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El análisis histórico del trabajo agrario. Cuestiones recientes

Sarasúa, Carmen

Abstract

Este artículo analiza algunas de las principales contribuciones hechas en la última década al estudio de la organización del trabajo agrícola. Trata seis aspectos en concreto: la demanda de trabaja agrícola, los costes del trabajo, la oferta de trabaja (en especial las diferentes formas de definir y cuantificar la población `activa` del sector primario), la productividad agrícola, el marco institucional, y la estructura interna de la fuerza de trabajo agrícoia (la competencia entre los trabajadores). En la conclusión se defiende el interés que tiene para el estudio de la organización histórica del trabaja un mayor contacto con la Economía del Desarrollo.

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HISTORIA AGRARIA. 22 • Diciembre 2000 • pp. 79-96 •©SEHA El análisis histórico del trabajo agrario: e uestiones recientes Carmen Sarasúa 1. INTRODUCCiÓN La cuestión del trabajo tiene una posición ambigua en la historiografía agraria. Por un lado no se la considera específicamente agraria, al estar en la frontera con otras disciplinas como la Demografía, la Economía o la Sociología del Trabajo, incluso la Antropología. Por otro lado, ocupa un lugar central en el análisis del crecimiento agrario y en el del crecimiento económico general: en la teoría del crecimiento, desde Kuznets, uno de los indicadores básicos es la transformación de la estructura de la actividad: la conversión de activos primarios en activos secundarios oterciarios, y el consiguiente crecimiento de la productividad de los activos agrarios, que siendo cada vez menos son capaces de producir alimentos ymaterias primas para la industria en cantidades siempre mayores. La tasa de actividad agraria se ha llegado autilizar como indicador negativo del desarrollo, siguiendo aWilliamson, quien estimó las disparidades económicas regionales utilizando la proporción de activos agrícolas en el total de activos como sustituto de la renta per cap ita, dado que "la renta per capita y la proporción de mano de obra agrícola entre población activa -A/Ltienen unas importantes correlaciones inversas" (Germán Zubero, 1993 p. 204). Por tanto, la cuestión de cuándo empezó la agricultura española aperder activos (ya qué velocidad, por qué con más retraso que otros países europeos, etc.) será uno de los argumentos centrales en los debates sobre la modernización económica española desde 'el fracaso de la lndustralización' de Nadal, Por ejemplo, para Tortella (1994: 60) el sector primario "cambió poco" en el siglo XIX, como pondría de relieve • Carmen Sarastía Carda es Profesora T'it ul ar de Historia Económica. Dpio. de Economía e Historia Económica, Facultad de Ciencias Económicas yEmpresaria/es, Universidad Autónoma de Barcelona, 08193 Bellaterra (Barcelona). e-mail: carmen.sarasuatainab.es 79 Carmen Sarastia "un hecho importante (...): la proporción de población ocupada en la agricultura apenas cambió a lo largo del siglo XIX" (bajos niveles de productividad); "La transferencia de mano de obra de la agricultura a la industria fue muy limitada en el siglo XIX (cero en términos relativos, puesto que la proporción de mano de obra agrícola permaneció invariable)". Independientemente de qué explica para los historiadores económicos esa insuficiente (o demasiado lenta) transferencia de mano de obra, lo que se quiere destacar aquí es que ésta se toma como indicador del atraso de la economia española durante el siglo XIX. Los historiadores económicos que conocen mejor el mundo agrario han cuestionado esta imagen de inmovilismo. Según Pérez Picaza (1996: 11): "los especialistas más destacados en historia agraria se resisten a considerar como la causa última de las dificultades de la industrialización el estancamiento del campo; según sus conclusiones existen numerosas evidencias de cambio ysignos de dinamismo a fines del XIX que obligan, cuando menos, a considerar con prudencia este tipo de explicación". Estas 'evidencias de cambio