Aplicaciones de la microsociología de Erving Goffman a las competencias del intérprete de conferencias
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GRADO EN TRADUCCIÓN E INTERPRETACIÓN TRABAJO FIN DE GRADO APLICACIONES DE LA MICROSOCIOLOGÍA DE ERVING GOFFMAN A LAS COMPETENCIAS DEL INTÉRPRETE DE CONFERENCIAS ENRIQUE HERNÁNDEZ PÉREZ Tutor: Dr. Óscar Jiménez Serrano Curso académico 2020/2021
ÍNDICE DE CONTENIDOS 1. Introducción. Estado de la cuestión, objetivos y metodología……………….3 2. Principios de microsociología: Erving Goffman……………………………...6 3. Teoría de los marcos…………………………………………………………..10 4. Teoría de la proyección……………………………………………………….13 5. Teoría de la copresencia………………………………………………………17 6. Conclusiones y resultados…………………………………………………….21 7. Referencias bibliográficas…………………………………………………….23
3 1. Introducción. Estado de la cuestión, objetivos y metodología «No existe nada tan eficaz como otra persona para que demos vida a nuestro propio mundo, ni nada como una mirada, un gesto o un comentario para que se marchite la realidad que habitamos» (Goffman, 1961, p. 38). En este pasaje de Encounters: Two Studies in the Sociology of Interaction, Erving Goffman destaca, en el contexto de las dinámicas en las que se estructuran los juegos, la importancia de las personas y la interacción social a la hora de definir la realidad. El análisis de las interacciones orales permite, con la ayuda de la microsociología, entender la realidad social cotidiana. En esta realidad heterogénea tan difícil de sistematizar y cada vez más intercultural, la figura del intérprete o del mediador cultural ya no resulta tan extraña como antaño. No obstante, los estudios sociológicos con tintes multiculturales tienden a olvidarse del papel del intérprete en pos de enfoques etnometodológicos más centrados en los aspectos culturales. De esta forma, aunque el intérprete sea una figura exógena a la interacción social y se encuentre normalmente fuera de las burbujas semipermeables de los participantes, al negarle su espacio en la literatura académica, se invisibiliza también su existencia física. El gran problema, sin embargo, no es que la sociología no se acuerde de los intérpretes, sino que los mismos intérpretes se olviden de su propio valor sociológico. Esto provoca que la literatura existente dentro del campo de la traducción e interpretación en la que se desarrollen y apliquen enfoques sociológicos a la práctica de la interpretación sea prácticamente inexistente. Aunque se pueden encontrar algunos manuales de referencia como Towards a Sociology of Interpreting: The Embedded Strangers (2009), tesis doctoral de Deborah Giustini; o Interpreting as Interaction. On dialogue-interpreting in immigration hearings and medical encounters (1998), monografía de Cecilia Wadensj; todavía falta un gran compendio en el que se apliquen las principales teorías de la sociología a la interpretación. Por otra parte, la poca literatura que existe sobre el tema se centra en la interpretación social, no en la interpretación de conferencias. Es importante matizar, desde un primer momento, la diferencia entre estas dos modalidades de interpretación, porque son las enormes diferencias sociológicas que existen entre ambas las que han provocado este tratamiento desigual. Siguiendo la definición de Abril (2004), la interpretación social es la «mediación lingüística que facilita la comunicación entre los servicios públicos de un país (instituciones judiciales, policiales, médico-
4 sanitarias o sociales) y los usuarios de dichos servicios que no hablan la lengua oficial (inmigrantes, poblaciones indígenas, personas sordas y turistas)». La interpretación social resulta más atractiva para la sociología, en primer lugar, por la disposición física del intérprete. En la interpretación simultánea, el intérprete se encuentra aislado en la cabina, a una distancia prudencial de los oradores. Esto hace que el intérprete sea prácticamente invisible a los ojos de los intervinientes durante la interacción, cosa que no sucede en la interpretación social, en la que los participantes se dirigen directamente al intérprete, que reparte los turnos de palabra y media la comunicación. En segundo lugar, la clara dicotomía en la diferencia de estatus entre los integrantes de la interacción en los contextos de interpretación social es mucho más interesante para la sociología, que puede ahondar en aspectos como las divergencias culturales o el respeto de la neutralidad deontológica del intérprete. Por el contrario, en la interpretación de conferencias los participantes parten de un origen y de unos intereses comunes, por lo que su análisis puede resultar menos provechoso. Por último, la modalidad interpretativa predominante en interpretación social es la bilateral, por lo que los oradores se dirigen directamente al intérprete, incluyéndolo en la burbuja establecida de interacción. Esto dista del escenario de la interpretación de conferencias, en el que, debido al uso casi exclusivo de interpretación simultánea y consecutiva, el grado de interacción entre los intervinientes y el intérprete es casi inexistente. Es por ello que, al poder extraer más conclusiones de los entornos propios de la interpretación social, la literatura no se ha detenido a analizar las particularidades sociológicas de la interpretación de conferencias. El hecho de que no existan análisis sobre la sociología de la interpretación de conferencias no implica que sus intérpretes no necesiten dominar sus mecanismos. Así pues, este estudio se plantea con el objetivo de cubrir ese vacío presente en la literatura y proporcionar a los intérpretes de conferencias las directrices que necesitan sobre las herramientas sociológicas que deben incorporar en sus marcos de competencias. En consecuencia, podrán adaptarse mejor a los entornos en los que interpretan y, por tanto, ofrecer servicios de mejor calidad. Desde el punto de vista de las competencias, estos mecanismos se podrían aplicar directamente al modelo de competencias de Kelly (2002), concretamente a la subcompetencia
