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La experiencia colonial española en Marruecos y las monografías regionales (1876-1 956)

Garcia-Ramon, Maria Dolores; Nogué, Joan

Abstract

Garcia-Ramon, Maria Dolores; Nogué, Joan,

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La experiencia colonial española en Marruecos y las monografías regionales (1876-1 956) 1 María Dolors GARCÍA RAMÓN * yJoan NOGLJÉ FoNT ** * Catedrática de Geografía Humana de la Universidad Autónoma de Barcelona ** Catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Girona 1. INTRODUCCIÓN Este artículo presenta un material hasta ahora prácticamenteinédito en la historia del pensamiento geográfico español: las monografías geográficas regio - nales referidas a la zonade influencia española en Marruecos publicadas entre 1876 y 1956, monografías que actuaron en su mayoría como manuales y como libros de texto en academias militares y centrosde enseñanza diversos. El ámbi - to espacial escogido comprende estrictamente el antiguo Protectoradoespañol de Marruecos, un territorio agreste y montañoso de 21.243 kilómetros cuadra - dos de extensión que, en la zona del Rif marroquí,englobaba las actuales pose - siones españolas de Ceuta y Melilla y el enclave internacional de Tánger. En 1876 se crea la Sociedad Geográfica de Madrid, denominada unos años más tarde Real Sociedad Geográfica. Será ésta una institución funda - 1 Esta contribución forma parte del proyecto de investigación «Discursos Territoriales y Práctica Geográfica en la Experiencia Colonial Españolaen el Norte de Africa (1876-1975)», financiado por la Dirección General de Investigación Científica y Técnica (PB93-055 1) y en el que también participan Lluis Riudor, de la Universidad PompeuFabra de Barcelona, y Abel Aibet, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Presentamos en esta ocasión un pequeño avance de un aspecto muy parcialde dicha investigación como homenaje a la persona y a la obra del profesor Joaquín Bosque Maurel. Anales de Geografía de la Universidad Complutense, n.» 15, 335-349 Servicio de Publicaciones. Universidad Complulense. Madrid, 1995 336 Maria Dolors García Ramón y Joan Nogué Font mental en la formulación de la política neocolonial española en el norte de África y, por este mismo motivo, la fecha de su fundación ha sido escogida como inicio del período estudiado. ElProtectorado español en Marruecos, instaurado en 1912, llega a su fin en 1956, por lo que tambiénnuestro análi - sis termina ahí. Queremos hacer observar en este punto que, con el inicio del régimendictatorialfranquista en 1939 (después de tres años de Guerra Ci - vil), el discurso marroquista y colonialista prende aún con más fuerza entre las clases dirigentes y entre la ideología oficial, pero de ningunamanera es nuevo, como a veces se insinúa. La Real Sociedad Geográfica y la mayoría de ideólogos del neocolonia - lismo español opinaban que el desastre de 1898 (pérdida de los últimos res - tos del gran imperio colonial español: Cuba, Puerto Rico y Filipinas) se de - bía en parte al totalabsolutodesconocimiento geográficoque la población española tenía de estas colonias. Por ello mismo —y ante la nuevaaventura colonial africana—, ¡os ideólogos africanistas insistían una y otra vez en que el error no podía repetirse de nuevo. Se hacía necesario un conocimiento ex - haustivo de las posesionesespañolas africanas, cual podía conseguirse a tra - vés, por ejemplo, de la cartografía, pero también de otros medios: de ahí el surgimiento de una geografía regional colonial con voluntad divulgadora, inexístente hastaaquelmomento. Nuestro objetivo consiste en presentar someramente esta particular lite - ratura geográfica,surgida precisamenteen unos momentos en que la geogra - fía no estaba aún institucionalizada como disciplina académica. Dadas las li - mitaciones de espacio, nos vemos obligados a dejar para otra ocasión su análisis pormenorizado. Previamente dedicaremos unos breves comentarios al estado de la cuestión de las relaciones entre geografía y colonialismo. 