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Medios, ética y violencia de género: más allá de la victimización

Gámez Fuentes, María José

Abstract

El objetivo de este texto es presentar las principales líneas del debate sobre la configuración de la violencia de género en España con respecto a sus implicaciones éticas y proponer nuevos modos de acción discursiva (y, por tanto, política). Para ello, siguiendo la teoría de los actos de habla, Butler y Levinas, analizaremos la ética comunicativa que subyace en la actual visibilización de la violencia de género, la cual ha sido construida sobre la base de la victimización de la mujer. Consideramos que la figura de la mujer como víctima se ha reificado como si fuera un fetiche. Esta construcción conlleva la indefensión de las mujeres frente a la violencia y las priva de la posibilidad de empoderarse como sujetos de transformación social y política de la violencia que sufren. La reificación, a su vez, constituye el sufrimiento femenino como ajeno y obstaculiza la asunción de cualquier compromiso político por parte de los/as espectadores/as. Para contrarrestar estas prácticas, propondremos estrategias basadas en el concepto de «testimonio ético»

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MARÍA JOSÉ GÁMEZ FUENTES1 Y SONIA NÚÑEZ PUENTE2 Medios, ética y violencia de género: más allá de la victimización Media, ethics and gender-based violence: moving beyond victimization Resumen El objetivo de este texto es presentar las principales líneas del debate sobre la configuración de la violencia de género en España con respecto a sus implicaciones éticas y proponer nuevos modos de acción discursiva (y, por tanto, política). Para ello, siguiendo la teoría de los actos de habla, Butler y Levinas, analizaremos la ética comunicativa que subyace en la actual visibilización de la violencia de género, la cual ha sido construida sobre la base de la victimización de la mujer. Consideramos que la figura de la mujer como víctima se ha reificado como si fuera un fetiche. Esta construcción conlleva la indefensión de las mujeres frente a la violencia y las priva de la posibilidad de empoderarse como sujetos de transformación social y política de la violencia que sufren. La reificación, a su vez, constituye el sufrimiento femenino como ajeno y obstaculiza la asunción de cualquier compromiso político por parte de los/as espectadores/as. Para contrarrestar estas prácticas, propondremos estrategias basadas en el concepto de «testimonio ético». Palabras clave: violencia de género, ética comunicativa, medios, victimización, espectadores/as. Abstract The aim of this paper is to present the main lines of the debate on the configuration of gender violence in Spain in relation to its ethical implications and to propose new modes of discursive (and, therefore, political) action. In order to do that we will analyze, following speech acts theory, Butler and Levinas, the communication ethics that underlies the contemporary visibilization of gender violence. This has been constructed on the basis of female victimization. It is our contention that the figure of woman as victim has been reified into a fetish that renders women powerless in the face of gender violence, thus, disempowering them as subjects of social and political transformation before the violence they suffer. Reification, in turn, constitutes women’s suffering as alien and deprives 1 Universidad Jaume I. 2 Universidad Rey Juan Carlos. Asparkía, 24; 2013, 145-160 146 spectatorship from any political commitment. Strategies based on the concept of «ethical witnessing» will be proposed to counteract these practices. Keywords: gender violence, communicative ethics, media, victimization, spectatorship.. Sumario -1. Introducción – 2. Visibilizando la violencia de género – 3. Construcción de la víctima como una imagen de consumo – 4. Distant suffering versus víctima como sujeto soberano – 5. Ethical witnessing o cómo dar testimonio ético. Introducción En una reciente entrevista a Pilar López Díez, publicada en el Observatorio contra la Violencia de Género, esta apuntaba: «Si los medios cambiasen el discurso sobre las mujeres no habría violencia de género»3. Esta afirmación, que en principio puede parecer solo un titular contundente para atraer la lectura, y sesgado, puesto que señala un determinado ámbito de acción social como el principal responsable de la transformación del problema, encierra, como veremos a lo largo del presente trabajo, las claves para resituar el debate sobre los claro-oscuros del abordaje de la violencia de género. Nuestro objetivo en este artículo es presentar las principales líneas de discusión de