5 interpersonal, que engloba la «capacidad para interrelacionarse y trabajar profesionalmente en equipo, con otros traductores y profesionales» y «también con los clientes, iniciadores, autores, usuarios y expertos en las materias objeto de traducción». No obstante, aunque tomemos como referencia el enfoque de Kelly, más centrado en la traducción, se podrían añadir algunas cualidades que el intérprete debe poseer. Por ejemplo, este debe conocer el entorno en el que realiza sus servicios, saber adaptarse al papel que le corresponde según la situación, comprender las interacciones ritualizadas del marco o ser consciente de su papel semipermeable ratificado en los contextos en los que interpreta. Por eso, en este estudio se propone la creación de la subcompetencia sociológica, una nueva competencia exclusiva del intérprete que se añadiría a las siete convencionales que ya propuso Kelly. Siguiendo el modelo que Inghilleri estableció en su artículo «The Sociology of Bourdieu and the Construction of the “Object” in Translation and Interpreting Studies» (2005), en el que relacionaba la teoría del espacio social del pensador francés con la práctica de la traducción e interpretación, en este estudio se aplican las ideas del microsociólogo canadiense Erving Goffman, «el sociólogo americano más influyente del siglo XX» según Fine y Manning (2003, p. 34), al campo de la interpretación de conferencias. Las teorías que se muestran están relacionadas, sobre todo, con el análisis sociolingüístico de las interacciones orales, la estratificación entre contextos y la forma en la que el intérprete se define, se proyecta y se relaciona dentro de cada escenario y burbuja de interacción. La metodología que emplea este estudio se basa en un recorrido pormenorizado por tres de las teorías más importantes del canadiense, las de mayor utilidad para los intérpretes, junto con las nociones de microsociología que permitan que el intérprete que no tenga formación en este campo sea capaz de comprender las directrices propuestas. Las teorías goffmanianas que se analizan son, en concreto, la teoría de los marcos, la de la proyección y la de la copresencia. Para respaldar las tesis que se proponen y profundizar en el contenido de las teorías, se realiza un estudio comparado de sus obras, sobre todo de aquellas más relacionadas con la interacción oral: Frame Analysis: An Essay on the Organization of Experience (1974) y Forms of Talk (1981). Por otra parte, el estudio incluye materiales académicos de expertos en sociología del lenguaje e interpretación social, logrando así ofrecer aplicaciones directas y específicas de estas
6 teorías en el terreno de la interpretación de conferencias y garantizar la calidad de las directrices propuestas. 2. Principios de microsociología: Erving Goffman La sociología es una ciencia relativamente joven que nace en el siglo XIX fruto de la necesidad de explicar los tumultuosos cambios que provocaron tanto la Revolución Francesa como la Revolución Industrial. Partiendo de las teorías del positivismo, Auguste Comte fue el primero en acuñar el término «sociología» en 1838 en su Curso de filosofía positiva. Sus padres fundadores son, aparte del ya mencionado pensador francés, los filósofos Émile Durkheim, Karl Marx y Max Weber, por lo que la cuna de la sociología fue la Europa occidental, aunque pronto se extendió a las escuelas de pensamiento de América del Norte. Como sucede en la mayoría de las ciencias sociales, no existe consenso a la hora de definir en qué consiste la sociología. No obstante, la sugerida por el estadounidense Inkeles (1965) proporciona una aproximación bastante exhaustiva a la disciplina. Para él, la sociología estudia, por una parte, las características e interrelaciones de las instituciones (como, por ejemplo, la familia) en el contexto de la sociedad general y, por otra, las relaciones sociales que se producen en estas y que, a su vez, sirven para definir las instituciones. Partiendo de esta premisa, la microsociología es la rama de la sociología que se encarga del estudio de las interacciones que se establecen entre, al menos, dos individuos. Por ende, sus análisis tienen como base la realidad local cotidiana, dejando de lado aspectos más globales como el estudio de las poblaciones o los sistemas sociales, algo más propio de la macrosociología. Goffman se podría encuadrar en el campo de la microsociología ya que, tal y como afirma Giddens (1988), sus «descriptivas investigaciones se centran en las microformas de comportamientos voluntarios» y se estructuran en base a un «conjunto de consideraciones y supuestos más centrados en la copresencia física que en la propia naturaleza de los grupos». Además, como explican Fine y Manning (2003, p. 34), «Goffman no intentó, en ningún momento de sus treinta años de carrera académica, ni elaborar una macroteoría de la sociedad ni plantear interrogantes sobre cuestiones transhistóricas relacionadas con el orden social».
