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Biblia y Corán. Abraham abinu, Ibrahim abuna

Pérez Fernández, Miguel

Abstract

El título de este trabajo me lo sugirió la Prof. Concepción Castillo para la lección inaugural en el Dpto. de Estudios Semíticos de la Universidad de Granada. Yo le puse el subtítulo, buscando lo que más nos puede unir a los hombres del libro: “Nuestro padre Abraham” decimos —mejor, confesamos— judíos, cristianos y musulmanes.

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MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 BIBLIA Y CORÁN ABRAHAM ABINU, IBRAHIM ABUNA* Bible and Coran: Abraham Abinu, Ibrahim Abuna MIGUEL PÉREZ FERNÁNDEZ Universidad de Granada BIBLID [0544-408X (2003) 52; 97-118] Resumen: El artículo estudia paralelamente las tradiciones de Abraham y su padre, Abraham en Ur, Abraham e Ismael, y Abraham e Isaac en la literatura sagrada de las tres religiones, para concluir con unas consideraciones de interés ecuménico. Abstract: This paper studies the Abrahamic Traditions in the sacred books of the Jews, Christians and Muslims. Its conclusion is very interesting for an oecumenic approach. Palabras clave: Judaísmo. Cristianismo. Islam. Abraham. Keywords: Judaism. Christianity. Islam. Abraham. I. El trasfondo teológico Esta lección, que podría subtitularse aún “Historia de las tradiciones”, tiene un trasfondo teológico y un marco literario a los que voy a hacer rápida referencia. Según la historia/leyenda/saga del Génesis Abram es un patriarca de un clan arameo, a quien Dios sacó de su tierra, Ur de los Caldeos, para llevarlo a Canaán. Dios le hace una promesa doble: una descendencia numerosa (Gn 15,5) y la posesión o propiedad de la tierra (Gn 15,7.18). Pero Abram no tenía hijos de su mujer Sara y engendró un hijo de la sierva egipcia Agar, a quien puso por nombre Ismael (“Dios escucha”). Ismael parece, pues, ser el hijo de la “promesa”. Pero después engendra de su mujer Sara a Isaac (“Dios ríe o ¿hace reír?”, Cf. Gn 16 y 21), y Dios ratifica que éste es el hijo heredero de la promesa (Gn 17,21; cf. 1 Cr 16,16). El mismo Dios cambia el nombre de Abram por el de Abra- * El título de este trabajo me lo sugirió la Prof. Concepción Castillo para la lección inaugural en el Dpto. de Estudios Semíticos de la Universidad de Granada. Yo le puse el subtítulo, buscando lo que más nos puede unir a los hombres del libro: “Nuestro padre Abraham” decimos —mejor, confesamos— judíos, cristianos y musulmanes. MIGUEL PÉREZ FERNÁNDEZ MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 98 ham, porque será “padre de muchos pueblos” (Gn 17,5). La Biblia judía contempla a Isaac como el legítimo heredero, de quien procede Israel. La Biblia cristiana entiende a Isaac como un prototipo de Jesús de Nazaret y hace de los de Cristo el “verdadero Israel” (como la descendencia, es alegorizada también la promesa de la tierra). El Islam entiende que el primogénito heredero de las promesas es Ismael, que la herencia de Isaac es una deformación de las Escrituras hecha por los judíos1. Para mostrar el trasfondo teológico podemos hacer un collage con textos bíblicos y del Corán, montando una escena donde diversos actores exponen su posición: El Salmista dice: —Vosotros, descendencia de Abraham su siervo, hijos de Jacob sus escogidos (Sal 105,6). Isaías canta: — Tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham, mi amigo (Is 41,8; Cf. Is 51,2; 63,16). Juan Bautista decía: —No se os ocurra pensar: «tenemos por padre a Abraham», pues os digo que poder tiene Dios para suscitar de estas piedras hijos de Abraham. (Cf. Mt 3,9; Lc 3,8). Cuando Jesús vio la fe del centurión dijo: —Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, mientras los hijos del Reino serán echados a la oscuridad de afuera.( Cf. Mt 8,11-12, Lc 3,16.28) Jesús le dijo [a Zaqueo]: —Hoy ha venido la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham (Lc 19,9). Jesús dijo a los judíos: —Si vosotros permanecéis en mi doctrina, seréis verdaderamente discípulos míos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Le respondieron: —Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie, ¿cómo dices tú: «seréis libres»? Jesús les respondió: 2. Cf. la monografía de Kart-Josef Kushel, 1996. ABRAHAM ABINU, IBRAHIM ABUNA MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 99 —Sé que sois descendientes de Abraham, pero intentáis matarme porque mi palabra no penetra en vosotros. Hablo de lo que he visto junto al Padre, mientras que vosotros hacéis