Dimensiones subjetivas del cambio social
Abstract
Torregrosa Peris, José R.
Full text
DIMENSIONES SUBJETIVAS DEL CAMBIO SOCIAL José R. Torregrosa Peris Desde 10s origenes mismos de la ciencia moderna ha habido una tendencia hacia la práctica y por tanto hacia la témica. La búsqueda en aplicaciones y el dominio sobre la naturaleza han constituido siempre una dimensión del saber teórico. Pero esa tendencia hacia la interrelación del saber científic0 y técnico, entre investigación teórica y aplicada, parece sin embargo inherente a las condiciones de evolución de nuestras sociedades actuales. Los sociólogos de la ciencia han puesto de manifiesto la cada vez mayor proximidad entre 10s avances científicos y sus posibles aplicaciones prácticas, entre 10s resultados de la investigación y su instrumentalización (técnico-económica). Ciencia y tecnologia aparecen (y subrayo aparecen) cada vez mis como un binomi0 indesligable. El proceso de racionalización, en el sentido de Weber, induce a esa conversión y asimilación de la ciencia en fuerza productiva. Y asi, 10s analistas de la Hamada sociedad postindustrial consideran, en efecto, que el principio axial de su estructura es la centralidad y la codificación del conocimiento teórico. De ahí que sus instituciones fundamentales sean aquéllas que se dedican a la producción de ese conocimiento teórico: universidades, academias, institutos de investigación, etc. La importancia de estas instituciones se deriva, claro está, de que la producción est6 basada directamente en la investigación científico-técnica. Todo esto ha facilitado una relación de cada vez mayor dominio del hombre sobre la naturaleza. Aparentemente, la vieja pretensión comtiana de <(saber para prever y prever para poder),,
<(Papers)>: Revista de Sociologia encuentra de este modo su expresión en la institucionalización de la ciencia. El binomi0 ciencia-tecnologia se ha convertido en un elemento primordial del proceso de modernización, La imagen de la ciencia como progresiva acumulación de sabees que permiten un mayor dominio y control de la naturaleza alimentaba la esperanza de una constante mejora en las condiciones generales de vida y de un perfeccionamiento de la propia condición humana. El progreso no s610 seria material, sino también moral; ambos conllevarian un mayor grado de felicidad y satisfacción generalizadas. Pero esta idea no ha podido ocultar en nin& momento -ahi est6 una gran parte de la tradición sociológica para demostrarloque 10s procesos de transición a la modernidad han ido acompañados de una dislocación de las instituciones y 10s vinculos tradicionales, y de angustias y sufrimientos para muchos millones de seres humanos. El siglo veinte, con dos guerras mundiales y otras muchas parciales, con la utilización de la energia atómica para la destrucción de seres humanos, con genocidios planificados, etcétera, no permite pensar que este proceso de modernización tenga menos consecuencias negativas para la especie humana. No trato de apoyar, con esta elemental constatación, una posición antiprogresista, o de minimizar 10s fantásticos logros que la ciencia y la técnica suponen. Trato, por el contrario, de subrayar un hecho, por otra parte obvio: el de que las consecuencias de la transición a la modernidad no se ajustan a 10 que la ideologia del progreso prometia; y que si el desarrollo científico-técnico ha conducido a la resolución de muchos graves problemas, no por ello ha dejado de plantear y de provocar otros igualmente graves. Lo que esta observación genérica nos permite también ver es que no cabe pensar en términos excesivamente simples y unidireccionales respecto al cambio tecnológico. No existe ulra lógica intrinseca unidireccional respecto al impacto que la introducción de nuevas tecnologías pueda tener en el sistema social, en las relaciones de las partes que 10 integran y en las personas concretas. No cabe deducir la inexorabilidad de un determinisme tecnológico, mis o menos explícitamente formulado o dejado entrever, como señuelo de un progreso social necesario al que acríticamente debamos apuntarnos. Si bien la ciencia y la técnica tienen una estructura intrinseca que, una vez dksarrollada, ejerce un conjunt0 de constricciones genéricas que pueden considerarse de validez universal, su impacto social, sus consecuencias o efectos específicos dependerán totalmente del contexto de relaciones sociales en el que se inscriban. La tecnologia, por tanto, en sus posibles efectos, es necesario considerarla en relación con 10s otros elementos que integran el sistema socio-cultural. El sentido último de sus consecuencias dependerá de 10s valores, manifiestos o latentes, que orientan la acción de sistema que la genera, la difun-
