Perplejos y descarriados: pasos en huellas hispanoamericanas
Abstract
9
Full text
Perplejos ydescarriados: pasos en huellas hispanoamericanas Saúl Sosnowski University of Maryland, College Park sosnow[email protected] PERPLEXED AND MISGUIDED: STEPPING INTO SPANISH-AMERICAN FOOTPRINTS Starting with references to sacred texts (Torah, Talmud) and the notion that Judaism is constituted by aline of texts and not of blood, Imove on to the heterodoxy that, among other aspects, links Borges with Kafka and ways of reading them through their links with philosophy, mathematics, architecture, Judaism, tradition and, especially, through their subversive questioning of all that is. PALABRAS CLAVE: Borges— Kafka— tradición judía— subversión Borges— Kafka— Jewish Tradition— subversion DOI https://doi.org/10.14712/23366729.2023.3.1 Empiezo aclarando dos términos yuna ausencia en el título de mi presentación. Hacia el año 1175, Maimónides, el filósofo ymédico cordobés Moshé ben Maimón (1135–1204) conocido como Rambám, comenzó aredactar una larga misiva en árabe para responder adiversas preguntas einterrogantes de uno de sus discípulos. Ésta se publicó en hebreo como Moréh Nebujím yen castellano como Guía de los perplejos oGuía de los descarriados, si bien hubiera sido más apropiado ofrecerlo “para perplejos” en vez “de”. Para los descarriados, la asesoría de rabíes podía facilitar el retorno alos principios de la fe y, consecuentemente, ala comunidad. Por otra parte, los confundidos operplejos ante la intersección de la razón yla filosofía con la religión ylas demandas de la fe judía, hallarían en las interpretaciones de Maimónides pautas para conciliar los múltiples sentidos yposibles discordancias que emanan del Pentateuco yde proféticos decires. En el siglo XII, como siglos antes en la época de la Mishnáh ydel Talmud lo hicieran quienes interpelaban versículos ydictámenes, Rambám dijo que no todo puede ser derivado de una lectura literal, ya que los grandes profetas, por ejemplo, apelaron aparábolas para dirigirse al pueblo conminándolos aretornar alo prescripto por la ley.1 Paradójicamente (ono, dadas las condiciones históricas de un pueblo fracturado 1 En el kafkiano contexto que hoy nos convoca, acoto que Maimónides consideró que la creación del mundo animal yde los seres humanos se dio en un solo núcleo. ¿De allí, quizá, el tránsito entre sus modalidades? OPEN ACCESS
10 SVĚT LITERATURY / EL MUNDO DE LA LITERATURA por sucesivos exilios), quien trazó la Guía también fijó los Trece Principios que se recitan diariamente yque en el judaísmo constituyen lo más cercano aun dogma. Ante la perplejidad, entonces, Maimónides ofrece una guía teológica-filosófica y, ala vez, una tabla de salvación. Paso ala ausencia en el título de estas páginas. Para que Yu Tsun entendiera el secreto que su antepasado Ts’ui Pen cifró en la novela El jardín de senderos que se bifurcan, Stephen Albert le explicó: “es una enorme adivinanza, oparábola, cuyo tema es el tiempo; esa causa recóndita le prohíbe la mención de su nombre. Omitir siempre una palabra, recurrir ametáforas ineptas yaperífrasis evidentes, es quizá el modo más enfático de indicarla”.2 La ausencia del nombre “Kafka” en el título es mi modo de subrayar una impronta, tanto explícita como intuida, que atraviesa las letras hispanoamericanas —letras tamizadas por el doble impacto de Kafka yde Borges. Dice la tradición que el inaudible sonido de la ‘Aleph’ excedía la capacidad auditiva del pueblo yque, por eso, en Sinaí medió una voz humana para que la generación del desierto pudiera recibir los diez principios de una nueva ley. Otra versión, ésta ya más literaria pero no menos peregrina, fija en la letra ‘K’ la posibilidad de cuestionar desde una azorada perplejidad todo lo que es para entrever saberes ajenos al dominio de la razón y, precisamente, ala ley, asus corolarios yexigencia de obediencia osometimiento. * Asociar aBorges (1899–1986) con Kafka (1883–1924) es inevitable yasí lo confirman numerosos estudios críticos. Además de la cercanía de sueños ypesadillas, de laberintos einquisiciones, de un huidizo humor, de adivinanzas yde un sostenido régimen de alusiones ymetáforas, está el uso de cercanas alegorías. Entre ellas, “La construcción de la muralla china” (1917) de Kafka y“La muralla ylos libros” (1950), de Borges. Para Borges se trataba de indagar por qué lo emocionó que fuera una misma persona quien ordenó la construcción en gran escala de una muralla contra los bárbaros y, al mismo tiempo, la abolición de la historia echando al fuego las crónicas del pasado. La posibilidad de que, entre otras contingencias, esta operación fuera mágica, finalmente llevó al narrador aconsiderar que “esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético”.3 De este modo, como en tantos otros textos, Borges desplazó su punto de partida hacia otras vertientes. El chino de Kafka, por su parte, tras elaborar una máxima para ilustrar cómo entender los mecanismos del poder, dice que su investigación es puramente histórica. De allí pasó aotra parábola yala constante preocupación por la ley, el poder yel legado de la historia. La construcción de la muralla por fragmentos accesibles acada dotación, en vez de hacerla continua y, de este modo, lógica yestratégicamente sensata, alude ala propia ydefinitoria práctica de las narraciones de Kafka: integrar vacíos, marcar fragmentos inconexos, cuestionar la posibilidad de lo sucesivo yconsecuente. Muralla ytexto, entonces, perdurarán como tareas para una generación tras otra. Lo que ni Kafka ni 2 “El jardín de senderos que se bifurcan” (1941), incluido en Ficciones (1944). Borges 1974, p.479. 3 Otras inquisiciones (1952). Borges 1974, p.635. OPEN ACCESS
SAÚL SOSNOWSKI 11 Borges pudieron saber es que ese mismo Primer Emperador también ideó el montaje de los ejércitos de terracota: otro resguardo para garantizar su inmortalidad. Hoy, de ese vano deseo yde sus fallidas empresas, perduran un nombre para la historia yel asombro para el turismo. * Después de leer aKafka, nada puede ser leído del mismo modo; tampoco después de Borges. Más aún: después de leerlos, percibimos sus ecos en todo ejercicio literario. Borges aludió explícitamente aKafka en numerosos textos eidentificó sus huellas en otros. Lo hizo en 1935 en “Las pesadillas yFranz Kafka” —donde “simbolista oalegorista”, lo llama “padre de sueños desinteresados, de pesadillas sin otra razón que la de su encanto”—; en 1938 en el prólogo aLa metamorfosis y, en 1951, en “Kafka ysus precursores”.4 En “Kafka en Argentina”,5 Julieta Yelin anotó que fue Eduardo Mallea quien impulsó su difusión mediante “Introducción al mundo de Kafka”, publicado en 1936 en el número 18 de Sur; antes de analizar cómo lo leyeron Martínez Estrada, Borges, Cortázar, Di Benedetto yOcampo. Aesa impecable selección, agrego, por nombrar por ahora asolo tres más, que es imposible leer aClarice Lispector (1920–1977), aAlejandra Pizarnik (1936–1972) yaSergio Chejfec (1956–2022) sin que Kafka se nos atraviese. De todos modos, la pregunta que siempre queda en el aire ysobre la página es ¿por qué siempre Kafka? Verlo como ícono ypunto de inflexión desde las primeras décadas del siglo XX no basta. Más allá de exaltar ‘lo literario’, lo que mantiene nuestra sostenida necesidad de leerlo una yotra vez “con previo fervor ycon una misteriosa lealtad”, es lo que Borges definió en “Sobre los clásicos”,6 excepto que en su caso no se trata de un pueblo sino, por lo menos de lo que seguimos llamando ‘Occidente’. Yno solo por ‘lo literario’ —sobrada razón— sino también por lo histórico ypor la arboleda que se desprende de cada una de sus páginas. 