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PARA UNA CARACTERIZACI~N EPIST~~MICA Y METODOL~GICA DE LAS CIENCIAS SOCIALES Francesc Quintana Constatar el vacío que deja lo que ha sido cate orizado como caducidad de b u andes relatos)), constitu e dpunto de partija o premisa de este texto; lo cua Eene suplasmación en edmbzto de las ciencias sociales, afectando a L dos pandes corrzentes que han prevalecido a lo lar o de más de sesenta años, esto es: mamismo yjüncionalismo. La inexistencia dmarcos teóricos consistentes capaces de dzr cuenta y aprehender (sindnimo de cyturady depredación) lor& nómenos que acontecen en las formaciones ca ita istas e fn de siglo, mmela compleja, cadtica de sneofordismo)) y cpos or zsmow aparece como la consecuencia mas inmediata. Lo quepone de mani 5" esto la importancia básica de indagar y defnir acerca del ((lugar de la enunciación,. Los elementos que se proponen aquí, a modo de conjetura, desde una óptica gin al ~~descons~cczonamo~~, rnuestran el carácter en tanto que producción iscursiva y autorreferencial de estos saberes, en los que destacan ((umbralesa y ((reglas)) yue operan en su despliegue retórico. Discursos y re las vehiculados or espectjcos arte actos científco-técnicos para la inteligibifdad de 10 socia 1 informatiado. Tf ales saberes y artefactos tecnológicos (recurrentes, sociohistóricos y portadores de una insoslayable dimensión olítica y formalizadora ) topan en su jüncionalidad codz9cadora y de regu 4 ación con un límite, a saber: la naturaleza básicamente impredectible, estocástica, del ((magma sociab En cualquier caso, esta situación más en concreto, sus repercusiones en 10s art&ctos cient$co-ticnicos, tiene e~& tos paradójicos. Por un lado es sintomática de la vulnerabilidad de los instrumentos de análisis e intewención ccnomzalizadoras. Pero, por otro, abre un abanico de posibilidades en un sentido projündzmente critico y desconstructivo, que permite jugar con el carácter (cintensionab delpensamiento. Ello supone ue las descr~pciones o aseveraciona pueden rfloaru szn estar necesariamente ad2erih.s a objeto conocido alguno. Resum Constatar el buit que deixa elque ha estat categoritzat com a caducitat dels ans relatts n, constrtueix el unt departida o remissa dáquest text. Aixó té ~evaplasmació en lambit B e b ciPncies social i a@a els dos pans corrents que han prevalpt al llarg de més de seixanta anys, és a dir: marxisme ijüncionalisme. La znexist2ncia de marcs tedrics consistents, capacos de donar compte i dáprehendre (sindnim de captura i depredació) elsfendmens que esdevenen 101 Papers 39 (1992) (101-116)
((Papers)): Revista de Sociologia Abstract magma)). Anywáy, this situatión aid, more specificall , its repercukions on the afórementioned technolo~ical devices, has oaradoxica~ ficts. On the one hand, 6 is symptomatic of the Üulnerabili& o tbe instruments o analysis and a ((nor; malzzer)) intervention. But, on the ot f er hand, it prea out a whole range of possibilities in a deeply critica1 and desconstructive sense, which allows to play with the (cintensionab character of thought. That supposes that the descriptions or claims can (lfoat)) without being necessarily stuck to any known object whatsoeuer.