dicho debate en España atendiendo a las implicaciones éticas de la visibilización de la violencia de género y proponer nuevos modos de producción discursiva que, desde la asunción de una ética comunicativa, dinamicen configuraciones de los sujetos de la violencia de género vertebrándolos en la agencia y no en la victimización. Visibilizando la violencia de género Según demuestran los datos de 2011 obtenidos por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en la encuesta sobre la percepción social de la violencia de género, el 87,7% de los/as entrevistados/as responden que su conocimiento sobre dicho tema procede de los medios4. Desde esta perspectiva resulta menos sesgada la afirmación que abre nuestro texto. Por otro lado, podemos argumentar que dichos medios no parecen haber tenido el impacto deseado en la sensibilización social dado que, como ya se ha apuntado en otros trabajos (Gámez Fuentes, 2012 a y b), si observamos los datos que han sido recogidos desde septiembre del año 2000 en sucesivos barómetros del Centro Superior de Investigaciones Sociológicas (CIS), en el apartado de «Problemas principales que existen actualmente en España», en lo que respecta al indicador «la violencia contra la mujer», a partir de 2004 (a pesar de la promulgación de la Ley contra la Violencia de Género) la preocupación de la opinión pública por dicho tema decrece (se pasa de un 6,24 % en 2004 a 1,47 % en 2010). Hay, sin embargo, un momento de desaceleración en el período comprendido 3 http://www.observatorioviolencia.org/opiniones.php?id=156. Fecha de visita: 14 de septiembre de 2012. 4 Datos obtenidos del IV Informe Anual del Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer, accesible en: http://www.uca.es/recursos/doc/unidad_igualdad/1693412868_1122011112649.pdf, p. 16. Asparkía, 24; 2013, 145-160 Mª José Gámez y Sonia Núñez 147 entre el último trimestre de 2006 y el primer trimestre de 2008, coincidente con la etapa de discusión y aprobación de la Ley de Igualdad. Son, además, preocupantes, desde un punto de vista ético, las conclusiones que observan trabajos como el de Lorente Acosta (2008) y Brändle et al. (2011), donde, respectivamente, se aportan datos estadísticos sobre el hecho de que la mitad de los homicidios se cometan en los 3 días posteriores a uno previo y se previene a la profesión periodística sobre el posible efecto boomerang de sus acciones comunicativas. No es la primera vez, sin embargo, que se le pide responsabilidad a los medios en este tema. Si consultamos la literatura especializada al respecto, podemos constatar que, a pesar de la asunción del gran papel visibilizador que aquellos han tenido, han sido objeto de críticas por sus dificultades para visibilizar a las mujeres fuera de un marco victimizador (Bosch-Fiol y Ferrer-Pérez, 2012; Fernández Romero, 2008; Gámez Fuentes, 2012 b; López Díez, 2008; Loscertales et al., 2009; Marín et al., 2011; Menéndez Menéndez, 2010). En efecto, nadie pone en duda que los medios se han comprometido en la denuncia y la sensibilización, pero son diversas las voces que han venido cuestionando la configuración que del sujeto «mujeres» han realizado los discursos procedentes de medios e instituciones (De Miguel, 2003; Herrera Enríquez y Expósito Jiménez, 2009; Osborne, 2008). Por otro lado, no olvidemos que dicha visibilización no hubiera sido posible sin el papel del feminismo activista y académico, que desde la instauración de la democracia ha ejercido de impulsor para la inclusión del tema en la agenda política y mediática. Efectivamente, desde los años 70 se producen trabajos sobre sexismo y representación que incluyen entre sus líneas de reflexión una crítica a la violencia inscrita en las imágenes. Por orden cronológico, y sin ánimo de ser exhaustivas, podríamos mencionar por representativos a García Meseguer (1977), Fagoaga y Secanella (1986), Colaizzi (1990), Gallego (1990), Peñamarín y Frabetti (1990), Fagoaga (1994), Peñamarín y López Díez (1995) y Martín Serrano et al. (1995). No es, empero, hasta finales de los noventa (cuando el tema de la violencia de género salta a la agenda mediática a raíz del caso de Ana Orantes5) que dicha crítica a la violencia representacional se vincula con el debate socio-político. A partir de ese momento, las diferentes leyes promulgadas al respecto junto con los diversos planes contra la violencia de género y de igualdad de oportunidades, así como los planes de investigación, vinculados a ellas, constituyen el sustrato idóneo que hace augurar una transformación del problema. De hecho, los estudios coinciden en que, a consecuencia del caso Orantes, hubo un cambio sustancial en su abordaje por parte de la