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El inglés, idioma internacional de la medicina

Navarro González, Fernando A.

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Panace@ Vol. 2, N.º 3. Marzo, 2001 35 El inglés, idioma internacional de la medicina* Causas y consecuencias de un fenómeno actual Fernando A. Navarro Servicio de Traducción, Laboratorios Roche Basilea (Suiza) 1. Introducción Una de las características más destacadas del lenguaje médico en el último tercio de este siglo XX, ha sido el predominio absoluto del inglés como único idioma internacional de la medicina. Porque no siempre fue así, por supuesto. Desde el nacimiento de la medicina científica, en la Grecia del siglo V a. de C., el griego fue el idioma de la medicina durante toda la Antigüedad clásica. Incluso a partir del siglo I a. de C., ya en plena hegemonía económica, política y militar del Imperio Romano, la mayoría de los médicos, como Galeno, continuaron siendo de procedencia helénica, y el griego se mantuvo como el idioma de la medicina y la ciencia. Durante la Edad Media, no es posible ya hablar de un único idioma de la medicina, sino que cabe distinguir al menos tres espacios lingüísticos bien delimitados. En el Imperio Bizantino se mantuvo la vigencia del griego, pero el escenario principal del cultivo de la medicina se desplazó al mundo islámico, de idioma árabe, mientras que en la Europa occidental, sobre todo a partir del siglo XI, el idioma de la medicina fue el latín heredado del Imperio Romano. El Renacimiento desplazó el centro del conocimiento médico hacia Europa, con lo que el latín pasó a ser el principal idioma de la medicina. Con algunas excepciones, como Valverde en España, Paré en Francia o Paracelso en los países de habla alemana, todas las grandes obras médicas se redactan desde entonces en latín, que se convierte asimismo en el idioma de la enseñanza universitaria durante siglos. En el siglo XIX, como consecuencia directa de la Revolución Francesa, las lenguas vulgares sustituyen al latín como idioma de la medicina, primero en Francia y más tarde en toda Europa. En torno al último cambio de siglo, pues, no hay un solo idioma de la medicina, sino uno por cada país en posesión de una lengua de cultura. Al menos tres de estos idiomas –el francés, el alemán y el inglés– alcanzaron difusión internacional como portadores de los principales avances científicos. Hace ahora cien años, en sus Reglas y consejos sobre investigación científica, el histólogo español Santiago Ramón y Cajal escribía: «No se crea que el investigador debe hablar y escribir todas las lenguas de Europa: al español le bastará traducir las cuatro siguientes [...]: el francés, el inglés, el italiano y el alemán»1. Compárense estas palabras con las pronunciadas en 1994 por el director del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, Pere Alberch, al comienzo de su intervención en el coloquio europeo Sciences et Langues en Europe, celebrado en París: «I had never thought that the language used in [international scientific] exchanges would be a possible matter for debate. Certainly, it is a subject for historical analysis [...]. But, languages? There is no plural in contemporary, top level, basic science: English is THE language of communication and it never occurred to me that anybody who knows anything about the dynamics of science today would even question the issue»2. ¿Tanto ha podido realmente cambiar la situación en el transcurso de un solo siglo? Pues sí, en efecto, y el estudio de las fuentes de consulta uti- * Reproducido con autorización de Médico Interamericano 2001; 20:16-24 [http://www.icps.org] 36 Panace@ Vol. 2, N.º 3. Marzo, 2001 lizadas por los autores médicos en las revistas especializadas de los distintos países nos permite conocer con bastante detalle el desarrollo cronológico de esta evolución a lo largo del siglo XX. Como he demostrado recientemente3, el tanto por ciento de referencias bibliográficas en inglés aumentó progresivamente en España entre 1920 y 1995: 3% en 1920, 8% en 1935, 31% en 1950, 54% en 1965, 68% en 1980 y 80% en 1995. Una evolución parecida puede comprobarse en las revistas médicas de las dos grandes potencias médicas europeas que no tienen el inglés como lengua materna: Francia (6% en 1920, 11% en 1935, 33% en 1950, 48% en 1965, 72% en 1980 y 83% en 1995)4 y Alemania (3% de referencias bibliográficas en inglés en 1920, 11% en 1935, 21% en 1950, 50% en 1965, 66% en 1980 y 83% en 1995)5. En el presente artículo, más que insistir en los aspectos bien conocidos de esta cuestión o defender a ultranza tesis alguna, me interesa sobre todo esclarecer ciertos malentendidos y sacar a la luz buen número de puntos oscuros u olvidados por la mayoría de los médicos cuando se plantean las causas y las consecuencias de este apogeo mundial del inglés en la medicina y sus ciencias afines. Comenzaré por las primeras. 