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RECERCA, REVISTA DE PENSAMENT I ANÀLISI, NÚM. 28(1). 2023. ISSN electrónico: 2254-4135 – pp. 1-12 DOI: http://dx.doi.org/10.6035/recerca.7262 Retos de cambio para la vida rural: procesos, dinámicas y políticas públicas Challenges of change for rural life: Processes, dynamics and public policies LUIS CAMARERO 1 (Universidad Nacional de Educación a Distancia), JESÚS OLIVA (Universidad Pública de Navarra) y VICENT A. QUEROL (Universitat Jaume I) Camarero, Luis, Oliva, Jesús y Querol, Vicent A. (2023). Retos de cambio para la vida rural. Procesos, dinámicas y políticas públicas. Recerca. Revista de Pensament i Anàlisi, 28(1), pp. 1-12. doi: http://dx.doi.org/10.6035/recerca.7262 Resumen Los diversos retos de cambio para la sostenibilidad de la vida en los espacios rurales atienden a una serie de procesos, dinámicas y políticas públicas que se exponen en este artículo. Se apunta a una serie de procesos como la construcción de un rural cosmopolita, de espacios de intensa movilidad, de proyectos vitales para una juventud con sus propias necesidades y estilos de vida. Contrastamos cómo estas dinámicas de los territorios de baja densidad requieren políticas públicas adecuadas para combatir las desigualdades y los desequilibrios a fin de cerrar las brechas rural-urbanas. Seguidamente, se introducen los materiales que componen este monográfico y que suscitan el debate sobre los pilares que frenan o alientan el fenómeno de la despoblación. Palabras clave: despoblación, sociología, rural, desigualdad, desequilibrio territorial. Abstract The various challenges of change for the sustainability of life in rural areas serve a series of processes, dynamics and public policies that are exposed in this article. It points to a series of processes such as the construction of cosmopolitan rural areas, as spaces of intense mobility or vital projects for a youth with their own needs and lifestyles. We confront these dynamics of low-density territories require appropriate public policies to fight inequalities and imbalances in order to sew the rural-urban gaps. Next, the materials that compose this monograph are introduced, articles that trigger the debate on those pillars that slow down or encourage the phenomenon of depopulation. Key Words: depopulation, rural, sociology, inequality, territorial imbalance. 1 Autor de correspondencia: [email protected]ned.es
RECERCA · DOI: http://dx.doi.org/10.6035/recerca.7262 · ISSN electrónico: 2254-4135 - pp. 1-12 2 La cuestión de la despoblación rural y su inserción en las agendas política, mediática y de investigación produce noticias, genera debates y multiplica las propuestas de intervención. No hay semana en la que no podamos leer una acción concreta o una política difusa para paliar esta problemática. En general, prevalece una visión generalizada del declive demográfico de estos espacios donde las miradas a la ruralidad condensan, como en cualquier constructo social, inercias, prejuicios y también fórmulas con pretensión de soluciones definitivas a procesos que son conceptualizados muy a menudo sobre una amplia simplificación. En la argumentación mediática cotidiana, seguimos encontrando los viejos presupuestos sociales sobre el carácter de los pueblos, su innegable resiliencia y capacidad de adaptación o los planteamientos que ponen el foco en la marcha inevitable a la ciudad o la oportuna vuelta al pueblo. Pero también se viene produciendo de forma paralela un sustancioso corpus académico, resultado de un riguroso trabajo de observación y análisis, que trata de dar cuenta de las estructuras profundas que subyacen en las idas y venidas de gentes a los pueblos, así como de los procesos que definen el despoblamiento rural. Son trabajos que apuntan a dinámicas asentadas, de forma bastante insoslayable ya durante muchas décadas, en los pilares de la desigualdad y los desequilibrios socio-territoriales (Camarero, 2009; del Pino Artacho y Camarero, 2017; Camarero, 2020). El distanciamiento entre las oportunidades de vida y trabajo en las ciudades o en los pueblos va generando una brecha urbano-rural (Camarero y Oliva, 2021) que contiene un «efecto acumulativo de diferentes procesos de concentración (demográficos y económicos) y también de