Avicena hebraico: la traducción del Canon de medicina
Abstract
La Editorial Ars Magna S.L. ha llevado a cabo la tarea de hacer una edición facsímil del ms. de la Biblioteca Universitaria de Bolonia 2197, que contiene una traducción hebrea del Canon de Avicena. Para dicha edición me pidió una traducción parcial del texto y una introducción sobre el papel de esta obra entre los judíos. El artículo que sigue es fundamentalmente un extracto de dicha contribución.
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MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 163-182 AVICENA HEBRAICO: LA TRADUCCIÓN DEL CANON DE MEDICINA* The Hebrew translation of Avicenna’s Canon ? LOLA FERRE Universidad de Granada BIBLID [0544-408X (2003) 52; 163-182] ? Resumen: Uno de los manuscritos hebreos medievales más impresionantes por su riqueza ornamental es, sin lugar a dudas, el ms. 2197 de la Biblioteca Universitaria de Bolonia que contiene una traducción hebrea del Canon de medicina de Avicena. Con motivo de la edición facsímil de dicho manuscrito, he realizado un estudio sobre la circulación que esta obra tuvo en su versión judeo-árabe y sus versiones hebreas entre las comunidades judías medievales. Abstract: The Bolonia manuscript 2197 which contained the Hebrew translation from the Avicenne’ Canon is one of the most impressive medieval manuscript for the richness of its miniatures. Recently a facsimile edition has been published and I have done a study about the diffusion of this book, both in Judeo-Arabic language and in Hebrew versions, inside the Jewish communities of Middle Ages. Palabras clave: Textos médicos hebreos. Edad Media Key words: Hebrew medical texts. Middle Ages 1. El Canon en las comunidades judías bajo el Islam La adopción del árabe como lingua franca en el ámbito geográfico del Islam favoreció que las comunidades judías pudiesen incorporarse de forma activa y entusiasta a la cultura greco-árabe que avanzaba, como el propio Islam, a lo largo del Mediterráneo hasta alcanzar la Península Ibérica. La facilidad de la que gozaron los judíos para acceder a una biblioteca en árabe comporta para la investigación actual una dificultad importante. Mientras que en los reinos cristianos la traducción al hebreo nos permite valorar el aprecio o, por el contrario, el desprecio respecto a determinados * La Editorial Ars Magna S.L. ha llevado a cabo la tarea de hacer una edición facsímil del ms. de la Biblioteca Universitaria de Bolonia 2197, que contiene una traducción hebrea del Canon de Avicena. Para dicha edición me pidió una traducción parcial del texto y una introducción sobre el papel de esta obra entre los judíos. El artículo que sigue es fundamentalmente un extracto de dicha contribución.
LOLA FERRE MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 163-182 164 autores, en el ámbito de la cultura judeo-árabe esto no puede apreciarse con tanta claridad. En principio, un médico judío culto podía trabajar con textos árabes al igual que un musulmán y hoy no es fácil distinguir quién utilizó la copia. Hay una salvedad: en algunos casos los judíos dejaron su impronta en aquellos textos que usan la lengua árabe pero con la escritura hebrea, el llamado judeo-árabe. La razón para el uso del judeo-árabe posiblemente sea la más obvia, facilitar su difusión entre judíos que conocían la lengua pero no la escritura árabe. Tzvi Langermann compiló una lista de manuscritos en judeo-árabe de autores no-judíos, tanto musulmanes como greco-romanos, y señala el hecho de que los textos médicos predominan en su lista y entre ellos destaca, manteniendo una gran distancia del resto, el Canon de Avicena. Se conserva en diecisiete manuscritos, ninguno de los cuales contiene la obra completa. La importancia de esta clase de textos reside, por un lado, en el hecho de que algunos tratados se han conservado sólo en la versión judeo-arabe1 y, del otro, en que permite seguir la difusión de determinada obra entre los