Ignoto : poema
Abstract
BHR/C-002-061 (1) sólo tomo I
Full text
trinidad de rojas y rojas IGNOTO POEMA ■ i . (INTRODUCCION) o á ¡a Biblioteca r -,r si tari a do ' .'ranada» n o i d e Pmial peseta 50 céntrns . d o ?;*oíta - TASAR IÚÁRTErZ DÚRAN. MADRID: L IB R E R ÍA DE M O RILLO , y LIBRERÍA DE FE, Calle de Alcalá , núm. 7 L IB R E R IA DE C U EST A , Calle de Carretas, 9 Carrera de San Jerónimo, 2 A 1882 L IB R E R IA DE GUIO, Calle del Arenal, 14
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f l / a & S t y TRINIDAD DE ROJAS Y ROJAS IGNOTO POEMA i (INTRODUCCION) ■ 0 íia d o & l a Biblioteca - ivérsitaria de Granada, m e m o r ír ^ m a 10'' grado '"a _ ___ _ _ _ _ o - - VRThIEZ. díír BALTASAR MADRID: L IB R E R ÍA D E M U R ILLO , X Calle de Alcalá, nitm .7 -j jL IB R E R ÍA DE C U ESTA , ][ Calle de Carretas, 9 /j\ 1882 LIBRERÍA DE F É , Carrera de San Jerónimo, 2 L IB R E R ÍA D E GUIO, Calle del Arenal, 14
CUATRO PALABRAS AL LECTOR Ig n o t o no es, ciertamente, el poema social que su autor había soñado; es á lo sumo un esbozo: quizás no más que una tentativa. Antes de exponerlo íntegro al desdeñoso silencio de la crítica literaria, hále parecido conveniente fortalecer la ulte rior decisión con razonada esperanza, ó saludable y opor tuno desengaño. Por eso y para eso salen á luz aisladamente sus prime ras páginas. Esto es lo que vulgarmente suele llamarse tantear el vado, ó tomar el pulso á la opinión. Ella dirá.
Allí no vibra fulminante acero ni el ronco trueno del cañón estalla: con otras armas, inmortal guerrero, se apresta el mundo á colosal batalla. Ayer la fuerza conquistó la gloria; hoy el triunfo lo da la inteligencia: ¡ siempre surgiendo en la terrestre historia esa lucha tenaz por la existencia ! Más humana que ayer, no ya el vencido es del altivo vencedor esclavo: el moderno progreso ha conseguido lucha sin sangre, sí; mas lucha al cabo, que, si esperanzas fúlgidas imprime en las páginas limpias del mañana, aún no realiza el ideal sublime de la ideal fraternidad humana. AI cántico de triunfo vigoroso siempre responde el eco de un gemido; cual si enlazada al vencedor gozoso fuera la triste sombra del vencido.
Donde quiera que existe una derrota que al derrotado humilla ó encadena, la hiel amarga de la envidia brota, y el fraternal espíritu envenena ................ Aquí á la lucha, con afán sin tasa, se aprestan pueblos de remotos climas; desde el que el sol ecuatorial abrasa, hasta el que mora en las heladas cimas. No hay frente que no espere una corona, ni corazón que olvide las plegarias; pues lo complejo de la lucha abona laureles y guirnaldas funerarias. Ocultas éstas en pensado olvido, al viento aquellos flotarán tan solo, y metálico nervio estremecido su historia llevará de polo á polo: y de este modo, (en nacional quimera desfigurada la formal historia), tan solo oirá la humanidad, do quiera, el canto universal de la victoria:
que, aunque otra cosa el pensador presuma, y del combate enérgico al relato formal consagre su avezada pluma con imparcial espíritu sensato, el más parcial espíritu de raza, de pueblo, de nación ó de sistema sus edificios críticos arrasa, tala sus campos y sus mieses quema. El libro serio quedará sujeto en el marmóreo polvo del olvido: en tanto libre volará el folleto, con la bandera nacional vestido: que aún no es el hombre, no, cosmopolita; aún tiene tradiciones que venera, religioso ideal en que medita, hogar con muro y patria con frontera. ¿ Podrá acaso borrarlos algún dia ? i si el hecho surge, el material progreso habrá avanzado en la anhelada vía, ó emprendido quizás el retroceso ? . . . .
