DISCURSOS
LEIDOS ANTE LA / •
REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES
DE SAN FERNANDO
EN LA RECEPCIÓN PUBLICA
Il m o . S . D. LORENZO ÁLVAREZ Y CARRA
EL DIA 24 DE JUNIO DE 188 3
MADRID
' IMPRENTA Y FUNDICIÓN DE MANUEL TELLO
IM PRESO R DE CÁMARA D E S . M.
Isabel la Ca ólica, 23
1883
DISCURSOS
LEIDOS ANTE LA
BIBLIOTECA UNIVERSITARIA
g anada
N.5 Documen o lOs SO
N.» Copia — 2 3 5 7 Q < T
REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES
DE SAN FERNANDO
EN LA RECEPCIÓN PUBLICA
Il m o . S . D. LORENZO ÁLVAREZ Y CAPRA
EL DIA 24 DE JUNIO 'DE 188 3
MADRID
IMPRENTA Y FUNDICIÓN DE MANUEL TELLO
IM PRESO R DE CÁMARA D E S. M.
Isabel la Ca ólica, 23
1883
LEIDOS ANTE LA
DISCURSOS
BIBLIOTECA UNIVERSITARIA
g anada
N.5 Documen o.
N.» Copie — Z 3 5 7 (9<T
REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES
DE SAN FERNANDO
EN LA RECEPCIÓN PÚBLICA
Il m o . S . D. LORENZO ÁLVAREZ Y CAPRA
EL DIA 24 DE JUNIO >E 188 3
MADRID
IMPRENTA Y FUNDICIÓN DE MANUEL TELLO
IM PR ESO R D E CAMARA D E S . M.
Isabel la Ca ólica, 23
1883
DISCURSO
DEL
Il m o . Se. D. LORENZO ÁLVAREZ Y CAPRA
L
Seño es Académicos:
Vues a bene olencia me coloca hoy en la si uación
más ex ao dina ia de mi ida; pues si bien es cie o que
es á g abada en mi co azón la echa en que me dispen-
sás eis la hon a inme ecida de elegi me compañe o ues
o, no empecen el júbilo y la g a i ud que me pa ezca
eme a io el hecho de sen a se en e oso os el que,
como yo, no puedo o ece os ni idea alguna nue a po
u o de la obse ación, ni el descub imien o a ís ico ó
cien í ico más humilde.
Moles o ues a a ención en cumplimien o de un debe
eglamen a io, p es ándome alien o en an a dua emp e
sa, la ca iñosa indulgencia que me habéis dispensado
en época bien p óxima, la solici ud con que muchos de
oso os habéis p ocu ado asmi i me ues os conoci
mien os desde las aulas, la segu idad de que encon a éis
la compensación de mis i iales ideas en las b illan es
y sabias de uno de mis maes os más que idos, que hace
el hono de con es a á es as mal aliñadas ases; y sob e
odo, la opo unidad de con esa os públicamen e que en
go á ap ende de oso os y decidido á compa i ues
as a eas con é y cons ancia, sin la espe anza de alcan
za un nomb e como el ues o, po que esa es emp esa su-
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do y ejecución de g andes ías de comunicación, al pa i
men ado de las calles, á la cons ucción de acueduc os y
á odas las p oducciones debidas al genio a qui ec ónico
de aquel pueblo. Bajo el impe io de la epública, Roma
se dedica p incipalmen e á la a qui ec u a hid áulica: se
cons uye el g an Ci co Romano bajo la ad ocación de
Ma e, des inado á eje cicios a lé icos; y como da o pa a
juzga de la a qui ec u a en aquel pe iodo, bas a eco da
la cos umb e que se es ablece de le an a un emplo des
pués de las ba allas al Dios que el gene al en je e hubie
a in ocado du an e el comba e; eniendo es a p oceden
cia, como odos sabéis, el que Quinc us dedicó á Ma e,
el de Juno, el de Salus, el de la Conco dia, el de la Fo
una y el de Magna Ma e . La época de las ic o ias de
los omanos en Sicilia, en Pe sia y Macedonia es o a a
se salien e de aquel pueblo: eso os inmensos de o o, pla
a y ped e ía si ie on pa a engalana los emplos y edi
icios públicos, y las es a uas, pin u as, asos, columnas
y capi eles de má mol aidos de G ecia, inician una as
o mación en el gus o a qui ec ónico que coincide con su
o ganización especial, y la sencillez del e usco se sus i u
ye po el es ilo ap endido en dichos obje os de a e: con
el impulso de Julio Césa se es au a el Capi olio y se
edi ican los emplos de Ma e y Apolo, y después de la
ba alla de Ba salia el de Venus. El Senado omano se a
le asimismo de la a qui ec u a pa a es eja á Julio Cé
sa , y le an a los emplos de la Libe ad, de la Conco
dia, de la B'elicidad y de la Clemencia.
El siglo de Augus o, engalanado con el o den co in io
que llenaba odas las exigencias de aquella sociedad, po
su mayo iqueza de o namen os en los capi eles, en able-
men os, co nisas y moldu as, ha dejado ma cadas sus hue
llas en el 1 an eon de Ag ipa y en el pó ico de Oc a io:
los empe ado es T ajano y Ad iano, cons uyendo el p i
me o el o o de Roma y la Basílica Ulpia, y el segundo
p oyec ando y di igiendo pe sonalmen e un emplo en ho
no de T ajano, pusie on de elie e á los ojos del mundo
la impo ancia que le die on.