2. Causas del monolingüismo científico actual El genio de la lengua inglesa, se oye con frecuencia, se presta de forma admirable para la expresión de la ciencia. Se admite de forma general, en efecto, que el inglés se ha convertido en el idioma internacional de la medicina gracias a sus características intrínsecas de sencillez y claridad, que lo hacen especialmente apto para la comunicación científica. ¡¿Un idioma sencillo el inglés?! Con un léxico riquísimo en el que se superponen palabras de origen germánico y sus sinónimos latinos, una fonética y una ortografía endiabladas, amén de un complejísimo sistema prepositivo, el inglés era precisamente el idioma teóricamente menos adecuado para enseñarlo como lengua auxiliar o de comunicación. Y si no es un idioma sencillo, menos aún es un idioma claro o preciso: ¿qué es un World Pollution Symposium?; ¿un simposio mundial sobre la contaminación o un simposio sobre la contaminación mundial? Idénticos problemas de imprecisión plantean expresiones como platelet growth factor (¿factor de crecimiento plaquetario o factor plaquetario de crecimiento?) o mixed lymphocyte culture (¿cultivo mixto de linfocitos o cultivo de linfocitos mixtos?). Casi siempre que en inglés se anteponen dos o más adjetivos a un sustantivo –lo cual en el lenguaje científico es bastante habitual– existe riesgo de imprecisión, que en los idiomas latinos nos encargamos de deshacer con nuestro recurso más frecuente al uso de preposiciones. No es raro hallar en inglés sustantivos precedidos de cinco o más calificativos, como en el siguiente ejemplo: human immunodeficiency virus type 1 envelope glycoprotein precursor oligomerization. Quien no esté muy ducho en virología únicamente sabe que la traducción española comienza por oligomerización, pero dudaría ya a la hora de escoger el segundo término: ¿oligomerización del precursor de las glucoproteínas?, ¿oligomerización de los precursores de la glucoproteína?, ¿oligomerización humana? ¿oligomerización de tipo 1? Si alguien consigue dar sin problemas con la traducción correcta –oligomerización de los precursores de las glucoproteínas de cubierta del virus de la inmunodeficiencia humana de tipo 1– no será, desde luego, por la claridad gramatical del inglés, sino más bien por sus nada comunes conocimientos sobre la biología molecular del virus del sida. No nos engañemos, la situación privilegiada de que disfruta el inglés en nuestros días no obedece a ninguna ventaja intrínseca de este idioma sobre los demás. Idénticas pretensiones de superioridad se adujeron para justificar la preponderancia del español en el Renacimiento, la del francés durante la Ilustración o la del alemán a finales del siglo XIX; o, en otras latitudes y otras épocas históricas, para intentar demostrar Panace@ Vol. 2, N.º 3. Marzo, 2001 37 la mayor perfección del hebreo, el griego, el latín, el árabe clásico o el chino sobre el resto de las lenguas habladas en el mundo. Los lingüistas son hoy unánimes en reconocer que no existen idiomas más perfectos e idiomas más primitivos, sino hablantes que en un momento histórico determinado imponen a los demás su idioma a través del comercio, la cultura, la política o la fuerza. En este sentido, está claro que la preponderancia actual del inglés es la consecuencia directa de la supremacía política, militar y económica de los Estados Unidos desde el final de la II Guerra Mundial. Durante el siglo XX, Europa fue origen y escenario central de las dos guerras más sangrientas de la historia, ganadas ambas por los Estados Unidos de América. Al término de la II Guerra Mundial, que asola Europa, anula los centros de investigación franceses, ingleses y alemanes, y desplaza el centro de la medicina hacia los Estados Unidos, la supremacía técnica y económica de éstos impuso el inglés a los países europeos ansiosos por renacer. El Reino Unido no tuvo problemas para adaptarse a la nueva situación lingüística mundial, pero Francia y Alemania –ya lo hemos visto– tardaron algo más en aceptar lo evidente. Si en las postrimerías del siglo XIX el más destacado científico español de la época comentaba en estos términos la importancia del alemán en su época, «Las revistas alemanas serán consultadas a cada momento, pues por lo que toca a la biología, es forzoso reconocer que Alemania sola produce más hechos nuevos que todas las naciones juntas»1, en 1966 más de