La organización del trabajo en el mundo rural y sus evoluciones históricas. Época contemporánea
Abstract
En este texto se comentan las comunicaciones presentadas a la parte contemporánea de la sesión titulada "La organización del trabajo en el mundo rural y sus evoluciones históricas" del IX Congreso del SEHA, celebrado en Bilbao en septiembre de 1999. El comentario se ha estructurado en torno a tres grandes temas: 1) Organización técnica del trabajo, crecimiento agrario y medición de los cambios en la productividad del trabajo agrícola, 2) Trabajo asalariado y agricultura capitalista: el debate sobre la proletarización y 3) La organización del trabajo en el contexto de la explotación familiar.
Full text
HISTORIA AGRARIA' n." 20 • Abril 2000 • pp. 25-38 •©SEHA La organización del trabajo en el mundo rural ysus evoluciones históricas. / Epoca contemporánea Ramon Garrabou INTRODUCCiÓN El tema que se propuso para esta sesión del congreso, las transformaciones de la organización del trabajo en el mundo rural, ya había sido abordado en dos reuniones anteriores (Menorca, 1990; Salamanca, 1997), si bien de forma un tanto tangencial. En la primera reunión del SEHA se pretendía mostrar los nexos existentes entre propiedad y explotación campesina y la naturaleza del trabajo agrario. En la última celebrada en Salamanca la organización del trabajo emergía como un elemento relevante para comprender las formas de gestión de la gran propiedad. Apesar de ello, consideramos que el tema no estaba agotado y que tenía entidad suficiente para dedicarle una nueva sesión, en la que fuera abordado de forma central. Y esto por varias razones. Las formas de organización del trabajo constituyen un elemento clave para comprender los diversos mecanismos utilizados a lo largo de la historia para que determinados grupos sociales capturen el excedente, de ahí que constituyan un elemento decisivo en la conformación de las diversas estructuras agrarias de clases que se han sucedido históricamente. Este ha sido uno de los elementos mas relevantes del enfoque marxista. La organización del trabajo agrícola también resulta ser un factor decisivo para la comprensión del crecimiento agrario. Se dispone de una larga y sólida tradición intelectual iniciada con los clásicos, en la que se discuten las formas Los artículos de esta sección no están sometidos a evaluación. • Ramón Garrabou es Catedrático de Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona. Departament d'Economia i d'Historia Económica, Universitat Autónoma de Barcellona, 08193 Bellaterra (Barcelona), e-mail: [email protected] 25
Ramon Garrabou mas adecuadas de tenencia y el papel que este factor ha tenido en el crecimiento agrario. Este ha sido el aspecto que más ha interesado desde la perspectiva neoclásicaliberal. Señalábamos también en nuestra convocatoria que el estudio de la organización y proceso de trabajo, intentando cuantificar la cantidad de trabajo necesaria para la obtención de una determinada cantidad de producto podía aportar algunos resultados sobre formas alternativas de analizar la evolución de la productividad. Dados los problemas que presenta el método convencional de medir la productividad agrícola, cuando la estadística agraria es inexistente opoco fiable -un simple cociente entre una supuesta producción y unos supuestos activos-, podía resultar interesante ensayar otros métodos como el que había utilizado R. Grantham al tomar como punto de referencia la cantidad de trabajo necesario para la obtención de una determinada unidad de producto. Las reconstrucciones precisas de los procesos de trabajo, teniendo en cuenta las orientaciones productivas, rotaciones de cultivos, fuerza motriz, instrumentos ymaquinaria utilizados podían ser, asimismo, una via interesante para un mejor conocimiento del cambio técnico y la funcionalidad de las prácticas agrarias utilizadas y su resistencia adesaparecer. Finalmente, el análisis del proceso de trabajo podía darnos alguna pista para una mejor comprensión de las representaciones del trabajo que han conformado la forma de situarse en el mundo durante milenios. Estos eran los objetivos. Veamos los resultados. Las comunicaciones presentadas relativas a la época contemporánea han sido más numerosas que las correspondientes al período medieval ymoderno y esto por una parte facilita mi tarea como relator, pero por otra la complica. Por un lado, el número elevado de comunicaciones presentadas sugiere abundantes temas y puntos de reflexión, pero por otro impide comentar in extenso el contenido de todas ellas. La salída más viable me ha parecido que podía ser la de integrar el contenido de las diversas comunicaciones en torno a algunas cuestiones que he considerado relevantes, aunque dejara de lado otros aspectos tratados en las mismas, sin duda interesantes pero que hubiera alargado ycomplicado en exceso mi intervencion. He organizado el comentario de las comunicaciones en torno a tres grandes temas: 1) Organización del trabajo, crecimiento agrario y mejoras en la productividad. 