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Las cooperativas en el marco de las hermandades sindicales (Albacete, 1939-1959)

Gómez Herráez, José María

Abstract

Este articulo trata de observar los problemas de las cooperativas y Grupos de Colonización en Albacete desde su origen en los cuarenta hasta que cobran fuerza en la década siguiente. Frente a un cooperativismo inicial de adquisición de insumos, en los cincuenta el movimiento se transforma, centrándose básicamente en la elaboración y comercialización de vino y aceite y en la adopción de servicios diversos. Varios problemas actúan, sin embargo, como barreras inmediatas o como elementos que siembran desconfianza en la base social. La documentación consultada permite observar, a través de juicios genéricos y casos concretos, problemas en la gestión de algunas entidades, en la autonomía y coordinación general del movimiento y en la ayuda financiera. También permite advertir la oposición al movimiento de intereses contrarios, el dominio de particularismos y la conversión de algunas de estas entidades, con las hermandades sindicales, en piezas de un nuevo mecanismo caciquil.

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HISTORIA AGRARIA 030 oAgoJto 2003 o pp. 151-182 o©SEHA Las cooperativas en el marco de las hermandades sindicales (Alhacete, 1939-1959) José María Gómez Herráez Las concepciones autárquicas y las medidas intervencionistas del primer franquismo se han revelado para la historiografía agraria como factores de estancamiento y de problemas sociales. Tal realidad contrasta con los objetivos y el sentido triunfalista del discurso oficial de la época. Aparte de los problemas inmediatos del abastecimiento, la búsqueda de distensión social y el marcado interés en el aumento de la producción explican el desarrollo de un amplio programa agrario. En él, las explotaciones familiares son objeto de un interés que no se correspondía con su peso real. En efecto, el marco económico einstitucional supuso dificultades para la agricultura familiar que ya resaltaron estudios globales pioneros.' y han corroborado análisis recientes, como los conocidos de C. Barciela. Mientras las grandes explotaciones acumularían beneficios sobre bases distintas a la innovación, incluyendo la vulneración de las directrices interventoras, las pequeñas no traspasarían los límites de una precaria subsistencia. El programa agrario del primer franquismo encontraba sus fuentes en idearios anteriores, principalmente en el falangista y en el católico-social, aunque, desde muy temprano, abandonó sus aspectos más reformistas y pasó a incidir en los de carácter técnico (Aparicio, 1980: 128). Estas propuestas, contempladas bajo el optimismo de Fecha de recepción del original: Febrero de 2002. Versión definitiva: Marzo de 2003 . • José María Gómez Herráez es Profesor de Historia eInstituciones Económicas en la Universidad de Caste!!ón. Dirección para correspondencia: Campus de Riu Sec, Departamento de Economía (Universidad de Caste!!ón) 12071 Caste!!ón. E-Mail: [email protected] Entre ellos figuran los de ANLLÓ, 1966; FLORES, 1969; CLAVERA yOTROS, 1973. 151 José María Gómez Herrdez una realización difícil, pero inminente yredentora, incluian el cooperativismo como garantía para la viabilidad de las pequeñas explotaciones. Sin embargo, entre las razones de la debilidad de la agricultura familiar, varios análisis generales y regionales han valorado, precisamente, la carencia de un movimiento cooperativo fuerte y autónomo". En este trabajo se pretende una aproximación a las dificultades del cooperativismo y formas próximas de asociación a través de una Central Nacional Sindicalista (C.N.S.), la de Albacete. En los dos primeros apartados se tratarán de esbozar los orígenes y la evolución de este movimiento en su contexto socioeconómico e institucional. Para ello, se ha recurrido, con la legislación y el discurso asociativos, a estudios de la época, estadísticas ydocumentación generada por las entidades y organismos dependientes de esta C.N.S., localizada en el Archivo Histórico Provincial de Albacete (A.H.PA). Estos últimos fondos con otros de la Sección Sindicatos del Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares (A.GA), han servido también para elaborar el apartado tercero sobre los problemas específicos de este fenómeno. El papel impulsor ycontrolador que las Obras Sindicales de Cooperación y de Colonización ylas Hermandades Sindicales de Labradores yGanaderos jugaban, en connivencia con los Ministerios de Trabajo y de Agricultura, justifica esta elección". 1. LOS ORíGENES DEL ASOCIACIONISMO RURAL BAJO EL FRANQUISMO Aunque son bien conocidos los hitos legislativos que encauzaron el montaje del aparato de la Organización Sindical, todavía no se dispone en medida suficiente de monografías que permitan conocer el proceso real de su gestación en sus distintos niveles. En este apartado, tras recordar las leyes más qenerales". se presentan algunos aspectos que reflejan su complejidad -e incluso la indecisión y el ensayismo inicialesatravés del caso de Albacete. Diversas leyes y órdenes fueron perfilando, con un rodaje de experiencias reales más o menos paralelo, un tejido asociativo que, como se sabe, se inspiraba en buena medida en las fórmulas corporativistas desarrolladas en la Italia fascista y en la Alemania nazi, y constituía uno de los cotos esenciales asignados al falangismo. Por ejemplo, SEVILLA GUZMÁN, 1979: 209-210; CONTRERAS, 1984: 132-133; ARTIAGA y OTROS, 1991: 369-370. Evidentemente, existieron zonas como Navarra donde, en buena medida sobre la base de una tradición anterior, prosiguió desarrollándose tras 1939 un movimiento cooperativista fuerte y diversificado (MAJUELO y PASCUAL, 1991). Los fondos del A.H.P.A., sección Sindicatos, contienen informes de inspección, actas de Cabildos de Hermandad, correspondencia y programas y memorias de la Obra Sindical de Cooperación. Para los cuarenta la documentación específica es más escasa y fragmentaria que para la década siguiente, de ahí el recurso más intenso, para ese periodo, a textos que contribuyen a perfilar la situación cooperativa bajo las directrices autárquicas. La información legislativa se ha consultado en CENTRO DE ESTUDIOS SINDICALES, 1957; JUNTA NACIONAL DE HERMANDADES DE LABRADORES y GANADEROS, 1960; ONATE y BASANTíA, 1971; APARICIO, 1980, Y MOYANO, 1984. 152 Hisr. A~rtlr. 30· /vgosro 2()()J • pp. ]5J-182 Las cooperativas en el marco de las hermandades sindicales (Albacete, 1939-1959) La propia subordinación de las cooperativas a las corporaciones sindicales se había dado en los dos países fascistas yencajaba con el proyecto totalitario falangista. El nuevo ordenamiento se inició en plena guerra, poco después de que en enero de 1938 se constituyera el primer gobierno franquista, que contó con un particular -y efímeroministerio de Organización yAcción Sindical. A la exposición programática del Fuero del Trabajo, en marzo, que ya prefiguraba el nuevo asociacionismo vertical, seguiría el decreto del 21 de abril, que organizaba las Centrales Nacional-Sindicalistas (C.N.S.) para integrar en cada escala provincial, bajo la dirección de un delegado designado entre militantes de F.E.T.