La controversia liberal-comunitarista en educación
Abstract
El objetivo de este articulo radica, en primer lugar, en considerar la justificación racional de la existencia de la corriente "comunitarista" como linea de pensamiento. Para ello, la autora contrapone el comunitarismo al liberalismo, y, en segundo lugar, pasa revista a las tesis básicas de los autores comunitaristas (principalmente Sandel, Taylor, MacInryre y Walzer). Finalmente se muestran las aplicaciones que el comunitarismo tiene en filosofia de la educación.
Full text
Enrahonar 24, 1995 81-97 La controversia liberal-comunitarista en educación Concepción Naval Universidad de Navarra. Spain Resumen El objetivo de este artículo radica, en primer lugar, en considerar la justificación racional de la existencia de la corriente ~<comunitaristan como línea de pensamiento. Para ello, la autora contrapone el comunitarismo al liberalismo, y, en segundo lugar, pasa revista a las tesis básicas de los autores comunitaristas (principalmente Sandel, Taylor, MacIntyre y Walzer). Finalmente se muestran las aplicaciones que el comunitarismo tiene en filosofía de la educación. Palabras clave: comunitarismo, liberalismo, filosofía política de la educación. Abstract. The libeinl-commz~nitnvisr contvovei.9 in education The primary objective of this article is to consider the rational justification of the existence of the ncommunitarist~, current as a line of thought. The author compares communitarism and liberalism and then reviews [he basic theses of the communitarist authors (mainly Sandel, Taylor, MacIntyre and Walzer). Finally, she offers applications of communitarism in the philosophy of education. Key words: communitarism, liberalism, political philosophy of education. Pienso que a pocos escapa hoy la conveniencia y aún la necesidad de subrayar algunos aspectos que podríamos llamar ((sociales)) de la educación. Es la misma sociedad que nos rodea quien percibe esa necesidad y espera una respuesta que, de algún modo, apunte a una «formación del carácter)) de la persona en sus variadas vertientes. Cualquier persona medianamente sensible al entorno social detecta que es el completo modo de vida el que educa. El entorno social en su conjunto nos educa, y crea el contexto en el cual nuestras escuelas operac, haciéndolo posible o por el contrario, socavándolo. Una genuina ((sociedad educadora)) significa más que una sociedad con buenas escuelas. Significa, entre otras cosas, una sociedad con un sentido sano de lo que es bueno para la comunidad, con una moral social y con una vívida memoria de su propio pasado cultural. Las escuelas pueden contribuir a esto, pero no pueden crearlo fuera de todo
82 Enrahonar 24, 1995 Concepción Naval contexto. Quizá alguno podrá pensar, no sin razón, que sólo una transformación democrática de nuestras instituciones haría posible esta genuina ((saciedad educadora)>'. En este sentido es interesante ver, como muestran distintos trabajos2, que la educación sólo puede tener éxito cuando: en la escuela misma, su dirección y docentes, tienen un concepto solidario de su misión, fuertes familias están detrás de los niños y las comunidades implicadas ayudan a las familias en la organización y para mantener las escuelas. A nivel de educación superior, por otra parte, es frecuente encontrar que muchos profesores universitarios están más orientados a sus disciplinas que a los propósitos educativos de sus instituciones, si es que éstas los tienen, y no siempre ocupa un lugar importante en su tarea pensar acerca de las implicaciones educativas de lo que están haciendo. Una mayor conciencia de las grandes cuestiones educativas en ellos sería probablemente una condición para el éxito de una innovación institucional. Necesitamos, en este sentido, recuperar como un paradigma de conocimiento ampliado, que reconozca el valor de la ciencia pero que reconozca también que otros modos de conocimiento tienen igual dignidad. La razón práctica, en su sentido clásico de razón moral, necesita recuperar su importancia en la vida educativa. Convendría dar algo más que un saludo al arte y a la literatura; no son meros contenedores de valores expresivos, pueden darnos frecuentemente una profunda visión moral. El ethos es el verdadero sujeto de las humanidades y de las ciencias sociales; la ética no puede ser sólo, posiblemente, una especialidad más, o un conjunto de procedimientos que simplemente pueden ser espolvoreados donde son necesitados. Convendría, por el conrrario, apuntar a una visión de la ciencia como un proceso social que no puede ser divorciado del aprendizaje moral y de la imaginación sin el empobrecimiento de cada área. De algún modo, el