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Antes de nacer sabíamos trabajar. Absentismo escolar y trabajo infantil en el Madrid rural del primer tercio del siglo XX

Borrás Llop, José María

Abstract

En este artículo se aborda el trabajo infantil en el campo español del primer tercio del siglo XX, a través de un indicador como el de la escolarización real: matricula, abandono y absentismo, según edades y sexo. El estudio se centra en un pueblo madrileño (Villamanta), en el que se ha encontrado una fuente raramente utilizada: el libro de asistencia de los niños (curso 1932-33). Estos datos se han cruzado con los del Padrón Municipal de 1930, con otras fuentes locales y con testimonios de hombres y mujeres que vivieron su infancia en aquellos años. El modelo de escolarización no es diferente al predominante entonces en el mundo rural español: temprano abandono, intenso absentismo estacional y diferencias de género. Este modelo se asentaba en el reparto del tiempo de niños y niñas determinado por las economías domésticas necesitadas de la actividad laboral infantil, de la que podlan beneficiarse directamente, en trabajo, o indirectamente, en renta o en especie. La intensidad del trabajo infantil era paralela a la del absentismo escolar. Un trabajo absorbido sobre todo por las unidades productivas familiares. En Villamanta, sólo en el caso de las niñas puede hablarse de un mercado laboral, en el sector servicios, de alcance local y regional.

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HISTOJ?IA AGRARIA. 11• .'0 • Abril .'000 • pp. 169-194 •©SEHA Antes de nacer sabíamos trabajar. Absentismo escolar y trabajo infantil en el Madrid rural del primer tercio del siglo XX José María Borrás Llop Desde la teoría del capital humano se ha sostenido que la escolarización primaria, en la España del XIX y comienzos del XX, no estuvo condicionada por el trabajo infantil (Nuñez, 1992). Esta tesis no cuestiona realmente las sistemáticas ocultaciones del trabajo femenino e infantil, en los Censos de Población. La observación de otras fuentes, particularmente las emanadas de las instituciones escolares, y un cierto interés por otros ámbitos historiográficos, habrían hecho imposible tan apresurados argumentos. En los últimos años ya habían ido quedando obsoletos aquellos estudios que no cuestionaban la propia configuración de los grupos de edad de las encuestas de población activa, mientras que la realidad del trabajo infantil en el mundo rural comenzaba a ser reconocida -más tardíamente que la del empleo adulto femeninopor dos líneas de investigación distintas, no siempre atentas la una a la otra. Se trata, por un lado, de las monografías locales oregionales emprendidas desde una renovada historia de la educación; por otro, de los estudios sobre estructuras yeconomías familiares campesinas. Hay que reconocer, en fin, que si los historiadores hubiéramos prestado mayor atención a la obra de los antropólogos, como mínimo a la de los más cercanos, hace tiempo que habría proliferado en la historiografía una aproximación más ajustada a las diferencias de sexo y edades de la fuerza laboral empleada en el campo. Fecha de recepción del original: noviembre de 1999. Versión defi nitiua: febrero de 2000 . • José María Borrás Llop es Catedrático de E. U. yprofesor de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense. Departamento de Historia Contemporánea, Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense, 28024 Madrid, -mail: josebouc encmax.sim.ucm.es. 169 José María Borrás Llop El análisis del Censo de 1887 (Reher, Pamba y Nogueras, 1993) dejó bien asentado que la alfabetización, en la que obviamente se incluye la escolarización, no puede ser considerada una variable independiente. El 11 Coloquio de Historia de la Educación que se celebró en Valencia, en 1983, con un titulo significativo de la superación de un enfoque estrictamente institucionalista (Escolarización ysociedad en la España contemporánea, 1808-1970), había dado cuenta ya de ciertas investigaciones locales en las que el trabajo infantil se presentaba como un obstáculo a la e scolar izac ión ' . En las monografías que se publicaron en años posteriores, la contrastación de datos sobre matrícula yasistencia escolar, puso de relieve, entre otras cuestiones, el alcance de un absentismo crónico muy extendido, "uno de los más graves agujeros negros de la realidad educativa del siglo XIX y comienzos del XX" (Escolano, 1992:78), un problema que siempre estuvo presente en los distintos niveles de las instituciones educativas, como también en los comentarios de los observadores próximos. Fue común entonces, y lo sigue siendo en las interpretaciones historiográficas, apuntar hacia las actividades laborales de niños y niñas como uno de los factores decisivos de dicho absentismo. Pero no contamos más que con ciertas estimaciones de la escolarización de hecho. Como señaló Narciso de Gabriel, en su importante estudio sobre Galicia (1990:280-294), las memorias anuales elaboradas por los maestros -una fuente de obligada consulta-, al igual que las estadisticas oficiales, tienden asobreevaluar las tasas medias de asistencia. Las fuentes mencionadas no permiten, particularmente, un conocimiento exacto de las fluctuaciones estacionales del absentismo escolar. En el caso británico, los school lag books de finales del XIX son más explícitos que nuestros estados escolares. Los maestros detallaban regularmente los motivos de las faltas de asistencia, personalizándolos incluso en ocasiones. Aunque se echa de menos un estudio sistemático de los mismos, se ha apuntado al trabajo infantil como la causa más explicativa del absentismo, en relación con los ciclos agrícolas locales (Horn, Kitteringham). El presente trabajo -parte de un proyecto de investigación más amplio"- se centra en un pueblo de la provincia de Madrid (Villamanta) y parte del análisis de una fuente única, que sólo se ha encontrado para este lugar, entre todos los fondos de archivos municipales depositados yclasificados -hasta marzo de 1998en el Archivo Regional de Madrid (dieciocho municipios en total)". Se trata del Libro de matrícula, Cabe citar las aportaciones, en dicho Coloquio, de P Bailarín Domingo ("La creación de escuelas públicas y el analfabetismo en la provincia de Almería en la segunda mitad del siglo XX"), de M. Borrás Candel yA. Mayordomo Pérez ("La asistencia a las escuelas en la provincia de Valencia. Estudio aproximativo através de las mernonas del Magisterio, 19081912") Y de L.M. Lázaro Lorente ("Algunos datos de escolarización rural en Valencia. El caso de Mahuella, 1908-1910") "Trabajo infantil yescolarización en el campo madrileño (primer tercio del siglo XX)", proyecto (3770/1997) subvencionado por la Comunidad de Madrid. He de agradecer a todo el personal del Archivo Regional de Madrid las múltiples facilidades que me prestaron. 