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El futuro de la religión en España

Pérez Vilariño, José

Abstract

El artículo analiza las nuevas formas religiosas resultado del cambio social en la España contemporánea.Lejos de plantear la cuestión de los grados de religiosidad en términos eclesiásticos o de sociología religiosa, el autor presenta el proceso de secularización en España en estrecha vinculación con el proceso de urbanización y generalización de la educación de los jóvenes. Los nuevos valores resultantes además de aspectos demográficos que afectan al clero tienen otros aspectos que influyen en la disminución de la práctica religiosa.

Full text

Papers 47, 1995 9-29 El futuro de la religión en Espafia José Pérez Vilariño Universidad de Santiago de Compostela. 15701 Santiago de Compostela. Spain Sumario Cambio social y nuevas Pluralismo religioso y religión civil formas religiosas La transición demográfica del clero HipÓtesis de trabajo y la cuestión de la mujer Identidad y Prhctica religiosa y cicios vitaies proceso de modernización Bibliografia Los sociólogos académicos espafioles han mostrado un interes tardío por la sociologia de la religión, durante bastantes atíos reducida a una simple sociologia religiosa U. Estruch, 1972) ocupada en realizar una especie de contabilidad eclesiástica de la práctica religiosa. Sin embargo, durante las dos últimas décadas, el papel desempeiiado por la Iglesia en la transición democrática y la importancia atribuida por las principales corrientes teóricas a 10s factores culturales en 10s procesos de cambio social han dado lugar a una renovada atención al factor religioso. Utilizar ccmuchas veces la clasificación de 10s grados de religiosidad o práctica religiosa como una de las variables estratégicas para interpretar toda la gama de opiniones y conductas [. . .] es la mejor indicación del papel tan central que todavía cumple a la dimensión religiosa)) (A. de Miguel, 1992: 422). Que 10s practicantes sean hoy relativamente menos que hace algunos lustros, o incluso pocos, da un mayor valor diferencial al posicionamiento y a 10s comportamientos religiosos. Que, a su vez, la proyección política de la Iglesia sea hoy mucho menor ccno quiere decir que [. . .] la Iglesia católica deje de ser una formidable organización muy activa en todo tip0 de actividades culturales y educativas)) (Ibid., 423)'. Cambio social y nuevas formas religiosas Intentar atisbar por dónde pueda ir en el futuro inmediato la religión organizada en Espaiía exige prestar una especial atención a 10s rasgos característicos de su entorno social, pero la brusquedad de 10s cambios operados en 10s dltimos atíos en España presenta una particular dificultad de observación. Por esta razón, cobra especial importancia, encima ambos problemas van estrechamente unidos entre sí (A. Hirschman, 1970). La reducción del número de miembros activos y su creciente envejecimiento obligan a plantear la cuestión de la eventual decadencia de la Iglesia católica y de la religión en Espaiía (véanse figuras 1 y 2). El tamatío más reducido de la población sacerdotal, su carácter más homogéneo y su posición profesional estratégica dentro de la institución permiten e incluso recomiendan tomar el análisis de 10 que está sucediendo dentro del clero, como un significativo lugar de referencia de 10s similares procesos que están ocurriendo entre 10s católicos espafioles. Por su parte, la dimensión transnacional de la Iglesia católica y el propio carácter persuasivo y persistente del factor religioso, obligan a adoptar una cierta Óptica comparativa que evite atribuir un carácter excesivamente singular a un fenómeno que puede estar siendo compartido o que incluso ha sido superado en algunas latitudes. Por su especial grado de secularización, de pluralismo denominacional y de avance tecnológico, se toma como referencia comparativa 10s EE.UU. De acuerdo 1. Este trabajo es resultado de un proyecto de investigación cooperativa financiado por la DIGICYT y la Direcci6n Xeral de Ordenaci6n Universitaris e Investigaci6n de la Xunta de Galicia. o 4 Año 1960 1970 1975 1980 1985 1989 1991 El futuro de la religi611 en Espafia Papers 47, 1995 11 Núm. de sacerdotes Fuente: Gonzdlez Blasco 92. Datos de 1991, tornados de A. de M~guel. <#La sociedad espaiiola, 92-93,. Nota: En la poblacibn adulta se han considerado las personas que se consideran al menos <dpoco practicantes. 7.000 - 6.000 - 5.000 - 4.000 - 3.000 - 2.000 - 1.000 - Figura 2. Cat6licos practicantes en Espaiia. 4 j6venes; ... o--- adultos. "*....- .*......*......*...... a ...... ...... o - - A *---L -* -I - I- -C -. 