Recensions
Abstract
A. LÓPEZ EIRE, Orígenes de la poética.
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autor pretende en este trabajo verificar la afirmación de Milman Parry en un famoso articulo publicado en 1929, de que el encabalgamiento es una característica distintiva del estilo literario frente al estilo oral, en la composición poética del griego antiguo. Desputs de analizar sucintamente el método y las conclusiones de Parry en el citado articulo, así como las publicaciones sobre el tema aparecidas con posterioridad, el autor presenta 10s datos tecogidos de su pripio examen de 10s siguientes textos: 10s Cantos IX de la IIhda y XII de la Odirea, 10s Himnos Homéricos, 270 versos de la Batracomiomachia y 10s Himnos en hexámetros de Caiííaco. El examen es moroso y detallado, y 10s resultados obtenidos son presentados en 10s cinco Aptndices de tablas que aparecen al final del trabajo. La conclusión a que llega el autor es que la tesis de Parry puede ser mantenida en principio, pero perfilada en algunos aspectos: no es que en la poesia oral no entren nunca en conflicto ritmo y sintaxis, sino que en 10s textos comDuestos oralmente se tiende a conservar la unidad rítmica del hexámetro mis que la continuidad sintáctica, como queda de manifiesto sobre todo en el encabalgamiento violento. Esto no quiere decir que el poeta oral no se vea a veces en la necesidad de unir estrechamente dos versos, peto la tendencia natural de la poesia oral es clara, y las excepciones presentan siempre, según el autor, factores aunificadoresr que hacen prevalecer el sentimiento de la integridad del hexámetro sobre el hecho de su prolongación sintáctica hacia adelante. En el poeta literario, por el contrario, como muestran 10s datos del análisis de Calímaco, además de un sensible incremento de la frecuencia de 10s encabalgamientos violentos, no aparecen como en Homero factores ccatenuantes,, sino que la tensión entre ritmo y sintaxis es continua y se resuelve casi siempre en favor de una sintaxis mis larga y de mayor complejidad que la paratáctica habitual en Homero, 10 que la lleva a sobrepasar a menudo el final de verso. El trabajo es denso y detallado y constituye, sin duda, una contribución más al estudio de la dicción épica griega. Rosa A. Santiago A. LOPEZ EIRE Orkettes de la poética Ediciones Universidad de Salamanca. Serie Manuales Universitarios. Salamanca, 1980 (240 págs.) (24 x 17 cms.) El libro resefiado del profesor Epet Eire es una buena muestra de su rica formación, no s610 en el campo del helenismo, sino también en el de la lingüística en general. En sus planteamientos creemos que puede interesat casi por igual al estudioso del mundo clásico greco-romano, como a 10s que se preocupan del estudio de la literatura y de la función poética del lenguaje. En su desarrollo no es tampoc0 un libro s60 para especialistas y eruditos, pues, a pesar de ser riguroso, documentado, amplio en citas y presen-
tación de textos antiguos, el que éstos aparezcan traducidos ylo comentados, así como la insistencia hasta la reiteración en 10s puntos que se intenta poner de relieve, el afán de mostrar que no hay afirmaciones gratuitas, sino conclusiones deducidas de un cuidado estudio filológico, hacen su lectura asequible y provechosa para cualquier persona culta interesada por 10s problemas de lengua y pensamiento. En este sentido es especialmente notable la síntesis que hace el autor en el capítu10 XX del pensamiento estoico y su aportación al estudio de la lengua. Un hecho que facilita la lectura del libro es su división en capitulos, concebidos cada uno como una unidad en si mismo, siendo algunos, especialmente 10s últimos, pequeñas monografías sobre los temas en cuestión. Comienza el autor, partiendo de 10s estudios de Jakobson, definiendo la poética como la parte de la lingüística que trata de la función poética en relaci6n con las otras funciones del lenguaje, es decir, integrando 10s estudios literarios dentro de la ciencia que se ocupa del lenguaje, de la lingüística. Pasa a continuación a presentar en el mundo griego antecedentes de esta postura de considerar a la poesia como un tipo especial de lengua: Gorgias, Platón. Pero el verdadero creador de una poética que, a semejanza de la moderna, trate de estudiar la esencia de la obra literaria, analizando sus elementos constitutivos, es, como nos muestra el profesor López Eire, At'istóteles. De 10s capítulos I11 al XIII se va exponiendo en el libro que comentamos, concienzuda y detalladamente, el papel decisivo que el estudio de la lengua, de la dicción (hhE~r) desempeña en el análisis de la obra literaria para el filósofo de Estagira. Y en el Último queda magistralmente justificada la inserción, dentro de su Poética, de 10s capítulos 20, 21 y 22, en 10s que Aristóteles exponía sus presupuestos lingübticos; capitulos que algunos filólogos del siglo pasado y del actual han rechazado como espúreos o como inútiles. Examina nuestro autor en primer lugar la visión aristotélica de las afunciones del lenguajes (o 10s constitutivos fundamentales del Adror, para Aristóteles), llegando a la conclusión de que el ~stagirita esboza con muy claros ejemplos las llamadas hoy ccfunción referente,, - aconativav y aemotivas, las tres básicas, ya que la afunción fáticas y la afunción metalingüística, no son mis que variantes de la aconativas y areferente,, respectivamente. Además, se nos muestra a partir del análisis del valor meramente lingübtico de algunas partículas griegas o formas pronominales, cómo Aristóteles había ya intuido que determinadas partes del discurso tienen función, pero no significación, es decir, su función es la de llamar la atención del receptor para establecer, comprobar o continuar el mensaje, o, 10 que es 10 mismo, su función es meramente <<fática)>. Asimismo queda claco en contextos de Aristóteles que, además de usar la lengua para referirnos a objetos externos a ella, la utilizamos a veces, como cuando definimos <<hombre, (tivepwqor) como aanimal capaz de adquirir ciencia, (~ijov ~sto - dpqc ~EKTLK~V), para referirnos a la lengua misma, es decir, con afunción metalingüística~>.
