Re is a del CeHGR · núm. 26 · 2014 · págs. 223-244 issN: 2253-9263
Recibido: 24 ene o 2014 · Re isado: 24 Ma zo 2014 · acep ado: 14 Mayo 2014 · Publicación Online: 30 Junio 2014
Ap oximaciones al es udio del mon e
en el su peninsula en el siglo x iii:
el caso del municipio de «El Pina »
Ma ía José O ega Chinchilla
Uni e sidade No a de Lisboa e Uni e sidade das Aço es
[email p o ec ed]
RESUMEN
El obje i o de es e a ículo es analiza los modos de uso del mon e en los pueblos que componen
el municipio de El Pina , pe enecien es al an iguo Reino de G anada, en el siglo x iii. A en-
de al mon e como ealidad económica y social nos ayuda á a p o undiza en el conocimien o
del pasado de es a pequeña comunidad u al g anadina en el siglo x iii, conc e amen e en lo
que espec a a sus dinámicas de explo ación económica y es a egias de ep oducción social.
Palab as cla e: mon e, El Pina , siglo x iii, economías de base o gánica, ecu sos o es ales.
Abs Ac
The aim o his pape is analyze he modes o use o he woodland in he illages ha make up he munici-
pali y o El Pina (in he ancien Kingdom o G anada) in he eigh een h cen u y. To s udy he woodland
as an economic and social eali y, will help us o unde s and o he pas o his small u al communi y o
G anada, speci ically hei dynamics o economic exploi a ion and social ep oduc ion s a egies.
Keywo ds: woodland, El Pina , eigh een h cen u y, o ganic base economies, o es esou ces.
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1. INTRODUCCIÓN
An es de abo da en es as páginas el análisis del caso que aquí nos ocupa, la
ca ac e ización y uso del mon e en el municipio de El Pina en el siglo x iii,
c eo necesa io expone una se ie de conside aciones p e ias.
La p ime a de ellas hace e e encia a la dema cación del espacio con emplado.
El municipio de El Pina es uno de los ocho que con o man la ac ual mancomunidad
de municipios del Valle de Lec ín. Es a coma ca g anadina, si uada en la e ien e
su -occiden al de Sie a Ne ada y localizada en e la Dep esión del Genil y el li o al
medi e áneo, es á compues a po los municipios de: Albuñuelas, Dú cal, Padul, El
Valle, Lec ín, Nigüelas, Villamena y El Pina . Es a úl ima en idad municipal es á in e-
g ada a su ez po los pueblos de Tabla e, Ízbo y Pinos del Valle1.
Lámina 1. Mapa gene al del Valle de Lec ín2
1 Es os ocho municipios es án in eg ados po 18 pueblos que son los que paso a nomb a a con inuación:
1. Albuñuelas, 2. Dú cal, 3. Padul, 4. Melegís, 5. Res ábal 6. Sale es (es os es úl imos con o man el
municipio de El Valle), 7. Mondúja , 8. Tala á, 9. Chi e, 10. Mu chas, 11. Acequias, 12. Bézna (es os seis
con o man el Municipio de Lec ín), 13. Nigüelas, 14. Cóncha , 15. Coz íja (los dos úl imos, Cóncha
y Coz íja , componen el municipio de Villamena de Coz íja ), y po úl imo los pueblos de 16. Tabla e,
17. Ízbo y 18. Pinos del Valle, que componen el municipio de El Pina .
2 Imagen omada de la página de la mancomunidad de municipios del Valle de Lec ín: www.mancomu-
nidad alledelec in.com
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La elección de es a dema cación adminis a i a, que no exis ía como al en el
siglo x iii, esponde a una necesidad me odológica: da cohe encia geog á ica a un
es udio que p e ende se más amplio3.
El municipio de El Pina es, po an o, una con o mación mode na cuya c eación
da a de 1976, año en que se unie on las poblaciones de Pinos del Valle, Ízbo (con su
anejo Los Acebuches) y Tabla e, ac ualmen e despoblado. Si p e e imos enma ca lo
den o de una en idad ju isdiccional p opia del siglo x iii hemos de habla del pa ido
judicial del Valle de Lec ín, uno de los doce en los que se di idía lo que ac ualmen e se
co esponde ía con la p o incia de G anada: G anada, Las Villas, Temple y Za ayona,
Valle de Lec ín, Ó gi a, Alpuja as, Guadix, Baza, Loja, Alhama, To izcón y Mo il. El
pa ido del Valle de Lec ín es a ía in eg ado en las décadas inales del siglo x iii po
los luga es de Acequias, Albuñuelas, Bézna , Cóncha , Chi e y Tala á, Dú cal, Ízbo ,
Lanja ón, Melegís, Mondúja , Mu chas, Nigüelas, Pinos del Valle, Res ábal, Sale es y
Tabla e y las illas de Padul y Villamena de Coz íja 4.
La segunda conside ación o ad e encia p e ia se e ie e al é mino de «Ap oxima-
ciones» con el que se p esen a es e abajo. Las palab as pocas eces son inocen es y en
es e caso encie an una in ención bien de inida. La ealidad espacial obje o de es udio,
el mon e de El Pina , así como el pe iodo en el que decidimos cen a la a ención, el
siglo x iii, nos aslada a un luga y un iempo di ícil de abo da his ó icamen e desde
la pe spec i a de la his o ia o es al. El p oblema p incipal: la escasez y limi ación de
las uen es de las que dispone el in es igado pa a ealiza su abo daje desde dicho
pun o de is a. Tengamos en cuen a que nos es amos e i iendo a una ealidad o es al
muy modes a —el mon e de una pequeña comunidad u al g anadina— que nada
iene que e con los g andes complejos mon añosos que componen la geog a ía de
nues o país —o si que emos, de sus dis in as egiones— y que han dado pie a nume-
osos abajos5. De ahí que se plan ee es e es udio como una ap oximación en la que
3 Es e abajo se enma ca en el desa ollo de un p oyec o que el G upo de Es udios del Valle de Lec ín
enimos ealizando desde hace a ios años en la Uni e sidad de G anada. Es e g upo he e ogéneo en
su p ocedencia y o mación (pues aba ca a his o iado es e his o iado es del a e de la Uni e sidad de
G anada y o os cen os de in es igación) y bajo la coo dinación de la p o eso a Ma ga i a Bi iel Sal-
cedo, se iene p eocupando po el es udio po meno izado de la ealidad socio-económica del Reino de
G anada a pa i del análisis de los da os que nos p opo ciona el Ca as o de Ensenada. Con el in de
sal agua da la cohe encia y el o den de los análisis espaciales, nos p opusimos abaja po coma cas,
comenzando po el Valle de Lec ín, pa a lo cual elegimos o ganiza nues o es udio en unción de sus
municipios.