07!,,,,,,,7,,,,!,,# Año 1966 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 2025 2030 2035 2040 2010 Optimlsta Moderada Pesimista Fuente: R. Schoenherr, J. PBrez Vilariño y otros. *Declive sacerdotal y cambio estructural en la lglesia Cat6lica en España y 10s EE.UU. de AmBricas,. XII Congreso Mundial de Sociologia. Madrid, 1990. Figura 1. Evoluci6n de la poblaci6n sacerdotai activa en diez di6cesis espafiolas (datos censales para 1966-1984 y proyecciones para 1985-2045). . B.... optimista; -omoderada; --A-- pesimista. 6.454 6.454 6.454 6.591 6.591 6.591 6.125 6.125 6.125 5.242 5.242 5.242 3.169 2.610 2.124 2.004 1.379 885 3.503 3.298 2.925 2.57i 1.910 1.405 4.391, 3.914 4.381 4.327 1.640 1.062 576 3.850 3.634 1.447 913 439 1.420 872 369 1.458 867 376 1.484 666 373 1.487 866 373 1.487 866 373 12 Papers 47,1995 Jose PCrez Vilariiio con la evidencia de estudios anteriores (Schoenherr y Pérez Vilarifio, 1979), en ambos paises se observa en la raiz de estos dos fenómenos -secularización de 10s sacerdotes y abandono de la práctica religiosaun impacto similar de dos factores principales: la edad y la interiorización de valores modernos, en particular 10s asociados a la nueva condición de la mujer y la moral familiar. Aunque la estructura normativa de la sociedad espaiíola parece más enraizada en las costumbres tradicionales y en 10s símbolos sagrados, por 10 que se ve menos afectada por la secularización, la cuestión del celibato resulta tan importante, si no más, para 10s sacerdotes espafioles como para 10s norteamericanos a la hora de abandonar el sacerdocio (Schoenherr y Pérez Vilarifio, 1979). En otras palabras, con independencia del grado concreto de modernización y secularización, en dos sociedades avanzadas como Espafia y 10s EE.UU. de Arnérica, la nueva forma de entender las relaciones entre varón y mujer afecta por igual al precepto del celibato y a la exigencia de un ministerio sacerdotal socialmente rnás integrado, esto es, menos clerical. La lógica que opera en el campo del compromiso sacerdotal puede aplicarse, aunque de una forma sbviamente rnás flexible, a las actitudes y 10s comportamientos religiosos de 10s creyentes. Parece existir suficiente fundamento para afirmar que se está produciendo un fenómeno de distanciamiento de ciertos modelos de compromiso y de práctica religiosa, tanto entre 10s ministros o responsables rnás cualificados de la organización y de sus inmediatos colaboradores (Órdenes religiosas y asociaciones católicas) como de 10s creyentes en general. Esta situación no induce necesariamente a un abandono de la Iglesia, sino que da origen a nuevas formas más flexibles y libres de pertenencia. En este mismo sentido, se detectan niveles variables de práctica religiosa asociados a 10s ritmos de 10s ciclos vitales, tendiendo a intensificarse en 10s grupos de rnás edad, como si la práctica religiosa se definiese como una actividad cada vez más propia de 10s mayores y en particular de la tercera edad. Resulta también de interés observar el similar y a la vez diferente efecto de la edad sobre la continuidad de 10s sacerdotes en el rninisterio, porque pudiera asimismo arrojar alguna luz sobre la fberte discrepancia en el ámbito de las prácticas religiosas entre 10s diferentes grupos de edad. En ambos paises 10s sacerdotes jóvenes se inclinan más que 10s mayores por el celibato opcional, por 10 que es en este grupo donde se da el mayor riesgo y una tasa mis alta de abandono del ministerio. Que en la actualidad el número de sacerdotes que se secularizan sea pequefio ]no se debe, como a veces se afirma, a que se haya reducido el riesgo, sino a la ddstica disminuci6n del número de sacerdotes jóvenes, esto es, en edad de máximo riesgo. Un impacto similar parece producir la edad sobre la pdctica religiosa de 10s católicos. El nuevo univers0 simbólico induce a 10s jóvenes a abandonar las prácticas tradicionales, que 10s mayores, aun en el caso de compartir 10s mismos valores, tienden a mantener por razones asociadas a una experiencia distinta (T. Parsons y E. Shills, 195 1). Si bien en el análisis del compromiso sacerdotal en ambos paises se observa un impacto positivo de la edad sobre la pdctica religiosa, en Espaiía alcan- El futuro de la religi611 en Espafia Papers 47, 1995 13 za un valor doble (.21) que en 10s EE.UU. (.10). Estas diferencias de intensidad parecen estar vinculadas a variaciones contextuales o del entorno. Resulta, por ello, razonable pensar que si, debido a un mantenimiento más prolongado de las prácticas tradicionales, entre 10s sacerdotes diocesanos espaiíoles jóvenes se produce un abandono del ministeri0 rnás tardío pero tarnbién rnás brusco que en 10s EE.UU. (Schoenherr y Pérez Vilarifio, 1987), la disminución de la práctica religiosa entre 10s jóvenes católicos siga una pauta similar y que en ambos casos las diferencias tengan mucho que ver con las características diferenciales de ambas sociedades. En Espafia, la súbita transición a la democracia pudiera estar provocando un espontáneo