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PRÁCTICA MENTAL Y DEPORTE: ¿ QUÉ SABEMOS DESPUÉS DE CASI UN SIGLO DE INVESTIGACIÓN ? Xavier Sánchez*y Marc Lejeune PALABRAS CLAVE: Práctica mental, teorías, parámetros, rendimiento. RESUMEN: El proceso cognitivo conocido como práctica mental interesa a la psicología del deporte hace ya algunas décadas. Este artículo revisa la literatura existente en este campo: exponemos los conocimientos teóricos de la imaginería mental, revisamos las distintas teorías explicativas de la práctica mental, y nos interesarnos en la influencia de sus distintos parámetros sobre la actuación deportiva. La conclusión recomienda la dirección a seguir para aquéllos que se interesen en el cómo actúa la práctica mental sobre el rendimiento deportivo y no se contenten únicamente en constatar el fenómeno. Hasta la fecha, ha sido ampliamente establecido que la práctica mental es un método eficaz para la mejora del rendimiento deportivo. Sin embargo, ninguna teoría es lo suficientemente completa para explicar la compleja relación existente entre práctica mental y deporte. KEY WORDS: Mental practice, theories, mediating variables, performance. ABSTRACT:The cognitive process known as mental practice has been influential in sport psychology for several decades. This paper attempts to review the literature of this domain: theoretical knowledge on mental imagery, explanatory models as well as mediating variables in sport enhancement are considered. Correspondencia: Xavier Sánchez. Université de Liège. Faculté de Psychologie. 5, Bd du Rectorat (B 32). Service de Psychologie Cognitive Sart Tilman. B-4000 Liège. Bèlgica. Teléfono: +32 (0-4) 366.20.21. Fax: +32 (0-4) 366.28.59. E-mail: [email protected] *Xavier Sánchez disfrutaba de una Beca de Estudios de la Caixa de Sabadell (1997-98) durante la realización del presente trabajo. Revista de Psicología del Deporte 1999. Vol. 8, núm. 1, pp. 21-37 ISSN: 1132-239x Federación Española de Asociaciones de Psicología del Deporte Universitat de les Illes Balears 2-Sánchez 31/03/03 10:01 Página 21
Sánchez, X. y Lejeune, M. Práctica mental y deporte: ¿Qué sabemos después de ... Revista de Psicología del Deporte. 1999. Vol. 8, núm. 1, pp. 21-37 tigación como aplicados (Atienza, Balaguer y García-Merita, 1998; Burballa, Oliva y Palmi, 1987; Corbin, 1972; Driskell, Copper y Moran, 1994; Feltz y Landers, 1983; Feltz, Landers y Becker, 1988; Jones y Stuth, 1997; Lejeune, 1997; Sheikh, 1983; Weinberg, 1982). De hecho, está justificado que este mecanismo es y ha sido siempre parte integral del proceso de aprendizaje (Lippman y Selder, 1992). El objetivo del presente artículo es revisar la literatura científica tratando los efectos de la práctica mental en el contexto deportivo. Empezamos el artículo exponiendo los conocimientos teóricos básicos de la imaginería mental, para clarificar aspectos que son a menudo ignorados por los estudios que intentan demostrar el auténtico papel de la práctica mental en el deporte. Presentamos a continuación las diferentes teorías explicativas interesándonos tanto por los estudios que las avalan como por los resultados que las cuestionan. Posteriormente nos interesamos en el papel de los distintos parámetros de la práctica mental incidiendo sobre el rendimiento deportivo. En fin, nos servimos de la conclusión para proponer y recomendar la dirección en la que deben ser orientados, a nuestro entender, los próximos trabajos que se interesen en el cómo actúa la práctica mental sobre el rendimiento deportivo y A final section suggests some directions to whom is interested in how mental practice works besides just verifying the phenomenon. At present, mental practice efficiency on sport performance has been widely evidenced. However, no explanatory theory is comprehensive enough to encapsulate the complex relationship between mental practice and sport performance. Introducción Entre todas las técnicas, programas o habilidades psicológicas existentes, pocas han sido tan estudiadas, pocas acumulan tanto volumen de trabajo, pocas interesan tanto a los investigadores y pocas son tan utilizadas por los atletas y tan valoradas por los entrenadores como la práctica mental1. Pero a pesar de todo el conocimiento adquirido a lo largo de los años, existen todavía muchos interrogantes sobre su auténtico papel en el rendimiento deportivo. A finales del siglo pasado y principios de éste existía ya un interés por la actividad muscular durante las operaciones mentales (Jastrow, 1892), así como por la relación entre imaginería2y movimiento (Washburn, 1916). En los años 30 aparecen los primeros estudios examinando el uso de la práctica mental (Jacobson, 1932; Perry, 1939; Sackett, 1934). Y es a partir de los años 60 cuando la explosión se hace notoria, viendo la luz multitud de trabajos tanto en inves1El concepto de práctica mental abarca las diferentes dimensiones de la imagen mental (visual, kinestésica, auditiva, gustativa y olfactiva). 2La traducción más aproximada al vocablo inglés “imagery” (o al francés “imagerie”) es el de 2-Sánchez 31/03/03 10:01 Página 22
