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La nueva guerra púnica ó España en Marruécos : poema premiado... por la Real Academia Española en 17 de febrero de 1860 para conmemorar los triunfos de las armas españolas en la guerra de Africa

Cervino, Joaquín José

Abstract

Antep.

Full text

LA SUMA GUERRA PUNICA, ESPAÑA EN MARRUECOS, ■* POEMA PREMIADO EN EL CERTAMEN EXTRAORDINARIO ABIERTO POR LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA EH 17 DE FEBRERO DE 1860 para conmemorar los triunfos de las armas españolas en la guerra de África. SU AUTOR D. JOAQUIN JOSÉ CERVINO. MADRID IM P R E N T A N AC IO N AL. 1860. 1 ' i ■ • i . ■ 1 1 LA NUEVA GUERRA PÜNICA. f{. O 00 LA NUEVA GUERRA PUNICA, ó ESPAÑA EN MARRUECOS, POEMA PREMIADO EN EL CERTAMEN EXTRAORDINARIO ABIERTO POR LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA EN 17 DE FEBRERO DE 1860 para conmemorar los triunfos de las armas españolas en la guerra de África. SU AUTOR D. JOAQUIN JOSÉ CERVINO. MADRID IMPRENTA NACIONAL. 1860. 10 Que al valor de Bullón prestas quilates, Ó eternizas de Arauco las llanuras; Musa triunfal, la de clarines de oro, Musa de las victorias, yo te imploro! Y tú, Señora, que el fulgente cetro Empuñas bajo auríferos doseles, Venia me da, si en la mansión penetro Do brillas sobre augustos escabeles. Venga tu nombre á ennoblecer el metro, Como ennoblece hispánicos laureles, Y admite mi homenaje, oh Reina! en tanto Que en el nombre de Dios comienzo el canto. tA NUEVA GUERRA PÚNICA, ü ESPAÑA EN MARRUECOS, / 1 POEMA. LIBRO PRIMERO. Causas de la lucha: general entusiasmo: alarde de los ejércitos españoles: el cielo: el infierno: alarde del ejército marroquí: primeros combates en África. Allí donde el Atlántico hervoroso Júntase al golfo púnico espumante Por estrecho canal tempestuoso, Donde uno ú otro mar con turbias olas Bate de un lado arenas españolas, Y africanas arenas de otro lado; Frente por frente á la andaluza tierra, De Mauritania la extensión limita Inhospitable sierra, Sierra de execración! sierra maldita! - * Un dia se lanzaron Muza y Tarik desde su excelsa cumbre: 12 Los góticos alcázares rodaron, Los sacros rios de mi patria, en sangre Tinto el caudal, su curso despeñaron; Y España esclava fuera De la muslime devorante saña, Si esclava ser pudiera Alguna vez España. En aquella región, férreo levanta Su cetro el marroquí, miéntras sus iras Contra la enseña santa Que el gran sepulcro libertó de Cristo, Yivas conserva en el hirsuto pecho. ¡Ay del cristiano vaso, Al que, rey del Estrecho El fiero vendaval, contrasta el paso, Ó le troncha la entena, Ó le rompe el timón, si al fin lo rinde En la púnica arena! ¡ Ay del soldado hispano, Que, en Ceuta vigilante, Da el rostro á la tronera, Ó el muro amparador deja un instante! Acechan las de Anghera Cábilas infernales; repentino Silba plomo traidor.... Oh raza infame! Y en tanto la española centinela, De la ley militar sumisa esclava, Al hombro su fusil, con paso lento Mide el adarve; y generosa áun duda Si desprecie el desmán , ó si al momento Suelte la rienda á indignación sañuda. Así noble mastín encadenado, Cuando olfatea al lobo, rompería 13 El ferrado collar que le sujeta; Mas cede resignado, Y vuelve al mayoral mirada inquieta. Pero no basta aún. Pensó el rifeño Ser temor vil la majestad serena Con que Ceuta desprecia su osadía. «¿Qué es del altivo ceño »De la nación que un dia «Asustaba con él á las naciones? » España! mi poder te desafía, «Y te insulta y te rinde. «Polvo son tus legiones: «Al Bosforo de Cádiz doy tu linde. «Atras, España, atras! Africa es mia. » Dijo : su furia estalla, Y en el blasón hispano, De oro y carmín fulgente, La sacrilega puso inicua mano. Musa de Iberia, calla. Oh! cuál tiñe el rubor tu sacra frente! Que Europa no lo entienda: gemiría El Pontífice Sumo allá en el Tibre; Con lágrimas de pena El manto imperatorio bañaría La Hija de los Guzmanes cabe el Sena; Y el Támesis, parando el curso libre, Ecos tal vez de escarnio bochornoso Arrojaría en la mercante arena. Mas ¿qué 1 Sépalo el mundo; pero vea, Oh patria de Pelayo! Ser un punto en la nube lampo y rayo. Ármate del perínclito coraje, Lánzate á la pelea, 14 Lánzate á la venganza del ultraje. Como cunde la luz de extremo á extremo, Cuando improviso en la feral tormenta El astro rey su resplandor supremo Por el rasgado nubarrón ostenta, Así cundió el retar del africano, Así el rumor de la inferida afrenta, Así del español, que fuego espira, El ánsia vengadora, y el nativo Espíritu de honor envuelto en ira. Copia el caudal del regio Manzanares Altísimos palacios; mora en uno , Mansión de ínclitos reyes, Quien rige el cetro de la gente hispana; Y en los otros proponen sábias leyes, Entre varios afectos Y el noble contender de su elocuencia, Ya del pueblo ardoroso los electos, Ya los sesudos próceres, insignes En patrio amor y próvida experiencia. Súbito, coche aurífero se lanza De aquel á estos alcázares, llevado Por soberbios trotones, Que arrancan fuego al pedernal pisado. Llega, párase, y, ved: al centro avanza Del concurso patriótico un guerrero. Ostenta insignia de primer caudillo En el triple