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Círculos sin fronteras. Paraísos artificiales y diversidad regional en el cine español contemporáneo (la representación del "mundo de la droga")

Abstract

Más de siglo y medio ha pasado desde que Charles Baudelaire acuñó la expresión de « paraísos artificiales » para referirse a sus experiencias con las drogas; y mucho más –alrededor de ochocientos años– desde que Dante Alighieri precisara que son nueve los círculos de que está constituido el infierno. Hemos querido aunar estas dos nobles imágenes antitéticas para arrancar nuestra aproximación al tratamiento que el cine español del tercer milenio (en concreto, de la primera década de la presente centuria) ha dado del tráfico y consumo de estupefacientes. En esta pesquisa, vamos a poner énfasis en las similitudes y diferencias que se perciben en la visión que de este tema se da en films producidos, y casi invariablemente ambientados, en las distintas comunidades autónomas que componen el Estado. Partimos de la hipótesis de que el cine español sigue un patrón concreto y recurrente a la hora de representar el consumo de las drogas; un patrón atravesado de pretensiones morales, en virtud del cual el hábito constituye una cadena (o, mejor, una espiral) en la que se empieza por las blandas, se pasa a la cocaína y las pastillas, con frecuencia se experimenta el enganche a la heroína (culmen de la degradación) y, casi inexorablemente, se muere. Intentaremos, pues, demostrar que nuestra cinematografía soslaya otros enfoques, como el del autoconocimiento, explorado otrora por ella misma y actualmente en otras latitudes, y equipara consumo con autodestrucción; asimismo, trataremos de analizar cuáles son las divergencias más notables que se dan en la representación fílmica de las drogas en función de factores contextuales (regionales y ambientales, pero también de nivel sociocultural, económico, de roles sexuales, etcétera). Antes de entrar en materia, hemos de hacer varias precisiones metodológicas: la primera consiste en que solo tocaremos largometrajes de ficción (por lo que quedan excluidos de entrada cortometrajes y documentales), y que la selección se ha realizado con la intención de lograr una muestra territorial lo más diversa posible, en un lapso reducido pero que permite entrever una cierta evolución (el título más antiguo que estudiaremos es de 2000, mientras que el más reciente data de 2008). Conviene añadir que en el presente texto se entiende por drogas las comúnmente calificadas como « blandas » (el cannabis, la marihuana, el hachís); los alcaloides (opiáceos como la morfina o la cocaína; la mescalina, el peyote); las drogas semisintéticas (la heroína), los derivados de las anfetaminas (las « drogas de síntesis » o « de diseño » como las anfetaminas, el éxtasis/MDMA, el LSD, el cristal líquido…); no así el alcohol ni el tabaco, no porque no los consideremos tales, sino porque juzgamos que ambos asuntos han sido abordados de manera específica y diferenciada por el cine español.

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Círculos sin fronteras. Paraísos artificiales y diversidad regional en el cine español contemporáneo (la representación del "mundo de la droga")

Author: Rubio Alcover, Agustín; Fernández Fernández, César
Publisher: Institut Catholique de Toulouse
Year: 2015
Source: http://repositori.uji.es/bitstreams/a330ec1e-15bb-476f-a2d5-93c178a66da7/download
1
Cí culos sin on e as. Pa aísos a i iciales y di e sidad egional en el cine español
con empo áneo (la ep esen ación del « mundo de la d oga »)
Agus ín Rubio Alco e
Césa Fe nández Fe nández
(Uni e si a Jaume I de Cas ellón)
1. In oducción: Sus ancias, espacios y momen os, o los discu sos mo ales e iden i a ios en
o no a las d ogas en el cine español
Más de siglo y medio ha pasado desde que Cha les Baudelai e acuñó la exp esión de « pa aísos
a i iciales » pa a e e i se a sus expe iencias con las d ogas; y mucho más –al ededo de
ochocien os años– desde que Dan e Alighie i p ecisa a que son nue e los cí culos de que es á
cons i uido el in ie no. Hemos que ido auna es as dos nobles imágenes an i é icas pa a a anca
nues a ap oximación al a amien o que el cine español del e ce milenio (en conc e o, de la
p ime a década de la p esen e cen u ia) ha dado del á ico y consumo de es upe acien es. En
es a pesquisa, amos a pone én asis en las simili udes y di e encias que se pe ciben en la isión
que de es e ema se da en ilms p oducidos, y casi in a iablemen e ambien ados, en las dis in as
comunidades au ónomas que componen el Es ado.
Pa imos de la hipó esis de que el cine español sigue un pa ón conc e o y ecu en e a la ho a de
ep esen a el consumo de las d ogas; un pa ón a a esado de p e ensiones mo ales, en i ud
del cual el hábi o cons i uye una cadena (o, mejo , una espi al) en la que se empieza po las
blandas, se pasa a la cocaína y las pas illas, con ecuencia se expe imen a el enganche a la
he oína (culmen de la deg adación) y, casi inexo ablemen e, se mue e. In en a emos, pues,
demos a que nues a cinema og a ía soslaya o os en oques, como el del au oconocimien o,
explo ado o o a po ella misma y ac ualmen e en o as la i udes, y equipa a consumo con
au odes ucción; asimismo, a a emos de analiza cuáles son las di e gencias más no ables que
se dan en la ep esen ación ílmica de las d ogas en unción de ac o es con ex uales ( egionales
y ambien ales, pe o ambién de ni el sociocul u al, económico, de oles sexuales, e cé e a).
An es de en a en ma e ia, hemos de hace a ias p ecisiones me odológicas: la p ime a
consis e en que solo oca emos la gome ajes de icción (po lo que quedan excluidos de
en ada co ome ajes y documen ales), y que la selección se ha ealizado con la in ención de
log a una mues a e i o ial lo más di e sa posible, en un lapso educido pe o que pe mi e
en e e una cie a e olución (el í ulo más an iguo que es udia emos es de 2000, mien as que
el más ecien e da a de 2008). Con iene añadi que en el p esen e ex o se en iende po d ogas
las comúnmen e cali icadas como « blandas » (el cannabis, la ma ihuana, el hachís); los
alcaloides (opiáceos como la mo ina o la cocaína; la mescalina, el peyo e); las d ogas
semisin é icas (la he oína), los de i ados de las an e aminas (las « d ogas de sín esis » o « de
diseño » como las an e aminas, el éx asis/MDMA, el LSD, el c is al líquido…); no así el
alcohol ni el abaco, no po que no los conside emos ales, sino po que juzgamos que ambos
asun os han sido abo dados de mane a especí ica y di e enciada po el cine español.
