Full text
NOTICIARIO DE }{fSTORIA AGRARIA. «: J() •1995 • pp. 35-66 •©SEHA Transformaciones agrarias ycambios en la funcionalidad de los poderes locales en la Alta Andalucía, 1750-1950 GEA (Grupo de Estudios Agrarios) INTRODUCCiÓN El objeto de estos papeles es proponer una interpretación general de la evolución de los poderes locales eindagar sobre las formas específicas en que históricamente se produjo su articulación con los intereses económicos ysociales en el ámbito de lo local. La mayor parte de las reflexiones que aquí se contienen surgen de la experiencia investigadora desarrollada en los últimos años en el Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada -de ahí el carácter colectivo de este artículosobre distintos aspectos de la sociedad rural andaluza (Coba Romero, F, 1991; Cruz Artacho, S. 1992; González de Malina, M., 1993; Martínez López, D., 1994 Y Martínez Martín, M., 1993). La variedad de datos que la investigación ha puesto de manifiesto, nos ha permitido construir un modelo interpretativo que está referido a la Alta Andalucía, aunque muchos de sus rasgos definitorios podrían hacerse extensivos a otros lugares del Estado español en las mismas oparecidas coordenadas de tiempo 1. El Grupo de Estudios A!!,rarioJ esta formado por Francisco COBO ROMERO, Salvador CRUZ ARTACHO, Miguel GilMEZ OLIVló/l, Manuel G(!NZALEZ DE MOLINA NAVA/ViO, David MARTfNEZ Lon :yManuel MARTfNEZ MAlnfN. LOJ autores agradecen los comentarios de 10.1' evaluadoreJ anónimos de la ReviJta a una primera uersuin del texto. Direccián para correspondencia: Departamento de Historia Contemporánea. Universidad de Granada, IS07 IGranada. Obviamente nuestra investigación jamás ha pretendido ser exhaustiva respecto atodos los pueblos yciudades altoandaluces (por cierto, casi cuatrocientos municipios a lo largo de los dos últimos siglos). No obstante, hemos utilizado unos "laboratorios" constantes durante todo el período analizado que se cohonestan con los modelos de economía ysocidad agraria dominantes en la zona estudiada yque nuestros trabajos han establecido: Santa Fe en la 35
Grupo de Estudios Agrarios Pero antes nos gustaría hacer algunas precisiones previas. Ha sido frecuente considerar los poderes locales como un ámbíto más del Estado que desempeñó a lo largo del tiempo -especialmente desde que apareciera un aparato estatal más o menos centralizadouna serie de tareas subsidiarias en relación a la administración central, en cuya evolución apenas sí se produjo cambio alguno. Nuestro punto de partida es, sin embargo, distinto: aunque puede constatarse la permanencia a través de la historía de la mayor parte de sus tareas administrativas ygubernativas, su funcionalidad ysignificado politico fueron cambiando con el tiempo, a medida que cambiaban las condiciones materiales ynaturales de la organización de la sociedad, a medida que la escala de dicha organización se iba ampliando. Nuestra hipótesis en este sentido es la siguiente: en aquellas sociedades caracterizadas por el predominio de una "economía orgánica" 2, los poderes locales tuvieron competencias esenciales en la regulación del funcionamiento, la perdurabilidad y grado de apropiación de los factores de la producción agraria. En otros términos, la comunidad local desempeñó un papel muy relevante en la dinámica del desarrollo agrario y, en buena medida económico, dado que los factores principales de la producción y de la reproducción (la tierra, su asignación a usos alternativos y la mano de obra) estuvieron durante mucho tiempo dentro de su ámbito de competencias, "interfiriendo" con regulaciones o con derechos el funcionamiento de los "mercados". Los derechos de propiedad, ya fuera señorial, comunal oparticular, fueron competencia de los habitantes de los pueblos, en tanto que el cuidado, control y socorro de estos últimos constituyó competencia esencial de los poderes locales. Esto fue así al menos hasta que el Estado-Nación logró hacerse cargo de dichas competencias: primero privatizando de uso una parte del territorio en beneficio de la Administración Forestal (declaración de los montes comunales ymunicipales como montes públicos o de utilidad pública), asumiendo después competencias casi exclusivas sobre orden público, salud, mercado de trabajo, etc.. El caso es que desde finales del Antiguo Régimen al menos, las comunidades locales y sus órganos vega de Granada; Montefrío en los montes occidentales granadinos y Mancha Real en la Sierra Mágina jienense, cuyas características no proceden ser comentadas aquí. Por otro lado, y con ánimo de aclarar los ámbitos concretos de estudio, se han analizado todos los municipios de señorío y realengo de la vega granadina en la segunda mitad del XVIII; todas las cabezas de partido judicial de la provincia de Granada durante la Restauración y la 11 República (LÓPEZ MARTíNEZ, M., 1995) Y todos los municipios jienenses igualmente durante el periodo republicano y la Guerra Civil. Evidentemente, la naturaleza de este articulo impide hacer referencias continuas y constantes a la documentación utilizada que se halla en las publicaciones citadas de los autores. Entendemos por "economías orgánicas" aquellas que tienen como base la energía solar y en las que la tierra constituye, por tanto, el principal convertidor de dicha energía en objetos útiles para el hombre. De la tierra se extraen no sólo alimentos, sino textiles (lana, algodón, seda, etc.), útiles, herramientas (madera), materiales de construcción (madera ycanterías), energía (leña y carbón vegetal), pastos para el ganado de labor ytransporte, etc. De tal manera que la disponibilidad de tierra y el equilibrio entre los usos alternativos de la misma (para bosque, pasto oalimento) determinan la estabilidad en el tiempo de este tipo de organización de la sociedad. Un análisis detallado de la economía inglesa en este sentido en los momentos precedentes a la Revolución Industrial puede verse en WRIGLEY, E.A., 1988 36
Transformaciones agrarias y cambios en la funcionalidad de los poderes locales en la Afta Andalucía, 1750-1950 de poder retuvieron el control de buena parte de los mecanismos de funcionamiento del sistema productivo y de su reproducción, gracias a las limitaciones del proceso de construcción primero del Estado Absolutista y del Estado-Nación después 3. No hubo debilitamiento de los poderes locales en beneficio del Estado-Nación hasta que el desarrollo económico del país caminó firmemente por la senda de la industrialización 4Esto no ocurrió al mismo tiempo en todas las zonas del país, es por ello que en esta parte de Andalucía lo hemos hecho coincidir con la primera etapa del régimen franquista. El modelo que proponemos permite explicar satisfactoriamente dos fenómenos fundamentales: por un lado, la centralidad de la tierra en todo este tiempo como fuente de poder y status; y por otro, la necesidad que para los agentes económicos -tanto ganaderos, como pequeños, medianos y grandes agricultorestuvo durante este período el acceso ycontrol de los poderes locales. Del mismo modo, permite valorar la importancia que el control del poder político adquirió en la formación de la burguesía agraria andaluza. Y ello porque nuestra concepción del poder va más allá de considerarlo como expresión de una determinada distribución asimétrica de bienes yservicios, pues constituye también una entidad oinstancia particular que resulta responsable igualmente de que esa distribución de bienes yservicios sea precisamente asimétrica. En este sentido nos gustaría resaltar algo que siempre se ha puesto de manifiesto pero en un sentido ahistórico. Se ha tendido aidentificar de forma intemporal la presencia de los grandes propietarios olabradores en las instituciones políticas locales de manera simplista, constatando que la tenencia de grandes patrimonios rústicos los colocaba automáticamente en posición preferente a la hora de controlarlos, especialmente cuando el tipo de sufragio hacía depender de su tamaño la posibilidad de votar y ser votado. Se suele establecer, por tanto, una relación unidireccional eintemporal: la propiedad constituye la fuente del poder local que, en todo caso, se ejerce como una especie de colofón, dado el carácter preeminente que la tierra tenía en cualquier comunidad rural del ochocientos. Sin embargo, hemos de ser rigurosos yreconocer que bajo el Antiguo Régimen la tierra constituía una de las posibles fuentes de riqueza, pero que ello -corno podía ocurrir con los derechos señoriales, los impuestos enajenados, etc..- no garantizaba automáticamente el acceso al poder local. Del mismo modo, el desarrollo económico ypolítico del país hizo de nuevo desaparecer esa identificación entre cargos municipales ypropiedad, conforme fueron desapareciendo los dos factores que la hicieron posible. El sufragio censitario fue Sobre el fracaso en la construcción de España como Estado-Nación centralizado puede verse una extensa literatura, de origen sociológico en GONZÁLEZ DE MOLlNA, M. y SEVILLA GUZMÁN, E., (1990). En el campo de la historia ha reflexionado recientemente sobre ello RIQUER, B. de (1994) Como dice John Davis, "la consecuencia de la modernización, del desarrollo yde la integración consiste siempre en alejar el control de las comunidades locales ysituarlo en algún escalón superior de la jerarquía administrativa o del sistema económico", del Estado ydel Mercado diriamos nosotros. CI. DAVIS, J. (1977), citado en SALAS y VIVES, P. (1994). 37