2. GEOGRAFÍA Y COLONIALISMO Considerando la importancia, duración y significación de las relaciones entre geografía y colonialismo, nuestra opinión es que se ha investigado so - bre la cuestión muchomenos de lo que hubiera sido deseable, sobre todo en algunos países, entre ellos España. Aun siendo así —y sin ánimo de ser ex - haustivos—, queremos dejar constancia en este capítulo de algunas interesan - tes obras centradasen el análisis de dichasrelaciones. La aproximación al tema se ha llevado a cabo, muy a menudo, de forma parcial o marginal, habitualmente en el marco de tratados más generales so - bre la historia de la geografía contemporánea o sobre la evolución del pen - samiento geográfico. Éste sería el caso de los trabajos de Meynier (1969), Dickinson (1969), James (1972)0 Freeman(1980) y también, aunque otor - gando al tema una consideración mucho mayor, el caso de Berdoulay (1981), Capel (1981), Riudor (1989)0 Livingstone (1992). La experiencia colonial española en Marruecos y las monografías regionales 337 En realidad, pocas son las obras que se han dedicado íntegramente al estudio de las relaciones geografía-colonialismo o a algunas de sus múlti - ples dimensiones, si exceptuamos algunos textos que podríamos conside - rar ya casi como clásicos (McKay, 1943; Church, 1948; Murphy, 1948; Carazzi, 1972; Kereny, 1972;Broc,1974) o bien los trabajos y monogra - fías generadospor los propios geógrafos de la época (Dubois, 1894 y 1896; OnésimeReclus, 1880 y 1904; Almagiá, 1917 y 1929; Deman - geon,1923;Société de Géographie de Paris, 1921).Últimamente, sin em - bargo, el panorama está cambiandoradicalmente a nivel internacional. Parece que nos encontramos ante un renovado interés por el tema,como prueba la publicación de los trabajos de Fierro (1983), Guimaraes (1984), Lejeune (1987, 1992 o 1993?), Godlewska & Smith, eds.(1994), Belí & Butlin & Heifernan, eds. (1994), Bruneau & Dory, eds. (1994), así como otras muchas colaboraciones de poca extensión, aunque no por ello de menor interés (Lacoste,1978; Ahmed, Bianchi, 1985; Dunbar, 1988; Soubeyran, 1989; Bachimon, 1990; Driver, 1992, inspirado en la obra de Said, 1993). El caso español, como ya hemos apuntado más arriba, ha sido, si cabe, aún menos estudiado que otros. En efecto, el papel de los geógrafos y de la geografía en la experiencia neocolonial española en el norte de África ha si - do, a duras penas, simplementeesbozado. Muy pocos geógrafos se han dedi - cado a ello y, en cualquier caso, de forma marginal, exceptuando la Tesis doctoral «Geografía y Colonialismo: La Sociedad Geográfica de Madrid (1876-1936)»,de José AntonioRodríguez Esteban, recientemente presenta - da (19 de septiembrede 1994) en la UniversidadAutónoma de Madrid. Sí existen, sin embargo, artículos y otraspequeñas contribuciones de cierto in - terés, tales como los de Gavira (1952), PaLomo (1976), Vilá Valentí (1977), Molla (1985), Llorente Pinto (1987), Bosque Maurel & Bosque Sendra & García Ballesteros (1992) y Reguera (1990 y 1991), la mayoría de ellas en torno a la RealSociedad Geográfica de Madrid. Es de destacar también la bi - bliografíageográfica sobre el Marruecos español recogida por Salvador Men - suaen 1956. Hasta cierto punto, este casi vacío bibliográfico de carácter geográfico so - bre el tema no debería sorprendernos, puesto que, en realidad, esta reciente experiencia colonial española tampoco ha sido estudiada a fondo desdeuna perspectivaestrictamente historiográfica.En efecto, es bastante sorprendente comprobar que sólo unos cuantos historiadores se han interesado por el área y por el período aquí escogidos, lo cual merecería una rigurosa reflexión por parte de la historiografía española. Son obras a destacar en este terreno las de Martín (1973),Morales Lezcano (1976 y 1991), HernándezSandoica (1980, 1982, 1984 y 1986),Fernández Rodríguez(1985), Diego Aguirre (1988), Bernadas et al. (1991), Bonmatí (1992), Carabaza & Santos (1992), López (1992), Fradera (1993) y Sueiro Seoane (1993). 