La fragmentación del espacio público en los sistemas democráticos
Abstract
La presente investigación se enmarca dentro del Proyecto de Investigación financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación “La configuración del espacio público en las redes sociales y su incidencia sobre la democracia pluralista y la Constitución”. Rf.: PID2019-106118GB-I00/ AEI / 10.13039/501100011033 (IP A. Aguilar Calahorro).
Full text
LA FRAGMENTACIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO EN LOS SISTEMAS DEMOCRÁTICOS The fragmentation of the public sphere in democratic systems Ricardo Martín Morales. Profesor Titular de Derecho Constitucional de la Universidad de Granada 1 Índice: 1. Introducción 2. Democracia y crisis de diagnóstico 3. La transformación del espacio público 4. La tecnología de software social, el alcance real de su poder transformador y el riesgo de banalización del espacio público 5. Las nuevas formas de participación y activismo político 6. El Derecho constitucional ante la disgregación del espacio público 7. Conclusiones 8. Bibliografía citada 1. Introducción La Constitución normativa tiene una clara “vocación de ordenación global de la sociedad”, 2 pero se está encontrando en su andadura por el siglo XXI con una globalización y la fragmentación del espacio público propiciada por diferentes factores. Los dominios digitales se están convirtiendo en nuevos espacios políticos y favoreciendo la deliberación democrática, pero también banalizando el espacio público. La esfera pública se expande, pero hay abiertos más espacios para los individuos que para el desarrollo de la personalidad y más espacios para los colectivos que para el respeto de la diversidad. 3 La teoría sobre la esfera pública de Jürgen Habermas 4 nos sirvió durante décadas para comprender la participación desde la sociedad civil, y sigue 1 La presente investigación se enmarca dentro del Proyecto de Investigación financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación “La configuración del espacio público en las redes sociales y su incidencia sobre la democracia pluralista y la Constitución”. Rf.: PID2019-106118GB-I00/ AEI / 10.13039/501100011033 (IP A. Aguilar Calahorro). 2 BALAGUER CALLEJÓN, F., “Las dos grandes crisis del constitucionalismo frente a la globalización en el siglo XXI”, Revista de Derecho Constitucional Europeo, núm. 30 “Internet y Democracia”, p. 53. 3 Como sostiene W. Heuer, siguiendo a Arendt, es más fácil encontrar en la esfera pública espacios para colectivos e individuos, que para la diversidad y la personalidad. Vid. HEUER, Wolfgang, “Las tentaciones de la mentira”, Universitas Philosophica, núm. 72, año 36, enerojunio 2019, Bogotá, Colombia. 4 Cfr. HABERMAS, J., Historia y crítica de la opinión pública, 2ª ed, Gustavo Gili S.A., Barcelona, 1982 [1962].
P á g i n a | 2 sirviéndonos, pero resulta insuficiente para explicar la actual disgregación del espacio público y la aparición de una pluralidad de subculturas. 5 La cultura digital ha incorporado nuevos géneros y formatos que no existían en la comunicación de masas. Desde 2004 lo online y lo offline han convivido como espacios interrelacionados y no separados. 6 Aunque el activismo digital ha restado importancia a la congregación física, esta sigue siendo fundamental en la era digital. 7 ¿Cómo ha sido el devenir de la evolución del espacio público?, ¿Cuál es el poder transformador real de la tecnología del software social? ¿Revitaliza más que perjudica la democracia? Son algunas de las cuestiones que iremos abordando en la presente investigación. 2. Democracia y crisis de diagnóstico La democracia evoluciona en un mundo que ve desaparecer la arquitectonia de los espacios donde se había desplegado hasta ahora, encontrándose en una especie de “interregno”. 8 Es sentida por los ciudadanos como un ideal abstracto e incuestionable, alejado, poco práctico y que se desarrolla dentro de “una desazón creciente”; 9 parecen adormecidas y cansadas nuestras modernas democracias, como si ya no hubiese un sitio adonde ir. 10 Todo ello 5 Vid. PECOURT GRACIA, J., “La esfera pública digital y el activismo político”, Política y Sociedad, vol. 52, núm. 1, 2015, pp. 77 y 93. Disponible en: http://dx.doi.org/10.5209/rev_POSO.2015.v1.n52.45423 (últ. consulta: 23/8/2021) 6 MÁRQUEZ, I., “El debate sobre la esfera pública digital: Apocalípticos e integrados”, de Signis, núm. 24, 2016, p. 31. 7 Vid. CASTELLS, M., Redes de indignación y esperanza, Alianza, Madrid, 2012, p. 27. 8 VILLALOBOS-RUMINOTT, S., “Acerca de la posibilidad de una democracia salvaje”, Rev. Pensamiento al margen, Revista digital, núm. especial “Infrapolítica y democracia”, 2018, pp. 35 y 56. Disponible en: https://pensamientoalmargen.com/wp-content/uploads/2018/09/Acercade-la-posibilidad-de-una-democracia-salvaje-2.pdf (última consulta: 4/9/2021) 9 GIL DE GÓMEZ PÉREZ-ARADROS, C., “¿Qué democracia tenemos? Democracia real y democracia liberal representativa”, Nómadas, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, núm. 40 (2013.4), p. 13. 10 Incluso el día de las elecciones, que son la “fiesta” de la democracia. Ese día, en lugar de ir a votar, unos se quedan meditando en sus torres de marfil, otros prefieren exhibirse como contrapoder ataviados con sus chalecos de colores, otros simplemente se van a la playa y otros interpretan la jornada electoral como el día nacional de la reivindicación de la utopía y se limitan a experimentar desde casa la clásica sensación del “eterno retorno” (imagen nietzscheana de la repetición). Ni que decir tiene que mucho antes de llegar a este estado de cosas el “patriotismo constitucional” de Dolf Sternberger y Jürgen Häbermas se han quedado por el camino.
