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ASPECTOS METAJURÍDICOS DE LA SEGURIDAD JURÍDICA (Sín esis de
una isión c í ica)
No be o Ál a ez González (Uni e sidad de Alcalá)
Concep o de Segu idad Ju ídica
¿Qué es la Segu idad Ju ídica? An e odo, ijémonos en su signi icado
e imológico: La segu idad ju ídica es sólo, así, la ce eza de de echo, o conocimien o
cie o del De echo. Tene segu idad ju ídica (in elec ual) signi ica ía, así, desde es a
óp ica, es a segu o sólo de lo que el De echo dice y dispone. Pe o, cuando hablamos de
que enemos, o no, segu idad ju ídica, no aludimos, sólo, a lo que, e imológicamen e,
signi ica la exp esión –conocimien o cie o del de echo- sino que nos e e imos,
además, a que el de echo que conocemos nos p o ege además un in e és obje i o ,( ida,
p opiedad, y libe ad) -segu idad ju ídica obje i a- y a que nos concede, po ello
ambién, un ma gen de anquilidad psicológica, que es en lo que, es ic amen e consis e
el alo de la segu idad ju ídica es ic amen e. Po lo que consis e, así, la misma, en un
in e és añadido (el más especí ico de la segu idad) a los que, según imos ya, p o ege la
ley.
En al sen ido, y en igo , sólo engo segu idad ju ídica, cuando el de echo que
conozco me hace e , ambién, que me p o ege, concediéndome así ambién, po ello,
anquilidad. Es el caso, po ejemplo, del p opie a io de un piso, al que el De echo le
hace sabedo de su i ula idad, y, a pa i de aquí, ambién, de que, de de e minados
ac os, que pueda ealiza sob e él –de a endamien o, de en a, de cons i ución de una
hipo eca- de i a án de e minadas consecuencias ju ídicas, que son los de echos y
obligaciones co espondien es. Lo mismo que la legislación penal nos ma ca, ambién,
los lími es de nues as libe ades, ad i iéndonos de que, de in ingi los, su i emos
cie as penas, pe o nunca una pena mayo . A pa i de lo cual, ya, sabemos, ambién,
que enemos segu idad ju ídica, po que conocemos un de echo p o ec o de nues os
in e eses, cuyo conocimien o, además, nos da la anquilidad de sen i nos p o egidos,
en e la aplicación de penas supe io es, o de medidas más incon enien es.
A eno de lo expues o, pues, enemos segu idad ju ídica, sólo, si el de echo que
conocemos p o ege, ambién, nues o in e és, y no sólo po el me o hecho de conoce
bien un De echo, de es a segu os de lo que és e dice. Po lo que podemos deci
ambién, en onces, que enemos, o no, segu idad ju ídica; y no que hay, o no hay,
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segu idad ju ídica, pues lo mismo que la hay, siemp e, pa a unos, no la hay, o la hay
más limi ada, siemp e ambién, pa a o os.
No admi o yo, pues, a pa i de aquí, la pos u a de quienes sos ienen que hay,
ambién, una segu idad de insegu idad ju ídica1, di e en e de la mani es ación más
igu osa de la segu idad, que es la de la segu idad-jus icia2, pues en ambos casos el
ciudadano sien e, no malmen e, la segu idad como un alo , po que, en ambos casos,
no malmen e, de i a aquélla del conocimien o, po él, de una ley que p o ege su in e és,
pues has a el conocimien o de un de echo injus o es alioso –supone segu idad ju ídica-
, po que, en un minimum, al menos, nos hace sen i nos p o egidos po él, pues, aunque
la ce eza in elec ual del De echo pueda a a se ambién del conocimien o cie o de un
de echo i ánico, una al ce eza ambién iene esonancias axiológicas, a eces, en
cuan o que nos hace conocedo es, al menos, de los lími es de su i anía, con lo que
ambién aquí hab ía un in e és legí imo, aunque mínimo, ju ídicamen e, p o egido, el
si uado más allá del compo amien o i ánico p o egido po el de echo .
Un al sis ema de segu idad es, como ya puede e se, consus ancial al De echo
(que es siemp e una no ma i a igen e, capaz de hace se espe a ). Cualquie o den
ju ídico, pues, nos da, siemp e ambién, segu idad ju ídica, como me a ce eza de
de echo. Pe o a la que sen imos como un alo , an sólo en cuan o que supone, ambién,
la p o ección de unos in e eses legí imos. Esc ibe, en al sen ido Tie no Gal án, en una
línea muy p óxima a la, po mi, ambién, aquí, expues a: “Po sis ema de segu idad
en iendo cualquie sis ema de no mas, conjun o de supues os o enunciación de
p incipios que ga an izan el meno núme o de pe u baciones a la con i encia, y, po
consiguien e, mayo es abilidad a unas es uc u as mo ales con p e ensión de igencia”.3
Es deci , que la me a no ma nos da segu idad en an o y en cuan o que nos ga an iza un
in e és.