judíos e implica, en el caso de autores no-judíos, como Avicena, un acto consciente de importación cultural, tal y como más adelante serán las traducciones al hebreo (Langermann 1996, 137-160). Entre los manuscritos médicos encontrados en la genizah de El Cairo hay siete del Canon en judeo-árabe2, treinta y uno en árabe, de los cuales siete incluyen un comentario3, y nueve del Canon en hebreo, incluyendo dos de ellos el correspondiente comentario.4 Definitivamente, y a la vista de estos datos puede considerarse que el Canon, tanto en el original árabe como en judeo-árabe, fue la obra más importante para el estudio de la 1. Es el caso del Kit?b al adwiya al-mufrada (Libro de los medicamentos simples) de Ibn W?fid. La editora del texto, Luisa Fernanda Aguirre de Cárcer, ha reescrito el texto con el alfabeto árabe (Ibn Wafid 1995). 2. Los manuscritos judeo-árabes son los manuscritos número 87, 99, 494, 519, 617, 1055 (judeo-árabe y árabe) y 1165 (Haskell 1994). 3. Los números 69, 71, 135, 156, 201 (comentario), 244 (comentario), 247 (comentario), 250, 285, 300, 321, 334, 384, 388, 399, 420, 439, 461, 462 (comentario), 464, 466, 471, 623, 953 (comentario), 957, 1326, 1460, 1496 (comentario), 1534, 1559, 1591(comentario) (Haskell 1994). 4. Se trata de los manuscritos 14, 53 (comentario), 751, 775, 780, 821, 978, 1005, 1571 (comentario) (Haskell 1994).
LA TRADUCCIÓN DEL CANON DE MEDICINA? MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 163-182 165 medicina entre los judíos de los países musulmanes, la que circuló con mayor profusión, la obra médica más leída y consultada. Otra forma de analizar la influencia de Avicena en los autores judíos andalusíes o de países musulmanes es a través de sus citas en obras médicas. El número de autores médicos, que no de prácticos de la medicina, es escaso y, sin duda, el más representativo es Maimónides. He buscado las posibles citas de Maimónides a Avicena en el conjunto de sus obras médicas y el resultado no es excesivamente positivo5, pues sólo hay mención expresa de una del autor a sus recetas en dos de sus tratados breves, El tratado sobre la curación de las hemorroides (trad. Ferre, 1991) y Sobre las causas de los síntomas (ed.Leibowitz-Marcus, 1979). No obstante, Gerrit Bos afirma que el Canon fue la fuente principal para el tratado de Maimónides.6 He comparado su Libro de venenos y antidotarios con las partes del Canon referidas a antídotos y a la triaca, así como los aforismos dedicados al embarazo de su obra Aforismos médicos con el Libro III del Canon, también ginecológico, y en ninguno de los casos he encontrado paralelismos que pudieran indicarnos que sigue a Avicena sin citarlo de forma expresa.7 La anotación en hebreo que aparece en el manuscrito de Bolonia 2197 diciendo que el Canon había sido traducido en Egipto en 1186 por Maimónides podemos calificarla, siguiendo al prof. Giuliano Tamani, del tutto inattendibile e storicamente inesatta (Tamani, 1988, 87). 2. Las traducciones del corpus médico aviceniano. La traducción latina del Canon se realizó en Toledo, bajo la dirección de Gerardo de Cremona en 1187, siendo uno de los primeros proyectos de este prolífico traductor, de una importancia decisiva en el proceso de 5. No lo cita en la principal de sus obras Los aforismos médicos (ed. Suessmann, 1956), ni en los otros tratados citados, El régimen de salud (trad. Ferre, 1991) y El libro del asma (trad. Ferre ,1996) o en su Comentario a los aforismos hipocráticos, (trad. Ferre, en prensa). 6. Esta afirmación aparece en su libro Maimonides. On hemorrhoids, que reúne el original árabe con su traducción hebrea y una traducción inglesa. La obra aún se encuentra en prensa por lo que debo agradecer a Gerrit Bos que me haya proporcionado una copia de este trabajo inédito. 7. Las conclusiones de este primer cotejo, limitado la escasez de textos empelados, no cierran el paso a una comparación más exhaustiva que podría modificar estos resultados.