P á g i n a | 3 sucede a mayor velocidad de la que permite nuestro análisis, hasta el punto de que la situación actual ha sido calificada como “crisis de diagnóstico”. 11 Los espacios de intermediación política son cada vez más complejos, los actores más numerosos y los enmarques desde los que analizar estos fenómenos más indefinidos. 12 Han ido además “perdiendo su carácter de referentes el largo plazo y la continuidad del espacio”, todo fluye continuamente, generando formas de vida centradas “en la inmediatez y en la discontinuidad”. 13 Al Estado democrático le está costando perseverar en sus definiciones convencionales porque los criterios definitorios de la soberanía están cuestionados 14 . No dispone el Estado de mecanismos jurídicos eficaces para controlar la inflación de poder que supone la auto-referencia del sistema de partidos políticos, ni para controlar los verdaderos centros de poder (neocorporatismo). 15 Las soluciones para relegitimar el constitucionalismo ya no están en manos del Estado y de la Constitución nacional, sino que dependen del contexto supranacional y, en el caso de la Unión Europea, de la capacidad que tengamos para constitucionalizarla. 16 Pero las soluciones no terminan de llegar, es como si solo el tiempo tuviera el poder de cambiar lo que Le Bon denominaba el genio de las naciones. 17 3. La transformación del espacio público 11 SASSEN, Saskia (2011): Nuevas Geopolíticas, Barcelona, Breus CCCB, 2011, p. 5. 12 MARTÍNEZ-BASCUÑÁN, M.: “Democracia y redes sociales: el ejemplo de twitter”, Revista de Estudios Políticos (nueva época), núm. 168, Madrid, abril-junio 2015, p. 177. 13 RODRÍGUEZ VILLEGAS, E., “Consumo, Flexibilidad y riesgo: el paradigma de lo efímero”, La psicología social en los procesos electorales, la educación y la vida cotidiana (Coordinador: Dr. Abraham Quiroz Palacios), ed. Puebla, 2008, p. 153. 14 VILLALOBOS-RUMINOTT, S., op. cit., pp. 35 y 56. Disponible en: https://pensamientoalmargen.com/wp-content/uploads/2018/09/Acerca-de-la-posibilidad-deuna-democracia-salvaje-2.pdf (Última consulta: 4/9/2021) 15 MARTÍN CUBAS, J., La teoría de la democracia en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, (Dir. Vicent Franch i Ferrer), Universitat de Valencia, 1994, pp. 462 y 463. Sobre el neocorporatismo, vid. SOLÉ, Carlota, “La recesión del neocorporatismo en España”, Papers Revista de Sociología, núm. 33, 1990, pp. 51-63. Deben diferenciarse la concertación social, en el sentido de implementación de prácticas políticas que configuran un sistema de naturaleza corporativa, y el neocorporatismo como “sistema de representación de intereses e intermediación de los mismos”, aunque exista empíricamente “cierta correlación entre ambos fenómenos en muchos países”. En el caso español “sigue manteniéndose la relación estrecha entre las grandes organizaciones de intereses y los partidos políticos” (p. 60). 16 Vid. BALAGUER CALLEJÓN, F., op. cit., p. 55. 17 LE BON, G., Psicología de las masas, 1ª ed. francesa: 1895. Disponible en: https://upcndigital.org/~ciper/biblioteca/Filosofia%20moderna/Psicologia-de-las-masas-G.-LeBon.pdf (últ. consulta: 17/8/21).