bordado Que le decora con fulgente brillo: Alta la frente, el ademan severo, Espada en cinta, la envidiada banda De los valientes sobre el pecho, vénia Para decir, demanda. Id La generosa multitud se agita ,- Atienden los repúblicos; aun suena Invencible rumor, como de cauce Despeñado á lo lejos, Y así prorumpe el héroe de Lucena: «Presido de la Reina en los consejos, »Y la Reina me envía. »Oh padres de la patria! Dad que al punto »Con tremendo estampido »Ley sea el rebullir de los combates. »E1 moro se ha atrevido «Contra el limpio blasón de nuestra tierra, »Y encastillado en su intratable saña....» No prosiguió: lo impide Un grito universal diciendo : «Guerra ! «Santiago! y ¡cierra, España!» Corre marcial pendón que ondea al viento, Cual por alambre eléctrico llevado. No hay recelar, no hay rehuir: soldado No es quien place á la suerte, mas quien tiene Fuerza para empuñar la carabina, Brio para regir troton ligero, Animo que á proezas determina, Pecho de roca para trance fiero. Aquí abraza el anciano Al joven nieto: su valor pregona; Y, mostrándole antiguas cicatrices, «Mira, le grita: las gané en Gerona.» Allí arranca la esteva El padre enfermo al hijo á quien más ama, Diciendo: «Yete, que el honor te llama;» Y esconde en el instante, Por no verle partir, mustio el semblante. 16 Allá exclama la madre, á quien quebranta Fiero dolor el corazón herido : «Para eso le he parido!.... Devuélmele salvo, Virgen Santa!» Y acullá la serrana más donosa, Bañando en llanto acerbo De ambas mejillas la flamante rosa, Dice al doncel: «A Dios! marcha á las lides. «Capitán volverás: mata al protervo. «Capitán volverás; mas no me olvides.» Por restañar la sangre á los leales Rasga la virgen del Señor y ablanda Purísimos cendales, Que entretejieron fábricas de Holanda, Telares de Vivero ó la Coruña, Ó las volantes ruedas Que agita en la afanosa Cataluña Recio el vapor con negras humaredas. Abre Creso español sus cofres de oro, Débil bracero su jornal limita, La parca toga, honor del patrio foro, La viuda, el sacerdote y el que habita Pobre tugurio ó centro palaciano, Todos con franca mano, Ya el óbolo presentan por ofrenda Al altar de la patria bendecido 1, Ya el caudal recogido Con largo afan en la industriosa tienda, Ó el que dan los graneros heredados Con ducal timbre, al precio de la sangre De ascendiente perínclito comprados. Del rimbombante bronce ya retumba El ronco son en la empinada torre, 17 Y ei pueblo de héroes corre A los templos y al Dios de las batallas , Auxilios á implorar. Arde brillante La antorcha de la fe, cual las antorchas Del sacro tabernáculo: una nube De humo perfumatorio Por las naves se extiende ; A las talladas cúpulas asciende, Llena,el propiciatorio. Los ancianos pontífices, depuesta La mitra recamada, Revístense morados paramentos, Y al adorar la Hostia inmaculada . Los acentós repiten Que el rey profeta en su cinor hebreo'2, Al hallarse vecino Del insultante campo filisteo. Y habló Isabel; si en nombre la segunda, En patrio amor igual á la primera, Y en corazón magnánimo. Del trono Se alzó sobre las gradas: en su frente Brilla con luz fecunda Real diadema; osténtase en su mano El cetro castellano; Manto de tirio múrice quilata La augusta majestad, y rozagante, En ondas de escarlata Y de oro centellante, Por la pérsica alfombra se dilata. Quién dirá de mi Reina la hermosura? En gloria, en bizarría, En noble continente y apostura, La imágen de la patria parecía i 18 Por ingenioso artífice labrada, Y en escabel de triunfos encumbrada. Y habló Isabel: la hueste vengadora Los nombres sabe ya de sus caudillos. Dílos, Musa canora, Y el del procer que á proceres comanda, Y en la marcial demanda Va á brindarles con palma vencedora. Por los tartesios campos, redoblando Retemblantes tambores, Y el son de las cornetas Ecos al monte y las cañadas dando, Bosques de relumbrantes bayonetas Van moviendo á compás. Cada uno tiene Famosos capitanes. Se adelanta El intrépido Echagüe, que hora viene Brillante en juventud y patrio brío: Con él Gasset, y Elío, Y Barcáiztegui van, los nobles tercios Rigiendo de Borbon y Talavera, De Alcántara con timbres coronada, De Barbastro y Granada. Sobre corcel que en el color iguala Á la noche más lóbrega, ya llega, Comandando otro ejército, Zavala: Orozco allí con él, y Enrique O’Donnell, Valientes campeones; Allí Angulo , y Gutiérrez, y Serrano Guían los batallones De Segorbe y Zamora , Madrid, Baza y la Albuera triunfadora. La hueste en pos, que la fulgente espada Sigue de Ros de Olano: 19 A su laclo Turón y el fiel Quesada; Y al frente de las filas de Llerena, De África, del Infante y San Fernando, Midiendo van el áspero camino Moreta, Otero y Diez y Cervino. Vense por fin las tropas cuyo mando Á Prim distingue, á Prim el semejante Á los héroes antiguos: poderosa Piafando le soporta y arrogante Yegua, por suya y por veloz, famosa: Allí Velasco 3 y Hore Guían los regimientos de Luchana, Cuenca, Vergara, el Príncipe; nohayfuei Que su poder belígero desdore. Al punto luego en el tendido llano Resuenan mil clarines Hijos del viento, y llegan los bridones De alto relincho y polvorosas crines. Tras el overo de Alcalá-Galiano, Fulmírieo en el combate, Marchan los escuadrones, Nuncios de horrible estrago. Sus nombres son Santiago, Húsares, Coraceros, Villaviciosa:—y guían su carrera Un Romero, un Vil!ate, Blandiendo lanzas y esgrimiendo aceros. Y más allá dominan el altura Cureñas rechinantes, Donde el broncíneo tubo, como en trono Del mimen que decide la batalla, Revienta en estampidos retronantes, Vomitando metralla. 