7 Erving Goffman nació en Mannville, Alberta, Canadá, en 1922. Tras graduarse en sociología en la Universidad de Toronto, realizó sus estudios de doctorado en la Universidad de Chicago. Esta transición hacia la vida estadounidense, sobre todo hacia las particularidades de Chicago, fue complicada para Goffman, algo que propició que se volviera más sarcástico y mordaz, ganándose el apodo entre sus compañeros de «el pequeño puñal» (Winkin, 1988, p. 28). Aunque en su tesis doctoral realizó un estudio etnográfico de la sociedad de la Isla de Unst (Escocia), ya se pueden vislumbrar en esta algunas de las ideas que marcarán el transcurso de su carrera académica, como son «el interés por el orden de las interacciones en la vida cotidiana, su preocupación por la etnografía y la sociología cualitativa, y su fría ironía característica» (Williams, 1980, p. 210). Tal y como establecieron Fine y Manning (2003, p. 43), la producción académica de Goffman se puede dividir en función de la evolución de sus teorías. Tras seleccionar las obras más interesantes desde el punto de vista de la interpretación, se pueden establecer estas seis etapas: 1. Producciones previas a la etapa «dramatúrgica». Aquí se enmarcan sus primeros trabajos, los que realizó para la Universidad de Chicago, incluida su tesis doctoral. Aunque tiene un mayor interés por aspectos culturales, ya da los primeros indicios de lo que será su estilo literario y sus principales teorías. 2. Investigaciones metafóricas. A esta etapa, característica por su escritura explicativa llena de ejemplos, también se la conoce como «dramatúrgica». Esto se debe a que en The Presentation of Self in Everyday Life (1959) desarrolla su teoría de la teatralidad («dramaticidad» en palabras de Goffman) de las interacciones sociales cotidianas. Esta idea va mucho más allá del tópico literario del theatrum mundi de Calderón de la Barca o de Shakespeare. Goffman sostiene que las situaciones sociales se rigen por estructuras preaprendidas que se reproducen siguiendo un orden casi exacto. Siguiendo esta idea, los participantes establecen mecanismos para convencer a la audiencia de que la interacción existe y esta pueda continuar siguiendo sus parámetros normales. Por ejemplo, el hecho de que cada una de las partes de un juicio use una vestimenta determinada predefinida permite a la audiencia saber qué función tiene cada persona en la interacción y asegura a los interlocutores que el juicio se realiza siguiendo las normas prestablecidas para este tipo de interacción.
8 3. Producción etnográfica: centros psiquiátricos. Gracias a su trabajo de campo en el St. Elizabeth’s Hospital de Washington D. C., Goffman escribió en 1961 Asylums, un conjunto de cuatro ensayos en los que analiza la vida cotidiana de pacientes con enfermedades mentales y propone un esquema teórico de las interacciones entre los pacientes y el personal del hospital. Aunque se trata de una obra etnográfica, su método no se centra tanto en la descripción de los hechos, como sucede en la mayoría de sociólogos, sino que prefiere detenerse a analizar las causas y las consecuencias de los patrones de interacción. En esta obra, presentó su teoría de las «instituciones totales», escenarios en los que el tiempo, el lugar y la actividad de las personas que los habitan están controlados en su totalidad por un equipo superior. Aunque el principal ejemplo de institución social sería una prisión, Goffman prefirió ofrecer un enfoque alternativo con el que podía, al mismo tiempo, presentar rasgos similares y estudiar un entorno diferente al que se supone que tendría que investigar. 4. El orden de las interacciones sociales. Goffman buscó promover el estudio del comportamiento humano cotidiano siguiendo una base funcionalista con un objetivo empírico. En esta etapa, Goffman se interesó por los tipos de eventos sociales, los tipos de audiencias, los niveles de compromiso con una interacción y la representación de uno mismo en la realidad (con un mayor grado de profundidad en comparación con su obra de 1959, The Presentation of Self in Everyday Life). Así pues, en Behavior in Public Places (1963), además de analizar eventos y audiencias, también presentó diversas teorías relacionadas con la copresencia que se explican en el apartado 5 de este estudio. Por otra parte, en Relations in Public (1971) reexamina la representación de uno mismo en sociedad y define los «territorios propios», lugares desde los cuales las personas definen el espacio que les rodea. 5. Los marcos de la vida social. Goffman publicó en 1974 Frame Analysis: An Essay on the Organization of Experience, su obra maestra, la que él mismo concibió con el objetivo de revolucionar la sociología. En ella se definen los conceptos que fundamentaron su teoría de la estructura de la interacción oral y la experiencia social en torno a las ideas de marco (frame) y de análisis de los marcos (frame analysis). Además, cambió la perspectiva que existía en microsociología, gracias a las nociones de modulaciones (keying) y estratificación de los marcos. Estos conceptos se exponen con mayor detenimiento en el apartado 3 de este estudio.