En la Edad media, la a qui ec u a llena una de sus pá
ginas más glo iosas, caminando desde la ca acumba y el
monumen o omano has a la oji a: después del pe íodo
en que los p ime os campeones de la é de C is o, casi
p osc ibie on las bellas a es po la epugnancia que e
nían á odo lo que pudie a pa ece pagano, se enseño ea
del mundo la señal del C uci icado, comp ende la Iglesia
que cuando aquellas cumplen su e dade a misión, y los
pueblos las cul i an en oda su magni ud, p oducen g an
des e ec os mo ales y ma e iales, y enca ga á la a qui ec
u a c is iana, de acue do con los p ecep os eligiosos, o
ma como obje i o el ele a al homb e á un mundo in e
lec ual y supe io , y se c ea el nue o es ilo que necesa ia
men e había de a moniza los sen imien os de la época.
Al ap oxima se á su in el impe io de Occiden e, bus
ca e ugio la a qui ec u a en el de O ien e, que se con
se aba en odo su esplendo , á pesa de algunos sacudi
mien os p oducidos po in asiones ex anje as, y sien a
sus eales en la pequeña ciudad de Bizancio, que no a
da en oma g an impulso: allí los a qui ec os c is ianos
desechan añejas p eocupaciones, acep an la cúpula o ien
al como ecue do de la bó eda del uni e so, y á poco de
c ea se el es ilo bizan ino que admi amos*en el emplo de
la Sabidu ía Di ina ó de San a So ía, cons uido po An-
emius, es al el uelo que oma y la e olución que p o
duce, que después de la céleb e ase nec acile cujusquam
a gui posse judi io, las co dille as de los Alpes no son bas
an es á impedi que España se ea in luida po él, an o
I3
H
más cuan o que exis iendo elaciones es echas con los
á abes posesionados de la mayo pa e de la península,
no pueden desecha se ni las cos umb es o ien ales, ni la
pa e que omada del es ilo o ien al se obse a en nues
a a qui ec u a omano-bizan ina. Es e es ilo, llamado
con azón el de las abadías y de los san ua ios de las lo es
as, esponde al espí i u del mis icismo, y de la oscu idad
se p esen a como a ibu o del pode eoc á ico en su p i
me a ase, y has a su es uc u a, que dis a de la o ien al
y no es la la ina, es el e lejo de las cos umb es. Después
de la memo able conquis a de Toledo, cuando Alon
so VI hizo es au a las ciudades de A ila, Salamanca
y Sego ia, es e géne o de a qui ec u a se p esen a con
menos udeza, oma capi eles con con o nos más dibuja
dos, adquie e a iedad de o na os, y sólo una mi ada á
las áb icas ealizadas en onces, hace adi ina la labo io
sidad y anquilidad de aquellos días.
La a qui ec u a mo isca, esa a qui ec u a que se p e
sen a con odas las galas de la poesía y que se la e po
un lado guia á la imaginación, al delei e y á la olup uo
sidad, y po o o siguiendo los p ecep os del Ko án se
encie a en el mis icismo, e a a á un pueblo de o igi
nal ca ác e en sus palacios, ha enes y baños; en sus
mezqui as y san ua ios, es la exp esión de una aza que
he manó el apasionamien o del co azón con la b a u a en
los comba es. Los p íncipes á abes se alen de ella pa a
ealza el esplendo de su ono, y como hija de un genio
o ien al se a a íh con columnas esbel as, a cos apun ados
de he adu a, es alac í icos, con bó edas apiñadas, azule
jos, má moles, mosaicos, made as p eciosas, colo es b i
llan es, es deci , se engalana con odo cuan o puede habla
a los sen idos. ¿Quién con empla á la Alhamb a de G a
nada, sus palacios y aljamas, sus o es y sus mu os, sus
bosques y sus lo es, cobijada po un cielo b illan e y
humedecida po los apo es del Genil, que no comp enda
las icciones y ealidades que sa is izo po medio de su
a qui ec u a el pueblo á abe? ¿Quién hab á pe manecido
en ella algunos ins an es, que no haya dado la azón á
nues o ilus e poe a Zo illa, cuando en su magní ico
poema o ien al G anada exclama:
¡Regia Alhamb a! ¡ Au eo pebe e!
Pe ume o de sul anas,
us a ábigas en anas
son las pue as de la luz,
el o ien e se some e
á us pies como cau i o,
y hace bien de es a al i o
de ene e el andaluz?
Los g uesos mu os del ex e io indican la ue za y ha
cen eme á un pueblo escla o el pode del que le domina;
el in e io , la elicidad ma e ial exci ada po la an asía
de sn eligión; el pa io de los Leones, los salones de Em
bajado es y el de las Dos He manas, con aquella iqueza
de o namen ación, ienen el sello de la an asía de sus
mo ado es.
