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Memoria y escritura de Max Aub (Nota desde Castelló de la Plana)

Meseguer Pallarés, Lluís Bartomeu

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Resultan aún imprescindibles, apropósito de la obra de Max Aub, las indagaciones sobre la relación entre memoria yliterariedad, al menos en dos direcciones: la valoración de la tensión entre i'ealidad yficción en su obra, yla suerte opresencia de sus temas ysu estilo en la narrativa contemporánea, es decir, la posterior ala coetánea -real oimaginadade su colosal crónica del segundo tercio del siglo xx. yello compromete aún más al territorio de los años hispánicos -valencianos, castellonenses, barceloneses, madrileñosde su biografía. En todo caso, cubierta con creces la obligación de la publicación ordenada de sus obras desde la Fundación Max Aub de Segorbe, y, más aún, multiplicados los ámbitos de estudio de sus obras, ysu plasmación investigadora ypedagógica, la atención asu diálogo con la creación literaria del territorio más biográfico ybiológico de Aub no es un "campo cerrado", sino un proceso vivo, fecundo yabierto. Entre las obras narrativas que, en los años recientes se han vinculado alos tiempos ylas obras aubianas, pueden citarse, por ejemplo (es decir, omitiendo ahora los trabajos tan interesantes de Rafael Chirbes, yvéanse sus ensayos de El novelista pe/plejo), las siguientes: El exilio secreto de Dionisia Llopis (2002), del poeta yestudioso Ricardo Bellveser, que ya había participado en relevantes trabajos de edición ycomentario sobre la obra de Aub; El signe de Saturn (2006), de Albert Forment, estudioso antes del pintor Josep Renau yel editor José Martínez; o Campo de esperanza (2008) de Antoni Cisteró, que antes había encarado la obra de Aub, especialmente la vinculada aAndré Malraux yla película Espoir-Sierra de Teruel. Constituyen, sentados sus valores literarios, tres vías de encuentro con las consecuencias del estilo de Aub. Entre esas consecuencias, por atender lo básico de Memoria y escritura de Max Aub (Nota desde Castelló de la Plana) Lluís Meseguer Universitat jmune 1 cualquier texto narrativo, las siguientes: la relación entre la narrativa ylos géneros orales (desde la tertulia ola confesión al teatro yel cine); la capacidad del género para cuestionar ysuperar los límites impuestos ala realidad (es decir, una multiplicación de las posibilidades de encentro del realismo narrativo con las diversas yencontradas pulsiones de la realidad social ycultural); la valoración del punto de vista no en sentido personal (vaya, no en cuanto voz del personaje solamente), sino en el nivel social, histórico, eincluso discursivo: la modernidad. Por lo tanto, merece la pena subrayar el interés de los ecos de tales rasgos, de tema yde estilo, en las obras aquí citadas. Así, la obra de Bellveser -en el marco de una larga ejecutoria literaria, en diversos génerosresulta una pertinente, irónica yatractiva observación del principio de coherencia, proyectado desde la actualidad hacia los avatares vivenciales de los personajes; yconjugados todos, la Valencia, yla España entera de 1939, pasando por el momento lógico de "retorno", vinculado ala permisividad aparente de la ocasión de la celebración de los "25 años ele paz". En efecto, sobre el retablo ele asesinatos ynecesidades de supervivencia, de picarescas y amores, que Bellveser sabe reunir, la reflexión incide en la necesidad ele repensar la base misma del significado -es decir, los significadosele las transformaciones introducidas por la República ysu trágica impugnación por la guerra, la revolución yel exilio. Es decir, que el. entrelazamiento de la grandeza yla miseria de lo humano -y su atractivo tragicómico, ysu perduración, ysu verdadresulta la vara de medir de los principios ideológicos. Sin que sean necesarias más precisiones -por ejemplo, el personaje Lorenzo Varela yel aubiano Rafael Serrador-, Bellveser ha atendido el requerimiento de la duda metódica en la imaginación yla expresión literaria, más allá elel espacio argumental de la obra. 121 ........... 