2(5 Que del Atlas en recios pedernales, A la voz del santón que los conjura, Van aguzando alfanjes y puñales '. Manda esa infantería Kaid-Abbas-Emkiched 8, y va galano Sobre una alfana de Mequínez pía, Nevado el albornoz, alfanje en mano, Al cinto áurea gumía; Y cien jeques en pos y cien vazires, Soberbios capitanes, Que se estiman de raza de Sultanes: Reschid y Omer, y Abdul y otros emires. Al frente del alárabe jinete, Rigiendo potro de escogida raza, Blande Muley Abmete, Cual mortífera maza, Sultánico machete. Mas ved aquí á su hermano, Á quien Sid Mohamed las huestes bravas Fió en mandar supremo y soberano. ¿Quién de Muley-El-Abbas Puede el brillo igualar y alto decoro? Cabalga en alazan hijo del viento Y de la arena del Asmir dorada; Humo despide , al resoplar, su aliento, Y remueve la tierra su pisada: No vio Almagreb más belicoso moro. Al trotar del corcel ved fulgurando En su mano el acero rebruñido, Ondear su alquicel, cubrir su pecho Jubón con pedrería coruscante : Al talle receñida va ostentando Sérica faja de carmín y gualda, 27 Y azotando su espalda Recio borlon que adorna su turbante. Tal es la hueste que en furor bravio Y en fanática saña Corre hácia Alibe9 á contrastar de España El generoso, el indomado brio. Así rugiendo, en estivales horas Por la parte de Orion se alza una nube, Y otra anunciando furias vengadoras Por el lado de\ Norte al cielo sube, Y vuelan a encontrarse prepotentes En alas de los notos inclementes. Los espíritus réprobos en tanto, Contra España impelidos Desde el oscuro reino del espanto, A horrible conciliábulo acudiendo, Zambúllense en la mar, ántes propicia, Frente por frente á Gádes la fenicia. Del póntico cristal allá en el fondo Hay una gruta dó el claror se pierde, Festonada con algas y con ovas, Sombría gala de su pompa verde. Y allí Malek empuña Por cetro un mástil de español navio Que se hundió en Trafalgar, y exclama: «Hermanos, «Pudimos de Gravina «Aquí abatir el español tridente; «Y ¿ha de faltarnos hoy el poderío «De hundir á O’Donnell y á la altiva gente «Que en más débiles fustas se avecina! «Propicia es la ocasión: si Echagíie oprime «Ya berberisca arena, «No deis paso al terrible de Lucena. 28 »Id: desatad los vientos, «Las crudas sirtes bramen, «Llamad de allá del Este «Asoladora peste; «Gozad en los lamentos «Del hambre y la miseria y la matanza. «No tengamos piedad, no haya esperanza.» Así dijoMalek, y al punto mismo Rugió la mar, encapotóse el cielo, Crugió la tierra, retembló el abismo. Ay! La primera hueste Ya sin socorro en Almagreb campea. Ay ! La primera sangre Del español ya humea. Tuya, Echagile! En tu dedo, que señala 10 Del honor el camino esplendoroso, Clava el infierno enrojecida bala, De tu noble ademan envidioso. ¡Acudid, acorred: Prim, Ros, O'Donnell, Esperanzoso O'Donnell, que tremolas De jefe principal limpia bandera! Pasad: vuestros hermanos en Anghera Dos son contra dos mil. Malditas olas! Malditas!.... Pero no: ¿quién las detiene? Súbito brilla esplendorosa llama Sobre las aguas túrbidas, y cesa De pronto su furor. Y... ved: es fama Que el ángel aviles, la gran Teresa, Una luz de la estrella de los mares Que la Esposa le dió de los Cantares, Bajó del cielo esplendorosa y bella, Y enfrenó el ponto al alumbrar con ella. Nuevo furor en el precito. Empero y 29 Ya el insigne adalid y los valientes Ejércitos hispánicos unidos, Tremolan sus belígeras enseñas De Africa por las breñas. Con ellos Dios. No vencerán? Mas ¡ cuánto No ba de costar la generosa empresa, De constancia y valor, de sangre y llanto ! Treguas, olí Musa! y en el canto cesa, Y cobra nuevo aliento, Y nuevo timbre adquirirá tu acento. ' \ / L a . LIBRO SEGUNDO. Prósperos y contrarios sucesos: influencias infernales y patrocinio celestial: batallas: honras fúnebres y sufragios por las almas de los valientes españoles: cólera-morbo, intemperie, fatigas: la Noche-buena, y combate del dia de Navidad. Áun no mandaba la rosada aurora Su pura lumbre á la extensión vacía, Ni el reclamo de tórtola canora Por los montes de Ceuta se extendía, Ni áun la adelfa inodora Con perlas de rocío ornaba el tallo, Cuando ya en las fraguras del Serrallo, A la voz del clarín madrugadora Y del tambor al redoblado acento, Agítase el hispano campamento. Muéstrase el sol; y en filas ordenadas Se ven tiendas blanquísimas, que imitan De una ciudad las anchurosas calles, Y ocupan las colinas y los valles. Todo es marcial bullir. Por aquí vuela 32 Un jinete con órdenes; ya avanzan A relevar nocturna centinela Los tercios descansados; allí corren, Persiguiendo el rumor de oculta fuente, Los soñolientos á lavar su frente. Solícitos los cabos Mandan al uno, al otro dan consejo; Quien vuelve al arma el