Carta pastoral que el Excmo. é llmo. Sr. Arzobispo de Granada, dirige á sus diocesanos con motivo del jubileo del año santo de 1875
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* © R A B IA B A DIRIGE Á SUS DIOCESANOS CON MOTIVO s DEL jÍÜBILEO DEL JK Ñ O |3 A N T O GRANADA. Inip. y librería de i). Jerónimo Alonso, callp del Colegio (¡alalino, n.° 1.° ■ v V - 2 2 A G CS. 9 5
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NOS EL DR. D. BIENVENIDO MONZON MARTIN Y PUENTE, POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA ARZOBISPO DE GRANADA, PRELADO DOMESTICO DE SU SANTIDAD ASISTENTE AL SACRO SOLIO PONTIFICIO , CABALLERO GRAN CHUZ DE LA INSIGNE Y REAL ORDEN AMERICANA DE ISABEL LA CATÓ LICA, MISIONERO APOSTÓLICO, ACADÉMICO DE NÚMERO DE LA CATÓ LICA DE ROMA, PREDICADOR DE S. M. Y DE SU CONSEJO ETC. ETC. Al venerable Dean y Cabildo de nuestra Sla. Iglesia Metropolitana, á nuestro respetable Clero, á nuestras amadas hijas las R eligiosas y á todo el pueblo fiel de nuestro Arzobispado, salu d . paz y bendición en N. S. J. C. Sacerdotes tollant septem buccinas, quarum usus est in Jubúwo.—Josué c. 6. v. 4. Tomen los sacerdotes siete trompetas de las que se usan en el Jubileo. A sí como los antiguos sacerdotes según el orden de Aaron anunciaban al pueblo de Israel el gran Jubileo del año quin cuagésimo instituido por Moisés con el sonido misterioso de las trompetas sagradas que tocaban por sí mismos desde las almenas y adarves del templo de Jerusalen, así hoy el
gran Sacerdote según el orden de Melquisedóch, el Pontífice supremo de la Iglesia verdadera de Jesucristo, el inmortal Pió IX, desde su sacerdotal y real alcázar del Vaticano, y desde la sublime altura de su C áted ra Apostólica ha hecho resonar lá mística trompeta de su au to riza d a palabra, anunciando Urbi et Orbi á su querida ciudad de' Roma y á todo el orbe católico pa ra el presente año de gracia de 1875, el gran Jubileo, el Jubi leo máximo llamado del Año Santo, en los términos que sin duda habréis visto en su Carta Encíclica de 24 de Diciembre de 1874, publicada en el número anterior de nuestro Boletín eclesiástico: y esta voz augusta de Pió IX , salida de sobre la tumba del Apóstol S. Pedro, y repetida fielmente por muchos centenares de Obispos y millares de Sacerdotes, como trompe tas y centinelas de la casa de Dios, resuena á la vez conmove dora y potente en ambos hemisferios, lo mismo en las grandes ciudades y villas populosas, que en las pequeñas aldeas y rús ticas chozas de los campos, dejándose sentir hasta los últimos confines de la tierra, y haciendo vibrar en todos los oidos y en todos los corazones sublimes y tiernos acentos de perdón y de indulgencia, de gracia y de misericordia. En la antigua sinagoga el año del jubileo, según leemos en el sagrado libro del Levítico, cap. 25, era un año santo,_ so lemne y de mucha alegría y regocijo para todos los israelitas; año de propiciación y remisión, año de libertad y de restaura ción para el pueblo de Dios, pues en él volvía cada uno á las suertes y antiguas posesiones de su tribu, familia y parente la; los campos enajenados desde el último jubileo volvían á sus primitivos dueños; los que se habían vendido y entregado por esclavos recobraban su perdida libertad, y las deudas que daban perdonadas y extinguidas. Mas el jubileo de la nueva ley y de la Iglesia católica es tanto mejor y mas excelente que el de la sinagoga, cuanto la realidad y la verdad exceden á las sombras y figuras, y cuantQ-*los bienes espirituales y eter nos sobrepujan á los temporales y terrenos: pues escrito nos ha dejado S. Pablo en su carta á los colosenses, que los bienes de la sinagoga eran sombra de los bienes futuros de la Iglesia, timbra futurornm bonorum; y en su primera carta á los corin tios nos enseña que todas las 'cosas de los israelitas eran tipo y figura de las nuestras: omnia infigura conlingebant illis. Y así sucede en efecto, A. H. N, aun con el mismo jubileo judaico , el cual adquiere en la nueva Ley su mas alta reali dad, perfección y complemento. En el jubileo de la Iglesia ca tólica. como decia del publicado en su tiempo la Santidad de León XII en su Bula Qnod hoc ineunte, de 24 de Mayo de 1824 —130—