9 6. Lenguaje e interacción social. En esta última etapa, Goffman profundiza en la investigación de los marcos, aplicándolos a conceptos más lingüísticos, debido a la influencia de los paradigmas dominantes de las corrientes etnometodológicas y de análisis conversacional, aunque esquiva caer en un análisis filológico. Partiendo de esta premisa, publicó Forms of Talk (1981), colección de cinco ensayos en los que dictamina, distanciándose de la corriente convencional, que el habla es un elemento social y que debe ser entendida como un elemento sociológico de la situación, no simplemente como un constructo lingüístico. Por tanto, al ser un acto indisociable de la acción social, no debe ser estudiada aisladamente. Esta teoría viene avalada por los conceptos de ritualización, marcos de participación y abstracción, pero, sobre todo, por el de proyección (footing). Esta idea, que acompaña y nutre en todo momento a la de los marcos, propició que Goffman pasase a la posteridad de la sociología. Estas nociones se explican en el apartado 4 de este estudio. No fue solo el carácter innovador de sus ideas lo que le dio fama al canadiense. También marcó un antes y un después en la forma de hacer sociología, gracias a su marcado estilo prácticamente literario. Si hay algo por lo que destaca Goffman, es por la enorme cantidad de ejemplos que incluye en sus obras para ilustrar sus teorías. Aunque ya de por si su prosa es concisa y sencilla, Goffman se toma toda la calma necesaria para explicar claramente sus ideas y su léxico. Por ello, Burns (1992, p. 33) lo define como «sociógrafo» en lugar de sociólogo, por su voluntad constante de crear una sociología nítida y accesible que se despoje de las tendencias retóricas prácticamente filosóficas que esta había adoptado desde su nacimiento. Para evitar caer en el enfrentamiento sistemático con otros sociólogos, Goffman apostaba siempre por el análisis cualitativo, alejándose de la tendencia cuantitativa que buscaba recopilar cantidades ingentes de datos sin ofrecer apenas análisis. No obstante, como ya remarcó Abbott (1997), sus coetáneos no valoraron lo suficiente el enfoque estilístico de Goffman. Con respecto al impacto de Goffman, se le puede considerar un sociólogo de transición entre la escuela de Chicago y los sociólogos más contemporáneos. Sin embargo, la realidad revela que las bases del canadiense fueron las «precursoras de la etnometodología, la teoría de la estructuración, el neoinstitucionalismo y el interaccionismo simbólico posmoderno» (Fine y Manning, 2003, p. 43).
16 de los intérpretes y los enunciados de los intérpretes se refieren a sí mismos y no a los hablantes del discurso fuente» (Lenglet, 2016, p. 242-243). En consecuencia, el intérprete debe ser consciente de que, aunque lo que diga no modificará directamente su proyección personal, un error en su trabajo provocará que la proyección del orador al que interpreta se vea transformada o menoscabada. Por ello, el intérprete debe tener muy presente que todo lo que diga debe atribuirse al orador principal, por lo que debe limitar lo máximo posible la inclusión de añadidos personales, como pueden ser las autocorrecciones, para evitar que «los receptores del discurso meta se queden con cierta incertidumbre sobre el origen de tal autocorrección, que puede atribuirse tanto al hablante del discurso origen como al intérprete» (Monacelli, 2009, p. 138-141, como se citó en Lenglet, 2016, p. 243). En relación con la ratificación de las proyecciones, se plantea la duda de si el intérprete es un participante ratificado de la interacción o no. Tomando como referente la definición más teórica y la realidad de que el intérprete no forma parte ni del cuerpo de oradores (no adquiere el rol de director en sus producciones, su reputación ideológica no está en juego) ni de la audiencia, se podría decir que el intérprete es un participante no ratificado de la interacción. Sin embargo, aunque no aparezca directamente en la burbuja de la situación comunicativa (se le puede llegar a considerar una no-persona, aspecto que se desarrolla en el apartado 5), la interacción no podría seguir adelante sin la presencia del intérprete. Por tanto, la figura del intérprete se sale de la teoría más clásica de la ratificación, llegando a plantear la dicotomía de si se debería crear una categoría especial para situaciones como la suya (una especie de semirratificación) o si es un miembro ratificado de pleno derecho en la comunicación. Sea como fuere, el intérprete en su proyección debe sentirse ratificado en la situación, aunque este proceso no se sancione de manera explícita y su figura no siga el esquema habitual de ratificación. Como consecuencia, el intérprete puede y debe hacer valor de su estatus como miembro ratificado de la comunicación, justificando así posibles rupturas del marco (por ejemplo, para llamar la atención a un orador cuya velocidad de habla puede interferir con la calidad de la interpretación). Para finalizar, la duda más general que puede tener un intérprete con respecto a la proyección es cuál es o cuál debe ser su propia proyección o rol, con qué visión personal debe