la mitad (51,6%) de los artículos recogidos en la base bibliográfica Index Medicus se publicaban en las revistas médicas estadounidenses6. El predominio científico y económico de los Estados Unidos, no obstante, resulta insuficiente para explicar la evolución observada durante los últimos treinta años, en que ha seguido aumentando el porcentaje de referencias a los artículos publicados en inglés, hasta situarse muy por encima del porcentaje real de éstos con respecto al número total de artículos médicos publicados en el mundo. Este proceso obedece seguramente a una segunda causa. A partir de 1970, generalmente admitida ya en el mundo occidental la supremacía mundial de la ciencia estadounidense y aceptado ya el inglés como idioma internacional de la medicina, comienza a aumentar el número de autores no anglohablantes que publican sus trabajos en inglés, no sólo en las grandes revistas internacionales, sino también en las nacionales, muchas de las cuales pasan a publicarse en inglés7. Este fenómeno, de importancia creciente a partir de entonces, afectó en primer lugar, y más intensamente, a los autores más destacados y a los trabajos de mayor envergadura de los distintos países. Según ha comprobado Maher6, en 1966 apenas un 8% de los artículos médicos publicados en Alemania y recogidos en el Index Medicus estaban escritos en inglés, pero este porcentaje aumentó de forma espectacular durante los cuatro lustros siguientes, para alcanzar el 18% en 1970, el 32% en 1980 y el 45% en 1985. A partir de esta fecha se admite ya de forma general, en todos los países occidentales, que la investigación de calidad se publica en inglés en revistas internacionales (o se presenta en inglés en congresos internacionales), y también que los más destacados científicos y médicos de todo el mundo reciben información de los avances que se producen en sus respectivos campos de interés a través de libros y revisiones publicadas en inglés. A estas dos causas principales del auge que ha experimentado el inglés durante los últimos cincuenta años podrían sumarse otras muchas secundarias, pero no me extenderé más en este apartado. Admito que el estudio de las causas puede tener, cómo no, indudable interés histórico, pero más interés práctico reviste, en mi opinión, el estudio de las consecuencias del anglomonolingüismo en medicina. 38 Panace@ Vol. 2, N.º 3. Marzo, 2001 3. Consecuencias del monolingüismo científico actual Preguntados por las repercusiones que ha tenido en medicina este auge del inglés durante los últimos decenios y su situación actual de predominio absoluto en la comunicación científica, los médicos citarán mayoritariamente dos de ellas: la influencia del inglés en el lenguaje médico actual y la simplificación de la comunicación internacional. Comentaré rápidamente estas dos primeras consecuencias evidentes y conocidas, para esbozar a continuación una serie de repercusiones que suelen pasar inadvertidas a pesar de ser éstas tanto o más evidentes que aquéllas. 3.1. Influencia del inglés sobre otros idiomas La lectura habitual de artículos médicos en inglés y el acceso a los principales avances científicos a través de las revistas especializadas y libros de texto escritos asimismo en inglés están modificando la forma en que se expresan en su lengua materna los médicos del resto del mundo. Se trata de un problema bien conocido y que afecta a todos los idiomas, pero a mí me interesa ahora comentar concretamente el caso del español. Es éste asunto que ha hecho correr verdaderos ríos de tinta y merecería tratarse con detalle en un artículo aparte, por lo que me limitaré aquí a comentar sólo algunos aspectos destacados. Los médicos de habla hispana suelen ser conscientes de que el inglés está modificando el uso que hacen de su lengua materna, pero no lo son tanto de la intensidad y el alcance de esta influencia. Para muchos, la influencia del inglés en el español médico parece limitarse exclusivamente al uso creciente de anglicismos patentes, como anion gap, borderline, buffer, bypass, clamping, core, distress, doping, feedback, flapping tremor, flush, flutter, gapjunction, handicap, immunoblotting, killer, kit, mapping, odds ratio, patch test, pool, rash, relax, scanner, score, screening, second look, shock, shunt, spotting, spray, staff, standard, stress, test, turnover o versus. Esta invasión de anglicismos es, lógicamente, más intensa y llamativa cuanto más íntimo es el contacto entre el español y el inglés, como sucede en Puerto Rico8,9. Parece olvidarse a menudo, no obstante, que la influencia del inglés es muchísimo más extensa e intensa, y afecta a todos los niveles del