PANEGÍRICO
del IV Duque de Gandía,
SAN FRANCISCO DE BORJA,
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I*O K E l P R E S B Í T E R O
DON PABLO SANTOS VALCARCE,
EN LA IGLESIA DE S. ANTONIO DEL PRADO DE ESTA CORTE,
el dia 10 de Oc ub e del año de 1857.
Dedicado al Exemo. S . Duque de Osuna,
G andía, e c.
M A D R ID .
IMPRENTA DE D. CIPRIANO LOPEZ.
Ca a-Baja
,
n.°
4 9 ,
bajo.
1857.
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DEDICATORIA.
S cecm o- . S /e n e .
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Dos mo i os á cual mas pode osos han iun ado de mi
epugnancia y delicadeza, pa a da á la p ensa es e des
aliñado y humilde discu so. Vues o eligioso en usiasmo
en celeb a anualmen e la& glo ias, de ues o San o, y es
cla ecido Abuelo, y las ei e adas ins ancias de ues os
e dade os é ilus es amigos. Po es as jus as y since as
azones, espe o con iado de la bondad é ilus ación de
V. E. que a ende á, no al mé i o, sino al sac i icio: y
en se asi, halla á una. p ueba mas del al o concep o con
que siemp e espe ó, s-u nomb e, su mas a en o y ag adeci
do Capellan, Q. S. M. li.
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DEDICATORIA.
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Dos mo i os á cual mas pode osos lian iun ado de mi
epugnancia y delicadeza, pa a da á la p ensa es e des
aliñado y humilde discu so. Vues o eligioso en usiasmo
en celeb a anualmen e las glo ias, de ues o San o, y es
cla ecido Abuelo, y las ei e adas ins ancias de ues os
e dade os é ilus es amigos. Po es as jus as y since as
azones, espe o con iado de la bondad é ilus ación de
V. E. que a ende á, no al mé i o, sino al sac i icio: y
en se así, halla á una p ueba mas del al o concep o con
que siemp e espe ó su nomb e, su mas a en o y ag adeci
do Capellan, Q. S. M. B.
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Non ececle memo ia ejus, e nomen
cjus equi e u á gene a ione in gene-
a ionem.
No se pe de á su m em o ia, y su
nomb e se epe i á de gene ación en
gene ación.
(L i b i E c l e s. Ca p . m x i x ., Y e k . 13.)
EXCMO. SEÑOR.
En e las pasiones que nacen con el homb e
y le liacen in eliz sob e la ie a, po que ienen
su p incipal asien o en el co azon, descuella
como cabeza de odas ellas el amo p opio. Asi
es, que apenas a oja una mi ada en de edo
suyo, se igu a que cuan os obje os le odean,
cuan o su is a alcanza, los animales, las plan
as , los elemen os, y bas a los au o es de su
exis encia lian sido esp esamen e o mados pa a
ec ea le; po que se c ee supe io á lodo, y
po que odo debe endi le asallage; y es a na
u al idea, mas ó menos modi icada po la edu-
cacíon, acompaña al homb e du an e su ida,
y solo cuando allece deja de exis i . Po eso la
mala íilosoiia, siemp e ingeniosa en in en a
medios inicuos pa a lle a á cabo sus planes
des uc o es, halaga al homb e en sus pasiones;
y auxiliada po el a eísmo, ha llegado has a el
pun o de pe suadi le de que no solo iene po
de sob e su ida, ó la de aquel que osa e man
cilla la, sino ambién de juzga y condena las
ob as del C iado . ¡Audacia inconcebible! ¡ho
ible eme idad!