2. Sob e la d oga y sob e el cine
An es de en a en la ma e ia especí ica de es e a ículo, c eemos opo uno apo a algunas
isiones o conside aciones, a nues o juicio pa adigmá icas, en o no a la d oga en sí y al cine en
sí, que, si bien no especí icamen e en elación di ec a con los pa áme os de aco amien o de
nues o es udio, p e enden, p ecisamen e, apo a un con apun o a las ap oximaciones posibles
que el cine español con empo áneo pudie a ene pendien es espec o del con lic i o, o
p oblemá ico, ema de la d oga, así como apo a elemen os de encuad e gene al a cie as
o mas de conside a las d ogas, el cine y sus elaciones mu uas.
Así, desde su mul i acé ica condición de, cineas a, eó ico, esc i o , e c., Pasolini se ace ca al
enómeno de la d oga en su caleidoscópica ob a El caos. Con a el e o , in e ogándose sob e
la azón de que las pe sonas se d oguen:
2
« ¿Po qué se d ogan las pe sonas? No lo comp endo, pe o en cie o modo me lo explico. Se d ogan po
al a de cul u a. Hablo, se en iende, de la g an mayo ía o del p omedio de los d ogadic os. Es á cla o que
quien se d oga lo hace po llena un acío, una al a de algo que causa u bación y angus ia. Es un
sus i u o de la magia. Los p imi i os han de en en a se cons an emen e a es e e ible acío de su in e io .
E nes o De Ma ino lo llama “miedo a la pé dida de la p opia esencia”; y los p imi i os llenan es e acío
ecu iendo a la magia, que lo ali ia y lo sa is ace. En el mundo mode no, la alienación debida al
condicionamien o de la na u aleza se ha sus i uido po la alienación debida al condicionamien o de la
sociedad
1
. »
Cu iosamen e, Pasolini empieza es a e lexión p egun ándose po qué se d ogan las « pe sonas »
pe o, pa a segui con la misma, pun ualiza que se e ie e a la g an mayo ía o el p omedio de los
« d ogadic os ». Y, p ecisamen e, al ez ahí es é la cues ión cla e: más allá de la d oga en sí, y
de lo que pueda se , de lo que se a a es de dilucida qué es (se ) un/a d ogadic o/a. Dilucida si
se d ogadic o/a me ma, incluso des uye, la condición de pe sona, o bien, si puede se una
ca ac e ís ica que se le ag ega, o incluso, que pudie a, en cie os casos, llega a e o za al
condición. Has a al pun o es undamen al esa cues ión que Pasolini con inua a i mando:
« En ealidad nos d ogamos odos. Yo (po lo que se me alcanza) haciendo cine, o os a u diéndose en
cualquie o a ac i idad. (...) Lo que sal a de la d oga au én ica y e dade a (es deci , del suicidio) es
siemp e una o ma de segu idad cul u al
2
. »
En cie a mane a, y al ez de o ma inconscien e po pa e de sus p oduc o es y au o es, es lo
que es á en la base de que, en la mayo ía de los a amien os ílmicos de la cues ión de la d oga
que p esen amos a con inuación, la mue e del/la d ogadic o/a (en cie a medida, el suicidio) sea
el desenlace ine i able pa a sus p o agonis as o pe sonajes, quienes, p ecisamen e, suelen se
siemp e es e eo ipos de ma ginalidad, en cuan o que ca en es de cul u a, o no insc i os en la
« ins i ucional » , en odo caso, insegu os espec o de cualquie o ma de la misma, po muy
exp esada u os en ada, incluso sen ida, que pudie a se la p opia. Al espec o, nos dice Camus
en su ensayo sob e el absu do (o, como se puede colegi de sus pos ulados, sob e la ida y la
au oimposición de in a la misma, el suicidio) Le mi he de Sisyphe:
« ¿Cuál es ese incalculable sen imien o que p i a al espí i u del sueño necesa io pa a la ida? Un mundo
que se puede explica aunque sea con malas azones es un mundo amilia . Pe o, al con a io, en un
uni e so p i ado de epen e de ilusiones y de luces, el homb e se sien e un ex anje o. (...) Ese di o cio
en e el homb e y su ida, en e el ac o y su deco ado, es p opiamen e el sen imien o de la absu didad
3
. »
Combinando lo que dicen Pasolini y Camus, en amos pues en una nue a espi al de complejidad
o absu didad: si bien la d oga puede supone un elemen o, un ins umen o, pa a supe a la
alienación exis encial que lle a a la au oaniquilación, es a su ez un camino que lle a hacia la
au oaniquillación. Si la d oga es « el sueño necesa io pa a la ida » que sal a de « la d oga
au én ica y e dade a (en cie a medida, el suicidio) », es po que suminis a pues
« explicaciones aunque sea con malas azones », po que e i a el « di o cio en e el homb e y su
ida », y odo ello siemp e y cuando exis a una « o ma de segu idad cul u al » que es lo que
pe mi e hace al conside ación de la d oga en sí, sin enuncia , de al o ma, ni a la d oga ni a la
ida, en un equilib io on o-epis emológico complejo. Pe o, p ecisamen e, la d oga es concebida
y p esen ada comúnmen e, a la in e sa, como la ía de dis o sión de la ida, de alejamien o de
una cie a idea ascenden al de ealidad, has a llega a la anulación de la ida y la ealidad en sí.
Podemos encon a , al ez, una solución a es a ecuación apa en emen e con adic o ia en las
palab as de Cas aneda:
« La impo ancia de las plan as (... alucinógenas ...) consis ía, pa a don Juan, en su capacidad de p oduci
e apas de pe cepción peculia en un se humano. (...) Las he llamado “es ados de ealidad no o dina ia”,
en el sen ido de ealidad inusi ada con apues a a la ealidad o dina ia de la ida co idiana
4
. »
Y aunque Cas aneda u iliza el é mino « con apues a », a lo la go de oda su ob a deja cla o que
la ealidad no o dina ia, aunque sea o almen e dis in a que la co idiana, es sin emba go an
obje i a como ella. Y, en ese sen ido, y en elación a la posibilidad de apo e de soluciones a la
cues ión que a amos, a i ma en o o luga :
1
. Pie Paolo PASOLINI, El caos. Con a el e o , Ba celona, C í ica, 1981 (pag. 113).
2
. Ibídem (pag. 114).