lenguaje: ortográfico, léxico y sintáctico. Veamos algunos ejemplos para confirmarlo. Es evidente, desde luego, la abundancia de anglicismos ortográficos en los textos médicos escritos en español, donde hallamos con relativa frecuencia palabras como «amfetamina» (por influencia de amphetamine, anfetamina), «antialérgico» (por influencia de anti-allergic, antialérgico), «aprovar» (por influencia de to approve, aprobar), «colorectal» (por influencia de colorectal, colorrectal), «benzodiazepina» (por influencia de benzodiazepine, benzodiacepina), «halucinación» (por influencia de hallucination, alucinación), «hematopoiesis» (por influencia de hematopoiesis, hematopoyesis), «linfokina» (por influencia de lymphokine, linfocina), «masage» (por influencia de massage, masaje), «iodotirosina» (por influencia de iodotyrosine, yodotirosina), «mescalina» (por influencia de mescaline, mezcalina), «mobilidad» (por influencia de mobility, movilidad) y «staphylococo» (por influencia de staphylococcus, estafilococo). Este problema afecta también, cómo no, a los acentos ortográficos, que con frecuencia brillan por su ausencia; igualito, igualito que en inglés: «diplopia» (por influencia de diplopia, diplopía), «ester» (por influencia de ester, éster), «glucogenolisis» (por influencia de glycogenolysis, glucogenólisis), «catatonia» (por influencia de catatonia, catatonía), «osteitis» (por influencia de osteitis, osteítis), «proteina» (por influencia de protein, proteína). Más abundantes aún son los anglicismos léxicos, que en absoluto se limitan a los anglicismos Panace@ Vol. 2, N.º 3. Marzo, 2001 39 patentes citados tres párrafos más arriba. En este apartado podríamos citar también lo que los traductores han dado en llamar «falsos amigos»; esto es, palabras de ortografía muy parecida o idéntica en inglés y español, pero con significados diferentes en ambos idiomas. Es el caso de «urgencia» (en inglés, emergency) cuando se utiliza en el sentido de urgency (tenesmo vesical), «ántrax» (en inglés, carbuncle) cuando se utiliza en el sentido de anthrax (carbunco), «preservativo» (en inglés, condom) cuando se utiliza en el sentido de preservative (conservante), «pituitaria» (en inglés, mucous membrane of nose) cuando se utiliza en el sentido de pituitary (hipófisis) o «timpanitis» (en inglés, myringitis) cuando se utiliza en el sentido de tympanites (meteorismo)10. Y se cuenta también entre los anglicismos médicos la sustitución creciente de palabras habitualmente usadas en español hasta hace unos años por otras tomadas del inglés: es el caso de paludismo, desplazado por «malaria»; gripe, desplazada por «influenza»; traumatismo, desplazado por «trauma»; embolia, desplazada por «embolismo»; vírico, desplazado por «viral» o puerperio, desplazado por «posparto». Menos perceptibles aún para el hablante, pero de consecuencias más graves para el idioma, son los anglicismos sintácticos. Por motivos de espacio, me limitaré a comentar sólo dos de las repercusiones del inglés sobre la estructura gramatical del español médico. En primer lugar, el abuso de la voz pasiva perifrástica, que el español, a diferencia del inglés, tiende a evitar, pero que en los textos médicos ha alcanzando niveles de uso verdaderamente preocupantes. Como ya he comentado en otro lugar11, el abuso de la voz pasiva en los textos médicos escritos en español es tan frecuente, que muchos médicos consideran de lo más normal una frase como «el bacilo de la tuberculosis fue descubierto por Koch en 1882», a pesar de que jamás dirían a un vecino «la carrera de medicina fue terminada por mi hijo en 1986». En segundo lugar, la influencia que el sistema de adjetivación en inglés está ejerciendo sobre nuestra lengua. El inglés, es bien sabido, permite yuxtaponer dos sustantivos para conceder al primero de ellos carácter adjetivo. Pueden decir, sencillamente, heart failure donde nosotros no diríamos nunca «insuficiencia corazón»; en castellano estamos obligados a introducir una preposición entre los dos sustantivos (insuficiencia «del» corazón) o sustituir el segundo de ellos -el primero en ingléspor un adjetivo (insuficiencia «cardíaca»). Por desgracia, la influencia del inglés hace que cada vez sea más frecuente leer en español expresiones angloides como «depresión posparto» (en lugar de depresión puerperal), «estudio caso-control» (en lugar de estudio de casos y testigos), «vacuna antihepatitis» (en lugar de vacuna antihepatítica o vacuna contra la hepatitis), «variabilidad intraanálisis» (en lugar de variabilidad intranalítica), «carcinoma célula pequeña» (en lugar de carcinoma microcítico), «linfoma no-Hodgkin» (en lugar de linfoma no