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FÒRUM DE RECERCA nº17 ISSN 1139-5486 Sobre las dificultades para la eficacia comunicativa de los Movimientos Sociales. Repensar y actuar. Laia Marco del Prado 91 Sobre las dificultades para la eficacia comunicativa de los Movimientos Sociales Repensar y actuar Laia Marco del Prado [email protected] U:':IV[II.SITAT .....UMF.·I
FÒRUM DE RECERCA nº17 ISSN 1139-5486 Sobre las dificultades para la eficacia comunicativa de los Movimientos Sociales. Repensar y actuar. Laia Marco del Prado 92 I. Resumen En el presente trabajo constituye una aproximación al estudio de los factores que intervienen en la eficacia comunicativa del mensaje de los movimientos sociales de cara a la sociedad española. Así, estudiaremos los condicionantes históricos, sociales y externos (relativos al panorama mediático) que sirven de base para la construcción de la opinión pública. Para hacer más gráfico el análisis, procederemos en última instancia a estudiar el caso del 15M y el tratamiento que de sus acciones se ha hecho en los dos medios de comunicación con más presencia en el entorno digital: El Mundo y El País. Como se podrá comprobar finalmente, la lectura entre líneas de los contenidos que generan estos medios choca con poca delicadeza los puntos débiles de una sociedad española con características propias, reduciendo así –bajo lo que se propone en este trabajola eficacia de los movimientos sociales actuales en España. De este modo, estas movilizaciones que logran perdurar en el tiempo generando un movimiento colosal deberán repensar en estas cuestiones para actuar con mayor eficacia. Palabras clave: movimiento social, esfera pública, esfera social, opinión pública, medios de comunicación. II. Introducción Desde que en 2008 se proclamara oficialmente la recesión económica que asola España, diferentes movimientos sociales1 han comenzado a organizarse, algunos más y otros menos, con el fin de generar el cambio. Uno de ellos ha logrado ocupar un puesto colosal en la escala de penetración social: el Movimiento 15M, formado casi por casualidad en el manifestación convocada por otros movimientos de menor calado –hasta entonces y comparado con lo que posteriormente ha sido el 15M-, ha supuesto, en la práctica, el gran generador del cambio de mentalidad. Pero a pesar de este gran cambio, que a todas luces resulta excepcional, todo aquello que hacía al 15M tangible se ha disuelto hoy en el mapa virtual. En el modelo de los “tres anillos concéntricos” que definen la esfera pública, social y privada (DADER, 1992: 145), intervienen distintos elementos con motivaciones totalmente divergentes que derivarán, finalmente, en una decodificación del(os) mensaje(s) totalmente divergente con respecto al mensaje real del movimiento social. Un amalgama interpretativo que, en esencia, viene a traducirse en una 1 Érik Neveu (2002) identifica los movimientos sociales como movilizaciones de hombres y mujeres entorno a esperanzas, intereses, emociones, debatir cuestiones sociales sobre lo justo e injusto, despertar de la sociedad y la política, interesarse en la memoria colectiva o proporcionar una referencia decisiva a una generación. U:':IV[II.SITAT .....UMF.·I
FÒRUM DE RECERCA nº17 ISSN 1139-5486 Sobre las dificultades para la eficacia comunicativa de los Movimientos Sociales. Repensar y actuar. Laia Marco del Prado 93 trascendencia mental más que física por parte de los movimientos sociales de cara a su público objetivo. III. Condicionantes sociales Para conocer en qué medida puede afectar el tratamiento mediático del 15M a la adhesión física de la sociedad española partiremos, en primer lugar, de las características que ésta presenta y que afectan, por consiguiente, a la predisposición hacia el contenido del mensaje político del 15M y su tratamiento. A) Factores históricos de la cultura política española Breve repaso a los condicionantes histórico-políticos La predisposición social frente a la política española ha sufrido sucesivas variaciones desde la época de la Transición. En la primera etapa de la UCD (1977-1982), la sociedad española aclamaba el liderazgo y, en efecto, se patentizaba la necesidad de un líder que introdujera a España en el proceso democrático. Ideología, sí, pero ante todo liderazgo. Esta primera etapa se define por la falta de plena información por parte de una sociedad que profesaba el voto deferente arraigado durante el franquismo. Así, apelando