o es condenados, mien as los homb es al i  os del e o , animados á ello po los pode es mundanos, encendían el uego en el ulgo deg adado, g i ando que los ue os de la azón e an hollados, las p e oga i as de los Es ados des uidas, la libe ad encadenada, las con  quis as de la misma libe ad anuladas, y el linage huma- (1) Encíclica Quan a cu a. u 23 no, que había llegado con su p opia i ud al apogeo de la ci ilización, condenado á i uncido al yugo que le im  ponía un homb e e óg ado, enemigo del p og eso, de  p eso de las in eligencias, y opugnado sis emá ico de los de echos del homb e. Asi han es ado g i ando los impíos en es os úl imos sie e años. Había pues un olcan ence ado en el seno de las al  as p ominencias de la sociedad, el cual enia que es a  lla , an p on o como se p esen a a la ocasión, y es a se p esen ó muy en b e e. Cuando la Iglesia docen e, guia  da po el Espí i u San o, decla ó solemnemen e, que el Papa es in alible,- cuando, como Maes o y Pas o uni e  sal, enseña la é y la doc ina de la eligión á odo el o  be c is iano, la ie a se conmo ió de aleg ía, y die on sal os de place los alles y los collados: pe o en onces ué, cuando el olcan de los mon es empinados ab ió su c á e , y se de ama on las la as de unas i as enco o  sas, que amenazaban desde iempo a ás, que habían de a olla al pode mas al o del mundo. De en onces acá, se han dicho cosas po labios, de quienes es á esc i o, que ienen el don de la adi inación y no ye an en sus juicios, (1) que, bien examinadas, apenas puede un hom  b e sábio oma las po lo se io, po pa ece in e osí  miles. Rómpanse, decían unos, los con enios celeb ados con el Papa, pues aho a es in alible, y no es el homb e de an es; la Iglesia de aho a, decían o os, ya no es lo que an es c eíamos que e a, y no podemos ene mas elaciones con ella, pues se ha dado un Papa in alible. ¡Cómo! g i aban ademas. ¿Vol emos aho a á los iempos de igno ancia, en que los Papas e an á bi os de los e  yes, y los deponían de sus onos según les pa ecía? Pues (1) P o . cap. 16. . 10. se UN1VERSIDADC niSAXiiAco u 24 le an émonos con a el Papa in alible: abandonémoslo á su sue e, y sál elo de sus enemigos su in alibilidad. IX. He ahí, mis amados oyen es, lo que se decía, al mismo iempo que un ejé ci o de gen e sac ilega se ace  caba á Roma, le an aba ba e ías, daba acome idas bá  ba as y sal ajes, lanzaba bombas e oces, de ibaba sus mu os, dispa aba p oyec iles con a sus basílicas, saquea  ba la ciudad, y educía al he oico Pió al úl imo educ o de su alcáza . Se decía odo eso, y no había una ase que no uese una insensa ez. ¿Qué iene que e , que el Papa sea in alible cuando enseña la é, con que celeb e Con  co da os con los eyes, pa a conse a los de echos de la Iglesia en sus einos, o a en ma e ia de bienes obados á las iglesias po las e oluciones, o a en pun o á e eccio  nes de Sedes episcopales, y de o os bene icios, mayo es ó meno es? ¿En qué ha cambiado la Iglesia, po habe decla ado que es de é, lo que siemp e habían enseñado los Pad es y los Concilios ace ca de las p e oga i as de Ped o sob e los demas após oles? ¿Qué elación hay en  e el dogma, de que el Papa sea in alible po un p i i  legio especial que C is o le dió en San Ped o, y en e aquel de echo público, que p o esa on los siglos, e da  de amen e c is ianos, en los cuales los Papas e an los á  bi os de odas las con iendas de los p íncipes? Dis an mucho es as cosas en e si en la sus ancia, y en el modo, aunque odas engan di ec a ó indi ec amen e el mismo p incipio, que es la olun ad de Dios y la au o idad que C is o dió á San Ped o: la misma que los p incipes de o os iempos econocie on, que e a una au o idad so  b e ellos mismos; y en es a é que enían econocie on en el Papa al ey de odos los eyes, al que los enseñaba, los amones aba, los co egia, y aun les a ancaba la pú  pu a, absol iendo á sus súbdi os del ju amen o de idelidad. 