170 HiJ/. A,~rdr. JI. .sn »AIJril.lO()() • pp. /69-194 Absentismo escolar y trabajo infantil en el Madrid rural asistencia diaria, clasificación ycorrespondencia (Curso de 1932-1933) de la Escuela Nacional de Niños de Villamanta dirigida entonces por el maestro D. José Cela Dapena". En este registro se anota la lista de alumnos matriculados, sus edades, nombres de los padres yprofesión del cabeza de familia. Dividido en hojas mensuales, todos los días de clase se apuntan las faltas de asistencia de cada alumno, de mañana, tarde ojornada completa, aunque el sistema de anotación no distingue claramente entre mañana ytarde. Este registro permite conocer exactamente el calendario escolar real. Desgraciadamente, no se conserva ningún ejemplar equivalente de la otra escuela de Villamanta, la Escuela Nacional de Niñas": lo que supone evidentemente un límite considerable para el propósito de este estudio. Para contrarrestar la falta total de información sobre las niñas escolarizadas, se ha recurrido al Padrón Municipal de 19306,con el fin también de contrastar ycompletar los datos sobre niños escolarizados ysus familias. Finalmente, si se quiere obtener además información sobre los tipos de tareas laborales ejecutadas por niños yniñas es imprescindible recurrir al testimonio oral de los protagonistas. Con este objetivo se realizaron entrevistas abiertas a cinco mujeres ycinco hombres, que vivieron su infancia en Villamanta, nacidos entre 1908 y19267. Villamanta tenía 813 habitantes en 1930. Perteneciente al Partido Judicial de Navalcarnero, se encuentra en el sudoeste de la provincia de Madrid, a 42 kms. de la capital. Pueblo eminentemente agrícola, la única manufactura existente era la de viejos oficios relacionados con la tierra: herrería ycarpinterta". El término municipal comprende zonas extensas de monte alto ymonte bajo, tierras de labor yde huertas. Se cultivan los cereales (trigo, cebada yavena), el viñedo, garbanzos yolivos, junto aencinares yalqarrobos". En las huertas -no todas de subsistenciase cosechaban judías ytomates sobre todo. La comercialización de estos últimos, precisamente, suele ser recordada por los informantes como un hecho diferenciador con respecto al presente. Archivo Regional de Madrid (ARM), 111/1915 El libro difundido por la Editorial Magisterio Español contiene aclaraciones para normalizar las anotaciones, así como disposiciones de la normativa vigente sobre admisión de niños en la escuela, materias de enseñanza ypresupuesto del material. Censo General de Establecimientos de Enseñanza elnstituciones Culturales. Ayuntamiento de Villamanta, 30 de Junio de 1933 (ARM, 141/2547). ARM, 225/3871 En la realización de las entrevistas de Villamanta, yen las transcripciones correspondientes, ha sido fundamental la colaboración de Eva M. Morata Marco. En apéndice figuran los nombres yedades de nacimiento de los informantes. Las clasificaciones profesionales de censos yencuestas son a menudo imprecisas einciertas. Las fuentes orales son de gran valor para contrastarlas. A uno de los cabezas de familia identificados por el Padrón como "Industrial", se le atribuye la propiedad de una "carretería" en la Matrícula Industrial de 1936 (ARM, 6/73). El maestro lo considera "carpintero", mientras que una de sus hijas puntualiza: "Mi padre herrero, mi padre sabia las dos cosas herrero y carpintero, pero claro, habia mucho trabajo de labranzas yhabia que acudir mucho a la fragua" (Julia López Reneses). "Relación de propietarios, cultivos oaprovechamientos, clases de terreno ysuperficies imponibles de las parcelas y subparcelas", 1917 (ARM, 87/1596). HiJ/. Agra'r, n. lO· Abril 20()O •pp. ]69-194 171 José María Borrás Llop TABLA 1. DISTRIBUCiÓN DE LA RIQUEZA RÚSTICA CATRASTADA EN VILLAMANTA (1-XII-1933) Propietanos Líquido Imponible Grandes Prop Medianos Prop Pequeños Prop (más de 5.000ptas.) (1000 a 5.000ptas.) (menos de 1.000ptas.) Núm % ptas % Núm valor % (va.tot.) Núm valor % (valtot.) Núm valor % (valíot.) Residentes en el municipio 80 13.61 51871.13 26.61 1768360 9.07 16785.53 8.61 70 17402.00 8.93 No residentes 508 88,39 143089.63 73.39 42616.28 2186 14 42487,02 21.79 489 57986,33 2974 Total 588 100.00 19496076 100.00 60.299,88 30.93 22 59272.55 30.40 559 75388.33 38,67 Fuente: ARM, 165/2928, Padrón de la riqueza rústica. Término Municipal de Villamanta, 1-XII1933 (ARM, 165/2928) La mayor parte de la riqueza rústica estaba en manos de propietarios residentes fuera de Villamanta (Tabla 1), en Madrid y en pueblos próximos (Navalcarnero, Villanueva de Perales, Méntrida yValmojado sobre todo). Los pequeños propietarios eran los más numerosos: constituían alrededor del 95% del total -un 87% entre los residentes en Villamanta-, aunque sólo detentaban algo más del tercio de la riqueza, Esta última se distribuía en partes casi análogas entre las tres clases de propietarios, Tal distríbución se diferenciaba de los totales provinciales madrileños, por un peso algo mayor de las pequeñas ymedianas propiedades en detrimento de las grandes (Carrión, 1975: 113). Entre los vecinos del pueblo parece haber estado extendida la idea de que entre ellos no había realmente "ricos, ricos". Una imagen que desde luego no carece de fundamento, sobre todo si tenemos en cuenta que una de las dos grandes propiedades pertenecientes acontribuyentes con domicilio en el lugar era la de Propios de la Villa, una dehesa de tierras de labor y pastos, cuyas parcelas se sorteaban entre los vecinos cada dos años. La condición de los pequeños propietarios era muchas veces precaria, como ocurría en otros lugares. José Dadama puede ser considerado representativo de los pequeños propietarios vecinos de Villamanta, con un patrimonio rústico intermedio entre los de su clase. A unas ocho hectáreas de tierras de labor, le correspondían un líquido imponible de 340 ptas., ligeramente superior al de su hermano Francisco, pero inferior al de su hermano Segundo (440 ptas.). José, además de ocuparse de sus tierras, hacía peonadas con la yunta o el carro. La familia estaba compuesta por el matrimonio (52 y 48 años), dos hijos (de 24 y 12 años) y dos hijas (de 21 y 16) El mayor consta como "jornalero" en el Padrón de 1930, aunque trabajaba sobre todo en las tierras del padre, en las propias y en las que cogía a renta. El menor, escolarizado entre los 6 y los 14 años, participaba activamente en las actividades productivas familiares, desde los 8 años, según su propio testlrncnio". Las mujeres de la casa "salían poco atrabajar", pero acudían al campo cuando eran necesarios más brazos, 11 Efectivamente, en el listado escolar de 1932-33 no figura ya Dionisia Dadama Serrano. 172 HiJ!. /vgrar, 11," JO· Abrí/lO()O • /JI}. 