17 abordar la situación que interpreta. Partiendo de que se presupone que el intérprete debe mantenerse siempre neutral y limitar su rol a la facilitación del intercambio lingüístico, este adoptará, simultáneamente, tanto su proyección personal en calidad de intérprete como la proyección de la persona a la que interpreta. Tal y como mencionaba Jacobsen (2017, p. 161), «el intérprete tiene un papel importante como coordinador de las situaciones comunicativas de otros en virtud de la proyección que adopte, un rol “íntimamente interdependiente” (Wadensj, 1998, p. 145) con el rol de intérprete de los discursos de otros». En definitiva, tendrá que, realizando un complicado esfuerzo empático, disponer de toda la información posible del orador al que interpreta para ser capaz de meterse en su piel e interiorizar su ideología, interesándose por factores como su filosofía personal o su carácter. Bajo este principio se justifica también la necesidad del intérprete de disponer de conocimientos pasivos de la materia que interpreta para poder posicionarse inequívocamente con la proyección del orador. Este principio ayuda a los intérpretes, sobre todo, en aquellas situaciones en las que debe tratar con un orador con el que no comparte posiciones ideológicas o con el que no simpatiza. Partiendo de esta premisa, deberá ser capaz de asumir la proyección del orador y no dejar que la suya propia se entrometa en su labor. No obstante, no debe olvidar nunca su propia proyección como intérprete, sobre todo en lo que respecta a la fidelidad al código deontológico de la profesión y las eventuales repercusiones de su trabajo. 5. Teoría de la copresencia Otro aspecto que evidenció Goffman en Forms of Talk (1981) fue la definición de la situación social en base al concepto de «arena física de copresencia». Dentro de este postulado se encuentra la idea de copresencia, esencial para el análisis de la propia existencia del intérprete en el marco de la interacción. Así pues, Goffman la definió como «situación social en la que coexisten dos o más personas bajo un mismo rango visual o auditivo (…), sin importar la relación entre estas: pueden encontrarse inmersos en un foco de atención común o no» (Goffman, 1981, p. 84). Es importante matizar que el análisis de la copresencia no pretende entender la naturaleza de los grupos sociales, sino la de situaciones sociales concretas de la vida cotidiana. Esto se deduce
18 de la propia definición de copresencia: un encuentro social solo se mantiene vivo mientras los participantes se encuentran físicamente en la presencia del resto (sin copresencia no hay interacción), mientras que los grupos siguen existiendo, aunque sus participantes no se encuentren físicamente copresentes. El estado de copresencia presupone, por una parte, una secuencia temporal (tiene un principio y un final) y un estado espacial definido por los participantes (mismo espacio, hasta donde alcance la vista o el oído, definido a través de objetos o de las acciones de los participantes). Con estos matices espacio-temporales Goffman termina de caracterizar la realidad social cotidiana, constituida por acciones secuenciales establecidas a través de principios de interacción en un espacio y tiempo concreto especificado por los participantes. En su teoría, Goffman añade perspectivas de la copresencia a la idea de los marcos, permitiendo una distinción entre espacios de participación y espacios de interacción con atención plena. Por ello, también se debe valorar el grado de atención que presenta cada sujeto para determinar el grado de inmersión en la actividad o actividad subordinada y los posibles condicionantes que esto conlleve. Por tanto, la participación plena en una interacción se puede definir a partir del momento en el que los intervinientes crean una burbuja o membrana semipermeable dentro del marco físico de la actividad. Con la metáfora de la burbuja, Goffman quiere destacar la existencia de marcos particulares definidos por parámetros distintos de copresencia dentro de un marco más genérico. En este sentido, los asistentes a una inauguración se encontrarán en un marco genérico en copresencia del conjunto de participantes, pero cuando conversen entre ellos en las mesas, generarán nuevos marcos más restringidos a través de burbujas semipermeables de interacción. Estas burbujas contarán con un número reducido de participantes escogidos de entre el total de asistentes, que, sin abandonar en ningún momento el marco de la situación principal, se centrarán más en la conversación del grupo reducido. No obstante, como esta membrana es semipermeable, en el momento en el que haya una alteración en el marco general de la interacción, los integrantes de la burbuja serán capaces de reconocerla, interactuar con ella y suspender el espacio de interacción con atención plena que habían creado. Partiendo de este ejemplo, se aprecia que los participantes de una burbuja semipermeable son capaces de estar constantemente vigilantes de lo que sucede fuera de esta, lo que les permite,
