La escritura gótica en el taller científico alfonsí
Abstract
Se afronta en el presente estudio una propuesta de historia de la escritura y el scriptorium alfonsí tomando como punto de partida el análisis de los caracteres internos y externos de dos códices científicos emanados del mismo. Precede a este estudio un estado de la cuestión de la escritura gótica y un intento de clasificación a partir de las propuestas del Primer Coloquio Internacional de Paleografía de 1953.
Full text
0 FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA – UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID La escritura gótica en el taller científico alfonsí Gothic script in alphonsine scientific workshop CONVOCATORIA JUNIO 2020 TUTORA: DRA. PALOMA CUENCA MUÑOZ ALUMNO: ISIDORO JOSÉ MARBÁN ÁLVAREZ
1 Contenido Resumen ........................................................................................................................... 2 Introducción ...................................................................................................................... 3 Objetivos y metodología ................................................................................................... 4 Una escritura para contemplar el cielo: la escritura gótica ............................................... 6 Códices científicos alfonsíes .......................................................................................... 28 Fichas de descripción...................................................................................................... 30 Del scriptorium alfonsí a la Corona de Castilla ............................................................. 39 Conclusiones ................................................................................................................... 45 Bibliografía ..................................................................................................................... 47
2 Resumen Se afronta en el siguiente estudio una propuesta de historia de la escritura tomando la paleografía y la codicología, es decir, el estudio material de los caracteres internos y externos de los documentos tomados como muestra, como punto de partida del mismo. El trabajo se abre con un estudio pormenorizado de la escritura gótica, a fin de poder establecer el marco de clasificación y nomenclaturas en que se situarán posteriormente los códices. Primero se realiza un estado de la cuestión de los estudios sobre escritura gótica y, a continuación, se hace un intento de clasificación a partir de las propuestas que se han realizado desde el Primer Coloquio Internacional de Paleografía en 1953. Se presentan entonces las fichas de descripción de dos códices alfonsíes de carácter astronómico-astrológico y se realiza un estudio pormenorizado de la escritura de cada uno de éstos. Se sitúan, además, estos códices en el contexto de los estudios sobre la astrología y astronomía que se realizaron en la Europa medieval. Se resalta así que la profunda excepcionalidad del caso hispano puede también entroncar con una tradición firmemente afianzada en la Cristiandad latina. Finalmente, se realiza un acercamiento a los métodos de trabajo y los principales rasgos del scriptorium alfonsí, como pieza clave en el desarrollo de la historia del castellano así como de la política cultural del rey Sabio como elemento legitimador de su figura. Palabras clave: Escritura gótica, Paleografía, Codicología, Alfonso X el Sabio, Scriptorium alfonsí, Astrología, Libro de las cruzes, Libro conplido, Sapiencia.
3 Introducción La figura de Alfonso X el Sabio, rey de la Corona de Castilla entre los años 1252 y 1282 ha experimentado desde principios del siglo XX a partir de la publicación de las obras del Marqués de Mondéjar y Antonio Ballesteros, y especialmente a partir de la celebración del VII Centenario de su muerte en 1984, una verdadera eclosión de los estudios que tratan los distintos aspectos de su vida y obra. 1 Estos estudios han permitido superar algunos de los tópicos más manidos sobre el monarca castellano, como su condena como mal gobernante que se venía reproduciendo de forma ininterrumpida desde la Historia de rebus Hispaniae de Juan de Mariana a finales del siglo XVI debido al fracaso de sus dos mayores proyectos políticos: su pretensión sobre la corona imperial, el llamado Fecho del Imperio, y su defenestración del gobierno por parte de su hijo, Sancho IV. La recuperación del legado político y jurídico de Alfonso X ha permitido devolverlo a la posición que le corresponde como pieza fundamental en el desarrollo de los reinos peninsulares medievales, al tratarse de un reinado de transición entre la monarquía feudal antigua y el inicio del proceso de centralización del poder en torno a la figura del rey, en favor de la poderosa monarquía soberana bajomedieval. Lejos de todo cuestionamiento ha quedado, por el contrario, el legado cultural alfonsí. El monarca castellano fue amante de los saberes, “escodriñador de sciencias y requeridor de doctrinas” 2 y, como resultado, desde su scriptorium se derramaron hacia la Europa bajomedieval toda una serie de traducciones del árabe, el latín o el hebreo; obras científicas como los Libros del saber de astrología, lúdicas como El libro del axedrez, dados e tablas, historiográficas como las ubérrimas General Estoria y la Estoria de Espanna, poéticas como las Cantigas, y jurídicas como el Espéculo o las monumentales Siete Partidas. Se trata, sin lugar a dudas, de un fenómeno excepcional en la historia medieval, un verdadero “renacimiento de un solo hombre”. 3 Sin embargo, esta excepcionalidad no debe conducir a ver a Alfonso X y su producción cultural como una suerte de paréntesis en la historia cultural de la Edad Media y, más concretamente de la Edad Media hispana, sino como otro de los elementos que conformaban la nube de relaciones e intercambios culturales que se daban en el boyante universo cultural del siglo XIII. El carácter de “punto de inflexión” del reinado del Sabio no se limitó así a lo político y jurídico, sino que abarcó también lo lingüístico (con el abrazo definitivo del castellano como lengua de gobierno y el consiguiente desarrollo de esta lengua) y lo cultural. 1 Manuel González Jiménez, Alfonso X el Sabio, Ariel, Barcelona, 2004, pp. 5-7 2 Ibídem, p. 423 3 Robert I. Burns S.J., “Stupor Mundi: Alfonso X of Castile, the Learned”, en Robert I. Burns, S.J. (coord.) Emperor of Culture. Alfonso X the Learned of Castile and His Thirteenth-Century Renaissance, Filadelfia, University of Pennsylvania Press, 1990, p. 10
4 No cabe duda, por tanto, que la escritura y la práctica de la misma, como una de las manifestaciones más características del nivel cultural de cualquier periodo histórico, tienen una importancia fundamental para poder vislumbrar el alcance y dimensiones del renacimiento alfonsí y las relaciones de éste con todo el contexto cultural del siglo XIII. La escritura gótica, que alcanza su plenitud y máxima difusión en este periodo, se convierte en una fuente de valor inconmensurable para completar el estudio de algunos de los aspectos culturales del reinado de Alfonso X el Sabio. Por ello, el presente trabajo afronta el estudio codicológico y paleográfico de una pequeña muestra de códices con temática científica (el Libro de las cruzes y el Libro conplido en los iudizios de las estrellas), desde el punto de vista de la materialidad de las obras, tanto en sus aspectos externos como internos, aprovechando los resultados de los debates y estudios que se han realizado en el ámbito académico sobre la escritura gótica. Objetivos y metodología A continuación se desarrolla un estudio de la escritura gótica castellana, presentando un estado de la cuestión sobre la misma desde el ámbito historiográfico y realizando una explicación de las tipologías o denominaciones principales de acuerdo a la clasificación y nomenclatura propuesta. A partir de esta base metodológica, se realiza un estudio somero de una pequeña muestra de códices pertenecientes a la producción científica alfonsí con el objetivo de emplear la escritura y la práctica de la misma como punto de entrada al llamado “renacimiento alfonsí” desarrollando otros temas que se tratan de forma subsidiaria. La metodología empleada en este trabajo se apoya en los avances que se han ido desarrollando en la historia cultural desde los años 70 y 80, que se han traducido en nuevos enfoques metodológicos de enorme interés convirtiendo a ésta en uno de los campos más fecundos para la investigación histórica. Resultan especialmente relevantes para este trabajo las aportaciones que permitieron el cambio de enfoque desde el “objeto histórico” hacia el estudio de las “prácticas”. 4 No ha sido ajena a esto la paleografía, como puede observarse en autores como Armando Petrucci, quien escribe en 1992 en su Breve storia della scrittura latina que “un método de estudio de la escritura latina […] basado esencialmente en el análisis gráfico parece cada vez más limitado e inadecuado para satisfacer curiosidades más amplias”. 5 Este enfoque, sostenido por 4 Dentro de la Nueva Historia Cultural, las “prácticas” ocupan un lugar predominante: la historia de la práctica religiosa en lugar de la teología, la historia del habla antes que la historia de la lingüística, la historia de la experimentación más que de la teoría científica. Véase Peter Burke, ¿Qué es la historia cultural?, Barcelona: Paidós, 2006, p. 78 5 Armando Petrucci, Breve storia della scrittura latina, Roma: Bagatto Libri, 1992, p. 20
5 otros autores como Cencetti, Bartoli o Cardona; 6 contempla el análisis paleográfico como un medio para trascender la materialidad del documento y poder hacer en su lugar un relato de la “situación de la escritura” y la práctica de escribir. 7 La justificación teórica con la que se pretende establecer una relación tan profunda entre escritura y contexto cultural parten de que “la escritura y el arte forman parte de un todo: comparten un mismo proceso histórico, poseen unas mismas ideas subyacentes y se desarrollan en un mismo ámbito geográfico” 8 y se basa principalmente en las aportaciones de la obra de Erwin Panofsky Gothic Architecture and Scholasticism y el desarrollo a partir de ésta del término habitus por parte de Pierre Bourdieu. 9 La escritura gótica, como las catedrales, los trípticos y el pensamiento escolástico del siglo XIII, se sitúan en lo que la filosofía escolástica definió como principium importans ordinem ad actum, es decir, en principios que regulan los actos ordinarios. 10 De este modo, la práctica escrituraria se convierte en un acto de improvisación prolongado dentro de un armazón de esquemas inculcados por la cultura, 11 el habitus, convirtiéndose en un testimonio de gran valor para aprehender su contexto sociocultural. El marco conceptual y de análisis empleado para el estudio de los códices elegidos se basa fundamentalmente en las aportaciones de Elisa Ruiz, Laura Fernández Fernández, María del Carmen Álvarez Márquez y María Josefa Sanz Fuentes. Por un lado, el Manual de codicología de Elisa Ruiz aporta la estructura para la catalogación de los códices que se tomarán como ejemplo para el estudio de la escritura. La gran mayoría de estos datos se han podido obtener gracias al trabajo de Laura Fernández Fernández dedicado a la producción científica alfonsí: Arte y Ciencia en el scriptorium de Alfonso X el Sabio. Por otro lado, el sistema de clasificación y nomenclatura para las escrituras góticas llamadas “librarias” se apoya en los trabajos de Álvarez Márquez Escritura latina en la Plena y Baja Edad Media: la llamada «gótica libraria» en España (1985) y El libro en la Baja Edad Media. Su caligrafía (2010); a los que hay que añadir Paleografía en la Baja Edad Media castellana de Sanz Fuentes. Además, el 6 Blas Casado Quintanilla, “Poder y escritura en la baja Edad Media”, en Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, Hª Medieval, t. 8 (1995), p. 148 7 Armando Petrucci utiliza el concepto de “situación de la escritura” a fin de incluir en el análisis paleográfico aquellos elementos que, aun teniendo una importancia fundamental en la práctica escrita, no forman parte intrínseca de la materialidad del monumento escrito. Esto se concreta en responder a qué, cuándo, dónde, cómo, quién lo ha escrito y porqué lo ha escrito. Véase Armando Petrucci, Prima lezione di paleografía, Roma: Laterza, 2002, p. VIII o Armando Petrucci, Breve storia della…, pp. 17-20 8 Érika López Gómez, “Escritura y arte. La grafía gótica como representación del arte gótico”, en Estudios Medievales Hispánicos, no. 2 (2013), p. 106 9 La explicación que da Bourdieu al concepto de habitus y su génesis puede encontrarse en Pierre Bourdieu, Distinction: A Social Critique of the Judgement of Taste, Cambridge: Harvard University Press, 1984, pp. 28-30 10 Erwin Panofsky, Gothic Architecture and Scholasticism, Scarborough: Meridian, 1976, p. 21 11 Peter Burke, ¿Qué es la historia cultural?, p. 77