Grullo de Estudios Agrarios sustituido por el sufragio universal masculino, ampliándose el juego político a todos los ciudadanos, y la tierra dejó de constituir de nuevo la única eincluso la principal fuente de ingresos. Ello explica también que a partir de los años sesenta de este siglo, la burguesía andaluza dejase de estar representada en los ayuntamientos al asumir el Estado y el Mercado las funciones reproductivas fundamentales de la actividad agrícola y, en general, de la actividad económica. En coherencia con lo anteriormente expresado la relación entre poderes locales y propiedad de la tierra resulta, en nuestro modelo, una relación no sólo ascendente sino también descendente como hemos dicho. Ello se manifiesta de dos maneras: a) en la importancia de las tareas que los poderes locales desempeñaban en orden a reproducir las condiciones en que se desarrollaba la producción agraria tanto naturales como sociales, y b) en el papel que desempeñaron los poderes locales (gubernativo yjudicial) en la ordenación eimplementación de las estrategias reproductivas, por ejemplo, de las familias de grandes propietarios, no sólo como un atributo de status, no sólo como un "capital político" transmisible, sino también como un instrumento de arbitraje en los litigios reproductivos (herencia ymatrimonios). Todo ello permitiría explicar de manera más satisfactoria el por qué las grandes familias propietarias se empeñaron, incluso violentando las leyes y las personas, en controlar los poderes locales, especialmente cuando el sufragio se tornó universal y la tierra constituía aún la principal condición de la producción. Permitiria explicar, en fin, la reacción violenta de esta clase cuando el campesinado pudo hacerse con el dominio de los ayuntamientos apartir de 1931. De acuerdo con estas precisiones previas, proponemos el siguiente modelo interpretativo de la dinámica de los poderes locales en la Alta Andalucía. Los poderes locales gozaban durante el Antiguo Régimen de bastante autonomía respecto del Estado Absolutista y de una autonomía relativa respecto a la organización señorial, si bien no en todos los casos. El acceso a los mismos provocó estrategias específicas: compra de cargos, corrupción de los procesos electorales, cooptación, etc.. En muchos casos, tales estrategias fueron conflictivas entre bandos diferentes. El nuevo marco jurídico-político establecido con la Revolución Liberal, asentado en la igualdad ante la ley y los impuestos, la competencia mercantil y la propiedad privada, junto con las medidas de reforma agraria liberal, provocaron un cambio en la funcionalidad económica y ecológica de los poderes locales. Las nuevas reglas del juego político, con sufragio ciertamente censitario, convirtieron a la tierra -como condición esencial de la producciónen el criterio determinante de preponderancia social yprincipal objeto de dichas relaciones. La renta y por tanto la capacidad de votar y ser votado se hizo depender del tamaño y sobre todo del rendimiento de la propiedad territorial, con lo que se acabó favoreciendo el interés agrícola sobre los demás. En este contexto, las estrategias para acceder a los poderes locales tuvieron que cambiar. En este cambio reside, según creemos, buena parte de la virtualidad del cambio liberal. Apartir de ese momento, el control de los diversos poderes locales resultó una absoluta necesidad para los grandes propietarios y, en general, para todos los agen38
Transformaciones agrarias ycambios en la funcionalidad de IOJ poderes locales en la Alta Andalucía, 1750-1950 tes sociales involucrados en el proceso de producción. El crecimiento de la población que acompañó a la crisis del Antiguo Régimen y a la Revolución Liberal, aunque modesto, hizo del factor tierra un bien cada vez más escaso, objeto de presiones cada vez más fuertes en favor de su uso ganadero o, más frecuentemente, agrícola. El mantenimiento del equilibrio y la integración agrosilvopastoril o su rotura definitiva era algo que se jugaba principalmente en el terreno de la política municipal. Por otro lado, el cambio liberal redefinió la red de relaciones sociales necesarias para acceder a los recursos del poder. Indudablemente, la desaparición de los mecanismos de control de los cargos municipales propios del Antiguo Régimen tuvo que forzar a la utilización de otros mecanismos de subordinación yhegemonía sociales. En ese contexto, el fenómeno del clientelismo, es decir, de la circulación de bienes y servicios através del patronazgo, parentesco yvecindad, vio reforzada y redefinida al mismo tiempo su función. yeste cambio, tanto en la funcionalidad económica como en las bases de constitución de los poderes locales resulta fundamental también para el debate ya planteado, en el contexto de la historiografía sobre la Revolución Liberal, sobre la continuidad odiscontinuidad de la élites del poder. Nuestra hipótesis en este terreno es que los mecanismos y las estrategias para controlar el poder local cambiaron hasta tal punto que modificaron los criterios de constitución ymovilidad de las clases sociales. Desde esta perspectiva, la dicotomía continuidad/discontinuidad -que quizá se plantea más por mimetismo con el singularísimo proceso revolucionario francés, cuya excepcionalidad es comparable a la llamada "Revolución Industrial" británicapierde bastante de su sentido. Si tenemos presente el cúmulo de competencias productivas recibidas por los ayuntamientos yjuzgados municipales, entenderemos mejor la necesidad y el interés de los diferentes grupos sociales por controlar los poderes políticos locales. La necesidad se tornó acuciante una vez que la Crisis Agraria Finisecular aceleró la decadencia de la propia economía orgánica, y el sufragio universal masculino obligó aredefinir de nuevo las condiciones de acceso al poder local. En este contexto preciso creemos que surge como fenómeno económico ypolítico institucionalizado el Caciquismo S. Constituyó el medio utilizado por los grandes terratenientes para organizar políticamente el control del aparato de poder político local en las nuevas condiciones. En este sentido, proponemos una interpretación del Caciquismo diferente a la habitual que lo considera como una especie de patología del poder o, en el mejor de los casos, como un mecanismo de mediación entre los ámbitos locales yestatales que hizo posible la "modernización" del país. Desde nuestro punto de vista, el Caciquismo Somos conscientes de que el fenómeno caciquil en España surge en períodos históricos anteriores; que sus protagonistas no son las mismas familias a lo largo del tiempo, ni sus prácticas de poder son idénticas, ni hablamos de frente de clase homogéneo, ni mucho menos son tampoco sus aspectos formales los mismos. Es preciso aclarar que aquí proponemos el concepto "caciquismo" como una fase en el desarrollo histórico del Estado Liberal español que se institucionaliza precisamente, durante el periodo de la Restauración. A este respecto, véanse las sugerencias de MILLÁN GARCíA-VARELA, J., 1993, p. 33. 39
