Cambio pragmático y cambio gramatical
Abstract
Ridruejo Alonso, Emilio
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Cambio pragmático y cambio gramatical EMILIO RIDRUEJO Universidad de Valladolid 1. Frente a las tendencias dominantes en la lingüística en gran parte de la segunda mitad del siglo XX, en las que faltaba casi por completo el interés por la evolución de las lenguas, recientemente los problemas del cambio lingüístico han atraído una renovada atención. Desde muy diferentes puntos de vista, las teorías lingüísticas pretenden integrar el cambio en las lenguas, asumiendo el hecho de que el cambio no es algo accidental que sobreviene en ellas con independencia de su funcionamiento, sino que les es connatural y que, por tanto, necesariamente se constituye en objeto de estudio. De hecho, el tratamiento del cambio lingüístico parece haber pasado a ser un instrumento que permite examinar la adecuación explicativa de una teoría. Baste poner como ejemplo, dentro de la hipótesis generativa de principios y parámetros, los trabajos de Ligthfoot (1992) sobre cómo establecer los parámetros o la crítica de April McMahon (2000) sobre la teoría de la optimalidad, fundada esencialmente en la inadecuación de esta teoría para explicar satisfactoriamente el cambio fónico. También, dentro de esta corriente de interés por el cambio lingüístico, se presta atención creciente al cambio pragmático. La pragmática, según una definición ampliamente aceptada, que se remonta a Morris en 1938, tiene por objeto las relaciones entre los signos y los intérpretes, es decir, se ocupa de los aspectos del código lingüístico en cuanto que se relacionan con los hablantes y con su papel en el proceso de comunicación. Dado que los inicios de los estudios pragmáticos se desarrollaron fundamentalmente en el ámbito de la filosofía, se atendió, lógicamente, a aquellos aspectos que eran considerados como universales y comunes (esto es no susceptibles de variación) en todas las culturas y lenguas: el funcionamiento de los actos de habla, los principios conversacionales o la teoría de la presuposición, entre otros. Sin embargo, cuando se fue ampliando el repertorio de objetos por los que se interesaba la pragmática, la estructura del coloquio, los principios reguladores de la cortesía verbal, por ejemplo, fue advertida la existencia de diferencias notables en el funcionamiento de unas lenguas y otras, hasta el punto de que se ha desarrollado una denominada pragmática intercultural o interlingüística que, en cierto modo, pretende reducir el número de los Language Design 4 (2002: 95-111)
96 Emilio Ridruejo principios pragmáticos considerados universales y que suponen formulados en gran medida a partir del funcionamiento de las lenguas occidentales. Si existen diferencias pragmáticas entre culturas y lenguas distintas, parece claro que tales diferencias han tenido que producirse a lo largo del tiempo, dado el origen común de algunas lenguas y, probablemente, de todas ellas. Esto es, si existen diferencias pragmáticas entre el español y el francés en algunos de los procedimientos relativos a la cortesía verbal, en la formulación de determinados actos de habla, en los recursos léxicos o morfológicos mediante los cuales se proponen las relaciones afectivas entre los hablantes o entre los hablantes y los designata, entre otras, esas diferencias han tenido que producirse en algún momento de la evolución del español, del francés, o de ambos. Es más, si contrastamos, no ya dos lenguas diferentes, sino dos etapas de una misma lengua, el español de la época clásica y el español actual, cabe advertir a través de los textos o incluso a partir de descripciones metalingüísticas en gramáticas, en diccionarios o en obras de cortesía, que hay también diferencias pragmáticas: existían en el siglo XVI actos de habla, como el planto o el motejar a los que aluden los textos o las gramáticas, que hoy en día no son frecuentes; las relaciones entre los interlocutores en el diálogo en los procedimientos de toma de turno eran mucho más rígidas que en la actualidad, al menos en la conversación formal, y los procedimientos y las categorías de lo que se denomina deixis social apenas tienen nada que ver. Entre una y otra etapa de la lengua se han producido, por tanto, algunos cambios de índole pragmática. 