6 cuadro de clasificación se completa con La escritura gótica documental en la Corona de Castilla, también de ésta última, para el estudio de las góticas “documentales”. El sistema resultante, que mantiene las pretensiones de universalidad que contenían las primeras propuestas de Lieftinck, se basa en los siguientes criterios de clasificación: 12 1. El ductus de la escritura, a partir del cual se introduce una división entre las escrituras góticas textuales, notulares, cursivas, híbridas o bastardas. A esta clasificación inicial se añade la subdivisión de redonda o fracturada, especialmente útil para el caso castellano. 2. Una segunda clasificación de acuerdo a su tratamiento gráfico desde el mayor carácter caligráfico al menor, con las subdivisiones de formada (formata), común o usual, o corriente (currens). Por último, respecto al sistema de citación y referencias bibliográficas, se seguirá el Manual de Estilo de Chicago, basado en notas a pie de página y adjuntando la bibliografía en un anexo al final del trabajo. Una escritura para contemplar el cielo: la escritura gótica El ingente proyecto cultural y político promovido por Alfonso X se enmarca cronológicamente en el siglo XIII, reconocido en ocasiones como como el “más grande de los siglos”, el gran momento del desarrollo del pensamiento escolástico con la redacción de la Summa del Aquinate, la consolidación del arte gótico y sus grandes catedrales, la erupción de las grandes órdenes mendicantes, el afianzamiento de la Monarquía Pontificia y la creación de grandes rutas comerciales por parte de viajeros como Marco Polo que conectaron Europa directamente con el Lejano Oriente. 13 Del mismo modo, la experiencia gráfico-textual promovida por el Rey Sabio puede situarse, dentro de la Historia de la Escritura Latina, en los inicios del periodo de plenitud del ciclo de la escritura gótica o ciclo gótico. Si, como recogió el padre Mariana, “Don Alfonso Rey de Castilla era […] más a propósito para las letras que para el gobierno de los vasallos: contemplaba el cielo y miraba las estrellas; mas en el entretanto perdió la tierra y los reinos”, 14 las grafías que empleó para contemplar el cielo fueron las góticas. 12 La propuesta de Lieftinck puede consultarse en Gerhard Isaac Lieftinck, “Pour une nomenclature de l’écriture livresque de la période dite gothique”, en Nomenclature des écritures livresques du IXe au XVIe siècle, París: Primer Coloquio Internacional de Paleografía Latina, 1953, 15-34. También se explica en María Josefa Sanz Fuentes, “Paleografía de la Baja Edad Media castellana”, en Anuario de estudios medievales, nº 21, 1991, p. 531 y en María del Carmen Álvarez Márquez, “El libro en la Baja Edad Media, su caligrafía”, en María Encarnación Martín López y Vicente García Lobo (coords.) Las Inscripciones góticas: II Coloquio internacional de epigrafía medieval, León: Universidad de León, 2010, pp. 274-275 13 Robert I. Burns S.J., “Stupor Mundi: Alfonso…”, p. 5 14 Recogido en Manuel González Jiménez, Alfonso X el Sabio, p. 5
7 La escritura gótica, también conocida como littera moderna, monacal o alemana, con su fractura y formas angulosas como rasgo definitorio, ocupó uno de los ciclos gráficos con mayor amplitud geográfica y cronológica en la historia de la escritura latina. La riqueza y diversidad alcanzadas en este periodo no se contradice, sin embargo, con su carácter unitario pues, como explica Robert Marichal: “la gótica dará a la Cristiandad una unidad gráfica más amplia aún de lo que logró la carolina”. 15 Este ciclo ha despertado un gran interés entre los investigadores por su trascendencia y correlación con un periodo fundamental en la historia cultural europea. Sin embargo, apenas existen, como resalta María Josefa Sanz Fuentes, trabajos específicos para el periodo que se salgan de las síntesis didácticas realizadas en los distintos manuales de paleografía e historia de la escritura y limitados a una breve selección de monumentos escritos. 16 Entre los motivos que podrían destacarse detrás de esto se encuentra el ingente tamaño del campo de estudio y la falta de un catálogo de códices datados o datables. A esto hay que añadir, además, el debate inconcluso sobre el establecimiento de una nomenclatura de carácter universalista frente a las formas de clasificación y denominación desarrolladas por las distintas tradiciones paleográficas nacionales, de modo que pueda aplicarse a cualquier testimonio escrito en el ámbito de la escritura latina con el fin de poder establecer relaciones entre los distintos scriptoria europeos. Sin embargo, una de las virtudes más destacables de este debate es que permite trazar un estado de la cuestión de los estudios sobre la escritura gótica en el ámbito hispano. Estado de la cuestión El inicio de la discusión puede situarse en París, entre el 28 y el 30 de abril de 1953 durante el I Coloquio Internacional de Paleografía, reunido con el objetivo de hallar una terminología que pudiese servir para la catalogación de todos los códices latinos desde la superación de la ruptura gráfica que supuso la consolidación de la escritura carolina a partir del siglo IX hasta el asentamiento definitivo de la escritura humanística en Europa en el siglo XVI. Se hicieron en ese momento las primeras propuestas de clasificación para las escrituras librarias de la mano de Bischoff, Lieftinck y Battelli (a las que hay que añadir dos años después la propuesta de nomenclatura para las escrituras documentales de Bartoloni). 17 Sin embargo, los esfuerzos por establecer una terminología común fueron infructuosos, debido a la falta de un censo completo de 15 Recogido en María del Carmen Álvarez Márquez, “Escritura latina en la Plena Edad Media: la llamada «gótica libraria» en España”, en Historia. Instituciones. Documentos, no. 12 (1985), p. 384 16 María Josefa Sanz Fuentes, “Paleografía de la Baja Edad Media castellana”, pp. 527-528 17 María Josefa Sanz Fuentes, “La escritura gótica documental en la Corona de Castilla”, en María Josefa Sanz Fuentes y Miguel Calleja Puerta (coords.) Paleografía II: Las escrituras góticas desde 1250 hasta la imprenta, Oviedo: Universidad de Oviedo, 2007, p. 110. El artículo referido de Bartoloni es Franco Bartoloni, “Paleografia e critica testuale. III: La nomenclatura delle scritture documentarie”, en Relazioni del X Congresso Internazionale di Scienze Storiche, Florencia: 1955, pp. 434-443
8 los códices de este periodo, y a la reticencia generalizada para abandonar el uso de las nomenclaturas tradicionales de las distintas escuelas nacionales. En el caso hispano, el sustrato de la paleografía tradicional se arraigaba en casi dos siglos de tradición. El estudio de la escritura gótica ha ocupado un papel importante en la disciplina paleográfica desde sus inicios, centrada como estaba en el estudio del legado gráfico medieval, ya en sus primeros y tímidos pasos a través de los textos de la Baja Edad Moderna. Encontramos así, en el siglo XVIII a los pioneros del estudio paleográfico en España: Esteban Terreros y Pando y Andrés Marcos Burriel con su obra Paleografía española (1757) en la que se describe la escritura gótica, a la que denominan “alemana”, como una letra “estrecha, y herizada de ángulos, y puntas, muy regular en su formación, pero difícil de leer, porque muchos caracteres tienen una misma figura, y no muy agraciada, por faltarle la proporción de gruesos, y delgados”, 18 y a Andrés Merino con su Escuela Paleographica, ó de leer letras antiguas, desde la entrada de los godos en España, hasta nuestros tiempos (1780) en la que a la escritura, que denomina “monacal”, se le atribuye el ser “larga, y estrecha, y quebrantada en los principios, y remates” y se aclara “que se hizo general en Europa, con solo la diferencia de los gustos de cada Nación”. 19 Quedó propuesta a partir de estos testimonios bibliográficos una primera diferenciación entre una escritura de albalaes, ordinaria y rasgada, y otra de privilegios, gallarda y redonda, en el ámbito documental dentro del amplio campo de las escrituras góticas, aunque también se reconocían (todavía fuera de esta clasificación gráfica) la escritura cortesana y la escritura procesal, que ya se presentaban relacionadas entre sí. 20 La base propuesta por estos autores no sería desarrollada especialmente durante el siglo XIX, con la notable excepción del Manual de paleografía diplomática española de los siglos XII al XVII de Jesús Muñoz y Rivero, que hizo una importante labor de síntesis de las aportaciones que se venían dando hasta entonces y mantenía las categorías establecidas por Terreros y Pando, aunque hacía notar ya la relación entre la de albalaes y la cortesana: “Resulta de cuanto va dicho que [...] en la segunda mitad de la misma centuria redondeó sus trazos aquella [la letra de albalaes], presentándose como letra de transición a la redonda del siglo XV, y transformándose la de albalaes en el carácter que llamamos cortesano”. 21 A principios del siglo XX, con la renovación metodológica que supuso la Paleografía española de Zacarías García Villada en 1923 18 Esteban de Terreros y Pando, Paleografía española, Madrid: 1758, p. 35 19 Andrés Merino de Jesuchristo, Escuela de leer letras cursivas antiguas y modernas desde la entrada de los godos en España hasta nuestros tiempos, Madrid: 1780, p. 29 20 Pilar Ostos Salcedo, “Las escrituras góticas hispanas. Su bibliografía”, en María Josefa Sanz Fuentes y Miguel Calleja Puerta (coords.) Paleografía II: Las escrituras góticas desde 1250 hasta la imprenta, Oviedo: Universidad de Oviedo, 2007, pp. 18-19 21 Jesús Muñoz y Rivero, Manual de paleografía diplomática española de los siglos XII al XVII, Madrid: 1880, p. 49
15 muestran sus características esenciales son códices, la littera textualis es un tipo de escritura que se puede encontrar tanto en libros como en documentos medievales. La riqueza que presentan, sin embargo, los alógrafos de esta escritura pese a su enorme hieratismo y caligrafismo, ha dejado abierta la posibilidad de establecer criterios de datación incluso de aquellos códices más de trazado más sentado. En primer lugar, conviene hablar de la escritura gótica textual fracturada formada o formata que se caracteriza, en palabras de María Jesús Torrens, por: la regularidad y cuidado de su trazo, la presencia de elementos rectilíneos, la tendencia a la angulosidad y los trazos cortados, con contraste entre gruesos y perfiles, la poca altura de las astas superiores y la casi supresión de los inferiores, y la escritura apretada, compacta. 45 Otro aspecto fundamental es el seguimiento más ortodoxo de las leyes de Meyer, así como la aparición de otros rasgos considerados como arquetípicos del gótico como los biseles en los remates de los astiles. 46 Esta escritura sería uno de los tipos gráficos con mayor recorrido en el ciclo gótico. Millares Carlo afirma que se puede encontrar ya a mediados del siglo XII un códice procedente de Alcalá que presenta la angulosidad característica de la escritura gótica. 47 Habría que esperar al siglo XIII para que se desarrollasen y consolidasen los rasgos góticos, ya en los inicios del reinado de Fernando III y Alfonso X, y perduraría hasta el siglo XVI, siendo una de las escrituras empleadas para los primeros incunables. Esta escritura, se habría destinado a misales, manuscritos litúrgicos y los códices de mejor factura, como los alfonsíes; en el ámbito diplomático su presencia habría sido exigua y limitada al motivo ornamental en las palabras iniciales de algún documento de gran solemnidad o el íncipit de los códices diplomáticos. 48 Debido a esta trayectoria han tomado una importancia fundamental para el establecimiento de una cronología y, así, permitir la datación de los testimonios escritos elementos como la unión de curvas contrapuestas, los alógrafos de d (minúscula y uncial), de r (recta y redonda), de s (alta o de doble curva), de i (larga o corta), de z (forma de 3 o con un caído recogido), o la alternancia de uso de u y v, o z y ç; tal y como estudió María Jesús Torrens en 1995. 49 En segundo lugar, encontraríamos la escritura gótica fracturada común, tradicionalmente asociada con la gótica redonda o la semigótica. Pese a mantener ductus semejante a la anterior, se trata de una escritura en la que el caligrafismo cede 45 María Jesús Torrens, “La paleografía como instrumento…», p. 348 46 José Manuel Ruiz Asencio, “La escritura gótica…”, p. 153 47 Agustín Millares Carlo, Tratado de paleografía española. 1, Texto, Madrid: Espasa-Calpe, 1983, p. 184 48 María Josefa Sanz Fuentes, “Paleografía de la Baja Edad Media castellana”, p. 535 y Carmen del Camino, “La escritura al servicio de la administración concejil”, en Historia. Instituciones. Documentos, no. 31, 2004, p. 101 49 María Jesús Torrens, “La paleografía como instrumento…», pp. 353-365