Dimensiones subjetivas del cambio sociai de o la utiliza. Por supuesto que esos valores se revelan ya en el hecho de generarla, de difundirla o de utilizarla; ella misma es expresión objetivada de ciertos fines. Estas consideraciones las hago con el Animo de mostrar la pertinencia de una cierta subjetiuización en la perspectiva sobre el cambio social. Cualldo hablo de dimensiones subjetivas no quiero decir s610 factores psicológicos, en un intento de complementar factores considerados sociológicos o estructurales. Quiero señalar el hecho de que 10s procesos sociales, de cambio o funcionales, no son simplemente prmesos mecánicos a 10s que pasivamente se adaptan quienes en ellos participan o 10s sufren, sino entramados de acciones en 10s que las concepciones, las actitudes, las intenciones, 10s motivos, etc., de 10s actores intervienen activamente en el decurso de esos procesos. El10 significa que tras la aparente inexor~bilid~d de algunos procesos puede haber, en realidad, una pluralidad de opciones. Hacernos conscientes de las mismas es poder optar racionalmente por un modelo de cambio. Si el impacto de la adopción generalizada de las nuevas tecnologias es de la profundidad y el alcance previstos, es claro que su introducción no deberia dejarse a la sola espontaneidad social, sino que debería atenerse a un modelo de cambio social planificado que respondiese a 10s intereses generales de la sociedad. Por supuesto que ese cambio planificado puede y debe llevarse a efecto democráticamente, es decir, con la participación activa de aquellos a quienes vaya a afectar rnás directamente. De este modo, 10s motivos para la adopción de determinadas innovaciones se hacen más transparenties y 10s posibles conflictos de intereses también. En momentos de up cierto auge neoliberal, el concepto de <tcambio social planificado)> puede parecer démodé. Pero no Veo otra forma de evitar las consecuencias no queridas del cgmbio, o de inducir una mentalidad de apertura y flexibilidad hacia las innovaciones, más que a través de un esfuerzo de autoconsciencia y control colectivos de 10s procesos sociales. La subjetivización del cambio la entiendo, pues, como una participación colectiva consciente en el establecimiento de sus fines y en la fijación de medios para su consecución. Tanto para un programa de introducción y diseminación generalizada de una innovación tecnológica, como para cornprobar 10s efectos de su adopción, es necesario tener en cuenta las actitudes y la mentalidad del sector soda1 de que se trate, 10s intereses en juego, sus expectativas y valores, sus posibles resistencias. El conocimiento concreto de esas dimensiones proporcionaria un marco de interpretación rnás preciso sobre la aceptación o rechazo de determinadas tecnologias, sobre las razones subyacentes de su adopción, muchas veces no por un nexo estrictamente racional de medios-fines, asi como las consecuencias que pueda
aPapersu: Revista de Sociologia tener su introducción y generalización en el cambio de pautas tradicionales y de relación social, y en la (subjectividad) individual. Harían falta estudios empíricos (concretos) sobre 10s efectos de las tecnologia~ espedficas, teniendo en cuenta las fases por las que pasa una innovación hasta su uso generalizado. Estudios longitudinales que, a su vez, deberían ser tenidos en cuenta y servir de base para sucesivas introducciones de cambio y su planificación. No existen muchos estudios empíricos de esta índole que permitan extraer conclusiones claras sobre 10s efectos psicosociales de