diferencias en términos de accesibilidad» (Camarero, 2022: 53). Y en ello parecen estar las políticas que deben velar por la sostenibilidad social de los espacios rurales y que se debaten entre acciones bienintencionadas que buscan coser dicha brecha. Entre el análisis de las propuestas políticas y las propias dinámicas rurales se sitúa el presente monográfico. La despoblación, en cuanto pérdida progresiva de vitalidad, supone una tendencia sostenida en el tiempo que se nos presenta como un fenómeno naturalizado. Una problemática para la que, sin embargo, no parecen funcionar las recetas improvisadas por la urgencia y exclusivamente centradas en el desarrollo económico. Si bien se dan dinámicas poblacionales en direcciones diversas, el desequilibrio estructural reforzado por las economías de aglomeración (Rodríguez-Pose, 2018) se erige en un agente causal determinante contra el cual nos seguimos topando. Durante el éxodo rural de los años sesenta y setenta del siglo XX, las familias jóvenes abandonaban el campo hacia las ciudades que demandaban de
LUIS CAMARERO, JESÚS OLIVA Y VICENT A. QUEROL. Retos de cambio para la vida rural: procesos, dinámicas y políticas públicas. . 3 mano de obra, alimentando así un desarrollismo desigual y una colonización interior entonces auspiciada por el franquismo. El colapso socioeconómico de tantos entornos rurales encontraba una válvula de escape en los grandes flujos migratorios, primero hacia el centro de Europa, luego hacia los centros industriales y finalmente hacia la capital del país y las ciudades costeras. Este trasvase demográfico de las cohortes más jóvenes fue dejando para la década de 1980 unas pirámides poblacionales masculinizadas y envejecidas. Tal vez en ese momento, ya en democracia, se precisaban unas políticas firmes y de envergadura que pudiesen atraer a parejas jóvenes (Escrig y Aparici, 2022) para reforzar la generación soporte que iba menguando y viéndose tensionada en su capacidad de sostén de los pueblos (Camarero, 2009). El goteo de jóvenes hacia la ciudad que hoy caracteriza la despoblación supone una descapitalización de personas formadas —con especial incidencia en las mujeres— que constituyen, tal vez, los grupos con mayor capacidad de hacer frente a los retos venideros. Las políticas sobre la juventud rural carecen del peso necesario en un escenario donde el futuro de las áreas rurales a medio plazo aparece fuertemente condicionado por sus posibilidades de arraigo. La fragilidad de estas políticas y acciones no consigue orientar la agilidad necesaria y la capacidad de respuesta ante otra vulnerabilidad: la de las trayectorias de inserción laboral de la juventud (González-Fernández, Montero-Logroño y Águila-Díaz, 2023). Nos encontramos aquí con una cuestión agravada por la inexistencia de políticas de juventud o medidas que tienen una escasa incidencia para mantener estos grupos estratégicos. De hecho, en estos momentos se está construyendo un Observatorio de la Juventud Rural Europea que permita analizar las barreras a las que está sujeto este colectivo y orientar políticas en pro de unos entornos locales más atractivos para vivir y trabajar. Algunos modelos tratan de coser la brecha a través de la cohesión territorial (Rural Cohesion Policy) (Copus, Dax y Lima, 2015) y, si bien inciden en la intensificación de la coordinación administrativa, de la movilidad y de los flujos entre pueblos y ciudades, no contemplan la especificidad que desde el mecanismo rural de garantía (Rural Lens o Rural Proofing) emerge en algunas propuestas políticas (Querol, Ginés y Aparici, 2020). Las políticas pensadas de forma indiscriminada para ciudades o pueblos tienden a penalizar las opciones de los lugares de baja densidad. La gestión de la baja densidad es una política en sí misma, atendiendo a las condiciones especiales que ahí se producen y pensando en una sostenibilidad a largo plazo que requiere de una planificación diseñada también desde abajo por quienes experimentan cotidianamente sus limitaciones. Sin embargo, la mirada urbana sigue condicionando en gran