—131— «son restablecidas de un modo mas sagrado. en mayor ciimu- «lo de bienes espirituales aquellas cosas que la ley antigua, «mensajera de lo que habia de suceder en la ley nueva, habia «establecido en el pueblo judaico para cada año quincuagósí- «mo. Porque si en aquel año saludable se recobraban los pre- «dios vendidos y cuantos bienes se habían enajenado , ahora «por la infinita liberalidad de Dios, recobramos las virtudes, «los dones y méritos de que nos despojamos pecando. Si en- «tonces cesaban y caducaban los derechos de la esclavitud «corporal, ahora , sacudido el yugo cruelísimo de la domina- «cion diabólica,somos restituidos á la nobilísima libertad de «hijos de Dios, que nos ganó Jesucristo. Si entonces, por últi- «mo, según lo prescrito en la ley, se condonaban á los deudo- «res los créditos pecuniarios y quedaban libres de toda obli- «gacion de pagar, ahora somos absueltos de una deuda mucho «mas grave cual es la de nuestros pecados, y quedamos exen- «tos y libres, por la divina misericordia, de las penas mereci- «das por ellos.» Todo.esto y mucho mas podemos conseguir en el jubileo católico, al que llama nuestro Santísimo Padre en su citada Encyclica «año de saludable expiación, de redención «y de gracia, de remisión y de indulgencia para todo el pue- «blo cristiano , en el cual por la virtud de Cristo Señor nues- «tro se confieren abundantísimamente de una manera espiri- «tual aquellos bienes que la ley antigua, figura y sombra de «lo futuro, conferia al pueblo judaico en cada año qüincuagé- «simo» El jubileo no es otra cosa, A. H. N., que un indulto Pon tificio, por el que se concede á los fieles cristianos que practi can debidamente las obras piadosas que se les señalan , una indulgencia plenísima con privilegios y facultades extraordi narias acerca de la absolución de pecados y censuras reserva das y conmutación de votos. Hay jubileo ordinario y extraor dinario.. El jubileo ordinario, que también se llama romano, es el que tiene período fijo para su celebración y dura un año en tero, que por eso se conoce también con el nombre de Jubileo del Año sanio. El jubileo extraordinario es el que suelen con ceder los Romanos Pontífices fuera del año santo, ó bien á todo el orbe católico al principio de su pontificado , y por ne cesidades extraordinarias de la Iglesia , ó bien á algunos reinos , ciudades é iglesias determinadas por motivos y cir cunstancias especiales. También suelen los Autores añadir á estos jubileos el llamado Compostelano , que es el que se celebra ¿n Santiago de Galicia todos los años en los que cae en Domingo la fiesta de aquel santo Apóstol, como sucede en
gran devocion y recogimiento, y que en cada una de ellas se eleven á Dios fervientes oraciones por la prosperidad y exal tación de la Iglesia católica y de la Santa Sede, por la extir pación de las herejías, por la conversión de todos los que yer ran, por la paz y unión de todo el pueblo cristiano, y por las demás intenciones y piadosos fines de Su Santidad: y por nues tra parte, encargamos á nuestros amados diocesanos que nie guen también al Señor en particular por el remedio de las gra vísimas necesidades espirituales y temporales de esta ciudad y Arzobispado, por la conservación y aumento de fé católica en España y por la paz, salud y prosperidad de nuestra cató lica Monarquía. Y aunque»no se determina en las Letras Apos tólicas cuanto tiempo ha de durar cada visita, ni que clase de oraciones so han de hacer en ella, creemos oportuno advertir que, por mas que sea muy loable el hacer un rato de oracion mental con alguna vocal en cada visita , basta sin embargo la oracion vocal hecha con la debida atención , como resolvió el Sr. Benedicto XIV; y creemos suficiente para ganar el Sto. Ju bileo el rezar una Estación en cada una de las visitas por los piadosos fines de Su Santidad y del Prelado diocesano. 