ysignos de dinamismo' son los procesos de diversificación e intensificación de la producción agrícola yganadera que efectivamente se producen durante el siglo XIX, como numerosos trabajos han puesto de relieve. Pero como la productividad de un sector se obtiene por cociente entre el producto y el número de activos que han sido necesarios para producirlo, y como los activos 'oficiales' del sector primario español no sólo no disminuyeron, sino que hasta 1900 estuvieron aumentando y según el censo de ese año eran casi 3/4 partes de la población activa total, la productividad del sector se mantiene muy baja, tanto en términos absolutos como comparada con agriculturas de otros países (O'Brien y Prados de la Escosura 1992, Simpson 1997, etc). De momento la historia agraria no ha articulado un análisis alternativo a esta interpretación, sobre todo porque los datos de actividad (y, por tanto, los de productividad del trabajo) se están calculando e interpretando de formas distintas. Existe, en definitiva, un gran desequilibrio entre la importancia teórica que se concede a esta cuestión y lo poco que sabemos de ella. El artículo está organizado como una revisión de las principales aportaciones producidas en los últimos años, ordenadas en torno a las cuestiones centrales de los mercados de trabajo: demanda, costes, oferta, productividad, marco institucional y estructura interna del mercado. Lógicamente, la mayoría de los trabajos comentados tratan al mismo tiempo varias de estas cuestiones, ysepararlas tiene el único objeto de facilitar el análisis. 2. LA DEMANDA DE TRABAJO El principio de la teoría económica sobre la demanda es que el coste explica la cantidad; aplicado al factor trabajo, esto significa que se contratarán más trabajadores si su coste baja, y menos si su coste aumenta. Este principio se expresa mediante una curva de demanda, sobre la cual se acepta que influyen dos variables exógenas: so HiJ/. Agrar, 22 • Diciembre ]000 •pp. 79-96 El análi.ris histórico del trabajo agrario: cuestiones recientes 1. La variable tecnológica: se asume que el efecto de la incorporación de innovaciones tecnológicas es la reducción de los costes laborales y el incremento de la productividad por trabajador, Se dan dos situaciones: a, con altos costes del trabajo =incentivo a la inversión en innovaciones técnicas (ahorradoras de trabajo) =reducción de la demanda de trabajo. b. con bajos costes del trabajo =bajo incentivo a la adopción de innovaciones técnicas ahorradoras de trabajo =demanda de trabajo alta, La interpretación clásica de un proceso de mecanización incentivado por el coste alto de la mano de obra sería la de la agricultura norteamericana, donde la escasez de mano de obra explicaría la temprana y masiva mecanización, frente a la agricultura europea (donde, aexcepción del caso británico, el alto coste de la mano de obra no habría desempeñado este papel ni tan pronto ni de forma tan masiva). En España se ha interpretado así, por ejemplo, la mecanización del arroz levantino (Simpson 1997: 191) "Desde finales del siglo XIX estaba muy extendida la idea de que el arroz valenciano no era competitivo en los mercados mundiales como consecuencia de los altos costos laborales que conllevaba su cultivo, Por ese motivo, se intentaron reducir los insumas de trabajo, consiguiéndose importantes éxitos en este terreno", fundamentalmente la sustitución de la azada y el arado romano por la vertedera y la trilla mecánica, El ejemplo clásico de la situación contraria (retraso o ausencia de mecanización por los bajos costes de la mano de obra) sería el del cereal castellano y andaluz, Estos costes laborales que determinan la introducción de innovaciones técnicas dependen, a su vez, de la abundancia de la oferta que, de momento, aceptamos que depende de la población existente, la segunda variable exógena que afecta a la demanda de trabajo. 