lo que oísteis a vuestro padre. Le respondieron así: —Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: —Si fuerais hijos de Abraham, haríais las obras de Abraham; en cambio ahora intentáis matarme porque os he dicho la verdad que oí a Dios. Eso no lo hizo Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Le dijeron: —Nosotros no hemos nacido de fornicación; tenemos un sola padre: Dios. Jesús les dijo: —Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Los judíos le respondieron así: —¿No decimos bien nosotros que tú eres samaritano y estás poseído del demonio? Jesús respondió: —Yo no tengo un demonio, sino que honro a mi Padre. De verdad os digo: si uno guarda mi doctrina, no verá la muerte jamás. Dijeron los judíos: —Ahora hemos conocido que tienes un demonio. Abraham murió y los profetas, ¿y tú dices: si uno guarda mi doctrina no probará la muerte jamás? ¿Eres más que nuestro padre Abraham que murió? Y los profetas murieron. ¿Quién te consideras? Jesús respondió: —Abraham, vuestro padre, se regocijó por ver mi día; lo vio y se alegró. Los judíos le dijeron: —Todavía no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: —De verdad os aseguro, antes de existir Abraham, yo soy.(Cf. Jn 8,31-59) MIGUEL PÉREZ FERNÁNDEZ MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 100 Pablo dice a los Romanos: —La promesa está hecha a toda la descendencia de Abraham, a la de la Ley y a la de la fe. Abraham es el padre de todos.(Cf. Rom 4,16.) Pero no todos los descendientes de Abraham son hijos suyos.(Cf. Rom 9,7) Los que tienen fe, ésos son los hijos de Abraham.(Cf. Gal 3,7) Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente sois descendientes de Abraham y herederos según la promesa. Interviene Muhammad: —Gente de la Escritura! ¿Por qué disputáis de Abraham, siendo así que la Torah y el Evangelio no fueron revelados sino después de él? ¿Es que no le entendéis? (C 3,65) Abraham no era ni judío ni cristiano, sino hanif, sometido a Dios, no asociador.( C 3,67, cf. C 2,135) Puesto que Abraham es el padre de judíos, cristianos y musulmanes, el conflicto entre ellos tiene los tintes apasionados de una disputa de familia: ¿quiénes son los verdaderos hijos de Abraham?2 En las tradiciones de las tres religiones se percibe nítidamente la pretensión a monopolizar exclusivamente la figura de Abraham: en el judaísmo se da una judaización de Abraham; en el cristianismo, una cristianización de Abraham; en el Islam, una islamización de Abraham. Pero Abraham no es judío ni cristiano — como dice Muhammad— ni siquiera musulmán, añadimos nosotros. En la literatura judía extrabíblica (apócrifos, Targum, Misnah, Talmud y midrasim) Abraham pasa a ser el prototipo del rabbí, el arquetipo del “hombre halákico”: conoció la Torah y la halakah antes que Moisés y la cumplió modélicamente. Paralelamente en la literatura cristiana Abraham pasa a ser un testigo de Cristo. Lo mismo ocurre con el Islam, en el que Abraham es musulmanizado y se convierte no sólo en el musulmán ejemplar sino también en el testigo que legitima al profeta. En definitiva ésta es la posición de las tres religiones: las tres se dicen anteriores a sus fundadores (Moisés, Jesús y Mahoma), las tres reclaman a Abraham, el hombre de Ur, como el Ur-judío, el Ur-cristiano y el Ur-musulmán, lo reclaman en exclusiva como el perfecto judío o el perfecto cristiano o el perfecto musulmán. II. El marco literario El marco literario se refiere a las diferencias entre el Corán y las Biblias judía y cristiana. ABRAHAM ABINU, IBRAHIM ABUNA MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 101 La Biblia hebrea es literariamente una composición complejísima formada por acumulación a lo largo de cientos de años y donde la variedad de géneros, autores y escenarios la convierten en una antología maravillosa de mitología, historia, narrativa, poesía, épica, lírica, oráculos y sabiduría. La Biblia cristiana ha añadido algunos textos judíos deuterocanónicos y, sobre todo, el llamado Nuevo Testamento donde sobresale el género evangelio, la buena nueva de Jesús de Nazaret ofrecida en narraciones breves catequéticas y en logia sapienciales y proféticos; el género epistolar y las escenas apocalípticas son parte también del NT . (Cf. Pérez Fernández – Trebolle, 2004: Unidad 8: “Historia literaria del canon”).. El Corán es obra muy distinta: una colección de dichos divinos de los que Muhammad es transmisor; unas veces Dios habla (pl. “Decimos”), otras veces es un imperativo al Profeta: (“Dí”, “Escribe”). Predominan