4 “Las pesadillas yFranz Kafka” se publicó en La Prensa el 2 de junio de 1935 yestá incluido en Textos recobrados 1931–1955. Borges 2001, pp.98–101. Allí anticipa lo que otros subrayarán después: “Lo atroz de las figuras de la pesadilla, ¿no está en su falsedad? Su horror incomparable, ¿no es el horror de sabernos bajo el poder de un proceso alucinatorio? Ese clima es precisamente el de los relatos de Kafka”. El prólogo apareció inicialmente en la edición de Losada yfue recogido en Borges, Prólogos, Buenos Aires, Torres Agüero Editor, 1975, pp.103–105. “Kafka ysus precursores” fue incluido en Otras inquisiciones, Buenos Aires, Emecé, 1960, pp.145–148. La biblioteca de Borges incluía un volumen en alemán, editado por Max Brod, de las obras completas de Kafka yuna nota manuscrita de Borges sobre un animal imaginario que luego incluyó como “Un animal soñado por Kafka” en Borges, con la colaboración de Margarita Guerrero, El libro de los seres imaginarios. Buenos Aires: Kier, 1967. También incluía Letters to Milena. Cf. Rosato yÁlvarez 2017, pp.214–215. 5 Yelin 2010, pp.251–273. Enrique Espinoza compiló textos de Martínez Estrada, tres de ellos sobre Kafka, en En torno aKafka yotros ensayos. Barcelona, Seix Barral, 1967. Ver también Martínez Salazar yYelin 2013. La presencia eimpacto de Kafka en las diversas literaturas nacionales puede ser fácilmente rastreada através de la crítica local. 6 “Sobre los clásicos”, Otras inquisiciones, en Borges 1974, p.773. Yresuena otro eco en “El escritor argentino yla tradición”, Discusión (1932), en Borges 1974, pp.267–274. OPEN ACCESS
12 SVĚT LITERATURY / EL MUNDO DE LA LITERATURA Kafka revela lo continuo, lo asentado, lo inamovible, así como lo discontinuo, lo peregrino ylo transitorio. Sus textos exponen aun ser atónito ante el mundo y, al mismo tiempo, aun hombre capaz de fluir con la mayor naturalidad de un estado vital aotro. Un mundo que en su íntima coherencia se muestra incompleto, sometido ala incredulidad yala duda. Acceder aél, requiere entregarse alas múltiples dimensiones de lo dicho yde lo que sigue pendiente. Es esto lo que ha permitido que la crítica siga interrogándolo desde múltiples perspectivas cuya suma no cancela la conjunción de todas ellas, ni de otras que seguramente florecerán. No creo que, como aBorges, aKafka le preocupara haber sido él “el lector de estos ejercicios, yyo su redactor”.7 Su apuesta, como la de numerosos sucesores, está puesta en la complicidad de quien se atreve aincursionar en los intersticios de su mundo. Del prólogo de Borges aLa metamorfosis extraigo lo siguiente: “Franz Kafka no las terminó [las novelas] porque lo primordial era que fuesen interminables”. “Franz Kafka no tiene por qué enumerar todas las vicisitudes. Bástenos comprender que son infinitas como el Infierno”. “La más indiscutible virtud de Kafka es la invención de situaciones intolerables”.8 Hallo un eco de estas líneas en la reseña de Máximo José Kahn aEl castillo, publicada en 1927: “‘El Castillo’ de Kafka ha quedado sin terminar. Pero como es el sentido de la obra presentar lo quizá acabado como inacabado, figura lo inacabado solamente como rasgo de la fisonomía de la obra”.9 En su prólogo, Borges apuntó al goce que “puede anteceder atoda interpretación y[que] no depende de ellas”; Kahn reconoció en el idioma esmerado de Kafka, “idioma de abogado de la Roma antigua”, “la lucha por la redención”. En un pasaje anterior, Kahn recuperó el comentario de Brod que vio en “El proceso yEl castillo dos formas de apariencia de la divinidad (en el sentido de la Kabbala): Juicio yPerdón”. Que todo texto permanece incompleto hasta ser leído, se deduce, entre otros, de “El jardín de senderos que se bifurcan”. Sin embargo, creo que en ese caso importa más que al asimilar lo que Albert había descubierto de su antepasado, Yu Tsun logró acceder ala tradición de la cual se había alejado. ‘Tradición’, ‘juicio’, ‘perdón’ y‘redención’ son instancias que apuntan al tránsito que un perplejo yperecedero ser humano podría heredar yrecorrer alo largo de su vida, pero no aquien está hecho de sueños ajenos (“Las ruinas circulares”). En “El Golem”, las ansias de Rabí Judah León de Praga