19 por una parte, distinguir qué sucede en el marco genérico y, por otra, aceptar o no a intrusos en la membrana (otro aspecto por el que se la denomina semipermeable), ya sean participantes, objetos o contribuciones concretas. Este grado de vigilancia varía en rango e intensidad dependiendo de la proyección que tenga cada participante dentro de la membrana. El intérprete de conferencias debe saber que es un participante exógeno de las burbujas semipermeables y que no se espera que los participantes del encuentro interactúen con este. Por tanto, se puede decir que las producciones del intérprete son transgresoras de las burbujas que se establezcan, sin importar el tamaño de estas. Sin embargo, como sus intervenciones son imprescindibles para la comunicación, los participantes aceptan las continuas intrusiones del intérprete en las burbujas. La clave que debe interiorizar el intérprete es que, aunque su presencia sea esencial para mantener el marco y se encuentre aceptada por los participantes, no se espera que el intérprete forme parte de las burbujas semipermeables de interacción. En consecuencia, debe intentar transgredir lo mínimo posible los límites de esta para inmiscuirse en el marco, como puede pasar con preguntas para obtener aclaraciones o señales para solicitar que reduzca la velocidad del discurso. Aquí se plantea una complicada dicotomía entre preservar la calidad de la interpretación y respetar los límites de las burbujas que los participantes del encuentro establecen entre ellos. La respuesta más acertada engloba las dos: las transgresiones son necesarias para garantizar la calidad del trabajo, pero el intérprete no debe aprovecharse en exceso de este recurso, por lo que tendrá que invertir un gran esfuerzo en dominar sus técnicas de interpretación para respetar los principios sociológicos de la interacción. Este principio se puede relacionar, una vez realizado un profundo análisis bibliográfico, con la teoría del intérprete como no-persona que propuso la profesora Cecilia Wadensjö. Ella relacionó la imagen que proyectaba el intérprete hacia el exterior con la noción goffmaniana de no-persona. En palabras del canadiense, una no-persona es alguien que está «presente durante la interacción, pero que no sigue el rol ni de orador principal ni de audiencia» (Goffman, 1959, p. 150).
20 Siguiendo esta definición, Wadensjö (2011, p. 142) evidenció que «la imagen pública del intérprete como una no-persona hace que el estatus del intérprete y su identidad ocupacional sean aún más ambiguas». Aunque su teoría aporta perspectivas interesantes sobre la dificultad a la hora de evidenciar y describir el rol del intérprete, si se toma como referencia lo mencionado en el apartado 4 sobre la ratificación del intérprete («el intérprete en su proyección debe sentirse ratificado en la situación, aunque este proceso no se sancione de manera explícita y no siga el esquema habitual de ratificación»), definir al intérprete como una no-persona puede llegar a invisibilizar su presencia. Es una categorización problemática porque no se tiene en cuenta que la comunicación es imposible sin el intérprete, por lo que conviene transformar esta denominación utilizando una terminología que sea consciente de la importancia del intérprete, por podría ser «participante (ratificado) exógeno a la burbuja semipermeable». Por último, el intérprete debe ser consciente de que existen infinitas situaciones de copresencia que no siguen el esquema habitual y para las cuales debe estar preparado (o al menos ser capaz de anticiparlas) para poder mantener el flujo de la comunicación. Siguiendo esta línea, las tres situaciones que plantean mayores dificultades sociológicas para los intérpretes y para los que este debe estar preparado son: - Cambios en el foco de la interacción. Como son los turnos de preguntas, con la dificultad que conlleva la creación y ruptura constante de burbujas. - Modificaciones o rupturas del marco general. Pueden ser voluntarias, por ejemplo, si el orador decide súbitamente terminar la interacción, o involuntarias, como cuando hay problemas técnicos. - Transgresiones a la propia burbuja del intérprete. Este caso es más habitual de lo que parece. Sucede cuando alguien entra en cabina, ya sea otro intérprete o cualquier persona externa. Aquí se enmarcan entradas esperadas, por ejemplo, para traer botellas de agua, o inesperadas, como puede ser la visita de un miembro de la audiencia que quiere saludar a los intérpretes. La importancia de conocer estas situaciones y tener un plan de actuación ya preparado permitirá al intérprete, en primer lugar, no dejar que estas alteraciones modifiquen ni su estado psicológico ni su concentración y, en segundo lugar, que pueda seguir produciendo el mensaje del discurso fuente. Como viene siendo habitual en esta subcompetencia sociológica, el objetivo de
