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HlSTORIA AGRARIA •23 • Abril 2001 • Pfi. 39-52 • ©SEHA La ganadería española: del franquismo a la CEE. Balance de un sector olvidado Rafael Domínguez Martín 1. INTRODUCCiÓN La evolución del sector ganadero en las décadas posteriores a la Guerra Civil, pese a su importancia creciente dentro de la producción final agraria en la década anterior al ingreso en la CEE (en torno al 40% de la misma entre 1975 y1985), ha recibido una atención mínima entre los historiadores. Es posible que en los años setenta yochenta consideraciones sobre la falta de perspectiva, junto con otras preocupaciones más acuciantes (García Delgado, 1985) explicasen esta falta de atención. Pero a la altura de finales de los noventa la situación, aunque ha empezado acambiar rápidamente, dista mucho del nivel de conocimiento deseable que poseemos sobre otros subsectores, lo que supone una importante carencia de nuestra historiografía agraria. En el trabajo pionero de Naredo ([1971] 1974) sobre la "crisis de la agricultura tradicional", que, según confesión del autor, aspiraba aconvertirse en una obra de referencia para la historia económica dentro de los estudios agrarios, apenas se dedicaban tres páginas a la evolución de la ganadería después de la guerra civil. Y en la monografía que poco después elaboró Naredo con otros autores sobre La agricultura en el desarrollo capitalista español (1940-1970), la ganadería brillaba por su ausencia, omisión que no se subsanó en la reedición de la obra original de 1975 realizada en 1986 (Leal et al. 1986). Para entonces, el volumen 3 de la Historia agraria de la España contemporánea, el que se refiere al fin de la agricultura tradicional (1900-1960), la parte correspondiente a la ganadería era simplemente inexistente. De manera que en la década de los ochenta, el estado del conocimiento se resumía en •Rafael Dominguez Martín es Profesor Titular de Historia eInstituciones Económicas. Departamento de Economía. Uni uers ide d de Cantabria, Avda. de los Castros, s/n, 39005 Santander. E-mail: [email protected] 39
Rafael Domingnez Martín un par de artículos escritos por ingenieros agrónomos (Rodríguez Zúñiga, Ruiz y Soria, 1980; Soria y Rodríguez Zúñiga, 1983), ahora referencia historiográfica fundamental, en los que se establecíeron las cuatro características del modelo de desarrollo ganadero industrial tras la crisis de la ganadería tradicional: la especialización en los procesos productivos, la dependencia exterior de materias primas para la alimentación y de la base genética para la reproducción de las cabañas, y la tendencia hacia la integración vertical y la concentración espacial. Sintomático de esa falta de estudios fue la reproducción del artículo de Soria y Rodríguez Zúñiga (1983) en el libro compilado por San Juan (1989) sobre la modernización de la agricultura española. En la década de 1990, de las más de setenta colaboraciones contenidas en los volúmenes colectivos editados con una cierta ambición histórica (como se deduce de sus títulos) por Gil Olcina yMorales (1993), Sumpsi (1994) y Gómez Benito y González Rodríguez (1997), sólo en el primero se recogía un trabajo general sobre las transformaciones de la ganadería española en el último medio siglo, el del geógrafo Cabo (1993), que ampliaba otras investigaciones anteriores (Cabo, 1960, 1982, 1990) Y que constituye la otra gran referencia historiográfica, con un sesgo típicamente espacial que complementa la aportación de los ingenieros. También en esta década, nuestra revista, Historia Agraria, no reflejó en ningún artículo la problemática ganadera más reciente, ni siquiera englobándola en estudios alargo plazo de carácter regional. En este ámbito de los estudios regionales empezó agenerarse una literatura muy concentrada, al margen del incipiente desarrollo de la cuestión en Cataluña (Garcia Pascual, 1998), en el norte de España (Langreo, 1995; Domínguez ed., 1996; Bernárdez Sobreira, 1997), que es precisamente por donde esta Revista de agricultura ehistoria rural acaba de abrir brecha hace un año (Martínez López, 2000). En definitiva, para esta última década sólo existen dos referencías en las que los historíadores agrarios