4 Da os ex aídos de la ob a es adís ica VVAA, Censo de 1787 «Flo idablanca», Ins i u o Nacional de Es a-
dís ica, Mad id, 1987-1993.
5 La Sie a de Guada ama, las sie as de la comunidad cas ellano leonense, las de Segu a y Cazo la en
el su , o los complejos mon añosos de las p o incias del no e peninsula son los espacios a los que
más a ención se les ha p es ado, cen ándose p incipalmen e en el pe iodo c onológico del siglo xix
y xx. Bas a lee el índice de las Ac as publicadas po la Sociedad Española de la His o ia Fo es al, po
ejemplo, las de los años 2003 y 2013, pa a hace se una idea de los in e eses de los in es igado es de es a
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dedica emos un espacio a e lexiona sob e los p oblemas y limi aciones con las que
nos hemos encon ado. No obs an e, a pesa de las di icul ades, se han podido ex ae
conclusiones in e esan es.
Nos encon amos, pues, an e un caso de es udio complejo, p ecisamen e po lo
modes o de su en idad, aunque no po ello menos impo an e o ele an e. A ende
al mon e como ealidad económica —pues o que nos e e i emos a su ap o echa-
mien o—, pe o ambién social, nos ayuda á a p o undiza en el conocimien o del
pasado de es a pequeña comunidad u al g anadina en el siglo x iii, conc e amen e
en lo que espec a a sus dinámicas de explo ación económica y es a egias de ep o-
ducción social, sin pe de de is a el con ex o geog á ico en el que se inse a, el Reino
de G anada.
Como es bien sabido, la his o ia local sólo iene sen ido si ansciende el ámbi o
de lo pu amen e anecdó ico y cos umb is a o del simple pa icula ismo, es o es, si es
concebida en la o ma en que lo hacía León C. Ál a ez San aló, como una his o ia
en mayúsculas que a iende a p ocesos, a edes en e dis in as ealidades y enóme-
nos y no a acon ecimien os y apun es desla azados. Pa a ello esul a undamen al la
con ex ualización de los casos indi iduales, en es e caso municipales, en es uc u as
más amplias, coma cales o egionales. Es lo que in en a emos hace en las líneas que
siguen, ca ac e iza el ap o echamien o del mon e en el municipio g anadino de El
Pina en el siglo x iii en consonancia con la dinámica seguida en nues o país en lo
que a la explo ación o es al se e ie e.
Es es e plan eamien o el que da sen ido a la p opia es uc u a del a ículo: pa i
de los aspec os más gene ales —la si uación del bosque en España en el siglo x iii—
pa a i descendiendo en una escala de conc eción que nos conduci á has a la ealidad
municipal de El Pina .
2. COYUNTURA FORESTAL EN LA ESPAÑA DEL SIGLO x III
2.1. Re oceso del bosque
No podemos e e i nos a la ca ac e ización y ap o echamien o del mon e en
es as comunidades u ales g anadinas sin hace an es mención al con ex o global de
la si uación o es al en España en el siglo x iii.
El bosque en España du an e la cen u ia ilus ada expe imen ó un no able e o-
ceso. E ich Baue lo exp esa muy bien en la siguien e ci a de un abajo ya clásico
á ea en los úl imos años. Los es udios del mon e en el su peninsula son, po an o, ma ginales y muy
inculados a los con lic os y p o es as campesinas del siglo xix como consecuencia de los p ocesos de
p i a ización de los comunales, como end emos ocasión de e en es as páginas. Po ci a una e e en-
cia ecien e y ce cana a es a ealidad geog á ica, con amos con la esis doc o al di igida po An onio
O ega San os y elabo ada desde la pe spec i a de la his o ia ambien al po Nadia B. Ma ínez Espina ,
El bosque inanimado, His o ia ambien al de la Sie a de Cázulas, (1890-1980), G anada, 2011.
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pe o que aún sigue siendo un e e en e: «el país sac i ica la mayo pa e de su es ido
e de de bosques pa a la lo a y la economía nacional, p eponde ando el pas o eo»6.
Las causas a las que alude Baue pa a explica el decli e con inuado de los espacios
o es ales españoles a lo la go de la his o ia son: la p opia si uación geog á ica del país,
«en el ma gen de las posibilidades del mon e na u al»7; la al a asa de población de
España —a pesa de las ases de e oceso demog á ico— que p ecisa de abundan es
ecu sos made e os; la p ác ica con inuada de pas o eo en un país de ca ác e mon a-
ñoso que no cuen a con abundancia de p ados; los cons an es en en amien os bélicos
y las ác icas de gue a que lle an apa ejadas (po ejemplo, de « ie a quemada»); la
abundan e can idad de made a, leña y ca bón que p ecisaba el sec o me alú gico
(sob e odo en Andalucía, Sie a Mo ena y las p o incias del no e); y e i iéndose al
siglo x iii, apun a a las excesi as o u aciones del suelo pa a uso ag ícola y ganade o
y a la cada ez mayo demanda de made a po pa e del Es ado pa a la cons ucción
de ba cos como los p incipales ac o es que acen ua ían y acele a ían el p oceso de
de o es ación en España du an e dicho siglo.
Luis U eaga se mues a más explíci o al ocaliza su a ención en el amo em-
po al que a noso os nos in e esa, el siglo x iii, a la ho a de comen a las causas de la
educción de la masa o es al en España: las o u aciones o ompimien os de e enos
de pas o y espacio o es al como espues a al inc emen o signi ica i o de la población;
el aumen o de la demanda de combus ibles (leña, made a, ca bón ege al) como
consecuencia del c ecimien o de e ec i os; las necesidades del mundo u bano y de la
indus ia ambién epe cu i ían en el p oceso des uc i o del bosque; la ac i idad de
las e e ías y las minas —que aumen a on su i mo du an e es e siglo— eque ían
igualmen e una can idad ingen e de made a; el man enimien o de una nu ida cabaña
ganade a apa ece como o o de los g andes obs áculos pa a la conse ación del bos-
que; y po supues o, a odo ello ino a suma se la demanda c ecien e de made a pa a
la cons ucción na al8.