nítido reflejo. Quien el ros polvoroso, el enlodado Poncho de pardomonte allí restaura; Quien el humo aspirado De la planta habanera, envía el aura; Quien llega á repartir los duros panes, Quien á dar lumbre á próvidas calderas. Jefes y capitanes Revisan las trincheras, Ordenan batallones, Ó improvisos reductos afianzan Con bocas de mortíferos cañones. Mas de pronto Satan, que no dormía, Las de Anghera y Belzú kábilas fieras Volvió á estrellar contra el hispano campo. Inútil afanar ¡ vana porfía! Prestos cual vivo lampo Gasset y Sandoval, y otros valientes «Fuego!» dicen; y truenan los fusiles De Madrid y Borbon y Talavera; Y los hijos de Alá ruedan á miles, O al robledal se acogen de Bullones ', Huyendo de Makenna y sus peones. También allí la sangre generosa Corrió del español. Mas ¡oh del ciclo .Nueva señal, que á Lucifer acosa! * Al enterrar los mártires hispanos, De la empapada arena sanguinosa Brotó como una luz, que despedida Fué á dar en otra arena removida. Allí acuden los milites. Portento! De mortíferas bombas un tesoro Encuentran soterrado *; y dan al viento, Para que al Dios auxiliador las suba, Voces de triunfo en aclamar sonoro. Ansian por el desquite los rebeldes Angeles de Mahoma ; y el infido Espíritu de Abú lánzase al aura. En cólera encendido. Cual sulfúrea centella, Cruza la mar, y pósase iracundo Sobre el faro de Málaga la bella. De allí registra el puerto. Érase el dia En que buque gentil se disponía A hender las aguas, onerario el seno Con el salitre fulminante, y bombas Cargadas contra el pérfido agareno. El Genova.- Gran Dios! Por la cubierta Con vário afan la multitud vagaba, \ la esperanza, en el ambiente incierta, Con la flotante grímpola jugaba. Abú lo mira; la distancia mide; En la cárdena luz de la farola Su enorme hundió desenroscada cola, Mojada en los betunes de Asfaltidc, Y contra el buque mísero la asesta Como punzón lanzado por ballesta. Espectáculo horrendo ! Al punto grita El capitán Giuseppe: «Fuego áhordo! 33 34 Y ¡hay pólvora!»-Se agita La miseranda gente en rumor sordo. Mas de popa al bauprés cruza una llama, Y cunde horripilante clamoreo, Y palidez de muerte se derrama Por todos los semblantes. Precipita La madre al hijo en el cristal profundo, Y arrójase después; y en el instante, Bregando con el onda devorante Se ve el milite, el nauta, la matrona, Y la que ciñe virginal corona, Y mil y mil que en hórrida agonía La superficie de la mar llenaron. Oh momento! Mirad : súbitos llegan Innúmeros esquifes; ya arrebatan Náufragos á las ondas : se salvaron! Málaga treme aún. ¡ Ay si revienta El volcan en el Genova escondido! Mas no será; que el mismo horrendo fuego Sirve al poder de Dios y le obedece. La llama abre la puerta á los raudales Del mar: en sus abismos Se hunde la nave; el humo desparece; Y antes que muerte y destrucción vomite, Ya instrumento de furias avernales, El inflamado Genova perece. En tanto la constancia vencedora Piensa abatir Alá del noble hispano, Gon lid continua y lid destrozadora. No hay en África tregua; no hay demora De c ombate á combate: á una fatiga Síguese otra fatiga, y cada aurora Tinto ve en sangre el bosque, el monte, el llano. Quién podrá resistir ? Ya ia enemiga Falange á los reductos se abalanza De Isabel y Francisco: el ominoso Pendón muslim avanza. Al arma, campeones! Que os dominan el foso! Que van á arrebataros los cañones! Fuego, artilleros, fuego! Á ellos, que huyen! Chiclana! ¡que ya vuelv Con ímpetu mas ciego! Castilla ! (pie os envuelven! Saboya! que. os amagan! Ara piles! Truenen vuestros fusiles! Qué confusión! qué horrendas confusiones! Qué inmensa mortandad ! El sol besaba Ya las ásperas crestas del Bullones. Cuando una y otra hueste comenzaba Á cejar en su ardor. Huyen los moros. Al cielo y á la tierra amenazando, Mal reprimido su furor violento; Y el español, cadáveres pisando, Tórnase al campamento h O Donnell previsor luego repara Que, allí encerrado, desplegar no puede Sus fuerzas contra el árabe ferino, Y quiere en la llanura hacer alarde De su ciencia y valor. Mas ¿dé el camino Que saque de los ámbitos roqueros Las máquinas de guerra y los corceles Y el inmenso aparato embarazoso? Pero O’Donnell habló: los ingenieros Diseñan planos; la acerada pala. El pico, la segur empuñan íielés. 43 Y al guerrear y sus peiigros mofa, Y se ufana y engríe, Y rebullendo de una en una banda, A los hinchados odres apostrofa, Onustos ya con el licor de Arganda! Luego rompen en baile placentero El rudo aragonés y el valenciano , Y el que nació en Castilla y el ligero Andaluz, y mil más, y unos con otros Las guijas trillan del oscuro llano, Si esquiva cantinera no aparece, Y sus desdenes deja, Y al coracero más valiente ofrece Ser en la viva danza su pareja. Entonces fue cuando en acento agudo López cantó, famoso en melodías: López, que hoy lleva el casco penachudo. Y empuñó esteva en sus mejores dias. Su madre lo dió á luz en la ribera Del Bétis, y en sus ricos olivares Aprendió, niño aún, dulces cantares, Que en Ronda enamoraron y en Utrera. Cuando después el atambor llamaba, Su amante compañera, única y sola Á quien fió de amor blanda querella. Fué su