pasado no está aún superado y la asimilación crítica de él es una tarea central de la educación. Por otro lado, la idea de la educación para la ciudadanía (educar ciudadanos) en un mundo complejo como el nuestro, no es un pintoresco aparato del curriculum del siglo pasado. Es una tarea esencial para una sociedad libre en el mundo moderno. Así se apuntaría a redefinir nuestro paradigma de conocimiento para ver por qué la educación para la ciudadanía no es meramente subsidiaria del complejo cognitivo dominante de la educación media y superior, y tampoco es un decorado de la educación !general, ideológicamente necesario, pero carente de validez cognitiva. En el fondo, la competencia cognitiva es esencial para el ciudadano efectivo, pero en estrecha interacción con la sensibilidad moral y la visión imaginativa. Quizá la especialización en la enseñanza fue una fase esencial en el desarrollo de la educación, pero ahora es 1. Cf. BELWH, R.N. y otros, The Good Sociegt, Vinrage Books, Random House Inc, Nueva York, 1992, especialmente el capítulo 5 (<<Education: Technical and Moral»). 2. Cf. por ejemplo los realizados en USA: entre ellos, J.S. Coleman, T. Hoffer and S. Kilgore, High SchoolAchievernent, Basic Books, Nueva York, 1982 y J.S. Coleman and T. Hoffer, Public and Priuate High Shool: The Impact of Communig, Basic Books, Nueva York, 1987.
La controversia liberal-comunitarisra en educación Enrahonar 24. 1995 83 claramente el momento de reintegrar la cognición en un entendimiento humano más completo. Son precisamente estos aspectos ((sociales)) los que parece viene a subrayar de algún modo el movimiento (ccomunitarista)) que se ha desarrollado con gran profusión en América del Norte desde los últimos debates de los años ochenta y antes3. Quizá las reflexiones presentes pueden dar la impresión, porque es la realidad, de que se encaminan más que a una exposición detallada o sistemática del pensamiento ((comunitarista)) en educación -habría que justificar primero la misma posibilidad de ese proyecto-, a sefialar algunos puntos clave que en ese movimiento se apuntan e indicar un intento de superación de las rígidas distinciones entre comunitaristas y liberales, yendo a seleccionar las ideas que puedan ser valiosas para una adecuada filosofía de la educación. La corriente denominada <ccomunitarismo» -de hecho, una corriente de pensamiento filosófico, moral y político, acompañado de algunas cristalizaciones concretases un fenómeno que se ha adueñado de un amplio sector de las ciencias humanas y sociales, sea de corte anglo-americano o continentaleuropeo, en el mundo occidental. Se manifiesta tanto en el lenguaje como en el modo de razonar de la política (filosofía práctica, teoría política, ciencia política), de la sociología y de la ética, en un primer momento; y de la economía, de la psicología y de la educación después. Respecto a esta última, ha influido en gran medida en la filosofía de la educación, en la política educativa y en la educación moral (o como hoy algunos prefieren llamarla: educación del carácter). De todas formas, si hablamos acerca del comunitarismo, cabe plantearse, ante todo, su posibilidad o la justificación racional de su existencia como línea de pensamiento. Habría que responder a quienes perciben en él nada más que un concepto a modo de comodín para reunir a pensadores e ideas inconexos entre sí. En la hipótesis de que tenga mayor sustancia que una mera etiqueta, que una racionalización expostficto de algunos estudiosos, entonces, ¿quiénes so11 sus protagonistas?, ¿qué rasgos comunes hay entre sus enseñanzas que den validez a que sean llamados comunitaristas?, ¿quizá habrá que buscar una solución más allá del liberalismo y del com~nitarismo?~. 3. Para mayor información puede verse el número monográfico de Krisis, í(Communauté?n, n. 16. VI. 1994. 4. Cf. IMULHALL, S. & SVJIFT, A,, Liberals & Canzrnttnitarians, Oxford, Blackwell, 1992. Presenta las ideas de cuatro pensadores habitualmente mirados como críticos comunitaristas del liberalismo: M. Sandel, A. MacIntyre, Ch. Taylor y M. Walzer. Identifica los temas que estos teóricos tienen en común, los caminos en los que difieren y su relación con las cuestiones ya establecidas inicialmente. Después examinan las más recientes afirmaciones de la posición de Rawls, que es llamada comúnmente, <<el nuevo Rawls<(. Argumentando esto, al menos en algunos de sus escritos, el nuevo Rawls puede ser entendido como intentando formular una posición liberal que es sensible a los aspectos de la crítica comunitaria. Por último, se presta atención a dos teóricos que pueden ser vistos también como liberales comunirarisras, Richard Rorty y Joseph Raz.