3
. Albe CAMUS, Le my he de Sisyphe, Pa is, Gallima d, 1961 (pag. 18). (T aducción del pasaje po pa e de los
au o es).
4
. Ca los CASTANEDA, Las enseñanzas de don Juan, Mad id, Fondo de Cul u a Económica, 2002 (pags. 55 y 56).
3
« La ealidad no o dina ia hab ía podido usa se en o ma más p agmá ica pa a saca pun os de e e encia
que u iesen alo en la ealidad o dina ia
5
. »
De hecho, an e la di icul ad –o imposibilidad- de apo a una de inición obje i a de la palab a -o
concep o (ine i ablemen e con aminado po una cie a ins i ucionalización del mismo)- d oga,
Luis Ca los Res epo adop a el é mino de SPA (sus ancia psicoac i a) en su lib o La u a
p ohibida, La d oga como espejo de la cul u a, donde a i ma:
« Mediado po excelencia en e la na u aleza y la cul u a –en e la química ce eb al y la p oducción
simbólica- la SPA hace pa e in eg al de i uales de paso y ies as comuni a ias
6
. »
Algo demasiado ol idado en nues os iempos, en que, un cie o discu so o icialis a,
ins i ucional, no malizado, pe o a la ez acuo de esencia y de conocimien o p o undo e
his ó ico, se enca ga de, no sólo p omociona posiciones maniqueas en o no a la cues ión de la
d oga, sino de enuncia a oda unción educado a desde pos ulados emocionales, quedándose
en la pu a acción sensible a de lo espec acula de sus mensajes o de lo i ial de sus
plan eamien os. Desde los medios de comunicación de masas, incluido el cine, « el discu so
sob e las d ogas se p esen a como un impe a i o que señala sin apela i os lo que se debe hace
pa a e i a el mal. »
7
:
« Al mismo iempo que la SPA (sus ancia psicoac i a) se con ie e en me cancía, se gene a en el mundo
con empo áneo un c ecien e anal abe ismo a ec i o que se exp esa a a és del consumo compulsi o de
es as no edosas me cancías que eme gen en el espacio social. (...) La compulsión es un cí culo icioso
que dilapida en la epe ición la ene gía des inada al encuen o con la di e encia, bloqueando el eje cicio
de la libe ad y disol iendo los lazos que nos unen a las pe sonas capaces de b inda nos a ec o y
econocimien o
8
. »
Y aquí, Res epo in oduce o a cues ión cla e, jun o a la que ci amos an es -conside a al/a la
d ogadic o/a en e a conside a simplemen e la d oga: la cues ión de la compulsión y cómo es,
p ecisamen e ella y no la d oga en sí, exp esión ac ual de un c ecien e anal abe ismo a ec i o.
Sin duda, las c isis sociales, económicas, polí icas, en suma, humanas, de e minan o en oncan
con la exis encia de c isis cul u al y odo lo que ello en aña, en pa icula , insegu idad en las
pe sonas, espec o del mundo y de ellas mismas, de sus a ec os y sus elaciones, de su libe ad e
in eg idad. Algo que en la p ime a década de es e siglo y milenio se mani ies a en nues a
sociedad y se e leja en el cine que analizamos. Al espec o, Pasolini esul a eno memen e
uni e sal en sus e lexiones –o deno a la condición cíclica de las c isis- cuando, ya en 1968,
esc ibe:
« Es a “ al a de cul u a” o de “in e eses cul u ales” (...) es p obable que p oceda de una sensación más
gene alizada de “miedo al u u o”. Jamás, como en es os úl imos años -en que la “p e isión” se ha
con e ido en ciencia-, había sido el u u o uen e de an a ince idumb e ni an semejan e a una pesadilla
indesci able
9
. »
Y, jus amen e, los ilms, el cine que e e imos más adelan e en es e es udio, se a ana en
p esen a , an o a la d oga en sí como al u u o, cual una « pesadilla indesci able ». Sumándose
al mains eam discu si o de los mass media, el cine español con empo áneo no es capaz de
adop a , en e al ema de la d oga, una posición comp ome ida como la que e idencia Goda d
(en gene al, en e al cine y su esencia) cuando dice:
« Pa a mí, desc ibi la ida mode na, no es desc ibi , como hacen algunos pe iódicos, los gadge s o la
e olución de los negocios, es obse a las mu aciones (...) ¿Po qué hago ese ilm, po qué lo hago de esa
mane a? (...) Me mi o ilma , se me oye pensa . En suma, no es un ilm, es una en a i a de ilm y que se
p esen a como al (...) No es una his o ia, p e ende se un documen o
10
. »
Cie amen e, Goda d es Goda d, pe o, más allá de es a egias pu amen e come ciales, el cine
iene un pode comunica i o, modelizado , o debe ía ene lo, que hicie a que, en e a un ema
del calado como es el de la d oga, y e isando, p ecisamen e, di e sas la i udes e i o iales del
Es ado Español, pudié amos encon a algún espí i u o iginal que se ap oxima a a la cues ión de
5
. Ibídem (pag. 307).
6
. Luis Ca los RESTREPO, La u a p ohibida. La d oga como espejo de la cul u a, Mad id, Libe a ias/P odhu i, 2004
(pags. 187 y 188).
7
. Ibídem (pag. 51).
8
. Ibídem (pags. 223 y 225).
9
. PASOLINI, ibídem (pag. 115).
10
. Jean-Luc GODARD, Goda d pa Goda d. Les années Ka ina, Pa is, l’É oile-Cahie s du Cinéma, 1985 (pag. 166).
(T aducción del pasaje po pa e de los au o es).