La c eación de una de las ob as más no ables del en
endimien o humano, la a qui ec u a oji al, an con o
e ida en su o igen, ué el anuncio de un ge men de p o
g eso y de bienes a ma e ial, ap eciado simul áneamen e
en odos los pun os de Eu opa en que el ca olicismo eje
cía su pode ío: es ilo lleno de ingenio, de 'se e idad y de
g acia iene el sello de la é eligiosa en sus mis e iosos
ámbi os, y la a qui ec u a oji al la ele a y e e niza con
sus pe o ados mu os y sus agujas; las bellísimas ca e
d ales gó icas se án siemp e la exp esión de la in eligen
cia y la é: analizando sus de alles se e un sis ema de
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cons ucción pe eccionado; dependien e odo del a co
óji o empleado en las áb icas omano-bizan inas, po él
se azan las bó edas, las pue as y en anas, disminu
yendo las supe icies pa a que sólo se con emplen líneas
e icales g andes y a e idas, y apa eciendo las bó edas
como suspendidas del ai e, p oduzcan sus conjun os e
dade o e ec o mágico en el ánimo del que las con empla.
El so p enden e mecanismo de las esis encias, los mu
os ho adados po ai osas en anas y e o zados á echos
po es ibos y bo a eles, cons i uyen un conjun o de e
dad y de belleza que imp esiona, lle a á la imaginación á
conside aciones supe io es, y á a és de sus encajes se e
cla amen e que el obje i o de es a a qui ec u a e a mo a
liza al homb e pu i icando su espí i u.
Al obse a la lige eza y obus ez, la se e idad y la
g acia de la ca ed al de León, po ejemplo, el alma se
a ec a, y al eco e aquellos ámbi os gó icos, el pensa
mien o pene a oda la poesía del a e c is iano: áe ea y
an ás ica llega á a e a po su misma sol u a, y en aquel
calado y p imo oso encaje es á ence ada oda la iloso ía
de la a qui ec u a.
La ca ed al de Bu gos, una de las glo ias a ís icas más
b illan es de España, ¿qué es sino un ce i icado en pie
d a de la ci ilización de los siglos xm , xi y x , y del
amo á las a es en aquella época? La no able ca ed al de
Toledo, museo del a e c is iano desde los siglos xm al x m,
como con azón la llaman a ios his o iado es, es el e
lejo de la é eligiosa, de los concilios, de una mis e iosa
majes ad, y exp esa la índole ele ada de la an igua iglesia.
La g andiosa ca ed al de Se illa, en la que el gó ico
lo ido, el enacimien o, el g eco- omano, y áun el á abe,
concu en á su conjun o, ¿qué imp esión no hace expe i
men a al e la an magis almen e concebida, an mag-
niñea y de an colosales p opo ciones? Aquel a e con que
las na es la e ales ap isionan la cen al y odas ellas se
dejan domina po la amosa Gi alda, p egona el bienes
a y la cul u a de una ciudad ennoblecida con sus ic
o ias.
En la época en que el a e a qui ec ónico uel e á ha
ce se p o ano, alen ado po un espí i u de in es igación
y de duda que le lle ó á la imi ación y al ecue do de pe
iodos pasados, se islumb a el es ilo llamado imp opia
men e Renacimien o en San a Ma ía del Fio e, de Flo
encia, y p oduce un cambio b usco la ansición de la
sociedad gó ica á la mode na, se an epone la o ma al
pensamien o, se sac i ica la sencillez del gó ico á una ex
ao dina ia o namen ación, y se mi a el cul o á la belle
za, no como medio de llega á la pe ección, sino como
in á que aspi a.
Mue o el en usiasmo bélico se p ocede á la es au a
ción de la idea en los monumen os an iguos, y al enace
el a e que p esidía en aquéllos, se p e ie e el sis ema de
líneas hoiizon ales al de e icales, echándose en ol ido
la o ma de pi ámide. I alia se enca ga de es e cambio,
g acias al a án con que se dedicaba al cul i o de odos los
conocimien os del sé humano, y el enacimien o se di un
de po oda Eu opa: e iden e es que España no había de
mani es a se ex aña á es e nue o es ilo, pe o no e a po
sible a o unadamen e bo a en un día escien os años
de la posesión del gó ico ni la ca a de na u aleza que el
a e á abe había omado; así es que ansigió con la no
edad, pe o espe ando an iguas adiciones que die on
po esul ado la mezcla de a ábigo en los o namen os, la
delgadez de las columnas gó icas y el a a ío de las o
mas omanas, ese es ilo llamado pla e esco po unos y e
nacimien o español po o os, es ilo que ha enido á se de
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una o iginalidad sin igual, an o po la mane a de escon
de con la pompa del o na o los miemb os a qui ec óni
cos, cuan o po que su obje i o consis e en las galas de la
deco ación. En es a mane a de se de nues o enaci
mien o, y apa e de las an e io es dominaciones, la is a
menos pe spicua echa de e la pe ección que adqui ie
on las a es del dibujo y que en ellas consis ía el gala
dón de los g andes, demos ado en el magní ico con en
o de San Ma cos de León, con su ex ao dina ia iqueza
y g andiosidad; en la espléndida casa de Ayun amien o
de Se illa, en la pue a la e al de la Ca ed al de G a
nada, en la Uni e sidad de Alcalá de Hena es, en la Cole
gia a de Cala ayud, en el asco o de la Ca ed al de Za a
goza, en la Capilla de Medina, en la Sac is ía de la Ca
ed al de Se illa, en el claus o del Con en o de San Es e
ban, en el de Salamanca y en o as mil ob as que se pu
die an ci a , p obando odas ellas que la a qui ec u a pla
e esca es la iel exp esión de una época de desa ollo en
el in e és indi idual.