2. La variable demográfica: con dos posibles escenarios, identificables con distintos momentos históricos, pero también con distintas zonas geográficas ydistintos momentos del calendario agrícola: a. con escasez de trabajo =altos costes laborales =alto incentivo para introducir innovaciones tecnológicas =alta productividad, b. con abundancia de trabajo =bajos costes laborales =bajo incentivo para introducir innovación tecnológica =baja productividad. Además de los factores exógenos que modifican la demanda de trabajo, en el sector primario actúa con especial peso un factor endógeno, la necesidad de trabajo que requiere cada cultivo, que a su vez oscila durante el ciclo productivo, provocando una fuerte estacionalidad en la demanda. Las exigencias de mano de obra varían mucho a lo largo del ciclo agrícola de cada cultivo y entre cultivos: los de regadío requieren mucha más mano de obra que los de secano, y dentro de éstos, la vid requiere mucha más que el olivo o el cereal. El ganado vacuno requiere más trabajo que el lanar o el cabrío, etc. A su vez, las técnicas de cultivo, de abonado, etc. pueden ser distintas dentro de cada cultivo. La demanda de trabajo de los distintos cultivos y técnicas agrarias es uno de los aspectos en que más han mejorado nuestros Hin. Agrar. 22 • Diciembre 2000 • pp. 79-96 81 Carmen Sarasúa conocimientos en los últimos años. El cálculo hecho en los años 40 por los técnicos del Sindicato Vertical del Olivo (1946: 46-50), que comparaba los jornales masculinos anuales necesitados por los tres principales cultivos (cereal, vid y olivo) se ha hecho mucho más complejo gracias atrabajos que han mostrado las inmensas variaciones en la cantidad de trabajo: en el demandado por una misma explotación a lo largo del tiempo, dependiendo de los cultivos ytécnicas empleadas (de 73 peones por ha. en 1890, a 36 en 1900 y de nuevo a 72 en 1920, en la explotación navarra estudiada en Lana 1995); y en el demandado por el mismo cultivo en localidades yfechas cercanas (20 jornales por ha. sembrada de cereal en Cervera en 1886 y 64 en Vic, Colomé et al, 1992) Apartir de estos datos se ha intentado calcular la demanda total de trabajo en distintas localidades. En uno de los primeros trabajos, sobre la Cataluña interior, se concluía que "la realización de la actividad agraria en Vilafranca, Cervera o Vic sólo absorbería entre el 45 y el 55% de las disponibilidades laborales totales" (Colomé et al 1992: 64), siendo más alto el porcentaje en las zonas de vid, donde se llegaba al 100% en las épocas de demanda alta, por ejemplo en enero-febrero por la poda de cepas y cava, e incluso se tenía que recurrir a mano de obra foránea en septiembreoctubre por la vendimia. Varios de los trabajos presentados a la sesión que el último Congreso de Historia Agraria (Bilbao, 1999) dedicó a la Organización del trabajo agrario calculaban también, siguiendo la metodología propuesta por G. Grantham, la demanda de trabajo apartir de las necesidades de los cultivos, si bien los cálculos que se están haciendo podrían ser demasiado bajos, porque se dejan actividades sin considerar, yporque se calcula un número demasiado alto de jornadas anuales de trabajo (Garrabou 2000: 30). Uno de los resultados importantes de los estudios sobre estacionalidad de la demanda de trabajo agrario es la interpretación del desempleo osubempleo como característicos del sector primario, pero al mismo tiempo ligados anumerosas estrategias con las que los campesinos hacían frente a una demanda insuficiente; por ejemplo, en el estudio citado de Colomé et al se apuntaba (p. 66) el "importante papel que podía jugar una industria rural como la textil de Vic, la de yeso de Cervera o la de alcoholes yfabricación de recipientes para el transporte de vino de Vilafranca". El cuadro 1muestra los distintos efectos del paro agrario, dependiendo de si éste es estructural ocoyuntural y de si se produce en grandes o en pequeñas propiedades. Esto significa que los intentos de calcular la demanda de trabajo en el sector primario deben tener en cuenta las necesidades de los cultivos, pero también la estructura de la propiedad ytenencia de la tierra, la evolución de los rendimientos, factores institucionales como el empleo 'público', la posibilidad de trabajar temporalmente en