8.il—Usando de la facultad que Nos concede el Santo Pa dre en sus citadas Letras Apostólicas de reducir el número de visitas en favor de las corporaciones que las hagan con la forma y rito de verdadera procesion, lo cual, practicado devotamen te, será sin duda muy del agrado de Dios y Nuestro y de gran de edificación y ejemplo para el pueblo; á los Cabildos, Parro quias, Universidades, Colegios, Cofradías, Hermandades, Aso ciaciones y Congregaciones de eclesiásticos ó de seglares ca nónicamente erigidas que visiten las Iglesias designadas cor porativa y procesionalmente, de los quince dias de visitas señalados por Su Santidad para ganar el Jubileo les dispensa mos diez y se los reducimos á solos cinco continuos ó inter polados ; y en Granada les facultamos además para que puedan visitar la Iglesia de San Antón do las Madres Capuchinas en lugar de la de San Cecilio, si lo creyesen conveniente para el mayor orden, facilidad y brevedad de las procesiones. Adver timos también, fundados en una declaración reciente de la Sa grada Penitenciaría hecha con especial y expresa Autoridad Apostólica, que todos los fieles de uno y otro sexo que se unan é incorporen á estas procesiones, aunque no pertenezcan á la corporacion que las hace, disfrutarán también del privilegio de hacer el Jubileo^en solos cinco dias. Si algunos pueblos de la Vega y Sierra, ú otros, presididos por su propio párroco, ó por —138—
otro Sacerdote deputado por él, préyias las autorizaciones ne cesarias , determinasen venir procesionalmente á visitar las Iglesias designadas en esta capital, como se ha hecho ea otras ocasiones análogas, les concedemos el que puedan ganar el Jubileo en solos tres dias por el mayor sacrificio y trabajo que sin duda ha de costarles. A nuestras amadas hijas las Religiosas y á todas las personas que con ellas esten legítimamente dentro de la clau sura concedemos el que puedan hacer en sus propias Iglesias las visitas necesarias para g'auar el Jubileo en el mismo modo y íorina que se ha dicho en las reglas anteriores, y muy espe cialmente en la sexta. Igual concesion hacemos a las Madres de los tres Beateríos de esta capital y á las educandas y sir vientas que moren dentro de ellos; como asi mismo la hace mos también, por si necesitau o quieren usurla, á las Comuni dades de Hijas de la Caridad y á la de las llermanitas de los pobres con Las alumnas y acogidos de ambos sexos que haya en sus establecimientos respectivos. Los niños ó niñas que no hayan hecho ni puedan hacer todavía su primera comumon. y los pobres que por debilidad, enfermedad, ó por otro cualquie ra impedimento no puedan comulgar ó hacer las visitas necerias, suplirán aquella y estas con otras obras do piedad que les prescriban los párrocos, oyendo á los capellanes de dichos es tablecimientos, para lo cual les damos las facultades nece sarias. 10.a—Iguales facultades damos á los párrocos con respec to á los detenidos en las cárceles y establecimientos penales que hubiere en el rádio de sus feligresías: y las damos igual mente tan ámplias como podemos y debemos, no solo á los so-r bredichos párrocos, sino á todos los Sacerdotes aprobados para oir confesiones, á fin de que á aquellos de sus feligreses, ó penitentes respectivos de cualquiera estado y condicion que sean, que, ó por su.poca ó mucha edad, por enfermedad, ó por cualquiera otro impedimento legítimo, no puedan comulgar ó hocer las visitas necesarias para ganar el Jubileo, puedan con mutarles estas obras en otras piadosas acomodadas á la capa cidad, estado y circunstancias de cada uno. 11.a—Sobre las facultades verdaderamente extraordinarias que concede Su Santidad á los confesores aprobados, en gra cia de los penitentes que se propongan ganar el Jubileo, para absolver in foro consckntm de pecados y censuras aun de los —139—
