Agua y espacio cons uido
Wa e and Buil Space
El a ículo desc ibe la elación en e el agua y el espacio cons ui-
do po el homb e, desde las p ime as ci ilizaciones u banas has a
nues os días, y desde el obje o a qui ec ónico al e i o io, po me-
dio de una se ie de emas cla e que pe mi en en pa e desg ana
es e complejo y a iable, aunque pe manen e ínculo: el simbolis-
mo, la ca ás o e acuá ica y su domes icación, el diseño del ja dín,
la higiene y el ocio, el bioclima ismo y la sos enibilidad.
Palab as cla e: agua, a qui ec u a, símbolo, ca ás o e, ja dín,
higiene, sos enibilidad.
This a icle desc ibes he ela ionship be ween wa e and hu-
man-buil space, om ea ly u ban ci ilisa ions o he p esen ime,
and om he a chi ec u al objec o he e i o y. This is ca ied ou
h ough he s udy o cen al opics ha pa ly allow unco e ing
complex and a iable (al hough pe manen ) links be ween symbol-
ism, wa e ca as ophes and wa e aming, ga den design, hygiene
and leisu e, bioclima ic design, and sus ainabili y.
Keywo ds: wa e , a chi ec u e, symbol, ca as ophe, ga den,
hygiene, sus ainabili y.
Cómo ci a : Cala a a, Juan y F ancisco A. Ga cía Pé ez.
"Agua y espacio cons uido". Dea q no. 34 (2022): 4-15.
DOI: h ps://doi.o g/10.18389/dea q34.2022.01
Juan Cala a a
jcala a@ug .es
Uni e sidad de G anada
F ancisco A. Ga cía Pé ez
[email p o ec ed]
Uni e sidad de Las Palmas de G an Cana ia
Edi o es In i ados - Gues Edi o s
DOI: h ps://doi.o g/10.18389/dea q34.2022.01
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La elación en e a qui ec u a y agua ha sido y es an a iable y luida como
es a úl ima. O ece una amplísima di e sidad de ap oximaciones, p oblemas y
e lexiones, en un abanico que a desde los aspec os simbólicos, cosmológicos
o eligiosos a la pu a écnica de las ins alaciones, pasando po la his o ia de la
a qui ec u a y el u banismo, la ingenie ía, las cues iones cons uc i as o la p o-
pia p oyec ación a qui ec ónica. No deja de se una pa adoja llama i a el hecho
de que la i mi as, pos ulada po Vi u io como uno de los es ejes esenciales
de la a qui ec u a, haya enido y siga eniendo que con on a se siemp e —en
posi i o y en nega i o— con la omnip esencia de ese elemen o lábil que ya He-
ácli o iden i icó como la esencia de un mundo cambian e y ajeno a oda idea
de pe manencia.
Le Co busie comp endió muy bien has a qué pun o el abajo del a qui ec o
encon aba oda su azón de se en las nume osas ami icaciones de ese en-
cuen o esencial en e lo sólido y pe manen e y lo luido y ugaz. Cuando en
1955 publicó la que conside aba como sín esis de ini i a de su pensamien o
cosmológico, El poema del ángulo ec o dejó en cla o que la labo del c eado
(y, en e ellos, el a qui ec o) no e a o a que ende puen es en e los ex emos
de un mundo i emediablemen e demediado. El ángulo ec o al que ele aba un
poema no e a la abs acción geomé ica de los 90 g ados, sino el ángulo que
se o maba en e el homb e e guido y el plano o mado po el acue do siemp e
a iable en e la ie a y el agua: e a de ese ángulo na u al del que de i aba oda
posibilidad de acción humana ( ig. 1).