2) Trabajo asalariado yagricultura capitalista: el debate sobre la proletarización. 3) El trabajo en el contexto de la explotacíón familiar. 1. ORGANIZACiÓN DEL TRABAJO, CRECIMIENTO AGRARIO YMEJORAS EN LA PRODUCTIVIDAD Entre los creadores del pensamiento económico la organización del trabajo agrario ocupó una posición central en sus propuestas analíticas einterpretativas para explicar el crecimiento económico. Apartir de los fisiócratas y de A. Smith se inició una línea de razonamiento que vincula estrechamente el crecimiento agrario y económico aformas más eficientes de organización del trabajo. Las propuestas de periodización que de A. Smith llegan hasta Marx toman como variable principal las 26 Hisr, A~r{/r. 11. ~?(). Abril ]()()() • pp. 25-.:38
La organización del trabajo en el mundo rural contemporáneo formas de organización del trabajo. En este sentido se considera que en las sociedades agrarias en las que predomina el trabajo esclavo o servil las posibilidades de crecimiento son débiles, mejoran cuando se ven sustituídas por formas de tenencia basadas en el pago de rentas en especies, fijas o proporcionales a la cosecha, y alcanzan su máxima eficiencia cuando se consolida el sistema de grandes arrendamientos monetarios a base de trabajadores asalariados. El farmer, el gran arrendatario capitalista que utiliza trabajo asalariado, se presenta como el agente mas idóneo para impulsar el crecimiento porque es el que tiene recursos eincentivos para aplicar el trabajo y del capital en cantidades adecuadas, dado que, a diferencia de lo que sucede en los sistemas a partes de frutos, puede retener el beneficio íntegro de la intensificación del ambos factores productivos. Apesar de que autores como John Stuart Mili admiten que un aparcero opequeño propietario pueden estar también incentivados en explotar más intensivamente una finca, se sigue señalando la gran explotacion gestionada por arrendatario solvente como la forma más idónea para impulsar el crecimiento agrario. Lo que me interesa destacar aquí es que la forma de organización del trabajo agrícola ha constituido un elemento clave en los modelos y propuestas analíticas del crecimiento agrario. Desde los enfoques clásicos yneoclásicos el trabajo ha sido visto como un factor productivo, como un coste, y la atención se centraba en plantear las formas de organización del trabajo que incentivaran un grado mayor de eficiencia. Algunas de las comunicaciones presentadas y muy particularmente la de J. Simpson y J. Carmona se enmarcan en este enfoque. Los autores se preguntan si la baja productividad del trabajo de la agricultura castellana amediados del siglo XIX se explica por la fragmentación de las explotaciones agrarias, o, dicho en otros términos, si unas explotaciones más compactas hubieran aportado mejoras significativas. Para ello discuten en qué medida la propuesta de Fermín Caballero de impulsar la concentración parcelaria, hubiera significado de haberse llevado a la práctica una mejora de la productividad. Mediante el análisis de la cantidad de trabajo necesario en el cultivo cereal de Castilla/León, los autores analizan los costes de dispersión que significaba la fragmentación del patrimonio en pequeñas parcelas yllegan a la conclusión de que las ventajas de proceder a una concentración hubieran sido poco significativas, como mínimo hasta mediados del siglo XX, cuando la mecanización se difundió ampliamente. De hecho, lo que aquí se plantea es el tema de las economías de escala, uno de los vectores claves del modelo clásico de desarrollo agrario, como hemos visto. Las conclusiones de los autores vienen a coincidir con la opinión creciente entre los analistas de temas agrarios sobre la incidencia moderada de las economías de escala en la agricultura, dadas las tecnologías disponibles y las especificidades del sector agrario. Desde perspectivas metodológicas diferentes un grupo de comunícaciones abordan también el tema de la eficiencia productiva mediante el análisis de la organización técnica del trabajo agrícola. Me refiero a las comunicaciones de M. Lana Berasaín, E. Saguer, J. Colomé, E. Vicedo, 1. Hens Pérez y J.S. Nuez Yánez. La información utilizada procede de cartillas evaluatorias ydocumentación catastral similar, contrastada frecuentemente con datos procedentes de archivos patrimoniales o HiJ!. Agrdr. n," lO· Abril 1000· NI, 25-38 27