P á g i n a | 4 Es la esfera pública un espacio de espontaneidad social creado desde la sociedad civil para la mediación entre esta y el poder político, un espacio destinado a interpelar al poder político a través de vías ajenas al sistema político formal (los partidos políticos, el derecho de sufragio, etc.). Se debe a Jürgen Habermas uno de los principales desarrollos de la noción de esfera pública. Habermas estudió cómo se fue ésta desarrollando a través de la prensa 18 y otros medios, incluyendo los espacios privados donde se daban las condiciones para debatir cuestiones de interés general mediante la argumentación de lo racional. 19 La esfera pública abre espacios de deliberación sin intermediarios y actúa como un dique de contención que protege el “mundo de la vida” y lo legitima, pero que no va necesariamente contra el sistema ni pretende someterlo. Existen diferentes teorizaciones sobre el espacio público, unas más abstractas y otras más concretas. Se puede usar la noción de espacio público no en un sentido abstracto, para lo que se dejaría el concepto de esfera pública, sino “en el sentido más material del término”, es decir, vinculado a lo que sería “la materialidad del lugar donde se despliega el público”, una materialidad que “no solamente quiere decir espacio físico, sino lo que serían las materialidades en esa relación”. 20 A la esfera pública que se había ido conformando en tiendas, cafés, salones, etc. luego se incorporaron los medios de comunicación de masas. Pero esa esfera pública racional y universalista donde los medios de comunicación serían la clave se encontró con la incapacidad de estos para transformarse democráticamente, 21 al estar supeditados a sus intereses comerciales y muy controlados por el poder político. Tanto en las plazas de las ciudades-estado griegas donde se congregaban los ciudadanos para deliberar, como en la esfera pública burguesa, la participación 18 Con la existencia de un público lector tras la aparición de la imprenta ya se vislumbraba un discurso público que, liderado por poderes sociales, serviría de contrapeso a la autoridad pública del Estado (cfr. PECOURT GRACIA, J., op. cit., p. 78). Kant, que distinguía el uso público y el privado de la razón, ya consideraba que el “uso público de la razón” no tiene lugar en el ámbito del Estado, sino ante “el público entero del mundo de lectores” (KANT, I., En defensa de la Ilustración, Barcelona, Alba Editorial, 1999 [1784], p. 65). Para Kant el representante público no actúa según su voluntad, porque tiene un compromiso con su cargo, al contrario por ejemplo que un escritor. 19 Cfr. HABERMAS, J., op. cit. 20 SABATO, H., Entrevista a Hilda Sabato, Contestación a la pregunta: ¿Qué importancia tienen los conceptos de esfera pública y espacio público en su figura del “pueblo en la calle”? Disponible en: Freie Universität Berlin, https://www.lai.fuberlin.de/forschung/lehrforschung/wissenproduktion_lateinamerikanischer_intelektueller/hilda_s abato/e/index.html (últ. consulta: 1/9/2021). 21 FEENSTRA, R. A., Sociedad civil: democracia monitorizada y medios de comunicación en John Keane, Tesis doctoral, Universitat Jaume I, Castellón, 2010.
P á g i n a | 5 respondía a una lógica de reunión entre iguales, 22 pero en la lógica contemporánea los actores principales pasan a ser los políticos y los periodistas, aunque también la opinión pública cuando se expresa por medio de sondeos. Con la llegada de Internet se ha producido una transformación muy relevante. El espacio público ocupado por los medios de comunicación se ha expandido y disgregado, y la actividad de la Red se desarrolla “en medio de las dificultades de la democracia, la dislocación sociocultural de la modernidad tardía y de la crisis económica”, 23 Esta fragmentación del espacio público propicia que los políticos se desempeñen “en sociedades democráticas con esferas públicas robustas” pero dentro de “una realidad paralela retroalimentada por las redes sociales y unos medios de comunicación disminuidos” que les terminan convirtiendo “en extensiones de un reality” en el escenario de la postpolítica. 24 En un espacio público tan fragmentado ni el parlamento ni ninguna otra institución constituyen un ámbito donde se puedan conocer realmente las distintas alternativas políticas, tanto más si tenemos en cuenta que su capacidad de decisión es sobrepasada por la de otros actores en el ámbito internacional. 25 Precisamente ahora es cuando más se necesita que los parlamentos sean “el lugar de debate sobre la toma de las decisiones más relevantes para la comunidad”, donde la discusión política se lleve a cabo a través de procedimientos “que garanticen la publicidad y el control por parte de las minorías”. 26 El nacimiento de Internet incrementa las posibilidades de lo que se ha dado en llamar una democracia monitorizada, “donde la sociedad civil y la esfera pública adquieren un papel preeminente en la definición del proceso político”. Keane fue uno de los primeros en utilizar la idea de la monitorización 27 para referirse a 22 El derecho a ser iguales y el derecho a ser diferentes son los dos grandes activadores de la acción y del discurso humano y están presentes en todo espacio público, sea el que sea. Como dice Arendt, si los seres humanos no fueran iguales, no podrían entenderse ni planear y prever para el futuro las necesidades de los que llegarán después y, si no fueran distintos de los que existen, han existido o existirán, no necesitarían ni el discurso ni la acción para entenderse. Vid. ARENDT, H., La condición humana, Seix Barral, Barcelona, 1974, p. 233. 23 DAHLGREN, P., “Mejorar la participación: la democracia y el cambiante entorno de la web”, Internet y el futuro de la democracia, Madrid, Paidós, 2012, p. 45. 24 Vid. RUBIO NÚÑEZ, R., La crisis y sus retos para la democracia. ¿Hacia un nuevo contrato político y social?, Estudios de Deusto, Universidad de Deusto, vol. 66/1, enero-junio 2018, p. 228. 25 MARTÍN CUBAS, J., op. cit., p. 458. 26 PRESNO LINERA, M. A., “La calidad de la democracia”, Pensamiento crítico (versión libre de la charla de 7-12-2013, en X Jornadas de Pensamiento Crítico, organizadas por Acción en Red), enero-febrero 2014, epígf. tercero. 27 KEANE, J., The Life and Death of Democracy, Simon & Shuster, Londres, 2009.