prensa (Fagoaga, 1999; Berganza Conde, 2003; Fernández Díaz, 2003; Aran Ramspott y Medina Bravo, 2006; López Díez et al., 2006). Hasta ese momento la violencia de género no había ido más allá de ser incluida en la crónica de sucesos. El nuevo enfoque informativo sobre la violencia de género lleva a investigadoras como Aran Ramspott y Medina Bravo (2006) a afirmar que: «Pareciera que los medios, y la prensa en concreto, hayan asumido su función como instrumento 5 Ana Orantes fue asesinada en diciembre de 1997 por su marido después de denunciar públicamente en el programa De tarde en tarde (Canal Sur) los malos tratos que había sufrido durante años. Medios, ética y violencia de género: más allá de la victimización Asparkía, 24; 2013, 145-160 148 para educar y concienciar a la sociedad» (Aran Ramspott y Medina Bravo, 2006: 19). Por su parte, Berganza Conde (2003) considera que este «nuevo» enfoque supone una «reconstrucción subjetiva de la realidad» (Berganza Conde, 2003: 10). Sin embargo, desde la perspectiva actual, el tratamiento dado a la violencia de género dista mucho de constituir una transformación de la realidad, más bien, como veremos, podemos hablar de una reconstrucción subjetiva solo en tanto que el sujeto de la violencia ha sido resituado respecto de nuevos marcos de reconocimiento (Butler, 2009). En efecto, a pesar de las buenas intenciones, y sin menospreciar el trabajo realizado por instituciones y medios, el foco de la visibilización, como se ha apuntado en otros trabajos (Gámez Fuentes, 2012 b), se ha puesto sobre los aspectos asistenciales, sanitarios y jurídicos, configurándose así un lugar para el sujeto femenino en el que este solo se constituye en la medida que denuncie y, por ende, sea tutelado por el sistema. Esta configuración está, indudablemente, apoyada por multitud de noticias, campañas, programas, películas, etc. donde, por otro lado, lo que se resalta de la experiencia de las mujeres es el drama de la violencia (Fernández Romero, 2008; Gámez Fuentes, 2012 b; Loscertales et al. 2009). La gramática de reconocimiento cultural construida sobre la base de un sujeto femenino víctima de la violencia cuya única vía de salida es la denuncia obstaculiza cualquier otra matriz de inteligibilidad (Butler, 1990; De Lauretis, 1989; Halberstam, 2001) y deja a las mujeres ancladas en un proceso en el que su agencia6 es inarticulable culturalmente. Más bien, la imagen de las mujeres víctimas de la violencia de género se torna fetiche en tanto que su configuración como víctima bebe de un legado representacional (Gámez Fuentes, 2007; Gámez Fuentes y Blázquez Chaves, 2005) que las convierte en fácilmente asimilables en los procesos de consumo mediático (Fernández Romero, 2008). Construcción de la víctima como una imagen de consumo Walter Benjamin articula en su teoría del fetichismo el concepto de la esteticización de la mercancía, del objeto como artefacto destinado a un propósito estético utilitario (Benjamin 1991, 1994). Es decir, se observa la contemplación del objeto con el fin último del consumo. El proceso de esteticización de la mercancía y las prácticas significativas asociadas a él nos sirven para reflexionar acerca de la lógica que opera en el complejo proceso de construcción mediática de la víctima de la violencia de género como una imagen de consumo. Para ello, consideramos preciso detenernos en la acción simbólica de los medios que incide en la dimensión discursiva de los objetos de consumo mediático y que requiere, sin duda, una alusión, si bien somera, a la crítica de la economía política del signo articulada por Baudrillard (2000). La función signo del objeto de consumo determina, de este modo, los lenguajes y discursos de la acción social que, a su vez, reproducen las 6 Utilizamos el término agencia como traducción del inglés «agency» según lo teoriza Butler (1990). Remite a la capacidad del sujeto de trascender las constricciones estructurales y dirigir la acción hacia su empoderamiento. Asparkía, 24; 2013, 145-160 Mª José Gámez y Sonia Núñez 149 dimensiones socioculturales, entre las que incluimos la dimensión ética, ocultas en las narrativas mediáticas sobre la violencia de género. Si seguimos a Baudrillard, podemos comprender cómo el consumo mediático se establece asentado en una vertebración utilitaria, sin posibilidad de dinamizar ningún tipo de acción social para la transformación, lo que es específicamente relevante en el caso de la construcción de la imagen de la víctima de la violencia de género en los medios. El consumo mediático, si nos referimos a la imagen objetualizada de la víctima de violencia de género, se enmarca en una lógica de la representación de los sujetos