-J.O.N.S., a los distintos organismos yentidades sindicales. Entre las leyes de Unidad Sindical (26-enero-1940) y de derogación de la ley de sindicatos de 1906 (2-septiembre-1941), se promulga la de Bases de la Organización Sindical (6-diciembre-1940), que perfila los fundamentos del nuevo engranaje. Asimismo, tras la ley de Colonización de Interés Local (25-noviembre-1940), que regulaba el ofrecimiento de auxilios estatales para obras y mejoras agrarias, se configuró la creación de Grupos Sindicales de Colonización (11-junio-1941), como nueva fórmula jurídica asociativa que sería confiada a una Obra Sindical, la de Colonización, cuya reglamentación sería aprobada en marzo de 1943. En este contexto de readecuación organizativa, el 2 de enero de 1942 aparecía la ley de Cooperación. En ella, aunque se reservaban al ministerio de Trabajo facultades de aprobación einspección, se señalaba como elemento organizador supremo a la Obra Sindical de Cooperación, creada en el seno de lo que ahora ya era la Delegación Nacional de Sindicatos". La reglamentación exhaustiva sobre las hermandades sindicales, es decir, sobre las entidades verticales para el ámbito agrario -yen general, en buena medida, para todo el ruralaparecería en una orden presidencial el 23 de marzo de 1945, cuando ya su creación se encontraba muy avanzada. En dicha disposición, se exigía la sujeción disciplinaria de las cooperativas a las hermandades, si bien conservarían "su patrimonio, administración autónoma y la personalidad jurídica propia ycapacidad que precisen para el cumplimiento de sus fines característicos". La legislación suponía, pues, tanto la creación de nuevas entidades como la asimilación de asociaciones anteriores que, como las cooperativas católicas, no habían sido desmanteladas por el régimen al estilo de las organizaciones sindicales de izquíerda". En la provincia de Albacete, bajo gobierno republicano hasta el final de A la Obra Sindical de Cooperación le correspondía "recoger, promover ydirigir", "tutelar y vigilar" mediante sus delegaciones provinciales y, en este momento, según se preveía, también locales. Asimismo, se esbozaba la creación, mediante tal organismo, de Uniones Territoriales de Cooperativas. En el reglamento del 11 de noviembre de 1943 se expresaba claramente que las cooperativas debían encuadrarse en entidades sindicales (las agrarias, en las hermandades), y que las jerarquías superiores cooperativistas en las provincias eran los jefes provinciales de la Obra Sindical de Cooperación. Como es conocido, la integración de las cooperativas católicas y de sus órganos confederales en la Organización Sindical constituyó un proceso no exento de tensiones (CASTILLO, 1979: 411 y ss.: SEVILLA GUZMÁN y GONZÁLEZ DE MaLINA, 1989: 148-161; MAJUELO y PASCUAL, 1991: 227 yss: TÉBAR, 1992: 81-85). Híst. Agrdr. 30 •Agosto 2003 •pp. 15 J-J 82 153 154 José María Gómez Herráez la guerra y sin gran tradición de sindicatos católicos", el nuevo sistema no tenía que superponerse a una infraestructura organizativa previa. El proceso de creación de una nueva red, dentro del esquema sindical vertical, puede seguirse a través de informes ycirculares de esta C.N.se. En octubre de 1939, el delegado sindical provincial de Albacete, Ernesto Cuéllar, emite varias circulares para impulsar la constitución de sindicatos locales, bajo la dirección de delegados que debían colaborar con las autoridades municipales y las jefaturas locales falangistas. Pero los planteamientos, de momento, no se correspondían con una provincia de marcado carácter rural y sin grandes empresas. Un año después, en octubre de 1940, otros textos del delegado sindical provincial traslucen un proyecto organizativo que ya contemplaba entidades específicas para el ámbito rural. En él se incluían tres tipos de hermandades: las de Labradores y Ganaderos, las de Industria yComercio, y las de Artesanía. Mientras las dos primeras debían disponer de Secciones diferenciadas para patronos ytrabajadores, las últimas acogerían grupos de oficios diversos. Pero tras la ley de Bases de diciembre de 1940 se perfila un esquema más definitivo. Entre 1941 y 1944 se inscribirían en el Registro Central de Entidades los diversos tipos de asociaciones verticales que prevalecerían en el tiempo: sindicatos provinciales ylocales, hermandades sindicales y gremios locales de Industriales yComerciantes. En todas ellas, los empresarios y los trabajadores aparecían encuadrados en secciones distintas: la llamada Sección Económica, para los primeros, y la Sección Social, para los segundos. En la capital albaceteña se constituyeron varios sindicatos provinciales. Pero sólo se llegaron a formar gremios de Industriales yComerciantes en ocho núcleos donde tenían su sede las delegaciones sindicales comarcales (Alcaraz, Almansa, Casas lbáñez, Chinchilla, Elche de la Sierra, Hellín, La Roda y Villarrobledo) y en otros tres de mayor relieve demográfico yeconómico (Caudete, Tarazana de la Mancha y Tabarra). Más escasos serían los sindicatos locales: tres del textil (Elche de la Sierra, Hellín yTobarra) y uno del calzado (Almansa). Así pues, las entidades locales que mayor importancia alcanzaron, tras su constitución definitiva, desde diciembre de 1942, fueron las hermandades sindicales de Labradores yGanaderos. Hasta 1945, se crearon 88 de estas entidades: las doce situadas en grandes municipios, donde se crearon también entidades para otras actividades, eran sólo de Labradores y Ganaderos, mientras las restantes -Ia mayoríaeran también de Artesanos. Sin embargo, sería la actividad agraria la que imprimiría sus rasgos y sus líneas características a Así lo confirman VILAR y EGEA (1984: 84-87) y REOUENA (1990: 13, y1991: 210-211) Los primeros se refieren al escaso peso de los sindicatos católicos creados en Albacete en la etapa de expansión de 1915-1920. Gran parte de estas entidades, que pasarían a formar parte de la Federación Católica Agraria de Murcia, se concentraría en las comarcas serranas de Alcaraz yYeste yen la de Casas Ibáñez, con importante presencia de pequeños cultivadores. Apartir del Anuario Estadistica de España, el último autor contabiliza en 1932 ocho sindicatos católicos yotros quince "sindicatos agrícolas" yen 1933 18 sindicatos agrícolas, tres de ellos -los de Valdeganga, Madrigueras yTarazana de la Manchaligados a la Asociación General de Agricultores. Para esbozar este panorama, se ha consultado documentación diversa del A.H.P.A., Sindicatos, cajas 33 a 43,3.747,3.803,4.160,4.164 Y 4218 HiJ!. Agrdr. lO· Agosto 200} •pp. 1-182 Las cooperativas en el marco de las hermandades sindicales (Albacete, 1939-1959) todas ellas. En la capital se creó una hermandad provincial que actuaría con carácter local, que absorbería a los llamados Sindicatos del Campo, especializados en sectores productivos, y que a fines de los cuarenta se fundió con la Cámara Oficial Agraria en lo que se llamaría Cámara Oficial Sindical Agraria (C.O.S.A.). En los cincuenta, se constituirían sólo dos hermandades más en la provincia. De este modo, todos los núcleos municipales, yalgunas pedanías de mayor tamaño, contaron con este tipo de entidad. Cuando se constituyeron las hermandades en su versión final, desde diciembre de 1942, la C.N.S. solicitó un cuestionario a los municipios con un punto referido a la existencia o no de cooperativas, que eran vislumbradas como un posible eje sobre el que edificar la nueva institución. En las contestaciones son escasas las referencias afirmativas. Los hay que evocan vagamente experiencias lejanas (Alatoz). Alguno manifiesta la actuación de un sindicato católico hasta su desarticulación durante la guerra (Casas Ibáñez). Caudete señala que persistía una cooperativa-caja rural católica, que ya estaba integrada en la hermandad. Motilleja proporciona un comentario impreciso: Estuvo fundado un sindicato agrícola, pero cesó por orden superior. También aparece algún caso donde se alude a iniciativas cooperativistas durante la guerra (Ayna). Pero la mayoría -incluyendo casos donde puede constatarse esa presencia previa, como en Valdeqanqa-? señaló que no existían tales asociaciones y que no habían existido nunca (evidentemente, se ignoraban determinadas experiencias de signos diversos). Dadas las dificultades en el abastecimiento de insumas y los problemas de acceso al crédito, se aprovechó la ocasión para demandar su creación, descendiendo a veces a propuestas específicas como la de Casas Ibáñez de participar, al menos, en una cooperativa vinculada a la hermandad provincial. Estos datos no se contradicen con la noticia ofrecida por el delegado sindical provincial, José Montero, en una entrevista al periódico Albacete el 12 de abril de 1944: sólo cuatro hermandades, de las 84 existentes en ese momento, habían encuadrado cooperativas 10 Según los textos de la Organización Sindical, mediante las hermandades se perseguían dos fines principales: contar con instrumentos locales para aplicar la política agraria del Estado, y encuadrar a toda la población del campo. Bajo estas pautas, podían convertirse en células omnipresentes en la vida de los pueblos, y si Según una noticia aparecida el 17 de enero de 1936 en el periódico comarcal La Voz del Distrito, existía en Valdeganga un sindicato, creado en 1916, que contaba con 207 socios y desarrollaba varias actividades cooperativas (compra de abonos, suscripción de seguros contra el pedrisco, alquiler de utensilios ydistribución de préstamos). 