los logia del tipo lema o máxima; hay declaraciones al modo de los adivinos, pasajes aseverativos en forma de juramentos, escenas dramáticas y narrativas desarrolladas (especialmente las de carácter bíblico), símiles, parábolas y metáforas3. El escenario geográfico e histórico es reducido, y, prescindiendo de las posibles recuperaciones y algún añadido, debe limitarse a la época y ámbito del Profeta4. Dadas las diferencias entre la Biblia (judía y cristiana) y el Corán, no es procedente una comparación literaria. Pero cada obra ha ido suponiendo las anteriores, aceptándolas y completándolas o cumplimentándolas (llevándolas a cumplimiento). Leemos en C 3,84: “Creemos en Dios y en lo que se nos ha revelado, en lo que se ha revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus, en lo que Moisés, Jesús y los profetas han recibido de su Señor. No hacemos distinción entre ninguno de ellos y nos 3. R. Bell – W.M. Watt, 1987: 80-97; E. González Ferrín, 2002: 150-155. “No es este libro sagrado un texto sistemático en el sentido teológico del término, ni un libro de clara estructura narrativa. Consiste básicamente en actitudes y declaraciones que sirven de determinantes básicos en el pensamiento religioso de los musulmanes” ( p. 101). 4. Sobre la importancia y esplendor de la poesía en la Arabia preislámica, cf. E. González Ferrín, 2002: 54-70. “Y es imprescindible contar con toda esa circunstancia poética preislámica para comprender en primer lugar cómo un hombre, Mahoma, advirtió ese valor de la palabra en el desierto en que vivía y para, en segundo lugar, atisbar la calidad de esa palabra descendida a la que sirvió de cauce: si un pueblo acostumbrado a estas cimas poéticas se sorprendió de la inimitabilidad de la palabra de Dios en el Corán, podemos aprender a valorarla aunque no conozcamos el árabe” (p. 57). MIGUEL PÉREZ FERNÁNDEZ MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 102 sometemos a Él” (cf. C 2,136; 4,163; 29,46; 87,18-19)5. Por ello es posible y necesario el estudio teológico: la legitimidad y oportunidad de las sucesivas relecturas desde la inicial judía hasta la final coránica. Glez. Ferrín (2002, 93) cita C 2,136 para afirmar que en el Corán la Ecritura divina no es estática sino dinámica, no se ha revelado del todo, sino que Dios ha ido seleccionando el material a través de Abraham, Ismael, Isaac, Jacob, Moisés, Jesús, hasta llegar a Mahoma, “el sello de los profetas” (C 33,40). III. Tradiciones de Abraham Habida cuenta de este marco literario y del trasfondo teológico abordamos la figura de Abraham en las tres religiones. III.1 Abraham y su padre Téraj a) La Biblia dice escuetamente, en lista genealógica tan del gusto sacerdotal (Gn 11,10-32), que Abraham es descendiente de Sem, de la octava generación después del diluvio, hijo de Téraj; que Abraham casó con Saray que era estéril, y que Téraj tomó a Abraham y a Saray y a su nieto Lot y salió de Ur de los caldeos hacia Canaán; llegaron a Jarán y allí murió Téraj. Jarán se encuentra todavía en el alto Éufrates. En Gn 12 empieza propiamente la historia narrada de Abraham. En Jarán oyó el famoso imperativo: “Sal de tu tierra, de la casa de tu padre” (Gn 12,1). En Jos 24,3 ya se afirma en palabras de Josué: “Al otro lado del río Éufrates vivieron antaño vuestros padres, Téraj, padre de Abraham y de Najor, sirviendo a otros dioses”. No sabemos más del padre de Abraham. 5. Esta aceptación de las Escrituras judías y cristianas supone la aceptación en un principio de judíos y cristianos, actitud que fue matizándose y cambiando, según parece. Cf. Bell-Watt, 1987: 152-154. Glez Ferrín (2002: 54) escribe: “Habiéndose presentado el islam como religión bíblica en primera instancia y ser rechazado por judíos y cristianos, habría pasado a mostrarse como reformador de ambas y, finalmente, tabla de salvación universal”. A la acusación a judíos y cristianos de haber alterado las Escrituras (C 2,7579.146; 5,15; 6,91) se une la del incumplimiento (C 62,5: “Aquellos a quienes se había confiado la Torah pero no la observaron son semejantes a un asno que lleva libros. ¡Qué mal ejemplo de la gente que desmiente los signos de Dios! Dios no dirige al pueblo impío”), la no aceptación del Enviado (C 5,12-19) y cambios significativos como la dirección de la oración, no a Jerusalén sino a la Caaba (2,142-150). No basta, pues, ser judío o cristiano (C 2,135). ABRAHAM ABINU, IBRAHIM ABUNA MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 103 b) En el NT Abraham entra en la genealogía de