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De una etnografía de la enseñanza musical a una sociología de la mediación

Hennion, Antoine

Abstract

Hennion, Antoine

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DE UNA ETNOGRAFfA DE LA ENSEÑANZA MUSICAL A UNA SOCIOLOGfA DE LA MEDIACION * Antoine Hennion (Centre de Sociologie de 1'Innovation. Ecole des Mines [Paris]) UN SOCIOLOGO EN EL CONSERVATORI0 ... El equipo con el que trabajo realizó, por encargo del Ministeri0 de Cultura y en dos fases sucesivas, una encuesta en las escuelas de música.' ¿Que ibamos a hacer allí? Mirando desde otro ángulo, más programático * Traducción: Neus Arqués. 1. Hennion, A., Martinat, F., Vignolle J.-P., Les Conservatoives et leurs él?ves, París, La Documentation Fran~aise, 1983; Hennion, A., La musique et l'accusation, informe CSI. La encuesta se ha efectuado en una muestra representativa de alumnos y de antiguos alumnos de escuelas de música subvencionadas por el Estado, siguiendo diversos criterios: el tip0 de institución (Conservatorios Nacionales Regionales, Escuelas Nacionales de Música, Escuelas de Música Subvencionadas), el tamaiio, la región, 10s derechos de inscripción y 10s parámetros empleados para calcularlos, el nivel de 10s alumnos, el instrumento que estudian y las limitaciones de edad: en 10 que respecta a 10s alumnos y a fin de evitar reunir una muestra saturada por la gran población de jóvenes matriculados que abandonan al cabo de uno o dos años, s610 hemos conservado a 10s alumnos que han permanecido más de dos años en el conse~atorio; respecto de 10s antiguos alumnos, hemos adoptado como criteri0 el número de años transcurridos desde que dejaron la escuela (de dos a seis años; no se trataba de averiguar qui había sido de 10s antiguos alumnos años más tarde, tarea enorme si se quiere aislar la inñuencia de 10s conservatorios de la ejercida por 10s múltiples factores que intervenían después, sino obtener sencillamente una población-test, comparable a la de 10s alumnos presentes en 10s conservatorios, a íin de analizar 10s problemas de 10s abandonos y salidas hasta el momento de dejar la escuela). Elaborado según el método de cuotas, el fichero de alumnos agrupa 1.200 cuestionarios y el de antiguos alumnos unos 1.100. El segundo estudio trata de una etnograffa de la enseñanza del solfeo. ctPapers>>: Revista de Sociologia e incierto, algunos de 10s resultados de la encuesta, este articulo quiere intentar aprovechar el paso del tiempo para extraer algunas reglas metodológicas y presentar proposiciones para una nueva sociologia del arte que no se limite a denunciar desde el exterior las condiciones de desigualdad en que se mueven la producción y el consumo de obras de arte. Démosle la vuelta al problema: ¿por qué un sociólogo del arte o de la cultura habria de interesarse por la enseñanza musical? La respuesra es de todos conocida. Se trata sin duda de que, cansado de 10s recuentos culpables que a menudo le llevan a acechar a las salidas de 10s conciertos, para descubrir una vez más la ausencia del proletario, quiere remontarse a las causas de una ausencia tan prolongada: quiere ver cómo funciona en la institución de reproducción por excelencia, la escuela, la mecánica social de la desigualdad. Fiel a su reputación iconoclasta, en cuestión de arte, quiere dotar de mayor realismo las pretensiones del hombre de gusto por elevarse por encima del mundo en las alas de la Belleza, comenzando por recordarle que se deja mucha gente en el camino. Éste es el trabajo que hemos realizado. En efecto, 10s resultados no se han hecho esperar. La primera imagen de 10s conservatorios, tal y como se desprende al echar una ojeada a las respuestas del cuestionario, confirma el conocimiento implicito que 10s distintos interesados tenian al respecto. A 10s conservatorios asiste principalmente una población acomodada, tanto económica como culturalmente: casi la mitad de 10s alumnos son hijos de cuadros superiores, profesionales liberales o intelectuales, patronos o empresarios individuales, y más del 20 por 100 lo son de un cuadro intermedio. La mayoría de 10s alumnos son chicas (58 por 100) y practican más la religión que la media de niños de su edad. Asimismo, cabe señalar la fuerte hiperrepresentación, por otra parte previsible, de hijos de músicos. El análisis de 10s antecedentes musicales de 10s alumnos nos permite remontarnos, por encima de la inexorabilidad determinista de estos resultados en bruto, a 10s mecanismos de transmisión exactos que llevan a ellos: la decisión, tanto en 10 que respecta a la entrada en el conservatorio como a la elección del instrumento, pertenece, en la mayoria de 10s casos, a 10s padres; 10s niños han comemado 10s estudios musicales a una edad temprana (se dan muchos más abandonos, fracasos o reconversiones entre 10s alumnos <(tardios>>, esto es, 10s que empezaron ... jcon once años cumplidos!) y la afición a la música s610 se ha manifestado (eventualrnente) mucho después de su debut (por término medio, tres años más tarde); la gran mayoria tiene proyectos como aficionado al terminar sus estudios y, sobre todo, se observa una infiuencia determinante respecto a las oportunidades de entrar y permanecer en el conservatorio: la presencia física de un instru- De una etnografia de la enseñanza musical mentista en el entorno cercano, a la vez causa y apoyo de una identificación estable del niño con la música; la <(simple)> melomania de 10s padres, que no dominan ningún instrumento, no produce en modo alguno este efecto mimético en la perseverancia del retoño. De una manera en principio pasiva y global, a través del medio social, posteriormente activa y local, a través de la influencia de las prácticas culturales sobre el niiio, prácticas muy vinculadas a su medio, la trayectoria musical de éste -y las cifras 10 muestrannada tiene que ver con la bella epopeya romántica del individuo solitari0 que va a la conquista de la inclinación natural, sino que se inscriben en el pesado determinismo de las relaciones sociales. El sociólogo ha cumplido su misión. Sin embargo, hay aquí una paradoja. En el sociólogo, tal y como afirma Boltanski: pervive siempre el pequeño chivato de la clase, ese que denuncia 10 que hacen sus compañeros en vez de hacer 10 mismo. Es esta función acusadora la que legitima su discurso <tcrftico)>: la que 10 diferencia de la ideologia de 10s actores que se justifica a si misma, la que fundamenta su cientificidad a nivel de contenidos. Pero al mismo tiempo, cuando cree que asi se distancia al máximo de 10s actores es cuando, como minimo a nivel formal, est6 más cerca de ellos. Estos, por su parte, no dejan de acusar... a la sociedad, a la rigidez de las instituciones, a 10s otros a~tores.