Para una caracterización espistémica y metodol6gica de las Ciencias Sociales 1. LA PREMISA La pregunta por el pensar y por la acción, entendida en un sentido genérico, suscita, a su vez o implícitamente, una cuestión neurálgica, a saber: la de la unilateralidad. Dicho de otro modo, desde que lugar y de que manera discurre la actividad reflexiva y práctica en este ámbito. Sobre este particular, el texto que se propone, a modo de ensayo, pretende ser una aportación al debate acerca de la caracterización del cclugar de la enunciacióna y de la naturaleza de las ciencias sociales. A el10 habria que aiíadir algo que constituye aquí una premisa, esto es, el reconocimiento del relativo vacío que invade este dominio de la investigación, y que se traduce en la ausencia de referentes o de marcos teóricos consistentes. Por otra parte, y sin que de el10 haya que extraer conclusiones apresuradas o simplemente falsas -al arnparo del revival neoliberal en sus versiones neolockeana o al estilo de Lypovetsky-- algo que se percibe cada vez con mayor claridad, es la inadecuación de las lecturas ccclásicas)) (10 cua1 no deja de tener sus ventajas para 10s textos o registros materiales objeto de indagación, desde el punto de vista critico que considera la funcionalidad sistémica de aquella cientificidad y de aquellas prácticas), de 10s modelos teóricos y dispositivos tecnológicos al uso para dar cuenta concretamente de 10s fenómenos que acontecen en las formaciones del capitalismo integrado: mezcla compleja y asistemática en el orden productivo social de ccneofordismo)) y ccpostfordismo)). O, de acuerdo con la terminologia kuhneana, de la inexistencia de paradigma dentro del cual desarrollar esa actividad depredadora, consistente en dilucidar 10s entresijos de 10 social, en descubrir núcleos de inteligibilidad, ejemplifica perfectamente esta situación. Si bien, en este caso, se trataria tan s610 de una constatación, y no de buscar un apoyo sólido en que fundar nuestras certidumbres. Aunque ésta es una temática sobre la que siempre puede y debe volverse, por el momento nos limitaremos a citar un par de casos ilustrativos de las profunda~ divergencias existentes al respecto. Asi, J. C. Alexander (1990) se ha referido a la cccentralidads y relevancia de 10s ccclásicosn (Mam, Durkheim, Weber ...), donde se destaca de un modo particular la relectura de Parsons. La postura de F. J. Lyotard (1979) es, sin embargo, muy otra, al poner de manifiesto, como una característica de la contemporaneidad, el declive experimentado por las dos grandes corrientes que han marcado el desarrollo de las ciencias sociales a 10 largo de más de medio siglo: marxismo (hegelomarxismo frankfurtiano, marxismo estructuralista, neomarxismo, ...) y funcionalismo (weberiano, parsoniano, sistémicos,...). Corrientes éstas que han diseiiado sus respectivos modelos de sociedad. Según la concepción marxista, al entender la estructura social como dualidad internamente contradictoria, que logra finalmente su unidad por la intervención en esa realidad dialéctica de las luchas
((Papers)): Revista de Sociologia de clases. Para 10s funcionalistas, y en particular para Talcott Parsons (1951), la estructura social es descrita como una totalidad funcional. Desde una perspectiva mis amplia, poniendo el acento en 10s elementos gnoseológicos e historiográficos, diversos autores han dedicado su atención al tema de la crisis y obsolescencia de aquellas corrientes y, más concretamente, al de 10s enfoques positivistas, neopositivistas y racionalistas criticos. Cabe citar, a este respecto, a P. K. Feyerabend (1975, 1981), T. Kuhn (1981, 1989), N. R. Hanson (1977), S. Toulmin (1970) y A. F. Chalmers (1986). El denominador común de estos autores, con planteamientos distintos, estriba en poner en tela de juicio las distintas modalidades de empirismo. En el área más especifica de las ciencias sociales, destacan las aportaciones de la ((ontologia foucaultiana)) (1 978, 1979), C. Castoriadis (1 973, 1978), A. Guiddens (1 987) y A. Gouldner (1 979), con importantes repercusiones en producciones teóricas reievantes, como es el caso de la etnometodologia (H. Garfinkel), la teoria del intercambio social (G. C. Homans) y la dramaturgia (E. Goffman). Como trasfondo de aquella episteme, que incluye una variada gama de empirismos, destacan grosso modo varias presuposiciones: a) Dar por sentado que toda realidad natural/social posee un núcleo de verdad que hay que desvelar. b) Esta verdad aparece objetivada en la realidad empírica, que es la que fundamenta la elaboración de 10s ((sense data)). C) La captura de esa verdad se lleva a cabo con procedimientos de carácter metódico. d) Existe una correspondencia entre 10s enunciados y descripciones etiquetados como cientificos y 10s fenómenos ocurridos en la supuesta realidad (naturaleza, sociedad), estableciéndose entre ambos un vinculo mediador o de representación. Dado su interés, podríamos aiiadir un par de caracteristicas, a las que ha hecho referencia K. Gergen (1989), y que apuntan al lenguaje. e) Participar de la creencia secular consistente en afirmar que la lengua es el principal instrumento a través del cua1 10s humanos se representan el mundo. f) En estrecha relación con 10 anterior, se considera que la lengua es el vehiculo par excellence para la comunicación de 10s contenidos mentales.