P á g i n a | 6 la emergencia de una forma de contrapoder que consiste en la fiscalización de los centros de poder político y económico por parte de la sociedad civil. 28 Las teorías democráticas “participativa”, “deliberativa” y “monitorizada”, aunque diferentes en la definición del proceso político, coinciden en dotar de “un papel destacado a la sociedad civil como un actor central”. La monitorización se entiende como “el escrutinio de la actividad de diferentes actores con poder”. Se trata de una acción que “requiere implicación y seguimiento sobre el actor monitorizado, pero que debe ser entendida como una posible forma de participación entre otras muchas posibles”. La monitorización “no exige la toma de decisiones directas con otros para la construcción de la voluntad común”, sino que su acción consiste “en el seguimiento de una decisión ya tomada”, una actuación a posteriori que examina la corrección de un proceso o toma de decisiones. 29 La democracia monitorizada nos trae, en definitiva, una forma más de observar críticamente el ejercicio del poder, aunque hay que distinguir la acción de monitorizar de otras formas participativas. Está surgiendo una democracia comunicativa que no solo ha “puesto en cuestión la dimensión representativa de la democracia, sino el propio sistema democrático como un todo”. 30 Como explica Juan Pecourt, no existe una única esfera pública, homogénea y global, la esfera pública de masas, ni tampoco un solo activismo, el activismo clásico de la modernidad, porque la era digital nos ha traído nuevos formatos. Pero tampoco cabe hablar de dos grandes esferas públicas “en competencia”, la moderna y la digital, más bien “lo que nos encontramos es un territorio complejo, a la vez globalizado y fragmentado”, 31 donde las plataformas “permiten la producción, difusión, intercambio y remezcla de productos culturales” 32 Es cierto que el activismo digital ha restado importancia a la congregación física, pero esta sigue siendo fundamental también en la era digital, como decíamos en la introducción. El activismo digital “requiere una primera etapa de coordinación, que se realiza en el ámbito de las redes sociales, y una segunda etapa deliberativa y de construcción de comunidad, que se produce en espacios físicos” 33 Además, la progresiva disgregación del espacio público donde la democracia deliberativa debía desplegarse ha dejado paso a una “preeminencia de los 28 FEENSTRA, R. A., op. cit., pp. 423 y 424. 29 FEENSTRA, R. A, ibidem, pp. 421 y 429. 30 MARTÍNEZ-BASCUÑÁN, M., op. cit., p. 196. 31 PECOURT GRACIA, J., op. cit., p. 80. 32 LESSIG, L., Remix: cultura de la remezcla y derechos de autor en el entorno digital, Icària, Barcelona, 2012. 33 CASTELLS, M., op. cit., p. 27.