rechazo juvenil de 10 que se consideran formas de religiosidad y un discurso arcaizantes. Por otra parte, este efecto tenderia a agrandarse por el profundo y repentino cambio en el modelo de socialización que ha substituido de repente la rigidez y la intolerancia por una sorprendente laxitud y un cierto rechazo de la pdctica religiosa. Tal como sefiala Luckman (1967) en su análisis de 10s sistemas de creencias, el mayor grado de diferenciación social hace que se acentúe rnás la privatización de 10s valores, entre 10s que destacan el sexo y la libertad individual. La privatización de la religión tiene, sin duda, algo que ver con este proceso, mayormente entre 10s jóvenes, dado sobre todo el énfasis tradicional en la moral sexual. En consonancia con esta misma lógica se comprende que, 10 mismo en Estados Unidos que en Espaiia, 10s sacerdotes rnás jóvenes y que tienen mayor iniciativa personal o se sienten rnás orientados por valores modernos -entre 10s que destaca el aprecio de la sexualidad y del matrimoni0 y una menor estima de las prácticas tradicionalessean 10s rnás propensos a abandonar la práctica del ministerio sacerdotal. Esta lógica aplicada a 10s jóvenes explicaria su creciente desafección por las prácticas religiosas tradicionales. En definitiva, el factor de cambio parece situarse en torno al sistema de valores de las nuevas generaciones, cuya mejor expresión es la nueva posición de la mujer. Durante 10s últimos aiíos de la dictadura, la modernización pareció anticiparse en la Iglesia (Pérez Vilarifio, 1982), tanto por su situación privilegiada como por la exigencia de aggiornamento, promovida despues del Vaticano I1 por las instancias centrales. En 10s aiíos que han seMdo, la rápida modernización de la sociedad espafiola, unida al envejecimiento del clero y al abandono del ministerio por parte de 10s rnás orientados por valores modernos, ha invertido la relacibn, produciendose un cierto efecto de conse~adurismo o de relativa involución entre la clerecia. Es aquí donde es posible que aparezcan diferencia~ contextuales atribuibles al profundo cambio del marco institucional en nuestro país. Hip6tesis de trabajo La disminución de la pdctica religiosa durante las últimas décadas -observada en todos 10s estudios recientes (R. Doucastella, 1967; FOESSA, 1983 y 1994; González Blasco y González Anleo, 1992; E. Andrés Orizo, 199 1; 14 Paoers 47, 1995 Jose Perez Vilarifio A. de Mipel, 1992)- es atribuida unánimemente o tomada como indicador del fuerte proceso de secularización de la sociedad espafiola. Y el10 con independencia de la dimensión acentuada dentro del amplio sentido que abarca el concepto de secularización. Que la práctica sea mucho menor entre 10s residentes de las gandes ciudades y entre 10s jóvenes parece confirmar que se trata de un fenómeno asociado a la modernización y a la substitución generacional. Junto a la disminución de la práctica religiosa, un segundo rasgo de la religiosidad actual de 10s espafioles es la consolidación de algo rnás de un 1% de creyentes de otras religiones y de un 15% de indiferentes, agnósticos y ateos. Por último, aparecen asimismo, con un cierto grado de difusión, creencias y prácticas no religiosas relacionada con la suerte y la astrología, o con la pertenencia a sectas. A pesar de estas mutaciones y con independencia de su grado de práctica religiosa, la inmensa mayoría de 10s espafioles mantiene su autoidentificación como católicos y con 10s vínculos organizativos más formalizados, que dan dimensión social a tal identidad en 10s momentos transicionales de 10s principales ciclos vitales. Si bien estos hechos muestran una relativa estabilidad, resulta menos claro el sentido de 10s procesos subyacentes. La hipótesis que inspira esta colaboración comparte el horizonte teórico del desarrollo de un fuerte proceso de secularización, asociado a la concentración de la población en áreas urbanas y a la generalización de niveles educativos mis elevados entre las generaciones jóvenes. Consecuencia de estos procesos confluyentes es la eclosión de un amplio pluralismo sociocultural. En el campo religioso la nueva situación de pluralismo parece evolucionar en dos direcciones. Por un lado, aparece un segmento de población que se reclama no religioso. Si bien en términos estadísticos su número resulta reducido, su relevancia social es grande en un país acostumbrado a incluir la confesionalidad católica entre las sefias de identidad de sus ciudadanos. En segundo lugar, y como alternativa a la hipótesis de una clara y creciente disminución de la fe religiosa, esta contribución postula la existencia de un proceso de gestación de una nueva forma de vida religiosa que atribuye un grado mucho mayor de libertad y autonomia del creyente, cuya religiosidad tiende a adoptar una pluralidad creciente de prácticas más