ORTODOXIA
Y
EJERCICIO DEL PODER:
EL CASO HANS KUNG
Adol o PERINAT
En los comienzos de es e año,
1980,
la condena del eólogo Hans Küng
po Roma ha ocupado du an e unos días la p ime a plana de no icias. El
mundillo in elec ual
y
p og esis a ha eco dado
-a
o ou
a
aison-
los
p ocesos inquisi o iales, la de ensa de los de echos humanos, la libe ad de
pensamien o y de opinión,
y
o as cosas. E a es a una conyun u a excelen e
pa a e lexiona sob e muchos aspec os psicosociales que ca ac e izan la.
pe enencia a g upos ideológicos. Las líneas que siguen son el u o de es a
e lexión. Vaya po delan e que no engo ninguna p e ensión de con ibui a
la de ensa de Hans Küng ni, mucho menos, discu i lo bien undado de las
quaes iones dispu a ae
o la mane a como se ha lle ado a cabo su p oceso. Sólo
quie o, en p ime é mino, escla ece la «lógica» de una o ma.de eje cicio
del pode , el que dimaha de una o odoxia sea és a eligiosa, polí ica o
eso é ica También quisie a, en segundo luga , pone en e idencia que los
con lic os doc inales son con lic os de pode , que no se limi an, como se ha
dicho,
a
di e encias en e especialis as. Po úl imo, analiza é las ci cuns an-
cias que modulan el eje cicio del pode je á quico en casos de con lic o
ideológico.
El au o ag adece niuy co dialnie i e a sus colegas los P o eso es Juan Es uch
y
Pe e Lluis
Fon de la Uni e sidad Au ónoma sus conie i a ios
y
c i icas que ha i coii ibuido a ni<jo a la
e sión o iginal de es e abajo.
48
ADOLFO
PERINAT
LOS HECHOS
La econs ucción del
a ai e
es, poco más o menos, como sigue. Con
echa
18
de diciemb e del pasado año, la Cong egación pa a la Doc ina de la
Fe (C.
D.
F.)
hace pública su decisión de «no conside a a Hans Küng como
eólogo ca ólico)) y, po consiguien e, le e i a la
missio canonica
pa a enseña
eología en la Uni e sidad de Tubinga, donde eje ce. La decisión es
consecuencia de las pos u as eológicas de Hans Küng que, ya desde hace
iempo, es aban causando males a en Roma. En la condena se ei e a el
conocido a gumen o de que cualquie eólogo o p esbí e o habla en nomb e
de la Iglesia
y
que, po an o, és a puede desau o iza le si su discu so no es
juzgado o odoxo. El Episcopado alemán susc ibe la condena de Hans
Küng en cambio su despido uni e si a io aca ea p oblemas ju ídicos ya
que su con a o p o eso al es con el Gobie no alemán.
Hans Küng eacciona decla ando que él no es ningún he eje. Igualmen e
a i ma que no se ha negado al diálogo, pe o que no es aba dispues o a acudi
a Roma a da explicaciones sin sabe exac amen e de qué se le acusaba y sin
es a espaldado po una de ensa impa cial. En o as palab as, el eólogo
sospechoso de he ejía pide un p oceso con ga an ías ju ídicas al es ilo de
hoy.
El eco de la condena se ampli ica y p oli e an las eacciones: colegas de
Küng, eólogos, cons i uyen un comi é pa a su de ensa; el Consejo Ecuméni-
co de las Iglesias hace llega al Va icano una no a de p o es a; las
Comunidades C is ianas de base de I alia, eaccionan du amen e; cincuen a
eólogos españoles esc iben una ca a que se publica en
El
I'az's;
el condenado
ecibe eleg amas de solida idad; su caso se compa a con el de Galileo, con el
de la escisión mode nis a, e c. (incluso se desempol a una condena del San o
O icio delos años
30
aljo en sace do e Mon ini); menudean las alusiones ala
Inquisición cuyo an asma se pasea po la imaginación de muchos.
En un momen o dado la p ensa c ee adi ina un ges o de p eocupación
a icana an e la esonancia del caso y se islumb a que quizás el papa lo
.
econside e. No hay nada de eso sino, al con a io, después de una u gen e
eunión en Roma de las ins ancias a icanas con ep esen an es del
episcopado alemán, la C. D.
F.
se ea i ma
(*ii
su condena.
ORTODOXIA
Y
PODER
Una .cie a isión enomenológica nos p esen a el hecho eligioso
(pa icula men e en lo que iene de.cons ucción ideológica), como u o del
EL
CASO
HANS
KÜNG
49
es ue zo colec i o po con e i sen ido
(nomos)
a la ealidad que nos ci cunda
(BERGER, 1969). Es una pe spec i a de ue e in e psicosocial en cuan o que
p i ilegia la comunicación y el diálogo en e los miemb os de un g upo
humano como cla e de bó eda que lle a, p ime o, a es ablece
y
luego a
man ene una in e p e ación plausible de los a a a es de nues a exis encia.
En un g ado a anzado de elabo ación
y
de cohe encia in e na es as ideas con
base eligiosa que con ie en sen ido al cosmos, al o den social y ala ac i idad
humana, cons i ui án lo que se ha enido en llama una
eodicea.
Es a
pe spec i a
-
de hondas esonancias du kheimianas (DURKHEIM, 19 12)- que
concibe lo eligioso como una eme gencia colec i a deja, sin emba go, de
lado su iles aspec os socio-dinámicos que his ó icamen e acompañan la
génesis
y
la expansión de las g andes eligiones.
Es a
Max
Webe ' a quien debemos un análisis pa icula men e lúcido y
acabado de es a e ien e. Pa a es e au o las c eencias eligiosas que cul i a el
colec i o su en, en un momen o dado, la eap opiación simbólica po pa e
de un g upo -el g emio sace do al- que, a la ez que dispensado de los i os
de sal ación, se e ige en el cus odio de «la e dad)). Lo especí ico del
sace do e p o esional, di á
Max
Webe , es cons ui un sis ema acional
me a ísico- eligioso y con igu a simul áneamen e una é ica que se apoya en
aquél.