Jesús de forma destacada: En Mat 1,1 Jesús es presentado como “hijo de David, hijo de Abraham”; la genealogía ascendente de Jesús en Lc 3,23-38 llega a “hijo de Adán, hijo de Dios” pasando por “hijo de Abraham, hijo de Téraj, hijo de Najor”. Pero en ningún momento aparece una identificación más precisa de Téraj ni de la vida de Abraham antes de la llamada. c) El judaísmo extrabíblico sí está lleno de detalles biográficos sobre el padre de Abraham y la vida de éste antes de la llamada divina. Téraj se entrega a las prácticas idolátricas (Jub 11-12)6 y confiesa a su hijo que calla la verdad de los ídolos por miedo a que lo maten, y por ello dice a su hijo que calle también (Jub 12,1-8). Estas leyendas sobre las relaciones entre Abraham, Téraj y los ídolos se encuentran ampliamente desarrolladas en la literatura rabínica: GnR 38,137. d) El Corán tiene referencias a estas leyendas8: C 19,41-50; 21,51-73; 37,83-96. Puede apreciarse el paralelismo literario entre la escena coránica y la de Jubileos: Jub 12,1-8 Corán 19,41-48 En el sexto septenario, en su séptimo año, dijo Abrán a Tare: —Padre. Éste respondió: —Heme aquí, hijo mío. Prosiguió Abrán: —¿Qué auxilio y utilidad nos reportan estos ídolos que adoras y 41) Y recuerda en la Escritura a Abrahan. Fue veraz, profeta. 42) Cuando dijo a su padre: “¡Padre! ¿Por qué sirves lo no oye, ni ve ni te sirve de nada? 43) ¡Padre! He recibido una ciencia que tú no has recibido. ¡Sígueme, pues, que yo te dirigiré por una 6. El Libro de los Jubileos procede en sus partes más antiguas del s.III a.C.; su terminus ad quem es la mitad del s. II a.C. Se ha conservado íntegro en etiópico; su lengua original es probablemente hebreo. Existen fragmentos en griego, latín y siríaco. Entre los manuscritos del Mar Muerto se han encontrado 14 fragmentos hebreos de varias copias del libro. Se considera protoesenio, una de las fuentes de los sectáreos de Qumrán. 7. Cf. D. Sidersky, 1933: 38-39. 8. En C 6,74 el padre de Abraham es conocido por Azar. Este nombre no bíblico sugiere que las tradiciones de Abraham vienen a través comunidades que ya no están en contacto con la Biblia; posiblemente, comunidades árabes. MIGUEL PÉREZ FERNÁNDEZ MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 104 ante los que te prosternas? No tienen espíritu, ya que son mudez y extravío de la mente. No los adores. Adora al Dios del Cielo que hace bajar el rocío y la lluvia sobre la tierra. Él hace todo en ella, ha creado todo con su voz, y de él procede toda vida. ¿Por qué adoráis a quienes carecen de espíritu y son obra de manos? ¡Los lleváis sobre vuestros hombros, sin que os proporcionen más ayuda que la gran pérdida de los que los hacen y el extravío de las mentes de los que los adoran! No los adoréis. Respondió su padre: —Yo también lo sé, hijo mío; pero ¿qué puedo hacer con este pueblo que me ordena servirlos? Si les digo la verdad, me matarán, pues sus espíritus están apegados a su adoración y alabanza. Cállate, hijo mío, no sea que te maten. Abrán dijo lo mismo a sus hermanos, que se enojaron con él; y se calló. vía llana! 44) ¡Padre! ¡No sirvas al demonio! El demonio se rebeló contra el Compasivo. 45) ¡Padre! Temo que te alcance un castigo del Compasivo y que te hagas, así, amigo del demonio” 46) Dijo [el padre]: “¡Abraham! ¿Sientes aversión a mis dioses? Si no paras, he de lapidarte. ¡Aléjate de mí por algún tiempo!” 47) Dijo [Abraham]: “¡Paz sobre ti! Pediré por tu perdón a mi Señor. Ha sido benévolo conmigo. 48) Me aparto de ti y de lo que invocas en lugar de invocar a Dios, e invoco a mi Señor. Quizá tenga suerte invocando a mi Señor”. III. 2 Salida de Ur / Liberación del fuego a) En la Biblia hebrea. Abraham “salió de Ur de los Caldeos en dirección a Canaán” (Gn 11,31); el mismo Dios se identifica ante Abraham diciendo: “Yo soy Yhwh que te saqué de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra” (Gn 15,7). Abraham es conocido como “El hombre Ur” (el Ur-Mensch en un conocido juego de palabras de la literatura alemana). b) En el judaísmo. Este dato ha dado lugar al midrás que podemos llamar “Abraham liberado del fuego”, que se basa en leer las consonantes de Ur como Or (“luz”, “fuego”). La leyenda está ya en la traducción del targum ABRAHAM ABINU, IBRAHIM ABUNA MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 105 palestinense: “Y tomó Térah a su hijo Abram y a su nieto Lot, y a su nuera Saray, mujer de Abram, su hijo, y partieron juntos desde el horno de fuego de los caldeos para ir a la tierra de Canaán, y llegaron