Grupo de Estudios /vgrario: correspondería aaquella "fase" en el proceso de control de los aparatos polítícos locales correspondiente a los inicios de la crisis de la economía orgánica, caracterizada, entre otros factores, por las crecientes limitaciones en la disponibilidad de tierra ydesequilibrios en su uso, favorables al cultivo agrícola. En tales condiciones el beneficio -y la propia salida de la crisis agropecuariadependía en buena medida de la cuantía de los salarios y, por tanto, la intervención disciplinaria de los ayuntamientos y juzgados municipales en el mercado de trabajo se hacía imprescindible. La creciente influencia de las organizaciones sindicales y de los partidos políticos de la oposición al régimen provocó la crisis del sistema caciquil. Tres factores intervinieron en este proceso. Por un lado, la salarización de una capa muy amplia de campesinos al ser desposeídos sobre todo de los bienes de aprovechamiento vecinal. Por otro, la creciente rotura de los lazos de segmentación vertical que el fenómeno anterior trajo consigo y la progresiva exclusión de los mismos de un sector cada vez más numeroso de campesinos ante la escasez de tierra que arrendar ojornales que trabajar. Por último, la expansión de las experiencias sindicales hizo que un número cada vez mayor de campesinos confiara en soluciones reproductivas colectivas (luchas sindicales), reforzando la segmentación horizontal de las comunidades locales y su proceso de. diferenciación/fracturación interna. La II República significó la ruptura del modelo caciquil y ello, desde nuestra perspectiva, debe considerarse como una de las causas directas de la confrontación civil en las comunidades rurales. En efecto, el poder local fue "tomado" por el campesinado, justamente en medio de una grave crisis de los beneficios agrarios, de fuerte ofensiva del movimiento campesino y de asunción de competencias decisivas sobre la regulación del mercado de trabajo. La hegemonía alcanzada por las organizaciones políticas ysindicales de la izquierda marxista oanarquista, defensoras ante todo de la fracción social de los campesinos sin tierra, acabó segmentando al campesinado en dos. Los campesinos con tierra, en los que aún permanecían vigentes formas de alineamiento vertical, fueron mayoritariamente empujados al bando de los sublevados contra el régimen republicano ysirvieron de base social al fascismo en el campo altoandaluz. No es de extrañar, pues, que bajo unas estructuras y un personal político diferente, el Franquismo diera cobertura a un resurgir institucionalizado del viejo sistema, a un "nuevo caciquismo" que, sin embargo recorrería un camino relativamente corto hasta su desactivación definitiva con la penetración del capital y la mercantilización en las faenas agrícolas. 1. ANTIGUO RÉGIMEN Y REVOLUCiÓN LIBERAL 1.1. Poder local y oligarquías en la Andalucía del Antiguo Régimen En términos generales, y pese al carácter fundamentalmente igualitario de los repartos de tierra del sistema de repoblación seguido tras la expulsión de los moriscos (Barrios Aguilera, M. y Birriel Salcedo, M., 1986), desde muy tempranas fechas podemos rastrear un proceso de diferenciación social interna en las villas y lugares repo40
T'ransjormaciones agrarias y cambios en la funcionalidad de IOJ poderes locales en la Alta Andalucía, 1750-1950 blados. Determinados grupos yfamilias de repobladores, primigeniamente repartidos con similares suertes, se enriquecen através de diferentes estrategias (Soria Mesa, E, 1992 Y1994) (disponibilidad de dinero, corrupción, estrategias matrimoniales, etc..). Estrategias perfeccionadas a lo largo del seiscientos ysetecientos que podríamos resumir básicamente así: 1. Un grupo de estrategias que tienen en el parentesco su denominador común: matrimonios de carácter homogámico que tienden aestablecer alianzas yestrechar intereses duraderos entre las principales familias de una comunidad rural o de lugares cercanos. Estrategias endogámicas entre consanguíneos yafines que harán de muchas comarcas espacios surcados por un sistema de parentesco muy estrecho ydefinido. De hecho, un alto porcentaje de las bodas entre las principales familias requieren la pertinente dispensa eclesiástica, hasta el punto de poder hablar de una "bárbara consanguinidad" (Soria Mesa, E., 1992, 330). En tercer lugar, el establecimiento de "parentescos invisibles" através de la institución del compadrazgo que adquiere un sentido fundamental a la hora de crear fidelidades clientelares habitualmente, son los principales miembros de estas oligarquías emergentes quienes apadrinan a los hijos de familias socialmente subalternas, con las que y a las que atan con ligaduras de solidaridad, tan fuertes como las consanguíneas. 2. Ocupación de beneficios ycuratos por parte de estas familias, que les permitía ascender en la escala social al alcanzar importantes cargos eclesiásticos yacaparar nuevas rentas. Junto a ello, la fundación de capellanías de linaje y de patronatos que evitan la proletarización de las ramas menos afortunadas de la estirpe a la vez que sirven para reforzar sus lazos de solidaridad interna, los cuales tienen como principal punto de referencia al fundador que, de esta manera, se convierte en jefe de familia. 3. Obtención de titulas universitarios: durante los siglos XVII y XVIII, las principales familias dedican alguno de sus hijos a estudiar la licenciatura de derecho que les permitirá el asalto y ocupación de los oficios de justicia locales, de corregimientos en las ciudades o, incluso, puestos de letrados o de justicias en la Real Chancillería. 4. Acceso a la hidalguia: curiosamente es un fenómeno muy tardío que detectamos fundamentalmente en la segunda mitad del setecientos, cuando esta institución tiene menos importancia en el conjunto de España, pero que es considerada como un instrumento muy importante de dominación por parte de las oligarquía rurales, tanto por el prestigio que aún ostentan como porque culmina una operación (a la que luego nos referiremos) largamente utilizada, la compra de cargos. Obviamente todas estas estrategias se relacionan, por un lado, con la consecución del control sobre la tierra (bien en propiedad, bien en arrendamiento) y/o el acrecentamiento de riquezas ganaderas. Por otro lado, el mantenimiento ycrecimiento del poder económico requiere el control del poder político local que les garantizaba la obtención de importantes ventajas materiales: arrendamientos de pastos, usurpación de comunales, control de bienes de Propios y de Pósitos, repartos fiscales, control de la población jornalera, etc... (Windler Dirisio, CH, 1994). 41
Grupo de Estudios Agrarios El acceso al control de los poderes políticos locales es, por tanto, objeto de calculadas estrategias. Como es sabido, el sistema de nombramientos de oficios municipales durante el Absolutismo es variado. Pese a lo comúnmente creído (Castro, C., 1979, 22-56), el sistema imperante era la elección por parte de los vecinos de listas dobladas para los cargos de alcaldes ordinarios, regidores yalguaciles de las que, bien las ciudades en territorios de realengo, bien los señores en los de señorío, designaban los cargos. Una segunda forma menos generalizada era la cooptación: el concejo saliente elegía al entrante, bien directamente o bien presentando una lista doblada al señor o a la autoridad real. Desde mediados del seiscientos, una tercera forma de acceso al poder municipal fue la compra de oficios a una Corona cada vez más agobiada por urgencias hacendísticas. En cualquier caso, todas estas formas fueron utilizadas yaprovechadas por las oligarquías para acceder ymantener el control del poder local usando diversas fórmulas: así, pese a que se requería la votación de todos los vecinos, pronto se observa el control directo del proceso electoral mediante la restricción progresiva del censo de votantes, dando sólo cabida a la categoría de labradores, o a través de la corrupción: falsos recuentos, convocatorias fraudulentas cambiando el lugar o la hora de la votación, coacciones, etc. Medidas que, en definitiva, permitieron que las mismas estirpes yfamilias coparan durante decenios los cargos municipales, primero en connivencia con señores yrepresentantes de la Corona y en abierto enfrentamiento con ellos, más tarde. Naturalmente, la generalización de las compras de oficios a las que sólo podían acceder las familias más adineradas, permitió la masiva enajenación de cargos municipales que la demanda social de los linajes yestirpes dominantes exigía para mantenerse perpetuamente en el poder eimpedir el control ycastigo de sus abusos ymanejos. Como prueba cualquier revisión de las Respuestas Generales del Catastro del Marqués de Ensenada, el alcance de esta operación fue enormemente importante en el Reino de Granada. 