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Aproximación al conocimiento del territorio a travé s de los molinos. El caso del Valle de Lecrín Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Profesor del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Granada. INTRODUCCIÓN Uno de los conceptos básicos con los que se trabaja a la hora de profundizar en el conocimiento de la arquitectura tradicional es el del paisaje en el que ésta se inserta y como lo aprovecha, extrayendo del mismo los materiales con los que elabora sus estructuras. En este sentido, siempre hemos propuesto en algunos de nuestros trabajos la necesidad de poner un punto de atención en la importancia que adquiere el medio, como escenario en el que el hombre se imbrica, transforma y modela, de tal suerte que su estudio se convierte en el reflejo de la evolución del grupo social que lo habita. Poder interpretar cada uno de los procesos por los que pasa este entorno y sobre todo, saber analizar los elementos que los integran y como éstos se transforman y evolucionan, constituiría una metodología de trabajo esencial para profundizar en diversos aspectos que en definitiva son los que justifican las características de la arquitectura tradicional y explican la fisonomía de muchas de las poblaciones de nuestras comarcas. De esta manera no tendrían lógica aquellos estudios que se centran en analizar la arquitectura como un elemento exento, descontextualizado del medio urbano en el que se encuentra y que también se explicaría por las características físicas del territorio. 1
Aproximación al conocimiento del territorio a travé s de los molinos. El caso del Valle de Lecrín LA ARQUITECTURA TRADICIONAL COMO FUENTE DE ANÁLISIS DEL TERRITORIO Abordar el estudio de las manifestaciones culturales tradicionales de una determinada sociedad desde el punto de vista de la Historia del Arte supone una aproximación multidisciplinar a la realidad elegida, sobre todo cuando nos movemos en unos niveles en los que se va más allá de la mera exposición estética. Partimos de la base de que cualquier manifestación cultural, sea esta artística o no, es el fruto de un proceso generado por un determinado grupo social y de una serie de influencias que a éste le afectan y que revierten en el resultado final de dicha producción. Al igual que podemos hablar de una Sociología del Arte, aceptando la influencia que una determinada sociedad tiene sobre su producción artística, es en esas manifestaciones externas, en los ámbitos en los que nos movemos, donde tenemos que aceptar la determinación que ciertos aspectos tienen como el medio, la historia, la evolución del propio grupo social, etc. Así, no podemos obviar conceptos cronológicos como los de sincronía o diacronía a la hora de hablar de las posibles influencias, que ya esclareceremos si son determinantes o condicionantes, en el momento de puntualizar cuales son las que se conjugan para dar como resultado un producto cultural. Desde nuestro punto de vista, al analizar un ámbito territorial partimos de la base de que lo entendemos como un espacio, podríamos decir que un escenario, en el que el hombre se ha desenvuelto, humanizándolo en la medida de lo posible. Esta actitud de transformar para hacer más habitable el entorno ha sido desigual a lo largo de la Historia y ha dependido en gran medida de las posibilidades técnicas adquiridas. El resultado final es un paisaje, considerado, porque no, incluso subjetivo, donde se incluyen todos los aspectos naturales y humanos y donde la arquitectura tradicional y su articulación en espacios urbanos forman una parte muy importante de él. La arquitectura popular, dentro de la que incluimos los molinos, se convierte en un documento que se puede rastrear en las innumerables fuentes a las que podemos recurrir para analizar su fisonomía, de tal forma que una lectura de su esencia será reflejo del devenir histórico dentro del cual se desarrolló. 2