reservados y reservadas á los Obispos y ú la Santa Sede con poquísimas excepciones; para conmutar toda clase de votos aun jurados y reservados á los Obispos y á la misma Santa Sede, excepto los absolutos y perfectos de castidad y'religión y los de obligación aceptada por tercera persona, ó en que baya perjuicio de tercero, y hasta para dispensar de las irreg’ularidades ocultas contraidas vínicamente por violacion de censuras, encargamos no solo á los párrocos , sino á todos los Sacerdo tes que están en uso de licencias, que lean atentamente una y otra vez lo que sobre dichas facultades conceden y limitan las enunciadas Letras Apostólicas y lo que enseñan los Auto res de sana doctrina, á fin de no extralimitarse ni errar de modo alguno, ó ampliando demasiado, ó cercenando indebida mente los privilegios y gracias qué Su Santidad se digna con ceder en este Jubileo en beneficio de los fieles. Y Como quiera que en dichas Letras Apostólicas no sé habla expresamente del crimen de herejía, hoy tan frecuenté por desgracia, hacemos saber, que Su Santidad s'e ha dignado conceder últimamente que durante el jubileo puedan ser absueltos los fieles que se presentasen bien dispuestos del dicho crimen de herejía con la rigurosa obligación de abjurar los errores, reparar los es cándalos etc. prout (Le jure. Por nuestra parte debemos hacer á los párrocos y confesores tres advertencias sobre las faculta des arriba enunciadas: 1.a que estas facultades extraordinarias solo pueden usarlas una vez durante el jubileo con cada peni tente, imponiéndole siempre penitencias saludables y lo de más que de derecho corresponde: 2.a que es necesario que di cho penitente tenga intención formal de practicar las obras necesarias para ganar el jubileo, cuando se presenta á confe sarse, porquejsino la tiene no le sufragan estas facultades; y 3.a que si despues de absuelto muda ía intención y no hace lo que debe para ganar dicho jubileo, con dificultad podrá ex cusársele de alguna culpa, pero quedarán en su fuerza y vigor las absoluciones, conmutaciones y dispensas que hubiere ob tenido, como declara expresamente Su Santidad. 12.a—Aunque para ganar el Jubileo del Año Santo no se imponen ni mandan expresamente ayunos ni limosnas, se en cargan, sin embargo, y se recomiendan eficazmente por Su Santidad cuando nos dice que nos volvamos á Dios de todo corazon con oraciones, ayunos y limosnas, acl IpsiM oíos corde, oralionibus, jejunüs et elmiósynis conferamus; pues oracion, limosna y ayuno son las tres obras satisfactorias de que la Iglesia se ha valido en todos los siglos pata' aplacar al Señor. —140—
y las que aconsejó en otro tiempo el Arcángel S. Rafael al an ciano y al joven Tobías con estas palabras: «Buena es la oracion con el ayuno, v el dar limosna mejor que atesorar el oro.» Por lo tanto, no podemos menos de rogar y encargar á nues tros amados diocesanos que á las fervientes oraciones que ha gan á Dios en las visitas de las Iglesias designadas añadan el ayuno, ó alguna otra obra de mortificación y penitencia según el espíritu y tuerzas de cada uno, y sobre todo, la limosna con forme a la posicion y facultades que cada cual haya recibido de Dios. Porque nada hay, dice Su Santidad, mas digno de este tiempo de Jubileo que el ejercicio diligente y fervoroso de todo género de obras de caridad y de misericordia, y nada mas con ducente y eficaz para redimir nuestros pecados y alcanzar perdon de nuestras iniquidades, según aquel aviso saludable (pie dió el profeta Daniel al soberbio Rey de Babilonia: «redime tus pecados con limosnas, y tus iniquidades con misericordias he chas á los pobres.» Añade sobre esto Su Santidad, «que á fin de que el beneficio de las limosnas sea mas ámplio y el fruto de la caridad mas duradero, será oportunísimo que dichas li mosnas se empleen principalmente en favorecer y alentar aque llos piadosos institutos que en las actuales circunstancias se juzguen mas provechosos para bien de las almas y de los cuer pos,» como colegios y escuelas católicas, hospitales, asilos, conventos y beateríos pobres y toda clase de establecimientos benéficos, asociaciones y empresas religiosas dedicadas á ins truir y moralizar