Figu a 1_ Le Co busie , “El lui del agua”, li og a ía 25 de
Le Poème de l’Angle D oi , 1955.
in es igación
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Casi se en a años después de es as e lexiones de Le Co busie , an ilosó icas
como a qui ec ónicas, en un mundo hipe ecni icado pe o sumido en una co-
yun u a en la que cada día esul an más e iden es las g ie as del ela o iun-
alis a de la mode nidad, quizás no esul e ocioso ol e a pensa sob e esa
elación agua-a qui ec u a que nos uel e a emi i una y o a ez a nues o se
p imigenio.
agua y simbología
Al igual que sus es acompañan es ( ie a, ai e y uego) en la eo ía ances al de
los cua o elemen os, el agua sopo a una densa ca ga de simbolismo acumula-
da a lo la go de milenios, como ya des acó Gas on Bachela d. Su imagen eal y la
que e oca es casi coinciden e. Cuando se piensa en agua, y se hace el es ue zo
po desliga la de su con enedo , a lo an imágenes imp ecisas y ambiguas que
nos emi en a lo que no iene una o ma conc e a. Es a inde e minación la liga
con lo p imigenio. De hecho, en los mi os cosmogónicos de la mayo ía de las
cul u as, es el elemen o a pa i del cual se o igina el mundo habi ado po el
homb e: de la masa acuá ica p imigenia ge mina la o ma, que, en úl ima ins an-
cia, iene su ep esen ación más sin é ica en la p opia idea de ciudad. La p ime-
a, según la adición sume ia, ue E idu, cons uida po el dios Ma duk cuando
odas las ie as e an ma ; la ciudad de Babilonia había sido e igida sob e la
Pue a de Apsu, el dios que enca naba las aguas del caos an e io a la c eación;
el Templo de Je usalén se encon aba sob e el Tehom, que en la adición he-
b aica e a el océano sub e áneo emanen e de las aguas p imo diales, donde
aún hoy se econoce la oca sag ada que cie a la boca del espacio p ecósmico.
La comunión semán ica en e el agua y lo o igina io es lo que pe mi ió, desde
iempos a caicos, iden i ica la con la ealidad ascenden e a la es e a de lo
e enal y, po lo an o, a los lími es de lo mundano. Como elemen o liminal, el
agua es o igen y des ino inal de la ida, líquido amnió ico o co ien e a a e-
sada po Ca on e. Asociada a los pa aísos o igina ios o a los exis en es más
allá de la mue e, se con ie e en un elemen o es uc u al de sus ec eaciones
en la ie a, que oman o ma en los ja dines que emi en al Edén del Génesis
heb aico y c is iano o en aquellos que ep oducen el des ino pa adisíaco de los
jus os co ánicos, es uc u ado po los cua o íos que luyen hacia el Más Allá.
Pe o ambién el agua apa ece i ualmen e p esen e en los su cos de a ena
blanca del ja dín zen, que hunde sus aíces en el acío de la adición aoís a.
Figu a 2_ Amb ogio B ambilla y Claudio Duche i, Vis a de
la Isla Tibe ina ep esen ada como un ba co, 1580-1585.
Fuen e: imagen de dominio público, de la colección del
Me opoli an Museum o A de Nue a Yo k, disponible en
Wikimedia Commons.
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La elación simbólica en e las aguas y el espacio cons uido po el homb e se
hace especialmen e elocuen e en los i os de undación u bana. En el e usco, el
sulcus p imigenius cons i uía la aza del u u o ecin o amu allado, que limi aba
y a su ez posibili aba el paso a a és de sus pue as de lo que no e a ciudad: los
espacios ex e io es, no undados. Si se es ablece una analogía en e la simbóli-
ca inde inición o mal de los espacios ex amu os y el agua, la ciudad amu alla-
da compa i ía la misma na u aleza que la isla. De hecho, el e eno ci cundado
po las aguas ha sido his ó icamen e p opicio al es ablecimien o u bano —bas a
solo eco da que el ge men de Roma y Pa ís se es ableció en el seno de sus dos
íos, en la Isla Tibe ina y la Isla de la Ci é, espec i amen e ( ig. 2)— pe o, am-
bién, las ciudades asen adas en islas compa en con ellas la condición de se
“o o” luga , aquel espacio que se desliga de la co idianeidad de lo conocido pa a
aden a se en el e eno de lo igno o. Una condición de lejanía exis encial que les
iene con e ida po la na u aleza del elemen o acuá ico que las ce ca. Así, la isla
de Pascua, la del Sol en el lago Ti icaca, Mon -Sain -Michel, las islas Bo omeas,
la ab up a Cap i, Roos el Island, San Bo ondón en Cana ias o la mí ica A lán ida,
han sido his ó icamen e obje o de una ex ensa imagine ía elacionada con lo
o igina io y ge minal, con la unicidad, el mis e io y lo ocul o.