LOLA FERRE MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 163-182 166 transmisión de la ciencia greco-árabe al mundo cristiano occidental. Las dificultades que debieron afrontar los judíos no les impidieron el estudio y la práctica de la medicina, pero sí les afectaron de forma notable. Consecuencia de ellas fue, en bastantes casos, la conversión al cristianismo8 y lo fue también - y esto nos interesa másque se impusiera la necesidad de tener en hebreo la literatura médica fundamental: la de los clásicos griegos, los médicos musulmanes, los judíos que escribieron en árabe y los médicos cristianos. La traducción al hebreo fue, por tanto, el primer paso necesario para la transmisión hacia estas comunidades de la ciencia andalusí. El esfuerzo que los traductores debieron hacer para adecuar la lengua hebrea a estos campos del saber fue inmenso.9 Es en este ambiente donde se traducen las obras de Avicena. De su producción médica, encontramos que su poema Cántico de medicina (Ury?za f??? al-Tibb) fue traducido varias veces a hebreo. Dos versiones se hicieron en prosa, la primera de ellas fue realizada por Moseh ibn Tibbón, que lo tradujo en prosa rimada en 1260 y la segunda por un traductor anónimo. Sólo un año después de la traducción de Ibn Tibbon, el médico Slomoh ibn Ayyub (1261) realiza su propia traducción dándole la forma de verso. Otro médico Haym Israelí preparó una versión hebrea en verso. (Steinschneider, 1893, 699-700). Esta obra fue traducida al latín por Armengaud Blaise con el título Cantica. Blaise traducía desde el árabe pero con la ayuda de intermediarios judíos gracias a su buena relación con la comunidad judía de Languedoc (McVaugh-Ferre, 2000, 2-3). Otro tratado aviceniano, Sobre los remedios para el corazón (alAdwiya al-Qalbiya), traducido al latín por Arnau de Vilanova, fue traducido dos veces a hebreo por traductores anónimos que la tradujeron en una ocasión del árabe y en la otra del latín. Baruj ibn Yaish ibn Isaac compuso un comentario sobre la traducción del árabe. A éste hay que sumar un comentario anónimo (Steinschneider, 1893, 700-702). 8. Richard Emery en su estudio sobre los judíos de Perpignan encontró que de los 14 médicos judíos que ejercían entre 1414 y 1416, once se convirtieron al judaísmo y se pregunta: Were physicians more likely to accept baptism than other Jews? y responde: Within the elite groups it does seem evident that physicians tended more towards conversión, and less to exile, than the others. (Emery 1991, 120-1). 9. Inmenso en un doble sentido, de un lado por el esfuerzo que debieron hacer para acuñar una nueva terminología en hebreo y también inmenso si vemos el número de obras traducidas, tanto del árabe como del latín. (Steinschneider, 1893).
LA TRADUCCIÓN DEL CANON DE MEDICINA? MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 163-182 167 La influencia de la obra filosófica aviceniana en los autores judíos va a ser menor de lo que había sido en al-Andalus y poco significativa. Alfred Ivry opina que la actitud de Maimónides hacia Avicena pudo ser causa de que se le prestase menos atención de la esperada y se le tradujera menos que a otros autores (Ivry 1990, 167-186, 176),10 lo cual parece muy plausible puesto que el aristotelismo entró a través de la Guía de perplejos. En todo caso, éste sería un elemento más a sumar al hecho de que la aparición de Averroes provocó el oscurecimiento de otros filósofos. La difusión de la obra de Avicena entre los judíos estuvo siempre ligada al aristotelismo y camina paralela al averroísmo judío que se nos presenta como una potente corriente de pensamiento en todas las comunidades de la Europa meridional. Es el caso del traductor Yedahiah ben Abraham Bedersi que junto a un comentario al Canon escribió comentarios al epítome de Averroes a la Física y otros tratados que revelan la influencia de maestros musulmanes y escolásticos (Saperstein 1997, 307). Como el apelativo Bedersi viene a indicar nació en Béziers