a lo que consideraban racional, la Transición democrática vino a definirse por el protagonismo de las élites y el poco peso (según la mayoría de las voces científicas) de las movilizaciones sociales. Tras la primera huelga general celebrada el 5 de abril de 1979 se mostraba el descontento de la sociedad: aquella posición moderada surgida de la prudencia que vino a representar la UCD comenzaba a agotarse: la sociedad española percibía cierta inseguridad en la economía casi tanto como en ley y orden por el auge del terrorismo español, mientras algunas voces comenzaban a denostar el nuevo régimen democrático, como afirman Piqueras et al (2011), puntuándolo incluso por debajo del franquismo. Las instituciones permanecían copadas por “los de siempre”, y aquellas conquistas sociales que contentaban a la izquierda no tenían trascendencia alguna, todo ello llegando a culminar, incluso, con una amenaza a la libertad de expresión con el procesamiento de directores de medios de comunicación asociados a la conquista de libertades de prensa como El País o Diario 16. Aquella huelga de 1979 da cuenta del bloqueo que vive la democracia en un momento en que la política de la calle era lo que el gobierno de la Transición pretendía evitar a toda costa. La desafiliación de los sindicatos sufrió un duro golpe precisamente en 1979 (Pérez Díaz, 1987: 233) y, como apunta Maravall (1982:115), la cultura política del ciudadano español se equiparaba a otras democracias europeas en cuestión de voto y acciones de protesta aunque no en la participación política U:':IV[II.SITAT .....UMF.·I
FÒRUM DE RECERCA nº17 ISSN 1139-5486 Sobre las dificultades para la eficacia comunicativa de los Movimientos Sociales. Repensar y actuar. Laia Marco del Prado 94 convencional. Es decir, el interés por la profundidad de la política quedaba ciertamente en un segundo plano frente a la protesta. Esta idea se refuerza con la teoría que apuntan investigadores como Sastre (1995), que aseguran que durante la Transición democrática la desmovilización fue un hecho a consecuencia del carácter elitista en la instauración de la democracia; una élite que siguió la estela de la estrategia internacional de desmovilización y que finalmente facilitaría el acuerdo entre las élites. Sin embargo, otros investigadores (Morales, 2005: 53) señalan en la dirección contraria, afirmando que la acción colectiva2 ciudadana estuvo más presente de lo que se cree antes, durante y después de la Transición. Así, la cultura política española a finales de la década de los 70 se caracterizaba por la baja participación política, la negativa valoración de los partidos políticos y, en contraste, la baja afiliación tanto partidista como sindical (Aguilar, 2008: 391, en González y Bouza, 2009: 67). Llegados a este punto, en la década de los 80 dirigida por la etapa socialista y tras el bloqueo del gobierno de Suárez, la sociedad española comenzó a hacer uso del voto ideológico que, a lo largo de la legislatura de Felipe González, terminaría por sentar las bases de la polarización izquierda-derecha con la refundación de ésta ultima en 1988 encarnada por el PP y José María Aznar a la cabeza. Si con el PSOE las clases medias habían comenzado a pagar impuestos en arreglo a los estándares europeos, ahora la clase media española comenzaría a sucumbir a las políticas de Aznar que, más allá, se ganaría el afecto de aquellos que veían necesaria la integración de la religión y la moral en la institución política. Así, la izquierda del PSOE se veía alejada de gran parte de los votantes de clase media por la materia económica, al tiempo que los sindicatos le daban la espalda por desacuerdos en lo social. Cuando la política dejó de ser el principal condicionante… Surgió una nueva dicotomía: política-medios. A finales de la década de los ochenta se produjo la privatización de los medios televisivos dando 2 En el presente trabajo, ocasionalmente trataremos en conjunto los conceptos de acción colectiva y movimiento social por fundirse en el caso práctico que analizamos del movimiento 15M. No obstante, los conceptos son bien diferentes. De este modo, Rafael Cruz (2001: 175) identifica la acción colectiva como el “proceso por el cual las personas realizan esfuerzos conjuntos dirigidos a influir en la distribución existente de poder (…) Equiparable a la participación política, la movilización y la protesta, aunque con pequeñas diferencias(…)”. Cruz sigue