hodgkiniano) o «infección VIH» (en lugar de infección por el VIH). Las cosas se complican todavía más cuando se trata de adjetivos sustantivados, porque el inglés admite también la yuxtaposición de un adjetivo sustantivado a un sustantivo, mientras que el español exige en estos casos, como hemos visto, la interposición de una preposición. En español, en efecto, si colocamos un adjetivo sustantivado junto a otro sustantivo sin interponer una preposición, aquél vuelve a convertirse en adjetivo y adopta de nuevo su significado primitivo, que con frecuencia es muy distinto. Véamoslo con unos cuantos ejemplos: positive puede tener, tanto en inglés como en español, valor de adjetivo («efecto positivo») o de sustantivo («en el análisis se obtuvieron treinta positivos y sólo un negativo»); pero la traducción de positive predictive value por «valor predictivo positivo» es un dislate, pues ese positive no hace referencia a ningún supuesto «valor positivo», sino que se trata del valor de un positivo (es decir, de un resultado positivo). Igual suce- 40 Panace@ Vol. 2, N.º 3. Marzo, 2001 de con expresiones del tipo analgesic nephropathy, que no es una «nefropatía analgésica» (puesto que no alivia el dolor), sino una nefropatía por analgésicos (debida al abuso de analgésicos), o neuroleptic malignant syndrome, que en absoluto es un «síndrome neuroléptico» (es decir, un síndrome que calma la agitación y la hiperactividad neuromuscular), sino un síndrome maligno por neurolépticos. Y hay muchísimos ejemplos más en el lenguaje médico: animal experiments no son «experimentos animales», sino experimentos con animales; liquid chromatography no es «cromatografía líquida» (¡¿cómo va a ser líquida la cromatografía?!), sino cromatografía de líquidos o cromatografía en fase líquida; Ethical Committee no es un «comité ético» (es decir, un comité que se comporta éticamente), sino un comité de ética (que se ocupa de asuntos relacionados con la ética). 3.2. Simplificación de la comunicación internacional Tan evidente, tan notoria, tan cacareada y tan conocida es esta consecuencia del predominio actual del inglés para la comunicación de los saberes científicos y médicos, que no me detendré demasiado en este apartado. Al igual que sucedió durante la época de predominio del latín en la ciencia europea desde el Renacimiento hasta finales del siglo XVIII, es indudable que la supremacía actual del inglés ha resultado muy eficaz para derribar las barreras nacionales de principios de siglo y garantizar la difusión mundial de los conocimientos y los avances científicos. A diferencia del investigador de comienzos de siglo –que en opinión de Ramón y Cajal debía saber traducir con soltura el alemán, el francés, el inglés y el italiano–, al investigador actual le basta con conocer un solo idioma, además del propio, para mantenerse al tanto de los principales progresos de la medicina en cualquier parte del mundo. Para quienes tienen como lengua materna el inglés, claro, esta ventaja evidente es todavía mayor, lo cual explica que ésta sea la consecuencia del idioma único más conocida y divulgada en las revistas médicas al uso. En este punto suelen acabar su análisis de la nueva situación creada por el predominio absoluto del inglés en la medicina actual la mayoría de quienes lo han estudiado. Rara vez puede leerse comentario alguno sobre las desventajas o los inconvenientes del monolingüismo en el lenguaje científico. Y siempre me ha extrañado que fuera así; porque parece lógico que las revistas británicas y estadounidenses pasen por alto este análisis, ya sea por que los anglohablantes no lo perciben, ya porque les interese silenciarlo; pero, ¿y en el resto del mundo? 3.3. Exclusión de las aportaciones realizadas en otros idiomas Desde antiguo, la barrera del idioma ha sido responsable de que muchos científicos ignoraran –en el verdadero sentido de esta palabra– el trabajo que se llevaba a cabo en otros países. Incluso el investigador pentalingüe de que hablaba el gran neurohistólogo español era incapaz de leer lo publicado en ruso, japonés, chino u holandés. Ahora bien, el auge del inglés y la internacionalización de las revistas médicas, ¿ha mejorado sensiblemente la situación? Compárese la bibliografía de los Handbücher alemanes de entreguerras o los Zentralblätter de principios de siglo –con abundantes referencias a cuanto se publicaba no sólo en alemán, inglés, francés, italiano o ruso, sino también en las principales revistas húngaras, polacas, turcas, portuguesas o hispanoamericanas–, con la bibliografía que incorporan en la actualidad los libros de texto estadounidenses o las principales revistas médicas internacionales, casi exclusivamente integrada por referencias a otras publicaciones en inglés (¡y en más de un 70% publicadas en los Estados Unidos!). Panace@ Vol. 2, N.