En ano el homb e dominado de es a idea
busca po odas pa es ese bienes a , esa elici
dad, que an o ambiciona; las c ia u as odas, de
acue do con su Dios, se la niegan. Si en a den
o de sí mismo, solo halla ideas desconsolado
as ; en su co azon un caos de pasiones; y en
su conciencia u bación y emo dimien o. Si se
lija en los obje os es e io es, no halla mas que
disgus o en los place es; en la sociedad as idio
y cansancio ; en el mundo un acío espan oso,
y en la na u aleza un silencio p o undo que le
cons e na; un no sé qué, que le echaza po
odas pa es, dejándole aislado en el uni e so,
an solo con la ho ible al e na i a de se ani
quilado pa a siemp e , ó con undido po oda
una e e nidad. ¡Desg aciada c ia u a! Así i ie
on y mu ie on, Excmo. Seño , esos P íncipes
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y Empe ado es , esos g andes y po en ados, y
esa mul i ud de ilóso os, que se glo iaban en su
malicia, ci ando únicamen e su glo ia en su es
cla ecido linage, en sus o eos, y en su loca
sabidu ía. Audaces, insul a on al Cielo, y el Cielo
cas igó su maldad; Dios los des uyó pa a siem
p e, y cual á boles maldi os, los a ancó de la
ie a délos i ien es (Ps. li., . 5.).
Sí, Excmo. Seño ; Nabuco hace e al Rey
de los medos, que se glo iaba en la po encia de
sus ca os y de sus ejé ci os, cuán ugaz es la
glo ia del mundo: la blanca y delicada mano de
una muje de iene y des uye las ic o ias del
Rey de los asi ios con la mue e de su p ime
Gene al (Judi ii. c. xiii., . 10.): un agudo pu
ñal con unde pa a siemp e el o gullo de Césa ,
y Ne ón con sus dien es a ila el cuchillo que lia
de aspasa sus en añas: Sóc a es apu a la co
pa de cicu a: Séneca el sabio elige en e el gé
ne o de mue e que le o ece su pé ido discí
pulo : A cbi o el se aho ca de un lazo , y Vol-
ai e se e abandonado de Dios y de los homb es.
Tal es, Excmo. Seño , el é mino que Dios
señala á la glo ia del mundo: con usion, igno
minia y a en a e e na. Todo se des anece, o
do se disipa cual pasage o ocío al p ime ayo
del sol, y cual ílo hechice a del campo odo
se ma chi a. Solo del buen co azon p oceden
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hace en e, en el pues o hon oso que ocupa.,
son mucho mas emibles, po que a ec an los
mas ca os in e eses de su alma; y pa a ence
los , no e a su icien e, no , el alo de gue e
o ; e a necesa io un ondo de eligión sublime,
una i ud he oica, una cons ancia in ic a. E a
p eciso se lo que Daniel, Lol, José, Tobías y
Moisés , en Babilonia, Sodoma , Egip o , Níni-
e, y en la co e de Fa aón. Todo en de edo
suyo e a un abismo sin ondo y pelig os sin é
mino: sí; un ono b illan e, en de edo del
cual, como de odos los demás, nacen y mue
en las pasiones; c ece la ambición y la lisonja;
la in iga, la simulación y la en idia; la pe i
dia , la aición y el engaño: pe o no hay que
eme . Al en e de sus escuad ones y delan e
dé los enemigos habia demos ado ya el IV Du
que de Gandía se soldado impe é i o, sin
igual en alo y en celo; el p ime o en p esen
a su pecho donde e a mayo el pelig o ; in
al e able en las igilias; en las a igas incansa
ble; en subo dinación sin ejemplo: a able, ge
ne oso, p uden e, p e iso y leal: ¿lo se á menos
en la i ud? ¿los ayos de! ono oscu ece án
po en u a sus glo ias?... ¡oh! no. Yeámoslo
en las al as ho as de la noche, pos ado delan e
de la imagen del C uci icado, y anegado en dul
ce llan o, le oi emos esclama : «En e lo que
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eo y lo ({lie soy, no hay elación ecíp oca: so
lo Vos, Seño , sois mi único in; yo soy ob a
ues a y debo posee os; an g ande, an in i
ni o como sois de nada necesi o pa a se eliz:
es a elicidad me habéis p ome ido; he sido c ia
do pa a ella; de Vos, dulce bien, espe o al
canza la.»
San as y sublimes palab as, que ele a on á
F ancisco al apogeo de la e dade a g andeza.
