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Los amilia es y acompañan es de pacien es hospi ali-
zados se compo an como un g upo in isible den o de
una ins i ución an ce ada como el hospi al, que a-
amen e conside a o malmen e su p esencia ni su u i-
lidad, cuando no se di ige a ellos con indi e encia no
exen a de compo amien os más ag esi os. Es as son
las no as de campo omadas po un en e me o- amilia
some ido al cal a io de la espe a a la pue a de los
qui ó anos.
El pa icipan e
in isible
Manuel Amezcua
Je e de B. de Hospi alización
Hospi al Uni e si a io San Cecilio, G anada, España
The in isible pa icipan
A ela i e o a pa ien , who is a nu se a he same ime, ook he
some no es when wai ing a he doo o he ope a ing hea e. He
saw he ela i es and accompanying pe sons o hospi alized peo-
ple beha ing as an in isible g oup in he hospi al. This close in-
s i u ion, he hospi al, a ely conside s o mally he p esence o
u ili y o he ela i es, and some imes hey a e add essed wi h
indi e ence o e en wi h agg essi e beha io s.
os qui ó anos de la segunda plan a del Hospi al Gene al no ienen sala de
espe a pa a los amilia es de los pacien es que an a se in e enidos. Es a
es una ci cuns ancia que se epi e en o os muchos hospi ales. Los amilia-
es po lo gene al se a emolinan en el espacio que encuen an más ce cano a la
pue a que p ohíbe el acceso a la zona qui ú gica. Y espe an, espe an, las ho as que
haga al a, en un silencio o zado, in e ogando sólo con la mi ada ne iosa. Como
es aba en hospi al ajeno, decidí aquella mañana que no iba a u iliza mi in luencia
como p o esional de la emp esa ( ampoco lo hago habi ualmen e) con el obje o de
pode i i en p ime a pe sona la expe iencia colec i a de la espe a mien as in e -
enían a mi pad e de una he nia inguinal.
El espacio compa ido e a en ealidad una p olongación del luga de paso si ua-
do en el dis ibuido de la segunda plan a, un espacio iangula de unos 25 m
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delimi ado en un lado po la pa ed donde se si úa pue a de acceso a la zona
qui ú gica, jun o la cual hay una cabina adosada de elé ono público. En ángulo
ec o se encuen an los cua o ascenso es de se icio público y en en e una pa ed
ci cula semi anspa en e que cie a en su pa e pos e io la escale a cen al. Hay
has a ece asien os modula es adosados a los lados: la mayo ía en el lado ci cula ,
con lo que los seden es pie den la opo unidad de mi a se unos a o os. Los é ices
son pun os de acceso po donde casi con inuamen e anscu e el pe sonal, unos a
la zona de hospi alización, o os a los ascenso es, a los qui ó anos, a la escale a
p incipal o a los almacenes.
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La única deco ación se educe a los nume osos ca eles que
hay pegados en las pa edes, los pila es, las pue as de c is al,
jun o a los ascenso es, e c. que se compo an como g a i is con
mensajes di igidos a la gen e que ansi a, que nunca los mi an,
sal o los que es án pa ados du an e las ho as de qui ó ano, que
e minan po ap ende los de memo ia de an o mi a los: “Sani-
dad: ¿la de ellos o la uya?”, “Diles de qué lado es ás”, “A an-
za con noso os”, “Pa a mejo a el mundo, pa a mejo a la
sanidad”, “Ven y p o ége e”, “Si haces más de lo que puedes,
e mina ás po no pode hace nada”. Los mensajes de adhesión
sindical se complemen an con los anuncios adosados al able o
del elé ono, que o e an cu sos de oposiciones, alquile de
i iendas y se icios de cuidado es.
Un g upo a iable de pe sonas nos apelo onamos jun o a la
pue a o ulada con un luminoso como “ZONA
QUIRÚRGICA”. El hecho de es a encendida supone que hay
asiego en el in e io . Todos somos amilia es o amigos de los
pacien es que es án siendo ope ados. Los menos es án sen ados
en los asien os, como soli a ios que compa en la misma desdi-
cha. Casi odos son muje es o ancianos. Las muje es hablan de
ez en cuando en e si, cuando caen jun as, los ancianos no. De
pie, en pequeños co os silenciosos, o bien paseándose con una
a a sinc onía, o apoyados en la eno me columna del cen o o
en las esquinas de las pa edes, se si úan los que no ienen posi-
bilidad de sen a se. El silencio es an cons an e como la expec-
ación an e los mo imien os de la pue a de los qui ó anos,
blanca y ancha, su icien e pa a que pasen las camas odan es.
Es de una sola hoja y se cie a au omá icamen e cuando alguien
la a a iesa, pe o cuando se mue e, las cabezas de los que
espe an se apelo onan pa a mi a una á aga del in e io , que-
iendo ap opia se, como de un ayo de luz en la oscu idad, de
algún mo imien o que les alien e sob e lo que ocu e a sus
amilia es.