25 ¿Qué iene que e po an o la in alibilidad en la en  señanza de la é e elada, con el de echo que eje cie on los Papas, po espacio de sie e siglos, de se los mode  ado es de los eyes, los paci icado es de sus que ellas, los á bi os de sus des inos, y los que les concedían ó negaban el de echo de posee ie as, islas y con inen  es? Reconocían en el Papa ese de echo los eyes y los empe ado es c is ianos, los Edua dos de Ingla e a, los En iques de Alemania, los Es é anos de Hung ía, los Al onsos y Manueles de Po ugal, y los Fe nandos é Isa  beles de Cas illa. Pe o demos, que esos eyes sean odos cismá icos, ó he eges, ó inc édulos, ó que hayan ene  gado de C is o: demos, que no econozcan ese de echo público, que la piedad ca ólica en e io en la au o idad del Sumo Pon í ice, de echo que no es á ya en uso hace es siglos, ¿ iene que e algo odo ello con el dogma de la in alibilidad? El Papa condena á siemp e sus e o es: pe o, una ez que ellos no econocen en el Vica io de C is o ninguna au o idad, una ez que es án ue a de la Iglesia de C is o, el Papa di á con San Pablo: qué me ua á mi en juzga de aquellos que es án ue a? (1). Es a es la e dad de las cosas: la in alibilidad en la é y en la doc ina es un don que le iene al Vica io de C is  o inmedia amen e de C is o: el de echo de in e eni en la salud e e na de los p incipes c is ianos le iene ambién inmedia amen e de C is o: pe o ese, que u o en los iem  pos de la g an é c is iana, de in e eni en asun os em  po ales de los mismos p incipes, en sus elaciones mú uas, y en las de cada uno de ellos con sus súbdi os, si bien es  á undado en la po es ad que le dió C is o, de a a y des  a a cuan o c eyese necesa io en la ie a, no lo eje ció (1) 1. Co . cap. 5. . 12. se UNR'ERSIDADE DE SANTIAGO u 32 ella odos sus hijos. Pió IX i e á pesa de los impíos, que lo han dado po mue o an as eces: su ida es un po en o, y Dios no hace po en os, sino cuando son ne  cesa ios pa a mani es a su pode , y sali po su hon a. Pió IX es á o ando sin cesa , y la Iglesia en e a o a ambién con él. El Pad e y los hijos de es a g an amilia piden á Dios lo mismo; y cuando llegue á da la ho a es  c i a en los lib os de Dios, Da id sald á al campo con a el ilis eo, la pied eci a se desp ende á, el coloso se ol  e á añicos, y Pió el G ande, jun o con oda la Iglesia, en ona á el himno de alabanza, celeb ando la ic o ia mas señalada, que ha is o jamás el pueblo san o. Pa a eso i e el G an Pió: sabedlo, amados oyen es, que ha de llega , y quizás muy en b e e, un dia, en el cual se diga con azón, que los jzis os se lle a on los des  pojos de los impíos, celeb ando po eso el san o nomb e de Dios, y alabando odos á una su mano encedo a (1). Yo no sé si lo e é: pe o mi é en las p omesas de C is  o me dice, que el pueblo que me oye lo e á. Dias en  d án en que caigan á ie a onos y dinas ías y en que ayan al lodo diademas de b illan es alsos y de o opel, mo diendo el pol o los enemigos del ep esen an e de Dios en la ie a, mien as la ia a de Pió IX, b illa á con la glo ia y la au o idad que Dios le ha dado. Quie a el cie  lo que lo eamos p on o: quie a el cielo que, asi como el G an Pió ha de iun a de las po es ades del in ie no, iun emos ambién noso os de los enemigos de nues a alma, de los icios y pasiones de la ca ne, pa a que algún dia en onemos el cán ico e e no de nues a ic o ia en el cielo. Asi sea. FIN. (1) Sap. cap. 10. . 19 20. UNR ’ ERSIDAE DE SANTIAGÍ u