La suceso a del es ilo pla e esco en nues a pa ia, ó
sea la a qui ec u a omana es au ada, que es á sin e i
zada po Juan de He e a en el sun uoso Monas e io del
Esco ial, pa ece que lle a el sello de majes ad y g andeza
que co esponde áuna nación, que descub e un nue o mun
do, que iun a en San Quin ín y en la ba alla de Lepan o.
1 emplo colosal en sus dimensiones, se e o en sus o
na os, de plan a excepcionalmen e pensada, de achadas
con lineas pu as y adecuadas, encie a en su pe íme o
un Pa io de los Reyes y un pó ico que ele an su azado.
San Lo enzo del Esco ial, enca nación del o o de Feli
pe II po la ic o ia alcanzada po sus a mas, se á siem
p e la imagen iel de la g andeza de nues a nación hace
es siglos.
Las licencias chu igue escas de pe iodos pos e io es
e lejan un nue o es ado mo al, y cuando después se es
au a la a qui ec u a g eco- omana, el Palacio Real de
Mad id, p ueba que dió Felipe V de su amo á la a qui
ec u a, es el p incipio de una nue a e a que cul i ó Ven
u a Rod íguez, y que con inúan Saba ini p ime o, y des
pués Villanue a, dando galla das mues as del p og eso de
la a qui ec u a.
La ápida ojeada en que habéis enido la abnegación de
acompaña me, in e p e ando ca ac e es de algunos es ilos
a qui ec ónicos, y su es uc u a, pone de mani ies o con
hechos consumados, que es a bella a e ha sido siemp e la
iel exp esión de las ideas de cada época, no deja la me
no duda que los monumen os ealizados lle an la señal
del genio y ci ilización de cada pueblo, y como conse
cuencia lógica que la a qui ec u a es el lenguaje con que
las dis in as sociedades esponden de su adelan amien o.
Al demos a , con el es imonio de la his o ia, que la so
ciedad an igua se alió de la a qui ec u a pa a el cul o
á la na u aleza, la Edad media pa a ele a el espí i u del
homb e á una egión supe io , y que la Edad mode na
esponde con sus cons ucciones á sus ideas, demos ado
queda en mi concep o el céleb e dicho de Cus ine, que
la a qui ec u a es la isonomía de las naciones, y po lo
an o, que iene una in luencia muy di ec a en la so
ciedad.
Además, la a qui ec u a es la compañe a insepa able
del homb e, no le abandona desde la cuna al sepulc o:
ella es la enca gada de p epa a el bienes a y la comodi
dad del hoga domés ico odeado de sus a ec os más ín
imos; allí ecibe el homb e sus p ime as imp esiones, los
halagos de los que le die on el sé ; en él ecoge las p i
me as ca icias de la mad e, de esa g an igu a que con
19
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nada es compa able, pues ella con su abnegación con ie
e la casa en un e dade o san ua io; la a qui ec u a
igualmen e ealiza los emplos donde, pos ándose an e el
Sé Sup emo, le pone en su con ac o; cons uye el cole
gio en que el homb e ecibe su p ime a ins ucción, y la
uni e sidad ó escuela supe io de donde ob iene su e
dade a posición social; se ocupa del hospi al y del ma
nicomio como albe gues del des alido, p epa ándole buen
alojamien o y de condiciones á p opósi o pa a ali io de
sus males; le an a museos pa a el esplendo de sus com
pañe as las o as bellas a es, y los dispone de modo que
los p oduc os del genio se p esen en con lucimien o; p e
pa a biblio ecas y a chi os que si an de uen es de ins
ucción y de conocimien o de edades pasadas; edi ica
ea os y salas de concie os pa a que el homb e encuen
e ec eo y descanso á sus a igas, despe ando sus sen i
mien os; se ocupa de cá celes y p esidios, que al pa que
egene en, si an de expiación de al as ó deli os; p odu
ce cong esos y senados, en los que los ep esen an es de la
pa ia a iendan al mejo amien o del país y á los de echos
y libe ades de los ciudadanos; lle a á cabo alle es y á
b icas pa a que, al gana su sus en o las clases poco aco
modadas, se desa ollen y aumen en las iquezas públi
cas; cons uye academias y a eneos como palanques de la
in eligencia y del ingenio; ele a monumen os que ecue
den al pueblo las i udes de sus conciudadanos, y p e
pa a el pos e alojamien o de la c ia u a, su umba, y
allí encie a su o ganismo den o de la ma e ia ino gáni
ca, dando o mas al má mol ó á la pied a pa a inmo ali
za su ecue do.
