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TFG Trabajo Fin de Grado La naturaleza evasiva Sandra Rodríguez Haro Tutor/a: Ana María Gallinal Moreno Departamento de Escultura Grupo 11 Convocatoria Ordinaria Año 2024 Sandra Rodríguez Haro (2023), Donde voy cuando no estoy. [Grabado en puntaseca]
2 Resumen ¿Qué papel juega la naturaleza en la espiritualidad y las emociones humanas? ¿Cómo se manifiesta eso en los espacios y las imágenes que construimos? En una época dominada por la conciencia ecológica, resulta relevante investigar qué tipo de conexión sentimos con el medio. Identificamos en lo natural, y sobre todo en lo vegetal, un “lugar seguro” al que escapar, como espacio de intimidad y nostalgia. La creación de imágenes y espacios idílicos en los que la naturaleza es ficticia o ficcionada es algo inherente al ser humano, una forma de buscar el paraíso dentro de lo cotidiano. Estudiar el paisaje como artificio cultural abre una vía para estudiar la identidad, la memoria o la política de un colectivo. En el arte queda reflejada la forma en la que la naturaleza nos atraviesa, hace desvanecer por completo la falsa dicotomía naturaleza-ser humano. Y es desde el parque urbano, desde las macetas del balcón, desde el jardín palaciego o incluso desde la cuneta de la carretera desde donde podemos tener los pies en el suelo, la cabeza en las nubes, y mirar hacia delante.
3 Índice de contenidos 1. Introducción .............................................................................................................................. 4 2. La naturaleza y la cultura .......................................................................................................... 6 Producción artística personal: Sueño con abrazar una zarza ................................................... 9 3. La melancolía, lo sublime y lo pintoresco ............................................................................... 12 Producción artística personal: Imaginario .............................................................................. 14 4. La evasión, el pensamiento utópico, el paraíso ...................................................................... 17 5. La ilusión natural ..................................................................................................................... 21 Producción artística personal: UTOP14 .................................................................................. 24 6. Conclusiones ........................................................................................................................... 26 Referencias ................................................................................................................................. 27
4 1. Introducción En el escenario de la crisis por el cambio climático resulta imperioso dirigir la mirada a la forma en la que operan las relaciones con la naturaleza en todas sus formas. Hay que preguntarse qué tipo de conexión sienten los seres humanos con el medio natural y una de las mejores disciplinas a través de la cuál investigarlo es el arte. La dicotomía impuesta entre lo natural y lo artificial está siendo puesta en entredicho. La reconciliación entre la naturaleza y la cultura como partes de un todo empieza desde el estudio de la biología humana (Linneo, 1758; Margulis, 2001) hasta la filosofía que se expresa a través del arte (Morton, 2023). El origen del sentimiento estético con el que se relaciona hoy en día con lo natural se puede encontrar en el pensamiento del Romanticismo. La estética de lo bello, lo sublime y lo pintoresco que teorizaban Kant (Eco, 2010) o Addison (Raquejo, 2000) modificaron la mirada colectiva y la forma de construir paisajes e imágenes. Es en esta época cuando la naturaleza se evidencia como un ente capaz de reflejar y evocar emociones. Además, esta tendencia se hace presente en los mundos y espacios imaginados. La imagen del jardín botánico idílico está relacionada con los paraísos religiosos (Satz, 2017) y las utopías (Pro, 2019). No obstante, es imprescindible analizar la percepción de todos estos conceptos desde el prisma actual de la ciudad. La sensación de conexión que parece que se anhela en muchos casos es limitada (Perec, 1999) y privilegiada (del Castillo, 2019). Se ignora el refugio y las facilidades que ofrece el espacio urbano a cambio de apelar a un sentimiento causado por la opresión que este mismo causa. En este contexto, la hipótesis de esta investigación se centra en la pregunta: ¿Qué papel juega la naturaleza en la espiritualidad y las emociones humanas y cómo se manifiesta eso en los espacios y las imágenes que construimos? El estudio plantea que la naturaleza actúa como un catalizador para la evasión y la distracción, proporcionando un medio para reconectar con nuestra espiritualidad y emociones profundas, basándose en el tratamiento del tema a través del arte. Los objetivos de esta investigación son, en primer lugar, analizar cómo se presentan los espacios naturales, dominados por la flora, en la cultura y la vida cotidiana y con qué se relacionan. Además, se establecen los siguientes objetivos específicos: • Analizar la representación de la naturaleza en diversas formas de arte contemporáneo. • Estudiar conceptos como naturaleza, paisaje y jardín y sus implicaciones en la contemporaneidad.