Y, en una línea simila , aunque a p ime a lec u a pa ezca más bien los con a io,
esc ibe Recasens Siches que, aunque “Si bien, en algún caso conc e o es posible que el
con enido de un manda o a bi a io pa ezca jus o y ace ado –y aun más jus o que el que
se de i a ía del de echo igen e- no obs an e hay que econoce que la a bi a iedad, an
1 Lo que esul a además, apa en emen e con adic o io, pe o sólo apa en emen e, como digo, pues en el
p ime sen ido segu idad signi ica ce eza de de echo (segu idad ju ídica en el sen ido es ic o), y en el
segundo la insegu idad alude a la ausencia de p o ección po el de echo (segu idad ju ídica en el sen ido
obje i o).
2 Vid.Elias Díaz, Sociología y Filoso ía del De echo. Edi .Tau us, 1971, pág.46.
3 En ique Tie no Gal án La ealidad como esul ado, en el Bole ín In o ma i o del Semina io de
De echo Polí ico de la Uni e sidad de Salamanca.1957, págs.132 y 133. Ci ado po Elías Diaz en su
lib o de Sociología y Filoso ía del De echo, pág.42.
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sólo po se al, esul a la plaga mayo que pueda su i la sociedad. Po que, aun en el
caso de que el manda o a bi a io se guiase po una buena in ención, des ui ía el
elemen o esencial de la ida ju ídica, la ijeza, la in iolabilidad de las no mas, en suma,
la segu idad”.4 Con lo que, aunque Recasens pa ece ele a , incluso, a la ca ego ía de
alo absolu o la obediencia al de echo, siemp e y cuando sea álido, sin exigi , pa a
ello, que p o eja un in e és legí imo, ello lo exige quizás po que en iende siemp e su
obediencia como un alo , y es a obediencia es un alo , po que su desobediencia,
aunque aquél sea injus o, me ma ía, ambién, la igencia del de echo jus o, y así
ambién, la p o ección del in e és legí imo p o egido po o as no mas. Con lo que la
segu idad ju ídica, pues, como alo , pa a Recasens, lo se á ambién po que el
cumplimien o del De echo incide siemp e, de algún modo, en la p o ección de un
in e és jus o.
Bien es e dad ambién, sin emba go, que es a esonancia axiológica de la
segu idad ju ídica, como e ec o del impe io de la ley, en los dos au o es ci ados, de i a
de que i ie on las limi aciones de una dic adu a (los dos ue on expedien ados en ella).
Pe o ¿ alo a ían an o la segu idad, si i ie an en el injus o, aunque segu o, sis ema
ame icano, siendo sudacas o neg os? ¿Pod ían ensalza la, así, en endida como el simple
conocimien o cie o del de echo que se les a a aplica , si (en ez de se el p o .Tie no y
el P o .A angu en) ue an uno de esos ciudadanos que espe an se ejecu ados, en el
co edo de la mue e, y que g acias, p ecisamen e, a la ce eza de de echo que les
asis e, es án segu os de que an a se lo, sal agua dado así sólo su in e és de que an a
se lo, siguiendo unas no mas es ic as de ecibi la inyección le al?. Que el lec o opine.
Eso sí, siemp e el de echo les o o ga á la segu idad de que ni les a a liquida el
ca cele o, ni se les a a ma a an es de que los ámi es bu oc á icos se cumplan, y de
que an a se lo, siguiendo de e minados i os y o mas. Pe o an bajos son los in e eses
p o egidos aquí, que en luga de esos ejecu ables segu os, ampoco nos sale el llama los
alo , aunque la ley supone, cie amen e, unas de e minadas ga an ías.
Ci cuns ancias económicas que inciden en la segu idad.
Pe o nues o p oblema, aquí, no es á an o en p esen a las no as o males de la
segu idad ju ídica, como en analiza las incidencias económicas y sociológicas de su
aplicación, ayudándole, o di icul ándole, a ma e ializa se; y con i mando así, casi
4 Luis Recasens Siches. T a ado Gene al de Filoso ía del De echo. Edi .Amo o u, 1965, pág.217.
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siemp e, que la igualdad de los ciudadanos, an e la ley, es una pu a u opía, cuando no
una másca a alaz de la ealidad ju ídica igen e.
Es as in e e encias me aju ídicas –económicas p incipalmen e- en la segu idad
ju ídica, p o ienen, en p ime luga , de la si uación del indi iduo en la es uc u a
socioeconómica. En al sen ido, se ico, o se pob e, pueden se , al amen e,
de e minan es de la con ianza, o descon ianza, que puede ene el ciudadano en la
p o ección ju ídica que le dispensa un sis ema de e minado. Po ejemplo, -y
e i iéndome, sólo, aun, a cómo incide la si uación económica del suje o en su
anquilidad ju ídica- no es el mismo el caso de un ciudadano con medios pa a paga se
un buen abogado, de necesi a acudi a la ley pa a de ende se, que el de o o sin ellos.
No acabando, además, la unción del abogado en encon a la in e p e ación ju ídica
mejo pa a su clien e, (desde lo que es una in e p e ación, ju ídicamen e, co ec a) sino
que, po su in e ención –y aquí empieza ya la p o ección me aju ídica- se sus i uyen,
ambién, con ecuencia, las in e p e aciones ju ídicas co ec as, po las me aju ídicas,
g acias al ingenio del p o esional y a los muchos sub e ugios que la ley le o ece.