P á g i n a | 7 asuntos privados”, 34 donde una inmensa clase media juega a ser lo que no es sin preocuparse ni por el interés general ni por todo aquello que no pueda darle un rédito económico e inmediato, 35 y sin que por el momento sepamos si estamos llegando al final o nos encontramos en un episodio de un proceso evolutivo más amplio del modelo. 4. La tecnología de software social, el alcance real de su poder transformador y el riesgo de banalización del espacio público Los dominios digitales se han convertido en nuevos espacios políticos, pero no estamos todavía en condiciones de afirmar si están ayudando más a profundizar en la democracia que a banalizar el espacio público. Nos centraremos en este nuevo epígrafe en dos cuestiones: 1. ¿Qué poder transformador tiene realmente la tecnología de software social? 2. ¿Revitalizará o perjudicará a la democracia esta tecnología? 1. La tecnología del software social tiene un poder transformador intrínseco, al margen del contexto socio-político, económico y cultural, pero con los datos de que actualmente disponemos no es fácil medir su alcance. Es cierto que en la segunda década de este siglo se han producido a nivel planetario revueltas donde los blogs, wikis, crowdsourcing, crowdfunding y principalmente las redes sociales han contribuido enormemente a vehiculizar dichos procesos (las revoluciones árabes, las acciones de protesta en Wall Street, el movimiento 15M en España, etc.), pero ello no quiere decir que las hayan generado o propiciado, habiendo estudios empíricos que desmienten que lo hayan hecho. Tampoco está demostrado que los participantes no utilizasen complementariamente otros medios de comunicación para organizarlas. No se puede decir, por tanto, que estas revueltas o estallidos sociales hayan sido la consecuencia automática de la utilización de las redes y demás tecnología digital. 36 2. En relación a la posibilidad de que las nuevas tecnologías contribuyan realmente a la revitalización de la democracia, 37 hay diferentes puntos de vista 34 La transformación de la actividad laboral que ha traído la tecnología informática, así como las nuevas formas de relación caracterizadas por estilos “flexibles” de ejercicio del poder, permiten a las personas disponer de mayor cantidad de tiempo libre, aunque desde otra perspectiva esa sensación de mayor disponibilidad de tiempo “va dirigida fundamentalmente a la creación de la necesidad del consumo”, actuando el ocio “como el detonador de la explosión consumista de las sociedades post-industriales”. Vid. RODRÍGUEZ VILLEGAS, E., op. cit., p. 153. 35 GIL DE GÓMEZ PÉREZ-ARADROS, C., “¿Qué democracia tenemos? Democracia real y democracia liberal representativa”, Nómadas, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, núm. 40 (2013.4), p. 13. 36 TRERÉ, E., “Distorsiones tecnopolíticas: represión y resistencia algorítmica del activismo ciudadano en la era del ‘big data’, Trípodos, núm. 39, 2016, p. 47. 37 A una democracia adormecida solo la despierta la fortaleza de los que están dispuestos a “poner más”. También en el Estado social siempre hay uno que contribuye más que otro. Si eres juez de un Estado de Derecho, lo verás desde primera fila. Si eres diputado de un Estado
P á g i n a | 8 que, simplificando mucho, se podrían resumir en dos: los “ciberoptimistas” y los “ciberpesimistas”, por llamarlos de alguna manera, que no es la única. 38 Para los “ciberoptimistas” las redes sociales contribuirán a solucionar muchos de los problemas de las actuales democracias, ya que las potencialidades de Internet favorecen la deliberación y la participación. Los “ciberescépticos” ponen el énfasis en sus limitaciones y sobre todo en sus posibles usos dobles o torticeros, rebajando las expectativas de lo que se puede esperar de la tecnología digital para revitalizar la democracia. 39 Para enfocar el debate, que se encuentra abierto, 40 conviene ponderar, junto a los beneficios que lógicamente traen las nuevas tecnologías, todo un conjunto de factores que han sido descritos con rigor por Martínez-Bascuñán: 41 1) el hecho de que el tuitero acaba generando desafección política, aunque parezca tener un perfil político; 2) la repentina pérdida de control sobre las propias opiniones que se produce nada más subirlas a la Red; 3) la inundante sensación de copresencia en la Red, la llamada “metafísica de la presencia”, donde se alimenta el deseo de acceso inmediato al significado de las cosas, con la consiguiente difuminación entre la acción de opinar y razonar, siendo el razonamiento es esencial en la deliberación democrática; 4) la ausencia de mediadores o representantes en el debate político en red, que conecta democrático lo verás también desde primera fila. Si eres médico o maestro, verás el Estado social desde primera fila. No verás a los del “gallinero”, pero ellos a ti sí. No hay nada que tenga más fuerza en una democracia venida a menos, como la nuestra, que un buen ejemplo. Los problemas para una democracia comienzan cuando los que “más contribuyen” se sienten vulnerables, abandonados. Por eso, entre otras razones, cuesta tanto a las democracias mantenerse pujantes. 38 Por ejemplo, Israel Márquez diferencia entre “apocalípticos” e “integrados”, readaptando la clásica distinción que hiciera Umberto Eco en 1964. Vid. MÁRQUEZ, I., op. cit., p. 30. También se utilizan otras denominaciones: utópicos y distópicos, tecnooptimistas y tecnopesimistas, etc. 39 Vid. LUCAS GALLEGO, G., Comunicación, Verdad y Democracia. Dinámicas políticoepistémicas en el horizonte digital, tesis doctoral (Dtor. Moya Cantero, E.), Universidad de Murcia, 2019, pp. 312 y 313. 40 Vid. MÁRQUEZ, I., cit., p. 31. Entre los autores que defienden las oportunidades que ofrecen los medios digitales para la revitalización de la democracia, cfr. CASTELLS, M., op. cit., 2012; BENKLER, Y., The wealth of networks. How social production transforms markets and freedom, New Haven (CT), Yale University Press, 2007; SHIRKY, C., Here comes everybody. The power of organising without organizations, Nueva York, Penguin Press, 2008; etc. Entre los que rebajan las expectativas de lo que se puede esperar de la tecnología digital para robustecer la democracia, vid., por ejemplo, FUCHS, Ch., Retos para la democracia: Medios sociales y esfera pública, Telos, núm. 98, junio-septiembre 2014; GLADWELL, Malcolm, Pequeño Cambio: Por qué no se tuiteará la revolución, The New Yorker, 27 de septiembre de 2010, disponible en: http://www.newyorker.com/magazine/2010/10/04/small-change-3 (última consulta: 4/9/2021); TERRANOVA, T., Network culture: politics for the information age, Londres, Pluto Press, 2004; MOROZOV, E., El desengaño de Internet, ed. Destino, Barcelona, 2012; RENDUELES, C., Sociofobia: el cambio político en la era de la utopía digital, Capitán Swing, Madrid, 2013; etc. 41 MARTÍNEZ-BASCUÑÁN, M., op. cit., pp. 191-194.