hasta Harán y habitaron allí” (TgN Gn 11,31; también TgPsJ). Ampliamente desarrollada se encuentra en el Targum PseuudoJonatán a Gn 11,28: “Y sucedió que, cuando Nimrod arrojó a Abram al horno de fuego porque no daba culto a sus ídolos, el fuego no tuvo autorización para quemarlo. Así pues, se dividió el corazón de Harán diciendo: Si vence Nimrod, estaré de su parte, y si vence Abram, estaré de su parte. Cuando todo el pueblo que estaba allí vio que el fuego no había tenido poder sobre Abram, dijo en su corazón: ¿No está Harán, hermano de Abram, lleno de adivinaciones y encantamientos? Él, pues, ha usado un ensalmo sobre el fuego para que no quemara a su hermano. En el acto cayó fuego de lo alto y lo consumió, y murió Harán a la vista de su padre Térah cuando fue quemado en el país de su nacimiento, en el horno de fuego que hicieron los caldeos para su hermano Abram”. La leyenda es conocida en Liber Antiquitatum Biblicarum (=LAB)9 6,18 y 32,1; Jub 12,14 parece suponerla; la literatura rabínica la hace suya: Pes 118ab; también reaparece en PRE: “Desde el día en que los cielos y la tierra fueron creados ningún hombre se había salvado del horno de fuego, hasta que vino nuestro padre Abraham y se salvó ... pues está dicho: ‘Yo soy Yhwh, que te saqué de Ur de los caldeos” (Gn 15,7)” (Pirqé de-Rabbi Eliezer 52,1; cf. 26,1). Is 29,22 afirma que Dios “rescató (padah) a Abraham”, donde algunos ven una referencia a la liberación del fuego. Estamos, pues, ante una tradición muy antigua que no ha dejado de acompañar al texto bíblico. c) En el Corán. De las tradiciones parabíblicas llegó el conocimiento a Muhammad. En la sura 21 se cuenta cómo Abraham destruyó los ídolos de su padre y del pueblo. La consecuencia de esa escena, llena de violencia y humor, es que los idólatras dicen: “¡Quemadlo y auxiliad así a vuestros dioses, si es que os lo habéis propuesto … ¡”. A lo que Dios responde: “¡Fuego! ¡Sé frío para Abraham y no le dañes!” (…) “Les salvamos a él y a Lot, llevándolos a la tierra que Nosotros habíamos bendecido para todo el mundo” (C 21,68-71). En una escena paralela de la sura 37 leemos: 9. Las Antigüedades Bíblicas o PseudoFilón se ha conservado sólo en traducción latina de un texto griego perdido. Pero la obra original debió ser en lengua hebrea. Suele datarse en torno al 70 d.C. MIGUEL PÉREZ FERNÁNDEZ MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 112 gún GnR 56,1 cuando Abraham “levantó sus ojos” (Gn 22,4) para ir al monte Moria tuvo la visión de la resurrección15. El sacrificio de Isaac pasó a ser en la liturgia judía el prototipo de todos los sacrificios: Según Jub 17,15-16 el sacrificio de Isaac ocurrió durante la fiesta de Pascua; Mek a Ex 12,12 interpreta así la sangre de la pascua: “«Y veré la sangre» (Ex 12,13): Veo la sangre del sacrificio de Isaac …”; el poema de las cuatro noches en el Targum Palestinense a Ex 12,42 muestra la conexión de la fiesta de pascua con el sacrificio de Abraham (Le Déaut, 1963). Sobre la conexión con el sacrificio diario de mañana y tarde en el templo, cf. LevR 2,11 a Lv 1,5.11 (Manns, 1995a). c) En la tradición cristiana la figura de Isaac es leída tipológicamente como el anuncio de Jesús, la descendencia prometida a Abraham, el hijo único, el muy querido, el cordero de Dios, sacrificado también. Las resonancias a la figura de Isaac son insistentes. Dos desarrollos que ya hemos visto del sacrificio de Isaac los perseguimos también en el NT: El evangelio de Juan es el más alegórico de todos; todos los detalles son significativos; cabe decir que Juan no da puntada sin hilo. Por eso los comentaristas (Manns, 1995b: 99-100) han señalado la alusión a la ‘Aqedah en Jn 18: Jesús a lo largo de su proceso es llevado siempre atado: “La cohorte, el tribuno y los alguaciles prendieron a Jesús y lo ataron” (v. 12), “Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote” (v. 24)16. Otro detalle significativo de Juan es que omite que la cruz de Jesús fue llevada por Simón de Cirene (Mt 27,32; Mc 15,21; Lc 23,26); Jn 19,17 dice que “Jesús salió llevando por sí mismo a cuestas su cruz”, representando la dolorosa marcha de Isaac17: “Abraham tomó la leña del holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac” (Gn 22,6). La voluntariedad y libertad de Isaac es también subrayada en Jesús por Juan: “Mi Padre me ama por esto, porque yo doy mi vida para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy por mi cuenta. Tengo poder para darla y tengo poder para recobrarla de nuevo. Este mandato recibí de mi Padre” (Jn 10,17-18); los ecos de la libre entrega de Isaac y de su recuperación de la vida tras la muerte son 15 En 4 Mac Isaac es ya el protomártir, modelo de los que darán su vida por la Santificación del Nombre. 