10 La respuesta de José Montero, pese a su expresión triunfalista, resulta elocuente: Es éste de las Cooperativas el problema más arduo dentro de las Hermandades, habida cuenta que en nuestra provincia no existió nunca movimiento cooperativo. Pese a todas las dificultades, funcionan ya cuatro Cooperativas del Campo encuadradas en Hermandades de Labradores. Las cifras de distribución señalan un éxito lisonjero para su funcionamiento. Sin pararnos en datos estadísticos, que harían interminable esta relación, puedes anotar que por su mediación se han proporcionado a los labradores saquerío, hilo sisal, vencejos, abarcas, aperos de labranza, piensos, sulfato de cobre yabonos de todas clases. Para dar idea de la importancia de estas distribuciones basta publicar que el reparto de abonos ha alcanzado la cifra de 3.000 toneladas. HiT!. Agrdr. 30· Aj!,os/o 2003. pp. 151-182 155 José María Gómez Herráez bien su ampliación de frentes sería menos rápida de lo previsto, pasarían a controlar numerosos ámbitos. Por un lado, integrarían a los diversos sectores sociales agrarios, ofreciéndoles unas posibilidades variables de presión, si bien las Secciones Sociales no alcanzaron el papel de los Cabildos, el órgano deliberante de los agricultores. Además, las hermandades pasarían a subsumir a las demás entidades del campo, bien diluyéndolas, como ocurriría con las juntas locales agrarias, que colaboraban con el Estado en la organización de cultivos, o bien, como en el caso de las cooperativas, de las Comunidades de Regantes y de los nuevos Grupos de Colonización, manteniéndolas de manera diferenciada. En su seno se crearían también servicios diversos (Policía Rural, Colocación Obrera, Previsión Social, Crédito Agrícola, Maquinaria) que tendrían un desarrollo desigual según los casos. La adscripción, en particular, de las cooperativas, no fue siempre factible y, aparte de la probable fricción con elementos católicos, planteó problemas de clarificación de papeles. Para algunos especialistas de la época, incluso, las funciones cooperativas debían desarrollarse al servicio de toda la población campesina mediante uno de los servicios comunales previstos en la normativa sobre hermandades, el de Explotación Económica y Suministros Agrícolas (González-Girón, 1960: 81-83). Ante la casi total ausencia de cooperativas preexistentes en Albacete, hemos tratado de observar el proceso de absorción de una de signo católico en la provincia de Castellón. Se trata de la de San Isidro de Vall d'Uixó11, que durante la guerra había sido incautada por el Frente Popular y siguió, con el regreso de su viejo equipo y su adaptación a la nueva legislación, una trayectoria muy similar a la próxima de Borriana (Barrera, 2001: 304 y ss.). En contraste con las quejas sobre el abastecimiento de fertilizantes, en las memorias de los cuarenta de la cooperativa de Vall d'Uixó no aparece lamento alguno por su vinculación al esquema sindical vertical. El cuadro de noticias refleja una inserción no traumática en este mecanismo, si bien también muestra un característico énfasis en su identidad tradicional católica que va unido al interés en mantener la autonomía de sus distintas secciones". No puede interpretarse su postura como meramente acomodaticia yaquiescente, puesto que al lado se deplo11 Se han consultado las memorias de esta entidad desde 1939 hasta 1949, en el Archivo de la Caja Rural de Vall d'Uixó, caja 47. 12 En la memoria de 1940 del que, de nuevo. aunque por poco tiempo, volvía a llamarse sindicato agrícola de San Isidro, se daba noticia ya de su incorporación a la recién creada hermandad. En la de 1941 se informaba de su integración definitiva después de que la ley de septiembre derogara la de Sindicatos de enero de 1906, si bien se celebraba el reconocimiento de la personalidad jurídica y de la autonomía patrimonial de las secciones existentes, que incluían una caja rural. En la de 1943 podía leerse una declaración expresa sobre el binomio de fidelidades de la entidad: Subordinamos nuestra actuación ydisciplina ala Unión Territorial de Cooperativas del Campo, creada por la Obra de Cooperación de la Delegación Nacional de Sindicatos, sin perder nuestra personalidad propia yafecta en un todo anuestros principios de catolicidad yreligión, base firme del lema social de estos sindicatos. Para adaptarse a las exigencias de la Ley de Cooperación de 1942 y al reglamento posterior, se celebró el 4 de agosto de 1944 una junta general extraordinaria que aprobó la documentación atramitar. Todavía la memoria de 1946 incorporaba unos párrafos de exaltación de las cajas rurales de Joaquín Gallego, impulsor de las organizaciones católico-agrarias en la provincia de Castellón. yen la del año siguiente, al celebrar el papel confiado a las Cajas Rurales en la distribución de préstamos oficiales por las heladas sobre la naranja, se recordaba su "brillante historial en la lucha social-católica". 156 Hisr. Agrtlr. 3() • Agosto 2003 •pp. ¡5J-J82 Las cooperativas en el marco de las hermandades sindicales (Albacete, 1939-1959) ran insistentemente las dificultades en el papel esencial de la entidad, la distribución de abonos. Aunque en algún momento se atenúa el rigor de estas críticas aludiendo al panorama general de penuria, en otros casos se plantean serias objeciones - encauzadas tanto a través de la Unión Territorial como, precisamente, mediante la Organización Sindicalpor juzgar que la distribución oficial de fertilizantes favorecía a los comerciantes eindustriales frente a las cooperativas. 2. COOPERATIVAS YGRUPOS SINDICALES DE COLONIZACiÓN. PERSPECTIVAS YDESARROLLO La insistencia en el tema cooperativo desde hacía décadas había respondido en España a dos tipos de planteamientos. Por un lado, con esta fórmula interclasista se trataba de mitigar tensiones sociales, presentar opciones distintas al reparto y atraer el apoyo de pequeños cultivadores". Por otra parte, la cooperación, al propiciar economías de escala, fuerza negociadora einternalización de funciones, contribuye a la preservación ydesarrollo de la agricultura familiar, más "empresarial", en la dinámica capitalista." Estas concepciones subyacen a lo largo del periodo aquí considerado, aunque las primeras, más meramente instrumentales, se mostrarán menos necesarias con el tiempo, mientras los argumentos netamente económicos se verán reforzados en la dinámica de liberalización, crecimiento ydesarrollo agroindustrial. La cooperación suponía, en primer lugar, un planteamiento alternativo frente a la colaboración más intensa del cultivo en común. Lo manifiesta ya la mencionada ley de partida del 2 de enero de 1942 al señalar como objetivos actividades complementarias de las empresas privadas de los socios, con la única excepción de la posible roturación, explotación ysaneamiento comunes de tierras sin cultivar". Una orden de la Delegación Nacional de Sindicatos de 1943 permitía la explotación "sindical" de fincas, pero el desarrollo de experiencias de cultivo en grupo, bajo el propio deseo de interesados, sólo se produciría desde fines de los cincuenta y sin gran fuerza (Pérez Díaz, 1974: 58-59). Las Agrupaciones Trigueras de Cultivo en Común, fomentadas en los sesenta por las dificultades de mecanización de las pequeñas explotaciones, se convertirían a menudo en un instrumento ficticio para obtener estos auxilios (Herrero Alcón, 1971: 125 y ss.). El cooperativismo aparece en informes, discursos, artículos de prensa y asambleas sindicales como fórmula que libraba al campesino de intermediarios y usureros. Tal insistencia no era nueva en Albacete. Varias propuestas ya habían abundado en este sentido durante la Segunda República, por ejemplo desde el periódico Oefensor de Albacete, afín al Partido Radical, y desde los foros de Unión Agraria Provincial (Gómez Herráez, 1988: 48 y 88). Las posibilidades en este espacio, con peso del latifundio, pero con importante presencia también de pequeños cultivadores (Sánchez y Mateas, 1977: 29-38), fueron captadas por los paladines falangistas del nuevo 13 Tanto para antes como para el principio del periodo franquista, pueden descubrirse apreciaciones de este tipo en CASTILLO, 1979. 