2. En la pragmática diacrónica podríamos considerar dos orientaciones diferentes y complementarias. De una parte se trata la evolución de la lengua en cuanto que es empleada en actos sociales de comunicación. Si la pragmática recae sobre las relaciones entre los intérpretes y los signos, incluye naturalmente la competencia de los hablantes para llevar a cabo satisfactoriamente actos de habla, cómo hablar, cuándo hablar, con quién hacerlo, qué decir, etc. Estos cambios pragmáticos consisten en modificaciones en las convenciones que regular los actos de habla. En algunos casos son cambios en las convenciones explícitas, por eso pueden llegar a localizarse en tratados de formularios o de cortesía y buenas maneras. Algunos de tales cambios vienen asociados a cambios políticos, religiosos, cambios en la influencia de una cultura sobre otra, etc. Pueden llegar a variar incluso los inventarios de actos de habla que existen en una comunidad en un momento dado: no es habitual que un hablante español actual ejecute actos rituales de desafío o conjuros, por ejemplo (Ridruejo
Cambio pragmático y cambio gramatical 97 2002). Pero al mismo tiempo, hay otra vertiente cuya evolución también es objeto de la pragmática diacrónica. Se trata de los cambios que experimentan los signos que transmiten informaciones pragmáticas, dado que existen componentes pragmáticos transversales que atañen a todos las unidades lingüísticas: cuando en una conmutación entre elementos lingüísticos codificados no resulta un cambio de significado nocional, sino un cambio en las características de la enunciación, en las relaciones que establecen los interlocutores entre sí o con respecto al objeto o al entorno, cabe suponer que la conmutación es el resultado de la aplicación de una regla pragmática (Dressler y Barberesi 1994: 49-57). Un ejemplo de regla pragmática identificada en español desde hace más de cincuenta años es la que afecta a la morfología de los diminutivos. De acuerdo con el análisis de Amado Alonso (1967), los sufijos diminutivos en español, no siempre tienen un significado nocional de aminoración, sino que su empleo muestra determinadas relaciones afectivas entre los interlocutores, o de estos en relación con el objeto designado: Hermanita, ¿no hay una limosnita pa este pobresito bardaito que está esmayaito?, el empleo del diminutivo no resulta de la intención comunicativa de aminorar la cantidad de la limosna, que ésta sea pequeña, sino de presentar una relación afectiva favorable entre el emisor y el destinatario. De lo anterior se deduce que un posible cambio pragmático, puede consistir en que una regla del código que previamente no suponía una función pragmática pase a desempeñarla o bien, al contrario, que una regla previamente pragmática deje de actuar cumpliendo esta función. El primer cambio consistiría en lo que podemos denominar pragmatización, el segundo, dependiendo del resultado final, lexicalización o gramaticalización (lo importante en este caso es que una regla pragmática deja de serlo y pasa a ser una regla, morfológica, sintáctica o léxica). 3. Aunque los procesos de pragmatización tienen muchas características comunes con los de gramaticalización, no son iguales y conviene comenzar diferenciando entre ambos. Se suele denominar gramaticalización a la utilización como significante en una oposición gramatical de una forma lingüística que previamente desempeñaba otra función, en este caso, bien como significante en una estructura léxica o incluso como parte de otro morfo gramatical (Meillet: 1958, 135). La
98 Emilio Ridruejo gramaticalización de un elemento léxico es quizá el caso mejor estudiado. Si la gramaticalización no llega a implicar reestructuración del paradigma en el que tiene lugar, la unidad gramaticalizada coexiste, durante largo tiempo a veces, con aquella otra a la que reemplaza. En un ejemplo característico de gramaticalización, el sintagma cantare habeo debió de convivir en Bajo Latín junto con la forma sintética del futuro cantabo hasta que reemplazó totalmente a ésta última forma, a la vez que habeo en esa función perdía su significado léxico para quedar como portador de una oposición meramente gramatical, de tiempo. La gramaticalización, además de un cambio semántico, suele ir acompañada de la reducción del cuerpo fonológico de las unidades gramaticalizadas