La pe spec i a webe iana, sociológica, con e ge po lo demás con la
psicosocial de «la eligión como esul ado de
la
con e sación de los
homb es)) al deja bien sen ado que, el hecho eligioso es, en úl imo análisis,
una p e ensión colosal po e es i de sen ido nues a p opia exis encia y
odo lo que la enma ca:
La e elación p o é ica
[...]
con iene la impo an e concepción eligiosa del «mundo»
como un «cosmos» del que se exige que cons i uya un odo in o mado po un sen ido
o denado y sus enómenos singula es son medidos
y
alo ados po es e pos ulado.
Todas las ensiones más ue es an o de la ida in e io como de las elaciones con el
mundo su gen de es a concepción del mundo como un odo lleno de sen ido, según el
'
pos ulado eligioso, conilas ealidades empí icas. Cie amen e la p o ecía no es en modo
alguno la única ins ancia que se ocupa de es e p oblema Toda sabidu ía sace do al lo
mismo que oda iloso ia laica, in elec ual o ulga se ocupa ambién en alguna o ma de
él. La úl imacues ión de oda me a isica siemp e ha sido és a: Si el mundo como un odo y
la ida en pa icula deben ene un «sen ido» (pp. 364).
Es e se á, pues, nues o pun o de a anque: la eligión como sis ema
simbólico cohe en e que da espues a a cues iones au én icamen e exis en-
Todas las ci as de Max Webe se e ie en a su ob a clásica
IVi scha i
und
Gesellsch ,
aducida
al
cas ellano po
Economía
y
Sociedad
México,
F.
C.
E.,
1944. Pa icula nien e nos e e imos a su
pa e
V,
«Sociología de la Religión)), pp. 328-492.
5
O
ADOLFO
PERINAT
ciales. Pe o nos in e esa, más bien, ahonda en el p oceso de cómo se lle a a
cabo la elabo ación de es e discu so simbólico pues en o no a él se a iculan
un conjun o de elaciones de inclusión/exclusión (iglesia), de dominación/
sumisión (je a quía), de o odoxia/he e odoxia (doc ina) que hacen pa -
icula men e suges i o el análisis de cómo un g upo eligioso egula la
adhesión de sus miemb os a pa i del mismo. Desde aquí cob an o o
signi icado los con lic os doc inales, como mos a emos enseguida.
Pie e BOURDIEU (197
1)
ha hecho una glosa (un poco a agosa, a deci
e dad) de las ideas de
Max
Webe y ha ansc i o el p oceso de ins i uciona-
lización eligiosa a manos del g upo sace do al en é minos de analogía
económica Allí se habla de
(( abajo))
y
((p oducción)) eligiosos, de cons i u-
ción de un ((capi al eligioso)) po acumulación de abajo simbólico; es e
capi al aca ea una ci culación de bienes de consumo (simbólicos) y en o no
a él c is aliza la consabida dico omía de poseedo esldesposeídos (sace do-
esllaicos). Andando el iempo su gen di e sas ((emp esas de sal ación)) y
cada uiia en a en con lic o con las ya exis en es.
El
esul ado iene a se una
((economía de sal ación)) que se o ganiza a la mane a de un sis ema de
me cado. Es a úl ima idea ya había sido lúcidamen e expues a po BERGER y
LUCKMAN años a ás (1967).
dQUé
aspec os ele an es ca ac e izan es e
p oceso y qué elación ienen con el con lic o doc inal?
LA
AUTONOM~A
DEL CAMPO RELIGIOSO
G acias al abajo de e lexión sace do al, lo eligioso cons i uye un
dominio de ideas au ónomas. Bou dieu lo llama ((champ eligieux)). Es o no
quie e deci que, is o desde ue a, no haya un as ase de ideas en e
iloso ías o isiones del mundo sos enidas po la colec i idad y laelabo ación
eligiosa s ic u sensu (de hecho odo ((campo eligioso)) es u o de un
sinc e ismo); quie e más bien deci que el campo eligioso se cons i uye, po
exclusión de od~s los demás, co no el único luga desde donde se puede
habla de lo ine able. Su au onomía se en aíza en su cualidad de sag ado. Ipso
ic o, en e a él odos los demás de ienen la amalgama de lo p o ano.
O o aspec o de es a au onomía es que sólo los miemb os del g upo
sace do al ienen acceso al ((campo eligioso)), que así esul a más bien un
co o. En é minos de la analogía económica los sace do es se a ogan el
monopolio de la p oducción de capi al simbólico- eligioso. Si alguien que
no es sace do e p e ende =lo que a a ez ocu e- apo a algo a es e ace o
ideológico, los sace do es lo pasa an po el amiz de su expe ise y luego se lo
eap opia án simbólicamen e.
Es a au onomía del campo eligioso iene consecuencias uncionales
di e sas siendo la p ime a de odas ellas la de que, al igual que ocu e en
odos los g upos de expe os p o esionales (médicos, ju is as, a qui ec os
...)
nadie ex año al g upo es á capaci ado pa a juzga ace ca de la alidez
y
calidad de lo que sus miemb os p oducen. Apeles pudo econoce como
jus as las c í icas del zapa e o; el lego no puede deci nada en cuan o a la
elabo ación eológica, ciencia médica o legisla i a Es un incompe en e
y
el
((diploma)) ac edi a i o lo o o ga g aciosamen e el g upo de expe os a odos
los que no pe enecen a él.
Í em más, desde el momen o en que los miemb os del g upo sace do al
se au ocali ican con la compe encia exclusi a en lo eligioso, se sa is ace un
equisi o social (ausencia de con ol) pa a que una pa e de la p oducción
ideológica se encamine
a
legi ima el dominio que de en an sob e el capi al
eligioso. La adminis ación de lo sag ado lle a así, casi inde ec iblemen e, a
la sac alización de la adminis ación. De aquí se sigue, en e o as muchas
cosas, que se p oducen elabo aciones dogmá icas que ienden a asegu a de
modo conc e o p i ilegios es amen a ios: ejemplo, la ine ancia o su
consecuencia lógica, la in alibilidad.