En las imágenes acuá icas del espacio cons uido se econoce una cie a ambi-
alencia, ca ac e ís ica de la a iculación semán ica p opia de los símbolos, que
iene su o igen en la na u aleza ma e ial del elemen o. Vi u io lo demos aba
p agmá icamen e en su Diez lib os de a qui ec u a, al ecomenda e i a la ce -
canía a las lagunas y a los luga es jun o al ma po pa e de mediodía o ponien e
a la ho a de unda una ciudad, pe o de ende , po o o lado, la con eniencia
de que uese ácil consegui agua dulce. Albe i, en su Re Aedi ica o ia, a es i-
guaba la ambi alencia simbólica al ecoge anécdo as sob e las p opiedades
Figu a 3_ Maes o del panel del día de San a Isabel,
La inundación del día de San a Isabel, 1490-1495,
Rijksmuseum Ams e dam. Fuen e: imagen de dominio
público del Rijksmuseum Ams e dam, disponible en
Wikipedia.
in es igación
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ma a illosas del agua. Señalaba, po ejemplo, aquella que b o aba del manan-
ial de Deb is, que de día e a ía y de noche e a calien e; la uen e sag ada Épi o,
que apagaba las llamas de lo que se in oducía en ella pe o hacía a de lo apa-
gado, y ambién al indica que en las p oximidades del es anque de Gelonio
exis ía un manan ial que hacía es é iles a las muje es y o o que las e ilizaba.
Gas on Bachela d la econocía asimismo desde la imaginación ma e ial, al es a-
blece que el agua puede ac ua como ge men y ehículo an o del bien como
del mal. Es a iqueza semán ica del símbolo ha pe dido en g an medida su an i-
gua elocuencia, al queda solapada y con undida en e la g an a iedad de imá-
genes sob e las que se cons i uye la sociedad con empo ánea. Sin emba go, el
símbolo no ha desapa ecido. Mi cea Eliade a gumen aba su pe manencia en
cualquie si uación exis encial del homb e en el cosmos y Jung lo localizaba
en el inconscien e colec i o en o ma de a que ipo. En e odos los enóme-
nos que posibili an la mani es ación ac ual de es a ca ga ances al es quizás la
ca ás o e, en endida como la disolución epen ina de la o ma (cons uida), lo
que la hace a lo a con más e idencia.
del agua ca as ó ica a la domes icación del caos
Desde sus o ígenes, la elación del agua con el mundo cons uido po el hom-
b e ha sido ambi alen e. Po un lado, el agua no solo es el elemen o p ima io
pa a la ida, sino ambién ing edien e que in e iene necesa iamen e en la a-
b icación de esos ma e iales de cons ucción p imigenios que son el adobe y el
lad illo, y es signi ica i o que, pa a que es os cumplan su unción, sea necesa ia
una ope ación p e ia de desecación de la ma e ia: en el comba e en e el sol y
el agua se ab e el in e s icio en el que nace la a qui ec u a.
Pe o, desde el p incipio de las sociedades humanas, la humedad es an in-
dispensable como amenazado a: su exceso o su de ec o causan p oblemas y
amenazas a la supe i encia, que no son sino sín omas de la p eca iedad de
los a i icios humanos y de la con inua necesidad de a bi a emedios en-
e a es a p eca iedad. La posibilidad de la ca ás o e hid áulica es á siemp e
p esen e, ya sea en o ma de sequía, de inundación o de empes ad. El mi o
del Dilu io uni e sal (no solo bíblico, sino p esen e ambién en nume osas
cul u as) inaugu a la la ga adición p emode na de a ibui las ca ás o es a
enganzas o ad e encias po pa e de di inidades enojadas po la ac uación
de los humanos y a las que hay que apacigua con o endas o ce emonias de
odo ipo.
Figu a 4_ Hen y-Cha les Emme y de Sep -Fon aines, Mapa
es adís ico de las alcan a illas de Pa ís, 1861. Fuen e:
imagen de dominio público, de la Da id Rumsey His o ical
Map Collec ion, disponible en Wikimedia Commons.