y de un aumento de su frecuencia, acorde con su nuevo estatuto. Además, la mayor parte de los investigadores creen que el proceso de gramaticalización es unidireccional e irreversible (al menos con carácter general) (Berbeira Gardón 1998: 16-18). Es decir, que una forma gramatical no puede evolucionar para convertirse de nuevo en un elemento con significado léxico. Distinto es el proceso de pragmatización. Para mostrar sus diferencias, Onodera (2000) estudia los cambios que experimentan dos marcadores discursivos del japonés, demo y na. Muestra cómo la evolución de demo puede ser interpretada como un caso de gramaticalización. Inicialmente, (de los siglos XI al XVI ) esta partícula demo está constituida por la forma gerundiva de la cópula da más la partícula adversativa mo. A mediados del siglo XVI deja de tener una función exclusivamente proposicional y se utiliza como conector oracional y textual. Su evolución podría compararse con la de la conjunción concesiva del catalán medieval o el provenzal jatsia: esta forma igualmente está constituida por un verbo ser creador de mundos y el adverbio ya y tiene un significado proposicional indicando la creación de conjunto de circunstancias en las que tiene valor una determinada proposición que sigue. Pero, además, demo, como jatsia, pasa a constituirse en instrumento gramatical de conexión de dos proposiciones. Pierde su significado proposicional para desempeñar una función textual de relación de dos proposiciones, a la vez que queda integrada en un paradigma gramatical junto con otras conjunciones. La evolución de la partícula na presenta rasgos diferentes. En japonés
Cambio pragmático y cambio gramatical 99 actual, la interjección na se emplea para marcar la actitud del hablante sobre el proceso de interacción verbal. Se utiliza como un operador fático para llamar la atención del interlocutor, es hasta cierto punto semejante al español mira u oye. Inicialmente, esta partícula na significa algo así como 'qué bien'. Es una partícula de asentimiento que aparece en posición final y evalúa el contenido de la proposición anterior. Desde el siglo XII se documenta en posición inicial y en esa posición actúa como un elemento apelativo. El cambio que experimenta no supone ninguna contribución al sistema gramatical y, en este sentido, no hay gramaticalización, pero sí la habilitación de un elemento léxico, una interjección o un adverbio, para desempeñar funciones que no atañen al valor veritativo de la proposición sino a la relación de los protagonistas de la enunciación con tal proposición. Con todo y a pesar de que se trata de procesos diferentes en cuanto al resultado, hay una serie de elementos comunes en los procesos de gramatización y de pragmatización que son los que aquí nos interesan. En ambos cambios se sigue una de las tendencias generales que consiste en el aumento de subjetivización, cumpliendo una nueva función y modificando la dinámica de la interactuación verbal. Y en los dos procesos el paso fundamental del que hay que dar cuenta es evidentemente, del cambio de significado que resulta en los items léxicos. 4. Un tipo de unidades especialmente susceptibles a experimentar procesos de pragmatización es el de los llamados operadores discursivos. Se trata de elementos léxicos que se han vaciado de su significado léxico y han pasado a ser morfológicos, pero no son elementos tales que se integren en un paradigma gramatical cerrado, sino que ejercen una función pragmática señalando algún rasgo de la posición del emisor o del destinatario con respecto a la enunciación o el mensaje. Hay ocasiones en que el proceso no está plenamente consumado y, por eso, permite ver con mayor claridad los pasos a través de los cuales el cambio está llevándose a cabo. Esto sucede con la utilización de fórmulas de juramento como operadores conversacionales que examinamos a continuación. Austin en su obra clásica incluye el juramento y la promesa dentro de los actos que denomina comisivos o compromisorios. Se trata de actos que comportan la asunción de una obligación por parte del emisor: éste se responsabiliza de cumplir una determinada acción. El rasgo diferencial entre el juramento y la promesa radica en que en la promesa la responsabilidad es asumida por el emisor sin que haya otro testigo de ello que el destinatario.