169-194 Absentismo escolar ytrabajo infantil en el Madrid rural para evitar el pago de jornales". La madre cuidaba también de los animales domésticos, y las hermanas iban además a la dehesa aespigar o a recoger bellotas. Contaban con cuatro ocinco vacas, utilizadas para la labor, y sólo cuando el hijo pequeño fue más mayor adquirieron dos burros con los que el chico se puso a arar. Las compras siempre se hacían a fiado. Por "los santos", después de la vendimia, se acababan de pagar las deudas, incluidos los trabajos solicitados al herrero. Alvaro Núñez era otro de los pequeños propietarios del lugar, con una situación algo más desahogada (470 ptas. de líquido imponible). Fue propietario de tierras de labor y de huertas. "Mis padres pues eran... eran de estas (personas) que se suelen decir medianas; osea, tenían sus tierras, su ganado, no iban atrabajar para otros" (Juan). Al contrario, pudieron pagar jornales: "aquí, antíguamente se ponía una olla grande, para una cuadrilla de seis u ocho hombres" (Dionisia). No por ello dejaron los hijos de trabajar, desde los seis años. El matrimonio, con 38 y 34 años, tenía siete hijos, todos varones salvo una niña de 4 años. Los dos mayores, de 16 (Dionísio) y 13, están inscritos en el Padrón de 1930 como "jornaleros". En realidad, trabajaban para el grupo doméstico. Pero el tercero de los hijos -escolarizado con diez añosrecuerda haber trabajado a jornal en huertas de otros, hasta que el padre se hizo con dos huertas propias, cuando tenía unos 12 años, "y hacía falta más personar' (Juan). A pesar de tener hermanos mayores, los que iban detrás de Juan no se libraron de hacer faenas: "los más chicos estuvieron enseguida con el ganado; compró mi padre ovejas también, por si eran poco las vacas; yse metieron ellos de pastorcillos con otra gente que había en casa" (Juan). En Villamanta eran más los campesinos sin tierra que los propietarios. Según una relación de la Junta provincial del Instituto de Reforma Agraria, su número ascendía a 106' 3 .Su condición era también diversa: jornaleros, segadores, muleros, pastores, hortelanos ylabradores opequeños arrendatarios. Las fronteras entre unos y otros no eran siempre claras, o no eran fijas, como ya se ha visto para otros lugares. En la clasificación profesional de los padres de niños escolarizados hay algún hortelano y labrador que en el Padrón de dos años antes figura como propietario; ojornaleros que en este último constan como labradores yhortelanos, aunque las coincidencias son mayoritarias. Cualquiera de estas clasificaciones laborales, nunca da cuenta de la combinación de ocupaciones, de la pluriactividad en la que se asientan las estrategias de los grupos domésticos, una cuestión que la historiografía de los últimos años ha dejado ya establecida. Las fuentes orales son a este propósito muy esclarecedoras. Patricio Malina fue más que un "jornalero" a secas (identificacion del Padrón y del listado escolar): pequeño arrendatario de tierras de labor y de "un cachito de huerta", cuando sus hijos pudieron hacerse con las faenas del campo, se '2 "Como no podíamos dar jornales, pues avendimiar todo el mundo ( ..); que podía ir uno, pues uno, que podías ir los cuatro, pues íbamos los cuatro ( ..). En mi casa no hemos vivido tan mal, pero vamos, no había para dar jornal, ni cosas de esas, ya le digo. Se iba tirando de lo que se iba sacando de las cosechas." (Dionisia Dadama) 13 "Relación nominal de obreros agrícolas yobreros ganaderos, propiamente dichos, o sea campesinos que no posean porción alguna de tierra, vecinos de este Ayuntamiento", Villamanta, 16-11-1935 (ARM, 172/3061) Hist, Agrar. 11." JO. Abril ]O(){)· pp. 169-194 173 José María Borras Llop colocó como "encargado" en una finca y luego como empleado en una bodega. Eduardo Fresno -identificado también como "jornalero" en las dos fuentes citadasdejó de trabajar exclusivamente a jornal, en torno a 1934, cuando el menor de sus tres hijos varones tenía entre 13 y 14 años; entonces se hizo pequeño arrendatario de tierras de huerta y de labor, en las que trabajarán sus hijos". Las ocupaciones productivas campesinas, condicionadas por las estrategias domésticas de subsistencia, dependen evidentemente del ciclo vital familiar -de su propia oferta de fuerza de trabajoy, además de no ser normalmente únicas, no son nunca estáticas. 1. TASAS DE ACTIVIDAD V EDADES DE LA ESCOLARIZACiÓN En Villamanta la escolarización primaria no se aparta del modelo predominante en España. Los porcentajes de escolarización (Tablas 2 y 3) no se diferencian mucho de los del total español, aunque son algo superiores a los mismos.". El diferencial sexual responde al que todavía prevalecía en España, a pesar de desigualdades provinciales: mayor escolarización de los niños. Fínalmente, la escolarización decrece sensiblemente apartir de los 10 años", en ambos sexos. Pero estos rasgos generales han de ser matizados, por grupos de edad, sexo y categorías socio-profesionales de los cabezas de familia. Los datos del Padrón Municipal de 1930 parecen ser fiables, a juzgar por la similitud entre la cifra de niños escolarizados del Padrón (49) y la del Libro de matrícula del curso 1932-33 (55 alumnos a partir del mes de enero). En ambos casos (Gráficos 1, 2 Y 3) el grueso de los escolarizados se sitúa en el grupo de edad 6-10 años. La disminución de la matrícula, en las edades superiores, se debe sobre todo al inicio de una actividad laboral reconocida, a partir de los 12 años. La tasa de actividad progresa aceleradamente en los últimos tres años de la escolarización obligatoria 17. En 1930, el único chico de 14 años que sigue en la escuela es hijo de guardia civil. Todos los demás están inscritos como "jornaleros". Con tal denominación, el Padrón parece referirse a los chicos no escolarizados, mayores de 11 años, que trabajan a tiempo completo, sea o no para el grupo doméstico de pertenencia, y en cualquier tipo de actividad laboral, no exclusivamente en la agricultura y ganadería 18. 14 "Mi padre (trabajó) primero ganando jornal; luego ya, cuando salimos todos pues se metió a la labor y la huerta, hortelano y a segar" (Crescencio Fresno). 15 En septiembre de 1933, los porcentajes de alumnos matriculados en España, con relación a la población escolar eran de 53,29% para los niños y de 50,50 para las niñas (cálculos a partir de los datos -corregidosdel Anuario Estadístico de España. 1932-1933, Madrid, 1934) 16 Para tener datos de matrícula por edades y sexo, hay que remontarse a la Estadística de Escuelas Nacionales. Población escolar, Escuelas, Matrícula. Asistencia. 1923 (Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, Madrid, 1924, pp.34-39), que compara datos de matrícula , de 1923, con cífras de población escolar (6-12 años) por provincias, procedentes del censo de 1920. Hasta los 9 años la matrícula supera el 50%, pero pasa a ser del 45 y 44 %, respectivamente, a los 10 Y 11 años. 17 Según los datos del padrón, las tasas de actividad son de 33,3% a los 12 años, 75% a los 13 y 91,6% a los 14. 18 Esta suposición se basa en los testimonios orales, algunos ya citados. 174 Hisr. Agrill". 