He llegado al é mino del acciden ado camino que aca
bo de eco e , abusando de ues a paciencia; al da os
innume ables g acias po lo complacien es que habéis si—
21
do conmigo, escuchando ecue dos que odos enéis ol i
dados, debo since a me espec o al exclusi ismo que pue
da e leja es e discu so, ocupándome sólo de la a qui ec
u a, y dejando sin menciona á sus he manas las o as
a es que an o coadyu an á su esplendo , que ienen i
cisi udes a ines con ella y b illan e his o ia: dos azones
pode osas exis en pa a es o; es la p ime a, que odos sa
béis que, aunque con poco u o po la escasez de mis a
cul ades, me dedico al cul i o de la a qui ec u a con sin
igual ca iño y eu usiasmo; y la segunda y p incipal, que
juzgo, an o á la pin u a, como á la escul u a y á la mú
sica, a es de adición é in luencia an impo an es, que
caso de habe hablado de ellas, es a ía obligado á dedica
las capí ulos la gos y especiales, que hubie an lle ado á
es e pob e discu so á oca el lími e de ues o cansancio.
He d ic h o .
28
sie os sin libe ad, sin olun ad, sin po eni , ins umen o
de la p ime a: sus di inidades son múl iples, así como sus
símbolos; admi ado es los indios de odo cuan o les o
dea en la na u aleza, c een que los animales son homb es,
á quienes deg adó el mal uso que de su ida hicie on, idea
que les lle a á espe a los has a la exage ación y á eces
á di iniza los. Los monumen os indios, ejecu ados bajo
la idea y con a eglo á las ó denes de los sace do es, ca e
cen de inspi ación en las es épocas en que se puede
conside a di idida su a qui ec u a, que consis en en cons
ucciones sub e áneas ó soca adas, que debie on se las
p ime as que p es a on albe gue al homb e y á la misma
di inidad, á la cual co esponden las ocas de Mahabalipu
y de Elephan a; cons ucciones que se ele an con las o
cas, pe o sin apa a se de ellas, como la pi ámide de Jag e-
na y el emplo de Ind a, y edi icios aislados o mados
con pa es a ancadas á las mon añas, á las que co es
ponden la no able pagoda de B ama, la más monumen
al de odas ellas: en odas se pa en iza el dominio de la
au o idad sob e la libe ad; la pacien e labo de miles
de sie os condenados á du os abajos, siguiendo u ina
iamen e las ó denes supe io es en el en allado de aque
llas ocas y de aquellas escul u as de animales, de lo cual
esul a una a qui ec u a po ex emo a iada como su
imaginación y las di inidades á que p es aban cul o, pe o
en la que lo acceso io domina sob e lo undamen al y una
escul u a amane ada y al a de exp esión.
El pueblo Egipcio, que debió ecibi in luencias de la In
dia y de o os países, conse a en sus ins i uciones la di
isión en cas as; mas es as aumen an en núme o, y la de
los sace do es y la de los gue e os cons i uyen las p in
cipales: di undense de e minados conocimien os, y hace
piog esos no o ios la geome ía: en la eligión de las cas as
sace do ales comienza a inicia se la idea de unidad, que
e ie en a un g ande y sup emo a qui ec o del uni e
so; descúb ese en la doc ina la idea de la T inidad ela
cionada con las ue zas gene ado as ecundan es y uc
í e as que da o igen a la di e sidad de númenes, y admi
en la exis encia de una ida más allá de la mue e del
indi iduo y el juicio que se ab e an e el sepulc o. La a
qui ec u a mués ase ya mas a iada en sus aplicaciones,
sa is aciendo las di e sas necesidades que de e minan las
condiciones de ida de aquel pueblo, áun cuando p e alece
el simbolismo; no ase en ella una g an egula idad que la
hace degene a en ígida, como lo es su jus icia; p edomi
nando las o mas cuad angula es, los obus os pilas ones
y las la gas líneas ho izon ales, que señalan sus ca ac e
es dis in i os de igo y de solidez, como símbolo de la
du ación; no limi ándose ya, como en la India, á cons ui
emplos aquí suje os a la exp esión ge oglí ica, y en la que
se con unden en ex aña mezcla miemb os de homb es y
de animales que engend an las es inges y las a as igu
as de los númenes, sino que ambién e ige palacios sun
uosos pa a los gue e os un día ele ados á la digni
dad de eyes: aza ciudades y canales que mues an á un
iempo mismo su pode , ins ucción y el desa ollo del
come cio; le an a pi ámides y obeliscos, y ab e en las
mon añas e dade as ca acumbas pa a en e amien o de
sus mo ado es.
O o pueblo, cuyo e i o io se halla casi ce cado de
ma es y en ácil comunicación con el Egip o y con la Si
ia, es aba llamado á p oduci g andes inno aciones en
su cons i ución social; á conclui con la di isión en cas
as; á no man ene la eligión ence ada en el san ua io;
a exal a ánimos en el amo de la pa ia has a el mayo -
g ado de he oísmo, á p o undiza en las ciencias, á imp i
29
mi un impulso gigan esco á las a es: y es e pueblo e a
G ecia.