Du an e las p ime as ho as de la mañana no cesan de en a
en e mos en los qui ó anos, pe o son pocos los que salen, po
lo que el núme o de los que espe an se inc emen a po momen-
os. Un camille o los ecoge de la habi ación y a a és de un
ascenso especial los baja a qui ó anos. Los amilia es an
de ás y cuando a a a a esa la pue a blanca se ap esu an a
besa le la ca a o a oca le las manos mien as le dicen unas
palab as de alien o. Luego se quedan a solas con las ho as que
pasan in e minables.
La pue a de qui ó anos ma ca la di isión de dos mundos
an agónicos: el he mé ico del in e io , donde odo lo que ocu e
son suposiciones, y la seca ealidad de los que espe an ue a. El
in e io es luminoso, como ese únel in ini o que sepa a la exis-
encia, al deci de los que un día ol ie on de él. Los pe sona-
jes uni o mados de blanco y de e de, que a eces asoman
ado nados con go os y pa ucos de plás ico, e ocan un ambien-
e u u is a que p o oca a la ez con ianza y dis anciamien o.
La con ianza en que odo sald á bien y ol e emos a e sanos
y sal os a nues os amilia es in e enidos. El dis anciamien o
que p oduce la imidez pa a p egun a les qué es án haciendo
con ellos y cómo se encuen an y cuán o les al a pa a que
e minen y salgan de nue o.
A los que en an y salen no pa ece p eocupa les en absolu o
los ges os desespe ados de algunos que se a alanzan hacia la
pue a, ni las mi adas ansiosas de la mayo ía, ni los sollozos ni
los os os humedecidos po las lág imas, yo c eo que po que
no los en, po que no los mi an o po que los han is o an as
eces que les esul an in isibles. Tan sólo los camille os se
dignan esponde a las p egun as de la gen e, aunque con men-
sajes an escue os y o pes que más que alen a aumen an la
impaciencia: “no seño a, su ma ido oda ía lo es án ope ando”,
“ oda ía a pa a a o”. Pe o su p esencia amilia siemp e es la
más espe ada pues se sabe que con ellos han de eni los pa-
cien es.
Hacia media mañana comienzan los pa es médicos. El ci u-
jano se asoma al quicio de la pue a y, sin a a esa lo, dice en
oz al a el nomb e del pacien e ope ado y espe a que se le
ace quen sus amilia es. Con ases ap endidas les dice que
odo ha salido bien aunque la ope ación no ha es ado exen a de
complejidades: “bueno ya es á ope ado, enía una buena he nia,
pe o odo ha salido bien, no obs an e has a den o de 24 ho as
no podemos asegu a nada”. Eso no signi ica que el pacien e
aya a sali de inmedia o, segu amen e mien as el ci ujano
in o ma o o menos pe i o anda á su u ando la he ida, y luego
hay que espe a la ecupe ación de la anes esia. Mien as an o
los empleados no pa an de en a y sali , uno de ellos apa eció
con una inquie an e bandeja con ecipien es que con enían
ozos de ejidos inme sos en o mol. Todos nos mi amos in e -
ogándonos a qué amilia podían pe enece .
Cuando po in sale la cama con un pacien e ecién ope ado
odos nos ap esu amos a la pue a pa a conoce de quién se
a a. Po in sus amilia es le p egun an con ansia que cómo se
encuen a y el pacien e, con la ca a en ojecida e hinchada po
el es ue zo, esponde con una mueca de dolo . En ese día odos
los pacien es in e enidos ue on anes esiados po ía epidu al,
po lo que odos salían despie os. La ac i idad del qui ó ano
dec ece hacia las una y media de la a de y comienzan a sali
pe sonas es idas de calle, pe o los úl imos pacien es no
sald án has a las es ap oximadamen e.
A odo es o, po el escena io anscu en con inuamen e
pe sonas que an de paso de un si io pa a o o sin da la meno
mues a de cu iosidad po el apelo onamien o de gen e que allí
exis e, so eándolos como se esqui an las mesas de una o icina
pa a cambia de dependencia. Familia es, p o esionales de
blanco, seño es enco ba ados con ca a de endedo es, emplea-
dos anspo ando ma e ial clínico, camille os con sus camas
odan es, con su en e mo den o. En an y salen del qui ó ano,
de las salas de hospi alización, del almacén, pe o odos con lu-
yen en los ascenso es, an e los que se pa an con una poco disi-
mulada ansiedad que pagan los su idos bo ones elampaguean-
es, o se c uzan escale as abajo como ho migas en busca de su
ho migue o. Nadie se de iene, nadie se saluda, son como en-
gend os mecánicos que ca ecen de la capacidad de mi a se,
p og amados sólo pa a deambula con la cele idad y ce eza de
las ho migas.
Tan sólo la limpiado a, con el me iculoso ba e de una a
o a esquina, oma conciencia de los que es án allí espe ando,
cuando les induce a mo e se de su si io o les pide que le an en
los pies pa a, con la baye a, amon ona las nume osas colillas
que i an al suelo. Hay una soli a ia papele a-cenice o a inco-
nada que nadie u iliza, los ac o es in isibles, como no son
is os, no pa ece p eocupa les a oja las inmundicias al suelo,
a la limpiado a ampoco.