y vivió entre 1270 y 1340. En el prólogo al comentario expresa su interés por la obra y las dificultades para comprender todas sus partes: Dice Yedahiah, hijo de R. Abraham Bedersí: cuando conocí este gran libro general de medicina del sabio filósofo ben Sina, se iluminaron mis ojos con lo poco que probé de su miel y se alegró mi alma por sus muchas cosas nobles y maravillosas. Me tuve que esforzar mucho por comprender los asuntos que trata dada mi poca capacidad y mi débil reflexión. No alejé mi alma de sus divisiones y sus partes por la confusión, la duda y la dificultad para comprender, sino que [me esforcé] hasta que se aclararon la 10. Recuérdese la apreciación que Maimónides hace de Avicena en la carta a Samuel ibn Tibbon. En dicha carta incluye un consejo sobre los filósofos griegos, musulmanes y judíos que debían o no debían leerse. Sobre Avicena escribe: Respecto a los libros de Avicena, aunque hay en ellos buenas conclusiones y reflexiones agudas, no son como los de Abunazar al-Farabí. Sin embargo, sus libro ayudan y él es un hombre del que conviene atender sus palabras y comprender sus escritos. La frialdad del comentario se pone de manifiesto si lo comparamos con lo que había escrito sobre el menciona al-Farabí: En general te digo que no te ocupes de los libros de lógica, excepto los del sabio Abunazar alFarabí, porque todo lo que compuso, y especialmente el libro de los principios de la existencia de todo, es como harina blanca. Ordena sus palabras para que las entienda y comprenda el hombre, dado que es un destacado sabio (Maimónides, Cano-Ferre 1988, 122-123).
LOLA FERRE MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 163-182 168 mayoría de los temas que trata en todos sus tratados, desde el abreviado hasta el general. Cuando he encontrado cosas dudosas, lo anoté y trabajé en ello, a veces encontré la solución y, a veces, quedó oculta. No he escrito la solución de cada una de las dudas y así he evitado que aparezcan repetidamente. 11 Simultáneamente, este siglo trece va a ser testigo de un auge de las traducciones del árabe al hebreo en otra zona, en Italia, donde se realizan dos de las traducciones del Canon. 3. La traducción del Canon de Avicena Joseph Shatzmiller, tras afirmar que el Canon fue la obra más importante e influyente de la Edad Media, plantea una interesante cuestión acerca de su fecha de traducción al hebreo. Si había sido traducida al latín en 1187 cómo es posible que no se tradujera al hebreo hasta 1279 y por qué los traductores judíos prefirieron traducir otras obras de menor entidad antes que ésta. Shatzmiller vincula la fecha de la traducción hebrea con la evolución que siguió el Canon en el ámbito de los studia. La universidad no se interesó por la obra hasta la segunda mitad del siglo XIII. Tanto las francesas de París y Montpellier como las italianas de Siena y Bolonia no lo incorporaron como obra fundamental hasta la década de 1280, formando parte de la expansión del “nuevo Galeno”12, para cuya comprensión el Canon era una obra imprescindible. Desde esta perspectiva, Shatzmiller concluye que los judíos no sólo no reaccionaron con lentitud sino, por el contrario, con extremada rapidez y con bastante energía al nuevo reto (Shatzmiller 1994, 49-50). Adviértase, por otro lado, la enorme influencia que la universidad cristiana ejercía sobre los judíos quienes, siempre que se les permitió, estuvieron presentes en ella y cuyos intereses fueron a remolque de la evolución, preferencias y corrientes teóricas dentro de la medicina en la universidad cristiana, a través de sus traducciones al hebreo. 11. He traducido de la edición hebrea que aparece, junto a su traducción italiana, en Giuliano Tamani (1974, 1-17). 12. Esta expresión, acuñada por Luis García Ballester, alude al renovado interés por la obra galénica que llevó a la traducción al latín de muchas de sus obras que no habían sido incluidas en las primeras traducciones latinas (García Ballester 1982, 97-158).