explicando que la acción colectiva tiene dos dimensiones: la institucional “ocupada por los gobiernos, administraciones, partidos políticos y grupos de interés (…) en los ámbitos administrativos, judiciales, parlamentarios, electorales” y que poseen un poder político; frente a la dimensión no institucional, “empleada por aquellos desafiantes que, al carecer de la posibilidad de utilizar los cauces institucionales o no querer aprovecharlos –o desear combinar su uso-, se movilizan a través de huelgas, manifestaciones, movimientos sociales, etc.” (Cruz, 2001: 176). Así, si tomamos la referencia de este autor, el movimiento social quedaría como una manifestación de la acción colectiva. U:':IV[II.SITAT .....UMF.·I
FÒRUM DE RECERCA nº17 ISSN 1139-5486 Sobre las dificultades para la eficacia comunicativa de los Movimientos Sociales. Repensar y actuar. Laia Marco del Prado 95 lugar al origen de los gigantes de la comunicación. Tal como describen Hallin y Mancini (2004), en aquél momento nos adentramos de cabeza en el sistema mediático de “pluralismo polarizado” predominante en la zona mediterránea. Es entonces cuando se abre el camino hacia la lucha y la competición política en la que el PP alcanza su gran logro con continuidad en la actualidad, afectado y alterando totalmente el campo de la opinión pública: desde la política, se hizo una gran campaña en detrimento de Felipe González, mientras desde los medios (especialmente el medio impreso El Mundo), se ponía en conocimiento de la sociedad los ingentes escándalos de la etapa socialista. Este punto de inflexión que sugiere 1989 con la liberación del sector mediático, como afirman González y Bouza (2009: 94-95), “desencadenó una batalla por el control de los medios que se trasladó a la radio y a la prensa, de tal suerte que los medios en su conjunto quedaron atrapados desde entonces en una espiral de polarización política que ha hecho imposible una opinión pública relativamente autónoma de los partidos”. Con todo, y puesto que entrar en este análisis no es el tema que nos ocupa, cabe sintetizar lo que posteriormente va a suceder y que se puede comprobar en la actualidad. Hemos llegado a una etapa de vigilancia ciudadana: los excesos de la política están pasando factura a unos representantes que creían sus libertades como ilimitadas. Algo que imbrica con otro aspecto, y es que la sociedad vive ahora en lo que Manin (1998: 267) ha denominado una democracia de “audiencia”, asegurando al respecto que “las elecciones siguen otorgando cargos a individuos con características distintivas; conservan el carácter elitista que siempre tuvieron. No obstante, una nueva élite de expertos en comunicación ha reemplazado al activista político y al burócrata del partido. La democracia de audiencias es el gobierno de los expertos en medios”. Así, vemos como ni tan siquiera la llegada de la izquierda al poder alejó a las élites del mismo: el carácter elitista emprendió otro rumbo trasladándose a los medios y jamás desapareció, de tal suerte que la sociedad española parece haberse acostumbrado a ella de forma inconsciente. B) Factor externo: la comunicación y la persuasión como condicionantes de la opinión pública Llegados a este punto de la historia, se presenta un panorama histórico donde el condicionante por excelencia que emerge y se ancla – como acabamos de adelantar en el factor históricocon más fuerza que el resto y se ubica en el nivel de la supremacía tocando y hundiendo el factor social: se agudiza estrepitosamente el uso del espacio público con fines persuasivos. El modelo de los “tres anillos concéntricos” (Dader, 1992: 145) divide las dimensiones que afectan a la vida social en tres esferas: - La esfera social, formada por el Estado y las instituciones. U:':IV[II.SITAT .....UMF.·I
FÒRUM DE RECERCA nº17 ISSN 1139-5486 Sobre las dificultades para la eficacia comunicativa de los Movimientos Sociales. Repensar y actuar. Laia Marco del Prado 96 - La esfera pública que, gestionada por periodistas, encuestadores y (entrometidamente) por políticos, genera la denominada opinión pública oficial. Esta se caracteriza por dar “esquinazo” a la crítica, a la que le reserva un puesto en el seno del “engaño y la trivialidad” (Sampedro, 2000: 44). - La esfera privada, por último, se corresponde con las actividades íntimas y familiares del individuo. Es en la esfera pública, por tanto, donde germina, al hilo de la marginación de la crítica con todas las