338 María Dolors García Ramón y Joan Nogué Font 3. MONOGRAFÍAS REGIONALES SOBRE EL PROTECTORADO ESPAÑOL DE MARRUECOS 3.1. LAS MONOGRAFÍAS SELECCIONADAS Y SUS AUTORES De todo el material consultado hasta el presente se ha seleccionadopara estacontribución, a título de ejemplo, un conjunto de veinticuatro monogra - fías regionales. Se han escogido solamente aquellas obras que tienen un ver - dadero carácter de monografía regional, dejando a un lado obras de temática jurídica, histórica y antropológica, así como tratados de carácter estrictamen - te político e ideológico. Por otra parte,los veinticuatro textos seleccionados se circunscriben al ámbitoterritorial objeto de estudio, esto es al Protectora - do español en el norte de Marruecos, aunquepuedan incluir referencias, también, al conjunto norteafricano. Las veinticuatro monografías seleccionadas, cuya referencia completa se encuentra en la bibliografía final, son las correspondientes a los siguientes autores, por orden cronológico: Julio Cervera Baviera (1884), Teodoro Ber - múdez Reina (1894), Jerónimo Campo Angulo (1908), León Martín y Pei - nador (1908), Eduardo de León y Ramos (1908), Gabriel Delbrel(1911), RicardoDonoso Cortés (191 3), Sabas deAlfaro y Zarabozo (1919), Abelar - do Merino Álvarez(1921), AntonioJaén (1923), Angelo Ghirelli (1926), TomásGarcía Figueras (1928), José Guillermo Sánchez (1930), Vicente y José Guarner (1931), Ernesto Bravo Rivero (1935), Comisión Histórica de las Campañas de Marruecos (1935 y 1936), Antonio Ochoa Iglesias (1946), Alta Comisaria de España en Marruecos (1948), Ángel Flores Morales (1948), Antonio Bermejo de la Rica (1950), J. Cabello Alcaraz (1951), To - más García Figueras y J. L. Fernández-Llebrez (1955), Guillermo Guastavi - no Gallent (1955) y OctavioDíaz-Pinés(1956). Estas veinticuatro obras fueron escritas por un total de veintinueve auto - res. Hasta el presente hemos averiguado la identidad y el perfil profesional de veintidós de los mismos. De estos veintidós, diecisiete eran militares, uno (Eduardo de León y Ramos) era jurista, otro (GuillermoGuastavino Ga - llent) era profesor de Geografía del Centrode Estudios Marroquíesde Te - tuán, otro (Ernesto Bravo Rivero) erafuncionario del cuerpo administrativo, otro (AntonioOchoa Iglesias) era Jefe Superior de los Servicios de Marrue - cos y el último (Vicente Martorelí Otzet), arquitecto urbanista, era Delegado de Obras Públicas y Comunicaciones. Este último, junto con el Comandante Tomás García Figueras, coordinó el completo manual de la Alta Comisaría de Españaen Marruecos (1948). Los militares eran los siguientes: León Martín y Peinador (Teniente Coronel de Artillería), RicardoDonoso Cortés (Teniente Coronel de Infantería), Ángel Flores Morales (Teniente Topógra - fo del Servicio Geográfico del Ejército), Tomás García Figueras (Comandan - te de Artillería), Jerónimo Campo Angulo (Capitán de Infantería), Sabas de La experiencia colonial española en Marruecos y las monografías regionales 339 Alfaro y Zarabozo (Teniente Coronel del Estado Mayor),Vicente Guarner (Comandante), José Guarner (Capitán), Julio Cervera Baviera (Teniente de Ingenieros), Teodoro Bermúdez Reina (Coronelde Artillería) y José Guiller - mo Sánchez (Contador de Fragata). El equipo redactor del volumen de la Co - misión Históricade las Campañas de Marruecos (1935 y 1936)estaba forma - do por cinco militares: Cándido Pardo González (General de Brigada), César Voyer Méndez (Teniente Coronel del Estado Mayor),Luis VillanuevaLópez- Moreno (Teniente Coronel del Estado Mayor), Nicolás Benavides Moro (Te - niente Coronel del Estado Mayor), José Diaz de Villegas (Comandante del Estado Mayor) y GabrielDelbrel (Cruz y Plata Rojasdel Mérito Militar). 3.2. ESTRUCTURA Y CONTENIDOS Las monografías regionales analizadas persiguenclaramente dos objeti - vos: difundir el conocimiento geográfico del Protectorado entre los españo - les y convercerles, a su vez, de la oportunidad y convenienciade una política exterior que asegure la presencia de España en elnorte de África. Se apuesta claramente por una política colonial norteafricana como la supuesta única vía para inscribirse de nuevo —después del desastre de 1898— en el concierto de las grandes naciones: «Que ésa es la moral internacional moderna: desprecio y anulación a las naciones que se empeñan en ser moribundas; pleitesía y facilidades a las que por la cultura y por su propio impulso económico y militarmente se saben en - grandecer y hacerse respetar» (Martín y Peinador, 1908, p. y). Enlos prólogos, la mayoría de los autores ponen especial hincapié en el gran papel que tiene la geografía en toda empresa colonial que se quiera mo - derna y eficaz, y ello por dos motivos esenciales. En primer lugar, por su pa - pel divulgador: si no se difunde entre la ciudadanía el conocimiento geográfi - co de las nuevas posesiones, ésta no las sentirácomo suyas y, por tanto, rechazarácualquier contribución o sacrificio que eventualmente se le pueda solicitar. El