21 estas técnicas es que los intérpretes sean capaces de anticipar situaciones problemáticas y no tengan que hacer un esfuerzo adicional en manejarlas. 6. Conclusiones y resultados El presente estudio pone en relieve la posibilidad de implantar nuevas directrices para los intérpretes basadas en perspectivas sociológicas. Como se ha podido comprobar, el intérprete debe dominar la situación comunicativa y anticipar con fluidez los problemas que puedan surgir de esta para garantizar la calidad de la interpretación. En consecuencia, al igual que el intérprete conoce a la perfección sus lenguas de trabajo, las culturas que interpreta o las técnicas de búsqueda documental para preparar su encargo, este estudio demuestra que podría ser interesante la inclusión de preceptos sociológicos en el marco genérico de competencias del intérprete. Partiendo de un vacío evidente en la literatura (no existe ningún estudio en el que se relacionen directamente teorías sociológicas con la práctica de la interpretación de conferencias), este análisis permite a los intérpretes aprovechar los descubrimientos que hizo el microsociólogo canadiense Erving Goffman y aplicarlos a la práctica de la interpretación de conferencias. Además, es importante el enfoque que plasma este estudio, ya que apuesta por ofrecer perspectivas de la modalidad de interpretación menos desarrollada por la sociología, la interpretación de conferencias; modalidad que, aunque no permite realizar análisis sociológicos tan interesantes como la interpretación social, necesita también un importante soporte sociológico para su práctica. De esta forma, el resultado del análisis comparativo de la microsociología goffmaniana y de las tendencias contemporáneas de la interpretación de conferencias es un conjunto de prácticas y directrices que necesita el intérprete para alcanzar, desde un punto de vista sociológico, la maestría en su labor. Así pues, partiendo de las tres teorías principales del canadiense (la de los marcos, la de las proyecciones y la de la copresencia), este estudio llega a la conclusión de que el intérprete tiene que dominar y conocer: - Con relación a los marcos: los marcos situacionales comunes y rutinarios de su profesión, información del marco de la interacción que interpreta (sobre todo en interpretaciones remotas en las que el intérprete no puede obtener dicha información por sus propios medios) y datos sobre los marcos físicos y la disposición, tanto de los participantes como del intérprete. La finalidad de este
22 examen es evitar errores no forzados en su interpretación y anticipar el desarrollo de la comunicación para que el intérprete no caiga en un esfuerzo adicional a la hora de hacer frente a estos problemas y pueda enfocarse exclusivamente en la calidad de su trabajo. - Con relación a las proyecciones: su rol como actor y animador de la producción, pero no como director de esta (por lo que, aunque el intérprete no tendrá que rendir cuentas de las ideas que transmita, sí que carga con el peso de la reputación del orador al que interpreta); su presencia ratificada como miembro de pleno derecho del marco de la interacción (por ello, debe hacer valer su estatus y está legitimado para romper el marco de la comunicación si lo considera necesario, aunque se recomienda que interfiera lo menos posible); y su proyección neutral, en la que deberán confluir tanto su propia proyección personal como la proyección del orador al que interpreta (lo que conlleva un importante esfuerzo empático para no solo interiorizar la ideología del orador, sino también para disociarse de esta si no la comparte). - Con relación a la copresencia: su participación exógena en las burbujas semipermeables de interacción (aunque sus intervenciones sean necesarias para permitir el flujo de la comunicación) y los esquemas de copresencia que se distancian de las definiciones normales, pero que son habituales en la profesión (como cambios en los focos de atención, rupturas de los marcos o transgresiones de la propia burbuja del intérprete). Esto permitirá que el intérprete se sienta legitimado para realizar su trabajo y sea consciente del trabajo previo que debe realizar para prepararse ante situaciones cotidianas que se salen del marco académico habitual. En definitiva, el objetivo principal de este trabajo es mostrarle al intérprete su valor e importancia sociológica en el seno de las interacciones en las que se ve inmerso y que descubra que la sociología es una ciencia que nutre su profesión, aunque no se haya evidenciado lo suficiente hasta ahora. Como ya se comentaba justo al inicio de este estudio, «no existe nada tan eficaz como otra persona para que demos vida a nuestro propio mundo, ni nada como una mirada, un gesto o un comentario para que se marchite la realidad que habitamos» (Goffman, 1961, p. 38). En definitiva, el intérprete debe saber que es esa persona que, a través de sus miradas, sus gestos y sus comentarios, da vida a los mundos que interpreta.