guitarra: al África llevóla, Y ora cantaba así, rasgueando en ella: »Mi amor! Ya su espingarda » Fué y me asestó Ben-Guya; » No llores: Dios me guarda » Porque mi vida es tuya.» Y miéntras cunde la tiniebla fria, Y va pasando en perfumante jarra 43 El tinto moscatel, con modo suave, Mezclado de dolor y de alegría, Continuaba la bétíca guitarra . Y la festiva danza proseguía, Y López, que alternando repetía: «Ni al mismo Cid envidio » La empresa mas galana; »Dios! Patria! Reina! y lidio » Pensando en mi serrana. » Y ved aquí el bullicio y los aplausos Redoblarse de pronto: se presenta Cercado de caudillos el caudillo; Y los alegres ranchos recorriendo, El gozo de los milites aumenta, Y de vítores mil se oye el estruendo. Lo escucha un renegado (raza infame, Del demonio querida que ahorcó á Judas). Llega á Muley-El-Abbas, y le advierte, Doblando el cuerpo en contorsiones mudas, Ser ocasión de exterminar con muerte Al enemigo de Islam. Reúne Silencioso Muley sus tropas rudas, Y avivando su espíritu sanguino, Dice en sumisa voz: « Hijos del Atlas, » ¡Bendito Alá, que os interdijo el vino! «Víctimas son de su letal beleño » Las fuerzas del infiel. Esta es la hora: » Redoblad vuestro ceño, »Agitad la gumía vengadora.» Y como el tigre que traidor avanza Con atentados pasos contra el ciervo, Y súbito se lanza; Así al cristiano en el momento mismo 44 Acometió el protervo n. Pero triunfó? Turón. Turón lo diga, Que el nacimiento de Jesús cantando, De un abismo á otro abismo Con sus serenas tropas fué lanzando Al sectario feroz del islamismo. LIBRO TERCERO. Deja O’Donneli el campamento del Serrallo: batalla de los Castillejos: Monte-Ncgron, temporales, escasez, sufrimientos:'la escuadra española: constancia de las tropas: reencuentros: agüeros de los moros: O’Donncll combina el plan de una acción de cisiva: batalla y victoria délos campamentos: los marroquíes saquean á Tetuan: Luzbel vencido: rendición de la ciudad: alegría triunfal de España. En esto, ya ofreciendo franco el paso Á infantes y caballos la ancha via, El Conde de Lacena en campo raso Quiere probar á la morisma impía. Manda, y al punto abátense las tiendas; Y una mañana cuando el sol salia, Iban huestes hispanas avanzando, Los breñales, testigos de sus triunfos, A la espalda dejando Para buscar más lejos Nuevos peligros, mas de nueva gloria Inmortales reflejos. Miran los batallones A su izquierda la mar, al otro lado Las crestas, que flanquean, del Bullones, Y oh sitio! al frente, ved... los Castillejos! Por las aguas del piélago, Bustillo, El maestre de nautas valeroso, Viene rigiendo con feliz tridente Veloces proras, donde el humo hirviente Resalta desde tubo sonoroso. Apoyo ofrece la ciudad flotante, Y bastimentos manda al generoso Milite, que arrogante Luchando y reluchando, Las tierras del muslim va conculcando. Aun no tiene la fama entre los moros Eléctricos alambres por dó vuele; Mas tiene agudos gritos, y cien alas Que el huracán abrasador impele. Déjase arrebatar: valles y campos, Ciudades y adüares, A redoblar azalas, A furia, á rabia, á batallar concita. Ruge Sid Mohamed desde su trono. Como herido león. Muley-El-Abbas Un mundo de almaizares, Un mundo de chilavas Hacia el mar precipita, Ardiendo en patrio encono. Ay! ¿Qué va á suceder 1 Brilla de Enero El primer sol en el sereno Oriente: Ya lo eclipsó de pólvora inclemente El nubarrón que dominó el otero; Ya el estampido horrísono acaricia Al español y al marroquí; ya es tarda Rápida bala á su impaciente furia; Y imo en maza convierte la espingarda, Y otro en lanza el fusil; y cuerpo á cuerpo Se acometen, se mezclan, se aniquilan; 46 Y sangre corre en espumante arroyo, Y sangre colma rebalsada el hoyo, Y sangre el trébol y el peñón destilan. Allí, coronel fuerte, allí, Alaminos, Herido fuiste. Allí Ben-Sid amante Por librar á su padre se apresura, \ mueren ambos en el mismo instante. Allí arranca de bárbaras peleas Al capitán herido el cabo Lises; Carga con él, y sálvalo: así Eneas Salvó allá en Il ion al padre Anquíses. ¡ Cómo arrecia la lid, y en crudo anhelo La victoria indecisa permanece, Y ni al Califa ni á Lucena ofrece La ensangrentada palma! Ya encumbrado Se hallaba el sol en el cénit flagrante, Cuando Prim á sus filas Manda apilar en tierra las mochilas , Saltar más libres contra el moro ardido, Y destrozar de súbito .... Mas, cielos! ¿No vuelven rechazados Por vez primera ibéricos soldados? Es sueño? Es ilusión? La hueste mora ¿No deja atras las españolas prendas? No; que Prim, los ijares destrozando De su pujante yegua voladora, Empuña ya el pendón de San Fernando, Y con voces tremendas Como el rugir del trueno, va gritando: «Hijos, volved! ¿No recordáis ahora »Que esas que abandonáis, cerradas pieles, • Contienen vuestros ínclitos laureles?» Dice: le oyen, volvieron, las cobraron, 47 48 Y honrantes a 1a par. Ya los lanceros Y los húsares llegan, y sobre ellas La bandera muslímica plantaron , Que Pedro Mur desde su overo ardiente De arrebatar acaba Con 1a vida á Ben-Rif que la llevaba. Entonces fue cuando Zavala arriba, Y como rayo entre 1a gente fiera Hiende, trunca, derriba; Entonces, cuando tropa