seculares entre las que cada dia cobra mayor importancia una incipiente religión civil vinculada a la nueva cultura cívica democrática y que tiende a encontrar su tiempo preferente en la tercera edad. El hi10 conductor del discurso asocia dos fenómenos paralelos, altamente conectados entre sí. El primero rnás fácilmente observable es la disminución y el envejecimiento del clero, encargado profesionalmente de la administración de las prácticas religiosas tradicionales; este hecho lleva consigo una forzada desclericalización de la forma dominante de vida religiosa. El segundo, estrechamente vinculado al primero, es la disminución de las prácticas religiosa~ tradicionales entre 10s grupos de edad más joven y su concentración en las personas mayores. La hipótesis postula que ambos hechos -disminución del clero y de la práctica religiosaobedecen a un dinamismo común: un El futuro de la religi6n en Espaiía Papers 47,1995 15 I fuerte proceso de secularización que conduce a una mayor autonomia de 10 secular y que está dando origen a una nueva forma de vida religiosa, en la que el creyente se siente mucho más libre para expresar su fe a su manera, con independencia de las exigencias institucionales. Las variaciones en el tamaiío organizativo, como antecedente o concomitante de otras formas de cambio social, han sido una de las relaciones más ampliamente discutida y documentada en sociologia de las organizaciones (E Blau y R. Schoenherr, 1971; I? Blau, 1977; W. Scott, 1987; R Hall, 1987). En este sentido, dada la posición exclusiva del clero en la jerarquia de la Iglesia, la ptrdida de efectivos sacerdotales desempefia un papel crucial en la modificación de su estructura. El impacto se hace todavia mayor, porque la disminución de 10s recursos profesionales constituye una de las füerzas económicas decisivas en el proceso de cambio. Estas razones permiten ver en el declive de la población sacerdotal uno de 10s dinamismos sociales, que está impulsando con mayor fuerza el cambio en, el catolicismo actual. Por su parte, el abandono de las prácticas religiosas entre la mayoria de 10s católicos está dando lugar a la aparición de un tercer hombre, distinto del cura y del practicante, que se siente, a un tiempo, católico y libre de observar las prácticas religiosas tradicionales. Resulta fácil de comprender que esta nueva forma de vida religiosa emerja antes y se desarrolle con mayor pujanza entre las generaciones de jóvenes nacidos y educados en el nuevo entorno democritico de la sociedad de la abundancia y del bienestar. Esta nueva forma religiosa aparece, a su vez, asociada a un doble hecho: la creciente diferenciación de ~iclos vitales en la vida humana y la disminución de 10s controles coercitivos a 10 largo del proceso de socialización religiosa. La hipótesis de trabajo postula en segundo lugar que, si bien la necesidad de sentido y consiguientemente el periodo religioso cubre toda la existencia consciente del ser humano, las pdcticas religiosas tienden a generalizarse e intensificarse más en el ciclo vital que se corresponde con la tercera edad. En Espaiía, la larga historia de füerte vigilancia de la unidad religiosa permite comprender la escasa diferenciación denominacional o pluralismo religioso en sentido estricto. La prolongada alianza de la Iglesia espafiola con 10s grupos opuestos a la modernización y la turbulenta historia social derivada de tal unión, acarrearon un dramático distanciamiento de las clases obreras respecto de la Iglesia, agravado por la amplia situación de anomia entre la población recitn llegada del campo a unas ciudades sin equipamientos. El acomodo generalizado de 10s obreros en las ciudades y su creciente transformación en empleados ha hecho posible un reencuentro pacifico y autónomo de 10s nuevos ciudadanos con la Iglesia, en la que encuentran una importante füente de legitimación de su nueva situación y de consolidación institucional de las sefias familiares de identidad. Por el contrario, un doble proceso tiende a alejar -pero esta vez sin iraa 10s jóvenes de la Iglesia institucional y de las prácticas religiosas. Por un lado, una nueva situación de anomia familiar, en la que una fuerte y generalizada ppsición de inferioridad educativa priva a 10s padres, como grupo, de autori- 16 Paoers 47, 1995 Tose PCrez Vilarifio dad frente a sus hijos. La situación se agrava en no pocos adultos por un tardío deseo de llegar a ser o al menos parecer modernos. En segundo lugar, la juventud nunca ha constituido el ciclo de vida mis propicio para la práctica religiosa, sobre todo si ésta se encontraba centrada en la moral sexual. El abandono de las prácticas ser6 16gicamente mayor si además se reblandece la capacidad de socialización coercitiva de las instituciones primordiales de la farnilia y la Iglesia. Las fuertes tensiones asociadas