In e p e aciones és as, además, que esul an decisi as en la decisión judicial, sin iempo
pa a pensa mucho el caso, y sin demasiado es ímulo pa a hace lo, ampoco. Si, a es o,
añadimos, además, que, al juez, le con iene, ambién, socialmen e, ceñi se a lo que el
mejo abogado a gumen a (el socialmen e más encumb ado), azón de más pa a no
moles a se mucho en es udia lo.
Es a o ma de a gumen ación ju ídica la cali icamos de me aju ídica, debido a
que su ju idicidad es sólo apa en e. Pe o, en la p ác ica, además, esul a di ícil conc e a
donde acaba la in e p e ación ju ídica o odoxa, y donde empieza la me aju ídica,
di e enciando, así, la in e p e ación co ec a de la no ma, de la in e p e ación inco ec a
pe o hábil.
Es po lo que esul a ,con ecuencia, decisi a, pa a el éxi o judicial, la
in e ención de un buen abogado (y, como al, ca o). Y no sólo po lo expues o, en
elación a que, al juez, hay que dá selo odo hecho, y a que una buena a gumen ación,
es la que con ence más a la opinión pública, sino po que la es uc u a del De echo es
una es uc u a de pode al se icio siemp e de los icos. Po lo que el que la de ensa
ju ídica esencial al éxi o conlle e un al o p ecio supone, ambién, una ga an ía del
in e és de la clase dominan e, lo mismo que el que el sis ema elec o al de e mine unas
elecciones ca as, es pa e esencial ambién de las ga an ías polí icas pa a los icos,
haciendo que, necesa iamen e, esul e, así, elegido un pa ido que apoyen los icos.
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En elación con la selec i idad económica del éxi o judicial, esul a
especialmen e sin omá ico, al e ec o, el sis ema ame icano, donde hay, incluso, la
con icción, de que a quien de ienda un buen abogado –y como al muy ca o- incluso se
lib a de la pena de mue e. Lo que iene dos lec u as: La p ime a -y más gene alizada, y
simple- que los jueces libe an de la ejecución al condenado, o condenable, g acias a sus
conocimien os e ingenio p o esionales. Pe o yo he oído, ya, a abogados ame icanos de
mucha al u a, de ende y libe a eos de la pena capi al, demos ando una alía
p o esional meno que la del abogado de u no que de endía al ajus iciado. Lo que me
lle a a sospecha que el éxi o de los g andes abogados yankis es, en ealidad, el éxi o de
los abogados ca os, cuyas minu as cons i uyen un lis ón económico, pa a lib a de la
pena capi al a los in ac o es de la ley de las capas sociales al as5.
Vemos, ya, po lo expues o, que la de inición de la segu idad ju ídica como
ce eza de de echo igen e, que p o ege el in e és del ciudadano (es deci , incluso la
segu idad ju ídica que esul a de una de las in e p e aciones ju ídicas de la ley), se
complemen a con que el ciudadano posea los medios económicos su icien es pa a
ecibi el aseso amien o y de ensa ju ídicos pe inen es. Pe o no es sólo se ico lo
de e minan e de que el de echo p o eja, ealmen e, mi in e és, sino que es, ambién, el
se miemb o de un colec i o social con ue za (pe enece , con ango, a un sindica o, a
un cue po de unciona ios, a un pa ido polí ico, o a cie os g upos eligiosos...) lo que
con ibuye a e o za , en sus miemb os, su segu idad ju ídica.
Y esa ce eza de de echo –que de ine la segu idad ju ídica- no la de e mina sólo
la posición del ciudadano en la es uc u a social, sino ambién la con ianza del
ciudadano en la hon adez ju ídica del ciudadano en los ó ganos que aplican la ley.
Cons i uyendo és e, además, uno de los lancos más débiles de la segu idad ju ídica del
ciudadano medio, que, como es ob io, descon ía de quienes aplican la ley; y a ándose,
ambién, po el con a io, de uno de los lancos ue es de la segu idad me aju ídica del
p i ilegiado.
Función de la Ciencia del De echo en la segu idad ju ídica del ciudadano
A pa i de lo expues o, pa ece ía que el de echo no de e mina nunca las
decisiones judiciales, pues, a eces, se ciñen és as, cie amen e, a una de las posibles
5 No hay que ol ida ampoco o a posible causa de es os éxi os p o esionales, que consis e en que, an as
eces, ya, ha ocu ido es o –que la in e ención del buen abogado es decisi a en el cambio de la pena-
que pa ece como si exis ie a una cos umb e ju ídica, ya, de que, a pa i de una al in e ención, se exige
un al cambio.