marinera Bustillo manda; y el muslim se aturde; Y van al aura en clamoroso viva Los nombres de 1a patria y de Isabela , Y acrece el sol de ocaso los fulgores, Y te victoria deshojando ñores1, Sobre el hispano ejército revuela. Como después del racimoso otoño Cubre 1a tierra el aterido invierno; Como después del esplendente dia Llega 1a noche encapotada y fría; Como el dolor y el sufrimiento invaden, Tras momentos de célica alegría, La casa del mortal; así á tes huestes Que O'Donnell rige y entre palmas lleva, Permite Dios que lleguen, tras las horas De entusiasmo triunfal, horas de prueba. Asi el Sumo ejercita 1a constancia De 1a serena denodada tropa Que vuelve á ser admiración de Europa. Vedlo en Monté-Negron. Horrendos soles Y más horrendas noches dominaron, Y por tronchar pugnaron Los lauros españoles. 49 Tornó á soltarse la pujanza ruda De Luzbel y los suyos; nuevas rugen Del báratro ominosas potestades, Que vuelan en su ayuda; Y al lado del turbión y de la peste, Que blanden hoz contra vital estambre, Llega flotando en la asquerosa veste, Pálida, ansiosa, descarnada el hambre. El hambre! Oh Dios! Del cóncavo maldito De Luzbel patrimonio, No salió nunca tan atroz demonio. Di, Musa, di si pudo Del prudente adalid la previsora Solicitud burlar, ó si el que presta Rubio grano al pardillo en la floresta Nos acorrió con mano protectora. Costeando las playas del alarbe, (Y cual granero de la gente hispana Acampada en las próximas arenas) Monta nave Bustillo, capitana De ibéricas entenas. El nombre la decora de Lepanto; Y su arrogante insignia van siguiendo De gualda y amaranto, Céres, León, Alerta, Rosalía, Santa Isabel, Colon, Blanca; y moviendo Gallardetes y grímpolas el aura, Las generosas proras impelía. Mas ved aquí de súbito que el cielo Se encapota con tétrico celaje, Y va tupiendo el temeroso velo, Del mal asombro, de la luz ultraje. Álzase el huracán, el trueno brama, 4 so Fulgura el rayo, el ponto se enfurece, Baja el turbión, el torbellino crece, El campo es viva llama, La flota desparece. Un dia y otro dia La tierra, el cielo, el mar vuelven al centro Del ciego cáos, y en la bruma horrenda La risotada de Luzbel se oia. Pronto faltó vivificante anona: Tiembla de inedia y frió en la trinchera Quien más constante de sufrir blasona; Y en vano el cazador su ros de fieltro Asegura en las sienes, ó se guarda Del noto y del granizo, sujetando Del fluente poncho la esclavina parda. Qué noche, Santo Dios! Vuelve la aurora, Mas no la luz á la aplomada nube; Y O’Donnell impaciente al cerro sube, Armado con la lente indagadora. Ni un buque en lotananza! Mas divisa , Oh miserable caso! que avanzaban Tres náufragos desnudos por la arena, Y que al cielo las palmas levantaban, No enjutas, ay! en ademan de pena. Llegan, se abrigan, hablan: los recibe Mustia la tropa, y de su labio aguarda Nuevas de horror, de llanto, de agonía. Calóse al fondo de la mar profunda La quilla á quien su nombre Daba Santa Isabel; la Rosalía, Apagados sus hornos, cruje y vara; Llevadas por vorágine iracunda Que en la tiniebla el huracán prepara, Sin velas, sin timón, ni anclas ni rumbo, ¿Dó las otras fluctívagas entenas? 2 Dónde el fuerte Bustillo? Dios lo sabe; Que callan los tres náufragos, y sólo Gimen, pensando en su deshecha nave. «Ni una señal siquiera de bonanza! » ¿No hay esperanza ¡oh Dios! no hay esperanza?» Así afanoso el adalid decía, Y va á mandar que á Ceuta retroceda La combatida hueste. No sabía Que aquel fragor que aun vaga por la altura, No es ya de tempestad; es el combate De milicias angélicas, luchando Para que vuelva á la infernal hondura De Luzbel y Malek el negro bando. Súbito se desgarran los crespones Que enlutaron el sol; la mar se aduerme, Huyen los aquilones, Vuelven las auras del azul sereno, Párase el rayo y enmudece el trueno. Y ved que allá en los pónticos raudales, Nuncios no há mucho de miseria y muerte, Ángel de la abundancia aparecía, Que agitando las flámulas reales, Hácia el campo español las dirigía. Oh Dios! oh Providencia! Á tí la gloria, Á tí la bendición en las edades; Que no fue España á reportar victoria Contra Almagreb no más; tú se la diste Contra el furor de inicuas tempestades. ¿Qué es, á par de ellas, en luchar contino Del Negron dominar traidora cresta, Ó acrecer del Ásmir con sangre y llantos 51 58 Dice, y dejando el imperial camino, Sobre Tetuan arrójase rugiendo. Horror! horror! ¿No visteis cuando cubre Manto de espesa nieve las fraguras, Bajar desde ellas los hambrientos lobos En demanda de presa codiciada? Tal kábilas impuras, El embate al huir del nazareo, Sacian la furia en su ciudad sagrada, Y á las llamas la entregan y al saqueo. Rie Luzbel; extiende noche ciega Tétrico velo sobre el pueblo mudo. Qué escenas! ay! De súbito patente Queda el guardado hogar; á empuje rudo El fortísimo quicio se doblega. Búcaros, pebeteros, mantos de oro, Arracada esplendente, Esencias orientales, Pintada porcelana, El lecho de la virgen inocente, El celado divan de esposa bella, El sitial recamado de la anciana, Joyeles de purísima centella, Yasos de argento, espléndido tesoro... ¿Qué es lo que no profana Con sus iras brutales En su carrera el despechado moro? Faraón otra vez! Llamó á tu puerta, Hijo del Sin y de Moisés; y en vano Es que le rindas tu cobarde frente, Y en lacrimoso anhelo Hieras con ella ensangrentado el suelo. Muerte; no hay salvación: calles y plazas 59 Digan tu afan; mas no...