al desarroílo personal, las presiones sociales derivadas de la exigencia de conseguir una preparación profesional y la creciente inserción en el ámbit:o secular de la sociedad civil facilitan el alejamiento de las prácticas religiosas de la infancia, en el caso -cada dia mis aleatoriode haberlas ejercitado con cierta regularidad. Identidad religiosa y proceso de modernización De acuerdo con el reciente estudio realizado por la fundación FOESSA (1994), con independencia del grado de práctica religiosa, el 84% de 10s espaiioles se define como católico. Si se toma la misa como pdctica de referencia, algo más de la mitad afirma asistir al menos en las grandes fiestas, práctica que comparten algunos de 10s que se califican como no practicantes. Tal práctica disminuye claramente a medida que aumenta el tamafio de la población de residencia, en particular en Catalufia y el País Vasco. Abandonar la práctica religiosa no implica perder la fe; apenas un 11% afirman dejar de practicar por haber perdido la fe. Las principales razones aducidas son claramente ambientales o de ecologia religiosa: las condiciones de vida (21%) y el desacuerdo con las posturas de la Iglesia (24%), sobre todo entre 10s habitantes de las grandes ciudades (33%). Pero la razón básica para la gran mayoría del abandono de las prácticas es porque se puede ser muy religioso y no ir a misa; un 50% alude a esta razón, con apenas 10 puntos de diferencia entre la aldea y la gran ciudad. En cambio, apenas tiene incidencia el rechazo al clero (9%). Más que por falta de una insistencia familiar (12%), las prácticas religiosas se abandonan porque han perdido valor y significado en el nuevo estilo de vida secular de las modernas aglomeraciones urbanas, que definen 10s patrones culturales predominantes. Para uno de cada cinco entrevistados esta pérdida de interés afecta a la propia religión. Entre 10s jbvenes, la religión -concebida según el patrón de las prácticas tradicionales-resulta irrelevante para el 80% (porcentaje similar al de 10s que afirman no estar interesados por la política (J. Pérez Vilariiio y J.L. Veira Veira, 1986). Religión y política tienden a experimentar avatares semejantes. Pas6 el tiempo en el que un claro enemigo común obligaba, sobre todo a las nuevas generaciones, a la militancia -hese esta política ylo religiosa-. Los relativamente acomodados tiempos actuales son mis bien propicios al encuentro con una fe, transmitida o descubierta a través de una diversa experiencia personal. El bajo nivel general de lectura, la falta de estudios de teologia y de ciencias religiosas en la universidad pública, así como la ausencia de artículos en la prensa y de programas sobre estas materias en 10s medios audiovisuales per- El futuro de la religi6n en Espafia Papers 47, 1995 17 miten comprender que la formación y la cultura religiosa sean mk bien pobres en España. La situación de minimo pluralismo religioso y la tradición de socialización obligatoria han contribuido a generar una forma predominante de religiosidad popular y clerical, con ausencia de un debate religioso. Una vez superado el horizonte clerical y la obsesión por parecer modern0 a costa de ser menos religioso y no necesariarnente innovador, el mayor nivel educativo dará poc0 a poc0 lugar a un debate más abierto, tal como apunta espoddicamente en algunos medios de comunicación. En la medida en que la disminución de las prácticas tradicionales aparece asociada al nivel de modernización y secularización, es lógico que se observen diferencias significativas entre las diversas comunidades autónomas, similares a las que aparecen en su estructura social. S. Giner va mis lejos al afirmar que cccada sociedad alcanza la modernidad en gran medida según la senda que le sefiala su pasado religioson (S. Giner, 1992: 9). En este contexto, el acerca iento de la Iglesia a sus fieles demócratas y al conjunt0 de la población cons !' ituye una de las claves, tanto de la modernización de la cultura política como de la sorprendente transición a la democracia. Por su parte, tal acercamiento, incluido el paso de muchos católicos hacia la izquierda, ha hecho imposible la cristalización en Espafia de un partido demócrata-cristiano y ha facilitado una cierta fluidez entre la clientela de 10s partidos. El alcance de estos hechos se comprende si se tiene presente que la masiva pertenencia de 10s espafioles a la Iglesia católica hace imposible que ningún partido de masas pueda consolidarse sin un importante voto católico. Para la comprensión del decisivo papel que la Iglesia espafiola desempefió en el arriesgado proceso de transición y de consolidación de la democracia, es preciso remontarse a 10s afios que siguieron al Concilio Vaticano I1 y a las presiones para substituir el obsoleto modelo nacional-católico. En 10s años setenta, la