Aproximación al conocimiento del territorio a travé s de los molinos. El caso del Valle de Lecrín En este sentido, la propia arquitectura se convierte en un medio del análisis del entorno en el que se inserta, al haber hecho en cada momento de sus reconstrucciones y desde su aparición, un distinto empleo de los materiales que se incorporan a su organización estructural, de la misma manera que se insertan los distintos personajes de una novela en cada uno de los capítulos que la componen. Tal es el caso, que la posible utilización de técnicas aplicadas a la arquitectura culta como la estratigrafía muraria, podría tener como resultado la posibilidad de leer la evolución que ha conocido un edificio determinado, por el simple análisis de los materiales que se han empleado en su estructura1. METODOLOGÍA DE TRABAJO. Planteada esta hipótesis, la metodología de trabajo que seguimos a la hora de profundizar en el estudio de la arquitectura tradicional y del paisaje, busca combinar teoría y práctica, conformando un corpus documental lo suficientemente amplio como para que garantice una comprensión correcta. En este sentido las fuentes históricas y documentales son una pieza fundamental a la hora de trazar el organigrama de trabajo. Una vez delimitada la zona de estudio, los documentos con los que contemos a cerca de ella, serán una de piedras angulares a través de los cuales se podrá llevar a cabo una aproximación al objeto. Así, los libros de apeo de finales del siglo XVI para la zona que nos interesa, libros de hábices, junto a las descripciones de viajeros que recorrieron el territorio seleccionado, en ocasiones desde la Edad Media al siglo XIX, se integrarían dentro de este primer paso2. A estas obras, se añade la posible existencia de reproducciones gráficas de estas poblaciones, como las que aparecen en el Catastro del Marqués de la Ensenada, que aunque esquemáticas, supusieron una de las primeras representaciones de las mismas3. Estas fuentes iniciales se complementan generalmente con una amplia bibliografía sobre la zona en cuestión, en la que juegan un papel fundamental las obras geográficas, urbanas e históricas. 1 El calificativo con el que se define en ciertas ocasiones a la arquitectura tradicional se podría evitar si se trazara una metodología en la que se considerara la posibilidad de datar a las diversas estructuras de una forma indirecta. En este caso el método de la estratigrafía muraria aplicada a edificios “cultos”, ha solucionado en parte este contratiempo. MILETO, C. “Algunas reflexiones sobre el análisis estratigráfico murario”. Loggia. Arquitectura & Restauración. Valencia, Universidad, 1996, pp. 80-93. 2 Un ejemplo claro para la zona que analizamos en este trabajo es el libro de apeo de la localidad del Padul, publicado por el Ayuntamiento y que se convierte en un instrumento importante para analizar el paisaje y la situación de la población en el paso entre el medievo y la Edad Moderna. En el mismo se cita, por ejemplo, el molino de aceite de Herederos, que ya en los años setenta del siglo XVI, aparecía caído y desbaratado. FERRER, M. Libro del Apeo y demás instrumentos de la población del lugar del partido del Valle de Lecrín. Padul, Ayuntamiento, 1994. 3 Una revisión a las representaciones que ofrece el Catastro del Marqués de la Ensenada, pone de manifiesto la irregular presentación de los molinos en las distintas localidades del Valle que se pueden encontrar. Así, son frecuentes tres tipos. Las que marcan en concreto el edificio en sí; la que lo dibujan simplemente y lo sitúan junto a un río o una acequia y le colocan las dos piedras de moler, típicas con las que los representaban y por último aparece un solo molino de aceite, el cual se indica con una simple leyenda para diferenciarlo. 3
Aproximación al conocimiento del territorio a travé s de los molinos. El caso del Valle de Lecrín Una vez conformada la cimentación historiográfica del tema, pasaríamos a una segunda fase en la que la consulta de la planimetría que sobre la zona exista se convierte casi en fundamental. Así, las vistas aéreas fotográficas o los mapas del Instituto Geográfico Nacional, en sus distintas escalas, vienen a refrendar lo expuesto en la bibliografía y la hemerografía, aunque a veces no exista una clara coincidencia con la realidad. Cierra esta fase metodológica el trabajo de campo que de una manera clara sirve para refrendar el análisis de un ámbito, que generalmente denominamos patrimonial y que se encuentra expuesto a una serie de debilidades entre las que sobresale su ruina, provocada