La au onomía del campo eligioso iene, po úl imo, la consecuencia
- ambién uncional- de disimula que el
c i e io de ce eza,
mucho más aún
que en las ciencias posi i as, adica a in de cuen as en el consenso de los
expe os que elabo an la doc ina. Las p oposiciones eligiosas, dice
DECONCHY
(1
97
l), son i ecupe ables po la azón, o sea, son indemos a-
bles en el sen ido que es a palab a posee en la ciencia ac ual, la misma que ha
c eado el modelo del mundo ísico (el cual, alga lo que alga, ha hecho
posible que un se humano alunizase). Podemos en ega nos aquí a
elucub aciones kunhianas sob e si «la demos ación de la alsedad de una
p oposición)) es o no condición su icien e pa a que se abandone un
pa adigma (o una cie a isión del mundo). Nadie discu i á que la emp esa
de echa abajo acionalmen e los p incipios que pos ulan las ciencias
na u ales es adicalmen e di e en e de la de nega la (( e dad)) que pos ula
una eología dogmá ica.
El lec o no deja á de habe in uido que odas es as conside aciones
gi aban en o no a algo que ya es ho a que llamemos po su nomb e:
elpode
que posee el g upo sace do al de cualquie
ecclesia.
Es un pode que
p imo dialmen e consis e en impone una de e minada ep esen ación
eligiosa con igu ado a de la exis encia: la ac i idad y la ida en e a del iel
adep o quedan imp egnadas po los símbolos que la en uel en, quedan
enma cadas po las no mas y p ecep os que la acompañan.
5
2
ADOLFO
PERINAT
LA
CONSTITUCIÓN
DE
UN LAICADO
El ((campo eligioso)) nace, pues, a consecuencia del monopolio que se
a oga un cue po de especialis as sob e los bienes de sal ación. Es os
especialis as, hemos is o, de en an la compe encia exclusi a pa a p oduci
un cue po bien abado de conocimien os más o menos eso é icos. Aho a
bien, el mismo p oceso social que acompaña la ap opiación del sabe
eligioso po un g upo sace do al implica que, al ma gen de és e
y
po
e e encia a él, quede cons i uido como g upo esidual el de los no
especialis as: los laicos (BOURDIEU,
197
1,
pp.
304).
La cons i ución del laicado es, pues, el esul ado de una exclusión, o de
una ((desposesión)) como dice igualmen e Bou dieu. Con odo, el laicado es
una e e encia cons an e
y
necesa ia a cualquie ac i idad sace do al. No se
concibe un sace docio sin un laicado, obje o inmedia o de su abajo
pas o al, o as ondo lejano de su p oducción eológica. En e sace docio
y
laicado hay, sí, una escisión pe o ambién una p o unda elación. Es a úl ima
ha sido lúcidamen e analizada po
Max
Webe quien pone de elie e cómo
los laicos son, a in de cuen as, la clien ela de los sace do es en la ansacción
de los bienes de sal ación. Clien es son los adep os del p iine momen o, los
que se in e esan po un mensaje eligioso nue o que i umpe en el me cado
de las ideologías de sal ación.
Max
Webe , ha mos ado como los g andes
mo imien os eligiosos de la an igüedad han sa is echo, de una o ma u o a,
ei indicaciones e i o iales, au onómicas, económicas, aciales, de los
g upos conc e os que las ab aza on con an o en usiasmo como ausencia de
c i e ios acionales ace ca de su g ado de ((ce idumb e)) o de cohe encia
in e na. Pe o ambién son clien es los adep os de una eligión ins i ucionali-
zada Los sace do es que la p edican han de sin oniza no sólo con sus
p eocupaciones exis enciales sino, en alguna mane a, ambién con sus
in e eses sociales
y
económicos aunque sea po ías más o uosas. De aquí
que la elación en e sace do es
y
laicos ha de con empla se en pa e en
é minos de dominación, pe o en pa e ambién en los de negociación.
A
es o úl imo alude
Max
Webe cuando esc ibe:
F en e a lag an posición de pode de los sace do es es á la necesidad de in e esa se, a los
ines de conse ación
y
aumen o de adep os, po las necesidades de los laicos. En cie a
medida odo sace docio.se encuen a en semejan e si uación.
Pa a
a i ma
suposición de
pode a maudodebecomplace
eng an
medida
las
necesidades delos laicos
(p.
367,
sub ayado mío).
Den o de es e ma co encuen an una explicación cabal los enómenos
de disidencia eligiosa (i upción de sec as, ac uaciones p o é icas, e o mas
EL
CASO
HANS
KUNG
53
eligiosas, he e odoxia, e c.): son enómenos de o e a-demanda en el
me cado de emp esas de sal ación, de log o de una clien ela que apoye el
lanzamien o de una ((buena nue a)). Po cuan o es e pelig o de la compe en-
cia acecha cons an emen e, uno se cues iona si las g andes mul inacionales
de la sal ación (y ambién las modes as emp esas locales) no ienen una
polí ica de me cado que les pe mi a eclu a el mayo núme o de ieles y que,
po lo mismo, no posean (aunque no hayan hecho «sondeos» ad hoc) un ideal-
ipo del iel adep o, des ina a io de una eología y una mo al «al alcance de
odos)). La espues a maxwebe iana es con unden e:
Cuan o más se empeña una clase sace do al en eglamen a la p ác ica de la ida de los
mismos laicos de acue do con la olun ad di ina
y,
sob e odo, de apoya en es o su pode
y
sus ing esos, an o más iene que acomoda se de alguna mane a al conjun o de ideas
adicionales
de los laicos.
[...]
A
medida que la as a masa se a con i iendo en obje o de la
in luencia
y
si e de sos én al pode de los sace do es, en esa misma medida el abajo
sis ema izado de és os debe adop a las o mas más adicionales, es deci las mágicas, de
las ep esen aciones eligiosas (p.
375).
A
pa i de aquí su ge la noción de adep o ma ginal-que es aquel cuyas
necesidades exis enciales o in e eses económicos no son sa is echos po la
doc ina. Es un ópico, den o del ca olicismo, hace alusión a las clases
ob e as y a las masas subdesa olladas (supe s iciosas, semipaganas) po
cuan o aquel esponde bas an e bien a.la concepción del mundo de la
bu guesía u bana Pe o ambién cabe aludi a la o a «cola de la dis ibu-
ción)), los in elec uales, que ampoco encuen an en la eología y en la mo al
ca ólicas una o mulación al día de los p oblemas humanos a los que ellos
son pa icula men e sensibles. Los clien es ma ginales son con lic i os y ello
a a pone se de mani ies o en el caso Hans Küng en el que es á in oluc ada
cie a ala p og esis a in elec ual.