1/. lO. Abril ]O()() •pp. ló9~194 Absentismo escolar ytrabajo infantil en el Madrid rural GRÁFICO 1. NIÑOS ESCOLARIZADOS EN VILLAMANTA, 1932-33 12 10 8 6 4 2 O 678910 11 12 13 Edades GRÁFICO 2. ACTIVIDADES DE LOS HIJOS DE CAMPESINOS. VILLAMANTA, 1930 120,00 T""""""~~"~"~""""""~'""'~""~""~""""'~"~"~'~~~~~~~~'"""'~~"'~¡ 100,00 +--------- 80,00 +--------- 60,00 +-------1 40,00 -¡--- 20,00 +--- 0,00 +--- 1lliI3a5 06 a10 1lliI11 a 14 Los testimonios orales ponen de manifiesto que, entre los 10 Y 12 años, la actividad laboral infantil emprende una andadura nueva, La memoria es raro que sea precisa, seguramente porque no puede acudir a una referencia clara que señale una ruptura determinante entre dos etapas distintas, Dionisia Núñez no recuerda exactamente cuándo dejó la escuela: "no creo yo que estuviera hasta los doce, no recuerdo bien", Pero esos años son los mismos ("tendría entonces once añitos") en que comienza a arar solo, con un par de borricos; yes también el momento de coger el azadón, Hisr. Agrt1r. n. .20· Abril ]()O() • /JI), fó9-J94 175 José María Borrás Llop GRÁFICO 3. ACTIVIDADES DE LAS HIJAS DE CAMPESINOS. VILLAMANTA, 1930 120,00 100,00 80,00 60,00 40,00 20,00 0,00 m3a5 06 a10 .11 a14 hacia los doce. El pequeño de los Dadama (Dionisia) evoca puntualmente el inicio de una larga etapa: "de doce años, arando,' ysigo arando hasta los ochenta". "Me daban los araos, me daban en la cara como aquél que dice, eran más altos los araos que yo". Por entonces también trabajaba con el azadón en las viñas. El tiempo del abandono escolar coincide con aquél en que el desarrollo físico del niño permite -aunque sea a duras penasmanejar los aperos de los hombres. Es entonces cuando su ocupación en las faenas adopta los mismos ritmos que los de sus mayores. La empuñadura del arado o del azadón hace las veces de rito de paso hacia una adolescencia en la que las pautas laborales son las del adulto. Siendo decisivo el desarrollo corporal del niño en su constitución como fuerza de trabajo, no ha de extrañar que en la actualidad nos encontremos con edades muy semejantes en zonas con una agricultura de escasa capltallzación" . El grupo más importante de padres con hijos de ambos sexos en edad escolar (1930)20, Y de padres de varones matriculados en la escuela en 1932-33 (Gráfico 4), corresponde al de los jornaleros. Aunque estos últimos son los que -después de los artesanostienen una media mayor de hijos de 6-14 años por hoqar-". es obvio que 19 Por más que sea algo esperado, no deja de producir cierto estremecimiento la lectura de testimonios recientes como el de este maestro chileno: "De 10 años para arriba aran. Cuando ya se pueden el arado (sic) ahi empieza la actividad. Atizan bueyes, aran, siembran y cosechan, todo para el consumo de ellos. Estando firme el niño, que no lo bote el arado, ya está bueno para el trabajo" (Gajardo yAndraca, 1988:69). 20 Según los datos del Padrón, el 41% de los padres con niños yniñas de 6-14 años eran "jornaleros". 21 Las medias respectivas (entre paréntesis) son las siguientes: artesanos (2,3), jornaleros (2), propietarios (1,8), hortelanos (1,6), labrador (1,5), asalariados (1,5). 176 Hist, Agl'tl1'. n, lO· Abril ]()()() •pp. 169~J94 Absentismo escolar ytrabajo infantil en el Madrid rural TABLA 2. ACTIVIDADES DE NIÑOS YNIÑAS DE 6-14 AÑOS. VILLAMANTA, 1930 Niños Niñas N° Jornaleros Escolarizados Sin ocupación N° Sus labores Escolarizadas Sin ocupación n° %n° % n" %n° %n° %n° % LABRADORES Niños/as de 6-11 °0,0 4 50,0 450,0 6350,0 2 33,3 16,7 Niños/as de 12-14 2100,0 °0,0 °0,0 2 2 100,0 °0,0 °0,0 Total 10 220,0 4 40,0 4 40,0 8 5 62,5 225,0 12,5 HORTELANOS Niños/as de 6-11 °0,0 3 100,0 °0,0 °0,0 100,0 °0,0 Niños/as de 12-14 1 100,0 °0,0 °0,0 266,7 33,3 °0,0 Total 4 25,0 375,0 °0,0 2 33,3 4 66,7 °0,0 PROPIETARIOS Niños/as de 6-11 5°0,0 5 100,0 °0,0 4°0,0 4100,0 °0,0 Niños/as de 12-14 250,0 50,0 °0,0 2 2 100,0 °0,0 °0,0 Total 714,3 685,7 °0,0 6 2 33,3 4 66,7 °0,0 JORNALEROS Niños/as de 6-11 22 0,0 15 68,2 731,8 28 4 14,3 22 78,6 2 7,1 Niños/as de 12-14 12 66,7 4 33,3 °0,0 15 14 93,3 1 6,7 °0,0 Total 34 23,5 19 55,9 720,6 43 18 41,9 23 53,5 24,7 ASALARIADOS Niños/as de 6-11 13 °0,0 69,2 4 30,8 81 12,5 562,5 225,0 Niños/as de 12-14 64 66,7 33,3 °0,0 4 4 100,0 °0,0 °0,0 Total 19 4 21,1 11 57,9 21,1 12 541,7 541,7 2 16,7 ARTESANOS Niños/as de 6-11 2°0,0 2100,0 °0,0 333,3 266,7 °0,0 Niños/as de 12-14 4375,0 25,0 °0,0 ° ° ° ° Total 6 3 50,0 50,0 °0,0 333,3 2 66,7 °0,0 SERVICIOS Niños/as de 6-11 °0,0 2 100,0 °0,0 812,5 87,5 °0,0 Niños/as de 12-14 150,0 150,0 °0,0 250,0 50,0 °0,0 Total 425,0 375,0 °0,0 10 2 20,0 880,0 °0,0 TOTALES Niños/as de 6-11 55 °0,0 40 72,7 15 27,3 60 10 16,7 45 75,0 58,3 Niños/as de 12-14 29 20 69,0 931,0 °0,0 28 25 89,3 310,7 °0,0 Total 84 20 23,8 49 58,3 15 17,9 88 35 39,8 48 54,5 55,7 Hi.rt. Agrar. »: 20· Abril 2000· P/J. 169-194 177 José María Borrás Llop camino inverso: cuantificar el absentismo escolar para preguntarse sobre el uso del tiempo substraído a la educación formal. En España, la Estadística de Escuelas Nacionales elaborada por el Ministerio de Instrucción Pública en 192332 ,no se limitó a publicar datos provinciales de la asistencia media anual de alumnos de ambos sexos, como venía siendo habitual, desde 1885, en las estadísticas escolares facilitadas por la Administración central. Por primera vez se publicaban cifras mensuales de asistencia media por provincia, sin diferenciación de sexo, al mismo tiempo que se daban a conocer los resultados de una encuesta realizada entre maestros de las distintas zonas de inspección, en la que se les preguntaba sobre la frecuencia de la asistencia, según las edades, y las "causas principales" del absentismo escolar>. De tales datos se desprende un modelo generalizado de absentismo'": con dos características básicas. En primer lugar, la asistencia fluctúa estacionalmente. La asistencia media global sigue una curva ascendente, después de septiembre, que pasa a ser descendente después de abril. Septiembre es el mes de asistencia mínima en 24 provincias, mientras que junio lo es en otras 2235 .La asistencia máxima corresponde a los meses de enero, febrero y marzo en la mayoría de provincias. En segundo lugar, la edad se revela como un factor decisivo de la presencia o no en las escuelas. Los diez años constituían una frontera clara entre una mayor regularidad de la asistencia, en los primeros cursos de la escolarización, y una mayor irregularidad en los últimos". La contabilidad de las respuestas acerca de los determinantes del absentismo es muy confusa como para tenerla en cuenta, pero puede retenerse que "el trabajo prematuro de los niños" y el "abandono de padres yautoridades" se apuntan como los motivos más importantes, mientras que "las circunstancias de locales y distancias" se anotan en contadas ocasiones. La curva de asistencia escolar en Villamanta no sigue una evolución muy dispar de la curva de promedios españoles de diez años antes (Gráfico 4). El comienzo es divergente. Al iniciarse el curso, en septiembre, la asistencia en el pueblo madrileño alcanza un máximo que no volverá a repetirse. Pero en ambos casos -en Villamanta después de una manifiesta caída en octubrela asistencia crece a finales del otoño, manteniéndose elevada a lo largo del invierno. En Villamanta hay un retroceso en enero y un incremento notable de la asistencia, que se acerca a las cifras del inicio de curso, cuando los rigores invernales se han dejado atrás, en marzo. El descenso de la asistencia, en plena primavera, después de abril, es mucho más pronunciado en Villamanta, con datos que llegan hasta el mes de julio. El absentismo se generaliza 32 Véase referencia completa en nota 16. 