14 CARRIÓN, 1932, ed. 1975: 355-358, yen Análisis económico y sociológico del cooperativismo agrario, 1972: 53 y ss., y CABALLER, 1982: 205 y ss. 15 LEAL, 1965: 26, y BUENO, 1978: 165. lí ist, Agror. jO· Agosto 2(0) • JiP. 151-182 157 josé María Gómez Herráez asociacionismo. Esto se manifestó bien en la I Asamblea de Hermandades Sindicales de Albacete, a fines de septiembre de 1946, en la que, tal como preveía la ley de 1942, se constituyó la Unión Territorial de Cooperativas del Campo 16 En el acto, Luis Puyal, Jefe de la Unión Nacional de Cooperativas, y Eliseo Sastre, Delegado Provincial de Sindicatos, contemplaron este asociacionismo como instrumento de independencia del campesinado, aumento general de la producción yreducción de precios de consumo. Pero estas entidades se desarrollan en Albacete, en estos momentos, con gran lentitud, yfiguran, si logran alcanzar viabilidad, como verdaderos apéndices de las hermandades en el engranaje de la política reguladora, con la adquisición de insumas como función esencial. La liberalización económica de los cincuenta supone cambios en el mundo cooperativo a los que sólo lentamente, ya en los setenta, tratará de adecuarse la legislación (Romero, 1981: 38). Se desarrollarán entidades dirigidas sobre todo a la elaboración ycomercialización de aquellos productos con mayores perspectivas de mercado: en Albacete, vino y, a distancia, aceite. Se trataba, según el programa de la Obra Sindical de Cooperación, de hacer desaparecer organismos prácticamente muertos y dar vida eimpulso alos que estaban latentes. En los estudios, informes, conclusiones de asambleas yplanes asistenciales de esta C.N.S. pueden encontrarse propuestas para sectores sin tradición cooperativa, como azafrán, ajos, aceitunas, champiñón eincluso nueces y paja, sin que falten también otros con problemas al cesar la autarquía, como los vencejos de esparto de Ayna. A la vez, tratarán de relanzarse servicios como cajas rurales, uso común de maquinaria, molinos de piensos y, mediante cooperativas de segundo grado, aprovechamiento de subproductos y adquisición de camiones ymaquinaria especialmente cara. En el V Pleno del Consejo Económico Sindical, en febrero de 1962, llega aproponerse, con la difusión de cooperativas comarcales para tipificación yembotellado de vino, la creación de una provincial de azafrán. Los efectos del nuevo programa, más efectivo, serían sustanciales para parte del campesinado manchego (Rubio, 1966: 93-94). Aunque con sus rasgos singulares, el proceso se enmarca ahora en las mismas líneas de fondo que Fernández Roca (2001: 186 y ss.) perfila en el surgimiento desde 1962 de cooperativas algodoneras, al liberalizarse este sector ypasar los agricultores aparticipar en el proceso agroindustrial. En la Revista de Estudios Agro-Sociales se ofrecían unos datos que, aunque requieren prudencia, revelan la importancia del cambio a escala nacional: el número de cooperativas se había duplicado en las dos primeras décadas del franquismo, pero el de bodegas y almazaras cooperativas lo había hecho sólo en los cincuenta (R. M., 1958: 128). La comparación de los datos y conceptos en tres documentos fechados en 1951, 1953 Y 1959 ilustran con cierto detalle sobre la línea seguida en Albacete 17. 16 Albacete, diario, 30-septiembre-1946, "La Asamblea Provincial de Hermandades de Labradores yGanaderos en Albacete". 17 A.GA, Sindicatos, caja 10.906, respuestas de las hermandades sindicales de Albacete a un cuestionario socioeconómico, mayo 1951: A.H.PA, Sindicatos, caja 1.572, acta de la Asamblea General Ordinaria de la Unión Territorial de Cooperativas del Campo de Albacete, 11abril-1953, yBiblioteca Provincial de Albacete, Veinte años de paz en el Movimiento Nacional, bajo el mandato de Franco. Provincia de Albacete, 1959. 158 Hist, Agra r. )() • Agosto 2003 •pp. 151-/82 Las cooperativas en el marco de las hermandades sindicales (Albacete, 1939-1959) En las contestaciones de las hermandades sindicales al cuestionario distribuido en 1951 se observa claramente, además de las dificultades del movimiento, la concentración de las cooperativas existentes en tareas de suministros de medios de cultivo. De los 86 municipios de la provincia, aparecen respuestas de 76 hermandades". De ellas, 45 manifiestan que existen cooperativas; treinta, que no se han creado, y una, que se halla en tramitación. Pero de las 45 que contestan en sentido afirmativo, catorce declaran expresamente que estas entidades asociativas no funcionan, y una más señala que la actividad es muy escasa. Es posible que otras en similar situación omitan este tipo de comentarios. Algunas de estas hermandades aclaran también, en distintos puntos de la encuesta, que la única actividad desplegada por estas cooperativas es la distribución de suministros. De las 38 que ofrecen datos sobre el número de socios cooperativistas -ocho de las cuales figuran entre las subrayadas por su nula actividad-, más de la mitad no alcanzan los cuarenta. En concreto, quince de tales cooperativas se encontraban entre 20-40 socios, y seis por debajo de los veinte. Cuatro poseían entre 40-60 miembros, y sólo trece superan los sesenta (la de Veste, con 1.269, ocupa una posición preeminente que se mantiene en el tiempo). El informe de 1953 denota un movimiento más amplio, pero también ficticio en cierta medida. De las sesenta entidades citadas en él, sólo seis escapaban al denominador común de "cooperativas del campo": cuatro vitivinícolas ydos de cabreros yvaqueros, para adquisición de piensos. Más de la mitad aparecían todavía con menos de cuarenta socios ydieciséis de ellas ni siquiera sobrepasaban los veinte. Pero, además, el informe advertía que varias no habían alcanzado nunca vida activa yotras se habían paralizado. La publicación de 1959, que enumeraba ycomentaba la marcha de 53 cooperativas, venía a revelar una situación compleja donde convivían algunas obsoletas con nuevas yotras renovadas. En la tabla 1, se han contabilizado estas entidades cuyo cifra global coincide con la de algunos documentos de la C.N.S. en estas fechassegún su especialización yépoca de fundación: TABLA 1. TIPOLOGíA DE COOPERATIVAS EN ALBACETE, 1959 Adopción posterior Etapa de Adquisición de Sección vinicola VinicolaHortofrufundación de insumos o almazarera Vinícola Almazarera almazarera Ganadera ticola 1943-50 912 31 1951-57 1283 1958 10 2 Fuente: Veinte años de paz en el Movimiento Nacional, bajo el mandato de Franco. Provincia de Albacete, 1959. 18 Entre las respuestas que no aparecen figuran las referidas a la capital de la provincia, sin hermandad local, pero con la mencionada C.O.S.A. Hisr. Agr"r. 30. Agosto 2003· pp. 151-182 159 José María Gómez Herrdez abundancia, se halla no s610 en manos de intermediarios, sino también de esa lacra social que se llama usura. Ambas perspectivas son generales en todo el país. Desde planteamientos católico-sociales, un observador lamentaba la dificultad del movimiento cooperativo en estos términos (Martín Brugarola, 1950: 238): En todas partes, la cooperaci6n tiene que luchar contra la indiferencia, la apatía, el individualismo yaun contra la desconfianza yel absentismo de los mismos asociados (...) Los enemigos externos de la cooperativa son la política entendida en mal sentido, la usura, los caciques, los especuladores, los recelos, envidias yvanidades, que causan daños imponderables en los pueblos. Un estudio sobre la situación cooperativa en Albacete de 195623,había perseguido trascender del tópico de la idiosincrasia a partir de una constatación inicial: los depósitos en la banca y la participación en algunas sociedades desmentían la idea de una desconfianza ciega hacia la administración ajena de fondos propios y hacia las potencialidades de la agrupación. Las reticencias ante la cooperación debían hallarse en otras razones. El primer argumento apuntaba a la lógica global del sistema económico: Educados en un sistema capitalista, al hablarles de que la cooperación no reparte dividendos al capital, porque no son entidades de lucro, sino beneficios al trabajo, les llena de confusión al creer que sus aportaciones se han perdido para siempre. Después, se subrayaba la existencia de experiencias negativas en el plano financiero, con dos casos flagrantes