Do ado de una g an ue za de asimilación, áun cuan
do en su p incipio conse ó el p edominio de la cas a sa
ce do al, p on o se le e ap o echa se de los dogmas y
adiciones del Egip o, pa a pone los en a monía con las
dudas que sob e ellos sien e, animado de su g an espí i
u de libe ad; la p eponde ancia exclusi a del sace do e
comienza á dec ece con la p edicación de una mo al que
pudie a llama se ci il, y casi independien e de la Teolo
gía, impulsando á la ciencia á busca el o igen del mun
do ue a de las adiciones del sace do e; p ime paso de
la iloso ía que an o uelo omó con Pi ágo as, Sóc a es,
Pla ón y A is ó eles; adqui ie on g an desa ollo la me
dicina y las ma emá icas, y en el siglo de Pe icles llega
on á su apogeo las a es.
El espí i u de libe ad del pueblo g iego; el sen i
mien o de lo bello que poseía con al i eza, que ha he
cho deci á un .esc i o que le ene aba como i ud; las
ecompensas popula es, y has a la eligión, pe mi iendo
ep esen a á los dioses con semblan es humanos, c ea
dos á imagen del homb e, pe o ennoblecidos has a lo su
blime, hicie on del pueblo g iego el más o iginal, engen
d ando un a e en que campea la ealidad ingénua, des
p o is a de la con usa y emb ollada labo o namen al de
los asi ios: a e ceñido á exp esa sencilla y elocuen e
men e lo que el sen imien o exige; y odas es as condicio
nes se hacen posi i as po sus a is as en el Pa enón de
Ic inus, en el E ec eo y en el emplo de Mine a, muy
opo unamen e ci ados po el nue o académico, y en o os
muchos consag ados á sus múl iples dioses, así como en
las inimi ables escul u as de Diana y de Mine a, a i
buidas á Fidias; en la Niobe de Scopa, y en las ob as
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pic ó icas que se deben á Poligno o, á Apeles y á A ís i-
des el Tebano. En G ecia, po in, u ie on su o igen los
ó denes de a qui ec u a llamados dó ico, jónico y el co
in io, que se aplicaban y desen ol ían den o de una li
be ad p uden e que cons i uye su belleza, y no con a e
glo á las leyes in lexibles y amane adas á que se les suje ó
después.
Si el a e se pa icula iza en G ecia con el a is a, y
adquie e esa ida del espí i u que pe mi e descub i á
a és de la o ma la esencia, la idea mad e que le da
ida, condición de su exis encia y de la de aquel pueblo
que se emancipa y asciende po su sabe y libe ad desde
la clase de sie o a la de ciudadano, ca ác e que le di e
encia en absolu o del p ac icado en la India y en el Egip
o, en que dominaba la eoc acia; el a e en Roma es
ambién el e lejo de la ida, emp esas, o ganización so
cial y mudanzas de aquel pueblo con odas sus g ande
zas, con odos sus decaimien os; pueblo en iquecido con
los despojos y el abajo de odos los países con quien
man u o gue as, suje o, no obs an e, en a es á la in
luencia que en él eje cie on'los a qui ec os y a is as e
nidos de o os países, algunos de ellos en calidad de escla
os: no alcanza, no, el a e omano el g ado de o igina
lidad que el g iego; su ca ac e ís ica es el a co que ie
ne a sus i ui al a qui a e de aquéllos; la pilas a, epa
ida á lo la go de los mu os, á la que á eces se adosa la
columna y la bó eda que se engend a con los a cos.
Bajo la epública que i ió ida agi adísima, y á pe
sa de la libe ad, no hizo p og esos la a qui ec u a, que
alcanzó mayo esplendo con el impe io: de sus g andes
ic o ias su gió la necesidad de a cos conmemo a i os
y de emplos al Dios in ocado, y la a qui ec u a le an
ó los a cos de Sep imio, Se e o y de Ti o, y los em-
3i
píos de Ma e, de la Fo una i il y o os; de su ue za
é ins in os sanguina ios, el ci co y la a qui ec u a e igió
el Coliseo; de su lujo y de su olup uosidad los baños ó
e mas, y el a e ele ó las amosas de Ca acalla; de la
idea abso ben e y de concen ación de ue zas del Es ado,
así como de dominación uni e sal, las g andes ías, la
di e sidad de emplos; el Pan eón de Ag ipa, el monu
men o acaso más no able de los omanos, yen el que u o
su o igen la cúpula.
Es e pueblo, que eunió en su ecin o habi an es de
odos los países, cub ió de monumen os y de es a uas
aídas de ellos el ecin o de Roma; po eso el a e a qui
ec ónico es allí más g andioso que o iginal, p esen ando
ya supe pues os los ó denes a qui ec ónicos en algunos
edi icios; y áun cuando i ió po la ue za, jus o es con
signa que endió á da unidad al gobie no del Es ado, y
que dejó en odas pa es en que dominó huellas de su
g andeza, pode ío y adminis ación en ob as nue as é im
po an es que e igió la a qui ec u a, como puen es solidísi
mos, mu allas y acueduc os no ables, es imonios elocuen
es de la ín ima elación é in luencia de aquel a e en la
sa is acción de las necesidades que emanan del o ganis
mo social en cada época.