33 Se recibieron un total de 30.000 respuestas de maestros, agrupadas en cada zona por los inspectores respectivos, con criterios que no se explicitan. 34 Este modelo es sin duda muy tosco, no distingue entre sexos y apenas entre edades; se basa en medias provinciales seguramente infladas; en respuestas a una encuesta de criterios imprecisos. Pero no por ello debe ser desestimado. 35 La asistencia media global es de 51,7 %en septiembre, 65,7 %en febrero -en su punto más altoy 52,4 %en junio. 36 Las respuestas son muy unánimes. Las edades de asistencia escolar más regular se sitúan entre los 6 y los 10 años, y las de mayor irregularidad entre los 10 Y los 13, en la mayoría de las zonas de inspección. En las restantes se avanzan los tramos de edad 6-9 y 10-12 respectivamente. 184 Hist: Agrdr. n," 20 • Abril ]O()() • PI), 169J94 Absentismo escolar ytrabajo infantil en el Madrid rural GRÁFICO 4. PROMEDIOS DE ASISTENCIA ESCOLAR (%) 90 80 70 60 50 40 30 20 10 O IX X XI XII 11 111 IV V VI VII 1-.- España, 1922-23 (niños/as)illifL Villarnanta, 1932-33 (niños) GRÁFICO 5. PROMEDIO (%) DE ABSENTISMO ESCOLAR SEGÚN PROFESIONES DE LOS PADRES 120,00 100,00 80,00 60,00 40,00 20,00 0,00 IX X XI XII I 11 111 Villa manta, 1932-33 IV V VI VII -+- LABRAOORES '" JORNALEROS HORTELANOS ARTESANOS __ ASALARIADOS __ SERVIQOS H¡st, ARrar. 11." JO· Abril 2()()() • pp. 169-194 185 José María Borrás Llop GRÁFICO 6. PROMEDIOS (%) DE ABSENTISMO ESCOLAR, POR EDADES, ENTRE HIJOS DE CAMPESINOS 120,00 100,00 +-------------------------,,,..----11----4 80,00 t--------------------r--::;l!"=="iI/1;"'---J~ 60,00 40,00 +----.,~- .. ..._ 20,00 0,00 +-----.---,---,--,..---,-----,,----..,----,----.------.-----i __ SEIS SIETE OCHO NUEVE --.-DIEZ ___ ONCE -TRECE IX X XI XII I 11 111 Villamanta, 1932-33 IV VVI VII en el último trimestre del curso. Catorce niños, de los cincuenta ycinco inscritos, desaparecen de la escuela en el mes de junio. En julio, aunque sólo se imparten clases hasta el día 11, en horario de media jornada, la asistencia vuelve a retroceder de forma acelerada: en estos días del verano, la escuela es abandonada totalmente por 33 alumnos. La fluctuación estacional de la asistencia -rnás rotunda en un núcleo ruralsugiere desde luego una vinculación de la misma con el ciclo agrícola. La diferenciación del absentismo, según las edades de los chicos y según las ocupaciones de sus padres, conduce a una conclusión firme: la participación de los niños en las tareas determinadas por el calendario agrícola es el factor más decisivo del extendido absentismo escolar. De su evolución, según las distintas actividades paternas (Gráfico 5), se desprenden supuestos significativos. En primer lugar, y como es lógico en una población agrícola, son los comportamientos de hijos de campesinos de diverso tipo los que determinan las fluctuaciones de los promedios generales: incremento de las ausencias en octubre, mayor frecuentación en invierno yabsentismo generalizado en primavera-verano. De las ocupaciones no agrarias, son las escasas del sector servicios-profesiones liberales sobre todolas que no acusan de ninguna manera la eventual incidencia del calendario agrícola. Los hijos de artesanos yasalariados son los únicos que mantienen un elevado absentismo en invierno, pero en el último trimestre se alejarán también de la escuela, en una desbandada protagonizada más activamente por la prole de hortelanos ylabradores. La masiva retirada de la escuela practicada por estos últimos confirma algo que se deducía del análisis de las tasas de actividad y de escolarización: el trabajo infantil es más intenso entre los grupos domésticos constituidos como pequeñas unidades de producción. En el caso de los 186 Híst, Agrio', 11. lO· Abril .?OOO •pp. j(¡i)-194 /vbsent ismo escolar ytrabajo infantil en el Madrid rural hijos de labradores, el abandono de la escuela en el mes de julio llega a ser casi total. En ello no influyen las edades de estos últimos. Todos son menores de 13 años y más de la mitad de los mismos tienen entre 7 y 9 años. TABLA 3: PROMEDIOS DE ABSENTISMO ESCOLAR (%) VILLAMANTA, 1932· 33 (HIJOS DE CAMPESINOS) Edades IX-VII V-VII seis 43,18 67,09 siete 25,95 51,36 ocho 41,42 69,72 nueve 36,61 65,12 diez 47,79 85,97 once 43,51 80,37 doce 41,70 80,16 trece 58,56 98,02 Como puede observarse en la Tabla 3, entre los nueve y los diez años se establece una separación entre dos grupos de edad diferenciados por su comportamiento escolar. La frecuentación de la escuela es mucho menos intensa apartir de los diez años que en edades anteriores. El contraste entre ambos grupos es bastante más manifiesto si se tienen en cuenta los promedios del último trimestre. Aunque en está época el absentismo es elevado a todas las edades, de los diez a los trece es casi total. En el mes de julio, ningún niño de este grupo de edad asiste a la escuela (Gráfico 6). Es precisamente en esos años -recordémoslocuando se incrementa el abandono escolar. Y es a partir de los diez cuando los testimonios orales informan de una mayor dedicación al trabajo agrícola. Por otra parte, no sólo en primavera-verano nos encontramos con un absentismo más intenso entre los más mayores. En el mes de octubre son los niños de once, doce y trece años los que más faltan, con porcentajes mucho más reducidos que los del último trimestre, pero netamente superiores a la media general (38,7%). Una vez más, las prácticas escolares de los niños de Villamanta -en este caso, las variaciones de la frecuentación escolar en función de la edadno se apartan de las que parecían predominar en gran parte de España. Como ocurría con el abandono escolar, el lugar ocupado entre los hermanos no influía en la asistencia escolar, por lo que tampoco podía incidir en la intensidad del trabajo infantil. Los promedios totales de absentismo entre los primogénitos y entre los mayores de los hermanos varones eran muy bajos: alrededor del 32% en ambos casos. Entre los dieciséis niños hijos de campesinos que superaban la media general de absentismo, apenas había alguno que fuera el mayor de los varones o el primogénito ". La