LA TRADUCCIÓN DEL CANON DE MEDICINA? MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 163-182 169 Conocemos tres traductores del Canon: Natan ha-Meati, Zerahiah ben Isaac Shealtiel y Yosef Lorquí, a los que hay que sumar un buen número de traductores anónimos. Los dos primeros realizaron su traducción en Roma en el último cuarto del s.XIII. La de Yosef Lorquí se realiza en España un siglo después. Sólo la de Natan ha-Meati fue una traducción completa. Las traducciones romanas del Canon, la de Natan ha-Meati y la de Zerahiah ben Isaac Shealtiel, se realizaron en un momento de difusión de la filosofía aristotélica, especialmente a través de los comentarios de Averroes, difusión a la que estos traductores contribuyeron. El conocimiento de las obras de Aristóteles y de Averroes requería de la traducción de sus obras al hebreo y estas traducciones se hicieron de los originales árabes, aún en los casos en que hubiera una traducción previa del latín. La obra de Averroes oscureció la de otros filósofos, incluido Avicena.13 Muchos de estos traductores eran ellos mismos filósofos, empeñados en la difusión del averroísmo entre los judíos, empeño que entraña cierto riesgo cuando el judaísmo ortodoxo ya había mostrado su rechazo a esta filosofía en Provenza, en Cataluña y Castilla. La mayoría de estos filósofos-traductores eran médicos, por lo que junto a la filosofía, tradujeron obras de medicina, siendo la más sobresaliente el Canon. Su traducción era, sin duda, un proyecto ambicioso, aunque sólo fuera por la extensión de la obra. Natan ben Eliezer ha-Meati concluyó la traducción en 1279 y su traducción completa se conserva en un único manuscrito, el de la Biblioteca de Bolonia. Los otros tres manuscritos que recogen la traducción completa, todos de procedencia española, utilizaron para el 13. Baste comparar la lista de traducciones al hebreo de obras que introducían al aristotelismo, en manuscritos de bibliotecas italianas, para percatarse de hasta que punto Averroes fue arrasador. (Tamani-Zonta 1997 167-169). En los apéndices apreciamos que seis obras de Aristóteles y ocho pseudo-Aristóteles fueron traducidas, dos atribuidas a Avicena y otras dos de al-Farabi,? mientras que treinta y nueve obras de Averroes, compendios y comentarios de Aristóteles, fueron traducidas a hebreo.?Junto a esto, podemos señalar que entre estos manuscritos se encuentran nueve comentarios a compendios averroistas de uno de los más interesantes filósofos y científicos judíos, Leví ben Gerson (Bagnols 1288-1344), conocido también como Gersonides.
LOLA FERRE MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 163-182 170 primer libro la traducción de Yosef Lorquí y para el resto la de Natan haMeati.14 Natan ha-Meati es conocido exclusivamente por sus traducciones. Joseph Shatzmiller se refiere a él y a su nieto Salomón como traductores profesionales aunque no exista constancia documental de ningún pago realizado por sus traducciones (Shatzmiller 1994, 46-47). Trabajó exclusivamente con textos médicos y es entre los traductores judíos el que hace una mayor aportación de textos hipocráticos: entre 1279-83, recién acabada la versión hebrea del Canon, tradujo los Aforismos hipocráticos con el comentario de Galeno; tradujo también el libro titulado Pronósticos, acompañado asimismo por el comentario de Galeno y la obra Sobre la dieta en las enfermedades agudas, traducción en la que colaboró su nieto Samuel ben Salomon. Tradujo otra obra muy popular de Hipócrates, el libro sobre el régimen de Aire, aguas y lugares. De los autores musulmanes tradujo, además de a Avicena, al oftálmologo Ammar ibn Ali y fue probablemente autor de la traducción de un tratado de Razes, explicando por qué la gente recurría a los charlatanes. Natan ha-Meati escribió un prólogo para su traducción del Canon, no recogido por el manuscrito de Bolonia, en el que arroja alguna luz sobre el origen y las circunstancias en las que se realiza esta traducción.15 Comienza por hacer alusión a una juventud atormentada que le lleva a vagabundear por el mundo y es en estos viajes donde adquiere el conocimiento de la lengua árabe, tan próxima a la hebrea: Dice Natan haMeati hijo de Eliézer, de bendita memoria: yo soy el hombre errante, fui para mi hermano un extraño, privado estuve de amigos. En mi juventud no gocé de paz y descanso en mi corazón. De fracaso en fracaso caminé, mis ojos hasta el extremo de la tierra llegaron, mis pies casi se torcieron en los rincones del universo; como una pelota giré, los tiempos de vagabundeo me llevaron de un sitio para otro y ahora estoy cansado. 14. Esos tres manuscritos son el nº87 de la Bayerische Staatsbibliothek de Munich, el nª 1136 de la Bibliothèque Nationale de Paris y de la Bodleian Library de Oxford el ms. Can.Or 58 (Tamani, 1988, 60-61) 15. El prólogo está escrito en prosa rimada y se inicia y concluye con sendos poemas. Fue publicado, con traducción inglesa, por Joshua O. Leibowitz, (1976, 7) La edición está basada en el manuscrito de la Biblioteca Ambrosiana, cod. Heb.101 y tuve ocasión de leerlo en otro manuscrito, el de la Biliothèque Nationale de Paris, nº.1139, siendo prácticamente idénticos. Mi traducción se basa en ambos.