100 Emilio Ridruejo En el juramento, en cambio, se pone por testigo a la divinidad a sus atributos o a otra potestad superior. No obstante, frente a lo que propone Austin, el juramento (y también la promesa) tienen un carácter no comisivo cuando consisten en poner por testigo a la divinidad a una potencia superior de la veracidad de una aseveración. En este caso, el juramento constituye un acto de habla complejo, porque suma a una declaración el acto de poner por testigo. Dentro del grupo de actos de habla que constituyen el juramento, el voto puede considerarse un juramento especializado, relativo a una obligación personal de conducta durante un cierto tiempo o hasta que se cumpla un acontecimiento determinado. El voto constituyó una práctica caballeresca de finales de la Edad Media muy ligada a la pertenencia a órdenes militares, para cuyo ingreso era preciso realizar determinadas promesas de conducta vital semejantes a las de las órdenes religiosas, en las que también se exigía (y se exige) la formulación de votos. Sin embargo, a finales de la Edad Media, en el voto parece dominar un elemento lúdico por encima del ético religioso y los caballeros realizan votos relativos a las más variadas y disparatadas conductas: voto de mantener cerrado un ojo hasta volver de la guerra, de no encender fuego en invierno o de mantener la barba intonsa (Huizinga 1971: 140-143). Desaparecido el voto como actuación socialmente frecuente, sin embargo, persiste como instrumento verbal, al igual que otras fórmulas de juramento (por Dios, por Jesucristo, etc. ) como un procedimiento para enfatizar la verdad de la declaración. Se convierte así en un operador pragmático de modalidad: el emisor lo utiliza para destacar la validez y la verdad de su declaración. Si examinamos los textos literarios españoles de los siglos XVI y XVII cabe observar que el voto es empleado sobre todo por caballeros y en registros informales, además de presentarse con energía mayor que otras fórmulas de juramento. Pero, lo que interesa es que en fórmula lo realmente funcional es la emisión del realizativo (que se convierte en un giro invariable) y no el objeto del voto o el testigo sobrenatural que se invoca. Por esta razón, aunque aparece algún voto por Dios o por Jesucristo, pueden darse otras muchas fórmulas, muchas de ellas de carácter eufemístico. Incluso llega a desaparecer la mención del testigo del voto y la fórmula pasa a convertirse en un simple voto a.: CRESPO: Con vos y conmigo sea. LOPE: Voto a Cristo, que me muero! CRESPO: Voto a Cristo, que me pesa!
Cambio pragmático y cambio gramatical 101 (Pedro Calderón de la Barca, El alcalde de Zalamea, jornada 1ª) -¡Voto a Rus -dijo Sancho-, no dé yo un ardite porque me digan lo que por mí ha pasado!; (Cervantes, Don Quijote II, 25) y así voy a examinarme de cosquillas. ¡Voto a diez, que os habéis de reír! Adiós, (Tirso de Molina, El condenado por desconfiado, acto 1º) Como en los actos de habla indirectos, y puesto que la situación comunicativa no reúne las condiciones preparatorias necesarias para la realización de un voto real (hay una falta evidente de intencionalidad o de presencia religiosa, etc.) hay que inferir que el acto de habla no es el de carácter comisivo, sino que, dado que va acompañado de un declaración, funciona como un refuerzo de ésta, aplicándole alguno de los componentes del voto. Y este componente no es otro que el compromiso del emisor en el cumplimiento de lo contenido en el acto de habla. El destinatario ha de inferir que en una declaración, el compromiso por parte del emisor sólo puede recaer en la verdad de la declaración y deducirá, por tanto, que la función de la fórmula del voto no puede ser otra que el refuerzo de la verdad de tal declaración. En este caso que comentamos sobre la utilización del voto en textos españoles clásicos, el proceso de pragmatización no puede considerarse que se haya consumado y que se haya integrado plenamente en el código, tal como probablemente sucede ya en otras fórmulas de voto como a fe. Ni siquiera parece que debamos postular una polisemia por la cual haya que interpretar que voto a x, tenga en español, por una parte, un significado en virtud del cual aparezca en la fórmula verbal por la cual se realiza un determinado acto de habla comisivo y, de otra, que sea un operador modal que refuerce el compromiso del emisor en la verdad de una aseveración. Simplemente hay una estrategia pragmática derivada de la fórmula de juramento, que aún no ha llegado a codificar plenamente como operador la fórmula que la configura pero que revela bien el mecanismo de un cambio en curso. 5. Ya ha sido apuntado arriba que los cambios pragmáticos, como también los cambios gramaticales, implican algún tipo de cambio de significado. Afectan a unidades que, con independencia de la evolución que experimenten en el significante, pasan de desempeñar un tipo de significado