ocupación de los padres y la edad de los hijos -su capacidad física en 37 Sólo uno y uno respectivamente, mientras que entre los 19 niños restantes había 2 primogénitos y 6 varones mayores. JIist. A~rdl·. ti. lO· Abril l()(){j •pp. 169J94 187 José María Borrás Llop definitivasiguen siendo los factores más decisivos en la distribución del tiempo asignado aactividades laborales yescolares de los niños. El tamaño de la familia pudo pesar también en dicha asignación: los niños que menos asistían a la escuela pertenecían afamilias más numerosas que las de aquellos que más la frecuentaban". En la memoria de los niños de entonces, únicamente se recuerda una época del año como aquella en que no había cortapisas para la asistencia escolar, o estas eran las menores de todo el curso. Y desde el presente, ese periodo se contempla como muy breve. "En el invierno, cuando no tenía edad, entonces era cuando iba los cuatro días esos al colegio, que fue cuando aprendí un poquillo" (Julián Malina) ". "No siendo el hueco del invierno -al que Juan Núñez se refiere también como "el tiempo muerto"- estábamos siempre atareados; no sé ni como yo mismamente, no sé ni como yo aprendí algo" (Juan Núñez). La asistencia escolar de Crescencio Fresno fue muy regular, cuando tenía seis años, en 1932-33, pero debió disminuir considerablemente en años posteriores, ajuzgar por sus recuerdos, en los que no era tanto el parón invernal sino la lluvia la que le dejaba tiempo para la escuela: "Cuando llovía que no podía ir al campo iba ala escuela; alo mejor iba ... diez veces al año". El invierno era también "el tiempo de la labor" (Dionisia Núñez), lo que implicaba tareas adjudicadas a los niños a partir sobre todo de los once-doce años. Y cuando esto ocurría, cuando el niño tiraba del arado o cogía el azadón, pues entonces su dedicación solía ser completa yabandonaba la escuela, como ya vimos. En invierno, no obstante, había ocupaciones en las que participaban los más pequeños. En enero, cuando se podaban las viñas, eran ellos los que recogían los sarmientos. "Teníamos que recogerles, atarles y todo" (Juan Núñez). "Se hacían gavillas para llevarlas acasa, que eso era con lo que guisábamos, con las gavillas de sarmientos" (Dionisia Dadama). Por entonces se recogía la aceituna, una faena a la que acudían más chicas que chicos, acambio de "un jomalito". María Nieto empezó a ir con unos diez años. "Mis hermanas también, cuando ya tenían edad para ir ala aceituna, pues íbamos. Pasábamos un frío horroroso; hacían lumbre los hombres ycuando descansabas un poco ibas ala lumbre, pero cuando no, estabas cogiendo las aceitunas y ... pues alo mejor calentábamos una piedra en la lumbre, y nos la llevábamos para calentarnos las manos, en la lata donde echábamos las aceitunas". "En cuanto venía la primavera" las ocupaciones infantiles se intensificaban, como ocurría por todas partes. En Villamanta, era la época del trabajo en las huertas. Con ocho años comenzó Julián Malina a regar en la huerta de su padre: "porque tampoco tenía edad para otra cosa, aregar sí, aayudar ya alo que podía". Cavaba también los tomates, las judías y los pimientos, sirviéndose de "un azadito" o legón que, sin estar construido especialmente para los niños, como podía ocurrir con otros instrumentos, se adaptaba a la capacidad física de los más pequeños, de los menores de 11 años, y era utilizado por niños y mujeres en otras zonas de huerta (Borrás, 1996). El trabajo en las huertas podía ser también a jornal, en huertas de otros. Juan Núñez iba con doce años a recoger judías y tomates, antes de que su padre tuviera dos huertas propias. Le pagaban dos pesetas al día. Era un trabajo realizado más por mujeres que por chicos. Con trece años, Juan Núñez sembraba ya tomates o patatas, 38 Las familias de los niños con un absentismo escolar superior a la media (40,85) tenían por termino medio 4,73 hijos/as residentes en el hogar (moda =6); el resto de las familias, 3,47 (moda =3) 188 Hisr. Agraf. JI," 20· Abril 2000 • /Jp. 169-194 A bsentismo escolar ytrabajo infantil en el Madrid rural y muchas veces se quedaba a dormir en las huertas del padre, junto con otro chicc pagado a jornal. "Se echaban muchas horas, de sol asol. Y luego, es que la tiuette requiere mucho trabajo, porque hay que andar recogiendo las verduras, apañándolas Entonces había que apañarlas, porque había canastas e ibas colocando el totnete (...), en fín trabajo, se hacía mucho trabajo en la huerta". Con el verano llegaban los meses más duros. Sin abandonar las faenas en las huertas, había que ocuparse de la cosecha del cereal. "En el verano ya no pisaba (le escuela). (...). Iban cuatro (niños) nada más, de los más pudíentes del pueblo, tos demás a buscar las cagadas de lagarto como se suele decir" (Julián Malina). Los niños participaban muy activamente en la siega y la trilla. Salían del pueblo con las cuadrillas de segadores, que rivalizaban entre ellas por ser las primeras en llegar a latierra. En la memoria de aquellos niños, la falta de sueño se recuerda con vigor. "T6 quedabas dormido según ibas andando" (Julián Malina). "Ibamos yllegábamos ala tierra y alo mejor tenías que tumbarte un poquito porque todavía no era de día para poder empezar asegar. (...). Por regla general comías en la tíerra donde se íba a segar -uno iba por la olla que se decía-, se comía y se echaba uno un rato, alo mejor una hora odos descansando, yluego ya otra vez, toda la tarde hasta que se ponía el sol, sin parar (..) Entonces sí que era trabajo" (Juan Núñez) Los niños realizaban tareas auxiliares, además de segar ytrillar. Unas y otras las hacían desde antes de los diez años, e incluso antes de los siete en el caso de las faenas auxiliares. Esta iniciación a los trabajos del adulto era desde luego ruda, hasta tal punto que lo exigido podía situarse en el límite de las capacidades físicas y psicológicas de los pequeños. Tareas auxiliares de la siega, asignadas a los más pequeños, eran las que correspondían a los "olleros", ir "a por el almuerzo al pueblo, con el borríco" y, además, "atar, que era coger mieses y en unos hatillos así atados, ír hacíendo haces" (Crescencio Fresno). Pero no siempre podían los niños completar esta faena: "Yo no tenía fuerza para atar, hacía montones yluego (mis hermanos) hacían el hatíllo y lo ataban" (Julíán Malina). Con cuatro años ya iban los pequeños solos, a buscar el almuerzo de los segadores, montados en un burro, como el hermano menor de Crescencío, Zacarías Fresno. En este recorrido de ida y vuelta, bastaba un gesto descuidado, en un cruce de caminos, para que el niño se extraviara con el animal. Julián Malina no recuerda con qué edad le ocurrió, pero sigue teniendo muy presente el llanto que le provoco>. motivado probablemente por su incapacidad para cumplir con la responsabilidad encomendada por los más mayores, ytambién -como en otros casos similares, en lugares diferentes (Borrás, 1996)- por el temor ante el reto de lo desconocido. Estas ocupaciones podían ser remuneradas: "Qué dínero ganaría yo cuando casí tres meses, dos meses y medio, casi tres, en verano, gané ochenta pesetas Con esas ochenta pesetas mí padre compró una trílla, para trillar. Así que estuve todo el verano, que vale más lo que me comía, al sol en esa edad, muertecito de sueño porque amedianoche me sacaban para ír al campo" (Julián Malina). 