En esumen, en e a la p oposición que sos iene que el campo eligioso
posee una au onomía de p oducción ideológica, una e lexión psicosocial
lle a a ela i iza dicha au onomía En e ec o, se hace pa en e que hay una
adap ación del discu so eligioso a la clien ela, adap ación que sigue a esa
ine i able con e sación que los ieles man ienen en e si y con sus sace do es.
Hay un as ase de ideas en e unos y o os que conduce a ansacciones y, en
úl imo análisis, es o se aduce en un eco e del pode sace do al.
'
54
ADOLFO
PERINAT
RELIGIÓN
Y
REGULACION
DEL ORDEN SOCIAL
La cons i ución de un ((campo eligioso au ónomo)), en exp esión de
Bou dieu, o la de una ((es uc u a de plausibilidad)) como dice Pe e Be ge ,
es la a ea especí ica del cue po sace do al:
El p oceso ineluc able de sis ema ización
y
de mo alización de p ác icas
y
de ep esen a-
ción eligiosa lle a del mi o a la ideología eligiosa; pa alelamen e del abú
y
de la
con aminación al pecado;
de
lo numinoso o del Dios engado al Dios jus o
y
bueno,
p o ec o
y
ga an ía del o den na u al
y
social
(BOURDIEU,
1971,
p.
303).
Es a e olución cob a, al mismo iempo, su sen ido sólo si se iene en
cuen a la ans o mación concomi an e de las es uc u as económicas
y
de las
elaciones de p oducción del capi al eligioso (BOURDIEU,
ibíd);
son ellas las
que u gen al especialis a eligioso a un abajo de exégesis que hace
asequibles los mi os p imi i os y los ein e p e a de acue do con la nue a
isión del mundo que a ab iéndose paso en la sociedad. En es a ase de la
e olución cul u al de una sociedad es la eligión la que lle a el imón. Su
acción egulado a del conjun o de no mas
y
alo es del g upo es abie a
y
explíci a.
En un mundo secula izado y plu icon esional las cosas suceden de o a
mane a. Aho a las con esiones eligiosas no pueden po lo gene al ac ua
di ec amen e. Sigue en igo , sin emba go, la acción egulado a de la eligión
ins i ucionalizada en el dominio social; sólo ha a iado su es a egia que
aho a es más su il
y
media izada El denominado común, en odas es as
ci cuns ancias, es la exis encia de un pode que oma cue po en la sociedad;
pode coe ci i o inmedia o ( eoc acia) o pode polí ico media o (g upo de
p esión) que pugna po impone un modelo ideológico de con i encia
humana
En el seno de la cong egación eligiosa se dan aún más, si cabe, o mas
especí icas de egulación. La p ime a que sal a a la is a es la con esión de la
doc ina El iel puede ansg edi no mas é icas sin que ello ponga en
en edicho su pe enencia
al
g upo eligioso. Lo que no puede, en cambio, es
disc epa o echaza los dogmas o los a ículos de su c edo; hace lo equi ale
a se expulsado de la cong egación de ieles. Posiblemen e el o igen de es a
egulación ideológica hay que busca lo en la p ehis o ia de los g upos
humanos en que los mi os o iginales, la cosmo isión
y
la eodicea o maban
una amalgama
y
donde la iden idad pe sonal se con igu aba a a és de la
adhesión al único
nomos,
el del g upo. Rechaza lo (si al e a ac ible) suponía
co a los lazos sociales: e a la
anomia
y
la mue e. El que, andando el iempo,
EL
CASO
HANS
KUNG
5
5
el conjun o de c eencias adicionales de la colec i idad se cons i uye a en
canon sag ado no cambia en nada la mane a como la adhesión ope aba en
cuan o a pe enece al g upo. Al con a io, el in e és sal í ico no podía deja
de u gi a los sace do es pa a que en sus eelabo aciones eligiosas siguiesen
acen uando la insepa abilidad de la idelidad a las doc inas con la
pe enencia al g upo. Hemos is o que la necesidad de clien ela lle a a
ansacciones con los ieles; no odo son concesiones: la iolencia simbólica
puede eje ci a se con a aquellos que echazan o dudan de su doc ina. En
un p oceso inexo able po asegu a la pu eza del legado eligioso, el g upo
de especialis as ins i ui á una ins ancia sup ema que, po un lado, ije
li e a iamen e la e dad eligiosa y, po o o, se cons i uya en única ins ancia
legí ima en cuan o a con lic os de doc ina.
Po el peso de su p opia exis encia y po su juego de uncionamien o, odo g upo humano
iende a se un g upo o odoxo. Desde que eme ge del es ado de ho da, el g upo iende a
ealiza un acue do, más bien implíci o, sob e un conjun o de écnicas, de alo es, de
c eencias y de inalidades comunes a odos sus miemb os.
l...]
Pa a ga an iza la
in eg idad de es e Co pus que, a su ez, ga an iza la exis encia y el uncionamien o del
g upo, és e se do a de una se ie de ó ganos sociales ga an es de su cohesión y de su
es abilidad.
Y
así e mina po deposi a el pode de egula su uncionamien o a un
apa a o an o más ú il cuan o que la cohesión gnipal se apoya en una ideología Pe o al
con ia es a esponsabilidad a es e apa a o c ea una es uc u a de pode an o más ue e
cuan o el con ol se eje ce e icalmen e mien as e ina odos los elemen os de
egulación en que apoya su dominio.
En
un momen o dado es e apa a o encon a á en si
mismo, en su cen alización y en su bu oc acia, la azón de su p opia exis encia sin que
enga ya en adelan e que e e i se a una «base», p esa ácil de mil eleidades, e o es y
dispues a a la «con es ación» que, po supues o, son incompa ibles con la cohesión del
g upo
(DECONCHY,
197
1,
pp.
35-36).