1.2. Poder local yoligarquías en la Revolución Liberal La Constitución de 1812 consagra, en términos generales, un régimen local escalonado yhomogéneo que responde a los criterios de representatividad ciudadana, división de poderes, racionalidad ymáxima eficacia en la administración (Castro, C., 1979, p. 57). Mantiene todos los ayuntamientos existentes, crea otros nuevos en las localidades con más de mil almas y abre la posibilidad de que aquellos lugares con menor población a los que sus circunstancias económicas se lo permitan, puedan solicitar ser municipios, respondiendo a la idea de que los ayuntamientos son el principal medio de participación de los ciudadanos en el gobierno y el instrumento de penetración de las nuevas ideas yvalores liberales en el conjunto de la población. Naturalmente, tal ampliación no se lleva a cabo sin problemas, ya que muchos antiguos municipios se resisten a la subdivisión yconsiguiente minoración de rentas y poder que aquélla suponía, negándose (o aplazando) el deslinde ypartición de bienes de propios ycomunales. 42
Transformaciones agrarias ycambios en la funcionalidad de los poderes locales en la Alta Andalucía, 1750-1950 En segundo lugar la Constitución gaditana suprime la figura del Corregidor y Alcalde Mayor (justamente los oficios enajenados) y pone el gobierno municipal en manos de ayuntamientos compuestos por un alcalde, regidores yprocurador síndico, todos ellos mayoritariamente elegidos por los vecinos. Del mismo modo suprime la necesidad de que los escribanos públicos ocupen con exclusividad las secretarías municipales 6. Las elecciones son en dos grados ytodos los vecinos mayores de 25 años son electores yelegibles en primer grado. Los cargos son gratuitos y su duración es anual 7. También en estos temas se presentan problemas: antiguos Señores y Regidores Perpetuos luchan por conservar sus prerrogativas mientras muchos pueblos se acogen al nuevo régimen justamente para evitarlas. En todo caso, la integración de la comunidad local en el liberalismo hiere arraigados intereses, alimenta las transgresiones a la nueva ley y genera luchas de facciones en los pueblos yciudades. Aún cuando en primer grado todos son electores yelegibles, el segundo grado supone restricciones reales que posibilitan que las oligarquías locales y sus clientes accedan a los nuevos cargos BDe todos modos, hasta 1856 no encontraremos la fijación definitiva del Estatuto de Vecindad que obliga ahacer padrones municipales, elegir una sola residencia, votar en un solo lugar yparticipar en los cargos municipales como contrapartida al disfrute de derechos políticos. Tanto en la Constitución de 1812 como en la Ley de 1823, los ayuntamientos recibieron importantes competencias sobre los principales factores de producción en una economía que, aún siendo capitalista, seguía dependiendo de las energías renovables (tracción animal, trabajo humano, estiércol, etc) y de las disponibilidades de tierra. Tales competencias abarcaban desde el cuidado de las condiciones de producción al acceso adeterminados factores de la misma; la regulación de mercados como el de trabajo, arrendamiento o el de los propios productos agrarios; de reproducción de las relaciones sociales mediante la defensa de la propiedad y del orden público; hasta la propia cuantía del margen neto de la producción através de impuestos y catastros. Aparentemente, tal cúmulo de competencias estaban sometidas a la supervisión de las Diputaciones Provinciales y de los Jefes Políticos, representantes directos yagentes del poder central en las provincias. No obstante, el alcalde -especialmente Los secretarios son nombrados por la Corporación y pagados con fondos públicos. Sólo pueden ser sustituidos en caso de cometer falta grave. Así, la continuidad en el empleo frente al breve mandato corporativo (un año), las funciones y la experiencia convierten a estos funcionarios en elementos fundamentales del ayuntamiento, como hemos tenido ocasión de comprobar en el caso de Santa Fe don Francisco García Vargas se mantiene como secretario entre 1835 y 1847, independientemente de las circunstancias políticas y la composición concreta de las distintas corporaciones municipales. Constitución de 1812, Título VI. Las Cortes de Cádiz introducen restricciones al derecho de voto activo ypasivo de los vecinos residentes. Del primero excluye asirvientes y deudores públicos. Del segundo (calidad de elegible) se priva a funcionarios públicos, parientes directos del Alcalde o concejales y eclesiásticos seculares. 43
Grupo de Estudios AgrarioJ Con la implantación del sufragio censitario la parentela se mostró como una institución idónea para garantizar el control del voto en las elecciones acabildo. El espacio de la parentela limitaba yorientaba las estrategias de alianza de las familias integrantes de las oligarquías locales; en este sentido, favorecía un flujo de clientelas ysolidaridades, permanentemente reforzado por los matrimonios, de gran utilidad política: garantizaba el control hegemónico de una serie de apellidos (Martínez López, D, 1994) Pero, como apuntábamos anteriormente, los procesos de diferenciación social no sólo fueron interfamiliares sino también introfamiliares. Es decir, en el seno de las familias se eligió quiénes protagonizarían las acumulaciones patrimoniales, coincidiendo éstos con los que ocuparon los principales puestos políticos en los ayuntamientos. Los segmentos de linaje en definitiva canalizaron la apropiación del principal medio de producción -la tierraypropiciaron igualmente las personas que controlaron directamente los cabildos. De tal modo, que la lógica selectiva que organizó los segmentos de linaje, base de las oligarquías agrarias, articulando los procesos de acumulación patrimonial, también articuló los procesos de patrimonialización del poder político local escogiendo las personas que ocuparían los escaños municipales 15. Efectivamente, las estrategias familiares legitimaban las líneas genealógicas de la acumulación económica y de la patrimonialización del poder político local, en una mixtura donde la propiedad de la tierra justificaba el control del poder político local ydonde el estatus, derivado en buena medida del poder político, consolidaba la prevalencia sociopolítica en el seno de la comunidad. En definitiva, el régimen liberal en su periplo isabelino no sólo garantizaba el control del poder local por parte de una serie de familias, sino que también dejaba expedito el camino para que los segmentos de linaje de las oligarquías agrarias locales desarrollasen sus estrategias políticas de acuerdo con sus lógicas reproductivas. Pero el parentesco no sólo ha servido habitualmente para ordenar el control del acceso al poder local entre las oligarquías agrarias andaluzas mientras el sufragio censitario estuvo vigente. También constituyó un elemento básico para garantizar una mínima cohesión endógena de la reproducción generacional de las relaciones de producción. trayectorias de acumulación patrimonial que los distinguió familiar ysocialmente, esto es, interfamiliar eintrofamiliarmente, en el seno de sus comunidades (MARTíNEZ LÓPEz, D., 1994); la preferencia de género masculino sobre el femenino y de la primogenitura sobre el resto de los parientes colaterales inmediatos, determinaba los criterios de selección de las personas que interpretaron el itinerario genealógico. La parentela se refiere a ese espacio social horizontal donde se desenvolvieron no sólo las alianzas matrimoniales de la burguesía sino también las alianzas políticas. 1" En la ilustración 1 (MARTíNEZ LÓPEz, D., 1994) observamos un caso de patrimonialización del poder local por parte del segmento de linaje de los Rosales. Este ejemplo, localizado en Santa Fe, nos ofrece una imagen "política" de la lógica reproductiva de estas familias: sin embargo, conviene indicar que esta misma lógica organizativa del acceso al poder político local, es decir, que estas mismas personas que ocupan los escaños municipales -hombres y, preferentemente primogénitos-, será la que dirigió los procesos de acumulación de la tierra sobre los que se constituyó, a lo largo del siglo XVIII y XIX, la burguesía más dinámica de la provincia de Granada. so