RECERCA · DOI: http://dx.doi.org/10.6035/recerca.7262 · ISSN electrónico: 2254-4135 - pp. 1-12 4 medida muchas políticas, como las fórmulas de movilidad para los espacios rurales (Iso, Sanz y Martínez, 2023) que ocultan las particulares desigualdades de acceso de numerosos grupos sociales. Una baja densidad intensamente móvil precisa prestar atención a los flujos y a su gestión. La mirada exclusiva al cómputo del número de habitantes se convierte en un reduccionismo de las dinámicas que caracterizan a los espacios rurales. Más allá de filtrar el impacto de las leyes y políticas, también se viene pidiendo en algunos foros ruralistas un posible modelo con una doble legislación o una regulación orientada desde su concepción para los territorios de baja densidad (FNR, 2020). En definitiva, se trata de esquivar la urbanormativity (Fulkerson y Thomas, 2019) y trabajar en fórmulas que puedan eliminar políticas que despueblan. El colapso del sistema agrícola de muchos espacios rurales tampoco llevó a la aniquilación total de la actividad agraria y ganadera. El modo de vida ligado a las explotaciones rurales, como en tantos otros sectores, fue evolucionando. La entrada en el Mercado Común Europeo en 1986 se realiza abrazando el modelo de la competitividad. Si las economías de escala fueron una fórmula que empujaba a la población hacia la ciudad, también las explotaciones rurales se disponían para la concentración y, de nuevo, la juventud en el centro del relevo generacional se va enfrentando progresivamente a un modelo empresarial de difícil encaje con las disponibilidades y formas de trabajo locales (Barbeta, 2023). Más allá de las políticas que han descuidado su integración en las formas de consumo, ocio y sociabilidad globales, las visiones del «agro-centrismo, primero, y el agro-ambientalismo después, no han sido capaces de proporcionar políticas sociales que extendieran el estado del bienestar a las poblaciones rurales. Ha faltado una orientación dirigida de políticas sociales» (Camarero, 2022: 63). El acceso a una vida plena en la sociedad moderna va de la mano con el disfrute de los recursos, los servicios y las oportunidades que proporciona el estado del bienestar. La educación, la sanidad o los servicios sociales rurales siguen mostrando déficits de acceso, especialmente cuando se transita por las diferentes etapas educativas o se requiere una atención especializada de la salud. No obstante, en la medicina y la escuela rurales encontramos elevados estándares de calidad. Incluso en las áreas de baja densidad, cuando el acceso se da y coincide con cierta estabilidad en el tiempo de los profesionales que prestan estos servicios (Monfort, 2016; Marín, 2016). En la cuestión sanitaria, «la demora en AP [atención primaria] rural es inexistente, la atención domici-
LUIS CAMARERO, JESÚS OLIVA Y VICENT A. QUEROL. Retos de cambio para la vida rural: procesos, dinámicas y políticas públicas. . 5 liaria es habitual y se producen con frecuencia iniciativas comunitarias multidisciplinares» (Robles Pellitero, Monfort Lázaro y Méndez García, 2023: 2). Sin embargo, las tendencias en la prestación de servicios siguen los criterios del umbral de población y penalizan a los pequeños centros de salud y escuelas propias de las zonas de baja densidad y merman también la diversidad cultural de estas formas de atención. Entre los estándares de bienestar, el acceso a la cultura se reclama como derecho ya recogido en el artículo 27.1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que presenta limitaciones evidentes en los espacios rurales (Querol y Ginés, 2021). El consumo de ocio y cultura forma parte de los estilos de vida actuales (Bauman, 2007) y a los que aspiran todas las personas independientemente del lugar donde habiten. Entre otras vías, puede llegar a través del acceso a internet o de las programaciones culturales. La intensidad y estabilidad de unas y otras iría en la línea de acercar la oferta en el ámbito rural a estilos de vida que, lejos de reducirse al trabajo, permitan construir experiencias y proyectos vitales que no aparezcan sometidos a la profunda desigualdad decantada por la querencia sobre unos u otros espacios. Las miradas simplificadoras ciñen las acciones políticas a unas actuaciones donde no encaja la compleja realidad del mundo rural actual y la diversidad social de los grupos que proyectan su vida en el campo. En este sentido, la invisibilización de los colectivos más dinámicos supone una pérdida de