Recensions
Abstract
Obra ressenyada: Pierre BOURDIEU i Loïc J.D. WACQUANT, Per a una sociologia reflexiva. Barcelona: Herder, 1994.
Full text
Iosé Antonio Noguera Pierre BOURDIEU i Loi'c J.D. WACQUANT Per a una soci010 ia rejexiva Barcelona: Her t er, 1994, 262 p. (Versi611 catalana de S. Cardús J. Estruch) Quienes procuran estar al dia de 1013 desarrollos actuales en teoria social se enfrentan, cada vez más frecuentemente, a una poc0 estimulante disyuntiva entr'e dos ti~os de ofertas: o bien se arman de heroismo intelectual y abordan uno de esos tratados innecesariamente abstrusos y densos cuya extensión da vértigo, o bien acaban perdiendo el tiempo y el dinero con algún ensayista diletante y afectado que hace pasar por teoria social ((postmoderna)) (o ((post-lo-que-sean) una serie de juegos retóricos y de trivialidades de moqa con las que decirlo todo sin decir en el fondo nada -y el10 cuando no se tiene la mala fortuna de topar con ambas cosas Fn un . mismo texto-. De entre las honrosas excepciones que siempre existen y son de agradecer, una de las mis interesantes la constituye sin duda el libro que aquí se comenta. En efecto, entre 10s soporiferos y rigidos excesos de la sistemática pcadémica, de un lado, y el papanatismo pseudo-teórico y a-sociológico, de otro, Pierre Bourdieu y su discipulo Loi'c J.D. Wacquant optan por una atercera Gia)): la de una entrevista o diálogo construido a partir de las discusiones habidas durante un seminari0 sobre la obra de Bo?rdieu que tuvo lugar en la Universidad de Chicago en 1988. Tal forma de ex~osición tieAe una ventaja: permite relacionar y pasar revista, de manera rápida y dinámica, a un gran número de cuestiones candendes para la teoria social v las ciencias sociales en general, sin perder por el10 la visión de coniunto. Pero tiene también un brecio. del que Bourdieu advierte con insistencia: algunas de sus resDuestas adolecen de u cierto grado de esquematismo y de simplificación, faltas de 10s matices :y sutilezas analíticas que una obra mk sistemática permitiria desarrollar. En el presente caso, sin embargo, se trata sin duda de un buen precio que pagar por 10 que se obtiene a cambio: una visión sintética muy rigurosa de la obra de Bourdieu, en un lenguaje bastante accesible para ((no iniciados)) a la misma, y en la que, además, ellla lectorla con bagaje previo descubrirá cómo Bourdieu se re-interpreta y re-elabora a si mismo, añadiendo pinceladas, rellenando vacíos, deshaciendo malentendidos y atando cabos sueltos de su extensa producción sociológica; todo el10 con un ojo siempre puesto en la práctica, en el aspecto aplicativo de 10 que se dice. Como ((guinda)) adicional, el volumen incluye también una lección de Bourdieu -L; prd.ctica de la sociologia reflexivaque a la vez pone al dia y desarrolla 10s puntos de vista epistemológicos y metodológicos expuestos en Le métier de sociolome hace casi treinta años: entroncando ctn la tradición artesanal de un hoy demasiado olvidado C. Wright Mills, U Bourdieu consigue condensar en unas cuarenta páginas una especie de código deontológico del ojcio, que debiera ser de lectura -si no de a~licaciónobligada U para cualquier científicola social o estudiante de sociolo~ia. U Son, por tanto, dos 10s campos por 10s aue se mueve el diálo~o: la teoria U socid~ó~ica y la epistemologia de las ciencias sociales. Por 10 aue hace a 10s asDectos teóricos, Bourdieu pone énfasis sobre todo en ~erfilar sus conceDtos de CarnDO y de habitus como instrumentos de superación de la dicotomia acciónlestructura (u objetivismolsubjetivismo) que tanto tiem~o ha atenazado a la teoria social. Los campos son (cesferas de juegon con lógica propia, relativamente autónomas, que comprenden un conjunto de relaciones objetivas entre posiciones sociales; el habitzls es una ccsubjetividad socializada)), más razonable que racional, que comprende un conjunto de dicposiciones ((inscritas)) en 10s individuos y producidas por el campo,