Transformaciones agrarias ycambios en la funcionalidad de los poderes locales en la Alta Andalucía, 1750-1950 ILUSTRACiÓN 1: El segmento de linaje de los Rosales y el poder local: 1795-1893. Cargos en el Ayuntamiento de Santa Fe Juan Rosales Hernénaez 0===:;=:===0 Auretteno A (1815) C/1815-10 y 1881-(3) José SBgulsmundo 0(1860) Prlmo96nllolabogado Rosa/es Rosales Aguslfn A(1839) R(1851) 0(1856-91) 06/1be religioso ñosetes ssncnes Rosales Gercis C6/1be religioso Juan R/185T) 0/1865-10) ~ prlmOrJénl!O Antonio A(1831) R/1a46-51) 0(1a56) Rasetes González Antonio A(1881 y18(0) 0(1815-81 Y1890-(1) Ol=! ======1..& Leyenda: A= Alcalde; R=Regidor; Cs Conceiet. Ciertamente, hemos constatado a lo largo de nuestra investigación (Martínez López, O,, 1994) relaciones de patronazgo, surgidas del vínculo establecido durante importantes períodos de tiempo -transmitídos de generación en generaciónentre segmentos de linaje burgueses yfamilias de arrendatarios yde criados/sirvientes, donde una relación económica se mantenía através de relaciones interfamiliares garantes intergeneracionalmente de la reproducción de las relaciones sociales de producción, En este sentido, es válida aquella interpretación del patronazgo (PittRivers, J" 1971) que vindica su componente integrador/mediador en las relaciones de clase, Si bien, como señalamos anteriormente, este carácter mediador es puramente circunstancial, en cuanto que la cohesión social de las comunidades campesinas altoandaluzas -mantenida durante buena parte del síglo XIXes un aspecto histórico, no inherente a su organización, susceptible de tornarse -como se mostró más tardeen conflictividad, Pero, volviendo acentrarnos en el hilo argumental que nos ocupa, lo que traemos a colación es la utilidad de estas relaciones de patronazgo en el control del poder político local. Con la implantación del sufragio universal masculino en la última década del ochocientos las relaciones de patronazgo mostraron su eficacia electoral: 51
Grupo de Estudios AgrarioJ ahora el poder derivado de la propiedad de la tierra y de la hegemonía social de los segmentos de linaje, integrantes de la oligarquías agrarías locales, se materializó en control sobre las decisiones electorales de un universo de votantes que -coaccionados por su dependencia en su calidad de arrendatarios, jornaleros, sirvientes, etcfuncionó en consonancía a los intereses de las familias que secularmente venían detentando el poder polítíco local. La coacción socíoeconómíca de siempre transcendió hasta la coacción política (Scot!, J., 1977: 63-77). No obstante, como veremos más adelante, las consecuencias de la crisis agraria fínisecular hicieron inviable el mantenimiento de este modelo, toda vez que las tensiones latentes neutralizadas por las relaciones de dependencia se tornaron conflictividad real; con otras palabras, las tensiones de clase diluídas verticalmente por el patronazgo emergerán ahora cuando su mediación sea ineficaz. Es ahora cuando las prácticas de corrupción electoral se generalizan en el intento de las oligarquías por continuar controlando el poder local. 11. EL CACIQUISMO Y LA CRISIS AGROPECUARIA. UNA REINTERPRETACIÓN DEL FENÓMENO CACIQUIL Con la llegada del final de siglo y la búsqueda de soluciones a la crisis agropecuaria de estos años, el control de los poderes locales adquirirá una importancia aún mayor dentro de las estrategias desarrolladas por las oligarquías agrarias. Durante el siglo XIX, la escasez estructural de lluvias durante el verano había hecho prácticamente imposible la aplicación del modelo tecnológico del mixed farming propio de la Europa húmeda. La arídez impedía el crecimiento adecuado de las leguminosas forrajeras, elemento clave del mismo. El caso es que la opción cerealícola -que se había implantado yfomentado desde las reformas agrarias liberalesconsumia gran cantidad de tierra puesto que la recuperación de la fertilidad del suelo requería de rotaciones como mínimo de tres años en las que estuviese siempre presente el barbecho. La excesiva amplitud de la frontera agrícola que la aplicación de este modelo cereal-extensivo trajo consigo acabó provocando la disminución de las disponibilidades de fertilizantes naturales y una tendencia a la caída de los rendimientos. Pero la crisis de la agricultura orgánica andaluza se vio agudizada por la propia crisis agropecuaria que hundió los precios del trigo y de los demás productos agrarios extensivos tradicionales. En los países mediterráneos la salida a esta crisis común fue la especialización en plantas arbustivas yarbóreas para las que el clima constituía una ventaja comparativa. Olivo, viña, almendros yfrutales conformaron la vía específica que emprendió el desarrollo agrícola en el mundo mediterráneo 16 Sin embargo, la importante protección del mercado interior que los gobiernos restauracionistas siguieron dispensando a los productos tradicionales, entre ellos el trigo, hizo que la salida de la crisis practicada en Andalucía fuese peculiar. 16 Ramón, GARRABOU SEGURA, "Revolución orevoluciones agrarias en el siglo XIX: su difusión en el mundo mediterráneo", 17 pp. Texto inédito al que hemos tenido acceso gracias a la gentileza del autor. 52
Transformaciones agrarias y cambios en la funcionalidad de los poderes locales en la Alta Andalucía, 1750-1950 Según los estudios de Jiménez Blanco y de Zapata (Jiménez Blanco, J.I, 1986; Zapata Blanco, S., 1986), la solución que finalmente se impuso a la crisis fue, efectivamente, una solución que implicaba una relativa diversificación de los cultivos y el uso de nuevos insumas como los abonos químicos. No obstante, esta "modernización" distó mucho de ser generalizada yafectó en mucha menor medida al interior de Andalucía, especialmente a las áreas de gran propiedad. En esta zona los cambios se limitaron al paso del cultivo al tercio al de año y vez en un grupo de grandes fincas que utilizaron colonos para ello y al semillado de barbechos en explotaciones al tercio. Las causas de que las innovaciones citadas no se generalizaran ha sido buscadas en las falta de incentivos económicos, aunque, según creemos, el control oligárquico de los poderes locales tuvo mucho que ver. En todo caso, las mejoras introducidas perseguían el objetivo de ahorrar tierra, pero de ninguna manera implicaban la sustitución de la mano de obra sino al contrario; es más, la introducción de cultivos industriales en algunas vegas aumentaba considerablemente la demanda de mano de obra. Al mismo tiempo, los nuevos cultivos como el olivar, el almendro o la vid necesitaban también de nuevas superficies de cultivo. En otras palabras, el control de las tierras aún susceptibles de roturarse y del mercado de trabajo se convirtieron en fundamentales para la recuperación de la crisis, especialmente en una coyuntura de precios bajos. Por otro lado, una serie de factores estaba provocando transformaciones muy importantes en el seno del campesinado que favorecían objetivamente la utilización masiva de mano de obra asalariada. El crecimiento de la población andaluza, junto con el mantenimiento de las desigualdades en la distribución de la tierra, provocaron que un número creciente de campesinos dependiera, para su subsistencia, del acceso a los recursos colectivos. Durante la primera mitad del siglo XIX, dicha presión dio lugar a las ocupaciones yroturaciones ilegales en bienes baldíos, comunales y propios, aliviando así la presión demográfica sobre el monte. Pero cuando casi toda la tierra apta para el cultivo estuvo enajenada oroturada, excluyendo de su disfrute a amplias capas del campesinado, la incidencia sobre los recursos del monte se incrementó. La Desamortización, privatizando importantes áreas de monte público, y la Administración Forestal, reduciendo su aprovechamiento, limitaron fuertemente los derechos de uso tradicionales yrestringieron el acceso a las fuentes tradicionales de energía doméstica ypasto para los ganados ytrabajo para un amplio colectivo de campesinos con escasa o nula participación en la propiedad o el aprovechamiento de la tierra. Buena parte de los productos del monte -abonos, combustibles, pastos, frutos, etc.- tuvieron que ser adquiridos en el mercado, mercantilizándose así esta porción fundamental de las economías campesinas, fenómeno éste al que cooperó de forma significativa la presencia oligárquica en los ayuntamientos, explotando en su propio beneficio una parte de los esquilmos del monte. Con ello se operaba la progresiva subordinación de las economías campesinas a la lógica del mercado capitalista. Este proceso, moralmente inaceptable por el orden campesino, no sólo provocó conflictos abiertos, sino así mismo una protesta social manifestada através de abundantes delitos contra la propiedad (Coba Romero, F.; Cruz Artacho, S.; González de Malina, M., 1992). 53