¿ Seguirán por ventura los destinos de la materia y del espírtu humanos diversos y oscurísimos caminos convergentes en términos lejanos ? Aún nadie puede descorrer el velo del insondable porvenir oscuro; está muy lejos de la tierra el cielo, y en él se esconde el ideal venturo. No desplegue sus alas el poeta buscando en el espacio ignoto puerto: su canto, como el canto del profeta, es la voz que se pierde en el desierto. III Vuelva á surgir á nuestra vista el llano, donde lo cierto y lo real se exibe, y la vida del mundo el ojo humano en una sola irradiación percibe;
que de las artes el progreso lento, con sus obras, revela á la conciencia desde el primer albor del pensamiento hasta el último paso de la ciencia. Allí luce la madre agricultura sus armas de pacíficos combates: allí aplica la industria sin mesura al comercio sus áureos acicates. ¡ Y entre esas armas de la paz bendita, enmudeciendo su piadosa lengua, retumba del cañón la voz maldita, del moderno progreso para mengua! Allí vierten las artes liberales, de belleza entre esplendidos fulgores, fecundos y purísimos raudales de formas, de armonías, de colores. Allí las santas fuentes del trabajo truecan páramos tristes en vergeles; que no es ya el empirismo ciego y bajo quién cultiva sus prósperos laureles:
es la ciencia, que á pasos de gigante avanza en su carrera bienhechora, mayor suma de bien buscando amante á la doliente humanidad que llora: es el genio de un siglo, aún no llegado, que al nuestro asoma la radiosa frente, é ingerta el porvenir en el pasado con la fecunda savia del presente: de próxima soñada primavera es el latir recóndito y fecundo, que la flor en las yemas acelera, frutos sin tasa prometiendo al mundo: es el alba que anuncia la mañana de ignorados y múltiples destinos-, á la insaciable actividad humana ofreciéndole innúmeros caminos: es luz inextinguible que flamea en el pensar ó en el sentir del hombre; sentimiento quizás, tal vez idea sin conocido origen y sin nombre, o
rS que, en forma ele intuición ó de esperanza, espíritu y materia, tierra y cielo, cual síntesis de un mundo en lontananza, nos presenta científico desvelo. ¿Quien sabe donde la materia para, ó en materia el espírtu se condensa? ¿Qué inteligencia colosal separa lo que en el hombre siente y lo que piensa? Tal vez en tiempo próximo ó remoto resolverá la mente estremecida, en las brumosas nieblas de lo io-noto el complejo problema de la vida. La vida del presente desbordada esa llama espléndida concentra: cuanto abarca del hombre la mirada allí en revuelta profusión se encuentra.
IV El sol declina: su postrero rayo, las cúpulas de esmaltes y colores, que, al despedirse, besa de soslayo, filtrándose por masas de vapores, destaca como faros luminosos entre la roja lumbre del Poniente, y las hace surgir, cual los colosos del fantástico genio del Oriente. Con suspiros de luz en la alta cumbre desfallece el crepúsculo: ancho velo de pardas gasas la rojiza lumbre nos oculta en la bóveda del cielo. Mas no la noche con su sombra oscura en ausencias del sol invade el llano, que en él con rayo espléndido fulgura. perpetuando el dia, el sol humano.