Sánchez, X. y Lejeune, M. Práctica mental y deporte: ¿Qué sabemos después de ... Revista de Psicología del Deporte. 1999. Vol. 8, núm. 1, pp. 21-37 no se contenten únicamente en constatar que el fenómeno funciona. La imaginería mental En psicología cognitiva, el concepto de “representación” abarca tanto el proceso mental en sí mismo (en tanto que actividad) como el producto de dicho proceso (la imagen resultante de la abstracción). En otras palabras, el objeto de estudio debe centrarse tanto en los procesos constructores de las representaciones cognitivas como en las diferentes formas bajo las cuales tales representaciones son inscritas en el sistema cognitivo del individuo (Denis, 1989). La característica fundamental de toda representación es el “hacer presente” una entidad ausente (o algún aspecto de la misma). Tal representación (i.e. la imagen) conserva la información perceptiva bajo una forma estructural muy similar al percepto. Ahora bien, esta observación es sólo parcial, ya que los procesos de codificación trasforman el objeto para darle una forma “mental”. Esta transformación tiene como característica ser menos precisa que el referente (o de haber perdido información) en comparación con el evento u objeto inicial, dado los procesos de abstracción puestos en marcha en este tipo de actividades. Al contrario que otras formas de representación (e.g. el lenguage), la representación mental o “imagen mental” tiene la particularidad de preservar al máximo las propiedades estructurales y funcionales del referente físico. Dada esta característica, se habla normalmente de “representación analógica”: imaginar o percibir un objeto o una escena implica los mismos subsistemas cognitivos. La imaginería y la percepción serían estructural y funcionalmente equivalentes (Finke y Shepard, 1986; Lejeune, 1993). Asistimos hace una veintena de años a un crecimiento de los conocimientos teóricos relativos a la imaginería mental (síntesis en Denis, 1989). Kosslyn (1980, 1994) ha elaborado una teoría de la imaginería sintetizando de manera satisfactoria diversos resultados empíricos del campo. La imaginería no puede considerarse por más tiempo como una capacidad global e indiferenciada sino más bien como una red de subsistemas más o menos independientes cargados de ciertos aspectos del tratamiento imaginado (mental). Estos sub-sistemas permiten tanto la “generación” como la “transformación” de las imágenes en el buffer, que sirve de soporte temporal. Sea cual sea el modelo teórico considerado, los diversos sub-sistemas implicados en los procesos de imaginería aseguran la actualización, el mantenimiento, la transformación y el análisis de la información representada en dicho buffer. Nos permiten por ejemplo, “ver” una manzana no presente (i.e. la generación de la imagen) y/o modificarla (i.e. la transformación de dicha imagen). Si bien no considerados en el modelo de Kosslyn (1994) y poco abordados en los recientes trabajos de psicología cognitiva, existen otras formas de imagen (abarcando otras modalidades sensoriales). Así pués, a parte de las imágenes “visuales”, hablamos de imágenes “auditivas, 2-Sánchez 31/03/03 10:01 Página 23