hagan un tratamiento general de la evolucíón de nuestra ganadería en el medio siglo posterior a la guerra civil (García Sanz y Sanz Fernández, 1991; Simpson, 1997) 2. CRISIS DE LA GANADERíA TRADICIONAL Y NUEVO MODELO DE GANADERíA INDUSTRIAL Ambas coincíden en situar la crisis de la ganadería tradicional (concepto que utilizo como tipo ideal y que no niega los procesos de modernización anteriores a la guerra civil) en una perspectiva históríca muy amplia y en el carácter inducido de la misma, pero difieren en el balance que resultó de la consolidación del nuevo modelo de ganadería industrial. Así, García Sanz y Sanz Fernández (1991), plantean el carácter inducido por la demanda de la transformación ganadera, una transformación descrita como "crisis de crecimiento" que terminaría a fines de los setenta, momento a partir del cual el sector sufrió una "crisis de rentas", que, según señalaban estos autores, "apunta hacia el final de todo un modelo de desarrollo" basado en la intensificación. Esta visión concuerda con la mayor parte de la literatura especializada generada en los ochenta por economistas, ingenieros agrónomos oespecialistas en producción animal que, avanzada tempranamente por Langreo (1978), puso mucho énfasis en el carácter dependiente ydesequilibrado del modelo de desarrollo gana40 ll ist. A,~}"itr. • Abril .lOO} •pp. .39-52
La ganadería española: del [ranqu ismo a la CEE dero, centrándose en los costes económicos y ecológicos asociados al mismo (Rodríguez Zúñiga, Ruiz y Soria, 1980; Sobrino et al, 1981; Buxadé, 1982; Bias et al, 1982 y 1983; Colino, 1982; Soria y Rodríguez Zúñiga, 1983; San Juan, 1987; García Dory y Martínez, 1988). La segunda referencia dísponible es la monografía de Simpson (1997), que dedica unas breves páginas al "desarrollo de la ganadería intensiva" en las décadas de 1950 y 1960. Un desarrollo inducido por la expansión de la demanda, que se puede detectar apartir del desfase entre el aumento de la oferta de cereales pienso y el de los cereales para alimentación humana, tendencia establecida en el primer tercio del siglo XX e interrumpida por la guerra civil y el período de la autarquia, que empezó a invertirse a fines de los cincuenta, momento apartir del cual se vio reforzada por las importaciones de piensos oleaginosos y la rápida expansión de la superficie dedicada al cultivo de girasol. Fueron en esos años cuando se produjeron incrementos sustanciales de la productividad vinculados a la ganadería industrial que, según Simpson, "liberaron a los productores españoles de las restricciones naturales einstitucionales que habían atormentado al sector ganadero desde el declive de la Mesta". Si esto fue posible para la producción de carne de ave y porcino, en donde el papel desempeñado por el capital y la tecnología extranjeros fueron cruciales, en la producción de carne y leche de vaca, que siguió vinculada asistemas ganaderos conectados con la tierra, los problemas de escala de las explotaciones arrojaron unos resultados más modestos. En definitiva, el trabajo de Simpson se sitúa en una posición "productivista", muy similar a la de los organismos internacionales (Banco Mundial/FAO, 1966) que efectuaron las principales recomendaciones para la transformación del sector en la década de 1960 (y del Ministerio de Agricultura, que las siguió en la parte que le convino). Precisamente, la preocupación por la situación del sector ganadero arranca de los investigadores coetáneos en esa década, entre los que constituyeron vanguardia los geógrafos (Arija, 1957 y 1958; Cabo, 1960), seguidos de los economistas y los ingenieros agrónomos, que respondieron rápidamente a la demanda de estudios derivada de los planteamientos del famoso ypolémico Informe del Banco Mundial/ FAO (1966). Estos estudios tuvieron, en general, un tono crítico directo (Martínez Cortiña et el., 1966; Velarde, 1967) o indirecto (Baade, Sobrino y Donner, 1967; Davies, 1968) contra el contenido productivista del Informe, ya que las transformaciones propuestas sólo se podían realizar, como de hecho ocurrió, sobre la base de incrementar los rendimientos de las producciones ganaderas alterando la estructura de los insumas de la función de producción sin valorar