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El mono

Abstract

Rúst.

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El mono

Author: Gaspar, Enrique, 1842-1902
Publisher: Granada : Imp. El Pueblo
Year: 1896
Source: https://digibug.ugr.es/bitstream/10481/69031/1/C002073-2.pdf
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EL MONO
POR
ENRIQUE GASPAR
GRANADA:
Im p. de El P ueblo, San Ped o Má i , 5
1896
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EL MONO
POR
ENRIQUE GASPAR
GRANADA:
Im p. de El P ueblo, San Ped o Má i , 5
1896

DONADO Á LA BIBLIOTECA
UNIVERSITARIA DE GRANA
DA POR % >S % 8 % ¡B
FRANCISCO LUIS HIDALGO
Y RODRÍGUEZ, EN MEMORIA
DE LA POETISA GRANADINA
D.* ENRIQUETA LOZANO, g
EL MONO
Con ieso, seño es, que me humilla
con eni con Da win en que yo pueda
se una de i ación de aquel cuad uma
no; pe o cuan o más p o undizo la cues
ión, más me con enzo de que la analo
gía en e ambos me obliga á o mula
es e dilema: ó ele a lo á la ca ego ía de
p ójimo mío, ó descende á la de su con
géne e.
DejandÓ á los na u alis as y á los i
siólogos que deba an cien í icamen e la
cues ión, yo oy á a a la con la lógica
con unden e del sen ido común.
¿Cuál es la p opiedad ca ac e ís ica
del mono? La imi ación. Pues á medida
que en o en mí mismo y me es udio y
descompongo los á omos de mi exis en
cia, mayo men e me con i mo en que
desde mi más ie na edad yo no he e
nido p ocediendo sino po espí i u de
imi ación. P ueba al can o.
Nue e eces había yo is o apa ecei á
los eyes magos po el o ien e de mi i
da, con lo que dicho se es á que aún
con aba mis años po núme os dígi os,
cuando me umé el p ime ciga illo o 
mal al que p ecedido habían sus a anza
das de anís y sus esplo ado es de « úni
ca de C is o». Lo adqui í me ced á un
cambalache de higos secos que hice con
un muchacho de mi escuela, quien á pe
sa de no habe hecho sino aspasa el
lími e de su segundo lus o, e a ya maes
o en aga se el humo y en de ol e lo
po las en anillas de las na ices. Aque
lla gimnasia espi a o ia p oducía en mí
un en usiasmo loco. Llega á mi casa,
ence a me en el único si io edado á la
inspección ma e na, y encende mi pi i
llo con un ós o o de ca ón, pues el
chasquido del de ce illa hubie a podido
ende me, ob a uéde un b e e ins an e.
Chupé, ab í la boca pa a aspi a aque
lla nube de humo y... yo c eeí que me
ahogaba; la ue za de la os hinchaba las
enas de mi en e, las lág imas ho me
dejaban e , y un sabo ac e y nausea
bundo se apode ó de mi palada y de
mi lengua, que yo ascaba con mis uñas
como á caballo con almohaza. Insis í,
sin emba go; y no ob u e esul ado más
sa is ac o io. A la e ce a en a i a ya
las go as de sudo p oducidas po el ma
eo me obliga on á sali de mi mad i
gue a en demanda de auxilio. Mi mad e,
al e me pálido y descompues o, se puso
como odas las mad es cuando se asus
an; pe o así que olido me hubo y con
i mado sus sospechas con una e is a de
inspección al ea o de mi hazaña, don
de aún se eían lo a algunos enues
apo cillos, desnudóme on el doble ob
je o de me e me en la cama y p opina 
me á ca ne limpia una ación de azo es,
que, de buena gana hubie a yo cambia
do po la de mis higos secos. Po su
pues o, que me quedé sin cena y que
al o o día aún andaba yo haciendo eses
po el cua o.
TXT A O
2
—¿A e ?—exclamamos noso os ino
cen emen e.
Sus mejillas se mez de un ubo son
osado, y, ingiendo no habe oido, da
un sesgo á la con e sación.
Po la noche nos encon amos en un
baile.
—Mi en us edes la he ida—nos dice
ingenuamen e le an ando uno de los es
labones de b illan es de su colla .—Y
en onces nos ape cibimos de que desde
el a añazo has a el esco e queda aún más
dis ancia que la que media en e el u
bo de la mañana y el «sans acons» de
la noche, y nos con encemos de que
una seño a que obse a las leyes del pu
do es ic amen e con el más ín imo dp
sus amigos, au o iza, po la sola azón
de la cos umb e, á deci al que la e po
ez p ime a en un baile:
—¿Fulani a? Sí; la conozco á medias.
Po que lo no able es que an con en
cida es aba de p ocede bien eca ándose
en ¡a isi a, como exhibiéndose en el sa
lón, pues en uno y o o caso imi aba lo
que había is o, y así se ponía el ubo
= 12 =