~ Obviamente, uno acusa en nombre de la sociedad, 10s otros en nombre de la mdsica o del niño. No obstante, resulta extraño este debate en el que esta' atrapado el sociólogo -y que provoca que, las más de las veces, no vuelva a ver a sus victimas-, que le lleva a un for0 en el que todos luchan por decir quién tiene razón, quién es responsable de qué, cuáles son las causas de 10s hechos. Precisamente esto significa acusar: encontrar causas. Sin embargo, la bella exterioridad que le confiere la etiqueta científica, permitiéndole asi sustraerse al juicio de 10 vulgar, de 10 no cientifico, muestra un parecido sobrecogedor con la externalidad de la estética que 10s artistas reivindican. También ella les da la razón desde su punto de vista, también ella les sustrae al juicio de 10s profanos. .. iy por eso precisamente la denuncia el sociólogo! En resumen, del mismo modo que el ob2. Véase su articulo sobre la denuncia, escrit0 en colaboración con Y. Darré & M. A. Schiltz, Actes de la recherche en sciences sociales, núm. 51, marzo 1984, pp. 3-40. 3. Cf. capitulo 1 de nuestro informe La musique et l'accusation. Pour une ethnologie du solfege (DEP/Min. de Cultura, CSI), titulado <(Dossier solf&ge*, donde, respecto a este controvertido objeto de la música, intentamos poner en evidencia el rol activo que desempeñan las polémicas entrecruzadas en la producción misma de música como trama colectiva de relaciones. En particular, se analiza en detalie el texto de las dos conversaciones con partidarios de posiciones opuestas. Este trabajo serd reescrito para una publicación posterior. <<Papers>>: Revista de Sociologia jet0 de arte da la razón al artista, la objetividad científica se la da al sociólogo. ¿SOCIOLOGIA <(DEL)> ARTE O SOCIOLOGIA CONTRA EL ARTE? Es esta relación de inesperada competencia, esta simetria en la deíinición de un objeto, la que permite a un medio escapar de la negociación permanente, densa, heterogénea, del debate cotidiano para apoyarse en una razón superior, que quisiera poner en primer plano, dado que a menudo la sociologia la elimina o la da por sabida. Porque es esta relación la que puede permitirnos comprender mejor las dificultades con las que se encuentra la sociologia cuando ha de salirse de sus especialidades reconocidas (la asistencia a 10s conciertos, la lógica de 10s mercados, 10s medios institucionales ...) y tratar del objeto de arte en si: es decir, entrar de lleno en competencia con un principio de definición del objeto que no es el suyo. Desde esta perspectiva, <(revelar)> -palabra grandilocuente, que designa un descubrimiento que la lectura de Proust ha ventilado generosamentela distribución diferencial de las prácticas artisticas, medir sus proporciones exactas, es algo que vale la pena hacer y que no agota el análisis. En efecto, nada se ha dicho aún del arte en sí, s610 se ha sobreentendido. Porque al situar asi la sociologia a las puertas del arte, a fin de inspeccionar quién entra en su reino, s610 se le dejan dos opciones posibles frente a 10 que sucede en el interior: aceptarlo en bloque o rechazarlo en bloque. O bien, modesta y prudente, la sociologia se acuartela en su papel <(social),, en el sentido en que hablamos de asistentes sociales o de catolicisme social: no digo nada del arte en si, existen otras disciplinas que se encargan de eso, me limito a hacer mi trabajo en mi rincón, y mi trabajo consiste en acusar a la sociedad -recordar que el arte no se da a todo el mundo, que no todo el mundo hace arte, que desde el momento en que sale de su univers0 estético cae en las redes familiares de 10 social; se trata de la problemática de las gcondiciones ~ociales~>~ del arte, no hay lugar para hacer 4. Cf. <(Une sociologie de i'oeuvre est-elle possible?,, mesa redonda &al del coloqui0 de la Sociedad Francesa de Sociologia, en Marsella (junio, 1985); editado por la Documentation Frangaise, el volumen de las actas, Sociologie de l'art, dirigido por Raymonde Moulin, presenta una visión clara y sistemática de la cuestión. 5. Defendida, por ejemplo, en 10s numerosos trabajos de R. Moulin en Francia o, respecto de la música, reivindicada por I. Supicic (Musique et société, Instituto de Musicología, Zagreb, 1971). De una etnografia de la enseñanza musical una sociologia <(del)> arte, s610 es posible efectuar un análisis sociológico de sus modos de creación, difusión y consumo. O bien, emprendedora y conquistadora, la sociologia intenta hacer caer cabezas más gloriosas; ya no es tanto la sociedad la acusada de no permitir el libre acceso al arte -que sale engrandecido al ser designado como carencia que hay que suplir-, sino que se empieza a sospechar de la buena fe del arte mismo: a fuerza de ver cómo excluye obstinadamente al pueblo de sus placeres, uno acaba preguntándose cuáles son sus intenciones: quizá no sea la sociedad la que colocó sus filtros poc0 equitativos sobre una producción inocente, sino que el arte no es más que la desigualdad despojada al fin de sus oropeles s~ciales.~ Asi, se entiende que las relaciones entre el arte y la sociologia sean difíciles (y que sean aun peores entre ésta y las disciplinas del arte, la estética, la musicologia, la historia del arte). Desdén soberano muestran 10s guardianes del templo hacia la sociologia si esta se contenta con merodear en torno al arte e interesarse por todo 10 que no 10 es. O le paran 10s pies a la insolente, cuyos groseros ataques disimulan mal su propia incompetencia estética, cuando pretende ocuparse del arte en sí con conceptos que son buenos para 10s tenderos, 10s burócratas y 10s mundanos. Pero más alli de las formas poc0 civiles que a veces adopta este enfrentamiento entre disciplinas,' el problema es real. La cuestión que la sociologia plantea al arte es, de buenas a primeras, profundamente destructiva, ya que parece poner boca abajo todo el trabajo de producción colectivo de la creencia en el arte, que 10s medios artisticos han Uevado a cabo con tanto esmero. Tanto en su versión minimalista, <tdisciplinada)> (la que permanece en la puerta a fin de verificar las condiciones de entrada) como en su versión maximalista, <(totalitaria)> (la que denuncia la arbitrariedad del objeto de culto, erigido a fin de enmascarar la autoselección de 10s fieles), parece no tener más que un objetivo: destruir la relación inmediata entre un objeto de arte y un hombre de gusto para restituir las mediaciones que han hecho a uno y otro. 6. Naturalmente, ha sido Bourdieu quien ha llevado más lejos esta interrogacibn; cf. La Distinction, critique sociale du jugement, Minuit, París, 1979. 