5 • Evaluar cómo los artistas utilizan elementos naturales para crear espacios que fomentan la conexión con lo emocional y espiritual. • Reflexionar acerca de la gestión individual de la crisis ecológica, política y socioeconómica a través de la naturaleza y el arte. • Indagar sobre los espacios e imágenes construidos como forma de evasión. • Aplicar la investigación para la elaboración de obras de arte que abran un diálogo sobre la misma. La metodología de este trabajo se ha basado en la recopilación de fuentes bibliográficas sobre lo natural en el arte, desarrollando una investigación tanto teórica como plástica. En primer lugar, se aborda la relación de la naturaleza y la cultura a través de la biología (Linneo, 1758; Margulis, 2001) y la filosofía (Morton, 2023), cuestionando los conceptos que las relacionan a través del arte (Maderuelo, 2006). Se detecta la problemática de la crisis climática descrita como irreversible (Crutzen, 2002) y la necesidad de colaboración para un futuro mejor (Tsing, 2021). La estética de lo natural se remonta al Romanticismo (Eco, 2010; Raquejo, 2000) y sigue vigente hoy (Zurita, 2023). Así como continúan existiendo la nostalgia y misticismo partidas de la observación del territorio que ha sido transformado (Broncano, 2012). Puesto que el tema central es la evasión, se presta atención a la construcción de espacios imaginarios. Destaca que los paraísos descritos por muchas tradiciones religiosas hacen referencia a un jardín (Satz, 201). La clave del jardín ideal reside en ser un recinto cerrado para dar espontaneidad y seguridad al mismo tiempo, constituyendo un nuevo mundo en su interior (Cluitmans, 2021; Foucault, 1984). También se explora la naturaleza botánica de las utopías (Pro, 2019) y la necesidad imperiosa de imaginar estos espacios como medio de escape (Tuan, 1998) y crítica (Martorell, 2021; Demos, 2020; Rivero-Vadillo, 2023). Por último, se analiza la percepción desde la ciudad contemporánea como símbolo de crisis y que causa en sus habitantes desarraigo y necesidad de conexión natural. La reconexión que se da con el medioambiente es limitada (Perec, 1999) y privilegiada (del Castillo, 2019). En el espacio urbano la naturaleza que domina se presenta diferente que en la ficción (Millán, 2023; Clement, 2018) y se busca cultivar el vínculo con lo natural mediante jardines reales (Tuan, 2019) o virtuales (Shin, 2022).