las manufacturas o los servicios, etc. Deducir el desempleo (entendido como la desocupación que se produce en las economias industriales) apartir de la caída estacional de la demanda agrícola, es desconocer la complejidad de la organización del trabajo rural Los estudios sobre demanda de trabajo se fijan sobre todo en su volumen: cuántos trabajadores son necesarios para determinada tarea, cultivo oexplotación, dados determinados niveles tecnológicos; por eso es frecuente que la unidad que f.2 Hisr. Agrdr. JJ •Dícicmbre J()()O • pp. 79-96 El análisis histórico del trabajo agrario: cuestiones recientes manejen, más que 'activos' sean 'unidades de trabajo' equivalentes, por ejemplo, a activos masculinos completos. Siendo ésta una cuestión fundamental es muy insuficiente, porque la contratación de jornaleros o segadores no sólo fijaba el número, sino el tipo de trabajadores que contrataba, según su edad, sexo, origen. De estas diferencias dependía, entre otras cosas, el coste del trabajo. CUADRO 1. ESTRATEGIAS ANTE El PARO AGRíCOLA PEQUEÑA PROPIEDAD GRAN PROPIEDAD Estructural (estacionalidad =migración estacional de (dependiendo del tipo de de la demanda algún miembro de la cultivo: olivo, cereal, vid...) de trabajo) familia empleo financiado por las =pluriactividad: administraciones manufacturas y servicios (infraestructuras municipales, etc., ..) =paro encubierto, subempleo =pobreza (beneficencia, caridad) =migraciones estacionales Coyuntural (crisis, por =emigración permanente =conflictividad obrera ejemplo la filoxera) =endeudamiento 'alojamientos' forza jos de =desaparición de la jornaleros explotación1=fuerte competencia entre trabajadores (se da preferencia al empleo masculino) =protección arancelmia a los cultivos (mayor capacidad de presión de los propietarios) 3. COSTES DEL TRABAJO Para la teoría económica, los costes salariales son cruciales para enender el comportamiento del mercado de trabajo porque, como hemos visto al inicio de ellos dependería la cantidad de trabajo que se demanda. El acceso a las contaoilidades de grandes explotaciones ha permitido reconstruir series de salarios para distintos periodos de los siglos XIX y XX, Y saber cómo se negociaban, cuántos meses o semanas al año se cobraban (López Estudillo 1993, Florencio Puntas y López Martínez 2000). Lógicamente, la contabilidad de una explotación agraria es un elemento de "En la zona vitícola granadina se anunció años después de la invasión [de la filo..era] que, en un pueblo con 60 familias, 25 ya habían emigrado a Brasil." (López Estudillo 1993: 959). Hist. Agrar. 22 • Ditiembre.20()() • pp. 79-96 83 Carmen Saras¡ja gestión empresarial, casi exclusivo de la gran explotación dedicada a la agricultura comercial y, por tanto, esta fuente sólo existe en algunas zonas. Pero los costes del trabajo no sólo dependían del número de trabajadores contratados, sino del tipo de trabajadores (es decir, de su edad, sexo, origen). Que éstos cobraran distintos jornales tenía importantes repercusiones para ellos, pero además las tenía para el propietario: por ejemplo, en el valle navarro de Yerri sólo se contrataba ahombres para la trilla, mientras que en la cercana localidad de Mañeru "también lo hacían las mujeres y los chicos. El resultado (...) una reducción de los costes de la trilla, debido a que los salarios de las mujeres eran iguales a 2 pts y los de los hombres adultos a 3 pts" (Erdozáin 1999: 416). La existencia por tanto de grupos de trabajadores agrarios a los que se paga cantidades distintas es importante para determinar los costes laborales de las grandes explotaciones. Además, en las medianas ypequeñas, el trabajo se organizaba en combinaciones (a su vez variables durante el año) de trabajo familiar no retribuido ytrabajo asalariado, lo que debe también ser tenido en cuenta para calcular el coste laboral total. Paradojicamente, al mismo tiempo que se ha avanzado en la construcción de las series de salarios nominales ha ido creciendo la desconfianza en su valor como indicador. Una desconfianza muy influida por los estudios sobre niveles de