23 7. Referencias bibliográficas Abbott, A. (1997). Of Time and Space: the Contemporary Relevance of the Chicago School. Social Forces, 75(4), 1149-82. Abril, I. (2004). La interpretación social: Una profesión por derecho propio. En Acerca de la Traducción y la Interpretación. Actas del II Congreso de Traducción e Interpretación, CEADE, Sevilla, 26-28 de marzo de 2003 (213-228). CEADE. Bourdieu, P. (1980). Le sens pratique. Minuit. Collins, J. y Slembrouck, S. (2009). Goffman and Globalization: Participation Frames and the Spatial and Temporal Scaling of Migration-Connected Multilingualism. En J. Collins, S. Slembrouck y M. Baynham (Eds.), Globalization and Languages in Contact: Scale, Migration and Communicative Practices (19-41). Continuum. Comte, A. (1830). Cours de philosophie positive. Rouen Frères. Duflou, V. (2012). The «first person norm» in conference interpreting (CI) - some reflections on findings from the field. En M. Jiménez y M. Blasco (Eds.), Interpreting Brian Harris. Recent developments in translatology (145-160). Peter Lang. Fine, G. y Manning, P. (2003). Erving Goffman. En G. Ritzer (Ed.), The Blackwell Companion to Major Contemporary Social Theorists (34-62). Wiley-Blackwell. Giddens, A. (1988). Goffman as a systematic social theorist. En P. Drew y A. Wootton (Eds.), Erving Goffman: Exploring the Interaction Order (250-279). Polity Press. Giustini, D. (2019). Towards a Sociology of Interpreting: The Embedded Strangers (Tesis doctoral). Goffman, E. (1959). The Presentation of Self in Everyday Life. Random House. Goffman, E. (1961). Asylums: Essays on the Condition of the Social Situation of Mental Patients and Other Inmates. Anchor Books. Goffman, E. (1961). Encounters: Two Studies in the Sociology of Interaction. Penguin Books.
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25 Winkin, Y. (1988). Erving Goffman: Les Moments et Leurs Hommes. Minuit.
6 herramientas prácticas, teniendo siempre en mente las principales dificultades sociológicas de la práctica de la interpretación. 4. Conclusiones y resultados Utilizando la división propuesta en el estudio, con un apartado dedicado a cada teoría, los resultados que obtuve se pueden dividir en tres categorías: - Aplicaciones relacionadas con la teoría de los marcos. El intérprete debe conocer los marcos en los que se desarrolla habitualmente su actividad, poseer información sobre los marcos que interpreta (especialmente aquellos intérpretes que realizan interpretaciones remotas en las que el intérprete no puede descubrir por sí mismo las particularidades del marco) y tener en mente las especificaciones sobre los marcos físicos de la interacción (incluyendo la disposición de los participantes y del intérprete). - Aplicaciones relacionadas con la teoría de las proyecciones. El intérprete necesita saber que su rol de producción en las interacciones se enmarca en las categorías de actor y animador, pero no debe sentirse director de las intervenciones (el intérprete no se hace responsable de las ideas que transmite si sigue fidedignamente los conceptos que quiere transmitir el orador, pero debe ser consciente de que la reputación del orador depende de la calidad de su interpretación). Además, tiene que hacer valer su estatus en sus intervenciones, ya que es un miembro ratificado de pleno derecho en el marco de la situación comunicativa, por lo que podría llegar a romper los límites de los marcos si lo considera necesario (se reserva solo a casos extremos en los que la calidad de la interpretación está en riesgo, no es recomendable que interfiera en el desarrollo de la actividad). Por último, su rol debe ser neutral, haciendo confluir en su persona la proyección del orador y la suya propia, la del intérprete, dando lugar a un esfuerzo empático para, por una parte, asimilar la ideología del orador y, por otra, saber disociarse de esta cuando no comparta sus ideas. - Aplicaciones relacionadas con la teoría de la copresencia. Aunque el intérprete sea exógeno a las burbujas semipermeables de interacción, sus intervenciones son esenciales para que la comunicación pueda desarrollarse de forma fluida. Por otra parte, debe realizar un importante
7 estudio previo de aquellas situaciones habituales de su profesión que se salgan de la propia práctica de la interpretación, como pueden ser las transgresiones en el marco del intérprete. La correcta aplicación de estos preceptos permitirá que los intérpretes eviten errores no forzados en su trabajo y sepan anticiparse al desarrollo de la comunicación para gestionar problemas habituales. De esta forma, podrán centrar todos sus esfuerzos en que su interpretación sea fiel y de calidad. Además, el intérprete se verá legitimado y ratificado en su labor y será capaz de distinguir cuáles son los límites de su profesión. Para finalizar, la última conclusión que obtuve fue que era necesaria la creación de una nueva subcompetencia sociológica. Ninguna de las ya existentes hace mención a ningún concepto similar a los que se muestran en los resultados expuestos y sería complicado añadir estos preceptos a alguna subcompetencia del modelo tradicional. De esta forma, además, se conseguiría poner en relieve la importancia de la sociología, como ya se hizo en su día con la documentación o la terminología. La realización de este trabajo ha sido una experiencia muy ilusionante y gratificante para mí. Estoy muy agradecido por haber sido capaz de unir dos de mis grandes pasiones, la sociología y la interpretación, y haber propuesto un estudio innovador y con una utilidad real que pueda servir a mis compañeros de profesión. El esfuerzo ha merecido mucho la pena, me siento muy orgulloso del trabajo realizado y de todo lo que he conseguido, no solo en lo relacionado con las ideas propuestas, sino también desde el punto de vista personal y emocional.
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