por un natural abandono por parte de sus propietarios, la exposición a determinadas tensiones como el desarrollo urbanístico de estas poblaciones o la transformación equivocada a la que se ven expuestas muchas de ellas4. URBANISMO TRADICIONAL. Desde nuestro punto de vista, uno de los elementos que aparece menos tratado a la hora de analizar el ámbito rural de nuestras poblaciones y en el que la arquitectura juega un papel primordial, es el del urbanismo. Unas estructuras viarias, cuya lectura es primordial para entender la disposición, organización y empleo de determinados materiales que son fundamentales incorporar a este estudio. Siendo así el caso, un primer análisis de la realidad actual nos habla de la existencia de un conjunto de localidades que se reparten por toda la geografía del Valle de Lecrín, dando lugar, como bien señala el profesor Villegas Molina, a un hábitat concentrado en núcleos pequeños o medianos, entre los que se intercalan algunas viviendas aisladas o pequeñas cortijadas, con una clara tendencia a la concentración en los núcleos mayores5. Dicha incorporación es trascendental cuando parte de la ubicación de estas localidades, donde el propio emplazamiento de algunos elementos de la arquitectura tradicional como los molinos, dependen de unas infraestructuras hidráulicas que, trazadas en esencia durante el medievo, se convierten en elementos rígidos que difícilmente se pueden alterar una vez trazados y a los que en cierta medida se les puede seguir el rastro en lo referido a su evolución histórica6. 4 En este sentido, un recorrido por el escenario en el que se está desarrollando el análisis, pone también de manifiesto la existencia de otras estructuras que integradas de la misma manera que los elementos tradicionales en el medio, complementan esa visión que acerca del territorio nos podemos llevar, ayudando incluso a establecer una cronología básica en función de su estructuras, restos arqueológicos, etc. 5 VILLEGAS MOLINA, F. El Valle de Lecrín. Estudio Geográfico. Granada, Instituto de Geografía Aplicada del Patronato “Alonso Herrera”-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1972, p. 185. 6 CRESSIER, P. “Hidráulica rural tradicional de origen medieval en Andalucía y Marruecos. Elementos de análisis práctico”. En El Agua. Mitos, ritos y realidades. Granada, Diputación-Editorial Antropos, 1995, pp. 255-286. 4
Aproximación al conocimiento del territorio a travé s de los molinos. El caso del Valle de Lecrín El VALLE DE LECRÍN La justificación de la elección del Valle de Lecrín como área de trabajo dentro de la provincia de Granada viene explicada por varios motivos. El primero vendría dado por el hecho de que cuando elaboramos nuestra Tesis Doctoral acerca del urbanismo y la arquitectura popular en las altiplanicies de Granada, trabajamos sobre una extensión lo suficientemente amplia de la provincia, como para hacernos una idea de la realidad y de los problemas que afectaban a ambos7. El hecho de vernos obligados a delimitar nuestro campo de trabajo hizo, que tuviéramos que eliminar otras zonas que considerábamos igualmente interesantes como es el caso que nos atañe, y dejarlas para posteriores proyectos como el que aquí exponemos. Por otro lado, junto al Marquesado del Zenete y la propia Alpujarra con la que linda y tan estrechamente se encuentra relacionada desde el punto de vista histórico, conforma una de las tres comarcas que mantienen más viva la presencia del componente musulmán en su idiosincrasia, ya sea éste en la propia articulación de las tramas urbanas de sus poblaciones, la propia distribución de las mismas por el territorio, la esencia de su arquitectura, su toponimia y tantas otras cuestiones que nos hablan de un pasado rico y diverso. Por último su propia fisonomía permitía delimitar un área de experimentación clara, con un conjunto de poblaciones que han conocido un similar devenir histórico que permitirían una extracción de datos homogénea, de tal manera que facilitara la elaboración de una serie de conclusiones pragmáticas clarificadoras. La zona comprende 17 localidades de entidad variable que son: Padul, Dúrcal, Conchar, Cozvijar, Albuñuelas, Chite, Talará, Acequias, Nigüelas, Saleres, Murchas, Restábal, Izbor, Mondújar, Melegís, Béznar y Pinos del Valle. Se distribuyen en un valle de origen tectónico de una cierta complejidad estructural, que se asienta en la falda oeste de Sierra Nevada y es la vía de comunicación de la Vega con la Costa. Su centro lo ocupaba una gran laguna que fue desecada en el siglo XVIII y de la que quedan en la actualidad restos en las turberas que se explotan en la localidad de Padul, pero que condicionó el emplazamiento de las distintas poblaciones8. 