. Para una caracterización espistémica y metodológica de las Ciencias Sociales Resulta indispensable puntualizar, a pesar de todo, que, contrariamente a la visión restrictiva de Gergen, circunscrita al lenguaje, bajo la aparente calma superficial de la lengua y del habla, se percibe la agitación y la refriega, producto del choque de artefactos y fuerzas, que pone de relieve la sustancia agonal de las prácticas, de las producciones discursivas y de 10s saberes explicitados en 10s juegos de lenguaje. Por consiguiente, podemos hablar de juegos de lenguaje, pero, eso si, juegos que remiten finalmente a las formas de la disuasión y a la guerra como realidad fáctica ylo simulacro ( Baudrillard, 1984, 199 1). Ahora bien, algo que no carece de interés en 10s comentarios de Gergen, y que va a permitir introducir el punto de vista que aqui se esboza, es la alusión a la forma retórica del lenguaje cientifico. Lo cual significa afirmar que aquell0 que da lugar a que determinada explicación o descripción puede ser considerada (cobjetiva)), depende del cumplimiento de ciertas pautas, que rigen el uso de la retórica y, por tanto, que 10 que finalmente otorga carácter de objetividad a una expresión, no es la presunta correspondencia entre ccpalabra)) y ccobjeto)) -tal y como postulan 10s empiristas en generalsino la capacidad y el dominio de cierta habilidad retórica dependiente de reglas y criterios muy formalizados. De 10 contrario, es decir, si se aceptara la existencia de esa correspondencia como algo consustancial y no arbitrario, el10 nos sumiria en un proceso de recurrencia infinita para la consecución de una metateoria (Godel), o de un metalenguaje (Derrida), que sirviera como fundamento último de esa presunta correspondecia entre esos supuestos, denominados, respectivamente, objeto y palabra. En última instancia, la controversia acerca de si el lenguaje o, en el caso que nos ocupa, el lenguaje especializado de las ciencias sociales, constituye una copia de una realidad preexistente, reenvia a alguna forma de pensamiento ingenuo. O bien, a la falacia del ccrepresentacionismo)), reminiscencia platónica o neoplatónica desvelada de forma contundente por Deleuze en ((Différence et répétition)). En definitiva, desde el punto de vista o ((lugar)) que aqui se propone, las descripciones y juegos de lenguaje que referencian objetos, acontecimientos, ... conforman enunciados, discursos o formaciones discursivas, gestados en el marco de específicas formas de dominación. Lo que permite, precisamente por este motivo, sostener la existencia de una ((genealogia)) de la discursividad de 10s saberes cientifico-técnicos, en virtud de su consideración como prácticas socio-históricas. La cuestión de la historicidad de 10s saberes nos retrotrae a la ccciencia nueva)) de Gian Battista Vico1 -prolegómeno del historicismo e idealismo de Hegelal indicar que hay una producción humana del ccmundo histórico)), y que es justamente en la historia donde puede hallarse la verdad de la ciencia, 1. Severino, E. 1986, pp.107 y SS.
ccpapers)): Revista de Sociologia puesto que ahí coinciden verdad y certeza. Pero, verdad que aparece como representación, o sea, fenómeno producido por el hombre. Para este pensamiento moderno, conocimiento es producción en la medida en que es representación, y conocer es poseer el origen. La verdad de una hipótesis se hace visible con determinado acontecimiento producido por el aparato experimental (forma idealizada de la realidad). Aunque, para que el10 ocurra, la hipótesis tiene que ser verdadera. Se da, en consecuencia, en Vico, un reconocimiento de la naturaleza social e histórica del saber; pero sobre la base de la racionalidad representacionista. Con todo, las reglas que articulan las producciones discursivas y 10s enunciados no emanan fundamental ni únicamente del lenguaje y del habla. La composición de 10s enunciados no tiene como limite ni la lengua ni el sentido. Es preciso, por tanto, concebir 10s enunciados como ingredientes de formaciones discursivas en las que se distinguen: ccobjetosn, cctipos de enunciaciónn, ccconceptosa y ccelecciones temáticasn que en su dispersión sistemática permieten entrever una replaridad, cuyas cccondiciones de distribucións responden a ciertas reglas de formación que son cccondiciones de exi~tencia))~. Lo que conduce a un tratamiento de 10s discursos que desborda y, en cierto modo, rompe con la Óptica lingüística. La cuestión estriba, sobre todo, no en ver 10s enunciados y las formaciones discursivas como conjuntos de signos, de significantes que referencian a objetos, sino en ofrecer una descripción en tanto que práctica; como aquella que se sitúa más allá o tras la lengua. 3. LOS UMBRALES DE LA DISCURSIVIDAD Es preciso subrayar, desde esta Óptica genéricamente postpositivista, de que modo no toda formación discursiva puede ser catalogada de científica. Tan s610 puede ser calificada como tal, aquella cuyas proposiciones cumplen determinadas reglas de construcción. Sobre este particular, Foucault ha destacado varias modalidades de ccemergencias de la discursividad3: a) ccUmbral de positividad)) o momento en que una práctica discursiva se individua y logra autonomizarse, actuando en un solo sistema de formación de enunciados. b) ccumbral de epistemologización~~ o momento en que en la formación discursiva se ccrecortans una serie de enunciados, que pretenden desem2. Foucault, M. 1979, pp. 62 y ss. 3. Ibid, pp. 308.