122 También la duda -no en sentido pasivo, sino como fundamento de cuestionamiento de las imposiciones sobre la realidad, tanto por la vía de la ironía como por la de la paradoja-, ha inspirado el trabajo de Albert Forment, consecuencia, en parte, de su anterior libro Josep Renau: historia d'un fotomuntador. Sin exagerar en los trámites de ocultación ymanipulación narrativa de lo biográfico -en esta novela, uno de sus atractivos más valiosos-, la trama tejida entre el ingenuo Calasso, el saturniano Deschamps yLleonard Torres (Josep Renau), no se dirige sólo ala gestión de las consecuencias de una imposible exposición que cuestione la valoración del artista comprometido -y el status quaestionis del papel del estalinismo yotras vicisitudes de la izquierda europea de entreguerras-, sino alas relaciones entre el intelectual y el artista, yentre el ideólogo yel ciudadano, y, por tanto, entre Saturno ysus hijos. Y todo ello, al final, porque -incluso en el contexto de una trama detectivescala función impertinente de lo paradójico es aquí cuestión de método: la estirpe aubiana del propósito de Forment incluye dos cartas decisivas (en los capítulos Un homuncle: Jusep Torres Campalans y La burocracia caníbal de Berlín). Por otro lado, el entorno de producción yde realización de una película no es mal ambiente para indagar las relaciones de Aub con el cambiante entorno de 1937 y1938. En efecto, en Campo de esperanza, el literato ycinéfilo Antoni Cisteró considera -visualiza, oralizaalos personajes como portavoces de las pulsiones ideológicas y événimentielles del tránsito de la guerra de España ala guerra mundial, y a su memoria. El diálogo intertextual entre noticiario periodístico yescenas conversacionales -verdaderamente candidatas acinematográficas, con Aub como uno de sus actores fundamentalesse constituye en el lugar de encuentro del juego de contraste, no sólo entre realidades yficciones, sino entre vida cotidiana y -con el nexo misterioso eimprescindible de la esperanzaviolencia institucionalizada, feroz ycatastrófica. Es decir, un vitalismo no de base irónica sino, precisamente, superviviente. En definitiva, en estas yotras obras vive la dialéctica -o en diálogo, por no decir tantoentre memoria y escritura, con Aub en el debate sobre el realismo yla literatura. Cabe añadir, como comprobación de la rentabilidad de la consideración de la tensión entre memoria biográfica yescritura imaginativa, algún dato aubiano por lo que toca asu territorio biográfico de aquellos años: así, su relación con el mundillo de la cultura de Castelló de la Plana. En efecto, tal como señalé en mi Castell6 literari (Castelló de la Plana, Diputació de Castelló-Universitat Jaume l, 2003, págs. 32-33), su descripción del Castelló provinciano en Campo cerrado (firmado en París, en agosto del 1939, apud ed. Madrid, Ed. Alfaguara-Bruguera, 1978, págs. 25-41), filtra, através de la mirada adolescente del personaje Rafael López Serrador, algunas de las calidades culturales de la ciudad; ya desde el principio del capítulo: "Castellón es un pueblo chato, ancho, sin más carácter que la falta de él...". Su "invención" de la arquitectura, el carácter agrícola, provinciano ytradicionalista, incluso sus pulsiones simbólicas (hasta una inexistente devoción por la Virgen de los Desamparados), convierten el fragmento en un manifiesto sobre las posibilidades de transformación de lo localista hacia la modernidad: Lo demás inexiste: importa la tierra ysu cuidado: anadie se le ocurrirá construirse una casa aorillas del mar, sino huerta adentro, aunque el calor ylos cínifes le obliguen avivir aoscuras y a dormir entre tarlatanas. Los baños llegaron hace poco, ypor el qué dirán, que en el mar, nunca -o, a lo sumo, mojarse las posaderas un día en San Sebastián, después de la feria de Valencia, en compañía de la cónyuge, para dar que hablar. El pescado no suele ser plato corriente, como no esté dignificado por el arroz. Cuando se habla de agua se sobrentiende siempre que es la de riego. No hay rico que tenga canoa automóvil, coches, sí: Castellón de la Plana, paraíso de los