~Va, si del cielo el luminar se apaga, el luminar eléctrico se enciende; que de ese fluido, que en el mundo vao-a im rayo el hombre á voluntad desprende. Miradle cómo brilla, iluminando desde punto central el llano estenso; en cristalino estanque reflejando la imagen móvil de palacio inmenso. Doble fuerza vital desde el palacio por arterias metálicas circula; luz que ahuyenta las sombras del espacio, y verbo que se graba ó se modula. Por eso, desde el último lindero, la bulliciosa y libre muchedumbre invade con afán todo sendero que se dirige á la fulgente cumbre. Derrámase en bullentes oleajes, sobre los cuales, fluctuante y rota, la fantástica espuma de sus trajes como la espuma de los mares flota.
Y cual del trueno el rebramar violento, y de la ola plácida el murmullo, y el silvido asperísimo del viento, y de las brisas ledas el arrullo, á intérvalos, y al par, el Océano agitan con sus múltiples rumores, así agitaban el torrente humano murmullos, esperanzas y temores. Aquí una imprecación, allí un quejido, más lejos estridente carcajada, un suspiro de amores, un gemido, una frase chistosa ó acerada; en labio de coral, insinuante sonrisa femenil que audaz provoca el dormido deseo, chispeante mirada que electriza cuanto toca, ora el roce de labios balbucientes que tócanse al decirse «yo te adoro; * ya el chasquido de besos impudentes .que trueca infame meretriz por oro;
Tan mágico su aspecto deslumbrante, tan bien pensadas son sus proporciones, que, al pisar el vestíbulo gigante, vense á la par sus múltiples salones. . . Cuanto el mundo en el arte y en la ciencia aportara al tesoro de la historia; cuanto soñó la humana inteligencia para ensanchar el templo de su gloria, en ellos luce arrebatando el alma de aquella inteligente muchedumbre, que, del saber á conquistar la palma, avanza entre los rayos de su lumbre. \ mientra en sombras se desborda fuera la excrecencia social en torpe orgía, allí el alma del siglo se hunde entera en el mar de la ciencia y la poesía. . Del átomo la acción el sabio alcanza á merced de las químicas reacciones, y con potente microscopio avanza del invisible mundo en las regiones;
el globo y su geológica crrv oltura, cual libro inmenso, á su placer hojea, y en fragmentos de múltiple textura sus páginas de rocas deletrea. el lente del astrónomo grandioso el firmamento hacia la tierra inclina, y, el principio vital buscando ansioso, la célula el fisiólogo examina. en natural ascenso, de lo inerte va á lo orgánico el sabio, y , á medida que descorre los velos de la muerte, descubre nuevos gérmenes de vida: la evolución germinativa estudia del terrestre animal y de la planta; y en ella un nuevo himno se preludia que la materia á la unidad levanta. Un paso más, y Psiquis aparece entre penumbras ensayando el vuelo, lueo-o en auroras del sentirse mece, y en rayos del pensar escala el cielo.
Y tanta variedad, tanta armonía, lega la imprenta á la futura historia; revístela de galas la poesía, y de eléctrica fuerza la oratoria. VI Dominando los mágicos salones, circuida de marmórea escalinata, se eleva, gigantesca en proporciones, aérea y trasparente columnata. Cubren sus basas hojas de laureles secas y rotas, que empujó el olvido, y enlaza sus extraños capiteles cornisamento vasto y atrevido: del histórico tiempo en la carrera, tras el fantasma de soñada gloria, en el grabó la humanidad entera del concepto de Dios la inmensa historia.
En caracteres múltiples escrita, con innúmeros símbolos trazada, revela al pensamiento que medita lo interminable de la gran jornada ............. ¡ Siempre adelante, y sin llegar al punto en que termine el insaciable anhelo ! ¡ De duda y decepción fatal conjunto ! ¡ Ninguna puerta que descubra el cielo ! • . Sobre esa extraña histórica cintura la cúpula de lumbre flameante se eleva audaz, y de la nube oscura el seno razga con su luz brillante. Fantasma que, surgiendo en las tinieblas del mundo troglodita, lento hiende la luz crepuzcular de ténues nieblas, y hacia el fúlgido sol temblando asciende, y luego, con la frente coronada de sus rayos de fuego, más arriba, de la luz eternal en la alborada clava sereno la mirada altiva ...................