Para una caracterizaci6n espistémica y metodol6gica de las Ciencias Sociales pehar en el saber un papel dominante, mediante la introducción de normas de ccverificación)) y cccoherencia)). c) ccUmbral de cientificidad)). Se afirma que la epistemologia asi conformada ha traspasado ese umbral, cuando cumple ciertos cccriterios formales)) y obedece a determinadas ccreglas de construcción)). d) ccUmbral de formalizaciónn. Cuando la discursividad científica es capaz de definir 10s axiomas requeridos, 10s elementos empleados, las estructuras y transformaciones consideradas válidas y, por tanto, legitimas, entonces puede afirmarse que tal discurso ha traspasado el umbral de formalización. Este proceso se constituye mediante sucesiones, secuencias, desfases e implicaciones. Según un desarrollo cronológico examinado con detenimiento desde la perspectiva ccarqueológica)). Poniendo de relieve ciertas peculiaridades de suma importancia, detectadas en las producciones discursivas y que tienen como objeto o, mejor dicho, como ccblancon de sus afanes exploratorios al ser humano. Foucault ha remarcado que, si a 10 largo de milenios el hombre fue además de un ser viviente un ser capaz de mostrarse como politico -ateniéndonos a 10s cánones aristotélicoscon la modernidad se interfiere y pone en (centredicho)) la propia vida del hombre. Estos cambios tienen lugar mediante la implantación sobre las poblaciones, principalmente en occidente, de un complejo sistema de ((biopoderesn, basado en una serie amplisima de observaciones, mediciones, cálculos y técnicas de poderlsaber, que hay que situar en 10 que fueron 10s prolegómenos de una cientificidad que toma al ser humano como meta de sus ataques y aprehensiones. Este conjunt0 de movimientos, auténtica metamorfosis, comporta la introducción de dispositivos y tecnologias de ccnormalización)) en las formaciones sociales modernas, afectando no solamante a la esfera de 10s saberes y discursividades acerca del ser humano, sino también a 10s saberes referentes a la naturaleza en general, prefigurando un corte en la episteme clásica que alumbra el nacimiento del ((paradigma galileo-newtoniano)). Lo que interesa retener de 10s párrafos precedentes es, justamente, la naturaleza discursiva de 10s saberes cientifico-técnicos, dependientes de ciertas pautas que conforman 10 que Gergen conceptúa de retórica reguladora de estas producciones discursivas. Discursividades, además, cuya objetividad no reside en una presunta concordancia o con vinculo representacional con una realidad subyacente, que en ese juego de lenguaje expresa su auténtica naturaleza. Lo que muestran estas descripciones objetivistas no es, por tanto, la existencia de una realidad última finalmente esclarecida, o de un enigma descifrado, puesto que el10 supondria considerar a la realidad en términos ccsustancialistas)). Podemos hablar, a 10 sumo, del establecimiento de una correspondencia entre descripciones o enunciados y determinadas normas retóricas.