—Vendrá el cristiano Esa cruz que tus padres furibundos Alzaron sobre el Gólgota y rechazas, Te librará como libró á los mundos. Despareció Satan: brilló la aurora. La perla del Jelú perdida estaba, Y el victorioso O’Donnell, ya vecino, Con la oliva ó el hierro le brindada. Mas ved aquí de pronto que agitando Purísimos cendales,. Corre del vencedor á los reales Muslime cabalgata; Y al trotar de alazanes y de overos, El hijo del profeta va exclamando: «¡Ay, mi sultana, mi ciudad querida, Joyel de flores en tazón de plata, Que amparo buscas de feral procela En el mismo Djalud11 que te debela! Hurí de Alá bendito! ¿Quién lo dijera!—Pero estaba escrito.» Sí! para gloria del honor hispano. Acudid, pueblos; acudid, naciones: Ya está humillado el que insultó. Lo visteis? El parche temblador, el soberano Clarín, de agudos sones, En salvas retronando cien cañones, Cien músicas vertiendo su armonía, Los. invencibles de mi patria, víctor De triunfo alzando á la celeste esfera, Presentado el fusil por homenaje, Temblando África impía Con ya inútil coraje, Pasmada Europa, el ángel sonriendo, 60 Van la hispana bandera conduciendo Á la Alcazaba de Tetuan. Oh instante! Vedla allí, vedla allí, vedla flotante! La conoces, Ágar: son sus colores Los mismos de la Alhambra que aun te aterra. La conocéis, naciones: sus fulgores Lanzó á dos mundos, al domar la tierra. Y ¿son ios vencedores Esos, que con el árabe vencido, Dejada la iracunda bayoneta, Comparten hoy su próvida galleta? Lo son; que ya han mudado la mezquita En templo de aquel Dios que vino al mundo A divulgar la caridad bendita; Y con fervor profundo Allí dieron al aura en dulce trino, Por versos del Koran que no se apiada, El cántico de Ambrosio y de Agustino, Himno triunfal de paz que á Dios agrada. ¡Venid, corred, volad, y.dadme ahora, Vírgenes de mi patria, dadme flores! Palmas, coronas mil! Ya se ha vestido Manto de gala Iberia vencedora. Mirto! arrayan! Madrid saltó de gozo. Voltea el bronce en altos alminares; Gigante voz de célico alborozo Soltó el cañón; murmurio más alegre Manda el caudal del regio Manzanares. El clamor popular subió á la esfera; Lluvia de oro y carmín el suelo inunda; Brilla la sombra de Isabel primera; Álzase el cetro de Isabel segunda. Hijos de la armonía! 61 Cantadlas en el arpa sonorosa De León y de Herrera, Que miro en vuestras manos. 18 Olí dulce melodía! La doncella y la esposa En la edad venidera Repetirán los metros soberanos. ¡Oh si en mi humilde lira yo os pudiera Acompañar!... Salud, salud, hermanos! De O’Donnell, de la Reina, de la patria, De innúmeros valientes, Os sigo desde lejos, proclamando También los nombres de inmortal memoria, Y el divo lauro en que ceñis sus frentes, Y la española gloria, Que va un ángel del cielo pregonando Con el áureo clarín de la victoria. FIN. I i. NOTAS AL LIBRO PRIMERO. 1 ,Fa el óbolo p r e s e n ta n p o r ofre n d a A l a lta r de la p a tr ia ben decido. Nada hay exagerado en esta descripción ni en las anteriores. Léanse las G acetas y periódicos del tiempo. Más adelante se verá que todo el poema so lia escrito con sujeción á lo que resulta de partes oficiales, de cartas publicadas, y de documentos fidedignos. 2 Que el r e y p ro fe ta en su c in o r h eb re o ... C in o r, instrumento músico de cuerdas, especie de lira muy usada entre los hebreos. Véanse Calmet, Mattei, Chateaubriand. 3 A llí V elasco, &fc. D. Julián Angulo y Velasco: se le nombra sólo por eí segundo apellido, á causa de ser el primero igual al de D. José Angulo y Aguado, citado ya entre los jefes del ejército de Zavala. 4 Oh! cu ál b r illa la hueste esclarecida, S f c. Se han mencionado todos los ejércitos, sus diferentes institu tos, sus Generales, los délas divisiones y casi todos los Jefes de las brigadas, con sujeción al Cuaderno oficial titulado «Ejército de África,» impreso sin fecha: Im p re n ta N a cio n a l. Algunos délos que no han podido tener cabida en la forzosa estrechez del cuadro, se consignan luego; y el autor aprovecha esta nota para rendir á todos los militares que tan gloriosamente han guerreado en África, el merecido homenaje de alabanza y de entusiasta admiración. Por 64 ello ha citado el susodicho cuaderno, y seguirá citando los partes oficiales de las batallas. 5 Y cabalgo en H ia zu m . Hiazüm es el caballo del ángel Gabriel, según los mahometa nos. Véase la traducción francesa del Koran, por Kasimirski, nota al verso 11.° del cap. III. 6 R esid e de l R a im a n . Según dicen, significa el m ise rico r d io so , nombre de Dios en árabe. 7 V an agu zan do a lfa n je s y p u ñ a les. Tampoco se ba inventado esta descripción. Véase la del impe rio de Marruécos, donde constan las diversas clases de habitantes que lo pueblan : V ia jé ilu stra d o en la s cin co p a rte s d el m u n do. Ma drid: establecimiento tipográfico de Mellado, 1852, pág. 263. 