preocupación de la Iglesia espafiola giró en torno a la transición del nacional-catolicismo a una forma más liberal, por 10 que sus temas centrales füeron el apoyo a las demandas de implementación de 10s derechos democráticos. El testimonio mis claro en el que han quedado cristalizadas estas demandas han sido las conclusiones de la Asamblea Conjunta de obispos y sacerdotes, celebrada en Madrid en 1971 (Pérez Vilarifio, 1974) y que, en un impresionante esfüerzo de aplicación de las exigencias del Concilio, abrió a la Iglesia espafiola las puertas de la modernidad. En ella se sientan las bases programáticas para una transición sin ruptura, esto es, de un cambio de adaptación al nuevo entorno y a las demandas de las nuevas generaciones. La concreción de muchas de llas proposiciones aprobadas por una mayoria superior a 10s dos tercios en la Asarnblea Conjunta sigue todavia centrando el debate del Parlamento espafiol. Entre ellas cabe destacar el derecho a la objeción de conciencia, la disminución de 10s desequilibrios regionales, el derecho al trabajo, etc. Esta actitud de respeto a la autonomia de la sociedad civil, por la que la Iglesia intenta renunciar a cualquier implicación de control vinculada al poder politico, pareciera un signo claro de la voluntad de acabar con las formas clericales de vida religiosa. El cristianisrno convencional daria paso a España (J. Pérez Vilarifio y R. Schoenherr, 1990), 10 que constituia un rasgo característic0 de nuestra historia política. En segundo lugar y con independencia del sentido de la interacción, parece lógico también asociar el descens0 de la práctica religiosa a la del número de sacerdotes que ejercen el ministerio. Resulta, sin embargo, mQ arriesgado inferir, sin rnás, de estos hechos, consecuencias sobre el grado de vigencia de 10 religioso. que la disminución de la clerecia equivale a la progresiva desaparición de 10 religioso s610 traduce el posible prejuicio que identifica formas clericales con formas religiosas, pero no parece una proposición avalada por datos contrastables. En este punto se plantem diferentes cuestiones. Mientras se mantenga el monopolio de 10s sacerdotes sobre 10s sacramentos, la reducción de curas ;implicará necesariamente una disminución de la pdctica sacramental! Es incuestionable que la drhtica disminución del número de curas supone una disminución obligada del número de misas, de las posibilidades de contar con un confesor, de escoger con libertad el dia de la boda o del bautizo, de encontrar un sacerdote para administrar la unci6n a 10s enfermos y finalmente para presidir un funeral. Pero también es evidente el enorme margen de maniobra que ofrece la organización mis eficiente de estos servicios y el mejor aprovechamiento de 10s efectivos del clero, 10s cuales, sobre todo en el ámbito rural, mostraban un importante grado de subempleo. El rápido proceso de urbanización ofrece, sin duda, una posibilidad importante de concentración de la oferta religiosa consiguiendo economias de escala similares a las que han desarrollado las grandes áreas comerciales respecto de 10s pequefios comerciantes. Por su parte, 10s medios audiovisuaies (radio, televisión, discos, cassettes, vídeos, etc.) ofiecen formas nuevas y eficientes de difusión del mensaje religioso a donde antes s610 habia llegado el suefio de algunos misioneros. La aplicación, todavia sin explorar, de la informática al campo religioso, abrirá otro inapreciable horizonte de posibilidades. En definitiva, la transferencia de tecnologia permite reducir el número de curas y obliga a redefinir la vieja profesión de sacerdote. Con menos sacerdotes se puede conseguir acercar y diversificar 10s servicios ofrecidos, aunque también se incrementar5 la distancia social del clero y se reducirá su capacidad de control social. Asimismo, caben nuevas formas de pdctica religiosa, adaptadas a un tip0 de fiel más educado, participativo y autónomo, que necesita menos de la tutela sacerdotal. En este sentido se han desarrollado las liturgias de la palabra, etc., sin la presencia del sacerdote. Cuestión diferente es la de saber en qué medida la transición demogdfica del clero U. Pérez Vilarifio y R. Schoenherr, 1990), esto es, el paso de una población grande de sacerdotes a otra pequefia, es coyuntural o constituye un fenómeno estructura asociado a procesos sociales más sólidos, como la emergencia de la igualdad entre varones y mujeres, la generalización de la educación y la mayor autonomia de 10s laicos. Se trata, en definitiva, de dilucidar si constituye una consecuencia del largo proceso de reducci6n de las funciones del sacerdocio. El futuro de la religi6n en España Papers 47, 1995 25 En orden a evaluar el alcance del fenómeno y estimar las necesidades hturas, se han manejado indicadores convencionales similares a 10s de otras