Sánchez, X. y Lejeune, M. Práctica mental y deporte: ¿Qué sabemos después de ... Revista de Psicología del Deporte. 1999. Vol. 8, núm. 1, pp. 21-37 kinestésicas, gustativas...” entendiendo que el término “imagen” no hace referencia al carácter “visual” o “pictórico” de la representación mental sino más bien a su carácter analógico, es decir, en referencia a la modalidad o modalidades sensoriales utilizadas en la representación. La teoría de Kosslyn (1980, 1994) ha sido hasta el momento validada empíricamente por numerosos trabajos, no sólo en psicología cognitiva sino también en el campo de las neurociencias cognitivas en general (Farah, 1984; Kossly, 1987). Los esfuerzos por validar tal modelo y, más en general, para conocer mejor los sub-sistemas de imaginería vienen del hecho que, en gran número de situaciones, la imagen mental determina (al menos acompaña) nuestros comportamientos: ésta contribuye a la resolución de problemas, mejora la memorización de nombres y paternos visuo-espaciales, determina la clasificación o la categorización de objetos e incluso mejora nuestras habilidades motoras. En el terreno deportivo, la imaginería mental es un concepto que ha sido indistintamente llamado imagery practice (Perry, 1939), covert rehearsal (Corbin, 1967), symbolic rehearsal (Sackett, 1934), conceptualization (Egstrom, 1964), etc. Una definición generalmente aceptada es la de Richardson (1969, pp. 2-3): “la imaginería mental hace referencia a todas las experiencias casi-sensoriales o casi-perceptivas de las que tomamos conciencia y que existen para nosotros en ausencia de las estimulaciones externas que las producen genuinamente “. Práctica mental y rendimiento deportivo Desde los primeros trabajos habiendo puesto en evidencia los efectos positivos de la práctica mental (Washburn, 1916), numerosas investigaciones han sido realizadas, conllevando resultados equívocos. Richardson (1967) realizó una síntesis en la época y concluyó que en general, la imaginería es eficaz para la mejora de la ejecución motora. Poco después, Corbin (1972) realizó el mismo tipo de estudio y concluyó prudentemente: “la práctica mental es preferible a la ausencia completa de entrenamiento”. De la misma forma, Weinberg (1982) confirmó que la mayor parte de investigaciones muestran que la imaginería es un medio eficaz para la mejora del rendimiento. Feltz y Landers (1983) sometieron una serie de trabajos a una meta-análisis (Feltz et al., 1988, para versión revisada) y sugirieron, al igual que Richardson (1967), que la práctica mental de un patrón motor mejora el rendimiento en una mayor medida que la ausencia de toda práctica. Un paso más allá es realizado por Driskell et al. (1994) al someter también a una metaanálisis 35 trabajos (con criterios de selección bien precisos) para estudiar distintos factores incidiendo en la efectividad de la práctica mental (i.e. tipo de tarea, intervalo de retención y duración de la intervención). Driskell et al. (1994) sugieren que la práctica mental puede ser utilizada como un entrenamiento efectivo alternativo a la práctica física “real”, más aún cuando es de sobras sabido que el entrenamiento físico propiamente 2-Sánchez 31/03/03 10:01 Página 24
Sánchez, X. y Lejeune, M. Práctica mental y deporte: ¿Qué sabemos después de ... Revista de Psicología del Deporte. 1999. Vol. 8, núm. 1, pp. 21-37 dicho se ve a menudo limitado: motivos económicos, fatiga, lesiones, etc.En resumen, se puede afirmar hoy en día que la práctica mental parece ser un método eficaz para mejorar el rendimiento deportivo. Se ha demostrado que la práctica mental funciona, aunque como veremos a continuación, la explicación de cómo actúa difiere, según qué teoría se utilice a la hora de interpretar los resultados. Teorías explicativas Varias teorías han sido propuestas, pero ninguna de ellas es lo suficientemente completa para explicar la complejidad de los procesos implicados en la práctica mental. En efecto, los modelos explicativos deben de mostrar, entre otros, los efectos de diferentes variables en relación al deporte dado (la naturaleza de la tarea), al atleta (nivel, expectativas, experiencia) así como a la técnica misma (la perspectiva adoptada, la duración, etc.). Numerosos autores se han interesado por el tema: Carpenter (1894), Carroll y Bandura (1982), Jeffrey (1976), Morrissett (1956), Sackett (1934), Schmidt (1982). Dirigimos al lector a las trabajos de Grouios (1992), Jones y Stuth (1997), Murphy (1990) o Suinn (1997) para una exposición detallada. Teoría Psiconeuromuscular Una de las explicaciones de los efectos de la práctica mental ha sido propuesta por la teoría psiconeuromuscular. Dicha teoría propone que, durante la representación de una actividad, el cerebro envía débiles estimulaciones a través de los nervios a los músculos implicados en la acción representada. Estas estimulaciones serían parecidas a las emitidas durante la actividad real, a diferencia que las primeras son muy débiles y casi indetectables. Esta mínima inervación muscular serviría para establecer una especie