letras, la persuasión más pura que condiciona en primera y última instancia al individuo y, por ende, a la sociedad española. Esta marginación de la crítica no es automática: urdirla lleva tiempo y aparece de forma estratificada. Así, primero se produce una fase de selección de los temas que desde la esfera social se quieren hacer públicos, para posteriormente entrar en la fase de penetración: elaborar la agenda de los medios. Y con la premisa de que “lo que no sale en la televisión no existe”, los medios comienzan la fase de tratamiento de contenido en concomitancia con aquellos políticos que (entrometidamente) forman parte de la esfera pública. En este contexto, los medios y la política logran controlar la visión que de la realidad tiene la sociedad generando una opinión pública oficial a base de encuestas y sondeos de opinión. En el apartado 4 analizaremos de forma práctica el caso del 15M y la influencia que el tratamiento de las noticias pudo tener para (los lectores de los medios web) de la sociedad española. C) Factores sociales: así se presenta la realidad social actual según los datos La sociedad española y la acción colectiva: nuevos perfiles Si hablamos de protesta en el contexto de la sociedad española como forma de acción colectiva, como apunta Kasse (2007: 789), también hablamos de “una forma no institucionalizada normal de implicación política”. Goldstone (2003), de hecho, contempla la relación entre política institucionalizada y política extrainstitucionalizada como elemento generador de cambios en los procesos políticos. Pero esta acción colectiva con implicaciones políticas, no obstante, se halla en la actualidad sujeta a una nueva motivación que dota a la manifestación de un nuevo nombre: la protesta moral3. En efecto, la naturaleza que motiva la manifestación actual ha pasado de ser política intrínseca a política extrínseca, o, dicho de otro modo: implicación política por cuestiones relativas al shock moral. Esta nueva tendencia, explica Jiménez (2007), puede encontrar su origen en las movilizaciones 3 La información presentada respecto a la evolución del perfil social del manifestante y las motivaciones de protesta están basadas en estudios recientes del CIS (2008), pp. 62-63, cuya referencia se halla en el apartado bibliográfico. U:':IV[II.SITAT .....UMF.·I
FÒRUM DE RECERCA nº17 ISSN 1139-5486 Sobre las dificultades para la eficacia comunicativa de los Movimientos Sociales. Repensar y actuar. Laia Marco del Prado 97 que tuvieron lugar contra el terrorismo en la década de los 90 y que han evolucionado hasta la actualidad hasta el punto de configurar un nuevo perfil del manifestante. Así pues, si el ciudadano pre-protesta moral era eminentemente joven, en la actualidad estas características se han disipado en lo que se constituye ya como una mezcla de edades, sexos, procedencias y motivaciones, aún cuando los más participativos son los “más jóvenes, habitantes de municipios de 50.000-100.000 habitantes y con mayor nivel de estudios (…) de izquierdas y votantes de IU u otros partidos pequeños” (CIS, 2012: 100). Este perfil tan extendido en las movilizaciones no sólo españolas sino también a nivel global ha venido a configurar la “nueva cultura política” (Clark y Navarro, 2007). Las dos características del actual manifestante español señalan en una nueva dirección con dos aspectos novedosos: se incorporan ciudadanos no interesados en la política –aún cuando la manifestación tiene connotaciones políticaspor cuestiones de afinidad moral y de compromiso social, al tiempo que ya no sólo se manifiesta la izquierda sino también los ciudadanos de centro-derecha y, en muchas ocasiones, con alto grado de religiosidad. En tal situación, parece evidente que la acción colectiva plasmada en movimientos sociales no ha perdido fuerza en España como especulan los medios4, sino que más bien ha adoptado nuevas formas de colectividad hasta configurar un nuevo panorama que ya está siendo objeto de análisis (Morales, 2005). La actividad participativa de la sociedad española Pero todos estos cambios descritos en el seno de la acción colectiva, al menos en el caso de España, están fuertemente condicionados por la tendencia en la actividad participativa. Hibbing y Theiss-Morse (2002) plantean en su estudio la existencia del concepto “democracia sigilosa” en la sociedad estadounidense y, ciertamente, los estudios del CIS (2012) revelan que, aunque no impera esta tendencia en la sociedad española, se da en algunos sectores de la población5. Esta democracia sigilosa se define por “delegar las decisiones a los políticos, sin que sea necesaria la implicación de la ciudadanía”. ¿Cómo entender, pues, una altísima participación en los movimientos sociales, cuando existe el indicio de que una preferencia así pudiera darse en el panorama español? Por suerte no es el caso, aunque los movimientos como el 15M tendrán que enfrentarse a otras 4 ¿Pierde fuelle el 15M?, Publicado en ELMUNDO.es, Madrid, a 24 de Mayo de 2011. 