vida, que en estos años han cuestionado el cálculo tradicional de los ingresos apartir de los jornales de pocas ocupaciones (incluso una), siempre de varones adultos, deflactados por el precio oficial del pan u otro producto de consumo básico. La crítica a esta forma de calcular los niveles de vida se refiere tanto al consumo (Dyer, 1998) como al ingreso (Scholliers 1989, Ballesteros 1997, Martínez Carrión, 1997). Estos trabajos han subrayado: a. que en la remuneración del trabajo se combinaban los pagos en metálico y en especie, generalmente alimentos, y que en épocas de inflación, mientras mayor sea el componente en especie de la remuneración, mayor será el salario real. b. que los contratos adestajo, en lugar de a jornal, eran habituales en muchas tareas agrícolas, como la siega, lo que permitía a los trabajadores una ganancia final mayor que la que se deduce de los jornales oficiales. c. que todos los miembros de la familia generan ingresos. d. que en zonas de pequeña propiedad la trasmisión intergeneracional de bienes (tierras, ganado, hipotecas) puede ser una fuente importante de renta complementaria a la del trabajo. e. que las familias campesinas cubrían una parte importante de su consumo con el producto de actividades de subsistencia, de autoconsumo (huertos, cría de aves de corral, cerdos), 'ilegales' (contrabando, robos, caza y pesca ilegal), aprovechamiento de comunales (leña, esparto), etc. El interés por los ingresos derivados de la economía informal o no mercantil ha aumentado (Osborne 2000), e incluso en Gran Bretaña, donde se suponía tradicionalmente una fuerza de trabajo agrícola plenamente salarizada, se acepta ahora que hasta el siglo XX ha existido 'a largely non-cash, non-market-oriented, subsistence economy, based on small farms' (Howkins 1990: 117). Esta definición del ingreso 84 HiJ!. /vgrar. 11 •Dicúm!Jre ]()()() • pp. 79-96 El an dl is is histérico de! trabajo agrario: cuestiones recientes campesino, más complejo de determinar que la suma de los jornales anuales del cabeza de familia, está aún en España en sus inicios: son necesarios aún muchos trabajos, para los que pueden ser especialmente útiles fuentes complementarias a las utilizadas hasta ahora, como la literatura antropológica (López Linage 1978, Méndez 1988, Garcia Muñoz 1995), o las fuentes orales (Borras L10p 2000) 4. LA OFERTA DE TRABAJO El fuerte interés que ha despertado en las dos últimas décadas el estudio de las migraciones ha permitido avanzar en el conocimiento de la movilidad interna de los trabajadores. Fuera de España se han publicado numerosos trabajos sobre las migraciones estacionales ytemporales de campesinos, sobre todo referidos a la alta montaña, zona expulsora clásica (Fontaine 1993, Corti y Viazzo, 2000): también en la historiografia española las migraciones estacionales ytemporales aparecen sobre todo en los trabajos sobre economías de montaña, donde se unen pequeña propiedad y bajos rendimientos, y donde la fuerte movilidad de los campesinos indica flexibilidad, adaptación a la demanda urbana de bienes yservicios, y una capacidad de generar rentas que supera las limitaciones de sus economías de origen. La incipiente reconstrucción de los flujos migratorios procedentes de zonas de gran propiedad (Florencio Puntas y López Martínez, 2000) contribuirá a que entendamos que tampoco los jornaleros dependían exclusivamente de la demanda local de trabajo. Tendríamos un mejor conocimiento de las migraciones de campesinos (estacionales, temporales ypermanentes) si se superara el ámbito local: siendo importante contar a los "ausentes" de los padrones, o recoger los testimonios literarios que atestiguan que los naturales marchaban en tal época a tal lugar, éstos deben contrastarse con fuentes del lugar de destino, para así reconstruir las causas y los efectos económicos de estas migraciones, tanto en el lugar de destino como en el de procedencia. El único intento de dibujar el mapa de las migraciones interiores españolas (Mikelarena, 1993) tiene el inconveniente de considerar sólo los activos masculinos. Entre las