6 2. La naturaleza y la cultura De forma popular, naturaleza es la palabra que se utiliza para describir todo lo que no haya sido creado ni intervenido por el ser humano. Se diferencia así en el lenguaje cotidiano lo natural, lo que existe en la tierra sin participación humana, de lo artificial, aquello producido por humanos. Se da a entender que un espacio natural es un espacio virgen que ha logrado salvarse de la intervención humana. Por otro lado, una de las definiciones de naturaleza es nada más y nada menos que el universo y la realidad material al completo. Parece que esta perspectiva se podría acercar más a la realidad, al final, es innegable que el ser humano es un ser natural a pesar de sus posibles diferencias. El lenguaje y las convenciones sociales trazan una línea que separa al ser humano del resto de organismos y los ecosistemas en los que habitan. En este sentido resulta interesante dirigir la mirada hacia la ciencia como ayuda para poner los pies en la tierra. La biología tiene muy claro que no hay una separación concreta entre los seres humanos y todo lo demás y es la disciplina que más ha hecho por extenderlo. En 1758, Carlos Linneo asignó al ser humano su nombre científico, el homo sapiens. Este fue un primer paso hacia reintroducir a las personas en la naturaleza y la naturaleza en la cultura. La biología no deja de demostrar que mucho de lo que se toma como universal e inamovible (por ejemplo, la existencia de las razas humanas o la superioridad natural del ser humano sobre el resto de los seres vivos) es en realidad un constructo cultural/social. Habla de esto Timothy Morton en Todo el arte es ecológico (2023): La conciencia ecológica está quebrantando nuestra fe en la idea antropocéntrica de que solo hay una vara de medir: la humana. En el siglo XIX Nietzsche proclamó que Dios había muerto, y eso se suele entender como que los seres humanos se enfrentan a una existencia sin fundamentación de sentido. Pero no es cierto. Es al revés. La muerte de Dios no equivale a un desierto yermo y desolado, sino a una intimidadora selva repleta, literalmente, de criaturas. Hay miles de escalas espaciotemporales igualmente legítimas que de repente están disponibles y son significativas para los seres humanos. (Ecología sin naturaleza, párrafo 1) No hay que olvidar que igual que los seres humanos crean sus propios espacios y modifican los entornos que habitan, también se comportan así los demás seres vivos. Nuestras dinámicas como especie entran dentro de lo natural o incluso de lo esperado como explica Lynn Margulis (2001) cuando destaca la importancia de ser conscientes de que los seres humanos no son los animales más especiales del universo ni de la escala evolutiva:
7 Nuestra sabiduría es una permutación de la sabiduría de la biosfera. Nosotros no inventamos la ingeniería genética; nos introducimos en los ciclos de la vida de las bacterias, que han estado comerciando con genes y copiándolos por su cuenta desde hace tiempo. Nosotros no inventamos la agricultura o el desplazarse montado a caballo; nos vimos implicados en los ciclos vitales de vegetales y animales cuyo número aumentó al aumentar el nuestro. Tener esto presente permite que tomemos responsabilidad respecto al equilibrio del ecosistema global y la crisis medioambiental. Entender lo humano como algo divergente de lo natural no es un concepto intrínseco a la mente colectiva sino un producto social histórico, así lo explican los textos de Javier Maderuelo, uno de los autores más mencionados en referencia a estos temas. Reflexionar en torno a la naturaleza como artificio cultural lleva a cuestionar e indagar en más términos que se relacionen también con la cultura o el arte, por ejemplo, el paisaje. Hablar de paisaje invoca una imagen muy concreta, un entorno natural, inalterado y objetivo. ¿Pero acaso hay paisaje si no hay nadie mirando? El paisaje es una construcción social y cultural, no es neutro, es un entorno modificado y codificado que no se libra de la parcialidad que cada uno le quiera dar. Los cambios en una comunidad pueden requerir que se cambie el paisaje para adaptarse a sus necesidades, como es costumbre para los seres humanos, pero también ocurre al revés, los cambios en el paisaje tienen un gran impacto en las comunidades (Maderuelo, 2006). Así, el paisaje sirve para estudiar y entender la identidad y la memoria colectiva. En este ámbito la experta es Ana Mendieta, que mostró con sus performances en el mundo del Land Art una intensa conexión física y espiritual con la tierra (Fig. 1). El arte contemporáneo ha acogido el término Antropoceno con los brazos abiertos, sirviéndole para examinar y cuestionar nuestra relación con el medio. El ganador del premio Nobel de química Paul Crutzen lo acuñó en 2002, indicando la existencia de una nueva era geológica por el impacto que Figura 1. Ana Mendieta (1973) Imagen de Yágul. [Fotografía]