º 3. Marzo, 2001 41 En carta fechada el 7 de mayo de 1923 y dirigida al traductor de su obra científica a nuestro idioma, Sigmund Freud reconocía, en perfecto castellano: «Siendo yo un joven estudiante, el deseo de leer el inmortal Don Quijote en el original cervantino me llevó a aprender, sin maestros, la bella lengua castellana»12. Ese mismo año, Ramón y Cajal explicaba en su Historia de mi labor científica13 cómo el más eminente histólogo de su época, el alemán Albert von Kölliker, catedrático de anatomía en la Universidad de Wurzburgo, aprendió el español para poder leer directamente las primeras monografías del neurohistólogo español, aparecidas en la Revista Trimestral de Histología Normal y Patológica. Hoy apenas nadie, no es ya que aprenda un idioma, sino que ni tan siquiera se molesta en leer o mandar a traducir un artículo escrito en otro idioma distinto del inglés. Como comentaré más adelante, existe entre los investigadores actuales una asociación inconsciente entre la calidad de un texto y el idioma en que está escrito. Si los principales investigadores de cualquier país del mundo –parece ser el razonamiento– publican sus trabajos en inglés, todo cuanto se publique en otro idioma, o bien carece de importancia o bien es de calidad inferior. En resumen, no vale la pena perder el tiempo leyendo lo que se haya publicado en cualquier idioma que no sea el inglés. La aparición de Medline, que trajo la automatización de las búsquedas bibliográficas, ha permitido simplificar éstas de forma increíble, pero también ha llevado a los científicos a restringir sus búsquedas a los últimos 35 años (pues Medline sólo cubre el período que va de 1966 a la actualidad) y eliminar automáticamente los artículos publicados en otros idiomas, gracias a la posibilidad de efectuar búsquedas automáticas con el criterio de restricción English only14. Si tenemos en cuenta, además, que las grandes bases bibliográficas de datos incorporan preferentemente revistas en inglés, y los artículos publicados en las grandes revistas médicas anglonorteamericanas apenas contienen referencias bibliográficas a las publicaciones en otros idiomas (de las 8.023 referencias bibligráficas incluidas en 400 artículos publicados en British Medical Journal y JAMA entre 1980 y 1995, sólo 40 correspondían a artículos escritos en algún idioma que no fuera el inglés [datos propios no publicados]), resulta evidente que existe un importante riesgo de asignación indebida de prioridades a los autores en lengua inglesa. El francés Claude Hagège ha denunciado abiertamente este robo de prioridades: «tel chercheur anglophone a su [...] trouver accès à des articles de valeur dont la langue n’est pas l’anglais et qu’il a réussi à lire, mais alors, il peut, ne faisant que suivre une pratique répandue, piller en toute impunité ces articles, puisque l’absence d’archivage les dérobe à l’attention de la communauté scientifique; et quand leur auteur ou ceux qui le connaissent découvrent le larcin, il est trop tard pour revendiquer la paternité légitime d’une idée ou d’une découverte »15. También el brasileño TimoIaria16, en una carta al director de la revista española Actas Dermo-Sifiliográficas, manifiesta su preocupación ante la tendencia actual a leer sólo artículos recientes publicados en inglés, y cita varios ejemplos de datos e ideas previamente publicados en otros idiomas que los médicos o científicos de habla inglesa redescubren años después. Porque los hay a montones. Veamos uno bien reciente: en el número de mayo de 1996 (pág. 506), la prestigiosa revista Nature Medicine ofrecía en su sección de noticias una verdaderamente impactante: la resonancia magnética nuclear había permitido descubrir en Baltimore un nuevo músculo de la masticación, bautizado por sus descubridores con el nombre de ‘músculo esfenomandibular’17. Según parece, los autores de este sensacional descubrimiento anatómico habían revisado varios tratados de ana- 42 Panace@ Vol. 2, N.