fetichizados, y de las prácticas de significación que los configuran. Estas prácticas deben ser analizadas teniendo en cuenta los significados indirectos derivados de la construcción simbólica del objeto de consumo, tales como la propia objetualización del sujeto y la consecuente carencia de agencia (Barthes, 1999). Las prácticas significativas que proponemos como cambio sustancial al discurso de los medios, se asentarían, de este modo, en la resignificación de identidades colectivas en las narrativas mediáticas. Según Sampedro (2004:136) la identidad pública se proyecta hacia fuera, interpelando a los demás miembros de la comunidad. Y en esta interpelación continua los medios presentan a los colectivos sociales exhibiendo marcas identitarias incluyentes o excluyentes, resaltando la trascendencia política de esta función identitaria puesto que, tal como teoriza Sampedro (2004: 137), solo una identidad colectiva reconocida públicamente, o inteligible, puede presentar demandas en la esfera pública. La identidad de la víctima de la violencia de género se traslada, objetualizada, al espacio de lo colectivo y así, sometida a una fetichización paulatina, se presenta como el resultado de un consumo ritualizado o performativo sin posibilidad por parte de los medios o las víctimas de ejercer ningún tipo de transformación. Nos interesa retomar aquí la noción de performatividad propuesta por Judith Butler que explora la idea de que el sentido no es inherente al objeto, ni al sujeto, sino que es el resultado de una serie de prácticas que permiten conocer la función social asignada a la construcción mediática en la que se inscriben las identidades tanto colectivas como individuales. Y ello sin obviar la teoría de Butler acerca del lenguaje del odio y cómo su carácter ilocucionario produce al sujeto en una determinada posición de subordinación (Butler, 1997: 52). El sujeto, siguiendo a Butler, es interpelado en el discurso por una voz anterior y esta interpelación se realiza de una forma ritual. El ritual en cuestión es, en la articulación teórica de Butler, un ritual de subordinación. La construcción del sujeto víctima de violencia de género en los medios podría, a nuestro juicio, situarse en un ritual ilocucionario de subordinación que produce determinadas identidades colectivas, en este caso identidades colectivas subordinadas y fetichizadas para el consumo mediático. Podríamos incluso avanzar en este sentido y reflexionar acerca de cómo ciertos tipos de enunciados de los discursos mediáticos, cuando son expresados por aquellos que se encuentran en posiciones de poder refiriéndose a aquellos situados en posiciones de subordinación, re-subordinan a aquellos a quienes se dirigen Medios, ética y violencia de género: más allá de la victimización Asparkía, 24; 2013, 145-160 150 (Butler, 1997: 52)7. La identidad colectiva de la victima de la violencia de género en los discursos mediáticos se construye en un proceso de performatividad, mediante reiteraciones, o actos repetitivos, que hacen a un sujeto inteligible, o comprensible, y perteneciente a una determinada identidad colectiva. Esta identidad colectiva estaría, si nos centramos en la violencia de género, articulada en torno a la subordinación del sujeto, que parece el único modo de hacerlo inteligible en el discurso de los medios. De esta manera, la violencia de género se hace inteligible al convertirla en un objeto de consumo, en un fetiche. Y ello, a un tiempo, reduce la complejidad de su problemática, vinculándola a un consumo discursivo masivo. En el proceso de articulación de la víctima como objeto de consumo se produce, mediante actos de habla performativos, una reafirmación de los discursos de modo que éstos sean inteligibles. Y en esta construcción discursiva la mujer vuelve, así, al espacio de la inactividad, una vez cancelada su agencia y mitigada cualquier potencialidad activista. Los discursos que muestran a la mujer como fetiche se hacen, de esta manera, inteligibles para los sujetos receptores de dichos discursos, pero resitúan a la mujer fuera del ámbito de la agencia. No obstante, lo que pretendemos explorar aquí son otros modos de incluir a las víctimas de la violencia de género como identidades colectivas en los medios de forma productiva desde el punto de vista de las prácticas discursivas. Es decir, argumentamos que se puede cambiar la manera en la que los sujetos son interpelados por las prácticas comunicativas. Según Butler, los sujetos son interpelados por un nombre, pero la configuración del sujeto depende también de los nombres por los que nunca se le ha llamado. Ello nos lleva a las posibilidades discursivas que se inauguran al contemplar