la adecuación de la nueva combinación de factores utilizados a la dotación de recursos del país (San Juan, 1987 70). El propio dinamismo de la ganadería entre 1959 y 1975 Y luego los problemas derivados de la alteración de los términos de intercambio y de la adaptación ante el ingreso en la CEE, multiplicaron el interés por las recientes transformaciones del sector, generándose desde fines de los setenta una masa muy heterogénea ydispersa de literatura económica, geográfica ytécnica, con estudios generales y otros sectoriales cuyas principales conclusiones trataré de sistematizar yrevisar críticamente acontinuación. Antes de analizar la evolución del sector por etapas, conviene señalar que existe un UiN, Ag ra 1'. 2.3 • Abril lOO / • pp. .39-5': 41
Rafael Domínguez Martín claro desequilibrio entre los estudios dedicados a las distintas producciones y especies animales, de manera que disponemos de suficiente información especializada para el bovino (Rodríguez Zúñiga, Ruiz y Soria 1981; Pañeda 1987; García Dory, 1988; Campesino, 1992; Espejo, 1992; Calcedo, 1996), el porcino (Caldentey, 1980; Segrelles, 1991 y 1992; García Pascual, 1993; Espejo, 1999) y el aviar (Castelló, 1990; Miranda, 1992), frente a la escasez de trabajos para el ovino (Michelena, 1990), síntoma de su progresiva marginación. Apartir de ese material y de los trabajos más generales, la evolución del sector ganadero entre 1940 y 1985 se puede dividir en tres etapas: 1) 1940-1959, 2) 19601975 Y 3) 1975-1985. 2.1. Del fin de la guerra civil al Plan de Estabilización En estos años la ganadería atravesó un tiempo lleno de dificultades y en buena parte "perdido" (Martínez López, 2000: 197), en el que la regresión de los niveles de vida de los años cuarenta lastró la insuficiente recuperación de la cabaña y de la producción ganadera en la década siguiente, como se pone de manifiesto en el bajo porcentaje de ésta sobre la producción final agraria, que en 1959 no llegaba al 29%, una cifra muy similar a la de antes de la guerra. El final del período del racionamiento y, sobre todo, la firma de los acuerdos con Estados Unidos en 1952, permitieron una mejora de los niveles de alimentación de la población española, que empezaron a evolucionar al compás de la recuperación ycrecimiento de la renta per cápita y de la reanudación del proceso de urbanización y de cambio estructural de la población activa. El hambre de proteínas animales de una población que empezaba a mejorar de manera gradual sus niveles de vida se satisfizo entonces con las producciones más baratas del mercado (huevos y carne de porcino), dos productos cuya oferta aumentó rápidamente (sobre todo en el segundo lustro de la década), siguiendo una lógica que prefiguraba la del modelo de desarrollo ganadero español durante los años sesenta: su separación de la tierra y la dependencia de razas importadas y materias primas para la alimentación. Así en los años cincuenta, comenzaron amanifestarse una serie de cambios en la producción porcina (aumento de la producción en cebaderos ydisminución de la estacionalidad de la producción) y , sobre todo, en el aviar, que anticiparon lo que iba aocurrir después. Amediados de esa década se produjeron las primeras importaciones de híbridos de gallinas ponedoras selectas procedentes de selecciones desarrolladas durante los años cuarenta en Estados Unidos y en algunos países europeos, lo que permitió la rápida expansión de la producción de huevos en el segundo lustro del decenio mediante sistemas industriales, que se concentraron en las provincias en las que ya había una cierta tradición antes de la guerra (Valladolid y Tarragona), y para cuyo funcionamiento era necesario importar la soja, maíz y sorgo para la fabricación de piensos compuestos, la tecnología y la base genética. Ello motivó una fuerte penetración del capital extranjero, que se vio facilitada por la legislación estatal correspondiente. Entre tanto, la política agraria continuó preparando el camino de la dependencia al mantener el apoyo al trigo frente a los cereales-pienso y la mejora de los pastos yforrajes. La diferencia con los años cuarenta fue que ahora el déficit de 42 Hlsr. Agrdr. ].3 • Abril ]()o/ •pp. 39-52