16. Es interesante notar que la iconografía del “Jesús atado a la columna” y del “Ecce Homo” atado representa la ‘aqedah, aunque los artistas tiempo ha dejaran de ser conscientes de ello. 17. Sorprendentemente en el comentario de R.E. Brown no hay ninguna referencia a la ‘Aqedah. ABRAHAM ABINU, IBRAHIM ABUNA MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 113 evidentes. Que la resurrección de Jesús fue anunciada por Isaac se dice explícitamente en Heb 11,17-19: “Por la fe Abraham, puesto a prueba, ofreció a Isaac, y estaba ya ofreciendo al hijo único, el que había recibido las promesas, a quien se había dicho «Por Isaac darás nombre a tu descendencia» (Rom 9,7), pensando que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos; de ahí que lo recobró también con valor de símbolo”. d) El relato coránico del sacrificio de Abraham se encuentra en C 37,100111 (Sidersky, 1933: 48-49). Es bastante más conciso, pero no menos expresivo. Hay dos diferencias fundamentales con referencia al texto del Génesis: a) el mandato de Dios se tiene en un sueño, b) el relato habla sólo de “un niño benigno” sin determinar a quién se refiere: “(101) Entonces le dimos la buena nueva de un niño benigno. (102) Y cuando tuvo bastante edad como para ir con su padre dijo: «Hijito, he soñado que te inmolaba. Mira qué te parece». Dijo: «Padre, haz lo que se te ha ordenado. Encontrarás, si Dios quiere, que soy de los pacientes». (103) Cuando ya se habían sometido los dos y Abraham le había puesto contra el suelo, (104) le llamamos: «¡Abraham!, (105) has realizado el sueño. Así es como compensamos a quienes obran bien». (106) Sí, ésta era la prueba manifiesta. (107) Le redimimos mediante un espléndido sacrificio (108) y perpetuamos su recuerdo en la posteridad. (109) ¡Paz sobre Abraham! (110) Así es como recompensamos a quienes obran bien”. Las posteriores tradiciones musulmanas acabaron por identificar el hijo con Ismael. Lo fundamental en el relato es el acento en la sumisión del sacrificador y el sacrificado, y el recuerdo para la posteridad en el sacrificio espléndido que queda instituido. IV. Apropiaciones de Abraham IV.1 La rabinización de Abraham La rabinización de Abraham se muestra en la figura que los midrasim ofrecen como fiel cumplidor de la Torah de Moisés, la escrita y la oral. Es ejemplo de la observancia de las fiestas y sacrificios (GnR 42; 44), fiel en el pago de los diezmos (NmR 12; PRE 27,3), cumplidor del precepto de MIGUEL PÉREZ FERNÁNDEZ MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 114 los flecos y las filacterias (MHG 14,23). Expresamente la Misnah interpreta Gn 24,1 y 26,5: “Encontramos que Abraham cumplía toda la Torah antes de que hubiera sido promulgada” (Qid 4,14). La circuncisión de Abraham es vista en la Misnah como el colofón que culmina el cumplimiento de todos los preceptos: “Rabbí decía: Maravillosa es la circuncisión, ya que nuestro padre Abraham, a pesar de que cumplió todos los preceptos, no fue llamado perfecto hasta que no se circuncidó, según está escrito: «Camina delante de mí y sé perfecto» (Gn 17,1)” (Ned 3,11). Abraham pertenece, con la Torah, los Cielos y la Tierra, Israel y el Templo, a las especiales adquisiciones (qinyanim)18 de Dios: Abot 6,10. IV. 2 La cristianización de Abraham La lectura cristológica de las Escrituras es típica cristiana. Todo el texto y las realidades —historia y personajes— del AT son tipo, prefiguración, anuncio o metáfora del Cristo que había de venir y ya ha llegado en Jesús de Nazaret. No sorprende, pues, que también Abraham sea convertido en un ¡testigo de Cristo! Jesús, durante la fiesta de los Tabernáculos, se dirige a los judíos diciendo: “«Vuestro padre Abraham disfrutaba esperando ver mi día: lo vio y se alegró». Le replicaron los judíos: «¿No has cumplido cincuenta años y has conocido a Abraham?». Jesús les dijo: «Os lo aseguro, antes de que existiera Abraham, existo yo»” (Jn 8,56-58). La clave de esta interpretación hay que buscarla en Jub 16,20-31, donde se dice que Abraham fue el primero en celebrar la fiesta de los Tabernáculos: “Abraham supo con certeza que de él saldría un vástago de justicia para las generaciones del mundo, y santa semilla que sería como el que todo lo creó. Bendijo a su Creador con alegría, y llamó a esta fiesta, Fiesta del Señor, regocijo