Tal me parece el mágico palacio, soñado monumento, templo vivo que, rompiendo los velos del espacio, en busca va de un sér que no concibo. Cual circular y absurda catarata, que del valle se alzara hacia la cumbre, se ve por la anchurosa escalinata subir interminable muchedumbre. Los últimos peldaños salva ansiosa, perdiéndose en el mágico recinto: en su absorbente atmósfera radiosa queda el concepto personal extinto. Como el alma y el cuerpo se confunden en una sola idealidad abstrusa, así se compenetran y se funden fieles y templo en realidad confusa ............. Desiertos van quedando los salones, los senderos, los parques, los jardines: las múltiples contrarias emociones van tornándose armónicas y afines.
Todo un momento en el olvido yace ante la clara luz que aquí flamea; y es que potente y fúlgida renace del Ser eterno la grandiosa idea. De ciegos que no ven los resplandores donde se hundió la humana catarata, surgen opacos, débiles rumores, al pié de la tendida escalinata. Son pobres gentes, cuyas almas llena la materia no más, que el libre vuelo de su enfermizo espíritu encadena, sin permitirles remontarse al cielo. Son otros seres de razón malsana que viven en la vida del pasado, sin lanzar ni una vez hacia el mañana el pobre pensamiento encarcelado. De cráneos mira el uno grande acopio y el sitio busca allí de la conciencia; mientras otro pregunta al microscopio de equívoco organismo la existencia:
en masas de materia condensada éste mira vitales torbellinos; de materia radiante en la alborada aquél vislumbra incógnitos caminos; un anticuario epígrafes ignotos en desgastados mármoles admira, y ante incunables y elzevires rotos con tristeza un bibliómano suspira; egoísta proyecto que le halaga un político estudia con fe ciega, sin ver que, con tal rumbo, al fin naufraga quien en el mar de la ambición navega. Va surgiendo el silencio, cual si el orbe allí reconcentrado meditase: lluvia de ideas el espacio absorbe, y en fuentes de conceptos la deshace. Allí la humanidad en la ancha cuna •de los recuerdos al vaivén se mece: su pasado fugaz, rayo de luna quebrado en agua torrencial, parece;
rumor de los vagidos de su infancia, ecos fugaces del cantar primero, que van, aunque con débil resonancia, enlazándose al tiempo venidero: que esos tiempos de esencia tan distinta para cualquier espíritu inconsciente, son, en verdad, extremos de una cinta atados con el nudo del presente. , . . Yo estaba allí, cual náufrago perdido en la vasta extensión del Océano: el raudal de la ciencia apetecido beber ansiaba: ¡. mas lo ansiaba en vano oleajes sin fin del sentimiento1 tan recio combatieron mi barquilla, que del sereno mar del pensamiento apenas pude vislumbrar la orilla. . . . Y allá en el templo, que la luz inunda y ver no deja la sublime escena, en cantos llenos de emoción profunda de Dios el nombre sin cesar resuena.
VII Una v o z . ,-Uio s! ¡Dios! ¡y siempre Dios! ¡Ay! no lo entiendo,' p°r más que en pos de su noción me lanzo: yo siempre ante mis ojos lo estoy viendo, y nunca, nunca, á comprenderlo alcanzo. Pasaron ya, como turbión de nieblas que dora el sol al tramontar la loma, y se ^ d iero n del mito en las tinieblas, los dioses cíel Oriente y Grecia y Roma, Pasó el Jehová del Sinaí tonante, y ora el Jesús del Gólgota cruento cruzando va, con paso vacilante, un piélago de dudas turbulento. Todo Dios corporal ó definido, después de una existencia transitoria, pasará, para hundirse en el olvido u ocupar una página en la Historia.