LA TRADUCCIÓN DEL CANON DE MEDICINA? MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 163-182 171 Entre pueblos y naciones diferentes caminé y entre lenguas diferentes fui llevado hasta que comprendí estas lenguas entre las que he vivido hasta ahora y regresé. Elegí una lengua pura y “un lenguaje sutil” (Job15,5), las lenguas amadas y queridas, la hebrea y la árabe juntas, emparejadas en mi corazón las conservé y en mis manos las hice una. A continuación, se refiere a las burlas que cristianos hacen de los judíos y hace alusión a una leyenda según la cual en época de Salomón había habido entre los judíos sabios y libros de sabiduría iguales o superiores a los griegos pero se habían perdido: Yo vi día a día a los sabios cristianos haciéndonos muecas de desprecio e incrementando las burlas de su boca porque fuimos desposeídos de los libros de medicina compuestos en los días de Salomón y el resto de los sabios de nuestro pueblo que nos precedieron. Estos libros se encontraban con ellos pero nosotros los perdimos, nuestros antepasados nos hablaron de ellos pero nunca los vimos. Realmente muchos judíos sintieron que se habían quedado en una situación de inferioridad intelectual respecto a los cristianos y vieron en las traducciones un camino para recuperar su posición de prestigio en el mundo de las ciencias. La confrontación con los cristianos, como a la par la admiración por sus escritos, fue un incentivo intelectual pero también una fuente de problemas y dificultades. Así el traductor León Yosef de Carcasona cuenta cómo los hombres ilustrados de Montpellier anatemizaban a aquellos que vendieran libros a no-cristianos; aún menos sutiles son las expulsiones y persecuciones de las que podían ser objeto, como denuncian otros traductores.16 Esta situación de agravio es la que inspira en Natan ha-Meati el deseo por traducir, entendiendo que la adquisición de la cultura árabe es la forma de ayudar a su pueblo a salir de esa desventaja; para ello seguirá los pasos de la familia Tibbón, reconocidos ya como los maestros en el campo de la traducción: Por eso me vestí con “un manto de celo” (Isaías 59, 17)17, 16. Entre estos traductores podemos citar a Samuel ben Yehudah, traductor de Averroes o Estori ha-Parhi, traductor de Armengaud Blasi. Sobre los problemas de los traductores dentro y fuera de la comunidad judía (García-BallesterFerre-Feliu, 1990, 85117 y Ferre 1998-9). 17. El versículo completo parece expresar los sentimientos que provoca en Natan haMeati la actitud de los cristianos: “Se ha revestido de justicia como una coraza/ con el yelmo de la salvación en su cabeza; se ha vestido ropas de venganza a modo de túnica/ y se ha envuelto en celo como un manto”
LOLA FERRE MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 163-182 178 obras de autores musulmanes fue el Canon la obra más traducida, entre los autores judíos fueron los Aforismos médicos de Maimónides y entre los autores cristianos otra enciclopedia médica, muy deudora, por cierto, del Canon aviceniano, el Lilium medicinae de Bernard de Gordon. Hasta donde sabemos, éstas son las tres obras de medicina que reunieron un mayor número de manuscritos. (Richler 1986, 345-356; Ferre 2000, 199202). Respecto a la geografía de su difusión resulta muy difícil de precisar. Si nos fijamos en el tipo de escritura hay que decir que los 105 manuscritos descritos por Richler son en su mayoría de escritura española; le