aceptable a Dios Altísimo”. El teólogo Pablo, en polémica con el judaísmo, coloca a Abraham como modelo de la fe cristiana. El texto de Gn 15,6, “Abraham creyó a Dios y se le contó como justicia”, es interpretado por Pablo como que la fe es lo que lo justifica y no las obras de la Ley, que aún no había sido dada, ni siquiera la circuncisión que Abraham aún no había recibido; por eso concluye Pablo: “Por tanto, sabed que los que tienen fe, ésos son los hijos de Abraham” (Gal 3,7; cf. Rom 4). En el más puro estilo rabínico Pablo identifica “la descendencia” de Abraham que recibe la promesa divina de la tierra (“a tu descendencia 18. De ellos se dice en la Biblia que Dios los “adquirió” (verbo qnh). ABRAHAM ABINU, IBRAHIM ABUNA MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 115 daré esta tierra”, Gn 12,7) directamente con el Cristo: “Las promesas se le hicieron a Abraham y a su descendencia; no dice «y a las descendencias», como si hablara de muchas, sino como hablando de uno «y a tu descendencia», que es Cristo” (Gal 3,16). IV. 3 La islamización de Abraham También el Islam hace de Abraham el perfecto musulmán, que cumple y es modelo de las obligaciones de todo musulmán. Los cinco pilares (profesión de fe, oración, limosna, ayuno y peregrinación; Bell – Watt, 1987: 157-59; Glez. Ferrín, 2002: 108-11). tienen en Abraham su cumplidor fiel y paradigmático para todos los musulmanes. En la Sura 22,77-78 estos deberes, exceptuando el ayuno, se remontan a Abraham. En la piedad islámica tiene especial importancia el sacrificio ritual, punto culminante de toda peregrinación a la Meca (C 22,26-33), y la fiesta del sacrificio en el día décimo del mes de la peregrinación. El prototipo de estos sacrificios es el sacrificio de Abraham, que los sacrificios posteriores recuerdan y actualizan (C 37,107-108, (Masson, 1958: 48-552), Cf. supra). En el breve texto del Corán se resalta la sumisión de padre e hijo y el recuerdo para la posteridad en un espléndido sacrificio. Esta sumisión define al musulmán. Abraham e Ismael son también testigos del Profeta, el Enviado, cuya aparición piden insistentemente: “Señor, suscita entre ellos a un Enviado de su estirpe que les recite Tus aleyas y les enseñe la Escritura y la Sabiduría y les purifique. Tú eres el Poderoso, el sabio” (C 2,129). La Torah y el Evangelio anuncian al Enviado: “… a quienes sigan al Enviado, el Profeta de los gentiles, a quien ven mencionado en sus textos: en la Torah y en el Evangelio…” (C 7,157). Jesús mismo ha anunciado la venida del Profeta: “Y cuando Jesús, hijo de María, dijo: «Hijos de Israel, Yo soy el que Dios os ha enviado, en confirmación de lo que ya había dicho en la Torah, y como nuncio de un Enviado, que vendrá después de mí, llamado Ahmad19». Pero, cuando vino a ellos con las pruebas claras, dijeron: «Esto es manifiesta magia» (C 61,6)20 19. Ahmad, de la misma raíz que Muhammad, sería aquí no nombre propio sino adjetivo superlativo: “el alabadísimo” (cf. nota de J. Cortés a su traducción). Si en los Evangelios —Jn 14,16.26; 15,26; 16,7— se lee periklytos (“muy ilustre”, “perínclito”) en lugar de MIGUEL PÉREZ FERNÁNDEZ MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 116 V. Conclusiones desde la sensatez El cotejo de textos que hemos ido haciendo es muy sugerente. Pero yo no tengo pretensión de teólogo ni tampoco soy experto en la Ciencia de las Religiones. Pese a todo, no me resisto a dejar este apasionante recorrido sin apuntar algunas convicciones que se me han ido formando. Las hago sólo desde la sensatez, sin pretender la legitimación del rigor teológico o de la experiencia ecuménica. Mi convicción es que estamos ante una disputa de familia. Todos — judíos, árabes y cristianos— somos hijos de Abraham. De esas disputas, tan apasionadas y dolorosas, cualquiera tiene experiencia. Dice la sabiduría popular que sale mal parado quien desde fuera se entromete a mediar. Yo no estoy fuera, sino dentro de esa familia. Y éste es mi único derecho y obligación a hablar. Lo que tengo que decir es lo siguiente: 1. Las familias se rompen porque los hijos no son todos iguales, aunque todos sean igualmente queridos por los padres. Moisés, Jesús y Muhammad han sido hombres extraordinarios. A pesar de lo distintos que son, Abraham estaría —está— orgulloso de ellos: Moisés, tan docto; Jesús, tan bueno; Muhammad, tan valiente. Pero ningún padre, ni siquiera Abraham, puede dictar el camino a sus hijos. Cada uno formó una comunidad con el deseo explícito y convencido de mejorar la herencia paterna y ser más fiel a la voluntad del padre: la imagen de la Iglesia esposa de Cristo es repetida incansablemente en el NT; también Israel es la esposa en imágenes del AT; no sé si la Umma lleva también este título, pero es, en todo caso, paralela a Israel y a la Iglesia. Nosotros somos hijos de esas mujeres y nietos de Abraham. 