7. Este es, por ejemplo, el tono que adopta E. Gombrich en aThe social history of art*, Art Bulletin 1953, Londres, cuando critica a A. Hauser. I <(Papers)>: Revista de Sociologia I DE LA RESTITUCI ON DE LOS INTERMEDIARIOS.. . Este lugar que ocupa la sociologia, la restitución de 10s intermediarios, la caza de 10s actores del sentido, le ha permitido también establecer una separación clara entre ella y la filosofia; ya no se trata de preguntarse por las cualidades del objeto de arte, sino de observar cómo dichas cualidades le son atribuidas. De manera más concreta, ell0 significa que, ya desde el principio, la sociologia del arte se ha dedicado a analizar, utilizando, para empezar, el utillaje que ha importado de sus expediciones anteriores por otras tierras, 10s principales filtros por 10s que pasan las relaciones artisticas. Podemos citar, por ejemplo: - El mercado: 10s comanditarios y 10s mecenas: el Estado," 10s coleccionistas:" todos aquellos que prestan su voz a la demanda y que la hacen existir ante el artista; - las institucione~,'~ 10s tallere~,'~ las a~ademias,'~ las profesione~:'~ todos aqueilos agentes, candidatos a la exclusividad, que permiten la transmisión del saber y de las normas del oficio; - 10s criticos, 10s salones, 10s organizadores de conciertos, 10s aficio8. Por ejemplo, R. Moulin, Le marché de la peinture en France, Minuit, Paris, 1967; P. Bourdieu, <rLe marché des biens symboliques~, en Année Sociologique 22, 1971; J. M. Montias, Artists and Artisans in Delft, Princeton University Press, 1982; respecto de la música, A. Peacock, The Composer In The Market Plae, Londres, Faber Music, 1975. 9. Véase por ejemplo F. Antal, Florentine Painting and Its Social Background, Routledge & Kegan Paul, Londres, 1948; F. Haskell, Patrons and Painters, Knopf, Nueva York, 1963; V. Zolberg, ctNew-Art Patrons: Coincidence and Causality in the 20th Century Avant-Garde),, Congreso Mundial de México, 1982; M. Baxandall, L'oeil du Quattrocento, París, Galíimard, 1985. 10. Cf. P. DiMaggio, M. Useem, ctCultural Property and Public Pollicy: Emerging Tensions in Government Support To the Arts,, en Social Research USA 45, núm. 2, 1971; P.-M. Menger, Le paradoxe du musicien, Flarnmarion, París, 1983. 11. Cf. J. W. Alsop, Rare Art Collections, Harper & Row, Nueva York, 1982. 12. Por ejemplo, J.-E. Adler, Artists in Office, Transaction Books, 1979. 13. S. Alpers, The Art Of Describing, University of Chicago Press, 1983; M. Wackernagel, The World of The Florentine Renaissance Artist, Princeton University Press, 1981. 14. N. Heinich, <(La perspective académique~ en Actes de la Recherche en Sciences Sociales, núm. 49, 1983; A. Cohen, Music In The French Royal Academy of Sciences, Princeton University Press, 1981. 15. White and White, Canvases and Careers, J. Wiley, Nueva York, 1965; o, por una vez respecto de la música, J. DeClerq, La profession de musicien, Universidad de Bruselas, 1970. De una etnografia de la enseñanza musical nados ilustrados, 10s conservadores y otros gate-keeper~,'~ a 10s que el juego sutil de interface, en tanto que representantes del arte ante el públic0 y del públic0 ante 10s artistas, 10s convierte en definidores incontestables del gusto. . . . A UNA SOCIOLOGIA DE LA MEDIACION La restitución de estos intermediarios, tomada en su sentido más empírico y concreto, como si se tratara de una especie de caza del hombre que va a desalojar a 10s responsables parapetados tras 10s juicios estéticos, ha abocado rápida y fundamentalmente, a una reformulación teórica mis o menos radical y polémica, que opone al arte y al gusto esas mediaciones en cuya negación basan sus juicios absolutistas. Se trata de la restitución de las mediaciones del arte. Citemos: - la búsqueda de 10s <(determinantes)> sociales del gusto; - la reinserción del valor artístic0 en una economia; - poner en evidencia la arbitrariedad sistemática de 10s mecanismos de elección de 10s objetos; - el juego social de la identidad y de la diferenciación de 10s sujetos tras la evidencia de la belleza. Nuestro proyecto más general, en el que se inscribe el trabajo sobre la enseñanza de la música, consiste en intentar prolongar este movimiento de restitución de las mediaciones que producen el arte e intentar darle un estatuto teórico. Es decir, no tratamos de apoyarnos en una objetividad -la de la sociedad o la de un nivel intermediari0 particular, la institución, la profesión, el mercado.. .- para reducir a la nada las objetividades de 10s otros, de manera simétrica a cómo el esteta se apoya sobre la razón del arte para anular 10s razonamientos del sociólogo, sino que tratamos de comprender cómo, entre estas series de intermediarios heterogéneos, las relaciones de mediación, complejas, conflictivas, saturadas de acusaciones recíprocas y de rechazos feroces de 10 que cada uno es, acaban por establecer la realidad musical. Eso supone, pues, que renunciamos a participar en el juego de prendas de las acusaciones cruzadas que se dirigen 10s diversos mediadores, y entre ellos el sociólogo, para descalificar las razones de 10s 16. M. Bystryn, *Art Galleries As Gate-Keepers, en Social Research USA, 45, núm. 2, 1978; F. Haskell, La aorme et le caprice, Flammarion, 1986. <(Papers,: Revista de Sociologia otros e imponer así la suya, y nos planteamos por el contrario como nuestro propio objeto de investigación, a la vez práctico y teórico, esta lucha entre mediadores cuyo objetivo es definir la razón de las cosas. Ello quizá requiera alguna explicación. (Acaso un informe cientíiico, como el informe citado sobre <tLos conservadores y sus alumnes>>, no est6 ahí finalmente para dar razones, causas, y abstraerse de las de 10s actores? El trabajo que se realiza para un informe normalmente aspira a sintetizar. No obstante, ello significa que, a partir de 10s agregados de palabras-problema que le presenta el medio estudiado, el sociólogo prosigue el trabajo $de 10s actores; incluso (y sobre todo) si se esfuerza por diferenciarse de Cstos, prolonga aún mis el esfuerzo