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in e p e aciones ju ídicas de la no ma; o as, en cambio, la no ma sólo da cobe u a de
ju idicidad a lo que es, sólo, una ex alimi ación in e p e a i a de la misma, cuya alidez
apa en e de i a, en ealidad, del ingenio del abogado que la p esen a. ¿Cuál se á, a pa i
de aquí, la unción p ác ica de la ciencia ju ídica en la segu idad ju ídica?. O, en o os
é minos: ¿Eje ce, ealmen e, la ciencia ju ídica (como in e p e ación que es de las
no mas sob e odo) una unción, ealmen e, o ien a i a de la p axis ju ídica, que pe mi a
al ciudadano, conociéndola sabe a que a ene se, en cuan o a cómo a a aplicá sele el
de echo o, simplemen e, le da o ma de cien i icidad a dicho eje cicio de aplicación del
de echo, a ándose aquélla, en ealidad, de una me a écnica, al se icio de la jus icia y
la injus icia, y, en de ensa p e e en emen e, siemp e, del in e és de la clase dominan e?.
Me exp esa é mejo , a con inuación, desde la obse ación del compo amien o de jueces
y ju is as. Veamos cual es la espues a adecuada, a pa i de la idea que, del de echo,
ienen es ju is as, ep esen a i os de es concepciones del de echo dis in as.
El p ime o man iene una concepción no ma i is a del de echo, po lo que
en iende que la no ma es el c i e io de o ien ación de la p axis social. Si es o ue a,
ealmen e, así, si el de echo ue a ealmen e un sis ema de no mas aplicadas, sólo, y
siemp e, con los ines ma cados po la no ma, es a se ía la o ma ideal de da nos
segu idad ju ídica. Pe o eamos, a con inuación, lo que nos dice la concepción ealis a
de lo que, en ealidad es el De echo.
Un segundo ju is a, ep esen a i o de la concepción ealis a del de echo, lee ía la
no ma, enma cada como al en el o denamien o, pe o que, además de o malmen e
enma cada en és e, es cumplible6, (no cumplida, como se ha en endido, a eces,
malin e p e ando al ealismo ju ídico) pues, si el de echo ue an las no mas cumplidas,
¿qué unción end ían en onces el De echo?, ¿qué ac os egula ía una no ma que se ha
cumplido ya? A pa i de aquí, eniendo en cuen a que los des ina a ios de la no ma son
los jueces, y que aquélla es un c i e io de compo amien o, dic ado po el legislado y
cumplible po los jueces, la ciencia ju ídica –como análisis del de echo, no sólo
o malmen e álido, sino ambién e icaz- do a ía, al ciudadano, de segu idad, en cuan o
que le enseña ía a qué puede, ealmen e, a ene se. .
6 Nó ese que yo disc epo, aquí, de la gene alidas de los in é p e es del ealismo ju ídico, que en ienden
que el de echo es al, sólo cuando se cumplen sus no mas. Lo que yo sos engo, en cambio, es que, ya
an es de cumpli se un al de echo, lo es ya, pues bas a, pa a ello, con que pueda cumpli se. El de echo
como al, pues, desde la óp ica del ealismo ju ídico, alude, más que a una no ma i a cumplida, a una
no ma i a cumplible. De lo con a io, la a i mación de que “hay un de echo” ca ece ía de sen ido, pues el
de echo igen e como al, alude solo a hechos u u os que la no ma i a egula. Lo que hace, pues el
cumplimien o del de echo es, más que c ea de echo, e i ica una has a en onces hipó esis, do ada de un
mayo , o meno , g ado de ce eza, en elación a que el de echo exis e.
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Es a mane a de es udia y de enseña el de echo, ealmen e, aplicado, (es o es la
in e p e ación de una no ma, desde el c i e io de los jueces) sí e o za ía la segu idad
ju ídica del ciudadano, en cuan o que se enseña ía lo que la no ma, ealmen e igen e, y
así aplicada po los jueces, es y dice. Pe o es e mé odo, no obs an e, (que pa ece o ja
una ciencia ju ídica que da segu idad al ciudadano), no cuen a el e dade o mo i o de
po qué los jueces dic an sen encias, -incluso, ju ídicamen e, pe inen es- po lo que,
aunque se ía una o ma de es udia el de echo que incide a o ablemen e, en la
segu idad ju ídica (po que nos in o ma bien de qué ipo de sen encia se nos a a
aplica ), no se a a ía –no obs an e- de una concepción, igu osamen e, cien í ica del
de echo, pues no dice odo lo que, de la in e p e ación judicial de las no mas, se puede
deci .
Pues, además, pod íamos p egun a nos: ¿aplican, ealmen e, los jueces las
no mas en consonancia con su ideología ju ídica -es o es, con su con icción de lo que
es una in e p e ación ju ídica de las no mas- o la u ilizan, más bien, como opaje
encub ido de su olun ad legislado a? Con lo que, el sabe como en ienden los jueces
el de echo, sí nos da ía segu idad, pe o ¿se ía siemp e segu idad ju ídica? Pues no
ol idemos que la concepción ealis a del de echo sigue admi iendo que el de echo son
no mas aplicadas po los jueces, pe o, además, o malmen e álidas, lo que nos da la
posibilidad de en ende como no ju ídica la ce eza de que los jueces nos p o egen desde
decisiones que no se ajus an –más que p e endidamen e- al c i e io ju ídico o malmen e
igen e.
Un de echo, pues, es udiado de acue do con la concepción ealis a del de echo,
nos da ía segu idad -¿ju ídica?- en cuan o que nos ma ca bien los c i e ios de
comp ensión a endibles pa a sabe a que a ene nos con espec o a las decisiones
judiciales. Aunque el g ado de comp ensión del de echo no sea el deseable, ampoco,
po la ya aducidas azones.