4
un modo más ascenden e y « cul i ado ». Jus amen e, como dice Goda d, p oduciendo
« documen os » y no sólo his o ias (y no nos e e imos, lógicamen e, a documen ales -de los
que, como ya hemos dicho espec o de nues a me odología en es e ex o, no nos ocupamos de
ellos- sino a « icciones »). Conside ando la p oducción del cine español con empo áneo en
o no a la emá ica de la d oga, pod íamos aplica le –haciendo una gene alización y
descon ex ualización o zadas, la isión de A aud sob e el cine, sin ela i iza la a los
pa áme os de e e encia concep ual e in elec ual que A aud esg imía al deci que:
« El mundo cinema og á ico es un mundo mue o, iluso io y pa celado. Apa e de que no odea las cosas,
que no en a en el cen o de la ida, que no e iene de las o mas más que su epide mis y lo que puede se
ap ehendido desde un ángulo isual ex emadamen e es ingido, p ohíbe oda insis encia y oda
epe ición, lo que cons i uye una de las condiciones p incipales de la acción mágica, del desga amien o
de la sensibilidad (...) El mundo del cine es un mundo he mé ico, sin elación con la exis encia. Su poesía
se halla, no más allá, sino más acá de las imágenes (...) Po an o, la poesía que no puede desp ende se de
odo es o no es más que una poesía e en ual, la poesía de lo que pod ía se , y en consecuencia no es del
cine de quien debamos espe a que nos es i uya los mi os del homb e y de la ida de hoy
11
. »
Lejos de es e pesimis a pano ama cinema og á ico, nos quedamos con la espe anza de que algún
día apa ezcan p oducciones españolas sob e es e ema –que se lo ale- ce canas a las p ác icas
goda dianas, o pasolinianas, que, siendo dis in as, son en ambos casos « adicales » (de ex emo,
pe o ambién de aíz). Valga como clausu a de es e apa ado, el diálogo que man iene Pasolini
con Nine o Da oli, Pie e Clemen i y F anco Ci i (en que ambién se habla de Goda d):
« Pasolini: ¿Qué es el cine, Niné?; Nine o Da oli: El cine es el cine.; P: También dice eso Goda d, ¿lo
sabías?; N: Goda d es un homb e in eligen e.; (...) P: ¿Te gus an ambién sus películas?; N: (...) Me gus a
con empla las po que cuando eo sus películas lo eo a él. / (...) Pasolini: ¿Cuál se ía u mane a ideal de
hace cine?; Pie e Clemen i: Hace un iaje cuyo ondo sea la ida y la mue e. Po ejemplo, pa i con
un equipo de homb es que engan las mismas necesidades, las mimas aspi aciones, e c., y c ea algo an
imp esionan e que supe e la ealidad. / (...) F anco Ci i: la an asía es la expe iencia que ienen los
a is as
12
. »
3. An eceden es his ó icos
3.1. De la ep esen abilidad de las d ogas en el cine español clásico
El ópico eza que la d oga no es á p esen e en el cine español has a el a do anquismo. Así, de
acue do con las p incipales ob as de e e encia an o cinema og á icas como sociológicas en la
ma e ia, no es has a los años se en a que la cues ión iene e lejo en nues o cine. Ped o U is y
Juan Ca los Usó coinciden en señala la segunda mi ad de la década de los se en a como un
pun o de gi o cuan i a i o y cuali a i o, con cin as como Pe os calleje os (1977), Pe os
calleje os II (1979), Pe as calleje as (1984) y Yo, El Vaquilla (1985) de José An onio de la
Loma; Dep isa, dep isa (1980), de Ca los Sau a; o Na aje os (1980) y Colegas (1982), de Eloy
de la Iglesia. Los despec i os é minos en que se exp esa Usó ma can una pau a in e p e a i a
inequí oca:
« Con la excepción de alguna e e encia pun ual –como en el caso del h ille El sala io del c imen
(1964), de J. Buchs, o de la cop oducción hispano- ancesa Sang e en Indochina (1964)– las d ogas no
cons i uyen un ema ecuen e en el cine español has a la década de los se en a. Cuando inalmen e lo
hacen es desde unas posiciones aquí icas, an o desde el pun o de is a de la indus ia como desde el
pun o de is a es é ico e ideológico. Son p oduc os de segunda y e ce a ila, de acen uado ca ác e
opo unis a –d ogas y des ape esponden du an e esos años a las mismas expec a i as–, con una
dis ibución come cial bas an e ma ginal y que, bajo la p e ensión de con e i se en ‘cine denuncia’,
esconden pu a y simplemen e la manipulación del ema de las d ogas como eclamo come cial. Películas
como El úl imo iaje (1973) y Razzia (La edada) (1973), de J.A. de la Loma, Ju en ud d ogada (1977),
de J. T uchado Reyes, o Chocola e (1979), de G. Ca e e o, des ilan pa e nalismo e ilimi ada con ianza en
la a ea ep esi a de la policía. Se a a, en de ini i a, de pan le os ul a –p óximos al sensacionalismo
ba a o– di igidos con a el libe inaje de la ju en ud, que cons i uyen buenos ejemplos de los mecanismos
ep eso es y mo bosos de es e ipo de celuloide mo alis a y simpli icado . Algunos ilms de los años
11
. An onin ARTAUD, El cine, Mad id, Alianza, 2002 (pags. 30 y 32).
12
. PASOLINI, ibídem (pags. 89, 92 y 93).
5
ochen a son los p ime os en ace ca se de un modo se io –al menos en sus in enciones– a la cues ión de las
d ogas
13
. »
Po su pa e, U is
14
censa las, p esun amen e, p ime as apo aciones en su opinión igu osas del
cine español a la cues ión, que se ían El pico (Eloy de la Iglesia, 1983) y 27 ho as (Mon xo
A mendá iz, 1986) –en una selección pos e io ambién ci a Días con ados (Imanol U ibe,
1994). Mas ambas lis as pecan de pa cialidad, al deja se en el in e o in inidad de ilms
an e io es, de mediados de siglo en adelan e, desde la cop oducción en an as cosas seminal
Jack el neg o (Julien Du i ie y José An onio Nie es Conde, 1950) o a la película, ambién a
medias (con A gen ina) Ma ihuana (León Klimo ski, 1950), así como ap oximaciones desde el
géne o de inales de los cincuen a y p incipios de los sesen a, como Ri i í en la ciudad (Jesús
F anco, 1963).
Í em más: una some a consul a a los ca álogos de películas de icción españolas de las décadas
de los ein e, ein a y cua en a si e pa a ma iza an g uesas a i maciones: Palmi a González
López y Joaquín Cáno as Belchi
15
han consignado que en Más allá de la mue e (Beni o Pe ojo,
1924) la acción de d oga a un pe sonaje apa ece ya, en el ma co de una ama en la que la
hipnosis y la delincuencia se dan la mano. Juan Heinink y Al onso Vallejo
16
ad ie en que en La
bien pagada (Eusebio Fe nández A da ín, 1935) y en Ba ios bajos (Ped o Puche, 1937), la
d ogadicción compa ece, espec i amen e, como úl imo es adio en la deg adación de una esposa
in iel que se deba e en e su ma ido de al a sociedad y su exno io a iado ; y como icio de los
seño i os que gus an de baja al a oyo, con ondo po ua io e in e e encias con el uxo icidio –
en onces llamado asesina o pasional– y la a a de blancas. Y Ángel Luis Hueso
17
, que son
a ias las películas españolas de los años cua en a, como Audiencia pública (Flo ián Rey,
1946), Una muje cualquie a (Ra ael Gil, 1949) o Apa ado de co eos 1.001 (Julio Sal ado ,
1950), en las que el á ico y consumo de es upe acien es juegan un papel ele an e.