estas nuevas tecnologías, a algunos de 10s cuales me referiré en seguida. Sí existen en cambio muchas conjeturas, profecías, etc., sobre 10s pros y 10s contras que puedan derivarse de un uso generalizado de la electrónica. Una reflexión reciente, en este sentido, la constituye el libro de Julián Marías Cara y cruz de la electrónica (1985). En él se señalan como potencialidades de la electrónica: El incremento de la información disponible, capacidad de memoria, facilitación de las comunicaciones personales, dilatación del mundo accesible, incremento de las acciones posibles, ahorro de esfuerzo, e instantaneidad. Resulta difícil no estar de acuerdo con estas categorías que, debidamente expandidas, pueden describir bastante bien el horizonte de posibilidades que abre la electrónica. En cuanto a sus posibles consecuencias negativas en el pensar humano señala Marías, entre otras: automatización del saber, mera facticidad, atomización, tendencia a la cuantificación, propensión a simplificar las cuestiones, reducción de la realidad humana a 10s modelos de las ciencias naturales, limitación de la esfera del saber al alcance de un computador, 10 que en epistemologia han llegado a llamar la ley del instrumento, (es decir, si tenemos un instrumento para formular nuestros pensamientos, nuestras investigaciones, es muy posible que nos dejemos llevar más por la estructura de ese instrumento que por preguntas genuinas propias) y en última instancia renuncia a la razón. Desde esta perspectiva el ordenador puede legitimar una versión rutinizada de un estilo de pensamiento empobrecido del que podria quedar ausente la razón y su ejercicio. En un plano más genérico, las técnicas electrónicas, precisamente por las caracteristicas positivas que hemos sefialado al principio, permiten una identificación masificada de cada persona, con la posibilidad de incluir en la misma todo tip0 de informaciones y de registrar sucesivamente sus trayectorias. Obviamente esto puede ser útil en áreas como la sanidad o en la racionalización del cumplimiento de las obligaciones fiscales o en la seguridad pública, pero también pueden sustituir con infinita ventaja a 10s viejos ficheros de las policías políticas. Si a ello añadimos las posibilidades prácticamente ilimitadas de invadir la privaticidad, la perfección con que se cierra
Dimensiones subjetivas del cambio social el circulo del control social, es sin duda inquietante. Las nuevas tecnologías, pueden ser un serio riesgo para la libertad. Ahora bien, (en qué medida las predicciones en torno a 10s posibles efectos de las nuevas tecnologías se han ido cumpliendo en el plano real? Aquí tendremos que echar mano de una evidencia comparada aunque tentativa. En un número monográfico reciente del a Journal of Social Issues>>, dedicado precisamente al estudio de 10s efectos psicosociales de 10s ordenadores, se llega a la conclusión de que la experiencia, tanto la de 10s estudios empíricos existentes como la de 10s implicados en el uso de ordenadores, tiende a desconfirmar las profecías y grandes visiones sobre 10s mismos, y a poner de relieve otros problemas relacionados con el contexto social en el que son usados (Caporael, 1984). Esta afirmación tiene en consideración estudios sobre tres áreas: la privaticidad, la educación y el empleo. Es decir, no se han cumplido cambios revolucionarios que se esperaban iban a producirse en las dos últimas décadas. La conclusión más genérica de este número monográfico es que la tecnologia de 10s ordenadores, al menos en su estadio de transición, amplifica la realidad de las circunstancias actuales y 10s problemas de vivir en una sociedad compleja (Caporael y Thorngate, 1984). Así, por ejemplo, entre las mujeres que trabajan en casa con el ordenador, el conflicto de roles experimentado debido a la no separación física entre el trabajo profesional y el doméstico es mayor que entre 10s hombres. O el dilema de status en el que se encuentran 10s profesores ante el hecho de tener que aprender, en ocasiones, de alumnos expertos en el manejo del ordenador, o al menos más expertos que ellos. Los que somos profesores nos hemos