84 Enrahonar 24, 1995 Concepción Naval Antes de pasar al campo específico de la educación vamos a ver un breve apunte de la génesis del comunitarismo frente al liberalismo. La ideología liberal generalmente ha interpretado el hecho comunitario en estrecha relación con la emergencia de la modernidad: en cuanto el mundo moderno se constituye como tal, los lazos comunitarios son condenados a deshacerse en beneficio de modos de asociación más voluntarios y contractuales, y modos de comportamiento más racionalistas e individuales. En esta óptica la comunidad5 aparece como un fenómeno residual, que las burocracias institucionales y los mercados globales son llamados a erradicar y disolver. Todo acento puesto sobre el valor de la comunidad es así interpretado, como supervivencia conservadora, o como nostalgia romántica y utópica, o como llamada a una forma u otra de colectivismo. Toda esta temática se ordena alrededor de las nociones de progreso, razón e individuo abstracto. Muchos autores han estudiado el vínculo social en relación con la noción de comunidad, poniendo ésta en ocasiones en oposición a la de sociedad. La conceptualización de los términos de Gemeinschaft (comunidad) y Gesellschaf (sociedad) es central para toda la joven sociología alemana de finales de siglo, después del trabajo fundador de Ferdinand Tonnies, aparecido en 1887~. En esta aproximación Martin Buber introduce en 1900 una nueva distinción entre la antigua ((comunidad de sangre)) y la nueva ((comunidad elegida)), en tanto que Max Weber utiliza la noción de ((comunitarizaciónn (o comunalización) para describir el proceso de orientación mutua que se produce bajo el efecto de sentimientos comunitarios entre miembros de una polis dada. La misma dicotomía parece estar, en parte, en Durkheim en la oposición conceptual entre solidaridad mecánica y solidaridad orgánica. Ésta se prolonga en los trabajos de G. Simmel, H. Plessner, T. Parsons y también de L. Dumont. El declinar de la comunidad es enton5. El término americano cowzmuniy no es exactamenre un sinónimo del término comunidad castellano, ni del francés communauté, ni del alemán Gemeinschaft. Es significativo que en alemán utilizan el término Kommu;zitarisinus para evocar la corriente comunitaria americana. En USA la palabra evoca tanto la comunidad política en el sentido global, como las sub-comunidades culturales, religiosas o étnicas que aquélla puede englobar. En su acepción más simple, la cornínunig~ es un conjunto de individuos en estado de inrerdependencia social, ligados entre sí por las costumbres, los hábitos y las situaciones existenciales comunes, que se encuentran por este hecho dirigidos a debatir y decidir igualmente en común. Sobre esre tema, se puede ver: NISBET? R.. (1953) The Quest$i Coininunir,i. Oxford: Oxford University Press; REDFIELD, R. (1955) The Little Comwzuni~. Viewpointsfiioi. the Stuh ofa Hunzan Whole. Chicago: University of Chicago Press. R. BE~IH y otros, (1985) en Habits of the Heart. Serkeley, California: Universiry of California Press, define 12 comunidad como (Cf. p. 393) aun grupo de personas que dependen socialmente unas de otras, que participan juntas en los debates y en la toma de decisiones p que comparten ciertas pl-dcticas que, a la vez,. dcfinen la comunidad p son alimentados por ella. Una comunidad de este tipo no se forma rápidamente. Casi siempre posee una historia y en este sen:ido es también una co~zunidaadde ínei?zoiza, definida en parte por su pasado y su memoria de estc pasadon. 6. TONSIES, F. (1960-1887). Gemei;?schaj? und Gesellschaj?. Darmstadt: Wissenschakliche Buchgeselischaft.