en la provincia: el de la cooperativa del campo "San Juan", de la capital, atribuido a errores en la gestión, y el de la industrial "Muebles Legorburo", relacionado con apropiaciones indebidas de fondos. En otro informe de la Secretaría Provincial de Cooperación, de 195824 ,aparecen impresiones personales ypronósticos que ilustran sobre las reacciones contradictorias con que se aceptaron las propuestas asociativas en treinta localidades. Sobre diecisiete de ellas, el juicio resultaba favorable por la buena acogida de las sugerencias, la creación orenovación de entidades ya existentes, la adquisición de solares para instalar bodegas oalmazaras, y la elección efectiva de juntas rectoras. Los juicios negativos sobre el resto de los casos son muy diversos. A veces, se comunicaba simplemente la apatía y el desinterés manifiestos, como en un caso donde, sin embargo, se constituiría pronto una entidad: En esta yotras visitas hechas ala localidad, he observado una carencia absoluta de estímulo en los labradores de Valdeganga, que jamás han respondido, ni aun a pesar de haberles hecho ver siempre los beneficios que se derivarían de una uni6n en régimen cooperativo. Creo que en este pueblo no hemos de conseguir nada. 23 A.H.PA, Sindicatos, caja 1.556, Obra Sindical de Cooperación, "Estudio de la situación cooperativa en la provincia", 6-diciembre-1956. 24 A.H.PA, Sindicatos, caja 1.556, "Informe que emite el Secretario Provincial de la Obra Sindical de Cooperación, con lo actuado en relación con el plan de construcción de bodegas yalmazaras, en varios pueblos de la provincia", 11-febrero-1958. 166 HiJ!. Agrar. JO • Agosto 200j •pp. 151-182 Las cooperativas en el marco de las hermandades sindicales (Albacete, 1939-1959) En tres casos, el lamento no se producía por un rechazo ostensible de los posibles interesados, sino por circunstancias especiales. Así, en Villarrobledo, el problema nacía con la negativa de la cooperativa de San Antón, con bodega propia, afusionarse con la de Nuestra Señora de la Caridad, que se veía obligada aalquilar un local. En Villapalacios se habían detectado irregularidades en el funcionamiento ycontabilidad de la cooperativa almazarera. En Balsa de Ves es el propio secretario de la Obra quien considera antieconómico el proyecto, por ser pequeño el lugar y no estar dispuestas sus pedanías aformar parte de la misma cooperativa. Pero, además, en algunos casos, aparecen denuncias tajantes de obstáculos locales que, por remitir a las propias estructuras sociales einstitucionales, serán estudiados más adelante. En verdad, aparte de elementos de índole telúrica ouniversal, ligados acostumbres arraigadas o a la dinámica general del capitalismo, deben encontrarse explicaciones en factores más concretos ypalpables que, directa oindirectamente, influyendo también en las mentalidades osuponiendo barreras objetivas inmediatas, dificultaban ese desarrollo. El individualismo debe explicarse en unas condiciones y una dinámica concretas (Contreras, 1984: 113 y ss.). En la medida que las ventajas de la cooperación no se correspondan con el riesgo y con la renuncia que tal vinculación implica en la capacidad de iniciativa individual, mayor en entidades más numerosas ysupralocales, las reticencias a la asociación serán más altas (Caballer, 1982: 207). La documentación consultada sobre Albacete pone al corriente de diversos problemas en el logro y contemplación de esas ventajas. 3.1. Control político El control que a través de la Organización Sindical se realiza sobre el movimiento cooperativista marca de forma decisiva su orientación. Este influjo no fue rotundo y exclusivo, ymedir su verdadera magnitud puede representar un reto para historiadores de ámbitos regionales ylocales. Aunque un posible problema -el más acuciantederivaba de la ocupación de cargos por elementos de izquierdas, otra preocupación provenía de la independencia manifestada por algunas entidades vinculadas al catolicismo agrario. Antes de considerar la situación en Albacete, sin gran peso anterior del cooperativismo católico o de otras tradiciones, si se exceptúan las colectivizaciones durante la guerra civil, parece oportuno presentar unos textos de cargos centrales que revelan la percepción de este problema a lo largo del periodo. Tras las expresiones legislativas de principios de los cuarenta y la orden presidencial de marzo de 1945, la voluntad de integrar a las cooperativas resplandece en un plan de actuación sobre las hermandades para el año 194725.En su apartado quinto podía encontrarse esta aspiración: fundir los mandos de las Cooperativas con los de las Hermandades procurando una identificación en todos los órdenes, incluso de domicilio, pasando aser la Cooperativa un servicio especial de la Hermandad. A tono con esa identificación, el apartado 18 solícitaba montar las Secciones de Su25 A.GA, Sindicatos, caja 34/5.968. tu». Agrar. 30· Agoslo 2003· pp. 151-182 167 José María Gómez Herráez ministros en todas las Hermandades en las que no se haya constituido una Cooperativa del Campo. Dos documentos posteriores muestran que la preocupación de control se mantiene vigente en el tiempo. El primero es un apartado de la ponencia presentada en 1949 en la 111 Asamblea Nacional de Hermandades Sindicales por Diego Aparicio López, Secretario General de la Junta Nacional de Hermandades. El segundo es un informe del Vicesecretario Nacional de Obras Sindicales, Mariano Aniceto Galán, en febrero de 195826.En su ponencia titulada "Estructura del sindicalismo agrario", Diego Aparicio esbozaba un apartado, "Hermandades ycooperativas", para explicar de forma singular la usual separación entre ambos tipos de entidades, en función de la propia ley de Cooperación de 1942, y urgir a su colaboración, bajo la tutela de la Organización Sindical'", Para este alto cargo sindical, la búsqueda de unidad no debía traducirse en una identificación total: Tan erróneo será desorbitar el ámbito del cooperativismo atribuyéndole los fines de un sindicato completo como confundir una Hermandad con la tarea de distribuir fertilizantes oconseguir la venta en común de determinados productos. Pero era necesaria una imbricación que exigía, como proceso paralelo al fomento de las cooperativas, el reforzamiento de las hermandades. En el otro documento citado, ya de 1958, el Vicesecretario Nacional de Obras Sindicales insistía en la gran independencia que mantenían las estructuras cooperativistas. El enlace de este movimiento con el de preguerra, fundamentalmente con el de inspiración católica, se dibujaba en este texto en términos categóricos: Nuestros mandos cooperativos de carácter provincial ynacional en el ámbito del campo son, con ligeras diferencias, producidas por la lógica desaparición a que Dios nos tiene sometidos en nuestra permanencia en este mundo, las mismas personas que en el año 1906 pudieron regir a esta sociedad cooperativa. Mariano Aniceto Galán concluía que resultaba indispensable impulsar las cooperativas como entidades diferenciadas de las hermandades, dado que integrarlas como servicios suyos sembraría desconfianza por agrupar aelementos de muy "distinta condición moral" de cara a operaciones económicas. Pero, a la vez, juzgaba necesarios un mayor poder de los cargos sindicales sobre ellas y, por tanto, una nueva ley y un nuevo reglamento. Resta plantearnos hasta qué punto en el caso que venimos analizando, el de la provincia de Albacete, se daba esa colaboración entre unas y otras entidades y, de este modo, un control más efectivo desde la Organización Sindical. Pese a que 26 A.GA, Sindicatos, cajas R-248 y R-1914. 27 Asu juicio, la aspiración integradora, planteada ya en 1938 y en el II Consejo Sindical de Falange, había hallado decisivo respaldo oficial durante 1940-1941 con la promulgación de las leyes de Unidad Sindical y de disolución de sindicatos agrarios. Pero, según él, la ley de enero de 1942 y el reglamento de noviembre de 1943 habian permitido a los antiguos sindicatos optar por una plena integración -citaba el caso de Barcelona-o o convertirse en cooperativas independientes, reservando a la Obra Sindical de Cooperación un mero papel de observación. La orden presidencial del 23 de marzo de 1945, sobre estructura yfunciones de las hermandades sindicales, insistiría en la necesidad de unidad, pero había prevalecido un marcado dualismo, dada la separación habitual de unas y otras entidades. 