Dejemos pa a luego el e en quienes puede oma cue po la ((con es a-
ción)) eligiosa y cen émonos aho a en las ca ac e ís icas in ínsecas del
discu so o odoxo eligioso. Podemos desg ana las, siguiendo a DECONCHY
(1 97.1) en las siguien es. P ime o, las p oposiciones eligiosas poseen un alo
de in o mación ace ca de lo ascenden e. Hablan de lo ine able y explican lo
incomp ensible. Su con enido semán ico exis e, única y exclusi amen e,
pa a aquellos que-acep an su enunciado no en i ud de lo que dice sino de
quien lo dice (la au o idad eligiosa). Segundo, el es a u o epis emológico de
la p oposición eligiosa no pa icipa de ninguno de los c i e ios de
e i icabilidad de las p oposiciones cien í icas (es o ya lo hemos comen ado
an e io men e). Te ce o, las p oposiciones eligiosas ienden, po su obje o
(El-que-Es, lo inmu able) a adop a o mas c is alizadas, no sólo en su
enunciado, sino en su in e p e ación, ligadas a unas coo denadas cul u ales
62
ADOLFO
PERINAT
despe ado su condena ha sido cie amen e no able. Sin emba go, es sob e
odo el ala p og esis a e in elec ual la que se iden i ica con la eología de
H. Küng. El sen ido de la e, la e o mulación del dogma, la u opía
ecumenis a son p oblemas ípicos del in elec ual. Ya lo apun aba
Max
Webe
cuando decía que «es el in elec ual quien in en a la concepción del mundo
como un p oblema de sen ido)) (p.
403).
La eología
de
Küng sa is ace a es a
clien ela ma ginal cuya inquie ud eligiosa es más bien especula i a y an i-
u ili a is a: al in elec ual le epugna la eligión-magia de las masas popula es,
como le pa ece mezquina la eligión-de-p ác icas que ca ac e iza a la
pequeña bu guesía Pe o es os son jus amen e los es amen os en que se
apoya la Iglesia
y
con los que debe con empo iza ya que son sus mejo es
clien es. No puede, po an o, ole a que la eología se haga eco p imo -
dialmen e de los p oblemas que se ab ican los in elec uales laicos (como po
azones de clien ela no puede da ca a blanca a una eologia que jus i ique
las ei indicaciones e oluciona ias de los op imidos). En pa e po que
aquellos p oblemas son eso é icos, cuando no desconce an es, pa a la g an
masa de consumido es eligiosos y el da les belige ancia pod ía in e p e a se
como que la Iglesia se desen iende de las p eocupaciones del iel sencillo. De
odos modos, el que sea más p oduc i a y aiga menos queb ade os de
cabeza la solici ud pas o al po es e ideal- ipo de iel sumiso, no jus i ica la
demagogia ba a a del ca denal Ra zinge que ha llegado a deci en su se món
de in de año que una de las unciones de la Iglesia es de ende a los pob es
con a los in elec uales
(El
País,
4,
en., 1980). También cuen a, además de lo
dicho, el miedo a la c í ica acional del dogma cuyo es a u o epis emológico
es an ágil, como ya hemos comen ado. Po o a pa e, una eología que se
o ien e a esos ((p oblemas de in elec uales)) no puede deja de se , en pa e,
u o de la e lexión de los laicos, lo que es una o ma simbólica de compa i
el pode con los especialis as de la especulación eligiosa. La Iglesia,
pa adójicamen e, no es á an o en con a de una eología a anzada cuan o en
con a de que és a enga demasiada esonancia en e un es a o de ieles. La
Iglesia eme -y hoy más que nunca- el que la eología suminis e las bases
ideológicas de una e olución social, llámese és a ecumenismo o libe ación
de los op imidos.
Lo
nás e icaz es co a los hilos de comunicación en e
eólogos y laicos. Aquí cob a odo su sen ido la bou ade del ca denal Ho ne
de que la Iglesia no es un ((club)) donde odo el mundo puede opina , o la del
ca denal Luciani: «Desde que un eólogo publica en «li e de
peche»
es á
pe dido pa a la sana doc ina)) (((Edi o ial))
Le
Monde, 20 dic., 1979).
2
Qué o o
signi icado puede ene si no el que en la condena de H. Küng no se haya
mencionado la palab a «he ejía», que no se le haya deg adado de su
sace docio? En la p ác ica sólo se le p ohíbe ai ea cues iones, as asa ideas
en nomb e de la Iglesia. És a, desde el momen o que es una ins i ución, no
puede alimen a o e enda co ien es i,deológicas que se ol e ían i eme-
diablemen e con a los modos de ges ión bu oc á ica de su ((emp esa de
sal ación)). En el ondo es la pugna po man ene una o ma de gobie no (po
supues o no p i a i a de la Iglesia) que, como dice Michel C ozie , es cada
ez más inadecuada'a la complejidad de lapolis mode na:
Los modos de gobe na ac uales eposan aún, en g an pa e, sob e los mecanismos
adicionales del sec e o, de la dis ancia, de la au o idad je á quica Es os mecanismos
equie en pa a se e icaces, si uaciones sociológicas de agmen ación y de aislamien o.
Pe o el inc emen o de la in e acción en e los homb es ha de ibado las ba e as
y
po
consiguien e no pe mi en domina unacomplejidad que, de diaen día, se hace mayo .
(Le
Monde,
26,
ab .
1978).
LOS
LÍMITES
DEL PODER INSTITUCIONAL:
LA
((PRISE
DE
LA
PAROLE)).
LA
NEGOCIACI~N
Has a aquí hemos azado el ma co sociológico desde donde puede
en ende se cualquie con lic o doc inal den o de una eligión ins i uciona-
lizada Hemos enido cons an emen e p esen e el con lic o conc e o que ha
su gido en o no al eólogo
H.
Küng pe o, po encima de las alusiones
indispensables, nues o p opósi o e a da una isión gene al, en é minos de
pode , de la con on ación en e doc inas o, si se p e ie e, de un in en o de
eno ación doc inal desde la eología Que emos aho a ace ca nos un poco
más a las ci cuns ancias
y
sucesos que han ido salpicando es e en en amien-
o
y
mos a , a pa i de las mismas, cómo las acciones
y
eacciones que se
han ido acumulando en o no a la decisión omana ienen ambién una
in e p e ación a a és del p isma del pode .
La Cong egación pa a la Doc ina de la Fe ha condenado a H. Küng
in
absen ia, es deci , ha habido delibe ación al más al o ni el, se ha emi ido una
sen encia sin habe escuchado al acusado
y
se le ha hecho llega la decisión,
según odos los isos inapelable pues, o es á i mada po el Papa, o no es á
dic ada sin su anuencia. Ha sido és e uno de los aspec os de la ac uación
a icana que más pol a eda ha le an ado
y
los medios de comunicación no
han dejado de explo a lo. Así, El País en un edi o ial del
22
de diciemb e
esc ibe:
Se puede deci que la o ma en que la Iglesia ins i ucional llama
al
o den a los eólogos
esul a excesi amen e disonan e con los hábi os de ole ancia del mundo occiden al.