P á g i n a | 9 ilusoriamente con la idea de la democracia directa o la de transparencia; 5) la despersonalización, en el sentido de que los sujetos son sustituidos por su propia representación en Red; 6) la tendencia a cosificar las opiniones, que pasan a ser atributos de la propia personalidad, provocando lo que Fernando Vallespín denomina el “narcisismo de la opinión” 42 ; etc. De entre los sesgos cognitivos habitualmente utilizados en nuestras campañas electorales 43 tres de ellos se han visto especialmente potenciados por las nuevas tecnologías, aumentando a través de ellas su capacidad para desinformar: 1) el “efecto de arrastre”, que es la tendencia a creer en algo porque muchas personas lo creen; b) la “ilusión de control”, que consiste en la tendencia a sobreestimar nuestra propia influencia sobre eventos externos y c) la tendencia a buscar siempre información, aunque sea innecesaria. 44 Las nuevas tecnologías de la comunicación permiten a la ciudadanía participar de manera más intensa en la vida política, democratizan la información y permiten un mejor estudio del electorado. 45 Hubo un momento en que se llegó a pensar que el auge de las redes socio-digitales tendría un efecto democratizador, porque se daría voz a sectores hasta entonces ausentes del debate político, 46 pero con escándalos relacionados con el Big Data, como el 42 VALLESPÍN, F., La mentira os hará libres: realidad y ficción en la democracia, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2012, pp. 105-114. 43 Vid. GONZÁLEZ DE LA GARZA, L. M., “Teoría de sesgos en el sistema educativo de la democracia del siglo XXI. Nuevas garantías para la libertad de pensamiento. El derecho a no ser engañados”, Revista de Educación y Derecho, núm. 22, abrilseptiembre 2020, pp. 8-11. Una descripción general, a la que el autor nos remite, en POHL, Rüdiger F., “Cognitive Illusions. A Handbook of Fallacies and Biases in Thinking, Judgment and Memory”, Psychology Press, Taylor y Francis Group, New York, 2004, p. 40. 44 Las civilizaciones nunca han prosperado, ni lo harán en el futuro, si no disponen de información cuantiosa y fiable (FRANKFURT, Harry G., Sobre la charlatanería (on bullshit) y sobre la verdad, Paidós-contextos, Barcelona-Buenos Aires-México, 2013), pero así como el exceso de luz ciega, la información interesadamente desestructurada también supone un déficit de información. 45 RUBIO NÚÑEZ, R., “los efectos de la posverdad en la democracia”, Revista de Derecho Político, núm. 103, septiembre-diciembre 2018, pp. 221-223. Pero el mejor conocimiento de las preferencias del electorado propicia que, cuando se comprueba que la mayoría de la población ya está decidida (convencida o perdida), las campañas electorales se orienten casi exclusivamente en los indecisos a través de “mensajes con un altísimo grado de personalización, eso sí industrializada”, que sustituyen a los mensajes generales (RUBIO NÚÑEZ, R., ibidem). 46 Lo que caracteriza a la economía de la información en red es que la acción individual descentralizada desempeña un papel mucho más importante del que desempeñaba, o podía desempeñar, en la economía de la información industrial, en particular porque se trata de una acción coordinada y distribuida a través de medios no mercantiles que no dependen de estrategias privativas (BENKLER, Y., La riqueza de las redes. Cómo la producción social transforma los mercados y la libertad, Icaria Editorial, Barcelona, 2015, p. 37). Benkler utiliza la idea del “procomún”, producción entre iguales basada en el “procomún".