168 HiJ!, Agrt1r. JO • /vgosto 2003. pp. 151-182 Las cooperativas en el marco de las hermandades sindicales (Albacete, 1939-1959) a veces resultan muy subjetivas, escuetas oevasivas, podemos apoyarnos de nuevo en las respuestas de las hermandades al cuestionario de mayo de 1951. El interés en que se produjera esa concordia -esa actuación de las cooperativas dentro del esquema "sindical" aflora en dos de las cuestiones planteadas. Por un lado, se les preguntaba si existía coincidencia de mandos entre hermandades ycooperativas. Por otro, apelando más a una impresión que a una constatación, se inquiría si una y otra entidad actuaban de común acuerdo, siguiendo los preceptos de la orden de marzo de 1945. En conjunto, 38 hermandades responden a la primera cuestión. De ellas, diecinueve manifiestan que sí coinciden los mandos de ambas entidades. Tres más señalan que existen algunos individuos con cargos en las dos instituciones, ycuatro mantienen que sólo el Jefe de la Cooperativa es miembro del Cabildo de la Hermandad. Así pues, restan doce casos donde no se da coincidencia alguna, aunque de ellos cuatro corresponden acooperativas sin actividad. También significativas resultan las contestaciones a la segunda cuestión. Al inquirir si los cargos de la cooperativa actúan de común acuerdo con la hermandad, 25 responden afirmativamente, seis lo hacen en blanco oeluden decantarse, y siete contestan que no. Entre las 26 que previamente han contestado que existe coincidencia total, parcial o puntual de cargos, la mayoría -diecinueveseñalan que ambas entidades comulgan en su actuación. De las siete con coincidencia de cargos que no responden a esta cuestión o lo hacen negativamente, cuatro no funcionan. Otra, la de La Roda, apostilla que no existe acuerdo porque la cooperativa se concentra sólo en la distribución de suministros, como si se pretendiera así, simplemente, corroborar la especificidad de funciones de cada entidad. La de Salobre, por su parte, afirma desconocer las razones del desacuerdo. Lógicamente, las mayores distancias podían surgir entre los doce casos donde no se producía identificación alguna de cargos. Pero tampoco los datos traducen aquí separaciones y, menos, discordias fundamentales. También aquí, las cooperativas actúan normalmente en sintonía con las hermandades -seis casos-, y las contestaciones en blanco -dosynegativas -cuatrose refieren preferentemente asituaciones de escasa o nula actividad. En concreto, de los cuatro casos sin coincidencia de cargos ni colaboración, dos corresponden acooperativas sin actividad. Una tercera hermandad, la de Villavaliente, se limita a constatar de forma lacónica esa separación. yla cuarta, la de Madrigueras, indicaba que la cooperativa no colaboraba con la hermandad por su carácter antiguo. De todo el conjunto, pues, sólo este último caso sugiere una independencia explicable por la existencia previa de la cooperativa y por su no inserción en el esquema sindical. Pero la importancia de este caso excepcional desaparece cuando nos fijamos en otro dato: se trata de una entidad que, según revelaba ta~bién en el cuestionario, permanecía inactiva desde 1948. Ante el manifiesto control que la Organización Sindical parecía tener sobre el panorama cooperativo en Albacete, hemos querido contrastar estos datos con los de otras zonas. Hemos observado las contestaciones dadas a este mismo cuestionario por unas mismas fechas en las provincias vecinas de Cuenca yCiudad Real y en las Hist, AgYdY. jO. /vgost o 200j •pp. 151-182 169 29 José María Gómez Herráez también próximas -y a la vez, con una significativa presencia anterior de cooperativas católicasde Valencia y Castellón". Los resultados no difieren de forma sustancial. La coincidencia total o parcial de cargos resulta usual yaunque no se produzca, las contestaciones suelen apuntar una estrecha coincidencia, si bien aparecen más casos de separación entre unas yotras entidades'", Tales declaraciones sobre tensiones no deben vulnerar la idea de colaboración básica entre hermandades ycooperativas, que derivaba de la subordinación de las segundas a las primeras yde su usual funcionamiento como uno de los servicios "sindicales", el del suministro de medios de cultivos. De hecho, en varias respuestas de estas otras provincias también se subraya con beneplácito esta función en la cooperativa eincluso se manifiesta, en algún caso, que no sólo se realiza en beneficio de los socios, sino también de los demás agricultores de la comunidad. También ilustrativa al respecto resulta una consideración en algunas situaciones en que no existía cooperativa: sus papeles los realizaba directamente la hermandad. La necesaria dependencia de la Organización Sindical confería a las cooperativas, como a las hermandades en general, unas funciones de integración social y política que disminuían su capacidad para plantear alternativas autónomas y desligadas de intereses ycriterios dominantes. Una actuación al margen de la Organización Sindical no se veía problemática si se inscribía en las pautas oficiales y permitía una asimilación fácil. Lo muestra, en Albacete, la denuncia planteada en 1950 sobre la cooperativa de Fuentealbilla-": esta entidad actuaba sin contacto con la Obra Sindical 28 A.G.A., Sindicatos, cajas 10.912, 10.913, 10.914 Y10.929. En Ciudad Real las situaciones explícitas de discordia son algo más numerosas. En Fuencaliente se culpaba a los cargos de la cooperativa de actuar sólo en beneficio propio: No está de acuerdo el Cabildo con el fin exclusivista aque quieren dedicar los fines de la misma. En Malagón se decía que la falta de colaboración se debía arazones ajenas a los cargos de la hermandad. En Manzanares, la cooperativa principal estaba incorporada a la entidad sindical, pero no lo hacían otras dos menores pese alos insistentes requerimientos En Villarrubia de los Ojos, pese a que el presidente de una de sus dos cooperativas formaba parte del Cabildo de la Hermandad, no existía acuerdo en sus actuaciones: Se desconocen las causas. En varias respuestas de Castellón yValencia, se explica la independencia de la cooperativa por cuestiones técnicas, por la falta de instrucciones para su integración en la entidad sindical o por problemas del procedimiento. Estos argumentos no implican necesariamente roces de fondo, como se trasluce en el comentario desde Chiva a propósito de las cinco cooperativas en esta localidad: No se han incorporado, pero su actuación está siempre basada en una línea de relación. consideración yrespeto sindical ala hermandad. En el ángulo opuesto, otras respuestas reflejan nítidamente el rechazo a la absorción por la Organización Sindical. Así, en Artana, el sólo parcial contacto se explica por ser reacios los mandos de la cooperativa ala disciplina sindical. En Vila-real, donde se citaban cinco cooperativas, pero con clara preponderancia de la Católico-Agraria, con 2992 socios, se mencionaba una falta de colaboración sin expresar sus causas. En Massalfassar se culpaba a la cooperativa de discrepar en sus procedimientos de lo legislado. En Chella se incorporaba el siguiente lamento: No han tenido en cuenta aesta hermandad para nada. Y en Bolbaite: No quieren que la hermandad sepa de sus asuntos. En Chelva. la cooperativa no se había querido integrar. 