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Queremos destruirlo todo: una historia (más o menos inventada) de la edición radical. Fanzine

Galaxina, Andrea

Abstract

Este fanzine se editó con motivo del 99 cumpleaños de la Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes el 3 de marzo de 2022.

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Bombas para Desayunar + Biblioteca BB.AA. UCM una historia (más o menos inventada) de la edición radical Andrea Galaxina Esta es una historia de revoluciones y de mundos nuevos. La historia de la edición radical es la historia de cómo las posibilidades imaginadas se convirtieron en realidades. A mediados del siglo xv un alemán llamado Johannes Gutenberg crea la imprenta de tipos móviles. Le damos el crédito a Johannes por esta manía nuestra de mirar solo desde y hacia Europa pero en China 500 años antes ya había imprentas móviles. Su invento permitirá reproducir textos sin depender de un monje que te los escriba e ilumine. Algo de agradecer, no siempre se tiene un monje a mano. La imprenta era un aparato complejo y que no todo el mundo podía o sabía usar, sin embargo permitirá reproducir todos los textos por escribir. Todas las ideas que buscaban transformar la realidad y la vida podían ser compartidas con más facilidad y con el paso del tiempo y la evolución técnica será cada vez más y más sencillo. u n m u n d o n u e v o e s t á a p u n t o d e c o m e n z a r En siglo xviii todo fueron revoluciones: de la industrial a la francesa sin olvidarnos de la desconocida revolución haitiana, en la que por primera y única vez en la historia los esclavos se hicieron con el poder. ¡NO TENGO MIEDO A LOS TIRANOS! Las ideas radicales circulaban impulsadas por la fuerza del vapor en panfletos. De mano en mano hablando y alentando la revolución, la toma del poder de los de abajo, que las cabezas rodasen y si llevaban corona mucho mejor. Un pequeño pasquín arrugado en el pantalón largo de paño de un sans-culotte. Olympe de Gouges anotando sus ideas en un trocito de papel. La tinta seca y sobada, antes de Termidor, animaba a afilar la guillotina. Otro mundo empezaba, un mundo nuevo que se imaginaba en estos escritos clandestinos que se movían de mano en mano. Un papel insignificante para transformarlo todo. Vaya broma más buena. ¿Qué no era una broma? En Zúrich unos cuantos expatriados se reunieron para recitar poemas extraños compuestos por sílabas repetidas una y otra y otra y otra y otra vez. ¡EL ARTE HA MUERTO! Dicen. ¡Transformemos el arte!¡Cambiemos la vida! Un grito que retumbará en los márgenes durante todo lo que restaba de siglo ¡y quedaban 80 años para que se acabase! Dada, 391, Der Dada, Cannibale, Der freie Strasse, Mécano, Merz. El papel se convirtió en el espacio para experimentar con todas las posibilidades: tipografías nunca vistas, poesías explosivas, palabrotas, desorden y caos. ¡Viva el arte maquinista! ¡Viva la guerra! Dando vueltas sin parar al mimeógrafo* decidieron que si el mundo estaba a punto de explosionar ¿por qué no intentarlo todo? *luego hablo de eso Si este mundo no tiene remedio mejor imaginar mundos nuevos. Seguro que eso estaba pensando Raymond A. Palmer —llamémosle Ray—, seguro que eso estaba pensando Ray cuando pasó los primeros días de mayo (de 1930) aporreando frenéticamente su máquina de escribir. En esos días, cuando el calor primaveral empezaba a apretar en Chicago, nace The Comet, el que se considera el primer fanzine de la historia. Por cada página escrita, unas hojas de calco que permitían que cada tipo golpeando con el papel se multiplicase por cuatro. Como un cohete despegando hacia el espacio, Ray repite tecleando cada hoja cinco veces. Diez páginas. Grapadas. Sobre y sello. El fanzine alucina, perdón, aluniza en los buzones de otros fans que animados por The Comet repiten el proceso que Ray llevó a cabo en mayo en Chicago. Y se ponen a escribir sobre futuros (im)posibles. Miles de fans poniendo sobre el papel unos mundos que hasta entonces sólo existían en su imaginación. Millones de hojas de calco gastadas hasta la última micra de carbón. Cientos de fanzines, cientos de miles de mundos. Thomas Edison lo inventa casi todo en el siglo xix. De entre todas las cosas que va inventar está el mimeógrafo —también llamado ciclostil—. El siglo xx sin duda sería una cosa muy diferente sin este aparato. Todos los inconvenientes que tenía el invento de Gutenberg —el conocimiento del oficio de impresor, la poca manejabilidad de las imprentas, etc.— desaparecen con esta imprentilla. Un rodillo entintado en el que se incorpora una hoja levemente agujereada con la forma de las letras. Una manivela que con cada giro imprime una página, y luego otra página, y luego otra, hasta que la matriz se gasta por completo. Muchas habitaciones se convierten fácilmente en imprentas clandestinas en las que se imprimen miles de panfletos incendiarios que buscan, que piden el incendio. Si no se podía acceder al mimeógrafo se inventaban otras formas para imprimir como las vietnamitas. Rodillo, tinta y papel. Copias, copias y más copias. En la década de los sesenta pasaron tantas cosas que este fanzine, ya de por sí pequeño, se quedaría aún más pequeño si nos pusiésemos a enumerarlas. Voy a destacar por encima de todas los disturbios de Stonewall, la contracultura, el verano del amor, el movimiento contra la guerra de Vietnam, Black Power, Weather Underground. Uno de los eventos que sucedieron en Europa y que durante unos días pareció que conseguiría darle la vuelta a las cosas fue mayo del 68. Esta revuelta parisina bebía de las ideas que unos años antes habían lanzado los situacionistas, que a su vez eran claros herederos de los dadaístas. ¡El arte ha muerto! Ahora el arte, el juego y la vida son una misma cosa: vaguemos, robemos, destruyamos. ACTÚA COMO SI JAMÁS TUVIERA QUE EXISTIR FUTURO Las ideas radicales se reproducían con el mimeógrafo al ritmo de los disturbios, los tanques por las calles, las piedras volando. Asger Jorn y Guy Debord hacen sus Mémoires y las encuadernan con papel de lija. Si las pones en la estantería destrozarán los libros que tenga al lado. EL ABURRIMIENTO ES SIEMPRE CONTRARREVOLUCIONARIO. En 1959 ocurre el hecho más significativo de la historia de la humanidad: se empieza a comercializar la fotocopiadora. Una empresa de Estados Unidos llamada Xerox lanza al mercado un aparato que multiplica por 100 las posibilidades del mimeógrafo. Ahora copiar masivamente textos es posible, es barato y empezará a ser cada vez más y más accesible (y más barato, y más posible). Al principio estas primeras fotocopiadoras eran máquinas gigantescas que solo algunas empresas poseían, sin embargo a partir de los años 60 y especialmente durante los 70 y 80, la fotocopiadora se convierte en un elemento casi cotidiano. Se empiezan a abrir establecimientos en los que por un módico precio puedes fotocopiar tus escritos. Fanzines y otras publicaciones delirantes se multiplican por miles. Ya no necesitas nada más que tus ideas y unas pocas monedas para cambiar el mundo. La fotocopiadora además dará lugar al movimiento (contra) cultural más excitante: el punk.