Mas Dios no pasará: sobre la cumbre del humano saber, sobre la alteza de la razón destellará su lumbre del Dios excelso la inmortal grandeza. Idolos, cultos, dioses, religiones caerán, de la razón al rudo embate; sacerdocios y ritos, en girones rodarán por la arena del combate; y, cuando todo, al parecer inerte, dé por finada la social pelea, flotará sobre el campo de la muerte del Dios eterno la fecunda idea. Mientras exista la conciencia humana, la noción inmortal de lo infinito, lo eterno del ayer y del mañana, no podemos á Dios trocar en mito. En tanto que subsista lo insondable del pasado, en tinieblas escondido; mientras el porvenir inabordable permanezca en la nada sumergido,
Otr a v o z . ¡Dios! ¡Dios! ¡y siempre Dios! Antes que elhombre, antes que el mundo, el tiempo y el espacio pudieran proclamar su santo Nombre, moraba de lo eterno en el palacio. Mas llesró la creación: cesó la nada: o brotó la luz del fiat al acento; y vióse á Dios entre la sombra helada flotando sobre el líquido elemento. El caos arnta convulsión extraña o al soplo del espíritu divino, y ve surgir el Cosmos en su entraña de la vida el búhente torbellino. Se encienden los etéreos luminares, despierta la atracción el movimiento, y surcan en millares de millares esferas de ígnea lumbre el firmamento.
No en ciego rumbo y al azar rodando alguna hacia el abismo se dirige; que, en sus precisas órbitas girando, eterna ley sus movimientos rige. Besa la tierra el sol: los continentes elevan á su beso, coronadas de algas marinas, las riscosas frentes, con perlas y corales incrustadas: y ese beso de rayos de colores, que va esparciendo la brumosa niebla, de plantas, peces, pájaros y flores los continentes y los mares puebla. Preludia la creación una alabanza á Aquél que todo, con querer, lo puede; y surge, al fin, el hombre, á semejanza del infinito Ser de quien procede............. Ser inmutable, cuanto encierra el orbe, en Él, por Él, y bajo de Él, alienta; inmenso Ser, el infinito absorbe; fecundo Ser, las vidas alimenta.
Ser superior á cuantos seres fueron, son y serán, su inexplicado nombre, aunque todas las lenguas lo escribieron, aún en ninguna lo define el hombre. Él es causa de causas insondable, Él es la inteligencia sin medida, el germen de los gérmenes estable, la luz, la ciencia, la verdad, la vida: es fuerza incomprensible y misteriosa que lanzó el universo en el espacio; es espíritu puro que reposa de su misma grandeza en el palacio. Punto central de todo movimiento, en torno de Él el universo gira: cuanto tiene de vida leve aliento por Él tan solo, y para Él respira; y la vasta creación ilimitada abísmase en su seno soberano, como gota de agua derramada en la inmensa extensión del Océano.
Principio de lo bueno y verdadero, al hombre libre con amor prodiga fuerza y luz de la vida en el sendero, para que el bien y la verdad consiga. Principio de lo justo, en fiel balanza del mortal aquilata las acciones, é infalible le aplica sin mudanza eternas penas ó celestes dones. Sol del mundo moral y de la ciencia, que hasta el ateo vacilando nombra, cuando su luz se extingue en la conciencia, la invade negra duda con su sombra. Si á la ciencia pedimos que nos abra del foco de esa luz la ignota puerta, — «No ha pronunciado su postrer palabra»— contesta el sabio de conciencia yerta. Pero la luz que el infinito alumbra, deslumbrando esa ciencia limitada, la humanidad terrestre la vislumbra, al brotar la palabra revelada.