Desde allí e á los homb es, pe o en egados á
la bulliciosa disipación que los agi a: e con
undidas odas las clases y abandonadas al esceso
y al deso den: e á los g andes y dichosos del
siglo , odeados de pompa, glo ia y mages ad;
pe o a o men ados in e io men e po ese gusa
no oedo que aciba a sus place es y delicias,
al e que no pueden se g andes, mien as no
posean lo mas g ande que hay en los cielos y
en la ie a. F ancisco, inalmen e, e eclip
sa se el esplando de la epu ación; desapa e
ce el b illo del hono ; des anece se la ilusión
y la espe anza; ma chi a se la he mosu a y la
belleza, y... ¡oh Dios inmenso en bondad! ¡ u
P o idencia admi able consumó la ob a del Du
que de Gandía sob e el é e o de_la Empe a
iz! Sí, Excmo. Seño ; sob e el cadá é de su
seño a, mi a F ancisco en qué ienen á pa a
los encan os de una ju en ud, adian e de ida
y de espe anza; un ono an e quien se a as
an adulado es ambiciosos; el desengaño del
iempo, y el é mino a al del o gullo, de la
glo ia y del pode . Una oz sec e a sale del
ondo de su pecho, y en e el emo y la espe
anza esclama: «IVo
mas se i á dueño alguno
que pueda mo i .»
¡Resolución he oica! acción
sublime á los ojos de la Religión, y que lle a á
cabo F ancisco, an luego como e cumplidos
los debe es san os que le impone el se un e
dade o pad e, con elación á sus hijos, y un
iel ciudadano con espec o á la sociedad. Todo
con ibuye á la ealización de su pensamien o;
pa écele ya llega el momen o deseado; pe o no;
los juicios de Dios son incomp ensibles; debe
eje ce an es los debe es de juez y de pad e
en el Yi eina o de Ca aluña; iene que hace
b illa la jus icia, an as eces p os i uida en
aquel siglo po jueces enales y co ompidos;
esa jus icia emanación de la di ina; jus o p e
mio de la i ud y del c imen; gé men ecundo
de posi i a en u a , de glo ia y de p og eso; y
única ga an ía del p esen e y del po eni .
Con la jus icia, s í, hizo conoce el Vi ey de
Ca aluña en qué consis e la elicidad de un pue
blo , y le p o eyó de odos los elemen os pa a
lle a á cabo su misión. Sus oidos, siemp e ce
ados á la adulación y á la lisonja, es u ie on
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abie os al clamo de los pob es en a o de sus
in e eses. Su co azon, de b once pa a los con
umaces, e a de ce a pa a los endidos: sus ma
nos , en in , se ian pa a enjuga lág imas, so
co e in o unios , ompe cadenas y ab i ce
ojos. Pad e común pa a odos, con la misma
igualdad mi aba al pode oso, sublimado al apo
geo de la g andeza, como al pob e, a as ado
en e el pol o de la mise ia. Y... ¿has a cuán
do , Dios mió, esclamaba, has a cuándo mi co
azon no e á cumplidos sus deseos?
Se cumplie on, Excmo. Seño . Dios allanó
los caminos: el Duque de Gandía deja ya en el
mundo un ás ago ilus e, he ede o de su a
lo , de su g andeza y de su i ud: la noble y
i uosa Duquesa, su esposa, descendió ambién
á la umba; sob e su sepulc o, F ancisco cum
ple los debe es qne inspi an el amo , la i ud
y la é, y lib e ya de es e lazo, se sepul a en
el cláus o de la Compañía de Jesús, á in de
i i y mo i en la oscu idad y en el ol ido.
Mas ¡oh juicios de mi Dios! allí mismo se ió
esplandece su e dade a g andeza ; que es el
asun o de mi segunda e lexión.
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II.
Ce ca de ocho siglos an es que Jesús el Na
za eno apa eciese, e es ido de nues a mo ali
dad , dijo , Excmo. Seño , po uno de sus P o
e as: «Pe ece á el sabe de los sabios, y des
apa ece á la in eligencia de los p uden es.»