8 ha causado el comportamiento humano sobre la Tierra. Aunque no parece recibir aceptación científica, las implicaciones que trae la posibilidad del Antropoceno han llamado bastante la atención. Partiendo de esta problemática, los artistas han convertido el concepto de espacio, paisaje y territorio en un campo de exploración y expresión artística cada vez más relevante. Desde este arte se comprende que la ecología debe ser afrontada de manera interseccional en busca de un futuro más igualitario no solo entre personas sino también entre especies. La necesidad de simbiosis se ve ilustrada en el arte contemporáneo, que trata de explorar el nuevo mundo desde una visión holística y se pregunta: ¿Se puede alcanzar una vida armónica con nuestro entorno sin la hegemonía del humano? La autora Anna L. Tsing introdujo esta idea en La seta del fin del mundo (2021), la cooperación es posible mientras se deje espacio a que se produzca: Los humanos creamos mundos multiespecíficos cuando la configuración de nuestros entornos vitales deja espacio a otras especies. No hablamos aquí solo de cultivos, ganado y mascotas. Los pinos, con los organismos fúngicos a ellos asociados, suelen prosperar en los paisajes quemados por humanos: pinos y setas colaboran para sacar partido de los espacios abiertos y luminosos y los suelos minerales ahora al descubierto. Humanos, pinos y hongos configuran mutuamente sus entornos vitales, propios y ajenos, es decir, mundos multiespecíficos. (Las artes de la observación, párrafo 17) Esto resulta en la producción de imágenes y obras que evocan esta filosofía a través de simbolismos como pueden ser las redes y los tejidos, como ocurre con las obras de Paula Ulargui (Fig. 2), que trabaja confeccionando prendas de ropa simbióticas, o Lucía Loren (Fig. 3) que se sirve del cosido y entramado de materiales naturales. En general se aprecia una necesidad de sentir reconciliación con lo natural, sobre todo lo vegetal, como medio de colaboración global e interespecífico en estos tiempos de crisis climática, política y socioeconómica. La ecología contemporánea se aborda de manera transdisciplinar e interseccional. Figura 2. Paula Ulargui Escalona (2020) Symbiotic Nature. [Tejido intervenido con plantas]
9 Figura 3. Lucía Loren (2017), La trama de la vida [Cosido con materiales orgánicos] Producción artística personal: Sueño con abrazar una zarza En este contexto, propongo como parte de la investigación una producción artística propia titulada Sueño con abrazar una zarza. Este trabajo sigue la línea de investigar la intersección entre lo natural y lo humano estableciendo una conversación horizontal entre elementos de la naturaleza y siluetas de persona. Sueño con abrazar una zarza es un libro de artista que registra sombras y huellas por medio de la cianotipia juntada con elementos gráficos y objetos de la naturaleza. La obra explora el desvanecimiento de la frontera entre las personas y el paisaje y cómo todo lo vegetal o natural se relaciona con algo íntimo, espiritual y familiar. La dicotomía entre lo natural y lo artificial está ligada al tiempo. La cianotipia es un proceso lento muy opuesto a lo que tenemos asimilado como fotografía hoy en día por el medio digital. Esto contribuye a la calma y sosiego con el que se quiere asociar el trabajo. Aunque la obra final de este proyecto está planteada para que se pueda ver entera a la vez, el concepto de libro de artista trae consigo una temporalidad implícita. El trabajo trata de ofrecer un proceso meditativo, un viaje, y generar un espacio-tiempo, mientras se observa, en el que poder respirar y evocar algo cercano a esa espiritualidad que aún no hemos perdido. Es al mismo tiempo un intento de reflejo interior como simplemente un lugar de descanso, de escapar del horror vacui de la realidad contemporánea y desaparecer.