7 SORROCHE CUERVA, M.A. Urbanismo y arquitectura popular en las altiplanicies de Granada. Granada, Universidad, 1998. Ed. Microfilmada. 8 Desde el punto de vista histórico, conoce la presencia humana desde etapas prehistóricas, consolidando su hábitat durante la etapa musulmana, aunque su papel en el alzamiento de los moriscos de la Alpujarra, le confirió un protagonismo importante dentro de las revueltas del siglo XVI. 5
Aproximación al conocimiento del territorio a travé s de los molinos. El caso del Valle de Lecrín En la actualidad, y pese a su proximidad a la capital de la provincia ha sabido mantener algunos de sus aspectos más tradicionales que son los que se quieren y poner sobre la mesa con el fin de que no se pierdan en el olvido y por la desidia de la comunidad científica. Esta depresión de forma ovalada, como la describe Francisco Villegas Molina, forma parte de la cuenca hidrográfica del sur, dentro del área irrigada por el Guadalfeo. Al NE queda limitada por Sierra Nevada, de la que aparece claramente separada por una línea de falla; al SO por unas elevaciones que llevan a la meseta de Albuñuelas. Por el SE se alza por los materiales de sedimentación del río Dúrcal. Toda la zona se encuentra irrigada por los ríos Dúrcal, Torrente y Albuñuelas, que unidos forman el río Izbor. Tanto los materiales que rellenan las fosas tectónicas de Lecrín y Albuñuelas, como las unidades que las limitan, Sierra Nevada, los Guájares y la Meseta de las Albuñuelas, aparecen erosionadas de forma violenta por una serie de barrancos que se han encajado profundamente en ellas. Por lo que se refiere al clima, en el Valle de Lecrín, su situación intermedia entre Granada y la Costa ha establecido una serie de semejanzas entre ésta y aquellas regiones, pero con una serie de matices derivados de la orientación y de la mayor proximidad o lejanía respecto al mar9. En la depresión no se conserva ningún elemento vegetal espontáneo al ser el lugar de asentamiento predilecto del hombre. La vegetación queda limitada a los bordes montañosos, donde se conservan algunos ejemplares arborescentes aislados o pequeñas masas forestales10. El piso que deberían ocupar estas especies ha sido poblado por otras de carácter subserial, leñosas y aromáticas como la retama, las gamboyas, el tomillo, el esparto, el romero, muy relacionadas con una industria tradicional que prácticamente se ha perdido. Del resto de grupos de vegetación nos interesan las que se dan en el fondo de los valles y las riberas de los ríos como álamos, alisios, abedules, fresnos, acebo, chopos, sauces, olmos que forman grupos de muy poca extensión y que nos los encontraremos formando parte de gran cantidad de estructuras arquitectónicas11. 9 El Valle de Lecrín está incluido dentro del ámbito bioclimático de Sierra Nevada con una clara influencia mediterránea que explica su vegetación pobre. La sequedad de éste con una larga estación de altas temperaturas y nulas precipitaciones y la acción desforestadora realizada por el hombre por ampliar la superficie cultivada, empleo de madera y necesidades ganaderas, han destruido los bosques que poblaron estas tierras. 10 Dentro de la vegetación espontánea la encina es el árbol predominante, especie que debió cubrir todas las superficies calcáreas hasta los 1800-2000 metros. Junto con ella el pino de alepo es la otra especie característica. Algunas clases de castaños se pueden incluir dentro de este grupo al pertenecer algunos ejemplos al menos a época romana. Un árbol este que ha sido protegido por el hombre que ha tendido siempre a plantarlo junto a las acequias de riego. 11 Pero uno de los aspectos que más nos interesa es el conformado por la vegetación antropógena. Por un lado la repoblación de parte del territorio por orden de 1929 tras un 6