(Isai. c. xxix., . 14.). Ve dad, Seño , que se
ió ealizada del modo mas so p enden e desde
el ins an e mismo en que la íc ima pu a y san
a del Cal a io sancionó con su sang e su Reli
gión augus a. Ve dad, que en el siglo XVI asom
b ó al mundo, cuando, á la apa ición de cie os
homb es, esclama on admi ados los homb es o
dos: ¿Quiénes son esos sé es mis e iosos, que ni
aman las iquezas, ni les deslumb a el o o,
abo ecen los place es y de es an los hono es;
que a o ecen á quien los odia; soco en á quien
los desp ecia, y pe donan á quien les inju ia?
¿Quiénes son esos dichosos mo ales, pa a quie
nes la desg acia es su mayo glo ia; la pob eza
un í ulo de g andeza; el dolo un mo i o de
aleg ía , y la ho andad el mas ag adable obje o
de su e nu a? ¿Quiénes, en in, son esos hom
b es , que callan cuando se los inju ia; hacen
bien cuando se los mal a a; bendicen cuando
se les maldice; y su can los ma es, y a a ie
san desie os, se in e nan en paises sal ages, y
sac i ican su ida po o os homb es, á quienes
aman sin conoce los? Es os son, Excmo. Se
ño , los hé oes de nues a pa ia, cuya sang e
es la misma que po nues as enas ci cula;
son los hijos del íncli o y escla ecido español
Ignacio de Lo ola; son los indi iduos de la Com
pañía , an desp eciados y pe seguidos po los
bene icios inmensos que han p es ado y p es an
á la Religión y á la pa ia; al indi iduo y á la
sociedad.
Solo ese Dios Omnipo en e, inmenso en sa
bidu ía, pudo, Excmo. Seño , comp ende el
sac i icio he oico, que ju ó an e sus al a es el
Duque de Gandía, al insc ibi su nomb e en la
Compañía de su nomb e escelso. Po que yo con
cibo , Seño , que un homb e o me sus delicias
del come cio con sus semejan es, cuando se
halla unido á ellos con los ínculos de la con
ianza , del amo ó del in e és: que un a a o
se deg ade bas a lo mas bajo, il y denig an e
po consegui las iquezas, que delan e de su
is a se p esen an: que un gue e o esponga su
ida á la boca de un cañón ó de una b echa
po a eba a la palma del iun o; y que un i
lóso o se sepul e en la oscu idad, y desp ecie
las comodidades de la ida po adqui i el co
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nocimien o de odas las ciencias. Todo es o,
Excmo. Seño , lo comp endo, po que odo
halaga á nues a laqueza, á nues o o gullo,
ambición y egoísmo. Pe o que un homb e que
no aspi a al impe io de la ciencia, ni ambiciona
la glo ia del iempo , ni elicidad que le alucine,
ni place es que le seduzcan, ni po eni que le
halague, sac i ique lo mas halagüeño, lo mas
ap eciable que el homb e iene , la libe ad, la
olun ad y la ida, ¡oh! es o es lo mas g ande,
lo mas sublime, el sac i icio mas he oico que
puede concebi se en un mo al.
Es os, empe o, son los o os de la Com
pañía de Jesús: el Duque de Gandía lo ju a;
F ancisco de Bo ja lo cumple. ¿Y de qué ma
ne a? ¡Cielos san os! lo cumple ado ando dia
iamen e cien eces al Seño , pos ado en ie -
ia, odeando á su delicado cue po una pesada
cadena; ciñendo sus miemb os con ace ado ci
licio ; con un ayuno pe pé uo; con ocho ho as
de o acion men al; du miendo sob e un haz de
sa mien os; y sob e odo, ¡qué con usion pa a
noso os! con ochocien os golpes de sang ien a
y ho ible disciplina. F ancisco ama an solo
á su Dios: de dia y noche suspi a po é l; y ai
modo que una pequeña chispa po medio de
combus ibles se ans o ma po ins an es en
o az incendio que lodo lo consume, así el ue
go de la ca idad di ina, desp endiéndose del
seno de Dios al co azon de F ancisco, po el
ju amen o que de al mane a cumple, le llena
de un celo p odigioso, le de o a y le impele
adonde la necesidad de sus semejan es le llama.