La controversia liberal-comunitarista en educación Enrahonar 24, 1995 85 ces un tema importante en el pensamiento de los intelectuales que contribuyeron a la fundación de la sociología en el siglo XIX'. Más recientemente los pilares de esta aproximación crítica de la noción de comunidad han parecido requebrajarse. Concretamente la ideología delprogreso aparece como la más afectada, en la medida en que las promesas que había formulado no se cumplen. Un conjunto de fenómenos hacen que el futuro inspire más inquietudes que esperanzas8: fenómenos como el choque producido por los totalitarismos del siglo XX, la noción de líiizite puesta en boga por la difusión del ecologismo, el malestar que resulta del hecho de que el nivel de vida prometido no se eleva en la medida en que lo espera la mayoria y que las cosas materiales no dispensan por ellas mismas ningún sentido a la existencia humana. A esta crisis de la ideología del progreso se une otra que afecta a la razón pura y al individuo abstracto. Toda la corriente postmodernista contesta la omnipotencia de la razón; Habermas mismo rechaza la noción de razón trascendental, tal como la concibió la Ilustración; la razón es redefinida entonces en relación con la finitud humana, lo que implica reconocer la naturaleza de un sujeto cognoscente9. Se podría decir en un sentido que de este esfuerzo por salvar la razón ha nacido la teoría de la ética comunicativa. Derrida, por su lado, muestra que la razón está incrustada en las formas de vida y en la inconmensurabilidad de los juegos del lenguaje. Hans Georg Gadarner no es menos crítico hacia el racionalismo de la Ilustración y hacia lo que llama el ((prejuicio contra los prejuicios,)10. Muestra que la razón no puede ser comprendida como aquello por lo que el hombre se libera de su contexto social-histórico, y define los «prejuicios)) legítimos como aquellos destinados a facilitar la comprensión hermenéutica como modo primordial de la presencia humana en el mundo. Hay pues una historicidad de la creencia, una contextualización de la comprensión de la que no se puede hacer abstracción. De hecho toda una serie 7. Cf. NISBET, Robert (1971). The sociological tvadition. Londres: Heinemann. 8. Cf. LASH, Christopher (1 991). The True and Only Heaven. Progress and its Critics. Nueva York: W.W. Norron. 9. Cf. HABEILCIAS, Jurgen (1985). Derphilosophiscbe Diskurs der ModPine. Frankfurt: Suhrkamp; (1 989). El discursof;Iosd~ro de la modernidad: doce krciones. Madrid: Taurus. 10. <<Repoussant a la fois la dichotomie sujet-objet et l'idée que la réflexion sur soi peut transcender le contexte social-historique, il rompt du meme coup avec I'opposition classique entre raison et préjugé, raison et tradition, raison et autoriré, et que la volonté d'en finir avec les "préjugés" reflete elle-meme un préjugé fondamental dans leqiiel réside toute I'essence des Lumieresx (A. de BENOIST, o.c., p. 3). Cf. GADAVER, H.G. (1977). Verdady método. Salamanca: Sígueme; PUMER, L.iM. ((Gadamer and [he Eniigrhment's "Prejudice Against Al1 Prejudices",,, Clio, verano 1993, p. 369-376. Esta discusión evoca el debate que enfrentó a fines de los años cuarenta a M. Oakeshott y K.Popper sobre el valor de la modernidad y de la razón. El primero, veía en el reino hegemónico de la razón moderna la causa del desprecio de la experiencia y de las tradiciones. Cf. OAKESHOTT, M. (1962). «Rarionalism in Politicsn, Ralionalisnz in Politics and otbev Essay. London: ~Methuen; POPPER, K. (1968). ((Towards a Rational Theory of Traditionn, Conjectzrres and Refutations, Nueva York: Harper&Row, p. 120-135.