La ganadería española: del franquismo a la CEE alimentos para el ganado se empezó acubrir con la importación de maíz y tortas oleaginosas de soja, que constituyeron una parte significativa de la ayuda incluida en los programas de cooperación económica con los Estados Unidos (Rodríguez Zúñiga, Ruiz y Soria, 1980; Caldentey, 1980; Sobrino et. al., 1981; Soria y Rodríguez Zúñiga, 1983; San Juan, 1987; García Dory y Martínez, 1988; Miranda, 1992). 2.2. La crisis de la ganadería tradicional La segunda etapa abarca la década y media de 1960-1975 y está caracterizada por la crisis de la ganadería tradicional basada en las razas autóctonas yfundamentalmente extensiva y la consolidación de un nuevo modelo ganadero industrial apartir de razas de origen extranjero ycrecientes cantidades de alimentos importados. En estos años, la cabaña y, sobre todo, la producción experimentaron un fuerte crecimiento inducido por los cambios en la demanda de una sociedad en pleno desarrollo económico, a resultas de lo cual el producto ganadero aumentó su participación sobre la producción final agraria del 29 al 40%. Las causas de la crisis de la ganadería extensiva tradicional son de índole variada pero la transformación del sector tuvo un carácter inducido principalmente desde el lado de la demanda (Rodríguez Zúñiga, Ruiz y Soria, 1980; Soria y Rodríguez Zúñiga, 1983; Colino, 1999: 184), aunque no operó sobre un vacío histórico, ya que parte de las bases de la modernización en algunos subsectores (leche, huevos y producción porcina) habían sido puestas desde la oferta en los años anteriores a la guerra civil. En todo caso, lo que motivó la crisis fue la incapacidad de la ganadería ligada al suelo para adaptarse al rápido aumento del consumo de proteínas animales baratas, motivado por el acelerado crecimiento de tres variables: la renta per cápita de una población que aumentó en 5 millones de habitantes entre 1960 y 1975, el proceso de urbanización yasalarización, y la demanda adicional que supuso la llegada masiva de turistas (6,1 millones en 1960, 15 en 1965, 34,5 en 1973) (Contreras, 1993; Simpson, 1997). Toda esta población con rentas más altas y tendencia aconcentrarse espacialmente requería un abastecimiento regular a lo largo del año de productos cuyos precios no se vieran sometidos afluctuaciones estacionales y que tuvieran una calidad homogénea, lo que implicaba la creciente transformación de la producción y el establecimiento de circuitos comerciales estables, factores todos ellos para los que la ganadería tradicional no estaba preparada frente a la ganadería industrial (Rodríguez Zúñiga, Ruiz y Soria, 1980). Como ocurrió en la década de 1950 con los huevos y el porcino, aquellas producciones en las que la ganadería industrial arraigó con más fuerza (ahora carne aviar y en menor medida la de bovino apartir de añojos cebados) fueron las más dinámicas, gracias a la especialización, la integración vertical y la concentración espacial de la producción, si bien a costa de la dependencia de las importaciones de materias primas para la alimentación y/o de la base genética para la reproducción de la cabaña. Entre 1960 y 1975 se produjo el aumento espectacular del peso relativo de la carne aviar sobre el total de la producción mientras caía la parte proporcional de las otras carnes. En cuanto a la producción de leche, su crecimiento fue en conjunto más modesto que el de las otras producciones animales, evidenciando, como en el HiJI. A;;rdr . .lj • Aúril JO()! •pp. 39-52 43
Rafael Dominguez Martín caso de la carne de ovino y de la lana, que cuanto más ligadas estuvieran a la tierra (y más extensivos fueran los sistemas de explotación) más rigideces se presentaban para aumentar la oferta (carne de ovino y leche) o menos competitivas eran las producciones (leche y lana). En definitiva, en el período de 1960-1975 los éxitos conseguidos con la estrategia productivista de desarrollo ganadero lograron ocultar de manera transitoria los costes de esa elección El primero fue la dependencia exterior de la industria integradora y de la tecnología, las materias primas para la alimentación y la base genética, "al tiempo que una vasta extensión del territorio sufría los efectos de la