de “huella”, de pre-requisitos asociados a la realización de una acción, que facilitaría la ejecución real del movimiento. La teoría, basada en el Principio Ideo-motor de Carpenter (1894) ha sido parcialmente validada por los trabajos de Jacobson (1932). El primero (Carpenter, 1894) propuso que exitaciones nerviosas de bajo nivel son producidas durante la representación mental de un movimiento y que dichas excitaciones son idénticas (cualitativamente hablando) a las observadas durante su realización real. El segundo (Jacobson, 1932) puso tales hechos en evidencia colocando electrodos en los músculos implicados en el movimiento representado. Cuando el sujeto se imaginaba doblando su brazo, un aumento de los potenciales de acción en los músculos (del brazo) era registrada, demostrando la existencia de una excitación muscular mínima durante la práctica mental. Resultados parecidos han sido constatados posteriormente por otros autores (Eccles, 1958; Hale, 1982). Suinn (1972, 1980) sometió a prueba esta teoría utilizando una técnica mental que él mismo ha 2-Sánchez 31/03/03 10:01 Página 25
Sánchez, X. y Lejeune, M. Práctica mental y deporte: ¿Qué sabemos después de ... Revista de Psicología del Deporte. 1999. Vol. 8, núm. 1, pp. 21-37 desarrollado: la Visuo-Motor Behaviour Rehearsal (VMBR). Después de la colocación de electrodos en las piernas de un esquiador y pedirle que se imaginara a si mismo descendiendo una pista, observó (a través del registro electromiográfico-EMG) que el patrón de actividad de los músculos era fundamentalmente equivalente al que se observa cuando el esquiador desciende realmente la pista. Este tipo de resultados han sido también obtenidos en otras disciplinas (Bird, 1984). Sin embargo, si bien los datos psicofisiológicos indican una activación mínima de la musculatura durante las visualizaciones, autores como Feltz y Landers (1983), Hecker y Kaczor (1988) o Shaw (1938) permanecen escépticos en relación a este postulado. Más que acordar un papel explicativo a la teoría, prefieren considerarla como una herramienta que permite describir un elemento importante de la práctica mental. Así, Hecker y Kaczor (1988) argumentan que el incremento de los potenciales de acción registrados durante la práctica mental ocurre de manera generalizada en todo el cuerpo y no sólo en los músculos involucrados en el movimiento en particular. Teoría del Aprendizaje Simbólico Esta teoría propone que el movimiento sería codificado con la ayuda de símbolos a nivel del sistema nervioso central. La práctica mental facilitaría el registro de los movimientos bajo la forma de “símbolo”, lo que facilitaría posteriormente la realización del movimiento. Cuanto mejor un movimiento es asimilado simbólicamente, mejor es luego su ejecución. En consecuencia, la teoría predice que las tareas más cognitivas serían las más fáciles a codificar simbólicamente. El primero en trabajar bajo esta óptica fue Sackett (1934). Luego otros autores (Minas, 1978; Morrisset, 1956; Ryan y Simons, 1981, 1983) han demostrado que el entrenamiento mental tiene efectos más marcados sobre tareas cognitivas que sobre las puramente motoras. Además Feltz y Landers (1983) constataron, a partir del examen de la literatura publicada, que los datos confirman en gran parte este punto de vista. Sin embargo, esta teoría deja varias cuestiones en el aire. Si bien es fácil el ver cómo la adquisición precoz de ciertos patrones motores puede ser facilitado por la codificación de movimientos a través de la práctica mental, no se explica cómo la ejecución aumenta o mejora en atletas ya confirmados. De hecho, Zecker (1982) sugiere que la práctica mental puede incluso ser perjudicial en individuos sin un conocimiento mínimo de la tarea a realizar, al no haber podido desarrollar una representación cognitiva precisa que les permita ejecutarla adecuadamente. Más aún, desde un punto de vista ecológico, es extremadamente difícil categorizar un movimiento como estrictamente cognitivo o estrictamente motor: se debe más bien entender como un continuo cognitivo-motor. Así pués, por un lado esta teoría no explica cómo es incrementado el rendimiento en los atletas ya expertos, 2-Sánchez 31/03/03 10:01 Página 26