prácticas significativas no normativas (Butler, 1997: 72), que excluyen la reducción fetichista a la que los medios someten a las identidades colectivas. Sin embargo, antes de proponer nuevas prácticas y discursos para dar un tratamiento ético de la violencia de género, sustituyendo la objetivación por otras prácticas, es necesario incidir en la producción de subjetividades e identidades colectivas en los medios. Sería útil, para discernir lo que aquí nos ocupa, mencionar brevemente la noción de sinóptico, según la cual, un número significativo de 7 Este tipo de discursos se observan desde las posiciones de poder como en el caso de las campañas gubernamentales contra la violencia de género, en las que se resubordina a la mujer situándola de nuevo en el espacio de la víctima. Citamos solo algunas de estas campañas: «La violencia contra las mujeres nos duele a todos, nos duele a todas». Accesible en: http://www. inmujer.gob.es/areasTematicas/comunicacion/campanas/violenciaDomestica2000.htm. Fecha de consulta: 5 de diciembre de 2012; «No te saltes las señales. Elige vivir». Accesible en: http:// www.youtube.com/watch?v=DJ1e6UL7A8M. Fecha de consulta: 5 de diciembre de 2012. En este sentido podríamos destacar también algunos ejemplos de discursos audiovisuales en los canales de Youtube de activismo online: «El final del cuento de hadas». Vídeo en el canal de Youtube de Ciudad de Mujeres. Accesible en: http://www.youtube.com/watch?v=wLKPg6F860s&feature=au toplay&list=PLE95C5D217D1C8B53&playnext=1. Fecha de consulta: 5 de diciembre de 2012; «Antes los malos tratos, no des una segunda oportunidad». Vídeo en el canal de Youtube de Fundación Mujeres, elaborado por la agencia de publicidad Armando Testa. Fue cedido de forma gratuita a Fundación Mujeres y se utiliza como material de sensibilización. Accesible en: http://www.youtube. com/watch?v=tVwewqgND_E. Fecha de consulta: 5 de diciembre de 2012. Asparkía, 24; 2013, 145-160 Mª José Gámez y Sonia Núñez 151 sujetos tienen la posibilidad de mirar a unos pocos, convirtiendo de esta manera, e invirtiendo los términos de Baudrillard (en López Petit, 2003), al espectáculo en simulacro, desarrollando las subjetividades aptas, o normativas, para la sociedad de consumo. Así el simulacro se convierte en el dispositivo de subjetivación y nos sirve también para comprender la legitimidad de las normas presentes en el complejo entramado de relaciones de poder y subjetividad de la narratividad mediática (López Petit, 2003).A este respecto, Butler argumenta que podemos entender los medios como responsables del desarrollo de ciertas presunciones sobre religión, raza, género y clase que se normativizan con el tiempo. Butler afirma que son creencias que toman la forma de figuras icónicas, y esa iconicidad es reproducida a través de la circulación mediática, logrando cierta eficacia (Rodríguez, 2010). La iconicidad, o fetichización del sujeto como objeto de consumo mediático, a la que se refiere Butler es la que conviene, a nuestro juicio, contraponer a otras formas posibles de instaurar prácticas y discursos sobre la violencia de género en las narrativas mediáticas. Y, en este sentido, nos parece esencial acudir a la teoría de Lévinas (1961, 1991) acerca del Otro. Si los discursos dominantes en los medios se elaboran en torno a una progresiva fetichización de la víctima de la violencia de género como objeto de consumo, podemos pensar que los planteamientos de Lévinas ayudarían a transformar los procesos de victimización de la mujer en la violencia de género. La victimización del sujeto y su consumo mediático posterior se vincularían, en cambio, a un proceso de reconocimiento de la configuración del sujeto víctima de la violencia de género no como un sujeto victimizado y apto para el consumo, sino como parte de un proceso de reconocimiento del Otro en una dimensión ética. Para comprender las implicaciones de la teoría de Lévinas parece necesario en primer lugar ahondar en el concepto del exceso y de la imposibilidad de aprehender al Otro. El momento en el que el sujeto se enfrenta al Otro es, según Lévinas, un momento de transcendencia ética que se opone frontalmente a cualquier intento de constricción del sujeto, de fetichizicación o de objetualización del mismo. El exceso, la imposibilidad de comprender la totalidad del Otro, es precisamente lo que evita la reducción del sujeto a prácticas inteligibles. Lo aleja de la inteligibilidad normativa a la que se refiere Butler y lo sitúa en la trascendencia del exceso que solo puede conllevar una dimensión ética en la relación con el Otro. En este momento de encuentro con el Otro es imprescindible tener en cuenta la dimensión