16 terreno ante la cursividad apareciendo pequeñas irregularidades en el trazado y la alineación de líneas y palabras, además, se puede ver mayor descuido en el trazado de las letras. Se trata de un tipo escriturario con “tendencia a formas más redondeadas que angulosas” que habría sido utilizado en libros de buena factura destinados al estudio desde comienzos del siglo XIV. 50 Sin embargo, es especialmente destacable su presencia en el mundo documental a partir del siglo XV (momento en el que empieza a alternarse su uso con el de la precortesana formata), reservada a los documentos de mayor solemnidad emitidos por la cancillería castellana como los privilegios rodados y cartas plomadas notificativas e intitulativas. 51 En tercer lugar, encontramos la escritura gótica textual fracturada corriente, una grafía especialmente pequeña y compacta, tendente a unir las letras por la parte inferior y con gran profusión de abreviaturas. Los trazos cursivos son bastante reseñables, como el cierre del bucle inferior de la g, la d uncial con ojo en su parte superior, o la v con un primer trazo más elevado (característica fundamental de la escritura gótica cursiva). En este caso, los testimonios se reducen a pequeños manuales y glosas. 52 Se trataría de una escritura con muy poca vigencia y que ya acusa en sus rasgos característicos la “invasión” que se produce del campo librario por las escrituras documentales. Mención aparte merece la escritura gótica textual redonda, especialmente la formata, denominada por Muñoz y Rivero como letra de juros. 53 Afirma Ruiz Asencio que a partir del siglo XIV y especialmente a partir del XV la escritura comienza a recuperar los trazos curvos en el ámbito caligráfico, que hasta entonces solo se habían limitado a aparecer de forma circunstancial a medida que iban encontrándose soluciones gráficas más cursivas como en la escritura común y la corriente. Algunos ejemplos destacados los encontraríamos en el Libro de Horas de Isabel la Católica o los documentos más solemnes desde mediados del siglo XV en adelante, debido a que esta escritura fue adoptada por la Escribanía Mayor de Privilegios. 54 Escritura gótica cursiva o littera cursiva En una época en la que la escritura dejó de ser un monopolio de las instituciones eclesiásticas, y se acabó convirtiendo en herramienta básica del ejercicio del poder real y feudal, de las actividades mercantiles, el ejercicio de la cultura (especialmente en el 50 María del Carmen Álvarez Márquez, “Escritura latina…”, p. 400 51 María Josefa Sanz Fuentes, “Tipología documental de la Baja Edad Media castellana: documentación real”, en Archivística: Estudios Básicos, Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla, 1983, pp. 243-249 52 María del Carmen Álvarez Márquez, “Escritura latina…”, p. 401 53 Jesús Muñoz y Rivero, Manual de paleografía…, p. 50 54 José Manuel Ruiz Asencio, “La escritura gótica…”, p. 158
17 ámbito universitario) y las mismas relaciones personales, no resulta sorprendente que la escritura gótica cursiva de fácil y rápido trazado, a la vez que dotada de una gran claridad, fuese la más exitosa de todas. 55 El amplísimo uso de esta escritura, originada en el ámbito documental, y que encontramos bien definida en el reinado de Alfonso X, dio lugar a una importante evolución desde las primeras formas fracturadas a las redondas de la mano de una creciente cursividad y dificultad para su interpretación. Además, esta escritura, especialmente a partir del siglo XIV, puede encontrarse en el ámbito del códice, siendo especialmente destacable su avance en el mundo escrito junto a las lenguas romances. El primer tipo que habría que destacar por su carácter “canónico” es la escritura gótica cursiva fracturada usual o común, “la generalmente utilizada por los notarios en sus documentos y por la cancillería en los documentos no solemnes (cartas abiertas notificativas e intitulativas y mandatos)”. 56 Millares Carlo refiriéndose a esta escritura, a la que denomina “cursiva gótica”, afirma que se trata de una escritura rápida y corrida, cuyo carácter más sobresaliente sería su angulosidad, mayor nivel de ligados, con rasgueos prácticamente rectilíneos y tendencia al paralelismo con respecto a la caja del renglón. 57 El ejemplo paradigmático y, al mismo tiempo dotado de algunos rasgos particulares, lo encontramos en la denominada por algunos autores escritura de albalaes que también se incluye en esta clasificación siendo, en palabras de María Josefa Sanz, “una especialización que lleva también a un mayor alargamiento de las astas y a una reduplicación de las letras f y s”. 58 A medida que vayan avanzando los siglos XIII y XIV, podrá observarse una apertura cada vez mayor del ángulo de escritura que, de la mano de la profusión cada vez mayor de trazos curvos y cursivos, dé origen a las escrituras precortesana y cortesana. En segundo lugar, encontramos la gótica cursiva fracturada formada, que “representa una estilización de la escritura cursiva propia del mundo de la administración” 59 refiriéndose a la llamada tradicionalmente gótica de privilegios. Se trataría de una escritura de una calidad excepcional, destinada a los documentos más solemnes emanados de la cancillería regia, aproximándose al caligrafismo de la gótica textual. Entre sus características más reseñables habría que resaltar que se trató de una escritura clara, pesada, con fuerte claroscuro, grandes prolongamientos de los astiles, cierto carácter dextrógiro y un seguimiento relativamente constante de las leyes de 55 María del Carmen Álvarez Márquez, “Escritura latina…”, p. 405 56 María Josefa Sanz Fuentes, “La escritura gótica documental…”, p. 116 57 Agustín Millares Carlo, Tratado de paleografía…, p. 194 58 María Josefa Sanz Fuentes, “La escritura gótica documental…”, p. 115 59 María del Carmen Álvarez Márquez, “Escritura latina…”, p. 405
18 Meyer. 60 Es importante advertir, que los testimonios que se pueden encontrar de ésta en el mundo librario, a partir del siglo XIV, ya presentan todos los rasgos característicos de las góticas cursivas (bucles, favorecimiento de ligados y nexos, etc), frente a los ejemplos más antiguos del siglo XIII en el ámbito documental, que tardan algunas décadas en abandonar los rasgos propios de las últimas escrituras carolinas. En tercer lugar, encontramos la escritura gótica cursiva fracturada corriente que, según María Josefa Sanz, debemos buscar en las notas marginales de muchos códices y notas dorsales de documentos, así como libros administrativos de pequeño formato, tanto civiles como eclesiásticos. 61 A partir de finales del siglo XIV y desde principios del XV, si bien es cierto que la cronología todavía despierta debate y dudas entre los especialistas, la escritura gótica cursiva castellana experimentó, al igual que en otros espacios como Italia o Francia, una tendencia paulatina hacia una mayor redondez. Entre los motivos detrás de este aspecto está el retorno a la pluma con corte perpendicular central, la tendencia a la apertura del ángulo de la escritura y la necesidad de agilizar el trazado de las grafías por medio de líneas curvas en un mundo que requería cada vez de mayor velocidad que la que los ligados y nexos propios de los bucles de la cursiva fracturada eran capaces suministrar. El resultado de este proceso es la escritura gótica precortesana, a modo de transición, y la escritura gótica redonda o cortesana. María Josefa Sanz presenta como ejemplos paradigmáticos de esta evolución las letras s y z (en sus alógrafos de s de doble curva y z en forma de 5) hacia una forma de sigma, y la sustitución de la a uncial con copete por una a semiuncial de doble curva que emplea una pequeña línea horizontal que suele ligar con la siguiente letra (de ahí la denominación de este alógrafo como a “de lineta”), hasta entonces limitada a su utilización como letra sobrepuesta. 62 La escritura gótica cursiva precortesana, presente a partir de mediados del XIV, también puede dividirse en función de su tenor caligráfico en formata, común o usual y currens. La primera acabaría sustituyendo a la fracturada formata en los documentos más solemnes (de ahí que la paleografía tradicional desarrollase la nomenclatura de gótica de privilegios redonda); 63 la segunda reemplazaría a la fracturada usual, la letra de albalaes, en los documentos de menor artificio; la tercera la encontraríamos en los libros administrativos y notas marginales de los documentos. Su origen se encuentra en 60 Ibídem, p. 406 61 María Josefa Sanz Fuentes, “La escritura gótica documental…”, p. 117 62 Para toda la cuestión de la evolución de la escritura gótica cursiva fracturada a la escritura gótica cursiva redonda véase María Josefa Sanz Fuentes, “Paleografía de la Baja Edad Media castellana”, pp. 533-535 o Paloma Cuenca Muñoz, “La escritura gótica castellana: su desarrollo histórico”, en III Jornadas Científicas sobre Documentación en época de los Reyes Católicos, Madrid: 2004, pp. 29-31 63 Mauricio Herrero Jiménez, “La escritura gótica documental…”, p. 180
19 la evolución que se va dando de forma natural en la escritura cursiva fracturada que se ha mencionado anteriormente (aumento del ángulo de escritura y aumento del número de trazos largos y cursivos) y en el desarrollo paulatino de unas características especialmente destacables, a saber: la cada vez mayor incurvación de los caídos hacia la izquierda y hacia arriba que acabarán dando lugar a los característicos trazos envolventes y la mayor profusión de nexos y ligados. En último lugar, encontramos la escritura gótica cursiva redonda o, tal y como se denominaba en la legislación del momento, la escritura cortesana. 64 Esta escritura que contrasta con la evolución en otras regiones cercanas como Aragón o Francia (que adoptan muy pronto las formas simplificadas propias de la letra humanística) es sin lugar a dudas la seña de identidad de la cancillería castellana (aunque se puede encontrar en el ámbito privado indistintamente) desde el siglo XV hasta el siglo XVI. 65 La gótica redonda es una escritura compacta, más ancha que alta que puede reconocerse al instante por los trazos envolventes que presentan tanto los caídos como, a medida va canonizándose, los trazos finales de letras como ç, h, i, m o n; otro de sus aspectos más definitorios son los nexos con los que enlazan las vocales que siguen a grafías como la s, la d o la t. Respecto a estos trazos, explica Paloma Cuenca apoyándose en Blas Casado, no parece que se pueda encontrar el motivo de su origen en una búsqueda de mayor agilidad al escribir, sino a un carácter fundamentalmente ornamental que podría tener su origen en la convivencia con otras escrituras como la árabe o hebrea, si bien es cierto que acabarían teniendo un carácter funcional a medida que se vaya cursivizando la escritura. 66 El ejemplo canónico de la escritura gótica cursiva redonda lo encontraríamos en aquellas de tenor documental común o usual, destinadas a cartas abiertas y otros documentos de poca solemnidad emanados de las cancillerías reales o nobiliarias. 67 Es en estos ejemplos, que son muy abundantes en los archivos en todo el mundo hispánico, en los que podemos contemplar con mayor claridad las características más propias de la escritura cursiva redonda: los trazos envolventes a partir de los caídos y trazos finales en multitud de letras, el uso de la a de lineta con pretensión de ligar con la letra siguiente, la tendencia a utilizar los nexos de d, t y s con vocal, el signo tironiano con 64 La mención explícita a esta escritura en la legislación de los Reyes Católicos (por ejemplo, en las pragmáticas de 1485, 1486, 1489 y 1503) ha dado lugar a que se defienda mantener dicha denominación pese a situarla en el sistema lieftinckiano. Véase Paloma Cuenca Muñoz, “La escritura gótica castellana…”, p. 32 65 Paloma Cuenca Muñoz, “La escritura gótica castellana: su desarrollo histórico”, en III Jornadas Científicas sobre Documentación en época de los Reyes Católicos, Madrid: 2004, p. 24 66 Ibídem, p. 30 67 María Josefa Sanz Fuentes, “La escritura gótica documental…”, p. 122
