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La grafía con- ante labial en latín

Álvarez Huerta, Olga

Abstract

Álvarez Huerta, Olga

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Olga Álvarez Huerta Universidad de Oviedo ABSTRACT It is traditionally accepted that in Latin all postnuclear nasals adopt the point of articulation of the following consonant and that, as a consequence, all cases where assimilation is not reproduced in writing, e.g, the preverb comwritten conbefore a labial, have to be considered as etymological, analogical or hypercorrect spellings. This work concludes that, at least when n is written before a labial consonant, is must be considered to be phonetic. Este trabajo se propone profundizar en las razones por las que en 10s textos latinos el prefijo comadopta en numerosas ocasiones la forma con-, la reconocida tradicionalmente como fonética s610 ante consonante dental, también consonante labial. La forma más antigua del prefijo es com-, idéntica etimológicamente a la preposición cum segdn ya afirma Priscianol y reconocen todos 10s estudiosos sin excepción2. Dicho prefijo, por evolución fonética, se convertiria en conante consonante dental, mientras que mantendría la nasal bilabial ante una consonante del mismo punto de articulación. Pues bien, para explicar que conse haya empleado tarnbién ante consonante labial se han propuesto distintas interpretaciones que difieren muy poc0 en cuanto a resultados, pues coinciden en propugnar una reconsideración en época antigua según la cua1 la forma con-, con nasal dental, habría pasado a ser la entendida como etimológica, sin serlo. ' Cf. Prisc., Keil, GL 111, 39,29 s: Ccomnes monosyllabae praepositiones ... et componi et separari possunt, excepta "cum", pro qua "con" in compositione semper invenitur praepositiva, eandem significationem habens quam "cum" praepositio ..., nec scriptura tamen multum discrepat: antiqui enim pro cum "com" scribebantx. Puede verse su etimologia en A. ERNOUT y A. MEILLET, Dictionnaire Etymologique de la Langue Latine, Pan's, 1967, s.u.cum. Garcia Calvo postula n como la nasal primitiva en la conjuncibn quom, cum, haciéndola proceder de *quo en; pero conjunción y preposicibn, aunque por evolución fonética lleguen a ser hombfonas, tienen origenes distintos (cf. A. GARC~A CALVO, aQuom y la anástrofe primitiva,, Enzerita XIX, (1951), p. 157-190). Asi, por ejemplo, Sommer-Pfister, Leumann, B. Lofstedt y Traina3 sostienen que la forma adoptada por el prefijo originariamente s610 ante consonante dental, pasa a extenderse analógicamente a todos 10s compuestos en cuya formación interviene, 10 que tiene com consecuencia una reinterpretación de con-, que pasa entonces a considerarse como la forma originaria de ese prefijo. Por su parte, M. Bonnet4 cree que esa nueva interpretación de la grafia concomo etimológica proviene de su equiparación con el prefijo inen virtud de la siguiente ecuación: si impono = inpono, compon0 = conpono. También S. Mariner5 entiende que en el hecho de que se llegue a escribir conante consonante labial subyace una cuestión merarnente gráfica: las letras m y n se usan promiscuamente debido a que el mismo prefijo unas veces se escribe con m y otras con n. Hasta aquí las interpretaciones propuestas. Para el caso de 10s prefijos come insi podrian servir las explicaciones anteriores, puesto que del mismo modo que se testimonian ejemplos como comductus6, también se hallan otros del tipo imdeprehensivilis7. Sin embargo, hay algunos indicios de que es comla forma entendida como etimológica por 10s escribas; por ejemplo, en las inscripciones republicanas editadas por Degrassi es más frecuente comante labial que imante labial, y es significativo que en la misma inscripción se escriba componito, pero inponito8. De cualquier forma, y a pesar de estas Últimas consideraciones, la influencia reciproca de un prefijo sobre otro es bastante verosimil: la grafia conante labial podria ser analógica de las grafias in-, y como consecuencia de esta influencia, aquella habria podido llegar a ser interpretada como etimológica, aunque en su origen no 10 fuera. El problema es que las grafias n por m no se circunscriben exclusivamente al prefijo com-, sino que a 10 largo de toda la latinidad, de manera esporádica pero continuada, se prolonga el mismo tip0 de grafias erróneas en interior de palabra y también en final de