La
64
ADOLFO PERINAT
legislación y la p ác ica canónica se si úan, en el plano p ocesal, muy po debajo de
cualquie ley de enjuiciamien o de un Es ado que hace suya la Decla ación de los
De echos del Homb e, la cual concede al acusado odas las posibilidades de se
escuchado y de endido.
El eje cicio del pode que odo ello anspa en a es, en e ec o, demasiado
desca nado como pa a no he i la sensibilidad de una sociedad que echaza
esos apa a os de pode ((ka kianos)) aunque ac úen en nomb e de Dios. Pe o
dpo qué la Iglesia no mon a p ocesos en oda egla a los eólogos
ecalci an es? Dejando de lado si Hans Küng había sido o no llamado a
Roma an e io men e y si había o no acep ado i bajo cie as condiciones (los
de alles pueden se impo an es pa a una econs ucción his ó ica del
p oceso pe o aquí no ienen al caso), hay una p emisa cla a
y
es que és e es un
p oceso de ideas
y,
en calidad de al, su subs ancia ju ídica es escasa.
A
un
au o no se le juzga an o en es os casos sob e la le a de lo que esc ibe sino
sob e la in e p e ación he e odoxa que un minis e io iscal hace de la misma,
a la cual la de ensa opond á su in e p e ación o odoxa. Pe o ;en base a qué
((código penal)) (he menéu ico) se puede zanja la cues ibn? Un p oceso a
ideas eológicas en la ac ualidad sólo consegui ía des apa la na u aleza
consensual de la in e p e ación o odoxa, consenso que, como an e io men-
e quedó cla o, nace en el seno del ((g upo de expe os)) que de en a el pode
de impone así signi icados. Pienso además que un p oceso a ideas eológicas
desempol a ía odo el as ondo de lucha po el pode que la his o ia des ela
en las inmo ales ba allas po la o odoxia que Roma ha man enido desde
Nicea has ala Re o ma, con especial mención al Cisma de O ien e. Todos los
análisis webe ianos sob e bu oc a ización de la eligión, búsqueda
y
man enimien o de una clien ela de adep os, acomodo a sus aspi aciones,
comp omiso con sus in e eses, son aquí o almen e pe inen es.
Que el Va icano e a conscien e de que condena a un eólogo de
angua dia le iba a aca ea disgus os
y
c í icas esul a ambién e iden e en el
cuidado que ha enido en jus i ica
apos e io i
su decisión
y
acompaña la de
ma izaciones cu iosas. Po ejemplo, la pub icación de la sen encia en el
Obse a o e Romano
a acompañada de un a iculo del ca denal Ho ne en el
que a i ma que es a condena se ha hecho necesa ia po que H. Küng se había
negado siemp e a e ac a se de las eo ías e óneas de las que se le acusaba
El obispo de la diócesis a que pe enece H. Küng comen ó, asimismo, en la
ele isión alemana que en es e caso no había habido ni encedo es ni
encidos e insis ió en que se a aba de la de ensa del bien supe io de la
Iglesia Más du a ue una eacción ul e io del ca denal Ho ne , ya en plena
polémica, cuando cali icó la pos u a de
H.
Küng de una (( e ible y excesi a
EL
CASO HANS
KÜNG
65
au osu iciencia. Si la Iglesia c ee opo uno acompaña su decisión de
explicaciones es pa a palia eacciones en con a.
Ya
hemos is o que las ha
habido. Lo que quizás Roma no an icipó ue la apidez
y
la ampli ud de las
mismas. El mo imien o de solida idad con
H.
Küng ha dado pie a un (( en e
de oposición)). Küng con aba cie amen e con simpa izan es pe o a aíz de su
condena és os cie an ilas en o no a su pe sona con lic i a; sólo aho a se
explici a el acue do que hay a p opósi o de sus ideas c is alizando odo ello
en un g upo de p esión que a a medi sus ue zas con el Va icano.
Lo que se á impo an e en los días que siguen es calib a las co as que
alcanza el con lic o de pode es. Quienes p ime o en an en liza son eólogos,
colegas de H. Küng. El g upo de ca ed á icos de Tubinga c ea un comi é de
De ensa de De echos Humanos en la Iglesia que en su p ime comunicado
a i ma:
Han concluido los iempos en que enía un alcance ilimi ado el p incipio
Roma locu a,
causa ini a.
Si las au o idades omanas
y
los pnncipes dela Iglesiaalemanac een que an a
pode segui zanjando median e ac os de au o idad cues iones eclesiás icas i ales, se
encuen an en un e o . Las disposiciones au o i a ias no ienen nada que e con aquella
ciencia eológica lib e que
~ecibe su c édi o de lacn ica acional
y
del diálogo a e no
(El
País,
2,
en.,
1980).
Mismas ideas, ono algo más mode ado, en una ca a de
50
eólogos
españoles que publica el mismo dia io:
Pensamos que el luga na u al pa a de ec a
y
co egi las posibles de iciencias de la ob a
de
H.
Küng, es el o o de la in es igación eológica No excluimos con es o que el
magis e io pueda
y
deba en de e minadas ci cuns ancias p onuncia su palab a
au o izada
y
úl ima Pe o es o sólo debe ía ocu i cuando se han ago ado p e iamen e
odos los demás eso es: diálogo, ad e encias, e c.
[...]
Nos unimos a la p opues a
o mulada po el mismo Küng, de que se nomb e una comisión in e nacional de eólogos
que es udien su caso
(El País,
23,
dic.,
1979).
Y
los esponsables de
Concilium:
Los di ec i os de la e is a in e nacional
Concilium
no emos ninguna azón decisi a pa a
deja de conside a a nues o colega
H.
Küng como eólogo ca ólico. Po ello mismo
in en a emos ob ene una e isión de su p oceso. Además pedimos con insis encia que
los p ocesos en ma e ia doc inal espe en, de una ez, los de echos del homb e
comunmen e admi idos
(Le Monde,
23-24,
dic.,
1979).
También leemos en
El
País:
El
p opio
H.