20 forma de e de módulo grande, la s y la z con forma de sigma, la r volada o r de martillete con caído alargado... La escritura gótica cursiva redonda formata se correspondería con la llamada escritura de privilegios redonda o semigótica, y sustituiría a la precortesana en los tipos documentales más solemnes emanados de la Cancillería. 68 Se trataría, por tanto, de una escritura en la que pueden encontrarse las características resultantes del proceso de evolución de las cursivas góticas aunque aquellos que denotan una mayor cursividad se darían en una proporción mucho menor. Así, resulta especialmente llamativo que la autora no identifique también la escritura gótica cursiva redonda formata con la cortesana, denominación que rehúye, y reserve ésta para la común o usual. Consideramos, por el contrario que, a la luz de ejemplos del mundo librario como el manuscrito isidoriano Del soberano bien del año 1475 que recoge María del Carmen Álvarez en su trabajo sobre manuscritos hispanos desde el siglo XIV hasta el primer tercio del siglo XVI, sí que se puede hablar de una escritura con un tenor caligráfico muy desarrollado que, a su vez, presente rasgos claramente “cortesanos”. 69 La escritura gótica cursiva redonda currens, en la que se incluyen la escritura procesal (ya en el siglo XVI) y procesal encadenada (en el XVII), ocupa también un espacio destacado en la producción hispana. Esta puede encontrarse en gran cantidad en los protocolos notariales (de hecho, los notarios reivindicarían su utilización como una forma de proteger sus empleos del intrusismo y como manifestación contraria al uso de las medidas que buscaban su sustitución por la cortesana), libros administrativos, cualquier libro de notas rápidas y registros de cancillerías. 70 Se trataría de una escritura en la que las formas cursivas son predominantes, hasta el punto de que el trazado de las palabras no tiene discontinuidad, al escribir sin levantar la pluma del papel y a tal velocidad que acabó provocando que las formas de esta escritura se desdibujarán de tal manera que dejó abonado el camino para su sustitución por las formas simplificadas de la humanística. 71 Escritura gótica híbrida o littera hibrida Esta nomenclatura fue planteada por Canellas en sus Exempla como análoga de la escritura bastarda francesa. 72 Ésta se sitúa a medio camino de las textuales y las cursivas, siendo una escritura de poco recorrido (característica del siglo XV en el 68 María Josefa Sanz Fuentes, “La escritura gótica documental…”, p. 122 69 María del Carmen Álvarez Márquez, “Manuscritos de copistas hispanos (siglo XIV y primer tercio del XVI), en María Josefa Sanz Fuentes y Miguel Calleja Puerta (coords.) Paleografía II: Las escrituras góticas desde 1250 hasta la imprenta, Oviedo: Universidad de Oviedo, 2007, pp. 65-66 70 María Josefa Sanz Fuentes, “La escritura gótica documental…”, p. 122 71 Mauricio Herrero Jiménez, “La escritura gótica documental…”, p. 192 72 Marina Gurruchaga Sánchez, “La nomenclatura de las escrituras…”, p. 247
21 mundo hispánico) y limitada al mundo del códice, siendo ejemplo patente de la “invasión” de la escritura cursiva en el mundo librario a partir del siglo XIV. Su origen podría adelantarse, según E. A. Oveergaauw, hasta 1369 en los espacios que practicaron la Devotio Moderna en la región de los Países Bajos. 73 Se trata, sin embargo, de una categoría que no es aceptada plenamente, debido a que coincide con el ductus de la gótica cursiva fracturada (de la que hay más que evidente dependencia) prescindiendo de algunos de sus rasgos más característicos, como los bucles en los astiles, especialmente en la d uncial, la p y q con caído hacia la izquierda o el mantenimiento de la perpendicularidad de los trazos verticales respecto a la línea del renglón, dando lugar a una escritura de aspecto más caligráfico y solemne a la par que ágil en su trazado. 74 Escritura gótica bastarda La escritura bastarda ocupa un lugar destacado en el espacio hispano debido a que se trata de una tipología importada desde Francia y que encuentra su origen en la escritura gótica cursiva, presente también en la Península Ibérica. Según Lieftinck se trata del último invento gráfico de la Edad Media, a medio camino entre la regularidad y artificio de la escritura textual y la rápida cursiva 75 (de ahí que Ángel Canellas se refiera en sus Exempla a ésta como híbrida). La escritura bastarda también podría clasificarse en formata, común o usual y currens (a la que se denomina en el ámbito paleográfico francés, como recoge Jacques Stiennon, como littera breviata). 76 Según Álvarez Márquez, a finales del XIII surgiría esta escritura marcada por su angulosidad, su carácter dextrógiro, los caídos alargados, un marcado claro-oscuro, la reducción a ángulo de los ojos de algunas letras como b, m, n o u, especialmente, los caídos en una característica forma de clavo. 77 Con un claro origen documental, llegaría a la Península a mediados del siglo XIV a través de los escribanos franceses que acudirían al Reino de Navarra con las dinastías gobernantes francesas. Otro de los principales focos de difusión de esta peculiar cursiva sería el notariado apostólico, los legados del pontificado aviñonés y cabildos catedralicios. Por tanto, la escritura bastarda se presenta como una tipología con origen cursivo pero canonizada y ligada directamente al “oficio” de eclesiástico, con presencia tanto en el ámbito documental como en el librario. Escritura gótica notular o littera notularis 73 María del Carmen Álvarez Márquez, “El libro en…”, p. 275 74 José Manuel Ruiz Asencio, “La escritura gótica…”, pp. 161-162 75 María del Carmen Álvarez Márquez, “Escritura latina…”, p. 407 76 Jacques Stiennon, Paléographie du Moyen Âge, Paris: Armand Colin, 1999 , p.140 77 María del Carmen Álvarez Márquez, “Escritura latina…”, p. 408 y María Josefa Sanz Fuentes, “La escritura gótica documental…”, pp. 122-123
22 La escritura gótica notular fue definida por Lieftinck como un tipo de escritura en la que se ha perdido la consciencia de estar escribiendo un libro, siendo la escritura propia de las glosas y los pequeños libros de juristas, médicos y otros profesionales liberales. Autores como Ruiz Asencio plantean que no constituiría una categoría por sí misma, sino que sería una gótica textual corriente o cursiva corriente de módulo reducido y trazada de forma rápida y descuidada (lo que recuerda a una versión personal y extremadamente cursiva de la escritura gótica textual fracturada corriente). 78 Independientemente de ello, no cabe duda de que se trata de una escritura de marcada cursividad que presenta un ductus rápido que tiende a ligar letras, utilizar gran cantidad de abreviaturas y añadir bucles en astiles y caídos. Se requerirán, por tanto, nuevos estudios de caso debido a la profunda impronta que tiene la escritura personal de cada escribiente para superar la dificultad de unas extraer características comunes. 79 Origen y desarrollo de la escritura gótica en Castilla La escritura gótica tuvo en el mundo hispánico una pervivencia extraordinaria, especialmente en la Corona de Castilla. Desde su introducción en la Península, entre finales del siglo XII y principios del siglo XIII, hasta su desaparición a finales del siglo XVII, alcanzó una riqueza y variedad ingentes si se la compara con otros ciclos gráficos. Sin embargo, a fin de poder explicar la rápida expansión de éste y la profundidad de su afianzamiento en el acervo gráfico castellano se hace necesario trazar las líneas generales que influyeron en la escritura latina durante entre la Plena Edad Media. Prácticamente todas las publicaciones y manuales relacionan el surgimiento de la escritura gótica con la explosión cultural, económica y urbana plenomedieval que comenzó en el siglo XII y alcanzaría su apogeo en el XIII. Los aspectos clave de este proceso serían la incipiente secularización de la cultura con el surgimiento de la universitates scholarium (surge en este momento, según Le Goff, la figura del intelectual), 80 la revitalización de las ciudades con el consecuente incremento de la presencia de los cuerpos intermedios de la sociedad, junto a la complejización de las relaciones sociales entre éstos (especialmente mercantiles y artesanos), lo que implica que empiecen a servirse de la escritura para llevar a cabo sus actividades. Además, hay que resaltar que la basculación de la importancia económica desde el feudo hacia la ciudad también se manifestó en el ámbito eclesiástico, con el surgimiento de las órdenes mendicantes franciscana y dominica (del monasterium al conventum) que medrarían también en el mundo universitario, consolidándose así ese renacimiento del siglo XII. 78 José Manuel Ruiz Asencio, “La escritura gótica…”, p. 162 79 María del Carmen Álvarez Márquez, “Escritura latina…”, p. 403 80 Ibídem, pp. 380-381
23 Un cambio sustancial que se produce en la práctica escrituraria es la transición desde el monje copista (que trabajaba pro remedio animae, es decir, atendiendo a una demanda interna pequeña y algunos pedidos excepcionales) al escriba de profesión (que trabajaba pro pretio a un ritmo de trabajo elevado y en talleres especializados) lo que se tradujo en una creciente producción de libros y, especialmente, bibliotecas en manos de particulares, cabildos catedralicios, conventos, etc. A todo esto habría que añadir la transición política que se produjo desde el paradigma de la monarquía feudal a la monarquía soberana y que implicó, junto con el refuerzo de la autoridad regia, el desarrollo incipiente de una administración y burocracia que se servía de la escritura y un cuerpo de agentes letrados (egresados de las recién creadas universidades) para las distintas gestiones políticas. 81 Tres son las figuras del momento que más han llamado la atención de los historiadores de la escritura: el copista de libros, especialmente aquellos destinados a la satisfacer la demanda de las universidades, el notario romanista, fundamental en una sociedad marcada por el dinamismo de sus relaciones comerciales y contractuales, y los distintos personajes letrados que ocupaban los oficios de las boyantes cancillerías nobiliarias y, especialmente, regias. La importancia que tuvo el surgimiento de la universidad medieval en la historia de la escritura latina es incuestionable, hasta el punto en que autores como Giulio Battelli, Armando Petrucci o Jacqueline Hamesse hablan del “Il códice al tempo delle grandi università”, la “littera scholastica” o el “modelo escolástico de la lectura”. 82 Se produce en este ámbito una evolución desde las escuelas conventuales medievales, donde la pedagogía se basa en una lectura explicada y comentada de los textos, a las universidades donde, además de la anterior, se desarrolla una lectura privada que responde a un nuevo sistema metodológico propiamente escolástico. De este modo, “la importancia del libro se desarrolló en dos niveles: el de la transmisión generalizada de la cultura escrita y el de la selección de las obras que había que leer”. 83 La producción literaria constante, junto al rico sustrato cristiano y el amplísimo repertorio de obras que aportaban los núcleos de traductores diseminados por toda la cristiandad, dio lugar a nuevos formatos textuales que buscaban agilizar la lectura como los florilegios, compilaciones de textos destinados a ser memorizados. A partir del siglo XII, este 81 Estos fenómenos pueden encontrarse desarrollados en María del Carmen Álvarez Márquez, “Escritura latina…”, pp. 377-384, Alberto Tamayo, Historia de la escritura latina e hispánica, Gijón: Trea, 2012, pp. 365-367 o José Manuel Ruiz Asencio, “La escritura gótica…”, pp. 147-150 82 José Manuel Ruiz Asencio, “La escritura gótica…”, p. 149; Armando Petrucci, Breve storia…, p. 138 y Jacqueline Hamesse, “El mundo escolástico de la lectura”, en Guglielmo Cavallo y Roger Chartier (dir.) Historia de la lectura en el mundo occidental, Madrid: Santillana, 2004, p. 179 83 Jacqueline Hamesse, “El mundo escolástico de la lectura”, p. 187