Po lo que espec a al Reino de G anada la dinámica no a a se di e en e. La
insu iciencia écnica en las explo aciones ag a ias obligaba a con inua con el modelo
di ícilmen e sos enible de ag icul u a ex ensi a como única ía pa a aumen a la
p oducción de alimen os. En consecuencia, du an e el siglo x iii se acen ua on las
o u aciones de ie as comunales p e ia p i a ización, legal o ilegal, de las mismas.
En e las ó mulas legales, du an e odo el siglo asis imos a la ap obación po pa e
del Consejo de Cas illa de una se ie de disposiciones que ab ían la pue a a la p i a i-
zación, a endamien o y en a de hec á eas de p opios y comunales. En cuan o a las
6 E ich Baue , Los mon es de España en la His o ia, Mad id, 1991, pág. 15.
7 Ibidem, págs. 27 y ss.
8 Luis U eaga, La ie a esquilmada: las ideas sob e la conse ación de la na u aleza en la cul u a española del
siglo x iii, Ba celona, 1987, págs. 120 y ss.
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acciones ilegales nos encon amos con la quema de pas izales, es echamien o de las
cañadas o ap opiaciones de dehesas; deli os que e an denunciados an e las jus icias
de los pueblos po pa e de los pe judicados, ganade os p incipalmen e9. No obs an e,
es os mismos ganade os, en un p oceso pa alelo de des ucción del pa imonio o es al,
p o agoniza on ambién lamen ables episodios de incendios pa a aumen a las hec á-
eas de pas o en el mon e. El es udio de es os deli os pe mi e hace nos una idea de la
con lic i idad en el ámbi o o es al en la segunda mi ad del siglo x iii. Apa e de es os
deli os, in es igado es de la his o ia ag a ia se han cen ado en de e minados a en-
ados o es ales lle ados a cabo po campesinos10. Es os han sido in e p e ados como
un ipo de p o es a o con lic o ambien al po pa e de unos indi iduos que es aban
iendo me mados sus de echos sob e las ie as comunales en ese pe iodo complejo
de ansición que a ma cando el inal del modo de uso campesino y el comienzo
del modo de uso indus ial (que coincide con el paso del siglo x iii al xix). En es e
úl imo, los g upos humanos apa ecen mucho menos dependien es del e i o io, su
base ene gé ica se án los combus ibles ósiles y la uncionalidad de los mon es se e á
al e ada al e se inme sos en un p oceso i e ocable de p i a ización y me can ilización.
En cuan o al Valle de Lec ín, según Villegas Molina, las o u aciones del siglo x iii
se p oduje on de dos mane as di e en es: bien po la ampliación de la zona cul i ada
a cos a de las ie as limí o es, bien po la pues a en cul i o de pa celas aisladas en las
zonas de mon e más adecuadas al cul i o del ce eal que a a con i i con ma o ales
y a bus os11. También aquí nos encon amos con usu paciones ilegales de ie a que
acaba án, no obs an e, siendo sancionadas po los ayun amien os.
2.2. La polí ica o es al de los Bo bones
Vol iendo de nue o al con ex o nacional y como hemos apun ado unas líneas más
a iba, la made a, ya de po sí un bien escaso, se con i ió en el p incipal eclamo po
pa e de la Adminis ación de Ma ina. La polí ica bo bónica se dispuso, den o de
su p og ama de e o mas en ma e ia mili a , da le un impulso a la Ma ina de gue a
y me can e —no ol idemos la dimensión ul ama ina del come cio español en es a
cen u ia—. En es e sen ido, en 1717 se c eó la In endencia Gene al de la Ma ina a
cuyo en e se colocó a José Pa iño. Se ía el p opio Pa iño quien en 1726, como minis-
o de Ma ina, o ganiza a los es depa amen os ma í imos de Ca agena, Cádiz y el
9 Julián P. Díaz López, «La economía I. Ag icul u a, ganade ía y pesca», en F ancisco Andúja Cas illo
(ed.), His o ia del Reino de G anada, . III, G anada, 2000, pág. 366.
10 Pa a p o undiza en es e ema éase el a ículo de Da id So o Fe nández, An onio He e a González de
Molina, Manuel González de Molina y An onio O ega San os, «La p o es a campesina como p o es a
ambien al, siglos x iii y xix», His o ia Ag a ia, núm. 42 (2007), págs. 277-301.
11 F ancisco Villegas Molina, El Valle de Lec ín, G anada, 1972, pág. 286.
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Fe ol12. En es e mismo o den de cosas, pa a emedia la penosa si uación en la que
había quedado la A mada española as la Gue a de Sucesión, se decidie on una se ie
de inicia i as conducen es al omen o de la cons ucción na al. El impulso dado a la
ab icación de ba cos lle ó apa ejado de o ma i emediable el esquilmo de los bosques
españoles. No en ano se ha denominado a la A mada española «el bosque lo an e»:
«El olumen de made a usado en la cons ucción de un na ío e a eno me, ya que
po cada onelada de a queo del buque se necesi aban ap oximadamen e diez me -
os cúbicos de made a lab ada, p oceden e de una ci a mucho mayo de made a en
b u o, y és a sólo podía usa se una ez comple amen e seca, po lo que e a necesa io
almacena can idades aún mayo es como ese a. Las made as más usadas pa a con-
s ucción de na íos e an: oble, encina y pino pa a el casco; abe o pa a la a boladu a,
y haya, nogal, álamo y aliso pa a di e sos usos»13.
La oma de conciencia po pa e del Es ado bo bónico de la impo ancia econó-
mica del bosque le lle ó a implemen a una se ie de medidas polí icas y legisla i as
enden es a la p omoción y p o ección del a bolado, eso sí, pa a acili a su explo ación
po pa e de la Ma ina. Luis U eaga alo a, no obs an e, dichas medidas de o ma
posi i a, pues, aunque no e an desin e esadas, aducían la con icción po pa e de
las au o idades de que la explo ación de los bosques debía i acompañada de una
p ác ica pa alela de p o ección y conse ación14.