las clases obreras y á difundir en el pueblo la doctrina eminentemente civilizadora de la Iglesia. —141— Tales son, A. II. N., las instrucciones y reglas que he mos juzgado oportuno prescribiros con el fin de facilitar cuan to Nos ha sido posible la inteligencia y práctica de las obras necesarias para ganar el Jubileo máximo del Año Santo. Mas como quiera que para la perfecta realización y complemento de esta grande obra, como de todas las que se refieren á la santificación de las almas, son insuficientes las reglas y me dios humanos cuando no vienen en nuestra ayuda los auxilios divinos solicitados de la Divina Clemencia con humildades y fervientes oraciones públicas, como nos prescribe Su Santidad, para que derrame su luz y su gracia sobre los entendimientos y los corazones de todos, implorata primum publicis precibus Divina Glementia ad Jioc %t omnium mentes et corda sua luce el graliaperfundat, venimos en ordenar y mandar que en nues tra Santa Iglesia Metropolitana, en la Capilla de Señores Re
yes Católicos, en la Insigne Iglesia Colegial del Sacro-Monte v en todas las parroquiales y filiales de esta Ciudad y Arzo bispado, asi como en las de los Conventos de religiosas y Bea teríos, se anuncie y principie el dicho Jubileo con una Misa votiva del Espíritu Santo, con el rito y solemnidad de joro re (jravi y con exposición del Santísimo Sacramento, en la cual se leerá despues del Evangelio esta nuestra Carta Pastoral y se harán sobre ella las reflexiones que se estimen oportunas, concluyéndose con la Salve á la Santísima Virgen María y Le tanías de los Santos y con la bendición y reserva de Su Divina Majestad. Esta solemnidad se hará saber al pueblo con opor tunidad, se anunciará la víspera con un repique general de campanas á las horas de costumbre y se invitará á ella con recado de atención á las Autoridades locales, lo mismo que á las procesiones que se hicieren, si se resolviese el visitar en esta forma las Iglesias designadas. No concluiremos esta Carta sin cumplir el especial en cargo que Nos hace Su Santidad de que excitemos una y otra vez de palabra y por escrito y hasta por medio de espirituales ejercicios, si es posible, la piedad y celo de los ministros del Santuario p«ra' que en este santo tiempo se presten fáciles y gustosos á ejercitar su excelso ministerio tanto en la cátedra sagrada como en el tribunal de la penitencia, tanto en el pul pito como en el confesonario, pues de esto depende en gran parte el que el pueblo cristiano consiga ó no en este Jubileo los copiosos frutos de santificación que se ha propuesto Nues tro Santísimo Padre al concederle. Tomad pues, os diremos con Josué, venerables Sacerdotes y amados colaboradores nues tros, tomad las siete místicas trompetas del jubileo y haced las resonar con frecuencia desde la cátedra sagrada haciendo entender al pueblo con sus siete diferentes sonidos el horror con que deben huir de los siete vicios capitales que tienen ir ritado al cielo y asolada la tierra, la fervorosa diligencia con que deben ejercitar las siete virtudes que son contrarias á es tos vicios, y las humildes y continuas súplicas que deben di rigir al Señor pidiéndole los siete dones de su Santo Espíritu. Tocad, tocad, ó amados Sacerdotes la trompeta en Sion, os diremos con el Profeta Joel, llamad á junta, convocad al pue blo, santificad la iglesia, reunid los ancianos y congregad los niños y anunciadles á todos este tiempo aceptable, estos dias de salud, este Año Santo de perdón y de indulgencia, de mi sericordia y de propiciación; y para atraerles mas suave y Inertemente al camino de la salud y abrir su corazon á la es peranza y al amor, anunciadles á la vez el mes de las flores, —142—