24 modelo entraría en crisis y comenzaría a perder peso el componente religioso, de modo que “la meditación de la Sacra Scriptura fue reemplazada por el examen”. 84 La necesidad de disponer de textos para un número cada vez mayor de alumnos y que estos asegurasen un mínimo de calidad provocaría eventualmente la aparición de copistas de libros especializados en atender a esta demanda. Asociados a las grandes universidades del momento (Bolonia para los estudios de Derecho, París para Teología, Montpellier para Medicina, Oxford, Lérida…) surgieron talleres de copistas de libros, escribas profesionales que trabajaban pro pretio para la universidad, que depositaba un único exemplar en manos del stationarii 85 que era dividido en partes o pecias (generalmente eran cuadernos de 16 páginas, por tratarse de bifolios doblados dos veces o cuaterniones) y copiado por cada uno de los escribanos. Cabe destacar la notable excepción de las universidades en Castilla (Salamanca y Valladolid) 86 en las que estos talleres no utilizaron dicho sistema. Esto permitía mantener un ritmo de trabajo muy elevado y surtía a los estudiantes de copias de calidad acreditada tanto en su contenido como en su forma, a un precio razonable para los alumnos. 87 La adopción del notariado romanista por el conjunto de la sociedad europea a partir de la recuperación del derecho romano en el siglo XII, en el que la palabra escrita tiene preponderancia, dio lugar a la difusión de la figura del escribano público, “que escriuen las cartas de las vendidas, e de las compras, e de los pleitos, e de las posturas que los omes ponen entre si en las cibdades e en las villas”. 88 La enorme producción documental a partir de entonces trajo consigo una gran difusión de los modelos escritos, a la par que una rápida deformación de los mismos en el ámbito de las escrituras cursivas, lo que dio lugar a nuevos tipos gráficos. Respecto al escribano de cancillería, debemos tener en cuenta que durante el siglo XIII se produce un fortalecimiento sin precedentes en las monarquías europeas, que abandonan paulatinamente el paradigma feudal en favor de la soberanía única. La escritura tendrá en este proceso un papel clave “no solo por su función informativa, sino también como instrumento de coacción y propaganda de su poder. La escritura permite crear una administración de corte cada vez más centralizada; sirve en definitiva, para la 84 Jacqueline Hamesse, “El mundo escolástico de la lectura”, p. 207 85 Armando Petrucci, Breve storia…, p. 139 86 José Manuel Ruiz Asencio, “La escritura gótica…”, p. 149. Sin embargo, no cabe duda de la aplicación de este sistema en Castilla debido a la referencia explícita que se hace en la Partida Segunda, título XXXI, ley XI, véase Alberto Tamayo, Historia de la escritura latina e hispánica, Gijón: Trea, 2012, pp. 384 y 387 87 Paul Saenger, “La lectura en los últimos siglos de la Edad Media”, en Guglielmo Cavallo y Roger Chartier (dir.) Historia de la lectura en el mundo occidental, Madrid: Santillana, 2004, p. 236 88 Antonio J. López Gutiérrez, “Oficios y funciones de los escribanos en la cancillería de Alfonso X”, en Historia. Instituciones. Documentos, no. 31, 2004, p. 356
31 Dimensiones externas: 246 x 166 mm. Número de folios y hojas de guarda: El códice está compuesto por 4 hojas de guarda al inicio, 201 folios y 3 hojas de guarda por la parte de atrás. 4h + 201ff. +3h. Análisis del soporte: Las hojas de guarda al inicio están formadas por un binión de papel, siendo el bifolio interno de un papel verjurado con filigrana más delicado. El primer folio es de papel, probablemente a modo de portada. El resto del códice está formado por cuaterniones de pergamino de buena calidad en el que se respeta la Ley de Gregory con pocas excepciones (un folio sin numerar entre los folios 20 y 21, el último folio del quinto cuaternión ha sido cortado, el sexto cuaternión ha perdido un bifolio completo y del último ternión se ha cortado el último folio). Las tres hojas de guarda finales son de papel blanco. Tipo de composición: Se trata de un códice unitario, que contiene únicamente esta obra. Tipología de los cuadernos: Las hojas de guarda primeras son un binión, se añade un folio suelto de papel a modo de portada y el resto de folios se agrupan en 25 cuaterniones y un ternión. Composición de la página: El texto está escrito mayoritariamente a doble columna, con excepciones que responden a adaptarse al espacio disponible que dejan las numerosas figuras dentro del texto o, en ocasiones, al capricho del copista. La columna de escritura es de 175 x52 mm. El número de líneas por página es variable en función del número de figuras que aparezcan en ellas, en una página sin figuras hay alrededor de 40 líneas. Tipo de escritura: Laura Fernández describe la escritura del Libro de las cruzes como una “escritura gótica libraria en tinta parda característica de los manuscritos alfonsíes ejecutada con pulcritud y precisión. Rúbricas en rojo. Calderones alternos en rojo y azul”. 118 Incluimos aquí un breve análisis paleográfico de la escritura en base al sistema y a la clasificación planteado anteriormente. El caso del Libro de las cruzes es un ejemplo de escritura gótica textual fracturada formata o formada. Se trata de una escritura que tiene un grado de perfección y cuidado incuestionables y, como demuestra la adecuación perfecta al espacio de escritura, así como una regularidad omnipresente a lo largo de todo el códice, que posee un alto grado de caligrafismo. Se trata así, de una escritura pesada y sentada. Respecto a las características “arquetípicas” góticas se puede observar un cierto claro-oscuro, disimulado por tratarse de una escritura estrecha; la ausencia prácticamente total, con la 118 Laura Fernández Fernández, Arte y ciencia..., p. 83
32 excepción ocasional (sobre todo d y o) en las que se da un ligero contacto, de unión de curvas contrapuestas; 119 y el respeto escrupuloso al usar el alógrafo de r redonda después de curva hacia la derecha. Respecto a las grafías: se emplea una “a” compuesta por dos trazos, una curva convexa a la izquierda y un trazo vertical incurvado hacia la derecha que, dependiendo de si unen o no por su parte superior dan lugar a los alógrafos de a semiuncial (mucho más abundante) o a con copete (apareciendo generalmente después r de martillete y al final de palabra). La “b” presenta un astil corto. La “c” presenta un ductus parecido a la t con un trazo horizontal rematado hacia abajo (si bien es cierto que, de acuerdo con el carácter textual de la escritura, ambas letras pueden diferenciarse perfectamente) que corona una curva convexa hacia la izquierda. La “d” se presenta siempre en forma uncial lo que, según María Jesús Torrens es uno de los rasgos de madurez de la escritura gótica, a partir de la segunda mitad del siglo XIII. 120 La “e” presenta un ojo y se distingue claramente de c y t. La “f” se presenta con la morfología habitual, cortada por un trazo medio que liga con la siguiente letra. La “g” presenta un bucle hacia la izquierda que no llega a cerrar. La “h” se realiza en dos trazos, un asta horizontal y una curva convexa hacia la derecha que cae por debajo de la línea del renglón de aligerándose hasta casi desaparecer. El alógrafo de “i” empleado mayoritariamente es el de i corta, se opta por la i larga generalmente al seguir a i corta, aunque no le puede atribuir el valor fonético de consonante prepalatal con la finalidad de evitar problemas de lectura. 121 La “l” sube poco por encima del renglón con el final inclinado hacia la derecha y presentando un ensanchamiento en su parte superior. La “m” resulta especialmente interesante ya que se presenta tanto el alógrafo tradicional como la m uncial en forma de corazón, cuyo ductus cierra en forma de ojo la primera parte del cuerpo de la letra. La “n” se atiene a la morfología acostumbrada. La “o” se hace en dos trazos, presentando poca angulosidad y, al final de palabra en las figuras del texto adquiere un alargado caído hacia la izquierda. Tanto “p” como “q” presentan caídos de escasa longitud. Se emplea la “r” de martillete y la r redonda, ésta última después de curva convexa hacia la derecha. La “s” se presenta tanto en su morfología de s alta como de doble curva que, en este caso, se alza ligeramente por encima de la caja del renglón y se emplea al final de palabra y al principio (en una proporción mucho menor y generalmente en nombres propios), lo que según Ruiz Asencio habría sido una 119 Se cumple así, lo dicho por María Jesús Torrens en su estudio sobre la escritura textual fracturada, en el que afirma que a partir de 1255 “se generaliza la fusión de curvas aunque en diferente grado, extendiéndose en los más tardíos el trazo único para ambas letras”, habiendo hasta entonces una presencia excepcional. María Jesús Torrens, “La paleografía como instrumento…”, p. 354 120 María Jesús Torrens, “La paleografía como instrumento…”, p. 355 y 358 121 Ibídem, p. 363
33 pervivencia de soluciones propias de la tradición carolina. 122 La “t” se resuelve con un trazo vertical que se curva hacia la derecha en su parte inferior y un trazo horizontal en su parte superior. Respecto a “u” y “v”, no existen diferencias apreciables con la excepción de que se opta por la morfología de v de forma minoritaria al principio de palabra, también se usa en los numerales, con la unión en forma de ángulo de los dos trazos que componen la grafía y alargándose el primero hacia la izquierda, lo que recuerda en cierto modo al alargamiento propio de la escritura gótica fracturada cursiva, y la unión de trazos se realiza de forma claramente angulosa. La “x” cae por debajo de la línea del renglón y puede ser fácil de confundir con la y, sin embargo, esto se evita por medio del punto diacrítico que aparece en la práctica totalidad de las ocasiones sobre ésta última. La “z” se presenta en forma de 3, cayendo ligeramente por debajo de la caja del renglón, siempre antecediendo a e o i y al final de palabra. La “ç” tiene el mismo ductus que la c pero añade la cedilla con un trazo curvo hacia la derecha, apareciendo generalmente con valor de z antes de a, o o u. El signo tironiano se realiza en dos trazos un primer trazo horizontal en cuyo final desciende un trazo en curva convexa hacia la izquierda. Respecto a los signos de puntuación, se emplea la subdistinctio o incisum con un punto al pie de la escritura o, en mucha menor proporción, el semicolon o la coma y punto. 123 Pese a tratarse de un códice de factura excepcional, pueden encontrarse multitud de abreviaturas, generalmente empleando el signo general de abreviación para las nasales o la sílaba er al colocarlo sobre t, o para abreviar ue o ui si aparece sobre q; también se utiliza la p partida para abreviar per o par. Se emplea, además, la contracción en palabras como “segunda” de forma repetida dejando solo la s alta seguida de la a con un trazo curvo entre ambas, la letra a (siempre cursiva) sobrepuesta y una suerte de bucle para abreviar ur. Se puede encontrar un uso muy minoritario de escritura distintiva o publicitaria, prefiriéndose por norma general el uso de tinta roja o azul para resaltar el texto. Sin embargo en el encabezado de las páginas se pueden encontrar mayúsculas góticas (extraídas del alfabeto capital y uncial) 124 que presentan la palabra “capitulo” (abreviada o no) en el verso y resaltan el número del capítulo en el recto. Para el resto del texto se emplean o bien minúsculas góticas agrandadas, capitales o unciales de mayor módulo o bien, en el caso del inicio de un capítulo o un subcapítulo, miniadas y de gran formato. Este uso consciente del módulo y ornamentación de las letras mayúsculas o, escrituras de aparato o monumentales, 122 María Jesús Torrens, “La paleografía como instrumento…”, p. 361 123 María del Carmen Álvarez Márquez, “Escritura latina…”, p. 399 124 Sobre el uso de la escritura publicitaria en los códices góticos bajomedievales es esencial consultar Pilar Ostos Salcedo, “Escritura distintiva en códices y documentos castellanos de la Baja Edad Media”, en María Encarnación Martín López y Vicente García Lobo (coords.) Las Inscripciones góticas: II Coloquio internacional de epigrafía medieval, León: Universidad de León, 2010, pp. 49-50.