marroquismo español, bien sea a través de la RealSociedad Geo - gráfica, bien a través de las monografías que estamos comentando, insiste una y otra vez en estacuestión y llega incluso a atribuir a esta «ignorancia geográ - fica» de los españoles la porentonces reciente y sentida pérdida de las colo - nias de América y Asia, concretamente Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Para los africanistas de principios de siglo, semejante error no podía repetirse de nuevo. En el prólogo a sus Estudios Geográficos, León Martín y Peinador no deja dudas al respecto: «Es deber primordial del pueblo español estudiar nuestras posesiones afri - canas... El objeto de este libro es contribuir a divulgar los citados estudios, para 340 María Dolors García Ramón y Joan Nogué Font que, a fuerzade constancia, llegue a encarnar dicho conocimiento en el alma del pueblo español. Empecemos a conocer, mejor que antes se hiciera en otraspartes, nuestros territorios africanos, que no por modestos dejan de ser la única base de futura expansión colonial, si logramos llevar a ellos la savia fecunda de iniciati - vas y progreso. No importa que nuestra Hacienda colonial sea pequeña, sise sabe cuidar y atender con interésy cariño» (1908, p.v; el subrayado es del autor). Semejante alegato encontramos en el prólogo que Vicente Vera dedica a la obra Nuestro Protectorada ElRif y Yebala, de José Guillermo Sánchez: lo primero que se necesita es tener en España un conocimiento lo más completo posible de ese país y de sus moradores en todos sus aspectos... Por consiguiente, todo lo que se haga para divulgar en España cuanto se refiere a Marruecos y especialmente a la zona española, a la naturaleza y recursos del país, a las costumbres y sociología de sus habitantes, para crear en España una opinión pública bien orientada que sirva de estímulo y apoyo a los directores de la acción española respecto al problema hispano-marroquí, como en fin, el aprovechar para esto la brillante situación que el porvenir ofrece, será labor útil y laudable. A este fin responde la obrita escrita por el joven D. José Gui - llermo Sánchez, Contador de Fragata y miembro de la Real Sociedad Geográ - fica’> (1930, pp. x-x]). Hayotro motivoque explica el porqué la geografía es tan bienvalorada por los africanistas españoles: se trata de su manifiesta utilidad a la hora de explotar mejor y más racionalmente los recursos naturales coloniales. El Te - niente Coronel Martín y Peinador propone que se organicen «por cuenta del Gobierno español, Sociedad Geográfica y Sociedades africanistas españolas, viajes o comisiones de exploración científica paraestudiar el suelo, produc - ción, la topografía exacta del país, tan imperfectamenteconocido, que apenas se logra bosquejar en los tratados geográficos que hoy se escriben» (1908, p. 363). Existe, sin duda, un cierto —aunque sin duda discreto— espíritu cientí - fista (propio de la época) en el marroquismo español, inclusoen sus versio - nes más «rancias» y conservadoras, representadasprecisamente por el Ejérci - to. Ello se observa ya en una de las primeras monografíaspublicadas dentro del período analizado, concretamente en la Geografía Militar de Marruecos del Teniente de Ingenieros Julio Cervera Baviera: «Si en las academias militares se enseña la geografía militar de Europa, con mayor razón debiera enseñarse la de Marruecos. Si al alumno de E. M. y al de Ingenierosse les exige el conocimiento detallado de los teatros de laguerra de Silesia, de Salzburgo, de Transilvania y del Cáucaso, con mayor razón debe exigírselas el conocimiento, más detallado aún, de los teatros de la guerra en el Moghreb y así como los franceses nombraron una “Comisión científica de la Argelia” que presté muybuenos servicios a las ciencias geográficas y a su pa - tria, agregados militares a nuestra embajada en Tánger y oficiales activos e in - teligentes comisionados para hacer estudios y viajar por la costa, y por el inte - La experiencia colonial española en Marruecos y las monografías regionales 341 rior, siempre que se presentase ocasión oportuna para aventurarse a penetrar en aquellas desconocidas regiones, prestarían un servicio de suma utilidad para todos» (1884, p.8). Unos años más tarde, en El Saha raysur marroquí españoles, José y Vicen - te Guarner llegan incluso a anteponer el dictamende una