86 Enrahonar 24, 1995 Concepción Naval de doctrinas y de filosofías contemporáneas ponen el acento sobre la coíztextualización del conocimiento y de la normatividad, sea en una óptica explícitamente anti-universalista, sea en nombre de una aproximación pluralista, que deriva hacia el relativismol l. La historia de la filosofía contemporánea ofrece uno de sus momentos más controvertidos, quizá porque en él se decide una de las claves de su continuidad, en la discusión abierta en torno al sentido de la racionalidad de la acción. Para dar respuesta a esto, el pensamiento metafísico dispone de los recursos provistos por la filosofía de la conciencia, que sin embargo difícilmente llegan a integrar de un modo coherente la pluralidad de referencias implicadas en la relación entre el discurso teórico y la praxis humana. De este modo, uno de los flancos problemáricos advertidos por la crítica filosófica y la argumentación política ha sido el reconocimiento de fisuras en el proyecto moderno de lo que Rorty llama el sueño de la <cconmensuración universal>,l2, de la búsqueda incondicional de un lenguaje unificado, de una matriz epi~ternoló~ica universal. De este modo -buscando fundamentar la razón más allá de los criterios de la racionalidad del lenguaje-, el pensamiento moderno se paraliza ante el desafío de articular coherentemente la aspiración de universalidad y los imperativos de la contextualización que la filosofía práctica presenta. En este marco, disefiado aquí a grandes rasgos, se puede situar la aparición y el desarrollo en América del Norte, desde los debates de los anos ochenta, de un movimiento que ha provocado una auténtica avalancha de debates; pero en los que Europa -en opinión de Benoisthasta el presente más bien ha estado informada de los principios que estaban en juego (la corriente liberal -John Rawls, Ronald Dworkiny la corriente libertaria -Robert Nozick, Murray Rothbard-), pero recientemente ha descubierto este ((movimiento)) comunita~ista.'~. En este panorama conviene no perder de vista la afirmación que es como paradigmática de la teoría liberal contemporánea: la teoría de la justicia como imparcialidad o equidad de John Rawls en su libro A Theory ofjustice. 11. Esta insistencia sobre el <<contexto,, está ya presente en las críticas dirigidas por Hegel (Fenomenologia dtl espivitu) a la filosofía moral de Kant, así como en las objeciones puestas por Dilrhep a la filosofía hegeliana de la historia. 1.a encontramos de nuevo en los antropólogos como Evans-Prirchard o Malinowski, así como en la fenomenología con la noción hurseliana de Lebenswek en la filosofía analítica de un Searle con la noción de bac&ouizd, o en el papel que Wittgenstein atribuye a los <<juegos de lenguaje>,. Un principio análogo está presente en la filosofía de las ciencias con las nociones de ((paradigma,) (Kiihn), de <~épistéme)) (M. Foucault) o de «universo simbólico)^ (Berger y Luckrnann), así como en sociolinguistica con la de <<comunidad de lenguaje,,. 12. Ro~n, R. (1979). Philosophy aizd the minor of nature. Princeton: Princeton University Press, p. 368. 13. Cf. BENO~ST, A. DE, o.c., p. 5 y también un artículo publicado en Newsweek, X.94: ~<What's left» por M. Ellior, donde señala desde otro punto de vista: «h American-born movement called ~<communitarianism>, is starring to interest European socialist. It contains elements drawn from both ends of rhe political spectrums (p. 11).
La controversia libera-comur.irarista en educación Enrahonar 24. 1995 87 También convendría examinar las más recientes re-afirmaciones de su posición, que es llamada comúnmente, «el nuevo Ra\vls». Argumentando esto, al menos en algunos de sus escritos, el nuevo Rawls puede ser entendido como intentando formular una posición liberal que es sensible a los aspectos de la crítica comunitaria. Interesa destacar los principales pensadores vistos habitualmente como críticos comunitaristas del liberalismo: M. Sandel, A. MacIntyre, Ch. Taylor y M. Walzer e identificar los temas que estos teóricos tienen en común, así como los caminos en los que difieren, ya que este movimiento intelectual, lejos de constituir un conjunto unificado, se presenta sobre todo como una constelación en la que quizá los principales representantes que se suelen destacar son los filósofos mencionados, con excepción del caso de M. Walzer, que aunque se le asocia al punto de vista comunitarista, algunos autores ofrecen una consideración aparte de su pensamiento. Alrededor de ellos se pueden situar una gran cantidad de autores, algunos de ellos quizá aislados, pero cuyos trabajos se sitúan en la temática comunitarista, como R. M. Unger, J. Finnis, M.A. Glendon, A. ~tzioni'~, etc. En