P á g i n a | 16 9. La deliberación en democracia es cultura, lo que significa que no es neutra. 80 Si la democracia fuese un concepto bastaría con definirlo, 81 pero la democracia es ante todo una experiencia social basada en el esfuerzo colectivo de un pueblo conquistando su libertad. Por eso la democracia no se enseña, se aprende. 82 10. Dentro de cada democracia hay algo que le otorga una especificidad sin la que no puede ser bien comprendida. Del mismo modo que la democracia ateniense no podía entenderse sin la educación de los ciudadanos, que le daba plano políticodice Francisco Balaguer- “esas actitudes sociales negativas incrementan la agresividad en el espacio público, aumentando la dificultad para llegar a acuerdos entre los agentes políticos”. 80 La identidad cultural “es un producto de relaciones, diálogos, de conflictos también, de reconfiguraciones”, a partir de los cuales una colectividad o un pueblo toma conciencia de su propia historia y diseña su futuro (BARATA-MOURA, J., “En torno a la identidad. La comunidad como trabajo”, Isegoría, núm. 24, 2001, p. 203). 81 No es fácil ordenar dogmáticamente lo que Schedler denomina un “universo de regímenes ambiguos” (SCHEDLER, Andreas: “Elecciones sin democracia. El menú de la manipulación electoral”, Estudios Políticos, núm. 24, Medellín, enero-junio 2004, p. 139). Algunos autores han trabajado con amplias categorías intermedias de democracia, como los “regímenes democratizadores” o la “semidemocracia”, o han desarrollado listas de “subtipos disminuidos” más específicos (sobre los “subtipos disminuidos” de la democracia, véase COLLIER, David y LEVITSKY, Steven, “Democracy with adjectives: conceptual innovation in comparative research”, World Politics, 49, abril de 1997, pp. 430-451), como la democracia “iliberal” (acerca de la “democracia iliberal”, véase: FAREED, Zakaria. “The rise of illiberal democracy”. Foreign Affairs, 76 (6), 1997, pp. 22-43) o “delegativa” (sobre la “democracia delegativa”, vid. O’DONNELL, Guillermo, “Delegative democracy”, Journal of Democracy, 5 (1), Johns Hopkins University Press, Washington, enero de 1994, pp. 55-69). Schedler propone llenar el espacio conceptual entre los polos opuestos de la democracia liberal y el autoritarismo cerrado con dos categorías simétricas: la democracia electoral y el autoritarismo electoral, de manera que la tipología cuádruple consiga ser más descriptiva, pero sin abandonar la idea de que es posible establecer una distinción significativa entre los regímenes democráticos y los autoritarios (SCHEDLER, Andreas, ibidem). 82 La plasmación en la Constitución de una experiencia democrática, su momento constituyente, es el final y el principio. La Constitución es, como dice Pérez Royo, punto de llegada de un proceso político y punto de partida de un ordenamiento jurídico (PÉREZ ROYO, J., Curso de Derecho Constitucional, Madrid, 1995, p. 52). Por esta razón las normas constitucionales no solo irrumpen en la historia, sino que parecen escribir la misma historia. Pero a partir del momento constituyente, ni el más democrático de todos los pueblos puede mantener una pulsión democrática constante, no así una constante aspiración democrática. Si la democracia que ansía para su futuro un pueblo es auténtica, su patriotismo constitucional le dará esperanza. Si no, le creará problemas. La democracia es “la consecuencia organizativa de la dignidad humana” (HÄBERLE, P., “El Estado constitucional europeo”, Revista de Derecho Constitucional Europeo, ReDCE, núm. 11, 2009, p. 419; también publicado en Cuestiones Constitucionales, Revista Mexicana de Derecho Constitucional, núm. 2, México, enero-junio, 2000), un “valor universal que remite al valor singular de cada ser humano” (BOFF, L., La dignidad de la tierra. Ecología, mundialización, espiritualidad. La emergencia de un nuevo paradigma, ed. Trotta, Valladolid, 2000, p. 93).