102 Emilio Ridruejo a otro. En consecuencia, una posibilidad de estudiar los cambios pragmáticos consistirá en examinarlos en su vertiente semántica tal como se ha hecho desde hace mucho en la evolución del léxico. Un tipo frecuente de cambio semántico en el léxico puede tener lugar simplemente en virtud de cambios extralingüísticos. Los designata a los que hoy nos referimos como pluma para escribir o como coche difieren muy sensiblemente de los que recibían este nombre hace cuatro siglos. Sin embargo, no se ha producido un cambio propiamente lingüístico, aunque los distintos términos hayan modificado su extensión pasando a designar entidades muy diferentes, tal cambio de extensión no tiene su razón de ser en una modificación del código: en los elementos léxicos pluma o coche siguen estando presentes los mismos rasgos definidores que existían hace cuatro siglos: pluma es el instrumento que sirve para escribir, y coche un vehículo de ciertas características. ¿Podemos considerar que en el componente pragmático, en los signos que remiten a la comunicación y a sus participantes, se ocasionan cambios semejantes, es decir, que se hayan producido cambios en las condiciones de la enunciación tales que los signos que remiten a ellas ya no designen exactamente lo mismo? Teóricamente esta evolución no tiene porqué ser imposible. Sin embargo, tales cambios son mucho más difíciles en el componente pragmático que en el léxico, dado que el acto verbal y sus constituyentes permanece sustancialmente el mismo a lo largo de la historia, sin que se hayan producido cambios relevantes en las realidades referidas. Sí que podemos identificar, aunque excepcionalmente, cambios que tiene su origen en modificaciones del las circunstancias de la enunciación. En algunas lenguas, habladas por comunidades establecidas en un ámbito muy reducido, los sistemas deícticos se establecen tomando como puntos de referencia localizaciones fijas. En tzeltal (una lengua maya del Estado de Chiapas) se utilizan dos deícticos alan, que significa 'colina abajo' (y también 'al norte') y ajk'ol con el significado 'colina arriba', 'al sur'. Evidentemente tales deícticos fueron formados para señalar la localización en un ámbito espacial muy reducido en el que dominaba un accidente geográfico, una colina cuyo pie estaba al sur y su cima al norte de la localización habitual del grupo de hablantes. Si la comunidad que utiliza esa lengua amplía su territorio, el punto de referencia deja de ser válido como un lugar fijo, pero ello no requiere obligatoriamente que sea descartado como referencia deíctica, simplemente modificará su contenido para significar una
Cambio pragmático y cambio gramatical 103 localización espacial fijada en relación con las nuevas circunstancias. Es decir que cuando los hablantes de tzeltal, o de una protolengua de la que deriva, se desplazaron y la lengua se extendió a otros lugares, el significado de los deícticos dejó de tener la validez inicial y pasaron a significar de manera más general, 'arriba' y 'abajo'. Esto es lo que se percibe en tzotzil, una lengua emparentada con el tzeltal, donde ak'ol significa simplemente 'arriba'. Es posible, que en el futuro las alteraciones que están teniendo lugar en los sistemas de comunicaciones humanas, cada vez con más frecuencia realizados sin que los participantes en el coloquio compartan un mismo lugar, pueda tener consecuencias en el sistema de los deícticos espaciales o incluso temporales. Sin embargo, es demasiado pronto para advertir cambios tan importantes en las lenguas. 6. Si el cambio en los designata cuando éstos constituyen las circunstancias de la enunciación no puede ser considerado como la fuente más frecuente de cambio pragmático, de la misma manera que lo es en el cambio semántico, hay que tener en cuenta otros mecanismos como la metonimia o la metáfora, es decir desplazamientos por semejanza de los designata (lo que se denomina metáfora) o por contigüidad de los mismos (la metonimia). Y ambas hipótesis que, sin embargo, no son necesariamente alternativas, sino que parecen complementarse, han sido también utilizadas para dar cuenta de los procesos de gramaticalización (moreno Cabrera 1998). De una parte, resulta que los procesos de gramaticalización se han planteado como cambios semánticos de carácter metafórico (Bybee-Pagliuca 1985, Sweetser 1990) y, de otra, de carácter metonímico a partir de inferencias resultantes del contexto (Hopper y Traugott 1993). Los mismos mecanismos metafóricos o metonímicos actúan sobre los elementos léxicos o gramaticales que constituyen lo que Jakobson (1975: 307-312) denomina conmutadores, esto es unidades del código tales que no pueden ser definidas al margen de la pragmática, en cuanto que se refieren a un componente de la enunciación, En este caso lo que estamos contemplando son cambios semánticos, pero cambios semánticos que tienen fundamentos pragmáticos. Un ejemplo de cambio metonímico de esta índole parece darse en el deslizamiento que experimentan los signos de contenido deíctico que se refieren a la localización temporal de un proceso que coincide con la enunciación. Por ejemplo, el latín LOCO significa originariamente 'en el
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