se desmoronaron frente ala incompleta masa que también al Rabí representa ante lo que Dios hubiera deseado.10 Es la historia narrada por Gustav Meyrink (Gustav Meyer [1868–1932]) que Kafka, comprensiblemente, devoró en una noche de 1915 yque poco después Borges también leyó durante su estancia europea. Mucho después, Borges incursionaría en nociones básicas del misticismo yla Cábala através de Gershom Scholem —aquien no le causó ninguna gracia rimar con Golem. Toda indagación, todo interrogante ytoda duda subrayan la búsqueda de sentido para un sistema que, si alguna vez lo tuvo, acabó con la Primera Guerra Mundial —ymás aún con la Segunda—. Me refiero al colapso de la fe en el progreso enten7 Borges, “Aquien leyere”, Fervor de Buenos Aires [1923], en Borges 1974, p.15. 8 Originalmente en la edición de Losada de 1938; cito de Prólogos, Borges 1975, p.105. 9 En la columna “Letras alemanas” de La Gaceta Literararia reseña la edición original editada en Munich por de Kurt Wolif Verlag. Kahn 1927, p.4. 10 Borges, “El golem” (1958), EL otro, el mismo (1964), en Borges 1974, pp.885–887. OPEN ACCESS
SAÚL SOSNOWSKI 13 dido fuera de lo tecnológico, ala civilización tal como la había decretado el Occidente, yala tergiversación de principios éticos. Las imágenes que alguna vez proyectaban la integridad de un orden en perpetua evolución, están melladas desde hace más de un siglo. Si ya lo estaban en la época de Kafka, hoy van en picada. Ya nada hay que pueda augurar la paz mesiánica, ni siquiera una acorde ala supremacía del mal como catalizador para su surgimiento. Nada es, todo está en vías de desarrollo —como se solía definir apaíses sometidos—, sin que sepamos qué signo adjudicarle al concepto de “desarrollo”. * Los valores estéticos que aplicamos auna obra literaria incluyen su grado de apertura, de incitación aser parte de un diálogo mediante la ilación de las letras. Yprecisamente el texto al que se le atribuye un origen divino, puede ydebe ser interrogado. En el mundo de Kafka se halla la Torah (el Pentateuco) —la ley escrita— yquizá aún más, las disquisiciones que en torno acada signo se encuentran en el Talmud yen la centenaria Responsa rabínica —la legislación que emana de la tradición oral—. Al entrar en este ámbito nos encontramos con un texto abierto ypasible de múltiples ycontinuas interpretaciones que conmina, asimismo, aseguir pasos claramente demarcados, sabiendo que se dan en un mundo fallido ydesordenado que el ser humano puede reparar (Tikkun Olam).11 Si bien parecería que ahora me deslizo hacia lecturas incompatibles con recortes formales alo textual, no es así, ya que lo que tantos han indicado como ‘lo incompleto’, adquiere otro sentido al ver cada situación como interrogante ydesafío, cuando no como ineludible aceptación yrenuncia alo inevitable. Yes así que, desde la heterodoxia, aceptamos el derecho de toda lectura aasignarle su propio sentido ala letra. Nuevamente, entonces, Kafka yBorges; nombres que no comparten ninguna letra pero que siguen siendo, cada uno de ellos por separado ytambién juntos, objeto de su relación con la filosofía, las matemáticas, la arquitectura, el judaísmo, la tradición y, también, la subversión.12 * El Ángel de la historia. Rosenzweig, Benjamin, Scholem, de Stéphane Mosès, comienza con una cita de Kafka sobre la construcción de la torre de Babel; mejor dicho, sobre su no construcción. Analizando “El escudo de la ciudad”, Mosès registra el régimen de postergaciones yla “deficiencia inherente ala propia humanidad” que impidió que la construcción se llevara acabo. Yagrega: “El fracaso de Babel remite aquí auna especie de lógica inmanente de autodestrucción, quizá alas raíces del instinto de muerte”13 y, en consecuencia, ala cancelación de una utopía realizable en un tiempo que incesantemente se aleja. La ineludible escenificación de Praga, incluido el puño, cuyos cinco golpes aniquilarán ala ciudad —puño que, en efecto, es parte del escudo de la ciudad— lógicamente condujeron aMosès a“El milagro secreto” de Borges yamos11 Una de varias exploraciones en este sentido en Robertson 1985. 12 Dos ejemplos: Mandelbaum 2003, Löwy 2016. 13 Mosès 1997, p.15. OPEN ACCESS