La polí ica o es al bo bónica se ma e ializó en las Reales Cédulas de su Majes ad
Felipe V sob e la conse ación de los mon es, de 1708, 1716, 1717 y 1719. Es as disposiciones
legisla i as in en aban ena el de e io o de los mon es y aumen a la can idad de
á boles más ú iles pa a la Ma ina. Asimismo, obligaban a la ealización de plan íos en
las dehesas, baldíos ealengos, ie as comunales y de p opios.
Pe o se ían las Leyes de Mon es del año 1748, ya en el einado de Fe nando VI e
impulsadas po el Ma qués de la Ensenada, las que supusie on el mayo es ue zo po
pa e del pode cen al de con ol, p o ección y p omoción de los bosques del país. El 31
de ene o de 1748 se dic ó la Real O denanza pa a la conse ación y aumen o de los mon es de
12 Un a ículo que ealiza una ecien e in e p e ación del papel que jugó José Pa iño en es e p oceso
puede consul a se en Al edo J. Ma ínez González, «Bosques y polí ica na al a lán ica: las e o mas
no ma i as e ins i ucionales de José Pa iño (1717-1736)», Re is a Hispanoame icana. Publicación Digi al de
la Real Academia Hispano Ame icana de Ciencias, A es y Le as, núm. 3 (2013). Como apun a el au o del
ci ado a ículo, los Depa amen os de Ca agena, Cádiz y Fe ol aba caban á eas muy ex ensas: el del
Fe ol, se p olongaba desde Po ugal has a la on e a con F ancia; el de Cádiz, desde Po ugal has a
Alme ía incluyendo las Cana ias; y el de Ca agena, desde Mu cia has a F ancia más las Balea es.
13 Ped o J. Ga cía Ma ínez y Agus ín Laho a Cano, «Pano ama o es al del ex emo o ien al de Andalucía
a mediados del siglo x iii. Las Visi as de Mon es de 1748», en And és Sánchez Picón (coo d.), His o ia
y medio ambien e en el e i o io alme iense, Uni e sidad de Alme ía, Alme ía, 1996. págs. 127-146.
14 Luis U eaga, La ie a esquilmada…, op.ci ., pág. 115.
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Ma ina15. Los mon es a los que se e ie e es a ley, si uados en las inmediaciones de la ma
y los íos na egables, queda ían bajo ju isdicción exclusi a de la Ma ina. De es e modo,
se ían los In enden es de Ma ina —o sus Subdelegados— es ablecidos en los espec i os
Depa amen os de Cádiz, Fe ol y Ca agena los enca gados de ela po el cumplimien o
de las o denanzas como máximas au o idades pa a el gobie no y adminis ación o es al.
Es a ley disponía además que los In enden es debe ían en ia a Inspec o es o Minis os
de Ma ina pa a que e ec uasen las co espondien es isi as a los mon es bajo su ju isdic-
ción. Es os indi iduos con ales isi as de ca ác e bianual, debían de:
«Fo ma elación de sus mon es y es ado de ellos, con dis inción de los que pe enez-
can a pa icula es, de los comunes y p opios de los mismos luga es, y de los que sean
dehesas y co os Reales; exp esando su la i ud, si uación y el núme o de á boles que
engan en pie, así obles como encinas, ca ascas, alco noques, álamos neg os y blan-
cos, chopos, esnos, alisos, nogales, hayas, cas años y pinos, di idiéndolos en clases
según la calidad, y dis inguiendo su edad con la no a de nue os, c ecidos y iejos»16.
E a a ea de los isi ado es, además, ma ca los á boles más idóneos pa a su pos-
e io ala y aslado a los as ille os, con la condición de que si ales á boles pe ene-
cían a pa icula es o a mon es comunes, la Ma ina debe ía paga un p ecio po ellos,
conc e amen e, «un eal de ellón po cada codo cúbico de made a».
Du an e las isi as, las jus icias de cada pueblo debían da pun ual no icia a los
inspec o es del núme o de ecinos del luga , pa a que según el ecinda io se de e mi-
nasen los au os pa a ealiza el plan ío. Y es que ese e a el o o g an obje i o de es a
Ley de Mon es de ene o de 1748 — ambién en la de diciemb e de ese mismo año—:
dispone odo lo ela i o a la c eación de plan íos o i e os en la ju isdicción de cada
luga , «bien descubie os del sol y esgua dados de los ien os del no e». Todos los
ecinos, a excepción de las iudas pob es e indi iduos no o iamen e imposibili ados,
enían la obligación de plan a cada año un mínimo de es á boles en los si ios
indicados po los isi ado es de mon es. Eso sí, los gas os de i ados de al eje cicio
debe ían se cubie os po los p opios ecinos y el p oceso o ganizado y supe isado
po las jus icias de los pueblos. Debemos llama la a ención sob e las p ecauciones que
debían lle a se a cabo pa a e i a los daños del ganado sob e los á boles plan ados:
«En los mon es en que pas en ganados, se a ima á a cada á bol una es aca bien
me ida en ie a, y se a a á con él po es o cua o pa es con mimb e o cosa que no
pueda co a le la co eza, pa a que los ien os no le mue an; y demás de es e a imo
se le odea á con espinos, za zas, a gomas o cosa semejan e que des íe los ganados»17.
15 Se puede consul a es a ley en la No ísima Recopilación de Leyes de España, Vol. 3, Lib o VII, Tí ulo XXIV,
Ley XXII.
16 Ibidem, pág. 532.
17 Ibidem, a ículo 12. Todas es as medidas han sido cali icadas po Gaspa de A anda y An ón como ins uc-
ciones de ca ác e sil ícola muy no edosas, ales como «el señalamien o y localización de los i e os en
ap oximaciones al es udio del mon e en el su peninsula en el siglo x iii
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La o denanza, po úl imo, p ohibía de o ma axa i a las co as de cualquie á bol
sin p e io y obligado pe miso del subdelegado, egulaba de o ma po meno izada las
a eas de siemb a, poda, asplan e, limpieza de mon es, e c. y especi icaba los ap o-
echamien os que sí es aban pe mi idos:
«Las leñas que p oduje en las podas de los mon es concejiles o comunes, y de los
ealengos, se han de epa i pa a las hogue as de sus ecinos en los luga es de la
ju isdicción de los mon es a p opo ción de la amilia y consumo de cada uno, sin da
luga a que a nadie al e; y cuando no hubiese podas en los é minos de los luga es,
pe mi i á que de los ebollos y mon e bajo se co e la leña y amaje necesa io a la
común p o isión»18.