palabra, en contra de la etimologia y de la practica ortográfica normal del latín. Algunos estudiosos, intentando explicar tales anomalias, se ven obligados a recurrir a complicados juegos de analogias; asi, por F. SOMMER y R. PFISTER, Handbuch der Lateinische Lautund Fonnenlehre I, Heidelberg, 1977,4" ed., p. 195-196; M. LEUMANN, Lateinische Lautund Formenlehre, Munich, 1977, 2" ed., considera grafías etimológicas inperium, conlega p. 194; B. LOFSTEDT, Studien iiber die Sprache der langobardischen Gesetze, Upsala, 1961, p. 198-199; A. TRAINA, L'alfabeto e la pronunzia del latino, Bolonia, 1973,4" ed., p. 45. M. BONNET, Le latin de Gregoire de Tours, Hildesheim, 1968, reprod. la ed. 1890, p. 178. S. MARINER, Inscripciones hispanas en verso, Barcelona, 1952, p. 45. Es un ejemplo citado por M. LEUMANN, OP. cit., p. 194.215. Ejemplo tomado de E. DIEHL, Vulgarlateinische Inschrifen, Bonn, 1910, p. 37, núm. 408. A. DEGRASSI, Inscriptiones Latinae Liberae Reipublicae, Florencia, 1972, 1" reimpres., tomo 11, núm. 518, p. 48-50. ejemplo, según Carnoy9, decenber se habría interpretado como compuesto y la nasal final de decem habría sido objeto de la misma incertidumbre que reinaba en 10s compuestos de in y con. Recuérdese que en decem y, por 10 tanto, en december la m es etimológica (cf. decimus), a diferencia de novem, en cuya fijación gráfica es comúnmente aceptado que la influencia de decem ha sido decisiva, pues la nasal final originaria tuvo que ser n (cf. novenus)10. Sostiene también Carnoy que en senper se habria escrito n por extensión ortográfica a partir de inplere, conplere, mientras que en Ponponius la segunda síiaba habría influido en la ortografia de la primera por un proceso de aliteración que califica como natural. Por su parte, Vaananen" considera grafias inversas o aetimolÓgicas>> sinplex, canpanus, anpillus, que aparecen en las inscripciones pompeyanas. Pero, al menos en simple~, la n no es etimológica (cf. similis), y en 10s otros dos casos probablemente tampoco. Otros, como M. Bonnet12, renuncian a cualquier intento de explicación de tales grafias y afirman que son simplemente inexplicables. S610 B. Lofstedt13, ante el importante contingente de ocurrencias de n por m en el prefijo coma pesar de hallarse ante p y b, ha llegado a postular que esa nasal haya podido pronunciarse efectivamente como n. Aduce precisarnente Lofstedt el ejemplo del español antiguo, donde la escritura sistemática de n por m en tales contextos fónicos podria, siempre en opinión suya, reflejar el mismo hecho. Los testimonios del cambio de m en n en inscripciones y papiros tienen lugar, como hemos dicho, en interior de palabra y también en final. Hemos comprobado que en interior de palabra, mientras que aparece n por m, no ocurre 10 contrario --es decir, que se escriba m ante consonante dental-, a excepción de algunos casos enge 10s que podemos citar, junto a ejemplos en que m es sin lugar a dudas etimológica, como quamtus, tamtus o clamdestinum, en cuya formación interviene el adverbi0 clam14, otros de origen ya no tan claro, pues se trata de adjetivos y, en menor medida, sustantivos, de tema en -nty -nd-, con testimonios en inscripciones del tip0 damdumve, tuemdam o sentemtiam15. Aunque fuera la nasal labial la que se restituyera para el indoeuropeo -para las formas prirnitivas se ha llegado a postular A. J. CARNOY, Le latin d'Espagne d'aprks les inscriptions, Hildesheim-Nueva York, 1971, p. 170. 'O A. ERNOUT, Morphologie historique du latin, Pm's, 1953, p. 108. V. VAANANEN, Le latin vulgaire des inscriptions Pompéiennes, Berlin, 1966, 3" ed. revisada y aumentada, p. 66. l2 M. BONNET, OP. cit., p. 171, nota 1. l3 B. LOFSTEDT, OP. cit., p. 205. l4 Vel. Long., H. Keil, GL VII, 78, 17: <<dicimus clandestinum, cum ab eo trahatur quod est clam)). de Cf. Archivum Latinitatis Medi Aevi, 1924, p. 109. l5 Hemos tomado esos ejemplos de E. Seelmann, Die Aussprache des Latein nach physiologisch-historischen Grundsatzen, Heilbronn, 1885, p. 276. tanto m com n16-, en la cronologia del latin no parece razonable que puedan interpretarse esas grafías ni siquiera como pseudoetimológicas; pero tampoco creemos que respondan a meros errores materiales. En nuestra opinión deben entenderse como grafias con un cierto valor de testimonio fonético: en todos esos casos tiene lugar una anticipación psicológica de -m final que refleja un intento de refuerzo