expedición científi - ca antes decolonizar a fondo estos territorios: «Es preciso dominar por medios diplomáticos y militares el país, hasta que se transite libremente por él y se pueda llevar a cabo una exploración científi - ca... que nos informe acerca de la conveniencia de la ocupación absoluta de su hinterlando lade nuestra limitación a la costa>’ (193 1, p. 149). Con todo lo dicho queda, pues, claramente manifiesta lautilidad y nece - sidad de las monografías regionales para el marroquismo español de la épo - ca. No hay ninguna duda al respecto. Como hemos mostrado más arriba, fueron básicamente oficialesdel Ejército los autores de estas monografías regionales coloniales, que no existían y que tanto se echaban en falta. Todos ellos eran perfectamenteconscientes de que estaban llenando un vacio, de que debiera existir una geografía académica que, entre otras funciones, cu - briera este hueco. El Comandante Tomás García Figueras lo señala con cla - ridad. «La falta de un texto de Geografía de nuestros Protectorados y Colonias de África adaptado a las exigencias del programa de la clase y la carencia absoluta de texto referente a la actuación de España en Marruecos nos han obligado a escribir estos ligeros apuntes» (1928, p. al; el autor se refiere a las clases de la Academia Militar). Todo ello no quiere decir que no existieran geógrafos en las filas del afri - canismo. Había geógrafos e incluso algunos gozaban de reconocido prestigio profesional y social, como Ricardo Beltrán y Rózpide (1899, 1920), Emilio Huguet del Villar (1921) o Gonzalo de Reparaz Rodríguez (1907, 1920- 1922). Muchos de ellos eran activosmiembros de la RealSociedad Geográfi - ca, como el propio Beltrán y Rózpide, bibliotecario de la misma, o Francisco Coello, uno de sus fundadores. Escribían a menudo en su boletín e incluso impartían conferencias en su sede. Algunosllegarían hasta a ser, más adelan - te, catedráticosde universidad, como Francisco Hernández Pacheco, quien será coautor de varias obrassobre el Sáhara español (1941, 1962). Ahora bien, alo largo de las primeras décadas de este siglo (coincidiendo precisamente con el período estudiado) no existió nuncauna geografía aca - démica lo suficientemente institucioíializada como para ser capaz de dar una respuesta global y efectiva, desde la universidad, a la demandasuscitada por la políticacolonialmarroquista. Era inimaginable, en España, el surgimiento en la universidadde una geografía colonial al estilo de la francesa. Y era ini- 342 Maria Dolors García Ramón y Joan Nogué Font maginable, simplemente, porque no existía una verdadera comunidad univer - sitaria de geógrafos (García Ramón; Nogué Font, 1992), aunque no por ello dejó de ser reclamadainsistentemente desde diversossectores, como por ejemplo desde la propia RealSociedad Geográfica. Es oportuno, en este sen - tido, recordar aquí los alegatos de Ricardo Beltrán y Rózpide: «Entre los extranjeros y nosotros hay, si, diferencia en cuanto a la partici - pación que aquéllos dan a los estudios geográficos en la enseñanza superior. Además, en los pueblos que figuran al frente de la civilización por su cultura y por su fuerza material, el conocimiento geográfico se halla más difundido entre las gentes a quienes incumbe la dirección de la enseñanza, de la administración y de la política; personalidades de prestigio y de gran significación social en - tienden y declaran la importancia y utilidad de los estudios geográficos y la masa general de las personas instruidas se aficionan a la Geografía, porque bajo la dirección y el ejemplo de aquéllos llegan a darse cuenta del valor que esta ciencia tiene en la vida de relación (p. 15)... En España no hay enseñanza superior de la Geografía; sólo en la Facultad de Ciencias se cursan algunas asignaturas más o menos relacionadas con laGeografía Matemática y Física (la Geografía Botánica y la Cosmografía y Física del Globo). Entre nosotros la Geografía es materia propia de niños. Se enseña (y muy mal por cierto) en el primer curso del Bachillerato a jóvenes alumnos que por lo general no pasan de los 10 u 11 años de edad. Después se prescinde de ella, así en las Universi - dades como en las Escuelas Superiores (p. 17)» (Beltrán y Rózpide, 1899). Veinte años más tarde el propio Beltrán y Rózpide,de nuevo en nombre de la Real Sociedad Geográfica, seguiría aún