3.2. De la ep esen a i idad de las d ogas en el cine español de inales del siglo XX
Hechas es as necesa ias p ecisiones, es de jus icia econoce que es os au o es acie an al
des aca el papel de e minan e que el cine español de los años se en a jugó en el en aizamien o
en la men alidad popula de « la idea de que la he oína inci a al deli o, es deci , que su consumo
es in ínsecamen e c iminógeno »
18
; idea no o iginal ni p i a i a de nues as películas, sino
e oalimen ada po odos los medios de comunicación.
Po lo que espec a a la in e p e ación que a día de hoy p e alece a p opósi o de la con ibución
del cine del mi i icado Eloy de la Iglesia al imagina io sob e las d ogas, su p opio es imonio
induce a pensa que an o él como sus colabo ado es más es echos –u ge acla a que e an en su
mayo pa e oxicómanos como él– oma on conciencia de habe o jado de mane a decisi a e
in olun a ia una mix i icación. De hecho, se di ía que el cine español sacó como lección de la
expe iencia de la gene ación de los años se en a y ochen a un a epen imien o con in es
mo alis as: como ha exp esado Alejand o Mele o, Eloy de la Iglesia y su coguionis a más
habi ual, Gonzalo Goicoechea, llega on a la conclusión de que « cualquie exposición del ema
de las d ogas es una apología de las mismas (…) una película de las d ogas, po c í ica que
pueda se con ellas, siemp e a a ensalza las de alguna mane a »
19
.
En lo sucesi o, la p esencia elajada de las d ogas en películas españolas de los años ochen a es
cons an e: los canu os o man pa e de la iconog a ía esencial de la nue a comedia mad ileña y
del cine de la Mo ida, con Baja se al mo o (Fe nando Colomo, a pa i de la ob a ea al de
13
. Juan Ca los USÓ, D ogas y cul u a de masas. España, 1855-1995, Mad id, Tau us, 1996 (pag. 323).
14
. Ped o URIS, Alucinema. Las d ogas en el cine, Ba celona, Royal Books, 1995 (pags. 15 y 16).
15
. Palmi a GONZÁLEZ LÓPEZ y Joaquín CÁNOVAS BELCHI, Ca álogo del cine español, Vol. F 2, Películas de Ficción
(1921-1930), Mad id, Filmo eca Española, Ins i u o de la Cinema og a ía y de las A es Audio isuales, 1993.
16
. Juan HEININK y Al onso VALLEJO, Ca álogo del cine español, Vol. F 3, Películas de Ficción (1931-1940),
Mad id, Cá ed a, 2009.
17
. Ángel Luis HUESO, Ca álogo del cine español, Vol. F 4, Películas de Ficción (1941-1950), Mad id, Cá ed a,
1999.
18
. USÓ, ibídem (pag. 324).
19
. Alejand o MELERO, La noche inmensa. La palab a de Gonzalo Goicoechea, Mad id, Uni e sidad Ca los III, 2013
(pag. 47).

6
José Luis Alonso de San os, 1988) como can o de cisne. O os ilms, como A eba o (I án
Zulue a, 1980) o En e inieblas (Ped o Almodó a , 1983), que abo daban el consumo de
he oína, apo a on isiones desde den o más somb ías, aunque ex emadamen e ambiguas. Los
es agos que esas gene aciones su i ían en seguida explican en buena medida el gi o que se
p odujo a mediados de la década siguien e: en los no en a, la an eci ada Días con ados,
His o ias del K onen (Mon xo A mendá iz, 1995), An á ida (Manuel Hue ga, 1995), Éx asis
(Ma iano Ba oso, 1995) o El día de la Bes ia (Álex de la Iglesia, 1995), seguidas po Che ole
(Ja ie Maqua, 1997) o Ba io (Fe nando León de A anoa, 1998), ejempli ican el pun o de gi o
hacia o os pun os de is a y o os ambien es: casi in a iablemen e cen ados en la ju en ud, po
lo gene al más se e os y, aun en los ejemplos más desen adados (aquellos en los que se e leja
el uso lúdico de d ogas), a en os al lado oscu o.
En e ec o, con el ad enimien o del siglo XXI, an o las ins i uciones como el cine español iban a
con e ge en el deseo de inculca a la sociedad de los pelig os del consumo de es upe acien es.
En el año 1998, la Academia de las A es y las Ciencias Cinema og á icas de España concedió
el p emio González-Sinde, que se concede a aquellas ins i uciones o pe sonas que, aliéndose
del medio cinema og á ico, lo emplean pa a la consecución de ines sociales, a la Fundación de
Ayuda con a la D ogadicción (FAD). Po su pa e, la FAD y el Minis e io de T abajo y
Asun os Sociales pusie on en ma cha en 2001 una es a egia pa a la sensibilización hacia la
p omoción de alo es sociales y la pa icipación ciudadana bajo el nomb e del « Cine y
comp omiso social »; y ambas, jun o a la Academia de Cine, aco da on o o ga un gala dón a
pe sonalidades que hubie an des acado en esa lucha, que has a la echa ha sido en egado a Elías
Que eje a y a Luis Ga cía Be langa.
En el ma co de esa misma polí ica, la jo nada anual sob e dependencias o ganizada po la FAD
se celeb a ía en Valencia, el 14 de diciemb e de 2006, dedicada monog á icamen e a « La
p e ención y el cine: una al e na i a iable ». Los pa icipan es en el ac o (en e o os, los
en onces di ec o es de la Academia de Cine, Ana A ie a, y de la FAD, Ignacio Calde ón
Balanza egui), exp esa on la con icción de la impo ancia del medio ílmico como gene ado de
modelos sociales –muy en pa icula en lo ocan e a la in ancia y ju en ud–, se comp ome ie on
a coope a , e incluso se e i ie on a su plasmación « en un con enio (pa a) po encia un
p oyec o pa alelo al cine y la educación en amilia que se llama ía “El cine en amilia” que
ha íamos de la mano de Geda (sic: se e ie e a la En idad de Ges ión de De echos de los
P oduc o es Audio isuales [EGEDA])…
20
».