No he de de ene me en pone de mani ies o el espec
áculo is e que o ecía el pueblo omano al ad enimien
o del C is ianismo, acon ecimien o el más g ande que
egis an los siglos, po que además de se de odos muy
conocido, ha sido desc i o y can ado con an i os colo es,
con al magia y elocuencia po o ado es y poe as, que
se ía en mí a e imien o inexcusable in en a lo; mas cum
ple á mi p opósi o deja consignado, en apoyo del ema
del discu so á que con es o, que cuando el C is ianismo,
po el iun o de Cons an ino, pudo mos a se á la luz del
32
día y oma pa e en la ida social, después de elegado
la go iempo á las ca acumbas, donde se a i mó en la c een
cia de un Dios g ande y e dade o, no le ue a ea ácil
habili a los emplos paganos pa a aquel cul o, p e i ien
do u iliza las basílicas omanas, cons ucciones más g an
des donde se adminis aba jus icia, y que con su espacio
cen al sus dos na es la e ales, y el ábside donde oma
ban asien o los jueces o ecía condiciones más en a mo
nía con las exigencias de la li u gia á que se a eglaba
aquél.
El Impe io omano en Occiden e pudo sa is ace las
necesidades del cul o de la nue a idea, u ilizando á es e
p opósi o algún emplo pagano y las basílicas ya cons ui
das; pe o en O ien e, al o de ellos, hubo de e igi los, y la
in luencia allí de los cons uc o es g iegos y de o os pue
blos, la na u aleza ó el medio en que i ían y o as a
ias causas, imp imie on á las cons ucciones a qui ec ó
nicas, aunque consag adas á un mismo in ó idea, ca ac
e es di e sos, p edominando en ellas elemen os o na
men ales p opios del país y engend ando esas a iadas
mani es aciones de un es ilo peculia , que ha dado oca
sión á los c í icos y a queólogos pa a aplica les denomi
naciones no muy ap opiadas á un sis ema gene al de cla
si icación.
Ejempla no able, g andioso de la a qui ec u a c is
iana en O ien e o ece el emplo de San a So ía en Cons-
an inopla, monumen o el más g ande y ico en lujo y
magni icencia de cuan os ele ó el Impe io en aquella pa e.
En Occiden e se había adop ado como ipo pa a la
Iglesia la basílica omana, sin exclui sis emá icamen e
o as o mas, dejando á cada pueblo, de los que se con
e ían al C is ianismo, cons ui sus emplos con a eglo
á su inspi ación y á los ma e iales de que disponía, im-
3
33
p imiéndoles el sello de su nacionalidad, lo cual ha dado
luga á esa a iedad que mues a la a qui ec u a en Eu
opa, en edi icios que ienen po pun o de pa ida la mis
ma unidad de doc ina. La basílica se ino es udiando
y mejo ando en su disposición, comple ándola pe se e an-
emen e has a que ecibe su o ma más g ande, más a
mónica y más c is iana de la a qui ec u a oji al. ¿Y cuan
do se e i ica es o, seño es? P ecisamen e cuando la Igle
sia alcanza su unidad, la sola que subsis e á la sazón en
medio aquella a iedad; cuando sace do es, sie os y se
ño es se unen y lanzan con el igo de la más espon ánea
olun ad á echaza el O ien e; cuando odos se aúnan y
con unden en el p opósi o de le an a iglesias, monas e
ios y ca ed ales; cuando las elaciones en e los indi i
duos y los pueblos no es án ya de e minadas po la espa
da del conquis ado , sino po la é y la espe anza: el em
plo es la enca nación de aquella sociedad sos enida po el
sen imien o de una eligión que la p es a consuelo y da
ue zas pa a espe a una mejo a en sus condiciones de
exis encia, en medio el es uendo y la lucha que ca ac e
izan la Edad media.
Y cómo y has a qué pun o ealizó la a qui ec u a oji
al los ideales y c eencias de aquella época, desc íbelo
muy elocuen emen e un no able c í ico diciendo: c'La igle
sia ma e ial ep esen a la iglesia espi i ual de C is o, y se
halla cons uida sob e la c uz; las pied as que la compo
nen son las almas de los c eyen es; los pila es son los
Após oles que la man ienen; las pue as las pe sonas di
inas en cuyo nomb e se en a; la luz de sus al as en a
nas los dones del Espí i u San o que descienden de lo al
o; odas las cosas isibles igu an las in isibles: odo en
la ca ed al espi a la paz, la a monía; odo con ida á la
ado ación; y es que el A is a Sup emo, al c ea el mun
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do, ha omado el homb e po unidad de medida hacién
dole el medio de lo in ini amen e g ande y de lo in ini a
men e pequeño, y la a qui ec u a oji al, adop ándole po
módulo, ha pues o en elación con él y á su se icio odos
los miemb os que emplea, los cuales no aumen an en o
lumen sino en núme o, á mane a que c ece la áb ica: i
niendo en su ayuda Dios mismo que, o eciéndose á nues
a is a más pequeño que el homb e bajo la o ma euca-
ís ica, hácenos sen i su in isible p esencia, y cualquie a
que sea la dimensión de la iglesia, ella con iene siemp e
el In ini o. La a qui ec u a no ha ele ado nunca á Dios
an digno san ua io.’’