14 SVĚT LITERATURY / EL MUNDO DE LA LITERATURA trar cómo cada uno de estos autores percibió la prolongación del tiempo. Este relato, situado en la Praga ocupada de 1939, también sugiere una extensión temporal que, llevada ala inmortalidad, anada conduce; así lo supieron quienes bebieron las aguas de un río en “El inmortal”.14 El Ángel de la Historia —si existe— concluye Mosès, “Debería encontrarse en la intersección entre el tiempo indefinidamente prolongable de que habla el texto de Kafka yel otro tiempo, puramente interior ycualitativo, que describe el relato de Borges” (p.19).15 Subrayo este texto porque estos dos relatos le permitieron aMosès pasar aun análisis pormenorizado de las respectivas visiones de la historia en Franz Rosenzweig (1886–1929), Walter Benjamin (1882–1940) yGershom Scholem (1897–1982) desarrollada después de la Primera Guerra Mundial. No se trata del fin de la historia, sino de su apertura amúltiples futuros posibles. De este modo se subvierte toda convención, también la crónica de los tiempos, como lo anticipara Ts’ui Pen en su novela. Ya no hay continuidad, tampoco lógicas expectativas, sino rupturas eirrupciones; diría golpes de realidad como los que hallamos en tantos textos que, sin saberlo quizá, se hacen eco de otros puños.16 Creo que es precisamente en ese sentido, yno solo en la literatura, que se manifiesta el ser precursor. Los planteos filosóficos de los tres citados atraviesan yson atravesados por el paradójico judío heterodoxo Kafka, estudioso del Talmud, de la lengua hebrea y, seguramente, conocedor de mucho más de la tradición judía luego de su encuentro con Dora Dymant.17 Entendió —como nunca lo entenderán los antisemitas que también él padeció que el judaísmo es una línea de textos yno de sangre.18 Más de un lector ha puntualizado que la palabra “judío” no aparece en su ficción (¿Cómo el ‘tiempo’ en otra novela?), si bien abunda en sus diarios yen El Castillo, por ejemplo, que ha sido interpretado en torno ala problemática de la asimilación.19 Porque no puedo dejar de leer aKafka desde esta perspectiva, también reconozco en sus personajes los mismos interrogantes sobre Dios que asolaron aCésar Vallejo en Los heraldos negros, así como el sufrimiento sin respuesta divina que padeció Job.20 Yapesar de todo, sea un ser humano oun animal, proclama la persistencia en seguir con 14 “El milagro secreto”, escrito en 1943 yfijado en 1939 en Praga —junto anumerosos motivos que apuntan directamente aKafka— apareció en Artificios (1944); incluido en Ficciones, Borges 1974, pp.508–513. “El inmortal” en El Aleph (1949), Borges 1974, pp.533–544. 15 Mosès 1997, p.19. 16 “Vindicación de ‘Bouvard et Pécuchet’” indica que por la conducta de los protagonistas la obra mira hacia adelante alas parábolas de Kafka. La oración final dice: “Evidentemente, si la historia universal es la historia de Bouvard yde Pécuchet, todo lo que la integra es ridículo ydeleznable”. Discusión (1932), Borges 1974, p.262. Kafka consideró que “Investigaciones de un perro”, uno de sus últimos cuentos, era una variación sobre el tema de Flaubert. 17 El diccionario hebreo-alemán que escribió en un cuaderno de 1922 (?) no incluye términos básicos, lo que refleja un conocimiento bastante avanzado del hebreo. Un análisis de todas ellas podría generar otro modo de interpretar la historia que le tocó vivir. 18 Cf. Oz yOz-Salzberger 2015. 19 Especialmente Max Brod en el epílogo ala edición original. 20 Cf. Margo Glantz, “Kafka yJob: Los dos hermanos” (1980), en Martínez Salazar yYelin 2013, pp.249–263. OPEN ACCESS