30 A.H.P.A., Sindicatos, caja 263, informe del Jefe de Inspección yOrganización tras un viaje aFuentealbilla, 23-enero-195ü 170 Hisr. Agrdr. jO· Ago,f/rI ]()(n • pp. 151-182 Las cooperativas en el marco de las hermandades sindicales (Albacete, 1939-1959) de Cooperación, pero se esperaba una integración plena al ser nombrado su fundador Jefe de la Hermandad Sindical. En cambio, el conocido caso de la cooperativa de Villamalea revela que cuando se actuaba de manera independiente respecto a instancias oficiales, sobre todo si era desde posturas de izquierda, se ponían en marcha los mecanismos de control y contención". No extraña, así, que en el nombramiento de cargos se mantuvieran las mismas fuerzas "selectivas" y"depuradoras" que aparecían en el conjunto de instituciones. La afección al régimen como condición necesaria, que promovía esa integración con las hermandades, ha sido destacada en análisis sobre las juntas rectoras de cooperativas de otros ámbitos como el leridano (Pelegrí, 1998: 435). Como ejemplo, en Albacete, a la altura de 1958, para la designación de tesorero yconsejo de vigilancia en la cooperativa de Villamalea, la Delegación Provincial de Sindicatos recogía del puesto local de la Guardia Civil informes sobre los candidatos". Con datos sobre sus antecedentes políticos personales yfamiliares, nivel cultural, "solvencia económica" y "solvencia moral" (con hincapié en el comportamiento religioso). La riqueza (agraria o de otro tipo) y una inquebrantable adhesión al régimen aparecían como mejores cartas de presentación (eran las notas en seis de los once candidatos). La indiferencia y una baja o mediana solvencia económica iban detrás (tres candidatos). Pero el rechazo se concentraba en aquellos casos que, aunque considerados de buena conducta moral en los cánones dominantes, fueran de bajo nivel económico por depender del salario, pertenecieran a familias opuestas al Movimiento, tuvieran "ideas marxistas" yhubieran participado en colectivizaciones (dos candidatos). 3.2. Conflictos de intereses La actividad de las cooperativas se ve afectada por un factor que cobra un matiz especial en la dinámica fuertemente intervencionista de los cuarenta: la atracción que las instituciones económicas ejercían sobre intereses particulares para burlar reglamentos ybeneficiarse del aparato desplegado. El control de las cooperativas podía permitir una participación especial en los cupos de utensilios, semillas, abonos u otros medios de producción. En general, durante las dos décadas planea otro fantasma: el del posible fraude en la administración de los fondos. Aunque en los cuarenta no es abundante la documentación de la Organización Sindical sobre actividad cooperativa, estos peligros, que introducían problemas en la gestión y despertaban reticencias en los socios, saltan a la vista en el clima con que se afrontaban las inspecciones. Las denuncias sobre uso personalista de los cargos, en particular, se multiplicaban en las pugnas por el control del conjunto de instituciones locales. En la encuesta de mayo de 1951, sólo en una de las respuestas de Albacete se denunciaba de forma tajante este tipo de irregularidades. Se trata del caso de 31 SANZ DiAZ, 1980: 113-148; ALONSO yOTROS, 1976: 150 y SS.; ORTIZ, 1992: 169 yss. 32 A.H.PA, Sindicatos, caja 1.570, informes enviados por el cabo primero comandante de Villamalea, 10-marzo-1958. Hist, Agrar. JO • Agosto 200J •pp. 151-182 171 José María Gómez Herráez Nerpio, donde se explicaba la nula actividad de la cooperativa en estos términos: En esta hermandad no se suministra artículo alguno asus componentes, ya que al organizar la cooperativa, los componentes de la Junta Rectora se apoderaron de las cantidades de los socios, sin facilitarles géneros ni entregar cuentas. Un caso del que se conserva amplia documentación sorprende. más que como prueba en sí. por la naturalidad de fondo con que los informantes contemplaban y entendían un comportamiento de este signo. Se trata del problema planteado en 1947 en la cooperativa de San Bartolorné, en Yeste". Un denunciante anónimo. identificado por la inspección como el consignatario de una cantidad de pulpa de remolacha. decomisada ytransferida a la cooperativa por la Fiscalía Provincial de Tasas. culpó a sus gestores de irregularidad en la adquisición de los productos y en su reparto. Los informes de inspección desmintieron un comportamiento irregular sistemático y celebraron el dinamismo y la marcha de la entidad. que durante este año. el único del que se conservaba información. había distribuido "equitativamente" entre sus socios partidas de cebada. patatas. salvado, garbanzos, costales. abarcas, pulpa. sulfato de cobre y sacos de lienzo. Al lado se apostillaba. como comportamiento lógico que no enturbiaba ese buen juicio ni la concepción de equitatlvidad, que el presidente, por ser industrial maderero ydisponer de ganado mular para sus trabajos. reservaba para sí una gran parte de los artículos. sobre todo cebada y pulpa. De la segunda mitad de los cincuenta es un informe que explicaba por el comportamiento personal de los cargos el pésimo funcionamiento de la cooperativa de Liétor y el desinterés general de sus socios". En efecto. cuando los Secretarios Provinciales de las Obras Sindicales de Colonización yCooperación organizaron en 1956 una reunión para renovar la junta rectora de la cooperativa. asistir a una rendición de cuentas eimpulsar la creación de un Grupo Sindical para captación de aguas, nadie acudió a la convocatoria. La razón que ellos mismos apuntaron fue la existencia de sucesivos fraudes, uno reciente. por sustracción de efectivo ymercaderías. Pese a la falta de claridad detectada en las cuentas en dos inspecciones anteriores. según se denunciaba. no se había profundizado en el problema ni se habian adoptado soluciones. Los intereses particulares no sólo podían entorpecer la trayectoria de la cooperativa. sino impedir su propia existencia ofuncionamiento. Al no necesitar tan perentoriamente los mayores productores de las ventajas del nexo cooperativo y beneficiarse, incluso. de la atomización contra la que el mismo giraba, sobre todo cuando a la vez eran fabricantes. esta oposición de intereses podía aflorar como neta pugna de clases. En general. con el desarrollo de las cooperativas transformadoras de productos agrarios. los bodegueros yalmazareros particulares se convierten en el enemigo más acérrimo ydirecto. En el ya comentado informe de febrero de 1958. la oposición a la construcción de una cooperativa almazarera en Villalgordo se planteaba en estos términos: 33 AH.P.A. Sindicatos. caja 41. informes y correspondencia diversa sobre el caso de la cooperativa de Yeste. 34 AH.P.A. Sindicatos. caja 1.551. informe del Vicesecretario Provincial de Obras Sindicales de Albacete de su viaje a Liétor y Ayna, 30-noviembre-1956. 172 Hist. Agrür. JO. AgOJto 200} •pp. 151-182 Las cooperativas en el marco de las hermandades sindicales (Albacete, 1939-1959) Existen en la localídad varias almazaras ylos almazareros particulares que explotan inicuamente a los agricultores, creo que se dedican también aprestar dinero a los económicamente débiles, yasí tenerlos siempre sujetos para que obstaculícen una labor que rendiría unos beneficios económicos ysociales enormes al pueblo, Este tipo de pugna social se combinaba con la de índole política o de poder que aparecía en los municipios, Las cooperativas podían servir de instrumento tanto en el control y la pugna caciquiles como, más difícilmente, en la oposición al mismo, En un contexto distinto, estas virtualidades opuestas serían similares a las del incipiente movimiento cooperativo del primer tercio de siglo (Garrido, 1994: 140 y ss. y 1996: 113-130) y a las que en este periodo tenían en general ayuntamientos y hermandades." En el caso de Villamalea, la cooperativa se revela como instrumento de oposición acaciques tradicionales, que tenderán acontrolarla con el respaldo oficial (Sanz Díaz, 1980: 113-148), El juicio sobre Povedilla en el informe de 1958 alude al ambiente desfavorable que las rencillas políticas creaban en el pueblo para tomar iniciativas comunitarias: ni el Jefe de la Hermandad, ni el Alcalde, tuvieron arrestos suficientes para pedir la palabra a sus convecinos ylograr, por lo menos, un mínimo de corrección hacia los que íbamos a crear unos beneficios para la localídad. Tras esa ausencia de estímulo subyacía, como desvelan otros informes, un exceso de suspicacias ante los particularismos yrivalidades que copaban el pequeño mundo institucional de éstas y otras localidades, 3.3. Dificultades financieras Los problemas financieros de las explotaciones campesinas pesan en el asociacionismo cooperativo, alimentando actitudes que desde la C,N,S, se tildaban de individualistas, El problema ha sido también apuntado en investigaciones sobre casos como el gallego (Domínguez Castro, 1999: 329), Para Albacete, una prueba de la trascendencia de esta limitación nos las ofrecen, una vez más, algunas respuestas al cuestionario de mayo de 1951, De las catorce entidades que confiesan un nulo funcionamiento la mayoría no especifica