«La bello a y hoja de los á boles comunes y ealengos ha de se pa ible en e los eci-
nos de los luga es de cuya ju isdicción sean los mon es, sin g a amen ni con ibución
alguna»19.
Es a ley ue complemen ada po la Real O denanza pa a el aumen o y conse ación de
mon es y plan íos de 7 de diciemb e de 1748. Es a ez el ex o a a a ec a al es o de los
mon es del eino, sob e odo a los si uados a 30 leguas en con o no de la Co e po
halla se especialmen e «despoblados, quemados y alados po la mayo pa e»20. En
es e caso se án los Co egido es los p incipales esponsables. Po lo demás, las dispo-
siciones son simila es: los Co egido es debían nomb a pe sonas expe as pa a que
iesen, econociesen y isi asen los é minos de cada pueblo con el in de in en a ia
el mon e. El esul ado de es as isi as debía se la edacción de un in o me que se ía
emi ido al Co egido y en el que se de alla ía el núme o de ecinos, los mon es
que enía el pueblo, la supe icie que ocupaba, sus especies, los plan íos exis en es,
e c. Seguidamen e y en unción del núme o de ecinos del luga , cada ayun amien o
debe ía ges iona la ealización de plan íos.
Es a o denanza, como la an e io , limi aba en mucho la libe ad de los ecinos pa a
con inua con el ap o echamien o adicional del mon e como ecu so undamen al
de sus economías co idianas. Nos encon amos, po an o, an e dos ex os legales muy
coe ci i os espec o al uso del mon e po pa e de las comunidades locales. Como
consecuencia de las lesiones en los in e eses de campesinos y ganade os, se c eó un
el mon e, en cuan o a la insolación y esgua do de los ien os dominan es, la o ma y apo cado de las
plan aciones con bello as, los pe misos pa a las co as en los mon es de pa icula es y los señalamien os
y ma cado de á boles median e c i e ios ecnológicos de ipo dend omó icos pa a uso de sus made as
en la indus ia na al», Gaspa de A anda y An ón, «Relaciones documen ales de los bosques y los mon es
ma í imos peninsula es en los a chi os his ó icos españoles du an e el siglo x iii y comienzo del xix»,
Ecología, núm. 17 (2003), págs. 359-379.
18 Ibidem, a ículo 21.
19 Ibidem, a ículo 26.
20 No ísima Recopilación de Leyes de España, Vol. 3, Lib o VII, Tí ulo XXIV, Ley XIV, pág. 516.
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La in o mación que nos o ece el Ca as o de Ensenada e e en e al mon e —su
ca ac e ización y explo ación o modos de uso—, es bas an e escue a. Si bien pa a la
in es igación de algunos sec o es económicos, undamen almen e pa a la ag icul u a,
el Ca as o de Ensenada se e ige en una uen e p imo dial de in o mación, pa a o os
elemen os de la es uc u a económica de los municipios es e co pus documen al se
nos mues a bas an e pa co en de alles.
Pe o lejos de hace de es as limi aciones obje o de p oblema ización o en ende las
como un escollo que nos conduzca al desánimo, es a ea del his o iado con e i es as
condiciones documen ales, a p io i nega i as, en un acica e pa a la pesquisa. Sob e
odo, pa a la o mulación de in e ogan es y el plan eamien o de hipó esis, como
a a é de hace en es as páginas.
An es de cen a nos en los escasos da os que nos p opo cionan las espues as,
esul a con enien e de ene nos b e emen e en las p opias cues iones del llamado
In e oga o io de la Le a A in eg ado en e la documen ación del Ca as o. Dicho in e-
oga o io p e endía ecaba in o mación ele an e sob e el pueblo (ex ensión del
é mino, su égimen ju ídico, ipos de ie as y sus medidas, ipos de cul i os, p o-
ducción de u os, cabezas de ganado, e c.). Con el nomb e de Respues as Gene ales se
conoce a la e acuación del mismo, o mado po 40 p egun as al que debían con es a
ep esen an es del concejo (al menos dos egido es) y los pe i os (o os dos como
mínimo) elegidos pa a al in en e los ecinos de la localidad, los cuales debían se
«buenos conocedo es de las ci cuns ancias del pueblo». El alcalde y el cu a ambién
asis i ían a las sesiones de las que el esc ibano debe ía le an a ac a li e al de odo
cuan o se espondie a.
De las cues iones incluidas en es e in e oga o io, 12 p egun as a an de a e igua
los aspec os más a iados de la ac i idad ag a ia —especies de ie a, sus calidades,
ipos de plan íos, clases de medidas, especies de u os, sus can idades, p oduc i idad
y alo —; sin emba go, an sólo son dos las cues iones que se plan ean sob e ganade ía
y sólo una, la cua a del in e oga o io, ha á e e encia al uso o es al del suelo:
«Qué especies de ie a se hallan en el é mino; si de egadío y de secano, dis in-
guiendo si son de ho aliza, semb adu a, iñas, pas os, bosques, ma o ales, mon es
y demás que pudie e habe , explicando si hay algunas que p oduzcan más de una
cosecha al año, las que uc i ica en sólo una y las que necesi an de un año de in e -
medio de descanso».
El análisis del ca ác e y na u aleza de las p egun as con enidas en los in e oga-
o ios que exis en pa a el siglo x iii41 pe mi e a oja algo de luz sob e las p incipales
41 El abajo que ci o a con inuación a aba de se un es udio compa a i o de los es in e oga o ios
más signi ica i os del siglo x iii, sin emba go, el esul ado ue bas an e desc ip i o: Miguel Rod íguez
Cancho, «In e oga o ios del siglo x iii. Es udio compa a i o», No ba, Re is a de A e, Geog a ía e His o ia,
2 (1981), págs. 121-232.
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p eocupaciones de las au o idades o ins ancias de pode de los que emanan. Ca los
Samb icio, po ejemplo, a i maba a es e espec o que el in e oga o io de 15 p egun-
as que Tomás López —al que ya hemos hecho e e encia en es as páginas— emi ió
a la comunidad eclesiás ica de es e país en el úl imo cua o del siglo x iii, e lejaba
bas an e bien las inquie udes de un homb e de su iempo: «en o no a él se conc e an
algunos de los emas que g a i an sob e la cul u a española desde hacía 30 años», po
lo que, «en ende qué in o mación pide a sus uen es es la cla e pa a alo a su isión
sob e el e i o io»42.