visto algunas veces en esta tesitura. Esta conclusión tiene también plenamente sentido si la formulamos para un nivel rnás macrosociol6gico: la conflictividad social tenders a aumentar a corto y medio plazo con la introducción de nuevas tecnologías en 10s contextos de trabajo. En cualquier caso, es poc0 lo que sabemos empiricamente sobre 10s efectos psicosociales de las nuevas tecnologías. Sabemos ya que por el mero hecho de su áifusión y por el tiempo empleado en eílas, están ya afectando directamente la conducta y la experiencia de amplios sectores sociales. Pero cómo 10 están haciendo, en qué grado, en qué aspectos específicos de la experiencia personal, no 10 sabemos. No conocemos tampoc0 cuál es la imagen que de las distintas tecnologías tiene la sociedad. El ritmo de cambio es en sí mismo un factor de confusión adicional. En este sentido, dos psicólogos evolutivos, expertos en estos temas, refiriéndose a la introducción en el aula de nuevas tecnologías, acaban de señalar, cito textualmente: <tNaturalmente todo esto tiene que tener una influencia sobre el desarroílo de 10s niños, aunque no sabemos aún qué tip0 de inffuencia, 10
,ctPaperss: Revista de Sociologia profunda que será y hasta qué punto alterar6 este desarrollo)> (Del Val y Enesco, 1985, p. 14). Lo que esto quiere decir es que hay que seguir investigando. Mientras tanto, conviene insistir en que tanto las potencialidades como 10s peligros no son intrínsecos a la tecnologia, sino que están en 10s valores contradictorios de quienes la generan, la difunden y la utilizan. No se debe atribuir a la técnica unas responsabilidades que sólo cabe inscribir en el marco social del que son resultado. La autonomización y la objetivación del proceso científico-técnico son una forma de desresponsabilización colectiva, además de una insuficiencia analítica. No basta, por tanto, con analizar la pragmática estructura de 10s propios medios técnicos y de sus usos ya reales o incipientes. Hay que desentrañar la estructura de fines, de valores, $de intenciones, de expectativas, etc., que subyacen y orientan la concepción, el desarrollo, la puesta a punto y la diseminación de la misma. Porque si no hay una legalidad inmanente y necesaria en el desarrollo tecnológico, es entonces el resultado de un proyecto cuyo sentido hay que desvelar. Y detrás de 10s proyectos siempre hay alguien, un sujeto individual o colectivo. Un sujeto con unos intereses, con una ideologia, unos fines, una estrategia. De ahí que el Único modo de superar esa ambigiiedad inherente a 10s posibles efectos de la técnica sea reconducir el proyecto que la genera, como parte integrante del mismo, a una discusión colectiva de 10s fines, soldar intelectual y prácticamente el discurso de la racionalidad instrumental con el de la racionalidad sustantiva, intentar recomponer esa escisión que el mundo modern0 ha consumado, mediante el claro predomini0 de la racionalidad instrumental subordinada a la lógica del poder y de la dominación. Como ha señalado Habermas, cito textualrnente: aLo que hay que hacer más bien es poner en marcha una discusión políticamente eficaz que logre poner en relación, de forma racionalmente vinculante, el potencial social de saber y poder técnicos con nuestro saber y querer prácticos t...). Sólo cuando seamos capaces de sostener esta dialéctica con conciencia política, podremos también tomar las riendas de la mediación de progreso técnico con la práctica de la vida social (. . .)D (Habermas, 1984, p. 129).
Dimensiones subjetivas del carnbio REFERENCIAS Marías, Julián: Cara y Cruz de la electrónica. Espasa-Calpe, Madrid, 1985. Caporael, L. R. y Thorngate, W.: Introduction: towards the Social Psychology of computing. <{Journa1 of Social Issuesn. Vol. 40, núm. 3, 1984, pp. 1-13. Caporael, L. R.: Computers, prophecy, and experience: a bistorical peuspective. <(Journa1 of Social Issues)>. Vol. 40, núm. 3, 1984, pp. 15-29. De Val, J. y Enesco, I.: Prólogo al libro de Greenfield, P. M.: El niño y 10s medios de comunicación. Ed. Morata, Madrid 1985, pp. 11-16. Habermas, J.: Ciencia y técnica como <tideologia)>. Ed. Tecnos, Madrid 1984.