39 "Cómo seria yo, ¿eh?, que para venir al pueblo a por la comida, me perdí. Me dijo mi padre.' -tú no tienes que tocar al burro para nada; el burro va solo a casa. Y era verdad; pero al pasar ya por una vaguada de un chorrero, el burro se quedó un poco y le dí. Se desvio el burro y yo dije: -por aqui no es. Y ya me volvi llorando otra vez al corte, y ya tuvo que venir un hermano, que iba delante de mi, a por la comida al pueblo. ¡Cómo seria vo! a ver, para no saber venir al pueblo" lí¡.t, Agrm", 11." ~!(). ¡\/Jril..!()(}(} • jJp. 1{¡C)-]lJ4 189 José María Borrás Llop Casi todos los entrevistados recuerdan haber comenzado a segar entre los siete y ocho años -rseis uocho añitos" ,dice Dionisia Núñez-. Con la misma hoz que los adultos: "Con una hoz grande ya" (Dionisia Dadama). "Tenian que ser hoces buenas. Eran iguales todas. ¡Qué iba ahaber más pequeñas, ni más .../ Los pequeñines, eso era para segar hierba" (Crescencio Fresno). Como los adultos, los niños se protegían con dediles de caña y cuero. "Si se cortaba uno, pues (...) se ponía un trapito con vinagre yibetet, yaseguir" (Dionisia Dadama) La diferencia con el trabajo de jóvenes y adultos radicaba en la reducción de la labor confiada a los más pequeños. Segaban un solo surco. "Los hombres mayores llevaban dos, y yo uno nada más, a media piedra, por eso yo cobraba la mitad' (Crescencio Fresno). Dionisia Núñez ayudaba al menor de sus hermanos, segando una parte de lo que le correspondía, para que no se retrasara, "para que él lo hiciera ala par nuestra". Hacia los doce años era cuando se comenzaba ya a segar a dos surcos, cuando la faena se equiparaba totalmente a la del adulto. En el trillo se montaban los niños con las mismas edades que comenzaban a segar. "En cuanto tenías siete u ocho años, atrillar. Que entonces se trillaba con animales y con trillas, y no como ahora que hay más máquinas, claro. Ahora van al campo y se lo traen todo limpio ya. No, no era (divertido), era muy trabajoso. Te aplanaba el sol, te comía el sol, aver ...(,..), dando vueltas, vueltas ...". Julián Malina no tiene desde luego una visión idílica de la trilla, común a muchos que la practicaron ocasionalmente, como un juego. Esta ocupación podía ser asalariada: "En las casas grandes, en el verano, pues se cogía aun par de chicos, atres de estos, de seis, ocho enitos, que eran los que estaban trillando; y los mayores eran los que volvían la parva" (Dionisia Núñez). Pero la trilla no estaba reservada a los niños, aunque era menos corriente que se ocuparan las chicas que, por otra parte, seguían en este quehacer aedades en las que las tareas de los muchachos no se diferenciaban de las de los adultos. Maximina Pérez trilló, siempre en el marco de la agricultura familiar, "hasta doce, hasta catorce oquince años, bueno hasta dieciséis; luego ya no". La vendimia, la actividad más importante del otoño, movilizaba brazos de ambos sexos y de edades diferentes. Si la explotación era familiar, se recurría a toda la fuerza de trabajo posible. "Llegaba el mes de octubre yavendimiar. Como no se podían dar jornales, pues avendimiar todo el mundo(...). Que podía ir uno, pues uno, que podías ir los cuatro, pues íbamos los cuatro" (Dionisia Dadama)"No se desperdiciaba nada. Cuando era avendimiar, había que ir, y íbamos todos, todos los días que fueran" (Juan Núñez). La participación de los niños se iniciaba a las mismas edades que la siega. Los que hacían de olleros seguían siendo los más pequeños. Algunos vendimiaban ya a los seis años "', pero era más corriente comenzar después de cumplir los siete. Todos los vendimiadores usaban el mismo instrumento: "una navajita que la llamábamos corvillo, para cortar los racimos" (Crescencio Fresno). Juan Núñez 40 "De seis años iba avendimiar, porque entonces habia aqui muchisimas viñas. muchas. Venian gente de ahi de la parte de Avila avendimiar. Yentonces, alo mejor mi padre cogia tres o cuatro para vendimiar. Yentre ellos y yo ..., si era meyorcitto pues también ayudaba en lo que podía iaverl" (Dionisia Núñez). 190 Hisr. A.~r¡Jr. JI .• 0:0· Abril .?()()() • p/,. fó9-194 Abscntismo escolar ytrabajo infantil en el Madrid rural reconoce que era inevitable perder dias de escuela: "Si tenías que perder ocho, diez, doce días pues, oquince, los que fueran, pues tenías que perderlos, porque también aprovechaban allevarte para ...; parece que no, pero era una ayuda, por muy poco que cortaras". No todo era trabajo en la agricultura familiar. Crescencio Fresno, hijo de jornalero, comenzó avendimiar a jornal con doce otrece años. En cualquier caso, la ocupación de los niños en la vendimia era menos intensa que en la siega, si tenemos en cuenta el absentismo escolar (Gráfico 6). Quizás, porque la participación de mujeres y chicas jóvenes parece haber sido mayor en la vendimia que en la siega. Pero en ambos quehaceres, aunque los testimonios revelen edades muy tempranas de iniciación, la intensificación del trabajo estaba en función del desarrollo físico del niño, de su capacidad laboral. El tiempo dedicado aactividades laborales no se confunde, evidentemente, con el tiempo del absentismo escolar, porque no todas las faltas de asistencia pueden ser achacadas al trabajo infantil, yporque había niños que realizaban determinadas tareas fuera del horario escolar. La escuela solía cerrar sus puertas antes de que cayera la tarde". En cuanto la abandonaban, algunos chicos debían encargarse de las faenas que les estaban encomendadas, ocuparse sobre todo de preparar los establos para cuando llegara el ganado. Unas responsabilidades en las que se hace evidente la autoridad del padre -del padre padrone-, ya que todo tenía que estar listo para cuando él regresara del campo. "Nosotros aviábamos las cuadras y las echábamos camas. Teníamos que aviar la paja para los animales, incluso las algarrobas que se molían con un molinillo de esos de piedra. En fin, dejar todo preparado para cuando volvieran los mayores, omi padre, de arar. Venían ya de noche o casi de noche, y, claro, no se iban aponer luego ellos ahacerlo. Por eso digo que salíamos de la escuela y salíamos corriendo atodas esas cosas" (Juan Núñez) La experiencia del pequeño de los Dadama no fue muy distinta: "Entonces mi padre decía: 'tienes que poner algarrobas para cuando venga yo del campo'. Y lo tenías todo preparado. Azarandar paja, que se llamaba, para las vacas, para dárselo bien zarandaíto. Como la vaca no masca, lo traga, pues bien zarandaíto para que se lo comiera, Yyo, cuando venía mi padre del campo, pues es lo que hacía. Cuando salía de la escuela: 'tienes que dejar el montón de paja zarandao'. Yazarandar la paja". Los niños también podían ayudar a la madre, con los animales y aves de corral, tal como sugiere Dionisia Núñez: "Yo iba todos los días (a la escuela). Tenía mucha afición air. Ahora, en cuanto salíamos alas cuatro... -vamos, las cuatro soteres-, y desde las cuatro nos íbamos con mi padre, o a zarandar paja que llamábamos, para echar de comer alos bueyes cuando venía. Y había cerdos, las gallinas, sacaba mi madre los huevos, en fin...". l_a Junta Local de Primera Enseñanza de Villamanta acordó, en junio de 1924, proponer al gobernador de la provincia que las clases transcurrieran entre 9h.