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En las sociedades an iguas, en cuyo su gimien o mismo an a impo ancia u o
el con ol del agua, las in e enciones écnicas hid áulicas apa ecen siemp e
e es idas po el discu so de lo sag ado: en Mesopo amia, Egip o, India o Chi-
na se exca an canales o se cons uyen p esas con ciencia a anzada, pe o im-
plo ando al mismo iempo la bene olencia de los dioses. La ingenie ía omana
ma ca, sin emba go, un cla o hia o en es a his o ia: sus acueduc os, si ones,
puen es, p esas, depósi os o uen es deno an un g ado de con ol del caos
acuá ico que no ol ió a se alcanzado has a nues os días (e incluso en algu-
nos aspec os ni an siquie a hoy: es bien sabido que un habi an e de la Roma
del siglo I disponía de más abas ecimien o híd ico pe capi a que el omano del
siglo XXI). La Cloaca Máxima no uel e a ene igual has a el g an colec o de
Asniè es, cons uido en el Pa ís de Haussmann ( ig. 4).
La conside ación de lo hid áulico desde los pa áme os de la sac alidad domi-
nan e esu gió con ue za en la Edad Media. No es casual que, como es udió
magis almen e Jacques Le Go , las leyendas de algunos de los g andes san os
medie ales es én asociadas con ope aciones de desecación de ma ismas pa a
su pues a en alo ag ícola, como es el caso de la his o ia de san Ma celo y el
d agón en Pa ís. Po un lado, el con ol de la ue za del agua cons i uyó una de
las p incipales uen es de ene gía en el Medioe o (pa a molinos, ba anes, he-
e ías…); po o o, se acen uó la endencia, pe inaz has a el p opio umb al de
la mode nidad y aun hoy no desapa ecida, a conside a odo desas e acuá ico
desde la idea del cas igo di ino: las oga i as, p ocesiones o o os e an, desde
la men alidad medie al, más impo an es que la ingenie ía.
Más a de, en el mundo del Renacimien o y el Ba oco, el agua asume nue as
alencias a qui ec ónicas y u banís icas en ja dines, uen es y nue os usos es-
i os de los cu sos de agua. Los papas de la Roma ba oca, desde Six o V a
Alejand o VII, e is ie on la p osaica p oblemá ica del abas ecimien o con los
opajes del milag o y pobla on la ciudad con uen es que en algunos casos e-
cupe aban los iejos pun os de llegada de los acueduc os omanos. En Ve sa-
lles, el esplendo del Rey Sol dependía de ingen es ob as hid áulicas que ase-
gu aban el uncionamien o de las uen es y la dinámica de la pues a en escena
de la mona quía.
El g an quieb o ad iene, como en an os o os ámbi os, p ime o con el pensa-
mien o de las Luces y después con la Re olución Indus ial, cuando las socie-
dades mode nas se con ían ya sin epa os en la écnica, despojada de odo
Figu a 5_ P esa Pickwick, un p oyec o del Tennessee
Valley Au ho i y, ca. 1938. Fuen e: Tennessee Valley
Au ho i y, C ea i e Commons 2.0, disponible en Wikimedia
Commons.
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esiduo sag ado, y c een —po supues o, e óneamen e— habe des e ado
el mi o a los a chi os de la his o ia p emode na. Desde inales del siglo XVIII,
las ciudades occiden ales comenza on a do a se de nue os sis emas de abas-
ecimien o y de e acuación de aguas. Las alcan a illas de Saba ini en Mad id
sus i uye on al iejo “¡Agua a!” y Vic o Hugo con i ió las cloacas de Pa ís en
p o agonis a de uno de los más amosos capí ulos de Les Misé ables, casi cien
años an es de que Ca ol Reed condensa a, en El e ce homb e, oda la poé ica
cinema og á ica de ese mundo sub e áneo.