orientación de las políticas en las últimas décadas, que carecen del énfasis necesario en la inmigración y su potencial para la regeneración de las áreas rurales. Los cambios en la composición social de los pueblos apuntan hacia un cosmopolitismo que, como afirma Woods (2018), es una parte ineludible de esta realidad. Los extranjeros residentes en las áreas rurales no son reconocidos a menudo ni siquiera como consumidores, estando ausentes de la imagen general del medio rural (Camarero y Sampedro, 2019) en la que persiste la idea de homogeneidad y atraso. Aparece mermado así el dinamismo cultural y cívico que permitirían unas poblaciones rurales fuertemente diversas (Camarero, 2022). Los vínculos previos con el territorio, el conocimiento del lugar (Izquierdo, 2023), el reconocimiento de la filiación como un elemento que facilita la inclusión y la sostenibilidad en el territorio son factores que favorecen modelos de fijación o de retorno al medio rural. Sin embargo, la tendencia hacia el cosmopolitismo que apuntamos precisa de programas claros para su acomodación local. Y queda claro su papel en el dinamismo poblacional de unos colectivos que compensan en muchas comarcas las tasas reducidas de fecundidad general (Camarero, 2022). La paradójica precariedad de la población inmigrante y su papel esencial
RECERCA · DOI: http://dx.doi.org/10.6035/recerca.7262 · ISSN electrónico: 2254-4135 - pp. 1-12 6 en la sostenibilidad rural es también evidente en las mujeres, ocupadas en un porcentaje significativo en el sector de los cuidados (Izquierdo, 2023), tan necesario frente al reto que supone el envejecimiento. Los procesos de precarización extrema que, en los últimos tiempos, están saltando a la luz (Ferreira, 2023) muestran derivas que atentan contra la construcción de un espacio rural de cuidados dignos y saludables para todas las partes. La endeble sostenibilidad social de los espacios rurales también se observa en los impactos acumulados por las crisis vividas en los últimos tres lustros. La tímida salida de la Gran Recesión iniciada en el 2008 se solapaba con la pandemia de la COVID-19 y su remisión con la inestabilidad derivada del conflicto en Ucrania. Bien conectados, al menos en los efectos sobre los precios, los problemas de las cadenas de suministros globales confluyen en un contexto donde debemos afrontar, además, los retos de la crisis climática y las incertidumbres que conllevan sus impactos sobre los distintos hábitats rurales (paisajes, cultivos, olas de calor, incendios, DANA…). Aunque ya pueden vislumbrarse sus efectos concretos sobre el coste de la movilidad, en los costes en fertilizantes y materias primas, es necesario considerar su incidencia en un espectro mucho más amplio de la vida rural. En situaciones como la crisis sanitaria materializada a partir de marzo del 2020, se generaron discursos instrumentales sobre la vida en el ámbito rural y se constataba un trasvase efímero de individuos y familias a espacios que se mostraban entonces como más saludables y de menor riesgo frente a las aglomeraciones urbanas donde estallaba la pandemia (Camarero, 2022). Las áreas rurales han jugado, en este sentido, un papel simbólico de refugio en determinadas circunstancias frente a las incertidumbres globales. También el impacto de la Gran Recesión en las ciudades españolas (Del Pino Artacho, 2017) permitió analizar su oportunidad para ciertos grupos con perspectivas idealizadas sobre el destino rural como nuevo espacio de vida y trabajo, así como el papel que juegan el bagaje y los vínculos previos con los pueblos (Rivera, 2023). Unas estrategias sociales en las que la idea de una vida digna demanda unos entornos configurados más allá del productivismo y la exclusividad del eje laboral como estímulo (Halfacree, 2006). Las políticas de transición energética también condicionan el futuro más inmediato de la vida y de las oportunidades en las áreas rurales. La descarbonización se presenta como un objetivo ligado a proyectos de gran magnitud vehiculados por grandes empresas y multinacionales (parques eólicos y solares, yacimientos de minerales eficientes...). De nuevo, el peso de los modelos adoptados y la fluidez que imprime una generosa financiación pública determinarán su impacto en los entornos rurales, que probablemente necesitan