Ramon Garrabou de publicaciones agronómicas, Las estrategias de cada autor son diferentes, En unos casos, se ha optado por establecer el ciclo de labores de un determinado cultivo (vid, olivo, cereal, plátano), en otros por reconstruir las necesidades de trabajo en función de las rotaciones de cultivos seguidas en la zonas de estudio y, finalmente, en otros se realiza una estimación global de las necesidades laborales de los aprovechamientos agrícolas yganadero-forestales, Un rasgo común de estas comunicaciones es la precisión con la que se describen las distintas operaciones realizadas, los métodos seguidos, los instrumentos ymaquinaria utilizada y el calendario, tanto para las labores de preparación ymantenimiento de la capacidad productiva del suelo (reposición de nutrientes, aprovechamientos hídricos, estructura adecuada del suelo, eliminación de las plantas competidoras) como para las labores de siembra yrecolección o las realizadas en la planta durante la fase de crecimiento y en la época de la cosecha, Destacaría la riqueza informativa de las comunicaciones de E, Saguer sobre los cambios en las rotaciones seguidas en los cultivos herbáceos del Baix Emparda, la de M, Lana Berasain sobre el cultivo cereal en el Sur de Navarra (rotaciones, mecanización, sistema de siembra yrecolección) y la de J, Colomé sobre los cambios introducidos en la viticultura del Penedés a partir de la filoxera, Una reconstrucción precisa de la organización técnica del trabajo agrícola en un momento determinado y su evolución histórica se convierte sin duda en un instrumento eficaz para abordar de forma más fructífera un tema central como el cambio técnico, Nos permite comprender la lógica y la racionalidad de los modos tradicionales de organizar el trabajo ypuede servir para detectar la introducción de pequeñas mejoras -un tipo de arado perfeccionado, la introducción de un nuevo cultivo o una rotación diferente, un nuevo método de poda del viñedo o de siembraque podrían pasarnos desapercibidas si exclusivamente pusieramos la atención en las grandes innovaciones, Todo ello puede servirnos además para valorar mejor las prácticas agronómicas tradicionales, no como un signo de rechazo acualquier innovación sino como resultado de las experiencias acumuladas secularmente en los sucesivos ensayos para reducir yeliminar los factores limitantes de la producción agrícola, A la vez la reconstrucción de los procesos de trabajo en el mundo rural puede hacer visible una dimensión escasamente analizada por los historiografia como es la vertiente antropológica-cultural del trabajo, en la medida en que el aprendizaje de las prácticas agrícolas y de los saberes campesinos se convierten en las sociedades rurales en una forma de acceso a la comprensión del mundo, La documentación utilizada en este bloque de comunicaciones muestra la posibilidad de describir las formas de organizar el trabajo agrícola y, a la vez, permite establecer algún tipo de cuantificación sobre las jornadas de trabajo empleadas para determinados cultivos osistemas de cultivo, Ciertamente, los costos laborales físicos fijados en jornales por una determinada superficie ounidad de producto, presentan problemas de diversa índole y algunos difíciles de resolver, La misma noción de tiempo que gobernaba el mundo rural dificultaba fijar con precisión el tiempo necesario para realizar una determinada labor, Era frecuente que en la misma jornada se pasara de una operación a otra y tomar como unidad de medida el jornal como se hace en la mayor parte de fuentes sin duda crea problemas, que se pueden ver 28 Llist, ARYdY. n," 20. Abril 20()() • pp. 25-38