((Papers)): Revista de Sociologia Enunciados o descripciones que obtienen su legitimidad al ser formulados como ((regímenes de verdad)), entendiendo por tales: ((un conjunt0 de procedimientos ordenados para la producción, regulación, distribución y circulación de aserciones (...). La verdad está, así, vinculada por una relación circular a sistemas de poder que la producen y mantienen, y a efectos de poder que ella induce y reorienta hacia el mantenimiento de si misman4. 4. LAS DIMENSIONES SIMB~LICA E IMAGINARIA Llegados a este punto, conviene puntualizar que, inclinarse por la no reductibilidad de la actividad discursiva a la met$ora lingüística, no implica dejar de reconocer la existencia de 10 simbólico e imaginario. Aspectos estos que, por regla general, han sido escamoteados o examinados de modo poc0 satisfactori~ por la analítica foucaultiana. La vertiente simbólica constituye una parte ineludible y fundamental de 10 social; de las prácticas e interacciones desplegadas. Inseparable del sistema de poder y de 10s procesos de producción de subjetividad e intersubjetividad. C. Castoriadis 10 expresa con claridad con estas palabras: ((Todo 10 que se presenta a nosotros, en el mundo social-histórico, está indisolublemente tejido por lo simbólico. No es que se agote en ello. Los actos reales, individuales o colectivos -el trabajo, el consumo, la guerra, el amor, el parto10s innumerables productos materiales, sin 10s cuales ninguna sociedad podria vivir un instante, no son (ni siempre, ni directamente) símbolos. Pero unos y otros son imposibles fuera de una red simbólicas5. Además, esto no ocurre tan s610 en el lenguaje, ocurre también en las instituciones que, a pesar de no constituir únicamente entidades simbólicas, sin esta dimensión no podrian existir. Resultarian ininteligibles, crípticas. Puede considerarse, en definitiva, que todo aquell0 que de un modo u otro forma parte y configura 10 social es simbolizado: derecho, organización, economia, parentesco, sistema polltico, religión, etc. Los simbolos, por otra parte, no permanecen aislados, están conectados con significados. Con arreglo a la esquemática descripción de Saussure (1977), el signo resulta de la combinación de significado y significante formando un todo. Sin embargo, el vinculo entre ambos es arbitrario, en el sentido de que no supone la realización de esencia alguna. No refleja ningún lazo natural. Es inmotivado. Por el contrario, el simbolo nunca es totalmente arbitrario. Entre significado y significante existe siempre algún tip0 de nexo ccrudimentario),. 4. Foucault, M. 1978, pp. 14. 5. Castoriadis, C. 1983, pp. 201.
Para una caracterización espistémica y metodológica de las Ciencias Sociales Por su parte, L. Hjemslev (1984) efectúa una clasificación más precisa, basada en la diferenciación entre varias instancias: materia de la expresión (engloba al conjunto amorfo de 10s sonidos); materia del contenido (conjunto continuo y amorfo de 10s sentidos); forma de la expresión (abarca la trama relacional que configura las unidades fónicas); forma del contenido (trama relacional que configura unidades semánticas); sustancia de la expresión (clasificación que la forma fija en la materia fónica); sustancia del contenido (clasificación que la forma establece en la materia semántica). Queda aún por mencionar otro factor, dentro de 10 que podemos categorizar como ccorden simbólicos, y es el componente ccimaginario)) que actúa sobredeterminando las articulaciones de las redes simbólicas en cada periodo histórico, al prefigurar un ccsignificado-significante)) central que discrimina entre 10 que se considera indiscutible y que se da por sentado -actuando como sustrato de presuposicionesy el resto de las cosas. Posibilitando el discernir entre aquello que se juzga importante y 10 que no; {(origen del exceso de ser de 10s objetos de inversión)) individuales o colectivos, y que aparece conceptuado como ccimaginario social)) de un periodo histórico determinado. G. Spencer Brown (1972) se ha referido a 10 imaginario como tercer valor frente a 10s valores de 10 verdadero (o positivo) y 10 no verdadero (o negativo). Es asi como se entrelazan 10s procesos de simbolización y el imaginario, en el espacio que delimita el ccorden simbólico dominante)). En este sentido, 10 simbólico y el imaginario serian componentes inseparables de las relaciones sociales, y por ende de las relaciones de poder y saber. Su omisión hace ininteligible procesos y dispositivos básicos para la gobernabilidad de 10 social en general y, en particular, de las lineas de fuga o de las tangencialidades discordantes. 5. LA PARADOJA DE LA AUTORREFERENCIA La actividad científica y técnica en este ámbito posee una especificidad propia. Se trata básicamente de una práctica autorreflexiva (y depredadora). La subjetividad, aquello que proviene del sujeto, se expande por todo el espacio de la investigación. No hay posibilidad de distanciamiento, de separación respecto al objeto, puesto que es el propio sujeto como ser social 10 que se examina. Indagación en la que, parádojicamente, el examinador es a su vez 10 examinado. Estamos ante un circulo vicioso en esta singular polaridad en que el sujeto investigador aspira a obtener fragmentos de verdad del objeto de estudio, que resulta ser de alguna manera el mismo. La observación bascula, para Lupasco (1972), entre elementos enfrentados, antagónicos: por un lado, un sujeto que aparece como conjunto actualizado de acontecimientos; por
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