Sánchez, X. y Lejeune, M. Práctica mental y deporte: ¿Qué sabemos después de ... Revista de Psicología del Deporte. 1999. Vol. 8, núm. 1, pp. 21-37 aquéllos con esquemas cognitivomotores bien establecidos; por otra parte además, creemos que ésta debiera ser re-examinada bajo la perspectiva de los modelos teóricos más recientes de imaginería y control motor. De esta forma, proposiciones teóricas como el modelo más actual de Kosslyn (1994) integrando los sistemas de imaginería y motor, particularmente a la altura del subsistema conocido como “dorsal” (vía occipito-parietal a nivel del Sistema Nervioso Central) o el de Roy y Hall (1992), centrado en el control de la acción, que prevé una etapa de generación de las imágenes antes de la ejecución de un movimiento, debieren permitirnos también una mejor comprensión del papel de las representaciones mentales (simbólicas o no) a nivel de la adquisición, del mantenimiento, de la mejora... de las actuaciones deportivas. Teoría Bio-informacional Lang (1977) propone que la imagen está compuesta por un conjunto específico de “proposiciones”. Éstas son capaces de acceder a la información correspondiente a comportamientos “prototipo” almacenados en memoria a largo plazo. Las proposiciones son de dos tipos: de estímulo o de respuesta. Las primeras transmiten información al sujeto referente a los estímulos medioambientales imaginados, mientras que las segundas le aportan información sobre la actividad comportamental. El tratamiento de las proposiciones “respuesta” puede ser detectada a traves del EMG. Todo comportamiento imaginado implica de esta forma la evaluación de proposiciones “estímulo” y la reacción, por otro lado, de proposiciones “respuesta”. Bajo este punto de vista, las imágenes vivas y netas facilitan el tratamiento de ambos tipos de proposiciones. La práctica mental mejora el rendimiento activando las proposiciones “respuesta” (determinan el comportaminento prototipo) que a la vez, dicta la sucesión de movimientos a efectuar. Mahoney y Avener (1977) evidencian una mayor eficacia de la imaginería interna que de la externa: “imaginarse haciendo la acción” es mejor que “ imaginar a alguien haciéndola”. Otros autores se han apoyado en esta teoría para explicar los efectos de la práctica mental obtenidos en sus investigaciones (Hale, 1982; Harris y Robinson, 1986; Hecker y Kaczor, 1988; Suinn, 1985). La VMBR (Suinn, 1983) tendría también puntos en común con este enfoque (Hall, Rodgers y Barr, 1990). Esta teoría obtiene cierto crédito al observarse que los atletas experimentados se benefician mucho más de las técnicas de visualización que los principiantes (Feltz y Landers, 1983; Noel, 1980; Weinberg, 1982). La explicación la encontramos probablemente en el hecho que los expertos poseen un repertorio mejor desarrollado de “comportamientos prototipo” cubriendo un cierto número de movimientos requeridos en la práctica de su deporte. La práctica mental mejoraría la ejecución accediendo a las informaciones prototípicas almacenadas en memoria a largo plazo y facilitando así la activación de proposiciones asociadas a una 2-Sánchez 31/03/03 10:01 Página 27
psicofisiológicos que resultan de la actividad mental. Y finalmente, el componente ignorado por los otros modelos: la significación de la imagen. Efectivamente, según Ashen (1984), cada imagen tendría una significación particular para cada individuo. Además, cada uno integraría su historia personal al contenido y al tratamiento de dichas imágenes. De esta forma, un mismo conjunto de instrucciones podrá tener distintas consecuencias según quién las reciba. Este modelo es particularmente interesante para la intervención aplicada. Otros enfoques teóricos Teoría de la Regulación Atencional Es comúnmente aceptado que un nivel óptimo de vigilia es necesario para obtener un máximo nivel de ejecución. De esta forma pués, podemos pensar que la páctica mental constituye un factor determinante en la concentración del atleta, ayudándolo a focalizar su atención hacia los parámetros pertinentes de la tarea para obtener una ejecución óptima. Si bien posible, esta teoría aún no ha sido objeto de un estudio sistemático (Hecker y Kaczor, 1988). Teoría del Condicionamiento Interno Basada en el principio de los “condicionamientos encubiertos” (Cautela y Sambperil, 1989), formula que las respuestas internas y externas influencian de la misma manera el cuerpo, y obedecen a los mismos principios de aprendizaje y de condicionamiento. En consecuencia, una práctica repetida y “reforzada respuesta correcta. Un atleta menos experimentado poseería representaciones mentales más vagas y menos definidas, lo que facilitaría la interferencia