desertificación por la ausencia de alternativas de uso del suelo" (Abad yNaredo, 1993: 275). El peso de las importaciones de alimentos para el ganado sobre la producción final ganadera pasó del 13 al 26% entre 1965 y 1974. En este último año, sólo la producción de huevos ycarne de ave y porcino consumían casi el 80% de los piensos compuestos abase de materias primas cuyo comercio internacional estaba dominado por Estados Unidos. Y por la misma fecha, cuatro grandes empresas de capital extranjero y relacionadas con multinacionales (NANTA, SANDERS, HENS y BIONA) controlaban más del 50% de la producción de piensos. Aunque la superficie agraria española se reorientó hacia los cultivos destinados a la producción de cereales-pienso y forrajes a fines de los años sesenta yprimeros setenta, dicha reasignación de recursos resultó insuficiente, mientras continuaba el despilfarro de otros, sin que la política agraria remediara convenientemente esas insuficiencias. Lejos de ello complicó las cosas: la expansión del girasol desequilibró el mercado de aceite de oliva, mientras que la expansión de la producción de cebada se hizo a costa de reducir las superficies de leguminosas grano, un mejorante natural de la fertilidad del suelo, que disparó las necesidades externas de energía fósil mediante la utilización de abonos químicos y redujo el potencial crecimiento de los rendimientos por ha. de las otras producciones agrícolas (Langreo, 1978; Rodríguez Zúñiga, Ruiz y Soria, 1980; Sobrino et el., 1981; Buxadé, 1982; Cercós, 1983; Sumpsi, 1983; Soria y Rodríguez Zúñiga, 1983; San Juan, 1987; García Dory, 1988). El segundo se concretó en el desequilibrio territorial interior, que estimuló las transferencias de valor añadido desde las zonas periféricas con recursos naturales adecuados para la producción ganadera (que en gran medida quedaron ociosos y difícilmente recuperables al desaparecer los instrumentos que, en forma de razas autóctonas, habían hecho posible su aprovechamiento) a las áreas económicas centrales de industrialización de los productos, muy deficitarias en recursos susceptibles de aprovechamiento ganadero. En ese sentido, la valoración crítica del desarrollo ganadero del período 1960-1975 fue muy negativa en cuanto se modificaron los términos de intercambio entre los precios percibidos y los precios pagados por los ganaderos al empeorar las perspectivas de crecimiento de la demanda yencarecerse los inputs externos (Langreo, 1978; Rodríguez Zúñiga, Ruiz y Soria, 1980; García Dory, 1988; Pardo, 1994; Naredo, 1996). 44 I1h!, A,~ri/r_ • Abril ]()()] •pp .. 39-52
La ganadería eS/lañola: del franquismo a la CEE --------- 2.3. La crisis de rentabilidad y adaptación En la tercera etapa, de 1975 a 1985, la ralentización de la demanda de productos ganaderos como consecuencia de la crisis económica y el encarecimiento de las materias primas para la alimentación animal, así como la necesidad de adaptación de las estructuras ganaderas ante la incorporación de España a la CEE (Camilleri dir., 1986), generaron una crisis de rentas que se tradujo en el leve descenso de la participación de la producción ganadera sobre la producción final agraria del 40 al 39%. A principios de los setenta el modelo de desarrollo ganadero español contenía algunas características diferenciales con respecto a los países de nuestro entorno que no auguraban un porvenir nada halagüeño para las rentas de los productores el peso total de los sistemas ganaderos industriales era anormalmente elevado respecto al conjunto de los sistemas ganaderos de la CEE, sobre todo en lo referido a la producción de carne de bovino y ovino en cebaderos (ésta última inédita en Europa); lo mismo cabe decir de la más acusada desvinculación entre las explotaciones y la empresa agraria, lo que dio como resultado una infrautilización de los subproductos mucho más despilfarradora de energía que la media comunitaria y que hacía de nuestra ganadería un sector extremadamente dependiente de las importaciones de cereales pienso y soja con respecto a las multinacionales norteamericanas. Estas empresas alcanzaron una posición hegemónica en los procesos de integración vertical gracias a un marco institucional que daba toda clase