Grupo de Estudios Agrarios Una vez que los derechos de propiedad burguesa quedaban completamente afirmados, que el usufructo de los montes ydemás territorios comunales quedaba bajo el control estatal ymunicipal, un sector cada vez más numeroso del campesinado andaluz se vio excluido del acceso a la tierra, La única posibilidad de subsistencia en adelante tenía que ser el trabajo a jornal, percibido estacionalmente, a falta de otras alternativas sectoriales de empleo, Pero, la dependencia casi exclusiva del jornal convirtió a los campesinos sin tierra en mucho más sensibles a las fluctuaciones del mercado, tanto en el precio de los productos básicos como de la cuantía de los salarios y, por supuesto, más sensibles a las variaciones de las cosechas y a la oferta de empleo, Con ello se abriría también una brecha importante en el seno del campesinado andaluz entre labradores, fueran éstos grandes opequeños, yjornaleros de trágicas consecuencias durante los años treinta, Dado que los primeros tuvieron que recurrir en uno u otro momento al mercado de trabajo, la cuantía de los salarios se convirtió poco a poco en un motivo de disputa, Control salarial yampliación superficial de las actividades agrícolas harían, pues, en esta nueva coyuntura acuciante el control de los poderes locales, Así el recurso a la privatización de terrenos públicos a través de las roturaciones como fórmula de ampliar superficies cultivadas requería el control yconnivencia de los Ayuntamientos, tal y como ocurrió, por citar un ejemplo entre otros muchos, en el municipio granadino de Laja, donde grandes propietarios de la zona aprovecharon su presencia en el Ayuntamiento para roturar yapropiarse indebidamente de superficies públicas lindantes con sus propiedades, Lo mismo podríamos decir del aprovechamiento de los montes vecinales, rematados en su beneficio gracias al sistema de subastas, La respuesta campesina ante su progresiva salarización fue un sustancial incremento de la tensión social, En esas condiciones, el control de las fuerzas de orden público y, en especial, de los propios juzgados municipales, como legitimadores y garantes de un orden social cada vez más injusto, adquirió una importancia primordial para la oligarquía agraria, especialmente en unos momentos en el que el conflicto social emerge con toda su crudeza, Conflicto que no sólo se agudizó sino que incluso cambió de naturaleza, hecho constatable en la segunda mitad de la década de los años diez del presente siglo, Cambio de naturaleza que determinará a su vez, como veremos, una necesidad todavía más acuciante si cabe de control de los poderes locales, Carácter instrumental del poder local que puede rastrearse convenientemente si analizamos la composición de las corporaciones municipales que se constituyen a lo largo de estos años, De esa manera se puede comprobar cómo en los momentos de crisis, la presencia de los miembros de la oligarquía agraria se acrecienta ostensiblemente en ayuntamientos yjuzgados municipales frente a etapas o fases donde el conflicto no es tan agudo, Por citar un ejemplo en este sentido, el ayuntamiento de Alhama de Granada nos ofrece una imagen en la que los grandes propietarios agrícolas copan íntegramente todos los cargos municipales -Alcaldía y edilesen los años finales del siglo XIX -crísís finisecular-, en el período altamente conflictivo de 1905-1909/1910 Y en los años del Trienio Bolchevique, Por el contrario, en los años 54
Transformaciones agrarias ycambios en la funcionalidad de IOJ poderes locales en la Alta Andalucía, 1750-1950 relativamente poco conflictivos de la primera mitad de los años diez, la presencia de estos se reduce visiblemente aún cuando hay que decir al respecto que en ningún momento desaparecen de las corporaciones municipales representantes de las mencionadas oligarquias agrarias. La patrimonialización del poder parece, pues, manifiesta. Ahora bien, ¿qué mecanismos se utilizan para preservar el acceso restrictivo? En una palabra, ¿cómo funciona el sistema? Para ello hay que tener presente una serie de cuestiones previas. En primer lugar, el marco legal que establece la ley de sufragio universal de 1890, dotando de capacidad electoral a la población masculina adulta y que amplia considerablemente el cuerpo y la esfera electoral; en segundo lugar, el ya aludido incremento de la diferenciación interna yconflictividad social dentro de la comunidad. La unión de ambos factores va a propiciar un contexto en el que el sistema clientelar, que tradicionalmente se había caracterizado por mecanismos informales, pero muy reales, de coacción-control, ahora tenga que exteriorizar, mostrar fehacientemente, dichas prácticas coercitivas de cara arestringir el acceso al poder. Abusos electorales, falsificaciones, compra de votos, duplicación de actas, ... se convertirán, de un lado, en compañeros inseparables de los eventos electorales, mostrando, de otro, la nuclearidad que para estos sectores oligárquicos tiene el control del poder local y que está directamente relacionado con las funcionalidad económica de dichas instituciones. Es más, del grado de importancia que alcanza el control de dichas instituciones es buena prueba el hecho de que, de forma creciente, se recurra a la violencia física -coacciones, detenciones ilegales, matones asueldo,...-como medio de asegurar el triunfo electoral y el control del poder. Ahora bien, el recurso creciente a la violencia física como fórmula de asegurarse el acceso al poder generará una especie de círculo vicioso que tenderá ahacer todavía más decisivo en control del poder, ya que se utilizará preferentemente los instrumentos de represión yviolencia -fuerzas del orden público, procesamientos,...- que facilita el propio poder. Desde esta perspectiva, si antes el control del poder por parte de la oligarquía para consolidar sus estrategias era importante, ahora será decisivo tanto para aquello como para asegurarse el acceso y la reproducción de las condiciones de dominación, especialmente en unos momentos en los que la opción "modernizadora" está generando un clima social altamente crispado. La relación entre conflicto campesino ycontrol del poder local parece clara. Más clara resulta aún si prestamos atención acuestiones tales como la evolución que sufrieron las partidas presupuestarias destinadas aguardería rural, que crecieron ostensiblemente en estos años de crisis yconflicto campesino, o el control de la beneficencia municipal en momentos de aguda crisis de subsistencia y paro agrícola, etc.. En este sentido, el control de los juzgados municipales tuvo una significación estratégica en la medida en que, a más de sus funciones contenciosas, según la ley la Guardia Civil debía actuar a su órdenes como policía judicial. Como hemos dicho, la importancia adquirida por el control de los resortes locales del poder para las intenciones de la oligarquía agraria, determinó el establecimiento de mecanismos, legales o no, de acceso restringido a los mismos. El Caciquismo constituyó, en este sentido, un mecanismo tendente areproducir ysancionar 55