articulatono de -m final y testimonia por añadidura una pronunciación de la misma cercana a n. En otras palabras, son grafías inversas, hipercorrectas, de m por n, como 10 son aquellas en que se escribe como m una n final de un nombre, como en nomem, o una n de tercera persona de plural que llega a convertirse en n final por la pérdida de -t. Son ejemplos, todos tomados de Diehl, como egerum (=egerunt), fecerum (=fecerunt), curarum (=curarunt)17. En efecto, s610 muy raramente se testimonia de manera directa en 10s textos la simplificación de -nt en -n en las terceras personas de plural -hemos hallado en 10s papiros de Ravenna distraxerun18-, debido a que en la escritura se tienden a proteger 10s finales morfológicos y un final -n no puede ser10 en latin, especialmente si se trata de morfemas personales. Por la misma razón es relativamente frecuente la aparición de t por -nt, que indudablemente no testimonia el mantenimiento de la oclusiva del grupo, sino que representa la vacilación del escriba que oye un solo sonido y escribe t, bien reconocida como desinencia personal, porque sabe que no puede escribir n por las razones ya expuestas19. Entre 10s numerosos testimonios que podrían citarse, recogemos algunos tomados también de 10s papiros de Ravenna: intercedat (=intercedant) 1,31; occumbat (occumbant) 7,30; voluerit (=voluerint) 20,33; tribuerut (=tribuerunt) 37,68, etc. Pero no s610 tenemos grafías que evidencian indirectamente una pronunciación de m final como n. Como es lógico, 10s testimonios directos, es decir, aquellos en que aparece n por m final, son algo más numerosos: iden, exanimen, eorun, libertaten, cun, etc.20 Creemos que todas las consideraciones hechas hasta aquí prueban la efectiva neutralización de las nasales en latin, pero dicen algo más de 10 hasta l6 De acuerdo con Benveniste, tanto en 10s participios como en 10s gerundivos hay n etimológica, pues es la misma que se encuentra en el sufijo de infinitivo griego -en-. Cf. E. Beenveniste, Origines de la formation des noms en indo-européen, Paris, 1962,3" ed., p. 129146. En cambio, R.C. Kent postula como originarios 10s grupos -mty -md-, con restos de la nasal labial en las lenguas báiticas y germánicas. Cf. R.L. KENT, uThe labial nasal before stops in prirnitive Indo-europeanr, Donum Natalicium Schrijnen, Verzameling van opstellen door oud leerlingen en bevriende vakgenooten, Nimega-Utrecht, 1929, p. 342-346. l7 Cf. DIEHL, OP. cit., núm. 1202. p. 108; núm. 27, p. 6; núm. 1051, p. 93; núm. 1485, p. 141, respectivamente. l8 Citamos por la edición de J. O. TJADER, Die nichtliterarischen lateinischen Papyri italiens aus der Zeit 440-700, tomos I, 111, Upsala, 1955; tomo 11, Estocolmo, 1982. l9 B. LOFSTEDT, OP. cit., p. 123-126. 20 Cf. DIEHL, OP. cit., núms. 297, 1003,613,525,785, etc. ahora reconocido respecto a cómo se realiza o se manifiesta esa neutralización. De acuerdo con Mariner, a quien debemos uno de 10s primeros estudios de conjunt0 sobre 10s fonemas latinos, el archifonema nasal se realiza en latín unas veces por medio de n, otras por medio de m y otras por medio de n velar, dependiendo de cuál sea el entomo fÓnico2l. Ocuniría en latín 10 mismo que en español, lengua en la que, según Alarcos, la realización del archifonema está condicionada por el carácter fónico de la consonante sig~iente~~. Sin embargo, hay que decir que aunque la asimilación sea 10 más frecuente en español, no es algo automático o necesario, como afirma MartinetZ3, pues también puede no darse, como reconocen todos que ocurre esporádicamente en ciertas formas de habla24, y como ocurre en determinadas variedades del español; por ejemplo, en el español hablado en Asturias, donde la nasal implosiva se realiza siempre como n velar ante cualquier consonante de cualquier tip0 de articulación, no s610 en final de palabra, sino también en interior25. Por tanto, se ha de rechazar esa especie de determinismo que comporta que toda nasal necesariamente haya de realizarse como labial ante otra labial. Cremos que todos esos testimonios de las inscripciones y 10s papiros latinos no son inexplicables, sino que son fonéticos y confirman para la m implosiva latina un tratarniento idéntico tanto en interior como a final de palabra, una realización n. Es decir, hablando en términos fonológicos, la realización del archifonema nasal no estaria en latín, al menos no 10 estaria siempre, condicionada