SAÚL SOSNOWSKI 15 vida porque también de ella, ydel mal, está hecho el ser que espera sin saber en qué devendrá. Nostalgia de lo perdido, quizá; duda ante lo que vendrá, sin lugar adudas. * Kafka anticipó mucho de lo que vivimos en el siglo XX, pero se quedó corto ante lo que va de este siglo. Las fórmulas de los manuales políticos están siendo reescritas; el fascismo que llegó aconocer, yel nazismo que surgió después de su muerte, continúan remodelándose para que su violencia sea cada vez más aceptable. El ejercicio de los precursores, que Borges proyecta hacia Carriego yMacedonio, así como lo hizo José Hernández sobre la gauchesca, es literario. Mucho más grave es anticipar el apocalipsis o, en términos más acotados, la posibilidad de que el individuo no se arroje al vacío dada la conducta aparentemente inane de situaciones que Kafka dejó amedio hacer. Yentonces cabe aceptar que todo está perdido para volver aempezar (ono), wishful thinking de Morelli en Rayuela, novela cuyos levemente encapsulados capítulos —ymás aún los de 62.Modelo para armar— ineludiblemente remiten asobres sin numerar en los que Kafka guardó los capítulos de El proceso. ¿No es ésta ya, desde 1914–1915, una apuesta alectores cómplices? Ycaptar, asimismo, la conducta de los hombres en una figura estética, como Persio lo hizo poéticamente en una kafkiana navegación hacia la nada (Los premios). Osaber que nadie es solamente uno (“Lejana”), ni solo humano, yque por eso las transiciones se pueden dar naturalmente (Samsa-cucaracha o“Axolotl” oconejitos en “Carta auna señorita en París”) yque se abre la puerta no solo para ir ajugar sino para ser parte de algo más que un mísero cuerpo entregado ala decadencia de la historia. Se trata de los encuentros alos que siempre aspiraron los personajes de Cortázar; encuentros que se llegan adar como estrategia de supervivencia cuando el orden es alterado yla ley quebrada (“La autopista del sur”). La solicitud del lector cómplice como acto literario es, asimismo, el pedido de un encuentro. Yentonces también el humor que de lo lúcidamente sombrío recuperó el guatemalteco Augusto Monterroso (1921–2003) yen otra frecuencia el mexicano Juan José Arreola (1918–2001); que rigen La ciudad del uruguayo Mario Levrero (1940–2004), presidida por un epígrafe de Kafka, su diurna lectura, ytodo Juan Carlos Onetti (1909–1994) yla ruina moral en los galpones de Roberto Arlt (1900–1940)… siguiendo así hacia otros precursores ysucesores porque en cada uno, como Kafka escribe en “Investigaciones de un perro”: “apesar de todas mis rarezas, traslúcidas como la luz, sigo perteneciendo ala especie”. Ydesde esa especie, yhacia ella, la literatura sigue. BIBLIOGRAFÍA: Borges, Jorge Luis. Obras completas. Buenos Aires: Emecé Editores, 1974. Borges, Jorge Luis. Prólogos. Buenos Aires: Torres Agüero Editor, 1975. Borges, Jorge Luis. Textos recobrados 1931–1955. Eds. Emir Rodríguez Monegal yEnrico Mario Santí. Buenos Aires: Emecé, 2001. OPEN ACCESS
16 SVĚT LITERATURY / EL MUNDO DE LA LITERATURA RECEPCIÓN TEMPRANA Kahn, Máximo José. “Franz Kafka: El Castillo”. La Gaceta Literaria, [Madrid], 1, 17 (1927), p.4. Mandelbaum, Enrique. Franz Kafka: um judaísmo na ponte do impossível. Sao Paulo: Perspectiva, 2003. Mosès, Stéphane. El Ángel de la historia. Rosenzweig, Benjamin, Scholem. Madrid: Cátedra, 1997 [1992]. Löwy, Michael. Franz Kafka: Subversive Dreamer. Ann Arbor: University of Michigan Press, 2016. Oz, Amos yFania Oz-Salzberger. Los judíos ylas palabras. Madrid: Siruela, 2015. Robertson, Ritchie. Kafka. Judaism, Politics, and Literature. Oxford: Oxford University Press, 1985. Rosato, Laura yÁlvarez, Germán, eds. Borges, libros ylecturas. Catálogo de la colección Jorge Luis Borges en la Biblioteca Nacional. Buenos Aires: Biblioteca Nacional, 2017. Yelin, Julieta. “Kafka en Argentina”. Hispanic Review, LXXVIII, 2 (2010), pp.251–273. Martínez Salazar, Elisa yYelin, Julieta, eds. Kafka en las dos orillas. Antología de la recepción crítica española ehispanoamericana. Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2013. OPEN ACCESS