Ni un momen o dá eposo á su a igado cue
po, mien as oye los lamen os de sus he manos;
donde quie a que pueda se ú il, allí se encuen
a; en las al as ho as de la noche, cuando
’
*¡
las somb as con idan á los mo ales al descan
so , F ancisco, sin emo á la empes ad que
sob e su cabeza es alla, se di ige en busca del
ús ico pas o ; del míse o aldeano; del in eliz
y desg aciado; p on o siemp e á sac i ica se po
an ca os in e eses.
Reco e á pie y en medio de las mas c u
das es aciones, la mayo pa e de las p o incias
de España y Po ugal, p edicando el E angelio
san o, monumen o e e no del amo de Dios pa
a con los homb es, compendio y epílogo de
cuan o se debe c ee y ob a pa a se elices
las naciones. Funda en ellas doce colegios, que
son o as an as o alezas, de donde salen p o
is os de las a mas in encibles de la C uz y de
la Fé, esos hé oes incompa ables, que en sus
dias los ió, y aun aho a subsis en sus hijos, po
blando, aun á pesa del mundo y del a e no, en
los a dien es a enales de la Libia, y en las hela
das egiones del no e; en las as as llanu as
del con inen e Ame icano; en las islas de los
ma es Océano Paci ico, Medi e áneo, índico;
en las cos as sal ages de A ica, y en la mul
i ud de impe ios, einos é islas del Asia. Po
odas pa es siguen á F ancisco mul i ud de gen
es, como las u bas al Sal ado (Jo a n n is, c. i .).
Los mas g andes p odigios con i man la doc i
na que F ancisco anuncia, y sin emba go de es
os p odigios, Bu gos y mi pa ia que ida u ie
on la dicha de e á ese homb e, que pocos
años an es lucie a en e los esplando es del
ono, conocido en odas las co es, espe ado
de los mona cas , y admi ado po los pueblos,
le ie on, epi o, implo a una limosna de pue
a en pue a en a o de en e mos y enca ce
lados !
La obediencia, en suma, le manda pa i á
la capi al del mundo c is iano: Roma se asom
b a á is a de ese hé oe de la Religión; lodos
desean e ese ángel en ca ne mo al, lodos
ansian oi su dulce oz; y los Ponlí ices y
Ca denales, los Reyes y los P íncipes, los Sa
bios y Sanios espe an sus decisiones, y bendi
cen al E e no en su sie o.
Tan os y an epelidos iun os p epa an á
F ancisco la mas desecha o men a. Le án an-
se, como en o o iempo, según decia el Após
24-
¡
ol ¡Ei 1. Jul». c. ni.), homb es impíos y pe
e sos, enemigos decla ados de la Compañía,
po que la Compañía de Jesús ha sido y se á
en odos iempos el balua e mas i me de la
Iglesia, y el mu o mas inespugnable de la Re
ligión. Pe o F ancisco nada eme: an e el e
p esen an e de Jesuc is o en la ie a, delan e
de la mages ad de España el Empe ado Cá -
los V, de iende y ensalza á la Compañía; iun
a de sus enemigos; y con sus mismos a gu
men os, des uye los inicuos planes, que a
gua an pa a su es e minio. Redobla su alo ,
cuan o mayo y mas e ible es el comba e; y
solo cede el campo ese hé oe in ic o, solo huye
despa o ido á esconde se en e las b eñas de
Vizcaya, cuando la pú pu a ca denalicia quie en
coloca sob e sus homb os como o namen o de
su i ud y sus abajos. ¡Acción sublime, p o
pia solo de las almas g andes y gene osas! ¡ ho
no desp eciado po sie e eces, á pesa de las
epe idas ins ancias de Pon í ices y Mona cas!
Mas yo, Excmo. Seño , no me admi o, al
conside a es e desp ecio , es a epugnancia
es e ho o que F ancisco enia á los hono es
y dignidades; pe o me con undo, me anonado, y
odo el o gullo de mi co azon sobe bio queda
des uido, cuando leo en los esc i os del Duque
de Gandía, del Ma qués de Lombay, del Bailes-
25