Con ésta y con la fe se acerca el hombre, tendiendo humilde hacia su Dios el vuelo, al concepto insondable de ese Nombre que los ángeles cantan en el cielo. Por ellas baja hacia la mente humana la mística intuición del Ser divino, de incomprensible esencia soberana^ uno en natura, y en persona t r in o . Pa d r e que crea y que conserva el m undo Ve r b o que al hom bre pecador redim e, Es p ír it u santísim o y fecundo que la esperanza y el am or im prim e. . Como nave sin rumbo que se agita entre las olas de revueltos mares, así la pobre Humanidad precita se acataba entre idolatras altares. y como el sol disipa la tormenta, y los extensos mares ilumina, así el Verbo los ídolos ahuyenta, y el mundo llena con su luz divina:
y de esa luz los místicos reflejos que brotan de la cruz entre los brazos, á Dios y al hombre, que se hallaban lejos, de nuevo anudan con estrechos lazos: que el Hombre-Dios, á quién amante sube de los creyentes la oración serena, ya no es el Dios que en inflamada nube del Sinaí sobre las cumbres truena: es el Dios del amor: divino anhelo el sér humano sin cesar le inspira, y para alzar la humanidad al cielo baja á la tierra y en la cruz espira. . . Ya fué la redención: ya los sociales problemas hallan fáciles caminos; ya á la luz de los nuevos ideales del porvenir se aclaran los destinos. Ya la vital evolución completa del hombre tiende los sublimes vuelos desde la corta vida del planeta hasta la eterna vida de los cielos. . . .
¡Dios! ¡Dios! ¡y siempre Dios! Si no la ciencia llevarnos logra á su noción bendita, Fe, Esperanza y Amor en la conciencia dejarla pueden para siempre escrita. Otra v o z . ¿ Qué Dios es ese que la mente en vano se esfuerza en comprender? Decidme dónde, velado siempre al pensamiento humano, cual misterio fantástico se esconde? Cual fuego fátuo que en la noche ondea, de la razón ante la luz vacila, del sentimiento al hálito flamea, y al soplo de la ciencia se aniquila. Si es uno, personal y definido, de su ser la sustancia y la existencia, sin un concepto ya preconcebido, reveladme en el campo de la ciencia:
demostradme con lógica probanza en qué momento histórico aparece; dónde está la mansión de bienandanza que en su nombre al creyente se le ofrece; qué patente prodigio lo revela que resista á la crítica sesuda: la piadosa leyenda es ya novela en galas rica, en lógica desnuda. El cetro del milagro ya se ha roto: del prodigio el imperio ha sucumbido: el concepto falaz del Dios ignoto en el abismo duerme del olvido. O adelante ó atrás; no hay más camino: ó ciencia ó tradición; he aqui el dilema: uno ú otro escoged, de lo divino para dar solución al gran problema. No del pasado al áspero sendero volváis entre temores y sonrojos: cual informe turbión del ventisquero, dioses en polvo os cegarán los ojos,
hasta llegar á la creación sublime del Hombre-Dios, que en la feliz mañana de los modernos tiempos nos redime: ¡ la más grandiosa concepción humana ! Si allí parais el paso tembloroso, renunciad al progreso indefinido; al libre pensamiento esplendoroso, del dogma en las prisiones oprimido. Un dogma, un culto, un rito y una iglesia; y nada más allá: he aquí los muros que á quién la santa libertad desprecia encierran en sus ámbitos oscuros. Mas si en cambio con pasos de gigante, en el fecundo porvenir clavada la vista, camináis hacia adelante, sin cansancio en el áspera jornada, llevando siempre por mentor la ciencia, la razón por antorcha refulgente, la observación por guía, y la conciencia por freno que sujete en la pendiente,
entonces, paso á paso adelantando, como siempre adelanta el hombre serio, al concepto de Dios iréis llegando, sin dogma, sin prodigio, y sin misterio: y Dios y el mundo, en unidad de esencia y variedad de formas, la armonía mostrarán á la humana inteligencia del Pán-Theos, que insondable aparecía. La gran Naturaleza el hondo arcano de su creadora fuerza omnipotente irá ofreciendo al pensamiento humano, del humano progreso en la creciente: y, en la unidad la variedad fundiendo, del sér será el fenómeno la sombra: sombra es el universo que, siguiendo en pos del sér, que Dios el mundo nombra, si en el orto y ocaso de la ciencia parece, al dilatarse, desprenderse, desde el cénit la humana inteligencia la ve en el sér fundirse y resolverse. . .