Aproximación al conocimiento del territorio a travé s de los molinos. El caso del Valle de Lecrín LOS MOLINOS Y LA INFRAESTRUCTURA PRODUCTIVA. ALGUNOS EJEMPLOS CONCRETOS Hacíamos hincapié en el apartado anterior, en la importancia de entender el estudio de estos edificios dentro de la más genérica articulación productiva de la zona en la que se insertan. Así pues, es de vital importancia para estudiar la disposición de estas construcciones, la de comprender la red hidrográfica de esta cara este de Sierra Nevada y la red hidráulica que la sangra para generar un espacio tremendamente humanizado, donde el reflejo más evidente fue la desecación de la Laguna del Padul en el siglo XVIII, dentro de la política filantrópica de la Ilustración de ampliar el número de tierras cultivables, como ya hemos comentado. Propuesta así la cuestión, echar un vistazo al trazado de acequias que surten todo el territorio, permitirá explicar la disposición de estos edificios en el mismo. La red hidráulica principal de la comarca está organizada en base a las corrientes de los ríos Dúrcal, Torrente y Béznar, que son los caudales más estables. Desde ellas parten acequias que recorren la práctica totalidad de las faldas de Sierra Nevada para llevar agua a las poblaciones en las que se perciben las entradas de agua por las zonas superiores de sus caseríos para acabar muriendo en las vegas o en las propias corrientes. El hecho de conocer el momento de la desecación de la laguna, marca un segundo momento de trazado de canales desde el siglo XVIII, para dotar a la zona recientemente puesta en explotación de las mismas condiciones con las que contaban las zonas más antiguas desde el siglo XVI. Esta cuestión pondría de manifiesto una clara relación entre los molinos que se encuentran relacionados con las acequias trazadas en el medievo, cn aquellos otros que lo pudieron estar a partir de la Edad Contemporánea. Dentro del conjunto de localidades que se pueden visitar en el Valle, nos centraremos en el estudio de algunos ejemplos de poblaciones como Acequias, Albuñuelas, Padul, Dúrcal, siendo conscientes que no se pueden tratar todos los edificios existentes en la comarca, pero que constituyen los ejemplos suficientes como para poder extraer una serie de conclusiones genéricas. análisis de la situación a la que había llegado el territorio debido a la desforestación que había provocado el hombre y que provocaba corrimientos de tierra. La especie más empleada es el pino, junto con el cedro. Después de la Guerra Civil se volvió a recuperar está preocupación por la repoblación del Valle, desarrollándose un plan que tenía por objetivo recuperar toda la orla que rodea al valle. 7
Aproximación al conocimiento del territorio a travé s de los molinos. El caso del Valle de Lecrín El primer ejemplo, el de Acequias, presenta la ubicación de sus molinos en la zona alta de la localidad, aunque cuenta con otros ejemplos, en concreto almazaras en el interior del casco urbano, que también emplean el agua en su funcionamiento. Muy derruidos, algunos de ellos han sido restaurados y en la actualidad son hospedajes rurales, que se conforman como una de las pocas soluciones para recuperar a los mismos12. El caso de Albuñuelas, es paradigmático en cuanto a que representa una de las mejores plasmaciones del urbanismo islámico en barrios, relacionado con la estructuración agropecuaria de su sociedad. El molino de los Úbedas, localizado en la zona inferior del cerro del Castillo, toma agua del río Saleres a través de una acequia que la lleva hasta el sifón. Su estructura, muy transformada, deja ver aún la salida del agua, aunque lo que es el edificio en sí, se encuentra en parte restaurado13. El caso de Dúrcal concentra sus ejemplares en la zona del río Dúrcal, la de mayor declive del terreno y abundancia de agua para así garantizar que la circulación de la proveniente del río, captada a través de acequias, adquiriese la fuerza suficiente como para poder mover las piedras. Junto a ello la existencia de fuentes en la zona baja de la localidad complementaba el abastecimiento de hasta seis molinos que ya mencionaba Madoz14. Su emplazamiento apenas si se ha alterado y ha cambiado desde el siglo XIX al menos. Por último, el Padul, ofrece