Grupo de Estudios Agrarios este esquema patrimonialista del poder, constituyendo, pues, un elemento más de conflicto entre las distintas fuerzas sociales presentes en cada comunidad. Patrimonialización del poder que se concretó muchas veces en el hecho de que miembros de una o varias familias estuviesen simultáneamente al frente del ayuntamiento yjuzgado; o, más frecuentemente, en la existencia de una tupida red de parentesco entre los individuos que accedían a los cargos municipales. Las manifestaciones de este control que acabamos de ver hacen pensar en que ello constituía algo más que una mera patología oanécdota de poder. El control de los poderes locales constituía una necesidad reproductiva de la producción agraria y de las relaciones sociales que en ella se sustentaban; es por ello que deberíamos hablar de que el caciquismo formaba parte, junto con otro tipo de relaciones sociales como el clientelismo y el patronazgo de un sistema que, en el ámbito de lo local, formaba parte del régimen específico de la Restauración Dicho sistema, que estaría vigente prácticamente hasta los años 60 con la mecanización de las faenas agrícolas, podríamos denominarlo cono Sistema de Gran Propiedad, de esta manera abarcaría tanto el sistema basado en el latifundio ypropio de la Baja Andalucía como el basado en el multifundio ypropio de nuestro ámbito de estudio. Este sistema se caracterizaría por el establecimiento, mediante la combinación de factores políticos yeconómicos, de unas condiciones en el mercado de trabajo que hicieron posible la cooptación de los jornaleros y que procuraron la sobreabundancia de mano de obra ybajos salarios. La libertad absoluta de contratación, recurriendo con frecuencia a mano de obra forastera; el control de las funciones arbitrales que los ayuntamientos desempeñaban en materia salarial, en el acceso a los recursos comunales y en las condiciones de trabajo; el establecimiento de unas relaciones de patronazgo ycaciquismo; o el control del orden público y de los medios de represión, etc., constituyeron, entre otros, instrumentos esenciales para la reproducción del sistema de gran propiedad como sistema de dominación. Ni que decir tiene que este sistema de poder se basaba en ejercicio más o menos continuo de la violencia institucionalizada por parte de los terratenientes y de las instituciones locales yestatales, lo que a su vez tendió agenerar una respuesta violenta por parte de los propios jornaleros y del movimiento campesino en general. Esta reinterpretación del Caciquismo pone en tela de juicio el cumplimiento en el ámbito local de la práctica teórica del "turnismo" (uno de los elementos cruciales del sístema formal canovista), lo cual no viene sino a confirmar la constatación de que el modelo político-institucional elaborado en y desde las instancias centrales del EstadoNación no tuvo una implantación real en los ámbitos locales rurales sino más bien simplemente formal. En ellos el modelo político-institucional canovista, más que propiciar una vía real de modernización social ypolítica, viene a constituir una fórmula mediante la cual la clase dominante local intentó superar el panorama de perturbaciones políticas vividas durante el Sexenio Revolucionario (Elorza, A, 1990,275) a la par que asegurarse el control de los órganos de decisión política en unos momentos en los que la agricultura pasaba por un período de reajuste. El control del poder local adquirió una trascendental importancia a partir de la segunda década del siglo XX y fundamentalmente en los años finales de la misma, 56
Transformaciones agrarias ycambios en la funcionalidad de los poderes locales en la Alta Andalucía, 1750-1950 durante el denominado "Trienio Bolchevique". La intensidad ynaturaleza del conflicto social en el campo cambió hacia un reforzamiento de los rasgos inequívocamente clasistas -articulación horizontal frente a la tradicional articulación verticalde la acción Tuvo ello su manifestación más evidente en la generalización del fenómeno asociativo, siendo esta la via de confrontación frecuente entre campesinado ypatronal agraria. Consecuentemente, las formas de articulación del conflicto cambiaron hacia prácticas sindicales de acción/negociación yhacia reivindicaciones sociales y de condiciones de trabajo, sin olvidar las primeras reivindicaciones de una reforma de la propiedad. Como puede suponerse, la capacidad mediadora, represiva ysancionadora de los resortes del poder local apareció a los ojos de las oligarquias locales como un instrumento de uso muy conveniente. Cuestiones como la fijación de las bases de trabajo, de los salarios, la difusión de la acción sindical, etc.. convirtieron al ayuntamiento en el instrumento idóneo para intervenir en el establecimiento de determinadas condiciones laborales ysalariales y, sobre todo, en la legalidad oilegalidad de los sindicatos obreros agrícolas y en la desarticulación de la unidad de acción que suponía la huelga organizada, despejando cualquier perturbación en el funcionamiento "libre" del mercado de trabajo. Ahora bien, en estos momentos de gran convulsión social caracteristicos del Trienio, el campesinado y sus organizaciones de clase vieron en el poder local el instrumento idóneo para transformar la realidad. Hecho que llegaría aconcretarse como veremos durante la 2ª República. Tanto para unos como para otros el control de los poderes locales se convirtió en una cuestión capital. Consecuentemente, el conflicto sociolaboral se trasladó también a la esfera político-electoral. Los tradicionales mecanismos restrictivos que utilizaba la oligarquia para asegurarse el acceso ydisfrute del poder en el marco de un sistema formal de corte parlamentario comenzaron a fallar. El recurso a la violencia física, al pistolerismo, al matonismo,...como forma de retener los cargos municipales resulta buen exponente de ello y de la importancia que alcanzaba en estos momentos de crisis social aguda el dominio de esta esfera del poder. Cuando los mecanismos tradicionales de control no pudieron cumplir la función restrictiva que tenian asignada, las oligarquías agrarias apostaron por prescindir del modelo formal canovista yapoyar decididamente una solución dictatorial -Primo de Rivera en 1923que les permitiera, de un lado, asegurarse de nuevo el control exclusivo y, de otro, imponer por la fuerza de la dictadura, trabas al sindicalismo campesino y a sus reivindicaciones salariales y de reforma de la propiedad. 111. LA SUBVERSiÓN DEL SISTEMA. EL CONTROL POPULAR DE LOS AYUNTAMIENTOS La proclamación del régimen republicano en abril de 1931, suscitó, sin lugar a dudas, expectativas entre amplios colectivos rurales de la Alta Andalucía, hasta el extremo de que importantes sectores del campesinado llegaron aidentificar plenamente la esencia democrático-parlamentaria de que se hallaba investida la II República con un nuevo "status" jurídico-político que, por primera vez, venía a confirmar 57
Grupo de Estudios /vgrarios la posibilidad de una futura edificación de la anhelada "economía moral" campesina (Thompson, E., 1968, 1971) El proceso aperturista, yplenamente cargado de esperanzadoras promesas, pronto se vio seriamente obstaculizado por dificultades de naturaleza económica y política, que suscitaron no pocos enfrentamientos. La crisis económica, aún cuando sus manifestaciones más perniciosas se mostrasen considerablemente atenuadas en nuestro país, debido al particular "atraso" de nuestras estructuras productivas, repercutió muy desfavorablemente sobre el sector de exportación de productos agrícolas. El acusado descenso de los precios del aceite y del trigo (sin mencionar las reducciones en el valor de mercado experimentadas por otros cultivos ampliamente representativos de la agricultura mediterránea) colocó anumerosas explotaciones agrícolas, generalmente regentadas por medianos ygrandes propietarios yarrendatarios, en situaciones francamente inestables. La pérdida de rentabilidad de la gran propiedad agrícola, provocó entre la clase patronal actitudes enconadas en favor de la sujeción absoluta de la mano de obra campesina a fin de lograr su inmediata sobreexplotación. Teniendo en cuenta que la vía de la mecanización de las explotaciones agrícolas, se hallaba obstaculizada desde 1931 o 1932 por la pertinaz resistencia campesina, los titulares de las medianas ygrandes explotaciones agrícolas optaron por la adopción de mecanismos económicos que garantizasen el incremento de la plusvalía absoluta, para hacer frente de manera efectiva a la disminución de beneficios causada por las constricciones del mercado externo de productos y la imparable disminución del valor de lo cosechado. La legislación social reformista del primer bienio (1931-1933) reforzó el papel de los Ayuntamientos en la regulación del mercado de trabajo, hasta el extremo que la utilización "de clase" del poder local que hizo el campesinado, a través de sus representantes, desarticuló abiertamente las relaciones de dominación existentes hasta ese momento en el mundo rural altoandaluz 17. 