Igualmen e adicales ue on las ans o maciones en la elación de los hom-
b es con los íos. En 1743, ue el p opio papa Benedic o XIV quien enca gó un
es udio cien í ico del cu so del Tíbe y de su égimen lu ial ( ep esen ado en
un espléndido g abado de Ca lo Nolli y Giamba is a Pi anesi) pa a p e eni
inundaciones y mejo a la na egación. Y en 1858, el plano hid og á ico de Pa ís
elabo ado con mo i o de los g ands a aux del ba ón Haussmann incluía ya
una ep esen ación de las á eas inundables en caso de c ecida del Sena. Del
mismo modo, cambió la elación de la ida u bana con el ío, y así se gene ali-
za on encauzamien os du os que cons i uían ba e as ísicas en e el agua y los
ciudadanos y que des e a on pa a siemp e las ac i idades adicionalmen e
ligadas a las o illas lu iales. La nos algia po el iejo ipo de in e acción en e
ío y ciudad esu ge, sin emba go, an o en ecien es p oyec os u banos, que
p oponen la ena u alización de los cauces, como en p oyec os de o den pa i-
monial, que buscan la ecupe ación de esa memo ia (po ejemplo, el museo de
los Molinos del Segu a, de Juan Na a o Baldeweg).
En adelan e, la dimensión e i o ial, a ni el de en e as cuencas hid og á i-
cas, la dimensión u bana y la a qui ec u a del agua quedaban de ini i amen e
en elazadas. Ejemplos clamo osos de ello son el gigan esco p oyec o de la
Tennessee Valley Au ho i y, pieza esencial del New Deal de Roose el ( ig. 5),
o las g andes ob as hid áulicas de los Planes Quinquenales de S alin. Es en
es e con ex o en el que su gen ob as impo an es de la a qui ec u a con em-
po ánea, como los edi icios ligados al con ol del Danubio de O o Wagne o la
esclusa de Kembs-Nie e de Le Co busie .
Pe o si hay una ciudad que simbolice odo es e eco ido his ó ico es, sin
duda, Venecia. En pe pe ua lucha con a la Laguna desde su misma c eación,
siemp e amenazada (y cada ez más) po el acqua al a, la his o ia eneciana
es un compendio de la complejidad de esa elación agua-a qui ec u a-ciu-
dad, desde la p opia cons ucción sob e pos es hincados en el ondo ango-
so, pasando po el diseño de los pozos que cen an los campi, has a la su il
elación en e agua y ambien e cons uido en los p oyec os de Ca lo Sca pa
Figu a 6_ Plaza de San Ma co du an e la inundación del
4 de no iemb e de 1966. Au o desconocido. Fuen e:
imagen de dominio público, omada de Mose Venezia y
publicada en Wikimedia Commons.
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o la llegada de las in aes uc u as mode nas, cuyo más ecien e a a a es el
i ánico P oyec o Mosè. Y ambién Venecia ejempli ica, po úl imo, un nue o
e inespe ado enómeno ligado a su condición acuá ica: los usos y abusos del
u ismo de masas ( ig. 6).
agua y ja dín
El agua es el elemen o básico que posibili a la exis encia del ja dín, un espacio
cons uido que desde la An igüedad esponde a la necesidad del homb e po
dis u a de un en o no ag adable que complemen e su hoga . Ja dín es el dimi-
nu i o del ancés an iguo ja “hue o”, y es e del anco *ga d “ce cado”. Las
aguas que posibili an la c eación de es e mundo apa e, el hue o ce cado en el
que se po encia el place es é ico, ienen un papel e eb ado en su con igu a-
ción an o desde pun o de is a p ác ico como simbólico, y se han mani es ado
a lo la go de la his o ia en múl iples o mas que e oluciona on con o me lo hizo
la p opia idea de ja dín.
Des iada del Nilo, del Éu a es y del Tig is pa a su dis ibución y almacena-
mien o, el agua hizo posible p ime o el cul i o y pos e io men e la c eación de
los p ime os espacios aja dinados. En o ma de ecin os simé icos en el an-
iguo Egip o y es uc u ados en e azas escalonadas en Mesopo amia, cuyo
más amoso ejemplo lo encon amos en los ja dines colgan es de Babilonia, la
e dade a his o ia de la ja dine ía se inicia con el ho us omano, que sob e el
siglo I a. C. adqui ió una dimensión o namen al, según e lejan las ecomenda-
ciones de Va ón en su a ado De e us ica. Dos casos ex emos e idencian
la elación del ja dín omano con espec o al agua: el emplo de Ves a en Tí oli
(27 a. C.), si uado en un salien e ocoso sob e el ío Aniene, y las esidencias de
Pompeya, en las que uen es y pilas se localizaban en el cen o de los peque-
ños ja dines odeados de he mosas columna as; pe o es en la Villa Ad iana
(s. II d. C.) donde el agua se mani ies a en odo su esplendo , como el elemen o
es uc u an e de odo el amplio complejo aja dinado. La caída del Impe io y el
con inamien o de la Edad Media in e umpie on es a adición, que llega sin
emba go al Renacimien o g acias a con inuidad que ep esen a el Islam: a me-
diados del siglo VIII, i umpe en el su de España, donde hace lo ece la amplia
Figu a 7_ Ja dín de Senne e , ca. 1400 a. C., en Ippoli o
Rosellini, 1834. I monumen i dell'Egi o e della Nubia. Pisa:
Capu o. Fuen e: Heidelbe g his o ic li e a u e–digi ized.
