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El participante invisible

Abstract

Los familiares y acompañantes de pacientes hospitalizados se comportan como un grupo invisible dentro de una institución tan cerrada como el hospital, que raramente considera formalmente su presencia ni su utilidad, cuando no se dirige a ellos con indiferencia no exenta de comportamientos más agresivos. Estas son las notas de campo tomadas por un enfermero-familiar sometido al calvario de la espera a la puerta de los quirófanos.

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El participante invisible

Author: Amezcua Martínez, Manuel
Publisher: Fundación Index
Year: 2003
Source: https://digibug.ugr.es/bitstream/10481/50752/1/2003-ie-participante.pdf
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Los amilia es y acompañan es de pacien es hospi ali-
zados se compo an como un g upo in isible den o de
una ins i ución an ce ada como el hospi al, que a-
amen e conside a o malmen e su p esencia ni su u i-
lidad, cuando no se di ige a ellos con indi e encia no
exen a de compo amien os más ag esi os. Es as son
las no as de campo omadas po un en e me o- amilia
some ido al cal a io de la espe a a la pue a de los
qui ó anos.
El pa icipan e
in isible
Manuel Amezcua
Je e de B. de Hospi alización
Hospi al Uni e si a io San Cecilio, G anada, España
The in isible pa icipan
A ela i e o a pa ien , who is a nu se a he same ime, ook he
some no es when wai ing a he doo o he ope a ing hea e. He
saw he ela i es and accompanying pe sons o hospi alized peo-
ple beha ing as an in isible g oup in he hospi al. This close in-
s i u ion, he hospi al, a ely conside s o mally he p esence o
u ili y o he ela i es, and some imes hey a e add essed wi h
indi e ence o e en wi h agg essi e beha io s.
os qui ó anos de la segunda plan a del Hospi al Gene al no ienen sala de
espe a pa a los amilia es de los pacien es que an a se in e enidos. Es a
es una ci cuns ancia que se epi e en o os muchos hospi ales. Los amilia-
es po lo gene al se a emolinan en el espacio que encuen an más ce cano a la
pue a que p ohíbe el acceso a la zona qui ú gica. Y espe an, espe an, las ho as que
haga al a, en un silencio o zado, in e ogando sólo con la mi ada ne iosa. Como
es aba en hospi al ajeno, decidí aquella mañana que no iba a u iliza mi in luencia
como p o esional de la emp esa ( ampoco lo hago habi ualmen e) con el obje o de
pode i i en p ime a pe sona la expe iencia colec i a de la espe a mien as in e -
enían a mi pad e de una he nia inguinal.
El espacio compa ido e a en ealidad una p olongación del luga de paso si ua-
do en el dis ibuido de la segunda plan a, un espacio iangula de unos 25 m
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delimi ado en un lado po la pa ed donde se si úa pue a de acceso a la zona
qui ú gica, jun o la cual hay una cabina adosada de elé ono público. En ángulo
ec o se encuen an los cua o ascenso es de se icio público y en en e una pa ed
ci cula semi anspa en e que cie a en su pa e pos e io la escale a cen al. Hay
has a ece asien os modula es adosados a los lados: la mayo ía en el lado ci cula ,
con lo que los seden es pie den la opo unidad de mi a se unos a o os. Los é ices
son pun os de acceso po donde casi con inuamen e anscu e el pe sonal, unos a
la zona de hospi alización, o os a los ascenso es, a los qui ó anos, a la escale a
p incipal o a los almacenes.
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La única deco ación se educe a los nume osos ca eles que
hay pegados en las pa edes, los pila es, las pue as de c is al,
jun o a los ascenso es, e c. que se compo an como g a i is con
mensajes di igidos a la gen e que ansi a, que nunca los mi an,
sal o los que es án pa ados du an e las ho as de qui ó ano, que
e minan po ap ende los de memo ia de an o mi a los: “Sani-
dad: ¿la de ellos o la uya?”, “Diles de qué lado es ás”, “A an-
za con noso os”, “Pa a mejo a el mundo, pa a mejo a la
sanidad”, “Ven y p o ége e”, “Si haces más de lo que puedes,
e mina ás po no pode hace nada”. Los mensajes de adhesión
sindical se complemen an con los anuncios adosados al able o
del elé ono, que o e an cu sos de oposiciones, alquile de
i iendas y se icios de cuidado es.
Un g upo a iable de pe sonas nos apelo onamos jun o a la
pue a o ulada con un luminoso como “ZONA
QUIRÚRGICA”. El hecho de es a encendida supone que hay
asiego en el in e io . Todos somos amilia es o amigos de los
pacien es que es án siendo ope ados. Los menos es án sen ados
en los asien os, como soli a ios que compa en la misma desdi-
cha. Casi odos son muje es o ancianos. Las muje es hablan de
ez en cuando en e si, cuando caen jun as, los ancianos no. De
pie, en pequeños co os silenciosos, o bien paseándose con una
a a sinc onía, o apoyados en la eno me columna del cen o o
en las esquinas de las pa edes, se si úan los que no ienen posi-
bilidad de sen a se. El silencio es an cons an e como la expec-
ación an e los mo imien os de la pue a de los qui ó anos,
blanca y ancha, su icien e pa a que pasen las camas odan es.