Papers 45,1995 141 las cuales a su vez se traducen en prlicticm reproductoras ylo transformadoras he ese mismo campo. Estos dos conceptos, combinados con otros como 10s de capital, violencia simbólica, estrategia, interés o illusio, etc., configuran una ecléctica propuesta de síntesis no muy alejada, como puede verse, de la de A. Giddens, y que se autopresenta como una ((economia política unificada de las prácticasn (p, a este respecto, la excelente introducción de Wacquant). Paralelamente, la epistemolo,cía de Bourdieu es también una llamada a superar 10s dualismos estériies y Ios tribalismos profesionales y académicos dentro de las ciencias humanas, con la intención de crear una ((ciencia social total)). Pilares de ese intento son la unidad de tgoria, método e investigación empírica, y la reflexividad, concepto que, para distanciarse de algún autoproclamado asociólogo del conocimientor, Bourdieu no quiere utilizar como argumento ad hominem contra sus rivales -otra cosa es si 10 consigue o no-, sino como instru~nento de toma de conciencia y explicitaci 'n de P 10s propios determinantes ocultos; el10 exige la aplicación permanente de las conceptos de campo, habitus, interés, violencia simbólica, etc., al propio col~texto social y acadtmico dellde la cientlficola social. Y hay que decir que el sociólogo francés predica con el ejemplo, pues lleva a cabo un autoanálisis sorpredenternente honest0 (p. 17 s.) que uno quisiera ver en otras deslumbrantes ((estrellas)) del ,firmamento sociológico. El objetivo final: una ((ciutat científica)) (p. 156) ilustrada, una (ccihncia emancipadora)) que consagre la critica reciproca y que sea capaz de {(posar fi als efectes de la dominació que clistorsionen la compethncia científica,, (p. 166); poc0 que envidiar, en fin, a la construcción habermasiana de una ((cornu idad ideal de habla)), aunque, eso si, rest 7 ingida por 10 visto al ((campo cientifico)). Como todo empefio de similar envergadura, las loables propuestas teóricas y epistemológicas de Bourdieu tienen algunos puntos difusos y tensiones internas que afloran a 10 largo del diálogo, y a las que a veces se dan decepcionantes respuestas. Por ejemplo: a) jes suficiente decir que su teoria y el economicisrno sóio comparten palabras (p. 99, cuando nadie mejor que Bourdieu sabe que no existen palabras neutras?; b) el tratamiento del estado modern0 y de las relaciones entre 10s campos (p. 88 s.), jno esta exigiendo a gritos una elaboración mis coherente y profunda?; c) si el concepto de habitus no ha de entenderse de forma determinista, 21-10 convendria enfatizar algo mk el papel de las estrategias conscientes sobre las inconscientes?; de hecho, jno es una noción casi autocontradictoria como la de ccestrategias inconscientes)) el precio que ha de pagar Bourdieu para escapar al potencial determinista del habitus pero sin acercarse a otras concepciones de la acción social?; d) jcómo compatibilizar una epistemologia que se opone -con rdna todo tip0 de absolutismo a-histórico y de consenso ((ortodoxo)), con una teoria para la que se reclama una ((validesa general)) (p. 58) e incluso ((universal)) (p. 14)? Junto a interrogantes como 10s anteriores, la lectura del libro, sin duda útil y provechosa, deja también un regusto algo molesto, debido a cierto talante -2habitus?- arrogante que despliega Bourdieu en algunas respuestas, y que se concreta en tendencias a: 1) declarar como twacíos)), ccescolásticos~) o ccintelectualistasn 10s problemas y debates que no le interesan o que no conectan con sus tradicioneslorientaciones teóricas; 2) despachar de un plumazo a otros autores ylo corrientes teóricas con un par de adjetivos o etiqueta5 sobre las que a veces habria mucho que discutir, y que denotan una lectura no demasiado atenta de la obra de algunos de sus ((competidores)); 3) construirse ccenemigos de paja)) con un par de a-ismos)) simplificadores, algunos de 10s cuales se podria estudiar si no han sido
142 Papers 45, 1995 Jose Antonio Noguera ya bastante superados desde que Bourdieu que se consideren las ciencias naturales 10s identificase en 10s años sesenta y setencomo modelo para 10s sociales. ta; 4) defenderse de algunas criticas con Con todo, deberían caber pocas argumentos ad hominem o tu quoque (ver dudas, al finalizar el libro, de que el autor p. 146-147), a pesar de toda su insistende Homo academicus es perfectamente cia en la poca honestidad intelectual de consciente de todas estas tendencias 10s mismos; 5) en fin, utilizar un vocalatentes en el estilo de su discurso, y de bulario un tanto fisicalista (términos como que, coherente con la reflexividad que ccposiciÓn>), cctrayectoria)), cccamlpo)), ccproprofesa, procura impedir que afecten a la pensi6n)) y otros remiten a la físrca de parrelevancia y al rigor teórico de 10s contetículas y a la teoria electromagnética), que nidos del mismo. denota cierta preocupación por las apariencias de cientificidad, extraiia en Jose Antonio Noguera alguien tan critico del cientifismo y de Universitat Autbnoma de Barcelona