Sorprende comprobar, de la mano del autor, cómo conceptos tan modernos como el de usignow (a~peiov) y us'mbolow (dpfloXov), con sus dos caras de significante de naturaleza fónica y significado conceptual, el principio de 10 inmotivado del signo lingübtico, que s610 debido a convención (K~T; OVV~~~K~V) se convierte en necesario, la estructuración del lenguaje articulado a partir de las unidades mínimas de la lengua, que nosotros llamamos fonemas y Aristóteles llama oro~xeia, la doble utilización de 10s nombres como s'mbolos de las cosas (ureferencia a 10s objetosw) o bien como ureferencia a 10s signosw en el concepto aristotélico de definición (gpopoc, bp~apdpoc), sorprende comprobar, repetimos, cómo estos conceptos tan familiares a la moderna lingübtica, están ya claramente esbozados en la obra del filósofo de Estagira. Se pasa después a analizar el concepto aristotélico de metáfora, recurso tan frecuente del habla poética, partiendo del concepto aristotélico de udefiniciónw: la metáfora no es más que la feliz sustitución del verbum proprillm por un sugerente enigma, de la misma forma que en la lengua común la definición o la perifrasis establecen una equivalencia con su verbum proprillm. Se trata, pues, de un uso relacionado con la ufunción metalingüística~ de la lengua. Partiendo de la ecuación A = B + C, que simboliza la udefiniciónw, donde A representa la especie, B el género y C la diferencia, se observa que en la metáfora se efectúan atrevidas sustituciones de A por B y B por A, eliminando el factor diferenciador C, con 10 que la metáfora es menos cient'fica que la definición, pero más sugestiva. Asi resultan 10s cuatro tipos de metáfora según Aristóteles: I) Utilización de la forma genérica en lugar de la específica. 2) Utilización de la forma especfica por la genérica. 3) Transferencia de una especie a otra. 4) La que El llama relación analógica, en la que hay un intercambio de rasgos entre pares de términos que coinciden en algún sema, por ejemplo: la tarde es la vejez del dk, la vejez es la tarde de la vida, intercambio de términos posible gracias al sema coincidente de aúltimidadw, en el par. Se acomete en 10s capitulos XIII y XiV el estudio de otro elemento constitutivo de la lengua poética, el ritmo, que ya Aristóteles consideraba resultante de la repetición de determinadas figuras o fórmulas fónicas dentro de la secuencia del lenguaje. El distinguió ya, también, formalmente ritmos y metros, propios estos últimos de la poesia épica y partes recitadas de la tragedia y comedia y característicos 10s primeros de ditirambos y nomos (líuica monódica y coral). Es cierto que en este punto el Estagirita es heredero de una rica tradición que arranca de Damón, o quizá de antes, y que tiene un brillante exponente en la doctrina platónica del ritmo y la armonía, pero en Aristóteles esos conocimientos tradicionales son utilizados para penetrar de lleno en la esencia de la función poética, que. en palabras de Jakobson, tiende a eprofunditar la dicotomia fundamental de signos y objetos a fuerza de incrementar la perceptibilidad de 10s signoss. Lo distintivo de la poesia es la reiteración; en ella la Iengua se amolda a esquemas que se repiten, tanto formales como de conteni-
do. Aristóteles, a este respecto, afirma que el oyente de poesia está necesariamente atento a la repetición de 10 análogo o 10 similar. A continuación el profesor Gpez Eire analiza la concepción homérica de la poética, considerando que en 10s Poemas Homéricos existe una prepoética, porque es precientífica la explicación que se da a 10s tres elementos básicos constitutivos del arte de 10s aedos -la temática, las palabras y la ejecución. Esos elementos son un don de la divinidad que inspira al aedo el argumento, luego le enseña las palabras que produzcan añoranza en el auditoria (lpopoev~a Yqea) y finalmente le dotan de una asonora, voz ccmás dulce que la miel,. También se hace una ekposición de cómo y por qué Homero no dejó nunca de figurar en 10s estudios de poética y retórica, ni de inspirar a 10s literatos el afán de imitarle hasta la más tardia antigiiedad. En opinión de Aristóteles s610 con Homero la épica alcanzó la alta cota de perfección conquistada por la tragedia, el género literario más perfecto, según el Estagirita. El aedo homérico, en efecto, dejó en sus obras pruebas no s610 de su capacidad narrativa, sino también de su habilidad para representar dramáticamente. Por estas cualidades y por el uso que hace de la lengua, es decir, por su estilo, Homero es para Aristóteles el maestro absolut~ de la poética concebida como arte. Aristóteles, frente a las interpretaciones filodficas