Es de una sola hoja y se cie a au omá icamen e cuando alguien
la a a iesa, pe o cuando se mue e, las cabezas de los que
espe an se apelo onan pa a mi a una á aga del in e io , que-
iendo ap opia se, como de un ayo de luz en la oscu idad, de
algún mo imien o que les alien e sob e lo que ocu e a sus
amilia es.
Du an e las p ime as ho as de la mañana no cesan de en a
en e mos en los qui ó anos, pe o son pocos los que salen, po
lo que el núme o de los que espe an se inc emen a po momen-
os. Un camille o los ecoge de la habi ación y a a és de un
ascenso especial los baja a qui ó anos. Los amilia es an
de ás y cuando a a a a esa la pue a blanca se ap esu an a
besa le la ca a o a oca le las manos mien as le dicen unas
palab as de alien o. Luego se quedan a solas con las ho as que
pasan in e minables.
La pue a de qui ó anos ma ca la di isión de dos mundos
an agónicos: el he mé ico del in e io , donde odo lo que ocu e
son suposiciones, y la seca ealidad de los que espe an ue a. El
in e io es luminoso, como ese únel in ini o que sepa a la exis-
encia, al deci de los que un día ol ie on de él. Los pe sona-
jes uni o mados de blanco y de e de, que a eces asoman
ado nados con go os y pa ucos de plás ico, e ocan un ambien-
e u u is a que p o oca a la ez con ianza y dis anciamien o.
La con ianza en que odo sald á bien y ol e emos a e sanos
y sal os a nues os amilia es in e enidos. El dis anciamien o
que p oduce la imidez pa a p egun a les qué es án haciendo
con ellos y cómo se encuen an y cuán o les al a pa a que
e minen y salgan de nue o.
A los que en an y salen no pa ece p eocupa les en absolu o
los ges os desespe ados de algunos que se a alanzan hacia la
pue a, ni las mi adas ansiosas de la mayo ía, ni los sollozos ni
los os os humedecidos po las lág imas, yo c eo que po que
no los en, po que no los mi an o po que los han is o an as
eces que les esul an in isibles. Tan sólo los camille os se
dignan esponde a las p egun as de la gen e, aunque con men-
sajes an escue os y o pes que más que alen a aumen an la
impaciencia: “no seño a, su ma ido oda ía lo es án ope ando”,
“ oda ía a pa a a o”. Pe o su p esencia amilia siemp e es la
más espe ada pues se sabe que con ellos han de eni los pa-
cien es.
Hacia media mañana comienzan los pa es médicos. El ci u-
jano se asoma al quicio de la pue a y, sin a a esa lo, dice en
oz al a el nomb e del pacien e ope ado y espe a que se le
ace quen sus amilia es. Con ases ap endidas les dice que
odo ha salido bien aunque la ope ación no ha es ado exen a de
complejidades: “bueno ya es á ope ado, enía una buena he nia,
pe o odo ha salido bien, no obs an e has a den o de 24 ho as
no podemos asegu a nada”. Eso no signi ica que el pacien e
aya a sali de inmedia o, segu amen e mien as el ci ujano
in o ma o o menos pe i o anda á su u ando la he ida, y luego
hay que espe a la ecupe ación de la anes esia. Mien as an o
los empleados no pa an de en a y sali , uno de ellos apa eció
con una inquie an e bandeja con ecipien es que con enían
ozos de ejidos inme sos en o mol. Todos nos mi amos in e -
ogándonos a qué amilia podían pe enece .
Cuando po in sale la cama con un pacien e ecién ope ado
odos nos ap esu amos a la pue a pa a conoce de quién se
a a. Po in sus amilia es le p egun an con ansia que cómo se
encuen a y el pacien e, con la ca a en ojecida e hinchada po
el es ue zo, esponde con una mueca de dolo . En ese día odos
los pacien es in e enidos ue on anes esiados po ía epidu al,
po lo que odos salían despie os. La ac i idad del qui ó ano
dec ece hacia las una y media de la a de y comienzan a sali
pe sonas es idas de calle, pe o los úl imos pacien es no
sald án has a las es ap oximadamen e.
A odo es o, po el escena io anscu en con inuamen e
pe sonas que an de paso de un si io pa a o o sin da la meno
mues a de cu iosidad po el apelo onamien o de gen e que allí
exis e, so eándolos como se esqui an las mesas de una o icina
pa a cambia de dependencia. Familia es, p o esionales de
blanco, seño es enco ba ados con ca a de endedo es, emplea-
dos anspo ando ma e ial clínico, camille os con sus camas
odan es, con su en e mo den o. En an y salen del qui ó ano,
de las salas de hospi alización, del almacén, pe o odos con lu-
yen en los ascenso es, an e los que se pa an con una poco disi-
mulada ansiedad que pagan los su idos bo ones elampaguean-
es, o se c uzan escale as abajo como ho migas en busca de su
ho migue o. Nadie se de iene, nadie se saluda, son como en-
gend os mecánicos que ca ecen de la capacidad de mi a se,
p og amados sólo pa a deambula con la cele idad y ce eza de
las ho migas.
Tan sólo la limpiado a, con el me iculoso ba e de una a
o a esquina, oma conciencia de los que es án allí espe ando,
cuando les induce a mo e se de su si io o les pide que le an en
los pies pa a, con la baye a, amon ona las nume osas colillas
que i an al suelo. Hay una soli a ia papele a-cenice o a inco-
nada que nadie u iliza, los ac o es in isibles, como no son
is os, no pa ece p eocupa les a oja las inmundicias al suelo,
a la limpiado a ampoco.