La organización del trabajo en el mundo rural contemporáneo aumentados con las diferencias notables de la duración de la jornada laboral en las distintas fases del año. En consecuencia, tanto para los técnicos como para los agricultores resultaba complejo establecer unos valores medios para labrar una hectárea de cereal o podar una hectárea de viña. Por otro lado tampoco requería el mismo tiempo la primera labor de arado después del barbecho o la cava de una viña que repetir la operación al cabo de un tiempo en que se reducía notablemente. Ni era constante la cantidad de trabajo para la trilla o la vendimia de una determinada superficie, ya que reflejaba muy de cerca los rendimientos de la cosecha. Finalmente, otro problema derivado de las cartillas evaluatorias es que esta fuente, tenía como objetivo establecer los costes de producción, laborales y de otro tipo, para cada cultivo como si existiera una total especialización en este producto cuando la realidad era bien distinta. La asociación de cultivos era dominante en la mayor parte de sistemas agrarios yademás era frecuente alguna actividad ganadera. En consecuencia, si fijamos las necesidades labores en función exclusiva de los cultivos dominantes se nos puede escapar una parte notable de la actividad. Apesar de esta serie de problemas, los resultados obtenidos con estas fuentes tienen un grado razonable de coherencia, como se puede comprobar en las comunicaciones que estamos comentando. Sus autores proponen estimaciones sobre las cantidades de trabajo necesarios para las principales labores de algunos cultivos y de su distribución a lo largo del año agrícola que pueden convertirse en un punto de referencia para futuras investigaciones; la extensión del campo de observación a otros espacios y al conjunto de actividades agrarias permitirá conocer las necesidades laborales de un determinado momento, su estacionalidad y las modificaciones ycambios en el tiempo. Señalaba al principio que la comparación de los costos laborales de determinados cultivos podía ser una via para perfeccionar la medición de la productividad agrícola. Tanto E. Saguer como J. Colomé realizan algún intento en esta dirección. Mediante la comparación de los jornales necesarios para la produccion de 1 HI. de trigo entre mediados del siglo XIX y los años treinta del siglo XX. E. Saguer observa en su caso de estudio, una drástica reduccíon de 5,3 jornales a 1,4 jornales, lo que significaría que la productividad del trabajo agrícola en el caso estudiado se habría multiplicado casi por cuatro. El autor explica esta mejora por la acción combinada del incremento de los rendimientos físicos y la reducción del trabajo, al introducrse la siega mecánica y la posibilidad de suprimir la escarda al difundirse las nuevas rotaciones. J. Colomé estima que los jornales necesarios para la producción de 1HI. de vino se habrían reducido a la mitad entre mediados del siglo pasado y las primeras décadas del siglo XX; en este caso el alza espectacular de la uva producida con las nuevas variedades postfiloxéricas sería el factor explicativo fundamental del aumento de productividad del trabajo. Finalmente la cuantificación de los jornales necesarios para cada cultivo permite, siempre que se disponga de datos mínimamente fiables sobre la superficie que ocupa cada uno de ellos, los activos agrarios ylas jornadas de actividad anuales, conocer el equilibrio existente entre las necesidades labores de un determinado sistema agrario y las disponibilidades teóricas de trabajo. Las comunicaciones de M. Lana Berasain, sobre la merindad de Tudela (Navarra), la de E. Saguer, sobre la Híst, A~r(/r. n." JO· Abril JO()(} • p/J. J5-3H 29
Ramon Gnrrabo« localidad de Monells (Emparda) y la 1. Hens Pérez referente a la provincia de Málaga proponen algunas estimaciones. En estos tres casos aparecen unos altos niveles de subocupación: si la actividad se distribuyera de forma equilibrada a lo largo del año, la mitad de los activos sería suficiente para cubrir todas las necesidades laborales. La subocupación se reduce en determinados momentos, pero incluso en la época de máxima actividad en la merindad de Tudela un alto porcentaje de activos masculinos no serían necesarios si coeficientes de trabajo por H. cultivada, extensión que ocupa cada cultivo ynúmero de activos se ajustara a la realidad. Según los cálculos de E. Saguer el nivel de ocupación todavía sería más bajo en la localidad de Monells: menos de un 30% de activos bastarían para cultivar el 80% de la superficie ocupada por cultivos herbáceos. El excedente de capacidad de trabajo ha sido un fenómeno muy común en la mayor parte de sistemas agrarios. Sin embargo las cifras que aportan estos autores en mi opinión, son excesivamente bajas. Sobre