causas de la movilidad de los campesinos, los autores más cercanos a la Antropología o la Historia destacan factores de 'expulsión', como los sistemas de herencia o la coyuntura agraria, mientras que los trabajos de economistas subrayan los factores de 'atracción', fundamentalmente el diferencial salarial. Se han interpretado las migraciones intercontinentales masivas que se producen entre 1820-1920 como pieza clave de la integración de los mercados de trabajo internacionales a través de la convergencia de los salarios reales (O'Rourke et al., 1994), cuestión a la que el Congreso internacional de Historia económica de 1994 dedicó una sesión (Williamson yHatton 1994). La menor emigración española en el XIX, en comparación por ejemplo con Italia, se ha interpretado como provocada por la política proteccionista y la devaluación de la peseta, y se ha sostenido (Sánchez Alonso, 2000) que si no se cumple la predicción de la teoría sobre la relación positiva entre bajos salarios yemigración es porque, al ser ésta transoceánica, dependía precisamente de cierta capacidad de ahorro, que era imposible en situaciones crónicas de salarios bajos. Estas interpretaciones establecen una relación excesivamente mecanicista (sea positiHiJ/ .. J.\.grar. 22 • Díciembre ]()()() • pp. 79-9ó 85 Carmen Saras/fa va o negativa) entre salario yemigración: no tienen en cuenta los ingresos no salariales, el muy distinto nivel de dependencia del salario que hay en la sociedad rural española, la permanente transferencia de recursos entre los miembros de las familias, ni las múltiples estrategias desarrolladas por éstas para financiar cualquier gasto. Pero el principal problema de los estudios sobre la oferta de trabajo es la propia definición de la oferta. Hemos aceptado al inicio como hipótesis que los costes laborales dependen de la abundancia de la oferta de trabajo que, a su vez, habría dependido de la población existente. Esta relación directa entre el potencial demográfico de una localidad y la oferta de trabajo se acepta generalmente, como prueba el que la fuente utilizada para fijar el número de trabajadores sean trabajos demográficos (Pérez Moreda 1985, Nicolau 1995), cuyas fuentes, a su vez, son los censos. Hay consenso entre demógrafos ehistoriadores económicos en que la actividad agraria femenina está subregistrada, es decir, que un porcentaje importante de trabajadoras del campo no aparece en los censos, sobre todo en las zonas de pequeña propiedad donde se registraba sólo al cabeza de familia ydueño de la explotación. Pero no se ha propuesto ningún método de calcular esta población activa agraria 'que falta'. Al contrario, aunque se afirma que estas cifras no reflejan la activídad agraria real (que habría sido superior por la participación de las mujeres), al calcular las tasas sectoriales de actividad se elimina atodas las activas agrarias. Según el censo de 1877, por ejemplo, el 18,5% de los activos agrarios eran en esa fecha mujeres (en concreto 933.000). La eliminación de este pequeño porcentaje de activas agrarias que sí son recogidas por el censo provoca: (1) una disminución del 13 % de la población activa total (de 7.158200 se pasa a6.225.300), (2) una disminución del 18,5% de los activos agrarios, que pasan de ser el 70,5% al 66,1% del total de activos, (3) una disminución de los activos femeninos del 64 % (el total de 1.457000 activas queda reducido a524.800), y (4) la desaparición de la actividad agraria femenina. Como se verá más adelante, las cifras de activos agrarios obtenidas con este método son las utilizadas para calcular la productividad agraria. Es decir, que a pesar de la relación inicial entre población (se entiende 'en edad ycondiciones de trabajar') yoferta de trabajo en una determinada sociedad campesina, el cálculo de los llamados 'activos' afirma que sólo una parte de la población que podía trabajar lo hacía. ¿Qué parte? La que dicen las fuentes oficiales que trabaja. El uso de padrones, censos ycatastros como fuente para reconstruir la organización del trabajo agrario se hace de forma especialmente