P á g i n a | 17 al espacio público un contenido particular, 83 nuestras modernas democracias no podrían ya comprenderse sin los dominios digitales, que se han convertido en nuevos espacios políticos. 11. La sensación de co-presencia en la red alimenta el deseo de acceder al entendimiento rápido de los problemas y de su solución, lo que hace que las reflexiones más profundas, que son de las más se nutre la democracia, queden en un segundo plano. Por otra parte, la ausencia de mediadores en el debate político en red conecta ilusoriamente con las ideas de democracia directa y de transparencia. 84 12. La comunicación en red está frecuentemente relacionada con la participación esporádica 85 y el activismo político débil, de poco compromiso con el mundo real 86 . 13. Han cambiado las nuevas tecnologías el protagonismo casi exclusivo en la transmisión del mensaje político que antes tenían los partidos políticos, los cuales tenderán a ser en el futuro “más ligeros y menos tentaculares” 87 14. Las campañas electorales se orientan casi exclusivamente hacia los indecisos, que ahora pueden ser rápidamente localizados gracias a las técnicas del Big Data. Se habla de una democracia sentimental para hacer referencia a la facilidad de las nuevas tecnologías para manipular los sentimientos y comportamientos de la opinión pública y para construir relatos alternativos de la realidad en la era de la posverdad. 88 15. En un espacio público tan fragmentado el parlamento no es un ámbito donde poder conocer bien las distintas alternativas u opciones políticas, máxime si tenemos en cuenta que sus funciones están siendo sobrepasadas constantemente por las de otros actores en el ámbito internacional. Ni el parlamento ni ninguna otra institución democrática lo es. 83 CASTORIADIS, C., Los dominios del hombre. Las encrucijadas del laberinto, Gedisa, Barcelona, 2005, p. 123. 84 MARTÍNEZ-BASCUÑÁN, M., op. cit., pp. 191-194. 85 PECOURT GRACIA, J., op. cit., pp. 81 y ss. 86 MOROZOV, E. The brave new…, cit. 87 FROSINI, T. E., “Internet y democracia”, Revista de Derecho Constitucional Europeo, núm. 30 “Internet y democracia”, p. 75. 88 RUBIO NÚÑEZ, R., op. cit., pp. 221-223. Nuestras actuales democracias se están desarrollando en la era de la posverdad, cuestión en la que no nos hemos detenido en este trabajo, pero que resulta determinante. Lo más peligroso de la posverdad “es que necesita de la pospolítica” y esta representa la antítesis de la política del bien común a la que se refiere Max Weber: “El político debe tener amor apasionado por su causa, ética en el ejercicio de su responsabilidad y mesura en sus actuaciones” (GUTIÉRREZ-RUBÍ, A., Posverdad y pospolítica, 10 mayo 2017, disponible en: https://www.gutierrez-rubi.es/2017/05/10/posverdadpospolitica/ (últ. consulta: 10/8/21). Publicado también en Revista Ethic, núm. 30, 2017).
P á g i n a | 18 16. El parlamento es el templo de la democracia representativa, el oráculo de la democracia; la calle el templo de la democracia participativa; el aula el templo de la democracia social y la incubadora de la ética pública. Los medios de comunicación han sido el templo de la democracia comunicativa y ahora también lo son las redes sociales. Pero la principal batalla por la democracia no se libra hoy día en ninguno de estos espacios. Esa batalla se está librando en otra parte: por los jueces en la defensa de su independencia frente al poder político; por los funcionarios en su compromiso con lo público; por la prensa en su activismo contra la corrupción; por las fuerzas y cuerpos de seguridad en su lucha contra el terrorismo y la delincuencia organizada; etc. Todos ellos sobreviven en plena batalla sin más ayuda que su propia empuñadura. 89 La democracia no está instalada en ningún lugar, nos está sucediendo. El devenir de la democracia depende, en cualquier espacio público, de la manera de ser y estar dentro de ella cada uno de nosotros. 8. Bibliografía citada ALONSO MUÑOZ, L., “Redes sociales y democracia. Una aproximación al debate sobre una relación compleja”, en Fòrum de Recerca, núm. 20, 2015, pp. 557-569. Disponible en: http://dx.doi.org/10.6035/ForumRecerca.2015.20.37 (últ. cons.: 23/8/2021) ARENDT, H., La condición humana, Seix Barral, Barcelona, 1974. BALAGUER CALLEJÓN, F., “Las dos grandes crisis del constitucionalismo frente a la globalización en el siglo XXI”, Revista de Derecho Constitucional Europeo, núm. 30 “Internet y Democracia”, pp. 37-62. BARATA-MOURA, J., “En torno a la identidad. La comunidad como trabajo”, Isegoría, núm. 24, 2001. BENAVIDES, Manuel, “El pecado original y la democracia”, El País, 21 de enero de 1982. BENKLER, Y., The wealth of networks. How social production transforms markets and freedom, New Haven (CT), Yale University Press, 2007. --- La riqueza de las redes. Cómo la producción social transforma los mercados y la libertad, Icaria Editorial, Barcelona, 2015. BOFF, L., La dignidad de la tierra. Ecología, mundialización, espiritualidad. La emergencia de un nuevo paradigma, ed. Trotta, Valladolid, 2000. CASTELLS, M., Redes de indignación y esperanza, Alianza, Madrid, 2012. CASTORIADIS, C., Los dominios del hombre. Las encrucijadas del laberinto, Gedisa, Barcelona, 2005. COLLIER, David y LEVITSKY, Steven, “Democracy with adjectives: conceptual innovation in comparative research”, World Politics, 49, abril de 1997, pp. 430-451. 89 MARTÍN MORALES, R., Las propiedades paradójicas del Derecho constitucional”, CivitasThomson Reuters, Navarra, 2013, pp. 66 y 67.
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