4. La ep esen ación de las d ogas en el cine español del e ce milenio
Esas di ec ices queda on pendien es de conc eción a a és de nue as acciones –p oducciones,
campañas, e cé e a–, y los esul ados de las es an es inicia i as han sido disc e os (como p ueba
la excepcionalidad con que se ha concedido el p emio mismo); pe o si acep amos esas
decla aciones de in enciones como ejes ideológicos de una polí ica de Es ado, es a sí
conscien emen e a iculada y que caló en la sociedad, el abo daje del ema que ha hecho el
g ueso de las cin as que se p oduje on en España en la p ime a década del siglo XXI adquie e
una cie a cohe encia. Veámoslo aho a, de mane a po meno izada y e i o io a e i o io.
4.1. Mad id: Báilame el agua
Desde su a anque, Báilame el agua, adap ación de una no ela de Daniel Valdés, hace a la ez
p o esión de mad ileñismo y ad ie e de que el asun o cen al an a se las d ogas: la canción
« A u lado » de Los sec e os (cuyo ocalis a, En ique U quijo, había allecido p ema u amen e
de sob edosis menos de un año an es del es eno del ilm) acompaña los c édi os un au én ico
emblema de la cul u a popula , que ubica en la capi al de la pos mo ida y ecue da
implíci amen e el es ago de la he oína.
20
. VV.AA., XV Jo nada sob e D ogodependencias. La p e ención y el cine: una al e na i a iable, Valencia, Plan
Nacional de D ogodependencias-Concejalía de Sanidad y Consumo del Ayun amien o de Valencia, 2007 (pag. 21).
7
La cin a sigue las pe ipecias de un g upo de jó enes que i en en la ma ginalidad, po un
p u i o de a en u e ismo que se p olonga más de lo p e is o en el caso de los dos p o agonis as,
la pa eja o mada po Da id (Unax Ugalde) y Ma ía (Pila López de Ayala). La p ime a
e e encia cla a, aunque áci a, a las d ogas iene luga en la p ime a secuencia: mien as
desayunan en una ca e e ía, Da id y sus amigos in e cambian p oposiciones con una p os i u a
que les indica sus a i as, y añade: « Si no enéis alegos, ambién me cob o en géne o, que el
o o día manejabais unas cosi as muy icas ». La siguien e amplía el espec o de las sus ancias
que consumen: o o de los miemb os del cí culo, Abundio (Fede Celada), epa e pas illas
mien as hace g acias (« ¿Quién es u o el o o día isi ando a su p imo El Pildo ín…? »).
P on o uno de los muchachos se p o esionaliza á: el mejo amigo del p o agonis a, Ca los (Juan
Díaz), se echa una no ia que iene apa amen o p opio y se emplea como camello pa a Facundo
(An onio Dechen ), un a ican e siemp e engominado y con ab igo de pieles en los in e io es.
La imagen que Báilame el agua o ece del Mad id del momen o es el de una u be libe al en el
más amplio, y ambi alen e, sen ido de la palab a: en un pub que hace las eces de luga de
eunión y ca alizado de la ama –lo ecuen a Ve ónica (Bea iz A güello), una p os i u a
amiga de Ma ía desde su in ancia en San ande –, el p o agonis a apa ece p epa ando unas ayas
de cocaína sob e la ba a con oda na u alidad. Las ansias de emancipación de la pa eja son
decisi as pa a que Da id acep e la p opues a de Ca los de pasa caballo. Pe o la al a de
habilidad del chico, demasiado educado y delicado (como bu gués mad ileño que es) pa a
mancha se las manos con los yonquis que le exigen con malos modos y amenazas que les íe,
los lle a a acumula una deuda. A Ma ía no se le ocu e nada mejo pa a salda la que ende su
cue po; pe o, signi ica i amen e, pa a hace lo iene que me e se una aya, y, cuando él la e
haciendo la calle, se dep ime an o que se a di ec o y se agencia « una chu a ». Al eg esa ella
al apa amen o, se lo encuen a colocado y con el b azo oda ía emangado. En lo sucesi o,
Da id apenas sale del apa amen o, y Ma ía le iene que consegui d oga –luego las o nas se
in e i án, po que ella se en e a de que le ha sido in iel con Ve ónica, y a él le oca expia su
desleal ad.
Pueden empeza a en e e se ya los elemen os que se enzan en la poé ica de Báilame el agua:
el amo , ambién, como d oga (me a ó ica); el desamo , como sen imien o que inci a al
consumo ( eal); y –he aquí el pun o de c í ica social– la combinación de la p esión social sob e
los jó enes de alcanza la independencia y la ca encia de al e na i as, como ac o que p ecipi a
la caída. Los acon ecimien os pos e io es con i man los peo es augu ios: Da id acasa en el
in en o de da un palo a una a macia, y oba y ma a a golpes de je inguilla a un yonqui que le
pide ayuda pa a pincha se en unos la abos –aunque en a ias ocasiones se e cómo los
pe sonajes lían po os, p epa an ayas y pasan papelinas, el asesina o del he oinómano es, con
mucho, la escena más g á ica de odo el me aje.
Después de una paliza que lo deja al bo de de la mue e, el p o agonis a supe a el mono en el
hospi al y uel e limpio a casa, pa a encon a se a Ma ía e minal. La desapa ición de ella es
poé icamen e ep esen ada median e un des anecimien o (un undido encadenado desde el
mismo i o de cáma a en que apa ecen ab azados, ella en la cama y él al pie del lecho, pa a
luego mos a a Da id a solas). El inal, con él en la misma cama y an pálido como ella es aba,
mien as la cáma a, en plano ceni al, gi a e iginosamen e y suena la canción « Que e ollen »
de La Cab a Mecánica, sugie e que Da id ambién es á condenado, y isualiza la imagen del
consumo de es upe acien es como un abismo.
4.2. Euskadi: Año Ma iano
La asca Año Ma iano anscu e p ác icamen e en la o a pun a de la piel de o o, en una
España neg a y desé ica que un ó ulo inicial se esis e a p ecisa (« 1.999 d.C., / En algún
luga del su de Eu opa… »), pe o que dela a la ma ícula de Mu cia que lle a el coche del
p o agonis a, el exalcohólico y exin e no en un psiquiá ico Ma iano Rome o (Ka a Elejalde).