Es, pues, a mi juicio, en la e ce a mane a de en ende el de echo –como un
sis ema de no mas cuya in e p e ación depende más de la olun ad del juez que de la
ley7- donde encuen o yo los da os más a endibles pa a esponde a la p egun a sob e el
alo cien í ico y p ác ico de la ciencia ju ídica, y de su incidencia en la segu idad
7 Es a pos u a es, en p incipio compa ible con la an e io , sal o que, en és a, se a a nega , como e emos,
la dimensión no ma i is a de la igencia del de echo, al deja educido lo igen e sólo a la decisión
judicial, en la que la no ma, aquí, ya sólo o malmen e igen e, no in luye en el juez pa a nada, quien,
sólo, la u iliza pa a da o ma ju ídica a lo que, bien analizado, no iene o o o igen que su olun ad
sobe ana.
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ju ídica, y en la p epa ación p o esional del es udian e de de echo. En al sen ido,
esc ibe un juez, como Ross, e i iéndose8 a las de e minan es de la insegu idad ju ídica
que “Finalmen e, las ideas del juez, ace ca de lo que es de echo igen e no cons i uyen
el único ac o que mo i a a és e”9. Y con inúa, en es a misma línea de insis i en la
insegu idad que c ea la aplicación del de echo, lo que con ibuye a me ma la u ilidad
de la ciencia ju ídica: “El úl imo pun o es de pa icula in e és, pues o que la medida en
que el juez es mo i ado po ac o es que no son ideológico-ju ídicos es decisi a pa a el
alo p ác ico de la ciencia del de echo. Es a se ocupa de la ideología no ma i a que
anima al juez. El conocimien o de es a ideología (y su in e p e ación) nos habili a, po
lo an o, pa a calcula , po an icipado, con ce eza conside able el undamen o ju ídico
de cie as decisiones u u as, undamen o que apa ece á en los conside andos. Pe o ¿qué
elación exis e en e los conside andos y la pa e disposi i a que, na u almen e,
que emos p edeci ?”10. O en o os é minos, ¿se aplica esa ley de mane a inexo able,
como una ley ísica, o inciden en su aplicación, ajenos a la ideología ju ídica del juez (a
la in e p e ación ju ídica que, de la no ma, haga és e?.
Aquí ya hay más de una espues a. Leámoslas en el mismo Ross: “Ace ca de
es e p oblema, exis e una g an di e sidad de opiniones. El pun o de is a adicional no
cues iona que la pa e disposi i a es el esul ado del azonamien o hecho en los
conside andos. La sen encia, de acue do con es e pun o de is a, es un silogismo. Los
conside andos con ienen las p emisas; la pa e disposi i a, la conclusión”11. Pe o,
llegado a aquí, Ross oca la que, a mi juicio, es la pa e más c i ica y, pa a mi, ambién
más cien í ica, de la sen encia judicial y el de echo. Sigamos leyéndolo: “En oposición a
es e pun o de is a, algunos es udiosos sos u ie on, en iempos más ecien es, que el
azonamien o hecho en los conside andos no es más que una acionalización de la pa e
disposi i a. En e ec o, dicen, que el juez oma su decisión, pa cialmen e guiado po una
in uición emocional, y pa cialmen e o ien ado sob e la base de conside aciones y
p opósi os p ác icos. Después que la conclusión es es ablecida, el juez halla una
a gumen ación ju ídico-ideológica plausible pa a jus i ica su decisión. La
8 Al Ross, On Law and Jus ice. S e ens and Sons Limi ed, Lond es, 1958. Chap. II. T aducido po
Gena o R. Ca ió. Al cas ellano, y publicado po la Edi o ial Uni e si a ia de Buenos Ai es, en 1977.
9 Ibidem
10 Ibidem.
11 Ibidem.
9
a gumen ación ju ídica con enida en los conside andos no es más que una achada
di igida a hace nos c ee en la obje i idad de la ley”12.
¿Puede conside a se, a pa i de aquí, a la ciencia del de echo, un sabe ope a i o
y de e minan e de la in e p e ación ju ídica, y así ambién del compo amien o de sus
des ina a ios; o juga á, sólo, un papel de encub imien o ideológico ju ídico del
olun a ismo judicial y, sob e odo, del in e és de las ue zas sociales que, en él,
in luyen?.