17 Mediante el decreto de 7 de mayo de 1931, denominado de Laboreo Forzoso (elevado a Ley el 23 de septiembre de 1931), los propietarios agrícolas quedaban obligados acultivar sus tierras según los "usos ycostumbres" de buen labrador, incluyéndose en su articulado la amenaza implícita, acuantos incumpliesen sus disposiciones, con el arrendamiento de sus propiedades a los colectivos de obreros agrícolas legalmente constituidos (TuÑoN DE LARA, M., 1985). La aplicación de tal decreto permitía a las Comisiones Técnicas de Laboreo Forzoso, a las Juntas Locales Agrarias yComisiones de Policía Rural. Tanto las Juntas Locales como las Comisiones de Policía Rural estaban presididas por el Alcalde de la localidad donde estuviesen radicadas. A ellas correspondía la determinación de la urgencia conferida aciertas labores, atribuyéndose a tales cuerpos funciones de asignación de campesinos en situación de paro forzoso, para su colocación temporal en aquellas fincas donde se estimase oportuna la realización de tales faenas. Y todo ello aún a pesar de que el titular (propietario, arrendatario, etc.) de las mismas se abstuviese de cumplir lo preceptuado por los órganos centrales yprovinciales encargados de la efectiva ejecución de la Ley. De esta forma, los propietarios yarrendatarios rurales venían obligados a dar empleo, a lo largo del año, a un número concreto de campesinos en las fincas por ellos regentadas, con lo cual se diluían enormemente los lazos de dependencia económica que de manera tradicional habían ligado al campesinado frente a los propietarios acomodados de extensas comarcas de la Alta Andalucía. Ello provocó, como era de esperar, una abultadísima oleada de pro58
Tr ansjormaciones agrarias ycambios en la funcionalidad de los poderes locales en la Alta Andalucía, 1750-1950 Los Alcaldes, en su mayoría de izquierda durante el transcurso del primer bienio republicano yvinculados estrechamente a las exigencias yreivindicaciones de toda índole procedentes del campesinado, interferian continuamente en las relaciones económicas entre campesinos pobres yricos ymedianos propietarios yarrendatarios. Las primeras autoridades municipales dictaban a menudo bandos prohibiendo el uso de maquinaria agrícola, fijando especiales condiciones de trabajo en el campo o resolviendo contenciosos laborales en favor del campesinado. En su calidad de retestas patronales, que denotaban la virulenta oposición, mostrada por los miembros de las clases sociales rurales privilegiadas, hacia las disposiciones legislativas de los gobiernos reformistas del primer bienio. Para hacer frente al acuciante problema del paro forzoso en la agricultura, se sustituyeron los decadentes alojamientos por un sistema tributario, cuya recaudación era destinada a la edificación de un fondo orientado hacia la subvención de aquellas obras públicas que absorbiesen mano de obra en situación de desempleo. El recargo impositivo, gestionado por los Ayuntamientos, se establecía en una décima parte de las contribuciones territorial e industrial, siendo su ámbito de aplicación, en un principio, las províncías andaluzas yextremeñas. Simultáneamente, se concedieron ayudar económicas especiales a los pueblos para que fuesen distribuidas entre los desocupados (MALEFAKls, E., 1981). Al mismo tiempo, la regulación de la contratación de trabajadores, cualesquiera que fuese su naturaleza profesional, apreció materializada tras la promulgación de la Ley de Colocación Obrera de 27 de noviembre de 1931. En la misma se establecia la creación de una red de Oficinas de Colocación Obrera de 27 de noviembre de 1931. En la misma se establecía la creación de una red de Oficinas de Colocación municipales, provinciales, mancomunadas oregionales, sometidas a la inspección de Comisiones integradas por representaciones patronales y obreras, a las que se añadiría una "(...) representación de personalidades competentes, pertenezcan o no a la Administración Pública, nombradas apropuesta de las respectivas entidades por el Ministerio de Trabajo y Previsión". En todos los casos, el presidente de las Comisiones Inspectoras de las oficinas de colocación, debía ser un obrero, designado mediante acuerdo de los miembros componentes de las mismas. Si no se obtuviese tal acuerdo, sería nombrado por el Ministerio de Trabajo, previa presentación de ternas por cada una de las representaciones profesionales y por el Delegado de Trabajo provincial. Se dictaba, asimismo, la creación de un registro municipal, radicado en las Alcaldías de los Ayuntamientos, con las inscripciones diarias de las ofertas ydemandas de trabajo. En las cabeceras de partido judicial, las capitales de provincia y en aquellas localidades más importantes de cada provincia donde se considerase oportuno, se crearían oficinas de colocación, con las necesarias secciones para los diversos ramos de la agrícultura, la industria, el comercio o las actívidades profesíonales domésticas. De esta forma, la inscripción de los trabajadores agrícolas en paro, así corno su contratación por los propietarios rurales, comenzaban a constítuirse en relaciones económicas yjuridicas entre las clases sociales rurales controladas, en muy buena medida, por los miembros de los grupos sociales rurales populares a través de sus representantes políticos locales. La supervisión por parte de los alcaIdes izquierdistas, y de las sociedades obreras agrícolas, de los registros de inscripción de campesinos parados (comúnmente denominados Bolsas de Trabajo), y la obligatoriedad que recaía sobre los patronos para que contrataran a los trabajadores que necesítasen, solícítándolos de las ofícinas municipales de colocación obrera, yrespetando rigurosamente el orden de ínscrípción de parados en la Bolsa de Trabajo, se convertirían, a medida que progresaba el fortalecimiento de las ínstituciones republicanas, en realidades contestadas con frecuente acritud por las clases sociales rurales dominantes. Sobre todo, porque estas últimas perseguían, ante todo, mantener viejas situaciones de privilegio en la contratación, mediante la marginación sistemática de los campesinos más declaradamente vinculados a las organizaciones políticas ysindicales de izquierda. 59
Grupo de Estudios Agrarios SALAS y VIVES, P. (1994): Les estructures del poder local ¿la Mallorca rural (1855-1896). Tesis doctoral inédita: Universidad de las Islas Baleares. Scon, J. (1977): "¿Patronazgo oexplotación?" en Ernest GELLNER (et alii) Patronos y clientes. Barcelona, Júcar, pp. 35-61. SEGALEN, M. (1981) (1992): Antropología histórica de la familia. Madrid: Taurus. SORIA MESA, E. (1992): "Señores y oligarcas: la Vega de Granada en los siglos XVII al XIX", Crónica Nova, 20, pp.315-340. SORIA MESA, E. (1994): Los señoríos en el Reino de Granada. Siglos XV-XIX, Granada, Universidad de Granada. Tesis Doctoral. Microfichas. THOMPSON, Edward P. (1968): The Making ofthe English Working Class, Hardmondsworth, Penguin. THOMPSON, Edward P(1971): "The Moral Economy of the English Crowd in the Eighteenth Century", en Past and Present, nº 50 (Febrero), pp. 76-136. TUÑON DE LARA, M. (1985): Tres claves de la Segunda República. La cuestión agraria, los aparatos del Estado, Frente Popular, Madrid, Alianza Editorial. WINDLER-DIRISIO, C. (1994): "Campesinos pobres y absolutismo reformista", en Noticiario de Historia Agraria, nº 7, (Enero-Junio), pp. 67-108. WRIGLEY, EA (1988): Continuity, Chance and Change. The Character of Industrial Revolution in England Cambridge: Cambridge University Press, 1988. Hay Traducción española en Barcelona: Crítica, 1993. 66