LUIS CAMARERO, JESÚS OLIVA Y VICENT A. QUEROL. Retos de cambio para la vida rural: procesos, dinámicas y políticas públicas. . 7 proyectos más atractivos para su sostenibilidad integral, menos extractivista, y que permitan un control y una redistribución equitativa de sus beneficios en el territorio, algo que bajo la premura del contexto actual no parece concebirse como un objetivo prioritario en las políticas energéticas. Los pilares de la despoblación y el encogimiento de la vida rural en el siglo XXI se asientan, como vemos, sobre estructuras que profundizan las disparidades urbano-rurales, así como en la ausencia de políticas capaces de contrarrestar esa dinámica económica, política y social. Empeñarnos en la visión de dos mundos separados (Molino, 2016: 71) no permite observar cómo se interrelacionan todos estos procesos mutuamente, las espirales de declive que configuran ciertas regiones y los desafíos que presentan para la cohesión socioterritorial. El monográfico que ahora presentamos se adentra en algunas de las claves que venimos exponiendo. Desde las políticas necesarias para la sostenibilidad del medio rural en factores clave como la movilidad o la juventud, hasta el análisis de la estrechez de las condiciones que empujan al éxodo o de la dualidad en la inmigración y el arraigo y las representaciones de quienes optan por el contexto rural en tiempos de crisis. Las formas de acceso a servicios y oportunidades se han ido modelando durante décadas desde una perspectiva universal y sin políticas que generen infraestructuras que atiendan a la baja densidad. La movilidad, tal como hemos puesto de manifiesto, resulta un pilar fundamental para la plasticidad de los territorios rurales, al tiempo que su predominio basado en el automóvil privado genera desigualdades y desequilibrios. El monográfico comienza analizando el papel de la movilidad rural en espacios con una falta de cohesión territorial. El trabajo de Iso, Sanz y Martínez (2023) desvela las incoherencias al plantear una movilidad pensada desde la ciudad sin tener en cuenta las iniciativas y necesidades que hacen necesario un cambio de modelo. La movilidad del siglo XXI pretende encajarse con medios de hace décadas. El análisis de «¿Movilidad rural sostenible? Más allá de las políticas de movilidad con mirada urbana» evidencia la posición subordinada que mantienen los espacios rurales, donde las políticas de movilidad juegan un papel esencial para integrar a sus residentes en los estándares de acceso al bienestar propios de las sociedades modernas. Es así que la movilidad solo será socialmente sostenible para los espacios rurales al adoptar una mirada y concepción desde las necesidades de los colectivos rurales. Entre los colectivos rurales, aquellos más jóvenes se presentan como la clave para la sostenibilidad a largo plazo. Las oportunidades para moverse y
RECERCA · DOI: http://dx.doi.org/10.6035/recerca.7262 · ISSN electrónico: 2254-4135 - pp. 1-12 8 acceder a servicios diversos serían uno de los factores fundamentales, pero los desequilibrios territoriales de partida para la juventud rural de hoy les confieren un panorama desalentador. El artículo «¿Políticas hacia la población o para la despoblación? Los dilemas de la juventud rural» describe la relación entre los proyectos LEADER en Andalucía y su acción sobre la juventud rural. A través de un análisis de proyectos en diversos momentos en el tiempo se explora la capacidad de los grupos de desarrollo rural para conectar con la juventud, su potencial para movilizar, al tiempo que se muestra el encorsetamiento burocrático cuando se trata de dar continuidad a proyectos dinamizadores. Además, se destaca que con mecanismos ágiles para dar apoyo a iniciativas económicas en jóvenes pueden generarse oportunidades de fijación de una población que vive un contexto de expectativas frágiles. Sin embargo, el enorme peso de la burocracia en los proyectos LEADER imposibilita a menudo esos impulsos en un contexto de crecientes desigualdades territoriales para una juventud que demanda oportunidades como ciudadanos y ciudadanas al mismo nivel que la juventud urbana. Estas vidas de jóvenes con relaciones y estilos de vida propios de su generación chocan con el mantenimiento de sectores