y alegóricas de 10s Poemas Homénios, frecuentes antes y después de El, trató de enjuiciar e interpretar la obra de Homero con un criteri0 estrictamente literario. En la última parte del libro se analizan las nuevas concepciones de la literatura y la poética que van surgiendo con posterioridad a Homero. A partir de Hesiodo la poesia es a menudo vehiculo de enseñanza, religiosa y moral primero, y filosófica más tarde. E1 es el primero de una larga serie de poetas que va desde Empédocles y Parménides hasta Giordano Bruno en el Renacimiento y Goethe en el Romanticismo alemán, que coinciden en transmitir a través de su poesia 10s más variados conocimientos. Platón primero y Aristóteles después, atacaron el valor didáctico de la poesia, considerando que su finalidad no es enseñar, sino entretener y deleitar. Las dos tendencias conviven en la época helenística, incorporando además, como muy bien muestra el autor de nuestro libro, la erudición (colpia) y combinando así la actividad poética con la científica y filológica. Con especial detenimiento examina el autor, como deciamos al principio, las tesis fundamentales de la filosofia estoica y sus correlatos en el plano de la lengua y de la poética, concluyendo que el planteamiento linguístico y semiótico de la obra litecaria, actitud característica de 10s más modernos estudios, era común en la escuela estoica, donde el estudio del lenguaje comprendía las formas que la lengua adopta y las numerosas cuestiones que plantea, o sea, la retórica, la poética y la gramática. Termina el libro examinando, a modo de conclusión, las coincidencias entre Aristóteles, como creador de la poética entendida como estudio de la literatura y de la función poética del lenguaje, y 10s estudios modernos procedentes de 10s formalistas rusos y de 10s new cn2ics americanos. El autor
concluye que en este campo Aristóteles está mis cerca de nosotros que de la preceptiva literaria del Medioevo y el Clasicismo. No nos queda sino agradecer al Profesor Epez Eire la aparición de tan notable trabajo, en un campo tan poco c<hollado, por nuestros estudios clásicos y, a la vez, con un enfoque tan novedoso. Todo ello, además, dentro del más rancio y severo método filológico. Rosa A. Santiago E. JUNYENT I SUBIRA Ut-Zomatari de la Catedral de Vic. Segles IX-X Publicacions del Patronat d'Estudis Ausonencs. SZrie Documents 1 1. Vic 1980, XII, 136 pp. Acaba d'apareixer el primer volum d'una obra p6stuma del doctor Eduard Junyent, en la qual I'eminent arquebleg i historiador vigat2 guanya una altra batalla de les moltes ja aconseguides per ell en favor de la cultura catalana. En efecte, es tracta ara d'una important edició de diplomes medievals que el doctor Junyent tenia preparada des de feia temps per6 que per dificultats de tipus econbmic -segons explica el senyor bisbe de Vic, Ramon Masnou, en la presentació que fa del diplomatarila seva publicació s'ha vist ajornada fins avui en que n'ha tingut cura I'equip de treball constitu'it, sota la coordinació del senyor Ramon Ordeig, per mosstn Miquel S. Gros -a qui devem també una breu introducció-, per mosstn Antoni Pladevall i pel senyor Manuel Rovira, que han verificat les transcripcions i refet els regests i aparats crítics d'acord amb les normes diplomltiques actuals. Aquesta primera part de les sis en que est2 previst que aparegui la col~lecció diplomitica completa de la Catedral de Vic, relativa als segles IX i X, consta de 160 documents impecablement transcrits que abracen el període comprts entre el 18 de setembre del 879 i el 29 de mars del 933. Els diplomes van precedits d'un resum suficientment explícit, aixi com de la datació segons el c6mput actual, d'acord amb les taules cronolbgiques del professor F. Udina contingudes en El Archivo Condal de Barcelona en los siglos IX-X i les observacions formulades pel professor A.M. Mundó en I'article La datació de documents pe/ rei Robert (396-1031) a Catalunya. L'aparat crític, quan s'escau, reprodueix assenyadament la signatura vella i nova del pergamí transcrit i hom no hi amaga mai les lectures difícils o poc segures; aixi mateix hom indica el nombre probable de lletres que manquen en les paraules o frases il.legibles per deteriorament de la vitel.la. Hom té cura així mateix d'assenyalar amb un asterisc les signatures autbgrafes. En una edició tan acurada com la que comentem només se'ns acudeix una petita observació respecte al criteri seguit en la puntuació. És de tothom coneguda la dificultat amb que topa l'editor de textos medievals per tal de puntuar-10s degudament donat el seu llenguatge tan particular. Nogensmenys en I'aplec que ens ocupa creiem