Küng se solida iza con el comi é pa a la De ensa de los De echos de los
C is ianos de la Iglesia
y
sugie e que se in e nacionalice. El obje i o inmedia o es mo e a
66
ADOLFO PERINAT
la Cu ia Va icana a que en cada caso de p ocesos doc inales el a ec ado pueda eje ce el
de echo a elegi su p opio de enso
y
a ene acceso a odas las ac as, según concesión
sinodal de la Iglesia suiza en eb e o de
1974
(El
País,
2,
en.,
1980).
Todas es as omas de posición p openden, en úl ima ins ancia, a eco a
el pode del Va icano. Po un lado, y es o es explíci o en las decla aciones
ansc i as, se a a de sus ae a su compe encia (o al menos de compa i la)
la acul ad de escud iña las ideas de los eólogos; son ellos mismos los que
ecaban el de echo a hace lo nomb ando algo así como un (( ibunal de
expe os)). Po o o lado, aunque sean las ins ancias sup emas las que
p omulguen y ejecu en la sen encia, és a debe segui a un p oceso abie o
y
público.
No son és as las únicas omas de posición públicas en con a de la
sen encia a icana y sus p ocedimien os (hemos hablado de la no a del
Concilio Ecuménico, y la p ensa libe al ha adop ado un ono ue emen e
ep oba o i~,~) pe o sí han sido de las más signi ica i as pa a nues o análisis
pues o que aquí es á en juego la au onomía del g upo de expe os- eólogos
en e a las ins ancias bu oc á icas a icanas. El sabe con ie e una au o idad
y pode que se alía o que oma sus dis ancias en e
al
pode ejecu i o. El que
los eólogos hayan ap o echado es a coyun u a pa a hace cue po con uno
de ellos, si uado en en edicho, no es, ni-más ni menos, que una os en ación
de su pa cela de pode que p esiona a la au o idad en unciones pa a que no
se p opase.
Todo ello nos ue za a hui de análisis simplis as del pode como si és e
ue a de en ado de mane a omnímoda po un ac o o un g upo social. El
análisis del p~de polí ico ha pues o en cla o hace iempo que es o es á muy
dis ibuido en el seno de las ins i uciones
y
cómo la dinámica de las mismas
puede en ende se en é minos de alianzas, a os, chan ajes, o ensi as
la adas o abie as en e subg upos que de en an pode en g ado di e so.
Una ins i ución u o ganización i e a cos a de un equilib io de pode es que
esul a de la
negociación
(lo más a menudo implíci a) de las pa es en p esencia
Cada ac o o g upo en escena posee sus elemen os de pe suasión
y
de
disuasión que man iene a los o os «en su si io)). Si, en un momen o dado,
alguien ompe el equilib io su ge el con lic o. El éxi o de los esc i os de
H.
Küng, su
s a us
de ca ed á ico, el apoyo i ual de colegas eólogos,
ecumenis as e in elec uales c is ianos, le es aban dando una sob e asa de
2
Mi compañe o Juan Es uch me comen aba al espec o que es e ono ha sido muy
ca ac e ís ico del ala libe al de la p ensa española
y
me ci aba algunos í ulos. El edogo
O.
González de Ca denal, en unaa e ciopelada de ensa del papa Woj yla en las columnas de
El
País,
aludía esos mismos días a la ((incapacidad nacional pa a es ablece coniunicacióii con Roma)).
EL
CASO
HANS
KUNG
6
7
in luencia (o sea, pode ) excesi a a los ojos del Va icano. Po si ue a poco, el
p opio Hans Küng había dado a en ende , pocas echas an es de es os
sucesos, que si Roma no le había condenado aún explíci amen e e a po que
no disponía quizá de una éplica doc inal adecuada. 2Fué es o la go a que
hizo desbo da el aso? E a ob io que, así las cosas, Roma no podía
pe manece mucho más iempo pasi a, y su acción se encamina di ec amen-
e a es ablece el iel de la balanza. La con on ación abie a sucede aho a al
con lic o la ado. Las ca as se han pues o boca a iba y aho a se e á con
cla idad qué bazas poseen los con incan es y cómo las emplean pa a
negocia el
s a u
quo.
Resul a escla ecedo a, en es e sen ido, la en ada en escena de un nue o
ac o , el gobie no alemán. Hans Küng es ca ed á ico nume a io en una
uni e sidad es a al y sólo puede se depues o po el gobie no, no po el
Va icano. El gobie no alemán, muy a su pesa p obablemen e, se a a
con e i en á bi o de la si uación y ejecu o de una sen encia cuyo as ondo
ideológico no le incumbe. En los días que siguen cada uno de los li igan es a
a a a po odos los medios de a ae a es e pode oso á bi o a su bando. Los
pa ida ios de Küng hacen ale la libe ad de cá ed a
y
de in es igación (el
minis o de Asun os Ex e io es, Gensche , les apoya en unas decla aciones);
agi an el an asma de la inge encia omana y, pa a imp esiona a la opinión
pública, algunos mon an an e la Ca ed al de Colonia un «au o de é»,
simbólicamen e oscu an is a Po su pa e la Iglesia desempol a una claúsula
conco da a ia de los años
30
en la que se egula la p o isión de cá ed as de
eología y que p opo ciona una base ju ídica a su eclamación. También
in o ma a sus ieles en pas o ales y se mones. En un
land
de mayo ía ca ólica
el gobie no no puede deja de lado conside aciones elec o ales a la ho a de
decidi .
..
Llegados a es e pun o sólo nos queda ía po examina una úl ima
al e na i a, cie amen e hipo é ica, pe o que nos pe mi e ahonda un poco
más en los enómenos de pode que des ela la adhesión a g upos. Más de
uno se hab á p egun addo: zpo qué Hans Küng no ha abandonado la
Iglesia? Es á muy ex endida la idea de que la de ección es el p ocedimien o
más e icaz pa a esol e p oblemas de elación en e indi iduos y o ganiza-
ciones: si los bienes y se icios que és a le p ocu a no sa is acen al miemb o,
se da de baja y acude a o a Es e azonamien o o almen e adecuado pa a el
ama de casa en sus elaciones con su p o eedo domés ico o de un indi iduo
cualquie a con su agen e de segu os, su alle de au omó iles, e c. deja ya de
se e iden e cuando la o ganización de bienes y se icios cons i uye un
monopolio (la ele ónica), o cuando la adhesión que uno man iene con la
o ganización es á ejida de ínculos emocionales. y hay po de ás un
6
8
ADOLFO PERINAT
c cu iculum» que ha decan ado un sen imien o de leal ad. En es a segunda
al e na i a la imposibilidad de de ección o el al o cos e de la misma hace que
el descon en o del clien e se aduzca no en un cómodo abandono sino que
oma la o ma de la ((@'se de la pa ole)). (HIRSCHMAN, 1970).