16 Figura 13. Sandra Rodríguez (2024), Imaginario, plano parcial. [Libro de artista] Figura 14. Sandra Rodríguez (2024), Imaginario, plano detalle. [Libro de artista]
17 4. La evasión, el pensamiento utópico, el paraíso Que el Paraíso encierra una imagen botánica antes que zoológica lo prueba la serena libertad con que vemos crecer y desarrollarse el mundo de las plantas ligado, empero, por las raíces al suelo en el que arraiga. Libertad para toma sombra a su vera, para servirnos de sus frutos y de su madera. Por el contrario, el mundo animal es más imprevisible, arisco e inquieto. Arbóreo en su estructura, el sistema nervioso es en nosotros un eco de esa vegetalidad, y quizá por eso nos tranquilizan tanto los bosques, jardines y arboledas. (Satz, 2017, p.12) En su libro, Mario Satz hace un recorrido por los jardines y construcciones vegetales históricas de varias culturas, desde Babilonia hasta Japón. Sugiere que la imagen del paraíso en la mayoría de las religiones y sistemas culturales suele estar asociada a jardines y elementos vegetales. Por ejemplo, en la tradición judeocristiana, se habla del Jardín del Edén o el Jardín de las delicias, también hay referencias en muchas religiones al Árbol de la vida. El propio origen de la palabra paraíso hace referencia en su etimología, del persa antiguo, a los jardines y recintos cerrados (Real Academia Española, 2024). Lo más destacable es la importancia que tiene el concepto de espacio amurallado, contenido. El muro del jardín no deja entrar al mundo exterior, pero admite lo salvaje (del que busca protección y del que tiene tanto miedo) pero solo en un estado especialmente elaborado y domesticado (Cluitmans, 2021) Los espacios heterotópicos, como diría Foucault (1984), son espacios que se yuxtaponen con espacios que debieran ser incompatibles. Al propio autor le resulta que el mejor y más antiguo ejemplo de heterotopía es el jardín, como lugar que al mismo tiempo refleja y distorsiona el exterior. Se remite en especial al jardín persa y a las alfombras persas que tradicionalmente representaban los ideales del jardín del paraíso como si de un mapa se tratara. Si la construcción de un jardín persa monumental tradicional levantaba dudas sobre su accesibilidad universal, la alfombra-jardín las solventa todas. “El jardín es la más minúscula porción del mundo y además la totalidad del mundo” (Foucault, 1984) y la alfombra persa te permite tener un jardín portátil que forma un microcosmos allá donde la desenrolles. En relación con el arte, los diseños arquitectónicos de jardines como los de Piet Oudolf son un baile armonioso entre lo natural y lo artificial, lo salvaje y lo domesticado, y recuerdan mucho a lo que decía Foucault.
18 Figura 15. Piet Oudolf (2018), Planting Design for Oudolf Field, Hauser & Wirth Somerset. [Dibujo sobre papel] Tras este análisis más histórico, cabe preguntarse, al margen de la visión estrictamente religiosa, cómo son los lugares con los que soñamos. El primero en usar la palabra utopía, fue Tomás Moro (1516) en su obra homónima. El autor inventó la palabra a partir de las raíces griegas ou (no) y tópos (lugar), es decir, no-lugar, pero también jugando con la ambigüedad de que la misma palabra se puede construir con las raíces eu (bueno o bien) y tópos (lugar), es decir buen lugar. La utopía que describe Moro en su libro es una isla imaginaria donde gobierna una república ideal y prácticamente inalcanzable en la vida real. Por definición, utopía es un no-lugar feliz, con el que se puede soñar, pero nunca tener expectativas de que pueda llegar a ocurrir (Pro, 2019). A diferencia de lo que se suele pensar de este género literario, la utopía es intrínsecamente crítica con su contexto y no es en absoluto naif. No solo ofrece nuevas perspectivas para la creación de mundos y sociedades, sino que permite una huida hacia delante a través del optimismo. No es casualidad que el lugar elegido de la utopía sea una isla, una vez más, se aplican los deseos de una naturaleza controlada donde formar la vida ideal, en un