todo si tenemos en cuenta la opción de contabilizar exclusivamente la actividad masculina, a pesar de que existen evidencias suficientes de la participación femenina en las actividades agrarías. Ello puede deberse, como los mismos autores señalan, adiversas razones. Una primera disminución podría proceder de no imputar ningún coste laboral a actividades ganaderas imprescindibles en cualquier explotación. El aprovisionamiento de leña u otros productos forestales probablemente generaba alguna actividad que no se recoge en los cálculos. De forma similar el mantenimiento de la explotación requeria conservar en buen estado caminos, márgenes, cercamientos, terrazas, sistema de desagüe que podían ser operaciones muy costosas en trabajo. El mantenimiento de la infraestructura de regadío, cuando la finca era susceptible de ser regada, exigía un cantidad de jornales no despreciable. También sería conveniente introducir algunos jornales por trabajos de fertilización como elaboración de abonos en el estercolero, recogida de materiales de desecho o en el transporte yesparcimiento de los estiércoles en la finca. Finalmente las 300 jornadas anuales potenciales que los autores toman como punto de referencia, probablemente resultan excesivas, dado que a las jornadas festivas había que sumar los días de lluvia. Por otro lado habría que incorporar los costes de plantación del arbolado, que en las comarcas donde los cultivos arbustivos-arbóreos tienen importancia, pueden alcanzar cifras elevadas. En el ejercicio que presenta l. Henz Pérez, en este caso para el conjunto de la provincia de Málaga, la simple incorporacion de la demanda que generaba la explotación de los espacios silva-pastoriles se traduce en un alza notable de la ocupación. La escala elegida y la contabilización de las actividades silva-pastoriles junto con los estrictamente agrícolas permite captar las complementariedades que operaban en el conjunto del sistema. En algunas comarcas malagueñas la ocupación potencial exigía más del 70% de activos masculinos mientras que en otras comarcas el porcentaje era mas bajo, poniéndose así en evidencia los flujos migratorios intercomarcales que constituyen una importante característica de la estructura ocupacional malagueña y de gran parte de los sistemas agrarios. 30
La organización del trabajo en el mundo rural contemporáneo 2. TRABAJO ASALARIADO Y CAPITALISMO AGRARIO: EL DEBATE SOBE LA PROLETARIZACION Hasta aquí se han tratado los aspectos técnicos de la organización del trabajo en el mundo rural. Establecer las necesidades de trabajo de cada cultivo, de la explotación y, mejor aún, del conjunto del territorio, su distribución a lo largo del año, analizar los métodos y las técnicas con los que se realizaba cada operación, sus cambios en el tiempo y los equilibrios entre disponibilidades yrequerimientos constituyen elementos básicos para comprender el funcionamiento de cualquier sistema agrario. Pero dada la desigual distribución de recursos y, de forma particular, de derechos de propiedad sobre la tierra, la organización técnica del trabajo es insuficiente para explicar la naturaleza de las relaciones sociales que permiten canalizar hacia el sector agrario la fuerza de trabajo necesaria para realizar el cultivo. ¿Por qué en algunos espacios y en algunos momentos históricos el trabajo familiar resulta dominante, mientras que en otros la salarización adquiere importancia? Es esta dimensión del trabajo como vertebrador de relaciones sociales la que ahora nos interesa analizar. ¿Cómo se ha organizado en las sociedades capitalistas el abastecimeinto de fuerza de trabajo en el mundo rural? Según las ínterpretaciones dominantes en el sector agrario de forma similar a lo sucedido en otros sectores económicos, amedida que se fueran constituyendo los diversos mercados, acabaría imponiéndose la gran explotación que adquiría en el mercado la fuerza de trabajo necesaria. Se afirmaba que en el mundo rural se produciría un fenómeno parecido al resto de la economía, es decir una escisión entre propietarios de medios de producción y los desposeídos que no tendrían otra alternativa que recurrir al mercado de trabajo para su subsistencia. Así pues, la proletarización constituiría uno de los rasgos dominantes del desarrollo del capitalismo agrario. Sin embargo la realidad del mundo rural en la época contemporánea ha sido bien distinta. No es que no hayan aparecido mercados laborales ni que el trabajo