organizaciones, tales como la tasa dt funcionarios y en particular el ratio del número de fieles por sacerdote. Antes de realizar andisis comparados sobre este tip0 de datos, seria preciso contestar a preguntas elementales como la siguiente: jes posible establecer el número de sacerdotes necesarios para garantizar una oferta sacramental satisfactoria! (D.R. Hoge, 1987). No parece tampoc0 una via demasiado practicable -salvo a efectos ilustrativosrecurrir a algún criterio empirico como el ratio de fieles por sacerdote de &os anteriores (R. Sherry, 1985), porque tal criterio corresponderia a una forma religiosa, en cualquier caso, rnás clerical, esto es, en la que el escenario ideal ponia en las manos del sacerdote el máximo de funciones, no ya sacramentales, sino catequéticas, doctrinales y administrativas. El aumento del número de misioneros y catequistas laicos o de comunidades de base, parece un indicador rnás significativo. El problema radica en la dificultad de substituir el liderazgo clerical por lideres laicos, dada la exclusión institucional de estos de las posiciones jerárquicas. Por esta razón, se comprende que la revisión del celibato obligatorio -el rasgo que define el sacerdocio como grupo aparte y su carácter clericalconstituye el punto central del debate organizativo de la Iglesia. Detrás de la cuestión del celibato se encuentra el tema socialmente rnás relevante hoy en las sociedades avanzadas y que está, a su vez, intimarnente relacionado con las formas predominantes de la vida religiosa. Es la cuestión de la mujer. Mujer y familia, celibato sacerdotal obligatorio, jerarquia eclesiástica y formas clericales de vida religiosa han estado formando un bloque demasiado sólido como para que se pueda modificar seriamente uno de 10s elementos sin alterar las bases de 10s demás. De la vinculación de la mujer al ámbito familiar ha dependido una correcta socialización religiosa. Su especial relación con la Iglesia institucional-clerical, espacio en el que la mujer en general con pocos estudios alcanzaba una mayor relevancia (V. Pérez-DIaz, 1991), está en la raíz de la religiosidad de adscripción. La emergencia de la mujer libre y autónoma es el hecho social de mayor envergadura a finales del sigla xx y que en Espafia va de la mano con la recuperación de la democracia. Su rápido acceso a 10s niveles educatives rnás elevados y al mundo del trabajo desarbola las formas tradicionales de religiosidad, asi como sus bases organizativas e incluso sus hndamentos teológico-doctrinales. Los movimientos feminista están intentando elaborar una nueva teologia que elimine cualquier forma de sacralización del patriarcado y del imperi0 del varón. El clero con disciplina de celibato aparece, en gran medida, como la máxima representacidn social de la exclusión de la mujer o de su subordinación y, en definitiva, como la negación del cambio rnás importante de valores que se esta produciendo en las sociedades avanzadas. Aunque la discriminación de la mujer es especialmente rígida en las instituciones del orden social (económico-financieras y politico-militares), el ámbito religioso, a pesar de haber 26 Papers 47,1995 Jose Perez Vilarifio perdido el poder en esos campos, conserva un valor primordial como referente simbólico. La supresión de la discriminación asociada al género constituye, sin duda, la revolución más profünda de nuestro tiempo. Por su parte, la diferencia -por pequefia que parezcaentre mujeres y varones ofrece una de las representaciones o simbolos más poderosos de la transcendencia, de cuya superación dialéaica (Aufhebung) mediante la unión de ambos surge la vida. Pero tal diferencia no puede -aunque de hecho asi haya sido y siga siendoconstituir el soporte legitimador de desigualdades sociales. Desde esta dptica, vincular el sacerdocio al género masculino e impedir incluso que 10s sacerdotes puedan casarse resulta cada vez más difícil de comprender y aceptar en una sociedad sensible a la cuestión de las desigualdades basadas en el género. Práctica religiosa y ciclos vitales La condición evolutiva de la asunción de responsabilidades a 10 largo de etapas diferenciadas de la vida ha ido cristalizando en la sacralización y consiguiente ritualización de esos tiempos fuertes de transición. La constante de marcar 10s momentos transicionales básicos de un ciclo vital a otro con una ceremonia religiosa (o profana) -esto es, con un rito de pasoresponde a la ineludible necesidad de acentuar el particular sentido de ciertos momentos de la vida como el nacimiento, la edad de la razdn, el compromiso con 10s demás, la muerte. Esta necesidad es el dinamismo que ha vinculado las formas de religiosidad popular con la sacralización de 10s ciclos o ritmos de la vida social. En las sociedades sacralizadas -en las que la religión operaba de explicación última de todos 