2. Continuando con esta imagen familiar, es obvio que los conflictos tenían que venir. Por las esposas —las cuñadas— ha entrado sangre nueva en la familia. Esto es un enriquecimiento, cualquiera lo ve desde fuera. Pero los celos se han adueñado de nosotros y se ha producido el desconociparakletos (“defensor, consolador”), puede entenderse que el anuncio del Espíritu Santo era, en realidad, el anuncio del Enviado. 20. Cf. C 5,110, aleya basada en relatos apócrifos del NT así como en las acusaciones de magia del Talmud realizadas por los judíos a Jesús. En algunos relatos talmúdicos Jesús aparece como un bastardo (mamzer, hijo de una unión ilegítima), hereje que practica la magia y el culto idólatra, que trae la brujería de Egipto, en cuyo nombre algunos pretenden curar, que pretende caminar sobre las aguas y el mar se lo traga, etc. ABRAHAM ABINU, IBRAHIM ABUNA MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 117 miento mutuo. ¡Cuánto ganaríamos simplemente si nos conociéramos y nos reconociéramos como familia! No se trata de que nadie renuncie a su esposa o a su madre. Desde el respeto y el aprecio familiar, simplemente con nuestro trato aprendemos, nos corregimos y enseñamos. Vista la historia de la revelación, ¿cómo podemos anular el pacto bíblico de Moisés o la nueva alianza de Jesús o las bendiciones de Ismael? “¿Quién conoce los caminos de Dios?” es slogan repetido en las tres religiones. ¿No nos dice también el Corán: “Si fuera el mar tinta para las palabras de mi Señor, se agotaría el mar antes de que se agotaran las palabras de mi Señor, aún si le añadiéramos otro mar de tinta” (C 18,109)? Y también: “Si se hicieran cálamos de los árboles de la tierra, y se añadieran al mar, luego de él, otros siete mares más, no se agotarían las palabras de Dios. Dios es poderoso, sabio” (C 31,27). Algo similar dice San Juan para concluir su evangelio: “Hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, que si se escribieran una por una, creo que ni el mundo entero tendría sitio para los libros que habrían de escribirse” (Jn 21,25). Dejemos que Dios nos lleve por los caminos que nos quedan por descubrir. 3. Abraham es conocido en las tres religiones como el amigo de Dios (’ohabí, filós, jalil): Is 41,8; 2Cr 20,7; Sant 2,23; C 4,125. No es sólo el confesor del Dios único, sino el amigo. Mientras esa cualidad del abuelo la hayamos heredado los nietos podremos reconocernos sin celos ni fanatismos. 4. Según la historia bíblica, todo empezó por un juego de niños que una madre celosa no pudo soportar. En Gn 21 se dice que Sara vio que Ismael, el hijo de la egipcia, jugaba con su hijo Isaac, y entonces dijo a Abraham: “Expulsa a esa esclava y a su hijo, porque el hijo de esa esclava no debe heredar como mi hijo Isaac” (Gn 21,9-10). La escena se entiende muy bien, porque de niños la hemos vivido. A todos nos han dicho alguna vez: “no juegues con ese niño”, porque es gitano o rojo o facha o morico o judío o de mala familia21 (los españoles tenemos muy interiorizado lo del honor y la pureza de sangre). ¿Cómo Sara iba a dejar que su hijo jugara con el hijo de una esclava egipcia? Pero los niños con sus juegos rompen barreras, no saben de status sociales ni de diferencias de dinero o de reli21. Cf. magnífico comentario de L. Alonso Schökel, ¿Dónde está tu hermano? Textos de fraternidad en el libro del Génesis. Valencia, 1985, 87-96. MIGUEL PÉREZ FERNÁNDEZ MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 97-118 118 gión; los mayores sí ven los riesgos de saltar esas barreras. Mi propuesta —sé que ingenua pero estoy convencido de que sensata— es que lo que todo comenzó con un juego se solucione simplemente volviendo a jugar: a alternar, a conocerse, a casarse, a comerciar y a los mil intercambios que nos pide la vida. Y una petición para las madres celosas y superprotectoras —los dirigentes de nuestras tres religiones: rabinos, clérigos e imanes—: simplemente que nos dejen jugar. BIBLIOGRAFÍA ALONSO SCHÖKEL, L., 1985: ¿Dónde está tu hermano? Textos de fraternidad en el libro del Génesis. Valencia. BELL, R. – W.M. WATT, 1987: Introducción al Corán. Madrid. 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