comunicativa en la que opera una lógica de interacción que va más allá del ámbito de la reificación u objetualización (Wessels, 2010: 26-27). La dimensión comunicativa propuesta por Lévinas anula la posibilidad de una comprensión total, y por tanto de una objetivización del sujeto, renunciando a la totalidad de la inteligibilidad del discurso que los medios instauran. Lévinas se refiere directamente a los medios cuando afirma que éstos han de modificar tanto los discursos como el modo en el que operan las prácticas de construcción del significado para incorporar la noción ética del exceso. Así lo explica Wessels refiréndose al exceso del otro en Lévinas: Medios, ética y violencia de género: más allá de la victimización Asparkía, 24; 2013, 145-160 152 Mapping the excess of the other, and in particular the ways in which it could be located in the study of media, involves parsing its relationships to particular systems implicated in the production of subjectivity, such as the language of media and its modes of structured looking (Wessels, 2010: 28-29). Por ello la noción de exceso de Lévinas resulta útil para introducir nuevas propuestas en las que se abandona la imagen de la víctima como objeto de consumo mediático. Estas propuestas se pueden relacionar con la propia noción de exceso que desarrolla Butler y gracias a la que se transciende el concepto de inteligibilidad, de interpelarnos mediante los actos comunicativos (Martínez Guzmán, 2001), para buscar un espacio recontextualizador donde otras prácticas del exceso, las no inteligibles, sean posibles. En el caso de la violencia de género, esta podría ser una configuración discursiva que quebrase la inactividad de la víctima y en la que su capacidad de agencia se hiciera inteligible para las narrativas mediáticas, resituando así la identidad colectiva del sujeto víctima de violencia más allá del espacio del consumo mediático. Distant suffering versus víctima como sujeto soberano El desafío parece hallarse en pensar en prácticas y discursos que den un testimonio alternativo de la violencia de género. A nuestro juicio, podemos encontrar la respuesta a este desafío en la confrontación entre la noción del distant suffering, o sufrimiento a distancia, y la configuración de la víctima como sujeto soberano. Yendo más allá, contemplamos la posibilidad de desechar el concepto de la compasión, activado mediante el concepto del distant suffering, en favor de la indignación proveniente de una postura activista. No obstante, y antes de llegar a este punto, es preciso reflexionar acerca del concepto del sufrimiento a distancia, o distant suffering, en relación a la construcción discursiva de la víctima como sujeto soberano. En la conformación del discurso de la víctima de la violencia de género, se observa una notable contradicción señalada por Casado Aparicio y García García (2006), y que apunta a una de las dificultades de las que se ocupan las aproximaciones científicas, no institucionalizadas, al tema de la violencia y la víctima, siendo esta que «nuestro sentido común acerca de la violencia de género está comprometido con los principios modernos de libertad y autonomía de un individuo que se postula como sujeto soberano al que además ampara la ley en tanto que garante de ese orden moderno» (Casado Aparicio y García García, 2006: 92). Por tanto, la mujer es interpelada como víctima cuya emancipación como sujeto está condicionada a la toma de la palabra, es decir, al acto de la denuncia. Sin embargo, el entramado asistencial y la articulación mediáticopolítica erigidos enmarcan a la mujer en una narrativa en la que solo tiene lugar si se somete a la tutela del sistema. Parece de utilidad retomar aquí la teoría de la analítica del poder de Foucault, tal como la utiliza Chouliaraki (2006), para ahondar en el proceso de la mediación del sufrimiento y de la propia imagen de la víctima, que opera en los discursos Asparkía, 24; 2013, 145-160 Mª José Gámez y Sonia Núñez 159 Hudson, Barbara (2002): «Restorative Justice and Gendered Violence», British Journal of Criminology. 42, pp. 616-634. Lévinas, Emmanuel (1961): Totalité et infini. Essai sur l»extériorité. La Haya: Martinus Nijhoff. Lévinas, Emmanuel (1991): Entre nous. Essais sur le penser-a-l»autre. París.: Grasset. López Díez, Pilar (2008): «Los medios y la representación de género: algunas propuestas para avanzar», Feminismo/s. 11, pp. 95-108. López Díez, Pilar et al. (2006): Representación de la violencia de género en los informativos de TVE. Madrid: IORTVE e Instituto de la Mujer. López Petit, Santiago (2003): El infinito y la nada. El querer vivir como desafío. 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