-12h. y 14h-16h, desde octubre hasta mayo: y entre 8h.-11h. y 18h--2üh, desde junio a septiembre (ARM, 243/4264) HiN. A'¡;}'({r. 11, .?O· Abril _?()()I) • NI, }()I)-J94 191 José María Borrás Uop 3. BREVE EPílOGO No hace tantos años que el historiador británico Hugh Cunningham (1990) se propuso corregir las observaciones historiográficas que, centradas en el empleo de mano de obra infantil, perdían de vista sus contornos reales, agrandando su magnitud. Llamó la atención sobre la importancia del subempleo y el desempleo infantil, tanto rural como urbano, en la Inglaterra anterior a 1851. Ahora bien, si es necesario corregir las aproximaciones que deforman el objeto por un exceso de focalización, no es un buen medio proponérselo acosta de la descontextualización del mismo. Las nociones de subempleo ydesempleo son inseparables de la noción de trabajo. Y no se puede evaluar la ocupación o no de mano de obra infantil sirviéndonos de una noción de trabajo característica más bien -aunque no exclusivamentede la actividad laboral del varón adulto, asalariado y a tiempo completo. Por eso, en el caso del trabajo infantil, nos son de poca ayuda los datos agregados de encuestas y censos generales, impregnados de tales nociones. Las fuentes locales, yparticularmente los datos de abandono yabsentismo escolar, cuando son anotaciones cotidianas einmediatas, dispuestas para sancionar los propios hechos, son un instrumento de medida preciso, aunque indirecto, del tiempo substraído a las horas lectivas. Sólo la diacronía del absentismo, las edades del abandono y el contraste con los testimonios de los propios protagonistas, nos permite apuntar que la actividad laboral, además de ser decisiva en la variación estacional del absentismo, suscitaba un extendido ytemprano abandono de la escuela diurna, constituyendo por ello el mayor obstáculo al cumplimiento de la obligatoriedad escolar en localidades rurales como Villamanta. Eltrabajo infantil, teniendo a la vez las funciones de ayuda yaprendizaje (Borrás, 1996), se descomponía en quehaceres múltiples yvariaba según la edad y el sexo. Con el crecimiento aumentaba la dedicación laboralv,supeditada más claramente al desarrollo físico en el caso de los niños. Las niñas se ocupaban como mujeres antes que los niños comenzaran aemplearse como hombres, en los inicios de la pubertad. Era entonces cuando la actividad laboral se hacía totalmente incompatible con la escolarización. Y era también entonces cuando la mano de obra infantil, asalariada o no, podía identificarse con la de los adultos, con una oferta de trabajo a tiempo completo, sujeta a los mismos factores que determinaban subempleo ydesempleo. En Villamanta no puede decirse que existiera, en los años considerados, un mercado de mano de obra infantil, salvo en el sector servicios, donde el mercado laboral tenía un alcance local y regional, en el caso de las niñas contratadas como sirvientas. Los empleos asalariados de los niños solían ser muy esporádicos. Incluso el trabajo de los niños que abandonaban totalmente la escuela, antes de los 14 años, dependía de las formas de organización de las economías domésticas, yparticularmente de la demanda de fuerza de trabajo de las propias unidades de producción familiar. 42 En las encuestas realizadas en los Estados Unidos por el Natlona! Cnild Labor Commlttee, en las primeras décadas del siglo, se confirmaba cuantivamente la relación directa entre edades yaumento de la prestación laboral. Véase: Farmwork and Schools in Kentucky (1917): Child Labor in Agrlculture and Farm Life In the Arkansas Valley of Colorado (1929) 192 Hist. A,~rtlr. n, J(). Abrill()()() • pp. 169-194 Absentismo escolar ytrabajo infantil en el Madrid rural Las conclusiones de esta investigación tienen, sin duda, un alcance limitado. Como es obvio, sería un despropósito generalizarlas. Pero hace tiempo que los historiadores hemos recuperado una historia local no localista, que, como mínimo, es una herramienta decisiva para desbrozar caminos, para abrir nuevas líneas de investigación ydebate. Ese es el propósito fundamental de este artículo. Personas entrevistadas año de nacimiento Gascón l.ópez. Teresa ------------- 1926 López Reneses, Julia 1920 Nieto Gascón. María ---------------- 1922 Pérez Plaza. Maximina ------------- 1908 Dadama Serrano, Dionisio -------- 1918 Fresno Paredes. Crescencio ----- 1926 Molina Sánchez, Julián ------------- 1921 Núñez Fernández, Dionisio 1914 Núñez Fernández, Juan ------------ 1920 AGRADECIMIENTOS Este trabajo fue presentado en el IX Congreso de Historia Agraria (Bilbao, septiembre 1999). Agradezco aIsabel Alfonso, Xavier Castro y José Luis Vicario las generosas lecturas que hicieron de las primeras versiones de estas páginas. He de agradecer también a todo el personal del Archivo Regional de Madrid las múltiples facilidades que me prestaron y a los evaluadores anónimos de la revista. Mi agradecimiento también a los evaluadores de Historia Agraria que se han interesado por este trabajo. Esta investigación forma parte de un proyecto más amplio, centrado en tres pueblos madrileños: "Trabajo infantil yescolarización en el campo madrileño (primer tercio del siglo XX)", proyecto (377011997) subvencionado por la Comunidad de Madrid. Es propósito del autor seguir con esta línea de investigación por lo que estaría muy agradecido acerca de la localización, en otros lugares de España, de fuentes análogas a las aquí utilizadas: Libros de matrícula escolar con datos diarios sobre la asistencia de niños y niñas. REFERENCIAS BORDERIAS, C., CARRASCO, C., ALEMANY, C. (comp.) (1994): Las mujeres yel trabajo. Rupturas conceptuales, Barcelona, Icaria. BORRÁS LLoP, J. M. (1996): "Zagales, pinches, gamenes... Aproximaciones al trabajo infantil" en J.M. Borrás L10p (dir.), Historia de la infancia en la España contemporánea, 1834-1936, Madrid, Ministerio de Trabajo yAsuntos Sociales, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, pp. 227-346. CARRIÓN, P. (1975): Los latifundios en España. Su importancia, origen, consecuencias yevolución, Barcelona, Ariel. Hist. Agrar. ».: 20' Abril 2000' pp. 169-194 193