Pe o, de lo que yo que ía ocupa me aquí, y aho a, al e mina es e epíg a e, es
de la discu ible cien i icidad de la “ciencia del de echo”, no sólo desde la e iden e
pob eza de su obje o -que no es más que una no ma i a nacida de la olun ad de las
ue zas sociales, p oducidas desde una co elación de ue zas13de e minada ( an o en el
momen o de su legislación como en el de su in e p e ación, in e p e ación hecha po los
jueces y ju is as, pensando, no solo en la lógica in e na de la no ma como al, sino,
ambién, en la co elación de ue zas sociales exis en e), sino ambién de o os aspec os
de la misma, po ejemplo, en el análisis del mé odo ju ídico adecuado pa a en ende el
con enido de la no ma, o el análisis de los concep os ehicula es –como los de De echo,
no ma ju ídica, de echo y obligación-?. En iendo que es di ícil encon a cien i icidad al
mé odo in e p e a i o del de echo, si, an es, no se le concede alo al con enido de la ley
(que sólo exp esa, la olun ad de un equipo cuali icado, que sólo busca in e p e a la
olun ad de las clases y g upos sociales, que pe mi i án da igencia al de echo o, si su
eo ía gene al –concep o de no ma, de obligación, e c.- se o ja, en ealidad, sob e la
ealidades mani es aciones conc e as (no mas, obligaciones, e c.,) que la expe iencia
empí ica del de echo nos o ece
¿Po qué luce bien, en onces, sabe de ciencia ju ídica? Po que elacionamos
dicho conocimien o con el dine o y el pode , y po que, siemp e, nos pe mi i á ambién –
aunque esencialmen e, nos op ima- de ende nues o in e és. Además, el aspec o
des a o able del de echo lo enemos ya an asumido, que lo conside amos no mal, po
lo que alo amos, ambién, mucho la unción social del de echo y los ju is as, al e los
como la de ensa posible de nues o in e eses conc e os.
12 Ibidem
13 Se lee la no ma, se en odos sus posibles sen idos, y en unción de hacia que lado in e p e a i o se
incline, más o menos, el in e és de los ue es, se le da á uno u o o sen ido a la no ma. De ahí –
in e p e ación as in e p e ación de las no mas- se a haciendo la “ciencia” del de echo.
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la ac uación an iju ídica y pa a hui de sus consecuencias, pod ían enma ca se,
cla amen e, en es a o ma de “su i la segu idad”. Ad ie o, sin emba go, yo aquí,
ambién, que es a habilidad pa a el camu laje y la huída, no iene siemp e la misma
na u aleza. No es la misma, po ejemplo, la o ma de hui de la ley del uhan ampan e,
que la de aquellos ciudadanos bien si uados, que di icul an la aplicación co ec a de la
ley, ac uando an iju ídicamen e, y con la cobe u a de la apa en e legalidad, ayudados
po medidas de sobo no, y po congéne es que se apan con la misma man a; así como
la u ilización de p i ilegios sociales, en e los que se encuen a el dispone de buenos
abogados, o de medios de comunicación social que nos hacen e lo jus o como injus o,
lo malo como bueno, y lo hecho como no hecho, en de ensa siemp e de aquéllos.
He enido, incluso, la ocasión de comp oba , a eces, que la segu idad ju ídica,
en ealidad, la quie e, siemp e, sólo, el pueblo llano. No la quie en, siemp e, en cambio,
ni los uhanes y bandole os, ni los al os magna es de la polí ica y la economía. Los
unos, po su habilidad pa a iola y hui del de echo igen e. Los o os, po sus medios
sob esociales - á ico de in luencias, in e p e ación a o able de la ley po le ados de
p es igio, al se icio de las ma ias del dine o-. Todo lo cual, además, con ibuye a
man ene a los in ac o es, como ciudadanos espe uosos y espe ables. Es a p o ección
sob eju ídica, además, -in e p e ación de la ley gene osa pa a el ico- aunque la p esen o
yo, aquí, como me aju ídica, po la ex alimi ación en la in e p e ación de la ley, esul a
muy di ícil de p oba , po lo que, en la p ác ica, se e á, siemp e, como una
in e p e ación más de la no ma, con el plus de ju idicidad o mal, además, de se hecha
siemp e po abogados de p es igio.
Aunque he dicho, ya, que, an o a los magna es de la economía y de la polí ica,
como a los uhanes y bandole os no les gus a siemp e la segu idad ju ídica, he de
ma iza , ambién, aho a: que sólo, en e los uhanes y bandole os, se encuen an
pe sonas que, an e la al e na i a de segu idad o al o de insegu idad o al, se encuen a
mucha gen e que p e ie e la insegu idad o al a la segu idad, mien as que los magna es
aludidos, en cambio, quie en ene asegu ada, al menos, g an pa e de su p opiedad, de
su libe ad, y su ida; aunque p e ie an goza /padece , ambién, de la insegu idad en
amplios aspec os de su p opiedad, libe ad, e c., pe o, an e la al e na i a de segu idad, o
insegu idad, o ales, p e e i ían, no malmen e, la p ime a.
Lo, úl imamen e, expues o –el que los icos dis u an, ambién, a eces, con la
insegu idad ju ídica de su p opiedad- me ece, sin emba go, una mayo explicación,
pa eciéndose el caso, un poco, a la explicación del place que p oduce el iesgo en el
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jugado p o esional, en el que el place de gana –que es su es ímulo- lo acompaña
ambién el de e i a el iesgo de pe de . Po ejemplo, el jugado de bolsa -jun o al place
que le da pode gana - dis u a, ambién, el que le da e i a pe de . La ida de los icos
se ía, así, quizás, menos sab osa -o de se lo, sab ía a o a cosa- sin el iesgo de pe de en
los negocios, y sin la ilusión, así, ambién, de que no les salga mal una ope ación
ex aju ídica, o an iju ídica, con la espe anza de ob ene un pelo azo, po un lado, y de
e i a acaba en la cá cel, po el o o. La posibilidad de gana , pues, susci a, en el
insegu o la ilusión de consegui el bien posible. Y la posibilidad de pe de incen i a,
ambién, el deseo de gana , pa a e i a , así ambién, una de o a posible.