de dichos actores para hacer que su realidad sea inteligible para ellos mismos. Puesto que al igual que 10 hará el sociólogo (aunque condimentará su presentación con las especies del método cientíiico), estos <tactores)>, cada vez que han hecho una tregua, han transformado continuamente sus relaciones a través de la palabra, a fin de acusar y defender, formularse objetivos claros, separar causa y efecto, atribuirse 10s papeles y saber reconocer 10s que desempeñan 10s demás. Política de Estado, posición de 10s profesores, comportamiento de 10s padres, constantes que siguen la distribución de 10s alurnnos según sus determinantes sociales y musicales, trayectorias-tip0 en la institución, problemas repertoriados y recurrentes -las salidas, el profesionalismo, el repertori0 que se aborda, la formación musical. Todos estos elementos, que el sociólogo reformula con su vocabulario, articula con sus propias herramientas y restituye a través de la arbitrariedad incontestable de sus elecciones y métodos, se 10s han proporcionado en primer lugar 10s actores. Lejos de designar la transparencia de una interrogación <tlibre>>, puramente intelectual, en torno a una realidad muda a la que el observador presta sus palabras, éstas han sido ya utilizadas una y mil veces, formuladas y reformuladas, y todas remiten de manera indisociable a 10s debates que definen y dotan de congruencia al medio de la enseñanza musical. Distanciado de las propuestas (dicho de otra manera, más cercano a unas propuestas que no son las del medio observado), el sociólogo puede simplificar todavía más, eliminar con menor resistencia 10 que sabia por aquí o por allá, empezando por las teorías que 10s actores se hacen de sí mismos, denominar conceptos a 10s agregados formados, análisis a las relaciones puestas en evidencia, interpretaciones a 10s efectos de fuerza supuestos. Y pasarle el engendro a alguien que aún sintetiza más que 61: al políaico, que busca una percha donde colgar la medida que ha de adoptar. Así se hace un informe y se justifica el salario del sociólogo. A éste todavía le falta alejarse ah más de 10s actores, que ahora aparecen totalmente desaliñados, a fin de reelaborar sus observaciones, dándoles una for- De una etnografia de la enseñanza musical ma teórica, destinada a sus homólogos, Por el contrario, éstos, a medida que tras las clases, las tipologías y 10s determinantes vayan desapareciendo 10s actores concretos que chapotean por el lodazal, reconocerán con facilidad sus propios conceptos agregados, sus propios debates, sus propios juegos de posición, en un articulo de sintesis donde ya nada aparecerá de 10 que sobre el terreno era un solapamiento incierto de proposiciones íntimamente ligadas a quienes las formulaban. No est6 en mi ánimo criticar este planteamiento, sino al contrario. Creo firmemente en la violencia necesaria para hacer hablar a las cosas y a la gente ... S610 confiesan si se les tortura. O sea, creo en la arbitrariedad sistemática y en la ceguera selectiva de aquel que se erige en intérprete de 10s demás. La violencia teórica de la síntesis es una violencia como cualquier otra, como la violencia administrativa de la gestión, la violencia sindical de la representación, o la violencia política de la decisión. Al igual que éstas, es capaz de producir realidad y, a pesar de esos aires grandiosos con que pretende escapar a la contingencia y no depender de su locutor, la teoria tampoc0 existe si no es a su vez reelaborada, y en consecuencia deformada, por aquellos que se adueñarán de ella. Como mucho se puede permanecer escéptico si la teoria se considera a sí misma superior a otras violencias --o si, a la inversa, cree que no la ejerce. Pero, ¿ser& posible acompañar el tema serioso de la síntesis teórica con su inverso, tocado a un ritmo mis alegre? No nos referimos al análisis, que es la antecámara de la sintesis, sino a la regresión. Partiendo de las categorias de 10s actores, no dirigirse hacia algo más cerrado, más sólido, mis compacto que ellas, hacia la definición de objetos cada vez más rígidos, más pesados, menos fáciles de perfilar frente a sujetos cada vez mejor conocidos, observados, analizados. Se trata del procedimiento inverso: remontarse hacia atrás, cuando 10s problemas eran confusos y se confundian, cuando las pistas eran poc0 fiables, cuando las distinciones entre 10 social, 10 musical, 10 psicológico, 10 político, 10 afectivo, eran fluidas y móviles. Dejar de tratar las determinaciones masivas que explicita la encuesta como datos primeros, descubiertos por el sociólogo sin que 10s actores se enteraran, y considerarlas como 10 que son: el resultado de un largo proceso colectivo para ponerse de acuerdo sobre 10s términos de sus intercambios (y de sus desacuerdos). Como mínimo, este método debería poder esclarecer no tanto la política seguida por la enseñanza musical en Francia, tal y como se le exige al informe, sino sus antecedentes, todo el trabajo acumulado, cotidiano y anónimo, que la hace posible al definirle su objeto y proporcionarle sujetos; mostrar cómo se han forjado las opciones de la elección antes de discutir la elecci6n en s$, por encima del trabajo político que, precisamente, decidiendo entre éstas, las <<avala>>: él mismo se resit6a por enci- *Papers>>: Revista de Sociologia Piaget o de Mayo del 68, sean practicadas masivamente o sean marginales y orgullosas de ser10 ... : a piori, ninguna tiene derecho a un reconocimiento particular únicamente en virtud de sus principios, aunque se atribuya el rigor de la ciencia, de la verdad del arte, el realismo de 10s resultados o la justicia social; todas deben analizarse utilizando las mismas herramientas, y s610 a partir de las relaciones duraderas que consigan establecer en el mundo socio-musical que construyen; contrariamente a la retórica, cuyos prólogos son ya habituales, las pedagogías no obedecen a sus principio~, no se deducen de una definición del arte, de la sociedad o del niño; a la inversa, son sus prácticas las que elaboran e imponen progresivarnente una definición concreta de la música, de la escuela, del niño, de la sociedad; 10 que hay que analizar es precisamente este conjunt0 de interrelaciones. Y ell0 nos lleva a la segunda ventaja del método. Al colocarse en la misma situación que el profesor en la clase o que el director del conservatorio frente al Estado, el municipio, 10s padres, o 10s profesores, esta <tsociología de la construcciónn admite