por el entomo fónico, sino que se hallaria condicionada intemamente; pero sobre esto volveremos al final, porque ahora hemos de ocuparnos brevemente de otro tipo de datos sobre la pronunciación de la nasal ante labial en latín: 10s testimonios de gramáticos y otros estudiosos que se han interesado ocasionalmente por el lenguaje. Como es bien sabido, la ortografia latina empleaba la letra m ante una consonante labial. Los gramáticos corroboran esa practica unánimemente cuando se trata de las labiales oclusivas p y b, pero s610 algunos de ellos la extienden a las labiales m, f e incluso a v2? ante las otras consonantes la na2' S. MARINER, <<Fonernitica latina,, incluido en Fonética latina de M. BASSOLS DE CLIMENT, Madrid, 1976,4" reimpr., p. 249-171, p. 262. 22 E. ALARCOS, Fonologia espafiola, Madrid, 1974,4" ed., p. 181. 23 A. MARTINET, Elementos de lingüística general, Madrid, 1984, 3"ed., p. 100. 24 Cf. A. QUILIS, La fonética acústica de la lengua espafiola, Madrid, 1981, p. 213; T. NAVARRO, Manual depronunciación española, Madrid, 1974, 18 ed., p. 89. 25 E. ALARCOS, OP. cit., p. 182, nota 5. 26 Entre estos últimos podemos citar a Prisciano I, 39 (Keil, GL 11, p. 31), que constata y acepta la normativa de otros autores: <<n transit in m sequentibus b vel m vel p, auctore Plinio et Papiriano et Probon. Mario Victorina es uno de 10s que añade f y v (Keil, GL VI, 18, 18: aquotiens igitur con praepositionem sequetur vox cuius prima syllaba incipit a supra dictis litteris, id est b f m p v..., vos quoque praepositionis litteram mutate, ut est combibit ..., comfundit, commemorat ... comvocat.~~). sal se escribia n. Cuando se transgreden esas normas, la tendencia es, como hemos dicho, que aparezca n donde debiera aparecer m y no 10 contrario, a no ser por afán etimologizante. Los testimonios de 10s gramáticos no son todo 10 inequívocos que desem'amos, pues cuando definen las nasales no se refieren en particular a cómo suenan ante labial 27, y en la mayoría de 10s casos simplemente insisten en que se debe escribir m ante labial y n ante dental, pero jamás justifican esa práctica en criterios fonéticos. De todas formas, la propia insistencia de 10s gramáticos en la correcta ortografía de la nasal denuncia que se cometian de hecho, o que podían llegar a cometerse, faltas en la escritura de la misma; unas faltas cuya causa no puede ser otra que una escasa correspondencia entre ortografía y pronunciación. Además, 10s gramáticos describen como distinta la m en posición implosiva. Asi, Prisciano afirma que m sonat mediocre in mediis (cita como ejemplo umbra), y que en inicio de sílaba suena apertum, a diferencia de 10 que ocurre con n, que suena plenamente tanto en la primera parte de la sílaba com en su parte finalZ8. Dicho testimonio, junto con el de Mario Victorino cuando dice que en Ampelo y Lycambe el sonido de la m es un sonido intermedio entre m y n que no se refleja apropiadamente ni un letra ni otraZ9, ha llevado a algunos, como Seeltr~ann~~, a considerar que ese sonido intermedio hubiera efectivamente existido, 10 que pennitiría explicar fácilmente las grafías de m por n y viceversa. A Seelmann se le objeta esa interpretación con el argumento de que en las lenguas románicas ese sonido intermedio no se ha mantenido; pero nosotros la consideramos muy'aceptable y creemos que es de todas las hasta ahora formuladas la que mis se atiene a 10s hechos, aunque opinemos también que 10s datos de 10s textos latinos y las informaciones de 10s gramáticos se deben analizar a la vista de 10s hallazgos de la fonologia moderna y que s610 asi será posible conocer algo más la naturaleza de ese sonido. Según creemos haber demostrado antes con el análisis de 10s testimonios de inscripciones y papiros, cuando en la escritura latina tiene lugar una desviación de la norma, la tendencia es a que se escriba n por m ante labial y no 10 contrario, es decir, m por n ante dental, de 10 que cabe deducir que ese sonido intermedio de la nasal anteconsonántica debia de parecerse más a n que a m, por supuesto ante consonante dental, pero también ante consonante labial. No debe extrafiar que sem tan escasos 10s testimonios de n ante 27 S610 hay un pasaje de Cicerón en tomo a la cuestión, pero resulta algo contradictorio ya que, por una parte, califica como convencional el que se escriba composuit, consuevit, coafecit, pero las aprueba porque, según 61, suenan bien. Cf. Orat. 159. Cf. KEIL, GL 11, p. 29-30. 