5 El mayor índice de apoyo a la democracia sigilosa de, según el CIS (2012: 100), entre “las personas sin estudios y los votantes de derechas” especialmente en las ciudades con una población de entre 50.000 y 100.000 habitantes. U:':IV[II.SITAT .....UMF.·I
FÒRUM DE RECERCA nº17 ISSN 1139-5486 Sobre las dificultades para la eficacia comunicativa de los Movimientos Sociales. Repensar y actuar. Laia Marco del Prado 98 características de la sociedad española igualmente importantes. De la cuestión de la democracia sigilosa derivan las preferencias de la representación: ¿ciudadanía o políticos? Englobado en este debate se halla la cuestión de los “tecnócratas”. Los datos del CIS (2012) aluden a un apoyo “particularmente elevado en España” a la delegación del proceso de toma de decisiones en manos de personas “competentes, pero carentes de mandato político como pueden ser los expertos, empresarios exitosos (…)”. Sin embargo, la preferencia por este tipo de representación ciudadana no implica que la movilización y la actividad participativa sea menor. Eso sí, explica, en parte, una posible razón constituyente de un límite a la hora de simpatizar con movimientos como el 15M donde, precisamente, se pretende terminar con la representación tecnocrática6. Asimismo, se constata que en España existe un alto índice de aversión al conflicto, constituyendo ésta una característica principal en la cultura política española y, en este sentido, las consecuencias serían graves para la eficacia del movimiento social. Como asegura Sádaba (2008: 36), “la adhesión a un movimiento es una decisión del individuo unilateral y calibrada en términos de costes y beneficios” y, en este sentido, la aversión al conflicto reviste un coste mayor que el beneficio de adherirse a la actividad participativa, apoyando, así, la democracia sigilosa. Mutz (2006) opina que el uso de las redes sociales heterogéneas como Facebook constituye un problema en tanto que su empleo les obliga a posicionarse y puede desencadenar en conflicto. En cambio, las redes sociales homogéneas y específicas parecen ser una buena opción que genera mayor activismo y fervor con mayor facilidad. En suma, estas características confluyen en lo que podría suponer una dificultad de seguimiento participativo en los movimientos como el 15M, a lo que se le une el planteamiento de algunos analistas sobre la cuestión de la “crisis de la actividad participativa”. ¿Existe una menor participación en la acción colectiva? Laura Morales (2005: 84) concluye en su estudio, al hilo de este tema, que “la democracia no ha producido una generación especialmente “inactiva”, pero tampoco ha producido ciudadanos crecientemente activos. Simplemente, no parece que haya muchas razones para ser extremadamente optimistas ni extremadamente pesimistas”. Es decir, que todo el descontento que profesa la ciudadanía parece haber tenido mayor efecto al nivel de la esfera privada, pero no más que en épocas anteriores en la esfera social y pública. De hecho, así lo menciona en sus conclusiones: “en lugar de una pauta generacional de desmotivación y retiro a la esfera privada por parte de los españoles, lo que se está produciendo es una diversificación generacional de los 6 15M: “los banqueros y los políticos no nos representan”. Publicado en: PersonXXI.com, el 7 de mayo de 2012. U:':IV[II.SITAT .....UMF.·I