que el hombre, al definir lo indefinible, al elevarse de la tierra al cielo, al comprender al fin lo incomprensible, del misterio rasgando el denso velo, en su soberbia, con razón sobrada de amarga decepción en la agonía: « O yo mismo soy Dios, ó Dios es nada, » con satánico grito exclamaría. Y Dios eliminado, ó convertido el hombre en Dios, la Humanidad pasmada* ¿ por qué sendero asaz desconocido emprenderá su divinal jornada? ..... ¡ Qué absurda es la misión demolerá de quien albergue previo no construye, do guarecerse pueda aquel que llora por el antiguo hogar que se destruye ! Si á Dios elimináis de los hogares de esa inconsciente muchedumbre inquieta, que al trabajo, al dolor y á los pesares su terrestre existencia ve sujeta,
en cambio del despojo despiadado, á ella que siente y que á pensar no alcanza i qué le daréis, cuando con grito airado os pida en su dolor una esperanza ? ¿ Para qué la expropiáis de ese tesoro que es la riqueza celestial del pobre, si, al usurparle sin piedad el oro, podéis en cambio apenas darle cobre ? Si: cobre impuro, informe y enlodado, luz entre sombra sepulcral perdida, moneda sin valor en el mercado del bienestar de la terrestre vida. Dejad que niegue á Dios el pobre ateo,’ que el filósofo audaz lo busque en vano, que el teólogo amolde á su deseo un sér divino con ropaje humano: dejad que el sabio, en su febril anheloj observación y experimento enlace, y al Dios-materia de su opaco cielo, cual Sísifo á la roca, al fin se abrace:
mas no al pueblo llevéis las amarguras del desdichado que de Dios reniega; no las ideas vagas é inseguras, á que el osado pensador se entrega; no capciosas y audaces concepciones, en teológicas nieblas sepultadas, ( de vieja escuela frases y nociones de elásticos distingos saturadas). No entre retortas y crisoles, mudos de cuanto no es materia al llamamiento, lancéis los pueblos pobres y desnudos de la fe, que es en ellos sentimiento. El pueblo siente á Dios, y en Dios se inspira: no á comprenderlo su razón alcanza; mas en Él ve una luz, y en torno gira, del porvenir asido á la esperanza. Si el móvil rayo de la luz dudosa imagen falsa en su cerebro pinta, ó, con intensa emanación radiosa, de toda sombra se la ofrece extinta.
poco importa, si el Dios no desparece, y los destinos del futuro pesan en la conciencia; mas, si aquel perece, ¡ cuántos sociales organismos cesan ! ¡ Ay del pueblo sin Dios! Redil de siervos, que ante el tirano acobardado lloran, ó bandada feroz de hambrientos cuervos, que en incesante lucha se devoran. . . . ¿ Para qué suprimir la Providencia, que el triste mira siempre en lontananza, sea verdad ó mentira esa creencia, realidad ó ilusión esa esperanza ? Si el hombre busca con error profundo más allá de la tumba nueva vida, ¿ qué males sufre por creerlo el mundo ? ¿ la Humanidad qué pierde en la partida ? Y si Dios es verdad, y se revela alguna vez á la conciencia humana, y al ideal la inteligencia vuela con intuición potente y soberana,
del erróneo concepto del pasado la Humanidad subsiste irresponsable; que al hombre, sér finito y limitado, no es posible abordar lo inabordable. Siga la pobre Humanidad sintiendo; siga el audaz filósofo pensando, el teólogo textos removiendo, moléculas el sabio combinando; Siempre de Dios fulgurará la idea entre un dogma de un lado, y de otro un rito; como antorcha entre sombras, que flamea clavada en el umbral de lo infinito. ¡Dios! ¡Dios! ¡y siempre Dios! profundo arcano en que se pierde la razón del hombre, que siglos y más siglos lucha en vano, por encontrar un sér para ese nombre.