Ford yde los Chevrolet; América del Norte les suena muy fuerte en los oídos yen las imaginaciones, y se ha injertado, estos años, mucha "California". El Casino es el Casino, muy Renacimiento español, más Renacimiento español que todo, con sus partidas de julepe, de dominó ysus tiradores: porque aquí, yen Valencia, el tiro de pichón no tiene el tono aristocrático que cobra en Andalucía oen Madrid. [ ... ]El gobernador es de tercera; las mancebías, pocas ysucias; los cafés se oyen de lejos: el dominó es el jue- .. go capital. Los únicos trabajadores que se ven son los carreros; las fábricas están en las afueras, la estación en la periferia; país de recaderos, ci udad quieta, lenta, pequeña, blanda yrica. Un Ateneo languidece frente a una acacia yalgún maestro de escuela escribe modosos versos en valenciano. No era la primera vez que la ciudad comparecía en un universo nalTativo vinculado al descubrimiento personal de la realidad social. Baste aducir de antes el Camino de perfección de Baroja. Ni tampoco su hinterland provincial: véase la novela "autobiográfica" de exilio Pedro Osuna. Cronicón de la Ilustre Villa de Alcalá de san Martín (México D.F., 1945), de Alvaro Pascual Leone. Y, por otro lado, otras visiones coetáneas de la ciudad, la situaban en una posición activa ydinámica en la cultura republicana: así, un testimonio no documentado de Azorín (seguramente, alos postres de un banquete celebrado en el Café Suizo, dos días antes de Navidad de 1927, habiendo disertado sobre el teatro español). Pero, sin duda, la imago aubiana de Castelló pasa por su relación con algunos intelectuales castellonenses ... emigrados, yluego exiliados. Sobre todo, claro está, con el sociólogo José Medina Echavarría (véase el exhaustivo trabajo de Juan María Calles (2003): "El siglo de José Medina Echavarría (Castelllón de la Plana, 1903-Santiago de Chile, 1977)", Laberintos, 2, 2003, pp. 74-93), trasunto, seguramente, del personaje "José Lledó" (nótese que aquí sí comparece el antropónimo vinculado con la advocación mariana de Castelló de la Plana), yeco narrativo de sus tertulias en "El oro del Rhin" (Campo cerrado, Valencia, Biblioteca Valenciana, 2001, p. 192). Sin ser el único referente, el de las conversaciones con Medina no deja de ser la fundamental opción de "recuerdo" castellonense. En todo caso, la ciudad comparecerá en entradas casuales pero de una cielta intensidad, por ejemplo, en el personaje narrador -"de Castellón de la Plana" yperiodista yescritor de "cierto nombre hacia 1930", yluego casado yresidente en Cahorsde Sala de espera ([1961], en Relatos, n. Los relatos de El laberinto mágico, Obras Completas, vol. IV-B, V, Bibl. ValencianaInstitució Alfons el Magnanim, 2006, pp. 389-415). De todas formas, como un eco real yvivido, tres décadas después de la "derrota" del Castelló posible einterrumpido, Aub mismo, en La gallina ciega (1969), apud ed. Madrid, Ed. Alba, 1995, p. 206), escribe: 9de septiembre. Castellón: un minuto de parada. Antes eran por lo menos quince. De la misma manera que lo que escribí cerca de este pueblo, aunque no quiera, viene, por el tiempo pasado, aser histórico, viejo. No se trata de novelas históricas sino de novelas viejas, de cuando el tren paraba quince minutos en Castellón y no uno, como ahora. Seguro que no fue un minuto -los trenes del franquismo andaban lentos, ysiempre con retraso-, pero era un buen momento para ejercer biográficamente, para devolver ala memoria la máxima de escritura aubiana tantas veces citada (procedente en mi memoria de Francisco Caudet, uno de los más cultos representantes valencianos en el estudio de la memoria yla historia del tiempo de Aub, en su prólogo auna edición de No son cuentos) "Creo que tengo derecho acallar lo que vi para escribir lo que imagino". Pero, como demuestran los excelentes trabajos narrativos de Bellveser, Forment yCisteró aquí citados, yla apostilla sobre la ciudad de Castelló, no sólo no existe contradicción entre memoria yescritura, sino que ambas se necesitan mutuamente, para que haya existido, ycontinúe viva, la obra de Max Aub. 123 ............