Cuando un líde , po a oz de una eno ación ideológica den o de un
pa ido, una iglesia, es educido al silencio en nomb e de la o odoxia <qué
hace ? Desde el pun o de is a de la ((p oducción de bienes y se icios)) es
como si los esponsables de la o ganización ehusasen inco po a al
((p oduc o)) elemen os que, según a i man los eno ado es, son bene iciosos.
(<Lo juzga así el es o de la clien ela cuyos deseos con ola, en cie a mane a,
el apa a o de la o ganización?). Los in e esados en la eno ación se hallan
an e el dilema de ma cha se, o p o es a . <Qué signi ica, en el caso conc e o
de la Iglesia ca ólica, ma cha se? <Deja de c ee ? <I se a o a Iglesia? Es
indudable que exis e la posibilidad de que una de ección sonada haga
e lexiona
a
la je a quía eclesiás ica
y
quizá consiga, a pos e io < el e ec o
deseado. Pe o cabe ambién la posibilidad de que la inno ación eológica
p opues a cons i uya sólo una mejo a ma ginal del dogma
Y
es o en dos
di ecciones: pa a la g an masa de clien es que, en el mejo de los casos, no
en ende án po qué hay que cambia un ((p oduc o)) que se adecua muy bien
a sus necesidades e in e eses (en el peo de los casos y con es as o mulaciones
espec acula es de
iln alible?, e c. puede in e p e a se el cambio como que el
p oduc o se deg ada). En o a di ección es á la masa de clien es po enciales
de la Iglesia ca ólica que en a ían en ella si su doc ina se lexibilizase en
cie os de alles (en el sen ido que p opone
H.
Küng). <Se ían an os como
pa a jus i ica el cambio? Lo que que emos deci es que cualquie
eno ación del dogma, como la que aquí es á en juego, no es una up u a
eligiosa adical sino lo que se llama más bien una ((inno ación-adap ación))
(ESTRUCH, 1972)
y
que, den o de nues a analogía de me cado, puede se
con emplada como una mejo a ela i amen e ma ginal del ((p oduc o
ideológico)) en e a una demanda al amen e inelás ica y que, en es as
condiciones, la de ección es poco, o nada ope a i a pa a in oduci la
e o ma La única o ma, en onces, de consegui lo es la (pise de la pa ole)),
15
cual p esupone además (como ya lo hemos apun ado) la con icción de que
uno puedejuga un impo an e papel
y
de que la azón es á sob e el núme o.
Pe manece den o de la Iglesia en es as ci cuns ancias supone leal ad
y
una
g an dosis de acionalidad. Supone sob e odo una opción en p o del
cambio, más c ea i a no sólo po cuan o una e o mulación dogmá ica lo es
en sí, sino po que los medios que se ponen a concu so son ípicamen e
polí icos y, si la ((polí ica es el a e de lo posible)), el que ac ualiza lo posible
iene que de ocha imagiAación
y
habilidad. Hans Küng ha dicho:
.
.
EL
CASO HANS
KUNG
69
In e p e o el e edic o omano no como una de o a sino como un desa io a nues a
Iglesia en p o de una cla i icación, la gamen e enada has a aho a, de los undamen os
de la eología ca ólica
y
de su di usión.
Un
comp omiso desleal me hubie a pe mi ido
quizá conse a la licencia docen e
y
me hubie a p opo cionado una calma empo al
pe o con ello no hab ia p es ado ala Iglesia un se icio
y
al
iempo me habna p i ado de
mi iden idad c is iana
y
del c édi o mo al
(E¿
País,
2,
en.,
1980).
En un a iculo de hace ya bas an es años, el his o iado de la ciencia
Thomas Kuhn ( ep oducido en KUHN,
1977)
llama
he essen ial ension
a la
si uación de odo cien í ico inno ado que, a la ez que explo a a ondo el
pa adigma de su ciencia
y
a a de aplica lo con odas sus consecuencias,
opieza cons an emen e con excepciones que le ue zan a supe a lo, es
deci , a c ea algo nue o, quizá o o pa adigma al e na i o que desplaza al
igen e. Kuhn piensa que en odo dominio cien í ico ((algunos indi iduos
son más adicionales, o os más iconoclas as y sus con ibuciones, po an o,
di e i án conside ablemen e)) (p.
228),
y es o ealmen e lo hemos is o
plasmado en el con lic o eológico de Hans Küng con la Cu ia Romana. De lo
que el amoso his o iado no habla es de la cons elación de elemen os
pe sonales que hacen p e alece , más o menos empo almen e, un pa a-
digma en e a o os. Implíci a en su azonamien o es á la idea de que «la
e dad acaba á po iun a )). T a ándose de modelos o males sob e el
mundo ísico casi podemos da lo po segu o. T a ándose de (( isiones del
mundo)), de ideologías, no podemos se an op imis as. El dominio de las
no mas y alo es humanos es indisociable de la mane a que se imponen y de
los in e eses de g upo que los espaldan. Algo de es o ha quedado mani ies o
I
.
en las líneas que an ecedqn. Quizá más de un lec o encuen e en ellas una
1
1
isión ha o unila e al, quizá as ee una cuasi-obsesión po ((desenmasca-
a el pode )). Pienso que ni lo uno ni lo o o. En odo caso quisie a deja bien
cla o que p i ilegia un ángulo de en oque de un ema no quie e deci que el
au o igno e o os o que los minus alo e. Analiza un con lic o de o odoxia
eligiosa (o polí ica) a a és del p isma del pode es
una
mane a
de
en ende lo. En in, el pode , como inhe en e a oda o ma de ida social, no
hace al a desenmasca a lo. Hab ía más bien que humaniza lo. Quizá la
Iglesia ca ólica puede con ibui a ello.
ADOLFO PERINAT
BERGER, P., 1969,
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