asalarido no haya estado presente, sino que no ha tenido el grado de generalización que se preveía. Si en planteamientos neoclásicos el tema del trabajo interesaba sobre todo en función de la eficiencia productiva, desde la perspectiva marxista, la organización del trabajo constituía el principal mecanismo que generaba unas relaciones de explotación, en la medida que permitía a las clases propietarias la captura del excedente. En el sector agrario como sucedía en el resto de la economía en un mundo capitalista, el trabajo asalariado constituía la vía mas eficiente de acumulación por parte de los propietarios ygrandes arrendatarios. A pesar de la creciente implantación del sistema capitalista, la capacidad de resistencia de otras formas de organización del trabajo agrícola, como la explotación familiar en tierras propias oalquiladas, mostró que era algo más que una mera etapa de transición hacia otras formas mas propiamente capitalistas. Desde fínes del siglo XIX, los estudiosos del mundo rural empezaron a preguntarse sobre la validez de los planteamientos que concebían el desarrollo del capitalismo con amplios procesos de salarización yproletarización y el debate sobre el modo específico de organización del trabajo en una agricultura capitalista ha continuado prácticamente hasta nuestros dias. No es de extrañar que numerosas comunicaciones aborden este tema. Analizaremos acontinuación los textos referentes al HiN. Agrar.!l. lO. Abril _?()()() •pp. 25-,)8 31
Ramon Garrabou tema de la proletarización y en el último apartado aquellos que sitúan el trabajo familiar en el centro de su análisis. Los casos presentados abarcan un ámbito geográfico ytemporal amplio y diverso. Desde la Puglia (S. Russo) y el Alentejo (P. Godhino y M.M. Miranda Fernández), hasta Paraguay (N.R Areces) yMéxico (M. Cerruti) además de la baja Andalucía (A. L. López Martínez y A. Florencia Puntas), el Penedés (J. Pujol), la región murciana (A. Pascual Martínez Soto) o Canarias (J.S. Nuez Yánez). En todos los casos analizados las relaciones salariales tienen un peso indiscutible y en consecuencia la existencia de un mercado de trabajo resulta evidente. Nada nuevo en ello. Como está suficientemente demostrado, el trabajo asalariado era un fenómeno relativamente común en los sistemas agrarios europeos desde la época medieval. Las cuestiones relevantes en mi opinión son la naturaleza del mercado de trabajo, el peso que esta forma de cubrir las necesidades laborales tenía en cada sistema agrario y la posibilidad de identificar tendencias claras en su expansión, hasta convertirse en la forma dominante. En relación a las características del mercado de trabajo es oportuno recordar, como ha puesto en evidencia la abundante literatura sobre el tema, las dificultades para organizar mercados de trabajo competitivos y la constante presencia de factores institucionales en su regulación. Estos aspectos son todavía más visibles en los mercados laborales agrícolas, donde las pronunciadas estacionalidades de las demandas de trabajo, la persistencia de formas precapitalistas como criados y mozos, la existencia de normas de regulación de salarios y de la ocupación y el entrecruzamiento de las relaciones salariales con los mercados de crédito y de la tierra limitan el carácter competitivo de estos mercados y pueden crear dificultades para que los propietarios oempresarios agrícolas puedan disponer de forma fluida, barata y regular de la cantidad de trabajo que necesitan para sus explotaciones. El trabajo asalariado no siempre significa la existencia de un mercado de trabajo agrario competitivo. Marco institucional ytradiciones culturales pueden imponer exclusiones por razones de género o por localismo. Un hecho muy común es que las mujeres sólo puedan acceder aalgunas actividades, vendimia, recogida de la aceituna o la escarda. También ha sido bastante frecuente la reserva del mercado de trabajo local a los vecinos, recordemos la ley de términos municipales durante la segunda República. Sin embargo en los picos de actividad, en particular la siega o la vendimia, la oferta local de trabajadores resulta insuficiente y desde la edad moderna funcionaban importantes flujos de jornaleros que se desplazan desde zonas alejadas. La historiografía inglesa ha señalado el enorme volumen de segadores irlandeses que regularmente se desplazan a Inglaterra hasta fines del siglo XIX en la época de la cosecha. También es bien conocida la presencia