fácilmente que, sobre el terreno, en el curso de la acción, las cosas no dejan de entremezclarse; puede integrar sin segundas intenciones, sin permanecer a la reserva como hacen las teorías, 10 que constituye la realidad de la práctica: la heterogeneidad sistemática del trabajo cotidiano de 10s músicos y de 10s profesores de música, que mezcla continua y simultáneamente 10 social y 10 psicológico, 10 musical y 10 pedagógico, la creación y la repetición. Si, por el contrario, nos damos a una definición a priori de la música (o, en el extremo opuesto, de la sociedad) esta amalgama permanente se convierte en un obstáculo para el análisis y hay que librarse de 61 a cualquier precio, dar10 en feudo a un orden superior del que no es más que la manifestación imperfecta: esto es 10 que, por ejemplo, lleva a 10s sucesivos teóricos de la pedagogia musical a defender, utilizando todos el mismo tono desde hace ya tres siglos, un nuevo modelo musical que por fin conseguirá poner un poc0 de rigor en el amasijo de reglas incoherentes dejado por sus predecesores. Por otro lado, sin embargo, la critica desemboca igualmente en las diversas ciencias humanas interesadas por el mercado de la música (la psicologia, la sociologia, la semiologia...), cada una de ellas ocupada, en su rinconcito, en reducir el univers0 de quienes practican la música a la 1Ógica de una disciplina exterior que dispone de sus propios principios explicativos. Si la música es un mundo concreto que numerosos actores intentan agrandar, es normal que, a fin de conseguirlo, haya que movilizar montones de recursos y aliados de todo tipo, edificios y horarios, sonidos e instrumentos, padres decididos y niños reticentes (o al revés), libros y dedicación, dinero y estrategias, buenas y malas razones para hacer música ... De una etnograffa de la enseñanza musicai De 10 que sospechamos es de la capacidad de una psicologia del niño o de un deterrninismo de la reproducción social para proporcionar una explicación convincente de la realidad de la enseñanza musical: seria demasiado bonito.. . jo demasiado horroroso! Mediación 2: el instrumento La puesta en evidencia de esta doble construcción, a través de la cual 10s padres y 10s conservatorios, al formar al niño en la música, forman la música del niño, permite explicar la dinámica de las preferencias que 10s alumnos esgrimen, poc0 críticas, clásicas, antimodernas y antipopulares a la vez; o más aún la de sus prácticas culturales, poc0 modificadas a largo plazo por el hecho de asistir a una escuela de arte más allá de las oportunidades que la institución ofrece directamente (conciertos organizados, etc.). Nos remitimos a otras publicaciones para un análisis detallado de estos diversos aspectos de la formación -en el sentido de poner en formaque 10s conservatorios dan al alumno. Quisiera aquí simplemente, a titulo de ejemplo, sugerir cómo el instrumento en si, este rasgo tan material de la música, puede descomponerse a tenor de las tres principales fuerzas que tiran de la música cada una por su lado: la de 10s padres, la de la escuela y la del niño. El instrumento constituye un objeto-encrucijada que, precisamente porque es <(duro)>, material -y, en consecuencia, las elecciones que suscite están llamadas a perdurar-, es una muestra particularmente visible de la competencia entre las diferentes definiciones de la música que las partes involucradas intentan imponer. A pesar de que es <(sorda)>, esta lucha deja secuelas: de cada cinco alumnos, uno afirma que le hubiera gustado más tocar otro instrumento que el (o 10s) que toca. En 10s conservatorios, el piano es el rey: agrupa a más de una tercera parte del alumnado. Le siguen 10s instrumentos de cuerda y la flauta y, a continuación, el resto de instrumento~ que conforman la orquesta clásica. La guitarra y, a fortiori, la percusión, son instrumentos marginales. Sin embargo, detrás de la linealidad de esta clasificación, es fácil encontrar las fuerzas que ejemplifica como composición inerte. Simplificando, podemos ver cómo se perfilan tres grupos de instrumentos, cada uno de 10s cuales es a la vez una consecuencia y una causa de trayectorias musicales diferentes. En 10s conservatorios, el piano resulta un estorbo, y no s610 por su volumen: no es el preferido de 10s directores, sino de 10s padres. Si las solicitudes de inscripción fueran recibidas en un conservatorio que actuara como un mercado de instrumentos libre y perfecto, no ya una tercera par- .crPapers>>: Revista de Sociologia te, sino la mitad del alumnado tocaria el piano: aparece, destacado, en cabeza de la lista de <(instrumentos que hubieras preferido tocar>>. Instrumento-simbolo, orquesta por si solo, mueble de salón, encarna por encima de todo la demanda musical de 10s padres, demanda amateur y cultivada {incluso si, como segundo instrumento, adopta por el contrario una connotación marcadamente profesional de instrumento complernentario indispensable para estudios musicales superiores). El instrumento ideal para 10s conservatorios no es el piano, excesivamente individualista, sino las cuerdas: dificiles, inseparables de la orquesta y de la música de cámara, más escogidas entre 10s hijos de músico, hiperrepresentados en 10s niveles superiores, se imponen como modelo a un grupo de instrumentos mis amplio, que abarca el conjunt0 de 10s atriles de la orquesta clásica. La repartición real de 10s instrumentos en el seno de 10s conservatorios responde más o menos al compromiso razonable establecido entre la familia y la escuela, entre el instrumento del estatus social y el instrumento de la profesión. Música de 10s padres Música de 10s conservatorios Música de 10s niiios Falta por ver el tercer vértice del triángulo, pero éste hay que it a buscar10 fuera del conservatorio: la guitarra, el saxo, 10s instrumentos de percusión -bateria y percusionesno están a gusto en las escuelas de música porque éstas, haciendo oidos sordos a las músicas de las cuales son portavoces, hacen ver que no quieren oir de ellos más que las partes subalternas que desempeñan en la orquesta clásica, reduciéndolos asi a un papel secundario. No todos 10s <<jÓvenes)> se definen exclusivamente por las músicas rock o por la guitarra eléctrica, ni mucho menos, pero la estructura que adoptan las prácticas musicales e instrumentales medidas en el con- De una etnografia de la enseñanza musical junto de la pobla~ión,'~ que nos dice que de cada dos adolescentes entre 15 y 19 