FÒRUM DE RECERCA nº17 ISSN 1139-5486 Sobre las dificultades para la eficacia comunicativa de los Movimientos Sociales. Repensar y actuar. Laia Marco del Prado 99 repertorios de acción política”. Así, si bien es cierto que la sintonía con las reivindicaciones de un movimiento social como el 15M generan adeptos por doquier, la forma de expresar esta adhesión no tiene porqué materializarse de forma física. En este sentido, proponemos una cuestión que entronca con el objetivo de esta investigación: ¿es probable que esa mayoría a la que políticos y medios han calificado –estratégicamentecomo silenciosa, no se manifieste físicamente con el movimiento social 15M por una falta de identificación con el mismo? ¿A caso éste desconoce las preferencias de participación en la acción colectiva de la sociedad española, constituyendo esta situación un límite o dificultad para la eficacia del movimiento social? A continuación analizaremos en el siguiente apartado estas cuestiones sin olvidarnos, eso sí, del factor externo que mencionamos en el apartado 3.b, pues la comunicación en la esfera pública es el principal condicionante sobre la percepción del mensaje por parte del ciudadano. IV. Caso práctico: el 15M A) Breve referencia a la tendencia televisiva En el apartado 3.b lo hemos adelantado: La intromisión de los actores de la esfera social han copado la esfera pública con tintes persuasivos al objeto de controlar la sociedad, y el movimiento 15M parecía resultar de lo más peligroso para las elecciones que se aproximaban el 22 de mayo de 2011 (siete días después). Tanto es así que políticos como Zapatero tuvieron que hacer declaraciones ante los medios aclarando que las reivindicaciones “no les asustan” sino que “les comprometen”7. Y es que no es raro que políticos de “primera línea” declaren ante los medios y envíen mensajes de primera mano. La tendencia actual en los medios es, según Manin (1998), el neopopulismo: término que encierra el afán por construir un fuerte liderazgo empleando la apelación directa al ciudadano o, lo que es lo mismo, estableciendo una relación directa con éste, a la vez que definiendo en el imaginario colectivo los rasgos negativos del político adversario. Así pues, no sería descabellado pensar que, si el movimiento 15M resultó de gran trascendencia social y se sabía que podía condicionar el comportamiento electoral ciudadano, los políticos, en colaboración de los medios, trataran de maquillar lo que estaba sucediendo en la Puerta del Sol de Madrid. Además, esta tendencia popular que relata Manin nos conduce a una vertiente paralela: aunque no se puede negar la existencia de una línea editorial en cada medio de comunicación (y una incidencia inexorable de 7 Zapatero, al 15M: “las reivindicaciones no nos asustan, nos comprometen”, Publicado en ELMUNDO.es, el 20 de mayo de 2011. U:':IV[II.SITAT .....UMF.·I
FÒRUM DE RECERCA nº17 ISSN 1139-5486 Sobre las dificultades para la eficacia comunicativa de los Movimientos Sociales. Repensar y actuar. Laia Marco del Prado 106 GOLDSTONE, J., States, Parties and Social Movements, Cambridge University Press, New York, 2003. GONZALEZ, J.J. y BOUZA, F., Las razones del voto en la España democrática (1997-2008), Ed. Catarata, Madrid, 2009. HIBBING, J. y THEISS-MORSE, E., Stealth Democracy, Cambridge University Press, Cambridge, 2002. KASSE, M., Perspectives on Political Participation, en Russell J. Dalton y Hans-Dieter Klingemann, The Oxford Handbook of Political Behaviour, Oxford University Press, New York, 2007. LAKOFF, G., Puntos de reflexión. Manual del Progresista, Ed. Península, Barcelona, 2008. MANIN, B., Los principios del Gobierno Representativo, Alianza Editorial, Madrid, 1998. MARAVALL, J.M., La política de la Transición, Ed. Taurus, Madrid, 1982 MUTZ, D., Hearing the Other Side. Deliberative versus Participatory Democracy, Cambridge University Press, New York, 2006. NEVEU, É., Sociología de los movimientos sociales, Ed. Hacer, Barcelona, 2002. PÉREZ DÍAZ, V., El retorno de la sociedad civil, Instituto de Estudios Económicos, Madrid, 1987. PÉREZ DÍAZ, V., From Civil War to Civil Society: Social Capital in Spain From the 1930s to the 1990s. En Robert Putnam, Democracies in Flux. The Evolution os Social Capital in Contemporary Societies. Oxford University Press, New York, 2002. PIQUERAS, J.A., MARTÍNEZ, F.A. et al: El secuestro de la democracia. Corrupción y dominación política en la España actual, Ed. Akal, Madrid, 2011. REIG, R., Sobre la Comunicación como Dominio. Seis paradigmas, Ed. Fundamentos, Madrid, 1992. SÁDABA, T., FRAMING: el encuadre de las noticias. El binomio terrorismomedios, Ed. La Crujía, Buenos Aires, 2008. SAMPEDRO, V., Medios y elecciones 2004. La campaña electoral y las “otras campañas”, Ed. Universitaria Ramón Areces, Madrid, 2008. SAMPEDRO, V., Opinión pública y democracia deliberativa. Medios, sondeos y urnas., Ed. ISTMO, Madrid, 2000. U:':IV[II.SITAT .....UMF.·I
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