Las d ogas cumplen un papel c ucial, in a iablemen e abonado a la banalización –si es que no a
su glo i icación–, an o en el apa ado iconog á ico (una hoja de ma ihuana es consag ada desde
la imagen inaugu al, en la id ie a de una iglesia, como a lo la go de la película en una co inilla
con su o ma, y acompañando los c édi os inales) como na a i o: el inciden e desencadenan e
8
consis e en la quema de un cul i o ilegal ejecu ado po un pelo ón de gua dias ci iles; Ma iano
inhala masi amen e los e lu ios que, combinados con la escucha de un p og ama noc u no, « A
solas con Ma ía », que ecomienda que « Hay que se buenos », más la isión a la mañana
siguien e de la Vi gen du an e una oga i a, lo lle a a p onuncia discu sos alucinados que son
in e p e ados como p opios de un san o.
El ilm abunda en e e encias a la cul u a cannábica (Ma iano a la salida de p isión, con ba bas
de p o e a y la e is a Cáñamo bajo el b azo) y psico ópica en gene al (el cameo del gu ú en la
ma e ia An onio Escoho ado), así como en p e ensiones in e ex uales, con ob as cumb e de la
ilmog a ía be languiana (la undación en ajis a de un san ua io po el ca adu a que se a oga
el papel de ep esen an e de Ma iano, An onio To es/Tony Towe s [Fe nando Guillén-Cue o],
de Los jue es, milag o [1957] y del a e hispano [« Pa ecen odos d ogados, como los ailes de
an es. Los de los cuad os de El G eco », eza una línea de diálogo]). También, lamen ablemen e,
en chis es del jaez de « ¿Algún pinchazo, hijo? » –en doble sen ido con el e en ón de una
ueda– y pa á asis con segundas in enciones como « Ma ía, Ma ía, / en acá olando, / que el
chocola illo / se es á acabando ».
El desa ollo hace gala de una absolu a al a de ap ensión hacia los e ec os nega i os de las
d ogas: los p o agonis as ecu en a un expe o que lle a a cabo una se ie de des ilaciones que,
a en adas con un incensa io, inducen a una alucinación colec i a (el esponsable de la ó mula
explica sus e ec os g aduales: a sabe , oni ican e, eu o izan e, elajan e-expec o an e, inocuo,
de a ec ación al sis ema simpá ico y luego « e sien es de pu a mad e »); la que desa olla al
inal, según explica, iene e ec os ine ables e imp edecibles, apa e de p opicia que el
consumido enga una elocuencia inédi a, po supues o, absu da y cómica, equi alen e a una
expe iencia mís ico-amo osa: po eso, Ma iano y Ma ía (Síl ia Bel), la en e is ado a de un
p og ama de elebasu a a quien aquel con unde con la Vi gen, man ienen un diálogo
absolu amen e insensa o, pe o que alcanza los sie e millones de espec ado es de audiencia; e go,
algo en sí posi i o e implíci amen e inocuo pa a la salud. De hecho, el inal es eliz, con los
p o agonis as umando ma ía a bo do del coche que los lle a a Benido m, donde aspi an a
unda una o den.
4.3. Ibiza: Amnesia
La acción de Amnesia anscu e en Ibiza. So capa de un ela o c iminal, la cin a a icula un
discu so ace ca de la ensión en e la necesidad de los ínculos emocionales y amilia es y la
posesión de sec e os po pa e de los indi iduos ( abúes legales –las d ogas– o sociales –
sexuales–); no en ano, Jo ge (Rubén Ochandiano), el hijo bala pe dida del comisa io Xa ie
(Juanjo Puigco bé), descub e que su pad e man iene una elación homosexual se elici a po el
hecho de que su p ogeni o sea « cazzodipenden e » (sic). Es e neologismo de dudoso gus o
es ablece un pa alelismo, en i ud del cual la d oga es conno ada como un place p ohibido
más. Cohe en e con esa idea es el mon aje al e nado que equipa a la ocul ación de un alijo de
cocaína po pa e de Angelino (Se gio Rubini) con el engaño de un po nóg a o Sand o (Diego
Aba an uono) a su hija Luce (Ma ina S ella), pa a e i a se la e güenza de que es a se en e e de
su condición –Sand o se escuda en la locución la ina « Mo s ua i a mea » pa a jus i ica su
compo amien o.
La ama gi a en o no al hallazgo acciden al de un male ín con cua o kilos de cocaína po pa e
de Angelino, el p opie a io de un chi ingui o en la playa de Ibiza que aspi a a una ida mejo
con su esposa –el in eliz ci a su dicha en se pad e y ene una i ienda mejo , en luga de ene
que i i jus o debajo de las pis as de a e izaje que los a iones c uzan cada es minu os. En el
desenlace, los a ican es que se la dispu an son los únicos que salen esca men ados –pagan su
deli o con la ida, al ma a se en e ellos en un i o eo. Las palab as inales de uno de ellos, el
inglés Doug Chandle (Ian McNeice), alimen an el lado más pos mode no del discu so: a lo
la go de la película, hay a ios momen os en que se pone en duda el es a u o de la ealidad; y el
pe sonaje en cues ión e oca sus años locos de ju en ud, cuando conoció a su esposa y iaja on
sin esponsabilidades po el mundo, apoyándose en la canción de los Bea les S awbe y Fields
Fo e e , céleb emen e asociada a la cul u a psico ópica –an es de desploma se, eci a « Le me
ake you down / ’Cause I’m going o S awbe y Fields / No hing is eal ».
9
El ilm mues a el consumo de po os como algo gene alizado y consen ido (los pe sonajes
compa an en oz al a y con oda na u alidad la calidad de las a ian es; y en el ba de Angelino
se dan a los clien es casi con la misma na u alidad con que se les si e cualquie o o p oduc o).
Jo ge y su cí culo oman pas illas y a ican a pequeña escala, no dudan en in e cambia a o es
sexuales po d ogas y, aunque un ipi deja en coma a una muchacha; el pad e policía, Xa ie , lo
encub e (como se supone es cos umb e); y el delincuen e de poca mon a, al inal, no paga:
apa e de los na cos, la única c ia u a que ecibe algún cas igo po posesión de d ogas es,
signi ica i amen e, un pe sonaje ausen e, el cónyuge de la muy secunda ia Vi ginie (Alessand a
Ma ines), que se encuen a en p isión debido a una condena a diez años.
4.4. Galicia: He oína
La ama de He oína a anca in medias es, y la d oga i umpe como una desg acia ya
sob e enida: en la p ime a escena, la p o agonis a, Pila (Ad iana Ozo es), se en e a de la
dependencia de la d oga de su hijo mayo (aunque meno de edad, Fi o (Ja ie Pe ei a), al que
so p ende en el baño de la es ación umando un canu o de he oína. Ella lo ab aza p egun ándole
qué le pasa, él omi a pe o se escabulle (« Déjame, jode , que es oy bien »).