espacio-tiempo separado de lo demás. Es evidente que existe la necesidad de evasión como respuesta a la impotencia que en ocasiones causa el mundo, de igual manera que el paraíso sirve para tener algo por lo que querer vivir, el pensamiento utópico materializa ideas sobre un mundo mejor. Para Yi Fu Tuan (1998), el ideal que buscamos está presente en lo que él denomina middle landscapes (paisajes intermedios), espacios a medio camino entre grandes metrópolis y naturaleza salvaje, donde uno se pueda resguardar de la hostilidad natural al mismo tiempo que sentirse parte del mundo orgánico. Este ideal es real pero irremediablemente inestable, pues tarde o temprano revertirá hacia lo natural o, más frecuentemente, hacia lo artificial. El filósofo advierte que el sentido
19 fundamental de la cultura y todo este tipo de productos culturales debe ser un mecanismo de evasión o escapismo. La búsqueda de una vida mejor no se basa en una vida más simple, sino una vida más lúcida, que se sienta más real. Por desgracia, en la actualidad no parece a simple vista que los individuos se permitan ver cerca de una vida mejor. Una mirada a los productos de ficción más importantes de los últimos años pone en evidencia la dominancia de la distopía por encima del resto de géneros. Francisco Martorell Campos dedica sus escritos a analizar el auge de la distopía frente a la utopía, ¿por qué la utopía no triunfa? La distopía no es necesariamente pesimista, es también un género completamente crítico y muy útil para evidenciar el devenir decadente de la sociedad. Sin embargo, lo que en un principio servía para alentar a la revolución, ahora se alimenta del miedo y de la sensación de que no hay alternativa al sistema actual. Las distopías pecan de mostrar sociedades neoliberales parecidas a las actuales en occidente como el ideal utópico al que aspirar, y, por tanto, acaban potenciando la estabilidad antes que el cambio (Martorell, 2021). Mientras que los medios corporativos y la industria del entretenimiento suelen mostrarse satisfechos (y sacar beneficio económico) con la continua presentación de escenarios apocalípticos, como si la catástrofe medioambiental fuera nuestro ineludible destino (otras veces, en cambio, ignoran por completo el cambio climático), un grupo cada vez más numeroso de movimientos sociales, artistas, politólogos y activistas se ha propuesto pensar fuera de los relatos impuestos por el capitalismo del desastre. (Demos, 2020, p. 16) Poco a poco, como consecuencia a los esfuerzos por parte del arte y pensadores contemporáneos como los ya nombrados, parece que surgen movimientos y formas de pensar más optimistas. Por ejemplo, innegablemente relacionado con la ficción especulativa de autoras como Donna Haraway y Úrsula K. Le Guin, surge el solarpunk como forma positiva de gestionar la aceptación del cambio climático, de buscar de nuevo un sentido, un propósito para la humanidad. El solarpunk es Figura 16. Luc Schuiten (s.f.), La Ville Creuse. [Dibujo sobre papel]
20 un movimiento artístico y literario en respuesta al inminente declive. El término viene de solar en referencia a la energía solar, la energía renovable y el progreso, y punk en referencia al movimiento como contracultural, decolonial y anticapitalista. Trata de imaginar que en el mundo postapocalíptico podemos tratar de ser optimistas y utilizar los avances tecnológicos para sanar la tierra (Rivero-Vadillo, 2023). La obra más representativa de este género es un cortometraje que irónicamente fue creado para anunciar los productos de una marca de lácteos. Figura 17. BjornErik Aschim (director) (2021). Dear Alice [Vídeo]. The Line Animation