sus razones, pero las cuatro que lo hacen subrayan la ausencia de base financiera, La de Pozohondo manifiesta que no funciona por no haber comenzado sus cotizaciones, La de Jorquera se queja de que los socios no han aportado cantidades, pese a haber sido requeridos varias veces, La de Ayna lamenta no haber podido adquirir los abonos necesarios, En la de Nerpio, en fin, el problema financiero se explica por las ya comentadas irregularidades cometidas por los componentes de la junta rectora, La hermandad de Casas Ibáñez también explicaba la debilidad de su actividad por no disponer de capital. Pero la precariedad 35 Sobre las hermandades como vehículo para el caciquismo local, PEÑA, 1966: 229 yss.: sobre su manifestación en las instituciones locales en el caso de Albacete, GÓMEZ HERRÁEZ, 1993 75 Y ss. Hist, Agrar. JO· Agosto 200J • pp. 151-182 173 José María Gómez Herráez financiera se manifiesta asimismo en varios casos que no declaran expresamente nula oescasa actividad, pero que denuncian restricciones ycarencias diversas. La hermandad de La Roda, por ejemplo, afirma que su cooperativa sólo puede actuar en la distribución de suministros. La falta de almacén propio en las cooperativas constituye una tónica generalizada. Sólo de tres cooperativas se dice que disponen de almacén propio; otras tres arriendan locales, y otras dos utilizan locales de la entidad sindical. Alguna hermandad aprovecha la ocasión para lamentarse, como la de Villatoya: No tiene almacén, pero sí hace muchísima falta, pues cuando se reparte algún producto hay que hacerlo en el local de la oficina. El problema financiero convertía en importante, y hasta en indispensable, la obtención de créditos con condiciones favorables. Además, para tener que eludir la necesidad inmediata de los intermediarios, los socios requerian amenudo pagos anticipados de sus cosechas, tal como se vislumbraba en el sector vitivinícola, aquejado desde muy temprano por el desajuste entre la oferta y la demanda que ya se había manifestado antes de 1936. En una serie de informes sobre problemas de viticultores, en el otoño de 195836,se denunciaba que, ante la inexistencia de fondos de reserva para anticipos a los socios, muchos se veían obligados avender su cosecha aparticulares aprecios más bajos de los que habrían obtenido en la cooperativa. El argumento queda bien expresado en la petición que en octubre de 1958 se hace para constituir una cooperativa de ajos de carácter interlocal entre vecinos de San Pedro, Balazote y Casas de Lázaro": La dificultad para llevar acabo nuestros proyectos, que son el anhelo de todos los afectados, estriba en no disponer de la cantidad necesaria para realizar las primeras operaciones de pago por la entrega de ajos ala Cooperativa, ya que por ser débiles económicamente quienes los cultivan, no les es posible esperar aque se realicen todas las operaciones comerciales, y por esta razón nos permitimos solicitar de tu superior Jerarquía un crédito reintegrable de 8.000.000 de pesetas, con cuya cantidad tendremos resuelto el problema. El problema financiero encabeza varias de las explicaciones sobre la imposibilidad de llevar a cabo experiencias cooperativas. Así lo expresaba el Jefe de la Hermandad de Jorquera, en 1957, al Vicesecretario Provincial de la Obra de Cooperaclón": La mayor parte de los hortelanos son de pequeña capacidad económica y una vez recolectan estos frutos los tienen que vender urgentemente en los pueblos limítrofes. Tras esta negativa, el informante confiaba en poder constituir la entidad a largo plazo, con la condición de que los cultivos arbóreos tradicionales se sustituyeran por otros con mejores perspectivas de mercado, como perales y manzanos. El problema era, pues, circular: las economías campesinas necesitaban de la asociación 36 A.H.P.A., Sindicatos, caja 321, informes tras reuniones "sindicales" con viticultores en diversas localidades, 26-septiembre-1958 y6-octubre-1958. 37 A.H.PA, Sindicatos, caja 1.567, carta del Delegado Sindical Provincial de Albacete al Jefe Nacional de Cooperación, 3-octubre-1958. 38 A.H.PA, Sindicatos, caja 1.567, acta de la reunión del Cabildo de la Hermandad Sindical de Jorquera, 4-agosto-1957. 174 Hist. Agrar. 30 • Agosto 2003' pp. 151-182 Las cooperativas en el marco de las hermandades sindicales (Albacete, 1939-1959) para salir del autoconsumo y pasar de pequeños mercados locales amercados más amplios y potentes, pero esa baja orientación comercial inicial dificultaba la financiación y las perspectivas de tales entidades. La obtención de créditos, tanto individuales como para cooperativas y obras comunes, resultaba también difícil en las condiciones de precariedad de las pequeñas explotaciones, por sus problemas de solvencia. De ahí las peticiones constantes sobre facilidades de crédito oficial, sistematizado yampliado desde 1946 mediante el Servicio Nacional de Crédito Agrícola. De aquí, también, que se estimara necesaria la implicación de las propias instituciones locales. La creación en Ayna, a fines de 1956, de una cooperativa de vencejeros, para librar esta producción artesanal espartera del control de intermediarios, chocaba con un problema de financiación que se exacerbaba por la carencia, en casi la mitad de los interesados, según un informe, de propiedad y, por tanto, de líquido imponible para respaldar el préstamo necesario". El Vicesecretario Provincial de Obras Sindicales reclamaba un crédito agrícola con unas condiciones especiales, donde los stocks de vencejos pudieran servir de garantía con las propiedades. Al lado, proponía que el ayuntamiento realizara un préstamo especial a los productores no propietarios. Tras la lentitud de los trámites de constitución ydesarrollo de entidades no latían las simples cuestiones de procedimiento o de insuficiencia de personal que a propósito de los Grupos de Colonización denunciaba, en noviembre de 1956, una ponencia en el IV Pleno del Consejo Económico Sindical de Albacete. La necesidad de créditos, subvenciones ydemás auxilios constituía un elemento paralizante o retardatario de primera magnitud, que puede advertirse en informes yactas de cabildos de hermandades sindicales. La demora en las ayudas podía acabar con el interés de los agricultores y con los proyectos, como testimonia lo ocurrido en Tarazona de la Mancha aprincipios de los sesenta". Los veintitrés socios que aquí constituyeron un Grupo para obras de electrificación, que permitirían regar 43 hectáreas, decidieron disolverse por la falta de ayudas. El Grupo se había constituido en abril de 1957, el proyecto se había realizado en noviembre de ese mismo año y la demanda de préstamo se había planteado en 1958, pero a la altura de septiembre de 1960, ante la falta de contestación, se decidió la disolución. Para explicar su actitud, los socios acudieron a dos argumentos: la instalación individual de motores de riego, por el tiempo transcurrido sin resolución, y la dificultad de asentar trabajadores, por el alto nivel de emigración. Pero en el libro de actas, con fecha del 15 de septiembre, se habían vertido ytachado unas quejas que delataban un agudo resentimiento: no se entendía esa demora, no se vislumbraba resultado inmediato alguno, y se desprendía de todo ello una acción propagandística yengañosa. Las inculpaciones iban todavía más lejos al señalar, tras este programa de fomento, la única voluntad de proporcionar unos ingresos (¿innobles?) (sic) a los ingenieros confeccionantes del proyecto de electrificación. 39 A.H.P.A., Sindicatos, caja 1.551, informe citado en nota 34, y caja 1.567, carta del Vicesecretario Provincial de Obras Sindicales de Albacete al Secretario Provincial de Cooperación, 14-enero-1957. 40 A.H.P.A., Sindicatos, caja 216, documentación diversa sobre Tarazana de la Mancha. HiN. Agrar. ]0 •Agosto 200] • pp. 151-182 175 José María Gómez Herrdez RUBIO, R. (1966): La deshumanización del campo, Barcelona, Península. SÁNCHEZ SÁNCHEZ, J. (1982): Geografía de Albacete. Factores del desarrollo económico de la provincia ysu evolución reciente, Albacete, I.E.A. SÁNCHEZ, J. y MATEOS, MA (1977): Elecciones ypartidos en Albacete durante la /1 República, 1931-1936, Albacete, Instituto de Estudios Albacetenses. SANZ Díxz, B. 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