inadecuada en el caso del Catastro de Ensenada (Camarero 1989). Curiosamente, las Respuestas Generales, que hoy se utilizan como si fueran la EPA, se basan en los Memoriales hechos por los cabezas de familia, donde se proporcionan datos sobre la ocupación de todos los miembros, una fuente extraordinariamente rica y reveladora que se ignora por los investigadores. Declara Juan Laguna, de Almagro, en Ciudad Real (AHPR, Hacienda, Ley, 477): 86 Hisr. Agrdr. •Diciembre lOOO •pp. 79-96 El análisis histórico del trabajo agrario: cuestiones recientes "Mi estado es el general, Mi egerzicio es el de jornalero, casado, Mi familia se compone de mi Persona de edad de cinquenta años, la de mi Muger de quarenta ynuebe, tengo quatro hijas, la pnmera es de edad de diez y ocho años, llamada Manuela se egerzita en acer encaxes =La segunda de diez yseis se llama Bizenta se egerzita en lo mesmo =La tercera de catorze años llamada Rita se egercita en lo mesmo =La quarta de diez llamada Mathea se egerzita en lo mesmo =Y por no tener Bienes Mas que las referidas personas ( ..) Almagro ysepetiembre a19 del 1751 a.s''. Esta familia de seis personas, sin propiedades, donde el padre, jornalero de 50 años, no sería contratado más de dos o tres meses al año (quizá ninguno, por su edad), se mantiene gracias al trabajo manufacturero de las cinco mujeres, Pero para nosotros sólo hay un activo, que computamos como activo agrario. El resto son 'inactivas', El método con el que se calcula la actividad agraria, basado en una división artificiosa de la población campesina entre 'trabajadores' y 'no trabajadores', en una clasificación forzada de los primeros en trabajadores de la agricultura, la industria o los servicios, y en una idea "fabril" del trabajo, entendido como actividad asalariada, fija y continua a lo largo del año, afecta de distintas formas anuestra comprensión de la organización del trabajo en el mundo rural: a, eleva artificialmente la productividad de los 'activos' agrarios, al aparecer el producto final producido por un porcentaje de población menor del real (por haberse eliminado a los adultos femeninos y a los adolescentes), Allí donde los hombres se dedicaban a la arriería, a la ganadería trashumante, oemigraban durante largos periodos del año, la agricultura quedaba en manos de las mujeres, como atestiguan los vecinos que se declaran labradores 'por mano de mi mujer' o 'por mano de mi hija' en el Catastro de Ensenada (Camarero 1989: 313), Dice el Diccionario de Madoz sobre el Bierzo: "son las mugeres las que labran la tierra y cosechan, van al monte (...) y hacen acopios de leña para el invierno (...) es muy rara la que al salir el alva no está ya en la labor del campo", Y de los pueblos maragatos, también en León: "Industria: la arrieria,quedando acargo de las mujeres las labores del campo y el cuidado de los ganados", Todas estas trabajadoras agrarias han sido excluidas de los censos, b. el efecto contrario, la disminución artificial de la productividad agraria, se produce porque se computan como activos agrarios todos los adultos masculinos, incluidos los que hoy clasificaríamos como 'inactivos' (como los propietarios yrentistas que los censos definen como 'labradores'); los que hoy clasificaríamos como 'desocupados' u'ocupados atiempo parcial', como la mayoría de los jornaleros; y todos los pequeños propietarios yarrendatarios, muchos de los cuales trabajaban al menos parte del año en el transporte, el comercio, o las manufacturas, Aunque el efecto de este 'sobreregistro' es el opuesto al del punto anterior, no puede pensarse que los dos errores se compensan, c. al eliminarse las segundas ocupaciones, apesar de la importancia que tenían para las familias campesinas, sobre todo en las regiones cantábricas (Domínguez, 1989), resulta imposible estudiar la industria rural, precisamente el tema en el que se ha centrado el debate sobre la industrialización europea en los últimos 20 años, No Hist, A¡.;rdr. l} •Oiáelllbre _?()()() •pp. 79-96 87 Carmen Sarasúa BALLESTEROS DONCEL, E. 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