34 “refuerzan aún más su función, en un deliberado juego entre la legibilidad y la estética de la página”. 125 Se trata, además de una escritura que presenta gran cantidad de ligados entre los que hay que destacar el clásico st, o las letras c, f, t, g con la siguiente letra si tiene un trazo vertical. Lo que evidencia una búsqueda de agilidad aun sin ceder un ápice en el caligrafismo, lo que encaja a la perfección con la finalidad del manuscrito, a saber “un manual de uso cotidiano, destinado a cualquier esfera social, haciendo hincapié en aspectos de tipo meteorológico, bélico, amoroso y de forma significativa […] en asuntos vinculados a la figura del monarca y el reino”. 126 Ilustraciones u ornamentación: El códice presenta escasa decoración figurativa, con la excepción de unos rostros que aparecen en el folio 14r y 36r, supeditada totalmente a la articulación y dignificación de los elementos que textuales del códice. Las letras miniadas están decoradas con filigranas de gran delicadeza y, de ellas surgen filamentos en rojo y azul que llegan a recorrer toda la caja de escritura. Acompañan a estas filigranas otros motivos decorativos (diente de sierra, tallo helicoidal, de pluma…). Por otro lado, destacan las abundantes figuras para hacer horóscopos, círculos divididos en seis secciones regulares (a los que el texto denomina casas) que se enmarcan en espacios cuadrados decorados con motivos vegetales, palmetas y roleos. Esos espacios cuadrados pueden resaltarse con cintas de patrones geométricos o vegetales mediante la aplicación de tintas roja, azul o verde. La escritura distintiva empleada en el encabezamiento de cada página también se rodea con filamentos de color azul y rojo. Observaciones: En este códice que contiene un tratado de astrología judiciaria, scientia iudiciorum, traducido y, en la línea del scriptorium alfonsí, ampliado por Yehudá ben Mossé y Johan Daspa del árabe, no aporta una tradición textual segura con respecto a la obra original escrita por Oueydalla. En cuanto al autor se baraja la hipótesis de que éste pudiera ser un astrónomo toledano que habría bebido del sustrato adivinatorio tardoantiguo de la Península Ibérica. El sistema astrológico empleado es el sistema de las cruces, que se diferencia del sistema astrológico oriental en que no presta atención a la indicación exacta del lugar de los planetas (grados y minutos) sino en qué casa se encuentran y su posición entre sí. 127 125 Pilar Ostos Salcedo, “Escritura distintiva en códices y documentos…”, p. 48. El corpus alfonsí no fue original en la división del texto capítulos, habiendo claros precedentes. El desarrollo de la “ordinatio jerarquizada” reforzada por medio de un lenguaje visual entronca claramente con las formas escolásticas del momento. Véase al respecto Inés Fernández-Ordóñez, “Ordinatio y compilatio en la prosa de Alfonso X el Sabio”, en Mónica Castillo y Marta López (eds.) Modelos latinos en la Castilla medieval. Madrid: Iberoamericana, 2010, p. 251 126 Laura Fernández Fernández, Arte y ciencia..., p. 76 127 Rafael Muñoz, “Los orígenes del Libro de las cruces, de Alfonso X el Sabio (1ª Parte), en Revista de Filología de la Universidad de La Laguna, Nº 1 (1982), p. 159
35 El prólogo afirma que el texto fue hallado por Alfonso X y ordenó su traducción al castellano y su separación en 75 capítulos. Destaca especialmente, además, la intitulación que se atribuye el rey Sabio: “nostro señor el muy noble Rey don Alfonso Rey de España, fyio del muy noble Rey don Ferrando e de la muy [noble] reyna dona Beatriz”, 128 ya que se trata de un códice finalizado en 1259, año en que se celebraron las Cortes de Toledo con el objetivo de recaudar fondos para el fecho del Imperio, aprovechadas además “para proclamar su hegemonía sobre toda la península ibérica resucitando así las pretensiones imperiales de los reyes de León”, es decir, “ejercer una hegemonía sobre todos los reinos peninsulares a la que creía tener derechos históricos, que solo el reconocimiento pontificio podía hacer efectivos”. 129 Libro conplido en los iudizios de las estrellas, Ms. 3065, Biblioteca Nacional de España 130 Identificación y localización del manuscrito: Se trata del manuscrito 3065 (signatura Mss. 3065) de la Biblioteca Nacional de España, Madrid. Descripción interna del códice: Se abre el códice con una guarda volante, seguida de 5 hojas de guarda. Las dos primeras son de papel moderno a las que sigue una en papel timbrado del siglo XIX y un bifolio de pergamino (que serían las dos hojas de guarda originales), pudiendo leerse en el primero una tasación del libro (“Costó quatro doblones que hacen 192 reales de vellón / es el libro original compuesto por mandado del Rey Don Alonso el Sabio y no se a impresso”) entre otras anotaciones; en el segundo folio, por otro lado, se puede ver una portada que debió hacer el propietario del manuscrito que data del siglo XVII (“Messa / Hala / Fijo de Aben Ragole / el cano. / De los juizios de las estre/llas el qual diuidio / en ocho partes. / E por mandado de el noble / señor el Rei Don Al/phonso el Sabio de Es/paña fue tra/duzido en / lengua / castellana de la arábiga. / Tiene 236 folios”) mientras que en la “contraportada” se recoge una nota sobre el propietario del texto (“este libro es de el Doctor Don Agustin Bernaldo / de Villada, presbítero. En Sevilla año de 1603. / Hali de juditiis astrorum”). Todas estas páginas emplean escritura humanística con distintos tenores caligráficos. Empieza a continuación el tratado desde el folio 1r hasta el 229v, donde hay anotaciones en escritura humanística corriente (probablemente del momento del expurgo al que fue sometida la obra). El códice termina con una hoja de guarda llena de anotaciones en escritura gótica cursiva, una segunda hoja de papel timbrado y, finalmente, otras 8 hojas de guarda de papel moderno con una guarda volante. 128 Biblioteca Nacional de España, Mss. 9294, fol. 2r-a 129 Manuel González Jiménez, Alfonso X el Sabio, p. 135 130 Los datos de este análisis se han extraído de Laura Fernández Fernández, Arte y ciencia..., pp. 101-134
36 Tituli: “Esta es la demostración del departim/ento de todo el libro”. Incipit: “Laores e gracias vendamos a Di/os Padre verdadero omnipotent / qui en este nuestro tiempo nos / denno dar señor en tierra…”. Explicit: “Aquis cumple el tracta/to quinto del Libro conplido en los / iudizios de las estrellas e Dios / sea engradecido e loado”. La tabla de capítulos empieza en el folio 1r y termina en 2v, donde se inicia, además, el prólogo. El códice obedece también a las formas de jerarquización de la información dividiendo en capítulos y subacapítulos que comienzan con iniciales miniadas de distintos tamaños y cantidad de ornamentación. Cabe destacar la ausencia de figuras decorativas, aunque aparecen a lo largo de todo el tratado notas triangulares con un espacio bien definido y dignificado. A esto hay que añadir anotaciones dorsales en escritura gótica cursiva de un lector posterior. El estado de conservación es óptimo con la excepción de su primer y último folio que están ligeramente dañados por las sucesivas encuadernaciones. Datación: No tiene colofón aunque se piensa que esta copia debió escribirse en torno a los años 1270-1271. Dimensiones externas: 310 x 217 mm. Número de folios y hojas de guarda: El códice está compuesto por hojas de guarda al inicio, 229 folios y hojas de guarda por la parte de atrás. 5h + 229ff. +5h. Análisis del soporte: Las hojas de guarda al inicio están formadas por tres hojas de papel moderno a las que sigue una hoja de papel timbrado y un bifolio de pergamino fino. El tratado en sí está formado por cuaterniones de pergamino de muy buena calidad en los que se respeta la Ley de Gregory (con la excepción del añadido de dos hojas sueltas antes del decimoséptimo cuaderno, que es el único binión). Las hojas de guarda finales un bifolio de pergamino, una hoja de papel timbrado y tres hojas de guarda. Hay contraguardas al inicio y al final del códice y se emplea una encuadernación de pasta española. Tipo de composición: Se trata de un códice unitario, en el que se incluye únicamente este tratado. Tipología de los cuadernos: Las hojas de guarda del inicio del códice se corresponden con las del final (tres folios de papel moderno y uno de papel timbrado además de un bifolio de pergamino). El resto del tratado está conformado por 29 cuadernos de pergamino fino de buena calidad siendo todos cuaterniones salvo el decimoséptimo, que es un binión al que anteceden dos folios sueltos pegados la única excepción. Composición de la página: El códice está escrito a doble columna pudiendo aparecer en los márgenes exteriores las citadas notas triangulares. La columna de escritura es de
37 170 x 49 mm. El número de líneas por página es de 40, con una ordenación muy rigurosa señalada por medio de un lápiz de plomo. Tipo de escritura: La escritura del Libro conplido ha sido descrita por Laura Fernández se refiere a una “gótica libraria trazada con gran precisión” o, en palabras de Sánchez Mariana “quizá la gótica más pura que se usó jamás en Castilla”. 131 Se emplea para el texto tinta negra y roja (para los tituli) y se alterna el uso de calderones azules y rojos. Se procede a continuación a añadir otro análisis paleográfico que, a fin de no ser reiterativos en exceso, solo resaltará aquellas grafías que destaquen respecto al primer códice analizado: El Libro conplido en los iudizios de las estrellas emplea la característica escritura gótica textual fracturada formata o formada del scriptorium alfonsí. Como rasgos generales de ésta deben resaltarse la precisión, regularidad y perfección con que se ejecuta cada grafía, así como una adecuación total al espacio reservado para la escritura. Es una escritura pesada y sentada, muy caligráfica, angulosa y apretada hasta el punto de que el espacio interpalabra en ocasiones se sacrifica. Salta a primera vista el carácter gótico de la escritura debido al claro-oscuro, el respeto escrupuloso de las leyes de Meyer (resolviendo la unión de curvas contrapuestas con un único trazo compartido para ambas letras), lo que retrasa la cronología a bien entrada la segunda mitad del siglo XIII, 132 y uso constante de la forma de r redonda después de curva convexa hacia la derecha. Respecto a las grafías no se encuentran muchas diferencias a destacar. La “e” al inicio de una frase toma forma de T. Se emplea la m uncial en forma de corazón, aunque su uso es más limitado (principalmente en nombres propios). La “o” se traza igual que en Libro de las cruzes aunque presenta una mayor angulosidad. La “s” también emplea la morfología de s alta y s de doble curva que, en éste códice, puede alargarse por debajo de la caja del renglón para hacer nexo con la letra anterior (si ésta termina en curva hacia convexa hacia la derecha) y cumplir la Ley de Meyer. Se emplean tanto “u” como “v” como en el primer códice, aunque se prescinde de ésta última en los numerales. Los signos de puntuación empleados se encuentran tanto la coma y punto como el punto al pie da caja del renglón con función de subdistinctio o incissio, a los que habría que añadir el uso de tres puntos formando un triángulo invertido para señalar el lugar en el que se debe consultar una nota dorsal. Las mayúsculas se atienen de nuevo al alfabeto uncial, capital o como minúsculas góticas de mayor módulo. Se vuelve a emplear una escritura publicitaria en el encabezado de cada hoja, en el que aparece el número del capítulo. Respecto a los sistemas de abreviación se pueden encontrar la p partida o con 131 Laura Fernández Fernández, Arte y ciencia..., p. 20 132 María Jesús Torrens, “La paleografía como instrumento…”, p. 359