años uno toca como mínimo <(de vez en cuando, un instrumento, se opone término a término a la estructura elaborada por la construcción de 10s conservatorios: 10s chicos doblan el número de chicas, la práctica instrumental atraviesa todas las categorías sociales y, naturalmente, 10s instrumentos más corrientes son la guitarra, 10s metales, 10s instrumentos de la <(sección ritmica),, que aventajan con mucho a 10s de cuerda. La diferencia de repertori0 y de timbres materializa una tercera deíinición de la música, la de 10s adolescentes, a través de 10s instrumentos que conforman su identidad. No se trata de reclamar que 10s conservatorios integren todas las músicas en nombre de una especie de principio de transparencia o de representatividad automática que no pasaria de ser un reflejo de la media de prácticas. Al descomponer las tres definiciones divergentes de la música que ataiíen a 10s tres actores principales de la enseñanza musical, demostramos también que 10s conservatorios tienen derecho a defender su propia <(política)> musical, por ejemplo la de exigir el dominio de una técnica clásica. Pero el derecho a la construcción de su música no ha de convertirse en cerrazón ante otras músicas, ni el distanciamiento legitimo de una formación ha de ser una fosa infranqueable en relación a la realidad de partida de aquellos a quienes se forma. Aquí reside el peligro que acecha a 10s conservatorios: no el de tener una política, si no el de ignorar que la tienen. Considerar su propia definición de la música como la única existente, ver s610 a su alrededor sucedáneos inferiores. Y confundir as1 esfuerzo formativo y enclaustramiento en un univers0 cerrado. L,A MEDIACION COMO METODO La idea principal que la palabra mediación indica, mis que explicarla, se opone a otra representación, sugerida con bastante fidelidad por la idea de intermediario. El intermediario se encuentra entre dos mundos a fin de relacionarlos; su papel es sin duda importante, pero secundario: aparece después de 10 que relaciona, 10s mundos en mestión no 10 necesitan para existir, obedecen a sus propias leyes. El savoir-faire del intermediario es básicamente táctico: teniendo en menta las limitaciones y las leyes de funcionamiento propias de diversas realidades heterodoxas, ha de saber cómo 18. Cf. Les pratiques culturelles des Frrmgais, SER/Ministerio de Cultura francés, DALLOZ, 1982. upapers,: Revista de Sociologia transportar una cosa de la una a la otra, cómo ponerlas en contacto, cómo crear intersecciones. Con <{mediación)> queremos evocar otro tip0 de relaciones. El <tinter)> desaparece. Los mundos no vienen dados con sus leyes. S610 existen relaciones primarias, estratégicas, que definen a la vez 10s términos de la relación y sus modalidades. En el extremo de una mediación no aparece un mundo autónomo, sino otra mediación. Las relaciones forman una red de mediaciones, cuya unidad no puede sumar nadie, pero que produce aglomeraciones, que pueden llegar a ser tan gigantescas como 10s mundos del intermediario, pero se trata de series heterogéneas, cada vez más sólidamente entrelazadas, polarizadas, orientadas como realidades estables, y no realidades primeras cuyas reglas descubre el intermediario a fin de explotarlas. La reformulación en términos de mediaciones y de intermediarios de la cuestión sociológica esencial, la de la constitución <tsocial)>, y no sólo ontológica, psicológica o cientifica de 10s objetos y de 10s sujetos, es sumamente sencilla. &Ómo se pasa de una relación de mediación, entre mediadores que todavía no son mis que su puesta en relación, a un univers0 poblado de realidades, de sujetos u objetos, que se relacionan a través de intermediarios? La problemática de la mediación es, en sentido foucaultiano, una arqueologia. Una inversión de las causas. La explicación no se encuentra nunca en la prolongación del esfuerzo de 10s actores por alcanzar el estado de realidad, de sujeto o de objeto, que basta con relacionar, sino siempre en el cuestionarse, en sentido estricto, la realidad. Así pues, la idea de mediación es para nosotros en primer lugar un método, cuya finalidad es ejecutar una operación precisa. Cada vez que un intermediario nos presenta un objeto, o que un portavoz nos informa sobre 10s sujetos que representa, escuchamos a un mediador que saca a la luz 10s términos de esta relación sujeto-objeto. Cada vez que se emite un juicio, nos remontamos al proceso que 10 ha autorizado. Cada vez que se ve una causa, describimos las acusaciones, es decir, exactamente el proceso de cuestionamiento, que ha permitido que nos entendamos en 10 que respecta a las características de un objeto o de un sujeto. Lo que entonces importa no es ser exhaustivo, declinar la lista de mediaciones musicales como si efectivamente se las pudiera objetivar en una lista cerrada, cosa que las convertiria en términos medios, sino reescribir el todo a partir de diversos puntos de la red musical, y ver cómo se deshace y rehace en cada punto-mediación la pareja formada por 10s objetos utilizados y 10s sujetos movilizados. Asi, este método se atribuye, como primer criteri0 de validación, la capacidad, no de aplicar en sucesivos terrenos una problemática previsible, sino de proporcionar a cada uno de ellos De una etnografia de la enseñanza musical el grano de su propia textura, de una verdad a la vez inesperada y muy próxima a 10s <tactores)>. En efecto, tomar en serio la idea de <tmediaciónl> implica también imponerse con la mayor de las exigencias otra relación con 10s actores observados: la teoria no consiste en ese esfuerzo desesperado del sociólogo por sustraerse a 10s actores, por neutralizar su mediación y por negarles el derecho a que ellos mismos teoricen sobre su mundo. Al contrario, pasa por la prohibición formal de huir de ellos. No se trata de sustituirles de repente en su trabajo de producción de la realidad para definir su objetividad. El10 no significa, por otra parte, que no tengamos derecho a nuestras propias mediaciones, a nuestros procedimientos de delimitación y presentación de su mundo. Sin embargo, hemos de estar presentes como mediadores en el análisis en igualdad de condiciones con nuestros <(observadoss, y éstos han de tener a priovi el derecho, simétrico al nuestro, de definir a 10s dema's ..., ésta es la lección que nos da la etnometodologia. Consecuencia esencial de 10 anteriormente expuesto: el ojo del sociólogo no es esa mirada inquisidora, atenta