un tercer nivel podrían estar, entre otros, autores como R.N. Bellah y colaboradores y también C. Lasch, que sin reclamar para ellos el título comunitarista, tienen similares preocupaciones (crítica del ((narcisismo» en C. Lasch, de la ((tiranía del mercado)) en R.N. Bellah). Del mismo modo, es destacable junto a las obras de estos autores los numerosos artículos y libros que se han consagrado a este temaI5. Por último, sería enriquecedor prestar atención a algunos teóricos que pueden ser vistos como ((liberales comunitaristas>,, tal es el caso de Richard Rorty y Joseph Raz. Un problema elemental que surge al iniciar este estudio es la misma terminología utilizada, ya que tanto ((liberalismo)) como ~~comunitarismo~) signi14. Puede ser interesanre ver el reciente libro editado por ETZIOSI, A. (1995). Rights a;íd tlie Coiízmon Good The conzw~unitaiiai~pel.spec/~ue. Nueva York: Sr. Marrir, s Press donde señala: &[ore recienrly, [he term -communitarianhas been associared wirh the works of Charles Taylor, Hans Joas, Jonathan Boswell, Adam Swift, Michael Sandel, Michael Waizer and Philip Selznick, among others,: (p. iii). Cf. también la relación de participantes y remas tratados en esa obra de conjunto. Este autor se autodenomina comuni:arisra, a diferencia que no lo hacen o lo rechazan. 15. Una obra destacable para la comprensión de esta cuesrión es la de M'IC'LWL, S., SWFT, A. (1992). Libe~alr & Coin~nzzrizitai.iaizs. Oxford: Blach71rell. También otras de las que sólo señalo algunas aq~ií -otras pueden enconrrarse en la bibliografía final-: KII;IILIC.K, W. (1989), Libe~alism, Coinmunip and Cultui.e.Oxford: Oxford University Press; FOWEER, R.B. (1 99 1). Ti7e Daizce with Coinznzuizip: The Conteirzpoia~y Debate iin Avzei.icaiz PoDolitical Thou@r. Kansas City: Universiry of Kansas City; AVIKIX~ S., DES~'I¿:T, A,, eds., (1992). Covznzzrnztaiiaizisnz nrzd Irzdiuidualisnz. Oxford: Oxford Universiry Press; GC-I.L,:AS, A,, ed., (1992). ?vfull~cz~lt~~i.alism ar?d tlle Politics of Recognihoi;. Nueva Yersey: Pri::ceton University Press; DMY, M., ed, (1994). Coinzrrzui~itaiiaiiisvz. A iVew PuSlic Ethics. Belrnonr, Califo~nia: Wadsworth Publishing Company, A Division of Wadsivorrli, Inci R~.s~tusi~s D., ed , (1990). Urzive~salism vs. Cor~i7zunirai.iaizisi?z, Conte~ízpoiaty Debates ii~ Ethia. Cambridge? blassachusetts, Londres, England: MIT Press; BELL, D., (1993) Cominunita Aatzlsin atzd its Critics. Oxford: Clarendon Press.
88 Enrahonar 24, 1995 Concepción Naval fican realidades diferentes en diferentes autores. Hay un gran desacuerdo acerca de lo que uno debe pensar exactamente para ser calificado como un liberal o como un comunitarista. Incluso en el lenguaje político ordinario el término «liberalismo» significa cosas diferentes en USA y en Europa, y puede ser que una formulación intencionadamente vaga en términos de libertad individual o autonomía falle porque no capta esta connotación particularmente patente en el uso norteamericano que asocia el liberalismo con el apoyo a un estado de bienestar redistributivo más o menos generoso'6. Como se podría esperar, las cosas son incluso más complicadas en el nivel teórico del debate; así encontramos que, incluso con respecto a estas creencias liberales, distintos liberales las acreditan con distintas razones. Así, las razones de unos para defender el derecho a la libertad de expresión pueden ser muy diferentes de las de otros, o ambos teóricos considerándose a sí mismos como liberales pueden tener muy diferentes concepciones de, por ejemplo, algo aparentemente tan central como la autonomía o la propia relación entre el estado y el individuo. Este punto es particularmente importante porque un argumento lanzado por los liberales a la crítica comunitaria ha sido negar que ellos afirman, o necesitan afirmar, lo que los comunitaristas dicen. Los comunitaristas son acusados así de atribuir a los liberales afirmaciones que estos no hacen de hecho, y que no están requeridas por sus conclusiones, y después atacarles por esas afirmaciones. Si esto es así, si los liberales no cometen los errores teóricos de los que los comunitaristas les atacan, entonces surgiría la posibilidad de un liberalismo que no entra en conflicto con, y quizá puede incluso acercarse a, los argumentos que los comunitaristas ofrecen. La cuestión es así el alcance o amplitud para el cual tiene sentido hablar de la crítica comunitaria en conjunto. La etiqueta ((comunitario)), aunque frecuentemente usada para caracterizar a los principales teóricos, ellos mismos no la empleen en gran medida1', y esto es ciertamente parte de su propio entendimiento, del mismo modo que el térrnino «liberal» lo es para los liberales. Los distintos teóricos formulan aparentemente diferentes cuestiones y ciertamente no están de acuerdo en sus conclusiones políticas sustantivas. 