tradicionalmente existentes en los espacios rurales. El trabajo de Marc Barbeta sobre «El campo semántico del relevo generacional en el sector ganadero de leche: obstáculos y facilitadores» radiografía las dificultades para compaginar una fuerte identificación con la tradición y las dinámicas laborales que desalientan la profesión ganadera. A través del análisis de grupos de discusión con ganaderos veteranos y con jóvenes se observa un modelo económico concentrador que va expulsando las explotaciones medianas y pequeñas. La resiliencia de estos ganaderos se asienta, en sus discursos, sobre una ética del sacrificio que va encontrando cada vez más contradicciones con el paso a las generaciones más jóvenes. El peso de las formas de gestión familiar, junto con la ausencia de políticas más eficaces para la profesionalización y hacia un trabajo ganadero colectivo se postulan como obstáculos a derribar para fortalecer la sostenibilidad del sector ganadero de leche. Sin olvidar aquí la conexión con el trabajo anterior y la mirada integral a las vidas de la juventud, siempre más allá de lo estrictamente laboral y económico. Una juventud que, en un contexto precarizante y desregulado, seguirá optando por otros escenarios más atractivos para la vida y el trabajo. Los trabajos con los que concluye este monográfico dan cuenta del periodo reciente, previo a las manifestaciones de la España vaciada. ¿Cómo incidía la crisis económica comenzada en el 2008 en los pueblos? ¿Qué quedaba de la incorporación de inmigrantes del periodo anterior? ¿Quiénes se refugiaban en
LUIS CAMARERO, JESÚS OLIVA Y VICENT A. QUEROL. Retos de cambio para la vida rural: procesos, dinámicas y políticas públicas. . 9 el pueblo en lo peor de la crisis? Son preguntas que, acertadamente, se han hecho las dos autoras que cierran este compendio. Así, Beatriz Izquierdo nos describe a través de «Inmigración, trabajo y arraigo rural: una ecuación imperfecta» la dualidad de los mercados laborales en las áreas rurales de País Vasco, con datos para las dos primeras décadas del siglo XXI. La sostenibilidad en el tiempo de la población inmigrante, especialmente dinámica para las áreas rurales, ve comprometido su arraigo en los pueblos debido a su vulnerabilidad. Mediante el análisis de los registros proporcionados por los organismos oficiales, la autora desgrana los cambios experimentados por la ruralidad vasca, el fenómeno de la inmigración internacional y su incorporación a determinadas actividades a menudo precarias pero imprescindibles. En buena medida asociadas con los trabajos tradicionales del sector primario en el caso de los hombres y con los cuidados (ahora remunerados) en el caso de las mujeres. El trabajo evidencia estos papeles desarrollados por estos grupos y hace una llamada de atención frente su invisibilidad como colectivo para las políticas de desarrollo rural, mostrando su dinamismo y potencial para la regeneración económica y demográfica de las áreas rurales. Los desiguales escenarios que ofrece la ruralidad para la población que emigra hacia las áreas rurales es la cuestión analizada por María Jesús Rivera, que nos muestra la dualidad que afrontan sus nuevos proyectos de vida en tiempos de crisis. Así, en «Migración prorrural a áreas remotas en tiempo de crisis» se estudia la salida de la ciudad en función de dos motivaciones: bien como estrategia de supervivencia, pero con vínculos previos al lugar, bien como deseo de trasladarse a espacios con atractivos medioambientales. Aunque ambas migraciones son desencadenadas por la crisis, sus posibilidades de arraigo difieren en función de los capitales económicos y relacionales previos en la zona, de modo que «las áreas rurales se convierten a la vez en espacios de resiliencia y espacios de fricción» (Rivera, 2023: 17). Los análisis que se presentan abren, por tanto, un interesante debate sobre un contexto en el que los arraigos en el territorio están condicionados por múltiples factores, donde el bienestar de quienes viven o se plantean vivir en los espacios rurales depende de poner sobre la mesa políticas en materias poco visibles para la Administración (inmigración y juventud rural) o en pensarlas desde una perspectiva rural (movilidad) que vaya tejiendo territorios más cohesionados y equilibrados.