en las representaciones mentales (correctas) durante el entrenamiento. De todas formas, un gran esfuerzo es aún necesario para comprender el conjunto de procesos implicados: los resultados son todavía confusos y sería simplificar el pensar que esta teoría puede explicar el conjunto del fenómeno. Así por ejemplo, mientras que Goos, Hall, Buckolz y Fishburne (1986) confirman la relación entre el nivel de imaginería (medida de la vivacidad y del control de la imagen) y la adquisición y retención de movimientos (del brazo), Lejeune, Decker y Sanchez (1994) no la encuentran cuando constatan la efectividad de la práctica mental en el aprendizaje del drive y del revés en tenis de mesa. Teoría del Triple Código El modelo teórico propuesto por Ashen (1984) acuerda igualmente un lugar importante a la componente psicofisiológica de la práctica mental, pero desarrolla además un aspecto no tratado anteriormente: la significación que la imagen tiene para un individuo concreto. Bajo este enfoque, la práctica mental se ve descompuesta en tres elementos esenciales. El primer componente es la imagen, a saber, una sensación que posee todos los atributos asociados a una estimulación externa pero que es, por naturaleza, interna. El segundo componente es la respuesta somática: los cambios Revista de Psicología del Deporte. 1999. Vol. 8, núm. 1, pp. 21-37 Sánchez, X. y Lejeune, M. Práctica mental y deporte: ¿Qué sabemos después de ... 2-Sánchez 31/03/03 10:01 Página 28
Sánchez, X. y Lejeune, M. Práctica mental y deporte: ¿Qué sabemos después de ... Revista de Psicología del Deporte. 1999. Vol. 8, núm. 1, pp. 21-37 positivamente” de una imagen mental conlleva al cambio en la ejecución del deportista, en la dirección deseada (Rushall, 1988). Teoría de la Auto-eficacia Bandura (1977, 1984) sugiere que la práctica mental aumenta las expectativas del atleta que a la vez, favorece la mejora de su rendimiento. Una representación cognitiva del comportamiento observado aporta un modelo exacto y guía a la vez la acción ulterior. Ahora bien, pocos estudios se han interesado hasta la fecha sobre qué información extrae exactamente el deportista de la demostración, que es al fin y al cabo lo que facilita el aprendizaje y aumenta (indirectamente) las expectativas del atleta (Glencross, 1992). En resumen, si podemos admitir el interés de todas las teorías presentadas, debiéramos igualmente reconocer su carácter parcial: todas ellas contienen un granito de verdad, pero ninguna está suficientemente desarrollada ni detallada para poder explicar la realidad en el contexto deportivo. Una teoría integrando todos los aspectos tratados por cada una de ellas debiera ser elaborada, si queremos comprender la manera en que la práctica mental (el conjunto del proceso) proporciona un mejor rendimiento deportivo. Los distintos parámetros de la Práctica Mental: su influencia en el rendimiento deportivo Combinación práctica mental y práctica física Después de constatar la eficacia de la práctica mental en el contexto deportivo, los investigadores han intentado poner en evidencia qué aspectos son los más eficaces para mejorar el rendimiento de los deportistas. Varios autores (Lejeune y De Zanet, en prensa; Riley y Start, 1960; Stebbins, 1968; Trussel, 1952) han intentado determinar cuál sería la mejor combinación entre práctica mental y práctica física para lograr el mejor resultado. Si bien diversas meta-análisis (Driskell et al., 1994; Feltz y Landers, 1983) muestran que una combinación de los dos métodos de entrenamiento es la manera más eficaz de aumentar las actuaciones de los atletas, estudios puntuales han evidenciado que la práctica física “real” sigue siendo el método más eficaz en comparación con cualquier otra combinación posible entre práctica física y práctica mental (Hird, Landers, Thomas y Horan, 1991). De todas formas, estos resultados no son sorprendentes, si tenemos en cuenta lo que esta técnica puede y lo que no puede ofrecernos: nos permite “trabajar y codificar” comportamientos en forma de palabras e imágenes fáciles de recordar posteriormente; pero en cambio no nos da conocimiento directo de la ejecución, ni tampoco feedback visuo-táctil de las acciones llevadas a cabo para realizar la tarea (Driskell et al., 1994). Perspectiva de la imaginería La imaginería interna (kinestésica) es aquella utilizada cuando el atleta 2-Sánchez 31/03/03 10:01 Página 29
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