Segu idad ju ídica y con ianza en la hon adez de los ó ganos de aplicación
del de echo
Una obse ación inal, sob e las de e minan es me aju ídicas de la segu idad: Es,
p ecisamen e la elas icidad g ama ical de la ley, unida a las incidencias de los pode es
ác icos en su in e p e ación judicial, siemp e menos a a o de los socialmen e débiles;
además de la exis encia de unos ó ganos de aplicación de aquélla de no o ia al a de
hon adez, lo que aumen a, ambién, la insegu idad ju ídica del ciudadano.
Y ¿po qué llamo a es o “in e p e ación de la ley” y no, en cambio, simplemen e,
a bi a iedad? Po que la ley es al, en ealidad, en un con ex o de e minado. Po lo que
aquélla dice, y exp esa, en ealidad, lo que, en base a al con ex o, se en iende que dice y
exp esa. Con ex o del que o man pa e, ambién, las ci cuns ancias eales en las que
aquélla ha de aplica se, que ayudan a – o man pa e de- su in e p e ación. Po lo que, lo
mismo que, del homb e, dijo O ega que “Yo soy yo y mi ci cuns ancia”, de la ley
pod ía deci se, ambién, que “la ley es la ley – ases, en p incipio, con a ios sen idos-
del que sólo uno es co ec o: el que en endemos a la luz del con ex o social (y la
olun ad de las ue zas) en que aquélla ha aplica se.
Hay algo más que deci , aquí, sin emba go, en elación a la segu idad ju ídica
como ce eza de de echo, y es que incide, nega i amen e, en al ce eza, la demasiada
p oli e ación y exis encia de leyes, como posibles c i e ios ju ídicos de cali icación de
los hechos, pues la g an can idad de leyes, eglamen os, dec e os, y disposiciones, en
gene al, que pueden egula el caso, lejos de da nos segu idad, nos con unde y nos hace
dependien es de una bu oc acia expe a; po lo que, a pa i de aquí, si alguien puede
ene segu idad con an a no ma, se án quienes pueden accede a p o esionales expe os
y ca os, es deci , los icos.
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Siemp e he p e e ido yo, a pa i de aquí, una segu idad meno , y mejo
epa ida, una segu idad basada en el sen ido ju ídico común, con una solución al
alcance de cualquie pe sona in eligen e, que desde la comp ensión del caso, se sen i ía,
siemp e, menos insegu a, que si, en el momen o de de ende e, e puede sali la o a
pa e con un dec e o –o bando, o eglamen o, e c.- an iguo y desconocido que el
ciudadano medio no mal no enía medios de conoce .
Sín esis
El concep o de segu idad ju ídica, en igo , pues, se de ine como “ce eza de
de echo”; pe o no en endida és a, simplemen e, como la me a ce eza in elec ual de lo
que el de echo dice, sino como la ce eza, además, de que el De echo nos p o ege.
No end ía segu idad ju ídica, pues, así, quien conoce un de echo que no le
ampa a, pues aunque se di e encia on dos o mas de segu idad -la de i ada del
conocimien o de un de echo jus o y la del de i a de un de echo injus o (que, al menos,
nos hace sabedo es del lími e mínimo de nues o compo amien o no punible)- de lo
is o se desp ende que, has a el de echo más i ánico, al ma ca un lími e al i ano en su
mal hace , nos o ece un quan um de segu idad, o de jus icia, ga an izada (aunque acaso
insu icien e, po lo que e emos, pa a llama lo segu idad ju ídica). Sólo si el de echo no
ma ca a bien esos lími es, no se pod ía habla de segu idad, ni, ampoco, de de echo.
A pa i de aquí, la segu idad ju ídica se á mayo , o meno , en unción, no solo
de la igencia del de echo, sino en base, ambién, al g ado de in e és que, a quien lo
conoce, p o ege. Dándose incluso el caso -aunque in ecuen e cie amen e- de que hay
pa a quien la segu idad ju ídica (en endida como conocimien o cie o del De echo) es,
incluso, un dis alo . Es el caso de muchos desa aigados sociales a quienes el de echo
no p o ege (o lo hace en un g ado mínimo), y sí, en cambio, limi a (y con ecuencia,
amucho), po lo que el conocimien o de una legalidad ue e, no sólo no les p oduce
anquilidad, sino que, incluso, les p oduce miedo. Cie amen e, que conocen los lími es
de su p i ación de de echos, pe o ¿bas a es o pa a en ende la segu idad ju ídica como
un alo ?