a descalificar a aquel que est6 sometido a su interrogación, mirada menos <(crítica)> que voluntariamente ciega, sino un Órgano simpático que permite al otro leerse y cuestionarse, e ir rectgcando a través de impactos sucesivos la visión que cree que da de sí mismo a su interrogador. CONCLUSION: VOLVAMOS A LA OBRA ... Y A LA SOCIOLOGIA El estudioso de la estética y el sociólogo esperan, expectantes, el momento en que el razonamiento se adentrará en su coto. El primer0 es impermeable a todo argumento que no permita remontarse al corazón del tabernáculo: a la obra de arte en su altar; el segundo, por el contrario, busca apoyarse en algo más fuerte que la obra para destronarla, y para eíio desciende a las profundidades de mecanismos sociales bastante generales a íin de reducir su autonomia a una obediencia a escondidas. Entretenerse en las mediaciones quiere decir precisamente negarse a esta reducción de las realizaciones musicales a una causa primera, ya esté del lado del arte o de 10 social, que remita a la serenidad última del objeto o a la serviI dumbre ciega de 10s sujetos. Hasta que las causas no sean entendidas así quedan muchos velos por apartar. Mirando a ambos lados de la cadena, hemos observado aquí cómo se incorpora la música al niño. Así, en primer lugar, del lado del sujeto, hemos visto cómo se pasa de la indiferencia <<Papers)>: Revista de Sociologia reciproca de 10s niiios y 10s sonidos, en el barullo simpático de una clase Uena de intereses diversos (10s padres, 10s compañeros, el bigote del profe, 10s instrumentos y 10s manuales.. .), al doble reconocimiento musical: el de 10s sonidos por parte del pequeño músico y el de 10s músicos por parte de su competencia a la hora de oir 10s sonidos. En otra parte hemos analizado, por otro lado, el combate que libra la teoria musical a fin de basar su arte en las leyes de la Naturaleza, partiendo a la inversa del mundo de 10s objetos. O cómo se va, simétricamente, de una definición de la música convencional, social, ritual o religiosa, es decir, de una mezcla inextricable de intereses humanos y de materias sonoras, a una división clara entre el ámbito de la subjetividad del hombre, ascendido a la categoria de creador, y el ámbito de las leyes fisicas en las que se basa la objetividad del lenguaje musical. Dicho de otro modo, una vez visto cómo la enseñanza admite la existencia del objeto musical a fin de atribuir mejor al hombrecito las caracteristicas perceptivas que 10 transforman en músico (o que 10 excluyen por falta de talento), hemos visto el combate que libran 10s teóricos de la música, desde Rameau a la reforma del solfeo, efectuando la operación inversa: la teoria lucha a fin de atribuir mejor al objeto las caracteristicas musicales, para separar10 mejor de las obras y de 10s estilos que no son sino sus vestigios y remitirse a un principio generalizador que no depende del músico. Hemos visto que la serie de mediaciones, basándose unas en otras, sustituyen poc0 a poc0 la bella simetria de la pareja sujeto-objeto. Acerquémonos un poc0 más a las obras. Música, gamas, instrumentos, partituras, discos. Detrás de cada objeto se ocultan sólidas tutelas, otras solidificaciones en serie: las leyes de la tonalidad tras las apariencias de la gama, 10s cuerpos sonoros y sus propiedades acústicas tras 10s instrumentos; toneladas de erudición, de papel amazacotado en las bibliotecas que 10s especialista~ nos leen y nos releen, una vez nos han tocado las obras de determinada manera. Y entre ellos y nosotros, 10s intérpretes. Del virtuoso, que viene a interponerse como pantalla ante obras convertidas en pretextos, al humilde servidor de quien es más grande que 41, obsesionado únicamente por restituir fielmente las intenciones del compositor, el intérprete, ese trujamán que el medio sonoro impone a la música, encontramos todas las figuras posibles de la mediación: la invisibilidad y la opacidad, la traducción y la traición. El intérprete nos invita a que ampliemos nuestro propio repertorio: a que desarrollemos el análisis de 10s intermediarios de la música, no ya en 19. ctRameau et l'harmonie: comment avoir raison de la musique?, en J. Ph. Rameau, actas del Coloquio de Dijon, Paris, Champion-Slatkine, 1987. De una etnografia de la enseñanza musicai tanto que <tobjeto constante)>, como es el caso de la enseñanza, ni en tanto que ctsujeto constante),, como sucede con la historia de la teoria musical, sino en situación real, cuando la música se toca, es decir, que todo puede variar de manera reciproca -entre tanto, nuestro mundo musical se ha visto considerablemente poblado; la simple oposición música/público se ve transtornada por la superposición de pantallas sucesivas y heterogéneas a través de las cuales hay que pasar antes de alcanzar, de forma cada vez mejor definida, endurecida y determinada, una relación crecientemente naturalizada, autojustiíicada, evidente, entre objetos puramente musicales y sujetos de preferencias perfectamente formados. Habremos visto cómo se forman 10s niños, 10s lenguajes, 10s instrumentos, 10s músicos, y cómo de esta manera se llena de sucesivos enlaces, que se remiten unos a otros, la zona intermedia que en principio s610 constituia el espacio necesario para el cara a cara entre la música y el hombre de gusto. Tras habernos acercado a la obra y no haber encontrado más que una sarta de mediaciones, hemos de ir finalmente a mirar desde el lado del pública por si no estuviera allí el punto final, por si la reducción de todos estos intermediarios al principio que 10s rige sin que 10 sepan no tuviera lugar basándose en una teoria de 10 social. Es ésta una tentación especialmente irresistible para el sociólogo: ya deje a la estética la tarea de preservar una definición autónoma del objeto de arte o bien, más imperialista, relacione con la objetividad subterránea de la interpretación sociológica la objetividad ilusoria de la obra de arte, el caso es que, por su profesión, se aferra a la pertinencia de analizar el público. Si una sociologia del arte no es posible, porque mete la nariz donde no la llaman (versión liberal) o porque el mismo objeto de la sociologia consiste en hacer desaparecer como artefacto el objeto de arte (versión totalitaria), hay que relacionarla con una sociología de la cultura. Por otra parte, esta división del trabajo se ajusta al sentido común disciplinario: entre 10s no sociólogos, hablar de la sociologia de la música implica hablar