8 K a id -A b b a s-E m k ic h e d . «Kaid-Abbas-Emkiched, que mandaba la infantería morisca desde el principio de la guerra hasta la toma de Tetuan , ha sido nombrado gobernador de Tánger, &c.» Párrafo de un artículo del periódico L a C ró n ica d e G ib ra lta r del dia 3 de Marzo, copiado en Madrid en L a Ib e ria del 8 del propio mes. 9 C orre h ácia A lib e , 6 fc . Alibe es el nombre que los antiguos moros dieron á Ceuta. 10 T u ya , E c h a g ü e ! E n tu d ed o, que señ ala D e l honor e l ca m in o esplen doroso , C la va e l in fiern o en ro je cid a b a la . Acción del 22 de Noviembre de 1859. Parte oficial del General Gasset, en el mismo dia y desde el Serrallo, al General en Jefe; y parte telegráfico de éste al Gobierno, en 29 del propio mes, donde dice: «El General Echagüe, mejor: ha perdido la y e m a d e l ín d ice de la mano derecha y un poco del hueso:» &c. Véanse las G acetas y periódicos. 65 NOTAS AL LIBRO SEGUNDO. 1 Ó a l ro bleda l se acogen de B ullo n es. Acción del 30 de Noviembre, descrita en parte oficial del Ge neral en Jefe desde Ceuta, á 6 de Diciembre. Véanse las G acetas. 2 D e m o rtífer a s bom ba s un tesoro E n c u e n tra n s o te rra d o . «Las 700 bombas que dijeron habérseles encontrado, no son 700, sino unas 2,000.» Carta de Ceuta, á 2 de Diciembre de 1859, publicada en L a s C ró n ica s de la gu erra d e A f r ic a , que dan á luz el Sr. Castelary otros: pág. 16. 8 E l in fla m a d o G eno va p e re c e . Cuadro completamente histórico. Véase la carta escrita en Má laga á 30 de Noviembre, é inserta en L as C ró n icas citadas, pági na 11 de la del Ejército y Armada. 4 Y el es p a ñ o l, cad á veres pisa n d o , T órn ase a l ca m pam en to. Acción del 9 de Diciembre: parte oficial, fechado en el cuar tel general del campamento frente á Ceuta, 10 del propio mes. Véanse las G acetas. 8 C u án ta s lid es a llí! Acciones para protejer las obras del camino, en los dias 12, 17, 20 y 22 de Diciembre. Véanse en las G acetas los partes oficia les’del General en Jefe, fechados en el cuartel general del Campa mento á 18, 21, 22 y 27 del expresado mes. <¡ D e M á rien ecos m il ó de M a ría . Cervantes dice que los mahometanos llaman Márien á Maria. Véase el D o n Q u ijo te ; parte 1.a, cap. XL. 8 G6 7 P a r a ilu stra rla s t ú , b a n d e ra s n u eva s. Acción del 45 de Diciembre, descrita en todo con sujeción al parte del General en Jefe de fecha de 17 del propio mes. «En este «dia, Excmo. S r., lia habido una circunstancia especial que referiré « á V. E .: después de la misa había entregado las banderas rega- «ladas al Ejército por SS. MM. la Reina y el Rey á los regimientos «de Infantería del Rey y de la Reina, como los más antiguos, &c. Véanse las G a c eta s. 8 E l á n g el I s r a il. El ángel de la muerte según el islamismo. Véase la traduc ción del Koran, anteriormente citada, nota al verso 68 del capí tulo XXXIX. 9 Y C onsu elo y R efu gio y A le g ría . I n m a c u la ta , C o n s o la tr ix , R efu giu m , L ce titia , invocaciones son de la letanía de la Virgen. 10 Que las huestes celebren la m em o ria D e l div in o n ata l, «Hoy por ser Nochebuena, se da á las tropas ración doble de vino y dos reales por plaza.» Carta fechada en Ceuta á 24 de Di ciembre, publicada en L a s C rón ica s d e la G u e r r a de A fr ic a ; página 46. 11 A c o m e tió el p r o te r v o . Acción del 25 de Diciembre. Véase en la G a c eta el parte ofi cial del General en Jefe: fecha 29 de dicho mes. \ 67 NOTAS AL LIBRO TERCERO. 1 Y la v ic to r ia , desh o jan do flores, S o bre e l h ispan o e jé rc ito re v u ela . La batalla de los Castillejos se ha descrito según el parte oficial del General, O’Donnell, fechado en el valle de Zamir á 8 de Enero de 1860. Véanse las G a c e ta s. El episodio de las mochilas consta de una carta del Conde de Reus, publicada en el periódico L a C or resp o n d e n c ia , é inserta en la pág. 99 de L a s C ró n ica s de la G u erra d e A fr ic a . 2 D ó las o tra s flu ctivag a s en ten as? Los nombres de los buques, y la pérdida de los dos que se ci tan , constan de los partes oficiales del Comandante general de las fuerzas navales de operaciones, D. José María deBustillo, fecha dos á 9 y 10 de Enero, uno en Puente Mayorga y otro en la mar á bordo del vapor I s a b e l II. Véanse las G a c e ta s. Acerca del horro roso temporal y de los náufragos, pueden leerse las cartas insertas en L as C ró n ica s d e la G u erra de A f r ic a , pág. 79 y 80, escritas á 7 ,9 y 11 de Enero , desde el rio Zamir y Cabo-Negro. 3 D e l N e g ro n d o m in a r tra id o ra c r e s ta , Ó a c re c e r d el A s m ir con sa n g re y lla n to L a c o rrie n te a l a lá ra b e fu n esta. Acciones del 4, 6, 7, 8, 10, 12, 14 y 16 de Enero, y partes fechados desde el pié del monte Negron á las colinas del valle del rio Asmir, en 8,13, 20, 21 y 22 de igual mes. Véanse las G aceta s. 1 Ríos la m a n d a , c a pitá n v a lie n te . Véase en la G a ce ta el parte del Comandante general de las fuerzas navales, fechado á bordo del vapor V u 'ca n o , fondeadero de Tetuan, 17 de Enero 1860. * ‘ É.