38 bucle (per, par o pro), la a cursiva sobrepuesta, el bucle sobrepuesto para abreviar ur, el uso de la abreviatura latina tradicional de us en forma de bucle y el alargamiento de la r redonda con una línea cruzada en perpendicular para abreviar la terminación um cuando se escribe en latín. Ilustraciones u ornamentación: Se trata de un códice con una ornamentación tremendamente discreta pero efectiva y, del mismo modo que a nivel de contenidos “era necesario dignificar los textos haciendo una exhibición de conocimiento astronómico a través de la descripción minuciosa de los signos del zodiaco y los planetas, así como con continuas citas y referencias a sabios de la antigüedad”, 133 el programa ornamental del códice está destinado a facilitar y articular visualmente el discurso del texto. Destacan dos elementos, las iniciales miniadas con gran barroquismo y minuciosidad (roleos, palmetas, motivos vegetales) alternando tintas azul, roja o parda; y los filamentos que recorren la caja de escritura, rodean las notas triangulares y resaltan los encabezados de cada página. Llama la atención, sin embargo, la ausencia de cualquier tipo de figura horoscópica, muy habituales en otras obras astrológicas como puede ser el Libro de las cruzes, que, según Gerold Hilty, se debería a que existieron diferentes tradiciones textuales del Libro conplido. 134 Observaciones: El Libro conplido en los iudizios de las estrellas es un tratado de astrología judiciaria, un texto de consulta destinado a profesionales con una difusión enorme en la Península Ibérica medieval. Está dividido en ocho capítulos (los tres primeros destinados a dar un panorama general de la astronomía y las fuentes a las que se acude, los dos siguientes a la “prennación” y sus menesteres y los tres últimos a “las reuoliciones de las nacencias”, “de las elecciones” y “de las revoluciones de los annos del mundo” 135 respectivamente) de los que fueron expurgados los tres últimos, en el caso del manuscrito 3065, por la Inquisición en el siglo XVII. Se trata de una traducción de un texto árabe escrito por el astrónomo y poeta Abenragel que, según las hipótesis más sólidas, podría haber llegado a la Península a través de embajadores de la corte de Qayrawan, en la que Abenragel desarrollaba su actividad, o a través de la actividad de Constantino el Africano en Sicilia. El prólogo de la obra, que presenta a Alfonso X como “Rey don Alfonso por la gratia de Dios, Rey de Castilla et de Toledo de León de Galicia de Seuilla de Cordoua de Murcia et de Jahen et del Algarbe et de Badajoz”, 136 explica que el monarca habría accedido a promocionar la 133 Laura Fernández Fernández, Arte y ciencia..., p. 105 134 Ibídem, p. 107 135 Ibídem, p. 106 136 Extraído de Gerold Hilty, El libro conplido en los iudizios de las estrellas. Madrid: Real Academia Española, 1954, p. 3. La inclusión del Algarbe en la intitulación real hace referencia a las pretensiones de
39 traducción del tratado (en 1254) por sugerencia de la figura clave del scriptorium alfonsí: Yehudá ben Mossé. Tiempo después, en la década de los años 70, se elaboraría este manuscrito tomando como referencia decorativa y compositiva el Libro de las cruzes. Sin embargo, aunque se hubiese escrito en el scriptorium regio, habría estado destinado, según apuntó Kirsten Kennedy, a un cliente o institución vinculada a la Corona. Del scriptorium alfonsí a la Corona de Castilla Hasta el momento, volviendo sobre la definición de “situación de la escritura” empleada por Petrucci y aplicada sobre esta pequeña muestra de manuscritos alfonsíes, hemos podido responder a varias de las preguntas que esta metodología plantea, a saber: qué, cómo, cuándo y dónde. Sin embargo, a fin de terminar este acercamiento a la práctica de la escritura en el scriptorium de Alfonso X el Sabio se hace necesario completar tanto el “qué” como contestar al “quién”, al “porqué” de la práctica de la escritura en el scriptorium alfonsí. No quedaría completo el “qué” de nuestro estudio si, habiendo ya analizado los aspectos materiales de la misma, prescindiésemos de su función como significante fonético saltando directamente al contenido la escritura. Hace falta dar un paso intermedio e ineludible para hacer una verdadera “historia de la escritura” atendiendo a la lingüística ya que, en palabras de Sánchez-Prieto Borja, “los valores fonéticos se deducen (directamente) de los usos gráficos; los usos gráficos se explican por su mayor o menor adecuación a la fonética”. 137 Tanto más cuando el reinado de Alfonso X el Sabio fue fundamental en la historia del castellano en su camino a convertirse en lengua “estandarizada”. Según Inés Fernández-Ordóñez, “la colección alfonsí constituye una fuente inapreciable para conocer en testimonios originales, la lengua del siglo XIII. Esa relevancia se incrementa por la variedad de materias que recibieron expresión en prosa romance”. 138 La situación lingüística de la heredad de Alfonso X habría respondido más a un continuum desde el los dialectos propios del grupo galaico-portugués y asturleonés hasta el castellano oriental fuertemente influido por el euskera o el aragonés. 139 Sin embargo, a lo largo del reinado de Fernando III puede intuirse un aumento claro del uso del castellano en los documentos regios que necesitaban de una especial difusión, dominio de Alfonso X sobre ese territorio, fundamental en sus relaciones con el reino de Portugal. Para profundizar en la cuestión véase Manuel González Jiménez, Alfonso X el Sabio, pp. 52-58 137 Pedro Sánchez-Prieto Borja, “Para una historia de la escritura castellana”, en Claudio García, Fabián González y José Javier Mangado (coords.) Actas del IV Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española. Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá, 1998, p. 289 138 Inés Fernández-Ordóñez, “Alfonso X el Sabio en la historia del español”, en Rafael Cano-Aguilar (coord.) Historia de la lengua española. Barcelona: Ariel, 2004, p. 389 139 Ibídem, pp. 381-382
40 con el nombramiento de Juan de Soria a la cabeza de la cancillería castellana y, posteriormente, leonesa. Esta transformación se habría visto acentuada, además, por la conquista de Andalucía y el proceso repoblador. 140 Sin embargo, con la llegada de Alfonso X el Sabio al poder se producirá un abandono total de la lengua latina con la excepción de los documentos destinados monarcas extranjeros. La adopción del castellano como lengua de Corte no se limitó, sin embargo, a su uso como lengua de cancillería, sino que fue empleada también para toda la obra en prosa emanada del scriptorium alfonsí. Esto implica que la selección lingüística respondía a algo más allá de la mera funcionalidad para la difusión de los mandatos regios y que se abogaba por el uso del castellano como lengua de cultura, al mismo nivel que hasta entonces habían tenido el latín y el árabe. De hecho, la importancia del reinado de Alfonso X es fundamental en la historia del castellano debido a que profundizó en el proceso, que ya se venía dando desde el siglo anterior en las escuelas de traductores (especialmente la de Toledo), de expansión semántica del castellano. Así, el ambicioso programa cultural alfonsí habría ido poniendo a prueba la capacidad del idioma de expresar realidades “superiores” en el contacto diario con los dos principales superestratos culturales de la época: latín y árabe. 141 Es capital por tanto, el uso del castellano para formular por primera vez el derecho común, la historia de España y del mundo, hasta entonces redactados en latín, y los conocimientos sobre las estrellas en árabe. Respecto a la adecuación del castellano a los requerimientos léxicos de la scientia stellarum, resultan esclarecedoras las aportaciones de Julio Samsó en Las traducciones astronómicas alfonsíes y la aparición de una prosa científica castellana. El scriptorium alfonsí, a diferencia de otros centros de traducción por el resto de la Cristiandad latina, se sirvió de una adaptación del método de trabajo empleado hasta el momento (en el que trabajaban por parejas un traductor judío que conocía el árabe y realizaba el traslado a romance, para que un cristiano lo tradujese después al latín) en el que “la versión castellana dejaba de ser un medio para convertirse en un fin”. 142 De este modo, el castellano “astronómico” alfonsí habría estado condicionado porque, como afirma Julio Samsó, “los únicos colaboradores del rey que, además de saber árabe, eran buenos conocedores de astronomía eran precisamente los judíos que, probablemente, no 140 Inés Fernández-Ordóñez, “La lengua de los documentos del Rey: del latín a las lenguas vernáculas en las cancillerías regias de la Península Ibérica”, en Pascual Martínez Sopena y Ana Rodríguez (eds.). Valencia: Universidad de Valencia, 2011, p. 332 141 Rafael Cano-Aguilar, “La construcción del idioma en Alfonso X”, en Philologia hispalensis, no. 4-2 (1989), p. 464 142 Laura Fernández Fernández, Arte y ciencia..., p. 51
47 Bibliografía Álvarez Márquez, M. C., “El libro en la Baja Edad Media, su caligrafía”, en María Encarnación Martín López y Vicente García Lobo (coords.) Las Inscripciones góticas: II Coloquio internacional de epigrafía medieval, León: Universidad de León, 2010, pp. 263-332 Álvarez Márquez, M. C., “Escritura latina en la Plena Edad Media: la llamada «gótica libraria» en España”, en Historia. Instituciones. Documentos, no. 12 (1985), pp. 377-410 Álvarez Márquez, M. C., “Manuscritos de copistas hispanos (siglo XIV y primer tercio del XVI), en María Josefa Sanz Fuentes y Miguel Calleja Puerta (coords.) Paleografía II: Las escrituras góticas desde 1250 hasta la imprenta, Oviedo: Universidad de Oviedo, 2007, pp. 51-106 Burke, P., ¿Qué es la historia cultural?, Barcelona: Paidós, 2006. Burns, R. I., Emperor of Culture: Alfonso X the Learned of Castile and His Thirteenth-Century Rennaisance. Filadelfia: University of Pennsylvania Press, 1990. Cabrera Rodríguez. Á., “La escritura gótica libraria: su trazado y técnica de ejecución”, en Documenta & Instrumenta, no. 7 (2009), pp. 37-51. Del Camino, C., “La escritura al servicio de la administración concejil”, en Historia. Instituciones. Documentos, no. 31, 2004, pp. 97-11. Cano-Aguilar, R., “La construcción del idioma en Alfonso X”, en Philologia hispalensis, no. 4-2 (1989), pp. 463-474 Cárdenas, A. J., “Alfonso’s Scriptorium and Chancery: Role of the Prologue in Bonding the Traslatio Studii to the Traslatio Potestatis”, en Emperor of Culture: Alfonso X the Learned of Castile and His Thirteenth-Century Rennaisance. Filadelfia: University of Pennsylvania Press, 1990, pp. 90-108 Cárdenas, A. J., “Alfonso X nunca escribió castellano drecho”, en Andreu Vilanova (coord.) Actas del X Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas. Barcelona: PPU, 1992, pp. 151-159 Casado Quintanilla, B., “Poder y escritura en la baja Edad Media”, en Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, Hª Medieval, t. 8 (1995), pp. 143-168 Cuenca Muñoz, P., “La escritura gótica castellana: su desarrollo histórico”, en III Jornadas Científicas sobre Documentación en época de los Reyes Católicos, Madrid: 2004, pp. 23-34 Fernández Fernández, L., Arte y Ciencia en el scriptorium de Alfonso X el Sabio, Puerto de Santa María: Universidad de Sevilla, 2013.