Aunque, según dije, la segu idad ju ídica se da, en un cie o g ado, en cualquie
si uación en la que conocemos un de echo que, aunque mínimamen e, nos p o ege,
ma izo yo, aho a, no obs an e, que no bas a con que el de echo nos p o eja pa a que
podamos deci que su ce eza sea un alo , pues, en que aquélla sea un alo , incide, no
sólo el quan um del in e és p o egido po el De echo, sino ambién el quan um del
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in e és del que –con el mismo g ado de ce eza- aquél ambién nos p i a. Po lo que una
cali icación igu osa de la segu idad ju ídica, como alo , nos obliga á a ene en
cuen a, ambién, el sec o social al que el de echo se e ie a. Con lo que, aunque, en la
gene alidad de los casos, el de echo igen e nos da segu idad ju ídica, al no da la a
odos, po igual, es posible ambién que, pa a muchos, cons i uya incluso un dis alo .
Es po lo que la segu idad ju ídica es un alo indiscu ible pa a quienes el
conocimien o del de echo les concede un ma gen de anquilidad mayo de la que
end ían si no exis ie a legalidad. Po lo que, incluso, pa a los ciudadanos pa a los que
sea p e e ible la segu idad, lo se á más o menos, cons i uyendo un in e és, mayo o
meno , pa a los mismos.
Ma izo yo, pues, así, el concep o de segu idad ju ídica: Es a, si bien se de ine,
siemp e, como “ce eza de de echo”, sólo, cons i uye un alo (y ela i o) pa a quienes
el de echo igen e conocido les epo a un in e és mayo que el que end ían si al
de echo no exis ie a.
Mi análisis de la segu idad ju ídica, aquí, pues, no gi a en o no, a sus
p esupues os ju ídicos y polí icos, sino a sus p esupues os económicos y sociológicos.
En al sen ido, inculo yo, aquí, como se ha is o, la segu idad, po ejemplo, al dine o,
indispensable pa a paga se un buen abogado; eco dando, incluso, que, en al caso, el
abogado ca o es, pa a el juez, no sólo un aseso e icaz, sino ambién, un lis ón
económico pa a dic a –p e io encon a en la ley el alega o ju ídico pe inen e- una
sen encia a o able al de endido, po que es ico. Lo que se e, cla amen e, en la
ju isp udencia de los UUEE, en la que, incluso, un sen enciado a mue e iene muchas
posibilidades de lib a se de la ejecución, si encuen a un buen, y ca o, abogado.
Pe o, jun o a los ac o es económicos, inciden, ambién, en la segu idad ju ídica,
los ac o es sociales y é icos. Resul a, ambién, de e minan e en al sen ido, la
pe enencia a un g upo ue e (económico, polí ico, eligioso) pa a e o za la segu idad
del ciudadano, espec o a que se le a a aplica sólo la ley, buscando en e las
in e p e aciones ju ídicas de la misma, la más con enien e según el caso. La ausencia de
un e o zamien o sociológico, no malmen e, pa a el ciudadano medio, unido a la baja
mo alidad ju ídica de quienes aplican el de echo, hace que el ciudadano (aun el que
conoce la ley) se sien a, con ecuencia, desp o egido.
Jun o a es os ac o es –me aju ídicos- de la segu idad ju ídica, se mencionó,
ambién, la incidencia, en ella, de la ciencia ju ídica; ad i iendo de que la c í ica an
ecuen e a la ca e a de de echo sob e su mé odo de es udio, -de se , básicamen e,
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memo ís ico, poco humanís ica y no c í ico- elude habla , en ealidad, de que, ambién,
es un mé odo con enien e pa a la unción de los ju is as p o esionales, como se ido es
del o den social, desde la obediencia ciega a la ley. Po lo que el ap endizaje
memo ís ico, y ac í ico, del de echo es como la ins ucción mili a del soldado, o jado
pa a la disciplina que exige la obediencia al mando, bajo el lema aquél (de odos los que
uimos soldados conocido) de que “el mando nunca se equi oca”. Lo que, en la
disciplina ju ídica, se e leja en el p incipio de que “pa a el ju is a la ley siemp e es
jus a”, obediencia que se e ía me mada, ob iamen e, si, du an e la ca e a de de echo,
se omen a a la c í ica humanís ica en e al empoye –desde siemp e- al uso. Lo que
lle a ía a los es udian es a en ende lo que, en ealidad es el De echo: Explo ación del
débil po el ue e, engaño, desde a o malidades solemnizadas, que lo con ie e en algo
sag ado.
Es po lo que las disciplinas, p opiamen e humanís icas (y c í icas) del de echo –
la iloso ía, la sociología y la psicología del de echo- se encuen an, in encionadamen e,
ma ginadas, desde la p og amación de los planes de es udios, po que una e lexión
c í ica sob e aquél, que des apa a lo que, en ealidad, son el De echo, y su “ciencia”,
me ma ía, de al mane a, su legi imidad sociológica, que acaba ía, ambién, a ec ando a
su obediencia. Con lo que esul a ía, ambién, me mada la segu idad ju ídica del
ciudadano. Lo que se e i a á con una p og amación de es udios memo ís icos de la ley
sin más mi as, pe o, al, humanís icamen e, ca o p ecio de impa i una enseñanza del
de echo, cien í icamen e, incomple a, y de me ma , así, ambién, su a ance en el log o
de una jus a legislación.
no be o-al a [email protected]