Sin emba go, pa a el caso del Ca as o de Ensenada es a a i mación no esul a
del odo ace ada. Del análisis del in e oga o io se deduce la p eocupación del pode
cen al po a e igua , undamen almen e, odo lo conce nien e a la p oduc i idad
ag a ia del país y, en cambio, una casi nula a ención po la cues ión o es al, cuando
en ealidad, sabemos que el bosque se con i ió en uno de los p incipales obje i os de
la polí ica bo bónica, sob e odo a pa i de la segunda mi ad del siglo x iii.
La p ác ica in isibilidad del mon e en el Ca as o de Ensenada no se co esponde
con su impo ancia económica en el siglo x iii a ni el es a al y municipal. El Ca as o,
de o ma di ec a, no nos p opo ciona muchos da os sob e su composición, explo ación
o ap o echamien o. No obs an e, es a inobse ancia de lo o es al es comp ensible
si enemos en cuen a: p ime o, que la demanda de in o mación a es e espec o po
pa e de las au o idades que lo diseñan no esul a ele an e; segundo, que el gobie no
con aba con o os ins umen os más especí icos pa a conoce el es ado de los espacios
o es ales, ales como los ce i icados de mon es y plan íos o los in o mes elabo ados
a pa i de las inspecciones o isi as de los unciona ios de Ma ina; e ce o, que la
inalidad úl ima de es as a e iguaciones e a egis a la iqueza municipal e indi idual
pa a pode es ablece una asa iscal única, ija y p opo cional a dicha iqueza. Se
en iende que los p incipales bene icios de una sociedad como la española en el siglo
x iii p ocedían undamen almen e de la p opiedad del suelo y de su uso ag ícola y
ganade o. Los ap o echamien os o es ales y los bene icios económicos que de ellos
se pudie an de i a , aun siendo ac i idades impo an es pa a la economía co idiana
de los pequeños municipios, esul aban di ícilmen e cuan i icables. Nos e e imos a
la ecogida de leña u ilizada como combus ible, a la ob ención de pequeñas can ida-
des de made a pa a la ab icación de ape os de lab anza, mobilia io, epa ación de
i iendas, a la ecolección de plan as a omá icas o medicinales, e c. Son a eas que no
se con olan, no se egis an y, po an o, no se cuan i ican. Poco signi ica i as pa a
el cómpu o global de la iqueza de un luga pe o de e minan es, en cambio, pa a
su sos enibilidad. O elia Rey Cas elao se plan eaba, de hecho, la siguien e cues ión
espec o a dicho ema en es os é minos:
42 Ca los Samb icio, Te i o io y ciudad en la España de la Ilus ación, Minis e io de Ob as Públicas, Mad id,
1991, págs. 49-50.
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«Pe o, ¿cómo podemos medi la ele ancia socio-económica de cada uno de los usos
del bosque si, además de no se compa ables en e sí, dependen de condiciones ísi-
cas no siemp e manipulables po la sociedad?»43
El ca ác e colec i o y g a ui o del ap o echamien o de los mon es comunales no
p ocu aba ningún bene icio a las a cas municipales. Dis in o e a el ap o echamien o
de los mon es de p opios. En es e caso, los esquilmos o es ales es aban suje os a un
mayo con ol po pa e del concejo pues o que los ayun amien os ob enían impo -
an es ing esos, po ejemplo, del a endamien o del mon e bajo pa a el ca boneo,
o endiendo la co eza de los alco noques pa a la ab icación de co cho, e c. Sin
emba go, como se egis a en la espues a a la cues ión núme o 23 del in e oga o io
—«Qué p opios iene el común y a qué asciende su p oduc o al año, de que se debe á
pedi jus i icación»—, ninguno de los concejos que componen El Pina decla a ecibi
ing eso alguno po explo ación del mon e. El único bene icio mone a io que mani-
ies an ob ene p ocede, en el caso de Pinos del Valle, de los a endamien os de los
molinos de pan y acei e; del molino de pan y un co ijo (el de la Jun a de los Ríos) en
el luga de Ízbo ; y en el caso de Tabla e, de las en as que ob ienen de un molino de
acei e, de anega y media de ie a y de los 8 oli os que poseen en calidad de bienes
de p opios.
Aunque buena pa e de los mon es en Andalucía e an p opiedad de los ayun-
amien os y de las comunidades —bajo la ó mula de bienes de p opios o bienes
comunales, una di e enciación di ícil de es ablece en muchos casos44—, había muchos
pueblos en que las masas o es ales y los espacios de mon e e an an escuálidos que
los concejos y los ecinos no con aban más que con unas escasas manchas de e ial o
43 O elia Rey incide una ez más en la cues ión de que el mon e y el bosque no sólo cons i uían espacios
de ap o echamien o económico sino ambién «de desa ollo de buena pa e de la ac i idad co idiana
u al. In eg ados en la exis encia de las comunidades, e an obje o de usos cinegé icos —con una e ien e
lúdica y simbólica y o a económica y de necesidad— ganade os en medida mayo y ag a ios —median e
el cul i o pe iódico—, pe o, además, leñado es, ase ado es, ca pin e os, zapa e os, cu ido es, ca bo-
ne os, he e os, onele os, e c., ob enían allí ma e ias p imas y combus ibles, al igual que lo hacían los
ag icul o es, y allí se asen aban las he e ías y o jas, los ho nos de cal y de eja o los comunales de pan,
las can e as de pied a, las minas, e c., además de que gene aban made a, leña y ca bón que su ían a
los núcleos u banos pa a cons ucción y usos domés icos y a esanales, y nu ían a los as ille os y a odo
ipo de indus ias», en O elia Rey Cas elao, «Mon es, bosques y zonas comunales: ap o echamien os
ag ícolas-ganade os, o es ales y cinegé icos», en F ancisco J. A anda Pé dez (coo d.), VII.ª Reunión
Cien í ica de la Fundación Española de His o ia Mode na, Vol. I, El mundo u al en la España Mode na, Uni-
e sidad Cas illa-La Mancha, Ciudad Real, 2004, págs. 907-966.