21 5. La ilusión natural Georges Perec le dedica un capítulo al campo en su libro Especies de espacios (1999) en el que sentencia: No tengo mucho que decir a propósito del campo: el campo no existe, es una ilusión. Para la mayoría de mis semejantes el campo es un espacio de recreo que rodea su segunda residencia, que bordea una porción de las autopistas que cogen los viernes por la noche para trasladarse a ella y que, el domingo por la tarde, si tienen suficiente ánimo, andarán por él algunos metros antes de volver a la ciudad, donde el resto de la semana se dedicarán a alabar la vuelta a la naturaleza. (p. 107) Y es que es cierto que cuando vives en la ciudad el campo no existe. Vemos el campo como un lugar de evasión al que huimos de vez en cuando para liberar presiones, pero siempre con billete de vuelta a la ciudad. Es contradictorio que el proceso de la urbanización y construcción de ciudades, pensado para refugiarnos de la naturaleza, resulte tan oprimente que nos infunde un deseo de volver a ella (del Castillo, 2019). Aun así, eso no nos libra de tratar de buscar cómo sanar ese desarraigo. El sentimiento de conexión con la naturaleza es un producto social y cultural con mucho recorrido histórico, pero volver a la naturaleza es el privilegio de unos pocos (del Castillo, 2019). Por paradójico y criticable que sea idealizar la vida rural desde la prerrogativa de la gran ciudad, también es importante saber ver que es una respuesta directa de rechazo a la experiencia capitalista actual. Las clases altas siempre van a poder comprarse una isla paradisiaca o incluso fabricarla a su antojo, mientras que los demás solo pueden permitirse soñar con pasar el domingo en la Casa de Campo. Cuanto más brutal es la ciudad, más se aprecia la naturaleza que contiene. Joaquín Millán (2023) escribe sobre el paisaje de las tierras desatendidas, terrenos marginados y residuales que dominan los espacios y aun así no han sido abordados por la pintura. Lo relaciona con el Manifiesto del Tercer paisaje de Gilles Clement (2018): “El Tercer Paisaje está constituido por el conjunto de los espacios residuales del hombre. Estos márgenes reúnen una diversidad biológica que no se entiende como riqueza.” (p. 11). Ponen así en valor los espacios vagabundos y pasados por alto. La ciudad está llena de territorios basura que están esperando a volver a ser rentables. En ellos la naturaleza no se detiene, sigue expandiéndose, solo que no de la forma verde y frondosa en la que nos gusta imaginarnos. Pintar o dedicar arte a estos lugares es un acto político, una declaración de intenciones (Millán, 2023).
22 La naturaleza en la ciudad está en los espacios verdes, los parques y jardines, que tratan de replicar en nosotros esos mismos sentimientos de reconexión y calma. Se habla mucho de la necesidad de estos espacios para que la ciudad “respire” pero también son fundamentales para la salud mental colectiva. La creación de imágenes y espacios idílicos en los que la naturaleza es ficticia o ficcionada es algo inherente a la cultura occidental, una forma de buscar el paraíso dentro de lo cotidiano. Los jardines son una porción de naturaleza dominada y domesticada. Son artificiales, y sin embargo es un espejismo que funciona. Los espacios verdes proporcionan un lugar de reflexión, descanso y evasión, son lugares de no-productividad. Resulta interesante que en estos espacios el protagonista no es tanto la relación entre naturaleza y ser humano, sino que más bien son lugares para forjar relaciones entre seres humanos por encima de todo. También el jardín es un símbolo de dominación humana y de explotación estética de los recursos, la diferencia es que la jardinería no funciona sin colaboración con las plantas y los demás seres vivos (del Castillo, 2019). Aún con el conocimiento de que los jardines y espacios verdes son “sucedáneos de naturaleza” no se renuncia a ellos. A través del jardín se da un entendimiento de la comunicación y el espacio tiempo del resto de seres vivos con independencia de lo que dicten las tradiciones humanas. El filósofo Byung-Chul Han (2019) reivindica en Loa a la tierra la necesidad de tener y atender un jardín como fuente de un sentimiento de alegría concreto que no puede obtenerse de otra forma. Por otro lado, el escapismo y la evasión a través de las pantallas es una herramienta existente y a veces necesaria para los adolescentes y jóvenes adultos a la hora de gestionar ciertas situaciones y crisis actuales. Dado que no todo el mundo puede tener un jardín, el espacio digital y virtual también son vías de escape en las que se aprecia esta tendencia ecológica. Existen modas entre la generación Z que se dan en el mundo virtual, como redes sociales y videojuegos, que no son más que síntomas de la crisis en la que nos encontramos, una crisis que es tanto social como ambiental (Shin, 2022). Por ejemplo, lo llamado cottagecore surge de la fantasía de vivir en el medio rural y tener una vida sencilla Figura 18. Katie Spragg (2016), Wildness. [Cemento y porcelana]