El a e e a, pues, eligioso, y la a qui ec u a oji al,
es echamen e unida á la escul u a y á la pin u a, eali
zaba aquella unidad de c eencias, aquella comunidad de
ipos y de símbolos que asegu a on su pode y su g an
deza, y c ea on esas magní icas y po en osas ca ed ales,
á cuyo es udio y conse ación se consag an hoy con an o
ahinco los a qui ec os mode nos, los homb es ins uidos,
aman es de las glo ias pa ias y los e dade os homb es
de gobie no, como pa a indica á aquellos monumen os
del dic ado de bá ba os que sob e ellos lanza on las p eo
cupaciones de siglos ce canos al nues o, al p e ende e
suci a el espec o del paganismo, esuci ando en el a e
y has a'en las cos umb es las o mas paganas, y hace
pa en e á la ez el espí i u de in es igación y de sana c í
ica que ca ac e izan al siglo ac ual.
Aleja íame g andemen e del in que pe sigo, dilucida
cuán as y de qué di e sa índole ue on las causas que con
ibuye on á la decadencia de un a e que llegó al apogeo
que ningún o o conocido, y de e mina qué modi icacio
nes de o ma en 1a. cu a u a de los a cos, en la es uc u
a de las bó edas, en la complicación de sus ace ías y
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en la o namen ación expe imen ó du an e la go iempo:
y qué causas sociales hicie on pe de su p eponde ancia
á es e a e, has a ol ida el ecue do de las leyes mecá
nicas que igen su cons ucción, y adjudica le el cali ica
i o de bá ba o; pe o es lo cie o que desde la segunda
mi ad del siglo x se le e decae , y que en el siglo x i
la I alia, que había su ido la in luencia a asalladoia del
a e oji al, pe o esin iéndose á adop a le, ap o echó la
ocasión que le o ecía la p eponde ancia y iqueza del
Papa-Rey León X y de la co e omana, y su p edilec
ción po los gus os y li e a u a de la an igüedad, á la que
daban p es igio los descub imien os que se hacían, pa a
hace iun a el a co de medio pun o, y con el las o mas
de la a qui ec u a omana de la época del paganismo.
Sucumbía el a e oji al y la a qui ec u a comenzaba á
adop a len amen e en nues a pa ia las o mas de la o
mana; pe o las embellecía con al p o usión y di e sidad
de ado nos, que engend ó un géne o ó es ilo denominado
enacimien o español, en el que la azón no sabe qué ad
mi a más, si la iqueza del dibujo, la g acia de la com
posición y el sen imien o en su o namen ación, o la lesis-
encia que mues a á a és de an o p imo y galla día a
la adopción de aquella a qui ec u a. Salamanca, Alca
lá de Hena es, Toledo, Se illa y o as ciudades conse an
icos modelos de aquel géne o, en el que se e leja la duda
en e el pasado y el po eni que agi aba á la época.
Co espondiendo á I alia la inicia i a en el nue o um
bo imp eso á la iloso ía, á las ciencias, a la li e a u a y
á odas las demás a es y con especialidad á la pin u a, á
ella acudie on sabios ilóso os y a is as de odos pun os,
encon ando e icaz y decidida p o ección y ocasiones de
mos a su sabe y su genio en las g andes ob as emp en
didas po los Papas, po los Médicis, los Fa nesios y
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o os pode osos, aman es de las a es y g andemen e
exal ados po su amo á la an igüedad, á cuyo es udio se
consag aban con a dimien o, á idos de esuci a los ocul
os eso os de sabidu ía de los g andes espí i us del pa
ganismo.
El amo á las a es de los Papas Julio II y León X, y
su p opósi o de e igi un emplo á Dios con las o mas de
la a qui ec u a an igua, pe o an g andioso como los de
la Edad media, de e minó la cons ucción de la g andísi
ma basílica de San Ped o en Roma, el monumen o c is
iano más no able y más icamen e exo nado de es a
época, que al iempo mismo que ecue da su nomb e y
los de sus suceso es Six o V, Clemen e VII y VIII, in
mo aliza el de los g andes a qui ec os B aman e y Mi
guel Angel y el del g an pin o Ra ael, en el que, según la
opinión de un esc i o con empo áneo, se esume la lucha
de aquella sociedad colocada en e las co ien es de las
ideas paganas y de las c is ianas, seducida po las galas
de la li e a u a, de la a qui ec u a y escul u a an iguas.
Vida g ande y p óspe a log a on la go iempo en I alia
las a es, y Roma, Flo encia y o as ciudades se dispu
aban la p imacía en la e ección de monumen os y de
palacios que exo naban icamen e con escul u as y pin
u as que alcanza on g an pe ección en la o ma, si bien
no e a di ícil descub i en ellas el cambio de obje i o,
que no e a ya ealiza el ideal de la é, sino el mas e e
nal de la mani es ación del lujo y iqueza de los pode o
sos: mas la e o ma eligiosa in en ada po Lu e o pa a
ol e el C is ianismo al iempo de los após oles, chocan
do con el ue e pode de la Iglesia omana y de los eyes
absolu os, dió luga á gue as sang ien as que suspendie
on el cul i o del a e, que se le ió decae , ag a ándose
después con la c eencia impues a que se oponía á la ne-
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