también una concentración mayoritaria de molinos en la limítrofe con lo que fue la antigua orilla de la laguna y que ejemplifica una ubicación lógica de estos edificios que en este caso se surten de las innumerables fuentes que afloran en la zona15. La relación de estos edificios con las acequias, hace pensar que pudieran estar relacionados con las mismas, por lo que las zonas más antiguas de sus estructuras, cimentaciones y acueductos en gran medida, pudieran datarse en el siglo XVII e incluso en el anterior en los casos más antiguos, como testimonios de una constante reutilización y adaptación a las necesidades que cada época imponía. 12 Madoz señala respecto a los molinos de la población que contaba con dos molinos de aceite con una piedra cada uno movidas por agua, y una viga arábiga el uno, y el otro de prensa; dos harineros, cada uno con dos piedras impulsadas también por agua. MADOZ, P. Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. Ed. Fac.Valladolid, Ediciones Ámbito, 1987., p. 7. 13 El propio Madoz, cita para mediados del siglo XIX, de entre los molinos con los que contaba la localidad con uno de sangre que en la actualidad aún queda en pie y que se convertiría en el único ejemplar de estas características de la comarca. Ibídem, p. 15. 14 Ibidem, p. 79. 15 Ibidem, p. 284. 8
Aproximación al conocimiento del territorio a travé s de los molinos. El caso del Valle de Lecrín No obstante no podemos dejar de lado algunas cuestiones que, por tratarse de aportaciones indirectas de datos no son menos importantes. La presencia de los molinos se constata como uno de los elementos fundamentales para poder llevar a cabo una reconstrucción acertada de un paisaje histórico, ya que desde la Antigüedad fueron edificios fundamentales dentro de la economía, no ya solo de pueblos sino de ciudades. La necesidad de contar con la fuerza motriz como es el agua, los vincula de un modo directo bien con fuentes o caudales fluviales, o con la red de acequias que articula un territorio que desde el siglo VIII, al menos podría contar con estas últimas. Junto a ello, no podemos olvidar la propia evolución que la producción de determinados cultivos ha tenido en el Valle de Lecrín, y que se insertaría dentro de la genérica de la provincia de Granada. El caso más claro es la plaga de filoxera que afecto a la vid en los años setenta del siglo XIX y que supuso una alteración en la producción, arrancándose la mayoría de las plantaciones. Por esta misma cuestión hemos de pensar, por ejemplo, que no siempre se habrá producido aceite en la zona, por lo que el número de almazaras en la misma habrá disminuido o aumentado según las necesidades, sobresaliendo en este sentido uno de los mejores ejemplos de almazaras de prensa del siglo XIV que queda en Andalucía oriental que es la almazara de Nigüelas, edificio que refleja muy bien las características de estas construcciones y que serviría como elemento comparativo para analizar la evolución estructural que han conocido hasta mediados del siglo XX. Por tanto, la interpretación que del paisaje de una determinada zona podamos realizar, en base al estudio de la presencia de un edificio tan fundamental en la economía de las poblaciones rurales como lo fue el molino, participa de un conjunto de condicionantes y determinantes, tan variado, que sólo un exhaustivo estudio multidisciplinar, ayuda a componer esa imagen, que ya en muchas zonas se ha perdido irreversiblemente. Los ejemplos que aquí se han esbozado son algunos de los muchos que se pueden encontrar en la comarca. En este caso no hemos querido caer en la mera descripción tipológica de unas construcciones que vienen a responder en cuanto a su ubicación y a su estructura interna a unas constantes de emplazamiento y edificatorias que se puede ver en otras zonas de España. Pero si nos parecía interesante llevar a cabo una reflexión a cerca del papel que tienen a la hora de llevar a cabo una aproximación e interpretación del lugar en el que se emplazan, sin olvidar tampoco el remarcar el olvido en el que se encuentra el análisis de las estructuras urbanas de estas localidades y en cuya conformación juegan un papel fundamental estos edificios junto a las infraestructuras hidráulicas que los acompañan. 9