º 3. Marzo, 2001 tomía (todos en inglés) sin hallar constancia de ese músculo. Según han señalado Groscurth18 y Flatau19, sin embargo, está bien descrito desde hace más de cien años tanto en el tratado alemán de anatomía de Henle20 como en el francés de Poirier y Charpy21; en Alemania, además, Zenker22 publicó en 1955 un detalladísimo estudio sobre sus inserciones y funciones, y el susodicho músculo se describe también perfectamente en los modernos tratados alemanes de anatomía23. En 1991, el grupo de Hunt24 describió en supuesta primicia el hemangioma microvenular, descrito apenas dos años antes en una revista alemana25. Tal ha sucedido también con la apoptosis, descrita inicialmente con el nombre de Pyknose por Robert Schröder26 en 1914 y redescubierta por científicos británicos27 en 1972. Podría seguir mencionando otros ejemplos hasta aburrir al lector más paciente, pero me limitaré a citar un último caso de especial interés para el lector de Panace@. Aunque muchos lo ignoran, la dermatóloga venezolana Imelda Campo-Aasen fue la primera en apuntar, en las páginas de la revista española Medicina Cutánea, el carácter macrofágico de las células de Langerhans: «se sugiere que las células de Langerhans son, de hecho, macrófagos epidérmicos»28. Treinta años después, su trabajo prácticamente nunca se menciona en las revisiones sobre la importancia de las células de Langerhans, ni fuera ni dentro de nuestras fronteras. Pero es que, además del robo de prioridades, la costumbre actual de limitar las búsquedas bibliográficas a los artículos publicados en inglés puede tener otras consecuencias más graves, como puede demostrarse claramente en el reciente movimiento científico-estadístico que ha dado en llamarse evidence based medicine. El 29 de abril de 1995, se anunció en el British Medical Journal el nacimiento de una nueva revista especializada de periodicidad bimestral que llevaría por título precisamente Evidence Based Medicine y, en palabras de su equipo editorial, tendría como misión «to publish the gold that intellectually intense processes will mine from the ore of 100 of the world’s top journals»29. Hasta aquí todo perfecto. Unos meses después, sin embargo, en el primer número de la nueva revista pudimos comprobar que sólo se habían revisado cincuenta revistas y «the world» se limitaba a artículos escritos en inglés. De forma parecida, la mayoría de los metanálisis publicados en inglés restringen su búsqueda preliminar de estudios clínicos a los publicados exclusivamente en inglés, sin que exista ningún motivo científico que justifique tal proceder. De hecho, en un análisis de 133 estudios clínicos comparativos y aleatorizados publicados en inglés y otros 96 publicados en francés, alemán, italiano o español entre 1989 y 1994, no se observaron diferencias de calidad entre unos y otros30. Y las consecuencias de esta costumbre pueden ser graves: En 1995, el grupo canadiense de Grégoire31 llevó a cabo una singular investigación a partir de los metanálisis publicados entre el 1 de enero de 1991 y el 1 de abril de 1993 en ocho revistas médicas de lengua inglesa. Estos investigadores reprodujeron los métodos de búsqueda informática para conseguir las publicaciones en otros idiomas excluidas de estos metanálisis y repitieron los metanálisis con las mismas pruebas estadísticas para determinar si las conclusiones a las que se llegaron hubieran sido distintas de haber incluido estos artículos. De los 36 metanálisis investigados, 28 tenían algún tipo de restricción lingüística (26 incluyeron sólo artículos en inglés; 1 en inglés, francés y alemán, y 1 en inglés y holandés). Se obtuvieron 19 nuevos artículos que hubieran sido aceptables para el metanálisis pero fueron excluidos por motivos lingüísticos; de ellos, 11 conseguían resultados distintos de los obtenidos en los metanálisis correspondientes. Uno de los metanálisis, en el que se llegó a la conclusión de que la desconta- Panace@ Vol. 2, N.º 3. Marzo, 2001 43 minación selectiva del tubo digestivo en las unidades de cuidados intensivos no modifica de forma importante la mortalidad entre los pacientes tratados y los testigos, hubiera llegado a una conclusión diferente de haberse incluido en el metanálisis un artículo publicado en alemán en una revista suiza. Un grupo de científicos alemanes ha ofrecido una explicación lógica a este sesgo. En un estudio publicado en The Lancet en 1997, Egger y cols.32 estudiaron cuarenta pares de ensayos clínicos comparativos y aleatorizados publicados por autores alemanes en revistas de lengua inglesa o alemana. De acuerdo con sus resultados, sólo el 35% de los artículos publicados en alemán describían diferencias estadísticamente significativas, frente a un 62% de los publicados en inglés. Consiguieron así demostrar de forma estadística que la tendencia a publicar los resultados de un estudio clínico en una revista de lengua inglesa es mayor si se obtienen diferencias significativas. En las revisiones y metanálisis que únicamente incluyen artículos publicados en inglés, por tanto, es fácil introducir un sesgo que merma la validez de los resultados alcanzados. 