Múltiples voces en inmenso coro de Dios el nombre santo repetían, y en arreboles de carmín y oro, como legión de espíritus, subían. Subir en pos el cielo trasparente la vista mia con tesón ansiaba, y en la gigante cúpula esplendente humillada y rendida se abismaba: que el exceso de luz que baña el muro no puede soportar el ojo humano, y en él se pierde, como en fondo oscuro, del concepto de Dios el hondo arcano. Mas siempre queda en ascensión constante el anhelo sin fin de la victoria; esperanza de hender la luz brillante, y más arriba contemplar la gloria ................
De otras voces los débiles acentos, que dioses muertos recordar querían, del templo en los hondísimos cimientos, sin ecos en su bóveda surgían ................ Avanza desde fuera á los altares de la duda la hirviente catarata; y, desecha en arroyos á millares, desciende la marmórea escalinata. Tenaz en sus ataques y en su intento, cual la ola del mar sobre la roca, sobre el muro del áureo monumento mil y mil veces rebramando choca. Ante la fiera lucha interminable sarcástico sonríe el ateísmo, empujando hacia el templo inquebrantable las huestes del feroz materialismo. Y sin cuidarse de la lucha insana, ni de la luz que el cielo reverbera, en loca orgía muchedumbre vana gasta su inútil vida en la pradera.
Brilla la idea en la elevada cumbre, ruge el placer en el extenso llano: opacas nieblas y fulgente lumbre arrastra juntas el torrente humano. Hay un lago sin fondo y sin orillas de mis recuerdos en la vaga historia: luego un turbión de extrañas maravillas que precisar no puede la memoria. Paréceme que aún hieren mis oidos del huracán los silvos estridentes, revueltos ccn los ásperos rugidos de anchurosos y rápidos torrentes. Siento crujir el fiero terremoto alcázares y templos derribando, y en grietas mil el pavimento roto inflamados vapores exhalando. Miro una llama que voraz ondea en fantásticas formas indecisas, dejando sobre el llano en que bravea ancho lecho de cálidas cenizas.
Oigo lejano estruendo de batalla, de motín popular el grito ronco, el seco golpear de la metralla y un inmenso exterior extraño y bronco. De pueblos invasores el avance escucho, y el clamor del invadido, el rudo torbellino del alcance, de la fusión el hervoroso ruido. Legión de globos por los aires vuela, se agolpan trenes en las férreas vías, en mar oscuro el firmamento riela y el ambiente se llena de armonías. Do quiera sombra do la luz fulgura, silencio que interrumpe algún latido, grito de triunfo, quejas de amargura, y un murmullo tenaz repercutido. Y mientras vida irradian las esferas, y sonidos y luz y movimiento; aquí se abaten todas las banderas, y en mi cerebro cesa el pensamiento.
Enlaza el suelo con las altas nubes algo que lento y silencioso llueve, velos que tejen manos de querubes con blancos copos de rizada nieve. Surge helado silencio en torno mío, cual si, á las puertas de la nada inquieto, viera yerto rodar en el vacío de la terrestre esfera el esqueleto. . . . Yo no recuerdo más: en mi conciencia píntase apenas el espacio oscuro, donde iba flotando mi existencia, perdida entre el pasado y el futuro. ¿Unico resto del linaje humano, guardaba aún mi terrenal vestido ? ¿ Del infinito acaso el Océano cruzaba ya del barro desprendido ? ¡ Quién sabe! ;]Nfo recuerdo. Aun resonaba en mis oidos el terrestre anhelo, y dentro de mi sér se reflejaba otra luz, otra vida y otro cielo. »