de facilidades para las inversiones extranjeras yvaciaba de contenido las estructuras asociativas, un factor también excepcional del desarrollo ganadero español, que debilitó la capacidad negociadora de los productores frente a las integradoras y frenó la innovación endógena (Sobrino et al, 1981; Colino, 1982; Naredo, 1996) Apartir de 1975, la dieta de los españoles comenzó a dar muestras de una cierta saturación biológica a medida que el crecimiento de la población entraba en fase de climaterio y el consumo per cápita se acercaba a los niveles promedio de la CEEen carne y leche, y los superaba en huevos ycarne de ave (Pérez Blanco, 1983). Ello, unido a la crisis económica, que provocó la ralentización del crecimiento de la renta per cápita, dio lugar al estancamiento del gasto en productos de origen animal, paralelo a la desaceleración de la ingestión de proteínas animales por habitante. El consumo de carne aumentó por encima del de leche, que se situó ahora en segundo lugar, y el de huevos, que quedó relegado a la tercera posición. El mayor dinamismo del consumo de carne se debió al efecto sustitución por las carnes más baratas (aviar y porcino, que siguieron ganando peso en el consumo total cárnico). Es de destacar la preferencia por ésta última, que fue la única que presentó una demanda más expansiva que en el período anterior, ya que el resto de los renglones cárnicos (vacuno y ovino) sufrieron un duro retroceso de sus tasas de crecimiento, que se tornaron no sólo inferiores a las de 1960-1975 (como ocurrió con el aviar, y lo mismo en el consumo de leche y huevos) sino negativas (Domínguez, 2001). Estas alteraciones en la demanda complicaron la situación del sector ganadero al simultanearse con el deterioro de los términos de intercambio entre los precios percibidos y los precios pagados por los productores como consecuencia del enca4S
Rafael Domínguez Martín recimiento de los piensos y de la energía y de las medidas antiinflacionistas que intentaron aplicar los distintos gobiernos, particularmente vigilantes con los precios de los alimentos. Ello desencadenó una crisis de rentas para los ganaderos que la política agraria no atajó en profundidad, debido a la existencia de otras prioridades más acuciantes en el momento de la Transición a la democracia y a las estrecheces presupuestarias de la economía española en aquellos años de crisis (Ceña, Pérez Yruela y Ramos, 1985). Por lo demás, en este período continuaron los rasgos básicos del modelo de desarrollo ganadero, profundizándose la especialización de los procesos productivos y la tendencia hacia la integración vertical y la concentración espacial de la producción. En este último aspecto, cabe destacar algunas características de la industria agroalimentaria española aprincipios de los ochenta: la atomización, que dejaría un gran margen de incentivo para procesos de concentración posteriores; la desigual dependencia del capital extranjero, muy elevada y en ascenso en la fabricación de piensos, muy elevada y en descenso en la fabricación de lácteos, ymucho más reducida aunque en aumento para el ramo cárnico; y, por último la tendencia a reproducir el carácter desequilibrador del modelo ganadero, ya que basó "sus criterios de localización ydesarrollo atendiendo más a factores de demanda que al aprovechamiento de recursos regionales" (Soria y Rodríguez Zúñiga, 1985). Esta última precisión se ha discutido (siendo la única posición que matiza el discurso dominante) para el caso del cebo de terneros, ya que las principales regiones exportadoras de terneros para engorde (como Asturias) y su principal cliente y mayor cebador de España (Cataluña) han mantenido constante la participación en el valor añadido por el sector (García Grande, 1992). Respecto a la dependencia exterior de materias primas para la alimentación (el otro rasgo básico del modelo de desarrollo ganadero) recientemente se han hecho también algunas matizaciones (Domínguez, 2001). Ciertamente antes de la adhesión a la CEE la concentración de las importaciones de alimentos en un sólo proveedor, Estados Unidos, era muy elevada (en 1984 suministró el 70% de las importaciones españolas de maíz y soja y el 53% de las de sorgo). Sin