16. Sería posible reconocer como constitutivo del liberalismo un compromiso con un valor vago y !general tal como la libertad o la autonomía de los individuos, y relacionando esto con los intereses políticos sustantivos, los individuos deben tener libertad de conciencia, de expresión y de asociación; pero esto no nos lleva demasiado lejos. Del mismo modo, cabe una caracterización preliminar de la crítica comunitarista, como una de las cuestiones del pensamiento liberal, de la relación entre el individuo y su sociedad o comunidad: argumentan que el énfasis en la libertad individual y los derechos que se siguen de ese pensamiento están fuera de sitio; esto también deja lugar para posteriores especificaciones. 17. Cf. por ejemplo el significativo artículo de A. Maclntyre que envió a The responsive Communip, cuando le pidieron una colaboración en uno de los primeros números: d'm not a communitarian, but, ... >) The reponsive Communigt, vol, 1, n. 3, Summer 1991, p. 91-92. Esta publicación es uno de los órganos de difusión de The Communitarian Network, cuyo fundador y chariman es A. Etzioni.
La controversia liberal-comunirarista en educación Enrahonar 24, 1995 89 Otra cuestión sería sefialar cómo distinguir la crítica comunitaria al liberalismo de otras críticas que encontramos en el debate político-teórico. Para enfocar específicamente la cuestión, ignoramos el desafío al liberalismo desde el conservadurismo, marxismo, feminismo y libertarismo. Surge aquí la cuestión de las relaciones entre el liberalismo contemporáneo y el comunitarismo, y las tradiciones intelectuales de las cuales emanan. Cuando pensamos en la tradición liberal, pensamos en teóricos tales como, Locke, Kant y Mill, cada uno de los cuales hace una contribución diferente a la herencia del liberalismo moderno. En la vertiente comunitaria, nuestra vista puede quizá dirigirse a Aristóteles, Hegel e incluso a Gramsci, aunque aquí, como la gran heterogeneidad de la lista sugiere, hay menos una conciencia propia de tradición, lo cual se corresponde con esa tendencia de los principales comunitaristas a no definirse a sí mismos como tales. El objetivo del movimiento comunitario es así, en breve, enunciar una nueva teoría combinando estrechamente filosofía moral y filosofía política. Aunque tiene un alcance más amplio, esta teoría se ha elaborado a partir de los años ochenta, por una parte en referencia a la situación particular de USA, marcada por una verdadera inflación de la política de los ((derechos)), por la disgregación de las estructuras sociales, la crisis del Estado-Providencia y la emergencia de la problemática «multiculturalista)) y; por otra parte, en reacción a la teoría política liberal reformulada en el curso de la década precedente por autores como R. Dworkin, B. Ackerman y sobre todo J. Rawls. El punto de partida de la crítica comunitaria es ante todo de orden sociológico y empírico1*. Los comunitaristas constatan, observando las sociedades contemporáneas, la disolución del nexo social, la erradicación de las identidades colectivas, el incremento del individualismo (egoísmo) y, en consecuencia, la generalización de una falta de sentido. Estos fenómenos son, por una parte, los efectos de una filosofía política que: provoca la atomización social legitimando para cada individuo la búsqueda de su mejor interés, haciéndole de este modo mirar al otro como un rival, o al menos como un enemigo potencial; defiende una concepción antihistórica y desencarnada del sujeto, sin ver que los compromisos y pertenencias son también constitutivos de su yo; aboca al olvido de las tradiciones -en nombre de un universalismo abstractoy a la erosión de modos de vida diferenciados; no ve en la sociedad más que una «empresa coo erativa fundada sobre la ventaja mutua)) y niega la existencia del J' bien común' . Bajo una intención de ccneutralidadx genera escepticismo moral; y, de una manera general, queda en función de sus principios, insensible a las nociones de pertenencia, valores comunes y destinos compartidos. De todas formas es frecuente el planteamiento acerca de si el comunitarismo posee realmente un cuerpo de doctrina positiva o es más bien un intento 18. Avineri y De-Shalr señalan las dos esferas en las que es posible situar al comunitarismo: la metodológica y la normativa (cf. o.c., p. 2-1 1). 19. Cf. ~~AcIsTYRE, A. (1931). After I4rtue. Notre Dame: University of Notre Dame Press, p. 236 y 251. También A. de BESOIST, o.c., p. 11.