48 Fernández-Ordóñez, I., “Alfonso X el Sabio en la historia del español”, en Rafael Cano-Aguilar (coord.) Historia de la lengua española. Barcelona: Ariel, 2004, pp. 381-422. Fernández-Ordóñez, I., “De la historiografía fernandina a la alfonsí”, en Alcanate, no. 3 (2002-2003), pp. 93-134. Fernández-Ordóñez, I., “La lengua de los documentos del Rey: del latín a las lenguas vernáculas en las cancillerías regias de la Península Ibérica”, en Pascual Martínez Sopena y Ana Rodríguez (eds.). Valencia: Universidad de Valencia, 2011, pp. 323-362 Fernández-Ordóñez. I., “Ordinatio y compilatio en la prosa de Alfonso X el Sabio”, en Mónica Castillo y Marta López (eds.) Modelos latinos en la Castilla medieval. Madrid: Iberoamericana, 2010, pp. 239-270. González Jiménez, Manuel, Alfonso X el Sabio. Barcelona: Ariel, 2004. Grégorio, D., “De la astronomía a la astromagia, una aproximación alfonsí del saber de las estrellas”, en Miscelánea Medieval Murciana, no. XXXVI (2013), pp. 4174. Gurruchaga Sánchez, M., “La nomenclatura de las escrituras góticas cursivas castellanas en la manualística al uso: un repaso crítico”, en SIGNO. Revista de Historia de la Cultura Escrita, no. 6 (1999), p. 243 Hamesse, H., “El mundo escolástico de la lectura”, en Guglielmo Cavallo y Roger Chartier (dir.) Historia de la lectura en el mundo occidental, Madrid: Taurus, 2004, pp. 179-210. Hilty, G., El libro conplido en los iudizios de las estrellas. Madrid: Real Academia Española, 1954. Herrero Jiménez, M., “La escritura gótica documental castellana (siglos XIIIXVII)”, en Juan Carlos Galende Díaz, Susana Cabezas Fonanilla y Nicolás Ávila Seoane (coords.), Paleografía y escritura hispánica, Madrid: Síntesis, 2016, pp. 171201. Kasten, L., “Alfonso’s Language”, en Emperor of Culture: Alfonso X the Learned of Castile and His Thirteenth-Century Rennaisance. Filadelfia: University of Pennsylvania Press, 1990, pp. 33-45 López Gómez, É., “Escritura y arte. La grafía gótica como representación del arte gótico”, en Estudios Medievales Hispánicos, no. 2 (2012), pp. 89-106. López Gutiérrez, A. L., “Oficios y funciones de los escribanos en la cancillería de Alfonso X”, en Historia. Instituciones. Documentos, no. 31, 2004, pp. 353-368 Merino de Jesuchristo, A., Escuela de leer letras cursivas antiguas y modernas desde la entrada de los godos en España hasta nuestros tiempos, Madrid: 1780.
49 Millares Carlo, A., Tratado de paleografía española. 1, Texto, Madrid: EspasaCalpe, 1983. Montoya Martínez, J., “Del scriptorium fernandino al de Alfono X. La Corte literaria de Fernando III”, en Alcanate, no. 3 (2002-2003), p. 165-190. Muñoz Jiménez, R., “Los orígenes del Libro de las cruces, de Alfonso X el Sabio (1ª Parte), en Revista de Filología de la Universidad de La Laguna, Nº 1 (1982), pp. 153-176. Ostos Salcedo, P., “Escritura distintiva en códices y documentos castellanos de la Baja Edad Media”, en María Encarnación Martín López y Vicente García Lobo (coords.) Las Inscripciones góticas: II Coloquio internacional de epigrafía medieval, León: Universidad de León, 2010, pp. 45-63. Ostos Salcedo, P., “Las escrituras góticas hispanas. Su bibliografía”, en María Josefa Sanz Fuentes y Miguel Calleja Puerta (coords.) Paleografía II: Las escrituras góticas desde 1250 hasta la imprenta, Oviedo: Universidad de Oviedo, 2007, pp. 17-49 Panofsky, E., Gothic Architecture and Scholasticism, Scarborough: Meridian, 1976 Petrucci, A., Breve storia della scrittura latina, Roma: Bagatto Libri, 1992. Petrucci, A., Prima lezione di paleografía, Roma: Laterza, 2002. Rodríguez Cardoso, D., “Alfonso X y la escritura: Origen, reflexión y uso” en Juan Carlos Galende (coord.) Funciones y prácticas de la escritura, Madrid: 2013, pp. 221-226. Rodríguez de la Peña, M. A., “Rex excelsus qui scientiam diliget: la dimensión sapiencial de la Realeza alfonsí” en Alcanate, no. 9 (2014-2015), pp. 107-135 Roth, N., “Jewish Collaborators in Alfonso’s Scientific Work”, en Emperor of Culture: Alfonso X the Learned of Castile and His Thirteenth-Century Rennaisance. Filadelfia: University of Pennsylvania Press, 1990, p. 61-63 Rucquoi, A., “El Rey Sabio: Cultura y poder en la monarquía medieval castellana”, en Repoblación y reconquista. Actas del III Curso de Cultura Medieval. Aguilar de Campoo: Centro de Estudios del románico, 1993, pp. 77-87 Ruiz Albi, I., “La escritura humanística documental durante el siglo XVI. El panorama castellano a través de la documentación de Cámara de Castilla (Archivo de Simancas”, en Blas Casado Quintanilla y José Miguel López Villalba (coords.) Paleografía II: la escritura gótica (desde la imprenta hasta nuestros días) y la escritura humanística, Madrid: 2011, p. 40-72. Ruiz Asencio, J. M., “La escritura gótica libraria castellana”, en Juan Carlos Galende Díaz, Susana Cabezas Fonanilla y Nicolás Ávila Seoane (coords.), Paleografía y escritura hispánica, Madrid: Síntesis, 2016, pp. 147-163.
50 Ruiz García, E., “Rex scribens: discursos de la conflictividad en Castilla (12301350)”, en José Manuel Nieto Soria (coord.) La monarquía como conflicto en la Corona castellano-leonesa (c. 1230-1504). Madrid: Sílex, 2006, pp. 359-422. Saenger, P., “La lectura en los últimos siglos de la Edad Media”, en Guglielmo Cavallo y Roger Chartier (dir.) Historia de la lectura en el mundo occidental, Madrid: Santillana, 2004, pp. 211-260 Sainz de la Maza, C., “Los judíos de Berceo y los de Alfonso X en la España de las «las tres religiones»”, en DICENDA. Cuadernos de Filología Hispánica, no. 6 (1987), pp. 209-215. Samsó, J., “Las traducciones astronómicas alfonsíes y la aparición de una prosa científica castellana”, en Alcanate, no. 6 (2008-2009), pp. 39-51. Sánchez-Prieto Borja, P., “Para una historia de la escritura castellana”, en Claudio García, Fabián González y José Javier Mangado (coords.) Actas del IV Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española. Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá, 1998, pp. 289-302 Sanz Fuentes, M. J., “La escritura gótica documental en la Corona de Castilla”, en María Josefa Sanz Fuentes y Miguel Calleja Puerta (coords.) Paleografía II: Las escrituras góticas desde 1250 hasta la imprenta, Oviedo: Universidad de Oviedo, 2007, pp. 107-126 Sanz Fuentes, M. J., “Paleografía de la Baja Edad Media castellana”, en Anuario de estudios medievales, nº 21, 1991, pp. 527-536 Sanz Fuentes, M. J., “Tipología documental de la Baja Edad Media castellana: documentación real”, en Archivística: Estudios Básicos, Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla, 1983, pp. 237-256. Sierra Macarrón, L., “La escritura y el poder: el aumento de la producción escrita en Castilla y León (siglos XI-XIII)”, en SIGNO. Revista de Historia de la Cultura Escrita”, no. 8 (2001), pp. 249-274. Stiennon, J., Paléographie du Moyen Âge, Paris: Armand Colin, 1999. Tamayo, A., Historia de la escritura latina e hispánica, Gijón: Trea, 2012 De Terreros y Pando, E., Paleografía española, Madrid: 1758. Torrens, M. J., “La paleografía como instrumento de datación. La escritura denominada «littera textualis», en Cahiers de linguistique hispanique médiévale, no. 20 (1955), pp. 345-380