Amén de se discu si a, la película aspi a a na a , pun o po pun o y en pa alelo, a ios
p ocesos, indi iduales y colec i os, que se enzan, a sabe : la caída en las edes de la he oína de
un muchacho, símbolo de oda una gene ación gallega; la oma de conciencia de una mad e,
ídem an e io ; la du a lucha po despe a a la sociedad en e a… Po eso, an es del minu o
ein e, el espec ado ya ha asis ido a cómo Fi o oba a sus p opios pad es y a la esis encia del
muchacho a some e se a e apia psicológica; y ambién ha podido e cómo Pila ha en ado en
con ac o con o as mad es a ec adas, como Fina (Ma ía Bouzas), se ha in eg ado en un g upo de
apoyo y mues a emp anos signos no solo de e güenza y de emo dimien o po habe
malc iado a su ás ago, sino del deseo de sob epone se a la impo encia e i más allá.
Ello p ecipi a su colusión con los medios de comunicación, enca nados po Juanjo (Luis
Iglesia), un pe iodis a de La Voz de Galicia. A pa i de es e momen o, la pode osa imagen de
es a o a he oína, posi i a – al es la an inomia a la que juega el í ulo del ilm–, se mul iplica en
p ensa local, ele isión… En su p ime a compa ecencia, Juanjo explica a Pila que el negocio de
la d oga se asien a en el consen imien o áci o, cuando no la co upción, de polí icos, ue zas de
segu idad y jueces; y nomb a a « Si o » (Miñanco, asocia el espec ado con memo ia; Pazos,
según el apellido que en escenas pos e io es se le da al pe sonaje de icción) como el
na co a ican e al que odos p o egen. Me ece la pena esal a el papel que se econoce a la
Iglesia en la o ganización del mo imien o ciudadano: una de las euniones decisi as pa a log a
la mo ilización de la sociedad iene luga en un ecin o eligioso, a pesa de que los a ican es
in en an e en a un ac o o ganizado y comandado po muje es –los co os de las mad es de la
d oga en las mani es aciones se p esen an como una ac i ud de comba e p opiamen e emenina.
La ama se bi u ca en el momen o en que Fi o su e el mono y es de enido po oba con un «
buen abuco », en palab as del gua dia ci il. En la cá cel, su e ag esiones pa a daña a su
mad e y desanima la pa a que no siga con su a ea – ambién ecibe anónimos. Mien as an o,
las p o es as se ec udecen a aíz de un juicio en el que, « po acciden e », se bo an las p uebas
que inculpan al na co. Pila y Fina eciben golpes de la policía y son de enidas y ugazmen e
enca celadas.
Pese a su (ine i able) esquemá ico maniqueísmo, la película no eniega de una cie a, sana,
ambigüedad: así, emos po ejemplo que, en un momen o dado, el hijo pequeño de Pila insis e
en pedi un hue o de chocola e; ella se niega a comp á selo (« No, que luego no comes »), pe o
an e la mínima insis encia del niño ella le da dine o pa a que se lo comp e; el ges o se p oyec a
áci amen e sob e su elación con Fi o, al que, p esumiblemen e, Pila hab ía malc iado sin
que e , po con undi el amo ma e no con la incapacidad de nega le cualquie deseo. Tan o la
ges ión del con lic o amilia (su ma ido, Ge mán [Ca los Blanco], acusa a Pila de blandu a),
su endencia a au oinculpa se y exone a a su hijo (su esposo a a de saca le de la cabeza que
Fi o no enga ninguna esponsabilidad y que, en cambio, ella deba ep ocha se nada), como su
implicación en sus espec i as dedicaciones (Pila en la asociación, las campañas de
concienciación y su p o agonismo mediá ico; y Ge mán en su abajo, según él pa a gana dos
16
- GONZÁLEZ LÓPEZ, Palmi a. y CÁNOVAS BELCHI, Joaquín T., Ca álogo del cine español, Vol.
F 2, Películas de Ficción (1921-1930), Mad id, Filmo eca Española, Ins i u o de la
Cinema og a ía y de las A es Audio isuales, 1993.
- HEININK, Juan B. y VALLEJO, Al onso C., Ca álogo del cine español, Vol. F 3, Películas de
Ficción (1931-1940), Mad id, Cá ed a, 2009.
- HUESO, Ángel Luis, Ca álogo del cine español, Vol. F 4, Películas de Ficción (1941-1950),
Mad id, Cá ed a, 1999.
- MELERO, Alejand o, La noche inmensa. La palab a de Gonzalo Goicoechea, Mad id,
Uni e sidad Ca los III, 2013.
- PASOLINI, Pie Paolo, El caos. Con a el e o , Ba celona, C í ica, 1981.
- RESTREPO, Luis Ca los, La u a p ohibida. La d oga como espejo de la cul u a, Mad id,
Libe a ias/P odhu i, 2004.
- URIS, Ped o, Alucinema. Las d ogas en el cine, Ba celona, Royal Books, 1995.
- USÓ, Juan Ca los, D ogas y cul u a de masas. España, 1855-1995, Mad id, Tau us, 1996.
- VV.AA., XV Jo nada sob e D ogodependencias. La p e ención y el cine: una al e na i a
iable, Valencia, Plan Nacional de D ogodependencias-Concejalía de Sanidad y Consumo del
Ayun amien o de Valencia, 2007.
Películas
Báilame el agua (2000) Película di igida po Jose xo San Ma eo. España, C e-Acción, Plo
Films
Año Ma iano (2000) Película di igida po Ka a Elejalde y Fe nando Guillén-Cue o. España,
Asega ce
Amnesia (2001) Película di igida po Gab iele Sal a o es. España-I alia, Medusa P oduzione,
Colo ado Film P oduc ion, Alquimia Cinema
He oína (2005) Película di igida po Ge a do He e o. España, Con inen al Films, To nasol,
Milú
15 días con igo (2005) Película di igida po Jesús Ponce. España, Bailando en la Luna, Jaleo
Films, Baine Zinema
Fue e Apache (2007) Película di igida po Ma eu Ad o e . España, Mediap o, Al a
P oducción, Think S udio
El pa io de mi cá cel (2008) Película di igida po Belén Macías. España, El Deseo, Wa ne
B os. Pic u es
Men i as y go das (2009) Película di igida po Al onso Albace e y Da id Menkes. España,
Alquimia Cinema, To nasol, Cas a io e