Y se qui aba aje, sin conciencia de lo
que hacía, como aquel a icionado á ha
ce comedias que, debiendo oma pa e
en un d ama, pidió á D. Julián Romea
una a madu a, p o es ando que la cui
da ía mucho y que él mismo se la de ol
e ía al día siguien e de la ep esen a,
ción. Así lo hizo en e ec o, dándole mil
g acias po su amabilidad; pe o Romea,
no pudiendo da se cuen a de lo que ha
bía p esenciado, le dijo:
—¡Homb el Quisie a que me explica a
us ed una duda con que lucho.
—¿Cuál?
—Yo es u e anoche en el ea i o
donde se ejecu ó el d ama en cues ión.
—Ya lo sé, y la Sociedad le queda á
us ed muy econocida.
—Bien, insis ió Romea; pe o es que
me quedé has a el inal, y ni le i á us
ed ni á mi a madu a. ¿No omaba us ed
pa e en la ob a?
—Si, seño .
—Pues en onces...
—Di é á us ed... ¿Recue da us ed una
oz que én el ac o segundo dice desde
= a e 1 ^ a c
4
den o: «¡Ale a, ale a!» Pues ése e a
yo.
Allí donde di ijamos la is a encon
a emos al homb e haciendo e'l simio.
Se pone en moda la música clásica y a
mos al ea o del P íncipe Al onso, á
admi a las ma emá icas del con apun
o, gen es que apenas si sabemos en cues
ión de a monía que dos po dos hacen
cua o.
Se nos mue e un pa ien e que nos lega
su o una y, aunque es emos más ale
g es que unas cas añuelas, nos a ima
mos la co espondien e unda en el som
b e o, pa a que ean los demás po su
amaño los g ados que alcanza en nues
o sen imien o el e móme o de la
gasa.
Po que los o os lo hacen, pasamos
epen inamen e de los calzones húsa ,
las le i as has a los bo illos y el somb e
o de anchas alas y copa cónica, al pan
alón colán ó «collan », que ambién lo
sé esc ibi en ancés, las casaquillas
has a donde el espinazo pie de su nom
b e y las lne isas con un dedi o de bo 
de y ema e de abuco.
En in, si á hace deducciones ue a,
se ía el cuen o de nunca acaba , y p e
ie o e mina con uno que si a de sín
esis á lo expues o.
Dícese que un lab ado ico, pe o ig
no an e de las usanzas del g an mundo,
ué elegido dipu ado. Llegó al Cong e
so, y como obse ase que odos sus co
legas lle aban guan es y que la ínayo ía
(no hablo de la que se sien an de ás del
banco minis e ial sino de la numé ica)
enían uno en la mano con el que ju
gue eaban mien as discu ían, salió p e
cipi adamen e del cue po legisla i o, y
en el p ime almacén que halló al paso
en ó pidiendo gua es. Calzóle un pa
la guan e a, y, como iese pin ada la
ex iañeza en el semblan e de nues o
hé oe, le p egun ó:
—Se le o ece á us ed algo más.
—Cla o es á—dijo el in e pelado;—
espe o el o o.
—¿Qué o o?
— ¡Pues oma! El d01 «jugue eo».
FIN