embargo, no cabe hablar de que dicha dependencia aumentase en todo el período de 1975-1985, como muestra la mejora del índice de cobertura de las exportaciones de alimentos apartir de 1982 y que superó el nivel 100 (si bien transitoriamente) en 1984. Ello refleja la competitividad creciente de las exportaciones españolas de frutas y hortalizas pero también el avance de los cultivos para la alimentación ganadera. Cuando se habla, por tanto, del aumento de la dependencia en este período hay que acotarla a la base genética para la reproducción de las cabañas y al suministro agregado de energía fósil resultante de la extrema desligazón de nuestra ganadería respecto a los recursos naturales del país (Bias et el., 1982; García Dory y Martínez, 1988; Ruiz-Maya y Martín, 1988; Pardo 1996). Según cálculos de Cabo (1990 y 1993), las tres cuartas partes del peso vivo de la cabaña en 1987 se cubrían con el recurso aalimentación asistida, llegando ese porcentaje en Cataluña, la Comunidad Valenciana yMurcia asuperar el 95%. Entre tanto se desperdiciaban subproductos residuales de la agricultura que, a la vista de las respectivas producciones de 1980, se llegaron aestimar en 8.200 millones de 46
La ganadería españo!«: del [ranquismo a la CEE unidades forrajeras (Buxadé, 1982) con las que se podría haber aumentado antes de nuestro ingreso en la CEE y sin apenas coste el porcentaje de superficie agrícola utilizada por los rumiantes, que era relativamente más bajo que el europeo, así como el porcentaje de explotaciones de rumiantes, también inferior al de la CEE (Ruiz-Maya y Martín, 1988), acercando el porcentaje de participación del producto ganadero sobre la producción final agraria española a la media comunitaria. 3. CONCLUSIONES La evolución del sector ganadero desde los primeros síntomas de la crisis de la ganadería tradicional hasta la crisis de la ganadería industrial pueden resumirse en la mejora de la productividad alargo plazo y en el empeoramiento realtivo del balance energético (Cuadro 1). La mejora de la productividad (columna 3) fue muy importante en el período 1960-1975, frente a la atonía del crecimiento de la productividad energética de la década de 1950 (producto de la regresión ganadera de los cuarenta), y la aparición de rendimientos decrecientes en el período 1975-1985, como muestra la desaceleración por entonces de la tasa de variación de la energía producida por unidad ganadera, respecto a la tendencia de 1950-1984. El crecimiento de la productividad energética se debió en buena medida al progreso tecnológico basado en innovaciones biológicas asociadas a la introducción de razas extranjeras de mayor rendimiento energético, pero también cada vez más exigentes en su ración alimenticia (columna 4). También el paso de la ganadería tradicional de la década de 1950 a la ganadería industrial del período 1960-1975 se patentizó en el empeoramiento relativo del balance energético (medido por el acortamiento de las distancias entre las tasas de crecimiento de la energía producida y la energía consumida totales, columnas 1 y 2, o ponderadas por unidad ganadera, columnas 3 y 4), situación que se corrigió en el período de 1975-1985, cuando, sobre todo apartir de 1980, se frenaron los excesos de la ganadería industrial, marcando un cambio de tendencia. CUADRO 1. EVOLUCiÓN DE LOS PRINCIPALES VARIABLES VRATIOS DE LA GANADERíA EN ESPAÑA (TASAS DE VARIACiÓN V%) períodos 23456 1950-1960 4,4 3,3 1,6 0,8 25 1 1960-1975 4,8 4,4 7,0 6,6 30 41 1975-1984 3,9 3,0 2,3 1,2 20 41 1950-1984 4,4 3,7 4,1 3,4 1: tasa de variación acumulativa anual de la energía producida en kilocalorías 2: tasa de variación acumulativa anual de la energía consumida en unidades forrajeras 3 tasa de variación acumulativa anual de la energía producida por unidad ganadera 4: tasa de variación acumulativa anual de la energía consumida por unidad ganadera 5%de la energía aportada por los piensos Importados al final de cada período sobre el total de piensos consumidos 6: %de las proteínas aportadas por los piensos importados sobre el total de piensos consumidos Fuente: elaboración propia apartir de los datos de García Dory y Martínez (1988: 85-87). Hist. Agrdl', ..?) • Abril 100! •NI, Y)-51 47