23 rodeada de naturaleza supuestamente alejada del poscapitalismo y la sobreinformación. Este concepto es un movimiento estético, pero también crítico y con argumentos dignos de prestar atención. Esto explicaría la popularidad de videojuegos que sigan estos valores, por ejemplo, entre la comunidad LGBTQ+ que, gracias a estos fenómenos, se permite soñar con una sociedad idílica alejada de la heteronormatividad. El más aclamado en este aspecto es el Stardew Valley, un videojuego en el que, como protagonista, dejas tu trabajo de oficina para dedicarte a cuidar y devolver a su gloria la granja de tu difunto abuelo. Este tipo de espacios y distracciones permiten a los jóvenes soñar con un mundo mejor. Las nuevas generaciones también están en búsqueda de un paraíso que cubra sus necesidades, que tenga justicia ecológica y feminista. En el espacio virtual se puede cumplir aquello que se nos restringe en la vida real. Un referente en este aspecto es la obra de Gardens of the Anthropocene de Tamiko Thiel. Esta obra de realidad aumentada trae al espacio del museo una historia de ciencia ficción en la que las plantas acuáticas y terrestres se han adaptado a los nuevos tiempos, haciéndose más resistentes a las temperaturas o alimentándose de las ondas electromagnéticas de los móviles, y aparecen en nuestras pantallas reconquistando los espacios. Figura 19. Eric Barone (2016), Stardew Valley (Versión para ordenador) [Videojuego]. ConcernedApe
24 Figura 20. Tamiko Thiel (2016), Gardens of the Anthropocene. [Realidad aumentada] Producción artística personal: UTOP14 En relación con esto último, se presenta una propuesta personal que alude a generar un espacio imaginado, que se puede llegar a materializar gracias a la realidad aumentada. UTOP14 consiste en la creación de un jardín virtual. Este espacio 3D se convertiría en un código AR a través de https://arcode.com de modo que lo único que habría que hacer para verlo sería escanear el código con el móvil y se abriría el visor predeterminado que va instalado en el sistema operativo sin necesidad de instalar ninguna aplicación adicional. Esta obra sirve para llamar al descanso y activar la imaginación. El espacio escogido para situar la instalación son los bajos de Nuevos Ministerios, que suelen estar siempre vacíos y en construcción. Este espacio, únicamente dedicado a la producción y el consumo, está completamente inhabitado. La dominación del ser humano, y del capitalismo, por encima de todo lo demás, está muy presente aquí. Todo está cubierto de cemento de suelo a techo excepto algún parterre ocasional perfectamente domesticado. La función principal de estos pasillos y espacios oscuros y desamparados es la de tránsito. No es un sitio que invite a quedarse, es un espacio yermo. Las flores, modeladas en 3D a través de la herramienta Blender, tienen en común sus propiedades relajantes y sedantes: la manzanilla, el peyote, la amapola o adormidera (base del opio) y el floripondio (base de la burundanga). Así, el jardín artificial que se genera con estas plantas te invita e incluso te trata de forzar a descansar y dejarte llevar, ya que a veces parece que con el frenetismo y la sobreproducción no nos permitimos el descanso a nosotros mismos si no es a la fuerza.
25 Figura 21. Sandra Rodríguez (2024), UTOP14 [Arte virtual] Figura 22. Sandra Rodríguez (2024), UTOP14 [Arte virtual] Vídeo simulando la visita a la instalación virtual: https://youtube.com/shorts/A_4Q4C4gWQc