3.4. Dependencia científica e intelectual Desde 1975, como ya hemos comentado, viene observándose entre los médicos que no tienen el inglés como lengua materna una tendencia creciente a publicar sus artículos más importantes en inglés, y a ser posible en revistas internacionales (preferentemente estadounidenses). Esta costumbre puede tener, junto a innegables ventajas, también importantes repercusiones negativas. Cuando se trata de estudios sobre cuestiones de interés local, la publicación en inglés y en revistas extranjeras hurta los resultados a los destinatarios naturales del estudio, que son los médicos del propio país. Como han puesto de manifiesto diversos autores –en Holanda33, China34, España35 o Francia36–, las revistas más leídas por la comunidad médica de cada país siguen siendo las publicadas en el propio país y en el idioma materno. Si pretendemos que un estudio sobre el tratamiento más adecuado de la tuberculosis resistente en España tenga repercusión práctica y sirva para mejorar los hábitos de prescripción de los médicos españoles, deberíamos publicarlo no en The Lancet o The New England Journal of Medicine, sino en Medicina Clínica (si va destinado al ámbito hospitalario) o Atención Primaria (si va destinado a los centros de salud). Más importancia tiene otro hecho derivado de este afán de los investigadores por publicar en inglés y a ser posible en revistas de difusión internacional. Los comités de redacción de estas revistas, como también los comités científicos de los principales congresos internacionales, están integrados mayoritariamente por científicos estadounidenses. Claudine Pérez-Eid37 cita un estudio francés de 1990 según el cual los comités de redacción de 433 revistas científicas con factor de impacto elevado estaban compuestos en un 75% por autores anglosajones (y de ellos, ocho de cada diez estadounidenses). Como son estos comités de redacción quienes deciden qué artículos podrán publicarse y cuáles serán rechazados, los autores tienden a elegir de entrada sus temas de investigación, sus conceptos y sus métodos de trabajo en función de los que se siguen en los Estados Unidos, lo cual conduce a un monolitismo intelectual. De esta misma opinión son López Piñero y Terrada cuando afirman: «La dependencia del imperialismo científico, actualmente el angloamericano, significa importar no solamente conocimientos e ideas, sino también patrones de conducta y valores ajenos, que son asumidos, por lo general, de modo inconsciente. Ello conduce a mecanismos extremadamente peligrosos [...], como bloquear el peso de la tradición científica propia y llenar la laguna resultante con información procedente en este caso de la angloamericana, desde planteamientos que consideran 50 Panace@ Vol. 2, N.º 3. Marzo, 2001 10. Navarro FA. Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina. Madrid: McGraw-Hill/Interamericana, 2000. 11. Navarro FA, Hernández F, Rodríguez-Villanueva L. Uso y abuso de la voz pasiva en el lenguaje médico escrito. Med Clín (Barc) 1994; 103: 461-4. [Reproducido en: Navarro FA. Traducción y lenguaje en medicina (2.ª edición). Barcelona: Fundación Dr. Antonio Esteve, 1997; págs. 101-5.] 12. Freud S. Letter to Señor Luis López-Ballesteros y de Torres. En: The standard edition of the complete psychological works of Sigmund Freud (edición de J. Strachey en 24 vols.), vol. 19. Londres: Hogarth, 1961; pág. 291. 13. Ramón y Cajal S. Historia de mi labor científica [texto de la edición de 1923]. 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The chambers are used for studies of drug effects, osmotic responses, cytogenic and immunologic phenomena, metabolism, etc., and include tissue cages.» [http:// www.ncbi.nlm.nih.gov:80/entrez/meshbrowser.cgi]. Como tissue cage se pueden utilizar dispositivos muy diversos; hasta una simple pelota de golf perforada, como la de la imagen. Contextos: «A rabbit tissue cage was created by insertion of sterile Wiffle balls in the dorsal cervical area.» [Xuan D et al. Antimicrob Agents Chemother. 2001;45:794-799.] «The properties of tissue cage fluid in a steel net tissue cage model in rabbits…» [Bergholm AM et al. Eur J Clin Microbiol. 1984;3:126-130.] «… four perforated Teflon tissue cages per animal were implanted subcutaneously...» [Lucet JC et al. Antimicrob Agents Chemother. 1990;34:2312-2317.] «The tissue cage model used involves subcutaneous implantation of polypropylene cages and subsequent stimulation by carrageenan injection of the granulation tissue which develops within the cage.» [Espinasse J et al. J Vet Pharmacol Ther. 1994;17:271-274.] Propuestas de traducción: Cámaras (o celdas) tisulares (o hísticas).