siguen a distancia los italianos y de forma aislada encontramos manuscritos de escritura provenzal, askenazí u oriental. Pero esto no nos permite, en absoluto, afirmar que el Canon circuló mucho más por España que por otros países sino que había muchos copistas de escritura española o sefardí. Entre los pocos manuscritos que indican el lugar donde se copiaron, dos de escritura española fueron hechos en dos ciudades italianas: Crema y Reggio30 y tres en España31. En general, los manuscritos fueron copiados y leídos en los distintos reinos hispanos, los italianos y en Provenza en el que algunos están localizados. La mayoría de ellos fueron copias del s.XV, distanciadas en algo más de un siglo de las traducciones; algunos otros están a caballo entre los siglos XIV y XV y sólo unos pocos son posteriores. Como caso curioso citaré un manuscrito cuyos últimos seis folios fueron completados en el s.XVIII, lo cual tal vez pueda darnos una pista sobre el uso de estos manuscritos siglos después de que la invención de la imprenta relegara la transmisión manuscrita y el avance de la ciencia médica a los autores medievales.32 30. El manuscrito de la Cambridge University Library Ms.Add:1198 y el de la Bayerische Staatsbiliothek de Munich. Cod. Heb. 302 respectivamente, (Richler 1982 152* y 156*). 31. El ms. de la Bayerische Staatsbiliothek de Munich, Cod. Heb. 373, sin especificar concretamente la ciudad, y el de la Biliothèque Nationale de París, nº1136 en Villalón de Campos y también de la Biliothèque Nationale el nº 1143, en Almagro (Richler 1982, 157*, 162* y 164*). 32. El añadido se hace a un manuscrito del s.XIV. Se trata del ms. de la Jewish National and University Library de Jerusalén Ms.Friedenwald 122, (Richler 1982, 153*)
LA TRADUCCIÓN DEL CANON DE MEDICINA? MEAH, sección Hebreo 52 (2003), 163-182 179 El Canon hebreo fue impreso por primera y única vez en Nápoles a final de 1491 y principio de 1492 en la tipografía de Azriel ben Yosef Askenazi o Gunzehauser (Tamani 1988, 61).33 No tengo noticias de ninguna edición posterior de esta traducción hebrea ni de traducciones a lenguas modernas desde la versión hebrea, hecho que no sorprende si se tiene en cuenta que sólo hay traducciones parciales al inglés (Libro I) o al alemán (el tratado sobre enfermedades de los ojos del Libro tercero), a la que debemos sumar ahora la traducción castellana de capítulo escogidos.(Ferre 2002, 289-357) A lo largo de estas páginas creo haber puesto de manifiesto la importancia que el Canon tuvo para los médicos judíos. Fue la obra médica más difundida y transmitida tanto en su versión árabe original como en judeo-árabe y, más adelante en la versión hebrea. Su presencia acompaña toda la historia de esta minoría a lo largo de la Edad Media, de Oriente a Occidente, ilustrando los encuentros y desencuentros con musulmanes y cristianos, las ventajas, las dificultades, los estímulos, los apoyos y los rechazos a los que debieron hacer frente. 33. Una imprenta hebrea se estableció en Nápoles en torno a 1485 y en la década siguiente fueron impresos unos 20 libros, haciendo de la ciudad el más importante centro de incunabula hebreos. Gunzenhausen, judío alemán, fue el primero de estos impresores. Predomina la publicación de libros religiosos pero están también presentes obras de contenido profano, como el Canon. Véase, Encyclopaedia Judaica, s.v. Naples.
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