reivindicando la presenciade la geografía en los estudios superiores, al parecer con resultadosinfructuosos. «En España, la Real Sociedad Geográfica solicitó que se crease la Escuela Especial de Geografía, como Centro o Instituto de Instrucción Pública, en el que pudieran ampliarse y completarse en toda su integridad y sobre sólidas ba - ses los conocimientos de esta ciencia con la extensión e intensidad necesarias, así para ejercer el Profesorado de la Geografía, como para el desempeño de cargos técnicos o funciones administrativas que requieran especial competen - cia en materia geográfica. La Escuela de Geografía debería organizarse como Secciónagregada a las Universidades, o por lo menos a la Universidad de Ma - drid o Central...’> (Beltrán y Rózpide, 1920,p. 34). Ante este vacio, serán los propios y principales protagonistas de la políti - camarroquista —los militares— quienes cubrirán la demanda por ellos mIs - mos suscitada: de ahí el elevado número de monografías regionales escritas por oficiales del Ejército. La estructura de estas monografías es bastante parecida,aunque no siem - pre idéntica,- como es lógico suponer. Es habitual un prólogo en el que el propio autor o el prologuista, en su caso, se lamenta de la falta de textos geo - gráficos sobre las posesiones africanas de España y en el que se expone la La experiencia colonial española en Marruecos y las monografías regionales 343 conveniencia de una política exterior norteafricanabasada en el control territo - rial efectivo de determinadas zonas. En el mismo prólogo se suele arremeter contra la presencia francesa en territoriosque supuestamentedeberían pertene - cer a España. Justamente para subsanar en parte el mencionado desconoci - miento geográfico, se suele incluir una lista de fuentes bibliográficas (e incluso a veces cartográficas) para que el lector pueda ampliar la información. El aparato cartográfico —más que el estadístico— es una pieza importante del conjunto. A pesar de que hemos calificado estos textos de monografías regionales, lo cierto es que se apartan algo de las clásicas monografías regionales que a partir de los años treinta —y sobre todo cuarenta— se escribirán en España, si - guiendomiméticamente el modelo de la geografía regional francesa. En apa - riencia y a simple vista se parecen bastante, puesto que suelen empezar tam - bién por una descripción general del medio físico, para pasar a continuación a detallar diversosaspectos relacionados con la población y el poblamiento. Sin embargo, un análisis algo más pormenorizado y comparativo nos muestra una seriede rasgos propios y distintivos, cuya única explicación es atribuible al hecho de que estamos ante unas monografías regionalesespecíficamente dedi - cadas a un territorio peculiar —el colonial— y escritas no por geógrafos acadé - micos, sin o por los protagonistas más directos de esta acción colonial, es decir los militares. Éstos seríanlos rasgos propios más destacables: — Tono y contenido global poco académico y teórico. Orientación gene - ral dirigida directamente, sin rodeos, a dar respuesta a los objetivos mas arriba mencionados. — Énfasis, más que en las actividadeseconómicas de la población, en los recursosnaturales y en loque algunos autoresdenominan «Riquezas del país» (Guirelli,1926) y otros «Potencia económica del territorio marroquí» (Merino, 1921), por citarsólo dos expresiones similares. — Especial hincapié en los sistemas de comunicación (por ejemplo, «Puertos y principales comunicaciones» en Alfaro y Zarabozo, 1919). — Importancia mucho mayor que las clásicas monografías regionales a aspectos de carácter cultural, más presentesen la tradiciónsahariana que en la vidaliana. Temas como la lengua, la religión, los hábitos y costumbres, el ordenamiento jurídico autóctono o la organización po - líticalocal tendrán un tratamientopoco habitual en la geografía regio - nal académica española. — Especial relevancía a consideraciones de carácter estrictamente geo - político, en especial: la presencia y la acción de España en Marruecos (valoración de la políticacolonialpasada, presente y futura), el papel de las grandes potencias (cómo susambiciones coloniales afectan o no los intereses de España) y la historia de los diversos tratados y acuerdos internacionales,sobre todo de los quecondujeron al estable - cimiento del Protectorado.