in es igación
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adición de ap o echamien o híd ico y simbolismo acuá ico acumulada en su
i ine a io de expansión desde las secas ie as de O ien e Medio. El ja dín his-
pano-musulmán celeb a la abundancia, en una ica simbiosis en e ege ación,
a qui ec u a y la omnip esen e agua, an o en los pa ios domés icos como en
los palaciegos de la Alhamb a, donde, además, se o ganiza in encionadamen e
pa a con e i se en ec eaciones e es es del pa aíso celes ial.
Las aguas del ja dín enacen is a se imp egnan del igo y de la con ianza a -
ís ica e in elec ual del espí i u que enace as la oscu a Edad Media. Se ma-
ni ies an en mo imien o y, conc e amen e, a a és de la uen e. El con ol, y al
mismo iempo la espec acula idad de los juegos acuá icos, hace hincapié en la
supe io idad del homb e sob e el o den na u al. Se p oduce una p og esión en-
e los p ime os ja dines, pun eados po uen es escul ó icas, nin eos y g u as,
y la con olada i alidad y ene gía del agua, desde la Villa d’Es e (1573) has a la
exube ancia ba oca de la Villa Ga zoni de Collodi (1652). A p incipios del siglo
XVII, la in luencia de la ja dine ía i aliana se di undió po oda Eu opa, sob e odo
en F ancia. En los ja dines de Ve salles, Chan illy o Vaux-le-Vicom e, el ímpe u
de las aguas ansalpinas se ans o ma en e ocación de pode —emanado del
absolu ismo moná quico—, y queda exp esado a a és de la g an escala de
los componen es acuá icos y la geome ía de los azados. Muy di e en e a la
concepción pin o esquis a del ja dín inglés, que u o su momen o culminan e
a mediados del siglo XVIII, en la que el iachuelo y el es anque ue on los ele-
men os p e e idos pa a ep oduci de o ma idedigna la na u aleza y, a su ez,
escena ios conc e os de la mi ología clásica. Tales ec eaciones se acome en
a una escala mode ada y en conjunción con emple es neoclásicos, puen es y
modes os emba cade os en los ja dines pione os, como el de Chiswick House
(1738) o el de S ou head (1741-80); pe o ambién en los ex ensos diseños de
Capabili y B own, en los que se impuso el lago de imponen es dimensiones.
El ja dín inglés se con i ió en el es ilo a o i o de los nue os pa ques públicos
u banos a medida que a anzaba el siglo XIX y las aguas en ellos con enidas
con ibuían a ma e ializa las azones de higiene y de ec eo que jus i icaban su
implan ación. El más in luyen e ue Bi kenhead Pa k (1843-1847), diseñado po
Joseph Pax on ce ca de Li e pool, que si ió, además, de puen e en e Eu opa
y Amé ica, al oma se como e e encia en el diseño de Joseph Olms ed pa a el
Cen al Pa k neoyo kino, iniciado en 1857.
A lo la go del siglo XX eme ge la disciplina del paisajismo, en la que el agua iene
un papel i al: muchas eces como elemen o in eg ado de complejos p oyec-
os que aba can la escala domés ica, u bana y e i o ial —la ob a de Robe o
Bu le Ma x en B asil ue una mues a pione a de ello, al do a de la i alidad
o gánica el espacio público esul an e de las du as líneas de la a qui ec u a
mode na— y o as an as como ecu so cla e en la consecución de obje i os
Figu a 8_ Jean Lau en , Alhamb a, Pa io de los A ayanes,
1871. G anada, Pa ona o de la Alhamb a y Gene ali e.
Fuen e: Biblio eca Nacional de España.
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