10s fenómenos, incluidos 10s naturalesera lógico que todos 10s cidos vitales estuviesen bajo control directo de la religión, con una cierta disminución de intensidad durante 10s afios de mayor actividad. Se ponia el máximo acento en 10s periodos de formaci6n y de control de la juventud, con 10 cual se prestaba un buen servicio a la sociedad haciendo ((hombres morales)) y capaces de integrarse en ella, a carnbio de un importante poder (sacerdotal) para las instancias religiosas. En la medida en que 10s valores se secularizan y las sociedades disponen de instancias civiles capaces de garantizar una buena socializaci6n y formación de las nuevas generaciones, la función educadora de las instituciones religiosas pierde vigencia y consiguientemente disminuye su peso a 10 largo de este ciclo vital. A su vez, el alargamiento de 10s afios de vida y la generalización de la sociedad de bienestar generan un nuevo ciclo vital, caracterizado por el hecho de que el tiempo de oci0 substituye al horari0 de trabajo. Este ciclo, denominado tercera edad, parece ofrecer un nuevo marco preferente para las actividades de oci0 y sobre todo las prácticas religiosas, que siempre han estado asociadas al tiempo de descanso, definiendo su cadencia. Curiosamente el alargamiento El futuro de la religi6n en España - Papers 47, 1995 27 de este tip0 de tiempo (fines de semana, vacaciones y dias de fiesta) no parece haber producido una intensificación de las prácticas religiosas, sino el desarrollo de las empresas de ocio. Con todo, también las actividades religiosas -sobre todo entre ciertas minoriasse vieron intensificadas y todos 10s creyentes encontraron mayores facilidades para mantener el cumplimiento de sus obligaciones religiosas. Desde esta Óptica --por 10 demás claramente tradicional10s grupos de la terctta edad disponen del máximo de tiempo de oci0 para la práctica religiosa. La exención de que gozan, en virtud de la edad, respecto del cumplimiento de 10s ritmos institucionalmente definidos para el ejercicio de tales prácticas, les ofrecen al mismo tiempo las máximas facilidades para intensificarlas. I La nueva situación invita asimismo a plantear algunas cuestiones de fondo. ¿En qué medida 10s valores religiosos deben orientar ante todo la vida cotidiana, más ah que la actitud ante la muerte? Pero, con independencia de la respuesta a esta cuestión, más propi? de la teologia que de la sociologia, es razonable pensar que la época de madurez y de cierta desvinculación de las preocupaciones más cotidianas constituye un tiempo especialmente apto para reflexionar sobre el sentido global de la vida. Con otras palabras, no parece descabellado que la tercera edad pudiera estar llamada a constituir el ciclo preferente de la pdctica religiosa, 10 mismo que el ciclo anterior es el de la actividad creadora o productiva. Los datos para 1994 muestran que 10s jóvenes entre 18 y 35 dos piensan y, mis aún, desem, en una proporción de 2 a 1, que la religión se vaya debilitando cada vez mis en Espafia. A partir de 10s 40 aiíos las posiciones se igualan hasta invertirse rápidamentd. Es, asimismo, a partir de 10s 45 afios cuando se experimentan mis frecuentemente 10s sentimientos relacionados con la dimensión religiosa, en particular la presencia de un ser misterioso e inefable, el destino más allá de esta vida y la responsabilidad por el bien de 10s demás o que el hombre tiene algo de sagrado. De acuerdo con estos datos y en la medida que responden más a un efecto de la edad que a un componente generacional, la religión resultaria ser más un asunto de madurez que una ilusión de la infancia. Tal vez este acento en la tercera edad implique una cierta pérdida de relevancia social de 10 religioso, que pasaria a ocupar una posic:ión de menor centralidad. Y es posible tarnbién que, por esta razón, se produzcan resistencias a aceptar la nueva situación, porque implica, a su vez, una menor importancia de la clerecia, o un paso firme hacia la disolución del clericalisrno. Todas las profesiones se resisten a aceptar la pérdida de relevancia de sus actividades, o a substituir su públic0 por otros grupos con menor poder o prestigio. Desde esta Óptica evolutiva, las fuertes diferencias entre la práctica religiosa de 10s jóvenes y 10s mayores parecen cobrar algún sentido. Por su parte, la brusquedad de 10s cambios operados en el entorno sociopolítico -y en particular en 10s mecanismos de socializaciónpermite comprender la imagen de ruptura con la tradición que a veces ofrece el comportamiento de 10s j Óvenes. 28 Papers 47,1995 José Pkrez Vilariho 1 Bibliografia ALMOND, G.; Verba, S. (1980). The civic culture revisited. Boston: Little Brown. AND&S ORIZO, F. (1991). Los nuevos valores de 10s espafioles. Madrid: Ed. S. M. BARNARD, Ch. (1938). 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