de encuestas sobre la CSP (composición socio-profesional) de 10s asistentes a 10s conciertos. Si aceptamos que la idea general de la mediación no es la de redoblar, tras haberlo negado reiteradamente, el esfuerzo de 10s hombres por atribuir su fuerza a 10s objetos, ha llegado el momento de mostrarse intransigente: no hay público sin un mediador que 10 haga aparecer, no podemos recurrir a una definición del sujeto social que actúe como un cortocircuito en el trabajo que realizan 10s actores de la nlúsica para producir músicos. La mediación no es un medio del sujeto.. . ni un merisajero del objeto. Es primordial para 10s dos términos que constituyen esta pareja, a la que no deja de reescribir. El critico de arte no descubre el valor secreto de la obra de arte, sino que a través de su critica produce dicho valor y establece *Papers,: Revista de Sociologia la competencia del aiicionado para discernirlo. Esta producción a través de la mediación no implica en absolut0 que valor y competencia, habiendo perdido su autonomia, se vuelvan ilusorios sino, al contrario, significa que salen de cada etapa mis realizados -y cuanto más se separen del trabajo del crítico y 10 releguen al rango de intermediario imperfecto entre la obra y las preferencias, más positivo habrá sido su trabajo de base. De manera similar, el niiio que asiste a clase de música no tiene delante nada que pueda llamarse <(la música>>, sino que tiene un profesor, un instrumento, manuales y ejercicios; se convierte en músico cuando ve la música detds de estas mediaciones, cuando éstas no son percibidas como tales, sino como una serie de medios entre muchos posibles para llegar a la música: al igual que el crítico, el profesor habrá cumplido su misión de mediador cuando el niiio ya no le vea como intermediario, como un término medio entre él y la realidad musical. La hipótesis de la mediación es, pues, en primer lugar, una exigencia metodológica radical: ¿qui sucede si afirmamos hasta el final que no existe una realidad primera del objeto transmitida por sus mediadores y que tampoc~ existen una sociología o una psicologia propias del sujeto receptor? En vez de considerar a 10s mediadores culturales como instrumentos de transmisión entre realidades primeras que obedecen a su propia lógica (el arte, el espectáculo y el sentido por una parte; por la otra, el público, el mercado, 10 social), nos planteamos la hipótesis de que estas realidades son el resultado de un trabajo de mediación que consiste precisamente en establecer dicha separación, en producir a la vez el objeto y su público, uno a través del otro. La oposición constante que encontramos en literatura entre conocimientos del objeto y conocimientos de la sociedad, entre análisis de contenido y análisis de audiencia, entre el planteamiento de la estética y el de la sociología de la cultura, parece sugerir que el trabajo que las disciplinas realizan en torno a la cultura puede interpretarse como la prolongación del trabajo de 10s mediadores culturales: al igual que éstos, tales conocimientos aspiran a infundir su realidad a 10s objetos y a 10s sujetos de la cultura, modificando aquellas características que definen su creciente independencia respecto a sus mediadores. Queda claro, pues, que esta hipótesis no se reduce a la metodologia a la que prudentemente hemos limitado al principio, que s610 resulta interesante si es extrema, es decir, si permite la ruptura radical con toda problemática relativa al objeto o al sujeto: toda problemática que prolongue el movimiento de 10s mediadores para constituir 10s objetos y 10s sujetos, en lugar de tomar este movimiento como su propio objeto de investigación. El movimiento critico clásico consiste en descubrir el mediador que se esconde detrás de 10s objetos que muestra o delante de 10s sujetos De una etnografia de la enseñanza musical que representa. Se trata de substituir inmediatamente su objetividad por otra más fuerte que las anteriores: la revelación de 10 critico, del mercado o del juego de las instituciones como constituyentes del valor del objeto de arte y de la competencia del sujeto estético, se basa en la denuncia de 10s mediadores, remitidos a un sistema de interpretación que 10s objetiva en un nuevo paisaje, lleno a su vez de objetos y de sujetos, pero que ahora están gobernados por las leyes científicas descubiertas por el sabio. La ilusión de la objetividad de la obra o de la subjetividad de la preferencia a las que remiten 10s sujetos estéticos interpelados por el sociólogo s610 se destruye a riesgo de reforzar el propio movimiento que nos hace pasar de un mundo poblado de relaciones de mediación a un universo regido por las leyes del sujeto y del objeto. La ciencia toma el relevo a 10s actores para continuar su tarea de objetivación/subjetivación, 10 que lleva a desposeerlos, en beneficio del sabio, de su poder de mediador: el de hacer aparecer detrás de relaciones contingentes la firmeza de una relación sujetoobjeto. Una tarea intelectual de este tip0 forma parte integrante de 10s procedimientos para establecer realidades culturales; se uata no tanto de criticarla, es decir, substituirla por una que sea aún más mediadora que ella, sino de analizarla al mismo nivel que a éstas. Nada le autoriza a beneficiarse de un estatus supranacional que le permita mostrar las fronteras construidas por 10s demás sin que le vean dibujar las fronteras, todavía mis herméticas, en las que el trabajo científic0 va a encarcelar a sujetos y objetos estéticos. En un plano teórico, puede significar también dotarse de 10s medios para saltar la fosa artificial que separa siempre de entrada el conocimiento puntual de cada objeto musical, por una parte (10s instrumentos, 10s lenguajes, el sonido, 10s hechos y las fechas, las partituras...), y, por otra, una comprensión global de las prácticas musicales a la que la fuerza de 10s objetos envíe a un nivel de generalidad cada vez más desprovisto de toda significación, en tanto que resulta poc0 discriminante: las disciplinas que aún se toman la molestia de intentar proporcionar una explicación teórica se ven ahora obligadas a remontarse a lejanos antepasados rituales o sagrados, o de establecer para si una psicologia universal del tiempo, o de darse en feudo a una sociología global de la cultura o, a falta de causa, se remiten a 10s misterios de la subjetividad y del genio creador -que es tanto como decir que se confiesan derrotadas por su objeto.