44 Pila Pezzi C is óbal y Si o L. Villas Tinoco, «La dehesa de Za a aya en el siglo x iii: p opiedad com-
pa ida y ap o echamien os múl iples», en F ancisco J. A anda Pé dez (coo d.), VII.ª Reunión…, op. ci .,
págs. 1053-1064. Como se apun a en es e abajo, en Andalucía exis ía una inde inición básica en e las
ie as de p opios y las comunales. Es as ie as «concejiles» plan ean di icul ades de de inición legal
debido a su complejo ap o echamien o po pa e de concejos y ecinos, pues o que son obje o de una
explo ación in eg al que incluía usos ag ícolas, ganade os y o es ales.
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ma o al. En el caso de Ízbo , Tabla e y, sob e odo, en Pinos del Valle, aunque no
podamos habla de espacios o es ales de g an en e gadu a, el mon e medi e áneo
compues o undamen almen e de pinos, encinas y ma o al, o mó pa e indiscu ible
del paisaje u al de es os luga es.
Llegados a es e pun o, con iene cen a se en el análisis de la in o mación suminis-
ada po el Ca as o de Ensenada a es e espec o. Pa a ello ansc ibo a con inuación
los agmen os de las espues as a la cua a p egun a del in e oga o io gene al, ep o-
ducida más a iba, que hacen alusión a la ca ac e ización del mon e en los espec i os
pueblos de El Pina . Las au o idades y pe i os eunidos a al e ec o en las dependencias
de las casas de la Audiencia y e i iéndose a Pinos del Valle, exp esa on lo que sigue:
«Que en el é mino de es e luga hay ie as de egadío, secano y en unas y o as hay
iñas y algunos ma o ales, que és os, po in uc í e os, no se lab an aunque pe ene-
cen a los ecinos po la comp ada que hicie on a S.M. en el Consejo de Población
y po que pagan el censo en eales de ella que es dos mil se ecien os y sesen a eales
en cada un año»45.
No más explíci a es la espues a que se da pa a Tabla e e Ízbo espec o a la ca ac-
e ización de las ie as que componen el mon e. Del p ime o di án:
«Que en el é mino de es e luga hay ie as de egadío y de secano, de lo p ime o
muy poco y de lo segundo lo más, en cuya úl ima especie de ie a hay de semb adu a
algunas y de iñas como dos anjas de ie as, y ma o ales en la mayo pa e de es as
ie as»46.
Finalmen e, en la espues a que o ecen a la cua a cues ión los ep esen an es
del concejo de Ízbo y «los ecinos de mayo expe iencia e in eligencia» eunidos en
Dú cal, mani ies an: «que no hay pas os ni bosques y sí algunos ma o ales y un pedazo
de mon e de pina , el que es ealengo»47.
En las espues as al in e oga o io emi ido po Tomás López, el pá oco que
con es a po el Valle de Lec ín —cuyo nomb e desconocemos—, ampoco nos o ece
ningún es imonio que nos ayude a dibuja si quie a un esbozo del mon e en el Muni-
cipio de El Pina 48.
Se á Pascual Madoz quien se mues e un an o más p olijo en de alles. Reco demos
las palab as —ci adas en las p ime as páginas de es e capí ulo— que dedica a los mon-
es del é mino de Pinos del Valle. Los desc ibe o mando una co dille a que co e al
su es e y en los que es posible encon a pinos y mon e bajo. Des aca la p esencia en
es as ie as de buen espa o y de abundan e caza meno de pelo y ola e ía. Te mina
su elación haciendo mención a una can e a de pied a en el apa ado dedicado a la
45 Respues as Gene ales de Pinos del Valles, Lib o 298, ol. 418 .º y .º A chi o Gene al de Simancas [AGS]
46 Respues as Gene ales de Tabla e, Lib o 302, ol. 478 .º y .º AGS.
47 Respues as Gene ales de Ízbo , Lib o 292, ol. 355 .º AGS.
48 C is ina Segu a G aíño y Juan Ca los de Miguel (eds.), Dicciona io Geog á ico…, op. ci ., págs. 126-133.
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indus ia local49. El espa o ambién cons i uye una ac i idad impo an e pa a la eco-
nomía de los ecinos de Ízbo , según decla a Madoz50. Po úl imo, en la desc ipción
de la illa de Tabla e se a a e e i a la exis encia de «un mon e de pinos de 4 leguas
de ex ensión» y a la caza de pe dices y conejos que iene luga en el mismo51.
Como enimos epi iendo en es as páginas, a pesa de la poca ep esen a i idad
que iene el mon e en es e co pus documen al, no debemos desdeña la signi icación
de es os espacios pa a la economía domés ica de es os pueblos.
Un ejemplo de la in o mación indi ec a que nos o ece el ca as o pa a ayuda nos
a conoce o os ap o echamien os de las zonas se anas se ía la alusión a las colmenas.
Llama la a ención que se dedique una p egun a conc e a, la núme o 19 del In e o-
ga o io de la Le a A, pa a in e oga sob e la exis encia de colmenas en el é mino, su
núme o y p opie a ios. De ello se deduce la impo ancia económica que debía ene la
p oducción y come cialización de ce a y miel en de e minados municipios españoles.
Pa a Pinos del Valle se con abilizan 24 colmenas cuyos dueños son F ancisco
López, Juan de La a, F ancisco de La a, Isid o Ca a, F ancisco Medina, F ancisco
Me lo y Joseph de la Peña, «y no hacen memo ia de o os dueños, y si algunos más
hubie e, esul a án de las elaciones»52. En cuan o al bene icio que les epo a a cada
dueño cada colmena se habla de 5 eales al año. En Ízbo , Manuel López posee dos
colmenas pa a las que se egula una u ilidad de es eales po cada una53. Se a a de
un núme o de colmenas muy in e io al que, po ejemplo, se egis a pa a Chi e y
Tala á —que o man concejo—, con 319 colmenas54.
No podemos ob ia el ap o echamien o cinegé ico del mon e, al que alude Pascual
Madoz al habla nos de la abundan e caza meno de pelo y ola e ía en Pinos del Valle
y, conc e ando un poco más, de la caza de pe dices y conejos en el luga de Tabla e.