29 Cf. KEIL, GL VI, 16,4 S.: ((omnes fere aiunt inter m et n litteras mediam vocem quae non abhorreat ab utraque littera, sed neutram proprie exprimat, tam nobis deesse quam Graecis. Nam cum illi Sambyx scribant, nec m exprimere nec n,. 30 SEELMAK, OP. cit., p. 270s. labial: la norma de escribir rn antep y b tenia que ser bien conocida por todo el que escribía, y, además, no tenia excepciones. Todo el que escribia sabia que siempre, ante 10s sonidos p y b, claramente distinguibles por hallarse en posición inicial de síiaba, la de diferenciación máxima, tenia que escribir rn; algo muy semejante a 10 que ocurre en español, aunque en esta lengua el problema se agrave un poc0 más debido a que ante v, que se pronuncia como b, sin embargo la normativa no establece que se esciba rn. Y como anunciábamos que para saber más sobre la nasal implosiva habia que acudir a la fonologia, para concluir diremos unas pocas palabras al respecto. En posición implosiva las consonantes nasales se hallan en una posición de neutralización, siendo en ese contexto s610 relevantes 10s rasgos que rn y n tienen en común: la nasalidad. Dado que la labialidad o dentalidad no es significativa en ese entomo, es incluso posible pensar que ese archifonema no se realizara ni como labial ni como dental, es decir, que la nasal en la posición de neutralización no llegara a articularse por completo, sino que se produjeran s610 esas imprescindibles resonancias nasales. Pero aunque el10 no fuera así, y de acuerdo con la tendencia manifestada entre otros por Jakobson31, según la cua1 son 10s rasgos articulatorios distintivos 10s únicos que se perciben inequívocamente por parte de 10s hablantes, 10s textos prueban que esas resonancias se identificaban con las características articulatorias de n, del término que precisamente por eso se debe considerar como no marcado, por parte de 10s hablantes, o, para ser más precisos, por parte de 10s escasos hablantes que, atendiendo por un momento s610 a su criteri0 de percepción particular, liberándose de lo que podríamos denominar como <<tirania de la forma escrita, de la palabra, se atrevieron a escribir 10 que realrnente Por último, s610 nos queda ya decir que nuestros resultados confirman también con criterios fonológicos o funcionales la tesis de quienes como M~ralejo~~ airibuyen a n el carácter de término no marcado en la serie de las 31 R. JAKOBSON y L.R. WAUGH, La forma sonora de la lengua, Méjico, 1987, trad. laed. en inglés de 1979, p. 124-125. 32 No podemos dejar de reproducir el sincero testimonio de perplejidad del escritor español Enrique de Villena cuando escribe a propósito de esta misma cuestiÓn:(~la rn e la n convienen en son algunas vezes en medio de dicion, asi como diziendo tienpo; aunque se escrive con m faze son de n; e si 10 escriven con n faze el mismo son, e por esu aigunos 10 escriven con n aviendose de escrevir con m. La m [se muda] en n en compromisso (algunos se atreven a escrevir conpromisso) ... )), testimonio que contrasta con el de Nebrija cuando justifica la regla de escribir tn siempre ante m, p y b con unos criterios fonéticos que hoy en dia resultarian inadmisibles, pues afirma que dado el punto de articulación de n, tan alejado del labial, es forzoso que la nasal ante labial se articule rn. (Cf. F. TOLLIS, ({L'ortographe du Castillan d'aprks Villena et Nebrija),, Revista de Filologia Española LIV, 1971, p. 53-106, p. 75.) 33 La tesis de J.L. Moralejo se expuso en la conferencia <El sistema fonemático latinop, pronunciada en el Memorial aSebastián Mariner Bigorran, Universidad Complutense, Madrid, 1988, cuyo original hemos podido consultar. X. Mignot, en cambio, presenta n como marcado en su trabajo (<Phonologie pragoise et phonologie générative dans la description du latinn, Bulletin de la Société de Linguistique de Paris 70.1, 1975, p. 203-231, p. 214. nasales latinas. En efecto, el que sean las características articulatorias de n las que aparecen en la posición de neutralización se debe entender como uno de 10s hechos mis importantes, junto con otros de tip0 articulatorio, acústic0 o de frecuencia relativa que pudieran aducirse, para asignar a m la condición de término marcado en el sistema. Por tanto, podemos decir que en latin las grafías con ante labial y todas las grafías n ante labial son, a la vez que fonológicas, fonéticas.