regular en la baja Andalucía de segadores del resto de Andalucía así como de Galicia yPortugal (A. Florencia Puntas y L. López Martínez) o los movimientos migratorios de cerca de setenta mil segadores hacia el Tavoliere de Puglia, procedentes de diversas regiones del Sur de Italia (Saverio Russo). Un fenómeno similar se producía en las zonas de intensa especialización vitícola en la época de la vendimia. Al Penedés aprincipios del siglo XX llegaba un enorme contingente de vendimiadoras/es procedente de toda Cataluña, del País Valenciano y de las provincias aragonesas(J. Pujol). La consolidación de estos movimientos laborales de larga distancia podía cerrar la entrada al mercado de los trabajadores locales como 32 Hist, Agrclr. n," 20· Abril 20()() •pp. 2.5-3H
La organización del trabajo en el mundo rural contemporáneo sucedía en el caso del propietario del Penedes y a la vez daba una capacidad de negociación a los trabajadores foráneos que acostumbraban anegociar a través de sus agentes con anterioridad a la cosecha. Por otro lado una parte importante de los asalariados agrícolas estaba formada por trabajadores fijos, criados y mozos a los que el propietario proporcionaba vivienda yalimentación ycuyas relaciones laborales estaban impregnadas de elementos paternalistas, muy alejado de las prácticas competitivas. Otro de los problemas de los mercados de trabajo, que en en el sector agrario se presenta de forma acentuada, es la conversión de la fuerza trabajo comprada con un salario en trabajo efectivo. De ahí la importancia que adquieren los costos de supervisión, que para muchos autores sería un de los principales obstáculos a la implantación generalizada del trabajo asalariado en el sector agrario. El caso estudiado por J. Pujol es una excelente ilustración de la puesta en práctica de medidas de control de la fuerza de trabajo por parte de una gran propietario, combinando medidas de reclutamiento de zonas alejadas, vigilancia yexpulsión de "los indeseables" con compensaciones económicas a los trabajadores mas entregados yeficientes. Parecida preocupación muestra el propietario murciano estudiado por A. Pascual Martínez Soto en establecer una red de mayorales, guardas ycapataces para controlar la realización efectiva del trabajo. Las comunicaciones agrupadas en este apartado muestran una presencia indiscutible del trabajo asalariado en los casos estudiados, aunque su peso variaba notablemente de una región a otra. En las zonas donde la estructura latifundista se mantuvo durante el periodo contemporáneo, el Alentejo, la baja Andalucía, la Puglia o La Laguna de México, el mercado de trabajo constituyó un mecanismo importante para la organización del trabajo agrario. En muchas de estas zonas el trabajo asalariado ya había sido dominante desde la edad moderna. La forma de ocupación del territorio y las rigideces de la estructura de la propiedad que bloqueaban el acceso a la tierra del campesinado, habían desarollado formas centralizadas de explotación que se mantuvieron durante gran parte del período contemporáneo. Disponer de la fuerza de trabajo necesaria significó, en particular en las etapas iniciales, grados de coerción muy alejados de una supuesta pacífica expansión del mercado. Resulta ilustrativo el caso de la organización de la fuerza de trabajo para la explotación del mate en Paraguay, en donde sólo con la coacción militar se consiguió mantener una oferta mínima de trabajadores, como explica N.R. Areces, o el del peonaje por deudas de las haciendas mexicanas de la Laguna. Comportamientos similares encontramos en la Puglia, donde durante la edad moderna se dictaron severas normas que castigaban con tres años de galeras a los segadores ointermediarios que exigieran salarios considerados demasiado elevados, que realizaran una faena de baja calidad o que incumplieran el contrato (Saverio Russo). A pesar de que estas formas de coacción tendieron adesaparecer, la regulación por parte del estado continuó siendo una constante tanto para agilizar el funcionamiento de este mercado como para evitar los violentos estallidos de conflictividad social que de forma recurrente surgen en estos territorios. También resulta interesante para comprobar los problemas de la organización centralizada con trabajo asalariado la comunicación de M. Fernández Miranda sobre las colectivizaciones en Portugal. Pero junto a estos casos en donde el trabajo Hist, ARri1r. n." 20 • Abril :!O()O •pp. 2S-38 33