Si bien la caza mayo es aba ese ada al seño ju isdiccional, la caza meno e a una
ac i idad pe mi ida a los ecinos que se i ía de complemen o a la alimen ación
amilia , pe o que, como apun ábamos an e io men e, esul a di ícil de cuan i ica 55.
Po úl imo, es indudable que las zonas de mon e p opo cionaban a los ecinos
o os p oduc os de g an in e és pa a sus economías domés icas. Nos e e imos a la
ecolección de plan as a omá icas, medicinales o aquellas que se ían pa a la ab i-
cación de u ensilios. El abajo del espa o con o ma ía una ac i idad económica
suplemen a ia de g an alo pa a las poblaciones de Pinos e Ízbo —que en el caso del
p ime o se puede elaciona con la impo ancia de la a ie ía—. Madoz mani ies a,
49 Domingo Sánchez Zu o (ed.), Dicciona io…, op. ci ., pág. 288.
50 Ibidem, pág. 218.
51 Ibidem, pág. 306.
52 Respues as Gene ales de Pinos del Valles, Lib o 298, ol. 433 .º AGS.
53 Respues as Gene ales de Ízbo , Lib o 292, ol. 374 .º AGS.
54 Respues as Gene ales de Chi e y Tala á, Lib o 282, ol. 414 .º AGS.
55 Julián pág. Díaz López, «La economía…», a . ci ., pág. 378.
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de hecho, la buena calidad del espa o que c ece en Pinos del Valle. Las condiciones
climá icas de la coma ca del Valle de Lec ín, y en gene al de odo el su es e español,
a o ecen el c ecimien o de es a plan a del g upo de las g amíneas. An onio Muñoz
Buendía a i ma que el ap o echamien o del espa o ue un ecu so ya u ilizado en la
P ehis o ia y Edad An igua, adqui iendo, no obs an e, su máxima impo ancia en el
su es e andaluz en los siglos x iii y xix56. Sin llega a ene la ele ancia económica de
la que gozó el espa o alme iense —bien co izado en el come cio nacional e incluso
in e nacional—, la ab icación de u ensilios del hoga , calzado, ape os pa a la lab anza
y los animales, e c., cons i uyó una indus ia domés ica de cie a ele ancia no sólo en
Pinos e Ízbo sino en o os pueblos del Valle de Lec ín, como Cóncha .
Según se deduce de las espues as al in e oga o io de Tomás López, el abajo
del espa o dio luga a una pequeña indus ia que llegó a excede el consumo local
y coma cal. A es e espec o, el pá oco que elabo a la edacción del Valle de Lec ín
esc ibe lo siguien e e i iéndose al pueblo de Cóncha :
«Casi odas las pe sonas de ambos sexos es án en él ocupadas en lab a espa o, que
conducen de los mon es de Pinos, Ízbo y Albuñuelas. Lo hacen omiza, soga, cubie -
as y a elpados. Es a ob a la conducen los mismos ecinos, mucha de ella, a G anada,
y de o os pueblos an a ie os a él, y la mayo salida que iene son los a elpados,
que odos los años conducen muchísimos a Mo il y Salob eña, donde los emba can
pa a Cádiz y o os pa ajes. Todo el espa o que abajan es dine o an p on o que en
cuen a de sogas, omizas y demás espa o manu ac u ado, en la ienda de abas os,
dan í e es po él y siemp e hay den o del pueblo quien con dine o suyo o ajeno
emplee en cuan o espa o hecho a elpados y demás manu ac u as le endan. Es a
áb ica es la que casi sos iene es e pueblo al que asegu an le p oduce más de diecio-
cho mil pesos cada un año»57.
5. CONCLUSIONES
Como ha quedado pa en e en es as páginas, a pesa de que la ealidad del p e-
sen e nos mues a un pano ama o es al bas an e escuálido pa a Andalucía o ien al,
lo cie o es que en el siglo x iii el su es e andaluz con aba con una nada desdeñable
masa o es al compues a po un g an núme o y di e sidad de especies en e las que
des acaban el pino, la encina, el quejigo y el oble. La coma ca del Valle de Lec ín,
además de dichas especies de a bolado, con aba con una impo an e p esencia de
chapa os y cas años, así como con álamos, chopos, sauces, olmos, abedules, alisos,
esnos y acebos en el ondo de los alles y ibe as de los íos. Especialmen e no able
e a el ma o al subse ial compues o de plan as leñosas y a omá icas como la e ama,
56 An onio Muñoz Buendía, «El ap o echamien o de los bienes comunales alme ienses du an e los siglos
x i y x ii», en And és Sánchez Picón (coo d.), His o ia y medio ambien e…, op. ci ., págs. 147-168.
57 C is ina Segu a G aíño y Juan C. de Miguel (eds.), Dicciona io Geog á ico…, op. ci . pág. 127.
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la gayomba, el omillo, ome o, sal ia, alhucema y, sob e odo, el espa o. Es a se á
la ealidad o es al que nos encon emos en el municipio g anadino de El Pina en
el siglo x iii.
El Pina , con un modelo de sociedad de base o gánica, se ca ac e iza ía po un uso
múl iple de los espacios p oduc i os. De ahí que el mon e apa ezca como un espacio
pe ec amen e in eg ado en su sis ema económico, cumpliendo, en e o as, unciones
pecua ias y de ap o echamien o o es al: pas o eo de subsis encia, ecogida de leña
que se ía u ilizada como combus ible, ob ención de pequeñas can idades de made a
pa a la ab icación de ape os de lab anza, mobilia io, epa ación de i iendas, e c.
No podemos ol ida nos ampoco del ap o echamien o cinegé ico del mon e —caza
meno de pelo y ola e ía y caza de pe dices y conejos, undamen almen e—. De los
ecu sos económicos que p opo cionaban a sus p opie a ios las colmenas, así como
de la epe cusión que end ía pa a sus economías domés icas la ecolección de plan as
a omá icas, medicinales o aquellas que se ían pa a la ab icación de u ensilios, como
po ejemplo, el espa o.
En de ini i a, aunque esul a di ícil cuan i ica lo que suponía el ap o echamien o
del mon e pa a el municipio de El Pina en el siglo x iii debido a la ausencia de egis-
os donde queda an plasmados, podemos hace nos una idea de la impo ancia de
los ecu sos o es ales, no sólo pa a el concejo como en idad ins i ucional, sino pa a
las economías domés icas del conjun o de la población.