—143— el próximo mes de Mayo consagrado á María Madre del Amor Hermoso. del temor filial y de la santa esperanza, Madre de gracia y de misericordia Abogada y refugio de los pecadores. Assnmite gladium spiritus, quod est vcrbum, Dei os diremos por fin con nuestro gran Pontífice Pió IX, tomad la espada del es píritu que es la palabra de Dios , y esgrimidla desnuda de pos tizos adornos con santa libertad y sin respetos humanos, exci tando y moviendo al pueblo como encarga Su Santidad á la detestación del horrendo crimen de la blasfemia que no respe ta en el dia ni los nombres mas augustos ni las cosas mas ve nerandas; á la santificación de los dias festivos profanados escandalosamente, hasta por personas que blasonan de reli giosas, con toda clase de trabajos y obras serviles; y al cum plimiento de los preceptos y mandamientos de la Iglesia, prin cipalmente los de confesion ánuay comunion pascual y los de la abstinencia y el ayuno que andan olvidados y caidos por el suelo en todas partes, para que asi podamos librarnos de los castigos y terribles azotes que el desprecio público, sistemá tico y constante de todas estas cosas atraen mas pronto ó mas tarde sobre las sociedades prevaricadoras. Pero no basta predicar con frecuencia; es preciso tam bién, como hemos dicho, confesar con asiduidad y caritativo celo , sin cuyo ministerio sería infructuoso el de la. predica ción. Y así, ó amados Sacerdotes, despues que hayáis cumpli do con el honrosooficio de evangelista y de doctor en la cáte dra sagrada, bajad de ella para hacer el oficio no menos hon roso y quizás mas meritorio por lo escondido y humilde, de juez, de maestro, de médico y de padre en el sagrado tribunal de la penitencia: despues de haber intimado á la congregación del pueblo como otros Angeles del Sinaí los mandamientos de Dios, bajad á la llanura como Moisés, llevando con vosotros las tablas de la ley, para juzgarle según ella, para aplicarla á ca da uno según sus circunstancias , y para sentenciar y fallar equitativamente las causas particulares que cada individuo os presentare: despues que háyais esgrimido, en fin, á la dies tra y á la siniestra la espada de dos filos de la palabra de Dios, y herido saludablemente con ella al pobre pecador, y quizás derribádole en tierra, espantado de la gravedad y mu chedumbre de sus culpas, de la brevedad de la vida, de la cer tidumbre de la muerte, del rigor de la cuenta y de la terribi lidad de los juicios y castigos de Dios en la vida futura, bajad en seguida á consolarle y animarle en el confesonario, á des cubrir allí y curar diestramente todas sus llagas por ocultas y asquerosas que sean, infundiendo en ellas el vino y el aceite
—144— del piadoso samaritano; á prescribirle como el discreto Ananías al compungido y atribulado Saulo, lo que debe hacer pa ra salir del pecado, ordenar cristianamente suyiday salvarse, y á decirle como nuestro divino Salvador al paralítico: «per donados te son tus pecados»; perdonados del todo en cuanto al reato de culpa y pena eterna, y perdonados te serán también en cuanto al reato de pena temporal, si te esfuerzas con la ayuda de Dios á ganar este Jubileo máximo y plenísimo del Año Santo. ¡Qué consuelo y qué premio para el Sacerdote que esto hiciere! ¡Qué crueles remordimientos aguardan en la ho ra de la muerte á los Sacerdotes que hubieren tenido ociosa la potestad de las llaves, la potestad de abrir y cerrar las puertas del cielo, y hayan guardado envueltas en el sudario las licen cias de confesar que recibieron de sus legítimos Prelados, sin usarlas apenas para ayudar á sus hermanos!.... También vosotras, amadas hijas nuestras las Religiosas, porcion escogida del rebaño de Cristo, corona y precioso orna mento de nuestra Religión, jardín florido y hermoso de la Iglesia, donde se complace y deleita el castísimo Esposo de las almas santas Jesucristo Hijo de Dios, también vosotras podéis contribuir eficazmente al feliz éxito de este Jubileo, no cierta mente predicando ó confesando, sino orando por los que predi can y confiesan, y desempeñan en la casa de Dios otros minis terios evangélicos y levantando al cielo vuestras manos pu ras con tiernos suspiros y clamores salidos de vuestro casto pecho en demanda de perdón y de clemencia para el mundo prevaricador y de la gracia de la conversión para todos los pe cadores. Y