96 Enrahonar 24, 1995 Concepción Naval mundo. Es posible destacar el segundo sin negar el primero, ya que la obsesión por aquél, sin prestar atención a éste, hace caer en la esterilidad y el estancamiento. Todo ver es ver en concordancia con un modo de ver, pero estos modos de ver son adquiridos desde, y por lo tanto vienen a ser compartidos con, otros. Frente al sujeto multicultural que hoy encontramos, el supuesto de una comunidad homogénea aparece en diversos momentos clave de la obra de MacIntyre y de algunos pensadores comunitaristas, aunque no siempre con posibilidad de éxito4'. ((Piensan que sin una base ontológica compartida -quién soy, dónde estoy, de dónde vengono es posible dar validez a las decisiones y opciones del sujeto»41. Frente al concepto liberal de autonomía personal extrema, se apunta la sustitución de este concepto por el de cuidado, de uno mismo, de los demás, como principio de la edu~ación*~. Parte del aprender a ser persona, en que consiste la educación, es por tanto el aprendizaje para ser un agente moral en una comunidad moral, en la que sus miembros también lo son. Esta es una conclusión que es consistente con la idea que retorna a Platón, de que la educación moral es una parte esencial y central de la educación. Del mismo modo, una parte posterior del aprender a ser persona es aprender a tomar parte en las variadas actividades teóricas y prácticas de la comunidad y a ocupar roles sociales. Las personas por tanto están y se ven a sí mismas como viviendo no sólo en un mundo físico sino también en un mundo social, o sociedad. Ellas se ven a sí mismas no simplemente en, sino como miembros de, este mundo. Hacen este mundo el que es, pero éste, a su vez, les hace a ellas las que son; esto es, personas que siendo personas no son simplemente individuos sino miembros de una sociedad. Llegar a ser educado sería aprender a ser persona. Ser persona, sin embargo, es llegar a ser miembro de una sociedad. Llegar a ser educado es, por tanto, llegar a ser miembro de una sociedad y así haber aprendido qué es ser y vivir como un miembro de esta sociedad. El debate del comunitarismo, por tanto, abarca todo un conjunto de críticas contemporáneas a la vigencia del proyecto moderno y liberal en ética y en filosofía política. Este proyecto ha tenido reformulaciones recientes que se apoyan en la tradición de Locke, Rousseau y Kant, ya sea como actualizaciones de la teoría del contrato social y de las teorías de la elección social aplicadas a la filosofía política, ya sea en los últimos quiebros dialógicos y discursivos de la filosofía crítica. Los estudios que se están realizando son más bien desde la filosofía política y moral, la ética, la historia, el derecho, etc. pero parece adecuado y conve40. Cf. THIEBAUT, C., (1992). Los linzites de la comunidad, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, p. 129. 4 1. V. CA.VPS, crítica al libro de C. Thiebaut, Los Límites de la comunidad, en Sisteííza, 116, E. 1993, p. 154. 42. Cf. CUYPERS, S. (1992). wIs personal Autonorny the First Principle of Education?>), Journal ofPhiLosopby ofEdz~cation, 2611, p. 5-17.
La conrroversia liberal-comunirarista en educación Enrahonar 24, 1995 97 niente afrontar este estudio desde la perspectiva filosófico-educativa, ya que las implicaciones para la educación son bastante claras. Es de interés, por tanto aquí, el comunitarismo y el liberalismo; la igualdad, la justicia y el cuidado; la sociedad civil y la persona, desde el punto de vista del papel que juegan en la educación o que la educación juega en ellos.