no solo podéis hacer todo esto, amadas hijas nues tras, sino que debeis hacerlo por deuda de gratitud y de justi cia que tenéis contraida con Dios y con su Iglesia; la cuai si os guarda en esos santos claustros como huertos cerrados y fuen tes selladas, y os colma de gracias y prerogativas, de conside raciones y respetos, exige de vosotras que correspondáis agra decidas á sus tiernos cuidados con vuestra vida casta y perfectísima, con vuestras fervientes oraciones mentales y voca les, con vuestros ayunos y abstinencias, con vuestras .peniten cias y mortificaciones y con la perfecta observancia de vuestros votos, reglas y constituciones; y debeis ser tantos mas fieles en el dia, cuanto son mayores y mas apremiantes que nunca las necesidades de esta Santa Iglesia, en su Cabeza visible, en sus Prelados, en sus Sacerdotes, en sus personas religiosas y en todas sus instituciones sagradas. Hora es esta , amadas hijas, de recia tempestad y deshecha borrasca, y de clamar á Dios sin cesar como los Apóstoles: «salva, Señor, ú tu Vicario
—145— y á tu Iglesia, salva á los pueblos y naciones conturbadas, sál vanos á todos, porque estamos á punto de perecer.» Finalmente, deseando dirigiros á todos vosotros, fieles católicos, amados hijos y diocesanos nuestros, algunas pala bras de salud y de consuelo, no hemos hallado otras mas au torizadas que las que os dirige al final de su Encíclica el mis mo Santo Padre; escuchadlas: «A vosotros, hijos fieles de la «Iglesia católica, dirigimos nuestra palabra, y á todos y cada «uno os exhortamos con paternal afecto á que'aprovechéis es- «ta ocasion del Jubileo para obtener el perdón, como lo exige «de vosotros el deseo que debeis tener de vuestra eterna sal- «vacion. Si lo fué en todo tiempo, mas necesario es en verdad «ahora, hijos amadísimos, limpiar la conciencia de las obras «muertas, inmolar sacrificios de justicia, hacer frutos dignos «de penitencia y sembrar en lágrimas para cosechar en gozo. «Harto nos muestra la divina Majestad lo que exige de nos- «otros, cuando por nuestras maldades experimentamos tiempo «hace el peso de su indignación y el soplo del espíritu de su «ira.... Escuchad nuestra voz Apostólica, pues somos embaja- «dores de Cristo ; escuchadla vosotros los que os liallais fati— «gados y abrumados de trabajos, y que extraviados del carni- «no de la salud, gemís bajo el yugo de pasiones perversas y «de la servidumbre del diablo. No desprecieis las riquezas de «bondad, de paciencia y longanimidad de Dios; y ya que se os «presenta un modo tan amplio y tan fácil de ser perdonados, «no queráis con vuestra obstinación haceros inexcusables ante «el divino Juez, acumulando ira sobre vosotros para el dia de «la venganza y de la manifestación del justo juicio de Dios. «Entrad, pues, prevaricadores, dentro de vuestro corazon, y «reconciliaos con Dios; el mundo y sus concupiscencias pasan; «desechad las obras de las tinieblas, vestios con las armas de «la luz ; dejad de ser enemigos de vuestra alma para de- «volverla la paz en este siglo y los eternos premios de los «justos en el otro. Estos son nuestros votos; estoes lo que no «cesaremos de pedir al Señor clementísimo; y estos mismos «bienes confiamos alcanzar colmadamente del Padre de las mi- «sericordias para todos los hijos de la Iglesia católica que se «hayan unido o se unan á Nos en esta sociedad de oraciones.» Estos son también, A. H. N., los votos, oraciones y cons tantes deseos de vuestro amantísimo Prelado, que á la bendi ción Apostólica, que os dirige el Santo Padre, une la suya pastoral que os da y envía con toda la efusión de su alma en el nombre del Padre' 83 y del Hijo gg y del Espíritu Santo * Amen.
Dada en nuestro Palacio arzobispal de Granada dia de nuestro esclarecido Obispo Iliberitano S. Gregorio Bótico 24 de Abril de 1875 . nono aniversario de nuestro pontificado en esta Iglesia. —146— > J < f f i i e f w c . u i . 0 o , Arzobispo de Granada. Por mandado de S. E. 1. el Arzobispo mi Si'., Dr. Antonio Sánchez Arce, Chantre Srio.